domingo, 17 de octubre de 2010

1950

Es el número de este post; me voy acercando a los dos mil. Estuve este domingo en un Guridi repleto; había incluso una compañera que no alcancé a saludar; lo haré cuando la vea el martes. Leí la prensa en la barra y luego en la mesa; el Lanza contenía una entrevista al presidente del Club Rotario, también empresario vitivinícola; debe ser masón, como en general todos los miembros de clubes rotarios; al menos, lo que dice ahí no lo desmiente. Yo, que tengo amigos y compañeros masones, debería preguntárselo, pero los veo muy de tarde en tarde, y lo dejaré pasar. Después de todo, entre la Masonería y una orden de monjitas la diferencia ahora no pasa de nominal. Había además dos articulitos de primorosa mala baba y muy malencarados contra las más imbéciles que non sanctas declaraciones del curioso y arruinado presidente de la CEOE. Este personaje confirma que la burguesía española es mediocrísima y, sin duda, la peor de Europa, como que desciende de los enchufados, chorizos y rateros de cartilla de racionamiento antes y después del plan de Estabilización, a la sombra de Paco, chusquerísimo de todas las Españas. Por demás, el periodicucho concluía con una buena entrevista al director de una adaptación cinematográfica china del Quijote, estrenada en 1500 salas de ese país en tres dimensiones. Se trasplanta el argumento a la historia china, y el ingenioso hidalgo es en realidad un mandarín que enloquece leyendo manuales de artes marciales. En La Razón, mentiras aparte, y que cuenta con algunos buenos prosistas, como Ussía y Martín Prieto, viene un articulito muy bien escrito de nuestro Francisco Nieva, hablando de curas y braguetas. Se declara ateo y descendiente de un venial pecadillo de su innominado bisabuelo cura, un helenista que mal compaginaba los grecos desnudos con las prendas sotanales. Quien haya leído sus memorias, como yo, sabrá que ese hombre era Ciriaco Cruz, y que su pecadillo, nada venial, le costó la locura y la reclusión perpetua a la víctima del embarazo. Menos carcundas, en Italia los curas, obispos, cardenales y papas solían disimular como sobrinos a sus hijos; algunos papas, de hecho, fueron sucedidos por sus hijos biológicos, sólo para el mundo sobrinitos. Precioso el párrafo en que describe la separación del misticismo amoroso de los personajes masculinos de Juan Valera de la pragmática de sus femeninos. Yo siempre dije, cual el libertino egabrense, que en el amor sólo importa la práctica, no la teoría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario