lunes, 3 de noviembre de 2025

Retórica contra las trampas saduceas

  Autorizado, transcrito y corregido de un vídeo en Youtube:

 ¿Sabías que en el antiguo Talmud se dice: "El sabio se diferencia del necio no porque conozca todas las respuestas, sino porque sabe a qué preguntas no debe responder".

Hoy hablaremos de cinco preguntas trampa que los manipuladores y mentirosos han utilizado durante miles de años para controlar a las personas. Estas preguntas suenan inofensivas, incluso amistosas, pero detrás de ellas se esconde una estrategia astuta para obtener poder sobre ti. La sabiduría judía nos enseña a reconocer estas trampas psicológicas. Y hoy te revelaré las cinco preguntas peligrosas a las que una persona sabia nunca responde directamente. La última es la más insidiosa, la que logra quebrar incluso a los más prudentes.

Pregunta número uno: "¿Por qué estás tan nervioso?"

La primera pregunta trampa suena así. ¿Por qué estás tan nervioso? o alguna de sus variantes: ¿Por qué estás tan tenso? ¿Por qué estás tan preocupado? Parece que la persona muestra interés o preocupación, ¿verdad? Pero en realidad se trata de una manipulación clásica, lo que en psicología se llama inducción emocional.

¿Dónde está la trampa? Cuando comienzas a responder, aceptas automáticamente la premisa de que realmente estás nervioso, aunque no sea cierto.

Empiezas a justificarte. "No, no estoy nervioso, solo que..." Y ya has caído en la trampa. Has cambiado el foco de la conversación para defender tu estado emocional. En el Talmud hay una historia sobre el rabino Akiba, quien dijo a su discípulo: "Cuando te acusen de algo que no hiciste, el silencio es tu escudo. Las explicaciones son una espada dirigida a tu propio pecho. ¿Qué hacer en lugar de responder? Simplemente di con calma: "estoy bien". Y devuelve la conversación al tema original, o usa la técnica del espejo: ¡Qué curioso! ¿Por qué piensas que estoy nervioso?"

Volvamos a lo que estábamos hablando. El manipulador intenta sacarte de tu equilibrio para obtener ventaja. No le des ese poder.

Pregunta número dos: "¿No confías en mí?"

La segunda pregunta peligrosa. ¿No confías en mí? Esta es una de las armas favoritas de los manipuladores emocionales. La hacen cuando estableces límites sanos o cuando pides una verificación de lo que alguien dice. ¿Dónde está la trampa? La pregunta crea un falso dilema. O confías de manera absoluta y ciega,  o eres una mala persona que no confía.

Pero en realidad la confianza y la prudencia no son opuestos. Un proverbio judío dice: "Confía en Dios, pero ata tu camello." Esto significa que tener fe está bien, pero no hay que ser ingenuo. Cuando respondes con justificaciones como: "No, sí confío en ti", ya has perdido. Empiezas a sentirte culpable por atreverte a ser razonable y cuidadoso. ¿Qué hacer en lugar de responder? Di con calma: "La confianza y la verificación no se contradicen." No se trata de desconfianza, sino de sentido común, o simplemente mi confianza no tiene nada que ver con esto. Hablemos de los hechos. Recuerda: una persona que realmente merece tu confianza nunca te presionará con esa pregunta. Comprenderá tu prudencia.

Pregunta número tres: "¿Qué me estás ocultando?"

La tercera pregunta insidiosa es: ¿qué me estás ocultando? Esta pregunta parte de una presunción de culpabilidad. Da por hecho que estás escondiendo algo y ahora debes demostrar lo contrario. ¿Dónde está la trampa? Cualquier respuesta que des sonará como una justificación. "No estoy ocultando nada" suena exactamente igual a lo que diría alguien que sí lo hace. Te coloca en una posición defensiva, aunque no hayas hecho nada malo. En el libro Mishlei (מִשְלֵי) o Proverbios de Salomón, está escrito: "El justo no necesita justificarse ante el necio, porque el necio no entenderá la verdad. Y el sabio no necesita explicaciones. El manipulador usa esta pregunta para romper tus límites personales, obtener información que no le corresponde, hacerte sentir culpable sin motivo.

¿Qué hacer en lugar de responder? Establece un límite claro. Toda persona tiene derecho a su privacidad. Eso no es lo mismo que ocultar algo. O responde con una pregunta espejo: ¿por qué piensas que estoy ocultando algo?

Las relaciones saludables se construyen sobre el respeto mutuo, no sobre el control total ni la desconfianza. Si alguien te hace esta pregunta con frecuencia, es una señal de alerta.

Tal vez el problema no sea tu falta de confianza, sino que esa persona es la que tiene algo que ocultar.

Pregunta número cuatro: "¿Crees que eres mejor que los demás? O: "¿Acaso te crees el más inteligente?

Esta pregunta suele aparecer cuando tú te niegas a hacer algo incorrecto, te mantienes fiel a tus principios o eliges tu propio camino en lugar de seguir a la multitud.

¿Dónde está la trampa? La pregunta intenta avergonzarte por tener estándares y valores. Apela al miedo a ser rechazado por el grupo para que renuncies a tus principios.

Cuando empiezas a justificarte diciendo: "No, no creo que sea mejor, solo que yo..." ya has caído en la manipulación. Estás pidiendo perdón por tener tu propia opinión y por defender tus límites. El rabino Gilel, uno de los más grandes sabios del Talmud, decía: "Si no soy yo por mí mismo, ¿quién lo será por mí? Pero, si solo soy para mí, ¿qué soy yo?" Esto significa que tienes derecho a defender tus intereses y valores, pero también a mantener la humildad y el respeto hacia los demás. ¿Qué hacer en lugar de responder? Responde con calma. No me considero mejor. Simplemente, tomo la decisión que es correcta para mí. O cada persona tiene su propio camino: respeto el tuyo, respeta el mío. No permitas que nadie te haga sentir vergüenza por vivir de acuerdo con tus principios. Quienes intentan desviarte de tu camino, a menudo lo hacen porque tu ejemplo les recuerda su propia debilidad.

Y por último, la quinta y más insidiosa pregunta: "¿No te vas a ofender si te digo la verdad, verdad?"  ¿O: "¿No te molestas si yo... ?

Esta es la más sofisticada de todas las trampas, porque se disfraza de una petición educada de permiso. ¿Dónde está la trampa? Esta pregunta crea una situación imposible. Si respondes: "No, no me ofenderé" le estás dando permiso a la otra persona para decir algo ofensivo y luego no podrás defenderte. Si respondes: "Sí, me ofenderé", parecerás una persona cerrada o demasiado sensible. En cualquier caso, pierdes. En la tradición judía existe el concepto de Lashon Hara (לשון הרע): "Lengua del mal, lengua para el mal" o "El mal hablar o lengua dañina". Los sabios enseñan que, si alguien empieza sus palabras diciendo: "No quiero hablar mal, pero puedes estar seguro de que...", lo que viene después será precisamente algo malo. Un verdadero amigo y una persona honesta no necesitan pedir permiso para ofenderte, o bien dirán lo que piensan con respeto y tacto, sin un aviso previo, o simplemente guardarán silencio.

¿Qué hacer en lugar de responder? Di: "Depende de lo que vayas a decir. Habla claro". O: "Si temes que me ofenda, quizá deberías pensar si realmente vale la pena decirlo." Esto invierte la manipulación y devuelve la responsabilidad a quien hizo la pregunta. Queridos amigos, el rabino Nahmán de Breslav decía: "Todo el mundo es un puente estrecho, y lo más importante es tener miedo. No tengas miedo de establecer límites. No tengas miedo de guardar silencio cuando una pregunta está hecha para atraparte."

La sabiduría no es solo conocimiento, también es la habilidad de protegerte de quienes quieren usar tus propias palabras contra ti. Y, recuerda: "El silencio del sabio vale más que las palabras del necio."

Entrevista con el astrofísico Gustavo E. Romero

 Gustavo E. Romero, astrofísico: “Puede consolarse pensando en su existencia como una cierta extensión en el espacio-tiempo que siempre va a estar ahí”, en El País, por Raúl Limón, 8 ABR 2025:

El filósofo y físico argentino cree que puede haber algo más básico que lo conocido en la estructura de la materia y repasa aspectos como la muerte, los viajes en el tiempo y la idea de dios

La conjunción de la física cuántica y la filosofía es común y muchos científicos navegan por ambas disciplinas en la búsqueda de una de las respuestas fundamentales de la existencia: qué somos. Gustavo Esteban Romero, nacido en la ciudad de La Plata (Argentina) hace 60 años, profesor de Astrofísica Relativista en la Universidad Nacional de La Plata, Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina y director del Instituto Argentino de Radioastronomía, es uno de ellos. Ha pasado por la Universidad de Sevilla invitado por la Facultad de Filosofía, pero su presencia suscitó de inmediato requerimientos de participación en actos de las facultades de Física y Matemáticas, a los que se sumó sin dudarlo y entre los que concedió esta entrevista donde aborda desde los principios cuánticos hasta conceptos de la vida, la muerte, los viajes en el tiempo o la idea de dios.

Pregunta. ¿La física cuántica explica la realidad?

Respuesta. Es una teoría básica que explica la estructura de la materia y la constitución de los sistemas materiales. Hay otras cosas, como por ejemplo el espacio-tiempo, del cual la mecánica cuántica no se ocupa. Tampoco explica todos los fenómenos de la física. A escala humana, los fenómenos cuánticos desaparecen cuando pasamos a escalas donde hay sistemas muy complejos.

P. ¿Sugiere que hay un sustrato más básico, que hay algo más que desconocemos de esta ontología del mundo a la que se refiere?

R. Hay indicios de que pueda existir algo más fundamental que la mecánica cuántica y el espacio-tiempo, que son los dos grandes elementos constitutivos de nuestra ontología actual. La mecánica cuántica, en su extensión más moderna, que es lo que se llama la teoría cuántica de campos, postula que el sustrato básico del universo son 25 campos que dan lugar a los sistemas materiales que, en última instancia, forman las cosas que vemos. Por otro lado, tenemos al espacio-tiempo, que es descrito por la teoría general de la relatividad. Ahora bien, hay ámbitos de la experiencia que la teoría general de la relatividad no cubre. El propio Einstein ya se dio cuenta de que la teoría predice sus límites, hasta dónde se puede aplicar y en qué casos no se puede ya usar.

P. ¿En qué casos?

R. No se puede aplicar para describir lo que sucede en el centro de los agujeros negros o no se puede aplicar para describir lo que sucedió al comienzo de la expansión cósmica. Cuando se trata de aplicar a esos casos, aparecen infinitos que es una forma matemática de decir que la teoría falla. Eso y otras cosas nos sugieren que quizás haya algo más básico que el espacio-tiempo y que los campos cuánticos, algo de lo cual, quizá, pueda emerger lo que hoy llamamos la realidad.

P. Afirma que los sistemas cuánticos no son ni ondas ni partículas. ¿Qué son?

P. Son sistemas que existen en un ámbito que está muy apartado de la experiencia cotidiana, de los conceptos de onda o partículas de la física macroscópica, a escala humana. Hay propiedades de los sistemas macroscópicos, de los sistemas de la vida cotidiana, que parecen no tener los sistemas cuánticos. Por ejemplo: no parecen tener definido al mismo tiempo lo que nosotros llamamos posición y momento, o sea, no tienen definida la posición y la velocidad de forma simultánea. En ciertos límites, los sistemas cuánticos se comportan en forma similar a una onda y en otros en forma parecida a una partícula. Pero sería un error pensar en ellos con esas imágenes mentales clásicas.

P. También afirma que no existe el colapso de la función de onda, la variación abrupta del estado de un sistema después de haber sido medido.

R. La función de onda que aparece en la mecánica cuántica es un concepto matemático que contiene la información relativa al conjunto de las propiedades del sistema, lo que se llama estado. Pero no puede colapsar porque los objetos matemáticos no pueden colapsar: el número cuatro o una raíz cuadrada o una ecuación no pueden colapsar. Los edificios sí o una escalera o una persona, pero no un objeto matemático. Imagine un dado agitado en la mano. Admite seis estados posibles. Cuando lo pongo sobre la mesa, en las condiciones de contorno de la mesa, una de esas seis posibilidades se materializa. Pero la probabilidad no colapsa, lo que pasa es que hay una evolución del sistema del estado donde no estaban todavía fijadas las condiciones de contorno hacia otro dónde lo están: eso significa que ha habido una interacción. El estado se fija, pero la probabilidad sigue siendo la misma. No hay un colapso de la probabilidad.

Todos los sucesos del universo están determinados desde un principio común. Todos los estados fueron definidos por uno del pasado. En otras palabras, hay un determinismo estricto en el universo

P. ¿Todo está determinado?

R. El entrelazamiento cuántico es una de las propiedades más peculiares y extrañas de la mecánica cuántica. Un sistema cuántico está formado por varios componentes y si hago una determinación del estado de un componente, inmediatamente sé el estado del otro. Son correlaciones instantáneas y no se producen por variables ocultas ni por transmisión de información a una velocidad superior a la de la luz. En un lenguaje cotidiano significaría que todos los sucesos del universo están determinados desde un principio común. Todos los estados fueron definidos por uno del pasado. En otras palabras, hay un determinismo estricto en el universo.

P. ¿No existe el libre albedrío?

R. En mi opinión, hay razones filosóficas para pensar que no existe y que, además, no tiene sentido. Si uno mira el contexto cosmológico, todo el universo era en su origen tan compacto que, básicamente, todos los sistemas estaban en conexión causal unos con otros. Los seres humanos obedecen a las leyes naturales de la misma manera que todo lo que existe, todo lo que es natural. Si no hubiese una relación causal entre mis condiciones y mis actos, sería imposible adjudicarme la capacidad de ejercer actos de acuerdo con mi voluntad. Para que un acto sea libre, para que no sea aleatorio y dependa de mí, debo tener el control sobre ese acto y la única manera de hacerlo es que haya una cadena causal estricta. Todo el mundo puede hacer lo que quiere, lo que no podemos es querer lo que queremos. Los experimentos actuales en neurociencia muestran que la toma de decisiones por parte del cerebro, en general, no están mediados por la conciencia. Los sujetos toman las decisiones, de forma inconsciente, antes de ellos mismos ser conscientes de que han tomado la decisión.

El pasado, el presente y el futuro existen y el conjunto de todos los sucesos que conforman el espacio-tiempo es una totalidad autoexistente

P. Entonces, ¿todo está escrito?

R. No diría que está escrito, sino que está determinado, que no es lo mismo. Estaría escrito si pudiésemos leerlo de alguna manera, pero nosotros no tenemos la capacidad de leerlo ni de proyectarlo hacia el futuro porque los procesos que van ocurriendo son extremadamente complejos, no son lineales y no tenemos posibilidad de predecirlos. Usted espera que yo me comporte de una determinada manera, que no me ponga, de repente, a saltar o a cantar reggaetón. Sigo más o menos la trayectoria que predicen mis eventos previos. Pero los sistemas complejos tienen tantas interacciones no lineales con otros sistemas que es muy difícil predecir su comportamiento. Lo vemos con el tiempo atmosférico, que es mucho más simple que un cerebro. Los meteorólogos pueden hacer predicciones probabilistas con una ventana de, a lo sumo, una semana. Pero pretender hacerlo más allá es prácticamente imposible porque pequeñas perturbaciones en las condiciones iniciales se propagan rápidamente y producen enormes cambios en los resultados.

P. ¿Las partículas tampoco son elementos de la materia sino propiedades, no son esas bolitas que imaginamos dando vueltas en torno a un núcleo?

R. La teoría cuántica de campos, que es la mejor corroborada que tenemos hoy sobre la estructura de la realidad, de la materia, postula la existencia de esos 25 campos que mencionábamos y que admiten excitaciones discretas, que son las partículas. Las puede ver en un sistema de referencia y, en otro, desaparecen. Si usted se mueve de forma acelerada, habrá un flujo térmico y determinadas partículas aparecerán en su sistema de referencia. Pero si se mueve en un sistema inercial, con velocidad constante, esas partículas no están. Nada aparece y desaparece de la nada. Lo que sucede es que las partículas son propiedades de los campos y distintos detectores pueden detectarlas o no. Si en un autobús se fija en la persona que está sentada al lado, no se está moviendo. Si mira desde la calle a esa persona, esta se mueve a cierta velocidad: cambia el sistema de referencia y cambian las propiedades. Lo mismo pasa con las partículas. Los campos cuánticos no desaparecen, siguen existiendo. Lo que tiene la realidad ontológica en última instancia es el campo, las excitaciones se pueden percibir o no de acuerdo al sistema en el cual se está.

En última instancia, ¿qué es lo más simple de lo que está compuesta la realidad? Campos cuánticos que, al interactuar, se excitan y forman esto que nosotros llamamos partículas

P. Pero ¿qué somos? Las moléculas están formadas por átomos y estos, a su vez, por partículas

R. Somos algo mucho más complejo que eso, porque la realidad se va organizando en niveles. Usted tiene propiedades que las partículas que lo conforman no tienen. Las partículas tienen carga eléctrica y usted no. Usted puede pensar, caminar y hablar, pero las partículas no, y tampoco las células, que están en un nivel intermedio, ni los tejidos ni los órganos. Hay funcionalidades y una emergencia de nuevas propiedades a medida que uno asciende en la complejidad. Ahora, cuando va hacia abajo, hacia el sustrato hasta donde sabemos ahora —porque yo dejo abierta la puerta a que haya sustratos aún más más elementales—, lo que tenemos son los campos cuánticos. En última instancia, ¿qué es lo más simple de lo que está compuesta la realidad? Campos cuánticos, que, al interactuar, se excitan y forman esto que nosotros llamamos partículas. Las pensamos como si fuesen cosas, pero en realidad son propiedades. Son como las olas de la superficie agitada del mar. Las olas forman remolinos y formas complejas Ahora piense que, en vez de agua, tiene campos y una tormenta de interacciones muy complejas. Usted, yo, el lector, somos esas tormentas.

P. ¿Entonces somos campos cuánticos?

R. Somos más porque, insisto, hay emergencias de propiedades que no debemos subestimar. Piense de nuevo en un torbellino en el agua: tiene un montón de propiedades, vorticidad, temperatura, cosas que no tienen las partículas que forman el agua. Se van perdiendo las propiedades de las partículas y otras emergen.

P. Con la muerte, con la pérdida de esas propiedades, ¿queda un sustrato cuántico?

R. La muerte es un término que se aplica a los sistemas complejos vivientes. Yo no lo aplicaría a un campo. Si vamos hacia el pasado del universo, esos 25 campos, a medida que la temperatura se va incrementando, a medida que las condiciones se van haciendo más extremas, se empiezan a unir unos con otros. Por ejemplo, el campo electromagnético se une con el campo débil y forman el campo electrodébil. Entonces pasamos a tener menos campos hasta conformar un único gran campo cuántico que sigue existiendo sobre el espacio-tiempo. ¿Cómo de ese campo unificado emergen los demás? No lo sabemos.

P. ¿Sobrevivimos en un estado cuántico?

R. Puede consolarse, quizás, pensando en su existencia como una cierta extensión en el espacio-tiempo que siempre va a estar ahí, en el sentido de que ese espacio-tiempo al ser cuatridimensional y no haber una quinta dimensión en la cual todo ese conjunto evolucione, siempre está ahí. Imagine el nacimiento como un borde espacio-tiempo y la muerte como el otro extremo. Sería como la diferencia entre mi cabeza y los pies: distintos aspectos de una entidad extendida en el espacio-tiempo. Muerte y nacimiento son bordes, como lo es mi piel.

Imagine el nacimiento como un borde espaciotemporal y la muerte como el otro extremo. Sería como la diferencia entre mi cabeza y los pies: distintos aspectos de una entidad extendida en el espacio-tiempo. Muerte y nacimiento son bordes, como lo es mi piel

P. ¿Qué es el eternalismo que defiende?

R. Es la idea de que no es solamente el presente es lo que existe, sino que el pasado, el presente y el futuro existen y que el conjunto de todos los sucesos que conforman el espacio-tiempo es una totalidad autoexistente.

P. ¿Podríamos entonces viajar en el tiempo?

R. Digamos que hay soluciones a las ecuaciones de Einstein que hacen posible el viaje en el tiempo. De hecho, no hace falta algo muy sofisticado. Hay un agujero negro en el centro de nuestra galaxia. Si usted arrojase una sonda con una persona muy cerca del horizonte de sucesos y retornase, ese astronauta volvería al futuro, el tiempo transcurrido en la Tierra durante el viaje es mucho más largo que el tiempo experimentado por la persona que viajó. Hay otras soluciones que no sabemos si se dan en el mundo real, como los agujeros de gusano, que conectarían dos regiones del espacio-tiempo muy separadas. Hay trabajos publicados en la literatura científica donde el universo es una misma entidad autoexistente y la causa que genera el comienzo de la expansión, en realidad, está en el futuro. No digo que sea el caso, sino que es concebible. En realidad, no hay un devenir, sino una relación de antes o después de los sucesos

P. ¿Entonces somos eternos?

R. Eterno no significa ilimitado, sino que uno ocupa una región de un espacio-tiempo que abarca la totalidad, todo lo existente. Uno es una subregión de ese espacio-tiempo y esa subregión no cambia respecto a un súpertiempo. Trate de no pensar en tres dimensiones que van cambiando respecto del tiempo, que es el de la cuarta dimensión, sino en un todo que incluye a esa cuarta dimensión. Es un paquete que no puede cambiar y lo que uno puede establecer son relaciones entre los objetos que están ahí adentro, pero la totalidad no puede cambiar porque el tiempo está ahí dentro como una dimensión más. Lo que yo estoy percibiendo ahora es simplemente un momento, lo que está sucediendo ahora es que su cerebro va integrando distintas clases de sucesos que están relacionados causalmente de tal manera que crea esa ilusión de devenir, pero, en realidad, no hay un devenir, sino una relación de antes o después de los sucesos, no hay una aparición y desaparición de los sucesos.

P. ¿Dios existe?

R. Como suele suceder en filosofía, depende de qué es lo que usted entiende por dios. Si se refiere al dios de los teólogos, un ser supremo creador del universo, pero distinto del universo, que es un agente intencional, omnisciente, omnipotente, benevolente, etcétera, creo que los distintos atributos que se le asignan entran en colisión unos con otros, lo cual hace que sea contradictorio y es imposible que se corresponda con una entidad real. Creo que, en general, los agentes supranaturales que violan lo que hemos establecido en las leyes naturales no existen. Es lo que se llama, desde un punto de vista filosófico, naturalismo: que todo lo existente obedece a las leyes naturales. Yo voy un poco más allá y sostengo el materialismo que, además, sostiene que lo único existente son entidades materiales con las cuales es posible tener interacción y que pueden existir en distintos estados. Eso excluye no solo a dios, sino a cosas como fantasmas, entes espirituales o almas.

Entrevista al físico Alberto Casas sobre su nuevo libro y la entropía

 Alberto Casas, físico: “El libre albedrío es una ilusión creada por nuestro cerebro. Todo lo que va a suceder está ya escrito”, en El País,  por Raúl Limón, 3 NOV 2025:

El científico publica ‘La ilusión del tiempo’, un viaje por las disciplinas que abordan una esquiva “coordenada para describir el mundo”

“La muerte no significa nada. Para nosotros, que creemos en la física, la separación entre pasado, presente y futuro solo tiene el significado de una ilusión, aunque persistente”. Es parte del pésame que el revolucionario físico Albert Einstein envió a la familia de su amigo y excompañero del Instituto Politécnico Federal de Zúrich (Suiza) Michele Besso tras su fallecimiento en 1955. La misiva la recoge el doctor y profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Física Teórica (CSIC-UAM) Alberto Casas en su último libro, La ilusión del tiempo (Ediciones B, Penguin Random House 2025), el vehículo del científico zaragozano para viajar por las ramas de la física que han contribuido a la comprensión del algo que define como “coordenada imprescindible para describir el mundo”. Y en cada intensa y mentalmente desafiante parada de ese itinerario se despliegan respuestas y preguntas sobre cuestiones fundamentales de la existencia cotidiana.

Pregunta. ¿Es el tiempo una ilusión?

Respuesta. El tiempo no es una ilusión, pero la manera en que lo percibimos sí lo es. Es una coordenada necesaria para describir el mundo: para identificar un acontecimiento cualquiera necesitas tres coordenadas espaciales para definir dónde se produjo y una coordenada temporal para diferenciarlo de otros que ocurrieron en ese mismo lugar. Ahora bien, la manera en que lo percibimos y, en particular, cómo pasa, sí puede ser una ilusión.

P. Afirma que ni presente ni pasado ni futuro tienen un significado absoluto.

R. En nuestras escalas cotidianas tendemos a pensar que el presente del universo es el conjunto de todos los acontecimientos que se están produciendo en un instante dado. Sin embargo, la teoría de la relatividad demuestra que, para otro observador, los acontecimientos que se producen simultáneamente son otros y, por lo tanto, no hay un presente objetivo, aunque para todos los observadores en la Tierra los hechos que configuran la realidad son prácticamente los mismos. Pero eso no deja de ser una aproximación. En cuanto al pasado y el futuro, la sensación de que el pasado ya ocurrió y es inamovible, mientras que el futuro aún no ha ocurrido y está abierto, puede ser una ilusión debida a que tenemos mucha más información acerca de los eventos pasados que de los futuros por un efecto sutil que es el incremento de entropía [desorden de un sistema] a medida que el tiempo avanza. Eso hace que ciertos eventos dejen huella, registros, y otros no. Los primeros son los que situamos en el pasado, y nos parece que ya han ocurrido, a diferencia de los que situamos en el futuro.

La sensación de que el pasado ya ocurrió y es inamovible, mientras que el futuro aún no ha ocurrido y está abierto, puede ser una ilusión

P. ¿Quiere decir que el futuro existe, pero no tenemos datos sobre él?

R. Si dejamos por un momento a un lado la física cuántica, las leyes de la física nos dicen que, a partir de un cierto estado, como el actual que vivimos, podemos reconstruir tanto el pasado como el futuro. En principio sería posible porque las leyes de la física te dan una correlación perfecta. Es como una pelota que bota y, en un punto, puedes reconstruir su futuro, que será seguir rebotando en la dirección que sea, y también puedes reconstruir su pasado. Cuando recordamos algo, lo que hacemos es reconstruir o deducir cómo fueron las cosas en otro momento a partir de los datos del presente.

P. Entonces, tanto pasado como futuro están fijados.

R. La única diferencia es que, debido al aumento de entropía, sobre los hechos del pasado tenemos mucha más información que sobre los del futuro. Pero eso no significa que sean más reales. La física cuántica complica esta perspectiva porque puede hacer que, con la información disponible en un momento dado, no sea posible reconstruir totalmente ni los hechos del pasado ni los del futuro, pero seguirían estando al mismo nivel.

Está probado de forma rotunda el viaje hacia el futuro

P. ¿Es posible viajar en el tiempo?

R. Está probado de forma rotunda el viaje hacia el futuro. La Teoría de la Relatividad nos enseña que el tiempo no transcurre igual en todos los sitios. Una de las ilusiones de nuestra percepción es que el tiempo avanza al mismo ritmo en todos los sitios, pero eso no es así. Para los objetos que se mueven a más velocidad o están en un campo gravitatorio mayor, el tiempo transcurre más lentamente. Por ejemplo, el tiempo transcurre más rápido en la cabeza que en los pies. Esto está probado experimentalmente. Cerca de un agujero negro, para ti, puede pasar un año y lejos de él habrán pasado 100 o 1.000. Es una manera de viajar al futuro. Otra es ir en una nave capaz de alcanzar velocidades cercanas a las de la luz (algo imposible con nuestra tecnología actual). Te das un paseo por el universo y al volver ha podido pasar un siglo.

P. ¿Y al pasado?

R. Es mucho más difícil, pero la Teoría de la Relatividad General abre la puerta a esa posibilidad con configuraciones de materia y energía muy peculiares (y poco realistas) que den lugar a los llamados bucles temporales cerrados.

P. ¿Pero el pasado sería inamovible?

R. En estos escenarios de materia exótica que generan bucles temporales cerrados no habría paradojas lógicas porque tú volverías al mismo punto del espacio-tiempo y, por lo tanto, volverías exactamente a la misma situación en la que estabas. No percibirías nada, no sentirías que habías hecho el viaje temporal. Entonces no se produciría ninguna paradoja lógica porque vuelves a la misma situación. Habría, tal vez, otra manera de viajar hacia el pasado, que es a través de agujeros de gusano: configuraciones hipotéticas del espacio-tiempo complejas y muy inestables, una especie de túneles. Pero nunca podrías asesinar a tu abuelo porque entonces no habrías nacido en primer lugar. La naturaleza no puede comportarse de manera contradictoria.

Todos los procesos, en realidad, son reversibles

P. ¿Hay sucesos irreversibles?

R. Todos los procesos, en realidad, son reversibles. Un ejemplo clásico es un huevo que cae al suelo y se rompe. Que se recomponga solo y salte otra vez a nuestras manos es extremadamente improbable, pero no imposible. Sin embargo, es tan difícil que suceda que, en la práctica, los llamamos procesos irreversibles.

P. ¿Y el libre albedrío es una ilusión?

R. Si las leyes de la física son deterministas, entonces es evidente que no tenemos libre albedrío porque todo lo que va a suceder está ya escrito. Pero tampoco la física cuántica, que es intrínsecamente probabilística, facilita el libre albedrío. Las hechos pueden no estar predeterminados, pero sí sus probabilidades, y nosotros no podemos afectarlas de ninguna manera sin violar las leyes de la física, no tenemos control sobre ellas. Por eso creo que el libre albedrío es una ilusión creada por nuestro cerebro, la sensación de que controlamos nuestros actos. Cuando hacemos algo, parece que es el resultado de una libre elección, pero en realidad la decisión ya estaba tomada. Muchos experimentos neurológicos indican que las decisiones están tomadas una fracción de segundo antes de que seamos conscientes de ellas. Desde el punto de vista de la física, no puede ser de otra manera: no hay ninguna ley física que, en mi opinión, dé espacio a la libre elección de un ser consciente como somos nosotros. No es una conclusión muy agradable, lo reconozco, pero parece ser lo que dice la física.

P. ¿Entonces no somos responsables de nuestros actos?

R. La única manera razonable de comportarse en la práctica es como si fuéramos libres para elegir, porque si no, sería el caos absoluto. Si nos queremos proteger, por ejemplo, de quien comete un delito, tenemos que hacerle responsable de sus actos. Por otra parte, aunque en el fondo no seamos libres, no es lo mismo una decisión tomada conscientemente y de forma consistente con todos tus esquemas de valores morales que una decisión tomada por una persona enferma que no se da cuenta de lo que está haciendo. En la práctica, no podemos atribuirle el mismo grado de responsabilidad, pero eso no impide que, en un nivel muy profundo, carezcamos de control sobre lo que hacemos.

P. ¿El envejecimiento es también por entropía?

R. Los procesos biológicos son procesos en los que la entropía aumenta, lo que implica una degradación natural. Para mantenerlos necesitas un suministro de energía con entropía muy baja, que es la útil. Por ejemplo, el calor de la Tierra sin más no nos sirve para nada porque está casi en equilibrio térmico. Es completamente inútil para procesos biológicos, que se producen gracias al aporte continuo de energía de alta calidad, con muy baja entropía, que nos proporciona el Sol.

No veo ninguna contradicción física en que se pudiera revertir el proceso de envejecimiento

P. Dice la también física Sabine Hossenfelder que morimos por el aumento de la entropía.

R. Es cierto que el proceso de degradación y de muerte de un ser vivo se puede ver como un proceso de aumento de la entropía y de vuelta al equilibrio térmico. Pero dado que tenemos un suministro permanente de energía de baja entropía proveniente del Sol, en principio, sería posible revertir ese proceso de degradación. No veo ninguna contradicción física en que se pudiera revertir el proceso de envejecimiento aprovechando la energía útil que viene del Sol o de otra fuente de energía con muy baja entropía.

P. Entonces no morimos, sino que nos transferimos a un estado macroscópico con diferente entropía.

R. Depende de cómo se defina morir. Si es que tu cerebro deja de funcionar, dejas de estar consciente y la información que tenías se dispersa en el universo, pues entonces sí que morimos. Si defines morir como que la información se destruye completamente, pues, en ese sentido, podemos decir que no morimos porque la información sigue estando ahí, dispersa, de una manera totalmente irrecuperable, pero sigue estando ahí. Es como un libro quemado: la información que contenía pervive en las cenizas y en los gases de la combustión, aunque sea imposible de recuperar en la práctica.

“Estamos vivos gracias al principio de incertidumbre

P. ¿Si alguien pudiera ser capaz de revertir ese nuevo estado al estado inicial, podría recrear la existencia?

R. Al fin y al cabo somos sistemas físicos. Es como un coche accidentado. A partir de los restos podrías acabar reconstruyéndolo. Un ser vivo es un sistema complejo muy organizado, pero, en principio, a partir de los restos de una persona fallecida se podría reconstruir la persona como era inicialmente (a costa de aumentar la entropía global). Sería terriblemente difícil, por supuesto, pero no veo ninguna imposibilidad para hacerlo.

Podemos decir que no morimos porque la información sigue estando ahí, dispersa, de una manera totalmente irrecuperable, pero sigue estando ahí

P. La teoría de los muchos mundos, que también desafía nuestra percepción del tiempo, significa que vivimos realidades paralelas, pero que solo somos conscientes de una.

R. Hay que dejar claro que se trata de una hipótesis, concretamente sobre lo que sucede durante el proceso de observación. Según la interpretación ortodoxa, llamada interpretación de Copenhague, cuando un sistema físico está en una superposición de estados y tú lo observas, solo una de esas posibilidades se materializa y el resto desaparece. Esta interpretación es la que todos utilizamos en la práctica, pero tiene problemas conceptuales importantes. Otra interpretación más satisfactoria conceptualmente, en mi opinión, es la debida a Hugh Everett, según la cual no se produce el colapso del estado: el sistema no se materializa en una de las posibilidades, sino que todas siguen coexistiendo en superposición. Desde tu punto de vista, solo eres consciente de uno de los estados cuánticos, pero hay otras versiones de tu yo, en un número gigantesco, que son conscientes de las otras alternativas. Solamente percibes una de las posibilidades de evolución del mundo, pero hay otras sucediendo simultáneamente en el mismo sitio, aunque sean invisibles.

P. ¿Vivimos muchas vidas de forma simultánea pero solo somos conscientes de una? ¿Puedo avisar a mi otro yo de que no firme el crédito?

R. [Ríe] Insisto en que es una hipótesis. Un ejemplo que uso es que si compras un billete de lotería, cuando se celebre el sorteo, algunos de tus “yoes” verán que sale ese número. Es decir, todas las posibilidades se acaban realizando en alguna rama de tu estado cuántico. Pero es solo una hipótesis, aunque perfectamente seria, para interpretar la mecánica cuántica. Hay que añadir, y esto es importante, que la interacción entre “los mundos” es imposible. Es decir, una vez que se han creado, ya no hay posibilidad de comunicación ni de afectarse unos a otros. Comunicarse con otros mundos paralelos quedaría excluido en esta hipótesis.

Entrevista a la física Sabine Hossenfelder

 Sabine Hossenfelder, física: “Si confías en las matemáticas, somos inmortales”, en El País, Raúl Limón, 2 OCT 2024:

La científica alemana defiende que la información no puede ser destruida y, en principio, es posible que un ser superior, algún día, de alguna manera, la vuelva a ensamblar y la traiga de vuelta a la vida

¿Hay algo después de la muerte? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Somos solo un saco de átomos? La científica Sabine Hossenfelder, nacida en Fráncfort (Alemania) hace 48 años, está convencida de que, si hay una ciencia capaz de encontrar respuestas a las preguntas existenciales de la humanidad, esta es la física. Especializada en física teórica y gravedad cuántica, compagina sus investigaciones al frente del grupo de análisis gravitatorio del Instituto de Estudios Avanzados de su ciudad natal con la divulgación (es la creadora del canal de YouTube Science without the gobbledygook o Ciencia sin palabrería). Su último libro, Física existencial, publicado por Pinolia en español este año, está dirigido a “quienes no han olvidado plantearse las grandes preguntas y no temen las respuestas”.

Pregunta. A todas las personas relevantes de la ciencia que entrevista les pregunta si son religiosas. Usted se define como pagana y agnóstica, pero siempre deja un puente entre ciencia y religión, así que la imito: ¿es usted religiosa?

Respuesta. No. Pero sí creo que la conciencia humana, y la complejidad en general, está más estrechamente entrelazada con el universo en su totalidad de lo que apreciamos actualmente. Es decir, aunque no me adhiero a ninguna religión reconocida, también tengo creencias que no se basan en pruebas.

P. Asegura que la información de una persona, si confiamos en las matemáticas, sigue ahí después de la muerte, dispersa en el universo, para siempre. ¿Somos inmortales?

R. Si confías en las matemáticas, sí. Pero no es una inmortalidad en el sentido de que, después de la muerte, te despertarás sentado en el infierno o en el cielo, las cuales, seamos honestos, son ideas muy terrenales. Es más que, dado que la información sobre ti no puede ser destruida, en principio es posible que un ser superior algún día, de alguna manera, te vuelva a ensamblar y te traiga de vuelta a la vida. Y dado que no tendrías memoria del tiempo que pasa en el medio, ¡que podrían ser 10¹⁰⁰ billones de años!, usted se encontraría en un futuro muy lejano.

P. En el mismo sentido, afirma que nuestra existencia trasciende el tiempo. “Siempre hemos sido y siempre seremos hijos del universo”, escribe. ¿Significa que en la vida y después de ella hay un vínculo permanente con el sistema universal mientras este exista?

R. Piense en la muerte como una gota de tinta que cae en el océano. Usted es la gota y el océano es el universo. Lo que compuso la gota (usted) se esparcirá en el océano (universo) y se volverá irreconocible. Pero nunca desaparece.

P. Si todas las teorías sobre el origen del universo son “pura especulación”, ¿debería descartar la idea del Big Bang?

R. El Big Bang es actualmente la más simple de nuestras teorías sobre el comienzo del universo. Eso la hace la más difícil de descartar. Pero eso no significa que sea correcta. Tal vez la historia real sea más complicada que eso. Nuestras observaciones actuales no pueden decírnoslo. Yo diría que el Big Bang es, en este momento, la explicación científicamente más pragmática, pero creo que es científicamente justificable que creas en otra cosa, como un universo cíclico.

P. ¿Morimos por el aumento de la entropía, el desorden o la incertidumbre de un sistema? ¿Vivimos a causa de la antientropía?

R. Se puede preguntar sobre las causas de la muerte en muchos niveles de explicación. Un médico podría darle una explicación sobre el nivel de fallo orgánico. Un neurobiólogo podría darte una explicación basada en los procesos celulares que contribuyen al envejecimiento. Como física, diría que lo que en última instancia nos mata es nuestra incapacidad para mantener el orden, por lo tanto, es el aumento de la entropía. La antientropía no es un término que usemos en física, pero se podría identificar vagamente con la energía libre, que es lo que se necesita para disminuir la entropía. La principal fuente de energía libre de nuestro cuerpo son los alimentos. Lo usamos para movernos y para mantener las funciones de nuestros órganos, siempre que podamos. Pero los errores se acumulan inevitablemente y, finalmente, nuestros cuerpos tienen un mal funcionamiento que no podemos reparar. Es posible que en el futuro mejoremos mucho en la reparación de nuestros cuerpos y vivamos mucho más tiempo. Y, sin embargo, el aumento de la entropía nos atrapará con el tiempo, porque, en última instancia, hará que la vida sea imposible en todo el universo.

El Big Bang es actualmente la más simple de nuestras teorías sobre el comienzo del universo. Eso la hace la más difícil de descartar. Pero eso no significa que sea correcta

P. Escribe que el futuro es fijo, salvo por eventos cuánticos ocasionales en los que no podemos influir. ¿Qué eventos cuánticos?

R. Por evento cuántico me refiero aquí a cualquier evento cuyo resultado no esté predeterminado. Esta es la característica más distintiva de la mecánica cuántica, que los resultados de algunos eventos son imposibles de predecir. Esto podría ser, por ejemplo, la radiación UV [ultravioleta] que incide en una célula de la piel. ¿Causará, o no, suficiente daño como para crear una mutación cancerosa que te matará dentro de cinco años? Solo podemos predecir la probabilidad de que suceda, pero no podemos predecir con certeza lo que sucederá.

“No he encontrado a Dios en el universo, pero Einstein sí, en la perfección y la belleza de sus leyes”

P. Su libro comienza con la pregunta de un estudiante sobre la teoría de su abuela de que sobrevivimos en un sistema cuántico. Ya que el ser humano está compuesto básicamente por 10 elementos químicos, ¿pueden sus partículas trascender la muerte biológica?

R. Los elementos químicos sobrevivirán durante mucho tiempo y, después de eso, todavía quedan las partículas subatómicas de las que están hechos. La respuesta a la pregunta depende de lo que se haga con el problema de medición en mecánica cuántica. ¿Es posible que alguien (o algo) mida todo el universo? Si crees que sí, la información dentro del universo puede perderse para siempre. Pero creo que no es posible: ¿quién haría la medición? Esta es la razón por la que creo que la información dentro del universo se conserva para siempre, y también lo hace la abuela fallecida.

domingo, 26 de octubre de 2025

Glorias y miserias del periodismo, según Manuel Vicent

I

Otras luces de bohemia, en El País, por Manuel Vicent, 26 OCT 2025:

Están aquí otra vez aquellos periodistas patibularios de antaño que han hecho de la comunicación un negocio sucio.

A principios del siglo pasado, en el mundo del periodismo, junto a grandes nombres que han perdurado en la memoria, Azorín, Julio Camba, Josep Pla, Chaves Nogales, se movían unos seres famélicos, bohemios, confidentes de la policía, alimentados por el fondo de reptiles, que también decían llamarse periodistas. Hubo uno, el famoso Gálvez, quien para despertar compasión se paseaba por las tertulias con un recién nacido muerto metido en una caja de zapatos. Eran unos seres tronados que no pretendían otra cosa, salvo la de seguir vivos. Sus querellas las resolvían personalmente a bastonazos en los cafés. Valle-Inclán reflejó aquel mundo sórdido en la obra Luces de bohemia. No obstante, la dignidad de este oficio siempre estuvo a salvo debido a que el talento y el estilo literario de algunos periodistas de entonces desafiaban al de los mejores escritores del momento, y durante la dictadura, aunque fueran amordazados, hubo muchos que lucharon por abrir alguna grieta de libertad en el muro jugándose el pellejo y hoy es obligado citar sus nombres, sin los cuales no podría entenderse el espíritu de la Transición. El periodismo que durante los primeros años de la democracia fue una fiesta de la inteligencia ha ido derivando hasta caer en un albañal que permite que tenga el mismo valor una opinión inteligente, una noticia contrastada y un análisis certero que el insulto, la calumnia, la provocación y el rebuzno. La verdad y la basura se expanden juntas. La noticia es hoy una mercancía que se vende, se compra, se adultera, se pudre y desaparece tirando de la cadena. Están aquí otra vez aquellos periodistas patibularios de antaño que han hecho de la comunicación un negocio sucio y de la lucha política un espectáculo intestinal. Pese a todo, quedan algunos héroes que luchan todavía por su dignidad. Pero de creer que este, el de periodista, era el mejor oficio del mundo, uno empieza a sentirse humillado de pertenecer a una profesión que está totalmente degradada.

II

Los que no agacharon la cabeza, en El País, por Manuel Vicent, 21 JUN 2025:

El 9 de junio se celebró un acto de homenaje a un grupo de periodistas que durante la dictadura puso de su parte el esfuerzo necesario para recuperar la libertad y la democracia

En la calle Larra, 14, de Madrid, se hallaban las redacciones y rotativas donde antes de la Guerra Civil se editaban varias revistas y periódicos que hoy tienen una resonancia mítica en la historia del periodismo. El edificio original se construyó en 1906 como sede del semanario ilustrado Nuevo Mundo, en el que publicaron Unamuno y Ramiro de Maeztu. En 1917 se alumbró allí el periódico El Sol, fundado por el industrial papelero Urgoiti bajo la inspiración intelectual de José Ortega y Gasset, quien había abandonado el diario de su familia, El Imparcial, para convertir El Sol en el periódico referente y de mayor prestigio de la época. En 1931, apenas unas semanas antes de la proclamación de la República, Ortega publicó en sus páginas el famoso artículo "El error Berenguer", que fue el golpe de gracia que acabó con la monarquía.

El uso del edificio evolucionó a lo largo del tiempo. De esas rotativas salió también la revista La Esfera, se instalaron las cabeceras de La Voz y de la editorial Calpe. Por ese edificio pasaron todos los periodistas famosos del momento, Azorín, Mariano de Cavia, Chaves Nogales, Julio Camba, Araquistáin, Díaz Canedo, Corpus Barga, Juan de la Encina, Bergamín. Durante el franquismo la Falange se incautó del edificio e instaló allí el diario Arriba, su órgano oficial y posteriormente, también el deportivo Marca hasta 1963, en que el edificio fue abandonado. En 1987 lo adquirió la Fundación del Diario Madrid, una institución que pastorea Miguel Ángel Aguilar, un periodista muy singular que no deja por un momento en reposo su imaginación.

Bajo su iniciativa, el pasado 9 de junio se celebró en esos salones históricos de Larra, 14, un acto de homenaje a un grupo de periodistas que durante la dictadura franquista, cada uno a su manera y con distinta influencia e intensidad en la prensa, la radio y la imagen, puso de su parte el esfuerzo necesario para recuperar la libertad y la democracia perdidas después de la guerra. Un comité de expertos seleccionó 20 nombres. Lógicamente, había muchos más, que quedaron fuera de la lista, pero la muestra fue sacada entre los supervivientes y con eso bastaba. La lista la componían José Antonio Martínez Soler, Gorka Landaburu, Iñaki Gabilondo, Nativel Preciado, Soledad Gallego Díaz, Andrés Rábago, El Roto; Román Orozco, Víctor Márquez Reviriego, Manuel Pérez Barriopedro, Juan Luis Cebrián, Joan Tapia, Luis del Olmo, Raúl Cancio, César Lucas, Rosa Montero, Pilar Cernuda, Juan de Dios Mellado, Maruja Torres, Rosa María Mateo y el que esto firma.

Tuve que improvisar unas palabras en nombre de los homenajeados. Como en un ejercicio de autocomplacencia recordé que durante el Imperio Romano, cuando el ejército llegaba a Roma por la vía Apia después de una gran batalla victoriosa, solo desfilaban los soldados que habían agachado la cabeza mientras pasaban las flechas. Los valientes que lucharon en primera fila y dieron el pecho con bravura cayeron en combate y se quedaron sin poder recibir el premio a su valor ante el pueblo pasando bajo todos los arcos del triunfo. Añadí que todos los que estábamos allí puede que no fuéramos héroes, pero no habíamos agachado la cabeza durante la dictadura y unos frontalmente y otros mediante el humor habíamos puesto algo por nuestra parte para recuperar la libertad, salvar el honor del periodismo y contribuir a sacar la carreta del charco durante la Transición en el camino hacia la nueva frontera de Europa. Algunos que estaban de pie en aquella tarima habían sido torturados por la policía política del dictador, otros habían sido víctimas de los atentados de ETA.

No obstante, mientras hablaba sobre los pequeños sueños de cada día que se alcanzan simplemente cumpliendo con el deber, imaginaba que en aquel edificio de Larra, 14, permanecían las sombras de los periodistas míticos que pasaron por allí hasta altas horas de la madrugada escribiendo sus crónicas. Me acordaba de Chaves Nogales, que siempre estaba donde debía estar para contar las cosas que sucedían en la calle. Fue famoso en su tiempo, pero después de la guerra cayó en el olvido, tal vez porque ninguno de los dos bandos le consideraba uno de los nuestros, sino el dueño de una voz libre, propia, comprometida con la democracia y consigo mismo. Me acordaba del fotógrafo Alfonso, del dibujante satírico Luis Bagaría, dueño de un lápiz mordaz y revolucionario, de quien Ortega decía: “El perfil con que Bagaría nos pinte será el que de nosotros perdure”. Y sobre todo me acordaba de cuatro periodistas contemporáneos que no estaban en la tarima porque se los había llevado la muerte hacia su reino. Eduardo Haro Tecglen, cuyo pesimismo congénito era un estado de lucidez; Luis Carandell, un espíritu burlón capaz de convertir la historia en una divertida anécdota; Francisco Umbral, que utilizó el éxito en una forma de venganza; Manuel Vázquez Montalbán, que se movió entre el marxismo pop y la gente derrotada. Y tantos otros que practicaron el periodismo como si fuera un arte y dieron lo mejor de su talento por la libertad.

III

Pícaros, bohemios, sablistas y hampones, en El País, Manuel Vicent 7 JUN 2014:

El ingenio y la miseria recorren la vida de Pedro Luis de Gálvez, cuyo éxito literario le llegó en la cárcel

En aquel Madrid de entreguerras, de sardinas de bota y máscaras de Solana, había poetas cuya inspiración, entre soneto y soneto, antes que nada estaba puesta al servicio de comer algo caliente una vez al día. Si no hay estafador que no sea simpático, tampoco existió entonces ningún bohemio que no fuera un pícaro más o menos ingenioso a la hora de matar el hambre.

A inicios del siglo pasado, en las tertulias de los cafés de la calle de Alcalá y alrededores de la Puerta del Sol pululaba una cuerda de poetas, escritores y periodistas hambrientos, hampones, sablistas y patibularios. En aquella baraja hubo cuatros ases indiscutibles que han pasado a la historia con todo merecimiento. Alejandro Sawa, (1862-1909), ciego, loco y muerto a los 47 años, debe su máxima gloria a haber inspirado a Valle-Inclán el personaje de Max Estrella en Luces de bohemia; Emilio Carrere, (1881-1947), hijo de madre soltera y de un famoso abogado, pasó por todas las ideologías, incluso la del manicomio, desde el socialismo hasta el franquismo, con indudable talento literario, aunque su obra maestra consistió en dilapidar la considerable fortuna que heredó de sus antepasados y no ceder hasta alcanzar la máxima penuria; Eugenio Noel (1885-1936) fue un predicador contra las corridas de toros e hizo de esa misión un medio sagrado y ratonero de vida, y no se sabe si sentía más placer en ser zaherido e insultado por los aficionados que en sentirse glorificado por los antitaurinos como redentor en sus correrías por los pueblos de España.

Hubo otros ases y reyes con meritos indudables en esta baraja, pero ningún naipe puede compararse en grado de ingenio y miseria a Pedro Luis de Gálvez. Había nacido en Málaga en 1882, hijo de un general carlista; se fugó de un seminario, ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, quiso ser actor y en cierta ocasión su padre lo bajó del escenario del Teatro de la Comedia a garrotazos en plena función. Su carrera pública se inició al ser condenado a 14 años de cárcel por proclamar en un mitin contra la Monarquía que a Alfonso XIII le supuraban los oídos. Fue en Cádiz en 1904. De aquel quilombo huyó vestido de cura, pero fue capturado por la Guardia Civil en un pueblo cerca de Córdoba y llevado a la cárcel de Ocaña, donde desarrolló la actividad de amaestrar ratas mientras al mismo tiempo escribía versos que gustaban mucho a uno de los carceleros. La fama fue a visitarle a la propia celda. Aquel carcelero ilustrado insistía en que se presentara a un concurso de cuentos promovido por el periódico El Liberal y se ofreció a mandar el escrito de forma clandestina al jurado. El preso renuente, por fin, escribió un relato titulado El ciego de la flauta, que ganó el primer premio. Fue un bombazo. El éxito literario ablandó el rigor de la justicia y Pedro Luis de Gálvez, indultado, se presentó triunfalmente ante los corros de poetas y literatos de la calle de Alcalá exigiendo su parte en la tarta de la gloria.

El héroe comenzó a llenar de versos y artículos los periódicos de la época. Su protector, el gran periodista Miguel Moya, director de El Liberal, le envió de corresponsal a Melilla, más que nada por quitárselo de encima. Pese a que había comprado unas mulas para el ejército y después las había revendido en propio beneficio, Gálvez regresó a Madrid con una medalla militar. Sus sonetos dedicados a cualquier prohombre siempre precedían a un certero sablazo, sus artículos líricos y relatos nunca estaban a la altura de su ingenio de superviviente, que solía acompañar con una puesta en escena imaginativa de carácter necrófilo.

Ha pasado a los anales de la picaresca la secuencia macabra, auténtica o falsa, que realizó en el café Fornos, donde se presentó con un hijo recién nacido muerto dentro de una caja de cartón oculta bajo el gabán que mostraba en las mesas pidiendo caridad para su entierro. O el rito funerario que oficiaba a medias con su compinche Gonzalo Seijas. Juntos explotaban el negocio de la extremaunción. En cualquier buhardilla costrosa, uno de los dos se hacía pasar por agonizante; llamaban a un cura para recibir los santos óleos y éste avisaba luego a la asociación de damas protectoras de los moribundos, las cuales siempre dejaban unos billetes debajo de la almohada para el entierro y los funerales. La pareja de agonizantes se iba luego a celebrarlo a cualquier colmado.

Sin que nadie supiera la razón, Gálvez desaparecía de escena una larga temporada y de repente volvía, casado con hijos, o soltero, precedido de las hazañas que de él se contaban en sus correrías por Barcelona. De hecho, en algo había cambiado: ahora los sablazos ya no eran de uno, sino de nueve duros, uno por cada hijo, según decía. En otra de sus fugas llegó un rumor a las tertulias de que se había casado con una marquesa que lo mantenía. Mientras tanto, sus escritos se leían en los periódicos, y en los banquetes de homenaje declamaba versos, unos muy inspirados, otros de cuyos ripios bien pudo volverse a construir un acueducto como el de Segovia.

De pronto, un día en aquel Madrid brillante como el vientre de una sardina hizo acto de presencia la Guerra Civil, como un incendio esperado, y aquel poeta y periodista bohemio cambió las lañas, el chambergo y el cuello de pajarita por el mono azul de miliciano, con un cincho del que colgaba un pistolón de mando en plaza. Se habían terminado los sonetos. Cuenta Ramón Gómez de la Serna que un día lo vio pasar por delante de Lyon d’Or así equipado y le saludó con la mano en la culata. Esa imagen fue el principal motivo que le movió a exiliarse a Buenos Aires.

El misterio de Pedro Luis de Gálvez en medio del incendio revolucionario de 1936 no ha terminado de aclararse. Según sus enemigos, el poeta bohemio se dedicó a vengarse de cuantos le habían humillado durante sus tiempos de penuria. De hecho, se convirtió en dueño y señor de vidas ajenas y ejercía el castigo o el perdón magnánimo a merced de su capricho. Uno del que presumía haber salvado de la muerte era Ricardo Zamora, el portero mítico de fútbol, a quien sacó de la prisión y desde un balcón lo presentó a la plebe: “Éste es mi amigo. Me dio de comer. Que nadie lo toque. Lo prohíbo yo”. Las escenas patibularias de Gálvez durante la Guerra Civil entran en lo más patético de la historia negra. Era como el Rubio de La malquerida, un infeliz que solo quería mando y que al parecer ejercía el papel de verdugo y de salvador a partes iguales. Libró de la cuneta a Ricardo León, a Emilio Carrere, a Pedro Mata; en cambio unos afirman y otros niegan que tuvo personalmente que ver en la muerte de Muñoz Seca. “A éste dejádmelo a mí”, gritaba. “Honradísimo, Gálvez, honradísimo”, contestaba el humorista. Pero, según Gómez de la Serna, este lance es inverosímil porque Gálvez nunca ordenó la muerte de alguien, como en este caso, a quien había dedicado un soneto. Finalmente probó su propia medicina, esta vez por el bando contrario. Cuando al final de la guerra fue capturado por las tropas nacionales, Pedro Luis de Gálvez tenía enmarcado en su habitación un gran retrato de Franco creyendo que este talismán lo salvaría. Murió fusilado en la cárcel de Porlier el 30 de abril de 1940.

Un neurocientífico sufre una experiencia cercana a la muerte y se le caen los palos del sombrajo

 El neurocientífico que vivió una experiencia cercana a la muerte y ahora investiga el más allá: “No hay pruebas de que no exista”, El País, por Daniel Mediavilla, 26 OCT 2025:

Después de haber publicado más de 100 artículos en revistas científicas, Álex Gómez Marín ha vaciado su laboratorio en el que investigaba con animales y ahora colabora con hospitales para estudiar la conciencia humana

Álex Gómez Marín (Barcelona, 44 años) cree en la utilidad de la terapia de constelaciones familiares para superar traumas, en que es posible hablar con parientes muertos a través de un médium o en que hay indicios de que la reencarnación es una realidad. También es doctor en física y ha tenido una carrera científica exitosa, con más de 100 artículos publicados en revistas que van desde la física teórica a la neurobiología, pasando por la cognición y la consciencia humana. Eso le llevó a ser científico titular del CSIC y a dirigir su propio laboratorio, el de Comportamiento de Organismos en el Instituto de Neurociencias de Alicante. Ahora, su laboratorio está vacío y él es el único miembro del equipo; no recibe apenas financiación, y ninguna por las vías habituales.

Gómez Marín nunca tuvo suficiente con las respuestas que le daban los gusanos, las moscas o los ratones con los que trabajaba, ni con las preguntas estrechas y acotadas que suele reclamar la ciencia para obtener resultados fiables. Nunca fue materialista, al menos no del todo, pero una experiencia le hizo abandonar definitivamente ese enfoque científico. En 2021, un sangrado incontrolable en el estómago le llevó hasta el umbral de la muerte. Según el propio científico, más allá, incluso. Desde entonces, quiso transitar por un nuevo camino de conocimiento que atacase las preguntas fundamentales sobre la vida, la muerte y la consciencia que suelen quedar fuera del alcance de la ciencia convencional.

“Estaba en un pozo (un pozo muy parecido a uno que conozco bien). Miré hacia arriba. Vi a tres figuras que me esperaban amorosamente en la luz, esta era amarilla (parecida a la de los animales mitológicos del encuentro interior). El contorno del rostro y cabello de cada una de esas figuras se delineaba a la perfección a contraluz. Sus cabezas configuraban un triángulo perfecto en el círculo de la apertura. Sabía quién era cada uno de ellos; no eran familiares difuntos, sino guías espirituales. No sentí miedo. Me ofrecían una especie de cañas para salir del pozo”. Así cuenta Gómez-Marín su experiencia cercana a la muerte que le cambió la vida en La ciencia del último umbral, un libro que acaba de publicar en el que cuestiona la estrechez de la ciencia que no acepta estos fenómenos como materia de estudio.

En una entrevista en la Casa de Fieras del parque de El Retiro, en Madrid, cuenta que ha cerrado sus investigaciones con animales y ahora trabaja con humanos. “Muchos de estos experimentos no se pueden hacer en laboratorio y colaboramos con hospitales, para poder hacer, por ejemplo, los estudios de testimonios de experiencias cercanas a la muerte”, explica. Ahora, cuenta, hace una investigación todo lo barata que puede, “porque en este país todavía es complicado tener financiación para estudiar la conciencia y, aún más, temas que están en los márgenes”. Y se consuela pensando que “muchas veces, el grueso de la financiación sirve para mantener a tus ratones o tener microscopios, y eso no lo necesitamos”.

Cuando se le plantea soñar, dice que “si tuviera mucho dinero crearía un Instituto para el Estudio de la Conciencia”, porque ahora los científicos interesados en estos temas están “escondidos en distintos institutos. La neurociencia en España tiene un legado de Cajal —muy centrada en anatomía, molecular, en lo minúsculo— y yo estoy en el otro extremo: la conciencia. Un instituto permitiría aglutinar no solo estudios sobre ECM (experiencias cercanas a la muerte) sino muchas otras experiencias marginales y variadas. Hay una historia de estudios parapsicológicos en España —gente que lo hizo bien en sus ratos libres—; si se profesionalizara, podríamos separar la paja del trigo”, plantea.

En su libro, Gómez Marín habla de las personas que creen en la vida más allá de la muerte o en los fenómenos paranormales como una minoría a la que él quiere ayudar a salir del armario. Sin embargo, la realidad es que una gran parte de la población cree en que la muerte no es el final. Él lo reconoce: “Sí, en realidad somos mayoría, pero una mayoría silenciosa que en el colegio o en los medios se encuentra con esta visión de la ciencia ortodoxa materialista. La gente, cuando va a buscar en la ciencia respuestas sobre estos temas, porque ya no los busca en la religión, se ha encontrado con una respuesta un poco despectiva: ¿cómo crees en esto? Y esa gente se ha sentido pequeñita”.

La premisa con la que trabaja Gómez Marín es que, a diferencia de lo que proponen las teorías neurocientíficas más aceptadas sobre la consciencia, como una propiedad emergente que surge del cerebro, donde los procesos neuronales generan nuestros pensamientos o nuestras emociones, este órgano es en realidad una especie de filtro de una conciencia que existe en el universo independientemente del cerebro. Esta hipótesis explicaría, según Gómez Marín, fenómenos como las experiencias cercanas a la muerte, que suceden cuando no hay actividad cerebral, o algunos experimentos con sustancias psicodélicas, en los que la conciencia se expande cuando la actividad cerebral se reduce.

El investigador barcelonés fue transformado por su viaje al umbral de la muerte, pero asegura que trabaja desde la duda. “Me doy cuenta de que, personalmente, tengo experiencia y un sentimiento que pesa, pero como científico debo mantener la duda metodológica. En mi libro hay partes donde digo “tiene buena pinta” o “hay evidencias que apuntan en esa dirección”, pero no afirmo certezas metafísicas. Algunas hipótesis son muy complicadas y no se desmontan con un solo experimento. No digo que la ciencia demuestre que cuando te mueras irás al cielo. Lo que digo es que durante mucho tiempo, en nombre de la ciencia, se ha dicho que creer en estas experiencias era una locura. Ha habido una especie de dictadura conceptual materialista que ha cerrado el espacio de investigación. Ahora me conformo con que sobre la mesa estén dos opciones: la del cerebro como productor de la conciencia y la del cerebro como permisivo”.

El interés por el más allá es eterno, pero quizá es más novedosa la necesidad de demostrar científicamente que es una realidad. Los éxitos de la ciencia materialista, desde la formulación de la ley de la gravedad a la creación de fármacos contra el cáncer, han convertido a la ciencia en una fuente de autoridad casi irrefutable. La gente ha tenido fe en todo tipo de misterios inverosímiles sin necesidad de comprobarlos, pero ahora también se busca que la ciencia avale lo que desde la experiencia subjetiva se siente como verdadero.

Manuel Sans Segarra, un cirujano catalán jubilado que se ha hecho famoso defendiendo la existencia de una supraconciencia que sobrevive a nuestra muerte, prologa el libro de Gómez Marín. Con su habitual batiburrillo de argumentos en los que recuerda experiencias cercanas a la muerte de sus pacientes, critica que la ciencia se considere el único medio para alcanzar el conocimiento y se apoya en teorías científicas cuánticas a años luz de tener comprobación empírica, Sans Segarra muestra una confianza en el resultado final de este viaje mucho mayor que el de Gómez Marín. Pese a que no existen pruebas de que la supraconciencia sea algo real, quien prologa su libro asegura que ya hay demostración científica.

Algo que está demostrado es que muchas de las personas que experimentan experiencias cercanas a la muerte vuelven transformadas. Menos miedo a la muerte, más conexión con otras personas o con la naturaleza, más esperanza. Además, como el propio Gómez-Marín comenta, la experiencia se vive como algo “hiperreal”, muy distinto de un sueño. Este beneficio es una de las motivaciones de quienes quieren demostrar con nueva ciencia que el fenómeno no es una alucinación y un factor que hace dudar sobre la capacidad de estos científicos para asumir, si es que un experimento así fuese posible, que cuando el cerebro se desintegra no pervive ningún tipo de consciencia. “La ciencia, durante mucho tiempo, ha dado desesperanza. En nombre de la ciencia se decía: ‘Cuando se muera tu abuelito, ya está, no le vas a volver a ver; esto es un hecho científico’. No, queridos, en nombre de la ciencia no se puede decir eso”, dice el investigador, que se lamenta: “Venimos de un desierto de desesperanza”.

En la conversación con Gómez Marín surge un conflicto habitual entre quienes se ciñen a la ciencia materialista y los que creen que hay algo más allá, ya sea el Dios de los cristianos o una supraconciencia ajena a la religión organizada. El científico señala, con razón, los escasos éxitos de la ciencia convencional, la que se ocupa solo de lo medible y trata a los humanos como máquinas complejas, para explicar la consciencia, e, incluso, el rechazo que, desde los tiempos de Galileo, esa ciencia tan exitosa ha tenido hacia la experiencia subjetiva de estar vivo. Sin embargo, ni los agujeros que dejan las teorías cosmológicas supone que tuvo que existir Dios para crearlo todo, ni las carencias de la neurociencia son una prueba de que las experiencias cercanas a la muerte sean una visita real al umbral entre la vida y la muerte.

Espiritismo y visitas a ‘Cuarto Milenio’

La necesidad de esperanza de Gómez Marín, y su aceptación de todo tipo de fenómenos paranormales, abre la puerta a prácticas como el espiritismo. Pese a que la capacidad de los médiums para comunicarse con los muertos ha sido descartada por todo tipo de experimentos, Gómez Marín cree que no hay que cerrarse a la posibilidad de que haya algún médium verdadero. “¿Y si sí?”, pregunta. “Y si hay gente que contacta con espíritus de verdad y una persona que necesita contactar con su familiar difunto, de hecho, contacta, ¿quiénes somos nosotros para decirle que no lo haga? También hay timadores entre los abogados o los periodistas”, remacha.

Gómez Marín alterna visitas a Cuarto Milenio, un programa que mezcla mensajes científicos probados con montajes burdos o teorías conspirativas descabelladas, con publicaciones sobre teoría de la consciencia en una revista de prestigio como Nature Neuroscience. Esta aparente inconsistencia no es distinta de la de grandes figuras que protagonizaron la revolución científica, como Newton o Kepler. El filósofo John Grey afirma que “la ciencia moderna empieza cuando primero vienen la observación y la experimentación, y los resultados se aceptan aunque aquello que muestran parezca imposible”. En su ensayo La comisión para la inmortalización, Grey escribe: “Por paradójico que resulte, el empirismo científico —confiar en la experiencia real y no en principios supuestamente racionales— con mucha frecuencia ha ido acompañado del interés por la magia”. Sin embargo, a falta de que se diseñen nuevos métodos para poner a prueba la naturaleza de la realidad, por ahora, la hipótesis de que el cerebro no produce la realidad, sino que la filtra, parece tan difícil de testar como la teoría de cuerdas.

Carl Sagan hizo célebre una frase que dice que afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. La idea proviene del razonamiento del filósofo David Hume sobre los milagros, incluido en su Investigación sobre el entendimiento humano de 1748. En él, Hume argumentaba que “ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea de tal naturaleza que su falsedad fuese aún más milagrosa que el hecho que intenta establecer”. La afirmación del escéptico escocés deja mucho espacio a la subjetividad. Para la audiencia de Sagan, es probable que fuese evidente que las pruebas de los milagros o de la supervivencia de la consciencia no tuviesen nada de extraordinarias. Para un creyente, sin embargo, un pequeño resquicio es suficiente para agarrarse a la existencia de lo sobrenatural.

Apólogo. Con el Diablo no se dialoga.

Pescado en la red de San Pedro:

 CON EL DIABLO NO SE DIALOGA

En una ocasión, el demonio se apareció a tres monjes y les dijo: si os diera potestad para cambiar algo del pasado, ¿que cambiaríais?

El primero de ellos tenía un gran fervor apostólico, y le respondió:

—”Impediría que hicieses caer a Adán y Eva en el pecado para que la humanidad no pudiera apartarse de Dios”.

El segundo de ellos era un hombre lleno de misericordia, y le dijo:

—”Impediría que tú mismo te apartases de Dios y te condenaras eternamente”.

El tercero de ellos era el más simple y, en vez de responder al tentador, se puso de rodillas, hizo la señal de la cruz y oró diciendo:

—”Señor, libérame del demonio de lo que pudo ser y no fue”.

El diablo, dando un grito estentóreo y estremeciéndose de dolor, se esfumó.

Los otros dos, sorprendidos, le dijeron:

—”Hermano, ¿por qué has reaccionado así?”.

Él les respondió:

—”En primer lugar, porque NUNCA hemos de entrar en DIÁLOGO con el enemigo. En segundo lugar, porque no hay poder en este mundo capaz de CAMBIAR el pasado. En tercer lugar, porque el interés de Satanás no era que probásemos nuestra VIRTUD, sino que, atrapados en el PASADO, descuidáramos el presente, porque es el único tiempo en el que Dios nos da su gracia y podemos cooperar con ella para CUMPLIR su voluntad.

De todos los demonios, el que más atrapa a los hombres y les impide ser felices es el de lo que PUDO SER Y NO FUE.

El pasado queda a la Misericordia de Dios y el futuro a su Providencia. Solo el presente está en nuestras manos.

¡Solo Dios basta!

jueves, 23 de octubre de 2025

Los meses perdidos de Luigi Mangione

 Los meses perdidos de Luigi Mangione, en The New York Times, 22 de octubre de 2025

Desde unas cervezas en un bar de Bangkok hasta una escalada al monte Omine en Japón, el Times siguió los meses cruciales antes de que Mangione fuera acusado de asesinar al director ejecutivo de UnitedHealthcare.

En lo más profundo de las exuberantes montañas de Japón, entre los miles de picos que forman una extensa península en la isla principal del país, se alza una montaña sagrada que durante más de mil años ha sido santuario de peregrinos espirituales.

Desde el siglo VII, los árboles altísimos y los arroyos burbujeantes del monte Omine han recibido a hombres japoneses en peregrinación espiritual. Los devotos practicantes de shugendo, una fusión de budismo y culto a la montaña, visitan la zona para escalar una cresta traicionera, un esfuerzo que creen que puede ayudarles a alcanzar poderes sobrenaturales.

Según la tradición, en el Japón premoderno los asesinos ninja se disfrazaban de practicantes de shugendo para eludir las restricciones del shogun, y aún existe la creencia de que acercarse a la montaña en busca de dirección espiritual sin el entrenamiento adecuado puede hacer que una persona sea susceptible de ser manipulada por fuerzas oscuras. El videojuego Assassin’s Creed Shadows sigue a un samurái en su viaje al monte Omine. Sin embargo, pocos viajeros extranjeros realizan el viaje a sus neblinosas cumbres.

El 6 de mayo de 2024, día en que cumplía 26 años, un estadounidense se registró en una pequeña pensión del pueblo de Tenkawa, el punto de entrada a esta legendaria montaña. Se presentó como Luigi Mangione, un mochilero de Estados Unidos.

Con su pelo castaño rizado, Mangione destacaba como el único huésped que no era japonés. Llegó dispuesto a sumergirse en los manantiales, escribir y “entrar en modo zen”, como le dijo en ese entonces a un amigo.

Siete meses después, el 4 de diciembre de 2024, un hombre que según los fiscales era Mangione viajó al centro de Manhattan, sacó una pistola de nueve milímetros impresa en 3D y disparó contra el director ejecutivo de UnitedHealthcare, una de las mayores compañías de seguros médicos de Estados Unidos. El director ejecutivo, Brian Thompson, murió en la acera, y su asesino escapó en bicicleta en la tranquila mañana de Midtown.

Mangione fue detenido cinco días después mientras comía papas hash brown y navegaba con su computadora portátil en un McDonald’s de Pensilvania. La policía dijo que había encontrado lo que denominó un manifiesto en el que denunciaba el sistema estadounidense de asistencia de salud con fines de lucro y a los “parásitos” del sector de los seguros. También se encontró en posesión de Mangione, según la fiscalía, un diario en el que se detallaban los planes para el asesinato.

Mangione, de 27 años, que se ha declarado inocente, se enfrenta a cargos estatales y federales de asesinato y es posiblemente el acusado más analizado de la reciente oleada de violencia por motivos políticos en Estados Unidos.

Aunque ahora los datos esenciales de la historia de su vida (sobresaliente en su elitista instituto privado de Maryland, estudiante de informática en la Universidad de Pensilvania, ingeniero de datos en Hawái) son bien conocidos, su paradero y sus acciones en los meses previos al asesinato de Thompson han sido en gran medida un misterio. Algunos familiares y amigos han dicho que no pudieron ponerse en contacto con él desde poco después de que regresara de su viaje de mochilero a Asia, un viaje que ahora parece haber sido crucial para él.

The New York Times consiguió nuevos detalles sobre ese periodo, incluido el viaje a las montañas de Japón, donde Mangione se unió a generaciones de personas que han buscado una oportunidad para la soledad y la reflexión en esas zonas remotas.

Entrevistas con compañeros de viaje y residentes locales, junto con una revisión de los escritos y comunicaciones de Mangione, sugieren un cambio de la búsqueda de conexión humana y comunidad al aislamiento, y a la creciente preocupación por cómo pronunciarse sobre la injusticia.

“Por fin me siento seguro de lo que voy a hacer”, escribió Mangione en su diario poco después de regresar a Estados Unidos. “No siento ninguna duda sobre si es correcto/justificado”.

‘Modo zen’

Mangione había crecido en un suburbio de Baltimore, en el seno de una conocida familia local entre cuyos negocios figuraban clubes de campo y una cadena de residencias de adultos mayores. En 2016 se graduó en la prestigiosa Gilman School, solo para varones, y se matriculó en la Universidad de Pensilvania, donde obtuvo una licenciatura y una maestría relacionadas con la ingeniería informática. Destacó académicamente; sus amigos lo describieron como inteligente, reflexivo y considerado. Pero también tenía lo que él describía como una niebla cerebral que afectaba a sus notas y a su concentración mental, según sus publicaciones en las redes sociales en la universidad.

También sufría dolores de espalda persistentes por una afección de la columna vertebral que empeoró tras un incidente de surf, según sus publicaciones en las redes.

Pero en julio de 2023 se sometió a una operación que fue un éxito inesperado. Al séptimo día, escribió más tarde ese mismo verano, tomaba “literalmente cero analgésicos”.

La operación allanó el camino para su extensa gira por Asia a principios de 2024, durante la cual solo llevaba una mochila. “Sin equipaje, hay una sensación muy real de viajar como aventurero, más que como turista”, escribió en Reddit en abril.

Al principio, como muchos jóvenes mochileros, bebía y entablaba amistad con desconocidos por el camino. En Tokio, en febrero, conoció a un jugador profesional de póquer japonés en una cena y se unió a su grupo para comer. Al mes siguiente, fue a Tailandia y conoció a dos expatriados estadounidenses en el Stumble Inn de Bangkok, un bar situado en una calle bañada por las luces de neón que es muy conocida por su intensa vida nocturna.

Uno de ellos, Christian Sacchini, que había crecido en Texas y se había trasladado a Tailandia para jugar al fútbol profesional, dijo que se había instalado en el bar con otro amigo cuando vio a un hombre de su edad dos asientos más allá. Al oírlos hablar en inglés, el hombre se presentó como Luigi y les habló de sus raíces en Maryland y de su situación actual en Hawái. Al final, les enseñó fotos suyas cerca de un volcán y habló de Pokémon y videojuegos, dijo Sacchini.

Los tres charlaron durante dos o tres horas con varias rondas de cervezas. Cuando Sacchini dijo que creía que sus días como jugador de fútbol estaban contados y que estaba interesado en dedicarse a la informática, Mangione le instó a especializarse en inteligencia artificial, de la que dijo que “iba a cambiar el mundo”.

Sacchini recordó que también hablaron del elevado costo de la asistencia sanitaria en Estados Unidos y de lo “jodido” que estaba el sistema en su país. Mangione se sorprendió de lo poco que costaba una resonancia magnética en Tailandia, dijo. “No lo podía creer”, dijo Sacchini. Tras terminarse las cervezas, los tres estadounidenses se dieron una vuelta por la zona turística y visitaron algunos estudios de tatuajes para preguntar los precios, dijo Sacchini.

En una serie de mensajes de WhatsApp enviados a un amigo, Mangione relató algunas noches alocadas que había pasado en la ciudad de Bangkok.

Durante el tiempo que pasaron juntos, el amigo de Sacchini, quien pidió no ser identificado porque no quería que se le relacionara públicamente con Mangione, llevaba una cámara GoPro sujeta al pecho para documentar sus viajes. Una imagen fija de la grabación, revisada por el Times, muestra a Mangione de pie en un dispensario de marihuana muy iluminado, con un collar delgado y una camiseta Billabong.

En una serie de mensajes de WhatsApp enviados más tarde al amigo que tenía la cámara, Mangione relataba algunas de las alocadas noches que pasó en la ciudad. En una ocasión perdió el teléfono en un taxi. Otra noche, escribió, había sido golpeado por siete “ladyboys”, un término local comúnmente utilizado para referirse a las mujeres transgénero y que puede considerarse despectivo. Adjuntó una foto de su brazo arañado.

Aunque Mangione y su nuevo amigo tenían previsto viajar a Vietnam, él decidió regresar a Japón. En un momento dado, envió una foto desde Osaka e hizo una broma sobre el intento de pagarle a un supuesto jefe de la Yakuza por una prostituta con tarjetas de “pokemon pornstar” en lugar de yenes japoneses.

Pero a finales de mes, parece que Mangione ansiaba un ritmo más lento y pausado. El 21 de abril, Mangione envió una nota de voz a su amigo diciendo que estaba en las montañas de Nara, donde se encuentra el monte Omine. Vietnam sonaba divertido, dijo, pero no era lo que necesitaba después del “caos” de Tailandia. “Creo que quiero quedarme aquí quizá un mes y meditar, tomar baños termales y escribir un poco”, dijo.

Mangione había pagado recientemente una suscripción a The Prism, un boletín de Substack del escritor británico Gurwinder Bhogal, que incluía la oportunidad de mantener una videollamada privada.

Durante las dos horas que duró la llamada, dijo Bhogal, Mangione pidió al anfitrión que empezara a hacer videollamadas grupales porque estaba deseoso de encontrar una comunidad de personas con ideas afines que valoraran lo que Bhogal describió como “racionalidad, voluntad y superación personal”. En otras palabras, dijo Bhogal, serían personas que daban prioridad a la lógica y al autocontrol, y que querían combinar sus recursos para lograr el mayor impacto positivo. La gente que rodeaba a Mangione no estaba en su misma sintonía, recordó Bhogal que dijo el joven. Sin embargo, Mangione nunca habló de recurrir a la violencia, afirmó el escritor.

Un santuario en Tenkawa

Al día siguiente, Mangione se registró en la casa de huéspedes de Tenkawa. En una tarjeta de registro escribió que era ingeniero e indicó su dirección de Honolulu. En la nota de voz enviada a su amigo desde Bangkok dos semanas antes, había descrito la zona como “preciosa, hermano”.

“Hay como unos pueblitos diminutos aquí, como al lado de los acantilados; enviaré una foto, súper exuberantes, hay un río precioso que atraviesa el desfiladero”, dijo. “Solo voy a entrar en modo Zen y hacer algo, hacer algo de Buda”.

Del monte Omine a Mumbai

En el siglo VII, el fundador del shugendo, En No Gyoja, recorría a menudo las montañas de la región japonesa de Nara. Pero su ascensión a la cima del monte Omine fue diferente: dijo que se encontró con un dios.

“Debido al encuentro, lo designó montaña sagrada entre otras montañas que escaló”, dijo Etsuou Okada, monje principal del templo Ryusen-Ji, que se fundó por aquellos tiempos al pie de la ruta religiosa. Desde entonces, el templo ha sido el lugar donde los peregrinos se han detenido para rezar y recibir bendiciones antes o después de emprender la formidable escalada de múltiples picos que llegó a considerarse una prueba de valor.

La mayoría de los practicantes de shugendo acuden para alejarse de las complicaciones de la vida moderna y apreciar la santidad de la montaña, dijo Okada, una búsqueda que es intrínsecamente no violenta.

Sin embargo, muchos forasteros lo ven principalmente como una forma de poner a prueba sus límites físicos y de trabajar su agitación interior. Se trata de un malentendido fundamental, dijo Okada.

En un mensaje de texto que envió desde el monte Omine, Mangione mencionó las pruebas de valor, aunque no está claro si realizó todas las escaladas, y también habló de la prohibición que pesa desde hace tiempo sobre las mujeres escaladoras, que la montaña ha mantenido, incluso cuando ha obtenido la designación de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

David Caprara, un periodista estadounidense que vive en la zona y también practica formalmente el shugendo, dijo que Mangione se habría encontrado con retos formidables, dependiendo de los picos que intentara escalar. Caprara dijo que adentrarse en las montañas sin la orientación adecuada puede ser peligroso y va en contra de las costumbres locales.

“Ha habido cinco veces en mi vida en las que sabía que iba a morir”, dijo Caprara. “Y diría que la mitad de ellas fueron probablemente en estas montañas”.

La casa de huéspedes donde Mangione se alojó es una pequeña construcción que era la oficina de correos del pueblo antes de ser convertida en un austero albergue de cuatro habitaciones. Cuando Mangione hizo la reserva por internet, solo quedaba una habitación con una litera, conocida como la habitación Cazador, que tiene vista a las montañas cubiertas de cedros y a un río estruendoso, dijo Juntaro Mihara, el propietario de la posada. Pasó seis días en la pensión. A diferencia de otros huéspedes, dijo Mihara, Mangione dejó su habitación completamente impecable y sacó su propia basura.

“Si me preguntan quién sería el huésped más impresionante y ordenado de mi historial empresarial, responderé que es él”, dijo Mihara. En Japón, Mangione escribió en una tarjeta de registro de una casa de huéspedes que era ingeniero, y anotó su dirección de Honolulu.

Mientras otros huéspedes del diminuto bar de madera de la posada se entretenían con sus teléfonos y computadoras portátiles, Mangione pasaba el tiempo bebiendo tranquilamente una cerveza y escribiendo en su diario o leyendo un libro, recordó Mihara. “No utilizaba ningún dispositivo digital”, dijo Mihara. “Era callado, y solo mantenía las conversaciones mínimas necesarias con otros invitados o no hablaba con nadie”. Sus amigos consideraban que Mangione tenía una mente filosófica y una curiosidad intelectual por una gran variedad de temas. Según las entrevistas y sus propios escritos, leía mucho y manifestaba interés por una serie de problemas estructurales: la codicia empresarial, los efectos negativos de las redes sociales, el impacto del descenso de la natalidad en la sociedad.

Parecía sentir una gran preocupación por el sistema de salud estadounidense, aunque no está nada claro si se debía a los dolores de espalda con los que había luchado o a sus propias interacciones con el sistema médico. Nunca estuvo asegurado por UnitedHealthcare, según la empresa, y no han aparecido pruebas de ninguna disputa personal sobre una cobertura del seguro.

Después de su estancia en el monte Omine, Mangione voló a Bombay, una ciudad localizada a 6000 kilómetros de distancia. Allí se reunió con un escritor llamado Jash Dholani, quien es más conocido por condensar conceptos de libros clásicos. Según Dholani, se conocieron a finales de mayo.

En una ocasión, Dholani publicó en X 14 ideas extraídas de los escritos de Ted Kaczynski, matemático estadounidense conocido como el Unabomber, cuya campaña de atentados de casi 20 años resultó en tres muertos y 23 heridos. Calificó a Kaczynski como “terrorista filósofo” cuyo manifiesto “ataca a la civilización moderna como ningún otro antes o después” (luego borró esa publicación).

En una declaración, Dholani dijo que se conocieron después de que Mangione intentara comprar 400 ejemplares de su libro autopublicado, que anima a los lectores a asumir riesgos. La operación de compra fue señalada por el banco y rechazada, dijo Dholani. Dholani declaró al Times que él defiende “el riesgo creativo en busca de la belleza” y que siempre tiene claro que perjudicar a alguien nunca es la solución.

Entre los muchos intereses de Mangione, hay una línea clara: su fascinación por Kaczynski. En conversaciones con otras personas, en una entrada de su diario y en una publicación en las redes sociales, Mangione escribió y habló de su interés por Kaczynski, quien creía que la tecnología moderna era perjudicial para la libertad individual, así como para el entorno natural, y había provocado un sufrimiento humano generalizado. En una ocasión señaló que Kaczynski fue “encarcelado con razón” por sus actos violentos, pero que era imposible ignorar “lo proféticas que resultaron muchas de sus predicciones sobre la sociedad moderna”.

‘El objetivo es el seguro’

En julio, Mangione había regresado de su viaje de mochilero y estaba en Estados Unidos, instalado temporalmente en San Francisco. No está claro si aceptó un trabajo allí, pero consiguió un documento de identidad falso con fecha de expedición del 18 de junio.

Había dejado de publicar en sus cuentas de X y Reddit conocidas. Sus últimas publicaciones, en mayo y principios de junio, no mucho después de estar en el monte Omine, trataban sobre el impacto negativo de las redes sociales. También dejó de responder a los mensajes de algunos familiares y amigos, y su madre presentó una denuncia de desaparición ante la policía de San Francisco en noviembre.

En sus escritos de aquellos meses, reflexionaba sobre cómo luchar contra lo que consideraba una injusticia. Escribió en su diario que dormía mal y se sentía “nublado”. Sin embargo, parecía estar concentrándose en algo.

“Por fin me siento seguro de lo que voy a hacer”, escribió en una entrada de agosto. “Por fin se están concretando los detalles. Y no siento ninguna duda sobre si es correcto/justificado. Me alegro —en cierto modo— de haberlo pospuesto, porque me ha permitido aprender más sobre la UHC”.

“El objetivo es el seguro”, escribió. “Cumple con todos los criterios”. Señaló que había decidido no seguir otro plan al que se refirió como “KMD”. “KMD habría sido una catástrofe injustificada que se percibiría sobre todo como enfermiza, pero sobre todo como inútil”, escribió. “No haría nada por concienciar/mejorar la vida de la gente”. No está claro qué quería decir Mangione con “KMD”. Sus abogados no quisieron hacer comentarios al respecto, y él mismo no dio más detalles.

En la siguiente anotación del diario presentada ante el tribunal por la acusación, el 22 de octubre, Mangione invocó a Kaczynski. Escribió que el problema de la mayoría de los actos revolucionarios era que el público en general perdía el mensaje. Como Kaczynski había matado a personas inocentes, mucha gente lo consideraba un asesino en serie y sus ideas eran desestimadas. “Cruzó la línea que separa al anarquista revolucionario del terrorista, lo peor que puede ser una persona”, escribió Mangione. “Este es el problema de la mayoría de los militantes que se rebelan contra las injusticias —a menudo reales—; cometen una atrocidad, cuyo horror supera el impacto de su mensaje, o cuya distancia de su mensaje impide que las personas conecten los puntos. En consecuencia, la idea revolucionaria se asocia con el extremismo, la incoherencia o el mal, una idea que ningún miembro razonable de la sociedad podría aprobar”.

El objetivo final del tiroteo, Thompson, vivía en un suburbio de Mineápolis con su familia. Había sido director ejecutivo de la división de seguros de UnitedHealthcare desde 2021, supervisando un periodo que le reportó inmensas ganancias, así como críticas de legisladores y reguladores, quienes dijeron que la empresa denegaba sistemáticamente la autorización para obtener cobertura de salud. Sus colegas describieron al propio Thompson como una persona abierta y accesible. En su diario, Mangione escribió sobre el acontecimiento que traía a Thompson a Nueva York, una conferencia para inversores de UnitedHealthcare el 4 de diciembre en un hotel Hilton de la calle 54 Oeste.

Un extracto de los escritos de Luigi Mangione

"¿Qué haces? Te cargas al director ejecutivo en la convención anual de contables parásitos. Es selectivo, preciso y no pone en peligro a inocentes. Esta conferencia de inversores es un verdadero regalo caído del cielo”, escribió en la entrada de octubre. “Encarna todo lo que está mal en nuestro sistema sanitario y, lo que es más importante, el mensaje se hace evidente por sí mismo”.

Los fiscales han dicho que Mangione planeó “meticulosamente” el tiroteo: siguió los movimientos de Thompson y vigiló el hotel en los días previos al asesinato. El 4 de diciembre, llegó al exterior del hotel —con el rostro cubierto— y esperó a que Thompson pasara por allí, dijeron.

Cuando Thompson se dirigía a la entrada del hotel, un hombre con capucha salió de entre los coches aparcados, apuntó con una pistola provista de silenciador y disparó. Thompson quedó sangrando en la acera, con un reguero de casquillos a su lado. En algunos de los casquillos estaban escritas las palabras delay (retrasar, en inglés) y depose (deponer), así como “den”, que los fiscales interpretaron como deny (denegar).

Cinco días después del tiroteo, el viaje de un mes de Mangione llegó a un abrupto final en el McDonald’s de Altoona, Pensilvania. Los fiscales federales anunciaron que pedían la pena de muerte. Mangione, dijeron los fiscales de la oficina del fiscal del distrito de Nueva York en documentos judiciales, “mató a un hombre a sangre fría” y “se sintió orgulloso de su malvado acto”. Para Mangione, dijeron, Thompson y UnitedHealthcare “eran simplemente símbolos de la industria de la salud y de lo que el acusado consideraba como un cártel mortal alimentado por la codicia”.

Los abogados de Mangione, que junto con su cliente no hicieron comentarios para este artículo, replicaron en documentos judiciales que las declaraciones que lo pintaban como un extremista de izquierda han sido “falsas, prejuiciosas y parte de una narrativa política mayor que no tiene cabida en ningún caso penal, especialmente en uno en el que está en juego la pena de muerte”.

Pero en Tenkawa, poca gente ha oído hablar del asesinato de Thompson, o del joven que se refugió allí unos meses antes. La vida en el pueblo de unos 1000 habitantes continúa, centrada en los rituales cotidianos de la vida y la religión. Mihara, el propietario de la posada, tuesta granos de café frescos todas las mañanas para su próspero negocio secundario. Los sacerdotes tocan tambores en los santuarios mientras expresan su gratitud a los dioses. Y los pocos visitantes extranjeros que hacen el viaje siguen llegando a cuentagotas, en busca de relajación, guía espiritual o quizá algo más.