jueves, 22 de enero de 2026

Experimentos para desarrollar ratones colorados (es un decir)

 [Transcripción automática corregida por el bloguero del portal de divulgación científica de Youtube "Atraviesa lo desconocido", de Fon Ramos, con el título ¡Es aterrador! Un extraño experimento logra lo impensable, 21 de enero de 2026. El enlace directo aquí]

 Uno de los experimentos recientes más increíbles fue cuando científicos insertaron genes del lenguaje humano en ratones. Los resultados dejaron de piedra a todo el mundo y lo que vimos en ratones dejó a los científicos maravillados y con ganas de saber más.

Hoy hablaremos de este experimento que rompió las barreras de la ciencia y de otros que fueron en la misma dirección con otros animales. Todos los resultados fueron tan increíbles que los científicos no daban crédito a lo que estaba pasando. Os habla Fon Ramos en un nuevo programa de Atraviesa lo desconocido, esperando, por supuesto, que todos estéis lo mejor posible.

Comenzamos. ¿Por qué los animales no hablan como nosotros? El gen NOVA1 

Mira, en el último año se han hecho algunos experimentos curiosos, pero hay uno de ellos que sobresale sobre todo los demás y parte de una pregunta muy intrigante. ¿Cómo es posible que diferencias genéticas mínimas entre humanos y otros mamíferos produzcan capacidades tan extraordinarias como por ejemplo el lenguaje complejo? Es decir, ¿por qué si animales comparten la mayoría de genes con nosotros, puesm, por ejemplo no hablan? Para explorar esta cuestión, científicos de la Universidad Rockefeller se centraron en un solo gen llamado Nova 1. Este gen no construye directamente una parte del cuerpo como un brazo o una pierna. En realidad funciona más bien como un director de orquesta dentro del cerebro. Su trabajo consiste en ayudar a organizar cómo se usan las instrucciones genéticas dentro de las neuronas. 

Para entenderlo de forma sencilla, podemos imaginar que los genes son como recetas de cocina.  Normalmente cada receta sirve para hacer un solo plato, pero Nova 1 lo que hace es reordenar parte de esas recetas, de manera que con una sola receta se puedan crear muchos platos distintos. Esto se hace mediante un proceso llamado splicing alternativo, que básicamente es una forma de editar los mensajes genéticos antes de convertirlos en proteínas. Gracias a este sistema, el cerebro puede fabricar una enorme variedad de proteínas diferentes, lo que lo hace mucho más complejo, flexible y adaptable. Por eso,  muchos científicos consideran a NOVA 1 un regulador maestro, ya que influye directa o indirectamente  en una gran parte de los genes que se usan en el cerebro. Algunos estudios incluso sugieren que puede afectar hasta el 90% de ellos. De hecho, el gen Nova 1 en los seres humanos es un gen muy importante  porque, si no funciona bien, aparecen alteraciones bastante graves. Lo más sorprendente de este gen es que la versión humana es única, tiene un cambio minúsculo en su estructura, solo un aminoácido diferente respecto al de otros animales. Puede parecer algo insignificante, pero en biología estos pequeños cambios pueden tener efectos enormes. Lo realmente interesante aquí es que ni siquiera  nuestros parientes más cercanos, es decir, los neandertales y los denisovanos, que son parientes humanos extintos, ni siquiera ellos tenían esta versión que tenemos nosotros. Es decir, esta versión solo apareció en el homo sapiens y además apareció relativamente tarde en nuestra historia evolutiva. De hecho, antes de este descubrimiento, el gen más famoso relacionado con el lenguaje era FoxP2 y en 2009 también se  probó en ratones y vieron que sus sonidos se habían vuelto más complejos. Sin embargo, también se descubrió que los neandertales ya tenían una versión muy parecida a la nuestra de FoxP2, lo que significa que es importante, pero no explica por sí solo el lenguaje moderno. Y aquí es donde entra el gen Nova 1, es decir, la versión humana parece ser exclusiva de nuestra especie, lo que lo convierte en un candidato muy interesante para explicar algunas de nuestras capacidades mentales únicas. 

El experimento: ratones con un gen del habla humano

El tema es que aquí  cambió todo, ¿no? Cambió todo cuando hace meses usando técnicas modernas de edición genética, pues implantaron genes Nova 1 humanos en ratones. 

Estos ratones nacieron normales, pudieron reproducirse y vivieron con normalidad. La idea no era crear ratones humanos, sino ver qué cambiaba exactamente con ese pequeño ajuste genético. Los resultados fueron sorprendentes, sobre todo en la forma en la que los ratones se comunicaban. Cuando eran crías, los ratones modificados emitían chillidos diferentes a los normales, más agudos y con otra estructura. 

Sus madres era como si no reconocieran esos chilidos como llamadas de auxilio. Como consecuencia, pues muchas madres ignoraron eso. Es decir, no hubo diferencias entre cómo los trataban, pero las crías era como si trataran de comunicar algo de esa forma. Más intrigante aún fue después, porque cuando los ratones crecieron, comenzaron a emitir esos sonidos entre ellos y cada vez eran más complejos y largos, sobre todo en el cortejo. Incluso se vio que en el cortejo esos sonidos parecían cantos muy variados y lo curioso es que pareciera que los ratones se comunicaban en su propio idioma desconocido. Los científicos hicieron más pruebas para observar sus cerebros y confirmaron que sí modificó sus cerebros en la parte relacionada con el habla. Aquí lo curioso que es pues que dada la anatomía de un ratón pues efectivamente no puede hablar como un humano, no que intenten hablar como nosotros efectivamente, pero hablar su propio idioma y tratar de comunicarse en base a la anatomía que tiene un ratón. Los científicos creen que la versión humana de Nova 1 pudo ayudar a que nuestro cerebro se volviera más flexible, más potente y más capaz de aprender durante toda la vida. El lenguaje en este sentido sería solo una parte de un cambio mucho más grande y el hecho de que los neandertales no tuvieran esta versión resulta interesante. Puede que esta diferencia pequeña genética ayudara al homo sapiens a comunicarse mejor, cooperar más y organizar sociedades más complejas, lo que al final pudo marcar la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. Yo lo que me pregunto es, ¿qué diablos estaban tratando de decirse esos ratones? Si realmente era diferente de su comunicación habitual, qué se estaban tratando de decir y si los ratones normales respecto a estos ratones decían, "What, ¿qué me estás contando?" 

Ratones con genes de Neandertales y Denisovanos. ¿Qué pasó en este caso?

Y mirad, porque este experimento también recuerda a otro en años anteriores, en el cual científicos usaron la técnica de edición genética, la famosa CRISPR cas9, para introducir genes en ratones procedentes de neandertales y denisovanos. Los resultados, publicados en varios estudios, fueron tan sorprendentes como reveladores. Uno de los genes más interesantes fue GLI3, una variante genética distinta a la de los humanos modernos, pero presente en ambos homínidos extintos. Cuando se probó una versión artificialmente alterada de este gen, los ratones desarrollaron malformaciones. Sin embargo, al introducir la versión auténtica de neandertales y denisovanos, los cambios fueron distintos, y más sutiles. Los ratones mostraron menos vértebras, y una mayor torsión en las costillas y una cabeza más grande, rasgos que recuerdan a las diferencias físicas entre humanos modernos y neandertales. Los científicos concluyeron que este gen en concreto pudo influir en la forma del cuerpo y del cráneo de estos homínidos, y que en su contexto evolutivo probablemente fue más beneficioso que perjudicial.

Pretenden crear en 2026 ratones humanizados

Claro, pero es que en 2026 hay avances también sobre esto. Mirad, porque en 2026 científicos se encontraron con el problema de que insertar genes humanos completos, es decir, eh, muy largos y complejos, resultaba casi imposible con las técnicas que se estaban usando anteriormente. Así que crearon una nueva técnica llamada Tecno, que es un método nuevo en dos pasos que usa la herramienta de edición genética CRISPR. Lo que hace esta técnica es eliminar el gen equivalente del ratón y colocan unas especie de anclas para insertar el gen humano entero con todas sus partes reguladoras. Esto, según el estudio científico, genera ratones humanizados muy fieles a la biología humana. Revelan que esto es necesario para investigar enfermedades genéticas, probar medicamentos de forma mucho más precisa y en el futuro entender mejor diferencias evolutivas únicas de los humanos como el desarrollo del lenguaje o el cerebro. Pero claro, plantea dilemas éticos, ratones humanizados. 

Monos con genes de nuestro cerebro ¿Qué pasó en este caso?

Ahora bien, si os sorprendieron los ratones humanizados, que es algo que se está, ya os digo,  investigando en 2026, fijaos lo que ha pasado anteriormente con monos, porque claro, mucha gente se pregunta, "Vale, esto en ratones, pero ¿y en parientes que sí de verdad son más parecidos a nosotros?" Como por ejemplo los monos. Pues hubo otro experimento anterior y esta vez sí que fue en monos. Y es que los científicos se preguntaban cómo es que el ser humano llegó a ser más inteligente que un mono si los dos parten del mismo ancestro común, como quien dice. 

Para llegar al fondo de esta cuestión, científicos crearon monos transgénicos de la especie Rhesus, una de las más inteligentes y comunes del sur de China, introduciéndoles copias adicionales de un gen del cerebro humano que se cree que pudo desempeñar un papel importante en nuestra evolución cognitiva. El objetivo era observar si este cambio genético podría alterar o mejorar ciertas capacidades mentales de los animales. Entonces, ¿qué ha ocurrido aquí? ¿Qué han hecho los científicos? Pues os lo explico a continuación. 

Pues veréis, los científicos del Instituto de Zoología de Kunming y de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill) editaron unos genes específicos llamados MCPH1. Estos genes son los responsables de algunas cosas importantes en los seres humanos, como por ejemplo el tamaño del cerebro o su crecimiento. A partir de eso, lo que hicieron pues fue exponer simplemente pues embriones de monos Rhesus a un virus. Ese virus llevaba evidentemente ese gen. Pues, de los 11 monos con los que probaron ese gen, según como vemos en esta tabla, pues cinco sobrevivieron. Esos cinco llevaban la copia del gen humano dentro de ellos. 

Los  resultados dejaron a todos con la boca abierta. Los científicos chinos no se esperaban lo que sucedió. Veréis, primero, hubo que esperar efectivamente a que los monos pues crecieran, ¿no? Después lo que les hicieron fueron resonancias magnéticas de sus cerebros, pues para ver, eh, principalmente pues cómo habían crecido. Lo que comprobaron y lo que se demostró en este estudio es que había un patrón de crecimiento cerebral idéntico al humano. Crecían más lentamente los cerebros. Esto, bueno, a priori pues parece que no augura nada bueno. Sin embargo, cuando les hicieron pruebas de memoria a los monos, se hizo patente que habían mejorado considerablemente la memoria y además es que estaban superando las pruebas con mucha mayor celeridad que los monos normales. Es decir, volvieron a los monos más inteligentes. Lo más increíble de todo es que volvieron a los monos más inteligentes sin que creciera su cerebro, es decir, con el mismo tamaño cerebral, lo cual es aún más increíble si cabe. Claro, este estudio no gustó nada, obviamente, a la comunidad científica y tampoco me gustó a mí. De hecho, hubo científicos que han protestado, incluso uno de ellos, uno de ellos que colaboró en la investigación llamado Martin Steiner, que es profesor de ciencias de computación de la Universidad de Carolina del Norte, dijo estas palabras: "No creo que sea una buena dirección. Ahora hemos creado este animal que es diferente de lo que se supone que es. Cuando hacemos experimentos, tenemos que tener un buen entendimiento de lo que estamos tratando de aprender, de ayudar a la sociedad y ese no es el caso aquí. Claro, las leyes en China son más suaves para este tipo de experimentos, en concreto con monos, hasta el punto que sobrepasan incluso los límites de la ética. Además es que son pruebas que faltan al respeto al mundo animal, pudiendo provocar trastornos graves a monos. Es decir, estaríamos probando cosas en monos sin saber que podría desencadenar en algo mucho peor para ese animal o esa especie 

Conclusiones, debate y consecuencias en el futuro.

Ciertamente, el mundo está dividido con estos experimentos. Están los que creen que esto podría ayudar en avances a la humanidad y, por otro lado, están los que creen que no debemos de tratar así a los animales. 

Yo creo que se pueden fusionar las dos cosas sin sobrepasar las barreras de la ética. Es decir, podríamos tratar de avanzar en ese sentido sin poner en riesgo la vida o la salud de los animales, cosa que en la mayoría de estudios que hemos visto hoy, pues no se ha cumplido. Sea como sea, estos estudios demuestran el enorme poder de la edición genética para explorar la evolución humana, aunque los propios científicos recuerdan que ningún gen explica por sí solo lo que somos.

¿Qué se espera en 2026? Pues ya lo iremos viendo, pero se ha hablado que científicos chinos planean investigar el gen SRGAP2C, que algunos llaman el interruptor de la humanidad. Este gen habría aparecido hace unos 2 millones de años, cuando el australopitecus evolucionó hacia homo hábilis. Yo me pregunto hasta dónde quieren llegar estos investigadores, si es bueno para conocer el origen, si merece la pena todo esto. ¿Tú qué opinas de todas estas investigaciones? Déjame tu impresión abajo en comentarios y continuamos por ahí. Sed buenos. Hasta la próxima.

Palíndromos, por Carlo Frabetti

 Palíndromos. Por Carlo Frabetti, en El País, 14-XI-2025:

Desde la más remota antigüedad, los palíndromos han intrigado tanto a los estudiosos de lenguaje como a los ocultistas.

No se puede envolver un huevo con papel de aluminio sin que se formen arrugas, como vimos la semana pasada; pero, como señala Rafael Granero: “Matemáticamente (y físicamente), no es posible adaptar una superficie plana (inelástica o de elasticidad limitada) a una esférica sin deformarla: o se estira, o se arruga, o se rompe. Ni lo contrario, y por eso no podemos aplanar la piel entera de media naranja sin que se cuartee. Pero si hacemos jugar al calor... Existen envoltorios termo ajustables, como las fundas termorretráctiles: una lámina plástica que, al aplicarle calor, se contrae y se adapta perfectamente a la forma del objeto”.

En cuanto a los animales cuyo nombre contiene las cinco vocales una sola vez, Fernando Garro ha “cocinado” astutamente el acertijo, poniendo de manifiesto, una vez más, la importancia de la precisión en los enunciados: “Mi cuñado es un animal y se llama Aurelio”.

El juego del lenguaje

Debí precisar que me refería al nombre común de un animal no humano, y en ese caso hay algunas respuestas discutibles y/o jocosas, como “zarigüeyo” (no aceptado por la RAE pero sí coloquialmente). O “paquidermo”, que no es el nombre de un animal sino de un orden taxonómico (hoy en desuso, por cierto); pero es habitual llamar paquidermo a un elefante (aunque actualmente lo correcto es llamarlo proboscídeo), por lo que se puede dar por buena la respuesta de Javier Andueza. Y si aceptamos los diminutivos cariñosos, podrían valer “sabuesito” (bien, el corrector no lo subraya en rojo) y “hormigüela” (este sí).

En la misma línea jocosa, Bretos Bursó propone “futbolinera” (mujer aficionada al futbolín) como palabra que contiene las cinco vocales en orden inverso al alfabético. Y sin alejarnos del fútbol, también podría servir un partido entre Portugal y Chile: sería una competición lusochilena.

En cuanto al mayor número cuyo nombre contiene las cinco vocales sin repetirlas, Bursó propone “noventa y un mil”; pero Granero se pasa al catalán y ataca con “quatre trillons”, y Bursó contrataca con “cent quadrillons”. ¿Quién da más?

La respuesta de Jaime Zubieta al tercer acertijo de la semana pasada es “Esta frase no tiene treinta y cinco letras”. ¿Hay alguna otra solución?

Y la respuesta “oficial” al cuarto acertijo es “cinco”; pero ¿hay alguna más?

Simetría verbal

Al hablar de juegos y acertijos con las palabras, es inevitable mencionar los palíndromos.

Un palíndromo es una palabra o frase cuyas letras están dispuestas de tal manera que no cambia al leerla de derecha a izquierda. Hay muchas palabras palindrómicas, sobre todo entre las más cortas: asa, ama, ara, ata, efe, eme, ene, oro, oso, ojo… ¿Cuántas puedes encontrar de tres letras? Y, yendo al otro extremo, ¿cuál es la palabra palindrómica más larga?

En cuanto a las frases palindrómicas, recordemos un par muy logradas, una popular (en castellano) y otra culta (en latín): “Dábale arroz a la zorra el abad” e “In girum imus nocte et consumimur igni” (Damos vueltas en la noche y nos consume el fuego). El palíndromo latino podría ser una antigua adivinanza relativa a las mariposas nocturnas o a las antorchas; o a los demonios, según algunos, por lo que se lo conoce como el verso del diablo. Guy Debord, fundador de la Internacional Situacionista, adoptó el palíndromo In girum… como divisa y realizó en 1978 un cortometraje con este título. Y, siguiendo con el latín, es de obligada mención el misterioso multipalíndromo del Cuadrado Sator: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS (pero ese es otro artículo).

En castellano, el palíndromo de la zorra y el abad es difícilmente superable. ¿Se te ocurre alguno?

(Casualmente, o tal vez no, esta es la entrega nº 545 de El juego de la ciencia: un número palindrómico, también llamado capicúa).

miércoles, 21 de enero de 2026

El infanticidio y destrozo a las mujeres caídas de Irlanda

 El cruel drama de las "mujeres caídas": cómo Irlanda destrozó la vida de más de 60.000 madres, en El Mundo, Andrés Seoane, 6 mayo 2025:

Auspiciada por el Estado y dirigida por la Iglesia, entre 1922 y 1998 existió una red de hogares para madres y bebés que provocó la muerte de más de 9.000 niños. Caelainn Hogan narra su terrible historia en ‘La república de la vergüenza y reclama justicia. "Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes". Hay sábanas con los nombres de los casi 800 niños muertos colgadas en las puertas de la fosa común de 796 bebés hallada en el antiguo Hogar para madres y bebés de Tuam, Galway.

El libro es La república de la vergüenza, por Caelainn Hogan. Traducción de Elena Pérez San Miguel. Errata Naturae. 328 páginas.

En 2014, Irlanda se vio sacudida por una noticia impactante. Según las investigaciones de la historiadora local Catherine Corless los cadáveres de casi 800 bebés y niños yacían en los terrenos del Hogar para Madres y Bebés Bon Secours de su pueblo, Tuam, ubicado en el condado de Galway al oeste del país y regentado entre 1925 y 1961 por las Hermanas del Buen Socorro. Corless descubrió cientos de certificados de defunción -las causas de muerte más comunes apuntadas eran debilidades congénitas, enfermedades infecciosas y desnutrición- pero ningún registro de entierro.

Ante el revuelo del caso, se abrió una investigación y entre 2016 y 2017 las excavaciones realizadas en una fosa común sin marcar, ubicada en la antigua fosa séptica del edificio, revelaron los restos de 796 individuos de edades comprendidas entre las 35 semanas de gestación y los tres años. La gravedad del horrible hallazgo llevó a la creación de una Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés que se propuso explorar y documentar el legado persistente de las instituciones religiosas en Irlanda.

Fue en ese 2017, con la polémica candente, cunado la periodista experta en conflictos, migración y marginación Caelainn Hogan (Dublín, 1988), regresó a su Dublín natal tras varios años trabajando en países como Nigeria, Sudáfrica, Estados Unidos, Siria o España -donde escribió reportajes sobre el movimiento antidesahucios y las protestas de los indignados-. "Ese año ocurrieron en Irlanda muchas cosas que generaron un profundo debate social sobre el embarazo y los derechos reproductivos, las personas separadas de sus hijos y el trato que la Iglesia y el Estado habían dado a las mujeres embarazadas y sus bebés. Muchos supervivientes comenzaron a la voz y a contar sus terribles historias, y al empezar a hablar con ellas me di cuenta de que era un problema persistente, que no era algo del pasado o de la historia, sino que afectaba a miles de vidas hoy en día".

De todas esas conversaciones, reportajes e investigaciones nació el espeluznante y conmovedor ensayo La república de la vergüenza (Errata Naturae), que recoge muchos de estos testimonios y glosa el funcionamiento de esta red de instituciones, regentadas por la Iglesia pero apoyadas y sufragadas por el Estado, para ocultar, castigar y explotar a las llamadas "mujeres caídas o descarriadas". Narrado en primera persona, Hogan, hija de padres que nunca se casaron, comprobó con espanto que ella misma y su madre podían haber acabado en un lugar así.

"No hablé con nadie en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones. Nací en 1988, y sólo un año después de que el estado cambiara la ley de ilegitimidad (Legitimacy of Children Act) [hasta 1987 los hijos nacidos fuera del matrimonio tenían en Irlanda un estatus legal inferior], así que si hubiera nacido solo unos meses antes... Al hablar con supervivientes descubrí que muchas mujeres y niñas todavía eran enviadas a estos hogares para madres y bebés en mi época, y que el último, en Donegal, dirigido por laicos, pero con una fuerte influencia de la Iglesia, no cerró hasta 2006", explica. "También descubrí que era algo mucho más común de lo que parece, no hablé con ninguna persona en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones".

Las popularmente conocidas como lavanderías de la Magdalena nacieron en el siglo XVIII para ayudar a mujeres que habían caído en la prostitución, a las que buscaban trabajo como lavanderas o sirvientas, pero en el siglo XX sus prácticas habían cambiado mucho. Regentadas por órdenes de monjas como las Hermanas del Buen Socorro, de la Misericordia, del Sagrado Corazón o las Hijas de la Caridad, estas instituciones repartidas por todo el país se convirtieron en lugares donde niñas y mujeres, llamadas "penitentes" eran encarceladas y condenadas a la servidumbre. Y en los hogares maternales, las mujeres que habían quedado embarazadas fuera del matrimonio eran ocultadas, y en la mayoría de los casos sus bebés eran adoptados, muchas veces ilegalmente.

Miedo, culpa y vergüenza

"En los años 90, mucha gente comenzó a hablar sobre lo que les había sucedido en estas instituciones religiosas y eso erosionó la autoridad y el poder casi omnipotente que la Iglesia había tenido en el país. Se comenzaron a investigar cosas como y el abuso infantil sistémico en escuelas y reformatorios y también los casos de las lavanderías de la Magdalena y los hogares para madres y bebé, descubriendo poco a poco la trama de encarcelamientos, trabajos forzados, abusos sexuales, maltratos físicos, negligencias médicas", explica la autora. El libro relata muchas experiencias escalofriantes de estas "penitentes", algunas enviadas allí por sus propias familias, otras convencidas por monjas y sacerdotes, algunas embarazadas a raíz de violaciones dentro o fuera del hogar familiar...

"Se las obligaba a trabajar gratis y se les negaba cualquier contacto con sus hijos, incluso información. A veces, pasaban toda su vida en estas instituciones hasta su muerte, y muchas llegaron a tomar los votos para mejorar algo su vida. Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes", resume Hogan para quien lo peor de todo era el estigma, "la culpa, el miedo y la vergüenza" que las religiosas inculcaban en las mujeres. "Los embarazos eran tratados como delitos, así que ellas eran tratadas como delincuentes y se hablaba en términos penales de sus embarazos y sus hijos. Lejos de ser refugios u hogares, eran prisiones reales y morales que causaron un daño inconmensurable a generaciones enteras". "Muchas madres vivieron toda su vida en silencio. Lo peor es la sensación de vergüenza, miedo y culpa que se les inculcó"

Y, todo ello ocurrió, como destaca Hogan, con la connivencia del Estado. "Aunque estos centros ya existían, desde 1922 [año de la independencia de Irlanda] fue muy útil para el Estado poder recluir a mujeres y niños en estas instituciones y ceder ese poder a la Iglesia en lugar de tener que mantener a estas familias que consideraban inferiores e inmorales. Hasta los años 70 no existía ningún tipo de apoyo o ayuda social para las madres solteras porque el Estado no las consideraban familias ante la ley y no querían apoyarlas", denuncia Hogan.

"Por eso, estaban felices de enviarlas a instituciones, de pagar su internamiento a las monjas y hacer desaparecer lo que consideraban un problema, la prueba de la sexualidad extramatrimonial, algo que la Iglesia y el Estado afirmaban que no debía existir. Irlanda era una teocracia de facto y en este ideal de nación católica perfecta las mujeres y niñas embarazadas, eran un desafío literalmente físico. Y fueron tratadas como una amenaza y desaparecieron a través de estas instituciones".

El último hogar de este tipo cerró sus puertas en 1998, sin embargo, la sombra de estos lugares sigue muy viva en la memoria irlandesa, donde si bien sigue existiendo una enorme influencia de la Iglesia, la conservadora, restrictiva y patriarcal moral social que permitió la normalización y larga supervivencia de estas instituciones está en extinción, como apunta Hogan con un ejemplo.

"En 2018, el año de la visita del Papa, aprobamos un referéndum a favor del derecho al aborto y de la derogación de la prohibición constitucional del aborto", explica. "Durante la misa papal charlé con varias mujeres de fe para quienes ver al Papa significaba mucho. Pero también habían votado a favor de la derogación de la prohibición del aborto y eran proelección. Y no son casos aislados. La Iglesia debe lidiar con que mucha gente en sus filas cree en una mayor igualdad y libertad de la que ellos ofrecen actualmente".

En busca de justicia

En 2021 se publicó, tras varios retrasos, el informe de la Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés, y los datos fueron demoledores. Casi 60.000 madres solteras y unos 57.000 niños, de los cuales más de 9.000 murieron, pasaron por los hogares investigados por la comisión en esos más de 70 años, la mayoría entre las décadas del 60 y 70. Se sucedieron las disculpas públicas, del Taoiseach Micheál Martin al propio Papa Francisco, pero, como denuncia Hogan, los resultados han sido más bien escasos.

"El Estado está dilatando y restringiendo las indemnizaciones, pero si los afectados mueren sus familias seguirán reclamando justicia". "En cuanto a la Iglesia, las órdenes religiosas implicadas se han negado, en su mayoría, a ofrecer compensación económica a las víctimas e incluso a ofrecer información a muchos supervivientes sobre sus hijos o mares, lo que es terrible", lamenta. "En Bessborough, hogar ubicado en Cork, sabemos hoy que murieron más de 900 niños, pero aún desconocemos dónde están enterrados más de 800".

Sin embargo, la periodista considera todavía más mezquina la actitud del Gobierno irlandés. "Se aprobó un plan de reparaciones del que, de golpe, se excluyó a unos 20.000 supervivientes de forma arbitraria, con excusas tan peregrinas como que no habían pasado más de seis meses en estos hogares. Además, de los 800 millones de euros previstos, hasta ahora sólo se han gastado 55", denuncia.

También, abunda, se les niega a muchos su identidad real, prohibiéndoles acceder a sus historiales médicos y partidas de nacimientos, incluso amparándose en las leyes de protección de datos de la Unión Europea. "Todas las promesas comienzan a parecer pura palabrería. La mayoría de esta gente sólo quiere respuestas, saber donde está enterrado su bebé o su madre. El Estado está dilatando, negando y restringiendo las indemnizaciones, pero no entienden que si los afectados mueren sus familias continuarán reclamando justicia. El silencio se ha roto y la verdad, al final, triunfará", concluye.

El franquista Patronato de Protección a la Mujer

 Celda, oración y castigo: la oscura máquina de represión sexual y moral de la mujer en el franquismo, en El Mundo, Irene Merayo Alba, 21 enero 2026: 

El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución clave del franquismo dedicada a vigilar, internar y corregir a quienes se apartaban del ideal femenino del nacionalcatolicismo, cuenta Carmen Guillén en el libro 'Redimir y adoctrinar'. Celda, oración y castigo: la oscura máquina de represión sexual y moral de la mujer en el franquismo

La historia es un relato de silencios: casi tanto importa lo contado como aquello que permanece en la sombra. El recién terminado 2025 marcó 40 años -que no son tantos- desde el cierre de una de las instituciones más oscuras y desconocidas del franquismo, tan arraigada que sobrevivió incluso al régimen: el Patronato de Protección a la Mujer. Sin embargo, el desaparecido organismo no está en el imaginario colectivo de la mayoría de los españoles.

El Patronato fue concebido como un organismo de control moral femenino, basado en un sistema carcelario, trabajos forzados, oración, disciplina y castigo, legitimado por el nacionalcatolicismo, con esa alianza entre Iglesia y Estado. A pesar de que la institución existía desde tiempos previos -durante la II República operaba con fines más laicos-, fue el régimen franquista el que le dio esta finalidad en 1941 y hasta 1985, cuando experimentó un final paulatino ya bien entrada la democracia, regulado por una legislación entonces obsoleta, de 1952.

La historiadora Carmen Guillén (Mazarrón, 1988) realiza un brillante trabajo en Redimir y adoctrinar (Crítica), un libro que nace a partir de su tesis doctoral y que, por primera vez, arroja luz a una institución durante décadas casi desconocida a diferencia de otras similares como la Sección Femenina (activa de 1934 a 1977) o Auxilio Social (1936 a 1976). Estas fueron disueltas al poco tiempo de llegar la democracia y no tuvieron un papel tan relevante como el Patronato en la represión sexual de la mujer de la época.

La institución, presidida de manera honorífica por Carmen Polo, esposa de Franco, se convirtió rápidamente en un elemento clave del sistema represivo del régimen. En un inicio, se concibió con el objetivo específico de "redimir" a la prostituta, por considerarse la antítesis de la "mujer ideal" que promovía el franquismo. Sin embargo, la moral imperante pronto decidió extender estos castigos, disfrazados de asistencia social, a toda aquella que no encajase en el paradigma establecido, pasando a marcar a todas ellas con la etiqueta de "mujeres caídas" y con el peligro adicional de que su principal objetivo eran las menores de edad, llegando a causar daños irreversibles en su desarrollo ya no solo como mujeres sino como personas.

Aunque, como se dice, el Patronato se justificó oficialmente como una respuesta a la prostitución, su radio de acción fue, en la práctica, mucho más amplio. Por la falta de documentación clara, se desconoce el número exacto de víctimas -Guillén estima que serían varias decenas de miles-, pero la autora subraya que el porcentaje de mujeres internadas por ejercer la prostitución fue mínimo.

La mera sospecha de que una mujer no se ajustase al modelo femenino dominante -ser joven, pobre, rebelde, soltera, miembro del colectivo LGTBI o simplemente vulnerable- podía bastar para activar los mecanismos de control. La institución funcionó así como una red de vigilancia moral desplegada sobre el conjunto de la población femenina por todo el territorio. El discurso oficial fue que el objetivo fundamental que se perseguía era redimir a la "mujer caída" y ayudar a la que está en peligro de caer, siempre bajo criterios arbitrarios.

El proceso de ingreso no requería una intervención judicial. Las denuncias procedían con frecuencia del entorno más cercano: familiares, vecinos... "La sociedad española se convirtió de alguna forma en el mejor aliado del Patronato", afirma Guillén. El régimen logró que todos interiorizasen de tal manera el discurso sobre los roles de género que el control dejó de ser exclusivamente institucional para convertirse en una práctica social compartida. La vergüenza, el miedo y el estigma actuaban como mecanismos disciplinarios tan eficaces como el resto de castigos formales.

Una vez dentro, la vida cotidiana en los centros del Patronato -a menudo propiedades de congregaciones religiosas, a modo de reformatorios encubiertos- estaba marcada por la disciplina, el trabajo forzado y el adoctrinamiento religioso. Lejos de cualquier finalidad asistencial, la institución funcionaba como un sistema de reeducación moral. "Fundamentalmente lo que se quería era adoctrinar a la población femenina, anestesiar su capacidad de pensamiento crítico", explica Guillén. La mujer era concebida como una pieza clave en la transmisión de los valores del régimen: responsable del hogar, de la familia y de la educación de los hijos, su desviación suponía una amenaza para el orden franquista y su adecuación al régimen era de un valor incalculable, puesto que crearía hijos igualmente adeptos.

En Redimir y adoctrinar, Carmen Guillén describe con detalle un sistema de castigos que no respondía a faltas concretas, sino a una lógica disciplinaria permanente. Las sanciones incluían el aislamiento en celdas, la retirada de correspondencia, la prohibición de visitas, la humillación pública o los traslados forzosos entre centros de provincias lejanas, una de las prácticas más temidas. El castigo no tenía tanto una función correctiva como ejemplarizante: generar miedo, obediencia y, sobre todo, sumisión.

El control se extendía también al cuerpo y a la maternidad. Aunque buena parte de estos episodios siguen siendo difíciles de documentar por el cierre de archivos, el libro recoge testimonios que apuntan a separaciones forzosas de madres e hijos, embarazos vividos bajo una vigilancia extrema y una gestión de la maternidad atravesada por la culpa y el castigo. En junio del año pasado tuvo lugar un acto simbólico por parte de la Iglesia para con las supervivientes -como prefieren ser llamadas-, en el que "no se les permitió hablar de bebés robados, de daños físicos o de suicidios", denuncia Guillén, subrayando que incluso hoy sigue existiendo resistencia a nombrar todas las violencias ejercidas dentro de estas instituciones.

El control se ejercía a través de una estructura jerárquica perfectamente organizada, con una junta central en Madrid, juntas provinciales y locales, y una amplia red de personal femenino. Las congregaciones religiosas asumieron un papel central en el funcionamiento diario de los centros. "Sin ellas el Patronato no sería nada", afirma la historiadora. Eran las encargadas del adoctrinamiento cotidiano -oración, los llamados ejercicios espirituales, asistencia a misa-, de la evaluación de las internas y de decidir cuándo podían abandonar la institución.

Durante décadas, el Patronato de Protección a la Mujer ha permanecido fuera del relato dominante sobre la represión franquista. A diferencia de otras formas de violencia más visibles -fusilamientos, cárcel, exilio o depuración administrativa-, la represión moral y sexual ejercida sobre las mujeres no encontró un lugar claro en la memoria colectiva ni en la historiografía: "Dentro de la narrativa creada no está esta represión, porque se ejerció principalmente hacia el colectivo femenino", explica la autora, pues además el franquismo jamás contó con ningún tipo de institución que controlase la moral de los hombres.

Esta invisibilidad no fue casual, sino que tuvo varias causas. Por un lado, estuvo condicionada por la naturaleza misma de la violencia ejercida: cotidiana, íntima, silenciosa, más lejos del espacio público. Por otro, por la enorme dificultad para acceder a las fuentes. Buena parte de la documentación del Patronato desapareció o quedó fragmentada. "Hace una década, cuando empecé a trabajar sobre el tema, me dijeron que se habían conservado 1.133 cajas de documentación, pero que tras una inundación en los años 90 solo quedaban 31", explica la historiadora. A ello se suma la dificultad de acceder a archivos por la legislación vigente: la Ley de Protección de Datos y los plazos de acceso establecidos por la Ley de Memoria Histórica impiden todavía consultar una parte sustancial del material, especialmente la correspondiente a los últimos años en que la institución estuvo en activo.

Las vías de salida del Patronato eran tan restrictivas como el propio sistema. Oficialmente, solo existían dos: el matrimonio o la vida religiosa. Algunas mujeres eran colocadas como trabajadoras domésticas en hogares considerados "adecuados", de familias "de bien". En la práctica, la fuga fue una de las formas más habituales de abandonar los centros, e incluso muchas internas llegaron a quitarse la vida ante la desesperación. Los criterios para decidir quién estaba preparada para salir eran, como reconoce Guillén, "tremendamente ambiguos", al depender de nuevo de juicios morales subjetivos.

Es evidente que el dolor no terminaba al cruzar la puerta. El paso por el Patronato dejaba una marca imborrable. "No es solo un daño puntual, sino que es transversal a toda una vida", explica la historiadora. Muchas supervivientes relatan haber sufrido durante décadas ansiedad, miedo, estrés postraumático y un profundo sentimiento de estigmatización. A ello se sumaba el silencio: durante años, muchas no contaron su experiencia ni siquiera a sus familias. La vergüenza y el tabú sellaron ese mutismo colectivo y una autocensura femenina que sobrevive, aunque diferente, décadas después.

La herencia incómoda

Uno de los aspectos más perturbadores que revela Redimir y adoctrinar es la continuidad del Patronato más allá de la muerte de Franco. Lejos de desaparecer con el fin del régimen, la institución siguió funcionando durante años en un contexto ya democrático, amparada por una legislación heredada y por la inercia administrativa. "No hubo una ruptura clara", explica Guillén, sino un desmantelamiento lento y silencioso que permitió que muchas de estas prácticas se prolongaran bien entrada la Transición, hasta 1985.

La ausencia de una depuración institucional y la falta de reconocimiento de las víctimas contribuyeron a reforzar el silencio. Durante décadas, el Patronato quedó fuera del debate público y de las políticas de memoria, lo que explica en parte por qué se prolongó tanto y por qué su historia sigue siendo hoy tan desconocida. No fue solo una cuestión de olvido, sino también de incomodidad: asumir lo ocurrido implica reconocer que la violencia moral contra las mujeres no terminó con la muerte del dictador.

En tiempos polarizados en que, frente a los avances en igualdad, algunas mujeres jóvenes llegan a romantizar modelos de feminidad conservadora como el de las tradwives, Guillén concibe su libro como una advertencia y una herramienta para pensar el presente y recordar hasta qué punto estos ideales de mujer "correcta", obediente y sacrificada no son naturales o biológicos, sino construcciones históricas que, cuando se institucionalizan, generan pequeñas violencias en el día a día actual.

El pasado año el Gobierno de España reconoció a la primera víctima del Patronato, Eva García de la Torre, y con ella muchas otras mujeres han comenzado a contar públicamente su experiencia en los últimos años. Tras más de una década de trabajo, la historiadora habla de un "momento dulce": un tiempo en el que, por primera vez, existe investigación y, sobre todo, una atención social creciente hacia una historia que permaneció enterrada.

Actualmente hay un movimiento colaborativo en el proceso de recuperación de la memoria del Patronato. "Ahora somos más de 30 o 40 investigadoras trabajando sobre la institución", señala Guillén. Todas ellas, mujeres.

Ese impulso no responde solo a una deuda con el pasado, sino a una necesidad contemporánea. "Conocer de dónde vienen estos discursos es el primer paso para poder eliminarlos y garantizar que no se repitan", afirma Guillén. Mirar de frente al Patronato es un ejercicio de memoria histórica, pero también una forma de entender cómo ciertas ideas sobre la culpa, la maternidad o el lugar de la mujer siguen pesando, todavía hoy, sobre los hombros de varias generaciones.

lunes, 19 de enero de 2026

La desamericanización del mundo según Pankaj Mishra

 Ha llegado la hora de desamericanizar el mundo, por Pankaj MishraEl País,18 ene 2026

La civilización universal que ofrecía Estados Unidos solo era un espejismo. Su desaparición es posiblemente más esclarecedora y trascendental que la desaparición del espejismo comunista en 1991. Casi un año después de la llegada de Donald Trump al poder, da la impresión de que lo que define el carácter actual de EE UU no es la democracia, ni la libertad, sino el supremacismo blanco violento

En 1990, mientras el comunismo soviético se derrumbaba y parecía que estábamos ante el fin de la historia, el escritor V. S. Naipaul alabó la americanización del mundo. En una conferencia pronunciada en el Manhattan Institute, una institución neoyorquina de derechas, afirmó que la idea estadounidense de la búsqueda de la felicidad había puesto fin al largo debate ideológico sobre qué vida y qué sociedad eran mejores y estaba creando una civilización universal.

El americanismo que expresaba Naipaul en 1990, tan lleno de seguridad en sí mismo, nacía de una realidad innegable: con la caída del comunismo, quienes habían intentado construir sociedades socialistas o socialdemócratas habían sufrido una pérdida decisiva de legitimidad y credibilidad. Estaba asentándose la idea de que la historia misma había desembocado en la democracia y el capitalismo de estilo estado­unidense. En 1999, el columnista de The New York Times Thomas Friedman podía anunciar sin reparos: “Quiero que todo el mundo sea estadounidense”.

Sin embargo, en 2026 es difícil evitar la sospecha de que la civilización universal de Estados Unidos no era ni civilización ni universal. Era un espejismo muy seductor y su desaparición constituye un momento de enorme gravedad, posiblemente más esclarecedor y trascendental que la desaparición del espejismo comunista en 1991. Además, el mundo, que ha pagado un precio demasiado alto por la búsqueda de la felicidad de una pequeña minoría estado­unidense, debe someterse a una rápida desamericanización, intelectual, espiritual y geopolítica.

Mientras Trump estrangula a Venezuela y amenaza a Groenlandia, da la impresión de que lo que define el carácter actual y el destino de Estados Unidos no es la democracia, sino el supremacismo blanco violento. Esta realidad supone una reivindicación de los historiadores que han trabajado para crear un gran archivo de estudios sobre las prácticas estadounidenses de esclavitud, genocidio e imperialismo racista. Pero también necesitamos comprender la novedad histórica que supuso esa civilización universal, su atractivo y su extraordinaria hegemonía como sistema de creencias durante cuatro décadas, capaz de formar ideas, preferencias, aspiraciones y propósitos en todo el mundo. Solo entonces podremos empezar a esbozar el mundo desamericanizado que está por venir.

El premio Nobel de Literatura polaco Czeslaw Miłosz escribió: “Los estadounidenses aceptaban su sociedad como si fuera un producto del propio orden natural; estaban tan convencidos de ello que tendían a compadecerse del resto de la humanidad por haberse desviado de la norma”. Pero la gran anomalía en la historia de la humanidad ha sido precisamente Estados Unidos. Fueron los estadounidenses, con toda su influencia, quienes dieron prioridad a la felicidad individual por encima del bien común y relegaron los viejos debates sobre el propósito y el significado supremos de la existencia humana al ámbito de la vida privada de los ciudadanos.

Estados Unidos inició su ascenso a principios del siglo XX con una extraordinaria variedad de productos de consumo —los automóviles Ford, el cine de Hollywood, las máquinas de coser Singer, las maquinillas de afeitar Gillette—, por lo que no solo se convirtió en imperio, sino también en un emporio comercial, y encabezó una revolución dentro del consumo de masas mediante la creación de unas necesidades materiales, sociales y psicológicas antes desconocidas.

La expansión estadounidense fue acompañada de unos valores de igualitarismo sin precedentes. Este espíritu democrático peculiar se basaba, más que en un amplio compromiso de justicia social, en la socialización del consumo y la equiparación de las costumbres, lo que Sinclair Lewis calificó sagazmente en Babbitt como “el aspecto mental y espiritual de la supremacía estadounidense”. Ese espíritu eliminaba las distinciones de gusto basadas en la clase social y hacía que las desigualdades económicas y sociales parecieran menos ofensivas que en otras sociedades. Al presentar la libertad como libertad de elección, el mercado pasó a ser la verdadera esfera de los ciudadanos.

El imperio estadounidense, que hacía que toda resistencia en su contra pareciera antidemocrática, enfermizamente radical o reaccionaria, creció durante las guerras mundiales que devastaron Europa y gran parte de Asia. A partir de 1945, fue acogido con gratitud por los líderes de Europa occidental, que pensaban que era fundamental intensificar la presencia del aliado norteamericano en el continente para garantizar su propia supervivencia.

Pero el “poder blando” de Estados Unidos en la Europa de la posguerra no se limitó al soborno de políticos europeos, los incentivos económicos que ofrecía la CIA a intelectuales anticomunistas y la sutil propaganda de la Voz de América y el International Herald Tribune. Ya en 1930, Cesare Pavese, uno de los escritores italianos que se sentían asfixiados por el fascismo, decía que la ficción estadounidense ofrecía “el testimonio de una vida vivida con mucho —quizás demasiado— entusiasmo”. Años más tarde, en esa misma década, un joven Italo Calvino “sentía”, al pasar por un cine que proyectaba películas estadounidenses en su pequeña ciudad italiana, “la llamada de ese otro mundo que era el mundo”.

A partir de 1945, Estados Unidos reforzó la difusión de una cultura popular capaz de seducir con su alegría y su optimismo a un mundo lleno de dificultades, sobre todo a las generaciones jóvenes. El nuevo espíritu estadounidense depositaba la responsabilidad del desarrollo personal en el aumento de los ingresos y el consumo; vinculaba la autoestima de cada persona a la envidia y la comparación con los bienes materiales de los demás. Como consecuencia, Estados Unidos generó una gran transformación mundial de la propia imagen individual y colectiva; los irresistibles cultos del Nuevo Mundo al hedonismo, la abundancia y la inmediatez pusieron en tela de juicio y, muchas veces, derribaron los modelos tradicionales de realización personal y trascendencia.

En muchas sociedades no occidentales, el modelo de adaptación individual a la sociedad moderna había subrayado un proceso lento y frugal de aprendizaje, disciplina y una ética de responsabilidad social, pero este modelo quedó obsoleto cuando se impuso la idea estadounidense de que había que consumir en privado el yo y el mundo mediante la satisfacción continua de las ansias libidinosas de riqueza y poder.

A pesar de la desindustrialización de la economía estadounidense, esta siguió produciendo novedades constantes: Google, el MacBook, eBay, Wikipedia y Amazon, entre otras. Las tecnologías digitales norteamericanas fueron las primeras en ofrecer una rápida gratificación de dopamina a personas aisladas que vivían en unas sociedades cada vez más atomizadas. Las redes sociales, al mismo tiempo que prometían la libre expresión y el empoderamiento político, contribuyeron a universalizar un peculiar modo de individualismo basado en el consumo.

Hoy, sin embargo, los gigantes de Silicon Valley como Meta y X respaldan a Trump, el principal beneficiario de una corrupción política, mental y espiritual generalizada a través de las redes sociales; y da la impresión de que los modelos estadounidenses de individualismo han sido una forma de engaño. Durante todo este tiempo, mientras prometían a los seres humanos un poder y una identidad extraordinarios, estaban convirtiéndolos en meros nodos que vomitan datos en las redes digitales: unas automatizaciones que allanan el camino para la IA.

En muchos otros aspectos, nuestro mundo fracturado actual, desde el Caribe hasta Palestina, es consecuencia de una americanización cultural y espiritual temeraria. Hace tiempo que los mercaderes, movidos fundamentalmente por la búsqueda del dinero y el poder, dominan la vida pública de Estados Unidos y las sociedades americanizadas. El hecho de que sus deseos estuvieran totalmente carentes de cualquier valor positivo, como el bien común, o incluso de una mínima preocupación por las consecuencias y la responsabilidad, ha fomentado una tendencia al comportamiento extremista y, en última instancia, al militarismo endémico y al belicismo.

Es posible que Donald Trump y su banda de multimillonarios tecnológicos, criptobros, magnates del petróleo y banqueros en la sombra sean la encarnación inequívoca del Homo americanus, definido por Octavio Paz como un “gigante fanático” que “no padece de soberbia”, sino que “es sencillamente un sin ley”. Pero la interminable “guerra contra el terrorismo” de Estados Unidos, que causó la muerte y el desplazamiento de millones de personas en el sur de Asia, Oriente Próximo y el norte de África y que no acarreó ningún castigo para sus defensores políticos y periodísticos, ya había puesto de relieve que la clase dirigente estadounidense recurría cada vez más a la fuerza bruta para mantener su hegemonía mundial. La prueba más llamativa de una dinámica global incontrolable de nihilismo es que, en Estados Unidos, los políticos, tanto demócratas como republicanos, y los periodistas, tanto progresistas como de derechas, siguen siendo aliados de un régimen explícitamente genocida en Israel.

Hoy puede resultar extraño que una sociedad de inmigrantes, tan profundamente definida (y limitada) por las necesidades sociales y psicológicas de los exiliados y los desarraigados, se considerara a sí misma un modelo —la ciudad sobre la colina— que el resto de la humanidad debía emular. Pero más extraordinario todavía es que gran parte de la población mundial aceptara sin más esa declaración.

Durante décadas, el sueño de la emancipación a través de la modernidad estadounidense capturó la imaginación política y moral de innumerables hombres y mujeres de todo el mundo. Estados Unidos se convirtió en una segunda patria para asiáticos y africanos, igual que París o Londres habían sido en otro tiempo las ciudades de adopción de muchos europeos y latinoamericanos.

Ahora hay millones de personas de todo el planeta en estado de shock al ver a Trump encabezando un movimiento de extrema derecha que se opone ferozmente en todo el mundo libre a la inmigración y desprecia toda posibilidad de humanidad común, justicia social o igualdad de derechos. No es exagerado decir que el descontento que está aflorando en todo el mundo respecto a Estados Unidos es seguramente un fenómeno más amplio y traumático que la desilusión de los románticos europeos del siglo XIX con la Francia revolucionaria o la pérdida de fe de mediados del siglo XX en el dios (comunista) que había fracasado.

Llevar a cabo una desamericanización del mundo rápida y profunda se ha convertido en un imperativo moral y existencial. Millones de personas seducidas por las tecnologías digitales estadounidenses porque les prometían la emancipación personal han sufrido la manipulación de la mente y el espíritu por la avalancha de desinformación. Incluso los criterios básicos a los que han recurrido los seres humanos durante siglos —el bien y el mal, la verdad y la falsedad— están desapareciendo. En todas partes, las personas se ven reducidas a juguetes de una clase dominante experta en trastocar los valores y convertir el delito en un acto loable y la mentira descarada en dogma.

Para escapar de nuestro aterrador abismo moral, debemos recuperar valores deliberadamente suprimidos en una sociedad de individuos competitivos construida sobre el modelo estadounidense, valores como la solidaridad, la compasión y el bien común. Es de suponer que este intento no va a contar con la ayuda de los beneficiarios del siglo americano, las clases políticas y mediáticas de Europa occidental, que son incapaces de romper su larga y lucrativa historia de amor con Estados Unidos. Las élites no están preparadas para diagnosticar el mal que ha provocado desde hace tiempo un espíritu social de codicia, miedo y rivalidad en sus propias sociedades. Tampoco pueden empezar a comprender la experiencia generalizada de indefensión intelectual y espiritual que vivimos hoy.

Por suerte, la necesaria desamericanización del mundo no dependerá de ellos. En las últimas décadas, las revoluciones democráticas y del conocimiento en Asia, Latinoamérica y África han dado a luz una sociedad civil de movimientos transnacionales. Las redes no estatales y muchos grupos de interés por encima de las fronteras han reunido a activistas preocupados por los derechos humanos, la pobreza, la justicia ecológica, la vivienda social y la igualdad de género, ya sea en la India o en el Amazonas.

Justo cuando empezaba a ser evidente que el sueño americano no era más que un sueño, dos papas sucesivos con experiencia en América Latina asumieron el liderazgo moral del mundo con sus encíclicas sobre el cambio climático, la pobreza y la desigualdad. La religión tradicional se ha tergiversado y convertido en una farsa en manos de sus beatos representantes estadounidenses, como J. D. Vance, o de un clero español que abraza a la extrema derecha. Aun así, para construir un orden social genuinamente igualitario, sostenible y justo y luchar contra problemas como el cambio climático y la inteligencia artificial, hace falta la sabiduría filosófica acumulada durante el largo pasado de la humanidad.

Por supuesto, son necesarias nuevas instituciones mundiales de coordinación económica y política. Pero la desamericanización requiere asimismo que cada persona cambie por completo su forma de percibir el significado y el marco general de su propia vida, su manera de actuar en la relación interdependiente con los demás y con el mundo natural. Ya tenemos claro que el mundo no puede sobrevivir a la fe nihilista de Estados Unidos en el individuo aislado de la sociedad, que consume el mundo de forma privada. Este es el verdadero significado del repentino y sorprendente fin del fin de la historia.

Pankaj Mishra (Jhansi, India, 1969) es novelista y ensayista. Es autor de libros como La edad de la ira (2017), Fanáticos insulsos (2020) y El mundo después de Gaza. Una breve historia (2025), todos en Galaxia Gutenberg.

Alexander von Humboldt, un intelectual prusiano contra la leyenda negra

 El informe olvidado de principios del siglo XIX que ya combatió la leyenda negra y la idea del genocidio en América, en Abc de Madrid, por Israel Viana, 18/01/2026: 

Se público en 1826 y ofrecía datos «muy detallados, serios y completos», pero cayó en el olvido

En verano, Richard Kagan (Nueva Jersey, 1943) contaba a ABC que, cuando tuvo al gran John Elliot como tutor en los cursos de doctorado durante la década de 1960, todo el mundo en Gran Bretaña y Estados Unidos le preguntaba, «con cierto prejuicio», por qué había decidido estudiar historia de España. Algunos iban más allá y juzgaban su decisión con la siguiente pregunta: «¿Pero qué ha hecho España de la civilización a lo largo de la historia?». El profesor emérito de la Universidad John Hopkins, considerado desde hace décadas uno de los grandes especialistas en la historia moderna de nuestro país, se sorprendía y se sigue sorprendiendo ante semejante desconocimiento:

«Ese prejuicio tenía una larga tradición. El otro día, en un encuentro, me preguntaron por el declive de España y yo les decía: '¿Declive? Bueno, España mantuvo su imperio durante tres siglos, hasta el siglo XIX… ¡No está mal! Y en Cuba ganó más dinero en un siglo gracias a la esclavitud y el azúcar que todos los beneficios de la plata de Potosí en México en los siglos anteriores. Lo que ocurrió en España no fue un desastre total, como se quiere hacernos creer», añadía Kagan durante la entrevista.

«Lo cierto es que ese prejuicio tenía una larga tradición», aseguraba el profesor de la Universidad John Hopkins. Su origen, sin embargo, no está del todo claro, aunque algunos investigadores se han remontado hasta el siglo XIV para establecer cuándo empezó este «odio», este relato crítico con nuestro pasado, antes incluso del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Es decir, mucho antes de que comenzara la conquista del 'nuevo' continente en la que se ha centrado, sobre todo, la leyenda negra en los últimos siglos.

Aunque fue Julián Juderías el responsable de convertir este relato propagandístico antiespañol en un concepto histórico reconocible con un famoso estudio de 1914, lo cierto es que también hubo voces que, mucho antes, intentaron tumbar estas críticas. «Por virtud de un prejuicio muy generalizado en Europa, hay la creencia de que se han conservado en América muy pocos indígenas de tinte cobrizo. En la Nueva España, el número de indígenas se eleva a dos millones, contando únicamente los que no tienen mezcla de sangre europea. Y lo que es más consolador aún, lejos de extinguirse, la población india ha aumentado considerablemente durante los últimos cincuenta años , como lo prueban los registros de la capitación y los tributos», escribía Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX.

Humboldt

Quien escribía estas palabras no era precisamente sospechoso de regalar los oídos a los imperios coloniales europeos en lo que respecta al trato que dieron a los indígenas tras el descubrimiento de América. Es más, su constante militancia contra la esclavitud, entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, le granjeó una gran cantidad de enemigos en la Corona española, la corte de Berlín y el gobierno de Napoleón Bonaparte. Pero Alexander von Humboldt (1769-1859) lo tuvo claro durante su largo viaje de investigación por los actuales territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, México y Estados Unidos, entre 1799 y 1804, donde llegó a la conclusión de que si Europa hubiera visto con otros ojos la riqueza que había en la diversidad cultural del viejo continente, «habría encontraría soluciones a la guerra, la opresión y la abominación de la esclavitud», aseguraba a la BBC, hace un año, la historiadora de la ciencia Laura Dassow Walls.

Lo que nadie pone en duda hoy es que aquella expedición transformó nuestra visión de la naturaleza, hasta el punto de que algunas ideas fundamentales del ecologismo actual se alimentan aún del trabajo del famoso naturalista y geógrafo alemán. La prueba de su legado es que, 250 años después de su nacimiento, su nombre es el que más lugares, accidentes geográficos, plantas y animales del mundo tiene en su honor. Pero lo que nos interesa aquí son sus sorprendentes (y más desconocidos) estudios sobre la esclavitud en América, que tumbaron ya hace doscientos años la leyenda negra difundida contra España sobre el trato que dio a los esclavos y el número de ellos que tenía en sus dominios.

Como advierte Humboldt en su 'Ensayo político sobre la isla de Cuba' (1826), él solo quiso «explicar este fenómeno y precisar sus conceptos mediante comparaciones y ojeadas estadísticas». Y así, con todos los datos recogidos durante sus cinco años en América, escribió la prédica liberal más importante contra este fenómeno en el mundo atlántico durante el siglo XIX. Tan mal sentó, que John S. Thrasher suprimió el mencionado capítulo en su traducción de 1856, pues atentaba contra uno de los pilares de la economía europea, lo que llevó al autor a protestar enérgicamente en público.

Haití

El origen de su investigación se encuentra en la revolución de Haití, después de que los esclavos de las plantaciones de la región de Acul, al norte de Saint-Domingue, se levantaran en 1791. Aquella revuelta que culminó el 1 de enero de 1804 con la proclamación de la primera república negra de la historia, justo cuando Humboldt regresó a Europa de su larga estancia en América, le dio mucho que pensar. El impacto fue tan fuerte que, en 1807, se suprimió en Gran Bretaña el comercio de africanos con sus colonias. En España se intentó cuatro años después. Según cuentan Marieta Cantos, Fernando Durán y Alberto Romero en 'La guerra de pluma: sociedad, consumo y vida cotidiana' (UCA, 2006), el diputado José Guridi Alcocer pidió en las Cortes de Cádiz «un plan para abolir la esclavitud, la regulación de que los hijos de esclavos fueran libres desde su nacimiento o, en su caso, abonarles un salario para que pudieran comprar su libertad a la larga», pero se encontró con fuertes críticas de los diputados cubanos y el problema no se resolvió.

Cuando los antiguos esclavos , ahora soldados y oficiales de un ejército independiente, proclamaron la independencia de Haití en 1804, Humboldt todavía no tenía escrita ni una palabra en sus diarios sobre este importante acontecimiento. «A pesar de ello, cuando fue a Venezuela en 1799 ya era enemigo de la esclavitud. Y aunque no escribió nada sobre los esclavos, sí hizo una larga excursión a las plantaciones de sus conocidos oligarcas esclavistas y atendió a los debates de la élite sobre el mejoramiento tecnológico de la esclavitud. Además, en La Habana conoció al Adam Smith de las economías de plantación de América, Francisco de Arango y Parreño, quien había realizado algún estudio comparativo previo. El alemán, sin embargo, necesitó más tiempo y empezó a a escribir sobre rebeliones , conspiraciones, esclavos y esclavitud hasta su segunda estancia en Cuba en 1804», comenta Michael Zeuske en su artículo 'Alexander von Humboldt y la comparación de las esclavitudes en las Américas' (Universidad de Colonia, 2005).

Es aquí donde llegan las sorpresas cocinadas a fuego lento por Humboldt a la luz de sus estadísticas. «Si se compara Cuba con Jamaica, el resultado parece estar a favor de la legislación española y de las costumbres de los habitantes cubanos . Estas comparaciones demuestran, en esta última isla, un estado de cosas infinitamente más favorable a la conservación física de los negros y a su concesión de la libertad», apunta Humboldt en su «Ensayo político sobre la isla de Cuba», publicado veinte años después de su viaje a América, cuando la esclavitud no solo seguía sin ser erradicada, sino que florecía en todo el Caribe. «Sigue siendo el mayor de todos los males que han atormentado a la humanidad», asegura.

Las estadísticas

Uno de los resultados más importantes del trabajo de Humboldt es su amplio y detallado análisis de la población india y negra en la sociedad colonial hispanoamericana. Con respecto al primer grupo, según explica el director del Centro de Investigaciones hispanoamericanas de la Universidad de París X, Charles Minguet, en su artículo 'La América de Humboldt', nuestro protagonista «logró barrer un montón de errores acumulados durante siglos por los escritores de la Leyenda negra , que habían derramado torrentes de lágrimas sobre los Indios, sin haber visto nunca a un solo representante de ellos».

«Los datos que da Humboldt son estadísticos —añade— y, gracias a ellos, la Europa culta y ensordecida durante todo el siglo XVIII por los gritos de horror de los indianistas lacrimosos se entera de que existen, en las posesiones españolas de América, 7,5 millones de Indios y 5,5 de mestizos. Es decir, un total de 13 millones de indios y mestizos o mulatos, que representan el 80% de la población total de Hispanoamérica . Estas cifras significan que, a finales del siglo XVIII, la población amerindia había alcanzado o sobrepasado la cifra supuesta en vísperas de la Conquista».

Datos «serios y completos»

Con respecto a la presencia de población negra en la América española, Humboldt también ofrece, en palabras de Minguet, datos «muy detallados, serios y completos» que provocan sorpresas a los defensores de la Leyenda Negra. De estas estadísticas, el profesor de la Universidad de Paris X deduce los siguientes puntos:

1) Entre 1800 y 1820, de los 6.443.000 negros (esclavos y libres) de toda América, la América española tiene solamente 776.000 . El número de los esclavos representa solamente el 4% de la población total de Hispanoamérica y no el 8% como han pretendido. Es decir, entre 500 y 550.000 esclavos en una población de 15 millones de habitantes, poco más o menos, mientras que en las Antillas francesas e inglesas, la proporción era de 80 a 90% y en los Estados Unidos del 16%.

2) Los esclavos transportados a la América española representan solamente la decimoquinta parte del número total transportado durante tres siglos por los países europeos.

3) En las colonias españolas, los esclavos manumisos eran mucho más numerosos que en otras partes: 18% en Cuba, 3% en América del Norte, 10% en las Antillas inglesas. El hecho se debe a la costumbre que tenían los dueños españoles de dar la libertad a sus esclavos por testamento.

4) En Cuba, la población libre, entre blancos, negros y mulatos, representaba el 64% de la población de la Isla en 1820.

5) Y si examinamos la legislación negrera española, sobre todo el Código Carolino de 1789, notamos que se aleja mucho del catálogo atroz de tormentos, suplicios y mutilaciones previstos en los códigos de Francia e Inglaterra de la misma época. Sin duda, sabemos que, a menudo, no se aplicaban en las colonias todas las disposiciones legales dictadas en la metrópoli. «Pero reconozcamos con Humboldt que la moderación de los textos, las costumbres y la influencia de la religión permitieron un trato más humano. Y que todos esos elementos contradicen los prejuicios europeos que atribuían a los españoles abusos y crímenes cometidos por otros», concluye Minguet.

Posición antiesclavista

Nuestro protagonista, dada su posición antiesclavista, no tenía por qué blanquear la política de España con respecto a la esclavitud en sus territorios americanos, sobre todo en una época en la que la mayoría de las sociedades europeas estaban preocupadas por si la situación de Haití podría tener consecuencias en sus colonias y en «su» comercio de esclavos. Y, de hecho, no lo hizo, porque se granjeo enemigos en España muchos enemigos por su intransigente posición contra este fenómeno, a pesar de los muchos argumentos que escuchó por parte de los propietarios de esclavos.

Algunos críticos han querido ver en su análisis sobre España en América que la corona financió parte del viaje de Humboldt a América, pero lo cierto es que su posición antiesclavista en todos los territorios —incluidos los españoles— fue creciendo durante su expedición. Y aún así, «para él la esclavitud no fue una institución española, sino una institución de las élites locales, es decir, de los criollos. La observaba dondequiera, también en lugares donde no se espera esto, como por ejemplo en Ciudad de México», añade Zeuske.

El viajero prusiano descubriría que la legislación negrera española estaba muy lejos de los suplicios y atrocidades previstas en la legislación francesa e inglesa. Para Humboldt, las causas principales del trato más humano recibido en los territorios de España se encontraban tanto en los textos legislativos como en la influencia de la religión y las costumbres sociales. Y viene a reconocer que la realidad contradecía los prejuicios europeos , que atribuían a los españoles abusos y crímenes cometidos por otros.

Tal y como defiende Juan Sánchez Galera en 'Vamos a contar mentiras' (Edaf, 2012), y mal que les pese a los seguidores de la propaganda antiespañola, los monarcas hispanos no consolidaron la conquista de América a sablazo limpio, sino gracias a un ejército de maestros y curas. Frente a quienes presentan a los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo como crueles genocidas, el historiador afirma que Leyes de Indias que reglaron la vida en aquellas colonias supusieron el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos. «Los indios, fuera de ser unos desposeídos, son propietarios de pleno derecho de aquellas tierras que trabajan, y del rendimiento de las mismas pagan un tributo o servicio a su encomendero, quien a su vez tiene obligación de protegerlos y cristianizarlos. Como toda institución humana, la encomienda dio lugar a ciertos abusos, y en contados casos, incluso degeneró en una especie de esclavitud encubierta », defiende.

Una causa posible del accidente ferroviario de Adamuz

 Según OK Diario y este blog, La cara oculta de la Luna, los maquinistas alertaron en agosto del mal estado de las vías y pidieron bajar la velocidad del Ave. El sindicato mayoritario de maquinistas solicitó en agosto del pasado año formalmente a la administración de infraestructuras ferroviarias, ADIF, y a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria, AESF, que se redujese la velocidad máxima permitida en varias líneas de alta velocidad del AVE.  Entonces, el sindicato SMAF, a través de una carta planteó bajar el límite de 300 km por hora a 250 en corredores claves como Madrid Sevilla, Madrid Málaga, Madrid Valencia y Madrid y Barcelona. Entonces, los representantes, los maquinistas explicaron que las vías que las vías presentaban múltiples pequeñas imperfecciones que al sumarse provocaban vibraciones intensas y botes durante el recorrido de los trenes, especialmente cuando circulaban a la velocidad máxima actual. Estas anomalías señalaron entonces eran claramente perceptibles desde la cabina de conducción y se repetían en determinados tramos de la red. Según el sindicato, este fenómeno incomodaba a los pasajeros y suponía una sobrecarga constante para el material rodante y la propia infraestructura. Lógicamente, si un tren a 250, 300 por hora va dando botes, pues lógicamente el tren propio se estropea. No vamos a ser tampoco, no hace falta ser muy inteligente para llegar a esta conclusión. Los maquinistas estaban preocupados por una combinación de problemas técnicos acumulados que afectaban y han seguido tanto a la seguridad como al confort, aunque no siempre superasen los límites legales de circulación. En concreto, su  inquietud se basaba en estos puntos clave que todavía en la actualidad siguen vigentes.

Irregularidades acumuladas en las vías, vibraciones y botes, daños mecánicos en los trenes. Y claro, si a todo esto le sumamos que, pues cada vez hay más trenes utilizando las vías, más sobresaturación de trenes y las vías, aunque se han sustituido, se han mejorado, siguen manteniendo esas imperfecciones en lugares clave como la salida de algunas estaciones.

domingo, 18 de enero de 2026

El mosquito del metro. Un caso de evolución dirigida o artificial

 ‘Culex molestus’: lo que la especie de mosquito del metro de Londres dice sobre nosotros, en El País, por J. M. Mulet, 15 ene 2026:

Los humanos influyen en la evolución de plantas y animales. Algunas veces de manera activa, otras indirectamente. El caso del mosquito ‘Culex pipiens molestus’ es un buen ejemplo

El hombre es, sin lugar a dudas, la especie viva que más impacto ha tenido en la biodiversidad. La actividad humana está detrás de la extinción de muchas especies. A la vez, la especie humana ha contribuido a alterar el proceso natural de evolución de muchas especies. Desde la invención de la agricultura y la ganadería, la especie humana inició un proceso de selección artificial que ha dado lugar a muchas especies nuevas que no existían en la naturaleza.

Un ejemplo es la selección artificial. Las espigas de gramínea que no se desgranaban al madurar eran más fáciles de cosechar y así creamos el trigo y la cebada. Las cabras más dóciles eran menos propensas a escaparse y se convirtieron en cabras domésticas. Las semillas más grandes daban frutos más abundantes. Y así, generación tras generación, fuimos modelando los organismos que nos dan de comer. El maíz, por ejemplo, no existiría sin nosotros. Su antepasado silvestre, el teosinte, tiene tan poco que ver con una mazorca moderna que no podríamos ni reconocerla. Otro ejemplo sería el perro. A partir de un lobo salvaje hemos creado todas las razas de perro actuales. Ese proceso, muy apartado de la selección natural, ha hecho que se seleccionen algunos rasgos perjudiciales. Los perros de patas cortas son portadores de acondroplasia, una anomalía genética. Y los perros sin hocico, como los bulldog, desarrollan problemas respiratorios.

A veces el hombre influye en la evolución de forma indirecta. A medida que la actividad humana crea ambientes nuevos, algunos organismos pueden encontrar nuevos nichos ecológicos más favorables que su propio ecosistema. Las cucarachas son un insecto tropical que, gracias a las calefacciones de nuestros hogares, han podido colonizar climas fríos. Las ratas han encontrado un ecosistema ideal en nuestras alcantarillas, por no hablar de las gaviotas, que hace tiempo que dejaron de ser un ave pescadora para especializarse en los vertederos.

A veces esto puede ser mucho más sutil. Un ejemplo es el mosquito Culex pipiens, común en muchas zonas templadas del planeta. Una población de ellos se había adaptado a la vida en el metro, donde los abundantes charcos les permitían la reproducción. En superficie, estos mosquitos prefieren alimentarse del néctar de plantas; en cambio, los del metro tenían una dieta hematófaga, nutriéndose de los incautos pasajeros. Gracias al ambiente cerrado y la temperatura estable durante todo el año, la especie del metro había perdido la estacionalidad de sus parientes que habitaban el exterior.

Faltaba comprobar si estas variaciones de comportamiento o aspecto que habían estudiado realmente suponían una nueva especie. Cuando se trató de hibridar la especie del metro con la de la superficie, encontraron una fuerte barrera reproductiva. Los híbridos eran muy escasos y los pocos que nacían eran inviables. El aislamiento reproductivo entre las dos poblaciones había ocasionado un proceso de especiación y ya podía considerarse que eran dos especies diferentes. Solemos tener la imagen de que la evolución biológica es un proceso muy lento que precisa miles de generaciones, pero no siempre es el caso. Aquí hay un ejemplo: en los poco más de 160 años que tiene el metro de Londres, había dado lugar a la formación de una nueva especie de mosquito hematófago, especializada en picar a los usuarios de transporte público. No en broma, esta nueva especie fue bautizada como Culex pipiens molestus. Un proceso similar se ha observado en el metro de Nueva York y en el de Moscú.

Lo más sorprendente fue que cuando siguieron estudiando a la nueva especie, descubrieron que no era homogénea, sino que se dividía en subespecies. Los mosquitos suelen vivir en el túnel y las condiciones microambientales varían (temperatura, humedad, densidad humana); los mosquitos de cada línea de metro evolucionaron por separado, favoreciendo una diversificación genética aún mayor. De esta forma, el mapa del metro de Londres se ha convertido en un experimento evolutivo a gran escala, donde cada línea de metro ha definido a una subespecie diferente a partir de una especie pionera que sigue habitando en el exterior. Lo más probable es que algunas de estas subespecies acaben convertidas en una especie independiente. Sería divertido ver cómo se bautizan. Yo propongo poner el nombre de la parada donde se identifique el primer ejemplar.

El lado más oscuro de esta historia

— La evolución involuntariamente dirigida tiene también consecuencias menos amables. El uso masivo de antibióticos ha dado lugar a bacterias multirresistentes. El uso de plaguicidas ha seleccionado insectos y hierbas resistentes. Y el cambio climático está obligando a muchas especies a cambiar su comportamiento y su hábitat, lo que ocasiona cambios en su genética.

— En Japón, por ejemplo, algunas mariposas han empezado a adelantar su ciclo reproductivo para adaptarse a primaveras más cálidas. En los Alpes, ciertos tipos de flores modifican su tamaño y su color conforme ascienden por la montaña en busca de temperaturas más frescas, y las que no pueden adaptarse están condenadas a extinguirse.

J. M. Mulet es catedrático de Biotecnología.