jueves, 8 de mayo de 2025

Entrevista a Sandel sobre Piketty, sobre la igualdad y la desigualdad en las sociedades occidentales

 Michael J. Sandel, el filósofo de la igualdad: "En Dinamarca hacen falta dos generaciones para pasar de pobre a clase media; en España son cuatro y en EEUU, cinco", en El Mundo, por Rebeca Yanke, Madrid, 8 de mayo de 2025:

El profesor de Harvard publica 'Igualdad', una charla con el economista Thomas Piketty sobre una de sus obsesiones. "Las sociedades más igualitarias son las que permiten mayor movilidad ascendente", afirma

Michael J. Sandel, el filósofo de la igualdad: "En Dinamarca hacen falta dos generaciones para pasar de pobre a clase media; en España son cuatro y en EEUU, cinco"

Michael J. Sandel (Mineápolis, 1953) es uno de esos hombres cuya actitud y maneras resultan coherentes con los postulados que predica. En la distancia corta, tiene una voz pausada, es extremadamente educada y, de vez en cuando, hasta se le escapa cierta timidez. Pero, cuando uno le escucha en alguno de los numerosos vídeos disponibles en internet en los que da clase o ejerce de moderador en un debate, a menudo sobre cuestiones morales, este estadounidense se crece, su voz es más potente y su nervio y energía también. Se nota que disfruta muchísimo cuando juega su papel de filósofo en el escenario más importante: entre personas.

Este profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard, donde empezó a trabajar en 1980 -dice que se sentía «muy reflejado en sus estudiantes, dada su juventud- puso a sus lecciones un título sonoro y lleno de expectativas pues lo llamó sencillamente Justicia y, a partir de ahí, comenzó un viaje que le ha convertido en uno de los intelectuales más conocidos del mundo, llegando a hablar ante millas de personas y utilizando la tecnología para llegar a muchos más. Su curso fue el primero que Harvard colocó online para el disfrute de toda la humanidad. Y la BCC creó para él la serie El filósofo global.

Premio Príncipe de Asturias 2018, Sandel es un hombre prolífico en la escritura - ¿Hacemos lo que debemos? (2011), La tiranía del mérito, (2020), Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética (2022) y El descontento democrático (2023), todos en Debate- pero, ahora, se publica en nuestro país un libro corto que, en realidad, es una conversación entre Sandel y el economista francés Thomas Picketty, que tuvo lugar en mayo de 2024 en la Escuela de Economía de París . Igualdad, qué es y por qué importa (Debate) habla también de una de las mayores preocupaciones de este filósofo en la actualidad y desde siempre: las consecuencias de la desigualdad en el mundo, las dificultades para superarla y su relación con la movilidad social; la capacidad de escalar.

¿A mayor riqueza, mayor desigualdad?

La de Estados Unidos es una sociedad profundamente desigual. Los niveles de desigualdad de ingresos y de riqueza son enormes. Políticamente, la cuestión de reducir las desigualdades es difícil de defender porque muchos piensan que no deberíamos preocuparnos tanto por la redistribución porque creen que lo importante es centrado en la movilidad, en la oportunidad de ascender.

¿Por qué?

Creen que alguien que haya nacido pobre o en una familia de bajos ingresos podrá ser igualmente rico, como Elon Musk. La capacidad de pasar de la pobreza a la riqueza, el sueño americano de movilidad ascendente, sigue muy presente en la sociedad estadounidense. Sí, la escalera del éxito puede ser muy empinada, pero tal vez pueda llegar a la cima, piensan. Dicen incluso que en Europa deberíais preocuparos más por la desigualdad porque vuestra posibilidad de movilidad es menor. Así que el mito de que no necesitamos preocuparnos tanto por las desigualdades se perpetúa. Un mito falso porque la movilidad no es una alternativa adecuada a una mayor igualdad. Al contrario, muchas de las sociedades con mayor movilidad ascendente también son sociedades que tienen mayor igualdad de ingresos y riqueza.

¿Tienes algún ejemplo?

Daré un dato: según una comparación reciente de la OCDE en cuanto a movilidad social, al ritmo actual de movilidad intergeneracional, ¿cuántas generaciones crees que se necesitan para que alguien nacido en una familia pobre mejore? Y no le estoy hablando de llegar a la cima, sólo a la renta media. En los países del norte de Europa las tasas de movilidad son bastante altas: en Dinamarca sólo hacen falta dos generaciones, mientras que en EEUU son cinco. Esto demuestra que Dinamarca tiene más igualdad que nosotros y que también tiene una movilidad ascendente más eficaz. Es decir, que la movilidad no es una alternativa a la igualdad, o a un cierto grado de igualdad. Es una condición para el ascenso. Porque si todos, independientemente de la familia en que nacemos, tenemos acceso a una educación ya una buena atención sanitaria, bibliotecas públicas, universidades, si todos, ricos y pobres, tuviéramos acceso a esos elementos básicos sería más fácil ascender que si se vive en una sociedad en la que se comienza desde marcadas desigualdades. ¿Cuántas generaciones cree que cuesta esta evolución en España?

Estaba pensando en tres o cuatro.

Justo: son cuatro en España, dos en Dinamarca y cinco en Estados Unidos y Reino Unido.

Si me lo permite, querría recordarle una respuesta que dio en una entrevista con este periódico hace unos años. Preguntado por un hipotético (entonces) segundo mandato de Trump, usted dijo: "En su primera vez, no sabía mucho de política y nombró a ciertas personas en la administración que ejercían cierta moderación sobre él. En un segundo mandato estará más enojado, rodeado de personas afines a él y, además, sabrá más sobre los mecanismos del ejecutivo".

Lamentablemente mi predicción se hizo realidad, ¿no?

Absolutamente. 

La pregunta ahora es si los tribunales conseguirán frenarlo, y en qué medida.

¿Cree que es posible conseguir ese freno?

Creo que hay tres posibles fuentes de restricción. Una son los tribunales y, de hecho, muchas de las medidas que ha tomado Trump que exceden su autoridad ya están siendo impugnadas. Por ejemplo, los casos de ciudadanos deportados que residen legalmente en los Estados Unidos y que no han cometido ningún delito, pero que han hablado de formas que a Trump no le gustan. Queda por ver también si limitarán sus intentos de extralimitarse en la política arancelaria, absolutamente caótica, que está sujeta a impugnación constitucional y realmente depende del Congreso. Es verdad que, en 1970, el propio Congreso promulgó una ley que otorga al presidente la facultad de fijar tarifas durante una emergencia, pero no para ejercer una política arancelaria como la que Trump ha promulgado. O el uso de la fuerza hacia los jóvenes que intentan recaudar fondos de las universidades, cosa que no le gusta, o el uso del castigo hacia bufetes de abogados que han representado a acusados ​​que tampoco le agradan. Todo esto es una extralimitación del ejecutivo, una extralimitación de su autoridad constitucional.

¿Cuál sería la responsabilidad de la sociedad civil?

Esta sería la segunda posibilidad, si la sociedad civil lo frenará. En particular, cómo responderán las instituciones que Trump ha intentado amedrentar, intimidar y castigar, universidades, bufetes, medios de comunicación... La sociedad civil puede ser una segunda fuente de moderación. Y la tercera fuente de moderación dependerá de la capacidad del Partido Demócrata para formar una oposición fuerte. Eso puede ser eficaz políticamente, pero también está por verlo. Los próximos dos años nos darán una idea de cuán efectivas pueden ser.

Hace unas horas estuve viendo uno de sus encuentros con jóvenes de distintas partes del mundo. Y pensé en preguntarle sobre el sentido de la justicia.

¿Recuerdas dónde viste el vídeo exactamente?

Era 'El filósofo global', la serie que hizo con la BBC, en él se debate sobre la importancia de las fronteras.

¿Qué contribuye a una sociedad justa? Ésta es una pregunta que sólo nosotros podemos hacernos. Y la respuesta es el diálogo entre conciudadanos. En el caso de la discusión global que menciona, un diálogo con ciudadanos de todo el mundo. Empecé a enseñar Justicia cuando comencé en Harvard, hace algunas décadas, casi 50 años, en 1980. Una forma de hacerlo más sencilla hubiera sido asignar a los estudiantes la lectura de libros de filósofos célebres y hablarles de lo que diferentes autores dicen sobre la justicia. Pero cuando iba a mis primeras clases de filosofía política no encontré nada de esto muy inspirador o interesante sino demasiado abstracto, remoto, alejado de las preguntas que me importaban. Más tarde, en la escuela de posgrado, realmente me enamoré de la filosofía al ver las conexiones con el mundo en el que vivimos y los dilemas a los que nos enfrentamos cada día. Así que cuando comencé a enseñar, me pregunté: ¿cómo puedo hacerlo de forma que se pueda captar el interés de los estudiantes?

¿Y qué terminaste?

Yo era muy joven cuando comencé a enseñar, y realmente me identificaba con mis estudiantes. Recordaba la sensación de estar en clase de filosofía política y no entender sobre qué escribían esos filósofos, así que utilicé el diálogo y fomenté la discusión, les invitamos a participar, a levantar la mano, ponerse de pie y ofrecer sus puntos de vista sobre asuntos como la libertad de expresión, la admisión a la universidad, la distribución justa del ingreso o la riqueza y qué obligaciones tenemos para con nuestros conciudadanos. O bien: ¿cuál es la relevancia moral de las fronteras nacionales? En el encuentro que ha mencionado les animé a expresar sus desacuerdos y pensar juntos sobre cómo responder a los demás y comprometerse con ellos. Y los estudiantes comenzaron a darse cuenta de que la filosofía no reside en los cielos sino que está entre nosotros, cada vez que tenemos una división o un dilema o un debate político. O en la vida cotidiana.

¿Cómo se convierte una asignatura de Harvard en un producto intelectual accesible a casi todo el mundo?

Decidimos poner esas lecciones online, sencillamente Más tarde, pensé que sería interesante ampliar los debates sobre la justicia empleando las nuevas tecnologías a nivel global, como lo que vio de la BBC. Con personas de países de todo el mundo, razonando unos con otros, escuchándose unos a otros, discutiendo entre ellos. Y fue impresionante observar cómo estaban realmente dispuestos a escuchar las opiniones y convicciones de los demás, incluso entre quienes tenían parecer diferentes. Pero volviendo a su pregunta... Pensar en la justicia requiere sopesar todos los dilemas y opciones concretas que enfrentamos cada día. ¿Cómo resolverlos? Es importante crear oportunidades para que se den este tipo de encuentros, ya sea entre ciudadanos de un país, de una comunidad local o mediante el uso de tecnologías.

¿Imaginó en algún momento que su forma personal de dar clase se convertiría en uno de los filósofos más conocidos del mundo contemporáneo?

Jamás. Cuando decidimos filmar el curso de Justicia de Harvard, ni en mis expectativas más descabelladas cabía la posibilidad de que tantas personas disfrutaran del acceso a debates filosóficos. Creo que una de las razones de que se haya vuelto tan popular, más allá de mis expectativas más descabelladas, es que hay hambre, deseo, anhelo de participar en los debates actuales, sobre las grandes cuestiones que importan verdaderamente a las personas. Y esto se debe a que, incluso en sociedades democráticas como las nuestras, hay una especie de vacío en el discurso público, que consiste sólo en argumentos tecnocráticos que no inspiran a nadie. O bien, cuando entra en juego la pasión, peleas a gritos, partidismo, con el resultado de que las personas realmente no se escuchan unas a otras.

¿Qué nos pasa?

Parece que hemos perdido el arte cívico, democrático, de escuchar, y no me refiero sólo a las palabras sino también a su trasfondo: atender los principios morales que se esconden tras las opiniones de aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Por eso creo que una de las razones de que la democracia, en este momento, tenga problemas es que nuestra vida cívica ya no funciona. Hemos perdido la capacidad para razonar sobre las grandes cuestiones -en el bar, en la plaza pública, donde sea- y hemos olvidado que escuchar es el primer paso para ser un ciudadano. Hemos olvidado que hay que interactuar entre conciudadanos sobre las grandes cuestiones que nos interesan y en las que no podemos estar de acuerdo. Hay hambre de vida pública en un sentido amplio, hambre de que las personas puedan razonar juntas, dirigirse unas a otras, incluso en medio de desacuerdos, con civismo y respeto mutuo.

Mientras veía el debate sobre la importancia de las fronteras pensé que si la pregunta debía ser si deberían existir. Me refiero a darles una nueva estructura. Luego me sentí un poco radical.

Lo que menciona es una de las cuestiones fundamentales de la filosofía política, y de gran importancia política en la actualidad porque, si nos fijamos, hay un gran resentimiento y sensación de humillación entre la ciudadanía global, algo que Trump ha sabido explotar. Y gran parte de ese resentimiento tiene que ver con concepciones sobre las fronteras nacionales. El ejemplo más obvio es la inmigración, que se ha convertido en un asunto nuclear en todas las democracias del mundo, pero el significado moral de las fronteras y el que pueda tener un ciudadano son distintos. Otro ejemplo, el debate actual sobre los aranceles. La inmigración es un debate sobre las condiciones en las que las personas cruzan las fronteras y la política arancelaria gira en torno al movimiento de bienes y el comercio a través de esas mismas fronteras.

¿Cómo ha evolucionado el debate?

Si miramos atrás, a las últimas cinco décadas, vemos que llevamos todo este tiempo redefiniendo el papel de las fronteras nacionales en relación con la economía y la política: los tratados de libre comercio de 1990, la admisión de China en la OMC en 2001... Todo aquello también fue una nueva política de fronteras. Lo mismo con el flujo de financiación a través de las fronteras, la transformación del sistema financiero mundial durante este período, la desregulación... Así que hemos tenido debates sobre el flujo de capital a través de las fronteras, el flujo del comercio y bienes a través de las fronteras y el flujo de personas a través de las fronteras. Prácticamente podría decirse que este debate es el gran asunto de nuestro tiempo. La respuesta de la era de la globalización neoliberal, que resta importancia a las fronteras nacionales, produjo una reacción violenta, ansiedad y resentimientos que han sido explotados por Trump en Estados Unidos y por los partidos antiinmigrantes que han surgido en Europa. Por eso reuní a todas aquellas personas a debatir la cuestión.

Se les veía verdaderamente dispuestos a compartir, a comprender al otro y también sus diferencias con uno.

Y eso es importante porque, por las razones que hemos estado discutiendo, la democracia hoy está en peligro y la gente está perdiendo la confianza en los partidos políticos y en las instituciones políticas establecidas. La gente está frustrada con los términos vacíos del discurso político. Sienten que su voz no importa. Hay también sensación de falta de poder, Y aún así, mantengo la esperanza porque en todos los viajes que hago para hablar ante personas, especialmente jóvenes, noto el anhelo de participar en un tipo de debate mejor que el que encontramos en la política hoy en día. Por ejemplo, el debate sobre los valores. Y quieren hacerlo con civismo y respeto. Hace poco he estado en China, donde no iba desde la pandemia, y tenía curiosidad por ver si ese espíritu se había mantenido y así es, y en India encontré lo mismo y, cuando vaya a Europa, volverá a pasar.

Técnicas para desarrollar la lectura que sí funcionan

 Aprender siete palabras relativamente cultas a la semana y leer por parejas: así pueden llegar los alumnos a ser lectores competentes, en El País, por Ignacio Zafra, Valencia -08 de mayo de 2025:

El psicólogo cognitivo Héctor Ruiz Martín explica qué técnicas funcionan y cuáles no, según la ciencia, para que niños y adolescentes entiendan bien lo que leen.

Los estudiantes que, pese a saber leer, no tienen una comprensión lectora mínimamente aceptable son más de lo que suele pensarse. Entre el 5% y el 10% del alumno sufre dificultades congénitas (dislexia del desarrollo) y requiere más apoyo. Pero muchos otros que no las sufren tampoco alcanzan un desempeño adecuado. Tanto a los 9 años como a los 15, el 25% de los chavales españoles no alcanzan el nivel mínimo de competencia lectora, según las evaluaciones internacionales PIRLS y PISA, lo que lastra su trayectoria académica y profesional. El neurociéntifico y psicólogo cognitivo Héctor Ruiz Martín acaba de publicar ¿Cómo aprendemos a leer? Y cómo enseñar a leer según la ciencia (Fundación Internacional para la Enseñanza de las Ciencias). Un libro que analiza cómo descodifica y comprende el cerebro humano los textos, y en el que ofrece a los chavales, a sus familias ya la escuela información sobre qué técnicas funcionan y cuáles no para que los estudiantes aprendan a leer bien y se enfrenten a puedanse, a medida que avanzan en las etapas educativas, a obras cada vez más complejas. El libro se basa en los hallazgos de más de 400 investigaciones que han abordado en profundidad la cuestión en las últimas décadas. Pese a ello, no es raro encontrar en las aulas ejemplos de técnicas que la ciencia no aconseja ―como la lectura por turnos en voz alta―, mientras que otras que dan mejor resultado ―como un método específico de lectura por parejas― resultan bastante desconocidas.

El lenguaje oral es, según definición del psicólogo evolutivo estadounidense David Geary, un conocimiento “biológicamente primario”. Su aprendizaje en la primera infancia se produce de forma aparentemente espontánea, simplemente por la inmersión de los niños en una comunidad de hablantes. Esto sucede porque el cerebro cuenta con unas estructuras especializadas (entramados neuronales) destinadas a incorporar esa habilidad. Se trata de una característica que acompaña al homo sapiens desde sus orígenes, hace unos 200.000 años, y es producto de un proceso evolutivo que comenzó seguramente con nuestros antepasados ​​homínidos y se fue perfeccionando por la ventaja adaptativa que proporciona. La lectura y la escritura son, en cambio, un invento cultural muy reciente, y forman parte de lo que Geary llama conocimientos “biológicamente secundarios”. El cerebro no cuenta, en cambio, con mecanismos especializados para aprender a leer, pero consigue hacerlo, con esfuerzo, gracias a su plasticidad. La diferencia es importante, dice Ruiz, porque algunas corrientes educativas abogan por exponer a los niños y niñas al lenguaje escrito, sin llevar a cabo una enseñanza expresa, en la creencia de que aprenderán a descifrarlo como hacen con la lengua oral, algo que carece de base científica. Una parte de los chavales logrará aprender así, pero en realidad, añade el psicólogo, lo hará más bien a pesar del método.

Las investigaciones muestran que el aprendizaje de la lectura empieza por el lenguaje oral, y lo que se ha dado en llamar conciencia fonológica. Los niños tienen que darse cuenta de que el flujo lingüístico continuo que escuchan está formado, en realidad, por unidades más pequeñas , la palabra, la sílaba y el fonema (los sonidos del habla son limitados; entre 20 y 40 en casi todas las lenguas). Y una vez que son capaces de descomponerlos (saber que 'sal' está formado por los sonidos 's', 'a', 'l') pueden aprender a representarlos con letras, escribirlos y leerlos.

Liberar la atención

El siguiente paso, que se logra por medio de la práctica, consiste en ir mejorando el proceso de descodificación hasta automatizarlo. Lograrlo, explica el psicólogo cognitivo, permite al nuevo lector liberar la llamada memoria de trabajo ―“el espacio mental en que sostenemos la información a la que estamos prestando atención en cada instante”― y poder centrarla en comprender los mensajes que está leyendo. La suma de fluidez en la descodificación y comprensión lingüística conducen, simplificando, a una buena comprensión lectora.

Ambos elementos resultan necesarios. "Si no hay automatización en la descodificación, es muy probable que al lector le resulte costoso cognitivamente leer, lo cual no le ayudará a disfrutar de la lectura. Y ello, sumado a las dificultades para comprender lo leído, repercutirá negativamente en su motivación para leer", afirma Ruiz. Alcanzar dicha fluidez no es, sin embargo, suficiente. Alguien puede no comprender un texto por no tener unos conocimientos mínimos sobre el tema ―muchos lectores españoles se perderían, por ejemplo, leyendo la crónica de un partido de béisbol―. Y hay que contar, además, con un vocabulario lo bastante amplio para no estar tropezando continuamente durante la lectura. Varias investigaciones ―como la publicada en 2011 por Norbert Schmitt, profesor emérito de lingüística aplicada en la Universidad de Nottingham, Reino Unido― sugieren que si se desconocen más del 2% o el 5% (según los autores) de las palabras de un texto, la comprensión lectora se ve notablemente mermada, y se tiende a perder la motivación para seguir leyendo.

La amplitud del vocabulario de los niños es muy desigual. La marca, de entrada, el nivel socioeconómico y educativo de sus padres (las diferencias ya se observan a los tres años). Ese desequilibrio léxico es uno de los factores que están detrás de lo que los investigadores han bautizado como crisis de cuarto de primaria. A los 9 o 10 años casi todos han aprendido a automatizar la descodificación. Pero los que conocen más palabras están motivados para leer y tienden a hacerlo más, lo que les lleva a volverse más expertos y seguir ampliando la brecha con sus compañeros menos aventajados, que, en paralelo, van sintiendo un creciente desapego hacia la lectura. La psicología del aprendizaje llama efecto Mateo a este proceso por la frase bíblica: “Al que más tiene, se le dará, y al que menos tiene incluso se le quitará”―. Un estudio clásico mostró que a los 10 años los lectores más voraces leen hasta 4 millones de palabras al año, mientras que los menos inclinados a hacerlo leían 60.000 (el artículo fue publicado en 1988 por el psicólogo de la educación Richard C. Anderson, y es probable que las cifras hayan variado por los cambios en los hábitos lectores, pero la diferencia entre lo que leen los chavales sigue siendo sin duda enorme).

Aprender palabras de forma específica

Para compensar la desigualdad por razones familiares, Ruiz plantea, según lo que han mostrado algunas investigaciones, que aparte de las palabras que los chavales aprenden de forma natural y practicando solos la lectura ―deduciéndolas del contexto o consultando su significado―, la escuela les enseña de forma explícita siete palabras nuevas de registro culto relativamente a la semana. Eso haría unas 350 al año y 3.500 a lo largo de la escolaridad obligatoria, lo que según dichas investigaciones tiene un impacto “relevante” en la comprensión lingüística. 

Las palabras ―según una clasificación popularizada por expertos como Isabel L. Beck, de la Universidad de Pittsburgh― pueden dividirse en tres grupos. 

El primero está formado por las de uso más común, que el hablante de una lengua normalmente conoce, como casa, rápido, o pensar

El grupo III lo integran palabras específicas de ciertas disciplinas, como célula o antonomasia, que los chavales aprenden en las asignaturas correspondientes. 

La propuesta de Ruiz se dirige por ello a las del grupo II, más sofisticadas que las del primer grupo, pero lo bastante habituales en la lengua escrita (en obras literarias, artículos de prensa o ensayos) como para condicionar la comprensión lectora, como exhausto, indulgente, buque o atribular. No vale la pena, añade, perder mucho tiempo en discutir si una palabra forma o no parte del grupo II, ya que se trata de una clasificación flexible. La idea no es que las aprendan memorizando su definición del diccionario, sino utilizándolas en diversas actividades.

El psicólogo recomienda varias estrategias para promover la lectura fuera del aula. Entre ellas: recomendarles lecturas y permitir también que los chavales las escojan, pero manteniendo un grado de asesoramiento para que su complejidad les suponga un reto y al mismo tiempo no los desmotive―; evitar darles algo a cambio de leer ―algunas investigaciones apuntan que puede ser contraproducente, por ejemplo, en caso de chicos que ya leían, si dicha recompensa se implanta y después se retira―; facilitar el acceso a los libros ―a través, por ejemplo, de una buena biblioteca escolar―; o seguir leyendo con ellos en casa en voz alta, aunque ya sepan hacerlo ―para darles un modelo de lectura fluida y tener la oportunidad de comentar con ellos lo leído, trabajando así la comprensión―.

Técnicas tradicionales poco efectivas

Algunas de las técnicas utilizadas en clase para enseñar a leer, resultan, según las investigaciones, poco recomendables. Es el caso de la lectura en voz alta por turnos ―los lectores competentes tienden a aburrirse, y los que tienen dificultades lo pasan muy mal, y lo habitual es que una parte de la clase desconecte cuando no le toca leer―. O que cada estudiante lee en silencio su propio libro sin ninguna actividad posterior ―los buenos lectores lo aprovechan, pero no es tan útil para quienes más necesitan mejorar, que en algunos casos pueden limitarse a simular que leen y sentirse frustrados por no poder hacer lo mismo que sus compañeros―.

La ciencia sí respalda, en cambio, señala Ruiz, varias técnicas (orientadas sobre todo a la primaria), como la lectura pareada. Se forma una pareja con un estudiante más competente que el otro (lo ideal es que el primero sea de un curso superior, para evitar avergonzar al que menos sabe). Ambos empiezan a leer en voz alta simultáneamente, de forma que el más avanzado sirve de apoyo al otro. Cuando este quiere continuar solo, toca la muñeca de su compañero, para que lo siga en silencio. Y el más competente solo vuelve a leer en voz alta cuando se le vuelve a hacer un gesto o vea que su compañero se ataca. Otra técnica efectiva es la lectura repetida, en la que los chavales leen un texto varias veces hasta hacerlo con soltura. Lo ideal, dice el psicólogo cognitivo, es darle un propósito, como exponer la lectura al final en público (o a otra persona), para lo cual pueden usarse poemas o textos teatrales. Y, también en este caso, los chavales pueden practicarlo por parejas o en grupos pequeños, potenciando así una vertiente social de la lectura que también facilita el aprendizaje.

Hay maneras de hacer más eficaz la lectura en silencio de toda la clase, prosigue Ruiz. Como ofrecer a los chavales un trueque: dicho rato de lectura, que puede ser media hora, se les ofrece como alternativa a tiempo de clase estándar, reforzando la idea de la lectura como una actividad vinculada al disfrute. Pero a cambio se les pide que al terminar demuestren que efectivamente han leído ―por ejemplo, rellenando un breve cuestionario, que según explica Ruiz diversas plataformas proporcionan para cientos de libros, organizados por capítulos, y apenas lleva dos o tres minutos completar―. Entre los métodos que según la ciencia dan buenos resultados figura también la llamada lectura coral. En ella se elige un texto de 200 o 300 palabras, el maestro adelanta el vocabulario que puede resultar más complicado, y tras hacer él una primera lectura, que los estudiantes siguen en silencio, se repite con toda la clase (incluido el maestro) leyéndolo en voz alta al unísono.

miércoles, 7 de mayo de 2025

Mal uso de YouTube en las aulas

 Los riesgos del mal uso de Youtube en las aulas alertan a padres y expertos: “El cole no es para ver dibujos”, en El País, por Jordi Pérez Colomé, 6 de mayo de 2025:

La famosa plataforma de vídeos se ha convertido en un recurso universal en las escuelas, pero su utilización tiene peligros poco conocidos por los profesores.

“¿Quieres saber cuánto vale tu coche?”, preguntó un niño de cinco años a su padre cuando regresaban del colegio en el automóvil. La frase es de un anuncio muy común en Youtube que protagoniza un periodista del motor. El pequeño había visto el anuncio antes de un vídeo de la plataforma en clase. El padre comparte la anécdota con EL PAÍS sin más detalles para evitar problemas en su centro, pero días antes había habido una pequeña “guerra civil” en una reunión entre profesores y padres sobre el uso de Youtube. “El uso de pantallas en el cole es un parche habitual”, dice otro padre que estuvo en esa reunión. “En los días de lluvia les ponen dibujos sin supervisión y el cole no es para eso”, añade. Otros padres, en cambio, no creían que ver unos dibujos en línea fuera de un problema.

Youtube es la mayor plataforma de vídeo del mundo y la segunda página de internet más visitada. En los colegios españoles es un recurso más usado de lo que parece, más aún en semanas de lluvias como las vividas recientemente, pero los profesores no son siempre conscientes de cómo evitar sus riesgos. En la plataforma hay millones de canales muy distintos, incluso entre los infantiles, que se reproducen automáticamente si no lo impides, y la publicidad que aparece depende de varios factores. Saber de antemano cómo evitar estos problemas es crucial.

“Sé de centros donde por rutina los niños se toman el desayuno en clase con un vídeo de dibujos, lo que escapa a mi comprensión”, dice Clara Marín, profesora y madre en Murcia. “Lo de la también lluvia lo he escuchado. Los colegios no están preparados”, añade. Cada profesor o monitor opta por la mejor solución que tiene a mano, y Youtube es la más sencilla: es accesible, es gratis y tiene de todo.

Pantallas y riesgos

“Hay dos problemas con Youtube”, dice Oana Goga, directora de Investigación en el Instituto Nacional de Investigación en Ciencias y Tecnologías Digitales (Francia) y experta en amenazas digitales. "Uno es mirar Youtube como niños y la otra los peligros de los anuncios y la propia plataforma. Son dos riesgos distintos", añade.

El primer caso es puro tiempo de pantalla, dice Goga. “No está recomendado para niños de menos de seis años estar más de 20 minutos delante de una pantalla, aunque yo no soy experto en eso”, explica. El segundo problema tiene más relación con la publicidad y el contenido. "Un motivo por el que los anuncios pueden hacer daño a los niños es que sus capacidades cognitivas aún no están del todo desarrolladas. Antes de los tres años, no pueden distinguir un anuncio de un programa, así que no activan las defensas mentales que sí tenemos los adultos cuando vemos publicidad", explica Goga.

Uno de los padres consultados recuerda cómo su hijo descubrió qué era un anuncio en la tele de un hotel durante un viaje: "Nuestra generación veía la tele y estaba acostumbrada a los anuncios. Pero la primera vez que mi hijo estuvo expuesto a anuncios fue en un viaje y me preguntaba qué eran esos anuncios de juguetes, chucherías".

“Hay dos umbrales”, dice Goga. "Los pequeños no pueden distinguir los anuncios y luego les es difícil ver la intención comercial . No entienden que un vendedor quiera vender y diga que su juguete es el mejor". Por eso la televisión convencional tiene tanta regulación. En Youtube, los anunciantes no pueden poner anuncios a los niños mediante segmentación personificada. Pero hay otras vías. "No está prohibida la publicidad contextual, donde no apuntas al usuario concreto, sino a un contenido particular que ese usuario consumirá. Es posible hacer una lista de dibujos populares en España y pedir a Youtube que ponga tus anuncios solo ahí", añade Goga.

Para la experta, este segundo tipo de anuncios es el más delicado: los que se ponen en dibujos animados porque saben que serán consumidos por niños. "No hay revisión de esos anuncios. Pueden anunciar algo terrible, que dé miedo, y no hay transparencia, no sabemos como sociedad qué anuncios ven los niños", lamenta.

Quién pone el anuncio

Hay profesores que ponen los dibujos desde su cuenta de Google: si han estado mirando muebles o coches, la publicidad tendrá relación con eso y los niños la verán. Ahí puede aparecer cualquier cosa y la mejor opción es que el adulto responsable esté ahí para cortarlo o pasar rápido.

Pero no ocurre siempre. “Los niños son un objetivo muy jugoso para los anunciantes”, dice la profesora Clara Marín. "Yo pongo primero el vídeo en mi ordenador para ver si hay un anuncio, para que no lo vean. Yo no estoy logueada con mi cuenta, pero igual lo está la profe anterior, pero el anuncio no lo pongo nunca. Solo comparto la pantalla cuando empieza el vídeo que quiero que vean, que además he visto la noche antes".

No todos los profesores tienen el mismo cuidado. También los centros pueden tener encargados de informática que paguen cuentas corporativas de Youtube o se suscriban a contenidos que específicamente han pensado que son útiles para los más pequeños. “Es importante tener cuentas corporativas de Youtube, no personales”, dice Usmel González, maestro de Infantil y Primaria que ejerce ahora de profesor de historia en Secundaria en un colegio asturiano. "Así todo lo que buscas a nivel personal no venta. Y el contenido siempre es educativo. Pueden añadirse además varias capas que no dejen nada que no sea contenido blanco", señala.

Hay en el fondo un problema de conocimiento digital, cree González. "Los cursos de competencia digital para los profesores se han hecho rápido, para tapar huecos, y no se ha hecho bien. Consigues un título que te da una competencia digital que en realidad no es útil. Hay muchos profesores que, con buena intención, no tienen la formación suficiente como para usar Youtube con los críticos. Falta mucha formación", añade.

Todo esto no significa que con contenidos bien escogidos y acompañados mientras ven los vídeos, tengan un sentido educativo para los escolares. "Puede estar muy bien cuando hay un apoyo del profesor que va guiando o comentando el vídeo. La pantalla no es mala en sí, es su uso", dice González.

Hay una confusión notable entre las competencias digitales que puede requerir el currículo y la jungla en la que se ha convertido hoy en internet. Los profesores, sin una formación específica, navegan ya menudo buscando la solución más fácil. “A los niños de infantil no necesitas ponerle un vídeo del pollo Pepe para aprender los números”, explica Marín. "Cuando algunas madres se quejan, hay profesoras que les dicen que eso es lo que gusta a los niños. Pero no es un criterio. Aunque los profesores están saturados, hay que saber que desarrollar la competencia digital no es poner un vídeo de Youtube", añade.

Prevención de suicidios y autólisis

 Dossier

 I

 El primer plan nacional contra el suicidio prevé un observatorio y el acompañamiento a los familiares. En El País, por Pablo Linde, Málaga -14 de febrero de 2025 

Sanidad y comunidades autónomas acuerdan una hoja de ruta para reducir las autólisis y para la mejora de la salud mental, que conlleva un aumento de profesionales.

El Ministerio de Sanidad tiene previsto crear un observatorio sobre el suicidio, que recopilará y difundirá información sobre la segunda causa de muerte no natural en España (tras las caídas accidentales). Es una de las medidas que contempla el primer Plan de Acción para la Prevención del Suicidio, cuya aprobación está prevista para este viernes en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.

Gobierno central, comunidades autónomas y expertos independientes han trabajado conjuntamente en esta estrategia y en el nuevo plan de Salud Mental, que también será votado por los consejeros autonómicos y que prevé, entre otras iniciativas, contratar a más profesionales y racionalizar el uso de psicofármacos, en cuyo consumo España se sitúa muy por encima de los países del entorno.

Las estrategias contra el suicidio han ido tradicionalmente embebidas en los planos de salud mental. Sanidad quería darle mayor protagonismo desgajándola y centrar más esfuerzos en un problema que viene creciendo en los últimos años, aunque según la última estadística del INE hubo una pequeña caída: 3.952 personas se quitaron la vida en 2023.

El plan nace ―según recoge en sus páginas― con objeto de paliar algunas carencias para la prevención del suicidio: desde la falta de un sistema de vigilancia eficaz que permita una recopilación y análisis de datos precisos, hasta la deficiente aplicación de guías de práctica clínica y la falta de continuidad en la atención a quienes han manifestado conductas suicidas. Señala el estigma como un obstáculo importante, con prejuicios que “dificultan la conversación pública” y “limitan el compromiso de los medios de comunicación en la sensibilización”. Además, “la coordinación entre administraciones y sectores es insuficiente”, lo que resta eficacia a las estrategias preventivas, y no existe un sistema de apoyo estructurado a los supervivientes y las familias de las víctimas.

Cecilia Borrás, presidenta de la asociación Després del Suïcidi y pionera del movimiento de asociaciones de supervivientes, considera un paso importante esta mención explícita, aunque como muchas de las que recogen el plan, sus consecuencias reales estarán en manos de las comunidades. Borrás reclama esa atención a los familiares de las víctimas que en muchas autonomías ni siquiera existen, ya que está a carga de asociaciones como la suya. "Es muy complicado dejarlo en manos del sistema público, porque es un proceso muy diferente a la psicoterapia al uso. Se trata de estar acompañado, también por pares, porque es un duelo obsesivo con riesgo de suicidio. Son procesos largos, con síntomas residuales que quedan para siempre y con los que hay que aprender a convivir", explica.

Borrás espera que este plan sea un primer paso para atender a los familiares de estos alrededor de 4.000 personas que cada año se quitan la vida. "Vemos cómo cuando hay un atentado o una catástrofe en seguida se moviliza atención psicológica, algo que no pasa con el suicidio, que deja muchas más víctimas. Si no ha funcionado la prevención, al menos que haya posvención", zanja.

Javier Prado, presidente de la Sociedad Española de Psicología Clínica (Anpir), cree que este plan contra el suicidio es interesante como primer paso, pero cree que un problema tan grande y multifactorial requeriría una estrategia “mucho más ambiciosa” que implicase desde la educación, hasta las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Plan de salud mental

El Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027 se enfoca en consolidar un modelo asistencial más centrado en la atención comunitaria, la integración de la salud mental en la sanidad general y la eliminación del estigma asociado a los trastornos psicológicos. Pone el foco en los determinantes sociales de la salud mental y trata de cambiar un modelo que recurre con demasiada frecuencia a los psicofármacos para problemas cuyo abordaje es más recomendable con psicoterapia u otras intervenciones. La desprescripción de este tipo de medicamentos es uno de los retos que Sanidad se ha marcado desde la llegada al ministerio de Mónica García.

Además, entre sus ocho líneas prioritarias, incluye el refuerzo de los recursos humanos, con la incorporación de nuevos profesionales y la mejora en sus condiciones laborales; la lucha contra el estigma y la discriminación; la optimización de la calidad en la prescripción de tratamientos y el abordaje de la salud mental en colectivos vulnerables, como personas sin hogar, menores tutelados o víctimas de violencia de género.

De nuevo, el plan es, como lo denomina Prado, “un faro de luz” con unas líneas maestras que pretenden influir en las comunidades autónomas, que son las que tienen la capacidad asistencial, más allá de las campañas y la labor de coordinación del ministerio.

"Pone el foco en cuestiones de gran trascendencia, como la necesidad de especialistas en salud mental, lo que requiere planificación y un análisis por parte de cada comunidad autónoma. Hay que tratar de incrementar las plazas de PIR [Psicólogos Internos Residentes], que este año son 274, muy lejos del estándar mínimo de 481, acreditado en términos científicos para alcanzar un nivel aceptable de psicólogos clínicos", señala.

España arrastra un enorme déficit en profesionales de la salud mental, mientras que los problemas reportados (sobre todo los de carácter leve, no existe esta misma tendencia en los muy graves) no han dejado de crecer desde la pandemia. Hay seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, tres veces menos que la media europea, con datos de 2018, los últimos disponibles, recogidos por el Defensor del Pueblo, mientras que los psiquiatras son 12 por 100.000 habitantes, seis menos que la media de los países desarrollados (de la OCDE).

Celso Arango, presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad de Psiquiatría y uno de los expertos que ha participado en los debates de este plan, se muestra muy crítico y ha solicitado al ministerio que retire su nombre del documento: “Es la primera vez que el ministerio no me ha enviado el resultado antes de presentarlo [a las comunidades autónomas]”.

En su opinión, el plan de suicidio tiene una filosofía adecuada, “a la que le haría falta un buen presupuesto para que no se convierta en papel mojado”. El de salud mental, sin embargo, adolece de errores en los indicadores que, de seguirse, “empeorarán el sistema”. Ponga varios ejemplos que espera que se corrijan: “Se marca el objetivo de que el 90% de las plazas [de formación de profesionales] acreditadas por las comunidades sean ofertadas, cuando el año pasado se ofertaron el 99%, sería ir hacia atrás”. También cuestiona otros objetivos como que el 80% de las comunidades incluyan iniciativas para el abordaje integral para la salud mental o para evitar ingresos innecesarios de niños. “¿Qué comunidad no tiene esto?”, se pregunta de forma retórica.

II

El silencio mata: cómo y por qué hablar del suicidio entre los adolescentes, en El País, por Eleonora Giovio, Madrid -02 feb 2025:

Los expertos coinciden en que las conductas suicidas y las autolesiones no son el problema, sino una consecuencia de conflictos previos, y recomiendan abordarlos como desajustes emocionales sin crear pánico.

Suicidio adolescente

Beatriz Hidalgo tiene 51 años, es profesora de secundaria en un centro de adultos y hace 14 meses perdió a su hijo por suicidio. Dani tenía 14 años. " Desde entonces mi marido y yo no tenemos vida por dentro. El dolor que sientes no se puede describir. Piensas que es una pesadilla y que, al día siguiente, te despertarás y Dani estará allí... Y no está", dice una tarde de enero en el centro de Madrid, hacia donde se desplaza para hacer terapia de grupo con otros padres que han perdido a sus hijos o hijas. En España, en 2023 (últimos datos disponibles), se suicidaron 4.116 personas, una vez al día. Diez eran menores de 15 años y 354 tenían una edad de entre 15 y 29. Cifras mayores a las de antes de la pandemia: en 2019 fueron 3.671: 7 eran menores de 15 y 309 tenían entre 15 y 29.

En una carta a la directora de EL PAÍS publicada el pasado 4 de enero, Beatriz pidió ayuda : “El silencio le mató; si hubiéramos podido saberlo, le habríamos conseguido ayuda”, escribió. Lo resume así mientras cuenta que su hijo se cerró y se encerró: "Esto es un enemigo muy grande y silencioso, te viene por la espalda. Es necesario hablar de ello, antes de que sea demasiado tarde". Está convencido también de ello Sergio Tubio, bombero del Ayuntamiento de Madrid, especializado en intervenciones en crisis suicidas: “Hablar del suicidio no lo fomenta, lo que mata es el silencio”.

¿Cuál es la mejor forma de hacerlo con los adolescentes? “Es crucial abordar la formación y la concienciación sobre este tema de manera responsable”, contesta Luis Fernando López, psicólogo que durante cinco años utilizó el cargo de coordinador técnico del programa Hablemos de suicidio del Colegio Oficial de Psicología de Madrid. “Entrar en un aula con 400 estudiantes y hablar abiertamente sobre autolesiones y conductas suicidas como si se tratara de un seminario técnico es comparable a irrumpir con un elefante en una cristalería”, explica el también profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

"Debemos tratar este tema sin generar pánico. Este ruido, que alude al miedo inherente que ya existe en la sociedad, puede ser contraproducente. Si nos decimos que nuestras hijas o hijos están en riesgo vital, que se autolesionan porque no encuentran otra forma de lidiar con la vida, lo normal sería que nos sintiéramos sobrepasados", continúa. "Sin embargo, el pánico paraliza. Por ello, necesitamos una información que las familias puedan procesar y estrategias que mitiguen el impacto emocional al abordar estas conductas en las aulas".

Para el experto, en la mayoría de los casos, las conductas autolesivas o las ideas suicidas en adolescentes no están relacionadas con un trastorno de salud mental específico , sino con una vulnerabilidad psicológica y emocional que los afecta significativamente: "Tanto el suicidio como la autolesión no son el problema en sí, sino la consecuencia de múltiples dificultades previas que los conducen a estas conductas extremas. Esta situación les impide llevar una vida saludable y afrontar los retos propios de su edad. Por ello, es fundamental centrarse en los desajustes emocionales que preceden a estas conductas”.

Y añade: "Si tuviera que dirigirme a un aula con 400 estudiantes, lo haría hablando sobre aspectos como la tolerancia a la frustración, los procesos de ansiedad, la tristeza, las rupturas sentimentales, y las dificultades en las relaciones sociales o familiares. Abordar la conducta suicida requiere un enfoque transversal que contemple estos desajustes y los comportamientos asociados. A menudo, estas situaciones se desbordan a los adolescentes, y la falta de apoyo adecuado, ya sea porque no lo han solicitado o no saben cómo hacerlo, o porque han recurrido a la autolesión como única forma de aliviar su sufrimiento, agrava el problema”.

Coincide con él el psiquiatra Enric Armengou, que forma parte del comité de expertos del Ministerio de Sanidad para el suicidio y es especialista en conductas suicidas. Es también voluntario del teléfono de la Esperanza y la línea de Prevención del Suicidio en Cataluña. En septiembre publicó el libro Romper el Silencio: reflexiones para entender y prevenir el suicidio entre los jóvenes . Asegura que la idea nació porque en el colegio de su hija hubo un intento de suicidio y se demostró como un accidente. "Todos, incluidos los niños, sabían que no. Me dije: esto hay que hablarlo bien. Y tras una sesión de grupo con los padres, salió el libro".

Línea de atención a la conducta suicida

No solo el teléfono de la Esperanza atiende ese tipo de llamadas; en mayo de 2022 el Ministerio de Sanidad creó el 024 , una línea específica de atención a la conducta suicida: en el día de su estreno atendió 1.000 llamadas en 24 horas. Desde entonces se han registrado 355.287 (de ellos, los que tienen entre 10-14 años rondan el 1%, mientras que los que tienen entre 15 y 19 oscilan entre el 3 y el 5%).

En septiembre, Sanidad también dio a conocer los principales puntos del futuro Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027. Entre ellos, por ejemplo, el desarrollo de sistemas de información para conocer mejor la realidad de las autólisis; sensibilidad y lucha contra el estigma; prevención en las situaciones de mayor vulnerabilidad [personas mayores de 80 años, los adolescentes o las personas LGTBIQ+ ]. En ese plan de acción ha trabajado un grupo de expertos que incluye especialistas sanitarios y académicos, supervivientes y representantes de la Policía y bomberos. La ministra de Sanidad, Mónica García, tiene previsto presentarlo en el consejo interterritorial del SNS.

En el instituto donde estudiaba al hijo de Beatriz, los psicólogos atendieron a los compañeros de Dani después de su muerte, pero en el centro no se ha organizado ninguna charla sobre prevención. Hay otros muchos institutos donde tampoco ocurre. Carlos Soto y Olga Ramos, que hace diez años perdieron a su hija de 18 por suicidio, se dedican ahora, entre otras muchas actividades a dar charlas con profesionales de la salud mental en los centros educativos. No ha sido en más de 15 y la mayoría, religiosos. Ambos perciben que todavía hay una barrera que frena a los responsables de los institutos, la del miedo. “Muchas veces el miedo es por desconocimiento”, explican. "Los adolescentes sí quieren saber. Un día fuimos con un sobreviviente y al salir del centro tenía ya el Instagram lleno de mensajes de agradecimiento. En otra ocasión recuerdo a un chaval decirnos que para ellos es complicado porque no tienen un manual de instrucciones de la vida. Le dije que los padres tampoco lo tenemos, por eso es importante hablar. Incidimos mucho en la comunicación con los compañeros, por si ven que está más taciturno o ha tenido un cambio de comportamiento y les explicamos cómo para acercarse, cómo preguntarle".

Natalia Rodríguez Robles estudió Psicología y trabaja como orientadora educativa en la Comunidad de Madrid. Se encarga de dar formación en los colegios e institutos sobre cómo hablar del suicidio. “Para mí hablar de inteligencia emocional y de resolución de conflictos ya es hacer prevención”, cuenta. Y añade: "El profesorado percibe que han aumentado las autolesiones y preguntan qué está pasando. Quieren saber y tienen ganas de tener herramientas para abordarlo", añade.

Incide el psiquiatra Armengou en que hay que empezar a desmontar el “mito” de que hablar del suicidio lo retroalimenta. "El diálogo es necesario para la prevención y esencial para desmontar los estigmas. Siempre ha habido un tipo de suicidio llamado impulsivo, de cruce de cables. Pero en la inmensa mayoría de casos ha habido señales previas. Una cosa muy importante es que no tienen por qué ser chavales con trastorno mental, sino que lo están pasando mal. En el fondo es un equilibrio entre la angustia que tienen ―que se mete en los tuétanos, que te parece que puede más que tú, que es eterna― y los sistemas de compensación".

En su libro, Armengou explica las diferentes maneras en las que se manifiesta el suicidio en las etapas de la vida: infancia, adolescencia, adultez, vejez. En los adultos "existe un concepto claro y desarrollado sobre la muerte y sus implicaciones. La ideación suicida se suele presentar a raíz de problemas de trabajo, dificultades económicas o enfermedad; en muchos casos, frente a situaciones objetivamente irreversibles", escribe. "La ideación suicida en los adolescentes en tendencialmente impulsiva, por aquella sensación de encontrarse en un laberinto sin salida o de sentir que se ahogan en un vaso de agua. En muchos casos aparecen señales previas con cambios de actitud o conductas de prueba: ingesta de pastillas, autolesiones o amenazas explícitas de suicidio". Tanto él como López están preocupados por ese incremento de autolesiones.

De ahí, insiste López, la importancia de abordar el tema. "La autolesión y la conducta suicida están íntimamente relacionadas, aunque representan comportamientos diferentes debido a los objetivos que persiguen. En el caso de la conducta suicida, los adolescentes no buscan acabar con su vida, sino con la forma en que están experimentando y sintiendo su existencia. Ven en ello una solución definitiva a problemas que, en la mayoría de los casos, son temporales y tienen solución si cuentan con el acompañamiento adecuado. Por otro lado, la autolesión es un comportamiento que puede cumplir múltiples propósitos. Puede ser una estrategia de regulación emocional, una forma de autocastigo o incluso un intento de comunicación hacia otras personas, cuando no encuentran palabras o modos para expresar su sufrimiento. Este daño físico les permite, en ocasiones, disminuir la ansiedad y la angustia psicológica que experimentan. A través de la autolesión, los adolescentes intentan recuperar el control sobre el inicio y el fin de su dolor, enfrentándose a algo que sienten que no pueden resolver por otros medios”.

Y añade: "Cuando no existe un acompañamiento educativo adecuado por parte de la familia, la escuela y la sociedad, estos períodos de vulnerabilidad pueden convertirse en algo habitual durante esta etapa de la vida. Esto genera serias dificultades para intervenir, ya que los adolescentes llegan a normalizar el hecho de hacerse daño como una forma de aliviar el dolor social y emocional que sienten, debido a la falta de herramientas para afrontarlo de otra manera".

Como dice Amaia Izquierdo, psicóloga clínica en el Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid y socia de AEPCP, el adolescente se encuentra en un momento de confusión propio del desarrollo físico y emocional de esa etapa de vida. "En lugar de psicopatologizar la vida cotidiana, es necesario acompañar de manera transversal a nivel personal, pero también familiar y contextual: con la familia, los entrenadores, profesores, monitores de ocio que son los que pueden detectar cambios de comportamientos. Por otro lado, hay que incidirles en que la emocionalidad negativa forma parte de la vida y trabajar para desarrollar frente a ella la empatía, autoestima, respeto propio y hacia los demás, flexibilidad, capacidad crítica y tolerancia al malestar".

Si necesita ayuda, puede llamar al 024; al teléfono de la Esperanza (717 003 717) o escribir por WhatsApp al 666 640 665. También ofrece asistencia la Fundación ANAR (900 20 20 10).

III

Los que se quedan tras un suicidio: “El dolor te viene, pero se vence”, en El País, por Eleonora Giovio, Madrid / Bilbao -10 de septiembre de 2024:

Según la OMS, los familiares de las personas que se quitan la vida son más vulnerables al suicidio. Tres de ellos relatan los sentimientos de culpa que experimentaron, el miedo, los estigmas y cómo consiguieron reconstruirse.

Las personas que han perdido a un familiar oa un ser querido por suicidio se llaman supervivientes. Se usa esa palabra porque, según la APPAC (Asociación de Psicología y Psiquiatría para Adultos y Niños) el nivel de estrés que viven es equivalente al que sufre alguien que ha estado en un campo de concentración o que ha vivido un conflicto. Si en la sociedad y en los medios de comunicación apenas se habla del suicidio, mucho menos se profundiza en los supervivientes . Los que se quedan con la culpa, las preguntas, la carga, el miedo y los pensamientos obsesivos. Y, sobre todo, un dolor, según los testimonios que recoge este periódico, que “te viene”. Ni siquiera hablan de que ese dolor se “pase”, se refieren a buscar la manera de que “disminuya” o de convivir con él. Hablan también de cómo se distribuyen las “culpas” en el núcleo familiar, de cómo se retoma la vida profesional y de cómo se reconstruyen emocionalmente.

Los supervivientes se convierten en personas a su vez especialmente vulnerables al suicidio. Según la OMS, por cada suicidio se producen otros 20 intentos afectando directamente a un medio de seis personas del entorno. De nuevo, lo corroboran dos de los tres testimonios de este reportaje. En España se suicidaron en 2023 [según datos del INE, los últimos disponibles] 3.952 personas; son 75.691 en los últimos 20 años. La OMS ya anunció en el año 2000 que un suicidio afecta íntimamente, al menos, a otras seis personas. Esto supone que más de 19.000 personas, supervivientes en España cada año —el dato más bajo de suicidios fue en 2010 con 3.158—, podrían sufrir sus consecuencias traumáticas. A nivel institucional, en España el suicidio se aborda dentro de la llamada Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 del Ministerio de Sanidad. Entre uno de sus objetivos específicos es el de “Atender prontamente a las personas cuidadoras, familiares y allegados de personas que han fallecido por suicidio estableciendo un procedimiento de cita y evaluación inmediata en atención primaria y servicios de salud mental que permitan explorar la respuesta inicial ante la pérdida y la necesidad eventual de ayuda”.

Juan José Escudero Barrera, de 64 años, que perdió a su hijo del 19 el 24 de septiembre de 2022, reconoce que cuando buscó ayuda tuvo que hacerlo, como tantos otros, tecleando en Google. "Había oído hablar de que nos llamaban supervivientes. Tecleé esa palabra y lo primero que me salió fue el programa de la tele. Me senté tan mal". A él, lo que le ayudó fue verbalizarlo. "El dolor te viene, te coge la desesperación. Te sientes culpable, empiezan los 'y si'... Es algo que tienes que aprender a manejar. Muchos supervivientes se aíslan, dejan de relacionarse, evitan familiares y amigos y se encierran. Porque el suicidio es un tabú , porque existen estigmas y no quieres dar lástima. Es lo que peor nos hace sentir. Tienes la sensación de que no te entienden".

¿Por qué? "Yo a veces, si pasa algo gracioso, sonrío. Pero hay un recurso interno que me dice: ¿por qué estás sonriendo si tu hijo se ha suicidado? Te pones serio, hasta triste y alguien que está a tu lado equivocadamente piensa: '¡Pero si ha pasado más de un año! Y no, nuestro duelo es constante. En nosotros el concepto del tiempo no existe ya como tal. A mí hablarlo me ha ayudado y me ayuda", cuenta sentando en la terraza de una cafetería de Madrid. Dice que el duelo es tan intenso porque “rompes con todas tus proyecciones de futuro”. Y que buscas explicaciones de forma obsesiva. “Intentas entender el porqué para no hundirte más”. Juanjo, que se quedó viudo menos de un año antes de que su hijo se suicidara, trabajaba en GISS (Gerencia de Informática de la Seguridad Social). Resolví pensando que podía, pero terminé prejubilándose y ha fundado una asociación para la prevención del suicidio y la salud mental ( Sendas). Es lo que le ha ayudado a ver la luz.

"Intenté que el trabajo me sirviera de terapia. Volví a la oficina al cabo de poco. Mantienes un nivel bajo al principio, también porque tus compañeros no saben qué decirte. Te dan todo el espacio, pero luego entras en la dinámica habitual, ellos no son conscientes de que para ti todo el concepto de tiempo, relaciones, incluso la forma de expresarte ha cambiado. Ellos ven que en algún momento ha sido capaz de sonreír, y no saben que a ti por sonreír te entra un sentimiento de culpabilidad bestial. Y luego está el día a día, y claro, de vez en cuando alguien habla de sus hijos… Y entonces te destroza”.

Solicitó la baja porque se dio cuenta de que no estaba funcionando como antes, un día estaba rellenando un informe y se le solaparon todas las letras. "Incluso al médico de cabecera vas con miedo porque tienes que empezar a explicar toda la historia y aunque haya pasado un año no eres capaz de hacerlo. Y luego tocan las revisiones y te entra una ansiedad tremenda por si te dan el alta, no te ves capaz de volver". Reconoce que pensó en quitarse la vida porque miraba a su alrededor y ya no estaba ni su hijo ni su mujer: “ Es un vacío de soledad tremendo que te lleva a un sufrimiento que te inunda de dolor”. No lo hizo, detalle, porque el día anterior había tenido una conversación muy emotiva con una amiga de su hijo que era muy sanadora.

El duelo de los que se quedan, según Eva Montero, psicóloga clínica especializada en atención al suicidio, suele ser mucho más intenso que los que causan otras muertes. "En muchos casos puede derivar en un duelo complicado y patológico. Por el tabú, el estigma, el rechazo que genera. Que haya sucedido a alguien muy próximo a ti, además, puede generar sentimientos de culpa y responsabilidad, como si hubieras estado desatento. Poder hablar de forma adecuada sobre el suicidio nos ayudaría a su prevención ya conseguir que dejara de ser un tabú". Hay pacientes, asegura, que a pesar del paso de los años no se pueden creer lo que ha pasado y siguen pensando en lo que podrían haber hecho para evitarlo. Otros que son incapaces de pronunciar la palabra suicidio, hablan de “eso que pasó, uy no puedo pronunciar” o de un “accidente”. Y explica: "En los duelos naturales es más habitual que haya unas fases, pero en los duelos por suicidio, se suelen entremezclar. Inicialmente suele haber un estado de shock y negación. Es difícil llegar a la aceptación porque los supervivientes la identifican con estar conformes con lo ocurrido".

Cristina Blanco, socióloga, profesora recién jubilada de la Universidad del País Vasco también relata la ansiedad que sintió cuando tenía que visitar al médico de cabecera para solicitar la enésima baja. “Yo me sentía incapaz de leer y de escribir, no podía desarrollar mi trabajo, tenía unas tesis doctorales en marcha, no era capaz, lloraba por los pasillos de la Universidad”. Es madre de tres hijas, tiene 63 años y su marido murió por suicidio en agosto de 2012. Reconoce que cayó en una depresión profunda, se trató, la superó, regresó a las aulas y ha dedicado su vida a escuchar a las personas que necesitan ayuda ya trabajar en la prevención del suicidio. Era experta y referente en migraciones internacionales; lo apartó para dedicarse a la investigación sobre el suicidio y es la directora del único posgrado presencial en Suicidiología que existe en España. Considere esa formación indispensable. "Me parecía importantísimo ofrecer una formación universitaria para psicólogos, trabajadores sociales, incluso médicos de atención primaria. Es una formación especializada, pero multidisciplinar con abordaje integral".

Igual que Juanjo Escudero, Blanco nunca tuvo problemas al pronunciar la palabra suicidio. Ni en contar a sus amigos, compañeros, vecinos que su pareja se había suicidado; Lo hizo desde el minuto uno. Se encontró con un muro de silencio —por aquello del estigma y del tabú— y cierta incomodidad a su alrededor. "Yo lo entiendo: no sabes qué decir, no nos han enseñado a bregar con eso. Yo necesitaba hablar, necesitaba llorar y veía como la gente taponaba, te cambiaba de tema. Es una necesidad que sale de dentro, no todo el mundo la tiene, hay gente que prefiere callarlo y es capaz de enterrarlo en lo más hondo".

Han pasado 12 años desde que su marido, con el que llevaba desde los 15 años, desapareció. Recuerda el desamparo que sintió. "Se habla mucho del duelo: la ausencia es la misma que en cualquier otra muerte, pero en el caso del suicidio hay tres elementos sustanciales que son brutales: la culpa; la sensación de abandono: precisamente por eso. Un accidente o un cáncer no te interpela a ti como persona querida. En el sí suicidio: te has ido porque has querido y eso hay que trabajarlo muchísimo para que no te haga daño todos y cada uno de los días de tu vida. Por último, está la soledad social, que todavía sigue existiendo... hace 12 años ya ni te cuento. Yo cuando hablaba de mi marido, cambiaban de tema”. Cuando se le pregunta cómo se reconstruye la vida después de un suicidio contesta: "Te acompaña el miedo de por vida. Y luego cada persona es diferente. La gente habla del duelo, pero el perder a una persona, no es solo el duelo emocional, es como se reorganiza la vida familiar, porque la culpa no es solamente personal, hay una distribución de culpas en la familia. De capacidad eso no habla nadie. Nadie sabe. Está ahí la sospecha. Y luego está cómo se reorganiza la laboral". Lo cuenta, ya recuperada, con mucha entereza y energía en una cafetería en la playa de Ereaga (Getxo). “Se vende, se puede salir”, dice.

Cuando el marido de Cristina falleció sólo había una asociación de ayuda, en Barcelona (la segunda se creó en 2015 ya desde de 2018-2019 se han ido fundando más en las diferentes comunidades autónomas sobre todo gracias a familiares supervivientes). "Yo necesitaba saber, conocer, contactar con alguien, no quería quedarme como una ostra recogida debajo de una alfombra y menos con tres hijas. Buscaba en internet, no entendía por qué se hablaba tan poco del suicidio. Cuando vi los datos dije: ¡no puede ser! Yo pensé que era una entre 100.000 y no, no solo me pasó a mí, sino que hay 11 muertes diarias de media en España por suicidio. Me volví loca ver que no se hablaba de eso. Mi segundo shock fue descubrir que en las carreras de psicología no se aborda la conducta suicida”. Blanco, que cofundó primero Biziraun y más tarde AIDATU (Asociación Vasca de Suicidiología), huye de los lugares comunes. Insiste en que cada persona vive y procesa su duelo de manera diferente y que el suicidio es mucho más complejo de lo que se intenta transmitir. “Es importante hacer llegar este mensaje cuando se busca ayuda: hay recursos, pero si no te funcionan a la primera, que es probable, no te desanimes, sigue buscando”.

Igual que los otros testimonios de este reportaje, cree que no solo es importante hablar del suicidio en la sociedad y en los medios de comunicación como problema de salud, sino que, si se hace bien, es una medida de prevención. Es lo que defiende Gabriel González Ortiz en su libro Hablemos del suicidio: pautas y reflexiones para abordar este problema en los medios . Ortiz cita al fundador de la Suicidiología en Estados Unidos, Edwin Shneidman, que afirmaba que los esfuerzos en visibilizar la posvención (lo que queda tras un suicidio o un intento de suicidio) son una forma directa de prevención de futuros suicidios. Escribe González Ortiz que extrapolando los ejemplos de las campañas de tráfico (durante años fue la principal causa de muerte en España), el dolor de las familias tras el suicidio de un ser querido y las secuelas que dejan las tentativas de suicidio, pueden suponer un freno muy efectivo para personas que estén barajando esa opción.

Está convencida de ese efecto preventivo Itsaslore Yarza. Tiene 41 años, es profesora de secundaria en un instituto de Tolosa y perdió a su hermano en abril de 2019. Lo cuenta sentada en la terraza de una cafetería de Muskiz, donde residen sus padres a los que ha venido a visitar. "Hablar de los supervivientes es importante, hablar del duelo también, porque hay muchas maneras de conducir. Visibilizar esa variedad de vivencias abre un abanico de opciones a la persona que lo va a vivir". A ella, por ejemplo, le alivió escuchar una frase que pronunció Cristina Blanco en un grupo de ayuda. "Dijo que no le hablaran de fases del duelo y eso me relajó muchísimo. Pensé: 'Me voy a permitir vivir el duelo como me salga y como buenamente pueda'. Cada manera de vivirlo es diferente y es importante transmitirlo. Así como que existe la opción de pedir ayuda profesional a un psicólogo oa un psiquiatra, pero como opción no como una obligación ni tampoco como la única manera de sanar".

Sus padres, cuenta, no han ido a terapia. "Y ahí están. Yo tenía miedo de que se suicidaran por la pena. Cuando murió Alai nos sentamos a hablar también de esto. Cada familia es un mundo, nosotros hemos hablado muchísimo, de cómo nos sentimos, de cómo era Alai, de por qué o para qué haría lo que hizo. ¿Nosotros nos suicidaríamos?, nos preguntamos los tres. Incluso si en algún momento alguno de los tres llegó a pensar hacerlo, hablarlo nos hizo ver que no queríamos, que no es la mejor opción ni ningún tipo de solución". Yarza cuenta cómo se vive en el después. "Yo vivo con un dolor que está ahí y que no se va a ir nunca y he aprendido a vivir con ello. Es como si tuviera un agujero en el corazón, el que me ha dejado a mi hermano y no quiero que se tape con nada, ni que se olvide porque es el sitio de mi hermano". Reconoce que volvió a trabajar enseguida. "Por inercia y por no preocupar a mis padres, para que ellos vieran que yo podía seguir con mi vida. En ese momento necesitábamos cuidarnos entre todos. Y mi manera de hacerlo fue esa".

Resume así su proceso de reconstrucción en el que intentó sacar una parte sanadora. Hizo de su dolor lo que ella llama dolor fértil: "Te cambia por completo el concepto de tiempo, el sentido de la vida y la identidad. Yo antes era una persona mucho más activa, alegre, con más iniciativa, con más ganas de hacer cosas, con más ilusión. Ahora ni tengo ganas de cambiar el mundo ni energías para ponerme a ello. Y eso también ha sido un aprendizaje. Antes gastaba muchas energías en intentar agradar: ahora soy más tranquila y más segura y he aprendido que en la vida puedes estar perfectamente en un segundo, tercero y décimo plano Daría lo que fuera porque mi hermano estaría aquí ahora, pero no cambio la versión de mí misma que soy ahora”.

El teléfono 024 atiende a las personas con conductas suicidas y sus allegados. Las diferentes asociaciones de supervivientes tienen guías y protocolos de ayuda para el duelo.

IV

La prevención del suicidio empieza con una pregunta: “¿Has pensado en quitarte la vida?”, en El País, por Pablo Linde, Oporto -08 de septiembre de 2023:

Los expertos recomiendan hablar sobre el tema, no minimizar expresiones como 'no sé qué hago aquí' o 'no puedo más' y estar atentos a señales de alarma, como un mayor aislamiento, dejadez física y conductas de riesgo.

Prevención del suicidio

Cuando uno de los pacientes de Alba Babot, médica de primaria en La Garriga (Barcelona), llegó a su consulta con “un aspecto desarreglado, poco habitual en él”, le saltaron “todas las alarmas”. Los antecedentes eran preocupantes: tenía un historial de consumo de sustancias tóxicas por el que perdió la custodia de su hija, y un par de semanas antes le habían suspendido el régimen de visitas por quedarse dormido y no acudir a una, lo que había empeorado su estado de ánimo y aumentado su consumo. Poco después llegó al centro de salud con unas lesiones en las manos y muñecas que delataban una pelea. Fue entonces cuando la doctora activó un protocolo de ingreso psiquiátrico involuntario. El riesgo de suicidio parecía inminente.

Las señales que avisan de que una persona puede estar pensando en quitarse la vida no siempre son claras. Y pueden variar mucho. Pero media docena de especialistas consultados coinciden en señalar en que esa dejadez en el aspecto físico, el aumento del consumo de alcohol y drogas, incurrir en conductas de riesgo físico (como peleas o deportes extremos que antes no eran habituales) deben ponerse en alerta, especialmente si se dan en alguien con antecedentes de problemas de salud mental. También pueden detectarse otras que tienen que ver con atender asuntos del final de la vida: regalar pertenencias importantes, dejar resueltas cuestiones legales, hacer testamento o despedirse de amigos, siempre en el contexto de personas que pasan por un mal momento.

A veces es todo mucho más sutil: mayor aislamiento, desconexión, dejar de hacer planes que solían gustar a la persona o de ver amigos, pero muy a menudo, también hay verbalizaciones. Frases como: “No sé qué hago aquí”, “estaríais mejor sin mí”, “sería mejor que desapareciera”, “no puedo más”. No hay que obviarlas, ni minimizarlas ni eludirlas. "Tenemos que hablar abiertamente del tema. Los estudios dicen que cuando una persona te llama la atención de que pueda estar pasando por mal momento o tienen una alteración del estado de ánimo compatible con una depresión es bueno preguntar sobre si ha pensado en quitarse la vida. Existe la creencia de que esto puede favorecer que la persona acabe cometiendo un acto suicida, pero los estudios muestran todo lo contrario, que poner el tema sobre la mesa ayuda a visibilizar el problema, a abrirse y darle espacio para poder ser atendida", explica Babot, que con motivo del día de la prevención del suicidio (10 de septiembre), participa en la campaña #StopSuicidios, promovida por la farmacéutica Lundbeck.

El contexto en España es el de un nuevo récord de suicidios: 4.097 en 2022, según las últimas estadísticas provisionales del INE. Es una tendencia al alza que se viene registrando desde 2018 y que deja la tasa en 8,5 suicidios por 100.000 habitantes, el máximo histórico, aunque sustancialmente inferior al de la mayoría de los países de la OCDE (con una media de 12 en 2019) y muy similar a otros momentos en los noventa y de este siglo. Una de las subidas más acentuadas y preocupantes se ha producido en menores de entre 10 y 14 años , aunque los números absolutos (22 el 2021) son mucho más bajos que en otras franjas de edad (los que más se quitan la vida son hombres a partir de los 40 años, con un pico de 460 autolisis entre los 50 y los 54 años), y menores que en épocas pasadas.

Entre los más jóvenes, hay otros signos de alarma que preocupan a los especialistas, como que uno de cada 20 adolescentes aseguran haber intentado quitarse la vida , según el estudio PsiCE (Psicología en Contextos Educativos). Un tercio de los intentos de autolisis que atiende el teléfono de información toxicológica es de menores de 20 años . Y las llamadas a los números atención de al suicidio entre los jóvenes se está disparando, algo que además de más ideas suicidas puede tener que ver con una mayor visibilización de estos recursos.

El psiquiatra Víctor Pérez-Sola, coordinador nacional de la Alianza Europea Contra la Depresión, ve una “tendencia muy importante” en las tentativas de los jóvenes: “Muchas veces no es suicida real lo que buscan sino que cambie la vida. Te dicen: 'No, yo no me quería matar, yo estaba sufriendo y quería que dejara de pasar'. Este aspecto comunicacional en gente joven es mucho mayor. La gente mayor cuando lo intenta hace tentativas muy bruscas y muy serias. Consiguen morirse con mucha más frecuencia”.

Pérez-Sola explica que el entorno de jóvenes y mayores suele ser distinto. Los primeros suelen estar rodeados de gente sana, familia y otras personas alrededor, y suele ser un acontecimiento vital concreto lo que precipita esa conducta. Mientras, entre personas más mayores son frecuentes las enfermedades mentales o los problemas sociales graves, así como las enfermedades somáticas que les hacen sufrir. Esto se une muy a menudo a la soledad. “Hacemos mucho hincapié en la gente joven porque son los que dan señales de alarma, pero es verdad que en proyectos de investigación o asistenciales a los mayores estamos haciendo menos, no hay campañas tan bien montadas y habría que tener mucho cuidado con la enfermedad somática, el dolor y la soledad”, afirma el psiquiatra.

No existe un plan de prevención nacional que coordine las actuaciones de todas las comunidades autónomas (como sucede por ejemplo con las drogas o el sida), algo que reclaman algunos profesionales en la plataforma Hagamos un plan . Pero sí hay cada vez más medidas: en 2022 se puso en marcha el 024, el primer teléfono nacional de atención a la conducta suicida, que atiende más de 300 llamadas al día . Este mismo año se ha aprobado un permiso de acompañamiento a personas en riesgo .

La prevención del suicidio, en cualquier caso, es muy complicada. Como escribió este verano en EL PAÍS Guillermo Lahera , profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá, 7 de cada 10 personas que mueren por suicidio no tenía pensado hacerlo tan solo una hora antes. "Porque la conducta suicida es dinámica, cambiante, en algún punto impredecible, y se ajusta mal a nuestros anhelados modelos lineales de predicción e intervención. El suicidio es una conducta, no una enfermedad, y su principal medida preventiva es la opuesta a la que se aplica en las infecciones: desaislarse , reconectarse, contaminarse de los otros. Los lazos afectivos y los cauces de comunicación son su principal antídoto".

Esto va en línea con lo que exponen el psicólogo Antonio Mengual, que cree que la falta de comunidad es un factor de riesgo. "Por eso las terapias de grupo son tan importantes. Estamos en un infierno, pero permanecemos juntos", dice. Ante señales como las antes mencionadas, aconseja, en primer lugar, abstenerse de decirle a la otra persona lo que tiene que hacer. “No decir que la vida sigue o poner juicios de valor, sino preguntar qué está pasando”. Lo segundo, ofrece ayuda. Decir: “¿Qué necesitas que yo haga?”. Lo tercero: proponer buscar ayuda de un profesional. Y, cuarto, estar más pendiente. "Muchas veces no somos conscientes del impacto que tenemos en otras personas. Aunque veamos que no contesta, le podemos decir, me he acordado de ti, espero que estés bien. He tenido pacientes que me han dicho que aunque no los respondían porque no tenían fuerzas o ganas, estos mensajes les han salvado la vida", asegura.

Cecilia Borràs, también psicóloga y presidenta-fundadora de Después del Suicidio–Asociación de Supervivientes (DSAS), apunta que es muy importante la validación de lo que el otro percibe o siente: "Cuando escuchamos cosas como "no tengo ningún futuro", no podemos responder cosas como: "No es para tanto", que son muy frecuentes. Hay que ofrecer hablar, preguntar qué es lo que le preocupa. Por hablar de suicidio nadie se va a suicidar, hay que hacerlo con naturalidad, aunque cuesta mucho". Algo muy importante es ganar tiempo, ya que las ideas suicidas vienen y se van. “En lugar de decirle que no lo haga, mejor aconsejarle que espere a mañana. Y mañana, que espere al día siguiente”, dice Borràs.

Dentro de lo complicado que puede resultar identificar a una persona en riesgo de suicidio, existe un rasgo muy claro: quienes ya lo han intentado tienen más probabilidades de repetirlo. Son personas a las que su entorno debería prestar especial atención. En el caso del paciente de Babot ya lo había hecho, y fue una de las razones por las que activaron una medida tan drástica como el ingreso forzoso. En principio, confiesa, no salió bien: “Sus conductas fueron perjudiciales, tanto para él como para el resto de enfermos de la planta, pero posteriormente pudimos trabajar con él y vuelve a estar controlado y en buen estado”.

Las personas con conductas suicidas y sus familiares pueden llamar al 024, una línea de atención del Ministerio de Sanidad. También pueden dirigirse al Teléfono de la Esperanza (717 003 717), dedicado a la prevención de este problema. En casos que afecten a menores, la Fundación Anar dispone del teléfono 900 20 20 10 y del chat de la página https://www.anar.org/ de Ayuda a Niños/as y Adolescentes.

V

El teléfono del suicidio (024) atiende 335 llamadas al día en su primer año, en El País, por Pablo Linde, Madrid -9 de mayo de 2023:

El 7,2% de los usuarios se ha calificado como de riesgo alto o muy alto y un 10,7% han sido allegados que pedían información o demandaban consuelo por un duelo.

El teléfono de atención a la conducta suicida (024) ha atendido 118.885 llamadas desde que se puso en marcha, hace ahora un año. Son 335 al día, según el Ministerio de Sanidad, que ha facilitado datos hasta el pasado 30 de abril. La media por llamada ha sido de 11,33 minutos (con algunas que superan en mucha esa extensión, si así lo requieren), lo que suma más de 22.456 horas de servicio.

El 55,4% son personas que tienen ideación suicida en mayor o menor grado y el 10,7% son allegados o del entorno, que pueden llamar para pedir información o para exigir consuelo por un duelo, entre otras circunstancias. Un 14% busca información sobre el suicidio, entre las que hay profesionales de entornos educativos que solicitan asesoría, pautas y estrategias para poder atender casos de ideación en esos espacios.

El 16,5% de las llamadas están catalogadas como de riesgo bajo. El 26,6%, medio, lo que significa, según explica Sanidad, una frecuencia del pensamiento de suicidio alta, con un malestar emocional intenso, pero que aún no se han planteado cómo o cuándo realizar el acto suicida. En riesgo alto y muy alto se han verificado 8.563 personas, lo que supone el 7,2% de las llamadas.

El 024 es el primer teléfono público para prevención del suicidio que funciona en toda España. Hasta su puesta en marcha, existían iniciativas como el Teléfono de la Esperanza (717 003 717), otro especializado en menores (900 20 20 10 de la Fundación ANAR), o algunos que dan servicio en comunidades autónomas o municipios.

El servicio comenzó a funcionar el 9 de mayo de 2022 y desde entonces está disponible de forma gratuita las 24 horas del día y los siete días de la semana. Lo atiende Cruz Roja con un equipo multidisciplinar que pretende dar contestación, prevención y apoyo emocional a personas que piensen en quitarse la vida, lo estén intentando ya sus familiares.

El teléfono trata de responder a los récords de suicidios que España ha batido en los últimos años . En 2021, última del que hay estadísticas disponibles, se alcanzó la mayor cifra desde que hay registros: 4.003, según el Instituto Nacional de Estadística. Dos terceras partes de las víctimas son hombres. La mitad de todos los que se suicidaron tenían entre 40 y 64 años y los de más de 65 años sumaron un 31%. El grupo de entre 25 y 39 años fueron el 13,8% y los de entre 10 y 24, un 5% del total de personas que murieron por esta causa.

El dato de 2021 supone un crecimiento de un 1,5% con respecto al año anterior y un 9% si se compara con 2019, el anterior a la pandemia. La covid ha sido, según los expertos, una de las culpables de este aumento, ya que ha disminuido las relaciones sociales y aumentado la soledad, que se considera como uno de los factores de riesgo para el suicidio. En estos años, los teléfonos que prestan este servicio en algunas comunidades autónomas han experimentado un aumento considerable , que llega al 64% en el caso de Castilla-La Mancha. El teléfono de la fundación ANAR, que da servicio a adolescentes y niños, ha visto cómo las llamadas por ideas e intentos suicidas se han multiplicado por 12 en una década entre los menores a los que atiende.

Cuando se puso en marcha el servicio nacional, Diego Palao, psiquiatra especializado en suicidio y director de Salud Mental del Hospital Universitario Parc Taulí de Sabadell (Barcelona), explicó que es una herramienta “muy útil” , con evidencia de buenos resultados. Aunque no existen ensayos clínicos que cuantifiquen cuánto reducen los suicidios, algo que considera “muy complicado”, sí se ha comprobado que tienen mucho impacto a la hora de disminuir el estigma, porque eliminan las barreras para acceder a la ayuda. “Que la gente que está en sufrimiento y desconectada de su entorno tenga acceso a un teléfono que la atiende de forma empática y amable salva vidas, porque cualquier intervención que mejore la accesibilidad lo hace”, añadía el experto.

Joaquim Puntí, psicólogo experto en la materia, considera que tiene un doble valor. Por un lado, proporciona a las personas con ideas suicidas una ayuda: "Puede que no supieran dónde acceder. Y, lo mismo que si tienes síntomas de un ictus llamas a emergencias para que te digan cómo proceder, en estos casos pueden recibir atención especializada o la derivación a los servicios de urgencia, si fuera necesario".

Por otro lado, Puntí cree que los teléfonos de atención a las conductas suicidas pueden ser herramientas muy valiosas para recabar datos que sirven para la prevención. Es una forma de conocer mejor el perfil de estas personas (sexo, edad, motivaciones...). "Si se encuentra que hay más llamadas los fines de semana en personas que abusan del alcohol, por ejemplo, se puede actuar por ahí. Si se ve que detrás está la soledad, se puede plantear el debate social de cómo paliarla. O si se trata de problemas de salud mental, habrá que poner más medios para atenderlas", razona el psicólogo.

El teléfono de prevención de la conducta suicida se enmarca entre las medidas de la Estrategia de Salud Mental, que aprobó el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud el año pasado, con una dotación de 100 millones de euros en cuatro años . El 80% será transferido del Gobierno central a las comunidades autónomas (que deberán completarlo con partidas propias) y un 20% está gestionado por el Ministerio de Sanidad.

VI

En el pueblo de España con más suicidios: “Ahora veo salir el sol, la gente debe saber que de esto se sale”, El País, por Ginés Donaire, Alcalá la Real -20 feb 2023:

Alcalá la Real (Jaén) activa un plan que rechaza los tabúes y visibiliza la enfermedad mental para reducir el estigma

“Ahora veo salir el sol, la gente debe saber que de esto se sale, con mucho esfuerzo, pero se puede salir adelante”. Antonia Gutiérrez Nieto, de 50 años, camina por el paseo de los Álamos de Alcalá la Real (21.556 habitantes, Jaén) con una sensación de serenidad y de paz interior de la que pocas veces ha podido disfrutar en su vida. Hace cuatro años tuvo el último de sus recurrentes intentos de suicidio con una ingesta de medicamentos, pero su capacidad de resiliencia la ha llevado a salir del túnel en el que entró con apenas 18 años, cuando lo intentó por primera vez dando un volantazo brusco al coche que conducía su padre.

Toñi, como la conocen sus vecinos, no puede evitar emocionarse cuando piensa en todas las familias de su pueblo que tienen o han tenido algún miembro afectado por depresión o suicidio. “No hay consuelo para ellas, pero también creo que deben verlo como una oportunidad para intentar salir del agujero”, señala. Y sostiene que la mejor manera de hacer frente a esta enfermedad es “dándole visibilidad y dejando de verla como un tabú o una vergüenza”. Ella misma quiere predicar con el ejemplo y por eso ahora emplea parte de su tiempo en contar su experiencia y dar consejos a quienes le piden ayuda.

Con una tasa de 21 suicidios por cada 100.000 habitantes, Alcalá la Real lidera esta oscura calificación en todo el país, una incidencia que casi triplica la media nacional (8,45) o la media mundial fijada por la OMS, que es de nueve. “Es algo muy doloroso que los vecinos llevan con vergüenza y que acaba por estigmatizar a la población”, admite el alcalde, Marino Aguilera, muy sensibilizado con este asunto, que también él ha vivido de cerca en su familia.

En toda España, cada día 11 personas se quitaron la vida en 2021, con un total de 4.003 fallecidos, según los datos del informe Evolución del suicidio en España en este milenio (2000-2021 ), desarrollado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental y del Hospital del Mar de Barcelona. El estudio revela que más de la mitad de las provincias presentan índices de suicidio por encima de la media, con Lugo, Zamora y Jaén a la cabeza.

Las estadísticas recogen que en Alcalá la Real se han producido 300 suicidios en las tres últimas décadas, el último de ellos el de Javi, un joven de apenas 18 años, en Nochebuena. En el pueblo es raro encontrar a alguien que no tenga algún conocido vinculado con esta lacra silenciosa. Toñi empezó a sufrir su particular calvario en la infancia: “Yo vivía con mucho miedo a mi padre y tenía una baja autoestima, algo que iba mermando mi estado mental”. Aunque logró salir pronto del infierno familiar, su situación tampoco mejoró al casarse —“No levantaba la cabeza porque no tenía estabilidad emocional”, dice―. Se separó y con 23 años enfermó de una colitis ulcerosa, lo que la obligó a dejar de trabajar.

“En mi caso, no sé si enfermó antes la mente o mi cuerpo”, subraya esta alcalaína, que asegura que fue con 33 años cuando se dijo que hasta ahí había llegado. Desde entonces entró en una fase de episodios recurrentes (con intentos de poner fin a su vida de todas las maneras posibles) y con varias hospitalizaciones en el área de salud mental, un período que se prolongó hasta hace cuatro años. “Se necesita tener mucha motivación para salir de esto, y también la ayuda de la familia”, expone Toñi, que ahora tiene en su hija y sus dos nietas el principal bastión en el que apoyarse.

Informar para prevenir

Alcalá la Real es la cabecera de un triángulo maldito que se extiende a otras localidades de la sierra Sur jiennense ya la Subbética cordobesa y que tienen como perfil común el entorno montañoso y la dispersión geográfica, algo que, tradicionalmente, ha favorecido el aislamiento y dificultado las relaciones sociales. “Los factores sociales adversos sí que influyen sobre la salud mental y generan psicopatologías, pero existen más causas que pueden llevar a esa situación”, manifiesta la psiquiatra Ventura Olea Peralta, directora de la Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario de Jaén. La endogamia social y el efecto contagio son otros dos factores que históricamente se han vinculado con la elevada tasa de suicidios en estos municipios de las sierras de Jaén, Granada y Córdoba. Sin embargo, el doctor Olea rebate la tesis del contagio: “Actualmente, ante un problema de esta magnitud, hay que hablar, con información positiva, y al mismo tiempo establecer estrategias de prevención ante las personas que sufren cuadros de depresión”.

Precisamente, el Ayuntamiento de Alcalá la Real quiere abrir una nueva etapa para atacar este problema. “Si una tragedia se normaliza a base de silencio, al final el problema se enquista aún más”, señala el alcalde alcalaíno, que anuncia que el pueblo se va a llenar de carteles con mensajes en positivos alusivos a la depresión y la salud mental. Además, el municipio acaba de integrarse en la Alianza Europea contra la Depresión, un proyecto que nació en 2004 en la ciudad alemana de Núremberg y que trata de desestigmatizar el concepto social y de informar para prevenir.

El alcalaíno Benedicto Crespo, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Sevilla y director de la Unidad de Salud Mental del Hospital Virgen del Rocío, defendió que con esta alianza se persigue crear relaciones directas entre los especialistas de atención primaria y los diferentes grupos sociales susceptibles e involucrados en mejorar la detección y tratamiento de la patología depresiva, entre ellos farmacéuticos, trabajadores sociales, policías locales y otros voluntarios que quieran implicarse en la campaña de sensibilización e información que se va a poner en marcha.

Los expertos coinciden en la necesidad de reforzar la atención primaria, por donde pasan en los días anteriores el 20% de las personas que han tenido episodios de suicidio. Lo sabe bien Toñi Gutiérrez, que recuerda que tuvo que insistir varias veces en la consulta del especialista para que se la tuviera en cuenta. “Al principio se creían que yo quería llamar la atención”, asegura. E incide en la necesidad de abordar el asunto desde sus orígenes: “No se llega a un acto así si no hay una mecha que lo prenda”.

El componente genético y hereditario es otro de los factores que se baraja como causa para explicar la elevada tasa de suicidios en estas comarcas del sur de España. En la aldea de La Rábita (Jaén), 10 personas de una misma familia, aunque de tres generaciones diferentes, se quitaron la vida. Y en la vecina localidad de Priego de Córdoba ocurre algo similar: “En el barrio donde crecí recuerdo seis suicidios: una pareja mayor, el padre y hermana de un amigo, el de otra conocida con la que coincidía paseando a los perros y, hace un año, por desgracia, el hijo de 12 años de unos buenos amigos”, relata Manuel Molina, profesor en un instituto del municipio, donde se ha creado la Mesa para la Prevención del Suicidio, que intenta visibilizar el tema y ayudar en los casos que se detectan. Desde la pandemia, preocupa especialmente el incremento entre los jóvenes.

Solo ocho comunidades autónomas tienen planes específicos contra el suicidio

La prevención y la atención a los problemas de la salud mental también ha desatado las alarmas en la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, que ha instalado a la Junta de Andalucía a que desarrolla un Plan Andaluz de Prevención del Suicidio “como instrumento de planificación participativa, que permita solventar las carencias, fallas, lagunas e insuficientes actuales en el enfoque de este problema sanitario y social, tanto respecto de las personas que presentan el riesgo como para la atención de las que sobreviven a una experiencia traumática de esta índole”, con un enfoque particularizado enfocado hacia la población infantil y juvenil, con otro “plan oportuno” —una novedad que no está desarrollada de manera explícita en ningún otro territorio nacional—, así como que se garantiza la continuidad asistencial en el tratamiento sanitario de la salud mental “mediante prácticas de mejora en la coordinación y colaboración entre niveles, recursos y dispositivos, que permitirá adoptar la respuesta más adecuada y eficaz a episodios agudos, especialmente en los casos de riesgo autolítico”.

En la actualidad solo ocho comunidades autónomas —Aragón, Galicia, La Rioja, País Vasco, Islas Baleares, Comunidad Valenciana y Extremadura— cuentan con planes específicos contra el suicidio, a los que en agosto de 2022 se sumó el Plan de Acción de Salud Mental 2022-2024, elaborado por el Gobierno central y que está cofinanciado por las comunidades autónomas. 

VII

La misión imposible de la terapia psicológica en la sanidad pública: “Con citas cada mes y medio no estableces vínculo con el paciente”, en El País, por Pablo Linde, Madrid -25 de enero de 2023:

La psicóloga Belén Hernández denunció en una carta a la directora de EL PAÍS que el sistema lanza el mensaje de que el suicidio se convierte en “una alternativa aceptable” para los que no se pueden pagar una consulta.

A la consulta de Belén Hernández, una psicóloga clínica de 59 años que ejerce en un centro privado de Madrid, cada vez llega más gente joven. “Están asustados por los vaticinios de un futuro negro que hace una generación anterior a la suya, que no sabe nada de su mundo ni del que les tocará vivir”, relata. Uno de estos jóvenes que llegó a su consulta lo hizo de la mano de una amiga que lo coló en la sesión que ella tenía agendada. Él no la podía pagar, estaba al borde del suicidio y en la sanidad pública madrileña tenía cita con un psicólogo a un año vista, como contaba Hernández este fin de semana en una carta a la directora en este periódico .

"Esta semana un joven de 23 años sin recursos económicos ha acudido a un servicio de urgencias en un hospital público de la Comunidad de Madrid, absolutamente desesperado y con un altísimo riesgo de suicidio. Sale con la receta de un ansiolítico, de un antidepresivo que tardará unas tres semanas en empezar a hacer efecto y con la derivación al Servicio de Psicología. A las 48 horas recibe una llamada para informarle de la fecha de su cita primera en Psicología: 15 de enero de 2024. Todo un mensaje desde la sanidad pública a sus usuarios: si no dispone del dinero suficiente para pagar a un psicólogo privado, el suicidio se convierte en una alternativa aceptable ¿Alguien piensa hacer algo?”, se preguntaba.

La carta, escrita como una llamada de auxiliar para hacer ver la “durísima realidad” por la que pasan muchas personas, ha tocado muchas fibras en una sociedad que cada vez tiene más presente el problema de la salud mental. La falta de psicólogos clínicos en el sistema hace que conseguir una cita con uno no esté al alcance de muchos pacientes que lo necesitarían. Una vez que los tratan, las sesiones son de tan solo media hora ya menudo están espaciadas en un mes y medio. "Así es imposible establecer un vínculo de intimidad. Si citas a una persona y te cuenta algo muy importante de su vida y no lo vuelves a ver hasta 45 días después, no puedes establecer ese vínculo. Al final la gente no se engancha, siente que no se soluciona el problema y no va a cita", explica Hernández.

España está muy lejos de los estándares europeos en atención a la salud mental . Hay seis psicólogos clínicos por 100.000 habitantes en la red pública, tres veces menos que la media europea. Cada año salen algo más de 200 plazas de psicólogos internos residentes (PIR), y para llegar a estos estándares harían falta más del doble. También escasean los psiquiatras: 11 por cada 100.000 personas, casi cinco veces menos que en Suiza (52) y la mitad que en Francia (23), Alemania (27) o Países Bajos (24).

Los médicos de primaria, ya de por sí desbordados, no tienen los recursos ni el tiempo para tratar problemas de índole psicológico. Ante la imposibilidad de derivarlos a terapia, a menudo acaban recetando ansiolíticos, como contaba Vicente Baos, especialista en medicina Familiar, en un podcast en EL PAÍS .

La pastilla se convierte así en la única solución que reciben muchos pacientes que necesitarían terapia, pero no la obtienen en la sanidad pública y no se la pueden costear en la privada, donde cada sesión de una hora ronda los 50 euros. Y eso se refleja en cifras. El consumo de tranquilizantes no para de crecer: uno de cada 10 españoles de entre 15 y 64 años los toma, según la última encuesta sobre alcohol y otras drogas (Edades) , que ha publicado este mismo mes el Ministerio de Sanidad.

Estos crecientes problemas de salud mental también se reflejan en la cifra de suicidios, que es la primera causa de muerte externa (no natural) en España: en 2021 se quitaron la vida 4.003 personas, según los datos del INE . Y la tendencia empeoraba en la primera mitad del 2022 (últimas cifras disponibles): 2.015, lo que de repetirse en los siguientes seis meses daría una cifra de 4.030 en el año.

Un estudio de la Fundación Anar alertaba el pasado diciembre sobre el hecho de que solo el 44% de los menores entre 13 y 17 años que han contactado con ellos en los últimos tres años por ideación suicida o por intento de suicidio ha recibido atención psicológica, bien dentro del sistema público de salud o de forma privada.

Como han señalado varios estudios, la pandemia ha venido a agravar la situación. Hernández nota en su clínica que las secuelas continúan y cree que todavía durarán. “Ha sido muy complicado porque es una edad en la que es importantísimo el contacto social con tus iguales y menos con la familia; estar encerrado ha pasado factura”, asegura.

Las administraciones públicas han comenzado a moverse ante esta realidad, pero no parece que lo hagan con la suficiente velocidad. La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, donde ocurrió el caso que relataba Hernández en su carta, explica que no sabe qué ha podido fallar, porque no conoce el caso concreto, pero asegura que cuando se detecta una conducta suicida se da cita psiquiátrica en menos de siete días.

"Hay psiquiatras de guardia en las urgencias de todos los hospitales con Servicio de Psiquiatría las 24 horas para atender cualquier situación de riesgo que pueda producirse, incluida la tentativa suicida. Además, los profesionales de los centros de salud pueden derivar a la red de Salud Mental a través de una consulta con carácter preferente", explica un portavoz.

En el Ministerio de Sanidad, que no tiene competencias asistenciales, explican que a pesar de ello se están sumando iniciativas como la Estrategia de Salud Mental , que no se actualizaba desde el año 2009. Paralelamente, se aprobó en mayo un Plan de Acción de Salud Mental 2022-2024 cofinanciado entre las comunidades y el Gobierno, que aportará 100 millones de euros . Una de sus medidas es un teléfono de atención al suicidio (024) que se estrenó ese mismo mes y que cerró diciembre con 79.975 llamadas atendidas, 2.987 derivadas al 112 y la atención a 2.129 suicidios en curso o con riesgo inminente.

Faltan psicólogos

Habrá que comprobar cuando se publiquen las nuevas estadísticas del INE si tuvieron repercusión en las cifras de suicidios del segundo semestre de 2022. En opinión de Hernández, como estas son buenas, pero representan “una tirita” en un sistema al que le faltan psicólogos clínicos. "Nos llegan pacientes que acaban abandonando el circuito público porque no se sienten suficientemente atendidos, cuando pasan mes y medio sin verlos, en media hora apenas les da tiempo a contarles lo nuevo que ha sucedido en sus vidas. Hoy mismo me lo dijo un paciente: 'Tienes que ir a toda velocidad y se te quitan las ganas de contar nada'. El colmo es que ahora hay listas de espera hasta en la privada", relata la psicóloga, que asegura que en 29 años de profesión nunca había trabajado tantas horas semanales.

Las administraciones suelen justificar esta falta de psicólogos clínicos con una realidad: aunque cada vez hay más licenciados , faltan especialistas clínicos para cubrir las plazas que sean necesarias. La estrategia que están adoptando algunas comunidades es incluir psicólogos no clínicos en los centros de salud para atender de forma temprana problemas emocionales y tratar de evitar que se conviertan en situaciones más graves.

Es algo que está haciendo Cataluña y que Madrid estudia. La Comunidad anunció la incorporación de psicólogos en los centros de salud, y está estudiando qué perfil han de tener. Su Plan Estratégico de Salud Mental 2022-2024 incluye una inversión de más de 43 millones de euros y supone la contratación de 370 profesionales especialistas.

Mientras estos se incorporan, ya faltan más clínicos, pagar una consulta se convierte en la única solución para muchos pacientes. Entre los que no se lo pueden permitir, hay profesionales como Hernández que no cobran a algunos, o adaptan las tarifas. “Pero esto no puede ser la solución, tiene que venir desde la sanidad pública”, subraya.