domingo, 22 de febrero de 2009

La triste historia de Jade Goody

Jade Goody, una joven profundamente inculta y hortera que hace unos años consiguió salir de la miseria gracias a la telebasura y que de la mano de los medios y la tragedia del cáncer se ha transformado en una mujer capaz de movilizar al ministro de Justicia, emocionar al primer ministro y a millones de británicos y abrir un agrio debate sobre los límites del circo mediático. Goody, de 27 años, se muere de un cáncer de útero. Pero no ha querido morirse en silencio. Ha querido morir en público. Desde que en agosto del año pasado supo que tenía cáncer, decidió vender su historia al mejor postor. Desde hace unas semanas sabe que el cáncer amenaza su vida. Desde hace unos días sabe que su enfermedad es terminal, que le quedan semanas, con suerte unos meses. Y quiere que su muerte sirva al menos para asegurar el bienestar material de sus dos hijos, de cinco y cuatro años. "Sí, la gente dirá que hago todo esto por dinero. Y tienen razón. Pero no lo hago para comprar coches de lujo o grandes casas. Lo hago por el futuro de mis hijos, por si yo falto. No quiero que mis hijos tengan la misma infancia miserable, plagada de drogas y marcada por la pobreza que tuve yo". Saltó a la fama en 2002, en la tercera edición del Gran Hermano británico. Su fuerte personalidad brilló al instante dentro de la casa y en los hogares de los televidentes. Pero su ignorancia, sus dobles caras y su ordinariez la convirtieron en una de las presas preferidas de los tabloides, que se mofaban de ella sin piedad. Pensaba que Cambridge era un barrio de Londres, que Río de Janeiro era una persona y que "East Angular" -como ella llamaba a la región de East Anglia- era un país extranjero. Su profunda ignorancia era un retrato de los problemas sociales del Reino Unido. Nació y se crió en Bermondsey, uno de los barrios más duros de Londres, hija de un padre heroinómano y una madre adicta al crack a la que cuidaba desde que, siendo ella una niña, perdió la movilidad en un brazo y la vista en un ojo en un accidente de automóvil. Su padre, que abandonó a la madre cuando Jade tenía dos años, pasó cuatro años en la cárcel y murió de sobredosis en 2005, cuando sólo tenía 42 años. "No tuve mucho tiempo para ir a la escuela", explica ella.en enero de 2007, cuando participó junto con su madre, Jackie y Budden, y su novio y mañana marido, Jack Tweed, en el llamado Celebrity Big Brother. Goody mostró su peor cara. Fue acusada de acosar con comentarios racistas a la actriz india Shilpa Shetty, muy popular en su país. Los reguladores de la televisión británica recibieron más de 50.000 quejas. Los patrocinadores abandonaron a Goody de inmediato: su perfume desapareció de las tiendas y su biografía fue retiradas de las librerías pese a sus disculpas públicas y sus declaraciones contra el racismo.

Eso es lo que hace Jane Goody, y hace bien; pero hay otras madres en una situación igual o peor en África, en Asia, en América, en Europa incluso, que no poseen su relevancia mediática y que no menciona, y debería. Es eso lo que falta para que el espectáculo deje de serlo. Y es eso lo que hace especialmente triste la historia de Jade Goody.

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