domingo, 28 de diciembre de 2025

China vive un desastre demográfico

 La larga sombra del hijo único: China paga con una crisis demográfica su mayor experimento social, en El País, por Guillermo Abril / Inma Bonet, Pekín - 28 DIC 2025:

La falta de nacimientos es uno de los mayores quebraderos de cabeza para el Gobierno del país, que ha pasado en solo 10 años de restringir a incentivar la natalidad

La política del hijo único ha sido, quizá, el mayor experimento social de la humanidad. Con el objetivo de frenar a toda costa el crecimiento de población, durante algo más de 35 años China sólo permitió a las familias tener un solo vástago. Los dirigentes comunistas esbozaron las medidas con un eslogan en 1978: “Uno es mejor, dos como mucho, dejando un espacio de tres años”. En 1980 se convirtió en política estatal. Para 1982, el 96% de las familias urbanas estaban teniendo un solo retoño, según la Encuesta de Hogares Urbanos.

Mediante un sistema de multas y penalizaciones para quien no cumpliera, se frenó en seco la natalidad del entonces país más poblado. Hasta que la política se convirtió en un problema. Con la pirámide poblacional en proceso de inversión, Pekín le puso el punto final en 2016, permitiendo a las parejas tener dos hijos para “equilibrar el desarrollo demográfico y abordar el desafío de una población que envejece”. No lo ha logrado. Diez años después, el descenso de la natalidad es uno de los mayores quebraderos de cabeza para el Gobierno chino.

Su sombra es alargada. Durante su aplicación, la política del hijo único dio lugar a historias terroríficas de abortos, abandonos y pequeños que crecieron sin ser registrados. Se cebó especialmente con las niñas, a las que muchas familias desdeñaron. A la vez, se moldeó un nuevo tipo de sociedad de hijos únicos, conocidos como “pequeños emperadores”, críos hiperformados y plagados de atenciones, que se han hecho adultos mientras el PIB de China crecía a una media del 10% y el país ascendía al Olimpo de las superpotencias.

Ma Li, de 53 años, crio a su única hija (hoy de 24) con la esperanza de que tuviera “los mismos derechos y oportunidades que un varón”. “La eduqué para que fuera valiente y supiera defenderse”, declara por teléfono. Tras dar a luz, se colocó un dispositivo intrauterino, como hicieron millones de mujeres durante los años en los que el control de la natalidad estuvo vigente. Asegura que en su caso fue una decisión voluntaria, aunque organizaciones de derechos humanos han documentado que se trató de una práctica médica extendida y, en muchas ocasiones, sujeta a presión administrativa.

Reconoce que, de haber tenido margen, habría querido más hijos. Pero sostiene que la política “liberó a las mujeres de tener una función reproductiva permanente”. “Cada época tiene su propia lógica”, reflexiona. “Ahora muchas no quieren tenerlos. Algunas ni siquiera quieren casarse”.

En las zonas rurales, la norma no siempre se siguió con la misma rigidez. La distancia con los centros de poder, la necesidad de mano de obra y la propia realidad demográfica hicieron que su aplicación fuera desigual y, en ocasiones, más laxa. En muchas aldeas se toleraron excepciones informales, retrasos en los registros o nacimientos que quedaron fuera del radar burocrático.

Algunas familias tomaron decisiones al margen del sistema, como la de la señora Mei, oriunda de Sichuan, de 49 años. “La gente del campo no entendíamos el porqué de los controles”, explica en un mensaje. Describe que en casi todas las casas de su entorno había varios niños. Por eso, cuando nació su segundo hijo (la primogénita era niña) lo inscribió en el registro familiar de su hermana. Regularizó la situación en 2015 ―año en que se anunció el fin de la política― y pagó la multa correspondiente, la cual, dice, “ya no era comparable” a lo que habría tenido que abonar en 2003. Durante 12 años, a ojos de las autoridades, el niño fue el hijo de su tía.

En opinión de la señora Mei, la crianza antes “era sencilla”. “Con tener algo para comer bastaba”. Atribuye la baja natalidad a las “enormes exigencias actuales” y a una combinación de factores: salarios estancados, altos niveles de estrés, y falta de corresponsabilidad doméstica.

En China, la tasa de fertilidad continúa en caída libre, a pesar de que en 2021 se permitió a las parejas casadas incluso tener tres hijos. Nace un niño por cada mujer, según el Banco Mundial, una de las menores tasas de reposición del planeta (para que la población no disminuya, han de nacer 2,1 hijos por mujer). En 2022, el país perdió población por primera vez desde la década de los sesenta. En 2023, fue superado por la India como el país más habitado. China envejece rápidamente y la sociedad se sustenta por un número cada vez menor de ciudadanos en edad de trabajar. La tasa de natalidad y el número de recién nacidos disminuyeron durante siete años consecutivos antes de experimentar un ligero repunte en 2024. La ONU prevé que China pase de los 1.400 millones de habitantes actuales a 633 millones para el año 2100, un cambio que podría ser un obstáculo para el crecimiento.

De modo que estos asuntos se han convertido en una prioridad de “seguridad nacional”. “El auge y la caída de las grandes naciones suelen estar profundamente influenciados por las condiciones demográficas”, dijo en un discurso en 2023 el presidente chino, Xi Jinping. “Por lo tanto, la seguridad demográfica debe incorporarse al marco más amplio de la seguridad nacional y planificarse cuidadosamente”. El líder abogó por “pasar de regular principalmente la cantidad a centrarse en mejorar la calidad, estabilizar la población total, optimizar la estructura demográfica y mejorar la movilidad de la población”. Los analistas lo interpretaron como un giro en el enfoque: del control a los incentivos.

Las autoridades promocionan hoy lo que llaman una “nueva cultura de matrimonio y maternidad”. Las políticas se despliegan en numerosos frentes, de permisos parentales más largos a desgravaciones fiscales. Los Gobiernos locales celebran bodas colectivas para animar los enlaces. Desde mayo, las parejas pueden casarse en todo el país, sin necesidad de registrar el enlace en el lugar de su empadronamiento natal (el llamado hukou). Hay funcionarios dispuestos a inscribir uniones en resorts turísticos, discotecas y festivales de música.

Este año, por primera vez, el Informe de Trabajo del Gobierno, un documento anual que revisa políticas y fija objetivos, mencionaba la necesidad de “proporcionar subsidios para el cuidado infantil” y desarrollar servicios de guardería. En julio, se aprobó un programa nacional de ayudas de 3.600 yuanes (435 euros) por cada hijo menor de tres años. Y la semana pasada, la Administración Nacional de Seguridad Sanitaria se comprometió a “lograr básicamente” que para 2026 los ciudadanos no tengan que realizar ningún desembolso por los gastos hospitalarios del parto, que ascienden a unos 5.000 yuanes por uno vaginal y 10.000 por cesárea (605 euros y 1.209 euros, respectivamente), según Shanghai Observer. Actualmente, en la mayoría de provincias rige el sistema de copago por los gastos médicos, incluidos los destinados al nacimiento.

En otro signo de los nuevos tiempos, a partir del 2026, los condones serán más caros: se aplicará un 13% de IVA a los preservativos y otros anticonceptivos, que habían estado exentos desde 1993 como parte de la política de hijo único.

“El descenso de la tasa de fertilidad es inevitable, como una roca gigante que rueda cuesta abajo”, afirma sin embargo Yi Fuxian, investigador de la Universidad Wisconsin-Madison. Es una consecuencia de las sociedades desarrolladas, y Asia es un buen reflejo, con tasas por los suelos en Japón o Corea del Sur. “La política del hijo único de China aceleró el proceso”, añade el también autor de Big country with an empty nest (Un gran país con un nido vacío, 2007). Cree que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno chino, será muy difícil subir esa roca de nuevo ladera arriba.

Yi considera que la política del hijo único ha cambiado las actitudes hacia la maternidad y la paternidad y “ha distorsionado los valores morales sobre la vida”, escribe por correo electrónico. “Tener un solo hijo o no tener hijos se ha convertido en la norma social”. Pronostica que los matrimonios seguirán cayendo (a pesar del breve repunte en 2023 y en 2025) y las parejas, posponiendo la hora de procrear. No cree que las políticas introducidas vayan a lograr demasiado. “Lo que China pretende hacer, Japón ya lo ha hecho”. Y sin éxito. El país “está envejeciendo antes de enriquecerse”, concluye. Y “no cuenta con los recursos financieros necesarios para seguir completamente el camino de Japón”.

La economista Keyu Jin, nacida en 1982, e hija única como la inmensa mayoría de los de su generación, cree que la implementación de la política del hijo único condujo a “numerosas historias de terror”, y ha marcado profundamente al país. Pero no solo para mal: “Puede ayudar a explicar la elevada tasa de ahorro de los hogares urbanos chinos [y] el extraordinario aumento del nivel de estudios superiores”, señala esta profesora de la Hong Kong University of Science and Technology en The New China Playbook (El nuevo manual de China, 2023). “En un giro sorprendente, tener menos hijos elevó drásticamente el estatus de las mujeres”, añade.

Las estadísticas reflejan que en China hay unos 30 millones más de hombres que de mujeres, una anomalía que bebe de la preferencia por el varón durante los años del hijo único. Pero las que nacieron, como la propia Jin, no han tenido que competir con hermanos varones por los recursos, particularmente en educación. Numerosas investigaciones prueban que las mujeres han recibido de media más años de estudios que los hombres, escribe Jin. Y esto ha contribuido a conferirle a sus congéneres una mayor relevancia social y laboral.

También ha dado lugar a una generación de mujeres más independientes, tanto en lo económico como en lo personal, y más seguras de sí mismas. “Ahora hay más hermanas que alzan la voz y muestran a otras que hay que luchar por tener más derechos y autonomía”, valora en un intercambio de mensajes Winnie Tang, de 27 años, fundadora de Spring Reel, una productora de series. Para ella, la “liberación” de la mujer es “tener derecho a negarse y a no asumir exigencias impuestas”. En la época de su madre, “formar una familia era el mejor destino al que una mujer podía aspirar”. Su generación, sin embargo, prioriza otras metas, como desarrollar “una carrera que nos apasione” o disfrutar “del placer de hacer las cosas que nos gustan”.

Diez pensadores fundamentales para la izquierda

 Los diez pensadores que más influyen en la izquierda, en El País, por Sergio C. Fanjul 25 JUN 2023 

La izquierda vive momentos complicados. Hay quien dice que le cuesta encontrar un lugar en el mundo que se avecina, atomizado y posfordista, un relato con el que cautivar a las masas en un futuro cada vez más individualista y conspiranoico, escéptico ante las utopías y muy integrado en el dogma económico dominante. Para su supervivencia necesita imaginación e ideas. Con el fin de sondear el caldo de cultivo intelectual en el que vive la izquierda actual y del que tendrá que surgir la futura, hemos pedido a 37 personas expertas de diferentes ámbitos (la política, la edición, el periodismo o la academia) que voten por los que creen que son los pensadores, vivos o muertos, que más influyen hoy en día.

Imaginación e ideas: ¿a dónde va la izquierda?

La encuesta realizada por Ideas ha arrojado los que podrían ser sus referentes más importantes. Por este orden, los 10 más votados fueron: Karl Marx, Judith Butler, Antonio Gramsci, Thomas Piketty, Michel Foucault, Hannah Arendt, Simone de Beauvoir, Jürgen Habermas, Karl Polanyi y Walter Benjamin. Podría ser otra lista, pero es esta la que ha surgido y da una idea del ambiente intelectual de la izquierda en la tercera década del siglo XXI. A las puertas se quedan nombres que bien podrían estar dentro: Noam Chomsky, Nancy Fraser, John Maynard Keynes, Chantal Mouffe, Ernesto Laclau, Mariana Mazzucato, Simone Weil, Silvia Federici, David Harvey, Donna Haraway, o Slavoj Zizek, entre otras decenas que fueron mencionados por el jurado.

Karl Marx, 1.

Tréveris, Alemania, 1818-Londres, 1883. Su vasta obra influye en diversos campos del saber, en ella está el fundamento teórico de las corrientes socialistas y comunistas. Obras fundamentales: El manifiesto comunista (1848, con Engels) y El capital (1867).

Por Clara Ramas San Miguel, Profesora de Filosofía en la Universidad Complutense y responsable de la edición crítica de ‘El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Akal)’ de Karl Marx

“Un fantasma recorre Europa...” Las icónicas líneas iniciales de El manifiesto comunista describen la propia presencia de Marx, que no cesa de retornar incluso después de muerto: del marxismo al posmarxismo, del siglo XIX al XXI. El joven Marx había descubierto que los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa quedarían incompletos si se limitaban a democratizar al poder político. Como ya había intuido Kant, las libertades políticas sin autonomía material y económica son vacías. La gran apuesta de Marx será pensar las condiciones de una autonomía efectiva: democratizar la economía. El proyecto al que dedica su vida, El capital, es una crítica de la economía política o capitalismo. Descubre que en paralelo a conquistas políticas y formales subsiste una dependencia económica para la mayor parte de la población; que el capitalismo, por su propia dinámica, produce niveles crecientes de desigualdad. Descubre que la ley del mercado se impone como una ley de hierro al margen de la soberanía de pueblos y parlamentos, produciendo sociedades atomizadas que buscan reagruparse con fórmulas en ocasiones autoritarias. Descubre, en fin, que, lejos de satisfacer necesidades humanas, el capitalismo solo obedece a imperativos de valorización y acumulación creciente: como si, por así decirlo, el capital tomara vida propia y las personas y la naturaleza fueran solo su herramienta.

Marx es un pionero. Los avances y retrocesos del movimiento obrero inspirado por él han dado la medida para el Estado de bienestar y sus debates sobre redistribución, justicia social y políticas públicas. Vislumbra la actual crisis ecológica y plantea la cuestión del trabajo de cuidados que ocupará al feminismo. Insta a buscar formas de reproducción social no dependientes del trabajo asalariado, como la actual renta básica. Así, abre el campo no solo de las ciencias humanas, la sociología y la economía crítica, sino también de los debates sociales, ecologistas, feministas y poscoloniales contemporáneos.

Nuestra historia es para Marx la historia de la necesidad. El fantasma mencionado por Marx es una pregunta que nos sigue asediando en 2023: cómo alcanzar el reino de la libertad.

Judith Butler, 2

Cleveland, EE UU, 1956. Con su cuestionamiento de las nociones tradicionales de género, ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer. Obra fundamental: El género en disputa (1990).

Por Paul B. Preciado, filósofo. Su último libro es ‘Dysphoria mundi’ (Anagrama).

Sería posible afirmar que Butler es no sólo el feminista más influyente del siglo XX, sino y, frente aquellos que consideran el feminismo como un pensamiento menor, el filósofo de izquierda más relevante de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI, aquel que opera, junto con Angela Davis, como pensador bisagra, prefigurando las formas de activismo y de subjetividad política por venir. Descendiente de una familia judía diezmada en el Holocausto, Butler va a prestar atención a cómo los procesos de naturalización de la identidad (racial, de género, sexual…) esconden violentos proyectos políticos de normalización y purificación social. Simone de Beauvoir afirmó que “no se nace mujer”, Gayle Rubin y Joan Scott analizaron el género como el efecto de una construcción social, pero será Butler quien proponga una explicación de cómo se lleva a cabo esa construcción. Para Butler la identidad de género se construye “performativamente”: no es una esencia o una naturaleza, sino una práctica, algo que “hacemos” y no algo que “somos”. La relación entre anatomía y performance de género depende de la repetición de actos lingüísticos y corporales cuya función es preservar la estabilidad del régimen heterosexual y binario.

Encarnando su propio pensamiento, Butler ha conseguido recientemente un cambio de identidad legal como persona de género no binario en el Estado de California. Habitamos en un mundo butleriano: la proliferación de políticas queer que buscan destituir las normas en lugar de integrarse en la sociedad heterosexual dominante; la reapropiación performativa de las injurias “marica”, “bollera” o del estigma de la violación en los movimientos NiUnaMenos y MeToo; la demanda de reconocimiento de aquellos cuerpos que “importan” menos que otros en nuestras sociedades poscoloniales, central en los movimientos Black Lives Matter y Trans Lives Matter; las políticas drag queen y drag king —que en su versión más pop han llegado hasta drag race— y que utilizan la performance para desplazar los códigos normativos de género… El pensamiento vivo de Butler constituye el proyecto más ambicioso para la izquierda contemporánea: un feminismo antipatriarcal, antirracista, ecologista y no binario expandido que permita una reescritura ética total del contrato democrático. [En este artículo no se han mantenido los géneros gramaticales empleados por quien lo escribe].

Antonio Gramsci, 3.

Cerdeña, Italia, 1891-Roma, 1937. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, encarcelado por el fascismo; su concepto de hegemonía cultural es central en la política actual, y no solo para la izquierda. Obra fundamental: Cuadernos de la cárcel.

Por Íñigo Errejón, político, doctor en Ciencia Política y líder de Más País.

Antonio Gramsci es un pensador político que se pone periódicamente de moda. Los analistas lo citan para parecer sofisticados, los vendedores de marketing político aderezan sus platos con él, las derechas lo nombran como en una excursión traviesa en el campo intelectual del adversario para demostrar sus pérfidas intenciones y las izquierdas lo usan para parecer contemporáneas o sofisticadas, para un roto y un descosido, a menudo citándolo más que leyéndolo. Gramsci es el pensador fundamental para entender por qué mandan los que mandan y por qué obedecen los que obedecen. Para el sardo, en las sociedades modernas el poder de los grupos rectores descansa en última instancia en la coerción, la capacidad de obligar, pero se ejerce principal y cotidianamente por medio del consentimiento, la capacidad de persuadir de que su mando es lo normal y al mismo tiempo de desalentar, neutralizar o dispersar las alternativas. Este dominio no es un engaño que haya que desenmascarar —por ejemplo intentando que la gente “abra los ojos” y entienda que “vota contra sus propios intereses”—, sino una forma de poder, la hegemonía, que debe ser comprendida como históricamente cierta. En primer lugar por aquellos que quieren desafiarla, para construir explicaciones e identificaciones alternativas que partan del terreno y el sentido común dado.

La hegemonía es así esa construcción política por la cual un grupo, clase o sector es capaz de ejercer la “dirección intelectual y moral” determinando las metas, los valores y las palabras que gobiernan la percepción del mundo de su época. Al hacer eso, sus intereses particulares aparecen como los intereses generales del conjunto social, la mayoría del cual encuentra mejores expectativas y razones para el consentimiento que para la contestación. Esta forma de poder político se extiende y blinda principalmente por los canales aparentemente “no políticos” —el ocio, la cultura, la comunicación, el consumo— que reproducen y naturalizan una manera de ver el mundo y su consiguiente reparto de roles.

Cuando afirma que una idea es “históricamente verdadera” en la medida en que “se convierta concretamente, es decir, histórica y socialmente, en universal”, nos está señalando, contra todo esencialismo pero también contra toda melancolía, que los alineamientos políticos no están predeterminados, sino que dependen de una disputa estética, moral e intelectual que está siempre abierta, lo cual es garantía de libertad. Y de esperanza.

Thomas Piketty, 4

Clichy, Francia, 1971. El economista puso en primer término del debate el problema de la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Obra fundamental: El capital en el siglo XXI (2013).

Por Joaquín Estefanía, periodista y autor de ‘Revoluciones’ (Galaxia Gutenberg).

El todopoderoso exrector de la Universidad de Harvard y exsecretario del Tesoro de EE UU Larry Summers pidió públicamente el Premio Nobel de Economía para el joven científico social francés Thomas Piketty, cuando en el año 2013 apareció su libro El capital en el siglo XXI. No tenía precedentes: a un francés y a un joven. Piketty había conseguido, con su novedoso aparato estadístico de carácter histórico, lo que no habían logrado sus colegas de primera fila (entre ellos, varios premios Nobel) al estudiar el fenómeno de la desigualdad creciente en el mundo. Lo que está en peligro, sentenció Piketty, es la democracia. Vendió centenares de miles de ejemplares de un libro tan denso.

Desde ese año Piketty profundizó mucho más en el fenómeno. Sus investigaciones se pueden resumir en los siguientes puntos: 

1) rendimientos superiores del capital al crecimiento económico aumentan la desigualdad;

2) con la excepción del periodo de hegemonía de la revolución keynesiana (nacimiento del Estado de bienestar y políticas contra la Gran Depresión), la desigualdad es una tendencia a largo plazo desde el siglo XIX, con los distintos tipos de capitalismo que se han desarrollado (comercial, financiero, tecnológico…); 

3) no hay otro método para combatirla que las políticas distributivas a través del gasto público y ello requiere de grandes impuestos (incluso confiscatorios) a los más ricos, 

y 4) la cohesión social, los valores de la meritocracia y de la justicia social están en peligro con concentraciones extremas de la riqueza como las que existen.

Un economista templado ideológicamente, más bien socialdemócrata, sin veleidades revolucionarias callejeras en su primera juventud, alejado de las principales teorías de Marx y Engels sobre la lucha de clases, sin embargo ha acabado escribiendo un libro que compendia sus principales artículos, al que ha titulado ¡Viva el socialismo! porque entiende que sigue vigente en la historia la batalla por las ideas.

Michel Foucault, 5

Poitiers, Francia, 1926-París, 1984. Sus contribuciones investigan la naturaleza del poder y cómo interacciona con la sexualidad, la salud mental o las minorías a través de la historia. Obras fundamentales: Historia de la locura (1961), Vigilar y castigar (1975).

Por Elizabeth Duval, filósofa y escritora, su último libro es ‘Melancolía’ (Temas de Hoy).

Preguntado por Foucault, Deleuze resaltaba el vínculo insoslayable del pensador con su presente: las formaciones históricas interesaban a Foucault porque señalaban el lugar de donde se salía, donde se había estado confinado; no le interesaban los griegos, sino la relación de su tiempo con la locura, con los castigos, con el poder, con la sexualidad. Si me preguntaran a mí, abstrayéndome de las necesidades de la clarificación, creo que de lo primero de lo que hablaría sería de la belleza. Intentaría que nos desvinculáramos de la jerga (la biopolítica, la arqueología, el poder disciplinario, lo discursivo) y pudiéramos leer con ojos nuevos las páginas de Las palabras y las cosas sobre Las meninas, de Velázquez. Querría que la consecuencia se pareciera a sentir con otra mirada la relación que se despliega en el cuadro. Y propondría un Foucault menos caricaturizable que el que nos ofrecen sus amigos y sus enemigos.

Foucault no es tanto un enciclopedista de la sexualidad como un arqueólogo de relaciones y estructuras. Sus textos no nos encierran entre insoportables cadenas de poder y dominación, en las cuales incluso la rebeldía estaría ya codificada, sino que nos ofrecen todas las posibilidades de la crítica y el análisis. Si nadie como él expuso tan claramente la relación entre el saber y el poder, también pocos ofrecieron tantas herramientas para darnos cuenta de su presencia, para reflexionar. Hay críticos injustos que han buscado en un Foucault tardío una teoría que traiciona la liberación para someterse al neoliberalismo del porvenir: confunden la defensa de las instituciones con la legitimación de sus injusticias. Debemos recordar la lección que él extraía de El Anti Edipo (Deleuze y Guattari): no hay que enamorarse del poder o de la tristeza militante. En ningún pasado hay tanta potencia como en el desenterrado por el francés.

Hannah Arendt, 6

Linden-Limmer, Alemania, 1906-Nueva York, 1975. Pensó sobre el totalitarismo, la violencia, la revolución, la acción política y acuñó el término “banalidad del mal”. Obras fundamentales: Los orígenes del totalitarismo (1951) y Eichmann en Jerusalén (1963).

Por Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Es coautor de ‘Populismos’ (Alianza).

Arendt no es de izquierdas. Ni de derechas, claro. Su gran atractivo reside precisamente en eso, en ser inclasificable. De hecho, le hubiera horrorizado verse en esta lista. O en cualquier otra. ¿Qué pinta aquí entonces? ¿Qué pudo motivar que tan amplio grupo de personas la hayan votado? Lo más probable es por su entusiasmo por todo lo que oliera a revueltas populares, por su espíritu rebelde, o por sus elogios a Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin, o sus críticas al colonialismo y totalitarismo. Pero no nos engañemos, su único compromiso es con la libertad, que ella encuentra siempre realizada en esos momentos extraordinarios en los que un determinado orden social queda puesto en entredicho y se da entrada a la libre discusión ciudadana. Su ideal es el aristotélico, la polis como lugar de encuentro donde intercambiar opiniones, debatir las diferencias y buscar una solución conjunta a los problemas que nos afectan a todos. Por eso alabó la revolución americana, hasta que la nueva república se acabó sustentando sobre una sociedad crecientemente privatizada y sujeta a los imperativos de los grandes intereses económicos y el valor del consumo. Y criticó la francesa y la bolchevique porque, al poner la “cuestión social” en el centro, se dejaron llevar por la “pasión por la compasión” e instauraron estados más atentos a una ingeniería social guiada por la mera funcionalidad inherente a los dictados de la economía y su gestión. No es ya la comunicación abierta y la libre deliberación lo que decide cómo hemos de vivir, sino las necesidades de reproducción del sistema. Su contrafáctico podrá sonar extravagante, pero a través suyo fluye una crítica de una riqueza sin igual, el propio de alguien que no se casa ni con unos ni con otros. La democracia bien entendida no es de derechas ni de izquierdas. Arendt tampoco.

Simone de Beauvoir, 7

París, 1908-1986. Es una de las principales teóricas del feminismo en el siglo XX, también enmarcada en el movimiento existencialista y en la creación literaria. Obra fundamental: El segundo sexo (1949)

Por Luna Miguel, poeta, escritora y editora. Su último ensayo es ‘Caliente ‘(Lumen).

Simone de Beauvoir está a una tote bag de ser traicionada. O no. En realidad, la figura de la filósofa lleva siendo influyente y polémica desde su juventud. Lo explica Wolfram Eilenberger en El fuego de la libertad, un ensayo en el que cruza su vida con las de otras pensadoras del siglo XX. El retrato que hace de ella es el más desesperante: la describe altiva, un tanto pija, adicta a la atención. La mismísima Simone Weil se burló de esa supuesta frivolidad en toda su cara, cuando ambas estudiaban en la Sorbona y debatían sobre la guerra. De Beauvoir no tuvo reparos en narrar tal desencuentro ideológico en unas memorias: “Mirándome de arriba abajo, me dijo: ‘Ya se ve que nunca has tenido hambre”.

Más allá de lo que unes y otres puedan opinar sobre esa fama, lo cierto es que la obra de De Beauvoir demuestra que su mainstrificación no riñe con la contundencia de sus ideas. Por eso mismo —y precisamente porque hoy su libro más célebre es esa bárbara enciclopedia sobre la feminidad, tantas veces mentada, pero tan poco leída y reducida al eslogan— se ha vuelto urgente equilibrar la balanza y prestar atención a la amplitud de sus investigaciones, a través de obras más ocultas e irónicamente peor editadas en nuestro país.

Un ejemplo: ¿Hay que quemar a Sade?, una finísima lectura de la crueldad, y una defensa de la reparación frente a eso que hoy llamaríamos cancelación. Otro ejemplo: El pensamiento político de la derecha, que fue publicado en su origen como artícu­lo para un número especial de Les Temps Modernes, donde distintos intelectuales reflexionaron bajo la premisa de que la izquierda francesa se desmembraba. En vez de lloriquear, De Beauvoir prefirió centrarse en el análisis del resentimiento de la burguesía. Para ella era más útil entender a sus contrarios que disparar a sus afines.

Es esta lucha por el entendimiento de las contradicciones del mundo lo que mantiene vigente a Simone de Beauvoir; lo que nos hace necesitar el estudio de su filosofía, al tiempo que celebramos la multiplicación de su rostro en bolsas de tela violeta.

Parafraseando a la pensadora: profesarle una simpatía demasiado fácil sería traicionarla. En este artículo se han mantenido los géneros gramaticales empleados por quien lo escribe.

Jürgen Habermas, 8

Düsseldorf, Alemania, 1929. Miembro de la Escuela de Frankfurt y exponente de la teoría crítica, ha trabajado sobre los mecanismos de la comunicación y de la democracia. Obra fundamental: Teoría de la acción comunicativa (1981).

Por Cristina Lafont, filósofa, catedrática de Filosofía de la Northwestern University de Chicago, autora de ‘Democracia sin atajos’ (Trotta).

Habermas es indudablemente un pensador de izquierdas si por ello entendemos alguien comprometido con la lucha política por la justicia social, la igualdad y la emancipación. También lo es por proceder de la tradición marxista occidental tal y como fue apropiada y transformada por la primera generación de la Escuela de Fráncfort. Sin embargo, su manera de entender la lucha política es quizás lo que más distancia su pensamiento del marxismo ortodoxo y lo que explica su compromiso inquebrantable con la democracia radical. Para Habermas, ni la teoría social es capaz de discernir la dirección histórica en la que se han de desarrollar las luchas políticas por la emancipación ni el teórico social tiene el derecho a imponer sus preferencias políticas a los afectados escudándose en una autoproclamada autoridad epistémica. Su obra ejemplifica un “giro democrático” en la medida en que la teoría crítica ya no busca defender un proyecto político particular, sino crear las condiciones sociales en las que diversos proyectos políticos pueden ser debatidos, aceptados o rechazados por los ciudadanos mismos en el ejercicio democrático de autodeterminación política. La legitimidad de las luchas políticas depende por ello de la posibilidad de un debate público inclusivo en el que los afectados puedan denunciar las injusticias y amenazas existentes de modo efectivo para persuadir al resto de la ciudadanía a que se una a su causa política. Proteger y posibilitar una esfera pública política inclusiva es la condición necesaria para toda batalla política emancipatoria, sea nacional, supranacional o global. En este momento histórico en que la democracia está gravemente amenazada en todas partes, la obra de Habermas así como sus intervenciones como intelectual público en debates políticos claves de las últimas cinco décadas ofrecen una fuente de inspiración permanente, así como herramientas teóricas indispensables para los movimientos democráticos de izquierdas contemporáneos.

Karl Polanyi, 9

Viena, Austria, 1886-Pickering, Canadá, 1964. Criticó con dureza los efectos negativos del dominio de la economía independizada sobre la sociedad. Obra fundamental: La gran transformación (1944).

Por César Rendueles, sociólogo y ensayista, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, su último libro es ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Seix Barral).

Karl Polanyi publicó su único ensayo, La gran transformación, a punto de cumplir los 60. Generacionalmente es cercano a Gramsci o Lukács, del que fue amigo íntimo, pero su obra no empezó a recibir la atención masiva de los críticos del neoliberalismo hasta finales del siglo XX. Polanyi pensaba que la sociedad de mercado es una anomalía antropológica que ha tenido consecuencias catastróficas. Los mercados en las sociedades precapitalistas estaban sometidos a regulaciones dirigidas a contener los efectos destructivos de una competición social generalizada. La mercantilización de recursos materiales necesarios para la subsistencia humana —como la tierra, los alimentos o el agua— es históricamente insólita. De hecho, Polanyi pensaba que el proyecto del mercado libre autorregulado era una más de las utopías decimonónicas, como los falansterios. Era una utopía en el sentido de que era irrealizable, pues colisionaba con características duraderas de cualquier sociedad humana. La materialización de ese proyecto utópico requirió de monstruosas ortopedias políticas que forzaron a la gente a someterse al mercado. Por eso, Polanyi creía que no existía ninguna oposición entre mercado libre y Estado represivo: al revés, el crecimiento del Estado en el siglo XIX fue la respuesta a las necesidades del laissez-faire. Y el estallido de las tensiones acumuladas por ese proyecto quimérico habría sido la causa de la gran crisis de principios del siglo XX: guerras mundiales, autoritarismo, la Gran Depresión… Polanyi defendió que los proyectos de mercantilización producían “contramovimientos”: reacciones sociales dirigidas a recuperar la soberanía política arrebatada por el mercado y cuyo sentido político podía ser democratizador o autoritario y elitista, como en el caso del fascismo. Por todo ello, Polanyi se ha convertido en un referente a la hora de analizar tanto la restauración neoliberal de los últimos 40 años —a menudo acompañada de agresivas intervenciones estatales— como el modo en que la descomposición del neoliberalismo está degenerando en movimientos políticos neoautoritarios.

Walter Benjamin, 10

Berlín, 1892-Portbou, España, 1940. Reflexionó sobre la historia, la crítica literaria o el arte. Obra fundamental: Tesis sobre la filosofía de la historia (1940).

Por Máriam Martínez-Bascuñán, politóloga. Es coautora de ‘Populismos’ (Alianza editorial).

Se suele mostrar a Walter Benjamin con un mosaico de ocupaciones: crítico literario, ensayista, traductor, filósofo. Hannah Arendt lo describió como ese flâneur o caminante que “sin ser poeta, pensaba poéticamente”. La dialéctica de la historia de este escritor fabuloso, marxista heterodoxo, lo hace imposible de encerrar en una sola categoría. La tensión entre lo material y el mundo de las ideas, entre el espíritu y su proyección tangible habita su obra y su pensamiento, conectados entre sí por la misma tensión poética del joven Baudelaire en su célebre poema Correspondencias: “Por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos / que lo observan atentos con familiar mirada”. El pensador, como el rapsoda parisiense, se envuelve en la realidad fragmentada —los restos arqueológicos, la memoria de piedra de un pasado lejano— para otorgarle significados. En Benjamin, la búsqueda de sentido adquirirá, como en Arendt, un brillo metafórico inusual, aquel que le permite “en forma poética, manifestar el carácter único del mundo”.

Fue este modo de interpretar la historia, su afán por irrigar el materialismo con nociones tomadas de la teología o la mística judía, lo que lo alejó de la ortodoxia marxista. Benjamin huyó del frío cientifismo que lo reducía todo a inducir racionalmente de la infraestructura material una superestructura perfectamente objetivada en la ideología. En su lugar, propuso mirar las obras de arte con ojos sensibles, entenderlas como asideros para continuar, como niños que juegan, metiendo los pies en la arena, incluso como campos de batalla donde, a pesar de su fulgor inconsistente, también podemos leer la historia. Lejos de ser meros subproductos de las relaciones de producción, el poema, la sonata, el cuadro o la escultura aparecen tan reales como la historia misma, afirmando su naturaleza transformadora como instrumentos de emancipación de los “vencidos por la historia”. Fue el intento del que tal vez haya sido el último de los alquimistas del arte, su esfuerzo por escapar del proceso de desencantamiento del mundo al que nos abocaba el frío cientifismo marxista, un vuelo poético y del pensamiento lanzado a las masas y al mundo para fascinar de nuevo a la izquierda en tiempos de oscuridad.

El método y el jurado

La encuesta de IDEAS se realizó pidiendo a 37 expertos de diferentes ámbitos (academia, política, edición, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores (de cualquier época) más influyentes en la izquierda hoy en día. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Miguel Aguilar, Jordi Amat, Meritxell Batet, Fernando Broncano, Ramón del Castillo, Caterina Da Lisca, Yolanda Díaz, Jesús Espino, Joaquín Estefanía, Soledad Gallego-Díaz, Lina Gálvez, Beatriz García, Jordi Gracia, Pablo Iglesias, Jorge Lago, Margarita León, José Moisés Martín, Laura Llevadot, Rita Maestre, Eduardo Madina, José María Maravall, Máriam Martínez-Bascuñán, Pilar Mera, Daniel Moreno, Cristina Narbona, Lluis Orriols, Joaquín Palau, Azahara Palomeque, Jaime Pastor, Clara Ramas, César Rendueles, Emmanuel Rodríguez, Clara Serra, Amelia Valcárcel, Fernando Vallespín y Remedios Zafra.

Créditos

Coordinación: Brenda Valverde y Guiomar del Ser

Diseño: Ana Fernández

Dirección de arte: Fernando Hernández

Desarrollo: Alejandro Gallardo

Fatalismo. Juan José Millás.

 Solo negocios, en El País, por Juan José Millás. 28 DIC 2025 

Érase unas hormigas cuyas larvas solicitaban ser sacrificadas cuando salían del huevo con alguna infección. Sus cuidadoras atendían el pedido sin demora a fin de salvar al resto de la colonia. Tal es lo que decía la noticia del periódico, ilustrada por esta imagen en la que unas obreras adultas revisan el capullo de una cría. El descubrimiento causó sensación en el mundo científico, que se refería a él como una forma de altruismo, palabra muy muy fuerte. Significa pensar en el bien del otro antes que en el propio. Por si fuera poco, insistimos, eran las propias larvas enfermas las que requerían, a través del lenguaje químico de su especie, ser eliminadas. Podrían no haber dicho nada y continuar desarrollándose, pero estaban programadas para decir la verdad. Ahora bien, si la autodenuncia formaba parte de su programa genético, ¿no deberíamos evitar el término “altruismo”? No sé, es todo muy confuso. Me pregunto qué habría hecho yo con una verdad de esa naturaleza. ¿Le habría dicho a mi madre “sacrifícame porque seré un desastre para la familia”?

Sin dramas, añado, comunicarlo sin dramas, como las larvas de las que venimos hablando:

—No es personal, solo negocios.

“Acabad conmigo, porque convertiré el nacionalsocialismo en un movimiento de masas que causará a la humanidad dolores sin cuento”, podría haberle dicho Hitler a su progenitora. Pero se lo calló (quizá ni él mismo lo sabía) y ahí están la II Guerra Mundial y los campos de concentración y el Holocausto. En fin, que la naturaleza, sea por exceso, sea por defecto, se comporta siempre como un cuento de terror.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Apólogo de la huida a Teherán

 [En El hombre en busca de sentido, de Víktor Frankl]

 Un persa rico y poderoso paseaba un día por el jardín con uno de sus criados. Este estaba compungido porque acababa de ver a la Muerte, que lo había amenazado. El criado suplica a su amo que le preste un caballo veloz para huir a Teherán, adonde podía llegar esa misma noche. El amo accede y el sirviente se aleja al galope. Al regresar a casa, el amo se encuentra con la Muerte y le pregunta: —¿Por qué has asustado y amenazado tanto a mi criado? —No lo he amenazado. Me ha sorprendido verlo aquí, cuando tengo que encontrarme esta noche con él en Teherán —respondió la Muerte.

Apólogo del árbol

De El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl:

 Acuden a mi mente detalles de una especial e íntima grandeza humana: como, por ejemplo, la muerte de una joven en el Lager, que yo mismo presencié. Es una historia sencilla; hay poco que contar y puede parecer invención, pero para mí es puro lirismo. La joven sabía que iba a morir en unos días. No obstante, se encontraba serena e incluso animada. —Estoy agradecida de que el destino se haya mostrado tan cruel conmigo. En mi vida anterior fui una niña consentida y no tomaba en serio mis deberes espirituales —me dijo, señalando por la ventana del barracón—. Ese árbol es el único amigo que me queda en esta soledad. —Por la ventana se veía solo la rama de un nogal con dos brotes en flor—. A menudo hablo con el árbol —añadió—. Yo estaba atónito; no sabía cómo interpretar sus palabras. ¿Estaba delirando? ¿Sufría alucinaciones? Ansiosamente le pegunté si el árbol le contestaba. —¡Sí! —¿Y qué le dice? —Me dice: «Estoy aquí, estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna».

Clases de amor, según Alicia Cruz Acal

 Alicia Cruz Acal, "Vacío, romántico, sociable... ¿con qué tipo de amor te identificas?" en Cuídate Plus, 15 de octubre de 2023:

 "Hay quienes lo definen como una emoción, un sentimiento, el resultado de cierta interacción química, una cuestión espiritual y existencial… No hay una única definición porque tampoco existe una sola forma de amor. Creo más bien que hay tantas formas de amar como personas hay en este mundo”, explica Mercedes Peleteiro Rosón, psicóloga en el Instituto Psicológico Cláritas. De lo comentado por la experta, vamos a repetirnos esta frase: “Tantas formas de amar como personas hay en este mundo”. Clasificar entonces un sentimiento de tal calibre parece tarea imposible. Sin embargo, no hay que olvidar que nuestro cerebro busca siempre de poner orden en el desorden y, por eso, la ciencia (en este caso, la psicología) ha tratado de dar respuesta a esta humana necesidad.

“Aunque no hay un consenso claro sobre la clasificación del amor, podemos encontrar diferentes teorías y orientaciones psicológicas que nos pueden ayudar a hacerlo”, recuerda Luis Guillén Plaza, psicólogo y sexólogo de Psicopartner. Así, el especialista hace referencia al modelo de John Allan Lee, psicólogo social canadiense, quien ha distinguido diferentes clases de esta emoción, según el comportamiento y el lenguaje corporal de esta persona. En concreto, de acuerdo con este experto, se identifican seis arquetipos de amor diferentes:

Eros. Se trata del amor pasional o amor romántico. Se caracteriza por la aparición de una alta pasión, un amor altamente sexualizado en el que hay una gran intensidad emocional, con una necesidad de pasar tiempo juntos, de tener intimidad.

 Ludus. Es un amor basado en las relaciones sexuales, donde no hay compromiso. En este arquetipo encontramos, por ejemplo, las relaciones abiertas o fluidas en las que no hay una exclusividad con otra persona.

 Storge. Es un tipo de amor que se construye de manera lenta y sosegada, regido por el compromiso. Las relaciones sexuales y la pasión no son lo más importante y, en ocasiones, no hay ninguna actividad sexual. De esta manera, es un vínculo basado en disfrutar de la compañía, compartir experiencias y tener un entendimiento mutuo.

 Pragma. Alude a una forma de amor altamente pragmática, en la que los intereses, el deber o las creencias de “lo que tiene que ser” están por encima de la atracción sexual, aunque no tiene por qué haber desaparecido esa sexualidad de la pareja. Es fácil encontrar este tipo en relaciones que llevan muchos años de convivencia y en el que se priorizan los intereses de ambos frente a otros componentes del amor.

 Manía. Es un amor que se vive de una forma intensa y posesiva. Se puede llegar a generar una verdadera obsesión hacia la persona amada, a la que se idealiza. Se produce una alta dependencia emocional y suelen aparecer sentimientos de posesión, lo que desencadena episodios de celos de manera frecuente.

 Ágape. Este arquetipo supone que la persona amada está por encima de los propios intereses. De manera habitual, surgen sentimientos de “sacrificio” hacia ella. Se considera que es un amor intermedio entre Eros y Storge, donde uno de los miembros de la pareja lo da todo por el otro de manera desinteresada, sin esperar nada a cambio. Sólo importa que sea feliz. 

“Lo habitual es que haya una evolución en el tipo de amor, según los diferentes momentos de la vida, contextos y diferentes situaciones, pudiendo aparecer los distintos arquetipos en la misma persona, aunque, en muchas ocasiones, podemos ver que hay un arquetipo predominante que marca la vida afectiva de la persona”, aclara Guillén. 

El amor, según el psicólogo Robert Sternberg

Robert Sternberg, un famoso psicólogo estadounidense, propuso la teoría del amor triangular para explicar y describir esta emoción como un conjunto de tres ingredientes: la intimidad, la pasión y el compromiso. Los expertos consultados por CuídatePlus detallan en qué consiste cada uno de ellos:

La intimidad se refiere al grado de cercanía emocional y conexión que hay en la pareja.

 La pasión tiene que ver con el deseo y la excitación sexual, así como con la necesidad de estar junto a la pareja, es decir, al deseo de establecer una unión.

 El compromiso sería el último vértice de este triángulo del amor. En concreto, habla de la implicación en la relación, del compromiso por mantener una relación a largo plazo, invirtiendo tiempo juntos, cuidando el uno del otro, dedicando esfuerzo y recursos...

Según Peleteiro, “en función de qué vértices estén más presentes en una relación, podríamos hablar de amores distintos. Por ejemplo, es posible que las parejas longevas tengan un alto grado de compromiso de intimidad y que el vértice de la pasión no esté tan acentuado. En parejas esporádicas o recientes ocurriría lo contrario”. 

Por su parte, Guillén precisa que en las relaciones amorosas, ninguno de los componentes se desarrolla de manera aislada de los otros dos, sino que existe una interacción permanente entre ellos. “Es importante mencionar que existen otros elementos en las relaciones como puede ser la comunicación que no entraría dentro de estos componentes básicos del amor y que se trabaja de forma autónoma”, añade. 

Intimidad, pasión y compromiso se combinan entre sí, pudiendo identificar diferentes formas de amar que pueden ser entendidas de manera aislada o como etapas: 

Cariño. Tiene que ver con el tipo de amor que se siente hacia personas donde hay una fuerte conexión emocional, pero falta atracción sexual y compromiso. Un buen ejemplo de este tipo de amor serían las relaciones de amistad.

 Encaprichamiento. Se trata de un amor fugaz, casi “a primera vista”, donde hay pasión, pero no hay intimidad ni compromiso.

 Amor vacío. Hay compromiso, pero sin pasión ni tampoco intimidad. Se mantiene un vínculo de respeto con el otro, pero faltan el resto de componentes del triángulo. Puede ser común en matrimonios concertados, por ejemplo.

 Amor romántico. Se caracteriza porque haya pasión e intimidad, pero carece de compromisos a largo plazo. Es común en relaciones pasajeras, pero muy pasionales.

 Amor sociable y de compañía. Se trata de un vínculo en el que hay confianza y cuidado en la relación, pero falta el componente pasional.

 Amor fatuo. Incluye pasión y compromiso, pero falta intimidad, no hay una base emocional profunda. Puede ocurrir en relaciones donde ambos miembros de la pareja son muy evitativos. 

 Amor consumado. El amor consumado incluye los tres ingredientes del triángulo del amor: hay una fuerte conexión emocional, atracción física y compromiso en la pareja.

“En terapia de pareja, es habitual trabajar con este modelo ya que nos permite identificar los aspectos concretos que no están funcionando en la relación y poder desarrollar la intimidad, la pasión y el compromiso que va a fortalecer la pareja y conseguir que el amor vuelva a aparecer”, agrega Guillén. 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Los elaborados insultos antiguos

  [Transcrito de un vídeo de YouTube]

 ¿Sabías que en tiempos de Cervantes si le llamabas bellaco a alguien podías acabar en un duelo a navaja o simplemente regañando a tu nieto travieso? La verdad es que hoy en día nuestro repertorio de insultos es bastante pobre y repetitivo, casi como si lo sacáramos de un manual para enfados genéricos. Pero hubo un tiempo, sobre todo en el glorioso Siglo de Oro, en que insultar era un arte, un duelo de ingenio donde la creatividad importaba más que la vulgaridad. Así que hemos desempolvado el diccionario de los agravios olvidados para rescatar 15 de los insultos más brillantes del español que, por desgracia, ya casi nadie usa.

Quédate hasta el final porque te aseguro que después de este viaje vas a ver el insulto como una obra de arte perdida.

Descubrirás qué significaba ser un rascamulas y por qué hemos perdido ese increíble talento para ofender con estilo. Empezamos la cuenta atrás.

Número 15, piojoso. Arrancamos con un clásico piojoso. Hoy suena a cosa de niños, pero en el siglo X era una puñalada directa al honor. No solo era tener piojos, sino que implicaba ser sucio, pobre y miserable. En los archivos judiciales de Navarra, piojoso, aparece constantemente en pleitos por injurias. Decírselo a un hidalgo, a un hombre orgulloso de su linaje, era una humillación social absoluta, una forma de arrastrar su reputación por el fango. Cervantes lo usaba a menudo para describir a sus peores villanos porque no había nada más bajo. Hoy, como mucho, diríamos sucio, perdiendo toda la carga visual y el desprecio de clase que conllevaba.

Número 14. Zarramplín. En el puesto 14, una palabra que suena casi tierna, pero que tenía su veneno zarramplín. Un zarramplín era un chapucero, un trabajador torpe y de poca monta, pero también se usaba para referirse a un pelagatos, un pobre sin importancia. Imagina la escena un artesano orgulloso de su oficio al que llaman zarramplín delante de sus clientes. No solo cuestionaban su  habilidad, sino que lo reducían a la nada. Era un insulto directo al orgullo profesional. Nuestros abuelos a veces lo usaban con los niños que venían cubiertos de barro, pero su origen era mucho más hiriente.

Número 13, lerdo.

Hoy lerdo es para alguien lento de reflejos, pero su significado original era mucho más potente. La palabra que ya aparece en el libro de buen amor del siglo XIV no solo se refería a la lentitud física y mental, sino que implicaba ser zafio y torpe. A diferencia de lo que algunos creen, no viene del latín luridius amarillento, sino de lurdus, que significa pesado o  torpe. Así que llamar a alguien lerdo en el siglo de oro no era decirle que  pensaba despacio, era pintarlo como un ser pesado, de mente obtusa y aspecto abandonado. Una ofensa de 360º. 

Número 12, Baldragas.

Llegamos al número 12 con una palabra que suena genial, Baldragas. Un Baldragas es un hombre flojo, un calzonazos, alguien de poco carácter y ninguna sustancia. Su origen es incierto, aunque algunos apuntan a que viene del árabe hispánico Hattrack  charlatán, esto no está del todo confirmado. Lo que sí sabemos es que describía a esa persona que es pura fachada. Es el clásico Bluof, alguien que promete mucho, pero no tiene fundamento. Aunque Galdos todavía lo usaba en el siglo XIX, sus raíces están en el barroco. El insulto perfecto para ese amigo que siempre se echa para atrás. 

Número 11, gaznápiro.

En el puesto 11, una de mis favoritas por su sonido, gaznápiro. Un gaznápiro es un  palurdo, un bobalicón que se queda pasmado con cualquier cosa. Esa persona que mira con la boca abierta sin entender nada. Aunque su etimología es un misterio, hay una teoría muy gráfica que dice que podría ser una mezcla de gaznate y chápiro sugiriendo algo así como un tonto de capirote. Hoy diríamos empanado o atolondrado, pero gaznápiro tiene una elegancia y una contundencia que ya hemos perdido.

Número 10, Sandio

Entramos en el top 10 con un insulto  oculto. Sandio. Un Sandio es un necio, un simple, pero con un  toque de ignorancia casi voluntaria. El rey Alfonso X el Sabio ya usaba esta palabra en el siglo XI. No es un tonto cualquiera, es un majadero que dice o hace cosas sin malicia, pero con una estupidez  monumental. De aquí viene la palabra sandez. Llamar a alguien sandio era una forma refinada de llamarle idiota, un golpe de guante blanco que dejaba al otro sin saber ni cómo reaccionar.

Número nueve, bribón.

Bribón es una palabra que ha sobrevivido pero muy light. Hoy un bribón es casi un pícaro simpático, un trasto, pero en el siglo de oro, un bribón era un tramposo, un estafador y un ladrón. La palabra aparece sin parar en procesos judiciales contra comerciantes feros o tipos que vivían del engaño. Era un término para desenmascarar al que se aprovechaba de los demás con malas artes. En la picaresca, ser un bribón era un estilo de vida, pero en el mundo real era una acusación grave que te arruinaba la reputación.

Número ocho, farfante.

En el número ocho, una palabra para los fantasmas, farfante. Un farfante es un hablador, un presumido, un charlatán que alardea de hazañas que nunca ha hecho. El gran Sebastián de Covarrubias en su Diccionario de 1611 lo define como un burlador y engañador. Es ese personaje que se da aires de valiente, pero que a la hora de la verdad es el primero en salir corriendo. Imagina a un soldado en una taberna contando batallas inventadas. Alguien que lo conociera bien le susurraría al de al lado ni caso que es un farfante antes de seguir, una pausa rápida para  un dato que me voló la cabeza.

Investigando para este guion, vi que muchos insultos estaban especializados. Por ejemplo, los insultos a las mujeres solían atacar su honor sexual, puerca, pécora, mientras que a los hombres se les atacaba la valentía, el honor o el estatus. Bellaco, fementido. Solo en los juicios de Navarra se han documentado más de 600 tipos de insultos. Un catálogo del ingenio popular para herir donde más dolía. Sigamos. 

Número siete, fementido

Y hablando de herir el honor, llegamos al número siete, fementido. Esta era una de las ofensas más graves que te podían echar a la cara. Viene de  fe y mentido y significa literalmente el que ha mentido a su fe o el que ha roto su palabra. En una sociedad donde la palabra dada lo era todo. Ser un fementido era ser un traidor, un perjuro, alguien en quien no se podía confiar. Un caballero fementido. Era la peor escoria social. Era una acusación que fácilmente podía acabar en un duelo a muerte porque manchaba tu nombre para siempre. 

Número seis. Cagalindes.

Con el número seis entramos en un terreno que el mismísimo Quevedo habría aplaudido. La palabra es cagalindes. Tal cual suena. Un cagalindes es ni más ni menos que un cobarde, un pusilánime. Es una palabra escatológica y brillante que crea una imagen muy gráfica de alguien tan miedoso que no controla sus esfínteres. El genio de la época, como Quevedo, usaba este tipo de lenguaje grotesco para ridiculizar a sus enemigos, quitándoles toda la dignidad con una sola palabra. Es vulgar, sí, pero con una creatividad que la convierte en una genialidad. 

Número cinco, tragavirotes.

Llegamos al top  cinco con esta joya tragavirotes. Un tragavirotes es un tipo excesivamente serio, tieso y solemne. El virote era una flecha grande, así que la imagen es la de alguien que parece haberse tragado un palo de escoba. Es el típico individuo estirado, sin ninguna gracia, que se toma a sí mismo demasiado en serio. En una España que siempre ha valorado la chispa y el salero. Ser un  tragavirotes era ser el alma de la fiesta, pero de un funeral. 

Número cuatro, petimetre.

En el puesto cuatro, el dandi del Siglo de Oro, el petimetre. La palabra viene del francés petit mêtre, que significa pequeño señor o señorito. Un petimetre era un joven obsesionado con su apariencia que seguía al pie de la letra las modas de Francia. Se les consideraba frívolos, superficiales y afeminados. Eran el blanco de todas las sátiras por su forma de hablar afectada y su amor por los polvos de arroz, las pelucas y los lazos. era la crítica de la España castiza a las modas extranjeras que contaminaban la sobriedad del país. 

Número tres, rascamulas.

La medalla de bronce es para una palabra que huele a campo y a desprecio, rascamulas. Literalmente es alguien que rascamulas, pero el significado era mucho más cruel. Se usaba para humillar a hidalgos pobres o a gente con aires de grandeza que en realidad hacía trabajos viles. Era un recordatorio brutal de tu bajo estatus. Hay un caso judicial en Navarra de un hombre que demandó a otro por llamarle rascamulas, considerándolo una ofensa intolerable. Era como decirle, "Por mucho que aparentes, no eres más que un mozo de cuadra".  Y la medalla de plata es para una de las palabras más letales y versátiles del castellano antiguo, bellaco.

Número dos, bellaco.

Un bellaco podía ser muchas cosas y todas malas. Principalmente era sinónimo de ruin y perverso, pero también de astuto y malvado. Cervantes y Quevedo la usan sin parar. Dependiendo del tono. Podía ser un insulto mortal que te destrozaba el honor o, curiosamente, un apelativo casi cariñoso para un niño muy travieso. Ha desaparecido de nuestro día a día, pero su eco resuena en toda la literatura del siglo de oro.

Número uno, badajón con panza malsonadab.

Y llegamos al número uno. Esto no es solo una palabra, es la Capilla Sixtina del insulto, una construcción magistral rescatada de un pleito real en Navarra en el siglo X. Badajón con panza malsonada. Vamos a analizar esta obra de arte. Un badajo es la pieza que cuelga dentro de una campana, es decir, algo hueco que hace mucho ruido. Con panza malsonada se refiere a una barriga de aspecto desagradable. Juntándolo todo, badajón con panza malsonada te está llamando hablador ruidoso e inútil, necio, gordo y para rematar con una barriga asquerosa. Es una ofensa visual, sonora y moral, todo en uno. Ataca el físico, la inteligencia y el comportamiento de una sola atacada. Por su complejidad, su poder descriptivo y su pura genialidad, se merece sin duda el primer puesto. 

Y ahí los tenéis, 15 joyas perdidas de nuestro idioma que demuestran que tuvimos una capacidad para el insulto ingenioso que hoy apenas podemos imaginar. Palabras como fementido o rascamulas no eran simples palabrotas, eran cápsulas de desprecio social, cultural y a veces auténtico arte. Puede que hayamos perdido esta costumbre cambiándola por la simpleza y la vulgaridad. Pero quizás, solo quizás recordar estas joyas nos inspire a ser un poco más creativos, a entender que el lenguaje es nuestra herramienta más poderosa, incluso para ofender. Y ahora te pregunto a ti, ¿cuál de estos insultos te ha gustado más? ¿Conocías alguno? Y la pregunta del millón, ¿cuál te gustaría recuperar y empezar a usar mañana mismo? Déjamelo en los comentarios que me muero de curiosidad por leer vuestras respuestas. 

Racistas camuflados en Hollywood

  Para que se vea cómo el racismo subsiste subterráneo en los EE. UU. Según el actor Dan Blocker, que hacía de Hoss en Bonanza, había muchos actores racistas que escondían su opción, muchos de ellos falsos progresistas: Audrey Hepburn; el ángel que rechazó trabajar con negros. Marlon Brando, que aparecía como activista, pero sufragaba una sociedad contra la mezcla racial. El icono John Wayne, supremacía blanca con sombrero de cowboy, que odiaba a los mexicanos y abusaba al azar de una persona en cada rodaje. Judy Garland: La dulce estrella con corazón de hielo, que no podía cantar a "monos", víctima que hacía víctimas. Paul Newman: Liberal en público, racista en privado: prohibía a conductores negros "porque no eran homogéneos con el equipo"; y eso que hacía donaciones de caridad; hizo campaña secreta contra las escuelas mixtas con negros; hay cartas que lo prueban. Frank Sinatra: Progresismo como pantalla, clubes segregados y separar a actores principales de secundarios. Steve McQueen: el rey cool que temía a los negros: no los admitió en La gran evasión, se negó a trabajar si los ponían, y cooperó con la CIA espiando a activistas negros de los derechos civiles. Charlton Heston: El héroe épico con prejuicio tallado que expulsaba a los negros de las películas y presidía la Asociación Nacional del Rifle; financió campañas pro segregación. Fred Astaire: elegancia que excluía sistemáticamente a los poco elegantes negros. Bing Crosby: Voz cálida, corazón frío no solo con negros, sino con mexicanos y familiares.

Formas neurológicas de desarrollar la voluntad.

  [Excerpta tomada de Quora]:

 I

¿Cuándo algo te gusta necesitas motivación?

Todo lo contrario, podemos pecar de ser incapaces de "dejar de hacer".

Por tanto:

Disfruta de la acción en sí misma, porque es la prueba de tu existencia.

Disfruta de tu paseo como disfrutaría el inválido de volver a andar.

Disfruta de comer como el hambriento disfrutaría, o el sediento de beber.

Disfruta de respirar, como aquel que estuvo a punto de ahogarse.

Disfruta de hablar como aquel que se recuperó de un ictus.

Disfruta del contacto social, como aquel que estuvo décadas en una cárcel.

Disfruta de poder expresarte, como aquel que se liberó de una represión.

Disfruta de conocer, como aquel que empezó una vocación tardía.

Disfruta de poder elegir como aquel que por fin pudo.

No hay excusas.

Se puede disfrutar de cualquier cosa.

Incluso, disfrutar de poder hacer lo que estés "obligado-a-hacer".

Disfruta de tu responsabilidad.

Disfruta de tener palabra.

Disfruta de ser ordenado-a, disciplinado-a, y constante.

Disfruta de elegir y cumplir.

Disfruta de ser fiel a ti mismo.

Disfruta de tus errores como el niño o la niña que se ilusiona por aprender y se levanta casi antes de tocar el suelo.

Y finalmente, pero no por ello menos importante, disfruta de no hacer nada.

II

Tener fuerza de voluntad supone trabajo diario y tiene mucho que ver con un discurso interno muy, pero que muy positivo; para esto deberás conocerte primero y aceptarte como eres; ya entendido esto, te daré los pasos que seguir.

Buscar los aspectos positivos de sea lo que sea que te detiene para hacer algo, por ejemplo, no quiero terminar mi carrera por X razón; lo que siguiente pensarás "bueno ¿por qué yo la escogí? ¿Cuáles son los verdaderos beneficios de terminarla? ¿Si no la concluyo que consecuencias tendré? ¿Serán reparables? ¿Qué es lo mejor de esta en estos momentos que la estoy viviendo? Etc.

Evitar pensamientos catastróficos como, por ejemplo, no quiero conducir porque me van a multar o voy a chocar o no quiero salir con esta chica porque solo me va a usar o no me va a aceptar etc.

Ser abierto y flexible en la forma en la que vez o interpretas el mundo, recuerda, no es malo ni tampoco bueno, es solo simple y natural, cualquier cosa puede pasar.

No autoexigirte en las cosas que vas o quieres hacer, ni generar el pensamiento "todo o nada", ya que eso te desmotivará siempre y evitará que intentes algo o, que si lo intentas y falla, no lo quieras repetir y caigas en frustración.

Conversa contigo mismo de manera compasiva y clara, háblate indulgentemente, cada que tengas un error no caigas en autorreprenderte ni en el victimismo; no uses contigo frases ofensivas ni mucho menos te castigues por lo que sucedió, ya que esto merma tus ganas de hacer las cosas bien.

Tener clara una meta, y saber todo lo que te lleve a realizarla para alcanzarla, y tener bien en cuenta  por qué la quieres.

Son los 6 pasos para tener un discurso interno positivo que te impulsara a tener voluntad en tu día a día.

III

Formas de desarrollar la voluntad contra los hábitos malos, poco beneficiosos o que quitan tiempo a lo valioso

Por qué la Atención Plena puede ser el antídoto contra la adicción. Los seres humanos toman decenas de miles de elecciones todos los días. Y casi la mitad de estas acciones diarias son habituales : se realizan en "piloto automático" sin mucho pensamiento consciente. Y cuando intentamos cambiar nuestro comportamiento, a menudo pensamos que se reduce a la fuerza de voluntad: tener el autocontrol para rechazar una segunda copa de vino, ir al gimnasio después del trabajo o saltear un cigarrillo.

Pero según el psiquiatra y experto en adicciones Judson Brewer , la fuerza de voluntad es un mito generalizado pero engañoso. Está impregnado en nuestra psique colectiva, pero tiene poca base neurocientífica. Si bien el autocontrol ciertamente existe, es una de las peores formas de cambiar el comportamiento. "Desde la perspectiva de la neurociencia, no existe la fuerza de voluntad", dice Brewer. "No es así cómo funcionan nuestros cerebros", agrega Brewer. Brewer es investigador y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Brown y director médico ejecutivo de salud conductual en la empresa de salud digital Sharecare. "En resumen, es una historia muy bonita, pero no es una historia real", dice Brewer. En lugar de depender de la fuerza de voluntad, el cerebro toma decisiones y forma un comportamiento basado en un sistema integrado, primitivo y basado en recompensas llamado aprendizaje por refuerzo. Siempre que el cerebro tiene una opción, gravita hacia la opción más gratificante.

Al traer conciencia y curiosidad intencionalmente a cualquier acción, usted cambia el valor de recompensa de un hábito y, a su vez, cambia su respuesta a él.

Cuando profundiza en las sensaciones de un momento a otro de una acción, ya sea que sea fumador, coma en exceso o se preocupe ansioso, a menudo se dará cuenta de que no es tan gratificante. A su vez, se "desencanta" de la acción y, con el tiempo y la repetición, pierde el interés por completo.

Las técnicas de atención plena pueden aprovechar los sistemas cerebrales para romper hábitos , frenar los antojos y superar la adicción. "La curiosidad es contagiosa", dice Brewer. "Cuanto más lo practicamos, más queremos practicarlo debido a sus cualidades intrínsecamente gratificantes, porque se siente bien".

PATRONES PRIMITIVOS, PROBLEMAS MODERNOS: el sistema de aprendizaje basado en recompensas del cerebro es su mecanismo de supervivencia más antiguo. Nos ayuda a encontrar comida y evitar peligros, pero puede hacernos tropezar en la vida moderna. Esto se debe a que las actividades inicialmente gratificantes se integran rápidamente en el cerebro.

A medida que la actividad se repite, se afianza cada vez más como una respuesta automática a un cierto desencadenante, incluso cuando el proceso ya no es gratificante. "Resulta que aquí es donde entra la atención plena", explica Brewer." Si desea cambiar el comportamiento, debe actualizar el valor de la recompensa. Y la única forma de actualizar un valor de la recompensa es generar conciencia y ver muy, muy claramente lo que realmente obtiene del comportamiento". A menudo, cuando las personas se vuelven hacia adentro y se involucran con la experiencia presente, se decepcionan, un fenómeno psicológico llamado error de predicción negativa. Esperan que sea gratificante, pero la realidad trae un resultado diferente.

Brewer sugiere hacerse estas preguntas:

¿Puede estar consciente de sus comportamientos?

¿Puede ser consciente de sus pensamientos, emociones y sensaciones?

¿Puedes aportarles una actitud de curiosidad?

En lugar de prejuzgar lo que está sucediendo, como decir: "Oh, ¿esto es bueno o esto es malo?" ¿Puedes simplemente tener curiosidad y observar lo que está sucediendo en este momento? "Eso es realmente la atención plena: ser consciente y estar verdaderamente abierto a lo que realmente está sucediendo y quitarnos todos nuestros lentes de sesgo subjetivo", dice Brewer.

LO QUE DICEN LOS DATOS:

Brewer ha visto a cientos de personas "desencantadas" con algunos de sus hábitos más antiguos, desde consumir chocolate hasta cocaína. 

Una paciente, fumadora desde hace mucho tiempo, tuvo una sensación visceral de disgusto cuando prestó atención a la experiencia segundo a segundo de fumar un cigarrillo. Fumar huele a "queso apestoso y sabe a productos químicos. Qué asco", recuerda Brewer que le dijo.

"Solo se necesitan 10 o 15 veces de que alguien realmente preste atención, ya sea un ejercicio de alimentación consciente o un ejercicio de fumar consciente, para que el valor de la recompensa caiga incluso por debajo de cero", dice Brewer. Brewer ha introducido esta técnica en programas de atención plena basados ​​en aplicaciones y ha probado su eficacia con fumadores, médicos que luchan contra la ansiedad y el agotamiento, y personas que comen en exceso. Brewer descubrió que la atención plena puede ser el "truco cerebral" que subvierte las conductas adictivas, a veces mejor que el tratamiento estándar. En un estudio de 2011, Brewer observó que cuatro meses después del tratamiento, se descubrió que la atención plena es cinco veces mejor para ayudar a las personas a dejar de fumar que los programas de tratamiento estándar.

En otro estudio de 2020 sobre médicos sometidos a un estrés tremendo, la atención plena también ayudó. Un mes después de usar la meditación de Atención Plena de Brewer , la ansiedad y el agotamiento de los médicos se redujeron en un 50 por ciento. A los tres meses, la ansiedad se redujo en un 57 por ciento con respecto a los niveles iniciales. En 2018, su equipo descubrió que un programa de alimentación consciente redujo la alimentación relacionada con los antojos en un 40 por ciento en personas con sobrepeso y obesidad.

También redujo la alimentación en respuesta a emociones negativas en un 36 por ciento. En conjunto, la evidencia sugiere que la atención plena, es decir, traer conciencia y curiosidad a una acción, es potencialmente tan buena o mejor que la medicación. En lugar de frenar temporalmente los síntomas, puede "llegar a la raíz del problema", dice Brewer.  "Hay esperanza, y podemos respaldar esa esperanza con datos", dice el investigador.

CÓMO PONER EN PRÁCTICA LA ATENCIÓN PLENA: aun así, aunque esta técnica parece simple, incluso intuitiva, practicar la ATENCIÓN y la curiosidad no siempre es fácil. Especialmente en momentos de estrés, volverse hacia adentro puede ser excepcionalmente difícil.

"Los viejos hábitos son familiares y, por lo tanto, cómodos", dice Brewer. "Así que cada vez que salimos de nuestra zona de confort, normalmente, nos movemos hacia una zona de pánico". Pero es posible pasar a una "zona de crecimiento" si nos dedicamos a la conciencia y la curiosidad. "Esto es lo único que nos va a ayudar, y cuanto antes aprendamos a volvernos hacia [nuestros hábitos], más fácil será, porque esos hábitos serán menos solidificados", dice Brewer.

3 PASOS PARA CAMBIAR DE HÁBITO:

Conciencia: el primer paso es ser capaz de reconocer un ciclo de hábitos y trazar un mapa de los componentes, dice Brewer. Esto significa identificar qué desencadena un comportamiento, cómo se siente el comportamiento y cuáles son los resultados del comportamiento. Esto puede ayudarlo a evaluar mejor la verdadera recompensa o riesgo de un hábito.

Curiosidad: tener curiosidad, no juzgar, acerca de sus antojos cambia la valencia de lo desagradable de un deseo a lo agradable de la curiosidad. El ejercicio se vuelve intrínsecamente gratificante y luego puede identificar alternativas que sean más atractivas.

Busque comportamientos que en realidad sean más gratificantes que el hábito que está tratando de romper. Tal vez sea ejercicio, atención plena o simplemente la curiosidad misma. Cada vez que aparezca un antojo, repita estos pasos.

IV

Uso del condicionamiento operante

¡Dios mio! Lo primero que debemos hacer es preguntarnos qué cosa es la fuerza de voluntad. De donde sacamos ese concepto?

Normalmente llamamos fuerza de voluntad a una virtud que tienen otros de hacer algo que no queremos o que nos desagrada o nos cansa. Uno ve a unos tíos entrenando para correr y se puede preguntar ¿cómo lo hacen? Y alguien viene y dice, “es que tienen fuerza de voluntad”.

Esa es una falsa explicación. Muy común por otra parte, pues tengo ya 79 años y la vengo oyendo desde que era un niño. El niño puede hacer muchas cosas variadas que no requieren ningún esfuerzo ni persistencia como jugar. Pero otras actividades le resultan cansinas y pronto las dejan, o trabajan en ellas lentamente, generando muchas pausas para pensar en otra cosa.

Hace ya muchos años tenía deseos de saber como puede uno controlar a un niño para que sea muy estudioso y no tenga problemas para hacer tareas escolares. Pensé que eso me lo aclararía un libro de psicología y me compré uno. Pues no me sirvió de nada, y compré otro, y luego otro, y otro y otro, hasta llegar a unos veinte o veinticinco. Ahora mismo no recuerdo la cifra exacta de libros de psicología que resultaron una decepción. Llegué a perder la esperanza de que la psicología pudiera enseñarme algo de lo que yo quería. Ya tenía formada la idea de que esos libros eran un fraude y me sentía muy frustrado. ¡Carajo! ¡No pretendo hacer una bomba atómica! Pero un día vi en los almacenes a donde de compras iba un libro nuevo. Lo cogí en la mano y le eché un vistazo.

Cuando abrí el libro vi unos dibujos de una rata en una jaula haciendo algo. Y un poco más allá vi un dibujo de una paloma. Y vi unas gráficas de conducta acumulativa, y eso me pareció una buena señal. Por fin me encontraba un libro de psicología que se tomaba las cosas en serio. Mi satisfacción se basaba en que si eres capaz de enseñarle a una paloma o a una rata a hacer alguna cosa, será mucho más sencillo enseñar algo a un niño. Estudiando el arte de como hacemos que un animal haga alguna cosa, eso se puede aplicar a los niños y ya tenemos la solución para este problema que me preocupaba. Y ocurría que al animal lo controlabas con comida, lo tenías unas horas o todo un día sin comer, y luego cuando el animal hacia algo que deseabas le premiabas con una bolita de comida. Obviamente, no puedes esperar que una rata o una paloma haga algo muy complicado para darle una bolita de comida. Lo matarías de hambre. Una conducta complicada se la tienes que enseñar poco a poco, para que pueda memorizarla. Primeramente le enseñas un paso concreto del principio de la conducta, y cuando lo sabe bien te demoras un poco para que haga algo más, y si hace lo que esperas como segundo paso, le premias con comida, etc. Poco a poco el animal va a prendiendo una secuencia de actos que dan lugar a un conducta de cierta complejidad.

La ventaja que tiene el niño sobre una rata o una paloma es que su cerebro tiene mucha más capacidad. No creo que sea necesario extendernos demasiado para probar esto.

Bueno, pues existe un principio de la conducta que dice “la frecuencia de una conducta está controlada por sus consecuencias”. Lo que traducido a lenguaje vernáculo significa: si una conducta produce placer seguimos con ella. Un ejemplo claro sería comerse un helado de crema. Asumiendo que el helado de crema es dulce y tiene algo de nata, parece lógico comerlo. Y al niño le encanta el helado de crema, o si falla eso le puede gustar otra cosa.

Pero que ocurre con aquellas cosas que no son dulces ni se comen? Escribir en un cuaderno unos ejercicios escolares para párvulos, puede parecer que no es dulce y tampoco se come. ¿Qué hacemos entonces? Por fortuna el niño es muy sensible a los halagos. Y cuando le damos instrucciones para que escriba en un cuaderno de párvulos le halagamos según se sienta frente al cuaderno, por coger el lápiz correctamente, como hace los primeros palotes, etc. Pero si dejamos al niño delante del cuaderno con el lápiz y nos vamos a hacer otra cosa, el niño no hará nada, o casi nada. ¿Por qué? Porque te has ido y en cierto modo tú eres el helado de chocolate, por decirlo con una metáfora. Solo si estás a su lado, el niño pensará que es estupendo escribir, puesto que estás allí para halagarle y decirle cosas bonitas, por estar escribiendo. En lenguaje técnico se dice que estás reforzando la conducta del niño. Estás haciendo lo que el psicólogo hace con la rata o la paloma, pero estás usando palabras halagadoras y no una bolita de comida. A este proceso se le llama “condicionamiento operante

¿Qué propiedades tiene el condicionamiento operante?

El condicionamiento operante convierte una conducta indiferente o aburrida en una ejercicio placentero. Cuanto mejor condicionada esté una conducta tendrá una mayor frecuencia, y la persona que ha adquirido esa conducta se siente muy satisfecha cuando la ejecuta. Por a ponerte un ejemplo inverosímil.

Un niño de cuatro años está tocando al piano la Sonatina bastante bien, creo yo. ¿Te imaginas que tiene un músculo de la voluntad en alguna parte? ¿O será más bien que fue condicionado adecuadamente para estar contento con lo que hace? Eso no se puede enseñar al patadón, sino con mucho amor y muchos halagos. No puedes usar malos modales para enseñar una cosa así. Y debes ignorar cualquier error que el niño cometa al tocar. Pues mencionar los errores es como aplicar halagos negativos sobre la conducta.

Bueno, pues esa es la cuestión. Nos han cargado de responsabilidades como estudiantes, pero se olvidaron la fórmula mágica de hacer que el estudio fuera placentero. Cualquier otra cosa, como comer helados, ver la tele, jugar a la pelota, resulta placentero, pero nadie se ocupó de hacer que tus horas de estudio fueran placenteras. No es que no estudies, sino que no estudias bastante y has ido acumulando retrasos. Pero, igual existe algo que te hace perezoso. Aunque seas joven, puedes tener algo alto el colesterol, puede que no hagas bastante ejercicio físico y estás bajo el control de la insulina y no bajo el control de la adrenalina.

La solución pasaría por reducir drásticamente todas las comidas ricas en azúcar pues el azúcar hace que se te dispare la insulina y al cabo de cincuenta o setenta minutos tendrás bajos los niveles de glucosa en la sangre y te sentirás de nuevo fatigado y un poco abúlico (falto de energía para hacer algo).

La solución para este problema te puede parecer rara. De una parte, debes hacer un esfuerzo de no comer nada durante dos o tres días. Nadie se muere por eso, ya que un kilo de grasa corporal contiene 7,200 kilocalorías. Y eso es lo que gastas en tres o cuatro días, haciendo una vida normal. Luego al hacer varios días de ayuno estás despertando a las glándulas suprarrenales (hay una glándula de esas encima de cada riñón y tienen el tamaño de una almendra)

A continuación de esos días de ayuno, o sin acabarlos, debes irte a caminar, con paso firme, no con el estilo de un anciano, y no menos de 60 minutos cada día. Cuando estés más fuerte puedes caminar hora y media. Eso hará que en tu sangre tenga niveles altos (digamos normales) de adrenalina. Y eso te dará energía para ponerte a estudiar durante una hora o más. Si al cabo de una hora encuentras que te sientes cansado, es posible pues al estar sentado igual acabas con la glucosa baja. Te levantas y haces un poco de ejercicio intenso, como simulando que corres levantando las piernas alto y haciendo ejercicio durante unos diez minutos, sin moverte del sitio. Eso estimula las adrenales y te sube la adrenalina y la glucosa un poco. Los niveles altos de adrenalina te hacen aceptar cualquier tarea con relativa facilidad. Y da lo mismo que sea una tarea física o intelectual.

Si lo que estudias es demasiado complejo, y no puedes realmente con ello, creo que debes dejarlo y empezar más atrás con algo que sea asequible a tu inteligencia. La inteligencia es un proceso acumulativo. Cuanto más trabajas en un asunto más inteligencia adquieres sobre ello. Un asunto de estudios no se puede adquirir si supera bastante nuestra capacidad de comprensión. Es algo que se debe hacer poco a poco, empezando desde lo fácil y pasando lentamente a cuestiones de más complejidad en un proceso lento.

V

El uso del refuerzo

En términos psicológicos estrictos, la “fuerza de voluntad” no existe. La prueba es que, si realmente el que yo superara conductas dañinas dependiera únicamente de mi “deseo”, de la “fuerza con que quiero” eso, debería resultar extremadamente fácil conseguirlo, porque está claro que nadie puede desear dejar de sufrir sus consecuencias más que yo… Y sin embargo, muchas veces no consigo hacer (o dejar de hacer) aquello que tanto deseo, porque querer NO es poder; poder, mas bien, es “saber cómo”.

En lugar de “fuerza de voluntad”, lo que existe es la “fuerza del refuerzo”. Me explico. En todos los seres vivos, las conductas se mantienen en función de las consecuencias que obtienen. Aquellas que obtienen una consecuencia positiva (algun tipo de recompensa) de forma inmediata resultan reforzadas, es decir, aumenta la probabilidad de que se repitan y afiancen. Aquellas cuyas consecuencias inmediatas son desagradables, resultan castigadas, es decir, disminuye la probabilidad de que se repitan.

El problema aquí esta en la necesidad de que el refuerzo y el castigo sean inmediatos. Muchas de las conductas dañinas son difíciles de modificar porque a corto plazo son reforzadas, aunque a largo plazo sean perjudiciales. Muchas veces en que nos sentimos con poca “fuerza de voluntad”, lo que esta sucediendo en realidad es esto: que estamos siendo impulsivos, o corto-placistas - nos estamos dejando llevar por el refuerzo inmediato sin tener en cuenta consecuencias demoradas.

La mejor manera de mejorar tu “fuerza de voluntad”, es decir, de conseguir afianzar las conductas que deseas, es por tanto manejando las contingencias (las consecuencias) de tus conductas: reforzando aquellas que deseas mantener (premiándolas) y eliminando los refuerzos (o castigando) las indeseables.

Lo que hace que los refuerzos sean potentes es que el acceso a ellos no sea libre, sino que este condicionado a la ejecución de las conductas. Es decir, que te procures esos “premios” si y solamente si realizas la conducta que deseas.

VI

Los límites de la voluntad

¿Por qué no siempre basta con tener tanta fuerza de voluntad y una determinación tan obstinada para alcanzar el objetivo? Porque así es.

Primero porque para ello tendríamos que escoger adecuadamente (de forma realista) los objetivos. Nuestros objetivos podrían ser absurdos, fantasiosos, demasiado elevados. Podemos agotarnos intentando y no ocurrirá lo que buscamos.

Por otra parte, incluso cuando fueran objetivos teóricamente alcanzables, las cosas no siempre dependen enteramente de nosotros. Nuestra voluntad y empeño son muy importantes pero en la parte donde alcanzar lo que buscamos depende de otros factores que no controlamos, simplemente no podemos hacer más. (Sí, sí, ciertamente a veces hay más que podemos hacer y no lo intentamos, pero casi nunca depende por completo de una persona. Puedo conceder sin problemas que los casos que resten si dependen de tí y si los quieres debes ponerle empeño para lograrlos, pero son los que menos).

Es importante conocer esto, porque, a merced de tantos libros de autoayuda que nos repiten que de una forma u otra TODO ESTÁ EN NOSOTROS o todo DEPENDE de nosotros, la gente puede llegar a frustrarse de forma tremenda (pues la implicación es que si no lograste tu objetivo es que NO lo querías o no lo querías lo suficiente o que no hiciste todo lo que podías, etc.). Bueno, hay libros que de plano se pasan al otro extremo y dicen que dependiendo de la intensidad de nuestros anhelos y deseos "el universo" completo "conspirará" para que logremos lo que queremos… ¿Así o más autocomplaciente, egocentrista y fuera de la realidad?

Hace poco oí que alguien que da pláticas decía (¡bendito sentido común tan poco común!) que por este tipo de fantasías había tanta gente frustrada. Citaba de gente que no se sobreponía y se quejaba apasionadamente (¿al universo?) "¡Es que yo quiero ser cantante con toda la fuerza de mi alma!" (nótese el tono adolescente de este plañido). Pues no se duda de la pasión (que suena bastante a berrinche), pero si no tienes con qué, no tienes con qué. Enfréntalo. Acéptalo.

Y todavía, algunos gurues de autoayuda intervienen aquí y hacen que hasta la gente se moleste contigo por tu "despiadado" realismo y tu “miopia” desanimadora: "Hay testimonios de gente que TODO MUNDO le decía que no podía y no podía, y mira lo que logra la fuerza de voluntad: ¡Al final SÍ PUDO!" — Te dicen para "ponerte en tu lugar".

Aquí hay dos cosas.

1) No todo mundo te dice que "no puedes" por ser malvado, sino para que no acabes allí tus fuerzas, porque emplees mejor tu tiempo, porque quizá tienes que ver que hay otras cosas y ver que tu "pasión" no es intransferible sino que no habías buscado lo suficiente. Porque ya pasaron por allí o vieron otros casos y no quieren que sufras así. Quizá te lo dicen porque te aman. Acusar a la gente realista de "matasueños" es idiota y malagradecido. ¿O sea que lo bueno sería darte por tu lado por más absurdo que sea tu objetivo?

2) Hay historias sorprendentes de autosuperación, sí. Mis respetos. Quizá fue la terquedad, la voluntad y todo lo que quieras decirme. Pero la estadística al respecto es mentirosa: MUY POCA gente que fue contra todo lo logró (aunque eso, curiosamente, también lo usan como argumento a su favor porque “si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”). La gran mayoría que desperdiciaron recursos, tiempo y frustración no lo lograron. No digo que no por ello debieras dejar de intentarlo pero al menos considera más factores y no te comas todo lo que te metan en la boca los gurues de autoayuda. Puedes ser un intento de cantante o actor o modelo frustrado, malogrado y suicida o quizá descubras que ser chef resulta ser mucho mejor de lo que imaginabas y se te da de forma casi natural. Date una oportunidad. Además, ¿De dónde surgen esas "pasiones" y sueños? Surgen muchas veces de tener pocas opciones, de conocer pocas cosas, de encapricharte con algo que a otra persona le funciona y tú quieres que te funcione también.

¿Te tirarías sin paracaídas desde mil metros porque alguien que sobrevivió escribió un libro sobre lo bonito que es sobrevivir a una caída sin paracaídas? ¡Quizá ni siquiera tuvieron que ver sus méritos sino la casualidad, la “suerte de principiante”!. Quizá de mil personas que se tiraron una sobrevivió, esa escribió el libro (las 999 no porque los muertos no escriben libros) y te quiere convencer con su experiencia que es difícil pero que es "posible" sobrevivir, así que "si de verdad lo quieres, tírate sin paracaídas".

No. La realidad puede ser dura pero es lo que hay. Si cierras los ojos y luego los abres seguirá allí. Hay mucho de madurez en esto, pero sobre todo de “no frustración”. Tomar nota.

VII

De qué depende

De la motivación, la pasión por algo. El pensar en un objetivo y que es posible alcanzarlo. El positivismo y el placer de hacer cosas. La depresión es todo lo contrario, es lo que te quita las ganas de hacer las cosas.

Si crees que el secreto de una mayor fuerza de voluntad es ser más duro contigo mismo, no eres el único. Pero te equivocas. Un estudio tras otro revela que la autocrítica va siempre ligada a menos motivación y autocontrol. También es el mayor indicador de la depresión que destruye la fuerza del «lo haré» y la del «quiero». En cambio, la autocompasión —apoyarte y ser bueno contigo mismo, sobre todo ante el estrés y el fracaso—, se asocia con una mayor motivación y autocontrol.

Considera, por ejemplo, un estudio de la Universidad Carleton en Ottawa, Canadá, que siguió durante un semestre el hábito de postergar los deberes de los estudiantes. Muchos se preparaban el primer examen en el último momento, pero no todos adquirían esta costumbre. Los que más duros eran consigo mismos por haber estudiado en el último momento, tendían más a seguir haciéndolo en otro examen que los estudiantes que se perdonaban a sí mismos. ¡Cuanto más duros eran consigo mismos por haber estudiado en el último momento, más tardaban en prepararse para el siguiente examen! El perdón —y no la culpabilidad— era lo que les ayudaba a ponerse al día en los estudios.

Estos hallazgos van en contra de nuestros instintos. ¿Cómo puede ser, si muchos de nosotros intuimos que la autocensura es el pilar del autocontrol, y que la autocompasión te lleva directo a la autoindulgencia? ¿Qué motivaría a esos estudiantes si no se sintieran mal por haberse preparado el examen en el último momento? ¿Y cómo nos controlaríamos si no nos sintiéramos culpables por haber cedido a la tentación? Sorprendentemente, es el perdón, y no la culpabilidad, lo que nos hace ser más responsables.

Los investigadores han descubierto que si eres compasivo contigo mismo al cometer un error, tiendes más a responsabilizarte de él que cuando te censuras. También estás más dispuesto a escuchar la opinión y los consejos de los demás y a aprender de la experiencia.

Cuando nos perdonamos, nos es más fácil corregir nuestros errores, entre otras razones porque disipa la vergüenza y el dolor que sentimos al pensar en lo ocurrido. El efecto ¡qué más da! es un intento de huir de lo mal que nos sentimos al reincidir. Pero cuando el sentimiento de culpa y la autocensura no están presentes, no hay nada de lo que huir. Significa que es más fácil reflexionar en cómo cometimos el fallo y nos resulta menos tentador repetirlo.

Pero si vemos nuestras reincidencias como la prueba de que somos unos perdedores redomados que lo hemos echado todo a perder, pensar en nuestro fracaso es un deprimente ejercicio de odiarnos a nosotros mismos. Nuestra meta más urgente será apaciguar esos sentimientos en lugar de aprender de la experiencia.

Por eso la autocensura no es buena como estrategia para controlarnos.

Todos nos equivocamos. Todo el mundo se topa con algo que le cuesta y pierde a veces el control. Forma parte de nuestra condición humana, y tus fallos no significan que tengas algún problema. Considera la verdad de estas afirmaciones.

Cómo creemos que se logran las metas: Inicio, paso 1, 2, 3, 4, 5, 6, fin.

Cómo es en realidad: Inicio, voy bien, ¿qué ha pasado? Huau. Estoy harto. ¿Qué hago? Me rindo. Idea nueva. Cambios. ¡Me encanta! Qué difícil, fin.