martes, 9 de octubre de 2012

No es vida

Es posible que lo que nos espera tras la muerte no sea nada, sino algo. Hay evidencias, inseguras todavía, de que puede haberlo, aunque no sea vida, la vida o una vida, sino otra cosa diferente. Y no tenemos miedo a la muerte, sino a perder la vida. La muerte semeja un filtro para la conciencia que nos deja reducidos a lo mínimo, ni siquiera a los huesos, sino a pura conciencia, con lo que eso supone de autoengaño, narcisismo y autoflagelación; puede ser un simulacro ilusorio generado por la mentirosa mente (algo intrínsecamente creado por la evolución para replicar realidades y fingir escenarios), a un nivel subatómico más deleble aún que el sueño, y que ese bosquejo de pixels sea reavivado por otros cerebros cuando interactúan con él. Sería una existencia misérrima, especular y ocasional, encadenada a los otros cuando nos recuerdan y reconstruyen en momentos sueltos nuestro fantasma con los pedazos que quedan de nosotros en un fondo común de variantes de identidades desaparecidas, aunque aún no disueltas, con un tronco único que alguno ha querido llamar con el nombre de lo divino. Un mar de fondo mucho más grande y más complejo para nuestra ingénita incapacidad que esta misma pobretona y escasa realidad, al que a veces acceden almas indultadas por Caronte o que no han bebido nunca del Leteo.