lunes, 7 de marzo de 2016

Hijos que no leen

Maika Ávila "Mi hijo no me lee, ¿tiene solución? Sólo si sigues estos consejos", en Huffingthon Post, 6/03/2016 

Hace poco moderé una charla en la que Rosa Regás explicaba cómo fomentaba la lectura entre sus nietos cuando se reunían en su casa del Ampurdán, en Gerona. La hora antes de la cena se dedicaba a la lectura en familia. Ni más ni menos. Un tiempo para las aventuras y para hacer volar la imaginación. Los que preferían quedarse fuera de la sala al final siempre entraban, porque les podía más la curiosidad y el misterio de lo que se estaba cociendo allí dentro.

Conozco a unos padres que, por mucho que lo intentaron, nunca consiguieron los hijos lectores que hubiesen deseado. El resultado no depende de nosotros, pero la lectura y su fomento es tarea ineludible de una buena educación. De ésa de la que tanto se habla últimamente y que también está en crisis (dícese "momento de cambio"), como la economía, los valores, la política o el periodismo.

"Un lector se hace por el camino", explica Inés Puig, maestra y especialista en literatura infantil y juvenil. "Hay niños que detestan la lectura y, al crecer, encuentran en ella un espacio de reflexión". Aunque también es habitual que niños muy lectores, a los 12 años, pierdan progresivamente el gusto. "Entran mucho factores en juego. El sistema educativo, la calidad de la literatura para esa edad y los cambios personales que se están viviendo".

Inés es una emprendedora en el sector de la educación, una rara avis que hace dos años creó Leoteca, la primera red social de literatura para niños. En su compromiso por cambiar el sistema, se ha lanzado también a la formación de profesores, convencida de que son ellos una parte fundamental de la ecuación del buen lector.

"¿Sabes nombrar cinco clásicos de la literatura infantil? ¿Has pensado qué títulos llevarías a clase para leer en voz alta a tus alumnos?". Son preguntas a las que Inés dará respuesta en el seminario "No obligar. La sorpresa de un aula que lee", que imparte para maestros.

Si tu hijo no te lee, intenta seguir esta guía que nos ha recomendado la especialista Inés Puig:

Nunca le obligues. Ésa es la mejor forma de empujar a tu hijo a que se distancie de la lectura.
Haz que la lectura sea un momento compartido. Las mañanas del fin de semana o antes de ir a dormir son buenas opciones.
Lee en voz alta a tu hijo. Es el mejor modelo.
Sorpréndele. Puedes crear un juego en el que, por ejemplo, los días de fiesta encuentre un álbum debajo de la cama para que lo hojee cuando se levante.
Visita, de vez en cuando, la librería y la biblioteca con tu hijo. Déjale que escoja algunos libros y haz tú también alguna propuesta.
Busca nuevos formatos y libros participativos que le permitan tocar, jugar y reír. Tu hijo seguro que disfruta conociendo cosas nuevas.
Con los más pequeños, no te canses de leer lo mismo si te lo pide, no pasa nada. A los niños les encanta escuchar una y otra vez el mismo libro porque les gusta la sensación de lo familiar. Con los que empiezan a leer, una buena idea es empezar por series o colecciones.
Intenta prestarle atención al rincón de lectura que estás construyendo con tu hijo. Debe ser agradable, con una buena selección que esté a su alcance, a la que le apetezca acercarse.
Sé sincero. Interésate por lo que está leyendo, los libros infantiles y juveniles también son apasionantes. Busca lecturas que te apasionen y compártelas.
Una biblioteca es un tesoro. No regales los libros de tu hijo a medida que vaya creciendo. Si los tiene a la vista, disfrutará viendo cómo se va haciendo lector. Si tienes que guardarlos, será un hermoso regalo para cuando sea adulto.
Capítulo aparte es la elección de los libros. Inés confiesa haber visto a muchos padres a la busca y captura de grandes clásicos como El Quijote, adaptado para su hijo de cuatro o cinco años. "¿En dónde radica el interés de un niño de esa edad por ese libro? ¿No será a nosotros a quienes nos interesa?", se pregunta Inés.

Mi hija Clara tiene cinco años. Desde tiempo inmemorial en su vida, trato de leerle un cuento todas las noches, antes de dormir. Llevamos decenas y decenas de relatos juntas. Hay cinco que no me han fallado nunca. Son estos: La manta de Jane, El tigre que vino a tomar el té, Tupi en la granja, Siempre te querré y Berta monta en bici.

Estos son los míos, pero seguro que hay muchos más: anímate a compartir los tuyos con los demás. Seguro que entre todos podemos crear la biblioteca ideal (que no es una, hay tantas bibliotecas como personas).

Un consejo final: para saber si un libro es adecuado para nuestro hijo, la mejor prueba es leerlo con él. Si le gusta, volveremos a repetirlo, si no presta atención, puede que aún no sea el momento para esa lectura.

Y si todo falla, no desesperemos. Quizá podamos volver a intentarlo con los nietos.