viernes, 8 de octubre de 2010

Pinturas

Soy un modesto coleccionista de arte; el que más valoro es el que mis hijas pequeñas hicieron; conservo todos los monos que pintaron en su infancia; siempre les daba papel para que lo emborronaran, y ellas a veces lo buscaban de suyo en mis libros, pintándome los espacios en blanco de las guardas. Si me hubieran puesto graffiti en las paredes, los habría conservado y hasta les habría puesto marco. Paloma diseñaba unas ratonas preciosas y unas procesiones de Virgen solemne llorando, con los pies de los costaleros que asomaban por debajo. Ana Isabel pintaba ya sus burbujitos, sus bebés preciosos y sus escenas hilarantes. Aquí, en la provincia, disponemos de una buena galería, la Fúcares de Almagro. Uno puede adquirir en ella, si tiene buen gusto, pinturas que se revalorizarán al cabo de cierto tiempo. Si no lo tiene, más vale que desista, porque es una afición cara que exige un juicio muy asentado de los valores estéticos. Quien lo tuviera habría podido comprar hace ya bastantes años un Barceló auténtico, y ahora, si quisiera, podría venderlo y comprarse un piso. Yo llegué a tiempo para tener un cuadrito de Enrique Marty, un pintor salmantino de cauce internacional que con sus cuadros expresionistas pone los pelos de punta al más pintado, pero también compré uno que al cabo del tiempo resultó un fiasco, más porque el pintor no anduvo las pasarelas del mundo que por otra cosa (en estos tiempos, parte del éxito artístico consiste en viajar y que te vean). Otras joyitas de mi colección son uno de los dibujos perdidos del vanguardista histórico de La Solana García Maroto, el amigo de Lorca, y el primer grabado de una serie de remeros del Támesis de Gregorio Prieto, en la época en que andaba con Cernuda en Oxford. Y, fuera de un retrato mío hecho por un amigo que es un pintor formidable y ahora triunfa en Barcelona, nada más, pues uno no tiene fondos para ser sino un mecenas zarrapastroso. Esta pequeña colección ha ido reuniéndose gracias a los consejos de dos buenos asesores, mi mujer y un profesor de historia del arte de la Universidad de Castilla-La Mancha; a ellos, más que a mi juicio, siempre errático e incierto, se debe la calidad que ha llegado a alcanzar.

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