viernes, 4 de abril de 2025

Entrevista con Manuela Carmena con motivo de sus memorias

 Manuela Carmena, jurista: “Me llevé una desilusión, creía que los activistas eran los más indicados para la política”, entrevista de Puerto Berna González en El País, 29 mar 2025 

La exalcaldesa de Madrid publica sus memorias. Dice que algunos de los que fueron sus compañeros de viaje en la llamada nueva política no sabían ceder ni escuchar a otros

Manuela Carmena, la mujer que representó la esperanza de la nueva política como alcaldesa de Madrid entre 2015 y 2019, ha escrito unas memorias tan francas como su verbo libre y sin tapujos, que jamás se plegó a los argumentarios. Imaginar la vida. Cuatro décadas transformando lo público (Península) recoge su obsesión por llegar a las personas y ser útil más allá de la burocracia. Y también la carrera de obstáculos en que se convirtió el Ayuntamiento de la capital y el propio espacio de la izquierda. Aquí no hay contemplaciones.

Nacida en Madrid hace 81 años, Carmena participó de joven en movimientos estudiantiles, fue abogada laboralista y más tarde magistrada y jueza antes de recalar en la política. Ha escrito cinco libros en los que aporta su visión sobre los partidos, sus recomendaciones para las generaciones que vienen , y también ha publicado uno de cuentos para niños. Nos recibe en su propia casa con sus proverbiales magdalenas recién horneadas y el café caliente. Se muestra jovial y activa, tanto para explicarnos el secreto de las grandes azaleas de su jardín como para hablar de los fracasos y decepciones que vivió en la nueva política. Sin olvidar enseñarnos con entusiasmo las muñecas de trapo que tejen presos en su proyecto Zapatelas. Por si queremos hacer un regalo.

Pregunta. Ha sido abogada laboralista, jueza y política. Y en todas las facetas que narran se respira una crítica profunda contra la burocracia. Como un teléfono escacharrado. ¿Es el peor mal que ha encontrado?

Respuesta. Me he encontrado que en algo tan precioso como lo público nos atamos las manos, nos ponemos un solo guante en las dos, las dejamos apresadas y no podemos hacer lo que deberíamos, que es tan necesario y fascinante. Si consigues quitar el guante es maravilloso, pero la Administración está llena de gente con las manos metidas en uno solo.

P. En el libro lamenta todo lo que intenté y no pude hacer en el Ayuntamiento. ¿Cree que sembró algo, al menos?

R. Sembré que hay que hacer las cosas de otra manera, con empatía, rompiendo los moldes rígidos y teniendo otra actitud de escucha. Eso fue mayor que los éxitos.

P. Intentó revertir algunas externalizaciones. ¿Cree que la privatización ha perjudicado los servicios públicos?

R. Sin duda. Ha generado una política muy preocupante y es que la Administración se ha convertido en un organismo de control, en lugar de gestión. Y la Administración no es buena en eso. Los funcionarios no son las personas más indicadas para preparar contratos porque tampoco saben hacerlo sin conocer la realidad; se hacen en las oficinas tirando de los anteriores y no con la mirada puesta en su finalidad. En los pliegos de lo público se dicen unas tonterías…

P. Como jueza que fue, ¿la justicia está hoy más politizada?

R. Yo creo que sí. La enorme polarización y la incapacidad de llegar a acuerdos está alimentando el afán de defender cada uno a los suyos, de ver con las gafas de los suyos. Eso está contagiondo la justicia y es muy grave, claro.

P. ¿Se refiere a casos como el de Begoña Gómez o el fiscal general del Estado?

R. Sin duda. Y hay más cosas. Hay que reflexionar sobre la formación de determinados perfiles, sobre el cuarto turno. El juez Peinado [que instruye la causa contra Begoña Gómez] era secretario del Ayuntamiento y no sé hasta qué punto una profesión administrativa puede resultar exitosa para algo tan complejo como es juzgar. Ello supone analizar, escuchar, observar, valorar. El juez debe tener capacidad de percibir los hechos siempre con un respeto enorme a la presunción de inocencia, y yo eso lo echo de menos en instrucciones como la del juez Peinado.

P. ¿Esa burbuja es nueva o ya existía?

R. La judicatura siempre ha estado muy en la burbuja, muy encerrada. Es gente que tiene mucho trabajo y poca posibilidad de ir al cine, de leer, de presenciar cosas, de conocer a otras personas que no tienen nada que ver, de hablar, de comprobar lo que significa la vulnerabilidad, conocer los barrios, las miserias de los inmigrantes. Siempre se ha movido en un nivel muy del papel, no de las caras ni de las personas. Y ahora además se ha tratado de una polarización tremenda en la que cada uno ve solo lo que quiere ver.

P. Usted vivió el franquismo, ¿cómo explica el auge de la ultraderecha hoy?

R. Es un fracaso de las actitudes democráticas. No hemos sabido cuidar la democracia. Yo salí muy preocupada del Ayuntamiento. La oposición hace lo imposible para que el que está en el poder no pueda gobernar y eso no puede ser. Tenemos que buscar medios para trabajar juntos, eso es la democracia. Yo no me quedé en la oposición porque no me apetecía nada y porque no estoy de acuerdo con cómo se hace. Hemos convertido la política en un afán desmedido por quitar al que está en el poder, por impedir que haga algo o lograr que lo haga lo peor posible. Cuántas veces he oído al amigo Almeida reconocer: “Lo hiciste muy bien”. Pero te lo dice cuando no lo oye nadie, es una hipocresía.

Se necesita un cambio en la sociedad: sigan valorándose los principios masculinos de autoridad

P. ¿Le pesa la engaño con la política?

R. No, pero la decepción que produce la democracia por no cuidarla ha hecho que muchos jóvenes miren hacia gobiernos autoritarios. Hemos convertido la democracia en procesos de enfrentamiento dialéctico absolutamente ajenos a la gestión pública.

P. Cuenta que cuando el espacio de Podemos le ofreció la candidatura a la Alcaldía en 2015 , se sintió como si fuera un trofeo. Que si la hubieran conocido de verdad no se lo habrían propuesto.

R. Entonces Esperanza Aguirre iba a volver a presentarse y sentí que no podíamos dejarles siempre el sitio a ellos. Y acepté. Pero pronto me di cuenta de que no tenían ni idea de quién era yo, veían que yo era una roja conocida, pero no sabían cómo era.

P. ¿Si la hubieran conocido no la habrían fichado?

R. Exactamente.

P. Describe lo poco que le gustaron las capillitas que se encontraron en Podemos.

R. Era una gente muy maja, pero muy politizada, y eso me hizo pensar. Antes creía que los activistas eran los más indicados para la política, pero me di cuenta de que no. Me llevé una desilusión. Tenían tan claros los objetivos finales que estos nunca debían desdibujarse en la gestión. Vi una gran dificultad para pactar, para ceder, para ver a los demás. Y eso me produjo inquietud. No pensaba que me iba a pasar, pero el activismo sectariza mucho.

P. Afirma que les pudo la gestión de su parcela, sus camarillas.

R. Les pudo el compromiso de no desviarse de presupuestos que muchas veces no eran correctos. A lo mejor eran deseables, pero no correctos, el activismo escucha muy poco a los otros. No cabía el acuerdo, la mediación. Tengo un respeto enorme por el activismo, pero encontré que no estaba preparado para reformar las estructuras.

P. ¿Cuál es la enfermedad de la izquierda?

R. La izquierda ha vivido un tiempo muy nítido cuando era la representante de la clase obrera. Surgió como tal. Los partidos comunistas y socialistas hicieron algo grandioso que fue dar protagonismo a quienes no eran nadie, a desgraciados que de pronto fueron protagonistas. Eso ha sido extraordinario y ha cambiado el mundo, pero esa identificación ha desaparecido , ya no hay clase obrera como había a finales del siglo XIX y principios del XX. Ahora hay mucha más complejidad, desniveles de desigualdad entre unos países y otros, sectores de inmigración que no están recogidos en la clase obrera, clases medias diferentes y ricos inmensos. Es un panorama nuevo y la izquierda está desorientada. Lo mismo apoya a los verdes que a todas las posibles singularidades de lo sexual, lo binario, no binario, lo que sea y lo contrario. Vive un desconcierto grande y esa representación está atomizada.

P. ¿Y qué puedo hacer?

R. Lo más importante: el objetivo y porvenir de la izquierda no puede ser otro que la igualdad. ¿Cómo? Defendiendo a machamartillo una democracia absolutamente igualitaria, seguir incrementando las cotas de igualdad que habíamos tenido hasta los años ochenta. Ese revival negativo que vivimos desde entonces ha coincidido con el debilitamiento y el descuido de la democracia. Hay que volver a reforzarla. Llenar la sociedad de ella para dar pasos hacia la igualdad.

P. Este era el discurso de Podemos, Más Madrid, Sumar… ¿Por qué implosionó?

R. Por el instrumento. Tú puedes tener el discurso y el instrumento que debes servir para profundizar la democracia. Pero si lo utilizas para consolidar tu posición porque entiendes equivocadamente que la manera de profundizar la democracia es consolidar tu posición: error. La democracia no se consigue así sino muchas veces quedándose fuera, en una oposición blanda que se pueda impregnar de otras realidades. Se siguió el esquema de partido, y todos sus movimientos al generar instrumentos que iban en contra de lo que exigía la democracia la han perjudicado.

P. ¿Por instrumento entiende los partidos que se formaron?

R. Sí, y también la manera de entenderlos. Cuando estuve en el Ayuntamiento, Podemos contrató un camión enorme para exhibir las caras de todos los corruptos. ¡Qué horror! ¿Cómo se les ocurrió hacer eso? Tremendo. Cómo es posible que quien quería fomentar la democracia hiciera algo que no ayuda: señalar, desprestigiar en lugar de intentar analizar y entender. Quería consolidar su posición pensando que era la manera de fortalecer la democracia y no, no se fortalece así sino entendiéndola como una conversación constante. Lo que pasó es que inmediatamente lo hizo Hazte Oír, la extrema derecha, pero empezó Podemos.

P. ¿Le sorprendieron las denuncias contra Errejón ?

R. Me decepcionaron, pero sobre todo me sorprendieron muchísimo. Y me hizo pensar hasta qué punto cuando nos centramos tanto en lo político descuidamos lo personal. No creo que se pueda hacer buena política si no cuidas a los tuyos; la política no es un sacrificio, es una profesión como otra en la que ser cuidador de los tuyos te ayuda.

El castigado [con una orden de alejamiento] es un malo, un cabrón, un maltratador, pero es un ser humano

P. ¿Tiene esperanzas en Sumar?

R. La tengo en singularidades, en gente estupenda que hay por ahí, en profesionales que piensan en su comunidad. Existen y cada vez más, pero necesitan luz, que no les tapen los otros, los que están metidos en política de verdad, que no se dan cuenta de que lo están haciendo mal y que la gente no quiere eso.

P. ¿Hasta qué punto culpa a Pablo Iglesias de lo que ocurrió?

R. Supongo que sí, él estaba entre aquellos cuya esencia fue fijar su propia posición. Eso no ayuda a la democracia.

P. ¿La nueva política fracasó?

R. Sí, dio más importancia a los posicionamientos para hacerla que a hacerla. Es un poco absurdo, pero es como si te empeñas en ir de vacaciones: planificas tanto que no disfrutas, has estado planificando. Se te ha olvidado que lo importante era hacer la nueva política, no posicionarte para hacerla.

P. ¿Es peor la politización de la justicia o la judicialización de la política que vivimos?

R. Las dos cosas son malísimas, pero en las dos hay soluciones. La judicialización de la política es un dispar, pero es razonable que haya control de la Administración por parte de la judicatura. No como se hace hoy, como un abracadabra; el control judicial de la Administración pública está enfermo por cómo se lleva a cabo. Y la politización de la justicia es desastrosa, implica que hay un sector importante de quien debería tener una visión completa que la tiene parcial.

P. ¿Cómo valora la involución machista que vivimos?

R. Por una parte es esperanzadora. El feminismo no podía triunfar si no se modificaban estructuras en la relación entre hombres y mujeres. En el sexo, por ejemplo, se ha avanzado muy poco. El sexo de las mujeres no es igual al de los hombres y no hemos sabido cambiarlo. Las chicas jóvenes me dicen que ellos siguen siendo los que toman la iniciativa. Seguimos pensando que el sexo es la penetración. Cuando yo era joven se hablaba muchísimo más de esas cosas, del clítoris, etcétera, había programas de sexo en la tele, libros, pero ahora ya no se habla. ¿Las chicas disfrutan realmente de las relaciones sexuales con los chicos? ¿Cuánto se dejan llevar por lo que ellos dicen? ¿El acto sexual se diseña con la visión masculina? Yo no oigo ese discurso, no está, y si no se modifica, seguirán dominadas por la manera masculina de practicarlo. Eso falta. Segundo: las estructuras de la familia siguen siendo las mismas, hay que buscarlas más abiertas, más ágiles. La media naranja es mentira, nadie es media naranja, somos todos naranjas independientes y es difícil acoplarnos en un mismo espacio, hay que pensar otro tipo de relación amistosa y familiar, pero no basada en medias naranjas. Y tres: también se necesita un cambio en la sociedad: siguen valorándose los principios masculinos de autoridad. Cuando hablas de la necesidad de quererse, entenderse, sonreírse, abrazarse… la gente se queda sorprendida. Todo eso hay que cambiarlo, y mientras no cambie se hay muchos desajustes.

P. ¿Hasta qué punto la justicia puede siempre actuar en casos como el de Mouliaá, Hermoso, Vermut… ¿Cómo resolverlos?

R. La justicia no es ahí el lugar adecuado. Necesitamos hacer mucha más mediación, más actitud previa a la justicia. Algo muy negativo es que todos los convenios internacionales han dicho que en violencia de género no puede haber mediación, y es un error, es necesario. No digo que no tenga que haber castigo, pero este debe ser más flexible, generar sanciones más adecuadas que nos enriquezcan en lugar de que nos enfrenten. Cuando se obliga a un hombre a dejar el domicilio porque puede ser un peligro para una mujer, algo razonable y necesario, alguien debería encargarse de ese hombre al que dejamos en la calle. Lo peor en el castigo es la indiferencia. Perdona, es un ser humano y vamos a intentar que no se desmorone. Cuando era jueza vivió una experiencia tremenda, eché de su casa a un tío, no quedaba más remedio, ya los dos días se suicidó. El castigado es un malo, un cabrón, un maltratador, pero es un ser humano.

Obra completa de Luis Martín-Santos

 Luis Martín-Santos: comprende qué cosa es la muerte, Andrea Toribio, en Babelia suplemento cultural de El País, 24 de febrero de 2025:

El centenario del escritor, neuropsiquiatra y militante antifranquista ha obtenido la recopilación de sus obras completas con material inédito o desconocido. Pulsos literarios como el suyo son los que facilitan que la modernidad literaria se instaure y una tradición avance.

En 1964 Carlos Castilla del Pino, neurólogo, psiquiatra y escritor español, redactó un prólogo —un prólogo, además, quirúrgico— para Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial, del también escritor, neuropsiquiatra y militante antifranquista Luis Martín-Santos. Lejos de arrancar este con algún preámbulo en plan anécdota de amigote o sirviéndose de una advertencia preliminar elevada, su texto empieza a decir: “La muerte de Luis Martín-Santos, acaecida en los primeros días del año 1964, suscita un sentimiento real de desesperanza. Es, en verdad, una frustración que a todos nos acontece”. Quien lee esto hoy, un texto que incorpora nuevamente Galaxia Gutenberg en la edición del II volumen de Obras completas de Martín-Santos y que acoge ese ensayo, comprende con tristeza que ese libro vio la luz de forma póstuma. Asimismo, se percibe bien la admiración intelectual que le profesó el autor de las memorias Pretérito imperfecto al escritor nacido en Larache, quien llega a confesar —aunque no expresamente— la pelusa que puede suscitar que alguien desee comprobar hasta el final la verdad que subyace bajo las ideas.

Perder la interlocución de Luis Martín-Santos desveló la naturaleza exacta de aquel ambiente disfuncional del franquismo tardío: una auténtica fábrica de irrealidades. Su falta, pese a su juventud —pues tan solo contaba con 39 años a su fallecimiento—, evidenció la desazón que se experimentó en el escenario intelectual del momento, pero también dejó grabada su imagen en la memoria de quien fue su contemporáneo y tuvo la suerte de haber compartido ese tiempo de destrucción con un autor total.

Esta sensación tan agridulce y única de estar ante un escritor fundacional se debe a tres aspectos concretos. En primer lugar, la certeza vital que tuvo la generosidad de compartir: lo que se hace figura para una persona nunca se hará para otra. En segundo lugar, la importancia de la mirada y la invitación a que todo nos interese, pero no a que todo nos guste. Y, en tercer lugar, la magnífica disposición que exhibió para dejarse impresionar. Esto de la literatura española no es una competición, pero bien comprenderán ustedes que a estas alturas no me prive de afirmar que Luis Martín-Santos es el escritor más notable de la segunda mitad del siglo XX en España.

Los temas predilectos de su producción son la belleza, la creación, el compromiso con la realidad y la historia, el rechazo al dogmatismo y la libertad. Ah, y la observación continuada de la muerte y de sus ritos de paso. No por nada para él era más eficiente hablar de hominización del sujeto que de su civilización. De ahí que exorcizar al macho ibérico o, como él mismo anota, al “varón español” en sus cuentos le divierte tanto tanto. Con todo, díganme, ¿hay algo más contemporáneo que esto? En fin, Galaxia compila y rescata en unas ediciones más que exquisitas y atentas con los lectores (para los filólogos es ya un asunto gourmet, pues están al cuidado de Domingo Ródenas Moya, Manuel Villegas Besora y Epítecto Díaz Navarro) sus narraciones breves en el primer volumen, así como dos novelas inéditas en el tercero. El escalado de publicación es el que sigue: marzo (I), mayo (II) y noviembre (III) del pasado 2024, haciendo coincidir estos ejemplares en el mercado editorial —ya no sé si en las mesas de novedades, que es más complicado— con su centenario.

Luis Martín-Santos nada tiene que envidiar, al contrario, a los textos de Dino Buzzati, Albert Camus e incluso a los cuentos de El Llano en llamas, del mexicano Juan Rulfo. Pulsos literarios como el suyo representan son los que facilitan que la modernidad literaria se instaure y una tradición avance, la vanguardia creativa y estilística de un país. Así las cosas —y teniendo en cuenta que estoy en modo atrevimiento total— diría que la página más notable de su producción es la primera de un cuento titulado Lulú y las niñas, y que quizás sea una de las más singulares de nuestra historia reciente. En ella, a través de una voz narrativa femenina sometida a una terrible violencia económica por parte de su marido, se descubre que el terror es algo que puede ser genéricamente humano y que las uniones sin amor producen individuos que nada tienen que ver entre sí, porque nada tienen que decirse. Vehicular esa distancia entre lo que uno vive, lo que cada cual es capaz de comunicar y lo que uno piensa en la piel de una mujer confirma el desasosiego abismal que le producía al autor la situación de la mujer española.

En sus textos breves —de muy distinta naturaleza, por cierto— es claro el tono lírico que no renuncia al sentimentalismo, algo que igualmente ocurre en sus novelas inéditas, El vientre hinchado y El saco. Habría sido un error no emplazar el afecto y su expresión en sus escritos para evitar según qué exhibicionismos o neurosis, más aún teniendo en cuenta que este demostró la escritura como algo en curso, libre de ataduras y sujeto a la modificación. Así, la palabra que más se repite a lo largo de su obra es “corazón”, y esta pivota constantemente sobre la idea de “recordar”, que no es otra cosa, como quizás ustedes ya sepan, que “volver a pasar por el corazón”, mostrando su preocupación por el aspecto temporal que poseen los sentimientos.

La pena de esta muerte repentina, la de Martín-Santos, nos sume en la idea enajenante de que siempre nos quedará la duda sobre cómo nos hubiera contado el mundo de hoy. Su humor de inteligencia sibilina y la confianza en el futuro, junto a la seguridad de tener entre manos un proyecto propio y libre en dictadura le permitió discrepar de la tristeza española en cada palabra que escribió. No miento si les digo que tengo los tres volúmenes completamente subrayados y repletos de comentarios (“ja, ja, ja”, “qué es esto” o también el escrito muchas veces “qué barbaridad” con corazones al lado). Aquí me planto y decidí no compartir algunos fragmentos, ya que no quisiera arrebatarles el placer de leerle por primera vez —si es que no leyeron ya su one hit Wonder, entre muchísimas comillas, Tiempo de silencio —. Esto sería por mi parte, y como diría el propio Luis Martín-Santos, una cuestión de mala fe.

(En fin, todo esto para decirles que no pienso prestar ni uno de los tres libros y que, en el caso de que alguno de ustedes y yo tengamos amistad, les conmino a que acudan a su librería de confianza oa la biblioteca más cercana).

Novelas inéditas. El vientre hinchado. El saco. Obras completas volumen III, Luis Martín-Santos, edición dirigida por Domingo Ródenas Moya, Galaxia Gutenberg, 2024

Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial. Obra completa volumen II, Luis Martín-Santos, edición dirigida por Domingo Ródenas Moya, Galaxia Gutenberg, 2024

Narrativa breve. Obra completa volumen I, Luis Martín-Santos, edición dirigida por Domingo Ródenas Moya, Galaxia Gutenberg, 2024,

Los cuentos inéditos de Juan Benet y Luis Martín-Santos

 Benet y Martín-Santos, inédito a cuatro manos, en Babelia, suplemento cultural de El País, por Jesús Ruiz Mantilla,15 ago 2020:

'El amanecer podrido', que llega a las librerías en septiembre, recoge relatos inéditos escritos por los dos autores hacia 1950, cuando sentaron las bases del 'bajorrealismo'

Entre los héroes de Juan Benet destacaba Franz Schubert. Buscaba en la música del compositor aquello que expresa más allá de la razón para aplicarlo a su escritura. Por eso exploró en buena parte de su obra ese paralelismo. Puede que desde el principio ya lo hiciera inconscientemente. Schubert escribió algunas de las piezas de piano a cuatro manos más gloriosas de la historia de la música y, precisamente así, dos amigos como Juan Benet y Luis Martín-Santos, comenzaron sendas carreras literarias a finales de los años cuarenta. Desde la confluencia de mundos con referencias, complicidades y afanes comunes pasaron a bifurcarse en caminos que marcaron la literatura española del siglo XX. Benet era ingeniero de Caminos. Se colocaba el casco en las obras para proteger su imaginario de los estruendos con carga de dinamita que producían los pantanos en pleno franquismo. Luis Martín-Santos no quiso ser cirujano ni seguir así la estela de un padre que había ayudado al bando nacional en la batalla del Ebro. Acabó afianzándose como psiquiatra, quizás para pulsar la maltrecha conciencia colectiva que le llevaría a escribir su Tiempo de silencio .

Técnico uno y encomendado a la ciencia otro como dedicaciones parciales y sustentos de vida, fueron sin embargo literatos a tiempo completo, armados con los arsenales de su imaginación rupturista. Construyeron una sólida amistad en el Madrid gélido de la posguerra, donde se calentaban en tertulias sin fin que comenzaban sentados en el Café Gijón o en Gambrinus y que podían terminar alrededor de la mesa camilla de un burdel animado por una botella de coñac . De allí solían salir dando tumbos y mojar su porción de éxtasis inane contemplando un amanecer podrido.

Precisamente ese, El amanecer podrido , es el título que lleva una joya escrita por ambos, más o menos a cuatro manos. Fue descubierto por los herederos de Benet entre los papeles que dejaron en el archivo depositado en la Biblioteca Nacional hace dos años. Allí consta un manuscrito con una serie de relatos ideados por los dos, aunque en su mayoría ejecutados por separado, del que había también copia en poder de los Martín Santos. Los construyeron dentro de una corriente que bautizaron como bajorrealismo . La edición de este manuscrito ha sido completada con lo que ha aportado desde su legado la familia Martín-Santos y constituye un descubrimiento que publicará Galaxia Gutenberg en septiembre.

Buscaron un estirón de modernidad con vistas a Europa, capaces de doblar el raquitismo castizo

Mauricio Jalón se ha encargado de dar coherencia a ese trabajo, que contiene, además de 67 cuentos —de los que 24 pueden ser de Benet, 41 de Martín-Santos y otros sin autoría clara—, cartas y semblanzas como la que el autor de Herrumbrosas lanzas dedicó a su amigo años después de que muriera en un accidente de tráfico, en 1964, por los alrededores de Vitoria. Tenía 39 años y truncaba así, atrapado en chatarra, lo que prometía ser una carrera sin límite. “En la crítica literaria, la figura de los herederos de los escritores no suele tener buena prensa, por lo que me gustaría enfatizar el esfuerzo de concertación que hemos hecho las familias de cada uno por separado y de ambos en conjunto para sacar este libro a la luz”, afirma Ramón Benet. Un esfuerzo que comenzó al revisar lo que su familia quería leer a la Biblioteca Nacional. Entre las cajas con todos los manuscritos perfectamente conservados una máquina destacaba una rareza bajo el título de Más apólogos . Hacía referencia a lo que ya Seix Barral publicó en 1970 como obra de Martín-Santos y que llamaron Apólogos y otras prosas inéditas . Desentrañar el nudo resultaba fundamental. A ello se ha dedicado Jalón, reordenando los materiales aportados por las dos familias: “Fueron escritos entre 1948 y 1951, se publicaron dos de ellos firmados por cada autor en 1950, un momento crucial en sus vidas”, asegura el experto en el prólogo.

Se trata de piezas que demuestran ya una vía común, antes de que cada uno siga su senda. Y entre los hallazgos del trabajo que verán ahora la luz consta también una declaración de intenciones, el borbotón de la corriente que denominaron bajorrealismo por medio de una carta descubierta ahora por Rocío Martín-Santos. Se la dirige a AA Moreno, crítico del Correo Literario , que aplicó el mismo término a Las últimas horas , la novela de José Suárez Carreño. El juicio sobre la obra es despectivo por parte de Moreno, pero Benet y Martín-Santos lo reclaman como tendencia crucial en ese momento de sus vidas. Buscaban una identidad diáfana, un sentido: "Lo bajorreal es un hecho instantáneo que aparece siempre debajo de la realidad fluyente. Lo que en cada momento es constante y cerrado y bajo. De ahí viene su nombre", argumenta.

El bajorrealismo representaba un cumplimiento de intenciones primerizas . Lo que ambos buscaban, desde su admiración común por Ortega y Gasset, era entrar en el páramo de la literatura española de su tiempo con las corrientes universales. Partir de Cervantes y desembocar en Kafka, en Faulkner y en Thomas Mann, entre otros, como guías estilísticos, o en Nietzsche y Schopenhauer como faros morales. Necesitaban un estirón de modernidad, con vistas sobre toda Europa, que duplicaban el raquitismo castizo. “Los dos colocaron a Cervantes por encima de todo y fueron grandes lectores”, afirma Jalón. "Ambos, además, se adentraron a menudo en Nietzsche. Otro tanto sucedió con Kafka, al que admiraron en conjunto y que repercutió en tantos autores de su generación". Pero tenían sus referencias diversas también: "Por otro lado, Luis citó una vez a sus modernos preferidos: Mann, Proust, Faulkner o Joyce; este último era menos del gusto de Benet . Y, como cuentos lectores, se modernizaron con la nueva cultura: la estadounidense y la europea. Un Faulkner, en quien Martín-Santos ahondó a instancias de su amigo, que influyó profusamente en Italia o en Francia a mediados del siglo XX. Esos dos —y, de otro modo, Sartre o Dilthey, padre del historicismo filosófico— se erigían en una clave de modernidad en la literatura occidental por entonces”, añade Jalón.

Con todo, su fuerza nace del gran arraigo en su propia lengua, en un cristalino castellano. “ Benet tenía en su casa buena parte de la Biblioteca de Autores Españoles ”. El amanecer podría despide todos esos aromas, junto a los de La España negra , de Gutiérrez-Solana, o las huellas de la picaresca aplicadas a extraños viajes sin destino, confinamientos kafkianos, contemplaciones a caballo entre el misticismo y el absurdo, naufragios y enterramientos, erotismo y amores sórdidos, enzimas y células grotescas que sacan a paseo insectos, culebras o ratones como símbolos de delirios surrealistas y temores de derrumbes interiores sazonados con aromas de Baroja, Borges, Primo Levi o Elías Canetti. También una fe ciega en el Fausto de Goethe y homenajea a Paul Valéry para conformar carnavales y noches de Walpurgis plagados de piedades impías y metamorfosis de la carne, deseo de regeneración y resignada espera en pos de lo putrefacto…

“En El amanecer podría resultar a veces imposible identificarlos”, afirma Jalón. Se esconden y se cubren mutuamente en una complicidad que en mitad de la desolación los lleva hasta a dedicarse odas el uno al otro: “Cacho de carne inmolado, avispa de cementerios”, empieza la suya Benet a Martín-Santos. “Como un largo gusano negro que se estira, alzas tu cuerpo agreste, dulce pino flexible”, replica su amigo.

Ramón Benet y Luis Martín-Santos hijo constatan esa amistad que sobrevivió en los recuerdos de sus hogares: “Para nosotros, Juan Benet ha formado siempre parte de nuestras historias familiares y lo sentimos tanto a él como a sus descendientes muy próximos”, asegura Martín-Santos. “Juntos llenaron muchas horas en aquellos años en los que, entre tantas otras, una de las cosas que había que combatir era el sentimiento de soledad”, afirma el hijo de Benet.

Sin embargo, entre ellos faltó alguna última conversación para restablecer la herida que los separó. Vino principalmente por Tiempo de silencio . Cuando Martín-Santos terminó la novela se la dio a leer a su amigo. Juan Benet reconoció en vida que no le convenció y alargó demasiado la espera de juicio. En lugar de encarar la verdad, fue aplazando su opinión con un silencio insoportable que afectó a su relación. Tampoco a Martín-Santos le había gustado Nunca llegarás a nada , de Benet. Ambas diferencias hacen mella, aunque daban prueba de su franqueza como elemento de amistad. En su Memento , pieza de Benet dedicada a Martín-Santos en 1986, publicada al año siguiente en Otoño en Madrid hacia 1950 (DeBolsillo) y recogida en la nueva edición, el autor lo narra a modo testimonial. ¿Un arrepentimiento? “Mi padre no tenía por costumbre tal cosa”, dice Ramón Benet. “Tal vez la vanidad les jugó malas pasadas y eso les hizo verter juicios sin contemplaciones, abruptos en ocasiones, de cada uno hacia el estilo del otro”, añade.

Construyeron una sólida amistad en el Madrid de la posguerra, que les podía llevar del café al burdel.

En todo caso, el perfil de Juan Benet dedicado a su amigo dos décadas después de su muerte representa un documento capital sobre su juventud en común y sobre el origen de una amistad estrecha en el Madrid de 1950, justo cuando escribieron El amanecer podrido . “En este escrito existen constantes alusiones benetianas a Tiempo de silencio , como signo de una literatura que personalmente le había impresionado sin llegar a convencerle”, afirma Jalón. Pero ese episodio cobra nuevas revelaciones ahora gracias a unas cartas privadas de 1964. “Nuevos documentos con los que tenemos una mejor perspectiva”, según Jalón. “Que a Juan no le interesara en principio esa novela o que Luis pusiese reparos a Nunca llegarás a nada significa no sólo que su grado de confianza era alto, sino sobre todo que los escritores Benet y Martín-Santos salían ya a la luz definitivamente como cuentos, y que se afirmaban con temperaturas novelísticas dispares”, dice el encargado de la nueva edición.

Entre esas cartas figura también una de Benet a Leandro Martín-Santos, hermano de Luis, en la que hace referencia a los relatos que escribieron juntos. El autor los consideró escarceos, “pruebas de escritura”, dice Jalón, y desaconsejaba entonces su publicación. "Esa carta era precisamente la de 1964; estaba escrita en un contexto muy lejano ya, con una obra casi del todo por hacer y un amigo muerto, que empezaba a ser una referencia cultural. Juan expuso sus reticencias a El amanecer podrido . Era ya evidente que su modo de escribir difería radicalmente del de Luis, algo recíproco, sencillamente, porque surgían en ese momento como dos escritores muy distintos, muy diferenciados en sus formas, cada cual siguiendo su rumbo", añade Jalón.

La figura definitiva y pública de Martín-Santos necesitaba cierta protección en ese momento tan difícil: "Era el caso inicial de la dictadura . No creo que todo aquello les haya perjudicado, de todas formas. Más bien ha puesto en evidencia, en definitiva, la fuerte confianza que hubo entre ellos".

En su artículo de homenaje al amigo, Benet describe la última noche que pasaron juntos y el estado de su relación: “Habíamos pasado de una concordancia de gustos —más locuaz e ingenua que cualquier otra— a una sibilina y cáustica”. Una separación de 10 años por la lejanía de Martín-Santos de Madrid había influido, sin duda. Pero los reencuentros daban lugar a largas conversaciones ya contarse sus proyectos literarios. Benet llegó a oír de su boca Tiempo de destrucción , novela póstuma e inconclusa de Martín-Santos. Fueron dos días antes de la tragedia. Cenaron juntos en una taberna de la calle de León y al día siguiente habían quedado en comer en compañía de la madre de Benet, pero Luis no se presentó. La resaca de una noche de farra desaconsejaba más compromisos sociales. El lunes cogió el coche rumbo a San Sebastián y se mató al volante. “Todo fue un soplo”, escribe Benet.

Su legado ha dado lugar a estas nuevas aportaciones cruciales. Del de Martín-Santos aún quedan cosas por explorar. “Una primera novela que nunca apareció”, apunta Jalón. "Quedan pendientes de revisar algunos papeles. Con este descubrimiento nos hemos llevado buenas sorpresas", afirma el heredero de Martín-Santos. “Es un buen comienzo”.

miércoles, 2 de abril de 2025

Salvador Gijón, salvador del mejor cuadro de Yáñez de la Almedina y represaliado republicano

 La heroicidad del manchego Salvador Gijón o cómo romper el relato franquista del expolio rojo del arte, en El País Toledo -31 mar 2025, por José C. Rejas:

Una iniciativa de Sumar pide resarcir la memoria de este maestro y escritor republicano, encarcelado por el falso robo de una tabla del siglo XVI que siempre estuvo en el Prado.

En Almedina, una localidad del Campo de Montiel ( Ciudad Real ) de apenas 500 habitantes, muy pocos conocen la historia de Domingo Cipriano Salvador Gijón , un maestro y escritor republicano al que el franquismo endosó el supuesto robo de una valiosa obra de arte del siglo XVI. Es la tabla Santa Ana, la Virgen, Santa Isabel, San Juan y Jesús niño , realizada por Fernando Yáñez para el retablo de la iglesia de Santa María. La obra, también conocida como La Santa Generación , nunca desapareció y ha estado colgada de las paredes del Museo del Prado desde 1941, sin que nadie reparara en la rocambolesca y trágica historia que escondía una de las obras cumbre de Yáñez de la Almedina , hijo ilustre de la villa y, para muchos expertos, discípulo español de Leonardo da Vinci. La desveló en 2020, en plena pandemia, el profesor valenciano José López Camarillas, cuando investigaba la represión franquista sufrida por un antepasado suyo en Almedina.

Cipriano Salvador ―nacido en Pedro Muñoz en 1894 y fallecido en Toro (Zamora) en 1975― fue un intelectual polifacético y un visionario de La Mancha, a la que quería sacar del analfabetismo y del atraso imperante en la época en muchas otras zonas del país, aprovechando su legado artístico y su protagonismo en El Quijote . Fue en Villanueva de los Infantes, donde vivió y ejerció como docente, cuando se le encargó la misión de salvar las obras de arte de la comarca de Montiel durante la Guerra Civil.

Le avalaban su compromiso con el Frente Popular y su trabajo previo inventariando y catalogando el patrimonio histórico-artístico de toda la provincia, incluida la tabla de Fernando Yáñez que el Museo del Prado ya había intentado comprar en 1930. El filántropo temía que fuera destruido por los anticlericales más exaltados y decidió custodiarla en su casa hasta que la Caja de Reparaciones de la República la recogió en 1938, anotando en el acta las medidas de la obra sin el marco.

La pintura viajó hasta Barcelona, ​​donde permaneció hasta el final de la contienda, cuando las autoridades franquistas la devolvieron a Infantes con las dimensiones, ahora sí, del marco. Esa diferencia de, explica a EL PAÍS López Camarillas, fue aprovechada por el párroco del pueblo para afirmar que la obra era otra y pertenecía a su iglesia y malvenderla por 15.000 pesetas al Museo del Prado (su valor era de 80.000): “El franquismo no sabía que había salvado una obra de carácter religioso. Al contrario, creía que la había destruido, pero tampoco le importaba mucho”.

En 1939, un grupo de falangistas lo detuvo en su casa acusándolo de destruir el cuadro, con el silencio cómplice de la Iglesia y de la pinacoteca, “conocedores de esta injusticia”, afirma el investigador. Cipriano Salvador fue condenado a muerte, pena que le fue conmutada a 30 años de prisión y trabajos forzados hasta que en 1946 fue amnistiado, aunque desterrado a Madrid. Falleció en 1975 sin que se rectificara el error.

Ahora, 50 años después de su muerte, una proposición no de ley (PNL) impulsada por Sumar en el Congreso de los Diputados busca rehabilitar su figura. “Consideramos que es de justicia reconocer el gran sacrificio de Cipriano Salvador Gijón, quien pagó con su libertad y con su cuerpo que hoy podemos disfrutar de una de las obras más importantes de la pintura española”, reza la iniciativa, que ya ha sido registrada para su discusión en la comisión de cultura antes de que finalice el actual período de sesiones.

Engracia Rivera, diputada de Izquierda Unida y oriunda como López Camarillas de Almedina, cree que contará con la mayoría suficiente para ser aprobada. La PNL, cuenta, no solo busca limpiar la memoria del filántropo manchego, que “protegió y custodió una obra de arte de valor incalculable”. También que Almedina pueda contar con una réplica del cuadro que sirva de revulsivo turístico en una comarca castigada por la despoblación.

Informes favorables

La PNL cuenta con los informes favorables del Ministerio de Cultura y del Museo del Prado. “Se espera cumplir el sueño de Salvador: usar la cultura para impulsar un turismo sostenible que genere riqueza económica y social”, explica López Camarillas, que agradece la colaboración de la pinacoteca desde el inicio: “Volvieron a medir la pintura con marco y sin marco para confirmar mi hipótesis”.

“Creo que están haciendo un trabajo valiente con esta obra y con otras de dudosa procedencia”, destaca. La iniciativa de Sumar pide al Museo del Prado que incorpore en sus guías y materiales divulgativos, y en la sala que exhiba la obra, “toda la información relativa a su procedencia y su historia, así como el papel de la persona que lo protegió”, e insta al Gobierno a realizar un acto de homenaje a Cipriano Salvador y al pueblo de Almedina, colocando una placa que “repare con honores” su nombre.

López Camarillas recuerda, con sabor amargo, que nadie evitó la injusticia que se estaba cometiendo. "Salvador Gijón salvó la vida a un grupo de falangistas y al cura de Montiel, protegió y alimentó a un montón de familias derechistas, había pintado frescos religiosos en la iglesia de la Trinidad. Nada le sirvió en su defensa", lamenta.

Y resumen así lo excepcional de este caso, sepultado, como muchos otros, por la épica evacuación de los tesoros artísticos del Prado, que ha monopolizado otros ejemplos de memoria democrática en el arte: "Es de los primeros que pone nombres y apellidos a un republicano represaliado por salvar patrimonio nacional, pero también a los verdugos que se enriquecieron con su dolor. Y lo hacemos con pruebas, de manera científica, para romper el relato franquista del expolio rojo que durante décadas les ha funcionado para repartir responsabilidades”.

martes, 1 de abril de 2025

Evolución de la amistad.

 El gran escritor catalán Josep Pla siempre decía: "Los desconocidos pasan a ser conocidos, estos pasan a ser saludados y, por último, amigos".

Y seguía diciendo: "Estos amigos pasan a ser saludados para transformase en conocidos y terminar siendo desconocidos."

Y yo añadiría aún más: y los desconocidos en fallecidos. Así es en la terrible soledad de las personas ancianas.

Apólogo del colador y la lectura

 Había una vez un gran maestro quien tenía muchos estudiantes.

Una vez uno de los estudiantes vino donde él y le preguntó "He leído montones de libros pero he olvidado la mayoría de ellos. ¿Cuál es el propósito de leer?".

El maestro no le dio una respuesta en ese momento. Pero después de unos días el maestro le dio a ese estudiante un tamiz el cual estaba sucio y en una muy mala condición. El maestro le pidió al estudiante que fuese a buscar agua de un río cercano en este tamiz.

Al estudiante no le gustó la idea, pero no pudo rehusar la petición de su maestro. Fue al río, llenó el tamiz en el río e inició su viaje de regreso. A unos cuantos pasos, todo el agua en el tamiz se derramó a través de los orificios. Entonces fue otra vez al río y llenó el tamiz. Hizo esto todo el día, pero no pudo cumplir la tarea asignada por su maestro.

Regresó a donde el maestro con una cara triste y dijo "Soy incapaz de recoger agua con este tamiz. He fallado."

Su maestro le sonrió. ¡No! No fallaste. Mira el tamiz.

Se había puesto como nuevo. Se limpió cuando estaba intentando recoger agua. El maestro entonces explicó el verdadero motivo detrás de esta tarea. Dijo "La última vez me preguntaste cuál es el propósito de leer si no recuerdas lo que leíste. Ahora toma este ejemplo del tamiz. El tamiz es la mente, el agua es el conocimiento y el río es el libro.

¡Incluso si no puedes recordarlo está bien, porque leer, definitivamente, hará que tu mente se agilice. El leer tiene un profundo impacto en tu mente, cerebro. Ayuda a ser una mejor versión de ti mismo. es un proceso inconsciente.

lunes, 31 de marzo de 2025

Carl Rogers, Robert Axelrod y Anatol Rapaport. La Paz como trabajo.

 Desde 1970, los retóricos han aplicado las ideas de Carl Rogers (probablemente el psicólogo más influyente de la historia según el Nuevo Mundo) —con contribuciones de Anatol Rapoport— a la retórica y la argumentación, dando lugar al llamado argumento rogeriano: una estrategia retórica y de resolución de conflictos basada en la empatía, la búsqueda de puntos en común, la comprensión y el aprendizaje mutuos y la evitación al mismo tiempo de los efectos negativos de la polarización extrema de actitudes.

La teoría de juegos dicta conclusiones fundamentales según Robert Axelrod en sus estudios sobre el dilema del prisionero múltiple por medio de competencias entre programas de decisión: el bien es mejor que el mal, porque coopera y eso lo hace más fuerte y unido; lo segundo es que es más beneficioso ser indulgente; lo tercero es que no hay que ser pusilánime ni envidioso: se debe ser absolutamente predecible. Así se gana más; la conducta del programa aparece como gratificante y agradable. Y los malos que atienden solo sus propios intereses y traicionan los de los demás, se aíslan, no crecen y pierden siempre.

Asimismo, el programa más sencillo es el mejor. Fue el programa de Anatol Rapoport, Tit-for-Tat, u Ojo por ojo, que consistía en solo cuatro líneas de código. El programa se inicia cooperando con su oponente. A continuación, juega exactamente como el otro bando jugó en la partida anterior. Si el otro bando desertó en la partida anterior, el programa también deserta; pero solo en una partida. Si el otro bando coopera, el programa continúa cooperando. Esto es, en palabras de Metta Spencer, autora y editora de la revista Peace, el programa "castigaba al otro jugador por su comportamiento egoísta y lo recompensaba por su comportamiento cooperativo, pero el castigo solo duraba mientras duraba el comportamiento egoísta. Esto demostró ser una sanción excepcionalmente eficaz, que rápidamente mostró a la otra parte las ventajas de cooperar. También llevó a los filósofos morales a proponer esto como un principio viable para usar en interacciones de la vida real".

Rapoport era más abolicionista que pacifista: quería abolir la guerra; para él todas las guerras tienen por único enemigo a la humanidad; eso le supuso ser expulsado de su universidad y tener que marcharse a enseñar de EE. UU. a Canadá. Allí fundó el estudio de la paz como materia académica. Fue un pionero en el análisis de redes sociales. Descubrió la importancia en ellas de factores que dan velocidad o impiden la información  (raza, género, nivel socioeconómico, proximidad espacial y parentesco), de la estructura de sus flujos dominantes, sus sesgos y su relación con la epidemiología. Prefiguró además el estudio de los grados de separación al analizar una escuela. Descubrió el "mecanismo de apego preferencial" en redes sesgadas: se trata de un proceso estocástico que involucra nodos conectados que se transforman en más conexiones. 

Las reglas de Rapoport

Se las llama así desde 2013. Los tres principios del debate ético de Rapoport son:

1. Escuchar, y hacer sentir al otro comprendido

2. Encontrar mérito en la posición del otro.

3. Aumentar la percepción de similitud: "Todos estamos en el mismo barco".

Rapoport propuso estos tres principios fundamentales del debate ético y los explicó y desarrolló:

1. Escuchar y hacer que el otro se sienta comprendido tiene dos partes: primero, escuchar con el ejemplo, que Rapoport, consiste en escuchar a los demás para que también estén dispuestos a escuchar. Segundo, la inversión de roles,  consiste en escuchar con la suficiente atención y empatía para poder expresar la postura del otro a su satisfacción, y viceversa. Rapoport denominó este principio «transmitir al oponente que ha sido escuchado y comprendido»

2. Encontrar algún mérito en la posición del otro, o lo que Rapoport llamó "delinear la región de validez de la postura del oponente", es lo opuesto a la intención usual en un debate, que es refutar o invalidar la posición del otro. Como la mayoría de las opiniones pueden ser parcialmente justificadas en algunas circunstancias desde alguna perspectiva, el propósito debe ser identificar lo que es condicionalmente justificable en la posición del otro y dar ejemplos que lo respalden. Se implica, pero no se declara, que la posición del otro no es fuerte o válida en algunas otras circunstancias fuera de la "región de validez" identificada. Este segundo principio refuerza el primero al comunicar al otro de una manera nueva que el otro ha sido escuchado y comprendido. También implica cierto acuerdo y puntos en común entre las dos posiciones, al tiempo que contribuye a una mejor comprensión del área de desacuerdo. Además, reconocer que hay algún mérito en la posición del otro puede hacer que uno esté más dispuesto a reexaminar su propia posición y tal vez encontrar alguna parte de ella que no sea fuerte o válida de alguna manera, lo que en última instancia puede llevar "del nivel primitivo de oposición verbal a niveles más profundos donde se fomenta la investigación inquisitiva", tal vez conduciendo a un campo de visión más amplio con una región de validez más grande.

3. Aumentar la similitud percibida es una profundización del sentido de humanidad común entre uno mismo y el otro, un sentido de fortalezas y defectos compartidos. Al igual que el segundo principio, este tercer principio es lo opuesto a lo que es habitual en un debate, la percepción habitual es que el otro es diferente de una manera inferior, como más "estúpido o rígido o deshonesto o despiadado". En lugar de enfatizar la singularidad de los defectos del otro, "uno busca dentro de uno mismo las deficiencias claramente percibidas del oponente", y en lugar de enfatizar la singularidad de las propias fortalezas (como la inteligencia, la honestidad y la escrupulosidad), uno se pregunta cómo el otro comparte tales cualidades hasta cierto punto. 

Rapoport consideró que esta "suposición de similitud" es "el conjunto psicológico o mentalidad propicio para la resolución de conflictos". Un obstáculo que impide asumir la similitud es la idea de que «tal suposición evidencia la incompetencia profesional de un debatiente». Pero esa idea es contraproducente, argumentó Rapoport, porque la suposición de similitud, junto con los otros dos principios, probablemente elimine obstáculos a la cooperación y al éxito del debate. Rapoport afirmó: «El resultado depende de que se dé una idea crucial: todos estamos en el mismo barco». 

La versión de Dennett

La versión de Daniel Dennett de las reglas de Rapoport, que Dennett consideraba "algo más portátil y versátil", es:

"Debes intentar volver a expresar la postura de tu objetivo de forma tan clara, vívida y justa que tu objetivo diga: 'Gracias, ojalá se me hubiera ocurrido expresarlo de esa manera'". 

"Debes enumerar todos los puntos de acuerdo (especialmente si no son asuntos de acuerdo general o generalizado)". 

"Debes mencionar cualquier cosa que hayas aprendido de tu objetivo". 

"Solo entonces se le permite decir siquiera una palabra de refutación o crítica."

Otro consejo de Dennett, en su presentación de las reglas de Rapoport, tenía una perspectiva más adversaria: decía que algunas personas "no merecen tanta atención respetuosa. Si hay contradicciones obvias en el caso del oponente, entonces, por supuesto, debes señalarlas con contundencia. Si hay contradicciones algo ocultas, debes exponerlas cuidadosamente y luego desahogarte sobre ellas". Personalmente consideraba que las reglas de Rapoport eran "algo difíciles" de practicar,  pero un potente antídoto contra la tendencia a caricaturizar la postura de otra persona en un debate. 

lunes, 24 de marzo de 2025

Frase cierta y memorable, con aplicación ahora, y pensamientos sobre vejez de Pérez-Reverte.

 Los malos tiempos forjan hombres fuertes; los hombres fuertes crean buenos tiempos; los tiempos buenos crean hombres débiles; los hombres débiles crean malos tiempos.

Michael Hoff.

Hemos olvidado enseñar las formas de enseñar a nuestros hijos a soportar y a defenderse del mal inevitable. De las enfermedades, las guerras, la traición, la corrupción, la maldad.

¿Un hombre inofensivo es un hombre bueno? 

Hay canallas inofensivos, hay canallas cobardes y apocados que están ahí agazapados entre tantos, esperando ocasión para meter la mano con la navaja en el tumulto cuando todos miran a otra parte, pero nunca lo harían siendo vistos. No, no, no: la bondad no tiene nada que ver con la ofensividad: se han visto hombres ofensivos, seres humanos ofensivos, violentos, agresivos, que son hombres buenos o mujeres buenas: naturalmente no tiene que ver. El psicólogo Jordan Peterson dice que "los hombres buenos son los que pueden ser peligrosos, pero se contienen. Y si crees que los tipos duros son peligrosos, espera a ver de lo que es capaz un hombre débil". 

Un hombre débil, un hombre inofensivo no es bueno para nadie. La debilidad te hace cobarde y el cobarde es el peor enemigo porque traiciona. Saltará cuando todo el mundo salte, se meterá en el tumulto a meter la mano, a ser posible, sin que sepan que es él. Y hace falta debilidad moral para eso; para ser más riguroso, falta de entereza moral. La falta de integridad moral causa gente mala, gente cobarde, gente ruin, gente bellaca. Mientras que otro, con sus defectos, sus errores, un Pancho Villa que no porque sea un animal deja de ser un tío que sabes dónde encontrarlo y no te va a fallar en ese sentido, por lo que así se gana una cierta admiración por la gente entera y el concreto desdén por la gente que no es capaz de afrontar la vida de cara. 

¿Y es más lamentable el criminal, o quien hace la vista gorda mirando a otro lado? Sin duda este último: muchos criminales pueden ser amigos tuyos; porque el criminal puede tener motivos poderosos para ser criminal, de muchos tipos: venganza, rencor, dinero, ambición, lujuria, sexo... mil razones, todas humanas. Pero el que mira al otro lado es por lo peor, por cobardía, por interés. Por cobardía porque no quiere mojarse o bien porque alguien le engrasó para que lo haga, y los dos casos son deleznables; no, es preferible un criminal con sus errores que queda entero, que lo asume, que sí señor me lo cargué ¿por qué? Porque me calenté y me lo llevé por delante; pues ya está: a la cárcel, con tu pan te lo comes; pero el otro que tal, que no, que no sé; tendría que ver... Está bueno, quizás, pero luego eso no; los tibios según los evangelios y la Biblia entera serán arrojados del seno del Padre, a las tinieblas (Arturo Pérez Reverte).

La senectud tiene una cosa buena y otra mala. Una buena es que ya no tienes pasiones que te arrebaten, ya no tienes estímulos que te violenten, ya no tienes ambiciones; lo que no has hecho, no lo vas a hacer, ni lo que vas a hacer, o casi; y lo que has hecho pues ya está hecho. Entonces, en ese sentido, la vejez (y soy viejo) la vejez tiene una especie de serenidad personal. Cuando has vivido una vida adecuada, no echas en falta ni mujeres guapas ni amigos leales ni viajes ni aventuras; esa parte está colmada, y puedo ir al ocaso como un estoico, como dirían los antiguos. La parte mala es que eso te da una cierta lucidez, no por inteligencia, sino porque lo has vivido. Y ves cosas que no querías ver: ya no ves a una pareja joven que se besa en un parque, sino también cómo van a acabar, cuánto va a durar, quién será el primero que traicione, que mienta, o a los sesenta años seguir juntos y arrancando a pedazos esa ilusión. Entonces no quisiera verlo, no quisiera pensarlo y no puedo evitarlo porque soy mayor y lo he visto. 

Después hay otro punto más que también da la vejez, que es no tener compasión ante la estupidez. Es un tema delicado. ¿Habéis visto la película No mires hacia arriba? El meteorito. Ahí está bastante bien resumido todo, me ahorro el detalle. La idea básica es que, claro, hay gente que tiene desgracias porque tiene mala suerte, o porque se equivoca o porque la vida es muy perra y te da el azar, que tiene muchas ganas de broma. Pero hay gente que tiene desgracias porque, pudiendo, no es capaz de evitarlas; porque no es capaz de dotarse de las herramientas que permiten sobrevivir a la desgracia; porque vive de una manera estúpida ajena a la realidad; porque vive en un mundo virtual de esto o de lo otro y vive ausente de lo que son las cosas que realmente en el mundo importan, hasta que esas cosas golpean. 

Entonces, claro, ¿yo debo sentir compasión porque un cretino o cretina, analfabeto voluntario, no obligado, que vive y le importa todo una mierda, que no ve un telediario y que está pendiente del último novio de Tamara, por ejemplo? No debo tener compasión, porque a ese tío le vayan mal las cosas en la vida, porque cuando llegue el serbio o el bosnio o el Putin se lo pasen por la piedra. Esa falta de compasión ante la estupidez y la ignorancia y ese valorar más lo bueno te hace menos solidario. Digamos que con los años noto que hay cosas que ya no me dan pena que ocurran. Un ejemplo, viene la riada y qué pobre gente tal, qué pena, la vida arruinada. Pero, a ver, donde vive ¿cómo se llama? La Vaguada. ¿Sabes qué es una vaguada, imbécil? Una vaguada es un lugar donde corre el agua: tu casa está construida en la vaguada, entonces ¿cómo te va a extrañar que cada equis años venga el agua y se lleve la casa? Es normal. Si hubieras pensado, mirado, estudiado, comprendido, sabrías que vaguada significa lugar donde corre el agua: no te compres ahí una casa, o no te la hagas. 

Otro ejemplo. Un tsunami, qué horror, en la playa paradisíaca. Y ¿por qué es paradisíaca? Porque hay tsunamis y porque los antiguos al saberlo no hacían casas ahí, por eso era paradisíaco; pero ahora, últimamente, hemos estado haciendo hoteles en ese lugar perdido y cuando llegue el tsunami se llevará por delante el hotel y a quien está dentro. No te quejes, cretino, entérate por qué era paradisíaco ese infierno. A eso me refiero. Intento que no me absorba, que no se apodere de mí, pero ¿puedo evitarlo? No, entonces, claro, entonces la vejez es, como te he dicho, las dos cosas primeras y al mismo tiempo tener ese desdén porque al final te das cuenta y lo he dicho muchas veces: lo peor no es el mal, lo peor es la estupidez: cuenta un malo con mil tontos y son mil malos y un tonto. Yo pensaba cuando era joven que lo malo era Hitler, pero en realidad lo eran los idiotas alemanes que lo jaleaban porque encarnaba el alma alemana: eso es lo peor; no Hitler sino la gente que aplaudía y sin la cual Hitler no era sino un idiota que dijo que nos iba a llevar a la gran Alemania. 

Y en España está pasando igual, mucho también hoy en la vida social. Lo malo no es un fulano estadounidense, ruso o hispanoamericano, no, lo malo no es Abascal o Pablo iglesias, es los que jalean sin un análisis racional intelectualmente poderoso, porque está de moda, o porque es una tendencia, y saldrán cosas que ni siquiera comprendan; no, entonces, por eso, al final la verdad es que la senectud es sobre todo un desprecio profundo por la estupidez y un respeto enorme por la integridad.

Solo es buena la cortesía y la urbanidad que acercan a la gente y no la separan. También es una defensa para evitar la grosería, o que se propasen. Marcar las pautas sociales mantiene una especie de distancia, limita o hace retroceder la humanidad. La cortesía es una herramienta social y defensiva para hacer un mundo mejor, un mundo que no es agradable. A veces hay que ser violento o duro, pero nunca grosero.

Un niño educado que da las gracias no es un niño que hace lo que quiere; no se trata de que el niño coma con la mano, sino de que el padre lo ayude el día de mañana a tener las herramientas sociales adecuadas para que la gente lo respete y él respete a la gente. La educación no es algo arcaico. Perder esas cosas hace al mundo peor. Hablar bien es absolutamente necesario, pero por hablar mal no vas a ser más demócrata ni más liberal. Ni más esto que lo otro; las normas, los códigos, las maneras de comportarte ante la vida, el mundo y los demás son fundamentales. Kill them with kindness dicen los ingleses, mátalos con amabilidad. No es que yo sea mejor persona, sino por puro egoísmo: me hace la vida más fácil. A un camarero por ejemplo, a cualquier sacrificado. Está hasta arriba de llevar la bandeja, es un trabajo durísimo, de los más duros del mundo: Oye, por favor, qué tal, cómo está, bien, tal, mal. Bueno, sí, ya está, cuando puedas por favor nos trae una cerveza y tal. Y eso y después es una propina adecuada al trabajo que hace. No cuesta ningún trabajo y el camarero y cuando vas al día siguiente ese camarero o camarera estará pendiente de ti, te atenderá mejor y dirá el Reverte es un buen chico deja propina o no deja pero es simpático y te pregunta por la familia. Yo qué sé. O sea, hasta para ser egoísta, hasta para ser tácticamente egoísta es útil la amabilidad.

Quintero me preguntó aquello de qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida. 

Yo creo que leer, leer, leer, porque leer entretiene, hace vivir cosas que uno viviría y sobre todo da herramientas para sobrevivir o vivir, y es verdad. El mundo es un lugar peligroso, poblado por muchos hijos de puta, y hay que estar artillado con herramientas de supervivencia. Entonces todo lo que te ayuda ebueno. En un teléfono móvil, de estos que te dan, tenéis tres mil años de civilización; está todo: literatura, ciencia, técnica: es una enciclopedia de bolsillo, es el mundo entero ahí, y no se utiliza más que para matar marcianos, lo que sea, o para mandar WhatsApps y fotos, posturas. Para eso, diablos, utilízalo; o sea, sácale partido a esa herramienta maravillosa que tienes en el bolsillo y que nuestros abuelos no tenían. Son herramientas para vivir y ser mejor, esa es la obsesión. Todavía tengo ilusiones, aún creo que el ser humano tiene lugares donde refugiarse; es verdad que no hay salvación general, no, pero hay islas, lugares, refugios, castillos, grupos donde refugiarse cuando hace el frío de sobrevivir, donde quererse, donde procrear, donde mantener la dignidad del ser humano; o sea, ayudemos a eso en vez de hacer del ser humano individuos aislados o conectados a una pantalla de ordenador; hagamos grupos, no de Whatsapp, que está muy bien, pero bueno no para decir "oye me he tomado una pizza y aquí está la foto", no, sino para decir "oye, estoy solo, estoy cansado, necesito esto, se me ha muerto fulano, ayúdame". Eso debería de ser el mundo y no lo es, y eso me da mucha pena.

Toponimia propicia

 Toponimia divertida, para publicistas de hoy, en El País, por Álex Grijelmo, 19 mar 2025:

Los nombres de lugares dan pistas. No se deberían desperdiciar sus ideas favorables, ni desdeñar las negativas.

Qué poco se explota el valor económico de los nombres de algunos pueblos, aldeas y pedanías. Los congresos y exposiciones suponen un gran foco de visitantes, y por ello cientos de municipios se han afanado en la construcción de rumbosos recintos que puedan acoger tales actos. Sin embargo, muchos desaprovechan la divertida fuerza evocadora de sus topónimos, que serviría para atraer a importantes colectividades empresariales, gremiales, sociales o científicas. Es raro que las agencias de publicidad de hoy en día, con sus facilones juegos de palabras habituales, no le hayan sacado rendimiento a eso.

Por ejemplo, circulaba yo hace poco en coche por Calvarrasa y me preguntaba por qué no se ha celebrado allí, con gran concurrencia, un congreso de peluqueros, ahora que se rapa tanta gente. Claro que ese pueblo salmantino habría de competir con Capileira (Granada) y Barbosa (Portugal). A ver cuál de ellos se decide antes.

Los profesionales de la oftalmología o de la óptica se sentirían muy atraídos si fueran convocados a una convención nacional en Buenavista (Salamanca). Ningún lugar podría resultar más adecuado para una exposición-homenaje a Paco de Lucía que la cántabra Entrambasaguas, ahora que la familia del guitarrista ha recuperado la propiedad de su más famosa composición. Y para un gran encuentro de fabricantes de audífonos qué mejor localidad que Colmenar de Oreja, en Madrid.

A su vez, unas jornadas demoscópicas sobre los indecisos encontrarían su emplazamiento ideal en algún punto situado entre las localidades madrileñas de Pinto y Valdemoro. Y el pueblo vallisoletano llamado Wamba haría bien en promover seminarios de los fabricantes de zapatillas deportivas. Por otro lado, no puede haber espacio más idóneo para un congreso de sexología o de inseminaciones que el lugar salmantino denominado Pajuelas, muy pertinente para la siembra de lo que fuere menester.

No entiendo cómo Pelayos de la Presa (Madrid) no ha sido visto por los asesores de comunicación de Instituciones Penitenciarias como predestinado para albergar una cárcel de mujeres. Igual que el paraje abulense de El Castañar parece el espacio más a propósito donde reunirse y analizar los batacazos relacionados con la Bolsa o con otros accidentes. Y ya están perdiendo tiempo las autoridades de La Muela (Zaragoza) y los publicistas que las asesoren para organizar allí una asamblea de odontólogos. Eso es más obvio aún que la idea de instalar una fábrica de lencería en la ciudad lusa de Braga. A su vez, para una conferencia de sismología no habrá mejor sitio que el pueblo toledano llamado Tembleque.

Se hace raro que ninguna organización sindical haya celebrado todavía un congreso en el monasterio de Las Huelgas (Burgos). Y yo mismo, si tuviera que promover un centro especializado en estudiar el perfil político de Donald Trump, pensaría de inmediato en el parque segoviano de La Boca del Asno, no sé por qué.

Seguro que Elon Musk, siempre tan avispado —más que nada por lo molesto—, sí está pensando en lanzar un ingenio espacial desde el pueblo abulense de Orbita.

Publicitarios: valoren el poder comunicativo del topónimo que da pistas sobre el sitio que nombra. Políticos: no desperdicien las alusiones favorables, ¡pero tampoco desdeñen las negativas! Por esto mismo hace muchos años que me pregunto a quién se le ocurriría construir el aeropuerto de Valladolid en un lugar llamado Villanubla.

Qué son los derechos culturales y cuán mal se reparten

 La realidad desmiente a la Constitución: la cultura en España no es de todos. En El País, porTommaso Koch, Madrid - 17 mar 2025:

Nivel de estudios, poder adquisitivo, lugar de procedencia o residencia, edad o capacidad cognitiva condicionan el acceso y la participación en las artes, de las que terminan excluidos millones de ciudadanos.

No llegaban. Xochitl de León aguardó un poco más y cogió el teléfono. Desde hacía rato esperaba en el centro cultural La Nau, en Valencia, a un grupo de migrantes menores de edad tutelados. Habían quedado para el arranque de un proyecto: enseñarles fotoperiodismo para que ellos mismos terminaran ejerciéndolo. La fundadora de la organización Adonar no preveía que todo fuera fácil. Pero tampoco imaginó un plantón ya en la primera sesión. Así que llamó a la técnica social encargada. Esta contestó incrédula: “¡Pero si ya están ahí!”. De León se asomó entonces fuera del espacio. Efectivamente, los vio. Y entendió: “Se habían quedado en la puerta, como si ese sitio no fuera para ellos”.

Qué son los derechos culturales

La Constitución española garantiza desde 1978, en su artículo 44: “Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho”. Tres décadas antes, la Declaración Universal de los Derechos Humanos había establecido: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes”. En la realidad, sin embargo, jamás se ha cumplido. Muchísimos ciudadanos se quedan en la puerta. O se la encuentran cerrada. Más allá de palabras y papeles, los excluidos de la cultura son millones.

“Está claro que el acceso y la participación no son iguales para todos”, sentencia Álvaro González Martínez, impulsor de La Zamarra, una plataforma de activismo sociocultural y desarrollo rural en La Rioja. Los datos ratifican su impresión: nivel de estudios, poder adquisitivo, procedencia geográfica, lugar de residencia, edad o desarrollo cognitivo influyen a fondo en las artes. En su creación y oferta, concentrada en el centro de las principales ciudades y, a veces, concebida por y para esos exclusivos vecinos. Y en su disfrute, que resulta raro o desconocido para una parte de la población.

La mitad de España, en concreto, no acudió al cine en el último año. Y cifras casi idénticas registra la asistencia a eventos en directo (música, artes escénicas…) o museos, galerías y exposiciones, según el Anuario de Estadísticas que publica el Ministerio de Cultura. Los ciudadanos con educación superior o equivalente van a cines, teatros o conciertos y leen el doble de quien no pasó de los estudios más básicos. La diferencia sube al triple para las visitas a museos o galerías. Y prácticamente todas las actividades culturales, salvo ópera o música clásica, encuentran la mayor participación entre los 15 y los 24 años. A partir de ahí, el consumo va bajando, hasta caer en picado desde los 55 o 65, según el ámbito. O los 45, en el caso de las películas en salas o el uso de videojuegos.

“Hay personas a las que atraviesan estas vulnerabilidades, que están en varias categorías a la vez. No tienen los recursos, pero tampoco los hábitos”, señala De León, que desde su asociación sin ánimo de lucro promueve más inclusión y diversidad en las artes. “La cultura se tiene que adaptar a las necesidades y capacidades de cada uno. En muchos aspectos es muy poco accesible”, afirma Javier Alcázar, fundador hace dos años de la editorial Lecturia. Como profesor de alumnos con discapacidad cognitiva, constató que muchos no leían. “No encontraban libros para ellos. Tenían 20 o 30 años y les seguían regalando literatura infantil”. Una vez detectado el agujero, descubrió cómo llenarlo: lectura fácil. Es decir, comprensible para cualquiera con dificultades lectoras, ya sea por discapacidad intelectual, trastornos del lenguaje, demencia, edad o por tener otro idioma natal. De momento, han traducido algún clásico, pero también obras contemporáneas de Inma Chacón o Nando López. Tras siete versiones en dos años, preparan otras ocho para los próximos meses.

De izquierda a derecha: la investigadora cultural Dagmary Olívar, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la directora general de Derechos Culturales del ministerio, Jazmín Beirak, y la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos Beatriz Barreiro, en el acto de presentación del Plan de Derechos Culturales, en septiembre de 2024.

De izquierda a derecha: la investigadora cultural Dagmary Olívar, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la directora general de Derechos Culturales del ministerio, Jazmín Beirak, y la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos Beatriz Barreiro, en el acto de presentación del Plan de Derechos Culturales, en septiembre de 2024.

Ministerio de Cultura

Sin embargo, puede que algo se mueva. Lo sugieren la Ley foral de derechos culturales que aprobó Navarra o la reivindicación de la cultura como bien esencial que hizo el Senado en 2020. La propia existencia de Adonar, La Zamarra o Lecturia da fe de algún avance. Escritores como Juan Tallón, Andrea Abreu, Irene Solá o Irene Vallejo han conquistado a crítica y lectores sin vivir en Madrid o Barcelona, igual que los últimos dos premios Nacionales de Cómic, Borja González y Bea Lema, que han triunfado sin abandonar Badajoz y A Coruña. Además, el Ministerio de Cultura ha prometido presentar este mayo el texto definitivo de su Plan de Derechos Culturales. “El primer paso es elaborar un buen diagnóstico para saber qué sectores tienen más dificultades para acceder a la cultura. Mientras, actuamos donde sabemos que ya debemos hacerlo, como en la España vaciada o en hacer entrar la cultura en las escuelas públicas”, apuntó el ministro, Ernest Urtasun, a EL PAÍS el pasado diciembre. Recientemente, su departamento celebró que Cine Sénior, un programa con precio subvencionado a dos euros los martes para mayores de 65 años, llevó a las salas a 1,6 millones de espectadores en 2024, una de cada tres entradas vendidas para ese día de la semana.

Aunque, a la vez, el gasto medio en las artes confirma los mismos sesgos. En general, ha bajado hasta 235,5 euros al año, el 1,8% del presupuesto individual. Pero alcanza sus máximos en el público más joven, con más dinero en el bolsillo, estudios y/o residente en áreas metropolitanas. El mínimo, en cambio, se detecta en la España vaciada, en las edades más avanzadas y, sobre todo, en quienes se quedaron en la educación secundaria o inferior. Incluso un regalo como los 400 euros que el Bono Cultural Joven, aprobado por el Gobierno, asigna a los que cumplan 18 años choca con barreras parecidas: entre los extranjeros, solo se benefició el 11,9% de los potenciales receptores, frente al 59,8% con nacionalidad española. Y apenas uno de cada dos jóvenes en municipios de menos de 10.000 habitantes.

Tan complejo problema exige soluciones a la altura. González ha constatado varias veces de primera mano cómo la brocha gorda no funciona: “Si se presenta un libro en un pueblo, pero la organización se limita a poner un cartel, sin preguntar si hay un club de lectura o no, o qué día es más apropiado, en la mayoría de los casos es un fracaso. Luego se concluye: ‘¿Ves? No ha ido nadie’. Normal. Lo que hagas para el pueblo sin contar con el pueblo provoca una desconexión cada vez mayor”. Y De León no se cansa de recomendar lo mismo: “Escuchar a los colectivos excluidos, tenerlos en cuenta. A veces son oportunidades de un tiro: si vienen y lo pasan mal, a la siguiente no vienen”. Lo que apunta a otra cara del asunto: la oferta.

Los dos principales motivos que aducen los excluidos para no acercarse a la cultura son falta de interés y de tiempo, seguidos por el precio. Un análisis del catedrático de Sociología de la UNED Javier Callejo Gallego estimaba en 2017 que al menos un tercio de España permanecía al margen de casi todos los ámbitos culturales. Por obligación, en algunos casos: quien quiera ver conciertos de hip hop o rap en Baleares o una función de teatro en Cantabria o La Rioja tiene que estar muy pendiente del calendario. Hay opciones, pero contadas, según el Anuario de la SGAE. La Rioja, Castilla-La Mancha, Cantabria, Baleares y Asturias ofrecen menos del 2% de sesiones dedicadas al cine que no sea estadounidense o europeo. Y Teruel tiene la menor media de España en cuanto a proyecciones de películas por pantalla al día: 0,7. De ahí que las entradas vendidas también ofrezcan la cifra más baja del país: 0,30 al año por habitante.

La falta de cartelera, sin embargo, no explica todo. Llenarla tampoco es la panacea. “Hay que reflexionar también sobre el extracto social de los creadores. Pienso en esas películas españolas con pisazos de techos altos. Es gente que puede arriesgarse con el arte porque tiene sus necesidades básicas cubiertas”, plantea De León. Y agrega: “Cada municipio tiene un concejal de cultura: ¿qué están haciendo? Muchas veces compran lo que se genera en Madrid o Cataluña y se lo traen. Quizás si empezaran a pedir otra cosa, los polos de producción trabajarían en ello. Si los referentes son siempre los mismos, quien no se identifique se va sintiendo relegado”. Los entrevistados reconocen cierta mejora en ese aspecto: ven propuestas cada vez más variadas. Sin embargo, la concentración de la oferta aumenta el riesgo de reiterar sesgos y exclusiones.

Andalucía, Cataluña y Madrid suponen el 48,57% de la población española. Sin embargo, allí se celebra el 62,5% de los conciertos de música popular; acogen bastante más de la mitad de las salas, compañías, representaciones, público y recaudación de teatro, así como de los cines. Y ni siquiera en su conjunto: el riesgo de exclusión cultural resulta casi nulo en el centro de las capitales, pero crece al alejarse hacia sus periferias. La pescadilla, pues, se muerde la cola. Y la exclusión en el acceso se entrelaza con la de creación. Cultura ideada por quien más la vive y la disfruta, contada según su visión y sus inquietudes. Una burbuja.

Romperla, según estadísticas y testimonios, resulta clave. “Una técnica social que atiende a pisos tutelados de mujeres víctimas de violencia de género o que están dejando la prostitución me contó que el domingo, cuando pueden ir al teatro, se ponen la ropa de salir y se maquillan. Es decir, se sienten como los demás. Es un momento de convivencia comunitario”, comparte De León. La satisfacción media de los asistentes a un evento cultural nunca baja del siete, en la escala de uno a 10 que planteó a los encuestados el Anuario de Cultura. Quien disfruta de algún ámbito artístico, además, tiene muchas más probabilidades de consumir otros. Mamar arte desde pequeños, en casa, también contribuye a formar adultos dispuestos a seguir. Así que también existen círculos virtuosos. “La pasión por el fútbol en España no es innata. A saber qué pasaría si hubiera un movimiento parecido a favor, por ejemplo, del teatro”, compara Alcázar.

De León ofrece un indicio: seis meses después de aquel complicado arranque del curso de fotoperiodismo, los menores migrantes expusieron sus trabajos en La Nau. Fueron protagonistas en el centro al que no se atrevían a acceder. Milagros del arte. Cuando incluye.

Una profesora francesa acosa a una alumna. Final trágico.

 Francia juzga a una profesora por acoso moral tras el suicidio de una alumna, en El País, por Raquel Villaécija, París - 10 mar 2025

Pascale B. está acusada de haber alimentado el hostigamiento por parte de otros niños a una menor de 11 años, que se quitó la vida en 2019. Francia juzga a una profesora por acoso moral tras el suicidio de una alumna

El juicio que comienza este lunes en el tribunal de Pontoise (al norte de París) contra la profesora de francés Pascale B., de 62 años, es excepcional por dos motivos. Es la primera vez que se juzga a un maestro por acoso moral a un alumno y, además, por su responsabilidad en el bullying que otros niños ejercían sobre él. La víctima se llamaba Evaëlle Dupuis y se suicidó en junio de 2019 en su casa de Herblay, cerca de la capital francesa. Tenía 11 años.

Los padres de Evaëlle y la madre de otros dos alumnos denunciaron por acoso moral a la maestra, que llevaba 25 años ejerciendo y que niega las acusaciones. La sentencia se dictará este martes. La mujer se enfrenta a dos años de prisión y una multa de 30.000 euros. Lleva cinco años bajo control judicial y no puede dar clase a menores. Hay otros dos alumnos implicados en el acoso a Evaëlle, que comparecerán ante un tribunal de menores antes de que acabe el año.

El caso conmovió al país y reveló las grietas del sistema de protección contra el acoso escolar, pues los padres de la niña habían denunciado la situación a la dirección del colegio Isabelle-Autissier, donde estudiaba su hija. Según refleja la juez de instrucción en el sumario, la profesora “la humillaba de manera regular delante de sus compañeros, aislándola al fondo de la clase”.

Se le acusa de haber alimentado así el hostigamiento que ya padecía por parte de otros niños. En concreto, se le reprocha haber organizado una reunión con los menores implicados en el acoso en la que la víctima no salió bien parada. Según el relato que hicieron algunos de los niños presentes, Evaëlle rompió en lágrimas: “La profesora gritaba mucho y le ordenó que parase de llorar”.

La educadora argumentó que su objetivo era revertir la situación y terminar con las actitudes de acoso, tratando de implicar a los agresores en el diálogo para que empatizaran con la niña. Para el juez instructor, no solo no supo protegerla, sino que “la estigmatizó como víctima”. “Es difícil imaginar, sobre todo en el caso de un profesor con experiencia, que no se diera cuenta del impacto emocional que esa situación podía tener en la menor”, explicó. A lo que añadió: “Estos actos repetidos degradaron sus condiciones de vida”.

Según sus padres, la pequeña sufría insultos, burlas y agresiones físicas por parte de algunos niños y comía sola. Denunciaron a tres de los alumnos. “Vivía un infierno”, lamentó Marie Dupuis, la madre de la víctima, en una entrevista con la cadena BFM. “Como profesora, con su comportamiento, legitimó el acoso que sufría mi hija”.

Entonces, los padres presentaron una queja formal por acoso a la dirección de la escuela y decidieron cambiarla de centro, pero las humillaciones no cesaron. El viernes 21 de junio de 2019, Evaëlle volvió de clase y se quitó la vida. Fue su padre el que la encontró en la habitación.

Tras su muerte, algunos menores denunciaron que a la profesora “le gustaba menospreciar” a los alumnos y les hacía comentarios como “no tienes cerebro”. “Esta profesora humillaba sistemática a los niños y hay una decena de testigos que lo confirman”, ha denunciado la abogada de los padres, en el inicio del juicio. “Lo que esperamos es que no vuelva a haber un caso Evaëlle; el acoso puede matar”.

El acoso es la gran lacra de la educación en Francia. El año pasado, el Gobierno aprobó un plan nacional para luchar contra el bullying tras el suicidio de dos niños. El caso de Evaëlle ya había revelado fallos en la protección a las víctimas en las aulas. Los padres denunciaron negligencias, como que Pascale B. no hubiera participado en los cursos de formación contra el acoso que impartía la escuela. También, que después de la muerte de su hija, la profesora siguió dando clase.

El director del centro admitió entonces que “el tiempo administrativo no se adaptó a la situación”. Las autoridades educativas que analizaron el caso reconocieron también que “se cometieron errores a la hora de apreciar el sufrimiento real [de la niña]”. Según sus padres, Evaëlle soñaba con ser profesora.

Frases de extranjeros célebres sobre España

 Frases Célebres Sobre España y los Españoles,  18 feb 2025, History Sapiens:

España ha sido fuente de admiración, crítica y fascinación a lo largo de la historia. En este video, exploramos algunas de las frases más impactantes sobre España y los españoles, dichas por personajes históricos como Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Voltaire, Otto von Bismarck, Ernest Hemingway y muchos más.

"España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido." Otto von Bismarck

"España es un país admirable: ha cometido todos los errores posibles, pero sigue en pie." — Winston Churchill

"Los españoles son como los gatos: pueden pelearse entre ellos, pero cuando llega un extraño, todos se unen." — Napoleón Bonaparte

"El español prefiere la gloria a la riqueza, y el honor a la vida." — Jules Michelet

España es un país donde es imposible moverse sin tropezar con un pedazo de historia Alexandre

Dumas

España. ¡Noble patria! Fuiste la envidia de Europa y el asombro del mundo. Voltaire

España ha sido siempre la tierra de las pasiones violentas, Gustave Flaubert

Mientras el mundo sea mundo, España será España Julio César

España es el país de la luz del sol, vida Ernest Hemingway

España es una gran nación con defectos y virtudes, pero sobre todo con historia Charles de Gaulle

España es un país admirable, ha cometido todos los errores posibles, pero sigue en pie. Winston Churchill

Si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa y una prensa sin gobierno, no dudaría en preferir lo segundo; pero en España la prensa es a menudo más peligrosa que el gobierno, Thomas Jefferson

España es la única nación de Europa que, aunque parezca morir, resucita siempre. Otto von Bismarck

España es una gran nación condenada hacer grandes cosas o a caer en la más profunda miseria Alexis de Tocqueville

España no es un país, es una pasión, Rainer Maria Rilke.

Es el país más pintoresco y contradictorio del mundo; en él se puede encontrar a un genio y a un mendigo en la misma calle, y ambos con el mismo orgullo Téophile Gautier

España es la tierra donde la locura  y la genialidad bailan de la mano, Charles Dickens.

España ha sido siempre un país que no sabe lo que tiene hasta que lo ha perdido. Napoleón Bonaparte.

España es un país admirable, donde la historia no es pasado, sino presente. André Maurois.

España es un país de contrastes donde el cielo y el infierno pueden encontrarse en la misma plaza. Alexandre Dumas.

España es como un toro bravo, noble, fuerte y orgulloso; pero difícil de domar. En España todo está en crisis menos la crisis Giovanni Sartori.

España es el único país donde la historia se repite con tanta frecuencia que parece un círculo vicioso. Karl Marx.

España es un país que ha dado más lecciones de historia de las que ha aprendido. Lord Palmerston. E

En España los cementerios están llenos de héroes y los palacios llenos de villanos. François René de Chateaubriand

España es un país donde la realidad y la leyenda se confunden y a veces la leyenda es más cierta que la realidad. Orson Welles.

España es un país demasiado grande para ser gobernado, pero demasiado pequeño para ser una potencia. Napoleón Bonaparte.

España es un país donde la gente prefiere morir de pie que vivir de rodillas. Dolores Ibarruri, la Pasionaria.

En España la monarquía es tan fuerte que ha sobrevivido a sus propios monarcas. Henry Kamen

España es la única nación de Europa que sigue soñando con su pasado. George Santayana.

En España la política es una guerra sin sangre y la guerra es una política con sangre. Joaquín Costa.

España es el único país donde la historia es más importante que el presente. Salvador de Madariaga.

España es la tierra de los sueños imposibles, de los ideales irrealizables y de las esperanzas eternas. Stefan Zweig.

Los españoles son como los hijos de Noé: algunos han nacido para vivir en tiendas y otros para conquistar imperios. Alexis de Tocqueville.

El español es un hombre que no se resigna jamás. Jules Michelet.

Los españoles están hechos de una madera especial: son capaces de lo mejor y de lo peor, pero nunca de lo vulgar. Víctor Hugo.

Los españoles tienen un valor temerario y una lealtad inquebrantable, pero también un orgullo que los lleva a pelear entre ellos más que contra sus enemigos. Napoleón Bonaparte.

Un español solo es capaz de todo; dos españoles juntos ya son una discusión; tres españoles una guerra civil. George Clemens

Los españoles son el pueblo más difícil de gobernar, pero también el que mejor responde cuando se le necesita. Charles Maurice de Talleyrand.

El español es generoso hasta la temeridad, orgulloso hasta la arrogancia; pero jamás traidor ni cobarde. Lord Byron.

En la sangre de los españoles corre la historia de siglos de lucha y conquista. Friedrich Nietzsche.

Los españoles son como el acero:  duros, brillantes y difíciles de doblar. Napoleón Bonaparte

Los españoles tienen un orgullo que puede ser su mayor virtud o su peor defecto, Voltaire.

En España la gente muere o mata por su honor; pero a veces olvida que el honor no se demuestra con sangre, sino con dignidad. Benjamin Disraeli.

Los españoles son los únicos que al recibir una orden primero la discuten y luego la cumplen si es que les parece bien. Winston Churchill.

España es un país de valientes que no teme al peligro; pero a veces teme al cambio. Giuseppe Garibaldi 

En España el ingenio y la picaresca son más valiosos que el dinero, Miguel de Unamuno

Los españoles no son buenos súbditos ni buenos gobernantes, pero son excelentes amigos y temibles enemigos.

Cuando un español dice mañana puede significar cualquier cosa, excepto hoy.

El español ama la libertad tanto como la gloria, Simón Bolívar.

Los españoles son un pueblo de guerreros, pero a menudo se pelean entre ellos antes de luchar contra el enemigo. Napoleón Bonaparte.

El español no se rinde, simplemente espera la oportunidad de contraatacar. Winston Churchill.

Los españoles tienen en el corazón una pasión inextinguible que les nace de lo sublime y de lo desastroso. 

En España la gente no se aburre porque siempre hay algo por lo que discutir, George Orwell.

Los españoles nunca han aprendido a obedecer, pero tampoco han aprendido a gobernar. Alexis de Tocqueville.

En España la pasión y el orgullo valen más que el oro

El español es capaz de morir por una idea, pero rara vez de vivir para ella. Salvador de Madariaga.

Los españoles son como los gatos: pueden pelearse entre ellos, pero cuando llega un extraño todos se unen. Napoleón Bonaparte.

El español es orgulloso y altivo, pero generoso y noble. Alexandre Dumas.

Los españoles tienen un talento especial para convertir sus desventuras en leyendas.

El español prefiere la gloria a la riqueza y el honor a la vida, Jules Michelet.

Los españoles son los únicos europeos que todavía creen en la aventura. Orson Welles. 

Si hay un pueblo capaz de desafiar lo imposible, es el español. Rudyard Kiplking.

El español es capaz de discutir durante horas por una idea... aunque no la entienda del todo. George

Orwell.

Los españoles tienen un sentido del humor tan agudo que son capaces de reírse de su propia desgracia, Ernest Hemingway.

Mirar al mundo

 «Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria». (Louise Glück)

La Psicología en España

 Y tú, ¿cómo te sientes, psicoterapeuta?, en El País, por Patricia Gosálvez, 16 mar 2025 

Un tercio de los españoles tienen algún problema de salud mental, la mayoría de baja complejidad. Para lidiar con la “patología de la vida cotidiana” en la sanidad pública faltan especialistas y en la privada la sesión ronda los 80 euros. Aun así, ir a terapia se ha puesto de moda, aseguran psicólogos y psiquiatras. ¿Cómo lo viven ellos? Siete terapeutas, expertos en psicoanálisis o ‘mindfulness’, narran su vocación, cómo consiguen no llevarse el dolor ajeno a casa y por qué ningún paciente resulta aburrido.

¿Acaso tienen todos los psicoterapeutas algo en común? Pilar Revuelta Blanco, psicóloga clínica y psicoanalista, saborea su reformulación de la pregunta: “Humm, quiénes formamos esta tribu…”. La resuelve con una anécdota. Hace años, en una cena con colegas psicoterapeutas, uno de ellos preguntó al grupo cuántos eran hermanos mayores en sus familias. “No tiene rigor científico, claro, pero siete de ocho levantamos la mano”, dice la especialista de 62 años, que desde entonces ha comprobado muchas veces el patrón. “La mayoría hemos sido cuidadores desde pequeños”.

La llamada “crisis de salud mental” de las sociedades occidentales ha disparado, especialmente desde la pandemia, el malestar psicológico de millones de personas que cada vez más buscan un profesional que los ayude con ese dolor que no se puede señalar. El año pasado, el Barómetro Sanitario del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntó por primera vez sobre salud mental (aunque el sondeo se lleva haciendo desde 1993) y resultó que el 17,8% de los encuestados había tenido necesidad de consultar a un sanitario (incluido el médico de familia) por un problema de este tipo. En la última encuesta europea de salud en España (2020), un 4,77% de la población de 15 o más años dijo acudir al psicólogo, psicoterapeuta o psiquiatra. Según el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud, el 34% de la población padece algún problema de salud mental. Los más frecuentes son los trastornos de ansiedad, los del sueño y los depresivos. Sin llegar a diagnósticos severos, dentro de lo que Revuelta Blanco llama “la patología de la vida cotidiana”, le llega a consulta, por un lado, mucha angustia “en la que el cuerpo responde porque la cabeza no está pudiendo pensar”, y por otro, una desazón “marcada por la falta de propósito, ¿dónde voy?, ¿qué quiero?”.

En la ficción, el terapeuta es una figura recurrente mucho más allá de Woody Allen. Famosos como el cocinero Dabiz Muñoz en su documental o Aitana en La revuelta han contado con orgullo que van a terapia. Hay círculos en los que lo raro, lo sospechoso casi, es no ir a terapia. Y, sin embargo, sabemos poco de esa tribu al otro lado de la crisis de salud mental. Psicólogos, psiquiatras y médicos que después de sus carreras se han formado en psicoterapia para tratar con distintos enfoques y técnicas el sufrimiento ajeno. Hacen terapia cognitivo-conductual, sistémica, humanista, psicoanálisis… Sus herramientas son la palabra, el diván, el juego o incluso las redes sociales, y también, cuando lo consideran necesario, los fármacos.

En números, según el Libro blanco de la psiquiatría, hay 6.732 psiquiatras colegiados en España (no todos hacen psicoterapia), 4.393 de ellos en la red pública, la mitad por habitantes que en Francia o Alemania. Psicólogos, dice el INE, hay 40.417 y solo el 12%, con especialidad clínica, puede trabajar en la pública. Tampoco sabemos cuántos hacen psicoterapia, pero sí que son más del triple de los que había hace 20 años y que el 82% son mujeres. Y poco más.

Sentamos en los mismos sillones en los que ellos charlan con sus pacientes a siete de estos profesionales para que nos cuenten qué pasa por las cabezas de quienes intentan desentrañar lo que ocurre en las nuestras.

Buscando el ‘ikigai’

Las curiosidades banales se resuelven rápido: no, nunca usan a sus pacientes como anécdotas. “En casa me reprochan que no hable del trabajo, pero lo que pasa en Las Vegas…”, bromea la doctora Carme García Gomila, que dirigió la revista Temas de psicoanálisis.

Otra regla: no hay que hacerse amigo de los pacientes, ni ser terapeuta de los amigos.

En su vida privada, pinchan como todo el mundo. “No sé si ser psicólogo me hace mejor padre, porque ya lo era cuando tuve hijos, pero tengo menos paciencia que en la consulta”, dice Santiago Batlle, especialista en infanto-juvenil en la Seguridad Social.

Y la realidad no es como en las películas: “El cine muestra epifanías terapéuticas o casos extremos. En general la terapia es alguien contando que su jefe no le escucha… Nada trepidante”, admite Teodoro Herranz, psicólogo clínico.

Profundicemos: ¿qué les empujó a dedicarse a esto? “Ayudar pone”, dice risueña García Gomila, aunque no es lo que la mueve a seguir trabajando con 70 años tras 40 como psicoanalista. “Tengo un interés genuino por el otro y sé escuchar, siempre me han pegado unos rollos…”, bromea, “¡si no vigilo, camino a la consulta me hago cuatro visitas!”. Encontró su ikigai, dice, ese concepto japonés en el que una halla propósito al alinear “su vocación y su manera de ser con su profesión”.

“Dicen que nos metemos en esto porque todos los psicólogos cojeamos de algo…”, bromea también (¿o no del todo?) Teodoro Herranz, de 66 años, en la Escuela de Psicoterapia y Psicodrama que dirige en Madrid. Patricia Ramírez, de 54 años —@patri_psicóloga en redes—, cuenta, en su casa de Zaragoza donde graba los reels, que encontró la vocación gracias a su profesora favorita de COU: “Inspiraba y validaba a sus alumnos, una Pigmalión que alimentaba nuestro potencial”. La maestra había estudiado Psicología y no hubo forma de que la alumna fuese otra cosa. Marta Prat de la Riba, de 43 años, psicóloga y psicoanalista especializada en infancia, encontró su camino aún antes: sus padres la llevaron a análisis con siete u ocho años (luego regresó con 16 y durante más de 20). “Mi abuela fue la primera en analizarse volviendo del exilio en Uruguay, a mi madre le regalaron las Obras completas de Freud a los 18, yo he crecido en ese contexto”, dice.

Cada cual tiene su casuística, pero a todos los mueve la empatía, y más aún la curiosidad. “A mí no me interesaba ser psiquiatra para diagnosticar y recetar fármacos”, dice Beatriz Rodríguez Vega, “entendía la disciplina como una investigación de la mente humana, de la de la persona que trabaja conmigo y de la mía”. La psiquiatra, de 65 años, introdujo el mindfulness en el hospital público La Paz (donde trabajó 40 años y fue jefa de sección) y en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Ella medita desde los años ochenta y pensaba: “Si esto es beneficioso para mí, por qué no lo va a ser para los demás”: “Pero entonces ni se me ocurría proponerlo en un entorno científico”. Por aquellos años Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), empezó a “quitar la carga de ritual” a la meditación zen para traer sus beneficios a Occidente. Sus papers no hablaban del despertar budista, sino de neurociencia y el sistema nervioso. En 2009 Rodríguez Vega consiguió una beca para estudiar en Massachusetts el programa MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction) con el equipo de Kabat-Zinn. “Era la primera vez que se la daban a un psiquiatra en vez de a un cirujano para que aprendiese una técnica”, cuenta Rodríguez Vega, cuyo hospital (“imanes de sufrimiento”, los llamaba Kabat-Zinn) fue pionero en incorporar mindfulness en grupos de dolor crónico. En “el tsunami de la pandemia” sirvió para apaciguar a cientos de sanitarios: “Tocaba una campanilla y en medio de un pasillo o en una uvi parábamos unos minutos para estar presentes y practicar la autocompasión”.

Un aprendizaje constante

“En esta profesión no paras de aprender”, entona la tribu. La lectura ávida para estar al día, la formación continua, los cursos, seminarios y congresos… Para Carme García Gomila, aprender ha sido lo mejor de su carrera y lo que le quita las ganas de jubilarse. “Bueno, y que es una profesión de viejos”, dice, “cuando te haces mayor te vas volviendo invisible, pero en la consulta los pacientes te tienen en cuenta y tú tienes acumulado un montón de saber y comprensión, eres más persona, lo haces mejor”. Al mismo tiempo, admite que estudiar ha sido también lo más tedioso: “Hay autores tan arduos que se necesita un seminario de meses para entenderlos”.

La búsqueda les hace flexibles en sus técnicas, integrativos en sus enfoques, nada puristas, dicen. “La figura del psicoterapeuta sabio que se pone por encima del paciente ya no sirve”, opina Teodoro Herranz, que pasó años buscando el modelo más eficaz. “Al final opté por la escuela cuya filosofía se parece más a mi personalidad”. De nuevo el ikigai. En su caso fue el psicodrama, la terapia de grupo original desarrollada en los años veinte y treinta del siglo pasado por el psiquiatra rumano-estadounidense Jacob Levy Moreno, en la que a través de la representación de situaciones y roles se expresan sentimientos de manera creativa. El psicodrama le permite ser “muy propositivo”, dice Herranz, admitiendo que le cuesta “no ser activo a la hora de resolver”.

Patricia Ramírez tampoco ha parado de buscar. Para encontrar sus primeros pacientes se hizo “visitadora médica” de sí misma pateándose consultas de dermatólogos, ginecólogos o endocrinos que le derivasen casos psicosomáticos. Luego buscó un programa de radio para colaborar. Allí, un invitado le pidió que ayudase al marchador Paquillo Fernández, que había abandonado los mundiales de Edmonton “por algo de cabeza”. Meses después, el atleta batió un récord y le atribuyó parte de la hazaña a la psicóloga. Por aquello la llamó el Mallorca, y luego el Betis. Ha publicado una decena de libros (Educar con serenidad, Así lideras, así compites…) y con la explosión de Instagram (donde tiene 745.000 seguidores) su trabajo de divulgadora se volvió “tan intenso” que dejó la consulta. Aún gestiona una clínica online con 19 psicólogas autónomas. Lo último que se le ha ocurrido para “hacer llegar el mensaje de manera más lúdica” es hacer obras de teatro. En el luminoso despacho donde graba sus vídeos (sin filtros ni montaje, del tirón) hay un aro de luz, un trípode para el móvil y una desubicada caja de clínex que recuerda a cuando hacía psicoterapia ortodoxa.

Escudos frente al sufrimiento ajeno

En las siete consultas hay pañuelos para consolar el llanto. La más austera es la de Santiago Batlle, psicólogo clínico de 58 años en el Hospital del Mar de Barcelona. La cristalera que da al paseo marítimo es un espejo por fuera ante el que la gente se para para atusarse el pelo deprisa. Dentro, mesa y sillas de oficina, un póster de Magritte, un pequeño lavabo en una esquina que atestigua que la consulta podría servir para cualquier otra especialidad de la Seguridad Social.

Para Batlle, adjunto a la dirección de Atención Comunitaria en el Instituto de Salud Mental y responsable de Infanto-Juvenil, la decoración es el menor de sus problemas: saturación asistencial, patologías más graves, sesiones poco frecuentes o mayor dificultad para crear “el vínculo terapéutico” que en la privada. Incluso la gratuidad puede ser un handicap: “Cuando hay un coste, el compromiso es mayor”. A Batlle, que pasa consulta solo un día y medio a la semana, los problemas que no le dejan dormir son los de jefe, como una baja que sobrecarga aún más al resto de compañeros.

Prat de la Riba, que trata a menores por la privada también en Barcelona, les recibe en una consulta bien distinta. Dentro de un bonito local de doble altura ha creado, junto al arquitecto Jacobo Valentí (Casavells Estudio), una suerte de casa del árbol. Hay una escalera que trepar, libros, cojines de colores. “Mi herramienta es el juego”, dice acuclillada en una sillita. Muchos de sus pacientes autistas no hablan: “Te meten los dedos en la nariz, se chocan contigo, pueden pasar meses sin mirarte y tienes que conectar, que no hablen no significa que no tengan nada que decir”. Aun así, lo más difícil son los padres: “Hay que apelar a la responsabilidad de la familia sin entrar en la culpabilización, transitan por el duelo de no tener un hijo ideal”.

Aunque él es cognitivo-conductual y ella psicoanalista, ambos especialistas creen que la paciencia es clave para construir complicidad con el niño. Y cierto sentido del humor, añade Prat de la Riba. En previsión de esta entrevista, le ha preguntado a una paciente de 12 años por qué le gusta verla: “Contigo me puedo cagar en mis profes, mis padres, mis compis…”. La psicóloga traduce: “Hay que crear un espacio de libertad y seguridad donde la moral queda fuera”. Así se invita a explorar lo oscuro, lo vergonzoso, dice, apuntando otra virtud del psicoterapeuta: “Hay algo de lo insoportable del síntoma del otro que tú puedes soportar y el paciente registra esa escucha”.

“Tengo la capacidad de estar con el dolor, no me asusta”, coincide Rodríguez Vega, la experta en mindfulness. “Cuando una persona te cuenta una situación muy difícil, hay que resonar, pero al mismo tiempo soltar ese dolor. Es un equilibrio. No se trata de endurecerse, porque si te apartas del dolor ¿qué psicoterapeuta eres?”. García Gomila lo pone así: “Dejarse impactar, pero mantener el ancla emocional”. Si un psicoterapeuta la pierde, es mejor derivar el paciente a un compañero.

El setting también ayuda a dejar en la consulta la mochila de sufrimiento ajeno. Es la puesta en escena de la sesión, el lugar donde ocurre, la duración (45 o 50 minutos) o los honorarios (entre 50 y 120 euros). “Es un marco que separa dentro y fuera; un encuadre que protege tanto al terapeuta como al paciente”, dice Carme García Gomila.

“La terapia empieza en la puerta”, explica Pilar Revuelta, que tiene dos salas en su gabinete madrileño. En la primera, dos cómodos sillones de diseño enfrentados y un poco lejos. Los separó durante la pandemia y así quedaron; funcionaba: “Es fundamental tomar la distancia justa de las cosas para comprenderlas, como un cuadro impresionista, demasiado lejos se difumina, demasiado cerca, solo son manchas”. En la otra habitación tiene un diván de cuero. “Lo propongo a veces para profundizar”, dice. Con otros pacientes trabaja mejor online: “No tiene que ver con la patología, sino con la persona —los jóvenes lo ven supernatural— y con la geografía”. Hay lugares donde es difícil encontrar profesionales o acudir con cierto anonimato.

La chispa entre los dos

Cualquiera que haya ido a terapia sabe que hay un momento inicial raro en el que flota una pregunta: ¿funcionaremos bien juntos? A los psicoterapeutas también les pasa.

“Yo tengo ante todo curiosidad por la persona que se sienta ahí enfrente”, dice Revuelta Blanco. “El ser humano es insondable, quieres entender, y la química que se genera tiene que ver con eso, con que la persona ahí sentada tenga ese mismo interés de búsqueda, desde ahí se puede trabajar; la terapia, sobre todo la psicoanalítica, es una cocreación”. ¿Y no hay sujetos que simplemente no les interesan? ¿Pacientes aburridos? “Cuando los residentes me dicen ‘no tengo ningún caso interesante’, siempre les contesto ‘lo que no es interesante es la mirada que has puesto, mira otra vez”, cuenta Rodríguez Vega. “Puede que el síntoma del paciente sea precisamente ser aburrido; te toca bailar con la más fea y ver qué le pasa”, asiente García Gomila.

En las parejas terapéuticas, como en las otras, la química importa. “Cuando no existe hay un malestar difuso. Si no lo consigues resolver, es mejor no forzar, porque toda terapia está basada en una relación”, dice García Gomila. Hay estudios que aseguran que la eficacia de las diferentes escuelas no tiene que ver con la orientación del psicoterapeuta, sino con la relación que se establece con el paciente. “Si hay química, la escuela es lo de menos”, zanja García Gomila paradójicamente porque acaba de publicar La guía de las psicoterapias (Arpa, 2024), en la que explica las distintas corrientes.

Un pique superado

El libro pretende ser “un lazarillo”. “La gente está muy desorientada sobre cómo, cuándo y dónde pedir ayuda”, dice la autora, que recibe a la mayoría de sus pacientes derivados por colegas. En la guía explica cómo acceder a servicios públicos y privados y desgrana “las distintas formas de ver la mente” y la cronología de las escuelas psicoterapéuticas. “Cuando surge una corriente nueva quiere cargarse a las anteriores y estas se defienden, pero aunque los que se miran mal hacen ruido, son los menos; la mayoría trabajamos sin rivalidad”, afirma sobre la histórica rencilla entre psicoanalistas y terapeutas cognitivos conductuales (TCC).

Resumiendo mucho ambos enfoques: el psicoanálisis se centra en el pasado y en la comprensión de patrones inconscientes de pensamiento y comportamiento y es un proceso a largo plazo (de media tres años, pero pueden ser décadas). Los psicoanalistas deben analizarse. La TCC se enfoca en el presente y en problemas puntuales, busca cambiar un comportamiento a corto plazo. En España, la formación universitaria es de esta orientación. Es la terapia que se ofrece en la pública y la que respalda la OMS.

“Nuestros protocolos se basan en la evidencia científica de la TCC”, dice en el Hospital del Mar Santiago Batlle, que estudió en Filadelfia con Aaron Beck, creador de la escuela. “Pero en los últimos años se están introduciendo técnicas de mindfulness, terapias de tercera generación…”. Batlle admite que al principio aplicaba a rajatabla los protocolos: “Con la experiencia comprendes que ello te convierte en un profesional eficiente; pero lo que te hace un buen profesional es saber adaptarlos”.

Desde el otro lado, García Gomila explica: “El psico­análisis ya no es el de 1900″. Ella empezó a ejercerlo en los años ochenta, al tiempo que se montaban en España los servicios públicos de salud mental. “Éramos unos pioneros, explorábamos el vegetarianismo, el feminismo…”, pero también había más “pureza ideológica”, explica. “Todo eso ha cambiado, nos hemos ido adaptando a los avances de la neurociencia”.

Del tabú a la moda

Socialmente, la terapia ha pasado de ser tabú a convertirse “casi en una especie de moda”, dice Pilar Revuelta, que admite al mismo tiempo que en el mundo actual “no nos da tiempo de pensarnos”. Si en época de Freud afloraba la patología de la represión, hoy nos afecta la fragmentación, dice, citando la modernidad líquida de Zygmunt Bauman o la sociedad del cansancio de Byung-Chul Han. Prat de la Riba habla del “imperativo de felicidad del capitalismo”: “La promesa de que todo se puede tener hace intolerable estar tristes o preocupados a muchos sujetos sin que ello se convierta en parte de su identidad”. Ahora se diagnostica mejor, sostiene, pero también, a veces, se diagnostica de más.

Muchos especialistas hablan de la “psicopatologización de lo cotidiano”. “No todo es analizable, ni tiene por qué tratarse”, dice Prat de la Riba. “Hay una idea contemporánea de que hacer terapia es parte del ‘hay que cuidarse’, como ir al gimnasio. Pero no, tiene que haber sufrimiento, algo que se descoloca y no sabes qué hacer con ello”. Teodoro Herranz añade: “La actual cultura del narcisismo alimenta monstruos”, cuando el terapeuta es complaciente y el paciente busca protegerse y desarrollarse a toda costa, olvidando lo demás.

La demanda de herramientas psicológicas para el día a día también ha puesto de moda la autoayuda. Patricia Ramírez, que dejó la consulta por la divulgación, apunta: “El término está devaluado porque hay mucha autoayuda mala”. ¿Lo que ella hace es terapia? “No sé, pero terapéutico sí, la gente saca ideas para cambiar cosas”. Con lo que no traga es con el pensamiento positivo. “Buf”, suspira, “la idea de que si quieres puedes porque todo es actitud es una barbaridad”.

En la misma línea, Pilar Revuelta, que además de psicóloga clínica y analista es coach certificada con 15 años de experiencia, advierte sobre la disciplina que imparte en la Universidad Francisco de Vitoria: “El coaching serio no es un yes we can para nada”. Como coach trabaja con clientes, no con pacientes. Sus clientes tienen, explica, “un objetivo y necesitan encontrar un camino en procesos acotados en el tiempo”: un directivo que quiere cambiar de trabajo, un departamento de recursos humanos que debe actualizarse, una empresa familiar o una start-up de amigos que necesita clarificar sus roles profesionales. “Es bonito, pero no es terapia. Aunque salen miserias, hay menos sufrimiento”, concluye.

La encrucijada de la pública

Las miserias del trabajo son uno de los mayores estreses de la salud mental. No tener empleo multiplica por dos el riesgo de depresión, y tener un trabajo precario provoca más ansiedad que cualquier otra cosa, según las encuestas. Por lo privado, la psicoterapia está fuera del alcance de quienes estadísticamente más la necesitan. ¿La pública? La mayoría de los españoles acude al Sistema Nacional de Salud como primera opción (el 57%, según el CIS), pero solo el 14% consigue cita con un psicólogo o psiquiatra en menos de 30 días. El resto espera entre uno y tres meses (21%), más de tres meses (24%) o simplemente desiste. Al final, pública y privada se reparten los pacientes casi a partes iguales, pero un tercio de los de la pública no llega al especialista. Se quedan en los médicos de familia, quienes más psicofármacos recetan.

Es una pescadilla que se muerde la cola: con solo seis psicólogos clínicos por 100.000 habitantes (tres veces menos que la media europea), los problemas menos graves se solucionan con una pastilla en primaria, sin terapia que apoye el proceso. “Se dice que los casos leves saturan el sistema”, explica Rodríguez Vega, “pero hay tantos que si intervienes a tiempo dejan de convertirse en graves…”. Tras 40 años en la pública, ha elegido “hacer terapia con tranquilidad en la privada” antes de jubilarse. “Es más fácil”, dice, “las condiciones son ideales: un ambiente más cómodo, nadie interrumpe ni llama a la puerta… Y, sobre todo, no tienes 15 pacientes en una mañana”. En una consulta privada entran la mitad.

Desde el Hospital del Mar, Batlle explica que, a partir de la pandemia, hay psicólogos que hacen “intervenciones de baja complejidad” en los centros de primaria cada 15 días… Sin embargo, faltan manos. A pesar de las trabas, el psicólogo defiende que “es satisfactorio ejercer un servicio público en barrios desfavorecidos”, aunque admite: “En un gabinete privado de un barrio bien tu trabajo es más eficaz. No poder hacerlo bien por las circunstancias desgasta mucho”.

Para “no atender solo de Diagonal para arriba”, la psicóloga privada Marta Prat de la Riba cobra 50 euros por sesión, un precio bajo para el mercado, y acepta pagos simbólicos o en especie (por ejemplo, cajas de frutas). Interesada en “la cuestión comunitaria”, Prat de la Riba también tiene un proyecto con el colectivo okupa. “Me gusta poder hacer algo más allá del despacho”, dice.