viernes, 24 de abril de 2015

Artículos sobre lengua de J. Antonio Millán

Varios artículos recientes de José Antonio Millán:

I

José Antonio Millán "El lugar del español en Internet", El País, 24-IV-2015:

La ciudadanía lingüística no coincide necesariamente con la política. Nuestro idioma está entre la tercera y la cuarta posición en la Red: es rico en relaciones internas pero tiene notables notables carencias en contenidos

¡Últimas noticias! A lo largo de los últimos años la situación de nuestra lengua en Internet ha ¿mejorado?, ¿empeorado?, ¿variado significativamente?, ¿ganado o perdido sectores clave? La noticia es que no lo sabemos bien…

Repitámoslo: en el principal terreno en el que hoy en día nos relacionamos, compramos, vendemos, nos informamos, leemos, escribimos o estudiamos, estamos lamentablemente carentes de estudios sobre su situación. ¿Es creíble que sobre un sector económico y cultural de primera importancia sólo tengamos informaciones sesgadas, interesadas o incompletas? Pues esa es la realidad. Las razones de esta insuficiencia de conocimientos son la complejidad de la materia, su policentrismo, la carencia de una auténtica política digital en los países hispanohablantes, y la falta de un liderazgo claro entre ellos, como el que Francia ejerce entre la francofonía.

Conocer el español en la Red abarca no sólo el uso de nuestra lengua en ordenadores o en tabletas, sino en artefactos que, como los que aún llamamos impropiamente teléfonos, están en todos los bolsillos, y los que pronto estarán en muchas muñecas. Estamos inmersos en nuestra lengua materna, y tan natural es su uso cotidiano que no nos damos cuenta de que es nuestra principal interfaz: la usamos para buscar una información en Internet, para dar una orden a nuestro teléfono móvil, para traducir un artículo, y ese uso digital moviliza un conjunto inmenso de disciplinas y técnicas, y compendia los saberes que han destilado millones de datos acumulados. Por otro lado, una lengua geográficamente tan extendida como el español se manifiesta digitalmente en un espacio que no pertenece a ninguna nación. Éste lo constituyen por una parte los habitantes de países oficialmente hispanohablantes (que, no lo olvidemos, tanto en España como en América son en una gran proporción bilingües), pero además, está la población emigrada que utiliza su lengua materna en el seno de comunidades extranjeras. Es el caso del español en Estados Unidos, pero también del árabe marroquí dentro de España. Hasta aquí, podemos tener datos de censos de población, que nos dan sin embargo muy poca información sobre el uso real que se hace de las lenguas. Además, está la población dispersa que utiliza por motivos empresariales o académicos una lengua que no es la suya: por ejemplo, los hispanistas estadounidenses o los estudiantes de español de Alemania. No: la ciudadanía lingüística no coincide necesariamente con la política, y cada vez coincidirá menos.

Estas poblaciones, con comportamientos lingüísticos heterogéneos, tienen un acceso diferencial a la Red. En primer lugar, y aunque muchos parecen olvidarlo, no todo el mundo está conectado a Internet. Tampoco todos los que lo están tienen el mismo tipo de acceso ni dispositivo. Es muy diferente la persona con móvil y una cuenta limitada de datos del que dispone de tableta y un ordenador de sobremesa con fibra óptica: pueden hacer cosas muy distintas. Los datos sobre acceso y su modalidad no son uniformes en todos los países hispanohablantes: disponemos sólo de los que proporcionan los Gobiernos o compañías, y pueden estar sesgados por motivos comerciales o políticos. E incluso los más fiables cuantitativamente son poco finos: ¿los usuarios utilizan el 3G para ver el fútbol en sus móviles, o como herramienta de trabajo?

Y estos hablantes de español como primera o segunda lengua además hacen un uso de los medios digitales muy variado. No sólo escriben correos electrónicos y crean documentos y presentaciones; también se relacionan con sus amigos en una red social (aunque no necesariamente todos utilizan la misma en todos los países), para navegar por la Web utilizan buscadores (y, de nuevo, pueden no ser los mismos según los lugares), hablan con sus conocidos utilizando voz por IP, leen periódicos, pero también revistas o blogs; consultan enciclopedias y diccionarios; compran libros; se matriculan en moocs, acuden a webinars, escuchan lecciones por podcast, debaten en foros, participan en videoconferencias, estudian lenguas en sitios web y tienen tutores remotos por Skype; los más activos de ellos además escriben, tuits, blogs o colaboraciones en la Wikipedia, cuelgan vídeos y fotos en distintas redes sociales. Detrás de cada una de estas acciones hay tanto opciones culturales como implicaciones empresariales; los numerosos servicios gratuitos obtienen retornos a través de la publicidad, cada vez más dirigida y segmentada por lo mucho que la Red sabe de nosotros, o mediante la explotación de nuestros datos.

Querríamos saber cuántos hispanohablantes utilizan cada uno de estos servicios, y cómo, pero, ¡ay!: estamos ya en el dominio de empresas privadas, de corporaciones a veces gigantescas y con intereses comerciales planetarios, que no van a desvelar su funcionamiento. Determinadas iniciativas tienen políticas de transparencia envidiables, como la Wikipedia, que es precisamente una mina de datos sobre las lenguas en que está escrita. Pero es la excepción. Otros servicios pueden rastrearse para analizar sus datos, y gracias a eso sabemos, por ejemplo, que el español es la tercera lengua más seleccionada por los usuarios de Twitter (es decir: la lengua de su interfaz; no necesariamente la lengua en que más tuitean o leen).

Por otra parte, es difícil saber cuánto material en español hay en la Web. Por supuesto, no conoceremos los contenidos de la llamada “Web oculta” (protegidos por claves o inaccesibles). Pero los buscadores tampoco indizan todo lo que está visible, porque la Web ha adquirido una magnitud inmanejable, y deben limitarse a rastrear un subconjunto de ella, que comprende los sitios más visitados, que por supuesto estarán en las lenguas dominantes en poder, producción científica... Es decir, los buscadores favorecerán los sitios en inglés. Sí: puede haber datos de cuántos servidores (los ordenadores que constituyen la Internet) hay en cada país hispanohablante, pero no sabremos bien cuántos sitios web contiene cada uno, y además puede haber servidores con contenidos en español en otros lugares. Por otro lado, la lengua que las estadísticas atribuyen a una web suele ser la de su portada, que quizá no refleje los contenidos de su interior.

Dado este complejo conjunto de infraestructuras, servicios y contenidos que definen el español en la Red es más explicable que, pese a su gran importancia, ningún país individual ni organismo transnacional haya abordado su análisis. Pero ¿podría éste llevarse a cabo? Al menos puede intentarse reunir críticamente los distintos indicadores existentes y extrapolar los que faltan, para llegar a resultados coherentes que creen un marco de comparación para evoluciones futuras. Esto lo ha hecho para el francés la organización para la diversidad lingüística Maaya (http://maaya.org), por encargo de la Organización Internacional de la Francofonía. Y la buena noticia es que dos de sus miembros, Daniel Pimienta y Daniel Prado, están preparando un documento con las bases metodológicas para el español, que verá pronto la luz. Del borrador que hemos consultado se desprende que el español estaría entre la tercera y la cuarta posición entre las lenguas en la Red, por factores como su extensa demografía y la cobertura de población con acceso, pero sus mayores fortalezas estarían en el uso de redes sociales y la descarga de archivos: es decir, se trataría de un espacio lingüístico consumidor, muy rico en relaciones internas, pero con notables carencias en contenidos.

Como recoge el Libro de los Proverbios hacia el siglo IV antes de Cristo, versificó el poeta persa Ferdusí en el siglo XI y repitió Francis Bacon en el XVII, “conocimiento es poder”. Ojalá haya nuevos esfuerzos en el abandonado terreno del análisis de nuestra lengua en Internet y así se puedan llevar a cabo las acciones, institucionales y privadas, para darle el lugar que podría tener.

José Antonio Millán publicó en 2001 el primer libro sobre una lengua y la Red: Internet y el español.

II
Destrozos en el idioma

Isaías Lafuente retrata en 'Y el verbo se hizo polvo' el modo en que maltratamos el español.

Hace un siglo se publicaba un libro que llevaba por título ¡Pobre lengua! Catálogo en que se apuntan y corrigen cerca de seiscientas voces y locuciones incorrectas. No era ni mucho menos el primero de su género, ni fue el último... La sensación general de que se habla y escribe “mal” tiene su correlato en los esfuerzos, a veces denodados, de quienes intentan solucionar ese estado de cosas. El periodista Isaías Lafuente lleva diez años haciéndolo en la radio, desde la llamada Unidad de Vigilancia Lingüística de la Cadena SER. El blanco de sus críticas es el propio medio radiofónico, del que selecciona semanalmente perlas, gazapos y meteduras de pata variadas, que ahora ha reunido (junto con muchas más cosas) en Y el verbo se hizo polvo. El título, por cierto, ya se encarga de responder a la más cauta pregunta del subtítulo: “¿Estamos destrozando nuestra lengua?”.

Por supuesto, en el trasfondo de cualquiera que hoy escriba o hable sobre estos temas alienta el espíritu de ese gramático e insomne ilustre que fue Fernando Lázaro Carreter, quien se dedicó a fustigar malos usos, fundamentalmente periodísticos y radiofónicos, primero en artículos y luego en forma de un libro que tuvo mucho éxito: El dardo en la palabra (1997).

Lafuente, que es autor también de libros sobre nuestra historia próxima, no se ha limitado a engarzar disparates y barbaridades (por citar otro libro que critica cómo se habla, publicado esta vez hace 70 años), sino que los incluye en un contexto amplio. Comienza nada menos que por una panorámica a cámara rápida de la historia de la lengua humana, y entre otras cosas habla de los orígenes de la Real Academia, una breve historia de la publicidad, los precedentes de los tuits (que hace remontar hasta un tejedor de Tebas de hace 3000 años), de las abreviaturas en los SMS, los emoticonos, las reformas ortográficas, el lenguaje sexista… Incluye también un breve tratado sobre cómo tomar la palabra en público y reflexiones sobre el porvenir del papel en un mundo digital. Como vemos, un recorrido vertiginoso, que a ratos resulta muy divertido, sobre todo cuando políticos y periodistas le proporcionan un manantial inagotable de deslices, bajo la forma de confusiones de términos (infringir por infligir), nuevas acuñaciones (austericidio), eufemismos (cese temporal de la convivencia en vez de divorcio), verborrea pseudotécnica (solución habitacional, por hogar), y contaminaciones fraseológicas (“se le ponen los pelos de gallina”) o de léxico (“magistrados que amputan delitos”).

Vistos con calma, los errores y barbaridades se producen a veces por ignorancia o por un prurito de complicar lo simple, pero otras porque los humanos no somos máquinas y la urgencia, la presión psicológica o, sencillamente, las muchas horas pasadas frente a un micrófono pueden hacer que a uno se le cruce un cable y suelte perlas como “ya se ve la zanahoria al final del túnel”. Ojalá…

Y el verbo se hizo polvo. ¿Estamos destrozando nuestra lengua? Isaías Lafuente. Espasa. Madrid. 2014. 304 páginas. 19,90 euros (digital, 12,99)

III

Jugando al juego del ‘mouse’ y el ratón. La 23ª edición del 'Diccionario', publicado 13 años después que la anterior, trata de abrirse a América y huir de la perspectiva exclusivamente española. Le queda camino por recorrer.
 
José Antonio Millan 20 OCT 2014 - 10:17 CEST5

Una nueva edición del Diccionario por antonomasia siempre es un acontecimiento. Pero este 23º diccionario no se limita a dar fe de novedades que ya conocíamos por su web: aprovechando la oportunidad, se ha modernizado la obra y mejorado su utilización. Recordemos que en el origen remoto de los diccionarios académicos está el de Autoridades (acabado en 1739). Desde entonces ha habido una veintena de ediciones, la última hace 13 años, que mantenían la mayoría del vocabulario y parte de las definiciones presentes en su lejano progenitor, añadiendo por supuesto muchas otras: esta edición cuenta con 4.600 entradas más que la anterior. Por eso el Diccionario es una obra singular, que conserva la herencia (y a veces el peso) de sus orígenes, que lleva siglos gozando de gran popularidad, pero que no renuncia a reflejar la modernidad, y eso es problemático. El edificio de la lengua cambia ante los mismos ojos del lexicógrafo: áreas enteras del vocabulario se convierten en ruinas (que tendrá que etiquetar como tales), mientras que debe construir alas nuevas con ladrillos de estabilidad incierta.

La televisión puede extender una forma antes regional, como viejuno, o un dispositivo novedoso puede introducir palabras extranjeras: selfie o guasap. Ninguna de estas figura aún en el Diccionario, aunque sí acaban de entrar términos tecnológicos (tuit), de la moda (metrosexual) e incluso de registros más coloquiales de la lengua (subidón o muslamen). Pero estar en el Diccionario tampoco garantiza que pervivan…
 
Para acabarlo de complicar, la Academia (con las otras 21 de los países americanos) intenta que su diccionario recoja todo el español. Para las palabras propias de América se compiló en 2010 un Diccionario de americanismos, que fue objeto de críticas, y parte de su caudal se ha usado para esta obra. En total, un 10% de las acepciones actuales son americanas. El Diccionario quiere ser "panhispánico", con lo que debe huir de la perspectiva peninsular. Valga el ejemplo de amarillo, definido por la Academia en 1726 como el color del oro y la flor de la retama, hasta que en 1869 se equipara también al del limón. En 2001 (y dado que, como señaló García Márquez, en América los limones son verdes), queda sólo el color del oro y de la retama, pero, ante la evidencia de que ésta es una planta mediterránea, en esta edición se ha convertido en el color del oro y la yema de huevo (que para mí muchas veces es anaranjada…).

Ya en la anterior edición empezó a usarse la marca geográfica "España", para señalar usos del español europeo ausentes en América. Esto supuso toda una revolución, porque rompía la asunción implícita de que toda palabra usada en España era también americana. La marca Esp., se afirma cautamente en el prefacio, "se ha procurado incorporar en un mayor número de ocasiones", pero aún quedan muchas por señalar. Por ejemplo, ratón, en su acepción informática, no lleva la indicación de su uso, que es predominantemente español porque en América se emplea sobre todo mouse (Google lo detecta en casi 1,3 millones de páginas en español). Por cierto, mouse no figura en este Diccionario, como tampoco liga en la acepción de "enlace de una página web", dominante en México; claro que también falta link. Han mejorado algo las definiciones relacionadas con nuevas tecnologías, y ha habido incorporaciones como blog, o la acepción informática de nube, aunque no estén bug, "error en un programa", o backup, "copia de seguridad".

La nueva edición ha aprovechado para mejorar la claridad y uniformidad de tratamiento. Las marcas que en la edición anterior indicaban "anticuado" y "desusado" se han fusionado en esta última. Pero subsisten numerosas palabras que carecen de esa indicación: "Rompesquinas: valentón que está de plantón en las esquinas". Las marcas "malsonante", "vulgar" o "coloquial" abarcan cada vez más términos, como una útil guía de uso. En el paréntesis inicial de entrada, además de la etimología, ahora hay otras informaciones, como variantes ortográficas, aunque hay que lamentar que entre ellas no figure la pronunciación en los contados casos en que se aleja de la grafía (flaubertiano). Mejora también la claridad tipográfica en la separación de los grupos de acepciones.

El volumen es muy manejable: es más pequeño que sus antecesores, lo que provocará la alarma de los coleccionistas de diccionarios académicos, porque rompe la alineación en la estantería (pero hay una edición especial al tamaño clásico). También pesa menos, porque tiene un papel fino aunque de transparencia aceptable. La tipografía es muy legible, y la composición, a "párrafo francés" (expresión que, por cierto, no figura en el diccionario: con la primera línea llena y las demás sangradas), facilita localizar las entradas. Está impreso, algo sorprendentemente, en Italia.

Los consultantes del Diccionario académico querrán poder encontrar palabras antiguas, pero protestarán cuando hallen expresiones derogatorias, incluso marcadas como desusadas. Querrán los términos técnicos más comunes, pero también el penúltimo argot. Considerarán superfluas ciertas incorporaciones, pero otras se echarán en falta. Rezongarán ante las palabras extranjeras, aunque no tengan equivalentes españoles. Fijar un medio cambiante (una lengua extendidísima geográficamente) entre demandas tan variadas es todo un reto y, si se me permite la opinión, no va saliendo nada mal.

Diccionario de la lengua española. 23ª edición. Edición del tricentenario. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Espasa. Barcelona, 2014. LVIII + 2.318 páginas. 99 euros.

IV

El nombre del partido. La tendencia actual es buscar palabras bellas que expresen ideas positivas. 


José Antonio Millán 3 FEB 2015 - 00:00 CET
 
Da la impresión de que las denominaciones sólidamente descriptivas de los partidos políticos del pasado están perdiendo fuerza, junto al desdibujamiento de las ideologías que los sustentaban. Están lejos los tiempos en que podía existir un “Partido Comunista Marxista-Leninista Pensamiento Mao Tse Tung”. Hoy, una agrupación como Syriza debería incluir en su nombre, si quisiera que fuera un reflejo adecuado de su ideología, el euroescepticismo, el ecosocialismo, el secularismo, la alter-globalización y varios ismos más, con lo que sería difícil de manejar. Por eso se limita a llamarse Coalición de Izquierda Radical, por cuyas siglas griegas se conoce. Pero la tendencia más actual creo que es la síntesis, a ser posible opaca, como vemos en nuestro Partido X. De modo que quizás sea el momento de plantearse: ¿qué hay exactamente en el nombre de un partido?

Clásicamente, la denominación incluía una descripción del programa y tal vez de sus constituyentes. Agrupaciones políticas de la actualidad arrastran etiquetas históricas (Partido Socialista Obrero Español), alguno de cuyos componentes hoy tal vez les suponga un lastre. Eran también muy frecuentes los posicionamientos ideológicos, usando la terminología surgida de un azar espacial de la Revolución Francesa: Esquerra Republicana, Centro Canario Nacionalista, o Derecha Navarra y Española. Pero también en estos temas hay curiosos desplazamientos: “popular”, es decir, “del pueblo”, en los años 30 del siglo pasado aludía a coaliciones de izquierda (como en el Frente Popular), para acabar siendo prácticamente monopolizado por la derecha (Alianza Popular, Partido Popular). También hay connotaciones que cambian con la geografía: “Radical” hoy en Grecia indica algo mucho más suave que en otros lugares.

En estos tiempos da la impresión de que el nombre de una agrupación política camina en dos direcciones. Una es expresar su especialización, el nicho al que se dirigen, pasados ya los tiempos de programas omniabarcadores: los Verdes son eso, ecologistas; el Partido Pirata sueco (con emulaciones en otros lugares) hace bandera de su lucha relacionada con el copyright. Hay también nichos de edad, denominados por sus circunstancias, como el italiano Partido de los Pensionistas, o —en agrupaciones más informales— de forma humorística, como los Panteras Grises o los Yayoflautas. Pero el nombre puede mostrar también el afán de no excluir a nadie a priori, como el indio Aam Aadmi, “Partido del Hombre Corriente” (¿y quién no se incluiría en esta categoría?), o incluso entre nosotros Ciudadanos (¿qué votante no lo es?). Fijémonos en que en este último caso se prescinde incluso del rótulo “Partido”. Sí: los partidos han tenido mala prensa en diferentes momentos históricos, lo que ha hecho que existieran agrupaciones que, por huir de la etiqueta, se autodenominaban Movimiento o Frente, y por eso también hay algunos partidos recientes que paradójicamente no proclaman que lo son.

La otra tendencia es un puro ejercicio de naming: apelar a palabras bellas, preferentemente vagas, que diferencien de la competencia, y que expresen ideas positivas. En esto hay que reconocer que el sector político no está demasiado lejos de otros sectores del consumo, de las compañías de telefonía a las marcas de vino. En el pasado ha habido diversos grupos y plataformas llamados Convergencia, que es un nombre con raíces geométricas y que tiene resonancias técnicas. Pero el reciente partido griego To Potami, “El río”, expresa la misma idea bajo la metáfora de la reunión de distintas corrientes de agua en una sola (es decir: la confluencia, en sentido propio). Podemos, que también carece de la palabra “Partido”, es otro buen caso de mensaje borroso e implícito. El origen es la consigna que utilizó Barack Obama en su campaña (quien la tomó a su vez del sindicalismo campesino estadounidense de décadas atrás): “Yes we can”. Pero una cosa es una consigna y otra es el nombre de una agrupación. Podemos es una expresión abierta (¿podemos qué?, podría preguntarse) y por otra parte hace la pequeña trampa de traer a su campo al que pronuncia su nombre. Por eso algunos han acogido con alborozo la humorada de llamarle Podéis. Un problema lateral de este tipo de denominaciones es cómo llamar a sus miembros. Si en el Partido Comunista militaban comunistas y en el Popular, populares, para los miembros de Podemos se ha acuñado “podemitas”.

Guanyem —“Ganemos”, movimiento social en el trance de convertirse en partido— es otro caso de enunciación abierta, y en primera persona del plural. Pero que no nos engañe la rima: mientras que Podemos, con su uso del presente de indicativo, es la expresión de una certidumbre, el imperativo Ganemos refleja más su origen combativo, y quien lo dice casi pronuncia una arenga.

Los breves y desprogramados nombres de estos partidos modernos, que en muchos casos ni dicen que lo son, representan bien a las claras lo que les alienta: con mucha frecuencia solamente la voluntad de poder. O el enigma de lo que contienen: ríos, gente corriente, incógnitas y proclamas… Algunos por suerte los conocemos: llevan tiempo en el activismo, ayudando a la gente. De otros, lamentablemente, no sabemos nada más que lo que (no) dice su nombre.

V

¿Se puede enseñar a escribir?
 
Patricia Highsmith sostiene que “es imposible explicar cómo se escribe un buen libro. Pero esto es lo que hace que la profesión de escritor sea apasionante"
 
Ernesto Mallo / José Antonio Millan 16 MAR 2015 - 10:25 CET

Aprender a leer y a fracasar
Por Ernesto Mallo

Sabido es que el talento para cualquier actividad no puede ser enseñado, ni aprendido. Viene determinado por el pool genético. Tenerlo carece de mérito, es como ser alto, bajo, bien parecido o moreno, nada de lo cual uno pueda legítimamente vanagloriarse. El talento por sí solo no significa gran cosa si no está acompañado por aquella capacidad que lo hará brillar y prosperar: el trabajo. La contracción al trabajo, en cambio, no es parte del equipo original. Somos por naturaleza indolentes y tendemos a adoptar la línea del menor esfuerzo para todo. Esto es lo que sí puede y debe enseñarse y aprenderse: el trabajo. Dada una cuota de talento, escribir bien requiere de una gran inversión de tiempo y esfuerzo, para que el texto resulte fluido, dinámico, significativo.

Todo lo que es fácil de leer es difícil de escribir, y viceversa. Stephen King, en su obra Mientras escribo, un libro más que interesante sobre el arte de poner una palabra detrás de la otra, se refiere a la necesidad de disponer de una “caja de herramientas”. Para el escritor que comienza, esta caja está vacía y es él quien debe llenarla. No hay instrumentos prefabricados que puedan usarse, como el artesano, el escritor fabrica los que necesita para la obra que quiere realizar. Aquí es donde el maestro puede hacer un aporte significativo. Escribir es un acto tan racional como irracional, en el cual es de fundamental importancia saber detectar cuándo hay un concepto, una idea, un línea narrativa potente y verdadera, y también cuándo esa misma línea desentona con el resto de la narración. El maestro puede perfectamente enseñar a “leerse” uno mismo, despojado de condescendencia y de exceso de crítica. Esto implica aprender a corregir, a cortar, a eliminar todo lo superfluo, ya que en arte, lo que no es imprescindible es un estorbo. García Márquez dice que un escritor vale más por lo que bota que por lo que publica.

El maestro debe ser cruel, el mundo y los editores van a serlo y es preciso aprender a sobrevivir a la crítica despiadada. Patricia Highsmith sostiene que “es imposible explicar cómo se escribe un buen libro. Pero esto es lo que hace que la profesión de escritor sea apasionante: la constante posibilidad de fracasar”. A fracasar, y a sobreponerse, también se aprende, y esta es una práctica ineludible para quien quiera dedicarse a escribir. Hay cantidad de libros sobre el arte de escribir que pueden resultar provechosos, Para ser escritor, de Dorotea Brande; La preparación de la novela, de Roland Barthe; Suspense, de Patricia Highsmith, por nombrar sólo tres, son guías excelentes de las que se puede sacar muchísimo provecho. Para mí, el libro más importante sobre la escritura es Seis propuestas para el próximo milenio, de Italo Calvino. Todo autor y toda obra se inscriben en una tradición, sus lecturas ayudarán al autor en ciernes a encontrar la suya. Para escribir, la clave es leer, y a leer se aprende.

Ernesto Mallo es escritor argentino.

La arquitectura del escrito

Por José Antonio Millán

La reciente aparición de las 500 páginas de un Manual de escritura académica y profesional (Ariel) debería bastar para contestar afirmativamente a esta pregunta. Y sin embargo… La verdad es que, a pesar de tanta televisión y tanto YouTube, de tanta multimedia y multimodalidad, la escritura, el texto sigue siendo fundamental no sólo para la comunicación académica (donde sigue imperando el agorero “publica o perece”), sino en el mundo profesional. Desde la engañosa brevedad de un tuit hasta el correo, el informe, el análisis, las instrucciones, el prospecto, el manual, la ley, la sentencia…, un caudal de palabras rige, certifica, alerta o resume las relaciones entre los hombres. Puede que vivamos la eclosión de una civilización de la imagen, pero no se puede negar que está sostenida por torrentes de escritura. Y claro: esas extendidísimas creaciones textuales tienen sus leyes propias.
 
No sólo hay que respetar la ortografía (por supuesto), que puntuar adecuadamente y que utilizar vocablos ajustados, sino que además las ideas tienen que estar ordenadas; los argumentos, claros, y los procedimientos para mover el corazón de los lectores, oportunos. Todo esto se plasma además a través de un entramado de conectores léxicos que estructuran y ordenan los argumentos: “ahora bien”, “de esto se deduce fácilmente que”, “se engañaría quien pensara”… Los señaladores internos tienen que estar afinados (“ello”, ¿se referirá a la frase, al párrafo, a todo el argumento anterior?). Y un amplio etcétera. ¿Cómo se puede transmitir este complejo saber a las personas que generan escritos? Pensemos que esta categoría debe englobar al que redacta una memoria anual, al doctorando que ultima una tesis, al departamento de marketing que pule el prospecto de un medicamento o al abogado que asesora en la redacción de una ley. Ese saber especializado se transmite compartimentando adecuadamente la materia (en este manual, un tomo se dedica a “estrategias gramaticales” y otro a las “discursivas”), desmenuzando los múltiples aspectos que comprende el tema (“la planificación”, “el párrafo”, “la argumentación”), estudiando los subgéneros (el “resumen”, la “escritura web”), dando instrumentos para contrastar y mejorar (“donde no llega el corrector automático”, “recursos online”) y, por fin, proponiendo ejercicios que permitan al lector comprobar que ha comprendido.

Todo este cuidadoso planeamiento, por supuesto, sólo surtirá efecto si los usuarios, ya sean académicos o profesionales, se toman la molestia de leer, releer y, por último, ejercitar las cuidadosas explicaciones y consejos que constituyen la obra. Y ésa es precisamente su potencial debilidad: que sus destinatarios no dediquen a semejante —y exhaustivo— conjunto de recomendaciones la atención y el trabajo que merecerían. El receptor, como en todo acto de comunicación, también tiene que poner de su parte. ¿Es imprescindible haber asimilado este manual único (que tan bien ha dirigido Estrella Montolío) para ser un buen escritor académico o profesional? Está claro que no: hay por ahí textos irreprochables, en muy distintos géneros. Pero el hecho de que sean una minoría dentro del nutridísimo universo textual de la modernidad demuestra que aún queda camino por recorrer.

José Antonio Millán es lingüista y editor.

Movimiento 15-M

Estamos hoy al sol, pues nuestro techo
nos quitaron. Vinimos a la plaza
y entonces nos llamaron amenaza
los que tuercen la ley en su provecho.

Pero han llegado más a su despecho
a tomar este Sol (como en terraza):
vecinos, indignados sin mordaza,
demandando justicia y no derecho.

La ley nace del pueblo aunque la maten
quienes labran su propia impunidad
mintiendo y acogiéndose a sagrado.

Muchos somos y pocos nos abaten:
que cese ya esa ley de iniquidad
que forjaron los dueños del pasado.

Ubuntu y el resto de nuestras tontas vidas

La ética ubuntu en Sudáfrica consiste en cooperar y compartir todo; ha dado nombre a una distribución de Línux que compite con Microsoft y otros vendedores de software cuyo único propósito es enriquecer aun más a sus accionistas de lo que son, comprometiendo a la gente común a pagar continuamente por "mejorías" ridículas que llaman "actualizaciones" y obligando por contrato a quienes diseñan software (y controladores de impresora) a diseñar productos con obsolescencia programada (esto es, no fabricados para durar, sino para estropearse al cabo de cierto tiempo y que haya que comprar otros nuevos), de forma que la gente se endeude cada vez más comprando postizos y actualizaciones inútiles o cambiando de hardware y software sin motivo, como si los sueldos pudieran someterse con igual facilidad a idéntica "actualización" o "mejoría". El paquete integrado del sistema operativo Ubuntu, que opera en Línux, no padece esos inconvenientes.

En la cultura bantú Xhosa ubuntu significa "yo soy porque nosotros somos¨, y se ilustra con esta historia.

Un arqueólogo propuso a unos niños africanos un juego. Colocó una cesta de frutas bajo un árbol y les dijo que aquel que llegara primero se quedaba con toda la cesta. A la señal de inicio de la carrera, los niños se dieron la mano y llegaron todos juntos hasta el árbol. Entonces les preguntó por qué habían actuado así; los niños dijeron: ¡Ubuntu! ¡Ubuntu!

Hay que cambiar las reglas para poder cambiar algo

Esta ética sudafricana tiene como máximo valor la mejora mediante la cooperación y la redistribución equitativa de los beneficios sin desigualdad ni esclavitud. Por ese motivo he cambiado mi sistema operativo a Línux Ubuntu, porque además los virus, troyanos y el resto del malware, diseñado para atacar a los que abusan de su autoridad, no lo afectan. Así ahorro además en programas antivirus, tengo a mi disposición los mejores programas y no las basurillas encaminadas a causar adicciones y dependencias y no tengo que padecer las chorraditas y memeces del averiado, averiante y maleducado Giligates, que tanto tiempo y dinero me han hecho perder desde hace años. Ahora que caduca XP, es el momento de elegir Ubuntu; y os conviene hacerlo ya, porque si no estaréis condenados a pagar a Microsoft por un producto igual, peor o más peligroso el resto de vuestras tontas vidas, para que vuestros hijos puedan instalarse juegos alienantes y programas estúpidos no encaminados a desarrollar actividades útiles, ya sea laborales o creativas.

La informática a la antigua usanza
Ya hay veinticinco millones de usuarios de Ubuntu y la cifra aumenta exponencialmente. Si eres uno de esos que prefieren cuestionar la publicidad y sortear a los miles de siniestros vendedores de Microsoft en esas tiendas que controlan en tu ciudad, escoge Ubuntu. Pero si eres un pijo acomodaticio y amante de las chorraditas y el despilfarro, escoge Windows y paga por ellas hasta la jubilación y más allá, aguanta todas esas preguntas tontas que te suele hacer ese software y sufre al tener que elegir entre mil alternativas para tirarte un pedo.

Y si la elección no te parece fácil, quizá te ayude a tomarla el famoso pasaje del presocrático Pródico sobre la elección de Heracles adolescente (Hércules, entre los latinos) entre los caminos del placer, fácil y lleno de contentos, y de la virtud, difícil, alto y cansado, que aparece además en los frescos del palacio renacentista del Viso del Marqués. Ambos caminos están representados por dos mujeres que exponen en respectivos discursos sus argumentos en pro de uno y de la otra. Al final Hércules escoge el camino de la virtud, porque un placer sin esfuerzo sería empalagoso y en realidad escondería el dolor del empacho que produce, por ejemplo, beber sin tener sed, mientras que con el de la virtud lograría una recompensa real que pagaría el esfuerzo (se saciaría la sed causada por el trabajo realizado) y valdría la pena. Este mito clásico de Heracles en la encrucijada, pintado por Annibale Carraci y por Pompeo Batoni, lo narra el sofista Pródico (maestro de Sócrates) en Jenofonte, Memorabilia, II, 1, 21-34. Windows nos hace la vida sosa y fácil y nos vacía el bolsillo; Ubuntu hace que la vida valga la pena y nos deja dinero en el bolsillo. Se hace camino al andar, pero por un solo camino: ni siquiera Robert Frost, el Machado estadounidense, podía elegirlos todos.

jueves, 23 de abril de 2015

Cómo se ve o lo veo

El Pepé es fraguista y viejuno y se gobierna por cacicazgo. Paga las cuentas pero hipoteca el país por un billón de euros para la Merkel que solo podremos devolver endeudándonos más todavía y en euros, que es peor. Aunque no echa la casa por la ventana, echa por la ventana a la gente y después roba lo que hay en ella y quiere venderla, pero no puede porque el único interesado ya no interesa. Porque la gente es para ellos de usar y tirar... después de haberle sacado los cuartos, los quintos y lo que tercie, con comisión añadida y en negro. También es un partido con obsolescencia programada: los jóvenes no lo quieren ni lo votan. Exportan chorizos a Suiza y viven de abuelos cebolleta con pensión y tensión altas. Era un partido de herederos y niñatos y ahora lo es de jubilatas y corrutos. En cuanto a su política educativa, solo hay dos cosas positivas en ella: que introduce el inglés como lengua vehicular y que se preocupa por los alumnos capaces: el resto es discutible o errado.

El Pesoe quiere ser ahora lo que ha ido dejando de ser durante toda la que llaman "democracia", que hubiera podido ser distinta si entonces se hubiera "distintado"; se ha vuelto una socialdemocracia falsa y hueca que no ha sabido ni querido imitar a sus homólogas nórdicas, esas que tanto elogiaba Felipillo y de las que se ha olvidado ahora completamente él sabe por qué. Como el Pepé, ha corrompido absolutamente al poder judicial y ha destruido la enseñanza; peor, ha corrompido a los sindicatos. En Andalucía y otras regiones es caciquil, como en otras regiones el Pepé. Tras su vaciamiento de éticas e ideales se ha convertido en un partido tan dinástico y viejuno como el otro y espera a que Podemos y Ciudadanos le hagan el trabajo sucio para luego pactar con el que les permita prolongar sus chanchullos y corrupciones, mejor disimuladas que las del Pepé, del que es marca blanca. Posee sus propios pijos, momias y abuelos cebolleta (por ejemplo, González, Bono y otros; en provincias, igual). Y sabe que por su posición tiene la llave de la gobernabilidad, pero no ha sido, no es, no será de fiar al ser mera garantía de mentira y continuismo hacia el endeudamiento, la trapisonda y la Merkel. Entre ellos hay menos tontolhabas que en el Pepé, pero los hay, tan superficiales que flotan como la mierda y el principio de Peter, con alergia a los procedimientos democráticos y sin ganas de abrir el melón constitucional. En realidad, Pepé y Pesoe forman una sola y gran coalición sadomasoca a la que podemos llamar meridianamente Posfranquismo.

Ciudadanos es un programa económico coherente que puede funcionar o no, pero se nota ha sido currado. Es de sesgo liberal y laico y propone recetas osadas e interesantes. Su problema es cómo conjugar esa inteligente imaginación con la realidad de una burguesía española mediocre, ignorante y paleta, algo que han deteriorado más las políticas educativas del Posfranquismo. Parece que han pasado (y además quieren pasar) la prueba ética del algodón; ya veremos si la del gobierno en alguna región. Su crecimiento es exponencial porque sorbe la juventud y el futuro al Pepé, a Upeidé, al Pesoe y hasta a Podemos. No pactan ni se dejan engañar por los nacionalistas, como ha hecho siempre la coalición posfranquista; eso ya es garantía. Poseen al líder más político y seductor del mercado, que cuida mucho su imagen de marca.

Podemos, partido con el que simpatizo, es trotskista / indignado. Su ética es formal,  no material,  y por eso quiere hacerse mero instrumento sin ideología de los ciudadanos precisamente por ser partido de los indignados, pero su raíz fundamental no es chavista, sino trotskista (les horroriza esta segunda palabra, pero eso es lo que son). Lo poco que se conoce de su programa económico ha parecido por ahí inviable, improvisado, impreciso, oculto... Aunque existe, al parecer. Pretende gobernarse y administrarse mediante Internet, algo simplemente absurdo, y se han dado cuenta de ello bastante tarde. Se va articulando lentamente, quizá con solidez. Aunque le faltan reflejos y experiencia en las bases, ha conseguido reunir gran parte de la decencia y la juventud de este país y algunos viejos muy quemados y correosos; el miedo es que se desilusionen con la lentitud de sus estrategias y la lluvia fina de los partidos continuistas. La enorme mediocridad y estupidez de los políticos les ha abonado el terreno para crecer (solo hace unos meses se decía que "los indignados carecen de expresión política"). Quieren verlos como un partido necesario para controlar conductas chulescas, corrupciones y cuentas, las tres ces, pero intimida saber que no posee soluciones al paro, a los problemas cotidianos y a la deuda galopante que está acumulando el país, y ni siquiera un modo de tratar con la cobarde clase media española y los temerosos socios europeos. Esa falta de recetas lo va desinflando frente a, por ejemplo, Ciudadanos, que crece con firmeza poco a poco. La limpieza y transparencia de Podemos produce, paradójicamente, que no sean "percibidos" como solución "real"; esa "invisibilidad" inquieta y se confunde con falta de programa y, aunque la gente está dispuesta a perdonar su financiación irregular, parece que no perdonará mucho más tiempo su ya característica falta de sustancia.

martes, 21 de abril de 2015

Nueva obra de Félix de Azúa. Entrevista.

Winston Manrique, "España está enferma de autoodio”, 21-IV-2015:

El escritor Félix de Azúa, que publica 'Génesis', analiza la situación de un país que “no ha demostrado si pertenece a Europa”

Desde hace cuatro años, Félix de Azúa sabe que del infierno pueden surgir paraísos. El suyo apareció a través de una niña que le descubrió la inocencia y le ha servido para sobrellevar lo que considera un exilio. Un día salió de Barcelona, llegó a Madrid y empezó una travesía en la que ha visto “una España enferma de autoodio”, cuyo “pecado original es la envidia”, aunque el “mayor de sus pecados es la mala educación”, lo cual le lleva a pensar que “está por demostrar si pertenecemos a Europa”.

Es el big bang de sus reflexiones a partir de su libro Génesis (Literatura Random House), en su casa madrileña rodeado de silencio. Esta tercera parte de su autobiografía ficticia pasa a ser el origen de un proyecto literario en marcha cuya voz busca aunar la historia de los testigos de su tiempo, ser una voz colectiva en la que los ciudadanos se reconozcan.

Si antes fue Autobiografía sin vida (en 2010, sobre la crisis y acabamiento del arte) y después Autobiografía de papel (en 2013, sobre el panorama literario y su metamorfosis en la escritura), esta vez Azúa narra dos relatos paralelos que se alternan hasta confluir: recreación del mito grecolatino (unos vascos que emigran a Venezuela tras la Guerra Civil) y del mito cristiano de Adán y Eva. Los dos están en el origen del ADN del mundo occidental que “hace que se viva de manera casi esquizofrénica”. Un mundo donde la condena del Edén no es el trabajo, sino querer saber, querer construir el paraíso y tener la facultad de matar.

Faulkner es el origen de Génesis. Por él, Félix de Azúa (Barcelona, 1944) se acercó a la Biblia como literatura hacia los setenta debido a que el escritor estadounidense la reescribía en novelas inolvidables. Se aficionó a ese texto sagrado, estudió sobre él y hoy sus ediciones copan un par de baldas de su biblioteca. Opina que "debería ser tan importante la lectura de los clásicos griegos como la de los clásicos hebreos. Solemos olvidar que la cultura occidental es judeocristiana”. Después de Faulkner llegaron, en los 80, Juan Benet y Rafael Sánchez Ferlosio, “lectores excepcionales de la Biblia”.


Las palabras de Azúa, doctorado en Filosofía, profesor de Estética, poeta, narrador y articulista, fluyen serenas hasta crear un fresco español. Su travesía oral se remonta a más de dos mil años en una voz que son muchas voces:

“Los griegos tenían una concepción de la responsabilidad basada en la dignidad, el honor, el orgullo propio. En el mundo bíblico, el héroe solo responde ante Dios, que no tiene representación; es pura voz. Esto nos lleva de cabeza a Freud. Hegel decía que el pueblo hebreo era ateo porque su dios era la voz interior. Esa provoca una esquizofrenia que ha hecho que nuestra civilización sea admirable por un lado y execrable por el otro al haber dado carnicerías espantosas”.

“En la naturaleza del humano no prima ser bueno o malo. Libre quiere decir que estamos condenados a elegir. Somos los dos. En la novela, la línea bíblica recuerda el origen de Adán y Eva y cómo Caín mata a su hermano Abel. De ahí venimos todos. Caín es eterno y, de manera alegórica, quiere decir que a veces se encarna en Stalin o Hitler o en algún imbécil. Tras la muerte de Abel, surge la condena de poder matar al prójimo. Aparece la culpa, a la cual debemos el hecho de sentirnos responsables. Lo más peligroso es la gente que no siente culpa y se cree inocente, ven la culpa en el otro. Se produce cuando hay perezas espirituales tremendas; estamos entrando en una de ellas. Hemos abdicado de gran cantidad de valores”.

“Se ha dicho que este es un país cainita por excelencia. Tal vez sí hay dos Españas… Es un país tan conflictivo, tan antipático, tan violento, tan agresivo, y, sobre todo, tan maleducado, ese es su mayor pecado. Los orígenes de todo eso estarían en la convivencia con el islam durante ocho siglos que produjo uno de esos desgarros espirituales enormes. Hubo expulsión de hebreos y moriscos. Hasta el siglo XVIII se adjudicaban puestos de trabajo según la limpieza de sangre”.

“España es un país fariseo en el sentido bíblico… El pecado original aquí es la envidia. No se soporta la diferencia, y, sobre todo, no se soporta a la gente que sobresale. No hay nada más asombroso que el trato que se ha dado a la investigación científica, al estudio, a la cultura. Valle-Inclán refleja esa necesidad de los mediocres para que todo el mundo sea tan mediocre como ellos”.

“Todo eso no convierte a España en un lugar lamentable sino enormemente interesante. No hay nadie que odie más a España que los españoles. España es, entre comillas, un país enfermo de autoodio. Y hay partidos que se dedican a mercantilizar ese odio. Hay vendedores de odio en los partidos nacionalistas vascos y catalanes. Incluso hay un partido como Podemos que vende odio a la casta, olvidan que ellos ahora son millonarios gracias a Chávez y gente así".

“En Génesis se aprecia el contraste entre España y Latinoamérica frente a la sexualidad, el deseo y los sentimientos; la incapacidad o miedo a aceptarlos o vivirlos con naturalidad, sin prejuicios. En la novela, un vasco le dice al venezolano que los latinoamericanos tienen la suerte de que todavía se mantienen en un estadio casi infantil en el que la sexualidad es todavía un juego social. En el País Vasco la sexualidad no está permitida si es un juego, solo como reivindicación. La novela hace referencia a esa curiosa timidez de casi todos los españoles que hace que los hombres sean agresivos con las mujeres o alguien que les guste. Les resulta doloroso y difícil tratar con esa persona y acaban por ponerse chulescos, superviriles y agresivos…”.

“El tema de la belleza aquí es… En general, cualquier intento por hacer más agradable la vida se considera una cursilería. Y si a eso se suma la aspereza en el trato y lo mal que se suele hablar, a mí me escandaliza la permisividad que hay con el lenguaje zafio, grosero. Alguien que habla de esa manera es que tiene el cerebro de esa manera. Está por demostrar si pertenecemos a Europa”.

“Soy un exiliado. Me fui de Cataluña hace cuatro años. Me pareció inmoral quedarme ahí con una hija pequeña. No estaba de acuerdo con la formación educativa que se da allá a los niños. Mi infierno ha sido haberme tenido que ir de mi casa. Y, en cambio, el paraíso es esta niña que nos ha obligado, a mi mujer y a mí, a irnos con un esfuerzo enorme. Es mi paraíso por una razón poco sentimental: yo no había conocido la inocencia. Me he movido siempre en círculos críticos, combativos, con pretensión de ser muy lúcido, y no había conocido ni vivido la inocencia. Y es el paraíso”

- Félix de Azúa nació el 30 de abril de 1944 en Barcelona.
- Ha escrito poesías, novelas, ensayos, relatos y es traductor.
- Su primer libro de poemas, fue Cepo para nutria (1968).
- Fue incluido por Josep María Castellet en 1970 en Nueve novísimos poetas españoles, la obra en la que reunía a los autores que más habían renovado el género.
- Su primera novela, Las lecciones de Jena, es de 1972.
- Ha ganado premios como el Herralde de novela, en 1987, por Diario de un hombre humillado, y el César González-Ruano de periodismo, en 2012, por la tribuna Contra Jeremías.

El único valor político es la vergüenza

No se entiende que guste tanto la política, porque debe gustar, ya que se vende y se alquila, y hasta se exhibe en Bruselas, aunque no en Suiza, de la que ni siquiera se habla más allá de Heidi, Rato y otras inocencias. Así que la política gusta; supongo que la mierda tendrá buen sabor, pero nunca he tenido gana de comprobarlo, pese a lo cual siempre nos están cagando encima los medios con ese encanto de moscas, telediarios y debates; la vierten sobre nosotros sin compasión. ¿Es que no hay series de ficción o documentales sobre los monos bonobos? En el último episodio (XI) de una serie que trata más o menos sobre lo mismo, Black sails, por lo menos aparecen el Quijote y La Galatea de Cervantes, aunque también se corta una cabeza, se lía un trío o partouze y hay un par de parejas, una de lesbianas y otra comme il faut que se ponen a "obrar según natura", muy a lo vivo, por cierto.

Si escribo sobre esos desechos sociales que me tiran encima es por asco y exorcismo. Cualquiera en su sano juicio procura quitarse de la cabeza tanta mentira y vomitar lo que le sienta mal. También por pena: no soy capaz de ver a alguien sin vergüenza sin ayudar a sacársela para que el muñeco se vuelva humano. Algo imposible para un vendedor de aire: la política saca al muñeco que todos tenemos dentro y entierra la vergüenza como un esqueleto bajo quintales de tierra hedionda. Los políticos están hechos de cartón o papel de periódico; antaño, en un soneto, Quevedo lo decía con su castellano clásico:

¿Miras este gigante corpulento
que con soberbia y gravedad camina?
Pues por dentro son trapos y fajina
y un ganapán le sirve de cimiento.

Con su alma vive y tiene movimiento,
y a dondequiera su grandeza inclina,
mas quien su aspecto rígido examina
desprecia su figura y ornamento.

Tales son las grandezas aparentes
de la vana ilusión de los tiranos:
fantásticas escorias eminentes.

¿Veslos arder en púrpura y sus manos
en diamantes y piedras diferentes?
Pues asco dentro son, tierra y gusanos.

Si en vez de "diamantes y piedras" ponemos tarjetas black es lo mismo, porque el Barroco no se ha ido de España. Del banco tenemos un banquete, o, propiamente, una merienda de negros con tarjeta negra. O, en vez de negros, de tapados por Rajoy o cualquier otro gigante o cabezudo corpulento que con soberbia y gravedad camina. Si les muestras un espejo no se conocen. Los bonobos al menos se reconocen. Si les deformas el espejo por medio de la vergüenza, tampoco: no ven ni siquiera el espejo, solo a ellos mismos; ni saben qué es ni dónde empieza y acaba. Cela, un corrupto, lo escribió en San Camilo 1936 (y también, pero en su único libro de versos, que "en la mente de Dios habita el olvido"). La vergüenza no interactúa con ellos; la materia del político es ordinaria, pero la vergüenza es materia oscura y, como es más abundante que la otra, la ningunean y desprecian. Su razonamiento es así, meramente cuantitativo.

Carlos Luis Álvarez, "Cándido", tras mucho escribir de política en dictadura y "democracia", dijo lo mismo en sus Memorias prohibidas, que más que prohibidas han sido primorosamente escritas:  en los políticos hay un corte cerebral profundo entre lo que ellos creen que hacen y lo que hacen en realidad, entre lo que ellos creen que son y lo que son realmente. Su verdadero espejito mágico es su propio yo; son incapaces de disociarse o de empatía; algún psicólogo ya reveló cuánto abundan los psicópatas entre los políticos y a la vista están. Pero ese narcisismo (y no hay narcisismo benigno o maligno) nos destruye a nosotros, no a ellos, porque les hemos hecho creerse el cuento con los votos manipulados por ellos. Porque no son políticos, sino manipuladores de votos, de personas, de conciencias en su propio beneficio.

Si se pide un ejemplo de cuán general es este principio basta un caso (también podría probarse con los diez mil aforados, con la desactivación de la iniciativa legislativa popular, con...): las comisiones de investigación en España y cómo no dimite nadie después de ellas, al contrario que en otros países. Dimitir es para un político español verbo transitivo y no como aparece en el DRAE; los dimiten, y por tanto nos dimiten a nosotros, nos echan del gobierno para el que los hemos elegido, rompen toda relación con el ciudadano y hacen leyes para ellos mismos, no para nosotros; no nos queda otra que reunirnos en otra plaza, la de Sol, y esperar que salga por Antequera. A nosotros nos dejan en las cárceles, en las que hay en cada casa y elaboran con sus leyes; pero el dinero público de los bancos y de los impuestos, así como los puestos de las instituciones que los dirigen, no son para los honestos y los técnicos, sino para ellos, para la casta. De ahí la inutilidad de las comisiones de investigación, que presuponen la vergüenza donde no la hay y la dimisión en quien no conoce ni siquiera qué es eso. De ahí la inutilidad de la democracia española, que es una democracia sin vergüenza, una pseudodemocracia.

Pilas para el jolgorio

1. Ya están aquí, por los Toreros muertos.

2. One step por Madness

3. Tiger rag.

4. Bumbum 1789, por los Toreros muertos.

5. Maple rag de Scott Joplin

6. Da da da, Molotov

7. Salta, de Van Halen

8. La pastilla de jabón, por los Mojinos.

9. Los rockeros van al infierno, Barón Rojo

10. La mataré, de Loquillo. 

11. La noche no es para mí, Vídeo, 

12. No controles, Olé Olé.

13. Ni tú ni nadie, Alaska.

14. A quién le importa, Alaska

15. Isis, Alaska

16. Los amigos de mis amigas son mis amigos, Objetivo Birmania

17. Desidia, de Objetivo Birmania.

18. Lili Marlene, Olé olé

19. Fotonovela, Iván.

20. Macarena, Los Del Río.

21. Wannabe, Spice girls.

22. Lambada, Kaoma.

23. Barbie girl, Aqua.

Alimentos para el espíritu

1. El albergue del Serafín, por "Los muertos pueden bailar", partitura de Mark Isham para los últimos minutos de La niebla de Stephen King / Gus van Sant. Su intención era componer un requiem para la Humanidad. Por si necesitáis un argumento para la mística.

2. Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, de Ralph Vaughan Williams. Soledad. 

3. Vide cor meum, de Patrick Cassidy.

4. Vísperas, op. 37, una de las obras maestras vocales del posromántico Rachmaninoff. Pura elevación.

5. La Pasión según San Mateo y La Pasión según San Juan de Bach cumbres de la música de todos los tiempos.

6. Obertura Las Hébridas, de Felix Mendelssohn: cuando todavía había fe en el hombre.

7. Stabat mater de Pergolesi. Cuánto patetismo cabe en un par de voces.

8. El mundo en guerra de Carl Davis, la miseria y el sufrimiento de la humanidad.

9. I put a spell on you, de Nina Simone. El blues.

10. Scarlet rose, de Alexa Khan. Una de las canciones de cuna más bellas del mundo.

11. Tristán e Isolda, de Wagner, según Mahler la más hermosa música de amor de todos los tiempos.

12. Los preludios, de Listz. Escalera al cielo.

De nada.

El test del enamoramiento que sirve también para conocer a las personas

"El método científico que hace que un desconocido se enamore de ti en 45 minutos", en ABC, 20-IV-2015:

Mediante 36 sencillas preguntas, un psicólogo «garantiza» ganar intimidad con un interlocutor que anteriormente no conocías.  El método científico que hace que un desconocido se enamore de ti en 45 minutos.

La sabiduría popular dice que no se puede forzar el amor y que, por el contrario, es algo que llega solo y en el momento más inesperado. Sin embargo, no opinaba lo mismo el psicólogo Arthur Aron (de la «University of New York») quien, en 1993, elaboró un test de 36 preguntas con el que afirmaba que se podía ganar generar tanta intimidad con un desconocido en apenas 45 minutos como para enamorarse.

A pesar de tener más de 20 años, este método ha vuelto a ver la luz gracias a la periodista del «The New York Times» Mandy Len Catron quien, hace algunos meses, elaboró un artículo afirmando que había probado el sistema y había sido eficaz. Concretamente, la escritora realizó este curioso experimento con un sujeto de su entorno social mientras ambos disfrutaban de una bebida en un bar. El resultado, al parecer, no pudo ser más efectivo.

Este test nació después de que Aron –que buscaba una forma de crear rápidamente intimidad entre dos personas que acababaran de conocerse- realizase varias pruebas para ello en multitud de parejas. Tras semanas de pruebas, y después de pedir a los sujetos que se preguntasen uno a otro estas 36 incógnitas, dos de las parejas presentes llegaron a casarse.

El sistema, según afirma el propio psicólogo en su estudio, es tan sencillo como realizar las preguntas en tres grupos de 12, extendiéndose un total de hasta 15 minutos por ronda. Posteriormente se añadió que era necesario mirarse a los ojos 4 minutos con el interlocutor al finalizar el ejercicio.

Fuera como fuese, y a pesar de que parece una idea sacada de una película, a la redactora le funcionó. Además, este sistema ha tenido una aparición fulgurante en la conocida serie «The Big Bang Theory», donde Sheldon (Jim Parsons) trató de probarlo con Penny (Kaley Cuoco) con tronchantes consecuencias. Por todo ello, os invitamos a realizarlo.

Primera ronda de preguntas

1-¿A qué persona invitarías a cenar si pudieses elegir a cualquiera?

2-¿Te gustaría ser famoso? ¿Cómo?

3-¿Ensayas lo que vas a decir vuando vas a hacer una llamada de teléfono? ¿Por qué?

4-¿Cómo sería para ti el día perfecto?

5-¿Cuándo fue la última vez que cantaste estando sólo? ¿Y para otra persona?

6-Si pudieras vivir hasta los 90 años y tener el cuerpo o la mente de alguien de 30 años durante los últimos 60 años de tu vida ¿Lo harías?

7-¿Cómo crees que vas a morir?

8-Enumera tres cosas que creas tener en común con tu interlocutor.

9-¿De qué te sientes más agradecido?

10-Si pudieses cambiar algo de tu educación ¿qué sería?

11-Cuenta en cuatro minutos a tu interlocutor la historia de tu vida siendo lo más conciso posible.

12-Si te pudieses levantar mañana con una nueva cualidad o habilidad ¿cuál querrías que fuese?

Segunda ronda de preguntas

13-¿Qué le preguntarías a una bola de cristal si ésta te pudiese decir la verdad sobre ti, sobre tu vida, sobre el futuro o sobre cualquier cosa?

14-¿Hay algo que quieras hacer desde hace mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho todavía?

15-¿Cuál es el mayor logro de tu vida?

16-¿Qué es lo que más valoras en un amigo?

17-¿Cuál es tu recuerdo más valorado?

18-¿Y el más doloroso?

19-Si supieras cuándo vas a morir ¿cambiarías tu forma de vivir? ¿Por qué?

20-¿Qué es para ti la amistad?

21-¿Qué rol juega el amor y el afecto en tu vida?

22-Decid, de forma alterna, que características consideráis positivas de vuestro interlocutor. Un total de cinco cada uno.

23-¿Es tu familia cariñosa? ¿Crees que tu infancia fue mejor que la otras personas?

24-¿Cómo te sientes sobre tu relación con tu madre?

Tercera ronda de preguntas

25-Di tres verdades sobre «nosotros». Por ejemplo: «Nosotros estamos en esta habitación sintiendo…».

26-Completa la fase: «Ojalá tuviese a alguien con el que compartir…».

27-Si fueras a ser un amigo íntimo de tu interlocutor, comparte con él algo que crees que es importante que sepa sobre ti.

28-Di a tu interlocutor algo que te guste de él o de ella. Sé muy honesto y dile algo que no dirías a alguien que acabas de conocer.

29-Explica a tu interlocutor un momento embarazoso en tu vida.

30-¿Cuál fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y sólo?

31-Di a tu interlocutor algo que ya te guste de él.

32-¿Hay algo que consideres demasiado serio como para hacer una broma al respecto?

33-Si supieras que vas a morir esta noche sin hablar antes con nadie ¿qué te daría pena no haber contado nunca? ¿Por qué no lo has expresado hasta ahora?

34-Tu casa se incendia y todas tus posesiones están dentro. Después de salvar a tus seres queridos y a tu mascota, tienes tiempo para poder recuperar un solo objeto. ¿Cuál sería y por qué?

35-¿Qué persona de tu familia te dolería más que muriese?

36-Comparte un problema personal con tu interlocutor y pídele que te de su opinión sobre cómo habría actuado. Pregúntale como cree que te sientes en relación al problema que le acabas de contar.

lunes, 20 de abril de 2015

La adaptación a la lengua moderna del Quijote por Trapiello es muy mejorable

Todavía no se ha puesto a la venta, pero por lo poco que he leído de los fragmentos que ofrece el artículo de El Mundo transcrito más abajo, la modernización del Quijote que ha hecho Trapiello, un buen escritor e investigador, es muy discutible y con errores. Tampoco es buena la de Pérez Reverte, una mera condensación o "adelgazamiento" que elimina episodios y carece de notas léxicas. En este campo hay auténticas maravillas, como la que hizo de la Celestina Eduardo Alonso González para la Editorial Vicens Vives, particularmente difícil pero que adopta un método muy bien estudiado que debería ser seguido por los demás. Sin embargo, todavía no han acertado con la del Quijote. También anda por ahí una adaptación al "moderno" del Lazarillo por mi colega Francisco Arenas que está entre los libros digitales más vendidos y no he podido ver.

Para muestra basta un botón desde su mismo principio: "En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme" debe adaptarse sencillamente como "no llego a acordarme", pues se trata de una perífrasis verbal aspectual ingresiva propia de la lengua de esa época.

***

De El Mundo, hoy:

Carlos Salas, "Por fin podremos entender 'El Quijote' sin tropiezos"

El poeta, escritor y ensayista, durante la promoción de su novela... 

Millones de hispanohablantes van a poder leer 'El Quijote' sin grandes tropiezos gracias a una hazaña realizada por el escritor Andrés Trapiello. Hace 14 años emprendió la tarea de 'traducir' el clásico al español moderno. "'El Quijote' está escrito en una lengua que ni hablamos ni, a menudo, entendemos: el castellano del siglo XVII", afirmaba Trapiello en su blog para explicar su aventura.

Esta edición evita las más de 1.500 notas a pie de página que se necesitaban para explicar palabras caídas en desuso. Será puesta a la venta el próximo 2 de junio por Ediciones Destino (Planeta), con un entusiasmado prólogo de Mario Vargas Llosa.

He aquí varios párrafos comparados de 'El Quijote' original con el nuevo de Trapiello.

Primera parte, capítulo I

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya en olvido, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos. El resto de ella lo concluían un sayo de velarte negro y, para las fiestas, calzas de terciopelo con sus pantuflos a juego, y se honraba entre semana con un traje pardo de lo más fino

Segunda parte, capítulo 19

Si no os picáredes más de saber más menear las negras que lleváis que la lengua -dijo el otro estudiante-, vos lleváredes el primero en licencias, como llevaste cola. 

Si os hubiérais jactado de utilizar la lengua tanto como os jactáis de manejar esas espadas que lleváis, habríais sido el primero en la licenciatura, y no el último de la cola

Segunda parte, capítulo 67

(...) Muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes, y que te vayas a la mano en decirlos, pero paréceme que es predicar en desierto, y castígame mi madre, y yo trómpogelas

(...) Y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes, y que te sujetes, pero me parece que es predicar en el desierto, y ríñeme mi madre, por un oído me entra y por otro me sale

Segunda parte, capítulo 69

Esto me parece argado sobre argado, y no miel sobre hojuelas. Bueno sería que tras pellizcos, mamonas y alfilerazos viniesen ahora los azotes. No tienen más que hacer sino tomar una gran piedra y atármela al cuello y dar conmigo en un pozo, de lo que a mí no pesaría mucho, si es que para curar los males ajenos tengo yo de ser la vaca de la boda. Déjenme; si no, por Dios que lo arroje y lo eche todo a trece, aunque no se venda

Me parece que llueve sobre mojado, y no miel sobre hojuelas -replicó Sancho-. Estaría bueno que tras pellizcos, sopapos y alfilerazos viniesen ahora los azotes. No tienen más que tomar una gran piedra y atármela al cuello y dar conmigo en un pozo, cosa que no me pesaría mucho, si para curar los males ajenos tengo yo que ser la vaquilla de la capea. ¡Déjenme!, si no, por Dios que lo mando todo a hacer puñetas, aunque no se vendan

Segunda parte, capítulo 51

Quisiera enviarle a vuestra merced alguna cosa, pero no sé qué envíe, si no es algunos cañutos de jeringas, que para con vejigas los hacen en esta ínsula muy curiosos; aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué enviar, de haldas o de mangas

Quisiera enviarle a vuestra merced alguna cosa, pero no sé qué enviar, como no sean unas cánulas que hacen muy curiosas en esta ínsula para jeringas de la vejiga; aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué enviar, bien o mal logrado

sábado, 18 de abril de 2015

Pipí, popó, Pepé.

El Pepé propende a la parla prosaica, un popurrí superfluo pleno de torpes despropósitos propios de psiques pueriles para tapar el puro y simple pipí y popó de la corrupción. Por sus popes y papas pasa a ser chupacirios, peor, plañidero, porque se complace en desparramar pupas, el muy pelmazo. Por zamparse, se zampa papilla, pipas, pepinos, el mapa completo, y por eso les pegamos en el pompis, por más se que se apelliden Espe o Cospe. Empero, no son pibes, sino provectos y peor que perversos o perniciosos (o per-judiciales, pues en tanto pleito se ponen), porque estos trepas trampean hasta al ping-pong. Incluso pugnando al palé o promoviendo pisos poseen más patas que un pulpo o un ciempiés para escapar de la pasma. Es un hampa capaz de componer en un pispás tal pimpampum que nos pulen toda la pasta sin perdonar pela ni expresar pío-pío, y dando más pánico al parqué y al peculio público que la Paparrasolla o que Tsipras. Esperpéntico.

Para pagar poco (al poco pueblo que no padece paro), son capaces de pergeñar patrañas que persuadan, los pícaros, a empeñarse, entramparse o hipotecarse para pagar un billón (con be y no pe) de pasivo (y sin pluses). Apenas ha pescado la poli al presente al más panoli, y se les escapan todos los peces tripudos, los más pillos y despabilados, que pesan al "pobre" presupuesto del pueblo español. Para culpa tal no hay perdón del Todopoderoso, y el más pintado pide en los púlpitos públicos que el capital de ese pisto, limpiado con prepotencia, reaparezca.

Con pésima pachorra, toda la plétora de un Pepé opulento y copioso preocupa no poco y provoca, con su impenetrable y prepotente trapacería, que se amplíen profusamente las pesquisas policiales. ¿Por qué no los aprisiona ya la pasma e impedimos tanto zipizape?  Ah, ya pienso: porque han perpetrado los principios y preceptos de lo que se aprecia procesal. Pues que les den por la popa.