miércoles, 7 de junio de 2017

El experimento de la cueva de los ladrones y el Efecto Joker

I

La cueva de los ladrones

(Véase también aquí)
  En The Robbers Cave Experiment -Experimento de la cueva de los ladrones- los psicólogos Muzafer Sherif y Carolyn Sherif realizaron un experimento en 1954 dentro del Parque Estatal Cueva de los Ladrones de Oklahoma (EE.UU.) para intentar averiguar las claves del prejuicio en los grupos sociales. Para ello reunieron a veintidós adolescentes varones y los dividieron en dos grupos de once miembros cada uno. Ambos grupos fueron llevados al parque a pasar unos días de campamento en autobús cada uno por un lado y sin saber de la existencia del otro. En una primera fase del experimento cada grupo permaneció aislado del otro y sus integrantes interactuaron en actividades creándose estructuras de jerarquía, roles y vínculos de amistad. Esto sirvió para que hubiera una cohesión grupal, un sentido de pertenencia, solidaridad y camaradería entre los jóvenes que pertenecían al mismo grupo. En la siguiente fase del experimento los organizadores propusieron a ambos grupos actividades deportivas para que se desarrollara una competencia entre ambos grupos. Fue entonces cuando aparecieron las primeras fricciones entre los integrantes de ambos grupos, surgiendo una rivalidad y un rechazo intergrupal con insultos y conductas agresivas incluidas, hasta el punto de que tuvieron que parar las actividades conjuntas. En la tercera fase, y para disminuir esta hostilidad, los psicólogos propusieron tareas comúnes para fomentar la cooperación como la búsqueda de agua o empujar a un coche averiado en la carretera que llevaba al parque. Estas actividades ayudaron a que volviera la calma entre los integrantes de ambos grupos y al final, cuando se acabó el campamento, todos querían volver juntos en el mismo autobús.

A las actividades que realizaron en la última fase se les denominan metas supradesarrolladas, son metas compartidas que requieren un esfuerzo cooperativo para poder lograrse y que anulan las diferencias entre las personas. Según la teoría del conflicto realista de estos psicólogos la resolución de conflictos de forma conjunta favorece la desaparición de los prejuicios entre los miembros de dos grupos.

Algo parecido a esta unión del grupo ante la resolución de una tarea común es el efecto del enemigo común: establecer -o incluso crear- un enemigo común para conseguir la unión del grupo, diluyendo los problemas internos. Tenemos claros ejemplos de este efecto en la propaganda antisemita de Hitler o la lucha contra el cambio climático, en política es un recurso muy socorrido.

II

Efecto Joker: tendemos a unirnos contra un enemigo común

Como miembros de una sociedad necesitamos compartir nuestros recursos para sobrevivir. Por eso hablamos de “bienes públicos” de los que todos nos podemos beneficiar y que normalmente se financian con los aportes que hacemos en nuestros impuestos.

Sin embargo, no todas las personas tienen la misma disposición a entregar parte de sus pertenencias para apoyar al bien común. Existe un experimento que ayuda a demostrar esto. El juego de los bienes públicos (Public goods game) está diseñado para conocer qué tanto aportan las personas al bien común. Consiste en reunir a un grupo de participantes (simulando una sociedad o comunidad) y entregando a cada uno un número determinado de fichas. Posteriormente se le pide a cada uno que entregue voluntariamente cualquier cantidad de sus fichas a un fondo común. A diferencia de nuestros impuestos, el aporte en el juego es voluntario, porque se quiere medir la disposición o voluntad de una persona a ofrecer sus recursos, independientemente de cuánto podría dar si se le obligara.

Los investigadores multiplican lo recolectado en el fondo común por un valor determinado, con lo que se simulan una especie de “intereses”. Al final, el fondo común y sus intereses se regresan, en partes iguales, a todos los participantes.

Con las reglas así expuestas, está claro que lo ideal sería que todos los participantes entregaran parte de sus fichas, teniendo en cuenta que, gracias a los intereses, recibirían más al final. Pero el resultado ideal solo es posible si TODOS aportan al fondo común de forma voluntaria.

¿Puedes adivinar cuál suele ser el comportamiento de los participantes en este experimento?

Lo más común es que pocos participantes donen sus fichas al fondo común. La mayoría prefiere no entregar nada (Chen et al., 2016).

En ese caso, el resultado es que las personas que no aportaron, reciben unas ganancias del fondo común (se reparte de forma equitativa entre todos). Pero las personas “generosas” que sí decidieron aportar sus fichas, van a recibir menos de lo que entregaron, ya que los intereses no son suficientes para cubrir a las personas “Oportunistas” (freeriders) que no dieron nada.

¿Te resulta familiar?

En la medida que se juegan varias rondas, el bien común tiende a desaparecer, y solo quedan las fichas individuales que cada uno haya acumulado.

Entra el Joker

El Joker o Guasón es un rol que, como en las películas y cómics de Batman, se encarga de introducir caos en el juego de los bienes públicos.

Recordemos que el Joker es un “agente libre”, no responde ante nadie y suele dedicar sus esfuerzos a eliminar a Batman o poner en peligro a Ciudad Gótica. Además, el Joker es diferente a otros villanos porque no le interesa hacerse rico ni dominar al mundo; es como si el crimen en sí le diera suficiente satisfacción al personaje.

En el experimento que mencioné antes, el Joker es un personaje que infringe daño en los bienes públicos, pero no recibe ninguna ganancia al final de la ronda. Esto lo diferencia de los “Oportunistas”, que no aportan al bien común (generando un daño), pero sí reciben ganancias al final.

Juntos contra un enemigo común

Arenas, Camacho, Cuesta y Requejo (2011) propusieron que el Joker podría, paradójicamente, beneficiar los bienes comunes. Diseñaron un modelo matemático que simula infinidad de escenarios en los que se desarrolla el juego de los bienes públicos, y encontraron que incluir al Joker obliga a los demás participantes a crear alianzas en contra del enemigo común.

Entonces, se observan “estallidos” de solidaridad en los que todos los participantes aportan al fondo común y, como el Joker no recibe dividendos del bien público, esto resulta en ganancias para los otros participantes. De esta forma, tanto “Oportunistas” como “Generosos” terminan beneficiados gracias a su coalición. Finalmente, el bien común se preserva, a pesar de los esfuerzos del Joker por destruirlo (algo que no pasa cuando solo hay “Oportunistas” gastando el bien común hasta que se agota).

Es posible que hayas intuido similitudes entre este experimento con la sociedad de la que haces parte. Solemos criticar a esas personas que dañan nuestros bienes comunes, y rechazamos a esos “Oportunistas” que aprovechan los beneficios del estado sin hacer ningún aporte evidente. En las noticias escuchamos sobre evasión de impuestos, desfalcos y corrupción; formas de quedarnos con nuestras propias “fichas” en vez de compartirlas responsablemente. Esbozando una comparación con el experimento de los bienes públicos, podríamos decir que estamos agotando progresivamente nuestro fondo común.

¿Será que necesitamos de un enemigo común para darnos cuenta que necesitamos aliarnos y trabajar juntos? ¿Qué nos impide ser más solidarios para aprovechar todos el bien común? ¿Por qué tenemos que esperar a las situaciones extremas, difíciles y adversas para unirnos como sociedad?