domingo, 24 de diciembre de 2017

Contra el botellón hay medidas que funcionan

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/09/07/psiquiatriainfantil/1252347158.html

María Sánchez-Monge, "Niños de 10 a 14 años. La comunidad contra el botellón. 12 ciudades de EEUU prueban una estrategia para disminuir el consumo de drogas. El programa consiste en implicar a padres, profesores y adolescentes en las actividades". En El Mundo, 08/09/2009 

¿Cómo acabar con el alcoholismo juvenil: con medidas punitivas o preventivas? Un nuevo trabajo ofrece poderosas razones para no caer en la tentación de intentar acabar con el problema a base de prohibiciones y mano dura.

El 45% de los adultos que empiezan a beber en torno a los 14 años acaba siendo alcohólicos en algún momento de sus vidas, frente a tan sólo el 9% de quienes comienzan a hacerlo a la edad de 21. Éste es uno de los argumentos que justifican el proyecto de investigación que ha desarrollado un equipo de educadores y criminólogos en Estados Unidos para disminuir el consumo de drogas y los comportamientos delictivos en niños de 10 a 14 años.

La estrategia, cuyo lema podría ser "nunca es demasiado pronto para actuar", ha resultado todo un éxito, tal y como muestra el artículo publicado en la revista 'Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine'. Al finalizar los cuatro años de seguimiento (entre 2004 y 2007), el abuso de la bebida era un 37% inferior entre los chavales de 14 años que completaron el programa educativo. Además, se iniciaron en el consumo de alcohol y tabaco algo más tarde que el resto de jóvenes de su misma generación y cometieron un número significativamente inferior de infracciones o agresiones.

Los investigadores, encabezados por David Hawkins, de la Universidad de Washington (Estados Unidos), explican la clave del buen funcionamiento de su método: "Este sistema moviliza a los diversos miembros de la sociedad para que contribuyan a reducir los factores de riesgo".

No es una receta mágica

No se trata, por lo tanto, de poner en práctica ninguna receta mágica, sino de buscar la complicidad de todos los colectivos que tienen algo que decir, fundamentalmente los padres, los profesores y los propios adolescentes. Tal y como reza el nombre de esta estrategia, son 'Comunidades que se preocupan'.

Un total de 12 ciudades pequeñas estadounidenses aceptaron participar en el estudio, que consistió en comparar sus tasas de delincuencia y abuso de sustancias con las de otras tantas localidades que no pusieron en marcha ningún plan especial.

Los responsables de cada una eligieron, teniendo en cuenta las características concretas de su población, las herramientas preventivas que consideraron más oportunas. Para ello, contaron en todo momento con el asesoramiento de los fundadores del proyecto.

Sólo había una limitación a la hora de escoger las acciones educativas: debían ser opciones cuya eficacia estuviese científicamente probada. Con el fin de facilitar la selección, estos planteamientos podían consultarse a través de internet.

Las actividades realizadas fueron muy variadas. Un ejemplo: el programa PALS (siglas en inglés de Participa y Aprende Habilidades). Destinado a menores de 15 años, proporciona a niños procedentes de hogares con bajos ingresos económicos la oportunidad de ponerse al nivel de otros chavales socialmente más afortunados con la práctica de deportes y actividades artísticas.

Otras iniciativas están dirigidas de forma más específica a prevenir conductas de riesgo fortaleciendo los vínculos familiares. Se basan, entre otras cosas, en ayudar a los progenitores a fijar límites a sus hijos, protegerlos frente al abuso de sustancias o saber a quién acudir en caso de necesitar apoyo.

Las acciones sobre los niños se centran en guiarlos para que puedan identificar cuáles son sus metas de cara al futuro, sepan apreciar a sus padres, sean capaces de calmar su estrés y puedan soportar la presión a la que a veces les someten sus compañeros de colegio o de juegos.

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