jueves, 14 de agosto de 2025

Tocata y fuga de cerebros

 La España que no funciona (3), en El Mundo, por Inna Aloy Busquets, 12 agosto 2025:

La fuga de jóvenes talentos españoles, sin freno: "Volver a España sería dar un paso atrás".

Jóvenes científicos con currículos excelentes hacen las maletas en busca de futuro en el extranjero por "falta de oportunidades, los bajos salarios y la falta de plazas".

Educación El cuádruple fracaso de Sánchez antes de su ofensiva a las universidades privadas: notas infladas, falta de plazas, peor empleo y regulación fallida

España forma a sus jóvenes científicos pero les cierra las puertas con un sistema que no les ofrece ni medios ni oportunidades ni futuro. Lo que, por calidad formativa y talento humano, debería ser una potencia científica ve como, año tras año, sus mejores profesionales noveles se marchan al extranjero. Julia, Albert e Isabella, tres jóvenes brillantes que decidieron continuar sus carreras fuera del país, son el reflejo de la fuga de cerebros, un problema que se repite generación tras generación y para lo que no se ha encontrado solución pese a que ha sido utilizado políticamente por partidos de reciente creación, como Podemos.

Julia Laguna se graduó en Física y Matemáticas en la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente está cursando un doctorado en Astrofísica en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, financiado parcialmente por la beca la Caixa de Postgraduate Studies Abroad y por una beca de la propia universidad, dentro del programa Data Intensive Science. Empezó el programa de cuatro años el pasado mes de octubre y combina formación académica con estancias de investigación de hasta seis meses en la industria, así como formación adicional en Machine Learning y Ciencia de Datos. Julia destaca que el acceso al doctorado en España está condicionado por la posesión de un máster, una exigencia que "excluye a personas con doble titulación, estancias de investigación o una trayectoria brillante. Esta es la razón principal por la que ella se fue del país a buscar esta alternativa y así seguir con su formación.

Esta joven defiende que "la ley es más rígida en España, Italia o Francia. En Alemania, Reino Unido, Países Bajos o EEUU no necesitas necesariamente un máster, hay muchos estudiantes que acceden directamente sin un máster y les va bien". Además del marco legal, hace hincapié en la otra dificultad que enfrentará en un futuro al que ya está anticipándose, que es la estructura piramidal del sistema universitario. Explica que "hay muchos estudiantes en grado, pocos de máster, aún menos de doctorado, incluso menos de postdoctorado, y casi ninguna plaza de profesorado".

Continúa explicando las consecuencias que esto conlleva: "Todo depende del azar: que haya una plaza, que sea de tu campo y que justo estás en el momento adecuado para aplicar". En su opinión, la universidad española "forma muy bien a sus estudiantes, pero si no existen plazas luego, lo normal es que se vayan a otros países a buscarlas". Asimismo, Julia es optimista y no descarta volver a España ya que su objetivo es "ser profesora e investigadora universitaria en España", pero que ello conlleva "tener una trayectoria internacional muy fuerte". En su sector, relata, los aspirantes a docencia fija necesitan pasar por estancias postdoctorales en el extranjero y lograr becas competitivas "como las de la Agencia ICREA", entre otras. Ya que como aclara "sin una trayectoria global destacada, es casi imposible acceder a una plaza".

Albert Francesc Gimó, con 24 años, cursó un doble grado en Matemáticas y Ciencia e Ingeniería de Datos en la Politécnica de Catalunya (UPC), y durante su quinto año completó una estancia en la prestigiosa universidad de Princeton, en Estados Unidos, donde hizo investigación en robótica bajo la supervisión de un docente español.

Ahora se encuentra en París, donde cursa un máster en Mathematics, Vision and Learning (MVA), a la misma vez realiza prácticas de investigación en la empresa Criteo, cuya sede parisina lidera proyectos en IA. En lo que se refiere a su percepción sobre la situación general del sector su diagnóstico es claro: "Sí, efectivamente, hay una fuga de cerebros". Afirma con contundencia que la universidad española prepara bien, pero "la falta de inversión es más que notable", y que "las oportunidades en ciudades como Barcelona existen, pero son escasas y que, por esta razón, es más razonable ir a otros sitios donde haya más" explica.

Además, sostiene que en España la industria científica es mucho menos potente que en otros países: "Hay menos empresas de alto valor añadido que apuesten por la investigación, y si existen (como Criteo), operan de forma más intensiva fuera que en terrenos españoles".

Albert tiene claro que no volverá pronto a España: "Me quedaré en París para hacer el doctorado y seguir trabajando, porque aquí hay más oportunidades, mayor impulso a la industria, mejores salarios y un entorno científicamente más estimulante. Volver a España sería un paso atrás profesionalmente; quizás en calidad de vida compensaría, pero a nivel de desarrollo, no", finaliza.

Por su parte, Isabella Romero cursó Ingeniería Biomédica en la Universidad Politécnica de Madrid, luego realizó su máster en Ingeniería Eléctrica e Informática en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), mismo centro en el que en la actualidad está haciendo el doctorado.

Isabella percibe que "el doctorado en España no llama nada la atención por los salarios, por eso entiendo perfectamente que la gente se vaya a empresas directamente". La joven lo argumenta diciendo que después de nueve o diez años de formación continuada (grado, máster, doctorado) "enfrentarse a un salario de 1.100-1.200 euros al mes es simplemente insuficiente, especialmente cuando en países como Estados Unidos o Reino Unido esos sueldos se triplican".

Además, alega que estos bajos salarios se deben a que "la vida se ha encarecido y los salarios no han subido". Explica que una de las problemáticas a las que se enfrentan los estudiantes es que en el sector las empresas de España no valoran el doctorado como experiencia laboral: "Te lo anotan como estudios, cuando se trata de un proyecto completo con planificación de personal, presupuesto, etc. Es un trabajo real que se podría perfectamente desarrollar".

Añade un factor más: la precariedad en los recursos técnicos. Al estar en Boston explica que la rapidez y suplencia de los instrumentos no son los mismos:  "Aquí (en Estados Unidos) si necesito un instrumento para el laboratorio, me lo compran y lo tengo en un día; allí es inmediato. En España, probablemente no te lo compran, o tardas meses en conseguirlo". "Hay una falta de financiación clara" expresa. Y considera que con esas condiciones en España "es imposible avanzar al ritmo que exigen los desafíos actuales".

"No llama mucho la atención volver a España siendo honesta, por todo, no solo por el tema laboral; siento que está un poco regular, y si me quedo en Estados Unidos es porque me quedo en una empresa que valore mi trayectoria en el doctorado y que pueda potenciar mis habilidades, y por eso me gustaría experimentar eso durante unos años", termina sentenciando que quiere volver a España pero que esa decisión implica "renunciar a este trabajo que pueda darme más dinero así como en consecuencia proporcionarme un desarrollo tecnológico mucho más potente".

Los testimonios de estos tres jóvenes científicos permite elaborar un diagnóstico general del problema: España forma científicos excepcionales pero le cierra la puerta a hacer una carrera acorde a los conocimientos adquiridos. La combinación de baja inversión, precariedad salarial y escasez de plazas académicas convierte la carrera científica en un camino con un futuro incierto.

La consecuencia es una fuga de cerebros en la que España se convierte en una fuente constante de talento hacia otros países, donde la ciencia no es una promesa, sino una prioridad estructural. En palabras de Albert: "Quedarse en España, si te quieres exigirte en el ámbito académico, es un error".

La formación científica española, especialmente en áreas como astronomía, física, biología o matemáticas, sigue gozando de un alto reconocimiento internacional. Investigadores formados aquí siguen siendo reclamados fuera y algunos regresan en las escasas oportunidades que se presentan. En resumen, podría decirse que el sistema educativo español en el ámbito científico se asemeja a un coche con un motor potente - grandes universidades y talento joven con ambición- pero con el depósito vacío, con poca financiación y sin plazas para aquellos que vienen desde el extranjero tras años de formación.

Según Albert, "aunque hubiera una gran inversión, no es una cosa que se pueda cambiar de un día para otro; si ahora mismo hubiera más inversiones, no veríamos la industria crecer de un mes a otro ni de un año a otro. Requiere muchos años para que las empresas vengan, para que los diferentes laboratorios que hay de investigación crezcan y que las personas que están estudiando o que están haciendo investigación fuera vengan a ciudades de España para estudiar. Es un proceso lento, con lo cual, aunque se hicieran cambios ahora mismo, tardará años en cambiar".

Estos jóvenes científicos dejan una serie de consejos de los que debería tomarse nota. Que la premisa fundamental que provoque el retorno de los jóvenes es "una buena calidad de vida" define la precariedad del modelo educativo: "Se debería invertir en más becas, mejores salarios, flexibilizar la normativa, crear plazas, reforzar el tejido de I+D en la empresa, y atraer startups innovadoras con tal de retener el talento joven". Además, un último recordatorio que dan estos jóvenes es que "el doctorado y la investigación deben valorarse como empleo real: si una persona dirige equipo, gestiona presupuesto y produce conocimiento, eso es trabajo, no un estudio más".

Este sistema puede revertirse así y transformar su potencial estructural en acción efectiva como han comentado los jóvenes científicos. De lo contrario, España seguirá exportando su talento mientras importa conocimiento elaborado por quienes nacieron aquí.

Este tendencia puede revertirse si escuchamos a jóvenes como Albert, Julia o Isabella que viven y se enfrentan a los retos que les llevan a escapar de España. El problema de Julia podría solucionarse si se flexibilizara el acceso al doctorado, permitiendo el acceso directo a personas con doble titulación o trayectorias de investigación, sin necesidad de cursar máster en España, para alinearse con sistemas europeos más ágiles. En general y para todos los estudiantes del sector una medida que beneficiaría a evitar la fuga de cerebros sería "subir los salarios de doctorandos y postdocs, y destinar más recursos a infraestructuras y compras de equipamiento científico" como explicaba Isabella. Cambiar la normativa contractual para considerar el doctorado como experiencia laboral, incentivando la contratación de doctores y cerrando la puerta a la "subvaloración formativa". Crear más plazas estables o semi-estables en universidades y centros de I+D públicos, y fortalecer la colaboración público-privada. Promover hubs de innovación que traigan talento del extranjero y potencien la creación de empresas y startups de base tecnológica. Dar visibilidad a las trayectorias de jóvenes investigadores, facilitando su regreso con incentivos fiscales, apoyo logístico y oportunidades reales en instituciones dignas, como explicaba Albert.

Porque, a fin de cuentas, esta es la realidad a la que se enfrentan estos jóvenes, una realidad que lejos de retener talento, lo exporta.

Y como recuerda Albert, "el objetivo no debe ser emigrar, sino construir aquí un entorno donde sentirse libre de exigirse" concluye.

La escasa estrategia de las autojustificaciones según Maquiavelo

 El problema: ¿por qué nos justificamos y por qué eso nos destruye? ¿Te ha pasado?

¿Alguien te acusa de algo injusto o distorsiona tus intenciones? ¿Cuál es tu instinto inmediato? Dar explicaciones, justificar cada detalle, aclarar malentendidos, rogarles que entiendan tu versión de los hechos. 

Parece racional, parece justo, parece humano; pero es precisamente ahí cuando cedes tu poder.

¿Por qué? Porque, al justificarte automáticamente, aceptas dos cosas peligrosas:

Primero, que la otra persona tiene la autoridad para juzgarte.

Segundo, que necesitas su aprobación para sentirte limpio.

 Entras en un juego emocional que ya había comenzado contigo en desventaja. Maquiavelo lo comprendió hace siglos. La percepción del poder no depende de la verdad, depende de la narrativa. Y, ya que quien domina la narrativa domina la percepción, quien domina la percepción domina el resultado. Cuando te apresuras a justificarte, el mensaje es claro: "Estoy nervioso. Intento demostrar algo. Necesito que me creas." Eso es un alegato autojustificativo.

Para tu atacante esto es como el olor a sangre para un depredador. Ahora, detente y piensa. ¿Cuántas veces has visto a personas inocentes intentando desesperadamente explicarse, pero aún así consideradas culpables? Esto sucede porque en la mente de la gente quienes se defienden demasiado parecen débiles o esconden algo. Es injusto, pero es cierto. Este es el error fundamental.

Creer que la explicación limpia tu imagen. No es así. Simplemente confirma que has aceptado el juicio de la otra persona como válido. Has puesto tu destino en manos de quien te acusó. Y peor aún, has demostrado que te importa demasiado su opinión. Esto es munición emocional. De ahora en adelante verás que hay un camino diferente, un camino frío, estratégico y psicológico. Un camino que no busca ser comprendido, sino respetado, que no implora aprobación, sino que crea una presencia tan inquebrantable que cualquier acusación se desvanece. Este es el truco maquiavélico: nunca te justifiques.

Cuando dejes de reaccionar, como la mayoría de la gente, sentirás algo extraño, un peso que se levanta. Es como salir de una prisión invisible que tú mismo construiste. Por eso es justificarse un clamor por la aceptación de quién eres. Pero el verdadero poder no exige aceptación, exige respeto silencioso. El principio maquiavélico: silencio y reversión del ataque.

Maquiavelo escribió que es mejor ser temido que amado si no es posible ser ambas cosas. Esto aplica directamente a lo que estamos discutiendo. Puedes ser amado por explicarlo todo e intentar ser comprendido, pero nunca serás temido. Y en los juegos de poder, quienes no son temidos son manipulados. Cuando decides no justificarte nunca, envías un mensaje contundente. No reconozco tu cancha. No juego en tu terreno. Esto genera incomodidad inmediata en quienes te atacan, pues esperaban una pelea emocional, una oportunidad para desestabilizarte. En cambio, ofreces silencio o peor aún, indiferencia.

Imagina, alguien dice, "Eres arrogante."La respuesta normal sería, "No soy arrogante. Me malinterpretaste solo."

Pero el operador maquiavélico sonríe, mira con calma y responde: "Interesante punto de vista." Y lo deja ahí, sin defensa, sin súplica de comprensión. No hay prisa por limpiar su nombre. Este silencio es desconcertante porque rompe el guion emocional. El acusador esperaba resistencia. Sin ella se siente solo en el escenario hablando con eco. Esto le hace preguntarse, ¿reaccioné de forma exagerada? ¿Todos me ven como el inestable? Así es como se invierte la narrativa. Y cuando respondes con una sutil inversión, el impacto es aún mayor. ¿Te acusan de ser manipulador?

Respondes: "Es curioso cómo la gente llama manipulación a lo que no puede controlar". Te llaman frío; Respondes: "Es extraño cómo la calma da tanto miedo". Esto convierte la acusación en un reflejo del propio acusador. Este es el principio. No te defiendas. Mantén una presencia inquebrantable. Si es necesario, devuelve el ataque como un espejo. Resultado, te vuelves impredecible, difícil de alcanzar emocionalmente. La gente empieza a pensarlo dos veces antes de atacarte, no porque te expliques bien, sino porque pareces peligroso. Esta estrategia crea un efecto dominó. Quienes te acusan parecen desesperados y quienes observan se sienten respetados. No ganaste por demostrar tu inocencia, ganaste porque nunca entraste en la contienda. 

Ejemplos de la vida real, cómo aplicarlos en diferentes áreas de la vida. 

Uno, en el trabajo. Estás en una reunión y alguien rechaza tu propuesta. No creo que tu estrategia esté bien pensada. La mayoría de la gente intentaría justificarse: "No, mira, pensé en cada punto..." Y perdería el control de la situación. El operador maquiavélico responde: "Gran observación. ¿Cómo lo harías diferente?" Ahora el acusador está bajo presión. La narrativa cambia. Ahora necesita demostrar que tiene algo mejor mientras tú mantienes la calma.

Dos, en las relaciones con tu pareja. Ella dice: "No te importo". Es instinto natural: "¿Qué quieres decir?". "Lo hago todo por ti. ¿Recuerdas cuando yo...?" Pero esto solo valida las emociones de la otra persona.

El enfoque maquiavélico; una mirada tranquila, un tono suave. Así es como te sientes; ahora, el peso del drama recae en quien hace la acusación. A menudo, esta persona se siente exagerada porque no alimentaste la lucha emocional. 

Tres, en redes sociales. Alguien comenta: "Eres falso, solo quieres que te vean". Lo habitual es un largo mensaje explicándote, pero publicas algo público y enigmático. "Es curioso como la verdad molesta más que las mentiras". De repente dejas de estar a la defensiva, tienes el control de la narrativa.

Otros ejemplos incluyen lidiar con jefes hostiles, familiares controladores o amigos competitivos. En todos los casos la lógica es la misma. No reacciones emocionalmente. Quien controla la emoción controla el resultado. Esta técnica no se trata solo de callar, se trata de controlar la energía emocional del momento. Quienes hablan primero e intentan justificarse pierden de vista la situación. Quienes guardan silencio o responden con calma e invertidamente se ganan el respeto. Con la práctica notas un poderoso efecto secundario. La gente empieza a pensarlo dos veces antes de acusarte o provocarte, porque ahora saben que no eres un blanco fácil, eres un espejo peligroso.

La transformación final: no más modo defensivo. Cuando eliminas la necesidad de justificarte, cambias por completo la percepción que el mundo tiene de ti. Dejas de ser reactivo y te vuelves estratégico. Desde ahora en adelante, tu comportamiento debe seguir tres principios: 

Uno, silencio calculado. No todo ataque merece una respuesta. El silencio es más desconcertante que cualquier argumento.

Dos, respuesta breve y neutral. Al hablar, usa frases que cierren la conversación, no que la prolonguen: Interesante punto de vista. Así lo ves. Es interesante pensar así. 

Tres, reversión elegante. Si decides responder, hazlo de forma que exponga la debilidad de la otra persona sin parecer vengativo. 

Es extraño como la confianza molesta a tanta gente. No se trata de ser frío ni insensible, se trata de ponerte por encima de la necesidad de validación. No intentas caerle bien a todo el mundo. Estás construyendo una imagen de estabilidad emocional y una presencia poderosa. Las personas que necesitan besarse constantemente son vistas como inseguras. Quienes mantienen una postura y rara vez se justifican son vistos como personas con autoridad. El mundo respeta a quienes parecen tener control absoluto sobre sí mismos porque eso es poco común. 

Cuando dominas esta práctica sucede algo interesante. Tus enemigos se sienten incómodos porque no pueden tocarte. Tus amigos te respetan más porque sienten que eres sólido. El público, los colegas, los socios empiezan a defenderte sin que se lo pidas. Esta es la llamada victoria sin guerra. No luchas, no te agotas, no te justificas, simplemente existes con tanta confianza que cualquier ataque en tu contra parece pequeño, frágil y desesperado. 

Aplícalo hoy. La próxima vez que alguien intente acusarte o provocarte, respira hondo, calla y recuerda: "No te debo explicaciones. Yo controlo la narrativa." Porque el poder no está en convencer a los demás, el poder está en no tener que hacerlo nunca. Esta es la libertad que pocos tienen y ahora puede ser tuya.

Más recientemente esto es lo que se llama comunicación asertiva. Hay varias técnicas de argumentar o contraargumentar a aquella persona emocionalmente descontrolada, no para ridiculizarla, sino para ayudarla a que se dé cuenta de su mal proceder y evitar que escale el conflicto. Una frase "comodín" para desarticular es que "las opiniones se pesan, no se cuentan". 

Un dato muy interesante es que, justamente, nadie puede estar totalmente justificado. Y es un gran problema epistemológico, ya que no importa cuánto sepas y cuál sea tu campo de conocimiento, porque la pregunta escéptica siempre puede dar lugar a la incertidumbre. Así que, si nos justificamos más, podemos caer en el famoso regreso o círculo vicioso haciendo que las explicaciones se vuelvan fallidas e ineficaces. Psicológicamente, el impacto es peor, porque no estamos hablando de un campo puramente lógico, donde la disputa terminaría por acordar cómo sería ese sistema o estructura, sino que es una disputa contra otra persona. Cuanta menos explicación, quien entre en duda es el contrincante.

martes, 12 de agosto de 2025

Las cincuenta mejores películas españolas del último medio siglo

 [Yo hubiera añadido Alas de mariposa, Epílogo, Ópera prima, La lengua de las mariposasLa niña de mis ojos, El efecto mariposa etc...]

 Las 50 mejores películas españolas del último medio siglo. En Babelia, 10 de mayo de 2025:

Un jurado de 53 periodistas selecciona los largometrajes más relevantes desde la muerte del dictador en 1975.

¿Ha cambiado mucho el cine español en este medio siglo? Un vistazo a la lista de las mejores 50 películas —elegidas por 53 periodistas culturales y expertos cinematográficos vinculados con EL PAÍS, que en total han votado 215 películas— da una respuesta contradictoria: sí y no. Desde luego, son novedosas, y muy relevantes, la explosión de un cine de terror que ha transitado más allá del género para narrar historias sociales; la consagración de una generación de directores —la mayor parte de ellas no habían nacido cuando murió el dictador Francisco Franco— que han encontrado, por fin, el espacio para contar sus historias (y vistas las taquillas, había un público esperándolas) y la ambición artística y de presupuestos de cineastas que entienden España como un lugar de partida. Pero sigue habiendo hueco y respeto por los clásicos. Clásicos como Arrebato; El desencanto; Los santos inocentes; Amanece, que no es poco; La escopeta nacional o El sur que señalan maneras de encarar las grandes cuestiones a los creadores actuales. Y por supuesto, siempre, la sombra de Pedro Almodóvar, el maestro actual, el creador que ha logrado que cada generación tenga un almodóvar favorito.

1. Arrebato

1979. Iván Zulueta

Arrebato es la única película firmada por Iván Zulueta, creador excepcional cuya obra (dispersa entre cortosmetrajes, dos capítulos de televisión, fotografías y afiches, además de un debut, Un, dos, tres... al escondite inglés , acreditado a José Luis Borau) abarcó toda su vida. Pudo haber sido el director más relevante de España, y quién sabe si de Europa. Su adicción a la heroína no le permite centrarse en el cine. Tampoco lo necesitó económicamente. Hijo de una familia bien de San Sebastián —su padre dirigió el festival en cuatro ediciones—, capturó en Arrebato la fascinación por el propio hecho fílmico. En los contornos del fantástico, esta irrepetible película no se parece a nada, y aún así todos nos reconocemos en ella. Con un guion al que ningún gurú de la narrativa daría el visto bueno, rodada bajo el sol invernal de Madrid, Arrebato versa sobre el tiempo detenido (la heroína, la fotografía, el cine) y la capacidad —la necesidad— de entregarse a él. Jimina Sabadú

2. La escopeta nacional

1978. Luis García Berlanga

Pocas películas reflejan tan bien la supervivencia de la clase política cuando las cosas se estropean. La mira nacional puede leerse como una venganza de Berlanga a toda esa clase social que supo mantenerse en el poder en el tardofranquismo. La acción transcurre durante una de las famosas cacerías que en la dictadura servían para hacer negocios, cambiar leyes y hasta señalar a los enemigos. Aparecen ministros, señoritos, nobles y los arribistas, esos don nadies que sabían cómo ascender en el gobierno del régimen. Nadie como Berlanga para retratar lo absurdo de esa situación, con su mirada sagaz, su humor negro, algo pesimista, y sus frases que han pasado a la historia. Como cuando el empresario catalán vendedor de porteros automáticos, interpretado por José Sazatornil, dice eso de “yo soy apolítico, de derechas de toda la vida”. Frase que todavía habla de una tipología de español que pervive en nuestros días. Pepa Blanes

3. El sur

1983. Víctor Erice

Aunque es imposible desligar El sur de su naturaleza de película inacabada e incompleta, en ella anidan algunas de las imágenes más imperecederas del cine español. Adaptación del cuento homónimo de Adelaida García Morales, El sur es la elegía de una hija, Estrella, ante el enigma de su padre, Agustín. Ella es la memoria de un hombre marcado por el silencio, el de los vencidos de la guerra, el de los aventureros lejos del sur. La prodigiosa primera secuencia de la película es el anuncio de la tragedia y de la transmisión padre-hija a través de un objeto mágico, un péndulo de zahorí. Pero quizás el momento más inolvidable, improvisado por Víctor Erice durante el rodaje, es la emocionante secuencia del baile de la primera comunión, con Omero Antonutti y Sonsoles Aranguren (después Icíar Bollaín de adolescente) unidos para siempre por el alegre compás del pasodoble En er mundo. Elsa Fernández Santos

4. Los santos inocentes

1984. Mario Camus

Cuentan que en su estreno, cuando Azarías ajusticiaba al señorito Iván, en los cines se aplaudía. El éxito de la adaptación de la novela de Miguel Delibes era esperable, no tanto que se convierta casi en un fenómeno social. Tal vez porque para muchos fue fácil reconocer a sus padres en aquellos vasallos que aceptaban resignados los desmanes de los caciques, con la esperanza de darles a sus hijos un futuro que ellos ni siquiera se permitieron soñar. Frente a la modernidad a veces impostada de los ochenta, la película de Mario Camus les recordaba a aquella España que se quitaba el polvo de la dehesa de dónde veníamos ya dónde podríamos volver. Alfredo Landa y Paco Rabal se llevaron el premio de interpretación en Cannes; Podrían haberlo compartido también Terele Pávez, Juan Diego y hasta la milana bonita. Pocas veces un reparto ha estado tan tocado por la gracia. Eva Guimil

5. Mujeres al borde de un ataque de nervios

1988. Pedro Almodóvar

El cielo imposible de Madrid, tal vez fruto de una sobredosis de orfidales disueltos en el gazpacho. La maqueta del edificio que pronto descubrimos que no es un truco barato de atrezo. Desde el primer plano, todo parece decorado —o “estudiado simulacro”—, pero todo es de verdad. En su película más popular (en ambos sentidos de la palabra), Almodóvar convierte el artificio en poética y sus carencias en estilo. Mezcla de géneros que no deberían tocarse —comedia, melodrama, policiaco— con un desparpajo radical, deformando el huis clos del teatro de bulevar y con La voz humana de Cocteau como modelo latente de un cine que gravitó en torno al desamor antes de centrado en la muerte. Los chiitas, el mambotaxi , los looks polvorientos de Julieta Serrano, las cafeteras-pendientes, la abogada feminista, la portera devota de Jehová: cada detalle se vuelve icono. Carmen Maura borda el papel de su vida, con María Barranco como gloriosa robaescenas. Mucho antes del MeToo, Almodóvar defendió un feminismo sin revancha, una hermandad incipiente, la posibilidad de una maternidad solitaria. Puede que no sea su mejor película, pero sí es la más irrepetible. Álex Vicente

6. Amanece, que no es poco

1989. José Luis Cuerda

Una votación para elegir a la puta del pueblo, hombres que crecen en los bancales, misas con aplausos y vítores, fogonazos en el culo, un guardia civil pegando tiros al sol, colas en el bar para tomar copitas de anís, reflexiones ante una calabaza, el padre y el hijo que llegan en moto con sidecar a un insólito pueblo manchego. Tantas son las maravillas que se suceden a lo largo del metraje de Amanece, que no es poco , que cada secuencia y cada diálogo se convierte en un prodigio de humor y sabiduría del absurdo. Dirigido por José Luis Cuerda en 1988, la película, con frases antológicas y demoledoras, se ha convertido en un título necesario y de culto de la historia del cine español. El elenco interpretativo, con José Sazatornil, Manuel Alexandre, Luis Ciges, Chus Lampreave, Aurora Bautista, Antonio Resines y tantos otros, es un verdadero sueño. Rocío García

7. El desencanto

1976. Jaime Chávarri

Meses después de la muerte de Franco se estrenó este documental producido por el imprescindible Elías Querejeta y cuyo título terminaría calificando una Transición que algunos querían rupturista y no lo que fue: reformista. La película de Jaime Chávarri tiene, sin embargo, más de sociología que de política. A través de entrevistas con la viuda (Felicidad Blanc) y los tres hijos de Leopoldo Panero —uno de los mejores poetas del Régimen— asistimos a la demolición total de una familia que era pura fachada, ejemplo oficioso de una institución sacralizada por el nacionalcatolicismo. Sin ahorrar reproches, Juan Luis, Leopoldo María y Michi despliegan toda su inteligencia ―que era mucha― ante una madre incomprendida y contra un padre ya incomprensible. El documental consagró al novísimo Leopoldo María como el loco oficial de la literatura española. En 1995 Ricardo Franco estrenó lo que parecía una secuela imposible: Después de tantos años. Javier Rodríguez Marcos

8. Alcarrás

2022. Carla Simón

Cirujana de los sentimientos, a los que disecciona cámara en mano, y respetuosa retratista de lo humano, tan rigurosa como cariñosa con sus personajes y sus historias, a Carla Simón nada le sale mal en su crecimiento cinematográfico. Con Alcarràs logró el Oso de Oro de Berlín, y se convirtió en la primera directora española en ganar un festival de clase A. Un resultado merecido con este ambicioso paseo por el fin de una época, la de los agricultores de frutales —como la familia materna de Simón en Lleida—, decadencia que hunde al clan protagonista, a la vez que atisbamos los juegos y las preocupaciones de los niños y de los adolescentes que les rodean. Porque ellos encaran la vida en una casa familiar sitiada por el siglo XXI. Rodada con actores no profesionales, sutil (con esas discusiones filmadas desde ventanas y puertas, o con esos juegos infantiles tan sinceros) y mágica, Alcarràs, sin proponérselo, acaba siendo una obra maestra contundente, limpia y valiente. Gregorio Belinchon

9. Cría cuervos

1976. Carlos Saura

Película bisagra que se escribe y se rueda con Franco vivo, pero que se estrena con Franco muerto, Cría cuervos se convirtió, desde dentro de la propia historia y desde lo que estaba ocurriendo en el exterior, en una fascinante metáfora de la opresión, representada por las niñas protagonistas, casi siempre recluidas en casa a pesar de estar de vacaciones, y que sólo al final, como la propia España con el óbito del dictador, se preparan para una nueva etapa en sus vidas. Con independencia de su simbolismo, la película de Saura se configura como una extraordinaria experiencia sensorial de colores, sonidos, ritmos y músicas (ese inmortal Por qué te vas, de Perales y Jeanette, redondeando los ojazos de Ana Torrent); como una misteriosa, enigmática y vanguardista obra de arte acerca de la obsesión por la muerte, de enorme influencia en sucesivas generaciones de cineastas españoles. Premio Especial del Jurado en Cannes, y 1,3 millones de espectadores. Javier Ocaña

10. Función de noche

1981. Josefina Molina

El paso del tiempo ha beneficiado a este descarnado documental en el que Lola Herrera se convirtió, sin saberlo, en el medio de toda una generación de españolas condenadas al silencio o la ignorancia, y no solo sobre su vida sexual y sentimental. Herrera hablaba por ella, pero en su valiente desnudez —“Soy una mujer que nunca ha tenido un orgasmo”, dice la frase más célebre de la película— revelaba la realidad de las mujeres cuya educación (y desarrollo) quedó en manos de la ideología franquista. El cruce de verdades ante el que fue su marido, el actor Daniel Dicenta —que también hace un ejercicio de exorcismo ante su propia estafa como hombre: “A nuestra generación nos han hecho mierda”, decía Dicenta— fue el material con el que Molina logró una película inclasificable que responde desde el amargo dolor de una pareja rota a las aberraciones del matrimonio bajo el retraso de la dictadura. Elsa Fernández Santos

11. Todo sobre mi madre

1999. Pedro Almodóvar

Las mujeres trans son mujeres y, de vez en cuando, padres inopinados. Estrenada en 1999, en la bisagra del siglo y el milenio, Todo sobre mi madre , piedra angular de la filmografía colorida e intimista de Pedro Almodóvar, anticipó algunos de los temas urgentes del presente y despidió otros del pasado: el feminismo y la identidad de género de este lado; la epidemia de la heroína y el sida del otro. Con una cascada de premios, desde el Óscar a la mejor película extranjera al Goya, este drama de diálogos de alta intensidad emocional e imágenes cargadas de simbolismos explora con una mirada desprejuiciada las formas cambiantes de la maternidad. Llena de interpretaciones notables, sobresale la de Antonia San Juan en el papel de Agrado, dignísima y entrañable prostituta trans cuya finalidad consumada en la vida era, como prometía su nombre, la de dejarnos a todos satisfechos. Silvia Hernando

12. El viaje a ninguna parte

1986. Fernando Fernán Gómez

¡Me cago en el padre de los hermanos Lumière! Con esta frase se coronaba en El viaje a ninguna parte una de las secuencias cómicas más memorables del cine español, en la que don Arturo (Fernando Fernán Gómez) fracasó estrepitosamente en su primer, y único, papel cinematográfico. Era un momento delirante en una narrativa amarga y sentimental sobre un grupo de cómicos (mitad vagabundos, mitad artistas) que recorren durante los años cincuenta una España sedienta de cultura y hambrienta de pan hasta lograr la oportunidad de cambiar su destino. Aunque ese golpe de suerte sea otra ficción dentro de la ficción. Mejor película en los primeros Premios Goya, en El viaje a ninguna parte Fernando Fernán Gómez se rodeó de un plantel de actores que atravesaba varias generaciones (de María Luisa Ponte a Gabino Diego) para retratar en un país que seguía contándose mentiras para sobrellevar un pasado reciente lleno de penuria y derrota. Conchi Cascajosa

13. Como mejor / As  bestas

2022. Rodrigo Sorogoyen

Los milagros se obran o no se obran, y en el caso de As bestas vaya si se obró. La proverbial capacidad de Rodrigo Sorogoyen para hacer fluir en forma de películas o series las historias más bestias (véase El reino , véase Antidisturbios…) cobra aquí una dimensión cercana a lo improbable. Uno no sabe con qué quedarse —se queda con todo, vaya— en este thriller rural que se llevó nueve premios Goya (los principales, sí, ha acertado, querido lector) en 2022. El guion de Sorogoyen e Isabel Peña, puro in crescendo, es sórdido, angustioso y anfetamínico. También la forma de rodar, con la cámara persiguiendo a los actores y persiguiendo al espectador. Las interpretaciones de todos, de los agredidos y de los agresores, pero muy especialmente la de Denis Ménochet (sí, aquel granjero francés del arranque de Malditos bastardos) son grandiosas a la par que antigrandilocuentes. Muy bestia, As bestas. Borja Hermoso

14. ¿Quién puede matar a un niño?

1976. Narciso Ibáñez Serrador

Una obra escalofriante. Los niños, habitualmente símbolo de inocencia, aquí son la representación de la violencia más terrorífica, la que ocurre sin razón aparente. Esta inversión de lo esperado perturba ya la vez engancha: el miedo no es provocado por lo monstruoso, sino por lo puro. Además y sorprendentemente, el horror no se oculta entre sombras. Ibáñez Serrador elige la luz del sol como cómplice de la angustia: el pueblo bañado en claridad, las calles desiertas y la calma aparente son más inquietantes que cualquier noche oscura. Los protagonistas están atrapados en una pesadilla a plena vista, donde el brillo del día no ofrece refugio, sino una exposición brutal. Imposible al acabar no preguntarse aquel clásico de: “¿Está la maldad en nuestra naturaleza?”. Thomas Koch

15. El crimen de Cuenca

1979. Pilar Miró

Un error judicial, el caso Grimaldos, sirve a Pilar Miró para mostrar que el caciquismo, el clericalismo y la violencia policial seguían presentes en España a pesar de que el país se hallara en plena transición.El crimen de Cuenca es muchas cosas, un thriller sobre un suceso acaecido a principios de sigo en varios pueblos conquenses, pero también es un documento de nuestra historia, que refleja el grave trauma que los españoles hemos mantenido con nuestro pasado reciente, no solo por lo que cuenta, sino por lo que el via crucis que pasó la propia película. La película fue censurada en 1980 y Miró, procesada por la Justicia Militar. Todo esto no hizo más que despertar la curiosidad de una España que no temía a mirar al pasado, pues la película fue la más taquillera de 1981 a pesar de las amenazas violentas de la extrema derecha. Pepa Blanes

16. Estío 1993

2017. Carla Simón

La verdad autobiográfica y el rigor en la elección de un punto de vista explican la excepcionalidad de la opera prima de Carla Simón, que narra sin estridencias, sentimentalismos, ni impostada ternura el primer verano de orfandad de una niña de seis años que acaba de perder a sus padres bajo el estigma del sida. La sutileza en las maneras expresivas recorre todo el conjunto, en el que brillan momentos como esa secuencia en la que dos niñas juegan y, sin subrayados, se manifiesta, a través de los gestos y las palabras de la pequeña Frida, esa vida pasada al lado de una madre a la que le dolían los huesos y que nunca encajó en lo que la familia esperaba de ella, pero que dejó un vacío que nada parece ser capaz de llenar. No hay receta, método, ni fórmula magistral que enseñe a hacer una película tan diáfana. Jordi Costa

17. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

1984. Pedro Almodóvar

Veinte años después de que Betty Friedan descubriera “el problema que no tiene nombre” que llevaba a la depresión a las amas de casa, Pedro Almodóvar rodó su particular mística de la feminidad en versión neorrealista española. Por supuesto que ninguna mujer tendría un orgasmo fregando el suelo de la cocina, especialmente si vivía entre descampados del extrarradio de Madrid en los ochenta, limpiaba casas por cuatro duros y se entregaba a la piedad química de las anfetaminas para aguantar en los 40 metros de su piso a un marido inepto y machista, un hijo chapero, otro camello y una suegra neurótica. Con una Carmen Maura magistral en el papel de Gloria y unos secundarios tan estrambóticos como maravillosos, la cuarta película del manchego contiene frases que son ya historia de España, como ese “Paso total de vosotras, me aburrís”, de una impagable, y eterna, Chus Lampreave. Noelia Ramírez

18. Tesis

1996. Alejandro Amenábar

"Me llamo Ángela. Me van a matar". Ángela sabía que no debía seguir investigando las películas snuff , que muestran tortura y violencia extrema real, que encuentra en el archivo universitario y entre las que está la grabación del asesinato de una exalumna de su facultad. Y, aún así, siguió investigando y acercándose cada vez más al asesino. La mirada aterrorizada de la actriz Ana Torrent se convirtió al instante en uno de los iconos del cine español de los noventa en esta película en el que comparte pantalla con los debutantes Fele Martínez y Eduardo Noriega. El escenario de este thriller de suspense, que insinúa más que enseña, son los pasillos grises de la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, en los que estudiaba un Alejandro Amenábar que solo tenía 23 años, abordado cuando escribió —junto a Mateo Gil— su primera película. El thriller , tan turbio en su argumento como brillante en su realización. Ganó siete premios Goya, incluida mejor película. Natalia Marcos

19. El año del Descubrimiento

2020. Luis López Carrasco

El año del Descubrimiento reinterpreta los fastos de 1992 desde la protesta de las clases trabajadoras en Cartagena. Los efectos de la reconversión industrial habían sido devastadores. Un documental polifónico nos ayuda a entender el desencanto político, la desarticulación de luchas colectivas, la persistencia contestataria de los imprescindibles y la impregnación de la clase obrera con valores de un neoliberalismo que identifica a pobres con tontos mientras dibuja al capitalista como merecedor de su fortuna. Se normaliza la explotación. Sentimentalmente. El director trabaja atendiendo a los significados de las rendijas que separan o confunden realidad y representaciones: a veces, el realismo fosiliza la violencia imponiendo una versión irreparable y familiar de lo real; Sin embargo, la conciencia del artefacto de López Carrasco y la empatía con que enfoca a sus protagonistas cuajan en un excelentísimo cine político tanto por el tema, como por el tratamiento del lenguaje cinematográfico y del género documental. Marta Sanz

20. Furtivos

1975. José Luis Borau

La asociación entre José Luis Borau y Manuel Gutiérrez Aragón, maestro y alumno en la escuela de cine de Madrid, dio lugar a varios proyectos. Dos de ellos acabados, como Furtivos y Camada negra, en los que se intercambiaron los créditos de guionista y director, pero compartieron una autoría común. Ambas resultan películas, según el crítico Carlos F. Heredero —biógrafo de Borau con su estudio La voz oculta de un cineasta—, dos películas imprescindibles para entender lo que llama el cine metafórico de la transición española. En Furtivos , los arquetipos del poder y la dominación a gastos del destino trágico que marca una naturaleza imposible de domeñar, convergen en una película magistral. En ella brilla la presencia de una Lola Gaos que simboliza con su personaje todo un rosario diabólico de deseos reprimidos y rencores cocinados al fuego lento de su caldereta. La lucha por la conquista del territorio anímico pugna entre aquellos seres humanos con instintos perpetuamente animales. Son criaturas encerradas en la celda cósmica de un país que no veía entonces la posibilidad de ser liberada pero que de no salir del laberinto hubiera estallado devorándose a sí mismo. Jesús Ruiz Mantilla.

21. Belle Époque

1992. Fernando Trueba

Belle Époque, de Fernando Trueba, es mucho más que una comedia romántica: es una celebración luminosa de una España que pudo ser y no fue. Ambientada en los años treinta, retrata un instante de libertad, belleza y tolerancia justo antes del estallido de la Guerra Civil. En los años noventa, cuando la película se estrena, España aún estaba redefiniéndose tras la Transición. Es posible que la historia que cuenta Trueba actuara como espejo y pregunta: ¿Y si aquella España abierta y vital hubiera prosperado? Su mirada nostálgica no es del todo hacia atrás, sino hacia un futuro truncado, una especie de memoria deseante. Trueba no reconstruye solo un tiempo perdido, sino un país posible. En ese gesto, la película se convierte en un canto utópico y melancólico, tan político como profundamente humano. Máriam Martínez-Bascuñán

22. Los lunes al sol

2002. Fernando León de Aranoa

Cada lunes al sol, haga frío o calor, vértebra la vida de los pobres diablos que habitan eso, Los lunes al sol . Y el espectador vive con ellos, piel con piel, el drama cotidiano del “No hay curro”, como si se pusiera morado a orujos, como ellos, en ese bar que parece un bar, no un bar de película. Hay como una atmósfera de ebriedad amable en esta pequeña obra maestra del cine español sobre la reconversión naval parida por el director Fernando León de Aranoa… y por el llorado productor-autor llamado Elías Querejeta. Santa, José, Lino, Rico, Reina, Amador… otros tantos perdedores en lo material y ganadores en lo moral: Javier Bardem, Luis Tosar, José Ángel Egido, Nieve de Medina, Joaquín Climent, Enrique Villén… un reparto inolvidable para una película inolvidable que arrasó en los Goya de 2003 (Mejor película, Mejor director, Mejor actor —Bardem—, Mejor actor de reparto —Tosar—, Mejor guion…) y en el festival de San Sebastián del mismo año. Una película que en cada visionado parece nueva. Borja Hermoso

23. Te doy mis ojos

2003. Icíar Bollaín

La cámara de Icíar Bollaín entra en el interior de una casa cualquiera de España, en este caso Toledo, para mostrar al más sobrecogedor y duro retrato de la violencia machista, de los miedos, impotencias y la lucha por salir del infierno. Han pasado casi 25 años y Te doy mis ojos sigue siendo un documento imprescindible y necesario para acercarse al horror del maltrato y humillaciones a las mujeres. El guion, coescrito por la propia Bollaín y Alicia Luna, pone su mirada en la destrucción de la mujer que inicia el proceso de superar la situación, sin olvidar al maltratador que busca en la terapia una salida a su propio drama. Dos imponentes actores, Luis Tosar y Laia Marull, dan vida a esta historia trágicamente actual. La película fue la gran triunfadora en la gala de los Goya de 2004, consiguiendo siete galardones, mejor película, dirección, guion, actor y actriz protagonistas, actriz de reparto (Candela Peña) y sonido. Rocío García

24. La isla mínima

2014. Alberto Rodríguez

El director sevillano Alberto Rodríguez consiguió invocar con acierto una época, los años posteriores a la Transición, en clave de thriller cuya complejidad ética y estética cautivó a crítica, espectadores y académicos, y sirvió como modelo a un nuevo cine comercial español sin los complejos de antaño. La isla mínima disecciona el cuerpo social de nuestro pasado reciente con maneras implacables y desde los códigos de género, puestos en escena con una precisión poco frecuente en nuestro cine, inspirada visualmente por la fotografía de Atín Aya y los documentales de los hermanos Bartolomé. A través de la investigación que llevan a cabo dos policías, Rodríguez confronta los modos sociopolíticos del franquismo con los del régimen del 78, y de ello deduce sutilmente una crítica a los logros reales del segundo, sumidos en una grave crisis de legitimidad cuando se produjo la película. Elisa McCausland

25. La ley del deseo

1987. Pedro Almodóvar

El sexto largometraje de Pedro Almodóvar es una estupenda síntesis de su mundo: melodrama sin complejos estéticos y comedia sin límites morales, religión y kitsch, homoerotismo y transexualidad, hijas y madres, metacine y casi teatro, Jacques Brel y Los Panchos, cocaína y pop frívolo. De La mala educación a La voz humana pasando por Tacones lejanos o Dolor y gloria, varias de sus películas posteriores están apuntadas en todo lo que rodea el triángulo amoroso (y doloroso, es decir, escaleno) formado por Eusebio Poncela, Antonio Banderas y Miqui Molina. Junto a ellos, una soberbia Carmen Maura en el papel de madre trans (de Manuela Velasco) abandonada por su pareja (Bibiana Fernández) en un Madrid abrasado por el calor del verano. Los cameos de Pedro y Agustín Almodóvar, Rossy de Palma, Fabio McNamara o Victoria Abril completan ese fractal almodovariano en el que no faltan la música de Bernardo Bonezzi ni el icónico cartel de Ceesepe. Los ochenta eran ellos. Javier Rodríguez Marcos

26. [REC]

2007. Jaume Balagueró y Paco Plaza

Quien vio [Rec] en el cine, lo recuerda. Las salas se llenaron en 2007 de gente tapada bajo su abrigo que se resistía a ver (pero que también quería ver) esta película que mezclaba el puro realismo cañí con un reportaje televisivo zombi grabado con cámara al hombro. Jaume Balagueró y Paco Plaza habían dirigido juntos el documental OT: la película, así que fue un hito inesperado que, de repente, regalaran un clásico del terror adrenalínico y rompedor. Su mal rollo hizo nacer toda una franquicia (acabaron siendo cuatro películas) e incluso un poco imaginativo remake estadounidense que por desgracia no contaba con los ojos, el micro y la naturalidad de Manuela Velasco ni las formas corporales de Javier Botet. Eneko Ruiz Jiménez

27. El laberinto del fauno

2006. Guillermo del Toro

Decir que el cine español son todas las películas de la Guerra Civil es una de las grandes falacias con la se ha luchado históricamente. No solo porque el tópico no sea verdad, sino porque además al conflicto bélico que marcó el trauma español del siglo XX todavía le quedan muchas historias y perspectivas por narrar. Así lo demostró un mexicano como Guillermo del Toro. Primero, en El espinazo del diablo, y, después, con la magna El laberinto del fauno, un triste cuento de hadas sobre las ensoñaciones de la infancia llena de realismo mágico, maquis y de los monstruos que copan su muy personal cine. Fue imposible que la candidez de Ivana Baquero y un elenco con Sergio López y Maribel Verdú en su mejor momento no encandilara incluso a los Óscar, donde logró tres estatuillas. La única espinita que se quedó clavada es que el director no cerrara su trilogía guerracivilista con la abandonada 3993. Eneko Ruiz Jiménez

28. Mi vida sin mí

2003. Isabel Coixet

No era un reto fácil, la temática del cáncer siempre resulta problemática de reflejar. Pero en el cómo es dónde se ve a los grandes creadores y cuando Isabel Coixet decidió abordarlo de la manera en que lo hizo, lo elevó a categoría de poema visual. Eso es lo que le salió a la cineasta catalana en Mi vida sin mí , un prodigio de bellezas, infortunios y rebeliones calladas que se cruzan en torno a la muerte. Seguir viva en otros, marcar los rumbos en ausencia en torno a la bondad y la generosidad de una presencia es lo que cuenta esta película rodada en Canadá y protagonizada con ángel y verdad por Sarah Polley. Fue otro de los aciertos de Coixet, la elección de esta actriz y un reparto en el que destacan, tanto en su elegante decadencia Debbie Harry como en su prometedora proyección de futuro Mark Ruffalo. La delicadeza, el tono ausente de sensibilidad, pero contundente en la emoción, ese poder a la hora de fundir el neón crepuscular de sus imágenes con la música siempre adecuada que marca un estilo propio, consolidaron a Coixet como una de las grandes cineastas del siglo XXI. Jesús Ruiz Mantilla.

29. Los amantes del Círculo Polar

1998. Julio Medem

Los amantes del Círculo Polar es la culpable de que toda una generación buscase señales en cada coincidencia, en cada palíndromo. La gélida fotografía de Gonzalo F. Berridi, la exquisita banda sonora de Alberto Iglesias y la estructura circular convirtieron la película en una obra de culto casi de forma instantánea. La voz en off, que atraviesa todo el relato, generó fanáticos y detractores a partes iguales. Julio Medem (sí, Medem: otro palíndromo) escribió el guion en pleno divorcio, y se nota. Otto y Ana, Ana y Otto son el eco de una época y una edad para trágicos y enamoradizos. Jimena Marcos

30. Hola, ¿estás sola?

1995. Icíar Bollaín

Icíar Bollaín, que ya habría pasado a la historia del cine español solo por su papel en El Sur, debutó a los 28 años con esta película sobre la amistad entre dos jóvenes de veinte, unidas por un pasado de soledades y orfandad y un porvenir, tal vez en común, que se enfrentan desde dos lugares opuestos: el pragmatismo de Candela Peña y la ensoñación de Silke. Bollaín logró algo poco común: dar con una voz propia a la primera. En el cine de los noventa, que nos tenía acostumbrados a su retrato de una juventud hedonista, los dos personajes de Hola ¿estás sola? se dan de golpes contra la vida en su búsqueda de un futuro mejor que no acaba de llegar. Iker Seisdedos

31. El día de la bestia

1995. Álex de la Iglesia

En 1995, la película más taquillera del cine español fue Two Much. De acuerdo. Es un modelo perfecto de cine convencional. Pero ese mismo año, El día de la bestia zarandeó el muy a menudo adormilado panorama del cine español. Pocos estaban preparados para un revolcón de tal calibre. Un cura, un heavy y un vidente televisivo han de atrapar al Anticristo, que va a nacer en Madrid el día de Nochebuena. Tan lisérgica sinopsis debería haber asustado a cualquier productor, pero ahí estaban Iberoamericana, Sogetel y Canal+ España para avalar el disparate. Un dispar que se concretó en una detonación fílmica. Con tanta desfachatez como pericia, con tanta potencia como meticulosidad, Álex de la Iglesia unió subversión temática e imaginación visual para repartir contundentes bofetadas a la idiocia televisiva, al fascismo, a la mentalidad biempensante y, también, a los cinéfilos acomodados. Y hoy cabe pensar que treinta años después, pocos se atreverían a escribir un guion en el que el Anticristo fuera a nacer al amparo de las madrileñísimas torres KIO. Así, hace 30 años, El día de la bestia mostró que otros cines españoles son posibles. Lo único que hay que hacer es atreverse a filmarlos. Miguel Ángel Palomo.

32. Hable con ella

2002. Pedro Almodóvar

"Nada es sencillo. Soy maestra de ballet y nada es sencillo", dice el personaje interpretado por Geraldine Chaplin al final de este melodrama oscuro que consolidó, tras Todo sobre mi madre, la gran etapa de madurez en el cine de Almodóvar. La frase resume el espíritu de una película en cuyo centro palpita una perturbadora paradoja —un acto atroz ejecutado por un alma pura—, en cuyos márgenes se apuntan muchas otras historias posibles, como la de la improbable amistad surgida entre dos hombres que velan los cuerpos yacentes de sus amadas o la de la inesperada transformación de una energía amorosa que la película abandona en el umbral mismo de su próxima iteración. Todo es complejo e irreductible a una sola idea en este laberíntico relato de mujeres fantaseadas por hombres solitarios que apunta a la médula misma del género melodramático: el eterno pulso entre el deseo y la ley. Jordi Costa

33. Jamón, jamón

1992. Bigas Luna

Si Freud hubiera sentado al macho cabrío español en un diván, tras hurgar en ese subconsciente habría descrito algo parecido a Jamón, jamón. No era Sófocles sino un transgresor que veía lo atávico en lo cutre. No pudo ser más preciso Ángel Fernández-Santos en su descripción tras asistir a su polémico estreno en Venecia: “Astuta sesión de gastronomía sexual orquestada por este cineasta ibérico de pura cepa, que es el catalán Bigas Luna”. La primera película de Penélope Cruz y una de las iniciales de la trayectoria de Javier Bardem es una versión cañí de una tragedia edípica grabada en el lejano oeste de Los Monegros. No es solo el primer plano de los calzoncillos lo que lo sexualiza todo. La conexión con lo reprimido llegaba al paroxismo con una secuencia que podría haber grabado un Buñuel pop: el arranque desesperado del testículo del toro de Osborne como aceptación histérica de una tibia masculinidad derrotada. Jordi Amat

34. De nens

2003. Joaquim Jordà

La ansiedad de impugnar el sistema puede tener algo de paranoia, pero la cinematografía de Joaquim Jordà evidencia la necesidad de atreverse a contemplar sospechosamente la realidad para imaginar cuál es el lado opaco del orden establecido. Seguramente el mejor recurso para conseguirlo es la transgresión del lenguaje fílmico rectilíneo y tradicional. Las tres horas de De nens, que enlazaba con el Raval de Arcadi Espada, es un caso incómodo y revelador de este documentalismo político. Mezclando discursos de todo tipo, la percepción del espectador queda alterada y así el director desvela lo invisibilizado. A partir de la grabación del juicio sobre un presunto caso de pederastia en el barrio degradado, pero también con entrevistas a vecinos e incrustando escenas de teatro experimental, Jordà construyó una interpretación crítica del proceso de transformación urbana que conectó con el surgimiento de la crítica antisistémica al modelo de éxito de la Barcelona postolímpica. Jordi Amat

35. El crack

1981. José Luis Garci

Desde su mítica primera secuencia en ese bar de barrio esta película deja una firma indeleble en la historia del cine español. Alfredo Landa construye con una mirada, y qué mirada, a Germán Areta, un detective sin tiempo ni lugar en la España de la época, sacado del imaginario estadounidense, del negro por el que Garci siente devoción. Una película dedicada a Dashiell Hammett que muestra un Madrid de postal oscura, billares, gimnasios y antros y rinde tributo a lo mejor del género. Impresiona Miguel Rellán como El moro, fiel escudero de Areta, y María Casanova en el papel del amor del detective, tan alejada en su caso de la femme fatale clásica. Hay melodrama, clichés y homenajes obvios pero el conjunto es una película excelente, única en el cine español más allá de sus dos continuaciones. Quienes lo califican de película de bolsilibro y de cine acartonado no han entendido nada. Juan Carlos Galindo

36. Mar adentro

2004. Alejandro Amenábar

Sería injusto decir que Ramón Sampedro colocó la primera piedra para lograr la ley de la eutanasia en España. Su caso puso muchas más en ese camino, y Alejandro Amenábar contribuyó a ello. El cineasta arriesgó, salió del terreno en el que se había movido en sus películas anteriores —Tesis ( 1996), Abre los ojos (1997) y Los otros (2001)—, se metió en Mar adentro, donde el final no supuso ninguna sorpresa, y ganó. La película obtuvo 14 premios Goyas, aún no la ha superado otra. Llegó a Hollywood y se llevó el Óscar a mejor película internacional. Además, estuvo nominada a mejor maquillaje, un reconocimiento a la estupenda caracterización de los actores, y, cómo no, de un formidable Javier Bardem, que se fusiona en la gran pantalla con ese gallego que tantas veces había aparecido en la pequeña pidiendo una muerte digna. Hoy, quizás, cuando la ley de la eutanasia lleva en vigor cuatro años, el foco se pondría sobre la cuidadora, la cuñada del protagonista, una Mabel Rivera que, apretando los labios, llena la película de elocuentes silencios. Rut de las Heras Bretín

37. La soledad

2007. Jaime Rosales

Hay una secuencia en La soledad imposible de olvidar. Muestra el tránsito de un personaje de la vida a la muerte con tanta verdad que se te agarra al estómago. Desde lejos, con la cámara situada a la entrada de la habitación donde sucede, evitando el morbo, como si intentara desentrañar sin perturbarlo el instante más aterrador de la existencia. Así es toda la película. Un fresco que desmenuza la cotidianidad de manera tan minuciosa que la eleva hasta la dimensión de la tragedia: esa corriente que parece siempre igual a sí misma, el día a día, lleno de acontecimientos aparentemente ligeros, pero que observados con la lupa de Jaime Rosales se revelan llenos de contenido y emoción. El director recurre en muchos momentos a la pantalla partida para simultanear diferentes perspectivas de una misma escena, una técnica que, lejos de resultar aquí fría o artificiosa, potencia la veracidad. La guinda la ponen las dos actrices protagonistas: Petra Martínez y Sonia Almarcha. Raquel Vidales

38. La Maternal

2022. Pilar Palomero

Sutiles, compasivas, dolorosas, emocionantes. Todas las películas de Pilar Palomero podrían definirse con estas palabras. Desde su laureada ópera prima, Las niñas (2020), hasta la reciente Los destellos. Entre medias estrenó La Maternal, protagonizada por una adolescente de 14 años que ingresa en un centro para madres menores de edad tras quedarse embarazada. Palomero abre así una ventana a un mundo generalmente oculto (todavía persiste el tabú de la niña-madre soltera) habitado por personajes cargados de pasado a pesar de sus cortas edades. La veracidad con que los interpretan actrices no profesionales, madres adolescentes reales, es realmente admirable. Como también lo es el debut de Carla Quílez, capaz de concentrarse en una mirada el terror y a la vez el amor que divide por dentro a la protagonista. Y es difícil no llorar cuando Ángela Cervantes, en el papel de su madre, también soltera, baila con ella una canción de Estopa en una fiesta. Raquel Vidales

39. Amantes

1991. Vicente Aranda

Un crimen real ocurrido en los primeros años de la posguerra inspiró a Vicente Aranda para atrapar, a golpe de primer plano, a tres grandes actores en un asfixiante triángulo sexoafectivo. Dos jovencísimos Jorge Sanz y Maribel Verdú ofrecen una de las mejores actuaciones de sus carreras ante la siempre magnética Victoria Abril. Son un recién licenciado de la mili, la humilde asistente con la que se ha prometido y una viuda, superviviente de profesión, que prácticamente les dobla la edad. En Amantes, apenas hay hueco para personajes secundarios. La película explota a conciencia las constantes del cineasta; su cruda mirada a esa simbiosis fatal que conforman el deseo y el daño contrasta con una depurada armonía estética. Entre el Ejército, la picaresca y la Iglesia brotan los instintos más profundos en la España más baja. Héctor Llanos Martínez

40. Barrio

1998. Fernando León de Aranoa

El segundo largo de Fernando León de Aranoa es la historia de tres chavales cualquiera en la conurbación sur de alguna gran ciudad. Ganador de tres premios Goya, la película presenta con rotunda sencillez la lucha nada heroica de Javi, Manu y Rai por salir de su barrio en verano. La vida en este paisaje de bloques colmena choca con el relato hegemónico de la España de los noventa, años de euforia económica e impostura política. La exclusión, el aislamiento y la miseria en el extrarradio se abordan aquí con suma belleza a través de los ojos de los protagonistas, que no se resignan a lo que el mundo se empeña en ofrecerles. La moto acuática que Rai gana en un sorteo de yogures y acabada aparcada en la calle parece la metáfora más precisa de sus anhelos de libertad. El diseñador Cruz Novillo eligió con gran acierto este momento para ilustrar el cartel de la película. Miguel Ezquiaga

41. Remando al viento

1988. Gonzalo Suárez

Remando al viento fue la demostración de que el cine español podía llegar hasta donde quisiese y romper sus propias barreras. Y, además, lograr atraer a un público inteligente: estuvo más de un año en la cartelera madrileña sin agotar a los espectadores a finales de los años ochenta. Protagonizada por un casi principiante Hugh Grant como Lord Byron y por Lizzy McInnerny como Mary Shelley, y con un poderoso elenco de actores españoles, desde José Luis Gómez a Aitana Sánchez Gijón, rodada en inglés en Madrid, Asturias, Suiza y Noruega, la película de Gonzalo Suárez regresa a uno de los mitos fundacionales del mundo contemporáneo: el nacimiento de Frankenstein. Las lecturas del filme, que Suárez escribió junto a Antonio Saura y Hélène Girard, siguen siendo inmensas. Brillante, divertida, imprevisible, difícil de clasificar, como toda la obra literaria y cinematográfica de Suárez por otro lado, la película mantiene su poder de sorpresa y su arrollador encanto. Guillermo Altares

42. El cant dels ocells

2008. Albert Serra

Albert Serra tiene en la librería de su casa en Barcelona un estante dedicado a Dalí y otro al consejero delegado de Ryanair porque le interesa la megalomanía. Del Quijote de Honor de cavalleria al torero Andres Roca Rey de Tardes de soledad pasando por el trío Hitler-Fassbinder-Goethe de Els tres porquets, siempre le ha interesado el misterio detrás de estos hombres ilustres, no para penetrarlo, sino para grabarlo desde la fascinación. En El cant dels ocells , una de sus primeras películas, los protagonistas son unos Reyes Magos medio cómicos y medio trascendentes, interpretados por actores no profesionales, que caminan a ver a Dios. En las imágenes en blanco y negro y en las conversaciones y silencios de estos pioneros cristianos, Serra mezcla lo sagrado y lo pagano para dejar entrever, como siempre, los fragmentos de premodernidad que aún sobreviven en la contemporaneidad. Carlota Rubio

43. Cosas que nunca te dije

1995. Isabel Coixet

Los temas que marcan su cine ya estaban ahí: el amor, la feminidad con su particular mezcla de fragilidad y fortaleza, el paso forzoso a la madurez, pequeños giros de humor. En 1995 con esta película rodada en inglés en Estados Unidos y protagonizada por una fantástica Lili Taylor, Isabel Coixet rompió una lanza por otro tipo de cine patrio, recorriendo sin miedo otros caminos, escapando a los enfoques que habían marcado las producciones españolas, y reclamando un espíritu indie anglosajón marcadomente noventero. La directora mostró su capacidad para envolver la trama en bellos planos, para dotar de un buen ritmo y buena música a sus películas, que eran españolas, porque ella lo es, pero que entablan una conversación que va más allá de nuestra historia y de nuestras fronteras. Esta historia, íntima y dulce, de desamor y amor es paradójicamente un mirar hacia fuera. Andrea Aguilar

44. La comunidad

2000. Álex de la Iglesia

Quizás no sea la película más representativa del universo Álex de la Iglesia (al potaje le faltaría el bizarrismo que exhiben Acción mutante, El día de la bestia o Balada triste de trompeta), pero sin duda es la más querida y redonda de la filmografía del bilbaíno. La comunidad es una película con un planteamiento igual de soberbio que el del resto de la filmografía del director, aunque con un escenario mucho más reconocible y un desarrollo mucho más equilibrado que otras películas en los que el pulso de De la Iglesia se encabrita al encarar la parte final. En esta comunidad (y en esta película) cabe todo: comedia negra, denuncia social, un costumbrismo que bebe de 13, rue del Percebe y se prolongará en Aquí no hay quien viva, astracanadas, actuaciones ejemplares de Carmen Maura, Emilio Gutiérrez Caba, Terele Pávez, Sancho Gracia… lo único que le faltaría es cambiar en las bases de datos el género al que se la adscribió en el año 2000: se supone que es una comedia negra, pero trata sobre un edificio madrileño en el que todos los habitantes son propietarios. Hoy sería sencillamente ciencia ficción. Jorge Morla

45. Cinco lobitos

2022. Alauda Ruiz de Azúa

Alauda Ruiz de Azúa llevó al cine con su ópera prima las dudas, los miedos y la soledad que ella experimentó en su maternidad. Ninguno de estos problemas le pertenecía solo a ella, tampoco eran extraordinarios. Desde hace ya una década, las mujeres tratan de buscar relatos alternativos a los hegemónicos ante la falta de respuestas oficiales: los de las madres abnegadas, las perfectas, las heroínas. ¿Y las reales? La actriz Laia Costa, la joven madre recién parida, reúne en una sola frase todas estas emociones: “No sé qué me pasa… perdón, mamá”. Susi Sánchez, esa madre que se convierte en abuela, lo aclara de manera segura: “Pues de todo, hija, te pasa de todo”. Tal vez Cinco lobitos no tenga todas las soluciones, pero tuvo la habilidad de enunciar todas las preguntas hasta desdibujar la línea que separa el cine, la ficción, de la vida de varias generaciones de mujeres que, frente a la pantalla, por fin, no tuvieron claro donde empezaba la película y terminaban ellas. Y solo esa sensación de sentir que alguien te escribe algo para ti, en este caso, para la mitad de la población mundial, ya hace que esta película trascienda. Ana Marcos

46. ​​Tras el cristal

1986. Agustí Villaronga

Tras el cristal sacudió el panorama del cine español en 1987 y marcó la aparición de ese meteoro ajeno a las modas y tendencias que fue el tan añorado Agustí Villaronga. La morbosa historia del criminal nazi huido confinado en un pulmón de acero en una casa de la costa catalana tras quedar tetrapléjico y al que acude a cuidar una de sus antiguas víctimas —el no menos depravado y bellísimo Angelo (David Sust)— no tenía nada que ver con lo que se hacía aquí y de hecho provocó una profunda impresión con sus referencias sadomasoquistas y a la corrupción asesina del III Reich, en la línea de Portero de noche, pero con influencias de Bataille y de las Perversiones de Giles de Rais. Gunter Meisner como el postrado nazi Klaus y Marisa Paredes como su esposa Griselda compusieron junto a Sust unos personajes inolvidables, como lo es la historia, de esas que se te quedan para siempre en la cabeza y el estómago, y la fotografía de Jaume Peracaula, amigo y colaborador inseparable de Villaronga. Tras el cristal es una película que conserva intacto todo su poder de conmoción y que demuestra las alturas y honduras que caracterizaron el cine de uno de los directores más interesantes y personales. Jacinto Antonio

47. Ese oscuro objeto del deseo

1977. Luis Buñuel

Pese a la influencia innegable de la religión en su filmografía, parece difícil que un ateo agradecido a Dios por ello como Luis Buñuel se planteara en algún momento desentrañar el misterio de la Santísima Trinidad. Lo que sí hizo fue obrar el milagro de la dualidad en esta su última película. Ese oscuro objeto del deseo, adaptación libérrima de la novela de Pierre Louÿs, La mujer y el pelele, escrita con su habitual Jean-Claude Carrière, tuvo como protagonista inicial a Maria Schneider. Sin embargo, con el rodaje comenzado, la elección se reveló un error, y Conchita, el oscuro objeto del deseo del burgués Mathieu Faber, interpretado por Fernando Rey, acabó siendo encarnada indistintamente por dos actrices hoy consagradas, pero entonces al inicio de sus carreras: Ángela Molina y Carole Bouquet. Dos luminosas encarnan la oscuridad en el testamento cinematográfico del de Calanda, un joven compendio definitivo de sus recurrentes obsesiones, modos y maneras. Paloma Rando

48. La flor de mi secreto

1995. Pedro Almodóvar

Aunque no se llevó ni un premio Goya (tuvo siete nominaciones), esta película anticipa ideas que el manchego culminaría en sus grandes éxitos posteriores Todo sobre mi madre y Volver. Aquí, Marisa Paredes deslumbra como Leo Macías, autora que escribe tras un seudónimo novela rosa, aunque le sale negra; crítica literaria en ciernes de EL PAÍS y mujer desesperada por el abandono de su marido (un militar interpretado por Imanol Arias). “¡Ay, Betty, excepto beber, qué difícil me resulta todo!” es una de sus frases, ya historia del cine español, como las desternillantes discusiones de su madre (Chus Lampreave) y su hermana (Rossy de Palma). Entre reflexiones sobre la pérdida y la literatura, en este melodrama se cuelan protestas sociales y yonquis, todo marcado por el rojo, el verde y el azul, la vuelta al pueblo (con los bolillos de Almagro), canciones de Chavela Vargas y Bola de Nieve, homenajes cinéfilos (de Casablanca a Ricas y famosas) y reivindicación de escritoras como Jean Rhys, Djuna Barnes, Flannery O'Connor o Dorothy Parker. Ana Fernández Abad

49. La mala educación

2004. Pedro Almodóvar

La visita fue el título provisional del decimoquinto largometraje de Pedro Almodóvar, porque La visita es el título del relato que lo inspiró, una ficción breve tejida por el director en los años setenta a partir de su experiencia escolar —más de una vez ha declarado que a él lo maleducaron los salesianos— y ahora publicada en la antología El último sueño (2023). Y dentro de La mala educación, La visita es el relato que afirma haber escrito un joven aspirante a actor, que convence a un prometedor director para que lo traslade a la pantalla haciéndose pasar por un viejo compañero de colegio. La farsa y sus motivos solo los conocemos a lo largo de este noir en el que los abusos sexuales cometidos por un sacerdote y sus secuelas conviven con una intrincada disputa entre realidad y ficción de la que ninguno de sus contendientes sale indemne. Paloma Rando

50. Tres días con la familia

2009. Mar Coll

Una estudiante vuelve del extranjero a su casa en Girona para acudir al entierro del abuelo en un reencuentro familiar. El afrancesado y naturalista debut de Mar Coll para diseccionar una tipología específica de familia catalana no solo impulsó una nueva mirada que arrasó en el festival de Málaga y la llevó al Goya a la mejor dirección novel. El inicio de su efectiva alianza con Valentina Viso en el guion la convirtió en referente creativo para toda la generación de directores del nuevo cine catalán que estaban por llegar. Heredera de Roser Aguilar, amiga y consejera de otras directoras salidas de la ESCAC como Nely Reguera, Liliana Torres (con la que compartió piso como estudiante de cine en México) o Belén Funes, Coll es una de las pioneras en la exploración íntima del universo familiar que después explorarían, a su manera, Carla Simón, Pilar Palomero, Clara Roquet o Elena Martín Gimeno. Noelia Ramírez

Hibristofilia

 Hay curiosas manifestaciones de la siniestra adicción al peligro o síndrome de Pontius de algunos seres humanos. De la Wikipedia en inglés, traducido:

 La hibristofilia es el fenómeno que se caracteriza por el interés y la atracción sexual hacia quienes cometen delitos . El término hibristofilia fue acuñado por John Money en 1986 y deriva del griego hubrizein (ὑβρίζειν), que significa "ultrajar a alguien" (derivado, en última instancia, de hubris ὕβρις , " arrogancia "), y filo, que significa "tener fuerte afinidad o preferencia por". En la cultura popular, este fenómeno también se conoce como el síndrome de Bonnie y Clyde

Las diversas manifestaciones de la hibristofilia incluyen la idealización de criminales, especialmente asesinos en serie. Muchos criminales de alto perfil, en particular aquellos que han cometido crímenes atroces, reciben correo de admiradores en prisión, a veces amoroso o sexual, presumiblemente debido a este fenómeno. A las mujeres que escriben cartas de amistad por correspondencia o incluso persiguen a hombres encarcelados por un delito se les suele llamar groupies de prisión o groupies de asesinos en serie. En algunos casos, las admiradoras de estos criminales se han casado con la persona de su afecto en prisión.

Se ha especulado sobre la causa de la hibristofilia. Katherine Ramsland, profesora de psicología forense en la Universidad DeSales, menciona que algunas mujeres que se han casado o salido con asesinos en serie masculinos han ofrecido las siguientes razones:

1. "Algunas creen que pueden cambiar a un hombre tan cruel y poderoso como un asesino en serie".

2. “Otras 'ven' al niño que una vez fue el asesino y tratan de cuidarlo”.

3. "Algunas esperaban compartir el protagonismo de los medios o conseguir un contrato para publicar un libro o una película".

Luego está la idea del "novio perfecto". Ella sabe dónde está en todo momento y que piensa en ella. Aunque puede afirmar que alguien la ama, no tiene que soportar los problemas cotidianos de la mayoría de las relaciones. No tiene que lavar la ropa, ni cocinar para él, ni rendirle cuentas. Puede mantener viva la fantasía durante mucho tiempo.

Algunos expertos en salud mental han comparado la fascinación por los asesinos con formas extremas de fanatismo. Consideran a estas mujeres como mujeres inseguras que no pueden encontrar el amor de manera normal o como mujeres que 'evitan el amor' y buscan relaciones románticas que no se pueden consumar.

El psicólogo Leon F. Seltzer propone que la condición podría estar relacionada con el riesgo que implica salir con un criminal, el deseo de domesticarlo o corregirlo, y los instintos primitivos basados en la psicología evolutiva. Dentro de esta última teoría, menciona que la dominancia es atractiva, porque significaría que tales hombres podrían proteger a las mujeres y a su descendencia, según la historia evolutiva. Seltzer dice que las mujeres de hoy pueden darse cuenta conscientemente de que no es prudente salir con un asesino en serie, pero, aun así, se sienten atraídas por él; afirmó: "Como terapeuta, he conocido a muchas mujeres que lamentaban su vulnerabilidad hacia los hombres dominantes que, conscientemente, reconocían que no eran adecuados para ellas". Como evidencia de esta preferencia fantasiosa de las mujeres por los hombres dominantes, cita el libro A Billion Wicked Thoughts: What the World's Largest Experiment Reveals about Human Desire de Ogi Ogas y Sai Gaddam. Seltzer analiza el argumento de Ogas y Gaddam de que esta fantasía es la trama dominante en la mayoría de los libros y películas eróticas / románticas escritas para mujeres, pero la fantasía siempre se coarta con que este dominio masculino es condicional y "no representa realmente la realidad más íntima del hombre". También afirma que, en realidad, muy pocas mujeres se dejan llevar por estos "instintos primitivos".

lunes, 11 de agosto de 2025

Neonazis neosionistas

 ¿Estar contra el estado de Israel, nos hace automáticamente antisemitas? De Eliana en Quora:

Hace algunos días, Óscar Andrade repasaba en el parlamento uruguayo algunos datos escalofriantes: según Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, cayeron en Gaza 85 mil toneladas de bombas, seis veces más que en Hiroshima. Hay más de 60 mil personas muertas, la mayoría mujeres y niños. 1500 médicos y personal de la salud muertos. No recuerdo ya cuántos periodistas asesinados, creo que cerca de 200. Según la OMS, Gaza vive una hambruna masiva mientras Israel bloquea y dificulta al máximo la llegada de ayuda humanitaria. Gaza tiene la mayor población pediátrica amputada en todo el mundo. Diez niños por día están siendo amputados y, producto del bloqueo, la mayoría de ellos son amputados sin anestesia.

¿Cuánto más horror tiene que haber para que dejen de acusar de antisemitas a los que condenamos las acciones de Israel? Que se vayan a la mierda. Lo dije en otra respuesta y lo repito: los nazis de nuestra época no odian a los judíos, odian a los palestinos.

Las lágrimas de Lula

 Las lágrimas de Lula, en Página 12, por Jorge Majfud, 11 de agosto de 2025:

En una reunión en la casa de gobierno de Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se emocionó hasta las lágrimas al informar que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Brasil volvió a salir del Mapa del Hambre. 

En la fábrica donde trabajaba de joven, recordó, “los compañeros siempre me ofrecían algo para comer. Yo decía que no tenía hambre, pero por dentro imaginaba mordiendo aquel sándwich. Me quedaba en silencio, con vergüenza de admitir que estaba con hambre, y volvía a trabajar”.

No soy propenso a promover o a conmoverme con las emociones de políticos en público. Por lo general no creo en sus lágrimas de telenovela mientras administran un imperio que masacra niños en algún rincón del mundo o matan de hambre a viejos jubilados en algún rincón de su propio país. También los psicópatas, incapaces de sentir empatía, aprenden a llorar y a fingir emociones profundas. Las lágrimas ante las cámaras de los periodistas suelen ser lágrimas de cocodrilo, cuando no de autocompasión. Las agencias publicitarias tienen toda una sección consagrada al género.

No es este el caso. A Lula le creo esas lágrimas y esa emoción, porque, como estudiante solo en Montevideo, también supe lo que es pasar cinco días sin comer y mentirle a mis compañeros que no tenía hambre.

Porque su sufrimiento de pobre es verdadero y verificable.

Porque, en los hechos, no en las meras promesas, Lula sacó a 30 millones de la pobreza a principios de siglo y ahora ha vuelto a sacar 20 millones otra vez, luego de sufrir un encarcelamiento que se probó fue una persecución política para evitar que fuese candidato a las elecciones de 2018.

Porque, con sus aciertos y errores, Lula no solo ha demostrado ser la figura política más importante de la historia de Brasil en el último siglo, sino también de América Latina.

Porque, bien o mal, Lula gobernó para el pueblo y no para la clase esclavista que siempre lo compra y lo secuestra todo, desde los capitales hasta los créditos por cualquier progreso científico, tecnológico, social, ético o moral. Esa clase esclavista que en Estados Unidos crearon las corporaciones que aún rigen el mundo y en Brasil dominaron la política del “café con leche”, primero, y del látigo financiero después.

Porque, con sus limitaciones, a Lula no le ha temblado la conciencia para condenar el genocidio más brutal de lo que va del siglo, negado por los mayores poderes mundiales, por la hipocresía de sus marionetas y por la cobardía, el miedo o el interés mezquino de no pocos de abajo.

Porque Lula es un ejemplo necesario que el mundo debe considerar cuando todos viven pendientes del ego de un millonario nacido millonario y sin emociones, más allá de su propio narcisismo, de su sadismo social, de sus deseos sexuales y del poder ilimitado de los dueños del látigo.

domingo, 10 de agosto de 2025

Cuba, grado cero de la miseria política y real

 Regreso a una Cuba que no conozco, en El País, por Patricio Fernández, La Habana -13 de julio de 2025

Ya nadie cree en la revolución. El Gobierno de Díaz-Canel no concita ningún afecto ni respeto. El país no produce casi nada y Trump impone nuevas restricciones, mientras los cubanos no consiguen imaginar el siguiente paso del declive.

Acabo de volver a Cuba después de siete años. No iba desde abril de 2018. A lo largo de los casi cuatro años anteriores, período durante el que pasó gran parte del tiempo ahí, Raúl Castro y Barack Obama restablecieron las relaciones diplomáticas entre sus países y emprendieron un proceso de apertura y abuenamiento que detonó un ambiente de entusiasmo y esperanza. Cuba se puso de moda: abrió tiendas de lujo en el Parque Central; Gucci realizó su desfile anual en El Prado, Rápido y Furioso filmó un capítulo de su saga en El Malecón; Madonna celebró su cumpleaños número 58 en La Guarida y The Rolling Stones, cuya música estuvo prohibida por décadas, dio un concierto para 300.000 personas en la Ciudad Deportiva. Mick Jagger gritó desde el escenario: “¡Parece que los tiempos están cambiando!”. Y la multitud le contestó que sí. Cubanos que habían hecho su vida afuera volvieron para emprender de nuevo en la isla. Obama visitó La Habana y sus habitantes salieron a saludar el paso de La Bestia , la limusina que lo transportaba. Hasta los más nihilistas se permitieron imaginar un feliz viraje sin retorno.

El 25 de noviembre de 2016 murió Fidel y se decretaron nueve días de luto, con ley seca y cualquier festejo prohibido. El 4 de diciembre lo enterraron en el cementerio de Santa Ifigenia debajo de una roca inmensa traída de la sierra Maestra, a pasos del mausoleo de José Martí .

Pero las cosas no se dieron como era deseable esperar. La fiesta se apagó rápido, aunque no de golpe. Al poco se impuso el trumpismo de Florida y el fidelismo conservador en Cuba. Vino la pandemia, la ausencia de ayudas extranjeras, el Movimiento San Isidro , las protestas de periodistas, artistas y escritores afuera del Ministerio de Cultura, las del 11 de julio de 2021 —las más grandes desde el maleconazo de 1994 —, la canción Patria y Vida del grupo Gente de Zona , la obstinación de un pésimo manejo económico, la Ley de Comunicación Social que terminó de prohibir la propiedad privada de cualquier medio de comunicación, una crisis alimentaria que tiene al Gobierno. pidiendo leche en polvo al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas y un colapso del sistema energético por falta de combustible y de mantención de las generadoras que provocan apagones permanentes. Diariamente, en todos los barrios, a cierta hora, se corta la luz.

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Hay muy poca gente en La Habana. Según el economista y demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos, entre 2022 y 2023 la población isleña cayó en un 18%. De algo más de 11 millones a cerca de 8,5 millones. Actualmente, por Obispo deambulan unos cuantos, pero ni la sombra de lo que sucedió hace 10 años, cuando ahí se concentraban los turistas. Hoy se cuentan con los dedos de las manos. Varios de sus locales comerciales están cerrados y en los que siguen abiertos la oferta es ridícula. En la Plaza de Armas dejaron de vender libros y antigüedades. Un dúo de viejos canta Bésame mucho sin público. Las mesas del restaurante que daba vida a la plaza de la Catedral ya no existen. En la puerta de la Bodeguita del Medio, dos mujeres disfrazadas fuman puros de palo para posar con los visitantes. Una de ellas, no menor de 70, me ofreció sexo oral. En el muro de enfrente, un mal pintor exhibe sus telas con la cara del Che. “Hasta la victoria siempre. Patria o muerte”, se lee en una de ellas. Pasa una anciana en silla de ruedas y me pide plata para comer. Casi todos los cubanos con los que uno se cruza por ahí, están mendigando. Hay los que ofrecen monedas y billetes descontinuados con los rostros de los héroes de la Revolución a cambio de cualquier ayuda. Al final de la tarde, penan las ánimas.

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En las calles se ven más viejos que jóvenes. “La arcilla fundamental de nuestra obra es LA JUVENTUD, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera”, asegura Ernesto Guevara en un cartel de la calle Teniente Rey. Por los bordes del bulevar San Miguel puede encontrarse a algunos de esos ancianos tirados en el suelo. A quienes viven escarbando basureros les llaman deambuladores. Cuesta mucho más que antes encontrar muchachos y muchachas atractivas, de esas que han hecho famosa la belleza cubana. Y no es de extrañar, porque en esta fuga no faltan los viajeros dispuestos a rescatarlas.

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En la Plaza Vieja, a fines del año pasado, el artista alemán Martin Steinert instaló una escultura titulada Nube de Madera . Son cientos de listas que estructuran un volumen liviano y que, como su nombre indica, parece una nube de madera. Los habaneros han repletado sus tablas con mensajes y deseos: “Sé libre sin importar lo que digan”, “Paz y prosperidad para mi Cuba”, “Me quiero ir para el yuma”, “Los quiero, pero los dejo”, “Abajo la dictadura”, “De qué revolución me hablan, si aquí no dejan que cambie nada”, “Vaya que los odio”. También hay corazones atravesados con declaraciones de amor y autógrafos con fechas.

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En La Habana Vieja abundan los edificios en ruinas. Según datos oficiales un 35% de las viviendas del país están en mal estado. Semanas antes de pasar por ahí se derrumbó uno en Santos Suárez y por esos mismos días otras cinco viviendas en Guajay, otra en Compostela y un balcón en la calle Muralla. Es frecuente encontrar en las esquinas restos de concreto y basura acumulada. Me cuento que pueden pasar semanas sin recogerla y hay parques, como el Carlos Aguirre, directamente convertidos en basural. Llegué allí después de vagar por Centro Habana: Neptuno, Perseverancia, Lealtad y San Rafael hasta Infantas, donde entre los pilares había quienes ofrecían pares de zapatos viejos, remeras gastadas, clavos, alambres oxidados y masas dulces. Un comercio de restos.

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Si algo ha caracterizado estas tierras de la Revolución es la seguridad. Drogas siempre ha habido, pero en círculos muy exclusivos, nada parecido a su presencia en los otros países latinoamericanos. Mientras caminaba por Cayo Hueso, sin embargo, más de una vez me advirtieron de que no hablara por celular. El asunto se ha vuelto un tema muy presente en la conversación de los cubanos. El escritor Pedro Juan Gutiérrez me contó que estaba reforzando las puertas de su departamento en un piso 8 de Galeano o por ahí, muy cerca del Malecón. En esos barrios, según me dijo, hoy se expande el consumo de una droga nueva conocida como El Químico. La dosis -un pedazo de papel impregnado- cuesta menos de un dólar y contiene carbamazepina y otras benzodiacepinas, además de anestésico para animales, formol, fentanilo y fenobarbital. Según Josué, "es como un golpe de energía que me llena de calambres todo el cuerpo. Hay un momento que solo siento como tarde el corazón y se me tapan los oídos. A muchos les provoca caminar rápido, pero a mí me da por ir lento".

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Paralelamente, hay una burguesía que emerge. Son los dueños de las mipymes privadas que han sustituido la provisión estatal de muchísimos bienes y servicios. Mientras unos no consiguen contentarse con los poquísimos productos que flotan como náufragos sobre los mesones de los mercados de barrio, se consolida esta clase comerciante que habita un mundo aparte. Distintos tiempos conviven en los transportes callejeros: carretas, taxis a pedales, autos gringos de los años cincuenta, ladas soviéticas , triciclos eléctricos, vehículos del año. Hay más autos nuevos que antes, muchos chinos, pero no solamente. También restaurantes en los que se puede comer muy bien a precios internacionales. Si antes los acostumbraban artistas y músicos exitosos, miembros de la nomenclatura y extranjeros, ahora tienen entre sus habituales a los dueños de estos nuevos negocios y sus familias. La economía se halla altamente dolarizada y no es difícil cambiar dólares en el mercado negro a casi el triple de su precio oficial. En las tiendas mejor abastecidas se paga directamente con esa moneda. Han aparecido nuevos hoteles inmensos y deshabitados que son propiedad del Estado, pero cuya gestión está en mano de privados: uno de 42 pisos, en la calle 23, a pasos del Coppelia, administrado por Iberostar y el inmenso Gran Muthu Habana Hotel próximo a la Quinta Avenida son los que más llaman la atención. Pregunto para qué los construyen ahora si no hay turistas y, aunque nadie puede responderlo a ciencia cierta, hay quienes aseguran que se trata de proyectos comprometidos durante el Deshielo, como bautizaron esos años de apertura y esperanza, interrumpidos por la reacción del poder local, el triunfo de Donald Trump y la pandemia. Otros sospechan que se trata de apuestas futuras o de negocios turbios en los que se encontrarían involucrados miembros del aparato gubernamental. No habiendo prensa libre, las noticias son rumores, y uno muy difundido es que la obtención de permisos depende de personajes corruptos como El Cangrejo . Por miedo a los micrófonos, cuando alguien se refiere a él pone a caminar los dedos.

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“No tomes apuntes en público”, me dice un amigo mientras escribo en una libreta lo que acaba de contarme: que la bola repite que Miguel Díaz-Canel tiene mal aché. El dolor, entre los santeros, es la suerte. Según él, apenas creía que el Gobierno llegó un tornado a La Habana , después estalló el hotel Saratoga y tres meses más tarde ardieron los depósitos petroleros de Matanzas. “Guarda eso”, me dijo, “no seas loco”. Era la primera vez que regresaba a Cuba tras publicar Viaje al Fin de la Revolución, un oficial de civil me había hecho a un lado en el aeropuerto para recordarme que llegaba con visa de turista y, como pude ratificar a los pocos días que era cierto, “te tienen en la mira, asere”, agregó. “La población de esta ciudad ya no es la misma”, me dijo más tarde. De sus amigos no queda ninguno. Al mismo tiempo que los habaneros migran al extranjero en busca de mejores oportunidades, por el mismo motivo migran de las provincias a La Habana. A los que llegan de Oriente les llaman palestinos. Se les reconoce por el acento, el color de piel, el nivel cultural, la precariedad extrema y la falta de arraigo.

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Vuelvo al barrio del Vedado en que solía quedarme años atrás: el paseo de los Presidentes, la galería Habana, el mercadito de la calle F donde ahora no hay nadie y sobre cuyos mesones entristecen algunos ajos, pimentones, cebollas, yucas y remolachas, muy separadas unas de las otras. Al fondo, una vitrina de vidrio con un lulo de mortadela, cuatro o cinco cortes de vacío y chancho muy poco apetitosos, y antes de adentrarse en su oscuridad, un rincón en el patio donde una veinteañera vende helados de fresa, chocolate, caramelo y guanábana dignos de la mejor gelatería italiana, aunque servidos en unos muy rudimentarios vasos plásticos. Así como sobreviven estos helados estupendos, si se busca, puede encontrarse con el mejor jazz del continente entre la bulla del reparto, la variante local de reguetón que la rompe. El hotel Presidente está exactamente igual, aunque su terraza está vacía. Hace una década, muchos se reunían en la vereda de la calle 2 para captar la señal de wifi disponible para sus huéspedes y comunicarse con sus parientes en el extranjero. Hoy la mayoría paga aviones telefónicos que les permiten hacerlo sin mayores dificultades.

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Ya nadie cree en la Revolución. El Gobierno de Díaz-Canel no concita ningún afecto ni respeto entre los cubanos. Pudiendo, despotrican. En el país no se produce casi nada. La Administración de Donald Trump, por su parte, impone permanentemente nuevas restricciones que amplían el bloqueo. Mientras estaba allí prohibieron el funcionamiento de la plataforma Airbnb. Antes, suspendió las licencias para transacciones con la empresa que recibe las remesas (hoy la plata viaja en maletas), la libertad condicional humanitaria y los procesos de reunificación familiar, inclusión a Cuba en el decreto que limita el acceso a inteligencia artificial a universidades y decidió perseguir como criminales a los posibles inversores de la industria nacional Biofarmacéutica, entre otras muchas medidas de hostigamiento. En las noticias internacionales apenas se habla de lo que sucede en Cuba, salvo en los debates políticos locales donde sus enemigos ideológicos la mencionan como una abstracción desdeñable. Sus habitantes de carne y hueso, mientras tanto, no consiguen imaginar el paso siguiente de esta historia, cuánto peor se puede estar. Allí donde alguna vez se concibió el hombre nuevo, cunde la desesperanza.

Patricio Fernández es periodista y escritor chileno.