sábado, 19 de marzo de 2011

Nadal

Si no fuera tan buen muchacho, este hijo de la tierra daría miedo. Es un ganador nato, un asperger de la raqueta, un rey David descendiente directo de los famosos honderos baleares que descalabraron a tantos legionarios en el campo de batalla; su instinto asesino hacia las pelotas raya en la demencia más cerril; su ojo es más certero que el de un satélite espía; sus rivales terminan demolidos mental, física y moralmente, deseando no volver a ser aplastados por este cibernético muro de piedra, que ahora, encima, ha cargado su brazo de Popeye zurdo con un saque que puede alcanzar los doscientos trece kilómetros por hora. Hace girar las bolas con un efecto giroscópico que desquicia a cualquier jugador de tierra plana y, tan liftadas, que el mismísimo hombre máquina Federer termina con un revés de churro y mirando la hora de su rolex suizo. Para gozar ahora, porque nunca más se verá algo así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario