
Una mutación en Bélgica fomentada por la selección artificial ha provocado el nacimiento de vacas gigantes, de dos metros de altura, tan grandes que son como toros alimentados con esteroides. Las vacas gigantes son originarias por un lado de Bélgica y por otro de Inglaterra; el cruce de ambos ganados ha producido hace poco estos monumentales animales, que producen hasta tres veces más carne que un vacuno normal, aunque son susceptibles de sufrir fracturas en sus piernas y otras enfermedades debido a su gran tamaño. Sería un buen modo de revitalizar la fiesta nacional usar toros de esta ganadería; la pesadilla de un torero sería tener que usar bazooka en vez de espada; los banderilleros tendrían que usar zancos, y los picadores elefantes; también podría haber encierros de etarras, ellos que son tan machos y tan partidarios de los genes... La verdad es que las aplicaciones de la genética son maravillosas. ¿Os imagináis un Gasol con con cuatro brazos y genes de vaca culturista?
Sin embargo las mutaciones humanas naturales son modestas; un italiano anda por ahí con unos niveles mortales de colesterol y tan campante gracias a unos genes que le salvan de la mortandad y lo transforman en una especie de supermán de la salud; gracias a ellos los médicos esperan conseguir derrotar para siempre a una de las enfermedades del corazón más insidiosas. Por otra parte, unas prostitutas de Kenia poseen unos genes que las hacen prácticamente invulnerables a las insidias del sida; su sistema inmunológico es prácticamente invulnerable. Y así. Ojalá hubiera una mutación contra la estupidez.