lunes, 12 de marzo de 2012

El monólogo de Gregorio Silvestre

Este poema clásico es tan bueno como recóndito y casi desconocido; lo hizo el poeta hipanoportugués del Renacimiento Gregorio Silvestre, (Lisboa, 1520 - Granadda, 1569). Lo han paladeado exquisitos como Alfonso Reyes, José María Álvarez o Rodríguez Moñino y para ya de contar, pese a lo cual no suele verse en las antologías de clásicos. Posiblementee influyó en el monólogo de Segismundo de Pedro Calderón de la Barca, y aun podría pensarse que en el famoso de Hamlet (Shakespeare, cuenta Astrana Marín, tenía un amigo librero que le dejaba muchos libros, además de un amigo y colaborador hispanista, John Fletcher, con quien escribuó su Cardenio, inspirado en el personaje de la primera parte del Don Quijote) . El poema termina con un mote muy popular en su tiempo, glosado, entre otros, por el Conde de Salinas, un amante de las sutilezas: "Yo he hecho lo que he podido / Fortuna, lo que ha querido". Aprovecho para incluir un pasaje en la Wikipedia en español, en la entrada que yo mismo escribí hace tiempo.


 Confusión

¡Qué niebla, qué confusión!
¿En qué Babilonia estoy?
¿Si he de ser, si fui, si soy?
¿Si tengo seso o razón,
o manera?
¿Soy acaso o soy quimera?
¿Soy cosa fantaseada
o soy un ser que no es nada,
o fuera más que no fuera?
Yo pregunto
si soy vivo o si difunto
porque, cuando miro en ello,
no soy aquesto, ni aquello,
ni estotro, ni todo junto.
Ni hay que ver
si tengo o no tengo ser,
pues no soy gloria ni pena,
ni cosa mala, ni buena,
de pesar, ni de placer.
He pensado
que soy un concepto errado,
un desastre de ventura,
un siniestro de natura,
un compuesto desvariado
de elementos.
Ruina de pensamientos,
cisma de sentidos varios,
revolución de adversarios,
y furia de contrarios vientos
y aún peor:
el mismo qu’es el dolor
de mí sale y yo soy él;
él está en mí y yo esté en él
por una regla de amor
señalada;
no es mi vida atormentada
de desdichas de fortuna,
ni tienen fuerza ninguna
si de mí no les es dada
de prestado.
Yo no siento,
ni alcanza mi pensamiento,
qué mal tengo. ni en qué grado,
que el andar desvarïado
confunde el entendimiento.
No es penar,
no es tormento, ni es pesar,
ni morir, ni enloquecer,
sino que, a mi parecer,
es más que todo a la par.
Esto he olvidado:
si el principio fue causado
(y al fin me acuerdo que sí)
de una gloria que perdí
por querer demasïado.
El cómo fue,
por la pena que pasé
y el dolor que he sostenido,
pienso que ya lo es sabido,
pero, agora, no lo sé.
Así estoy más que perdido,
sin saber cómo ni cuándo,
desesperado esperando
que no sea lo que ha sido.
Vengo a tanto
que de ver cuál es y cuánto
este mi grave cuidado,
me quedo de mí espantado
cómo de mí no me espanto.
En fin, hallo
que es yerro desmenuzallo:
mejor es para mi fe
que se piense que lo sé
y que por algo lo callo:
yo he hecho lo que he podido;
Fortuna, lo que ha querido.

Errores del empresario mediocre


Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña, "Los 10 errores más comunes del emprendedor español", en El Mundo, 12 de marzo de 2012:

Algunos amigos me preguntan con frecuencia sobre los errores más habituales a la hora de montar una empresa. Limitarme a ofrecer un listado sería temerario. Hay muchos errores, y muy diferentes entre sí. Aún así, éstos son algunos de los más habituales que me encuentro:

Falta de formación en gestión empresarial

Es cierto que no resulta imprescindible tener una formación empresarial, y que ésta no es la panacea (por ejemplo, un MBA en una escuela de negocios). Pero, evidentemente, ayuda. Escuché una vez decir a Luis Martin Cabiedes, Socio de Cabiedes and Partners SCR, que en un estudio que había realizado sobre las ventas de empresas y casos de más éxito en el sector de internet tan solo uno de los emprendedores no había realizado un MBA.

Si bien es cierto que los 'Self–made man' existen , no lo es menos que la formación minimiza el porcentaje de fracasos.

Falta de motivación del promotor del negocio

La motivación, el hambre y las ganas de comerse el mundo, conjugados con el esfuerzo, son el principal factor de éxito de un emprendedor. Tristemente la crisis está atrayendo a muchos perfiles de emprendedores por necesidad, igualmente válidos, aunque indudablemente con mayor índice de trabajo.

Elegir socios problemáticos

En ocasiones los socios son como los bancos: un mal necesario. Es realmente difícil encontrar buenos compañeros de camino, pero también es cierto que si quieres llegar rápido es mejor ir solo. Si quieres llegar lejos, ve bien acompañado.

No disponer de un buen equipo

Es el gran talón de Aquiles, y está muy relacionado con los problemas de financiación. El emprendedor está renunciando a rodearse de un buen equipo por problemas financieros, y se está convirtiendo en un hombre orquesta.

Empezar con poca liquidez

Esto está muy relacionado con el cierre de financiación. De tanto agudizar el ingenio para "necesitar menos capital", acaba siendo un problema, ya que en las previsiones iniciales se minimizan gastos necesarios para el correcto desarrollo del proceso. Muchas empresas que observo tienen problemas de liquidez a los 6–12 meses debido a una mala previsión de gastos.

Demasiados costes fijos

Somos un mercado pequeño que se encuentra en un momento de parón de consumo. En este momento son especialmente positivas las estructuras ligeras, ágiles y con un costo operativo fijo que no suponga un lastre.

Creer que, si el producto es bueno, se vende solo

Craso error. El marketing y la comunicación son imprescindibles. De hecho, hoy en día nada se vende sin una buena estrategia de comunicación. Hay que llegar al consumidor, no esperar a que él nos encuentre por sí mismo. Buscar clientes es tu trabajo, no el del cliente.

Apostar por un mercado

Si el mundo es cada vez más global, ¿por qué no serlo nosotros? No limitarnos a mercados emergentes tiene sentido. Esos mercados tienen más competencia, pero son más dinámicos que el nuestro. Si la solución no está en el mercado local, internet nos permite abrir una ventana al mundo.

Confundir una buena idea con una oportunidad

Hay muchas buenas ideas a nuestro alrededor. Si piensas un poco, se te ocurrirán decenas. Es importante analizar el contexto para saber si una buena idea puede ser una buena idea "ahora" y "para mí", y que, por lo tanto, eso represente una oportunidad para nosotros.

No admitir y corregir los errores a tiempo

Lo llevamos inscrito en nuestro código genético: generalmente somos muy persistentes para lo bueno y para lo malo. Muchos emprendedores se obcecan en pensar que todos los consumidores son como él y que deben compartir sus criterios. Si eso no lleva a un éxito inmediato, se empeñan en demostrar al mundo que están equivocados. Esa insistencia es un buen signo, pero debe tener un límite. Llegado a él debemos valorar y pensar, sin soberbia, si tal vez éramos nosotros los que estábamos equivocados

Un horror.

Para el museo de los horrores:


Esto.

sábado, 10 de marzo de 2012

Gente que gusta recordar

Hay gente a la que gusta olvidar y gente a la que gusta recordar. Estos segundos son los más necesarios entre todos para tomarle afecto a la vida. Aquí iré poniendo enlaces a esa gente en estado de gracia permanente. Ved los vídeos y, si alguno os defrauda, me lo decís. De momento, uno (son bastante escasos):

1. Carlos Arguiñano.
2. Desirée Ndjambo.
3. El gran Wyoming
4. Cecilia.
5. Andrés Montes.
6. Florencio Martín Peñasco.
7. Hortensia.
8. Andreu Buenafuente.
9. Paloma Chamorrro.
10. Michelle Pfeiffer.
11. Pepe Isbert.
12. Ana García Siñeriz.
13. Enrique Tierno Galván.
14. Joaquín Sabina.

Proletarismo cult

Ignacio Echevarría , "Proletalirismo cult", en El Cultural, 09/03/2012:




Hace ya bastante tiempo que está mal visto distinguir entre alta y baja cultura. Esta dualidad, sin embargo, sigue operando subrepticiamente en buena parte de los debates culturales, y determina todavía muchas de las poses y actitudes que públicamente adoptan escritores y artistas.


Así como la sofisticación y el refinamiento -tantas veces confundido con el amaneramiento- suelen quedar automáticamente asociados a la alta cultura, a las manifestaciones de la baja cultura se les atribuye, de manera casi instintiva, un marchamo de autenticidad. Algo extraño esto último, si se considera que lo que se reconoce como baja cultura supone las más de las veces una versión degradada, cuando no caricaturesca y en cierto sentido falsificada, de lo que, con suspicacia creciente, se percibe como alta cultura. Pero es que los contrastes entre alta y baja cultura aparecen no pocas veces distorsionados por una lamentable confusión: la que asimila la baja cultura con la cultura popular, que de ningún modo viene a ser lo mismo, por mucho que para liarlo todo se haya interpuesto, de un tiempo a esta parte, una categoría tan equívoca y resbalosa como la de lo “pop”.


Los contrastes entre alta y baja cultura enmascaran a menudo el recalcitrante antiintelectualismo que una y otra vez aflora, de forma nada inocente, en la cultura de masas, y que encuentra su más estúpida radicalización en la burda oposición entre vida y arte. Es por ahí por donde suele colarse, siempre triunfante, esa idea de autenticidad que entretanto ha pasado a constituir para algunos una especie de culto.


Suelen profesar este culto algunos artistas y escritores que se jactan de su origen humilde y que hacen profesión de la circunstancia para ellos heroica (aunque mucho más común de lo que piensan) de haberse educado en un entorno iletrado, ya que no analfabeto. En el actual horizonte de la narrativa española destacan dos autores que han hecho gala, y también industria, de esa especie de aristocratismo al revés que consiste en no ser en modo alguno eso que ellos entienden demasiado ampliamente por “pijos”. Me refiero, en efecto, a Alberto Olmos y a Javier Pérez Andújar, cuyos libros más recientes, Ejército enemigo (Mondadori, 2011) y Paseos con mi madre (Tusquets, 2011), han recibido una importante atención por parte de la crítica, que en términos generales ha saludado al primero con respetuosa aprensión y al segundo con aprobación entusiasta.


Se trata de dos escritores de muy distinta cuerda, pertenecientes a dos estratos generacionales asimismo distintos, a los que parece unir, sin embargo, el hecho de tomarse a sí mismos como una especie de encarnación de Martin Eden, el inolvidable personaje de Jack London. El modelo confeso y profeso de Olmos y Pérez Andújar no es sin embargo London, sino -y tendría interés escrutar las causas de que así sea- Francisco Umbral, escritor marcado por su origen desclasado y por su formación autodidacta, que en su caso se tradujeron en cierta labilidad ideológica, sentimentalmente escorada a la izquierda, y en una talentosísima aptitud para la bisutería estilística, eso que Juan Marsé (escritor poco sospechoso de elitismo) ha denominado, quizá demasiado desdeñosamente, “prosa sonajero”".


Mientras Olmos, animado por una saludable aunque alborotada voluntad de intervención, ensaya con atrevimiento y muy irregular acierto las nada favorecedoras poses del resentimiento, Pérez Andújar (cuya mordiente ha descendido varios grados desde que en 2002 publicara Catalanes todos y se afianzara como cronista de la edición local de El País, especializándose en postales del extrarradio barcelonés) abunda machaconamente en una suerte de “esoterismo lírico” -como él mismo lo llama- trufado de obrerismo camp, políticamente desactivado. Pérez Andújar emplea la greguería como una forma de salirse por la tangente (“preferiré la frase por encima de la idea”, declara muy satisfecho poco después de haber afirmado que “el humorista es un lírico metido en la lucha de clases”), y se permite citar en la misma tirada a Philip K. Dick, a John Dowland, a Marcel Proust y a Sarah Bernhardt, para exclamar tan contento algunas páginas más adelante, como si con él -quizá porque pertenece a “la internacional de los bloques”- no fuera la cosa: “¡Qué pija es la cultura!”.


Creo que es en uno de los libros de Olmos donde se cita esta frase de Umbral: “No lucha uno para llegar a ser profundo, verídico, útil o mejor. Se lucha por llegar a ser solemne”.


La frase tiene su miga, no se dejen engañar por la primera lectura.


Con la coña que nos traíamos todos, y resulta que se trataba de eso.

Sentencia insólita por admirable


Uno querría que la judicatura se hiciese más justa y menos legal impregnándose del espíritu de ética antiinhumana (anticapitalista, en este caso), que se encuentra en sentencias como esta, tan admirable, que espigo de un periódico:


Reconoce por primera vez la Audiencia Nacional que el tiempo de excedencia para cuidar hijos computa como mérito para un ascenso. La sentencia de la Audiencia Nacional defiende que se valore ese periodo de tiempo con el fin de "proteger la maternidad.

Entrevista a Vila-Matas





Laura Fernández, "Enrique Vila-Matas: "Aún no sé si quiero ser antiguo o postmoderno". El Cultural, 9/03/2012


La respuesta sigue estando en el viento. Entre Bob Dylan, los fantasmas del futuro y un Archivo General del Fracaso, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha construido Aire de Dylan, que lanza Seix Barral el próximo martes: un homenaje al mundo del teatro y una crítica a la posmodernidad a través de la relación de un padre muerto y su hijo, en el que no faltan ni el humor más descarnado ni la más alta literatura.


Recuerda Enrique Vila-Matas, sentado en una cómoda butaca roja con vistas a su mesa de trabajo, donde el ordenador sigue encendido y probablemente muestre la imagen de un gato de piedra, que cuando tenía “cuatro o cinco años” se cayó de un camión de bomberos imaginario. “Jugaba a ser todos los bomberos, tan pronto era el conductor del camión como el último bombero. Y para cambiar de papel tenía que dar un salto. Así que estuve dando saltos hasta que me caí y me abrí la cabeza”, dice Vila-Matas. A continuación se señala la frente. Señala una herida de guerra infantil del tamaño de una moneda. Sólo tenía “cuatro o cinco años”, y ya jugaba a ser un puñado de otros.


-¿Pasión incontrolada, infantil, por la multiplicidad, ese ser muchos para no ser uno mismo, como la que alienta al protagonista, al escritor y padre muerto, de su última novela?


-Uno nunca sabe quién es. Ni siquiera quién quiere ser. Al menos es así en mi caso. ¿Me gustaría llegar a saber realmente quién soy, o prefiero continuar así y ser muchos? ¿Quiero ser antiguo o postmoderno?


Se encoge imperceptiblemente de hombros y dice: “Es una posibilidad, puede que sea uno de los últimos modernos”.


Eso aproximadamente piensa de sí mismo Juan Lancastre, uno de los protagonistas de Aire de Dylan (Seix Barral), un escritor muerto que resulta ser un fitzgeraldiano Hamlet postmoderno; mientras que en el relato, una velada trama negra, con asesinos y asesinados, sustituye a la metaliteratura (sí, hay citas, pero son frases-motor, frases gasolina, que ponen en movimiento al en apariencia perezoso protagonista, a Vilnius, el hijo de una leyenda literaria, paralizado por la sombra de su gigantesco padre, el ya citado Lancastre), en una historia que dialoga con algunos de sus primeros libros. “En concreto -dice Vila-Matas-, dialoga con el joven que escribió Historia abreviada de la literatura portátil, con algunas de las ideas de aquel libro que giraba en torno a una sociedad secreta”. Una sociedad secreta que homenajea, con su nombre (se llama “Aire de Dylan”, como la novela que la contiene), a la gota de cristal con aire de París que Duchamp construyó para regalar a unos amigos y a la que llamó Aire de París. Una sociedad secreta perezosa, que se contenta con “tener una idea al día”, sin llevarla a cabo...


-¿Con tener la idea, sin más, y no hacer nada, es suficiente?


-No critico su actitud, me gusta. Incluso la envidio. Huir del esfuerzo, convertirse en Oblomov, el paradigmático personaje de una novela de Goncharov, un joven y desvalido aristócrata que es incapaz de hacer nada con su vida. Sólo duerme, bosteza y lee de vez en cuando. Es el indiferente a la vida por excelencia.


¿Y si el inadaptado es el narrador?


Sigue sentado en el cómodo sillón rojo de la sala de estar-despacho de un espacioso piso en el ensanche barcelonés que nada tiene que ver con el diminuto apartamento de paredes forradas de libros (estanterías al borde del derrumbe, libros por todas partes) en el que ha vivido hasta hace no demasiado.


“Me ha ocurrido como al veterano narrador de Aire de Dylan: me ha sido suficiente con cambiar de barrio para encontrar otros temas”, admite.


Atrás quedó el autobús de la línea 24 que tomaba a diario para entrar en contacto con “la humanidad”, una humanidad que en Aire de Dylan se presenta “inadaptada”, en referencia a la famosa cita de John Banville que dice: “Nunca me he acostumbrado a estar en esta tierra. Creo que nuestra presencia aquí es un error cósmico. Estábamos destinados a algún otro planeta lejano, al otro extremo de la galaxia”. “Siempre he pensado que se refería a aquello que creo recordar que dijo Kafka: hay un malentendido, y ese equívoco será nuestra perdición”, subraya Vila-Matas.


En Aire de Dylan, el inadaptado es el narrador, un escritor que acaba de mudarse a una casa de la calle Casanova junto al Pasaje Pellicer, y, por lo tanto, vecino del propio Vila-Matas, con quien podría coincidir en la acogedora librería Bernat, eje neurálgico del barrio y de la novela, donde tiene lugar la escenificación “real” de Vilnius y Débora, el hijo y la ex amante y ahora nuera del escritor muerto, Juan Lancastre, que intenta destruir, desde un lugar sideral, la autenticidad de su hijo, ya que, insiste Vila-Matas, “es sólo en la distancia que el padre, tan proclive a la multiplicación postmoderna de personalidades, a los heterónimos, se revela como ser auténtico”.


El misterio “Little dylan”


“Es curioso -añade Vila-Matas-, porque es Vilnius quien lucha por ser una sola persona y se parece sin remedio físicamente a Bob Dylan; de hecho, le llaman Little Dylan, y Bob Dylan es el ser múltiple por excelencia, es un auténtico misterio, creador de muchas personalidades en una sola. Su padre, Lancastre, admira a Dylan por eso. Es de los que cree que debe interpretarse un personaje. Su hijo no cree precisamente lo mismo, aunque poco a poco irá haciéndose múltiple, sin darse cuenta”, explica. Empezando por adoptar los recuerdos, la memoria, del padre, tras un absurdo golpe en la cabeza. “Es del todo inverosímil, porque si tuviéramos que convivir con dos experiencias nos volveríamos locos”, admite.


Cuenta Vila-Matas que utilizó esa imagen como punto de partida de la historia, que arranca con la invitación del narrador a un peculiar congreso literario. “Eso tiene relación con un hecho real. Una vez me llegó una carta desde Suiza invitándome a un congreso en torno al tema del fracaso. Me pareció una idea genial, muy atractiva. Relacionada, además, con Beckett y sus famosas palabras, ya sabes, aquello de ‘da igual, prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor'. Me encantó la invitación, pero no pude acudir”.


Como no pudo desplazarse a Suiza, tuvo que imaginarlo, como le ocurre al protagonista de El mal de Montano (“en aquella ocasión me habían invitado a un congreso en la cima de una alta montaña, en Alemania, donde debía dar una conferencia a las doce de la noche, y yo imaginé que era el único escritor vivo invitado, que el resto eran autores alemanes muertos, y que dormiría en una tienda de campaña, rodeado de antorchas y escuchando a Wagner, esa vez, por miedo a lo que pudiera esperarme allí, opté por imaginar lo que me ocurría en esa cima a medianoche en vez de ir directamente allí y narrar la extrañeza desde el propio lugar de la extrañeza“, cuenta). Y así, imaginó que Vilnius leía un relato sobre su relación con su padre con la intención de hastiar al público, y convertir su intervención en un fracaso y así poder incluirla en el Archivo General del Fracaso en el que trabaja (y que espera convertir en una película).


Durante la intervención de Vilnius en ese congreso, el público descubre la frase-motor de la historia (“Cuando oscurece siempre necesitamos a alguien”), frase atribuida generalmente a Scott Fitzgerald, supuesto autor del guión de la pelñicula en la que aparecía.


-¿Era efectivamente de él?


-No sé... Yo mismo intenté determinar su procedencia, porque durante tiempo llegué a creerme incluso que era mía. Fue entonces cuando me di cuenta de que el guión había sido obra de ocho guionistas y que el productor había reescrito el libreto final. Pensé en ir a Hollywood, como hace Vilnius, pero intuyendo que fracasaría en mi búsqueda, no lo hice”.


- ¿Es la novela, de alguna manera, un homenaje al mundo del cine, a la época dorada de Hollywood? ¿Y también al teatro, que tiene una importancia capital en Aire de Dylan?


-Tres monólogos teatrales vertebran la novela, y luego está el parecido de la historia de Vilnius y su padre con Hamlet. Y como rumor de fondo, oímos aquella devastadora gran verdad de Fitzgerald que decía ‘toda la vida es un proceso de demolición'. El fracaso es quien lleva a cabo esa tarea, la tarea de demoler a cada uno de los personajes, a golpes, golpes desde dentro.


Dickens, Baudelaire, Joyce


Ya no está Vila-Matas sentado en la cómoda butaca roja de su salón-despacho, ahora lo está en una de las sillas de la cafetería de la librería Bernat. Su dueña, Montse, y Paula de Parma (su mujer), mantienen su propia conversación en la misma mesa. La librería Bernat es una especie de sala de estar enorme repleta de libros que huele a bizcocho recién hecho. Vila-Matas lee allí su horóscopo a diario, como el narrador de Aire de Dylan, y cree firmemente en lo que lee. Hoy aún no lo ha hecho. “Me fascina la capacidad del ser humano por llevar algo así a su terreno, porque todo puede significar algo, hasta lo que otro ha escrito sin pensar”, dice, aunque, paranoico, tiene la sensación de que quien escribe su horóscopo (Aries) en determinado periódico “sabe que lo leo a diario y escribe cosas que pueden pasarme”. A continuación da un trago a su café y dice que todos deberíamos tener derecho a contradecirnos.


Está citando a Baudelaire. Antes ha hablado de Joyce, de Dickens, de Simenon, de Nabokov, de Kafka, siempre con risas. Pero ahora está citando a Baudelaire y recordando que éste, junto a los derechos del hombre, reivindicó dos que habían sido olvidados: el derecho a contradecirse y el derecho a irse. Uno y otro se hallan en el origen mismo de Aire de Dylan, donde, por un lado, tenemos al pobre hombre que escribe la novela, a ese narrador que por el solo hecho de escribirla se contradice a sí mismo, puesto que él se había prometido no volver a construir en la vida ninguna otra obra literaria. Y por otro, están los dos jóvenes perezosos, Vilnius y Débora, reivindicadores del derecho a irse, del derecho a apartarse, a no colaborar con el sistema y a cumplir con la consigna revolucionaria de Guy Debord: “No trabajéis nunca”. El narrador se contradice porque había decidido dejar de trabajar, incluso dejar de hablar, y no puede hacerlo, obligado por las circunstancias, por “los caprichos de los acontecimientos” (que diría Pessoa). Y Vilnius y Débora hacen uso del derecho a irse al apartarse deliberadamente de la sociedad, al decidir no trabajar. Convertirse en la crisis misma. Que no tiene nada que ver con la actual, es una crisis atemporal, porque siempre han existido estos jóvenes que renuncian a vivir como los demás, que prefieren no hacerlo. Y porque en realidad la literatura siempre estuvo relacionada muy creativamente con la idea de crisis”, explica.


Como un funámbulo


En este punto y después de alabar el trabajo de dinamización de la librería de Montse (“tiene todo tipo de actividades, parece neoyorquina”), que, por cierto, es uno de los personajes de la novela, revela que las muertes de Aire de Dylan “son ciertas, incluida la más absurda de ellas (una que tiene que ver con una hoja de lechuga). “En realidad cuando me mudé a este barrio viví indirectamente esta historia. Me he dedicado pues a contarla, modificando sólo algunos datos. Real en el fondo, como la vida misma“, asegura.


- ¿Es una de sus obras más libres?


-Se fue definiendo poco a poco, a medida que avanzaba. Fue como conducir un coche sin ninguna visibilidad, no sabía nunca si estaba al borde del barranco o en una autopista, eso de la da a todo el libro un toque incierto, libre. Busqué desde el primer momento dejarme llevar. Lo asombroso es que al acabar uno tiene la impresión de que la estructura narrativa es perfecta. Quizás lograr algo así sólo sea posible si uno camina como un funámbulo largo rato: al final de la cuerda se llega a un lugar pasmosamente estable.


Estructura narrativa perfecta que comparte estética con las retorcidamente encantadoras películas de los hermanos Coen. Una película de los Coen “made in” Vila-Matas en la que, lejos de James Bond o de las paradisiacas playas desiertas sonara sin descanso Under the Mango Tree.

martes, 6 de marzo de 2012

Diga crisis, pero con eufemismo


Amanda Mars, "No digan recortes, llámenlo amor. Los eufemismos forman parte del discurso público desde que este existe, pero las épocas de crisis pueden llevar el abuso de esta figura al límite de lo cómico o, a veces, de lo cínico" El País,  5 MAR 2012 - 21:27 

No teman, amigos, nadie pretende bajar su sueldo. Es más bien una “devaluación competitiva de los salarios” lo único que proponen para España organismos internacionales como el Banco Central Europeo (BCE). Ya saben, atravesamos una época de crisis —o de “severa desaceleración”— y son necesarios recortes —perdón, quisimos decir “reformas” o, como mucho, “ajustes”— en varios ámbitos. Pero no hay que llevarse las manos a la cabeza: Cataluña no ha planteado en ningún caso introducir el copago en la sanidad pública, en absoluto, sino que trabaja en la idea de introducir “un tique moderador sanitario”. Y el Gobierno no ha subido el impuesto sobre la renta —ya había prometido durante la campaña electoral que no lo haría—, sino que ha dejado bien claro la vicepresidenta primera que esa modificación del IRPF consiste en un “recargo temporal de solidaridad”.

Dicen que este periodo de “crecimiento económico negativo” (la Gran Recesión, se empeñan en llamarla los tremendistas) no ha pasado la misma factura a todos, que ha salido más cara a la clase trabajadora que los a los pudientes. Esto no es sino “el impacto asimétrico de la crisis”. Así que muchos trabajadores han ido a engrosar la lista del paro, no tanto porque sus compañías les hayan despedido, sino porque se hallan inmersas en procesos de “racionalización de la red de oficinas”, por ejemplo, cuando se trataba de las cajas de ahorros que se han fusionado.

El BCE no habló de rebaja salarial, sino de devaluación competitiva.

Circunloquios, perífrasis, rodeos, ambigüedades, tecnicismos ininteligibles, anglicismos innecesarios... Es viejo como el poder o como la seducción. El uso persuasivo del lenguaje forma parte del discurso público desde que este existe y se mueve en esa delicada frontera entre el maquillaje y la máscara. Pero el uso de los eufemismos se intensifica en tiempos de crisis, esas épocas de malas noticias y su abuso puede rayar en lo cómico o lo grotesco.

La idea de fondo es aquella de que de la rosa lo que importa es el nombre, que las cosas existen en tanto que se las nombran. El giro lingüístico explica que el lenguaje no es tanto un vehículo de expresión de un pensamiento previo, sino de formación de pensamiento en sí mismo.

O, por entregarse al tópico, que al final, de tanto llamarlo amor, acaba uno por convencerse de que es eso, amor, y no lo otro. Por eso lo llaman así.

El riesgo de los términos es que con el tiempo pierden su efecto.

“La guerra de las palabras gana a la guerra de las políticas y tiene un efecto anestésico, sobre todo en periodos recesivos”, apunta Antón Costas, catedrático de Economía y Políticas Públicas de la Universidad de Barcelona (UB). “Los eufemismos tienen esa función, que no virtud, de anestesiar, pero a partir de ahí se puede abusar de ellos de forma cínica, grosera e incluso perversa”, añade.

El riesgo de este abuso, advierte el catedrático, es que, como marca la ley de la física, a toda acción le corresponde una reacción de la misma fuerza en sentido opuesto. O, siguiendo la imagen médica, “el lenguaje eufemístico debe tener cuidado porque esas palabras pueden adormecer un tiempo, pero cuando el enfermo despierte y vea lo que ha pasado puede dar un manotazo”.

Para Darío Villanueva, secretario general de la Real Academia Española (RAE), “hablar de crecimiento negativo es el colmo de todo esto, es una antífrasis que representa el absurdo, es como decir huelo caliente. Los poetas sí pueden jugar con eso y hablar de soledad sonora, pero hablar de crecimiento negativo es una antífrasis”.

Metáforas como 
dieta o resaca en 
economía no son inocuas
Luis de Guindos, el día se tomó los poderes como ministro de Economía el pasado 26 de diciembre, hizo una primera demostración de su manejo del lenguaje. De Guindos advirtió, sin mentar por un momento la palabra recesión, que España entraría en el año 2012 con una “tasa de crecimiento negativa” que iba “determinar el perfil en el que nos adentramos” y que, cómo no, iba a ser “relativamente desacelerado” (sic). Pero esto no debía ser sino un acicate —dijo— para emprender la “agenda de reformas”.

Poco después, se puso negro sobre blanco una de esas reformas, la laboral. Y al propio Guindos se le escapó aquello de que la reforma iba a ser “extremadamente agresiva” en una conversación con el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, que fue captada por cámaras y micrófonos

Fernando Esteve, profesor de Teoría Económica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), recuerda que la economía “no es una ciencia al uso, tiene elementos muy claros de persuasión y, según te expresas, logra causar un impacto u otro”. Por ejemplo, “tú puedes decir medida de ahorro o de recorte para referirte a una misma decisión, y la sensación que generas es diferente: ahorro hace pensar en algo bueno y prudente y recorte en la pérdida de derechos”. Ahorro, por así decirlo, suena más a amor que recorte.

“Ahorro” implica un concepto positivo, y "recorte” suena a pérdida. Cada época tiene sus palabras fetiche, como cuando los albores de esta crisis no eran más que una “desaceleración” económica, como se empeñaba el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Y la burbuja inmobiliaria —que solo fue reconocida como tal cuando pinchó, es lo que pasa con las burbujas— solo iba a protagonizar un “aterrizaje suave de los precios”, por usar las palabras de algunos promotores.

Villanueva echa la vista aún más atrás: “Durante el franquismo también podíamos ver muchos eufemismos. Democracia, por ejemplo, era una palabra tabú, pero con el tiempo se pudo empezar a utilizar y se decía que el régimen era una democracia orgánica, la no orgánica era la mala. Las huelgas eran conflictos laborales y los partidos políticos, asociaciones”, recuerda.

El riesgo de los eufemismos —al margen del peligro de que le cojan a uno en plan descarnado, con un micrófono a traición— es que pierden su influjo con el paso del tiempo. Es algo muy teorizado por los lingüistas. “Cuando las personas ya se han acostumbrado tanto a esa palabra que lo asocian inmediatamente al concepto que se quería edulcorar, deja de ser un eufemismo y hace falta buscar otro para taparlo”, explica el periodista y escritor Álex Grijelmo, presidente de la agencia Efe, que ha estudiado el campo del lenguaje eufemístico y pone algunos ejemplos: “Campo de concentración fue, en principio, un eufemismo, o retrete, que era un lugar retirado, o puta, que se utilizaba para esquivar la expresión mujer pública”.

En el franquismo, la democracia era orgánica; la otra era la mala. 

Los medios de comunicación se suben la ola eufemística. “Están totalmente contaminados, ahora se habla de servicios de información, cuando no deja de ser espionaje”, apunta. En el campo económico, Grijelmo coincide en que “seguro que se podría establecer una correlación entre el PIB del país y el uso de eufemismos”. El autor de obras como La seducción de las palabras presta otro ejemplo, como un titular del pasado noviembre, en el Diario de Burgos: “Las entidades financieras redefinen su presencia en los pueblos pequeños”. O las firmas de moda de alta gama, que nunca anuncian “rebajas” en las páginas de los periódicos, sino “ventas especiales”.

También se presentan como anuncios de “contactos” los de prostitución, e incluso a veces se sustituye la palabra prostituta por “trabajadora sexual”.

La corrección política en el lenguaje ha alumbrado también eufemismos como “país en vías de desarrollo, en vez de país subdesarrollado”, apunta en este sentido Darío Villanueva, y especifica el mecanismo: “Una forma de afirmar algo malo es negar algo positivo”.

Las firmas de alta gama no anuncian rebajas, sino ventas especiales.

El uso de lenguaje económico con determinados fines viene de antiguo, abunda Fernando Esteve. “Fíjese que, de toda la riqueza que crea una empresa, a los beneficios empresariales, se les llama excedentes empresariales, que significa algo bueno, y al beneficio del trabajador se le considera coste laboral unitario”, apunta. “Nadie quiere subir costes, por sentido común, y todos estaremos de acuerdo en que cuanto más excedentes tenga una empresa, mejor”, añade. “Eso ya lo tenemos incorporado a nuestro lenguaje [y, por tanto, a nuestro subconsciente]”, explica Esteve. Cuando se habla de educación o sanidad gratis, por ejemplo, se puede llegar a olvidar que ya se paga con impuestos.

El profesor también encuentra un sesgo o fin muy persuasivo o en el uso de algunas metáforas. “Cuando un político o economista se mete a dietista, échese a temblar”, alerta, “como cuando dicen: ‘Tenemos mucha grasa, debemos hacer dieta y entonces volveremos a estar bien’. Si logras trasladar esa imagen a unos ciudadanos que no saben de economía, confiarán ciegamente en que, en efecto, han estado comiendo demasiado y ahora les toca adelgazar, y que esa dieta, aunque les duela, es lo mejor que les puede pasar”.

Lo mismo ocurre con la resaca. Utilizar esa imagen para la crisis es, de alguna forma, llevar a la culpa a quien la sufre, por haberse emborrachado. “Para mí una de las cosas más cretinas de esta crisis es eso, hablar de resaca. Implica que ahora lo pasas mal porque has cometido excesos, y no podemos caer en la trampa de estas metáforas”, remata. Los periodistas, critica, “también se dejan llevar por la metáfora facilona”.

Gobierno y sindicatos apelan si les interesa a la moderación salarial. Los tecnicismos pueden convertirse también en grandes aliados del lenguaje edulcorado. Los expedientes de regulación de empleo (ERE) como forma de referirse a los despidos colectivos de una empresa son un buen ejemplo. Otro es el “concurso de acreedores”, que fue la forma que la ley de 2003 escogió para referirse a la antigua suspensión de pagos de las empresas, mucho más cruda y explícita.

La jerga financiera, que tan intrincada resulta a veces, también acaba teniendo un efecto nebuloso en la comunicación. “Exposición” a la deuda o “activos adjudicados”, para referirse muchas veces a los inmuebles que han embargado porque sus propietarios no podían pagar el crédito. Y, hace poco, la compañía aérea Spanair anunció que dejaba de operar por “falta de visibilidad financiera”, es decir, que no tenía dinero y no lograban que nadie se lo diera.

Los hombres de negocios no tienen “problemas”, afrontan “retos”.

En este capítulo de la interminable crisis, no deja de oírse la palabra “sacrificio” cuando se habla de programas de recortes (los que buscan la “consolidación fiscal”). El proyecto europeo se tambalea a cuenta de los desequilibrios presupuestarios y la crisis de deuda soberana.

Es interesante acudir ahora a un análisis de Javier Pradera, publicado en este mismo periódico el 1 de agosto de 1993. Más allá del eufemismo recogía las negociaciones de Gobierno y agentes sociales para un plan de empleo. “Los bizantinos distingos del Ejecutivo para convencer a los españoles de que la convergencia con Europa exigiría esfuerzos pero no sacrificios casi agotó sus reservas de pólvora verbal”, escribía Pradera. “La inútil pugna semántica para determinar si el rigor de la política presupuestaria del nuevo Gobierno llevará a cabo un recorte de los gastos sociales o procederá sólo a su contención tal vez distraiga los ocios veraniegos, pero apenas ayudará a que la negociación progrese”, continuaba.

Y así presentó Miguel Boyer los presupuestos el 17 de mayo de 1983: “La lucha contra la inflación debe verse facilitada por una actitud de moderación salarial”.

Este tipo de lenguaje no habita solo en la boca de los poderes públicos, apunta Antón Costas. “También los sindicatos lo asumen cuando tiene que defender algunos pactos, como, por ejemplo los de moderación salarial”. Y es que moderación viene de moderar: templar, ajustar, arreglar algo evitando el exceso.

Algunos debates y sus recursos lingüísticos perduran con el tiempo. Vendrán más años malos, diría algún poeta melancólico. Los hombres de negocios, en cambio, esquivan los “problemas” en las entrevistas y suelen hablar más de “retos” o “desafíos”. Vendrán recortes, para unos, o ajustes, o reformas, o medidas de consolidación fiscal. Y otros lo llamarán amor.

Diccionario Español / Político

Bajar el sueldo = devaluación competitiva de los salarios

Crisis = Severa desaceleración
Recortes = Reformas o, como mucho, ajustes
Copago en la sanidad pública = Tique moderador sanitario
Subir el impuesto sobre la renta = Recargo temporal de solidaridad.
Gran Recesión = Crecimiento económico negativo 
Crisis más cara a la clase trabajadora que los a los pudientes = Impacto asimétrico de la crisis
Despidos =  Procesos de racionalización de la red de oficinas
Rebaja salarial = Devaluación competitiva.
Recorte ==  Ahorro
Crisis = Desaceleración
Rebajas = Ventas especiales.
Prostituta = Trabajadora sexual
País subdesarrollado =  País en vías de desarrollo
Beneficios empresariales = Excedentes empresariales
Beneficio del trabajador = Coste laboral unitario
Despido colectivo = Expedientes de regulación de empleo (ERE) Suspensión de pagos = Concurso de acreedores
Inmueble embargados por falta de pagos = Exposición a la deuda o Activos adjudicados.
Hombre de negocios en problemas = Hombre de negocios que afronta un reto


El rey Rocas, primer y adánico ermitaño de Toledo, los antiquísimos Cantares de llantos por la sequía


Un sugerente trabajo de Juan Miguel Valero me ha hecho rondar algo sobre una de mis poéticas inquietudes: la herencia espiritual pagana de estas tierras. Es difícil deslindar la mitología autóctona manchega más carpetana de las adherencias culturales posteriores, pero puede intentarse, yo lo he hecho, con la ayuda de un poco de erudición. La Estoria de España de Alfonso X el Sabio, en sus distintas versiones más o menos elaboradas, nos menciona leyendas sobre el Dragón de Toledo, rodeada como por una serpiente (o dragón) por el Tejo o Tajo, el Tagus latino, y nos habla del rey Rocas, anterior a Rómulo y domador de animales, que vino a La Mancha desde Edén, Adén o Adán, en Oriente, ansioso de ver mundo y de saber (hasta que encontró los setenta pilares donde estaba escrito todo el conocimiento, quizá personificación de los Setenta sabios que tradujeron en Egipto la Biblia al griego). Que el dragón es de origen carpetano lo demuestra la presencia de uno en un relieve encontrado en Illescas, donde aparece representado en forma de un grifo que exhala una lengua de fuego entre dos aurigas sobre carros ceremoniales; Rocas poseía don profético y adivinó el futuro de la peña en cuya cueva se albergó, en la cual acabarían por asentarse las dos torres de Toledo, una de ellas suya. Rocas casó con la hija de Espán o Hispán Liberia, y con él se agota la rama carpetana del mito. También aparecen unos cantares legendarios, los "Cantares de llantos de España que dizien que Dios la avie ayrada":

Cuemo rocas estaua en la cueua e delo ql acaecio con tarcus.

XII Depues que rocas esto ouo fecho. comenc'o de uenir aparte doccident. fasta que llego a espanna e andudola toda enderredor assi cuemo las montannas e los mares la cerca e desque fue alli o agora es Toledo.

uio q aquel logar era mas en medio despanna q otro niguno e auie y muy grand montanna. y entedio por so saber que alli auie a auer una grand cibdat mas que nola poblarie el. e fallo y una cueua en ques metio o yazie un dragon muy grad.

e quandol uio temiendosse del. rogol que nol fizies mal. ca todos eran criaturas de dios. El dragon coio tal amor con el. q lo q cac'aua trayegelo alli. e daquello guarecio una grand sazon. 

Depues acaecio que un omne onrado daquella tierra que auie nombre tharcus e moraua enlas sierras dauila. corrie alli mont e fallo un osso e uino enpos el fasta que llego a aqlla cueua. y ell osso metiosse dentro. e rocas enql uio uenir. ouo miedo. pero comenc'ol de falagar y rogol q nol fiziesse mal. bien cuemo fiziera al dragon. y ell osso omillosse luego. y echos le enel regac'o. el comenc[']ol a rascar enla cabec'a. 

Entanto llego aquel cauallero que corrie enpos ell osso y entro en la cueua. e quado los uio amos assi estar. fue muy marauillado.e muy mas aun de Rocas. que non dell osso. por ql uio con muy luenga barua e todo cubierto de cabellos fasta en tierra. e touo que era omne brauo.  e puso la saeta enell arco. e quisol tirar. el rogol por dios q nol matasse. Estoce tharcus quandol oyo fablar. preguntol quien era o com andaua. el dixo que non gelo dirie fasta ql atreguasse a el y a aql uenado qs uiniera meter en su comienda. Tharcus atregolos. 

Desi comenc'ol rocas a contar toda su fazieda. e quando oyo q Rey era e noble omne. ouo grad duelo del. e rogol que no estudies alli en aqperiglo. e q se fues con el. e casallie con una fiia que no auie mas. e depues de sus dias ql dexarie todo lo so. el otorgol q lo farie. Ellos estando assi fablando. llego el dragon. e tharc quandol uio. ouo muy grand miedo del. e quisos yr. dixol Rocas que nolo fiziesse. que el guisarie cuemo nol uinies del danno. e fue estonce rocas al dragon e comenc'ol de falagar. y el dragon echol un medio buey delant que traye. ca ell otro medio auie el comido. e dixo a tharcus q si qrie comer daquel buey. tharc dixo q no. ca mas querie yr comer con su companna. pues diz

-Yo tal vida fago. pero tengo lo por uicio.

-Por amor de los saberes -dixo estoce tharcus- sal aca e uayamos ca no es este logar pora tj.

Estonce dixo rocas al dragon. 

-Amigo (diz), dexar te quiero. ca assaz e morado contigo. 

E salieron amos de la cueua e fue cada uno a su parte. e iamas numqua y uieron al drago.



Cuemo se fue rocas con tarc. 



e dela Fuesse rocas con grad seca q fue en espanna. tharco e casol con su fija. e ouo depues en ella dos fijos. ell uno ouo nombre Rocas cuemo su padre. ell otro siluio. desi murio tharc. e finco quanto el auie a rocas. Mas pero q auie quant auie mester. no pudo oluidar la cueua uiniendol emiente la companna del dragon. e fizo una torre sobraqlla cueua. e moro alli ya quanto. Depues q el murio fincaron sos fijos alli. desi ouo desabenencia entrellos e fico ell uno en aqlla torre. y ell otro fizo otra o agora es ell yglesia de san roman. e moraron allj un grand tiempo. fasta q uino la grand seca que duro .xxvj. annos que no llouio en espana. por q ouieron a foyr todas las yentes de la tierra. e murieron aqllos dos hermanos. e no finco rio en toda espanna ques no secasse sino guadalquiuir y ebro. y estos corrie muy poco. e toda la tierra fue perduda e yerma que no finco ninguna cosa en ella. e passaron todas las yentes los montes pireneos que son los puertos daspa. e fueron guarecer por las otras tierras. E fizieron por toda la tierra catares de llantos despanna que dizien que dios la auie ayrada. E fue assi que el postremer ano [fol. 8r] de la seca. fizo un uiento tan grande q todos los arboles derribo por que los fallo secos. e ta grad fue el poluo que fizo con aquel uiento. q semeiaua fumo. e cuydauan que ardie toda la tierra. E depues uinieron tres annos que nuqua fizo al sino llouer. deguisa que toda la tierra era cubierta dagua. q semeiaua mar. e fue combrado todo lo q era perdudo. E los omnes que eran naturales dela tierra maguer que eran sesegados en otra parte. noles pudo durar el corac'on que nos tornassen pora espanna. luego q sopieron q meioraua la tierra. e no fallaron en toda la tierra arbol uerde sino fue ribera de guadalquivir e de ebro muy pocos. y estos eran oliuas o milgranas. E comenc'aron de poblar por aqllos logares que fueran poblados. e por q aquel mal q uiniera a espanna dizien que fuera cuemo gafedat, la primera uilla q poblaron de nueuo fue entrel mar occident y el rio guadalquiuir. e pusieron le nombre lepra. ala q oy dia llaman niebla. E fueron assi poblando fasta q llegaron alas torres de los dos hermanos. e nos atrouieron poblar y por que les semeio logar much esquiuo. mas dexaron las torres assi cuemo sestauan fasta q uino el Rey pirus el q fue yerno del Rey espan assi cuemo desuso oystes E quando uido aquellas torres. fizo y fazer dos castiellos muy fuertes. e metio y gentes q los poblassen. E estudieron assi fasta q los Romanos ganaron espanna.  Depues q pirus ouo esto fecho. fuesse esquantra los grades montes daspa e pagos daquella tierra por q era sana. e auie y mucha cac'a. e poblo muchos logares. e duro alli fasta q murio. E aqllos montes q primero auien nombre Cethuberes. por el nombre de thubal. llamaro les desalli adelante pireneos por el nobre de piro.

lunes, 5 de marzo de 2012

Las palabras y el pensamiento son un matrimonio mal avenido.


Este texto viene a desarrollar lo que ya decía Francisco Sánchez el Escéptico: "¿Qué no habrá que no pervierta la retórica?", en su Quod nihil scitur. Pero conviene repetirlo.



John Locke, Lib. III del Ensayo sobre el entendimiento humano, cap. X: "Sobre el abuso de las palabras":


1. Abuso de las palabras


Además de la imperfección que se encuentra de manera natural en el lenguaje, y de la oscuridad y confusión que es tan difícil de evitar en el uso de las palabras, hay algunas faltas intencionales y negligencias de que los hombres son culpables en esta manera de la comunicación, por las que hacen que estos signos sean menos claros y distintos en su significación de lo que naturalmente deben ser.


2. Primero, las palabras se emplean muchas veces sin ninguna idea o con ninguna idea clara.


Dentro de esta clase, el abuso primero y más palpable consiste en el empleo de palabras sin ideas claras y distintas, o, lo que es peor, el de signos sin ninguna cosa significada. De éstos los hay de dos clases:


Primero, se pueden advertir, en todos los lenguajes, ciertas palabras que, una vez examinadas, no significan ninguna idea clara y distinta en su uso apropiado y en su origen. Éstas, en su mayoría, han sido introducidas por las diversas sectas de la filosofía y de la religión. Porque sus autores o promotores, bien por afectar a algo singular y fuera de las comunes aprehensiones, bien por defender opiniones extrañas o por ocultar alguna debilidad de sus hipótesis, rara vez dejan de acuñar palabras nuevas y tales que, si se las examina bien, pueden con justicia calificarse de términos sin significado. Porque no teniendo ningún conjunto determinado de ideas anejos a ellos cuando fueron inventados, o al menos no teniendo ninguno que sea congruente al ser examinadas esas ideas, no es de extrañar que más tarde en el uso vulgar que hacen sus partidarios, no serán sino sonidos vacíos, con ninguna o muy escasa significación, para aquellos que piensan que es suficiente con ponerlos en su boca, como caracteres distintivos de su escuela o iglesia, sin tener la preocupación de examinar cuáles son las ideas precisas que significan. No necesito añadir aquí más ejemplos, puesto que todo hombre puede encontrar un amplio repertorio de ellos en sus lecturas y conversaciones. Y si alguien quiere estar mejor abastecido, los grandes maestros en esta clase de términos, quiero decir los escolásticos y metafísicos (entre los que pienso se pueden incluir los filósofos diletantes, naturales y morales, de estas últimas edades) les pueden proporcionar gran abundancia donde contentarse.


3. Segundo, otras palabras carecen de significados distintivos.


Hay otros que llevan este abuso aún más lejos, los cuales, teniendo la poca precaución de no emplear palabras que en su denotación primaria apenas significan ideas claras y distintas anexas a estas palabras, por una negligencia imperdonable, emplean con frecuencia palabras que la propiedad del lenguaje ha unido a ideas muy importantes, sin ningún significado realmente establecido. Sabiduría, gloria, gracia, etcétera, son palabras que con frecuencia se encuentran en boca de los hombres; pero si a muchos de los que las emplean se les preguntara qué es lo que quieren significar con ellas, se quedarían sorprendidos y sin saber qué respuesta dar, prueba evidente de que, aunque han aprendido esos sonidos, y los tienen continuamente en sus labios, no tienen en sus mentes ninguna idea determinada que deseen comunicar a los demás por medio de dichos términos.


4 . Esto es debido a que los hombres aprenden los nombres antes de tener las ideas que les pertenecen.


Habiendo sido acostumbrados los hombres desde la cuna a aprender palabras que fácilmente adquieren y retienen, antes de haber conocido o forjado las ideas complejas a las que van anejas, o que se encuentran en las cosas que pensaron significaban, continúan a lo largo de toda su existencia haciendo lo mismo; y, sin realizar los esfuerzos necesarios para fijar en sus mentes determinadas ideas, emplean sus palabras para significar sus confusas nociones, contentándose a sí mismos con las mismas palabras que los demás, como si estos sonidos llevaran necesariamente el mismo significado. Sin embargo, aunque los hombres se ajustan a esto en los acontecimientos ordinarios de la vida, en los que encuentran que es necesario que se les comprenda, para lo que utilizan los signos necesarios, esta falta de significación en sus palabras, cuando se ponen a razonar sobre sus opiniones o intereses, ocupa de manera evidente sus discursos con una abundancia de ruidos ininteligibles y palabrería vana, especialmente en los asuntos morales, en los que, al significar las palabras numerosos y arbitrarios conjuntos de ideas, que no están reunidas de manera regular y permanente en la naturaleza, son con frecuencia meros sonidos o, al menos, evocan unas nociones oscuras e inciertas anejas a ellas. Los hombres toman las palabras que encuentran en uso entre sus vecinos, y para no parecer ignorantes de lo que significan, las emplean confiadamente, sin romperse mucho la cabeza, para determinar su sentido exacto; de esta manera, además de la comodidad, obtienen otra ventaja, a saber: que como en tales discursos rara vez tienen la razón, también rara vez se convencen de que están equivocados, pues querer convencer de sus errores a hombres que no tienen unas nociones determinadas es lo mismo que echar de su habitación a un vagabundo que no tiene un domicilio fijo. Yo pienso que ocurre así, pero cada cual podrá observar en sí mismo y en los demás si lo es o no.


5. En segundo lugar, la inconstancia en su aplicación.


Otro gran abuso de las palabras es la inconstancia en su uso. Resulta difícil encontrar un escrito sobre cualquier tema, especialmente sobre alguno controvertido, en el que no se pueda observar, si se lee con atención, que las mismas palabras (por lo general, las de mayor importancia y sobre las que gira la argumentación) se usan algunas veces para significar un conjunto de ideas simples, y otras para significar un conjunto diferente, lo que supone un total abuso del lenguaje. Siendo la finalidad de las palabras el ser signos de mis ideas, para comunicarlas a los demás, no por ninguna significación natural, sino por una imposición voluntaria, resulta un claro engaño y un abuso el que unas veces signifiquen una cosa y en otras ocasiones otra distinta; y si esto se hace intencionadamente, no podrá reputarse más que a una gran estupidez o deshonestidad. Y un hombre, en sus cuentas con otro, podría con la misma equidad hacer que los caracteres numéricos significaran unas veces un conjunto de unidades y otras otro diferente, por lo que, por ejemplo, el guarismo 3 significaría unas veces tres, otras cuatro y otras ocho, pues tendría el mismo derecho para ello que el que le asiste para que, en sus discursos o razonamiento, las palabras signifiquen conjuntos diferentes de ideas simples. Si los hombres actuaran así en sus negocios, me gustaría ver quién los realizaba. El que se expresara de esta manera en los asuntos y negocios del mundo, y algunas veces llamara al ocho siete, y otras nueve, según sus conveniencias, rápidamente sería motejado con uno de los nombres que las personas tanto aborrecen. Y, sin embargo, en las argumentaciones y controversias eruditas, esta misma clase de procedimiento pasa comúnmente por ingenioso y docto, aunque para mí es una deshonestidad mayor que la suplantación de cuentas cuando se va a saldar una deuda; y me parece que el engaño será tanto mayor cuanto mayor es el valor de la verdad y su trascendencia que el dinero.


6. En tercer lugar, la afectada oscuridad, como ocurre con los peripatéticos y otras sectas de filósofos.

Otro de los abusos del lenguaje consiste en una oscuridad afectada, bien aplicando a las palabras significaciones nuevas o desusadas, bien introduciendo términos nuevos o ambiguos, sin definirlos o poniéndolos juntos, de modo que su significado usual resulte confuso. Aunque la filosofía peripatética ha sobresalido en este procedimiento, otras sectas no han sido mucho más claras. Apenas existe alguna de éstas (tal es la imperfección del conocimiento humano) que no intente cubrir con la oscuridad de sus términos sus problemas, pues haciendo confusa la significación de las palabras, éstas impiden, como una neblina ante los ojos de la gente, que se descubran sus puntos más débiles. Que cuerpo y extensión signifiquen en el uso común dos ideas distintas, es algo evidente para quien reflexione un poco; pues si sus significados fueran exactamente los mismos, sería tan acertado e inteligible decir «el cuerpo de una extensión» como «la extensión de un cuerpo»; y, con todo, hay algunos que piensan es necesario confundir el significado de estos dos términos. A este abuso y a los perjuicios que trae consigo el confundir la significación de las palabras, la lógica y las ciencias liberales le han dado su aprobación, tal y como se han practicado en las escuelas; y el admirado Arte de la Controversia ha contribuido mucho a la natural imperfección de los lenguajes, puesto que se ha usado para desdibujar la significación de las palabras más que para descubrir el conocimiento y la verdad de las cosas; y el que quiera adentrarse en el estudio de esta clase de escritos doctos, encontrará que las palabras son mucho más oscuras, inciertas e indeterminadas en su significado, que lo son en la conversación normal.


7. La lógica y las disputas han contribuido mucho.


Inevitablemente tendrá que ocurrir así mientras el ingenio de los hombres se valore por su capacidad de disputar. Y si la fama y los galardones dependen de esta clase de triunfos, directamente relacionados en su mayor parte en las sutilezas y finuras de las palabras, no resulta sorprendente que el ingenio del hombre empleado de esta manera, pudiera confundir, en volver y sutilizar la significación de los sonidos, de manera que nunca le falte qué decir para oponerse o defender cualquier cuestión, ya que la victoria se adjudica no a quien tenga la razón de su parte, sino a quien aporte la última palabra en la disputa.


8. Se la llama sutileza.


Aunque esta habilidad me parece muy inútil y totalmente contraria a los caminos del conocimiento, ha pasado, sin embargo, por recibir los laudables y estimables nombres de sutileza y agudezas, y ha obtenido el aplauso de las escuelas y el apoyo de una parte de los hombres doctos del mundo. Y no resulta extraño desde el momento en que los filósofos de la antigüedad (me refiero a esos filósofos disputantes y enredosos a los que Luciano ridiculiza con tanta gracia como razón), y más tarde los escolásticos, deseando cosechar gloria y estimación por su conocimiento grande y universal, el cual resulta más fácil simular que adquirir de verdad, encontraron en esto un buen motivo para encubrir su ignorancia, mediante un curioso e inexplicable juego de palabras confusas, y para procurarse la admiración de los demás por medio de términos ininteligibles, tanto más capaces de producir asombro cuanto más difíciles resultan de comprenderse. Empero, como se puede ver en toda la historia, esos doctores tan profundos no fueron ni más sabios ni más útiles que sus vecinos, y trajeron muy poca utilidad a la vida humana o las sociedades en que vivieron, a no ser que la acuñación de palabras nuevas sin la producción de objetos a los que aplicarlas, o el confundir y oscurecer la significación de las antiguas, provocando que todas las cosas sean causas de polémicas y disputas, sea algo beneficioso para la vida del hombre, o digno de la alabanza y el galardón.


9. Este saber es muy poco beneficioso para la sociedad.


Porque por encima de todos estos sabios polemizantes, de todos estos doctores sapientísimos, fue a estadistas no escolásticos a los que los gobiernos del mundo debieron su paz, su seguridad y sus libertades; y del iletrado y minusvalorado mecánico (nombre que se desprecia) fue de donde recibieron los avances en las artes útiles. Sin embargo, esta ignorancia artificiosa y esta jerga cultista prevalecieron poderosamente en estos últimos tiempos por el interés y el artificio de quienes no han sabido encontrar un camino más fácil de mantenerse en esa autoridad y dominio que han alcanzado que el de divertir a los hombres de negocios y a los ignorantes con palabras confusas, o empleando el ingenio y el ocio en intrincadas disputas sobre términos ininteligibles, manteniéndolos perpetuamente en esos intrincados laberintos. Además, no existe mejor manera de conseguir la entrada o sostener la defensa de cualquier extraña y absurda doctrina que el de envolverla con una legión de palabras oscuras, dudosas e indefinidas; lo cual, sin embargo, convierte a esos refugios más en guaridas de ladrones o en madrigueras de zorros que en fortalezas de valerosos guerreros. Y si resulta difícil desalojarlos no es por su fuerza, sino por las zarzas y las espinas y la espesura de la maleza con que se han envuelto, pues como la verdad no es inaceptable para la mente, no le queda otra defensa a lo absurdo que la oscuridad.


10. Pero destruye los instrumentos del conocimiento y la comunicación.


De esta manera, la docta ignorancia y ese arte de apartar a los hombres del conocimiento verdadero se ha propagado en el mundo (incluso entre las personas más inquisitivas) y, pretendiendo esclarecer el entendimiento, lo ha confundido en gran medida. Pues vemos que otros hombres bien intencionados y sabios, cuya educación y circunstancias no les han permitido adquirir esa «sutileza», pueden comunicarse de manera inteligible con los demás, y beneficiarse del lenguaje en su uso normal. Pues aunque los hombres iletrados entienden suficientemente bien las palabras blanco, negro, etc., y poseen constantes nociones de las ideas que esas palabras significan, sin embargo hay filósofos que tuvieron la suficiente erudición y sutileza como para probar que la nieve era negra, es decir, para probar que lo blanco era negro. Y como ellos tenían la ventaja de poder destruir los instrumentos y significados del discurso, de la conversación, de la instrucción y de la sociedad, no han hecho, con su gran arte y sutileza, sino embrollar y confundir la significación de las palabras, y de esta manera han hecho el lenguaje menos útil de lo que sus verdaderos defectos lo habían hecho; talento que el iletrado no ha conseguido alcanzar aún.


13. Y no debe pasar por un saber.


No voy a examinar aquí si algunos han sido los causantes de todo esto por el interés de sus profesiones; pero me gustaría que se considerase si no sería bueno para el género humano, cuyo mayor interés está en conocer las cosas como son y en actuar como deben, y no en gastar sus vidas en hablar sobre ellas, dando vueltas y jugando con las palabras, si no sería bueno, digo, que el uso de las palabras fuese llano y directo, y que el lenguaje, que nos ha sido dado para perfeccionar el conocimiento y unirnos a la sociedad, no se empleara en destruir la verdad y camuflar los derechos de los pueblos, para sembrar tinieblas y hacer ininteligibles a la vez la moral y la religión o, al menos, si tiene que suceder así, ¿no tendrían que dejar de tenerse como ciencia y conocimiento?


16. Esto hace que los errores se mantengan.


Pero cualesquiera que sean los inconvenientes que se siguen de estos errores en el empleo de las palabras, estoy seguro de que, por el uso constante y familiar, se provoca que los hombres acepten nociones muy lejanas de la verdad de las cosas. Resulta un asunto muy arduo el persuadir a alguien de que las palabras de su padre, de su maestro, del reverendo de su parroquia o de aquel insigne doctor no significan nada que tenga una existencia real en la naturaleza, lo cual, quizá, no es una de las menores causas que hacen tan difícil el que los hombres abandonen por completo sus errores, incluso en opiniones meramente filosóficas, en las que no existe más interés que la verdad. Porque como las palabras que ellos han estado utilizando durante tanto tiempo están firmemente grabadas en sus mentes, no resulta extraño que sea difícil suprimir las nociones equivocadas que van anejas a estas palabras.


22. Al proceder mediante la suposición de que las palabras que usamos tienen una significación cierta y evidente que los hombres deben entender necesariamente.


En sexto lugar, aún queda otro abuso más general, aunque tal vez menos observado, de las palabras que consiste en que los hombres, acostumbrados por un uso familiar a anexarlas a determinadas ideas, tienden a imaginar que existe una conexión tan cercana y necesaria entre los nombres y el significado con el que los usan, que suponen atrevidamente que uno no puede sino entender lo que significan, y que por tanto uno debe aceptar las palabras como si no hubiera duda de que, en el uso de esos sonidos comunes recibidos, el hablante y el oyente tenían necesariamente las mismas ideas precisas. De donde deducen que cuando han usado en el discurso algún término, han puesto, como si dijéramos, delante de los demás la misma cosa de la que están hablando. Y de esta manera, tomando las palabras de los otros como si naturalmente significaran justo lo que ellos están acostumbrados a aplicarlas, nunca se molestan en explicar sus propios significados, o en entender claramente el significado de los demás. De aquí proceden comúnmente tanto ruido y tantas querellas que en nada sirven a la información, en tanto los hombres tomen las palabras como señales constantes y regulares de nociones aceptadas, cuando realmente no son sino signos voluntarios e inestables de sus propias ideas. Y, sin embargo, los hombres se extravían si en el discurso o en una disputa (en las que a menudo se hace absolutamente necesario) se les pregunta el significado de los términos que emplean; aunque las argumentaciones que todos los días pueden advertirse en las conversaciones hacen evidente que sólo existen unos cuantos nombres de ideas complejas que dos hombres usen para designar precisamente la misma colección de ideas. Resulta sumamente difícil encontrar una palabra que no sea un claro ejemplo de esto. Vida es uno de los términos familiares, y casi resulta imposible encontrar a nadie que no se ofendiera si se le preguntara lo que quería significar con él. Y, sin embargo, cuando surge la cuestión de si una planta que se ha desarrollado de una semilla tiene vida, si el embrión de un huevo antes de su incubación, o un hombre privado de sentidos y movimientos tienen o no vida, es fácil advertir que no siempre acompaña una idea clara, distinta y fija al empleo de una palabra tan conocida como es ésta de vida. Algunos hombres tienen comúnmente ciertas concepciones groseras y confusas, a las que aplican las palabras comunes de su lenguaje, y que un empleo tan difuso de sus palabras le sirve adecuadamente para sus discursos o asuntos habituales. Pero esto no basta para las investigaciones filosóficas: el conocimiento y el razonamiento requieren ideas precisas y determinadas. Y aunque los hombres no serán tan inoportunamente ingenuos como para no entender lo que dicen los demás y no exigir una explicación de sus términos, ni tan críticos a ultranza como para corregir a los demás en el uso de las palabras que reciben de éstos, sin embargo, cuando se aúnan verdad y conocimiento en un asunto, no veo qué falta se puede cometer por exigir la explicación de términos cuyo sentido parece dudoso, o por qué un hombre ha de avergonzarse por su ignorancia sobre el sentido de las palabras que otro emplea, puesto que no tiene otra manera de informarse de su significado que no sea la explicación del otro. Este abuso de tomar las palabras sin examen en ninguna parte se ha extendido tanto, ni ha tenido tan perjudiciales efectos, como entre los hombres de letras. La multiplicación y la obstinación en las disputas, que tanto han perjudicado el mundo intelectual, no obedecen más que a este uso de las palabras. Pues aunque generalmente se crea que hay una gran diversidad de opiniones en los libros y distintas controversias que existen en el mundo, sin embargo, lo único que encuentro que hacen los hombres doctos de diferentes bandos es, en sus argumentaciones encontradas, hablar lenguajes diferentes. Y me inclino a pensar que cuando cualquiera de ellos abandona los términos y piensa sólo en las cosas, sabiendo lo que piensa, piensa lo mismo que los demás, aunque quizá sean diferentes sus intenciones.


34. Séptimo, a menudo se hace también un abuso del lenguaje por las expresiones figuradas.


Desde el momento en que el ingenio y la fantasía tienen en el mundo una mejor acogida que la seca verdad y el conocimiento real, las expresiones figuradas y las alusiones en el lenguaje difícilmente podrán ser admitidas como una imperfección o abuso de éste. Admito que en los discursos en los que pretendemos más el placer y el agrado que la información y el aprovechamiento, semejantes adornos tomados de ellos no pueden pasar por faltas. Sin embargo, si queremos hablar de las cosas como son, debemos admitir que todo el arte de la retórica, exceptuando el orden y la claridad, todas las aplicaciones artificiosas y figuradas de las palabras que ha inventado la elocuencia, no sirven sino para insinuar ideas equivocadas, mover las pasiones y para seducir el juicio, de manera que no es sino superchería y, por tanto, por muy laudables o adecuados que puedan ser la oratoria en las arengas y discursos populares, es cierto que en todos los discursos que pretendan informar o instruir debe ser totalmente evitada; y cuando concierne a la verdad o al conocimiento, no puede sino tenerse por gran falta, ya del lenguaje, ya de la persona que hace uso de ella. Cuál y cuán varias sean, es superfluo señalarlo aquí; los libros de retórica, abundantes en el mundo, pueden instruir a los que deseen informarse. Solamente no puedo sino observar lo poco que se preocupan de la conservación y el aprovechamiento de la verdad y del conocimiento, ya que las artes de la falacia son las elegidas y preferidas. Es evidente en qué gran medida los hombres aman el engaño y el ser engañados, puesto que la retórica, ese poderoso instrumento del error y la falacia, tiene sus profesores establecidos, es públicamente enseñada y ha sido siempre tenida en gran reputación; y no dudo que se tenga por gran atrevimiento, sino por brutalidad, el que yo haya dicho todo lo anterior en su contra. La elocuencia, como el sexo bello, tiene encantos demasiado atractivos para que se permita hablar en su contra. Y resulta inútil intentar buscar los defectos de aquellas artes de engaño cuando los hombres encuentran placer en ser engañados.

Una genialidad de Jardiel


"El teatro es un gran medio para educar al público; pero el que hace un teatro educativo se encuentra siempre sin público al que poder educar". Enrique Jardiel Poncela 

Un matemático que sabe escribir explica una hipoteca

Por lo general los matemáticos prescinden de la claridad en sus escritos; les parece algo feo y poco digno. No es el caso del señor Carlos Ivorra, matemático y amante de las humanidades. Aquí explica cómo se calcula una hipoteca, rasgo solidario que demuestra su grandeza de alma.