jueves, 12 de febrero de 2026

Revisión de los pueblos manchegos por Lonely Planet

 Almagro, San Carlos del Valle, Almadén y otros pueblos con encanto en Ciudad Real, en El País, Lonely Planet, 15 ene 2026:

En la provincia asociada al Quijote hay mucho que ver: historias de caballeros y castillos templarios, minas milenarias, parques como el de Cabañeros, las Tablas de Daimiel o las Lagunas de Ruidera, teatros del Siglo de Oro o bodegas en volcanes.

Pueblos con encanto en Ciudad Real

Es una de las provincias que pasan más desapercibidas, siempre asociada al Quijote. Pero ese enorme territorio al sur de Madrid y al norte de Andalucía, hay mucho más que historias quijotescas y paisajes manchegos: historias de caballeros y castillos templarios impresionantes, minas milenarias que nos descubren las posibilidades del turismo industrial, espacios naturales de primer orden, como el Parque de Cabañeros, las Tablas de Daimiel o las lagunas de Ruidera, teatros del Siglo de Oro donde se siguen representando comedias o bodegas en volcanes. Con pocos turistas, es todo un descubrimiento. Estos son algunos pueblos con encanto de parada imprescindible.

1. Almagro, un viaje al Siglo de Oro

Sin duda, es el destino más llamativo e interesante de Ciudad Real, un conjunto armónico de mansiones, de iglesias y edificios civiles y religiosos interesantes, todo en torno a su espectacular plaza mayor y al teatro clásico. Con su singular arquitectura, y sus galerías pintadas de color verde, la plaza es la imagen más fotografiada de esta población, famosa sobre todo por su Corral de Comedias del Siglo de Oro. Este teatro es el único que se conserva intacto del siglo XVII y preside el centro de esta plaza rodeada por soportales bajo balconadas. En los alrededores hay muchísimas iglesias, como las de San Agustín o San Bartolomé, museos, como el del Encaje o el novedoso y casi recién estrenado Museo Nacional de Artes Escénicas instalado en los Palacios Maestrales edificados por la Orden de Calatrava. Aunque nada de esto hace sombra al Corral de Comedias, que cada mes de julio alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico junto con otros espacios repartidos por todo Almagro.

Callejeando, se descubre que Almagro es mucho más que su plaza y que hay muchos edificios interesantes que hablan de otros tiempos, cuando la ciudad fue centro cultural y económico del país. Por ejemplo, el almacén de Fúcares, otro edificio de lo más interesante es el almacén de Fúcares, del siglo XVI, que fue construido por la familia de banqueros alemanes Fugger, que ayudaron al emperador Carlos V y dirigían la explotación de las minas de Almadén desde Almagro. Fueron ellos quienes trajeron la banca moderna y el encaje de bolillos. Actualmente es un centro de formación universitario, pero se puede visitar. También encontramos un interesante Parador Nacional instalado en un antiguo convento del siglo XVII, y otros rincones como el convento de la Asunción o el interesantísimo palacio de los Condes de Valparaíso.

Y hay más: bares donde sirven las famosas berenjenas, tiendas de artesanía presididas por los famosos encajes y, sobre todo, teatro, mucho teatro, son las señas de identidad de un destino que merece un viaje de más de un día.

2. Bolaños, Calzada, Valenzuela… de Calatrava y otras fortalezas de caballeros medievales

Lo más impresionante de la comarca de Calatrava, en torno a Almagro, no son sus pueblos, sino sus castillos, y en concreto el Castillo de Calatrava la Nueva, un lugar impresionante en el que es imposible no soñar con tiempos de caballeros, guerreros y monjes templarios. Está en Aldea del Rey y, con sus más de 45.000 metros cuadrados, fue la gran fortaleza de los calatravos, erigida para ser la gran sede de su orden, sustituyendo en el siglo XIII a la ciudad de Calatrava la Vieja. Pero esta población también tiene su castillo y es una de las ciudades islámicas más antiguas de la península, antigua capital de la región. Hoy se puede ver el yacimiento. En el siglo XII, la ciudad pasó a manos cristianas, se fundó la Orden de Calatrava, integrada por monjes guerreros, y se comenzó a trasladar el poder al nuevo e impresionante castillo nuevo, que estaría en funcionamiento hasta 1804.

En esta comarca, todo son referencias a los famosos caballeros, (Bolaños, Calzada, Valenzuela… todos apellidados de Calatrava). Bolaños es famoso por el castillo de doña Berenguela, una fortaleza que se construyó para proteger la vía militar que unía Toledo y Córdoba. En Ballesteros hay un palacio, el de la Serna, que es una granja de estilo neoclásico hoy convertida en hotel-museo. Y en Calzada, encontramos el castillo de Salvatierra, en el cerro de la Atalaya frente al enorme castillo de Calatrava la Nueva, pero la referencia obligada es más actual: Pedro Almodóvar. Aquí nació y aquí podemos descubrir su particular universo creativo en el llamado Espacio Almodóvar. El pueblo está rodeado de volcanes, viñas, cereal y olivos, que dieron lugar en parte al universo estético y emocional del cineasta: casas encaladas, calles estrechas y vida tranquila, en contraste con sus originales universos urbanos. El universo almodovariano está presente en una “ruta” que pasa por un parque con su nombre y una escultura dedicada, por el citado Espacio Almodóvar, o por un antiguo silo cubierto por murales gigantes inspirados en su particular estética, pintado por el artista urbano Okuda San Miguel

3. San Carlos del Valle, el Vaticano manchego

A este pueblo por el que pocos pasan lo llaman el Vaticano del Valle y, en cuanto se llega a su plaza Mayor, se descubre por qué. La protagonista es la iglesia del Santísimo Cristo del Valle, un edificio del barroco tardío, ya casi neoclásico, con una impresionante cúpula y cuatro torres, cada una con un chapitel de estilo madrileño. El arquitecto proyectó a la vez de la iglesia una gran plaza, de forma que sirviera a modo de atrio, como un conjunto, igual que en San Pedro del Vaticano. La plaza resulta así un enorme rectángulo en el que se levanta también a un lado, el Ayuntamiento, y a otro la Casa Grande de la Hospedería, con un patio de carros y galerías de madera. La plaza impresiona por sus columnas toscanas, sus galerías corridas y sus arcos de entrada.

Pese a este inesperado conjunto, San Carlos es un pueblo discreto, en el centro del triángulo que forman Valdepeñas, La Solana y Villanueva de los Infantes, por el que no pasa mucha gente a pesar de su larga historia y su interesante entorno natural. Además de la plaza, merece la pena pasear por sus calles para descubrir un típico pueblo manchego, escaparse a lugares cercanos, como Villanueva y La Solana, o recorrer alguno de los senderos a los cerros de La Piedra del Agua, de Los Curas o de La Mojonera. No muy lejos, tenemos uno de los reclamos naturales más bellos de Ciudad Real: las Lagunas de Ruidera.

4. Campo de Criptana y los gigantes cervantinos

El territorio del Quijote tiene también sus hitos y sus pueblos con más o menos encanto. La primera parada imprescindible es Campo de Criptana, que fue exactamente donde Don Quijote se enfrentó a los gigantes que resultaron ser molinos de viento. El pueblo llegó a tener 34 y hoy todavía quedan diez, de los cuales tres son del siglo XVI, de tiempos del Quijote: el Infanto, el Burleta y el Sardinero. Entre los más modernos, hay uno dedicado a la pintura, otro a la labranza e incluso uno dedicado a la actriz autóctona, Sara Montiel.

Sus molinos siguen siendo de visita obligada y el reclamo para que recalen aquí hordas de turistas japoneses, pero también hay otros lugares con encanto en este tipiquísimo pueblo manchego de arquitectura tradicional de casas blancas y tejas árabes, calles estrechas y empinadas y paradas obligadas: la iglesia, el Pósito Real o La Tercia.

Además de las referencias histórico-literarias que obligan a pararse, resulta uno de los pueblos más bonitos de Ciudad Real. Bajo los moninos comienza un barrio que llaman el “Albaicín criptense”, con las típicas casas encaladas con zócalo azul añil, o la Casa cueva la despensa.

5. Villanueva de los Infantes, el pueblo de Cervantes

Otro pueblo con encanto en la ruta cervantina: Villanueva, capital del Campo de Montiel. Lope de Vega escribió sobre ella: “Llámese Villanueva de las Musas y no de los Infantes”. Pero no solo Cervantes estuvo por aquí: Quevedo murió en su convento de Santo Domingo, donde todavía se conserva la celda en la que escribió sus últimos poemas.

Muchos aseguran que ese “lugar de La Mancha” del cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes es concretamente Villanueva de los Infantes. Sea como sea, resulta una buena parada en cualquier recorrido por la provincia, con sus palacios, casas de nobles y sus muchísimos escudos por toda parte. Es un referente del Barroco y el Renacimiento manchegos, como puede comprobarse en la imponente plaza Mayor (siglo XVII), presidida por el ayuntamiento, como mandan los cánones.

Otra parada obligada es el Hospital de Santiago, fundado por la Orden de Santiago en el siglo XVII para atender a pobres, viudas, enfermos y transeúntes. O la Alhóndiga, que fue pósito y casa de contratación pero luego se transformó en cárcel. O las casas del Arco, de los Estudios, del Marqués de Entrambasaguas… edificios todos muy destacables. Solo hay que pasearse por la calle Cervantes, donde se instalaban las familias nobles, para darse cuenta de lo que fue Villanueva en otros tiempos, con sus preciosas portadas y blasones, con sus conventos, monasterios, santuarios, grandes iglesias...

6. Puerto Lápice, parada y fonda en la Ruta de Don Quijote

El Quijote es uno de los ejes para adentrarse por estas tierras. Y en sus páginas aparece Puerto Lápice, de quien Cervantes ya decía que era “lugar muy pasajero”. Hoy sigue siendo una localidad de paso porque la atraviesan la A-4, la autovía de los Viñedos CM-42 Toledo-Albacete y la N-420 Tarragona-Córdoba. Así que la parada es casi obligada. Allí nos espera el típico pueblo manchego de casas encaladas y calles laberínticas y sobre todo una original plaza mayor de dos plantas con soportales apoyados sobre zapatas y pies de madera, pintados en el característico color almagre de la zona. Callejeando aún hay más, como la iglesia del Buen Consejo, renacentista, o las ermitas de San José y de San Isidro.

Pero lo mejor de Puerto Lápice son sus ventas, esas posadas/tabernas centenarias que son el origen de esta población siempre de paso. En sus patios es fácil evocar muchos pasajes de la novela de Cervantes. La más famosa de todas es la Venta del Quijote, pensada como un museo homenaje a Don Quijote y su vida andariega, llena de referencias visuales quijotescas. Pero al margen de la puesta en escena, es una venta auténtica, con un patio central alrededor del cual se distribuyen distintas estancias, entre ellas un restaurante. La pega: siempre está lleno de turistas y los japoneses lo incluyen como referencia imprescindible en sus viajes tras los pasos del Quijote. Aún así, merece la pena.

7. Viso del Marqués: la Marina muy lejos del mar

Todo los que llegan hasta aquí se preguntan por qué la Marina Española decidió instalar su Archivo en un lugar tan de secano y tan alejado del mar como es Viso del Marqués. La respuesta es que aquí, en plena Sierra Morena, es donde nació Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz y almirante de la Marina Real en el siglo XVI. Aquí quiso fijar su residencia por ser un punto estratégico equidistante de la corte madrileña y de las bases navales de sus escuadras en Cádiz, Cartagena y Lisboa. Por eso llegaron hasta aquí numerosos artistas italianos para decorar su palacio, que hoy alberga el Archivo-Museo de la marina Don Álvaro de Bazán, que guarda 80.000 legajos con formación relativa a la historia de la Marina desde 1784 hasta la guerra civil. El edificio es una joya arquitectónica del renacimiento español con impresionantes fachadas, patios y jardines. Sigue siendo de los marqueses de Santa Cruz que se lo alquilan anualmente por un simbólico billete antiguo de una peseta al año.

El Archivo es lo más interesante pero este pueblo tiene también una iglesia gótico-renacentista famosa por el cocodrilo del Nilo que trajo el marqués de una de sus expediciones, y que ahora, disecado, decora una de sus paredes.

El entorno del pueblo invita a la tranquilidad y a descubrir rincones como la Hoya de Cervera o el Macizo de Calatrava, para hacer senderismo u observar aves. Y no muy lejos de aquí está el Parque Natural de Despeñaperros.

8. Almadén y el turismo de patrimonio industrial

Almadén significa en árabe “la mina” y esto lo dice todo. El Parque Minero de Almadén es el lugar que centra cualquier visita al pueblo: una inmersión en una de las minas más antiguas del mundo. Este pueblo y sus famosas minas de cinabrio (las más importantes del planeta) están un poco apartada de todo, casi camino de nada. La industria minera aportó mucha riqueza a estas tierras que hoy están casi escondidas, pero desde la época romana hasta hoy, Almadén ha sido uno de los centros más importantes de minería en el mundo, dedicado a la extracción de mercurio. Por eso, lo más interesante de visitar es su Museo de la Minería, donde se pueden contemplar antiguos objetos y herramientas usadas en la extracción del mercurio y aprender sobre la vida y el trabajo de los mineros de la zona.

En torno a la riqueza de las minas surgieron edificios importantes, como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, gótico del siglo XV, o el castillo de Almadén, del siglo XVI, con unas estupendas vistas panorámicas del pueblo y sus alrededores, o las bodegas de vino locales.

Y hay más, todo siempre ligado a las minas: el Real Palacio de la Superintendencia del siglo XVIII, que era el edificio destinado a viviendas de los superintendentes y también albergaba las oficinas de contabilidad y pago. O los museos, como el Arqueológico Etnográfico o el Museo Taurino. O el Real Hospital de Mineros de San Rafael que además es museo y también sede del Archivo Histórico de las Minas de Almadén.

Especialmente curiosa resulta la plaza de toros, de forma hexagonal y con 24 viviendas de dos plantas adosadas en su exterior, formando un original conjunto urbano. En su día, los alquileres se añadían a la recaudación de las corridas y se destinaban a la construcción del hospital de Mineros de San Rafael.

9. Fuencaliente, un pueblo para relajarse y contemplar estrellas

Casi en la frontera con Córdoba, Fuencaliente fue siempre un lugar de paso obligado hacia el sur de la península. Hoy es uno de esos pueblos blancos, de callejuelas encaramadas entre peñas en las faldas de La Serrezuela, dentro del Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Un pueblo de esos en que lo único que hay que hacer para disfrutar es perderse paseando.

Fuencaliente, su nombre lo indica, debe su existencia a las numerosas fuentes de agua natural y a un balneario de aguas termales en el centro del pueblo. En los alrededores, hay paseos con miradores para contemplar el pueblo desde lejos, además de varios yacimientos de pinturas rupestres por todo el valle. Es también perfecto para contemplar las estrellas (es destino certificado Starlight).

10. Horcajo de Los Montes y el parque de Cabañeros

Hay que irse ya muy lejos, casi camino de Extremadura, para encontrarse con una de las joyas naturales de la provincia: el parque de Cabañeros. Allí hay pocos pueblos, pero uno de ellos, Horcajo de los Montes, resulta uno de los pueblos más bonitos de Ciudad Real. Parte de su territorio pertenece al Parque Nacional, reclamo más que suficiente, pero, además, podremos descubrir que es un típico pueblo manchego de calles pintorescas que se adaptan al terreno, con un ambiente tranquilo y buena gastronomía tradicional.

En su Museo Etnográfico se recogen las técnicas de construcción, las herramientas de labranza o sus principales artesanías, como el cuero o los juncos. No falta la iglesia, en este caso la parroquia de San Antonio Abad, muy sencilla, del siglo XIV, y sobre todo, un entorno excepcional: senderos, parajes y fauna. Muy cerca del pueblo está el salto de agua de La Chorrera, de unos 15 metros de altura.

La moda Dostoievski

 Dolor, contradicción y exceso: tus hijos están leyendo a Fiódor M. Dostoievski, en El País, por Luna Miguel, 17 ene 2026: 

La vigencia literaria, política y espiritual del escritor ruso atrapa a nuevas generaciones de lectores, más allá del fenómeno de `Noches blancas’ en Tiktok o los centenares de memes en Instagram

“No sé cómo alguien es capaz de escribir después de haber leído esto”. En la presentación de su último libro en Barcelona, Angélica Liddell agarra el ejemplar viejo de Los hermanos Karamázov que traía bajo el brazo y lo alza para que todo el auditorio pueda verlo bien. Tal vez poseída por el espíritu de su autor, la dramaturga asegura que cada mañana se levanta muy pronto para estudiarlo, y que lo único que consigue hacer ante tal despliegue de genialidad, de crueldad y de sabiduría es arrodillarse, someterse a la escritura ajena, lamer el polvo del suelo por y para Fiódor M. Dostoievski.

Justo en el momento en el que Liddell alarga la lengua hacia afuera, dejándola a escasos milímetros de la cubierta ensangrentada de Cátedra, en la otra punta de la península un joven poeta es expulsado de la biblioteca pública de su pueblo porque ha perdido el ejemplar de El idiota que le tocaba devolver. “Tú sí que eres idiota”, dice la bibliotecaria cuando él, cabizbajo, intenta pedir perdón, asegurando que comprará otro ejemplar del libro, una edición mejor, en tapa dura si hace falta, y que lo repondrá con el sudor de la frente de su precaria existencia.

Al mismo tiempo, en un barrio gentrificado de Madrid, un grupo de lectoras brinda con vino blanco en los bajos de una librería independiente. Han quedado para leer juntas El doble, porque la reedición de Alba les pareció muy bonita, pero también porque una de ellas se enteró, gracias a un tuit de la traductora Gudrun Palomino, de que ese fue uno de los libros sobre los que Sylvia Plath escribió su tesis en 1955: El espejo mágico. Un estudio del doble en dos novelas de Dostoievski.

Lo que diga Plath, ya saben, va a misa.

Quizá por eso Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, de Luigi Pareyson, publicado por el sello católico Ediciones Encuentro, sea el ensayo que guarda en el bolsillo del abrigo ese catecúmeno de 33 años, que ahora fuma en la puerta de una céntrica iglesia de Burgos, antes de pasar a la formación. “¿A mí y a cuántos más?”, se pregunta a sí mismo, mientras contempla el humo que sube, “a mí y a cuántos más nos habrá convertido el ruso?”.

¿Es su vida excepcional lo que se cuela, casi sin permiso, en las entrañas de quienes lo leen? O será porque leer a Dostoievski nos acribilla a preguntas sobre la fe, sobre el odio, sobre la resistencia, sobre la pobreza, sobre la fealdad de nuestras almas, sobre el absurdo del afecto, o sobre las esperanzas rotas, que en ese preciso instante en el que el cigarrillo consumido cae a la entrada del templo burgalés, en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada dos estudiantes se comen la boca en mitad de un debate sobre si fue Nietzsche el que influyó a Dosto, o si acaso fue Dostoievski el que, con Memorias del subsuelo, metió el último tallo de paja en la cabeza al filósofo antes de volverse del todo majareta. “¡Que se lo he leído a Ricardo Piglia en Formas breves, socio! ¡Que, después de descubrir a Dostoievski en una librería francesa, Nietzsche se infectó de una especie de bovarismo extremo!”, grita la novia, con la boca húmeda.

Otra pareja, en otra ciudad, a la misma hora, está decidiendo por WhatsApp lo que verán en la tele después de cenar: “He encontrado una adaptación de Noches blancas en Filmin, creo que es de Visconti, ¿no era esa la novela que recomendó el youtuber estoico que tanto te gusta?”.

Sin salir de las redes sociales, una actriz de veintipocos años, con más de 200.000 seguidores entre sus distintos canales, acaba de publicar un vídeo en Tiktok que ha tardado una eternidad en grabar, porque resumir las 639 páginas de Crimen y castigo en un minuto no era tan fácil como creía: “¿Raskólnikov es bueno o es malo? Si te parece bueno, háztelo mirar”.

Además, la crítica literaria Mathilde Cotton ha subido un post a su cuenta de Instagram con una foto de las preciosísimas portadas nuevas de los libros breves de Dostoievski que Actes Sud acaba de lanzar en Francia: “¿Qué ha pasado para que lectores muy jóvenes vuelvan a conectar con el ruso?”, escribe Cotton, para sorpresa de nadie.

Porque ya nos va entrando en la cabeza que ese escritor está en todas partes, como por ejemplo en los titulares que la prensa cultural británica viene escupiendo desde 2024: “¿Cómo se ha convertido Dosto en la nueva sensación en redes?”; y que ahora mismo, en este plano secuencia infinito, se confirma: “¿Por qué Noches blancas vendió más de 100.000 ejemplares en Reino Unido el año pasado?”.

A raíz de estos titulares, de este revuelo, de esta aparente moda pasajera, Miqui Otero escribió una columna en la que auguró, mediante una cariñosa carta abierta al mismísimo Dosto, que “no muchos” de los que hablaban de Noches blancas en TikTok o Instagram se atreverían dentro de un mes con las 1.400 páginas de Los hermanos Karamázov.

Por suerte, Otero se equivocaba. Sí, se equivocaba. Aguanten la respiración: porque mientras Liddell saca la lengua para embabar su libro de Cátedra; un joven poeta o un catecúmeno tardío, ya no me acuerdo, reza para sus adentros la reseña de Humillados y ofendidos que escribirá en Goodreads antes de acostarse. Y mientras una doctoranda en Letras por la Universidad de Salamanca subraya barbaridades misóginas de la biografía Dostoievski, mi marido, de Ana G. Dostoievskaia, editado por Espinas, para meter con calzador su cachito de género ahora que le toca sustituir a un profesor macho; en otro club de lectura de Nuez de Ebro dos amigas se ríen por el análisis que una tercera acaba de hacer a propósito del gen proto-incélico del enamorado de Nastenka, basándose a su vez en algo que ella leyó hace años en Mentira romántica y verdad novelesca, de René Girard: “No existe en Dostoievski amor sin celos, amistad sin envidia, atracción sin repulsión”. Y mientras en un club deportivo de Sanlúcar, un joven cambia su foto de perfil de Tinder por otra en la que puede leerse con más claridad el mensaje à la Karamázov que luce en su camiseta: “No odiéis a los ateos, a los maestros del mal, a los materialistas; no odiéis ni a los peores de ellos, pues muchos son buenos, sobre todo en vuestra época”; en la cola de un supermercado de Plasencia, una activista pone like a un post en X, en el que los escritores Omar Hamad e Ibrahim Massri piden ayuda económica para abrir la primera biblioteca de Gaza tras el genocidio mediante una imagen de un Crimen y castigo hecho jirones, recuperado de los escombros tras los bombardeos. Y también mientras un comercial de Makro en periodo de pruebas vuelve a casa deprimido, escuchando a todo trapo en el coche el audiolibro de El mito de Sísifo, la oda que Albert Camus dedicó a Kirílov: “Todos los personajes de Dostoievski se interrogan sobre el sentido de la vida. Son modernos en eso: no temen al ridículo”; en el chat de Telegram de clase, una estudiante de psicología comparte Manual de supervivencia para la Russian Era de tu pareja, un artículo que Samantha Soria Chavarría publicó en Substack —“Dostoievski, Tolstói, Turguénev. Él los menciona como si fueran exnovias que le cambiaron la vida”— y al instante otra compañera le responde con una vídeo-reseña de la youtuber Essentia Libris, o quizá con un podcast de Punzadas, o quizá con un comentario de Goodreads de @etoilesinde, o quizá con un hilo de Marta Rebón, como dando a entender al resto de alumnas que leer al ruso no es necesariamente una red flag.

Banderas aparte, y aunque ya imaginamos que a muchos les gustaría saber el motivo exacto de la proliferación de lecturas dostoievskianas en nuestro país y más específicamente en nuestras pantallas —para comprobar si el fenómeno británico es, o no, extrapolable a estas tierras; o para ver cuánta tajada seguiremos sacando a costa de un condenado a muerte— podríamos alargar este relato, imaginando que a la misma hora en la que sucedía todo aquello, antes de cerrar la jornada desde una oficina barcelonesa, la editora júnior Vera Melitón introduce el nombre del ruso en GfK y echa cuentas: en 2025, alrededor de 20.000 ejemplares de Noches blancas se han despachado entre ediciones de bolsillo o ilustradas, publicadas en grandes grupos o sellos independientes. “Nada mal”, susurra Melitón, con los ojos como dólares. La pregunta que le asalta inmediatamente, sin embargo, no es “por qué ahora”. Ni siquiera “por qué su literatura vuelve hoy”. Lo que ella desea saber es qué tiene Fiódor M. Dostoievski para que nunca se haya ido.

Acribilla a preguntas sobre la fe y el odio, la resistencia, la pobreza, las esperanzas rotas… Con tal de averiguarlo, primero estudia su carta astral, y luego se pone seria. Melitón lee de una sentada El universo de Dostoievski, una amable biografía de Tamara Djermanovic, donde todas las curiosidades sobre la familia, los amoríos, las adicciones o la religiosidad del autor escorpiano se estructuran por capítulos titulados como cada una de sus grandes obras. Lo que aquí se aprende, certifica aquello que Emil Cioran había señalado en Ejercicios de admiración: “Que su destino precede a su vida”.

Entonces, se pregunta Melitón, ¿es su excepcional biografía lo que atrapa a viejos y nuevos lectores por todo el mundo, o es su excepcional obra lo que se cuela, casi sin permiso, en las entrañas vulnerables de quienes lo leen?

A Stefan Zweig, por ejemplo, le resultaba “difícil y de mucha responsabilidad hablar dignamente” de Dostoievski, “y de su importancia para nuestro mundo interior”. En Tres maestros, Zweig reconoce que su mente siempre pierde la esperanza de “penetrar” el mundo que él despliega: “Su magia es demasiado extraña al primer encuentro; su pensamiento, demasiado velado por las tinieblas del infinito; su mensaje, demasiado enigmático para que el alma pueda mirar directamente este cielo como contempla el propio”.

Y luego remata: “Dostoievski no es nada si no lo vivimos desde dentro. Ante todo, en lo más profundo de nuestras almas”. Pero es que hay más.

Ya hace un siglo largo, durante la conferencia La revolución y la novela rusa, pronunciada en Madrid en 1887, Emilia Pardo Bazán se refirió a Dostoyeuski —así lo pronunciaba ella entonces— como el Dante ruso. Dijo que era un entusiasta místico, un visionario poseído por la fiebre, la sinrazón y “la enfermiza intensidad psicológica de los cerebros cultivados de su tierra”. Y para una España que todavía estaba pendiente de leerlo, Pardo Bazán lanzó una brutal advertencia: “Que no lo lean las gentes de alma sensible, de blanda organización, enemigas de las escenas de horror, ni menos los enamorados del clasicismo en cuanto serenidad, armonía y luz. Con él entramos en una estética nueva, donde lo horrible es bello, lo desesperado consuela, lo innoble raya en sublime; donde las rameras enseñan el Evangelio, los hombres van a la regeneración por el camino del crimen, el presidio es escuela de compasión y elemento poético el grillete. Mal que nos cuadre hemos de admirar a un novelista cuya lectura parece excitación sistemática al asesinato o pesadilla de noches de calentura”. Wow. “Contundente, nuestra Emilia”, piensa Melitón, todavía atada al escritorio del despacho. “Será que, en tiempos de búsqueda desesperada de la fe, lo que consuela no es tanto la luz como la narración exasperante de nuestras contradicciones”, se dice. Sin haber hallado una respuesta a su pregunta, la editora intuye que si la obra de Dostoievski gusta hoy y gusta siempre es porque habita ese tiempo detenido desde el que los relatos sostienen el dolor y las pasiones de los siglos; porque su asco interpela, sin cortes, todos los presentes. “Qué estúpido sería preguntarse por qué Cervantes hoy, por qué Safo ahora, por qué Kafka o por qué Woolf en este día”, sentencia.

Y al final, justo cuando Vera Melitón logra abandonar su puesto de trabajo en una oficina de Barcelona, en otro punto menos cálido y más ruidoso de la ciudad es mi cuerpo el que se arrodilla y se arrastra por el suelo polvoriento de la incomprensión, es mi lengua la que se alarga buscando subrayar con saliva la página de ese ensayo en el que René Girard dijo que si a Dostoievski se le considera inigualable no es porque sea genial, sino por la miseria incrementada de sus personajes. Como ocurre con todo lo que nos importa, con todo lo que volvemos heroico, con todo lo que consumimos excesivamente dentro y fuera de nuestras pantallas: “Se le glorifica por lo mismo que, todavía ayer, lo convertía en sospechoso”. No sé cómo alguien es capaz venerar a otro escritor después de haber leído todo esto, pienso ahora, abatida, tan cansada de escribir este cuento.

“¿Pero se puede amar verdaderamente a Dostoievski?”, había preguntado mucho antes que yo la filósofa Julia Kristeva en uno de los mejores ensayos que he leído sobre el ruso. Creo que ya tengo la respuesta: ¡se debe!

Lecturas

Noches blancas, de F. M. Dostoievski. Traducción de Marta Sánchez-Nieves. Nórdica, 2025. 120 páginas, 22,50 euros.

Los hermanos Karamázov, de F. M. Dostoievski. Traducción de Fernando Otero Macías. Alba, 2013. 1.008 páginas, 42 euros.

Dostoievski, mi marido, de Ana G. Dostoievskaia. Traducción de Cecilia Manzoni. Espinas, 2021. 304 páginas, 16 euros.

El universo de Dostoievski, de Tamara Djermanovic. Acantilado, 2021. 272 páginas, 14 euros.

Mentira romántica y verdad novelesca, de René Girard. Traducción de Joaquín Jordá. Anagrama, 2023. 286 páginas, 13,90 euros.


Recuerdo de Tierno Galván

 Cuarenta años sin Tierno Galván, la “cercanía ilustrada”, en El País, Ángeles Caballero, Madrid - 19 ene 2026:

El alcalde más carismático y culto de Madrid falleció el 19 de enero de 1986 convertido en una figura de consenso a izquierda y derecha.

Al día siguiente de la muerte de Enrique Tierno Galván a los 67 años, el lunes 20 de enero de 1986, el diario ABC le dedicaba íntegras la foto- del que fue alcalde de Madrid y el dibujante y escritor Antonio Mingote- y el titular de portada: “Un socialista honrado”. Dentro, además de una galería de fotos, una doble página titulada: “Enrique Tierno, una vida en favor de la libertad”. Se despedía entonces a una figura de consenso, como consenso parece haber cuarenta años después a la hora de homenajearlo. “El alcalde Martínez Almeida se ha portado de maravilla. Me dijo que lo que necesitáramos, y he conseguido que vengan todos”, cuenta satisfecho Juan Barranco, que fue también regidor de Madrid, primer teniente de alcalde con Tierno y una de las tres personas que acompañaron al viejo profesor en la habitación 517 de la Clínica Ruber que lo vio morir.

Las crónicas contaron entonces que más de un millón de personas salieron a la calle para despedirle y que más de 100.000 personas visitaron la capilla ardiente instalada en la Casa de la Villa. La comisión que preparó el entierro tuvo que cambiar de estrategia porque se triplicó el tiempo que habían calculado que duraría el traslado del féretro por el centro de la ciudad. El funeral, celebrado en San Francisco El Grande, fue retransmitido por TVE y su realización corrió a cargo de Pilar Miró, que hizo traer desde un museo de Barcelona una carroza de la que tiraban seis caballos de color negro. Transcurrió de manera pacífica y sin altercados.

“Es la mayor manifestación de duelo que ha vivido Madrid”, cuenta Barranco. “Cuando subí al escenario a decir unas palabras, que pronuncié a duras penas, pude ver a unas monjas y al lado un punki con la cresta morada. Porque no solo ganaba elecciones, también se ganaba a la gente”, añade. Lo define con dos palabras: “Cercanía ilustrada”.

Pilar Fernández trabajaba como abogada y a los 34 años dejó de ejercer para incorporarse “en las listas de Don Enrique” para aspirar al Ayuntamiento de la capital. Porque siempre lo llamó de usted y viceversa. Otros tiempos, otras maneras, otro Madrid. A Fernández le encargaron crear la concejalía de servicios sociales, porque lo que había habido hasta entonces “era beneficencia”. Habla de objetivos como un Madrid más justo, más participativo, “de ciudadanos, no de súbditos”, al que ayudó la Movida, porque fue “lo que acabó de implicar a los ciudadanos”. Y dibuja a un hombre repleto de carisma, de memoria prodigiosa. “Recuerdo que me decía: ‘Me gustaría que esto se resolviera’ o ‘Es interesante que hagamos esto’. Era su manera educada de darnos órdenes. Porque más vale que lo hiciéramos, ya se encargaba de recordárnoslo”, bromea.

“Tierno era tanto de villa como de corte. Tenía el pedigrí del catedrático y al mismo tiempo era muy cercano a la gente. Mezclaba esos modales ecuménicos y los bandos municipales de prosa barroca con las palabras que pronunció delante de tanta gente joven en el concierto del Palacio de los Deportes. Fue el alcalde por antonomasia que ha tenido esta ciudad”, narra Agapito Pageo, miembro de la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid. “Alguien capaz de traducir el ‘Tractatus’ de Wittgenstein y apoyar la Movida madrileña solo puede tener una cabeza de lo más solvente”, afirma el editor literario Joaquín Palau. Al papa Juan Pablo II, durante su visita a España en 1982, lo recibió y lo despidió en latín.

“Nos encontramos con un Madrid asfixiado por la dictadura y la burocracia. Muy desigual, muy por hacer, lleno de chabolas”, explica Barranco. Y se encontraron también con una juventud con una gran vitalidad cultural. “El Ayuntamiento le hizo cómplice de aquello y a eso la gente le llamó La Movida. Sin más”. Parte de las infraestructuras de la ciudad que hoy ven vecinos y vecinas se construyó entonces y se mantiene décadas después. Ifema, el Planetario, Mercamadrid y hasta los patos del Manzanares.

Quedarse solo con el Tierno de aquellas palabras animando a colocarse del concierto del Palacio de los Deportes y la imagen que captó Marisa Flórez del alcalde entregándole un premio a Susana Estrada es reduccionista, aunque salgan en cualquier conversación que hable de él. “El alcalde tenía más miga que las frases mediáticas y el don de la oportunidad para recibir un flashazo en el momento más oportuno”, escribe el periodista Arturo Lezcano en su libro ‘Madrid, 1983’, editado por Libros del KO.

Algunos de los que lo conocieron coinciden al recordar la adoración que le profesaban las monjas. Esas que un día que lo vieron le dijeron: “Don Enrique, sepa que rezamos por usted”. Frase a la que él, agnóstico perdido, respondió con un “hacen bien, que todo cuenta”. Otros recuerdan detalles a lo mejor no tan conocidos, como lo que ocurrió durante la visita de Ronald Reagan en 1985. “No quiso venir al Ayuntamiento a recibir las llaves de oro de la ciudad, como entregábamos a todos los mandatarios, porque decía que Tierno era un marxista. Nos sugirieron que se la lleváramos a la embajada de Estados Unidos, pero Tierno no quiso. “No creo que a los madrileños les produzca congoja”, dijo”, narra Juan Barranco. Tan ácido como barroco.

Memorias de Jung Chang, disidente china

 Jung Chang, escritora: “Si la gente pensara que China es tan maravillosa iría para allá”, en El País, Berna González Harbour, Madrid - 10 feb 2026 

La autora firma una biografía familiar trepidante, desde el concubinato de su abuela a su exilio desde su China natal.

Jung Chang saltó a la fama en 1991 al publicar su historia en Cisnes salvajes, una odisea a partir de la vida de su abuela, concubina de un general durante el imperio chino; la de su madre, líder comunista luego represaliada; y la suya propia, joven de la Guardia Roja china desencantada tras la devastadora represión de la Revolución Cultural. Aquella joven nacida hace 73 años en Yibin (Sichuán, China) logró salir a Londres, estudiar, escribir y triunfar y ahora vuelve con Vuelan los cisnes salvajes (Lumen), donde retoma una biografía familiar trepidante, imbricada en la historia china del último siglo.

Pregunta. Su libro rezuma miedo. ¿Sigue sintiéndolo?

Respuesta. Sí porque crecí bajo el mandato de Mao y el miedo estaba embebido en nuestros corazones. Hoy intento derrotarlo, no sentirlo y seguir con mi vida, pero está.

P. Retrata a su madre como una gran luchadora. ¿Cuál fue su principal lección?

R. Hoy tiene más de 90 años, está muy frágil y no podemos hablar mucho, pero nos podemos ver por videollamada. Ella me enseñó a ser fuerte, valiente, a hacer lo que creo correcto y a escribir, a contar la verdad.

P. ¿Reconoce la China de hoy, la de Xi Jinping?

R. Es muy distinta de la de Mao. Yo crecí en tiempos de violencia pública, de denuncias horribles cuando se paseaba a las víctimas por las calles, se les pegaba, incluso niños a sus padres. Y hoy es muy distinto. Hay miedo y represión, pero no se puede volver al maoísmo.

P. ¿Hoy China es más capitalista o comunista?

R. En esencia, sigue siendo comunista, en China aún no se permite la propiedad de la tierra sino solo comprar derechos de uso por 70 años. A la gente se le permiten ciertas libertades y tener dinero, pero si el partido lo decide, puedes perderlo todo. Hay libertad, pero siempre que no vayas más allá de los límites del partido.

P. ¿Su peor recuerdo?

R. Ver a mis profesores ser pegados en la escuela, ver a mis padres torturados, a mi abuela sufrir muchísimo dolor. Uno de los peores recuerdos fue ver a mi abuela desmayarse cuando mi madre sufría, cuando era exhibida por las calles humillada, atormentada. Mi abuela se desmayó ante mí y su cuerpo cayó rígido como una tabla, su cráneo chocó contra el suelo, perdió la conciencia y ese momento me aterrorizó.

P. La vida de su abuela quedó marcada por su concubinato cuando solo tenía 15 años.

R. Ella fue entregada a un general para ser su concubina en los años veinte y, cuando él murió y mi abuela quiso casarse, la familia de su novio se puso en contra por la deshonra que iba a suponer. Su hijo se pegó un tiro y murió. La vida se convirtió en imposible para mi abuela, a mi madre la acosaban muchísimo y eso conformó su personalidad. Por eso se unió al comunismo, que prometía acabar con el concubinato. Pero después quedó devastada porque la asociación de mujeres comunistas que debía liberarlas tampoco quería a mi abuela, ni sentarse con ella en la boda.

P. ¿Es posible superar esos traumas?

R. Cuando viajé a China y hablé con muchas personas para mis libros descubrí que, al abordar el pasado, esas personas cambiaban y se ponían a temblar, no encontraban las palabras, no hablaban de forma coherente. Me di cuenta de que el trauma no se había convertido en recuerdo y no podían pensar en el pasado sin perderse, no sabían qué hacer, qué decir, el dolor era demasiado profundo. Ojalá lo hubiesen podido tratar los psicólogos. El recuerdo fue borrado a propósito, metido debajo de la alfombra. A la gente se le pidió ignorar y olvidar.

P. Usted creció fascinada por Mao.

R. Crecí bajo el culto a su personalidad. Mao era nuestro Dios. Yo misma empecé a horrorizarme con la Revolución Cultural, tenía 14 años y no pensé en culpar a Mao, era una persona que venía dada, como comer, vestirse y obedecer. Poco a poco, con los años, cuando logré irme de China en 1978, a los 26, Mao estaba muy lejos de ser Dios en mi mente. El día que murió todo el mundo estaba llorando, pero yo tenía los ojos secos, no tenía lágrimas para él. Después le investigué para una biografía que firmé con mi marido [Mao, la historia desconocida, Taurus, con el historiador Jon Halliday], descubrimos verdades horribles y hoy le veo como una de las personas más malvadas del siglo XX en el mundo, al lado de Hitler y Stalin.

P. Desde hace unos años no puede volver a China. ¿Conocen allí sus libros y su fama?

R. Hoy hay menos personas que me conocen a mí y a mis libros que hace diez años. Cuando se publicó Cisnes salvajes y la biografía de Mao, aunque fueron prohibidos, había ediciones piratas. Pero ahora mismo el control es mucho más fuerte debido a las tecnologías. Mi nombre y el de mis libros están totalmente bloqueados. El software y aplicaciones que se usan te hacen la vida muy fácil, puedes pagar y hacer muchas cosas, pero facilitan el control. Por eso menos personas me conocen hoy.

P. ¿Cree que verá allí publicados sus libros?

R. No lo sé. Es poco probable. Están pasando muchas cosas como la nueva purga en el Ejército, personas que eran base de poder de Xi Jinping han caído y hay mucha determinación de tomar Taiwan por la fuerza. Ojalá sucediera, pero ya se verá, hay muchas variables que desconozco.

P. ¿Cree que Trump conseguirá hacer a China Más Grande de Nuevo, en lugar de a América, visto lo visto?

R. Lo que Trump ha hecho a sus aliados es lo que China quiere ver, pero eso no hace o no debería hacer de China un mejor amigo de Occidente. No creo que los europeos sean tan ingenuos como para unirse al otro lado al no estar contentos con el comandante de su bando. Y China no mira a los países democráticos como amigos, básicamente los quiere utilizar. Son dos cosas distintas.

P. Pero la reputación de China va aumentando mientras decrece la de EE UU.

R. No estoy muy segura. Hay muchas personas y países que quieren el dinero chino y por eso dicen cosas bonitas sobre China, pero nada más. Los refugiados arriesgan su vida y cruzan mares para ir a EE. UU. y Europa, pero nadie está corriendo hacia China. Si realmente pensaran que es tan maravillosa, irían para allá. En China había una broma política: “¿Qué tienen en común un chino y un ciudadano de una democracia? Que ambos pueden abusar del gobierno democrático”.

Discurso de Bob Dylan

 Bob Dylan se defendió de sus detractores poniendo el ventilador: “Dicen que sueno como una rana. ¿Por qué no dicen eso de Leonard Cohen?", Alicia Sánchez, 10/02/2026 

Tras situarse en el estrado con un manojo de folios, se dispuso a ofrecer un insólito y sorprendente discurso durante casi 40 minutos. 

Una nutrida representación de la música internacional, como Bruce Springsteen o Tom Jones, quiso honrar al genio de Minnesota. En Febrero de 2015, Bob Dylan fue distinguido como Persona del Año en la prestigiosa gala benéfica de MusiCares de manos del mismísimo ex presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter. Y Robert Zimmerman, poco dado a hacer apariciones públicas o estar en el foco, esa noche, por lo que sea, se explayó. Además de agradecer a Sonny & Cher o a los Byrds sus versiones, o a dedicar palabras de admiración hacia Nina Simone o Jimi Hendrix, también se acordó de sus detractores, de quienes le habían criticado diciendo que no podía cantar y sonaba como una rana. Pero su defensa, fue un ataque: “¿Por qué no dicen eso de Leonard Cohen? ¿Por qué no critican a Tom Waits? ¿Por qué yo, Señor?”.

El 6 de Febrero de 2015, la industria musical norteamericana rindió homenaje a Bob Dylan. Fue nombrado Persona del Año en el 25º aniversario de la gala anual benéfica MusiCares, celebrada en la misma semana que 57ª edición de los premios Grammy. Al prestigioso evento en el Centro de Convenciones de Los Ángeles acudió toda una constelación de estrellas mundiales.

Por la alfombra roja y por el escenario. Neil Young, Bruce Springsteen, Tom Jones, Alanis Morissette, Sheryl Crow, Beck, Crosby, Stills & Nash, Norah Jones, Bonnie Raitt, Jackson Browne, o Jack White, entre otros, hicieron suyas algunas de las composiciones del genio homenajeado. Se intercalaron vídeos de felicitación de quienes no habían podido asistir a la gala, entre otros Paul McCartney, Jeff Bridges o Martin Scorsese.

Después de las actuaciones estelares, el mismísimo ex presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, le entregó el premio y le elogió por “una vida dedicada a los derechos humanos” o diciendo que sus palabras “son más precisas y permanentes que ninguna de las dichas por un presidente de los Estados Unidos”. El político del Partido Demócrata era alguien que, según el artista, "me demostró que sentía un agradecimiento sincero hacia las canciones que había escrito".

Con todo el recinto en pie, aplaudiendo, Dylan aprovechó la rara oportunidad de ser el centro de atención e hizo algo que nadie esperaba. Se situó en el estrado con sus folios y dio uno de los discursos de aceptación más sonados de todos los ofrecidos en el cuarto de siglo del evento. Como es sabido, Dylan suele evitar hablar durante sus conciertos. Por eso, ese viernes, su larguísima charla de casi 40 minutos, calificada de audaz y valiente, dejó atónitas a las 3000 personas que llenaban el recinto angelino. Todos permanecieron en absoluto silencio cuando el músico anunció: “Voy a leer algo de esto”.

Principalmente, sus palabras estuvieron repletas de gratitud hacia quienes le habían apoyado desde el principio y hacia aquellos que habían hecho versiones de sus canciones – Peter, Paul & Mary, los Turtles, los Byrds, Sonny & Cher. Igualmente, tuvo palabras de admiración hacia Nina Simone (“Solía pasear con Nina Simone por Nueva York, ella era la clase de artista en la que fijarse. Un monstruo, pura dinamita en directo que sabía cantar y tocar el piano como nadie") o hacia Jimi Hendrix (“Nunca olvidaré a Jimi Hendrix. Él cogió algunas cancioncillas mías a las que nadie prestaba atención y las llevó fuera de los límites de la estratosfera, convirtiéndolos en clásicos. Ojalá hubiera estado aquí”). También manifestó su gratitud hacia Johnny Cash, Joan Baez o Staple Singers.

Pero en su disertación, Bob Dylan se despachó a gusto. Y no solo tuvo una respuesta ingeniosa hacia sus detractores, aquellos que llevaban toda la vida vituperando su voz o su música. Encendió el ventilador y esparció reproches a diestro y siniestro… no era justo que solo él hubiera sido objeto de tanta crítica negativa.

"Oh, sí. Los críticos me han estado dando momentos difíciles desde el Día Uno. Los críticos dicen que no puedo cantar. Que croo. Sueno como una rana ¿Por qué no critican lo mismo a Tom Waits? Dicen que mi voz está cascada. Que no tengo voz ¿Por qué no dicen estas cosas sobre Leonard Cohen? ¿Por qué me dan a mí un trato especial? Los críticos dicen que no puedo entonar una melodía y por eso hablo a mi bola durante las canciones ¿En serio? Nunca he oído que digan eso de Lou Reed ¿Por qué él sale impune?”.

“¿Qué he hecho para merecer esta atención especial? ¿No tengo rango vocal? ¿Cuándo ha sido la última vez que habéis escuchado a Dr. John? ¿Por qué no decís eso de él? Arrastro las palabras, no tengo dicción ¿Habéis escuchado alguna vez a Charley Patton o a Robert Johnson, Muddy Waters? Habláis de palabras arrastradas y de falta de dicción… ni siquiera importa”. Y continuó “’¿Por qué yo, Señor?’ Me digo a mí mismo. Los críticos dicen que destrozo mis melodías, que hago de mis canciones algo irreconocible ¿En serio?”.

El discurso, por insólito e inesperado se convirtió en una memorable sorpresa que siempre será recordada. Por cierto que la gala benéfica recaudó en esta ocasión 7 millones de dólares que se destinaron a la salud y el bienestar de los profesionales de la música.

Dossier esquizofrenia

 Si recientemente se le ha diagnosticado esquizofrenia a un miembro de su familia o amigo, su apoyo y ayuda para garantizar que recibe el cuidado adecuado pueden jugar un papel muy importante.

Éstas son algunas cosas que puede hacer para ayudar:

*Infórmese acerca de la esquizofrenia y su tratamiento para entender mejor la enfermedad. La información de esta página web es un buen punto de partida.

*Asista a (citas) consultas con ellos

*Anímelos a continuar tomando su medicación

*Si están de acuerdo, mantenga un registro de sus síntomas, ya que de este modo pueden percibirse los primeros signos de una posible recaída.

Un diagnóstico de esquizofrenia puede cambiar drásticamente la vida de una persona, de modo que su apoyo y ánimo continuos resultarán cruciales para ayudarles a continuar con sus vidas.

*Encuentre grupos de apoyo locales, tanto para usted como para la persona que está cuidando.

*Destaque las cosas que hacen bien. Un enfoque positivo resulta más efectivo que la crítica.

Anímelos a continuar con su medicación del modo (recetado) prescrito, incluso cuando parezcan estar bien. Acompáñelos a las citas y anímelos a realizar preguntas sobre su enfermedad y el tratamiento.

Pueden creer fervientemente en cosas que no son verdad (delirios), como que otras personas están leyendo su mente, controlando sus pensamientos o conspirando contra ellos. Como su mundo se ve distorsionado a menudo por las alucinaciones y los delirios, las personas con esquizofrenia pueden sentirse asustadas, ansiosas y confundidas. Es posible que se vuelvan retraídas, y que su lenguaje y conducta también se vuelvan tan desorganizados que asusten a las personas de su alrededor. Si le preocupa el comportamiento de alguien a quien cuida y piensa que puede estar sufriendo una enfermedad mental como la esquizofrenia, es vital obtener ayuda médica para esta persona lo antes posible. Si no puede convencerlo de ir a un médico voluntariamente, tal vez deba ponerse en contacto con su equipo de salud mental local o con su trabajador social para obtener asesoramiento.

¿Cómo manejar una situación con una persona que sufre de esquizofrenia?

Para manejar una situación con una persona que sufre de esquizofrenia, mantén la calma, reduce las distracciones y háblale en voz baja y respetuosa, reconociendo que sus delirios son reales para ella. Anímala a seguir el tratamiento médico, ofrece tu apoyo sin juzgar y considera buscar grupos de apoyo para familiares. Si hay un peligro inmediato, llama a los servicios de emergencia.

Durante una crisis o alucinación:

*Mantén la calma: y habla en un tono tranquilo y bajo.

*Reduce las distracciones: apagando la televisión, luces fluorescentes y sacando a los visitantes.

*Crea un espacio seguro, sentándote y pidiéndole que haga lo mismo, manteniendo un espacio personal.

*Habla con ella, preguntándole qué está pasando y si tiene miedo o está confundida, pero sin discutir sus delirios como si fueran hechos reales.

*Reafirma lo que tú ves, diciendo algo como "yo no veo/oigo lo mismo que tú", para ayudarla a diferenciar la realidad.

*No toques a la persona: a menos que sea realmente necesario, y evita el contacto visual directo y continuo.

Apoyo a largo plazo:

*Fomenta el tratamiento, animando a la persona a buscar y continuar la ayuda de un profesional de la salud mental.

*Busca apoyo para ti, acudiendo a grupos de apoyo y educación para familiares, como los que ofrece la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (NIMH).

*Participa en la terapia familiar, que puede ayudarte a entender los planes de tratamiento y ofrecer apoyo de manera efectiva.

*Sé paciente y ofrece compañía, ya que la soledad puede intensificar los síntomas.

Cuándo buscar ayuda inmediata:

Si la persona es un peligro para sí misma o para otros, o no tiene acceso a alimentos, ropa o refugio, llama a los servicios de emergencia (como al 911 en Estados Unidos).

Un profesional de la salud mental debe evaluar la situación para determinar la necesidad de una hospitalización.

Esquizofrenia: Qué es, causas y síntomas:

La esquizofrenia es un trastorno cerebral crónico. Entre sus síntomas se incluyen las alucinaciones, los delirios, la falta de motivación, el habla desorganizada y las dificultades cognitivas.

A menudo se ha relacionado la esquizofrenia con la «personalidad dividida». Este error se basa en el nombre, de raíces griegas: esquizo, que significa dividir y frenia, que significa mente. Sin embargo, la enfermedad hace alusión a la división entre la racionalidad y las emociones, no a una división dentro de la personalidad. La personalidad dividida es un nombre antiguo para el trastorno de personalidad múltiple, que es en sí mismo un nombre obsoleto para el trastorno de identidad disociativa, un diagnóstico oficialmente reconocido pero aún controvertido.

Otro mito relacionado con el trastorno de esquizofrenia hace referencia a la idea que se tiene de que las personas con esquizofrenia son más violentas que el resto de la población. Las investigaciones demuestran que, al contrario, ellos suelen ser víctimas de delitos.

¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad biológica de la que los científicos no están seguros de qué la causa. Está relacionada con la genética, los virus y con problemas en el nacimiento, así como con diferencias en la estructura cerebral.

También influyen factores como el consumo temprano de drogas y con factores estresantes de la vida. Pese a lo que se pueda pensar, no hay evidencia de que la esquizofrenia sea el resultado de la crianza parental o de una debilidad de carácter.

Es una enfermedad que altera el funcionamiento del cerebro en diferentes grados y de diferentes maneras. Entre sus síntomas se pueden incluir delirios, pensamientos confusos y alucinaciones.

Hay muchos trastornos mentales que comparten algunos síntomas. Por ejemplo, los delirios o alucinaciones a menudo pueden ocurrir con la depresión severa o con otro tipo de trastornos mentales. Por esta razón, hacer un diagnóstico preciso de la esquizofrenia puede llevar bastante tiempo.

¿Cómo es una persona con esquizofrenia?

La esquizofrenia se caracteriza por alteraciones significativas en la percepción de la realidad y cambios en el comportamiento.

Los síntomas suelen manifestarse entre finales de la adolescencia y mediados de los 30 años y, generalmente aparecen de forma gradual, intensificándose con el tiempo.

Vivir con esquizofrenia puede ser una experiencia aterradora, y la tristeza suele ser una respuesta natural a la sensación de estar atrapado en una situación angustiante y solitaria.

Las personas con trastorno de esquizofrenia pueden tener problemas para organizar sus pensamientos o hacer conexiones lógicas.

Pueden sentir que su mente salta de un pensamiento a otro sin ninguna relación.

A veces tienen «retirada del pensamiento»: una sensación de que los pensamientos se eliminan de su cabeza, o «bloqueo del pensamiento»: cuando el flujo de pensamiento se interrumpe repentinamente.

En relación con el habla, pueden hacerlo sin sentido o inventar palabras.

Y pueden estar agitados o no mostrar ninguna expresión. Muchos pacientes tienen problemas para mantenerse aseados.

Algunos comportamientos repetitivos, como el ritmo. A pesar del estigma, el riesgo de violencia contra los demás es pequeño.

Causas de la esquizofrenia:

Aún no se conocen con certeza las causas de la esquizofrenia.

Sin embargo, las investigaciones sugieren que la combinación de factores biológicos, genéticos y ambientales podría desencadenar la enfermedad.

A. Causas biológicas:

Los cambios en la estructura y la química del cerebro pueden contribuir a la esquizofrenia. Las personas con esta condición suelen tener ventrículos más grandes, lóbulos temporales mediales más pequeños (responsables de la memoria) y conexiones anormales entre las células cerebrales. La investigación también ha relacionado el trastorno de esquizofrenia con la pérdida de tejido cerebral, ya que las tomografías por emisión de positrones (PET) y las resonancias magnéticas (MRI) muestran una reducción de la materia gris.

Las deficiencias en los neurotransmisores, como la dopamina y el glutamato, pueden contribuir a la esquizofrenia. Un desequilibrio en la dopamina puede causar alucinaciones y delirios. Los medicamentos antipsicóticos bloquean la dopamina para tratar estos síntomas. El glutamato afecta la memoria, el estado de ánimo y el pensamiento, y su actividad alterada puede causar síntomas como falta de emoción y dificultades sociales.

B. Causas genéticas:

La investigación indica que casi el 80% del riesgo de esquizofrenia está relacionado con la genética. Sin embargo, algunas personas sin antecedentes familiares también desarrollan trastorno de esquizofrenia, lo que sugiere que también influyen los cambios genéticos individuales.

No existe un solo «gen de la esquizofrenia», sino que múltiples mutaciones genéticas aumentan el riesgo. Algunos de estos genes están relacionados con el desarrollo cerebral y con el sistema inmunológico, particularmente con la inflamación, que se vincula a diversas enfermedades físicas y mentales.

C. Causas ambientales:

Los problemas surgidos durante el embarazo y el nacimiento:

Los eventos traumáticos en la infancia, como abusos o la muerte de un progenitor, también se asocian con un mayor riesgo. Además, el uso de sustancias, como estimulantes y el cannabis, puede inducir a la psicosis, especialmente si se comienza a una edad temprana o se realiza de forma frecuente. Las personas refugiadas e inmigrantes enfrentan un mayor riesgo a sufrir esquizofrenia debido a traumas, discriminación e inestabilidad.

Síntomas de la esquizofrenia:

Los síntomas se dividen en tres categorías principales: síntomas positivos, síntomas negativos y síntomas cognitivos.

1. Síntomas positivos de la esquizofrenia:

Los síntomas positivos son la presencia de sensaciones, creencias y comportamientos tales como:

1.1 Alteraciones en los procesos de pensamiento.

1.2 Delirios: creencias falsas, como la paranoia (creer que otros quieren hacerte daño), somáticos (creencias falsas sobre el cuerpo) y grandeza (creer que se tienen poderes especiales o un estatus especial).

1.3 Alucinaciones: percibir cosas que no son reales, como oír voces, ver cosas o sentir sensaciones que otras personas no experimentan.

1.4 Dificultades emocionales: las emociones pueden fluctuar mucho, desde una extrema felicidad hasta tristeza. A veces las personas pueden sentirse insensibles o desconectadas de la realidad.

1.5 Comportamiento: actuar de manera inusual, mostrando comportamientos inapropiados debido a los delirios.

2. Síntomas negativos de la esquizofrenia:

Los síntomas negativos son la falta de habilidades importantes, como:

2.1 Incapacidad para disfrutar de actividades.

2.2 Baja energía.

2.3 Expresión facial plana con menor movimiento físico.

2.4 Baja motivación.

2.5 Dificultad para iniciar actividades.

2.6 Incapacidad para hacer o mantener amistades o indiferencia por tenerlas.

Aunque estos síntomas pueden parecer menos disruptivos que las voces, los pensamientos extraños o los delirios, afectan significativamente la vida del paciente.

3. Síntomas cognitivos de la esquizofrenia:

Los síntomas cognitivos se refieren a dificultades con la concentración y la memoria e incluyen:

3.1 Pensamiento desorganizado.

3.2 Pensamiento lento.

3.3 Dificultad para entender.

3.4 Pobre concentración.

3.5 Mala memoria.

5.6 Dificultad para expresar pensamientos.

5.7 Dificultad para integrar pensamientos, manejar las emociones y comportamientos.

Pese a que no tiene cura, los avances científicos modernos ayudan a estudiar las estructuras y funciones del cerebro. En este sentido, se están haciendo avances prometedores en cuanto al tratamiento de la esquizofrenia.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Grokipedia y Wikipedia

 La guerra de las enciclopedias: Elon Musk contra Wikipedia, en El País, por Fernando Maldonado.

Wikipedia cumplió 25 años el 15 de enero. La batalla más importante de su historia acaba de empezar. ¿Podrá sobrevivir?
 
La mayor base de conocimiento jamás creada. Uno de los mayores experimentos de colaboración humana. Así es Wikipedia: un acervo vivo que pertenece a todos. La dirige una fundación sin ánimo de lucro. Sin publicidad. Sin recogida de datos personales. Vive de las donaciones de particulares.

Su mayor logro en estos 25 años ha sido generar consensos sobre temas espinosos. Un reciente estudio de la Universidad de Cambridge destaca que con el tiempo se ha vuelto más fiable. Siempre persiguiendo esa quimera que es la neutralidad. Algo inalcanzable en la práctica. El historiador Edward H. Carr ya lo advirtió: al seleccionar qué hechos son relevantes y cuáles no, se introduce inevitablemente una interpretación, una visión del mundo. Una idea extensible tanto al periodismo, al decidir qué es noticiable, como a las entradas de una enciclopedia online.

Por eso los conflictos de Oriente Medio también saltan a sus páginas. Allí, un ejército de voluntarios anónimos actualiza contenidos y debate qué eventos añadir y cómo contextualizarlos hasta lograr consenso. Varias versiones de un mismo hecho se generan en la trastienda, pero solo una es visible. Por debajo, cuando el tema es sensible, estallan guerras de edición. Ya sea sobre Gaza o sobre figuras políticas controvertidas como Charlie Kirk.

Cualquiera puede publicar siguiendo el principio de que todo hecho requiere una fuente fiable, verificable, con estándares reconocidos. Por detrás, los editores revisan. En casos extremos se limita quién puede trabajar en ciertas entradas. A 14 editores, por ejemplo, se les prohibió editar páginas relacionadas con Israel y Palestina. En otros casos solo pueden participar quienes han contribuido numerosas veces. Son excepciones. Pero existen mecanismos de control: una jerarquía dentro de la edición e incluso un comité de arbitraje para los casos más polémicos.

Hasta ahora ha sido posible llegar a acuerdos. Pero el proyecto fue concebido en otra era. Una era anterior a las redes sociales, cuando el ritmo de la información permitía mayor deliberación. Un debate más sosegado. Hoy irrumpen dos fuerzas poderosas que lo impiden. Por un lado, los algoritmos prometen respuestas instantáneas. Por otro, la polarización política convierte cada dato en campo de batalla ideológico. Resulta muy tentador controlar esta inmensa base de conocimiento.

El 20 de enero de 2025, un editor decidió incluir una nota sobre Elon Musk. Mencionaba que durante un mitin político había realizado el saludo nazi desde el escenario. A los pocos minutos se debatía ya una entrada. El primer punto conflictivo: decidir si ese gesto era suficientemente relevante. Después vendría cómo debía recogerse. Hoy la polémica tiene su propia página.

El episodio no se quedó ahí. No sentó bien al propietario de X, antes Twitter, que ya había tenido un enfrentamiento personal con Jimmy Wales, uno de los fundadores de la enciclopedia. Llovía sobre mojado. Desde entonces, Musk intensificó sus críticas por lo que considera un sesgo woke. Llegó a afirmar que era una extensión de la propaganda de los medios tradicionales. Y denunció la ausencia de medios conservadores como fuentes autorizadas.

Canalizó su furia creando un competidor. A finales de octubre de 2025 lanzó Grokipedia. La presentó como una enciclopedia mejorada y sin sesgos, con contenidos más precisos gracias a la inteligencia artificial. Ya no es una red de personas y sus deliberaciones la que crea y valida el contenido. Ahora son las máquinas. El día del lanzamiento, Musk compartió en X: «El objetivo aquí es crear una colección completa y de libre acceso a todo el conocimiento«.

Por supuesto, este lanzamiento quedó recogido en Wikipedia:

Aunque aún se desconocen los detalles de su funcionamiento, los visitantes pueden sugerir ediciones mediante un formulario emergente para reportar información errónea. Pero, a diferencia de Wikipedia y otras enciclopedias basadas en wikis, no pueden editar directamente los artículos.

Grokipedia tiene su propia entrada, donde se define así:

Grokipedia es una enciclopedia online basada en IA. Fue anunciada por Elon Musk el 30 de septiembre de 2025, en respuesta a las críticas de David O. Sacks sobre el sesgo de Wikipedia, y lanzada el 27 de octubre de 2025 por xAI, una empresa estadounidense de inteligencia artificial fundada por Musk.

La definición esconde un detalle revelador: menciona como promotor intelectual del proyecto al principal asesor de la Casa Blanca en materia de IA. Vínculo directo entre esta iniciativa y la necesidad del poder político de controlar bases de conocimiento que no considera afines.

Pero la amenaza de la IA para Wikipedia no solo se materializa en el proyecto de Musk. También actúa desde dentro. Hoy muchos accesos no son de personas que buscan información. Son algoritmos que usan su contenido para entrenarse. Los grandes modelos de lenguaje se nutren de ella. Pero si la gente obtiene respuestas directamente de ChatGPT, Gemini o Perplexity, deja de visitarla. Y eso ya se nota: aunque se mantiene en el top 10 de páginas más visitadas del mundo, el número de usuarios ha descendido.

A esto se suma otro problema. Parte del contenido empieza a ser generado por IA. Los voluntarios que revisan no pueden controlarlo todo. La velocidad a la que se genera información es demasiado alta. Arrastra errores y alucinaciones más rápido de lo que ningún ejército humano puede detectar.

Wikipedia es, con todas sus imperfecciones, un faro en la era de la posverdad. Un proyecto que ha madurado. Fiable no por alcanzar una neutralidad imposible, sino porque son personas reales las que debaten, negocian y construyen cada entrada. Personas que muestran las fuentes, los desacuerdos, el proceso. La paradoja: ese modelo humano y colaborativo se convierte en debilidad cuando el mundo abraza la inmediatez de las máquinas y la polarización del debate. Veinticinco años después de su nacimiento está amenazada. La batalla por controlar el conocimiento acaba de comenzar.

Feynman habla sobre John von Neumann

 [Transcrito, traducido y corregido de YouTube: "Richard Feynman observed von Neumann's brain, and saw something not human", en Mathematically Proven.

 Vi al hombre más inteligente del mundo equivocarse en una respuesta. No es un error pequeño. Un completo fracaso. Pasó justo al lado de algo que pude ver claramente. Fue entonces cuando me di cuenta de que su cerebro funcionaba de manera diferente al mío.

No mejor. No peor. Diferente. Su nombre era John von Neumann. Y lo que aprendí al observarlo cambió mi forma de pensar sobre la inteligencia para siempre.

Déjame contarte lo que vi. Déjame llevarte de regreso a Los Álamos, 1944.

Estábamos construyendo la bomba atómica en medio del Desierto de Nuevo México. Yo tenía 26 años. Un don nadie. Acababa de terminar mi doctorado y de repente me vi rodeado por las mentes más grandes de la física. Oppenheimer dirigió toda la operación. Allí estaba Fermi, el hombre que construyó el primer reactor nuclear. Bethe dirigió la división teórica. Bohr voló desde Dinamarca.  Éstas no eran sólo personas inteligentes. Éstas fueron las personas que inventaron la física moderna.

Y luego estaba Johnny.

Von Neumann no era como los demás grandes hombres. Hablaba en serio. Intenso. Oppenheimer tenía esa mirada atormentada, como si llevara la peso del mundo. Fermi era tranquilo y metódico. Bohr era viejo y serio. Johnny era cálido. Divertido. Organizaba fiestas que duraban hasta la mañana. Contaba chistes sucios en cuatro idiomas. Conducía demasiado rápido. Vivió demasiado bien. Su casa en Princeton era legendaria. Los científicos volarían sólo para estar en sus fiestas. Y llevaba trajes de tres piezas en todas partes, incluso haciendo senderismo en los cañones del desierto. El resto de nosotros llevábamos camisetas, sudando por el calor. Johnny parecía que iba a una reunión de junta directiva. Me pareció muy gracioso.

Los domingos, un grupo de nosotros caminábamos por las rocas rojas. Caminábamos durante horas hablando de física, acerca de las matemáticas, sobre la bomba. Sobre lo que todo significó. Fue entonces cuando realmente pude observarlo. Para observar su mente trabajar de cerca.

Johnny lo resolvió en diez segundos.

Una tarde estábamos discutiendo un problema de cálculo. Algo que ver con el diseño de implosión. Las matemáticas eran confusas. Necesitábamos averiguar cómo se comportarían las ondas de choque en el interior del núcleo de plutonio. No recuerdo los detalles exactos. Lo que recuerdo es lo que pasó después. Todos estábamos pensando en voz alta, probando diferentes enfoques. Nos quedábamos atascados y empezábamos de nuevo.

Johnny se quedó en silencio durante unos diez segundos; luego nos dio la respuesta. La solución completa. Cada paso. Él simplemente lo dijo en voz alta, como si estuviera leyendo una página que sólo él podía ver. Había hecho todo el cálculo en su cabeza. Mientras todavía estábamos intentando resolver el problema, él tenía... ya la solución.

Me volví hacia Bethe. Bethe simplemente sacudió la cabeza y sonrió. Como si esto fuera normal. Como si esto pasara todos los días. Esto ocurrió todos los días. Esa fue la cosa. No podrías sorprender a Bethe con las habilidades de Johnny, ya no. Había visto demasiado. Ninguno de ellos tenía una mente como la suya. Tienes que entender cómo era la mente de Johnny. Porque esto no era inteligencia ordinaria. Esto fue algo más. 

Eugene Wigner ganó el Premio Nobel de Física. Él conocía a todo el mundo. Einstein. Heisenberg. Dirac. Planck. Los más grandes físicos del siglo XX fueron sus colegas y amigos. Años después, Wigner dijo algo que nunca olvidé. Dijo: "He conocido a muchas personas inteligentes en mi vida. Conocí a Max Planck. Conocí a Werner Heisenberg. Paul Dirac era mi cuñado. Leo Szilard y Edward Teller han estado entre mis amigos más cercanos. Y Albert Einstein también era un buen amigo". Luego dijo: "Pero ninguno de ellos tenía una mente tan rápida y aguda como John von Neumann". A menudo he observado esto en presencia de esos hombres, y nadie nunca me lo ha discutido. Piénsalo.

Wigner dijo esto delante de Einstein. Delante de Heisenberg. Ninguno de ellos discutió. Sabían que era verdad. Hans Bethe, mi mentor, dijo una vez que el cerebro de Johnny podría ser un órgano emergente, de un orden de complejidad diferente al de los mortales comunes y corrientes.

Él no estaba bromeando. Bethe era un hombre serio. No exageró. Déjame contarte lo que Johnny podía hacer, lo que un Johnny de seis años podía hacer .

Cuando tenía seis años, podía dividir dos números de ocho dígitos en su cabeza, no en el papel. Podía bromear en griego antiguo con huéspedes en la cena de sus padres. A los ocho años ya dominaba el cálculo. A los doce años, había leído una historia mundial de cuarenta y seis volúmenes, y lo recordaba todo. Cada nombre. Cada cita. Cada batalla.

Su tutor de matemáticas, un hombre llamado Szegő, vino a casa de von Neumann para darle su primera lección particular cuando Johnny tenía quince años. Szegő era un matemático profesional, un profesor universitario.

Después de esa sesión, Szegő regresó a casa con su esposa y lloró. No porque le fue mal, sino porque nunca había visto algo parecido a la mente de este chico. 

Johnny podía memorizar guías telefónicas. Guías telefónicas completas. Años después, podrías interrogarlo sobre cualquier nombre, cualquier número. Él te daría la respuesta y te diría exactamente dónde estaba, dónde aparecía en la página.

En RAND, el centro de estudios militares de California, pagaron a Johnny un salario mensual completo, pero no por trabajar a tiempo completo. El contrato decía que estaban pagando por el tiempo que él pasaba divagando. Querían cualquier retazo de pensamiento que le viniera a su mente mientras él se afeitaba mirándose al espejo cada mañana. Así de valiosos eran sus momentos de ocio. RAND le pagó para que se afeitara.

Un día en RAND algunos investigadores se acercaron a Johnny con un problema. Un problema difícil. Necesitaban diseñar una computadora de última generación para resolverlo. Le dieron una presentación de dos horas. Gráficos. Tablas. Pizarra tras pizarra de ecuaciones. Nos explicaron cada detalle. Johnny se sentó allí todo el tiempo con la cabeza entre las manos. Silencioso aún.

Cuando terminaron, se quedó mirando fijamente y sin comprender durante un rato. Un colega dijo que parecía como si se le hubiera ido la pinza, tenía la cara desfigurada.

Entonces Johnny habló. "Señores", dijo, "no necesitan la computadora. Tengo la respuesta."

Había resuelto todo el asunto en su cabeza, mientras aún estaban explicando el problema. Esto es lo que me desconcertó. Yo pienso en imágenes. Johnny no. Yo no era tan rápido como Johnny, no había nadie que lo fuera. Mi cerebro no funcionaba como el suyo. No pude mantener un cálculo infinito en mi cabeza. No pude memorizar las guías telefónicas. Años después, no pude recitar libros enteros palabra por palabra, leyéndolos una sola vez.

Pero a veces pude ver cosas que él no veía. Pienso en imágenes. Siempre lo he hecho. Cuando miro ecuaciones, veo colores. La letra j es de color marrón claro. La letra n es ligeramente violeta-azulada. La letra x es de color marrón oscuro. No sé por qué. No es algo que yo elegí. No es algo que aprendí. Así es como funciona mi cerebro.

Cuando mi padre me enseñó sobre los dinosaurios cuando era niño, no sólo aprendí los nombres. Los vi. Me los imaginé moviéndose por el bosque, sus enormes pies sacudiendo el suelo. Así fue como los hice reales para mí.

Para mí la física funciona de la misma manera. Diré cómo pasa. Cuando pienso en un electrón encontrándose con un positrón, no veo los símbolos, veo las partículas. Las veo moverse en mi cabeza. Veo las pequeñas flechas apuntando hacia un lado y hacia el otro. Dibujo pequeñas imágenes, pequeños diagramas, y las imágenes me dicen cosas que las ecuaciones no dicen directamente. Por eso inventé esos diagramas. Los que ahora llaman diagramas de Feynman. No eran una herramienta de enseñanza. No eran una simplificación para los estudiantes. Eran como realmente pensaba. Simplemente dibujé lo que vi en mi cabeza. 

Johnny era lo opuesto. Pensaba en símbolos puros. Pura lógica. No hay fotos. Sin colores. Sólo una manipulación interminable de matemáticas abstractas, objetos puros, más rápido de lo que nadie podría seguirlos. Su mente era puro cálculo. 

Stan Ulam, quien trabajó estrechamente con Johnny durante años, dijo: "Su mente era como una máquina con engranajes mecanizados para engranar con precisión de una milésima de pulgada." Pero Ulam notó algo más. Algo que me sorprendió cuando lo escuché. A Johnny le pareció que le faltaba el don para lo aparentemente creativo, las intuiciones, las pruebas y teoremas irracionales o intuitivos.

La mente más rápida del mundo, la calculadora más poderosa que jamás haya existido, y  dudó de sí misma.

Él pensó que sería olvidado. Esto es lo que realmente me sorprendió. Johnny le dijo a la gente, en privado, que sería olvidado. Dijo que Kurt Gödel sería recordado junto a Pitágoras, pero él no. No Johnny von Neumann.

Piénsalo. Piensa en todo lo que hizo von Neumann. Inventó la teoría de juegos, todo el campo, las matemáticas de estrategia que ahora gobiernan la economía, la política y lo militar; planificación e inteligencia artificial. Construyó las bases matemáticas de la mecánica cuántica. Antes de él, la teoría cuántica era un caos de ideas brillantes e intuiciones, y él lo hizo riguroso.

Él diseñó la arquitectura que se ejecuta dentro de cada computadora. ¿Alguna vez has utilizado la arquitectura de von Neumann? Cada computadora portátil. Cada teléfono. Cada servidor. Todos ellos utilizan el diseño que él creó. Ésta no es una pequeña nota a pie de página en la historia. Son tres revoluciones separadas. Cualquiera de ellas haría de su carrera una leyenda.

Pero Johnny miró su propio trabajo y vio que faltaba algo. Vio que no había descubierto ciertas ideas que otros sí tenían y él era más capaz de descubrir. Podría haber demostrado los teoremas de incompletitud de Gödel. Él tenía todas las herramientas. Estaba trabajando en los mismos problemas, pero alguien más lo solucionó allí antes. Y eso lo perseguía.

Ulam dijo que Johnny no estaba convencido de la importancia de gran parte de su propio trabajo. Sólo disfrutaba de ello cuando encontraba algún truco técnico inteligente. Parecía ciego a la amplia trascendencia de lo que había hecho, él, el hombre que todos consideraban la mente más grande del mundo de su siglo. Pensó que no era lo suficientemente creativo.

Wigner dijo algo más sobre Johnny, algo que ayuda a explicar esto. Después de elogiar su velocidad, su rapidez, su precisión, Wigner añadió una salvedad: "Sin embargo, la comprensión de Einstein era aún más profunda que la de von Neumann. Su mente era más penetrante y más original”. Wigner continuó: "Einstein disfrutaba enormemente en la invención. Dos de sus mayores inventos fueron las Teorías de la relatividad especial y general. Y, a pesar de toda la brillantez de Jancsi, nunca produjo algo tan original."

Esto es lo que Johnny vio en sí mismo. Sabía que era rápido. Sabía que podía calcular cualquier cosa. Pero miró a Einstein, a Gödel, a la gente que había inventado formas de pensar completamente nuevas, y sentía que no pertenecía a su compañía. Estaba equivocado, por supuesto, pero él no lo vio así.

Johnny murió en 1957. Cáncer. Tenía sólo cincuenta y tres años. Los últimos meses de su vida fueron duros: el cáncer se extendió a su cerebro. Von Neumann, que podía calcular series infinitas en segundos, ya no podía recordar las matemáticas básicas. Al universo no le importa lo inteligente que seas. Cerca del final, su mente estaba fallando. Los sedantes y el dolor habían eliminado quién era él, casi todo lo que lo hacía sentir mal. Los militares colocaron guardias afuera de su habitación del hospital. Tenían miedo de que pudiera balbucear secretos clasificados sobre armas nucleares. Incluso muriendo, fue considerado un riesgo para la seguridad. Eso es lo mucho que sabía.

Pero Johnny ya no hablaba inglés. Él habló en húngaro. El idioma de su infancia. El lenguaje que su madre había usado cuando él era un niño pequeño en Budapest, antes de todo esto. Antes de Princeton. Antes de Los Álamos. Antes de las computadoras y las bombas. Sus últimas palabras fueron en húngaro. Y cuando su hermano se sentó a su lado, Johnny recitó el poema de Goethe, el Fausto, de memoria. Todo él, palabra por palabra.

Incluso al final, esa mente seguía funcionando. Esto es lo que aprendí al observar a John von Neumann. No existe una única manera de ser un genio. Algunas personas pasan directamente por los problemas. Son tan rápidos, tan poderosos, que no necesitan atajos. Pueden mantener sistemas enteros en sus cabezas mientras el resto... A muchos nos cuesta hacer una secuencia de las partes. Ese era Johnny, una computadora humana antes de que existieran las computadoras.

Otras personas ven problemas a su alrededor. Encuentran el truco, el camino elegante, la imagen que lo deja todo claro. Hacen preguntas que a nadie más se le ocurre hacer. Así es como trabajo. Ninguna de las dos opciones es mejor. Ambas son necesarias. La ciencia necesita ambas cosas. El mundo necesita ambas. Las personas que preguntan por qué funciona esto y las personas que preguntan ¿cómo hago que esto funcione? Johnny podía hacer cosas que yo no podía. Yo podía hacer cosas que él no podía. Y ambos nos miramos y nos preguntamos cómo lo hizo el otro.

Y aquí está la otra cosa. Lo que más importa. Incluso la mente más poderosa que he conocido pensó que no fue lo bastante buena. El hombre que todos consideraban sobrehumano se miró en el espejo y vio sus limitaciones. Vio los descubrimientos que no había hecho. Los conocimientos que habían llegado a otra persona. Las ideas que podría haber tenido, si hubiera pensado un poco diferentemente.

Si von Neumann podía sentirse así, tal vez el resto de nosotros podamos. Dejemos de ser tan duros con nosotros mismos. Quizás no exista ningún nivel de logro que no haga dudar. Quizás la duda sea solo parte del pensamiento. Parte de preocuparse por lo que haces. Parte de querer hacerlo mejor. Las personas que nunca dudan de sí mismas son las que tienen que dejar de intentarlo.

Johnny nunca dejó de intentarlo. Incluso cuando su cerebro podía superar al de todos los demás, él todavía trataba de alcanzar algo más. El cerebro de Johnny von Neumann no era humano. Todos los que lo conocieron estuvieron de acuerdo en eso. Pero sus inseguridades eran profunda y dolorosamente humanas, y quizás eso es lo más importante que aprendí de él.