sábado, 25 de abril de 2026

Treinta años de salarios estancados

 [¿Suben los salarios? En realidad llevan 30 años estancados, en El País, por Kiko Llaneras, 25 abr 2026 (los diagramas con estadísticas en el artículo original, en este enlace]:

El sueldo medio real en España apenas ha subido un 5% desde 1995, frente al 31% de media en la OCDE

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Los salarios reales llevan tres décadas prácticamente congelados en España. Desde 1995 el salario medio ha subido solo un 5%, frente al 31% de media en la OCDE. Y esto ocurre aunque el PIB per cápita ha subido un 46% en el mismo periodo.

Los salarios llevan 30 años estancados en España

España es uno de los países desarrollados con menor crecimiento salarial desde 1995. Por debajo solo están Italia (+3%) y Japón (−2%). Arriba, Letonia ha cuatriplicado salarios y Polonia lo ha doblado; Corea los ha subido un 51% y EEUU un 47%. También nos dejan atrás Francia (+27%), Alemania (+22%) o Portugal (+22%). La foto es clara: España no crece ni al ritmo de los convergentes ni al ritmo de sus iguales.

Alguien dirá que los hogares españoles sí han ido mejorando. Y es cierto: la renta disponible ha subido. Pero no gracias a los salarios, sino al empleo: las familias ganan más dinero porque trabajan más personas.

¿Otra forma de ver ese estancamiento? Las nuevas generaciones no tienen mejores sueldos que las anteriores. Los millennials a los 30 años ganan un 16% menos que la Generación X a su edad. Y los que rondan los 40 hoy ganan lo mismo que ganaba la Gen X, y menos que los baby boomers. La Generación Z sí ha entrado al mercado laboral mejor que los millennials —que lo hicieron en plena crisis de 2008—, favorecida además por las subidas del salario mínimo (+75% desde 2015). Aun así, tampoco ha batido de momento a la Generación X. El resumen es que no hay avance, sino congelación o algo peor.

Mismos salarios, más presión fiscal

Entre 2015 y 2024 el coste salarial medio por asalariado en España subió un 26% en nominal, según la Contabilidad Nacional del INE. Sin embargo, descontada la inflación, ese salario apenas se movió: subió solo un 1% en términos reales. Y al trabajador medio, una vez pagados el IRPF y las cotizaciones, le queda un 5% menos de poder de compra que en 2015. Mirad el gráfico:

Los salarios reales bajan desde 2015

El resultado es paradójico: los costes salariales suben un 26% sobre el papel, pero los trabajadores compran un 5% menos con su sueldo. La culpable principal es la inflación, pero no la única: también ha crecido la llamada “cuña fiscal”, la diferencia entre el coste que paga el empleador y el sueldo que recibe el trabajador. Esta semana, la OCDE ha confirmado que la presión fiscal sobre el trabajo volvió a subir en España en 2025, sin que nadie aprobara elevar los tipos. Como explicó Pablo Sempere, el IRPF se encareció de forma silenciosa al calor de la inflación, por el efecto de la “progresividad en frío”. Imagina un sueldo de 30.000 euros que sube un 3% para empatar la inflación. El poder de compra queda igual y esa persona no gana más. El problema es que, si los tramos del IRPF no se actualizan con la inflación, Hacienda sí se lleva un porcentaje mayor.

Para un trabajador soltero con salario medio, la cuña fiscal total pasó del 40% en 2022 al 41,4% en 2025. No es algo coyuntural: los impuestos sobre el trabajo llevan subiendo un cuarto de siglo y hoy están en su máximo desde el año 2000 para salarios bajos, medios y altos.

La cuña fiscal está en máximos de 25 años

El dato conecta con la comparación internacional: España está entre los países de la OCDE con mayor presión fiscal sobre el trabajo. Aunque, con una cuña fiscal del 41,4%, sigue lejos de Bélgica (52,5%), Alemania (49%) o Francia (47%).

Contaba el Financial Times que muchas democracias avanzadas están gravando más el factor trabajo como una forma “fácil” de aumentar la recaudación. La necesitan para compensar el gasto durante la pandemia, el envejecimiento y los crecientes presupuestos de defensa.

No parece casualidad: ¿es más sencillo políticamente subir la presión sobre el trabajo que sobre el capital? Seguramente. El trabajo no se mueve y el capital sí. Las grandes fortunas pueden emigrar y las multinacionales pueden reorganizar beneficios entre países: la competencia fiscal internacional empuja a la baja sus impuestos. Además, gravar el patrimonio sigue siendo impopular. Por ejemplo, genera resistencia inmediata cualquier propuesta de gravar las viviendas vacías, las segundas o las sucesivas residencias. Mientras tanto, son los trabajadores —cuyo salario real lleva 30 años sin moverse— quienes pagan la diferencia.

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