domingo, 23 de marzo de 2025

La prohibición de las pantallas avanza en los colegios, se acabó el optimismo tecnológico en educación

 La prohibición de las pantallas avanza en los colegios, se acabó el optimismo tecnológico en educación: “Los dispositivos distraen”. En El País, por Ignacio Zafra,Valencia, 21 mar 2025:

El anuncio de Ayuso de que prohibirá los dispositivos digitales en la escuela de Madrid se suma al veto vigente en Murcia, y a las limitaciones que prepara Cataluña en línea con un informe del Ministerio de Infancia y Juventud

Después de años de optimismo, el viento ha girado en la forma en que los responsables educativos españoles observan el papel de los dispositivos digitales en la enseñanza. El miércoles la Comunidad de Madrid anunció un veto general a partir de septiembre al uso de pantallas, tanto en el aula como para hacer deberes, en las etapas de infantil y primaria (hasta los 12 años). Pero Murcia ya lo ha restringido este curso hasta el segundo ciclo de primaria. El Ministerio de Juventud e Infancia publicó en diciembre un informe de expertos que propone excluir los dispositivos individuales en infantil y priorizar en primaria “la enseñanza de manera analógica”. Y Cataluña constituyó en febrero una comisión formada por medio centenar de especialistas de diferentes ramas para que elabore unas directrices que conducirán muy probablemente a establecer restricciones. “Al principio, solemos recibir los cambios con cierto entusiasmo. Pero cuando con el tiempo vemos que han traído algunas cosas buenas, otras no tan buenas, y otras directamente malas, se toma la decisión de regular”, resume Màrius Martínez, que fue decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona y que coordina el comité de expertos creado por la Generalitat.

En la comisión creada por el Departamento de Educación catalán, que presentará su dictamen final en junio, participan personas de perfiles muy diversos; desde representantes de la asociación de directores de centros educativos y las federaciones de familias, a pediatras, pedagogos, psicólogos, neurocientíficos, policías y expertos en ciberseguridad. Uno de los argumentos principales de las críticas excepcionalmente unánimes que este jueves le llovieron al Ejecutivo madrileño por su anuncio fue precisamente la ausencia de un diálogo con la comunidad educativa y de un debate en profundidad antes de adoptar una decisión muy tajante.

En la oposición a lo anunciado por el Gobierno que preside Isabel Díaz Ayuso se unieron organizaciones de signo muy distinto. Desde el sindicato Comisiones Obreras hasta el CSIF, pasando por Anpe. Y desde las grandes patronales de la educación concertada, Escuelas Católicas y Cece, a la federación de familias de la escuela pública, la FAPA Giner de los Ríos. Incluso la asociación de colegios privados, Cicae, a la que no afectará el decreto que prepara el Ejecutivo regional porque solo se dirige a los centros financiados con fondos públicos, pero a la que le preocupa la imagen que la norma va a proyectar sobre la tecnología aplicada a la educación, se sumó a las críticas, calificando de “injerencia en la autonomía de los centros educativos” y de “retroceso en la modernización del sistema educativo” la nueva regulación. El consejero de Educación madrileño, Emilio Viciana, se reafirmó, por su parte, en su plan, que prevé limitar el uso de dispositivos digitales en los colegios a aquellos que sean de uso compartido (como una pizarra digital) y solo durante una hora semanal entre el segundo ciclo de infantil y 2º de primaria, hora y media en 3º y 4º, y dos horas en 5º y 6º. La medida podrá retrasarse hasta el curso 2026-2027 en aquellos centros cuyo proyecto educativo incluya ahora el uso de dispositivos individuales.

Sus argumentos son parecidos a los que esgrime Víctor Marín, consejero de Educación de Murcia, donde la restricción del uso de dispositivos individuales alcanza hasta 4º de primaria en las áreas instrumentales, Lengua y Matemáticas. “Numerosos estudios neurocientíficos destacan que la escritura a mano y el trabajo con recursos analógicos en edades tempranas mejoran el rendimiento cognitivo de los alumnos reteniendo mejor la información y mejorando el entendimiento de conceptos básicos para el aprendizaje, como el reconocimiento de palabras, la comprensión lectora, la expresión escrita, las operaciones matemáticas básicas y la resolución de problemas”, afirma Marín, que añade que la medida persigue también “retrasar la edad de uso de los dispositivos digitales con el fin de disminuir la adicción y dependencia de la tecnología”.

La limitación más o menos intensa del uso de los dispositivos tecnológicos, especialmente los individuales como tabletas y ordenadores, avanza poco después de que haya culminado la prohibición del uso de teléfonos móviles por parte del alumnado en colegios e institutos. Andreas Schleicher, creador del Informe PISA, apuntaba hace unos días en un artículo publicado en este periódico al uso de los teléfonos inteligentes, y más en general al “consumo elevado de contenidos digitales”, como uno de los factores que parecen estar detrás del declive del rendimiento de los estudiantes en muchos países. “La distracción digital no es solo un inconveniente, sino que parece tener una asociación tangible con los resultados de aprendizaje”, señala Schleicher.

La conveniencia de restringir, y en ese caso cómo y en qué grado, el uso de la tecnología en educación genera posiciones discrepantes en muchos colectivos. La presidenta de la FAPA Giner de los Ríos, Mari Carmen Morillas, criticó este jueves el anuncio del Ejecutivo madrileño con el argumento de que el sistema educativo “necesita actualizarse, hay realidades que no deben obviarse como los dispositivos digitales”, al tiempo que abogaba por “trabajar en su uso responsable y adecuado”. Al mismo tiempo, muchas familias con hijos en infantil, primaria y secundaria que viven en casa la tensión de limitar el uso que estos hacen de móviles, tabletas u ordenadores denuncian desde hace tiempo que los deberes que exigen su uso hacen todavía más difícil su vigilancia.

“Contribuyen a más distracción”

“Contribuyen a más distracción. Y permiten puentes hacia otros usos, como las redes sociales, los videojuegos, la pornografía, y otros contenidos digitales cuyo consumo excesivo está asociado a sentimientos de desconexión de la realidad, más agresividad, comportamientos adictivos, y otros trastornos ligados a la salud mental”, afirma Diego Hidalgo, portavoz de Escuela Off, una de las plataformas que han surgido en España para reclamar la restricción educativa de las pantallas. Hidalgo también advierte de los problemas vinculados a la privacidad que generan las herramientas utilizadas en muchos colegios. “Sabemos que hay plataformas que ponen en riesgo los datos de los jóvenes sin ofrecer garantías suficientes, y que permiten un perfilado de los menores por parte de las empresas tecnológicas”.

María del Mar Sánchez, profesora de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Murcia lamenta, por su parte, que el debate haya derivado rápidamente a las prohibiciones sin haberse detenido en cómo debería usarse la tecnología en la escuela: “No veo que se hable sobre qué se está haciendo con esas pantallas, que es la clave”. Sánchez advierte, además, de que vetos como el de Madrid o Murcia pueden ampliar la brecha en competencias digitales entre ricos y pobres. “Hay niños y niñas que no van a recibir un acompañamiento en educación digital en casa, por desconocimiento de las familias o por lo que sea. Y la escuela, en su vertiente de justicia social, es el sitio donde pueden aprender a hacer un buen uso de la tecnología”.

Aulas más complejas y profesores sobrecargados

 Aulas más complejas y profesores sobrecargados: un estudio indaga en el “alarmante” deterioro emocional en las escuelas, en El País, por Francesca Raffo, 20 mar 2025:

Los docentes señalan, según el informe de Educo y la Fundación SM, que las dos principales causas del deterioro del bienestar en los alumnos son la falta de tiempo de calidad con los padres y el uso excesivo de la tecnología

“Si me dieran cien mil trabajos volvería a ser maestra, pero sí que tenemos una carga muy grande y muchísimos frentes”, cuenta Manuela Pérez Macedo (Madrid, 54 años) desde una oficina del colegio Santa Susana, en Madrid. Trabaja como docente de historia y geografía desde que tiene 21 años, pero asegura que nunca se ha enfrentado a tantos retos: la alta cantidad de alumnos por aula, la complejidad de los estudiantes o la burocracia. Las consecuencias son varias, pero se pueden sintetizar en sobrecarga y ansiedad en el equipo docente. Su experiencia no es única, así lo afirma el último informe de Educo y la Fundación SM, Mejorando la protección y el bienestar en las escuelas, que concluye que tanto los profesores como los alumnos se enfrentan a un deterioro generalizado del bienestar emocional.

Son numerosos los datos de los últimos años que señalan el problema. Según el Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia 2023-2024 de Unicef, cuatro de cada 10 jóvenes de entre 13 y 18 años cree haber tenido un problema de salud mental en el último año y la mitad no pide ayuda. Por el lado del profesorado, según el Educobarómetro del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA) de la Fundación SM, el 37% de los maestros experimenta agotamiento y 39% ansiedad o depresión. Ante esta realidad, Educo y la Fundación SM han publicado, este jueves, un informe que indaga, a través de un estudio cualitativo ―con grupos de discusión con profesores y alumnos, entrevistas y talleres lúdicos en Madrid, Cataluña, Valencia y Galicia―, en las causas del deterioro del bienestar en los colegios.

La elevada cantidad de alumnos por aula es uno de los factores que más perjudica la capacidad de actuar de los profesores. El informe indica que los educadores tienen cada vez menos tiempo para dedicarse a las necesidades de cada alumno y esto afecta el desarrollo académico y personal de cada uno. A esto se suma otra dificultad: los docentes aseguran que las aulas son cada vez más complejas.

Ariana Pérez, coordinadora de investigación de la Fundación SM, explica que esta complejidad se da por las necesidades individuales de cada alumno, como las especiales de aprendizaje, las situaciones que traen de casa o los problemas de salud mental. “Esto sucede en un marco de modelo educativo donde se demanda mayor personalización de aprendizajes y desarrollo de competencias”, resalta. Y agrega: “Interviene directamente en el bienestar del profesorado que está más sobrecargado con responsabilidades que van más allá de su labor pedagógica”.

Una maestra en Galicia, entrevistada para el informe, lo ejemplifica: “Veinticinco alumnos que vienen de casas diferentes, con medios distintos, con estimulación y motivaciones diferentes en una clase no es viable porque de esos hay cinco o seis con muchísimas necesidades”.

Alumnos vulnerables

El deterioro del bienestar de los alumnos es otro factor que preocupa a los profesores. Pérez Macedo cuenta: “Cada vez tenemos más alumnos rotos y vulnerables”. A eso se suma el tema del móvil y las redes sociales: ”Tienen muy poca concentración”, dice Pérez Macedo. Los docentes señalan, según el informe, que las dos principales causas que impactan en el bienestar en los alumnos son la falta de tiempo de calidad con los padres y el uso excesivo de la tecnología.

Los alumnos Mario Lozano (Madrid, 15 años) y Miguel Moreno (Madrid, 14 años), del mismo centro, tienen una posición marcada sobre la tecnología: “Es una gran idea, pero su uso no es del todo correcto”, dice Mario. En las clases que les parecen aburridas, admiten que sí que se distraen con los ordenadores; pero si el profesor les gusta, como el de matemáticas, afirman, “prácticamente no usamos el ordenador”, dice Miguel.

En el ámbito personal, Alba González del Toro (Madrid, 14 años) complementa a sus compañeros: “En la adolescencia es como que todo el mundo debe tener móvil y, a veces, te sientes presionada porque las amigas están con el móvil y porque debes tener ciertas redes sociales”.

Los especialistas coinciden en que el bienestar de ambos, tanto alumnos como profesores, es fundamental para un entorno educativo óptimo. Por ello, desde Educo y la Fundación SM concluyen que es necesario que las escuelas tengan profesionales especializados en salud mental y bienestar ―como psicólogos, psicoterapeutas, coordinadores de bienestar, orientadores― para que complementen la labor pedagógica del profesorado. Pero, sostienen, es indispensable que estas figuras estén bien implementadas y para ello son necesarios recursos.

La investigadora de la Fundación SM comenta: “Hay una escasez de esos profesionales especializados. Los profesores intentan cubrir esta complejidad, pero no es su función”. Se refiere especialmente a la labor de psicólogos. Los centros con alta complejidad solicitan estos perfiles debido a la saturación de los centros de salud. Pérez Macedo, también en el equipo directivo, lo vive a diario: cuando los estudiantes solicitan ayuda, los coordinadores de bienestar están desbordados y el orientador solo acude dos días, lo que obliga a los alumnos a recurrir a la seguridad social.

El informe resalta la figura del coordinador de bienestar, que está ya implementado en todas las comunidades (menos en Castilla y León, según Educo), y se encarga de prevenir la violencia en institutos. “Esta figura es importante para mejorar el bienestar de toda la comunidad y crear entornos seguros”, dice Mónica Viqueira Martínez, técnica de incidencia política de Educo. Pero la implementación ha sido irregular en las comunidades y enfrentan grandes retos de recursos, formación y tiempo.

En varias escuelas, además, los coordinadores no son conocidos por los alumnos, agrega Viqueira. Así lo comenta González del Toro: “No conocemos a una persona específica. Si tenemos algún problema, recurrimos a algún profesor al que le tengamos confianza o con el tutor. Si es un problema más difícil se traslada al equipo directivo”.

Papeleo y falta de reconocimiento

El documento menciona la dificultad que enfrentan los docentes por la desconexión entre la formación que reciben en las facultades o másteres y la realidad en las aulas. A esto se suma la carga burocrática, que les exige horas adicionales de trabajo. Pérez Macedo comparte: “Cuando tenemos que hacer un protocolo por acoso, me llevo más tiempo en documentación que en investigar y cuidar a la víctima”.

Otro gran problema que no solo los satura, sino que les afecta emocionalmente es la falta de reconocimiento hacia su labor; lo que genera desconfianza, así como pérdida de respeto y autoridad. El informe comparte lo que cuenta un docente de Madrid: “Que tú hagas algo y al final las familias te estén diciendo ‘por qué haces eso si no vale para nada’, te acaba hundiendo…”.