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Tendré que seguir al irlandés Martin McDonagh, que ha dirigido una ópera prima memorable, Atrapados en Brujas; la he visto en tv de pago; Colin Farrell hace su mejor papel y también lo borda su compañero y coprotagonista Brendan Gleeson, aunque Ralph Fiennes está pasado de revoluciones sobreactuando, está muy estirado y esquemático, casi irreal. Al principio el filme parece un moroso aburrimiento mortal, pero la impresión es falsa y tiene que ver con el contenido existencial de la historia, porque pronto el argumento se desmelena, a lo que ayuda el económico guion, en el que se le nota mucho la huella de Tarantino, pero sin florituras; además, lo intenta europeizar a su modo. Dicen por ahí que esta comedia negra le debe también a Guy Ritchie, y algo de eso podría haber, pero a mí me gusta más este McDonagh. Los personajes, incluso los secundarios, están perfectamente trazados, y la lectura simbólica de la película, emanada de los cuadros de Hieronimus Bosch, no está de más y complementa perfectamente la historia. Para mí habría salido redonda de no ser por Fiennes y por algunos detalles poco realistas.
La sinopsis es esta: el joven Ray y el viejo Ken, dos asesinos a sueldo ingleses que trabajan en Londres para un misterioso Harry Waters, se esconden en Brujas tras haber asesinado a alguien por su encargo esperando la llamada que éste hará en cualquier momento para entregar nuevas órdenes que deben ejecutar. Ray (Farell), inculto y con la impaciencia que caracteriza a la juventud, no soporta estar encerrado en una habitación y conoce a una chica belga, con quien concierta una cita, la cual Ken acepta a condición de que recorran la vieja ciudad que a él le gusta y que el joven odia. Durante la noche del encuentro, el más experimentado asesino recibe la esperada llamada, que termina por dilucidar el verdadero motivo del viaje: asesinar a Ray por un error imperdonable que cometió según los códigos de la mafia; se les envió a esa ciudad para darle unas últimas vacaciones al “muerto viviente”. Si Ken no realiza esta tarea irá el mismo Waters (Ralph Fiennes) a hacerlo por su cuenta. (No lo cuento todo para no reventárosla)
El guión refleja las frustraciones humanas y sus personajes están al margen de la sociedad y de la moralidad más estricta (el enano homosexual, el cabeza rapada sodomita, la novia camello, los asesinos) pese a lo cual poseen algunos principios éticos simples muy elementales. El guion esboza momentos cómicos de gran calidad, pero podría haberse desarrollado más. La música, muy buena, clásica y apropiada; la fotografía, también. En fin, para ser una comedia negra, resulta ser, y ese es su mayor valor, muy original por su tratamiento abiertamente antitópico de las situaciones canónicas del género, pese a lo cual no deja de deberle bastante.
La sinopsis es esta: el joven Ray y el viejo Ken, dos asesinos a sueldo ingleses que trabajan en Londres para un misterioso Harry Waters, se esconden en Brujas tras haber asesinado a alguien por su encargo esperando la llamada que éste hará en cualquier momento para entregar nuevas órdenes que deben ejecutar. Ray (Farell), inculto y con la impaciencia que caracteriza a la juventud, no soporta estar encerrado en una habitación y conoce a una chica belga, con quien concierta una cita, la cual Ken acepta a condición de que recorran la vieja ciudad que a él le gusta y que el joven odia. Durante la noche del encuentro, el más experimentado asesino recibe la esperada llamada, que termina por dilucidar el verdadero motivo del viaje: asesinar a Ray por un error imperdonable que cometió según los códigos de la mafia; se les envió a esa ciudad para darle unas últimas vacaciones al “muerto viviente”. Si Ken no realiza esta tarea irá el mismo Waters (Ralph Fiennes) a hacerlo por su cuenta. (No lo cuento todo para no reventárosla)
El guión refleja las frustraciones humanas y sus personajes están al margen de la sociedad y de la moralidad más estricta (el enano homosexual, el cabeza rapada sodomita, la novia camello, los asesinos) pese a lo cual poseen algunos principios éticos simples muy elementales. El guion esboza momentos cómicos de gran calidad, pero podría haberse desarrollado más. La música, muy buena, clásica y apropiada; la fotografía, también. En fin, para ser una comedia negra, resulta ser, y ese es su mayor valor, muy original por su tratamiento abiertamente antitópico de las situaciones canónicas del género, pese a lo cual no deja de deberle bastante.
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