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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Listado de defraudadores de Hacienda recién publicado

Lo que más resalta es el increíble número de constructoras y promotoras de la industria del ladrillo, tapadera de muchas personas con nombre y apellido. Entre los culpables, un señor que tiene columna en La Razón: César Vidal Manzanares, que debe a todos los españoles unos tres millones de euros, es decir, unos quinientos millones de pesetas viejas. 

El enlace es este:

https://www.agenciatributaria.gob.es/static_files/AEAT_Sede/NoIx/Listado_deudores_Art95bisLGT.pdf

Como hay menos democracia en España que cuando Franco publicó la lista de quienes se habían llevado el dinero a Suiza (que todavía se puede consultar), la información solo será accesible (y aun ahora es difícilmente accesible por lo lentamente que dejan que se descarge el tocho de casi cien páginas) durante unos días, y después, no sabremos quiénes nos han robado a todos los españoles. Ya lo sabéis, muchachos.

martes, 25 de agosto de 2015

Un caso espeluznante que demuestra que no hay que contrariar la sexualidad innata


Brenda no supo que había nacido siendo un varón hasta que tuvo 15 años. Fue una tarde de 1980 cuando su padre, torturado por el sufrimiento que veía, le reveló el historia que habían estado manteniendo en secreto: había nacido en Canadá siendo Bruce, junto a su hermano gemelo Brian, pero una negligencia médica durante una circuncisión en 1965 había destruido sus genitales.

En un intento desesperado porque la vida de su hijo fuera satisfactoria, sus padres se pusieron en contacto con un psicólogo que aseguraba que la condición sexual no es innata, sino que es asignada mediante la educación en los primeros años de vida. Es decir, que si trataban a Bruce como Brenda, este se convertiría en una mujer plena, en vez de sufrir como un hombre sin pene. Se trataba de John Money, un psicólogo del hospital Johns Hopkins (Baltimore) famoso por sus teorías sobre el género. Además, era una oportunidad inigualable para Money de demostrar sus teorías, ya que tendría un sujeto de control: Brian, con la misma carga genética que su hermano, pero que tendría una orientación diferente.

El 3 de julio de 1967, los médicos sometieron a Bruce a una castración quirúrgica (quitándole los testículos) y le modelaron una vagina. Bruce se convirtió en Brenda a la vez que en un conejillo de indias. Mientras, las instrucciones para sus padres, Janet y Ron, fueron claras: no contarle jamás lo que había ocurrido.

Los niños fueron creciendo y la situación se fue complicando. Según contaría Janet ya en los años 90 al periodista de la revista «Rolling Stone» John Colapinto, la primera vez que trató de ponerle un vestido a Brenda intentó arrancárselo. «Recuerdo que pensé: “¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!”». Pero no solo fue aquello. Cuando su hermano jugaba a afeitarse con su padre, Brenda también quería. «Mi padre me dijo: “No, no. Tú vas con tu madre”. Me puse a llorar, “¿Por qué no puedo afeitarme también?”», contó él mismo. Desde pequeña incluso insistía en orinar de pie.

Por su parte, su gemelo identificaba a Brenda como a una hermana. «Pero ella nunca actuó como tal», reconoció al periodista de «Rolling Stone». «Si le regalaban una comba, para lo único que la usaba era para atar a la gente o para azotarla como si tuviera un látigo. Nunca la usó para su propósito real. Jugaba con mis juguetes mientras que los suyos, como una lavadora, solo los usaba para sentarse».

«Estudio John/Joan»

Sin embargo, para cuando cinco años después el doctor Money publicó el primer libro sobre el «estudio John/Joan» (como lo había bautizado) bajo el título «Man & Woman, Boy & Girl», las conclusiones que reflejaban eran las opuestas. Money aseguraba que tras haber enfatizado en el uso de la ropa femenina, Brenda ya tenía una clara preferencia por los vestidos. Que se sentía orgullosa de su pelo largo. Que por Navidades había pedido una casa de muñecas y un carrito de paseo. Que la orientación de género se había impuesto.

Para cuando Brenda llegó a la adolescencia sufría depresión y se había intentado suicidar al menos una vez. También tomaba estrógenos. Cuando el doctor Money le instó a que se sometiera a otra cirugía, se negó rotundamente. Fue entonces cuando sus padres decidieron contárselo. Fue entonces cuando Brenda pudo volver a ser un chico. Eligió de nombre «David» en honor al héroe bíblico que, desafiando todas las probabilidades, mató al gigante Goliat. Se sometió a una faloplastia y se quitó los pechos que le habían crecido gracias a las hormonas. Para cuando cumplió 23 años, se casó.

Los dos gemelos acabaron suicidándose en un lapso de dos años.

Sin embargo, su familia había quedado destrozada. Su madre Janet cayó en depresiones clínicas repetidas que requerían hospitalización. Su padre Ron se convirtió en un alcohólico. Su gemelo Brian abandonó los estudios y trató de suicidarse en varias ocasiones hasta que lo consiguió en 2002. Dos años después, con 38 años, David hacía lo mismo tras haberse divorciado años atrás de su mujer.
La historia de David Reimer saltó a la luz en 1997 gracias al doctor Milton Diamond de la Universidad de Hawai, quien convenció a David de que contar su caso ayudaría que no le ocurriera a nadie más. Meses después salía publicado también el artículo de John Colapinto que en el año 2000 se editaría en un libro titulado «Tal como la naturaleza lo hizo». La reflexión del doctor Milton Diamond fue: «Si todos estos esfuerzos médicos, quirúrgicos y sociales combinados no tuvieron éxito en hacer que este niño aceptara una identidad de género femenina entonces, tal vez, tengamos que pensar que hay algo importante en la constitución biológica del individuo».

sábado, 15 de agosto de 2015

Como la informática se confabula contra los seres humanos

Carlos Carabaña, "Cuatro casos en los que el 'big data' pasó de útil a escalofriante", en El País, 13 de agosto de 2015:

Cuando las empresas aprenden a utilizar los datos de sus clientes pueden llegar, por ejemplo, a predecir un embarazo adolescente

Pese al misterio que rodea al término de moda, lo que nos referimos al decir big data es solo a una herramienta informática, extremadamente potente, que compila enormes cantidades de datos, imposibles de escrutar por la mente de un ser humano, y, con suerte, permite sacar alguna conclusión de la comparación de datos. Como el mundo no para de crear bytes en volúmenes cada vez mayores, toda esa información podría ser un tesoro estadístico para estudiar desde hábitos de compra hasta tendencias médicas como previsión temprana de suicidios. Big data es, pues, como lo define empresa IBM  “una tendencia tecnológica para entender y tomar decisiones […] aplicable a toda aquella información improcesable por procesos o herramientas tradicionales”. 

Esa es la cara bonita. La cruda realidad es que esos bytes contienen información cada vez más y más íntima y al estudiarla con cerebros tan potentes como los artificiales, se puede aprender quizá demasiado sobre una sola persona. Especialmente tajante sobre esto es la Enciclopedia Británica, en su entrada sobre este tema: “La posible invasión de intimidad, a través de los resultados de esta compilación de datos, preocupa a bastante gente, ya que las bases de datos comerciales contienen registros detallados de historiales médicos, transacciones económicas o del uso de los teléfonos”. Vaya por delante que cualquier herramienta tecnológica, no es ni buena ni mala, sino que su valor consiste en hacer predicciones estadísticas que permiten tomar mejores decisiones. Pero hay veces que esta técnica se pasa de la raya.

Una vez adivinó que una adolescente estaba embarazada antes que la propia adolescente
Fue a principios de la década del 2010. En Minneapolis, Estados Unidos, un padre entró airado en una tienda Target, exigiendo ver al responsable del establecimiento. “Mi hija ha recibido esto en el correo”, dijo esgrimiendo un sobre de publicidad con ropa premamá, muebles para habitaciones de bebé y fotos de niños sonrientes. “¿Ella todavía va al instituto y le mandáis descuentos para ropa de bebé? ¿Tratáis de animarla a quedarse embarazada?”, exclamó el progenitor. Según cuenta Charles Duhigg en un reportaje en The New York Times, el encargado, sin saber donde meterse, pidió disculpas al progenitor.

Un científico creó un algoritmo que estudiaba la ingente cantidad de datos que las tiendas almacenan sobre sus clientes, y observó que las mujeres que esperaban un bebé en secreto compraban crema sin perfume.

Cuando a los pocos días llamó al hombre para volver a pedir perdón, fue este quien comenzó a disculparse: “He hablado con mi hija y resulta que ha habido ciertas actividades en mi casa. Sale de cuentas en agosto. Le debo una disculpa”. Andrew Pole, un científico de datos, fue quien creó el algoritmo que detectó el embarazo adolescente. Con la cantidad de datos que almacenan las tiendas sobre sus clientes, observó qué compraban las mujeres que esperaban un retoño, hasta identificar 25 productos indicadores de embarazo. Como, por ejemplo, al comienzo de su segundo trimestre, crema sin perfume. De esta manera, pudo asignar una probabilidad de embarazo, una fecha aproximada de parto y enterarse antes que un involuntario abuelo de un suburbio de Minneapolis de que su hija adolescente iba a darle un nieto.

Provocó que una pareja de sexagenarios se quedara sin seguro médico.

Pongamos que usted vive en EE UU y por su trabajo no está adscrito a un seguro médico colectivo, sino que debe encontrar por su cuenta uno de esos planes prohibitivos. Lamentablemente, se lo rechazan. ¿El motivo? Sus compras de medicamentos en grandes almacenes como WalMart y Randalls. Pues esto es lo que le pasó a Walter y Paula Shelton cuando trataron de asegurarse en la compañía Humana. Tras analizar su historial de recetas médicas, les llamó por teléfono para preguntarles por los antidepresivos y la medicación para la presión arterial que habían adquirido en los últimos años. 

Walter les explicó que los antidepresivos eran para que su mujer, durante la menopausia, pudiese conciliar más fácilmente el sueño y que la medicación para la presión arterial era para una hinchazón de tobillos. No importó y no pudieron asegurarse en Humana. “No podemos tener un seguro médico debido a que estamos tomando medicinas que nos han prescrito nuestros doctores, no creo que sea justo”, declaró ella en un reportaje de Bloomberg en 2008. Según este mismo texto, dos tercios de las empresas de seguros del país usan “las enormes bases de datos de prescripciones médicas para analizar a sus futuros clientes y rechazarles basándose en ellas”. 

Permitió que una tienda física estudiara las intimidades de sus clientes.

Es habitual que las tiendas y centros comerciales ofrezcan acceso gratuito a Internet para sus clientes. Lo que ya resulta más raro fue el experimento que la cadena Nordstrom llevó a cabo, usando un software llamado Euclid. Con la intención de saber más de sus clientes, le asignó a cada smartphone un usuario y, usando las cámaras de vigilancia, puso sus ordenadores a seguir cada una de esas señales wifi. Dónde se paraban, cuánto tiempo, qué se acaban llevando y qué no, cuál era su sexo... El problema vino cuando pusieron un cartel avisando de lo que estaban haciendo, lo que llevó a quejas de algunos clientes. Tras ocho meses decidieron dejarlo, en parte debido a las críticas.

Este caso pone sobre la mesa una contradicción entre el mundo de Internet y el físico. Aunque Nordstrom aseguraba en su política de privacidad que no recolectaban información comprometida como la identidad del teléfono, las llamadas o los sitios web visitados, algunos de los afectados calificaban el experimento de orwelliano. Pero lo que Nordstrom hizo es exactamente lo mismo que tiendas online como Amazon realizan con la navegación en sus sitios web –al fin y al cabo, sus webs está diseñadas para estudiar el historial de nuestras cookies para asociar a nuestra edad, sexo, estado social o al barrio en que vivimos unos patrones de compra– desde hace años, solo que en otro formato.

Hizo que toda una clase de estudiantes de instituto suspendiera.

La educación es donde el big data parece tener un futuro más brillante. Tanto que Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier, autores del canónico Big Data: A Revolution That Will Transform How We Live, Work, and Think, acaban de publicar un e-book dedicado exclusivamente a este campo. Pero, como en los casos anteriores, también puede haber grandes fallos, como este incidente que cuenta Bill Franks, jefe de analítica en la empresa Teradata, en una entrada en la web del International Institute for Analytics. 

Un nuevo profesor recomendó comenzar a utilizar un software antiplagio. Al pasar el programa por los trabajos de esa clase de sobresaliente, sin antecedentes de plagio, resultó que todos habían copiado.

“Las escuelas de mi área están entre las mejores del estado y acuden muchos niños listos y motivados”, comienza. “En una de las clases avanzadas, se les solicitó a los alumnos que realizaran un trabajo durante el verano, antes de empezar las clases”. El problema vino cuando un nuevo profesor, con toda su buena intención, recomendó al colegio comenzar a utilizar un software antiplagio. Al pasar el programa por los trabajos de esa clase de sobresaliente, sin antecedentes de plagio, resultó que todos habían copiado. Esto iba a reflejarse en su expediente, pero los padres decidieron investigar un poco más. 

La técnica que el programa usaba para detectar copias era fijarse en conjuntos de tres o más palabras. Si estos se repetían en más de un trabajo, esos dos escritos se marcaban. En caso de que un trabajo tuviera muchas marcas, el autor era identificado como tramposo. “Asumamos que los estudiantes están escribiendo sobre Guerra y paz de Tolstói”, analiza Franks, “y dos estudiantes empiezan varias frases con Tolstói se refiere a... El significado de... o El libro habla... Pues se convertían en culpables”. En el trabajo en cuestión, los chavales podían además usar diccionarios, pudiendo copiar en el texto las definiciones. Según cuenta Franks, los progenitores lograron que los profesores retiraran el término tramposo de los expedientes, pero no la nota de 0 por la entrega de un trabajo copiado. Además, como los profesores ahora creen que hicieron trampa, no están dispuestos a escribirles una recomendación para la universidad.

jueves, 16 de julio de 2015

Contra nacionalismos, aldeanismos y favoritismos

Cuando el abuso informativo (más bien deformativo que conformativo o reformativo) domina al atribulado autor de estas líneas sumiéndolo en la confusión, este se ve obligado a consultar con don Benito Jerónimo Feijoo en su siglo XVIII y al momento el reloj se pone en hora. Este hombre tan desapasionado era incapaz de mentir, como George Washington, otro ilustrado. Así que me leí su discurso "Amor de la patria y pasión nacional" para tener más ángulos de observación sobre el acaso ridículo peninsulareño Arturo Mas. Y salí con la maleta llena de munición: Feijoo nunca defrauda.

En patriotismo, Feijoo encuentra igualmente reprobables a los desafectos que a los "afectos delincuentes". Para él la "pasión nacional" es un ídolo pagano o "deidad imaginaria" a la que han sacrificado millones de vidas humanas:  "¿Qué guerra se emprendió sin este especioso pretexto? ¿Qué campaña se ve bañada de sangre, a cuyos cadáveres no pusiese la posteridad la honrosa inscripción funeral de que perdieron la vida por la patria?".

De modo que pregunta a los soldados de ese ejército nacionalista por qué se alistan y le contestan: "Por el estipendio o por el despojo". Hablando en plata: por el dinero y por el robo, "saqueo" o botín. Menciona luego la coba, el servilismo, la ambición de poder... Cosas necesarias para lograr la impunidad en el robo, "saqueo" o botín. Los bárbaros catalánicos son en realidad unos esclavos del fanatismo, se niegan a sí mismos la libertad de pensar fuera de su círculo, ya que afectaría sus bolsillos, y adoran a sus jefecillos o régulos como a ídolos enanos. Y todos están "más interesados en retirarse a sus casas que en defender los muros", de forma que si hay que pringar "verás cómo no quedan diez hombres en las almenas". Todo lo que proclaman es más hijo de la ambición que del amor a la patria. En ese mismo siglo ya dijo el doctor Johnson que el patriotismo era "el último refugio de los canallas". Y, para probar que es solo vanidad de vanidades y todo vanidad y que por ella se es capaz incluso de matar y autoinmolarse como los padres de familia que la matan antes de pegarse un tiro, escribe: "Si no hubiese testigos que pasasen a la posteridad, ni Curcio se hubiera precipitado en la sima, ni Marco Attilio Régulo se hubiera metido a morir en jaula de hierro, ni los dos hermanos Filenos, sepultándose vivos, hubieran extendido los términos de Cartago"; tan poderoso es el hechizo de la fama póstuma... cuando sabes que de todas maneras vas a morir. Que quede un selfie guapo. Los mismos orgullosos y patrióticos romanos veían a Catón como un chiflado o, como dice el educado Feijoo, "un hombre rarísimo", porque, nos cuenta el fraile, la política romana se movía solo por dinero y soborno sin patria. Cierto que nombraron a Cicerón "padre de la patria" por desbaratar la conjuración de Catilina... pero es que si no la desbarataba, lo asesinaban quitándole todo lo que tenía, incluso la vida, como cónsul que era: ¡cuánto interés privado hay en lo público! De hecho, el poder de Roma no se cimentó tanto en el poder de las armas como en el del soborno y, cuando empezó a ser difícil pagar a pretorianos y bárbaros, Roma declinó.

A Feijoo le parece estúpido incluso el sagaz Ulises con su insistencia en volver a su patria Itaca en vez de demorarse en los lángidos brazos de Calipso en la isla Ogigia, como un Curro cualquiera en el Caribe, y ridiculiza su ansia de volver a ver el humo de las chimeneas de su lugar: "El humo de la patria no debe cegar al que mira", escribe, "¡oh, cuánto ciega este humo los ojos! ¡Oh, cuánto daña las cabezas!"

Feijoo encuentra la única justificación del patrioterismo en la lasitud, la vagancia y la costumbre: uno lo tiene todo más cerca en su patria chica; lo decía incluso el filósofo Aníbal Lécter: se ansía lo que uno ve todos los días; por eso se extasiaba por conseguir una ventana. Arturo Mas es un comodón y no quiere trabajar tanto para vivir, ni aprender idiomas como el español o el inglés, ni siquiera más geografía que la de su aldea ni más matemáticas que las que sirvan para sumar en su cuenta suiza. Y qué precioso ejemplo pone don Benito Jerónimo Feijoo: "¿Qué no vencerá la fuerza del hábito, cuando llega a hacer agradable la tiranía? Júntese esto con lo de las mujeres moscovitas, que no viven contentas si sus maridos no las están apaleando cada día, aun sin darles motivo alguno para ello, teniendo por prueba de que las aman mucho aquel mal tratamiento voluntario". Cataluña es una esposa rusa. Y no hablemos de cuestiones gastronómicas: ¿les gustaría a ustedes comer hasta el final de sus días siempre la misma butifarra catalana?

Pero aún más ridículo nos pinta el orgullo de lo propio, aunque no nombra a los de Éfeso, que tenían a su luna por mejor que la de Atenas: "Pensar ventajosamente de la región donde hemos nacido sobre todas las demás del mundo es error entre los comunes comunísimo. Raro hombre hay (y entre los plebeyos ninguno) que no juzgue que es su patria la mayorazga de la naturaleza, o mejorada en tercio y quinto en todos aquellos bienes que esta distribuye, ya se contemple la índole y habilidad de los naturales, ya la fertilidad de la tierra, ya la benignidad del clima. En los entendimientos, de escalera abajo se representan las cosas cercanas como en los ojos corporales, porque aunque sean más pequeñas, les parecen mayores que las distantes. Solo en su nación hay hombres sabios; los demás son punto menos que bestias; solo sus costumbres son racionales, solo su lenguaje es dulce y tratable; oír hablar a un extranjero les mueve tan eficazmente la risa como ver en el teatro a Juan Rana; solo su región abunda de riquezas, solo su príncipe es poderoso [...] Aun es más extravagante lo que Miguel de Montaña [Michel de Montaigne] en sus pensamientos morales refiere de un rústico saboyano, el cual decía: «Yo no creo que el rey de Francia tenga tanta habilidad como dicen porque, si fuera así, ya hubiera negociado con nuestro duque que le hiciese su mayordomo mayor». Casi de este modo discurre en las cosas de su patria todo el ínfimo vulgo".

Por eso pudo decir Descartes que nada hay tan bien repartido en el mundo como el ingenio (esto es, la estulticia), y se podría añadir que el nacionalismo, pecado del que cualquiera puede arrojar la primera piedra: en todo género de lenguas se puede expresar que la propia es mejor que las demás; pero Feijoo nos dice algo aún más sutil, que considera "lo peor": que los no vulgares son quienes más divulgan esta vulgaridad porque les permite prosperar a costa de corromper y pervertir todavía más al pueblo. "Apenas se halla un historiador cabalmente sincero", escribe. Si esto es así, ¿qué diremos de un político? Plutarco comparó griegos y romanos... y favoreció a los griegos; Jean Bodin comparó a griegos, romanos y franceses... y favoreció a los galos. En pintura pasa igual: es difícil encontrar un pintor que no muestre guapo a un príncipe si cobra de él, incluso el mismísimo Apeles, que torció la pose del rey Antígono para ocultar su ojo tuerto. Ni Santiago el Mayor vino a España ni San Dionisio Areopagita fue obispo de París. Se queja además de que tachen de desafecto al manchego padre Mariana por no ocultar las meteduras de pata de los reyes hispanos, aunque "lo mismo que a este grande hombre le hizo mal visto en España, le granjeó altos elogios de los mayores hombres de Europa. Basta para honrar su fama este del eminentísimo cardenal Baronio: «El padre Juan Mariana, amante fino de la verdad, excelente sectario de la virtud, español en la patria pero desnudo toda pasión, digno profesor de la Compañía de Jesús, con estilo erudito dio la última perfección a la historia de España». Muy por el contrario, Carlos II de Inglaterra encomendó componer la historia "verdadera" del país al italiano Gregorio Leti; pero, cuando la publicó, le pareció tan incómoda que la mandó recoger y lo expulsó. A esto podríamos añadir el caso de la humillante derrota que infligió Blas de Lezo a la escuadra inglesa en Cartagena de Indias, evento que olvidan sistemáticamente los mismos historiadores ingleses que dedican un monumento a su victoria de Trafalgar, cuando en sus anales existe, por cada Nelson, un botarate como el almirante Vernon. El riesgo inverso también existe, advierte Feijoo: el historiador Campanella dudó de la existencia real de Carlomagno.

Pero lo más peligroso y ridículo que le parece a Feijoo es el infantilesco y pueril aldeanismo, la veneración de las "patrias chicas". Para un paleto, incapaz de concebir otro lugar que el suyo, la emigración es más una transmigración que otra cosa. "La pasión nacional", cuenta, "es un vicio (si así se puede decir) inocente en comparación de otra que, así como más común, es también más perniciosa. Hablo de aquel desordenado afecto que no es relativo al todo de la república sino al proprio y particular territorio [...] la provincia, la diócesis, la ciudad o distrito donde nace cada uno y a que llamaremos patria particular". Feijoo lo califica no solo de "inútil", sino de "nocivo". Induce división, desarticula la sociedad, impide el progreso común, incentiva desórdenes y revueltas y destierra el alma de la justicia, que es la equidad: "Considerándose agraviada alguna provincia juzgan los individuos de ella que es obligación superior a todos los demás respetos el desagravio de la patria ofendida", no miran otra consideración y causan enormes perjuicios a terceros. "A cara descubierta se entra esta peste que llaman paisanismo a corromper intenciones [...] en aquellos teatros donde se hace distribución de empleos honoríficos o útiles. ¿Qué sagrado se ha defendido bastantemente de este declarado enemigo de la razón y equidad? ¡Cuántos corazones inaccesibles a las tentaciones del oro, insensibles a los halagos de la ambición, intrépidos a las amenazas del poder, se han dejado pervertir míseramente de la pasión nacional! Ya cualquiera que entabla pretensiones fuera de su tierra, se hace la cuenta de tener tantos valedores cuantos paisanos suyos hubiere en la parte donde pretendo, que sean poderosos para coadyuvar al logro. No importa que la pretensión no sea razonable, porque el mayor mérito para el paisano es ser paisano". Y puntualiza: "No condeno aquel afecto al suelo natalicio que sea sin perjuicio de tercero".

A este compadreo mafioso de nuestro país llama Feijoo "máquina infernal, sagazmente inventada por el demonio para vencer a almas por otra parte invencibles"; no ve mal más profundo ni difícil de combatir que este en nuestro país. Ocurre como con el mito de Anteo, el gigante que no podía ser derrotado por Hércules porque sacaba toda su fuerza del contacto con la tierra, hasta que logró estrangularlo levantándolo sobre ella; si "el valor de los sujetos se examinase desprendiéndolos del favor que les da su propio país, ¡cuánto mejor se conociera de parte de quiénes está la ventaja!". Y recuerda el salmo XLIV: «Oye, hija, y mira: inclina tu oído y olvida tu pueblo y la casa de tu padre», salmo que, por cierto, glosó un manchego de Almodóvar y doctor de la iglesia, san Juan de Ávila. Y, sobre el fundador del universalismo antiguo (el llamado "helenismo"), Alejandro Magno, dijo Plutarco que, vencidos los persas, hizo que los soldados macedonios se casasen con doncellas persas para que, olvidados de su patria "solo tuviesen por propios a los buenos y por forasteros a los malos". Así proclama su cosmopolitismo: "Es apotegma de muchos sabios gentiles que para el varón fuerte todo el mundo es patria". La deuda que se tiene con la patria chica "es inferior a otras cualesquiera obligaciones cristianas o políticas".

Pasa entonces Feijoo a examinar el caso de la concesión de cátedras universitarias por el Rey... y se le ve con cuánto cuidado camina sobre las ascuas: "Los que tienen a su cargo la distribución de empleos honoríficos o útiles, si no tienen perfecto conocimiento del mérito de los pretendientes, suelen valerse de informes o judiciales o extrajudiciales. Es el caso ordinarísimo en la provisión de cátedras que hace el Rey o su supremo Consejo para muchas universidades". Quien hace estos informes o "baremaciones" es quien en realidad otorga las cátedras; pero quien pesa los méritos es siempre en España un informante interesado: solo se miran las baremaciones de los que ya se han escogido sin baremar. "He visto por lo común el error de que entre sujetos iguales pueden aplicar la gracia del informe al que fuere más de su agrado graduándole en mejor lugar que al otro concurrente o proponiéndole como único acreedor a la cátedra vacante". Llama Feijoo a esto "pecado de injusticia", pero yo lo busco en el Decálogo y no lo encuentro... También es verdad que el mandamiento "no mentirás" (o "no reservarás ojos solo a tu conveniencia") no es el primero del escalafón, sino el octavo, por debajo de la creencia en Dios y por ejemplo bastante más abajo del "respetarás a tus familiares y parientes", "no robarás" y "no fornicarás". En fin, termina el benedictino criticando al padre Andrés Mendo y su De jure academico, que "está algo diminuto en la prueba, porque no hizo reflexión".

Feijoo termina su ensayo atacando frontalmente las malsanas recomendaciones para cubrir puestos de trabajo (como en la Andalucía del XIX y XX, pero en el siglo XVIII) y muy realmente dolido, como se percibe por el tono con que lo dice en un párrafo que debería enmarcarse en todos los ayuntamientos, universidades y tribunales de España:

Entre sujetos iguales hemos visto que no caben [recomendaciones] y, si son desiguales, por sí mismo es patente. Por consiguiente, para quien obra con conciencia son totalmente inútiles las recomendaciones de la amistad, del paisanismo, del agradecimiento, de la alianza de escuela, religión o colegio u otras cualesquiera. Pero la lástima es que, en la práctica, se palpa la eficacia de estas recomendaciones aun en desigualdad de méritos, por cuyo motivo, llegando el caso de una oposición, más trabajan los concurrentes en buscar padrinos que en estudiar cuestiones y más se revuelven las conexiones de los votantes que los libros de la facultad. Llega a tanto el abuso que a veces se trata como culpa el obrar rectamente [...] He visto más de diez veces muy preconizados por hombres de bien aquellos que siempre sujetan sus votos a estos u otros temporales respetos. ¡Aquí de la razón! ¿Hay algún amigo tan bueno ni tan grande como Dios? ¿Hay algún bienhechor a quien debamos tanto como a Él? Pues... ¿cómo es esto? ¿Es atento, es honrado, es hombre de bien el que falta al mayor amigo, al bienhechor máximo, que es Dios, obrando injustamente por una criatura a quien debe este o aquel limitado respeto y a quien no debe cosa alguna que no se la deba a Dios principalísimamente? En vano he representado estas consideraciones en varias conversaciones privadas; creo que también en vano las saco ahora al público. Mas, si no aprovecharen para enmienda del abuso, sirvan, siquiera, para desahogo de mi dolor.

sábado, 23 de octubre de 2010

Bebidas intolerables

Soy un abstemio absoluto, pero siempre me han interesado, como mera curiosidad, no como a Sócrates, las bebidas mortíferas. La ginebra Junípero no está mal: ronda los cincuenta de alcohol; la verde absenta o ajenjo, prohibido en algunos países, y con motivo, es de lo más fuerte: alcanza a lo más los noventa y hay que tomarla con cuentagotas, disuelta o lo más con cucharilla y proporciona unos pelotazos terribles, tras los que no sabe uno dónde amanece y no recuerda nada. Poe, van Gogh y Verlaine fueron algunas de sus víctimas. El Everclear tiene el premio: 96 %, prohibida por eso en muchos estados, aunque hay una versión menos dañina de sólo 75, como el matón Tequila Sierra Silver. Asesinos despiadados son los rones: Bacardí 151 y Stroh 80. Por cierto, debemos un gallo a Asclepio.

sábado, 25 de octubre de 2008

El brindis castellano

- ¿Estamos todos?
+ Estamos.
- ¿Cual caballeros?
+ Cumplimos.
- Y ¿a las mujeres?.
+ Amamos.
- Pero... ¿ante todo?
+ Bebamos, bebamos, bebamos.
- Bebió nuestro padre Adán...
+ Bebió.
- Bebió nuestra madre Eva...
+ Nada buena era.
- ¿El que bebe...?
+ Se emborracha.
- ¿El que se emborracha...?
+ Duerme.
- ¿El que duerme...?
+ Sueña.
- ¿El que sueña?.
+ No peca.
- ¿El que no peca...?
+ Va al cielo.
- Y puesto que al cielo vamos...
+ Bebamos, bebamos, bebamos.
- ¡Ah, líquido infernal...
+ que te criaste entre verdes matas...
- y hasta al hombre más cabal...
+ lo haces andar a gatas!
- ¡Por ellas!
+ ¡Por las más bellas!
- ¡Por las de culo ancho!
+ ¡Por las de cuello estrecho!
- ¡Por las que ofrecen sus labios desinteresadamente!
+ ¡Aunque estén llenas de telarañas!
- ¿Por las mujeres?
+ ¡No! ¡Por las botellas!
- ¿Vino Dios al mundo?
+ ¡Vino!
- Y ¿para quién vino?
+ ¡Para todos, vino!
- Y ¿cómo vino?
+ ¡En bota!
- ¿Y la mujer...?
+ ¡En pelota!
- Si Dios borrachos nos tiene...
+ será porque nos conviene.
- Antes que no nos conocíamos...
+ bebíamos.
- Y ahora que nos conocemos...
+ bebemos.
- Pues bebamos, bebamos, bebamos,

hasta que no nos conozcamos.
- Cuando Dios llamó a Gabino, no dijo "Gabino ven"...
+ Sino: ¡Venga vino!.
-Arriba, abajo, al centro y a dentro.