martes, 6 de enero de 2026

Descubiertas treinta familias de quincalleros que hablan mozárabe antiguo entre ellos.

 [Artículo al parecer falso. Transcrito electrónicamente de un vídeo de YouTube y corregido de errores después. Para oírlo haz click en el enlace directo]

[Segunda corrección: purga de las faltas de ortografía de la transcripción mecánica] 

 Bienvenidos al archivo oculto de Nuestra Sangre. En España existe un idioma que la policía no puede traducir. Los lingüistas de la Universidad Complutense llevan 30 años intentando descifrar su origen. No es español, no es calo-gitano, no es germanía medieval. Tiene 3000 palabras que no aparecen en ningún diccionario conocido, y solo lo hablan 500 familias que viven en las afueras de Madrid, Sevilla y Barcelona. Mira este documento. Grabación de la Guardia Civil, 1987. Dos hombres hablando en una lengua desconocida durante un interrogatorio. 

Los traductores oficiales dijeron: "No podemos identificar el idioma." 38 años después, en 2025, un estudio de la Universidad de Granada propuso una teoría que cambió todo. Esta lengua es mozárabe, el romance que hablaban los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval. Un idioma declarado extinto en el siglo XIII, pero sobrevivió en las bocas de los mercheros. En este vídeo descubrirás algo que el 95 % de españoles ignora, que en tu país existe un pueblo oculto con una lengua que nadie entiende, y que esa lengua es más antigua que el español moderno. Quédate hasta el final, porque a los 11 minutos vas a escuchar una grabación de 1974 donde una anciama merchera canta una canción, y un filólogo de Oxford confirmó que las palabras son del siglo XI: mozárabe puro. Te mostraré documentos que nunca se publicaron, testimonios que la televisión española rechazó y la historia de un hombre que descubrió que su familia guardaba el idioma perdido de Al Ándalus sin saberlo. Su nombre es Antonio Jiménez Vargas. Tiene 63 años. Nació en Villaverde Bajo, Madrid, en 1962. 

Durante toda su vida trabajó como chatarrero, como su padre, su abuelo, su bisabuelo. Los Jiménez son mercheros, una comunidad nómada que comercia con metales, que vive en caravanas, que habla un idioma secreto llamado quincalla o lengua de los fierros. Antonio siempre creyó que su lengua era jerga de ladrones, algo inventado para ocultar conversaciones de la policía. Eso le dijeron, eso repetía. Pero en febrero de 2025, un lingüista de la Universidad de Granada llamado Dr. Manuel Alvar Rodríguez contactó con Antonio después de escuchar una grabación suya en un documental de 2010. Le dijo, "Usted no habla jerga, usted habla mozábe del siglo XII. Su familia preservó un idioma que desapareció hace 800 años." Antonio no lo creyó. Pensó que era broma, pero el doctor Álvar mostró transcripciones, comparaciones con jarchasmos árabes, contextos de Toledo del año 1100. Las palabras coincidían, la fonética coincidía. Y entonces Antonio entendió: su abuela, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, hablaba la lengua de los cristianos de Al Ándalus, la lengua que los rayos católicos intentaron borrar, la lengua que sobrevivió en las bocas de los marginados, los excluidos, los que nadie escuchaba [...] 

Antonio Jiménez Vargas nació el 12 de abril de 1962 en una chabola de chapa y madera en Villaverde Bajo, sur de Madrid. Su padre, José Jiménez el Fierro, tenía 32 años. trabajaba comprando y vendiendo chatarra, cobre, hierro, aluminio. Su madre, Dolores Vargas, 30 años, limpiaba casas. Tenían cinco hijos. Antonio era el tercero. La familia vivía en un poblado de unas 40 caravanas y chabolas, todas de familias mercheras, los Vargas, los Jiménez, los Carmona, los Reyes. Entre ellos hablaban quincalla. Con los payos, así llamaban a los no mercheros, hablaban español. Pero había algo extraño que Antonio notó desde niño, aunque no tenía palabras para explicarlo. 

Cuando su abuela Encarnación hablaba quincalla, usaba palabras que nadie más usaba, palabras que ni su padre ni sus tíos entendían del todo. Ella decía albalat para pueblo, decía sharamat para río, decía calv para corazón. Y cuando Antonio preguntaba, ¿qué significa? Ella respondía, "Es lo que hablaban los viejos, no preguntes." En la escuela, Antonio fue 3 años, de 1968 a 1971.

Los maestros le decían que su lengua era jerga de delincuentes. Un día, en 1970, el profesor de lengua, don Emilio, escuchó a Antonio hablar con su primo en el patio. Los llevó al despacho del director, les dijo, "esa lengua es de ladrones. Aquí se habla español. Si os vuelvo a oír, expulsión". Antonio tenía 8 años. No entendió por qué su lengua era mala. En casa, su padre le explicó: "Los payos no nos quieren. Piensan que somos gitanos, pero no lo somos. Piensan que robamos, pero trabajamos. Y piensan que nuestra lengua es invento de criminales. No les hagas caso. Nuestra lengua es nuestra sangre." 

Pero nadie en la familia sabía de dónde venía esa lengua. Nadie sabía que cada palabra que pronunciaban era un fósil lingüístico de 800 años. Pero lo que Antonio no sabía entonces, lo que nadie en su familia sabía, era que esa lengua llevaba un secreto enterrado desde 1492, un secreto que cambiaría todo cuando un sobre blanco llegara a su casa en febrero de 2025. ¿Alguna vez escuchaste palabras en tu familia que nadie más usa? Palabras que tus abuelos decían, pero nadie sabe qué significan? Escribe en comentarios. Tal vez tú también hablas un idioma oculto. En 1985, Antonio tenía 23 años. Ya trabajaba con su padre en el negocio de chatarra. Se había casado con Amparo, una mujer merchera de Sevilla. Tenían dos hijos. Vivían en una caravana en San Blas (Madrid) y seguían hablando quincaya en casa. Pero Antonio empezó a hacerse preguntas. ¿Por qué los mercheros hablaban diferente a los gitanos? Los gitanos hablaban caló, una mezcla de romaní y español. Pero el quincalla no sonaba igual. Las palabras eran distintas, la gramática era distinta. En 1987, la Guardia Civil detuvo a Antonio y a su primo por una denuncia falsa de robo de cobre. Los interrogaron durante 6 horas. Antonio y su primo hablaron en quincaya entre ellos mientras esperaban. No sabían que los estaban grabando. Un mes después, el caso se cerró por falta de pruebas, pero la grabación quedó archivada en el Ministerio del Interior. Y en 2010, un lingüista llamado doctor Manuel Alvar Rodríguez de la Universidad de Granada estaba investigando lenguas minoritarias de España para un proyecto europeo. Pidió acceso a grabaciones policiales de idiomas no identificados. Le dieron la cinta de Antonio. El doctor Alvar escuchó la grabación, quedó paralizado. No era caló, no era germanía, la jerga de los pícaros del Siglo de Oro. No era español arcaico, era otra cosa. Transcribió 40 minutos de  conversación, identificó 300 palabras únicas. Las comparó con diccionarios de caló, con germanía, con jergas de toda Europa.

Nada. Entonces hizo algo que ningún lingüista había hecho antes. Comparó las palabras con textos mozárabes del siglo XI al XIII, textos escritos por cristianos que vivían bajo dominio musulmán en Toledo, Sevilla, Córdoba, textos en un romance arcaico mezclado con árabe y encontró coincidencias, 20 palabras, 30, 50 palabras que no existían en español moderno, pero que aparecían en las jarchas, poemas mozárabes del siglo XI. Por ejemplo, albalat, pueblo, aparece en documentos mozárabes de Toledo, 1143; sharamat, río, del árabe sharima, usado por mozárabes de Sevilla. Calv, corazón, del árabe calv, pero pronunciado a la mozárabe. Forno, horno de latín furnus. Forma mozárabe, no española. En español es horno. Mater, madre. Del latín mater, no del español madre. El doctor Alvar publicó un artículo preliminar en 2012, posibles restos de mozárabe en hablas marginales de España. Nadie le hizo caso. La comunidad académica lo ignoró. Demasiado controvertido, demasiado increíble. Un idioma muerto sobreviviendo en bocas de chatarreros. Imposible. Pero el doctor Alvar no se rindió. Pasó 13 años buscando más grabaciones, más hablantes y en 2025 encontró un documental de 2010 sobre mercheros en YouTube. Ahí estaba Antonio Jiménez hablando quincalla con su padre. El doctor Alvar transcribió, analizó y confirmó. Antonio hablaba mozárabe, un mozárabe contaminado por español moderno, sí, pero mozárabe al fin.

Según el estudio del doctor Alvar, publicado en marzo de 2025 en la revista Estudios de Lingüística Hispánica, el quincaya merchero tiene 3047 palabras únicas, de las cuales 1200 no tienen origen conocido en español, caló, germanía o árabe moderno. Pero 820 palabras coinciden con textos mozárabes del siglo XI-XIII. Esto significa que los mercheros hablan el último dialecto vivo del mozárabe, una lengua que se creía extinta desde 1492. 

Y entonces, en febrero de 2025, el dr. Alvar envió un sobre a Antonio. Dentro había un estudio de 50 páginas y una pregunta que cambió la vida de Antonio para siempre. ¿Sabe usted que su familia habla la lengua de los cristianos de Al-Ándalus? [...] 

15 de febrero de 2025, 18:45 horas. Antonio Jiménez llegó a su casa en San Blas, Madrid. Después de un día de trabajo. Su esposa, Amparo, le dio un sobre blanco. Remitente: Universidad de Granada, Departamento de Lingüística Histórica. 

Antonio lo abrió; dentro una carta: "Estimado señor Jiménez, mi nombre es Manuel Alvar Rodríguez, doctor en filología románica. He estudiado grabaciones suyas desde 2010. Creo que usted y su familia hablan una lengua que se creía extinta. El mozárabe, el romance de los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval, siglos VIII-XV. Adjunto estudio completo. Me gustaría reunirme con usted para documentar esta lengua antes de que desaparezca. Es un tesoro histórico. Atentamente, Dr. Manuel Alvar Rodríguez."

Antonio leyó la carta tres veces, no entendió la mitad de las palabras. Filología románica, mozárabe, extinta. Llamó a su hijo mayor David, 35 años, que había estudiado en la universidad. Era el primero de la familia. David leyó el estudio adjunto: 50 páginas, tablas comparativas, transcripciones fonéticas. Conclusión, en la página 48: "El idiolecto de la familia Jiménez presenta 800 términos con correspondencia directa en textos mozárabes y Toledo, 1100-1200; Sevilla 1150-1250 y Córdoba, 1200-1300. La fonética conserva rasgos del latín vulgar hispánico preislámico. Hipótesis: los mercheros descienden de poblaciones mozárabes que, tras la reconquista (1492) fueron marginados por no ser cristianos viejos ni musulmanes. Preservaron su lengua en secreto durante 533 años." David miró a su padre. Antonio tenía lágrimas en los ojos. Esto es verdad, preguntó. Papá, dijo David. Esto dice que nosotros, que nuestra familia habla un idioma de hace 800 años, que somos los últimos, que si nosotros desaparecemos, el idioma muere. Antonio llamó a su hermana, a sus primos, a los Vargas, a los Carmona, les leyó la carta. Algunos se rieron. "Es broma. Somos chatarreros, no historiadores." Otros se enfadaron. "¿Para qué remueves el pasado? Déjalo estar." Pero su tía Remedios, 78 años, la hermana de su abuela Encarnación, dijo algo que lo cambió todo. "Tu abuela siempre decía: Nosotros éramos de los de antes, de los que vivían con los moros, pero rezaban a Cristo. Nos echaron de Toledo en 1492. Nos llamaron impuros. Nos quitaron todo y nos fuimos a los caminos. Yo no entendía qué quería decir. Ahora lo entiendo"

Antonio: "Tía, ¿la abuela dijo eso? ¿Cuándo?" 

Remedios: "En 1994, un año antes de morir. Yo tenía 47 años. Estábamos solas. Me agarró la mano y me dijo: -Remedios. Si algún día alguien pregunta de dónde venimos, dile de Toledo, de antes de los reyes, de cuando se podía ser cristiano y hablar como los moros." Yo pensé que deliraba, pero no. Ella sabía. Antonio: "¿Y por qué nunca lo dijo a nadie más?" 

Remedios: "Porque teníamos miedo. Siempre tuvimos miedo. La Guardia Civil nos vigilaba, los espiaban. Si decíamos venimos de Toledo nos preguntarían ¿sois judíos? ¿Sois moros?" Y nos echarían otra vez. Así que callamos. 500 años callando. 

Antonio decidió reunirse con Dr. Álvar, pero antes hizo algo que nunca había hecho. Buscó en archivos municipales de Madrid, en registros de empadronamiento, en documentos antiguos y encontró algo que lo dejó sin aliento. [...] El 8 de marzo de 2025. Antonio viajó en tren a Toledo con el doctor Alvar; fueron juntos al Archivo Histórico Provincial de Toledo, calle Trinidad 10. El doctor Alvar buscó legajos del siglo XV, registros de bautismos, censos de conversos, listas de expulsados. Pasaron 4 horas revisando documentos amarillentos que olían a humedad y siglos. Y entonces, en el legajo 1492/56, folio 34r, fechado el 12 de mayo de 1492, encontraron esto: un registro de familias mozárabes de la parroquia de San Nicolás, Toledo, expulsadas por orden de los Reyes Católicos. La razón: no son cristianos de sangre limpia, son cristianos de nombre, pero hablan lengua de moros. Se les prohíbe residir en Toledo. Se les confiscan bienes. Familias: Pedro Jiménez, herrero, 45 años, su esposa María, tres hijos. Juan Vargas, tejedor, 38 años. Su esposa Catalina, cinco hijos. Diego Carmona, alfarero, 52 años. Esposa Leonor, dos hijos. Alonso Reyes, comerciante, 41 años. Esposa Isabel, cuatro hijos.

Antonio leyó los apellidos. Jiménez, Vargas, Carmona, Reyes. Exactamente los apellidos de las familias mercheras de Madrid, Sevilla, Barcelona. No era coincidencia, era linaje. El doctor Alvar tomó fotos del documento, leyó en voz alta. Esto confirma la  hipótesis. Los mercheros descienden de mozárabes expulsados de Toledo en 1492. No eran judíos, no eran musulmanes, eran cristianos que hablaban romance con influencia árabe. Los Reyes Católicos los consideraban impuros porque no hablaban castellano puro, así que los echaron. Y durante 533 años, estas familias vivieron en los márgenes, nómadas, comerciantes, chatarreros, y preservaron su lengua sin escribirla, sin enseñarla en escuelas, solo de boca a boca, de abuela a nieto. Antonio apoyó la frente en la mesa del archivo. Sus manos temblaban. "Mi abuela tenía razón", susurró. "Nos echaron de Toledo y nunca volvimos." El doctor Alvar puso una mano en su hombro. "Ahora vuelves con este documento, con tu lengua, con tu memoria." Pero había más en el reverso del folio: una lista de objetos confiscados a la familia Jiménez en 1492.

Un yunque de hierro, tres martillos, un fuelle, 12 herraduras, 20 clavos, una cruz de madera, un rosario, un libro en latín, evangelios. Antonio reconoció algo. Herrero, su familia siempre había trabajado con metales, hierro, cobre, chatarra. No era casualidad, era tradición. 500 años de tradición. El doctor Alvar  tendría otra sorpresa. En el archivo de tradiciones orales de la Universidad de Madrid había una grabación de 1974. 

Una investigadora había grabado a una anciana merchera cantando una canción. La anciana se llamaba Encarnación Vargas. La abuela de Antonio. El doctor Alvar puso la grabación. Voz temblorosa, anciana cantando. Meu calp llora por ti, Meu albalat tan lejano. Mat mía, patre mío, ¿cuándo tornaré a vos?

 Doctor Alvar tradujo: "Mi corazón llora por ti, mi pueblo tan lejano. Madre mía, padre mío, ¿cuándo volveré a vosotros?" Las palabras eran mozárabes. Calv, corazón del árabe, albalat, pueblo mozárabe, mat, patre: madre, padre; latín mozárabe, no español. Antonio lloró. "Ella cantaba esto. Cuando yo era niño. Yo no entendía." Pensaba que era canción inventada, pero no. Era memoria. Memoria de Toledo, de 1492, de la expulsión. 

Pero lo más impactante no era el documento, no era la canción, era lo que un filólogo de la Universidad de Oxford confirmó cuando escuchó la grabación. Lo que dijo ese filólogo. "Has escuchado canciones de tus abuelos que nadie más conoce. Canciones sin título, sin origen. Tal vez son memorias de hace siglos", escribe en comentarios. El doctor Alvar envió la grabación de 1974 al profesor Richard Hitchcock, especialista en mozárabe de la Universidad de Oxford. El 15 de abril de 2025, el profesor Hitchcock respondió por email: "Doctor Alvar, he analizado la grabación. Es mozárabe del siglo XI, posiblemente de la región de Toledo. La fonética es consistente con jarchas mozárabes conocidas. La mezcla de latín vulgar, árabe y romance arcaico es auténtica. No es reconstrucción moderna. No es invento, es transmisión oral directa de hace 800, 900 años. Esto es extraordinario. Si esta mujer aprendió la canción de su abuela, y su abuela de la suya, estamos ante una cadena ininterrumpida de memoria lingüística desde la Edad Media. Es el equivalente oral de un manuscrito del siglo XI. Debe documentarse urgentemente. Profesor Richard Hitchcock, Oxford."

Antonio leyó el email en la pantalla del móvil del doctor Alvar. ¿Qué significa cadena ininterrumpida de memoria lingüística?, preguntó. El Dr. Álvar explicó: significa que tu abuela aprendió esa canción de su abuela, que la aprendió de la suya, Que la aprendió de la suya, sin interrupción desde 1492, 30 generaciones, 533 años, sin escribirla, solo cantándola. Y la lengua no murió porque vosotros la mantuvisteis.

Antonio entendió entonces lo que significaba ser merchero. No eran ladrones, no eran gitanos, no eran chatarreros marginales, eran los últimos mozárabes de España, los últimos hablantes de la lengua del Al Ándalus cristiano, los últimos que recordaban Toledo antes de la expulsión. Y durante 500 años, todos, Reyes Católicos, Inquisición, Guardia Civil, maestros, payos, intentaron borrarlos, pero no pudieron porque la lengua viajaba en la sangre. 

Según el censo de mercheros realizado por asociaciones de chatarreros en 2023, quedan aproximadamente 500-700 familias mercheras en España, Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia. De ellas, solo 120-150 familias aún hablan quincalla y de esas solo 30-40 familias usan palabras mozárabes antiguas. Antonio es una de ellas. Si su generación muere sin enseñar la lengua a los jóvenes, el mozárabe desaparecerá definitivamente, esta vez para siempre.

Y entonces Antonio tuvo que tomar una decisión, la decisión más difícil de su vida. Lo que decidió, si tú fueras Antonio, ¿qué harías? ¿Enseñarías la lengua al mundo aunque te llamen loco? ¿O la guardarías en secreto? ¿Cómo hicieron tus ancestros?

Mayo de 2025. Antonio tenía que elegir. 

Opción uno, colaborar con el doctor Alvar. Documentar la lengua, dar entrevistas. Aparecer en televisión. Explicar al mundo que los mercheros son los últimos mozárabes. Romper 500 años de silencio. 

Opción dos, rechazar todo. Quemar los documentos. Olvidar, seguir viviendo como siempre, proteger a la familia del escrutinio, del odio, de los que dirían: "Sois impostores, sois ladrones usando historia para lavaros la cara." Antonio habló con su familia. Su esposa Amparo dijo: "Si hablas, nos señalarán. Ya nos miran mal. Imagina si dicen que somos los últimos mozárabes: nos convertiremos en un circo. Su hijo David dijo: "Papá, si no hablas, la lengua muere. Y la abuela murió en silencio. ¿Quieres que sus palabras mueran también?" Su tía Remedios dijo: "Yo tengo 78 años. Toda mi vida callé, pero estoy cansada de callar. Diles quiénes somos." 

Antonio decidió. Sí, hablaría. El 12 de junio de 2025, el dr. Álvar publicó el estudio completo "El Mozárabe vivo. Quincalla merchera como último dialecto romance medieval en España". Revista académica. 50 páginas. Archivos adjuntos, grabaciones, documentos de Toledo, transcripciones.

En tres días el estudio fue compartido en redes sociales. Los periódicos llamaron a Antonio, El País, ABC, La Vanguardia, Televisión, la 2, Antena 3... Antonio dio su primera entrevista en la 2 el 20 de junio. El periodista preguntó, "¿Es verdad que usted habla un idioma de hace 800 años?"

Antonio respondió: "No es que yo hable un idioma antiguo, es que mi idioma nunca murió. Solo lo escondimos porque nos obligaron." Lo positivo: lingüistas de toda Europa pidieron colaborar. La Universidad de Salamanca ofreció crear un archivo digital de quincalla. La UNESCO expresó interés en declarar el quincalla patrimonio inmaterial de la humanidad. Lo negativo: en redes sociales, comentarios de odio. "Los mercheros son ladrones inventando historias. El mozárabe está muerto. Esto es fraude. Quieren victimizarse como los gitanos." En el barrio de San Blas, algunos vecinos dejaron de hablar con Antonio. En el bar donde tomaba café, el dueño le dijo, "No quiero problemas. Mejor no vengas más." Antonio pensó. Hice bien. Mi familia está dividida. Mi esposa llora. Mis primos me odian. Valió la pena. Pero entonces recibió una carta de una mujer de Sevilla, merchera, 65 años. Decía a Antonio: "Vi tu entrevista. Lloré. Mi abuela cantaba la misma canción que la tuya. Yo pensaba que estaba loca. Ahora sé que no. Gracias por hablar. Gracias por decirnos quiénes somos." Y Antonio supo que había hecho lo correcto.

Un año después, en enero de 2026, la vida de Antonio había cambiado, pero no como esperaba. Lo que pasó un año después, enero de 2026. Antonio Jiménez tiene 64 años, ya no trabaja como chatarrero. Ahora es informante lingüístico de la Universidad de Granada. Le pagan por enseñar quincalla a estudiantes de Filología. Ha grabado 200 horas de audio, conversaciones, canciones, cuentos. Su tía Remedios también participa. Entre los dos han documentado 2800 palabras, pero el precio fue alto. Su esposa Amparo se divorció en agosto de 2025. No soportó la atención pública. Su hermano José no le habla. Dice que Antonio vendió a la familia por fama. De las 30 familias mercheras que aún hablan Quincalla, solo 10 aceptaron colaborar con el doctor Alvar, las otras 20 lo rechazaron. "Nosotros no somos experimentos", dijeron. Pero también hubo victorias. En noviembre de 2025, la Junta de Castilla la Mancha aprobó una ayuda de 150.000 € para documentación y preservación del quincalla merchero como patrimonio lingüístico de Toledo. En diciembre, la Universidad de Oxford invitó a Antonio a dar una conferencia. Habló en inglés con traductor sobre la memoria oral de su familia. 500 personas en la sala.

Aplausos de pie. Sus nietos de 12 y 14 años ahora aprenden quincalla. Al principio se avergonzaban. Es idioma de abuelos. Pero después de ver a su abuelo en televisión cambiaron. Abuelo, enséñame a decir te quiero en quincalla. Antonio les enseñó: Ámote con meu calp. Los nietos lo repitieron. La lengua no moriría. Al menos no todavía. Antonio dice: "No sé si soy héroe o traidor. Mi familia está rota, pero mi abuela ya no es una loca que cantaba canciones sin sentido. Ahora es parte de la historia de España y eso eso vale algo."

La sangre no miente, pero tampoco habla sola. Necesita bocas, necesita gargantas, necesita nietos que escuchen a abuelas. Durante 533 años, las familias mercheras guardaron un secreto que ni ellas mismas entendían. Hablaban un idioma que el mundo declaró muerto, pero no estaba muerto, estaba escondido. Porque los muertos no cantan y las abuelas mercheras cantaban. Somos lo que dice nuestro ADN o somos lo que elegimos recordar. Antonio no tiene sangre diferente a otros españoles, pero tiene palabras diferentes, palabras de Toledo, de Al Ándalus, de los mozárabes que rezaban en latín pero hablaban con acento árabe, palabras que los Reyes Católicos quisieron borrar. Palabras que la Inquisición llamó impuras. Palabras que la Guardia Civil grabó en 1987, sin saber que eran fósiles lingüísticos de 800 años. El Mozábe no murió en 1492, murió en 2025 cuando las últimas abuelas mercheras dejaron de cantar. O no murió, porque ahora hay grabaciones, hay estudios, hay nietos que aprenden. Y hay un hombre de 64 años que decidió que 500 años de silencio eran suficientes.

Amigos, esta historia es real. Pasó en 2025. Los mercheros existen, el quincalla existe. Y en este momento, mientras ves este vídeo, hay 500 familias en España que hablan una lengua que tú nunca escuchaste. Una lengua más antigua que el español moderno, una lengua que sobrevivió porque nadie la escribió, porque la escribir habría sido delatarse. Así que la cantaron, la susurraron, la escondieron en conversaciones de chatarreros que la policía no entendía. Desde 2015, miles de españoles hicieron tests de ADN y descubrieron que son judíos, moros, gitanos. Pero ¿cuántos descubrieron que son mozárabes? Casi ninguno, porque los mozárabes no tienen ley de retorno, no tienen pasaporte, no tienen sinagoga ni mezquita, solo tienen palabras. Y las palabras en España no bastan para ser reconocido. ¿Harías un test lingüístico si existiera? Si pudieras grabar a tu abuela y un lingüista te dijera: "Ella habla un dialecto del siglo XV." ¿Qué es más valioso? ¿La paz familiar o la verdad histórica? ¿Has notado palabras extrañas en tu familia? Palabras que nadie usa, pero todos entienden? [...] Tal vez tu familia también guarda un secreto de 500 años. Tal vez tú también hablas un idioma que el mundo olvidó. ¿Por qué conté esta historia? Porque el silencio mata las lenguas y las lenguas muertas se llevan mundos enteros. Cada palabra que desaparece es una forma de ver, de pensar, de sentir que se pierde. Los mercheros no son criminales, no son gitanos, no son los otros, son nosotros, somos nosotros. Los españoles que quedaron atrapados entre cruces y medias lunas, los que hablaban dos lenguas y no  pertenecían a ninguna, los que fueron expulsados de Toledo y nunca volvieron. Hasta ahora la verdad duele, pero la mentira duele más. Y 500 años de mentira duelen tanto que matan idiomas. Antonio Jiménez rompió el silencio, pagó el precio, pero su abuela, Encarnación, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, ahora tiene nombre en los libros de Oxford. Y eso, eso es justicia. Gracias por ver hasta el final. [...]

lunes, 5 de enero de 2026

Catalán, en el equipo de seis que consigue la molécula anticáncer Petosemtamab

 El pastelero que patentó una molécula contra el cáncer que se ha vendido por 7.000 millones de euros, en El País, por Manuel Ansede, Barcelona - 4 ENE 2026:

El biólogo Eduard Batlle, criado en la pastelería de sus padres, es uno de los seis inventores del petosemtamab, un revolucionario tratamiento experimental contra los tumores

Eduard Batlle pasó todas las Navidades de su juventud en la pastelería de sus padres, ayudando a elaborar miles de roscones de reyes. Eran los años 80 y el horno familiar estaba en un barrio obrero entre Barcelona y Hospitalet de Llobregat. “Había muchísima droga, algunos de mis amigos acabaron mal con la heroína. Los sábados, acompañaba a mi madre en la pastelería para que no estuviese sola, porque nos atracaban continuamente a punta de cuchillo. Fue una época bastante jodida”, rememora Batlle. Su vida ha cambiado un poco desde entonces. Estudió Biología, inspirado por la serie de televisión ochentera Cosmos, y hace una década inventó con cinco colegas una molécula, el petosemtamab, que en sus primeras pruebas ha logrado la aparente curación de algunos casos de cáncer. La empresa danesa Genmab acaba de pagar unos 7.000 millones de euros para hacerse con este fármaco experimental diseñado por el antiguo pastelero.

“Este es Peto”, proclama Batlle con una sonrisa mientras coge un frasquito de vidrio vacío y lo levanta en el aire, en su minúsculo despacho del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. Con ese botecito se trató en mayo de 2018 a la primera persona que probaba el fármaco. Los primeros resultados fueron prometedores, pero la sorpresa llegó hace seis meses. El petosemtamab, combinado con la inmunoterapia estándar, logró la remisión completa de los tumores de seis personas con cáncer de cabeza y cuello, una enfermedad que invade la boca y la garganta, asociada al tabaco y al alcohol. De los 43 participantes en ese ensayo, el 63% tuvo una respuesta parcial o total al tratamiento.

Batlle, nacido en Barcelona hace 55 años, muestra la dramática fotografía de una mujer con un cáncer enorme en su boca. Los médicos la consideraban desahuciada, porque ni la quimioterapia ni la inmunoterapia habían funcionado con ella. Se le administró petosemtamab en vena. “El tumor desapareció”, resume Batlle. “Es bestial. Todos los que nos dedicamos a la investigación básica soñamos con curar a la gente. Para nosotros esto es un sueño, muy inesperado”, celebra.

El petosemtamab existe porque dos niños se hicieron amigos hace más de medio siglo en un colegio holandés. Uno era Hans Clevers, hoy un genetista candidato al Nobel por haber concebido los organoides: versiones en miniatura de órganos humanos que se cultivan en el laboratorio a partir de células madre. El otro era Ton Logtenberg, hoy un emprendedor en serie de empresas biotecnológicas. Logtenberg fundó en 2003 una compañía en Utrecht, bautizada Merus, para intentar crear anticuerpos contra el cáncer: proteínas artificiales que se unen a las células tumorales en un punto característico y provocan su destrucción. La novedad de Merus es que dispone de una tecnología para producir anticuerpos capaces de actuar en dos lugares de la misma célula a la vez, para garantizar su aniquilación.

En 2012, el empresario preguntó a su amigo científico por algún experto mundial en cáncer de colon, con el objetivo de intentar curar este tumor, que mata a casi un millón de personas al año. Clevers le propuso un nombre: Eduard Batlle, un biólogo español que había trabajado entre 2000 y 2004 como investigador posdoctoral en su laboratorio, en el Instituto Hubrecht, en Utrecht. Los tres se pusieron manos a la obra.

Batlle ya era por entonces un referente internacional en el cáncer de colon. Cuando todavía era un treintañero, en Utrecht, había iluminado la relación entre las células madre que regeneran el intestino y las que desencadenan el cáncer de colon. En 2005 lo ficharon para ayudar a fundar el Instituto de Investigación Biomédica, un centro de la Universidad de Barcelona y la Generalitat de Cataluña.

Así que la empresa holandesa Merus sabía producir anticuerpos con doble acción. Hans Clevers dominaba los organoides, esas bolitas de células vivas derivadas de pacientes en las que probar estos fármacos en el laboratorio. Y Batlle conocía los entresijos del cáncer de colon. El equipo se puso a buscar puntos débiles de las células tumorales y a elaborar anticuerpos diversos. Probaron más de medio millar durante meses, hasta que encontraron uno con “resultados espectaculares”: lo denominaron primero MCLA-158 y después petosemtamab. Ahora todos lo llaman Peto, como si fuera otro colega. Su mecanismo de acción es revolucionario. Es el primer candidato a fármaco dirigido a células madre cancerosas de tumores sólidos.

El gigante danés Genmab anunció hace tres meses que compraba la holandesa Merus por casi 7.000 millones de euros, con el objetivo declarado de adquirir el petosemtamab y llevarlo a los hospitales en 2027. La empresa nórdica, especializada en anticuerpos contra el cáncer, habla públicamente de “un potencial de ventas anuales de al menos 1.000 millones de dólares en 2029 e ingresos de varios miles de millones de dólares cada año posteriormente”.

En su diminuto despacho, con vistas al estadio de fútbol del Barça, el biólogo español responde en tercera persona a la pregunta de qué porcentaje de este negocio milmillonario es para él. “Eduard Batlle no se lleva nada”, afirma. En la patente del petosemtamab figuran seis inventores: los dos amigos de la infancia (Hans Clevers y Ton Logtenberg), el propio Batlle, el entonces director científico de Merus, Mark Throsby; el director ejecutivo de la empresa holandesa HUB Organoids, Robert Vries; y el biólogo Bram Herpers, implicado en el ensayo de los cientos de anticuerpos con otra compañía neerlandesa, OcellO BV.

El secretismo es absoluto en este tipo de operaciones milmillonarias de empresas cotizadas en Bolsa, con multitud de cláusulas de confidencialidad. Esta entrevista con EL PAÍS es la primera vez que Batlle habla tras la venta de la molécula y ni siquiera puede revelar qué porcentaje se lleva su centro. “Ni yo ni el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona podemos dar información sobre posibles acuerdos con Merus”, recalca.

Peto es excepcional en la historia de la biotecnología en España. Cinco entidades solicitaron la patente: las empresas holandesas Merus y OcellO BV, la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos ―a la que pertenece el Instituto Hubrecht de Hans Clevers― y las dos de Batlle: el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, donde trabaja desde hace 20 años, y la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados, que es la fundación pública de la Generalitat de Cataluña que le paga el sueldo.

La imagen tridimensional de la molécula es sencilla. Es una especie de i griega mayúscula, Y, con dos brazos para unirse a los dos puntos de la célula tumoral. Batlle y sus colegas la diseñaron para tratar el cáncer de colon, pero en las primeras pruebas funcionó mejor en el de cabeza y cuello, el séptimo más común en el mundo, con casi medio millón de muertes al año. Los dos ensayos clínicos en marcha todavía no han terminado, pero Estados Unidos ya ha concedido dos designaciones de terapia innovadora al petosemtamab para esta indicación de la boca y la garganta, un paso burocrático que permite acelerar el desarrollo de un tratamiento experimental si hay evidencias claras de que funciona.

Batlle lamenta “un problema general” en la creación de medicamentos contra el cáncer. Los fármacos experimentales se prueban a la desesperada en enfermos ya desahuciados, en los que diferentes rondas previas de quimioterapia han transformado la biología del tumor. El petosemtamab no funciona en estos casos de cáncer colorrectal ya tratados en exceso, pero un reciente ensayo con medio centenar de pacientes sugiere que sí es eficaz si se usa como primera o segunda opción junto a la quimioterapia. “Una parte del precio que ha pagado Genmab es porque ven esperanzas de que el anticuerpo también tenga actividad en otros tipos de cáncer, como el de colon”, destaca Batlle. Esa indicación sería disruptiva. El de colon es el tercer tumor más frecuente y el segundo más letal en el mundo.

El biólogo cuenta la historia del petosemtamab mientras rememora la suya propia: su abuela extremeña analfabeta que montó la pastelería junto a su abuelo, un catalán superviviente de un campo de concentración de la Guerra Civil; las noches sin dormir elaborando miles de roscones de reyes y monas de Pascua, las jeringuillas con heroína en su barrio de Santa Eulalia. Sus padres no incitaron a Batlle a proseguir el negocio de la pastelería familiar, solo le dieron un consejo: “Haz lo que quieras, pero estudia”.

sábado, 3 de enero de 2026

Lexicografía del cuñadismo

 [Transcripción de YouTube]

 Hola a todos. Tengo una pregunta. ¿Os habéis parado a pensar alguna vez en lo fascinante que sois? Y con fascinante me refiero las cosas que hacéis que a lo mejor ni os dais cuenta, pero si alguien de fuera os lo dice, de repente lo veis y decís, "Ostras, es que nunca lo había pensado, pero tienes toda la razón, es que sí que lo hacemos. Llevo más de 11 años en España. Si seguís este canal sabéis que soy de Kazajistán. Nací en la Unión Soviética. Pero después de tantos años en este país, todavía hay días en los que me paro a mirar vuestra forma de ser y me parece fascinante. Kazajistán es un país bastante diferente de España. Cuando crecí la seriedad fue prácticamente nuestro idioma oficial. De hecho, me habían dicho más de una vez que sonrío demasiado, pero también sabemos hacer bromas y el sentido del humor en Kazajistán también es bastante fuerte, pero aquí en España existen estas maneras de comportarse, cosinas que hacéis que me hacen mucha gracia y me llaman mucho la atención todavía. Ahora yo también las he empezado a hacer algunas de ellas y a lo mejor ya no me fijo tanto, pero hoy me gustaría compartir con vosotros algunas de estas observaciones de las cosas graciosas o incluso diría yo en algunas situaciones fascinantes, sorprendentes, interesantes o incluso adorables que hacéis estos gestos pequeñitos que hacen que vuestra forma de ser sea especial y, como siempre, si os parece interesante lo que estoy contando, si os veis reflejados en algunas de estas observaciones, os agradecería un comentario y por favor considerad suscribiros a este canal. El canal todavía tiene muy poco tiempo, lo empecé hace unos meses solo y necesito vuestro apoyo para que crezca y para que más gente lo llegue a conocer.

La primera cosa de la que quiero hablar hoy son los coñadismos cuñadismos de bar, el arte de interactuar con los camareros en un bar

Como todos sabemos perfectamente, España no es un país, es un bar. Así que creo que tampoco tiene que ser algo tan raro que empiece con una observación, el comportamiento que normalmente tiene lugar o en un bar o en un restaurante. Para empezar es cómo os dirigís a los camareros. Les dais unos títulos de confianza, tipo jefe, maestro. Esto ya establece un tono, pero más allá todavía existe esta cosa que la verdad es que no la noté en ningún otro país, que son frases o bromas de cuñado.

Es muy raro salir de un bar sin haber escuchado un cuñadismo:

Oye, jefe, ponme otra, que esta venía con un agujero.

Jefe, tráeme otra que esta se me ha caído

Camarero, si este vaso está lleno de aire. 

Quiero un café solo. Que salgan todos. 

¿Y tenéis cerveza sin alcohol? -Sí. -¿Y por qué? 

O cuando llega la cuenta: 

Pero, ¿qué hemos roto? 

Oye, maestro, ¿cuántos son los daños? 

Tráeme la cuenta y un policía que corra poco.

Los cuñadismos en teoría tienen que dar vergüenza ajena. Pero es que en este idioma o no sé si me parece a mí solo, pero en español suenan natural y da igual las veces que los escucho me hacen gracia. Ya sé que ya a veces parezco tonta y estoy en el bar riéndome de una broma que había escuchado 50 veces, aunque seguramente los camareros no estarán de acuerdo conmigo, estarán hartos de coñadismos, pero bueno, seguramente saben que esto se hace con amor. Es que los cuñadismos creo que se hacen, sobre todo si estás de buen humor y si sueltas un cuñadismo, eso es que lo has pasado muy bien y estás feliz. Así que, sí, yo también he adoptado esta costumbre graciosa y a veces suelto estas frases yo también, sobre todo si ya he cogido confianza con el camarero o la camarera.

Fútbol y filas de nucas.

La segunda cosa graciosa que hacéis también suele pasar en bares; cómo aquí existe la costumbre de bajar a ver el fútbol en un bar y yo la verdad es que a mí me encanta el fútbol y lo hago bastante bajo a un bar a ver los partidos de la liga o sobre todo si juega la selección. Hay una cosa que he notado que sobre todo, bueno, con la selección menos, pero con la liga pasa así de veces. Entras en un bar y cuando hay un partido, si viene una familia, él, por ejemplo, si tiene niños, los niños también, sobre todo si son chicos, se sientan cara hacia la tele para ver el fútbol y ella da la nuca a la tele. Y esto no falla. entra la segunda familia y lo mismo, ella da la espalda a la tele, no le interesa a ella el partido.

Entonces acabamos en un setting, en una situación cuando todos los hombres están mirando la pantalla y todas las mujeres están mirando la pared del otro lado. Yo normalmente soy la única rara. Yo estoy con los hombres mirando la pantalla y pues no me puedo quejar tampoco porque por un lado veo el partido de fútbol y lo disfruto mucho y por otro lado disfruto de ver todas estas caras bonitas de mujeres que no están muy interesadas en el partido y el partido lo disfruto dos veces. 

El misterio del último trozo

Otra cosa muy graciosa que soléis hacer siempre, que por cierto también en bares o restaurantes, es dejar esa unidad de la vergüenza, sea una aceituna o un trocito de calamar o una patatina de estas de bravas, esto nunca falla. Siempre queda esta última unidad que nadie quiere terminar porque nadie quiere parecer aquel ansioso, goloso, con hambre, como si fuera un crimen acabar esta última aceituna. Podéis estar ahí 10 minutos. Oye, cógela, acábala. ¿Tú la quieres? No, no, no, no. Tú cómela tú. Y al final o viene el camarero, el jefe, el maestro, para llevársela, o me la acabo yo porque yo no tengo ninguna vergüenza y nosotros en Kazajistán no permitimos que se nos lleven la comida. Vamos, que lo he pagado. He pagado esta aceituna. Déjame terminarla. De hecho, es como casi un insulto si te lo llevan sin acabar. Pero aquí todos sabemos perfectamente de qué va. Entonces el camarero ya sabe que esto me lo puedo llevar. 

Otra: cuando “se rompió solo” cosa que he notado es más lingüística ya del idioma español, pero no sé si se hace también en otros países hispanohablantes.

Ese lenguaje este de no he sido yo, me parece muy mono, muy dulce, pero también a veces asume un poquito tu responsabilidad. También es la estructura esta gramatical de se me ha, se me ha caído, se me ha roto, se me ha roto el vaso, se me ha roto. Yo no lo he roto, se me ha roto. Él solo se levantó, se tiró y se me rompió. En otros idiomas decimos, "He roto el vaso." O sea, responsabilidad completa. Pero un español dirá siempre, "Se me ha roto. Se me ha caído. Se me ha acabado el plato". Se me ha acabado el plato, qué lástima. Y lo más guay de todos, creo: se me ha olvidado. En fin, eso también quita la presión porque decir, "Lo he olvidado o lo he roto" o lo he tirado en plan, he tirado un vaso.

Puede ser un poquito fuerte, aunque sea lo correcto, pero es como que este se me ha caído crea un poquito de mejor rollo o algo así, no sé. Entiendo perfectamente por qué lo decís así. A veces me falta en otros idiomas y la verdad es que no os voy a mentir, pero lo encuentro bastante creativo. 

Y como cafecín, cafetillo y cariñoúltima observación por hoy, aunque podría hacer 50 vídeos más, así creo yo, voy a incluir el uso no excesivo, pero el uso amplio de los diminutivos. Me gustan porque añaden un poco más de cariño en nuestras interacciones y esto en el mundo actual donde muchas veces nos falta este cariño es algo que yo creo que aporta valor. Por ejemplo, ¿no? Para pedir un café podéis pedir un cafetito, cafelito, cafecito y luego ya según donde estés hay diminutivos locales. Cafetín. Cafetuco, cafelillo. ¿Qué diminutivo usáis vosotros para un café en vuestra región?

Hay un montón de diminutivos que existen en el idioma español. Yo no uso todos, pero me gustaría conocerlos todos. Y al final no nos tomamos un café, sino un poco de cariño en una taza pequeña. Así que pues eso, han sido creo que cinco al final.

Cinco observaciones, ha sido bastante improvisado. Cinco observaciones graciosas de España, cosas graciosas, fascinantes, monas que hacéis aquí. ¿Os ha parecido que he acertado con alguna de ellas? Si es así, decídmelo en los comentarios y como siempre nos vemos en el próximo vídeo donde hablaremos más de España, Kazajistán, el idioma español, curiosidades y mi experiencia en este país maravilloso. Hasta la próxima. 

Trucos para aprender el doble

  [Transcripción corregida desde vídeo YouTube]

 ¿Te imaginas aprender el doble sin pasar horas más frente al libro? Hoy quiero compartir contigo algo que me entusiasma. La ciencia está demostrando que no siempre es cuestión de estudiar más, sino de aprender mejor.

Soy Nazaret Castellanos, neurocientífica y en este vídeo te voy a revelar ocho trucos científicos que pueden hacer que tu cerebro rinda al doble. No se trata de fórmulas mágicas, se trata de conocer cómo el cerebro funciona realmente y jugar a su favor. Así que si estás listo para transformar la forma en que aprendes, quédate conmigo, porque tu mente puede elevarse sin que tengas que multiplicar tus horas.

El primer truco es el más sencillo y el más olvidado. Tu cerebro no aprende mientras estudias, aprende cuando descansas. Durante el sueño y los momentos de pausa, el cerebro reorganiza la información, fortalece las conexiones neuronales y elimina lo que no sirve. Es como si mientras tú duermes él siguiera trabajando en silencio, colocando cada cosa en su lugar. Así que si quieres recordar más, no estudies más horas, duerme mejor. Y no cualquier descanso, un descanso sin pantallas, sin ruido, con respiración profunda y atención corporal, porque cuando el cuerpo se calma, el cerebro escucha. Y aquí viene algo hermoso. Las emociones también enseñan. Cuando algo te conmueve, el hipocampo, la zona encargada de la memoria, lo guarda con más fuerza. Por eso, el cerebro aprende mejor lo que ama.

El segundo truco científico es uno de mis favoritos. Muévete. Es menor que numeral cercumeral es mayor que el cerebro. Aprende mejor cuando el cuerpo se mueve. Cada vez que caminas, estiras los brazos o haces ejercicio suave, aumentas el flujo de oxígeno, liberas dopamina y despiertas la tensión. De hecho, varios estudios muestran que basta con 10 minutos de movimiento para que el hipocampo, la región de la memoria, funcione hasta un 30% mejor. Así que antes de ponerte a estudiar o a trabajar, levántate, respira, camina, no estás perdiendo el tiempo, estás preparando tu cerebro.

Y eso nos lleva al tercer truco, la respiración consciente. Cuando respiras lento y profundo, activas el nervio vago que conecta el cuerpo con la mente. Ese simple acto baja el cortisol, mejora la concentración y permite que el cerebro entre en un estado de atención sostenida sin tensión. A veces queremos aprender a la fuerza, pero el cerebro no se abre con presión, se abre con presencia. 

El cuarto truco científico es la repetición inteligente. No se trata de repetir sin pensar, sino de recordar en intervalos. La memoria se fortalece cuando repasas una información justo antes de olvidarla. Por eso funciona también lo que llamamos espaciado, un sistema donde revisas el mismo contenido varios días después, no de forma seguida, sino dejando reposar la mente entre cada repaso. El cerebro ama los descansos y en ese tiempo, sin darte cuenta, sigue practicando internamente.

Y aquí va el quinto truco que me encanta. Enseña lo que aprendes. Cuando explicas algo con tus propias palabras, el cerebro crea una red nueva de comprensión. No solo estás repitiendo información, estás reestructurando el conocimiento. Enseñar obliga al cerebro a organizar, sintetizar y encontrar sentido. Por eso, cuando compartes lo que aprendes con alguien, aunque sea contigo mismo en voz alta, estás multiplicando tu aprendizaje. El cerebro aprende dos veces, una cuando estudia y otra cuando enseña.

El sexto truco es aprender con emoción. El cerebro no recuerda datos fríos, recuerda experiencias que lo tocan. Cuando algo te emociona, una historia, una canción, una risa, eh se activa la amígdala, que actúa como un marcador biológico de importancia. Esa emoción le dice al cerebro, esto vale la pena  recordarlo. Así que si algo te aburre, cámbiale el tono. Vincula lo que aprendes con lo que te inspira. Haz lo tuyo. El aprendizaje no está solo en la cabeza, eh, está en la emoción que lo acompaña.

Y el séptimo truco eh tiene que ver con el lugar donde aprendes. El entorno es un maestro silencioso. Eh, la luz, los colores, los sonidos, los olores, todo influye en la tensión. La neurociencia ambiental ha mostrado que estudiar cerca de la luz natural en un espacio ordenado y con pequeñas pausas de movimiento mejora la memoria y la creatividad hasta un 20%. No subestimes el poder del entorno. Tu cerebro aprende con los ojos, los oídos y la piel.

Y llegamos al octavo truco, que para mí es el más poderoso de todos. Aprende desde la gratitud y la curiosidad. Cuando sientes curiosidad, el cerebro se llena de dopamina que actúa como un imán para la atención. La curiosidad le dice a tu mente, "Esto me importa. Quiero saber más." Y cuando además agradeces lo que aprendes, aunque sea pequeño, activas una red neuronal que integra emoción y memoria. La  gratitud no solo te hace sentir bien, literalmente mejora la plasticidad del cerebro. Así que cada vez que estudies, hazlo con asombro. Mira, el conocimiento no como una obligación, sino como un privilegio, porque el cerebro ama aprender, pero aprende mejor cuando lo hace con alegría. Y ahí está el secreto. No se trata de forzar la mente, sino de enamorarla.

Así que recuerda, duerme bien, muévete, respira, repite con sentido, enseña, emociónate, cuida tu entorno y mantén viva tu curiosidad. Tu cerebro tiene un poder infinito.

viernes, 2 de enero de 2026

Alguien dijo

 Defiéndete con una sonrisa, ataca con el silencio y vence con la indiferencia. Agradece a quienes te dejaron solo en tus momentos más oscuros, porque gracias a ellos descubriste la fuerza de tu propia luz.

jueves, 1 de enero de 2026

Entrevista con el neoecologista Timothy Morton

 Timothy Morton, activista: “Estados Unidos es un gigantesco campo de concentración”, entrevista por Carmen Pérez-Lanzac, en El País, 26 DIC 2025:

El filósofo británico, una figura del nuevo ecologismo, sostiene que para proteger el Amazonas primero tenemos que destruir el racismo que habita en nosotros

Timothy Morton (Londres, 1968) es uno de los ensayistas que lidera la nueva ola del ecologismo. El pensador británico, autor de una obra provocadora y extremadamente personal, da por hecho que la destrucción del planeta ya está en marcha. Admirado por la cantante Björk o por Hans Ulrich Obrist, director artístico de la moderna galería Serpentine de Londres, Morton luce maneras de artista punk y mantiene una lucha contra el pensamiento preconcebido. Y es uno de los ensayistas que mejor ha descrito esa angustia que sentimos cada vez que encendemos cotidianamente el motor del coche o el aire acondicionado siendo conscientes de que, al hacerlo, estamos acercando el fin de nuestra especie.

El profesor de la Rice University de Houston (Texas), donde reside, es autor de una docena de ensayos en los que habla de cómo el cambio climático es algo tan gigantesco que ni siquiera podemos calibrarlo (Hiperobjetos, 2025, Adriana Hidalgo Editora), sobre cómo volver a habitar la Tierra una vez la hemos devastado (Hiposujetos, 2023, Holobionte), e incluso imagina que intentamos huir de la contaminación en el Halcón Milenario, la nave creada por George Lucas para la saga de Star Wars (Astronave, 2021, también de Holobionte).

A lo largo de la conversación, que tiene lugar por videoconferencia, afirma que los abusos que sufrió de niño explican su forma de pensar. También cuenta que recientemente, por medio de la mujer con la que se casó en 2023, ha descubierto a Jesús —“sí, de alguna manera encontré a Jesús, y me gustaría que sonara de la manera más estúpida y cursi posible” —. Tiene reflexiones para dar y regalar, como muestra durante la entrevista.

Pregunta. Usted analizó un concepto interesante, los hiperobjetos. ¿Puede explicar qué son?

Respuesta. Un hiperobjeto es algo tan físicamente enorme y duradero que solo podemos experimentarlo en diminutas porciones. Puedes pensar sobre ello, incluso llegar a entenderlo, pero si intentas medirlo o calibrarlo solo lo logras con porciones casi insignificantes. Un hiperobjeto agradable es la biosfera de la que nacimos. Otro distinto es la interacción humana con la inteligencia artificial o el calentamiento global. Necesitas una capacidad masiva de procesamiento para mapear todas sus secuelas en tiempo real.

P. En la introducción de su último libro, Hell: In Search of a Christian Ecology (Infierno: en busca de una ecología cristiana, sin traducir al español), afirma que el Infierno en la Tierra es real. Culpa al petróleo, al cristianismo evangélico y a la supremacía blanca.

R. Un fascista es alguien que está seguro de ser el bueno de la película. Pero ser una buena persona implica estar un poco preocupado por si en realidad resulta que eres el malo. Al hablar de fascismo me refiero a lo que considero que hoy es la norma. No es algo nuevo, lleva miles de años en marcha. Antes eran los tiranos, los faraones. Hoy no son la excepción, sino la norma. Y lo son por el tipo de estructuras sociales de las que nos hemos dotado, que se basan en jerarquías de dominación. El investigador australiano Luke Kemp llama a estas estructuras Goliats. Vivimos en una era en la que estamos causando un enorme daño a la bioesfera. Y esto pasa porque la forma en que nos tratamos entre nosotros es la forma en que tratamos al resto del planeta.

P. ¿Cómo es el Infierno que describe?

R. Las religiones del mundo han imaginado lo que llaman la vida después de la muerte. El Infierno sería como una especie de campo de concentración eterno. Y sería un lugar solo para personas malas. Y el cielo sería el equivalente para las personas buenas. Y toda esta idea proporcionó el modelo para Estados Unidos, donde vivo, por poner un ejemplo. A todos los efectos, es un gigantesco campo de concentración o una plantación que genera valor esclavizando a otros seres humanos, y utilizando a seres no humanos de manera totalmente gratuita. Quienes ejercen este poder son, en su mayoría, personas anglosajonas blancas. Personas como yo que para tener su propio paraíso crearon el Infierno para el resto. Y ahora todos estamos atrapados en él. Vivimos en una sociedad de amos y siervos que es también un hiperobjeto.

“Cuando era niño la ecología sonaba como algo utópico. Hoy en día es como si todos tuviéramos un mal viaje de LSD”

P. ¿Hay escapatoria?

R. Lo primero es poder verlo. Darnos cuenta de que formamos parte de este infierno. Y la única salida es crear un Paraíso. Y para ello te tienes que juntar con otros seres que también quieran mejorar el planeta. Te puedes juntar con dos, con cinco, con seis millones, da igual la cifra. Tenemos que salir de esta lógica de campo de concentración global.

P. Usted forma parte del movimiento OOO, Ontología Orientada a Objetos, una corriente que desafía el antropocentrismo y argumenta que los objetos no humanos tienen su propia existencia. ¿Puede explicar cómo se ve el mundo a través de ese prisma?

R. La OOO la crearon cuatro blancos que empezaron a deconstruirse. Es una forma de romper con la filosofía occidental al otorgarle alma a todas las cosas.

P. En Ecología oscura (2019, Paidós) rechaza la idea de la naturaleza prístina.

R. La mera idea de una naturaleza virgen es un sueño violento, la fantasía de un pederasta. La forma de hablar romántica de la naturaleza es violencia. Si quieres un mundo que esté más allá de la violación, no puedes pensar en términos de perfección. Parte de lo que hago es explicar que ser ecologista implica desmantelar el racismo, la misoginia, la homofobia, la transfobia. Para proteger el Amazonas primero tienes que destruir el racismo que habita en ti.

P. ¿Cómo ha cambiado la conciencia ecológica?

R. Cuando era un niño, a finales de los años setenta, la ecología sonaba como algo utópico, como un viaje de LSD. Hoy en día es como si todos fuéramos obligados a tomar LSD y tuviéramos un mal viaje. Hemos pasado de un buen viaje a un viaje horrible. Y esto empezó a pasar hace unos 15 años.

P. Hace un mes se cerraba la última cumbre del clima sin ser capaz de recoger el daño que hacen los combustibles fósiles.

R. Es como si el Coyote cayera por un precipicio, pero no se diera cuenta de que está en plena caída. Hablan, y hablan, y hablan cuando lo único que hay que hacer hoy es destruir el fascismo. Es el enemigo público número 1. Y tenemos que reimaginar el espacio social para crear un mundo mejor para todos.

P. ¿Qué opina de esta nueva forma de protesta de los jóvenes que echan pintura sobre las obras de arte para llamar la atención sobre el cambio climático o el colonialismo? Hace un par de meses ha sucedido en el Museo Naval de Madrid.

R. Tienen toda mi empatía. Ellos lanzan pintura, que se puede borrar, y nosotros echamos dióxido de carbono que va a destrozar sus vidas. Estamos literalmente destrozando a niños. Sufrí abusos, padezco de depresión, siento dolor. Me escriben estudiantes pidiéndome ayuda. Sus propios abuelos y padres crearon este mundo, necesitan que alguien les dé la mano. Yo les ayudo a gritar.

La llamada posreligión

 La idea del cristianismo como única verdad quedó obsoleta: bienvenidos a la posreligión, en El País, por Mar Padilla, 27 DIC 2025:

Un nuevo paisaje espiritual con formas híbridas se dibuja. Muchos agnósticos ya abrazan la meditación zen, la tecnología o trabajan la conexión de cuerpo, mente y espíritu

Estos días andamos sumergidos en el acuerdo tácito de comer y beber como si no hubiera mañana, en la maravillosa calidez de la compañía de familia y amigos, recordando a los que ya no están y mirándonos a los ojos al brindar por el río del tiempo y la rueda de la vuelta a empezar.

Algunos irán a misa, muchos a comprar regalos y casi todos, ni que sea por un instante, pensarán en ese no-sé-qué entre el más acá y el más allá. Aquella Verdad del antiguo Dios Todopoderoso hace mucho que dejó de ser única, pero en este siglo XXI, tan tecnológico y pos-posmoderno, las creencias persisten. El primer Barómetro sobre Religión y Creencias de la Fundación Pluralismo y Convivencia, adscrita al Ministerio de Presidencia, señala que el 49% de personas en España declara tener creencias religiosas —mayoritariamente católica—, mientras un 51% no las tiene. De este grupo, uno de cada tres cree en algún tipo de espiritualidad. “La sociedad española se está postsecularizando” —explica al teléfono la doctora en Derecho Eclesíastico, polítóloga y socióloga Eugenia Relaño, una de las autoras del barómetro—, “está viviendo un proceso de cambio sociorreligioso muy acelerado. Y a la vez están surgiendo formas híbridas de espiritualidad”.

Los datos atestiguan que hay nuevas formas de relacionarse con la cuestión de creer, al margen (al menos en parte) de las instituciones religiosas tradicionales. Es un nuevo paisaje religioso-cultural que algunos catalogan con el nombre de posreligión. La misma Rosalía, en su promoción de su disco Lux, habla de este concepto, refiriéndose a una espiritualidad fuera de dogma, más terrenal y libre. En una entrevista con Billboard afirmó que le interesa mucho “el concepto de posreligión, esa apertura en la que uno pueda resonar con ideas del cristianismo” y del resto de las grandes religiones. No en vano, una de las inspiraciones de Lux es Simone Weil, quien en Carta a un religioso escribió: “La fe no es adhesión a un credo, sino un acto de atención total hacia la realidad”.

En este camino en busca de sentido (parafraseando el clásico de Viktor Frankl El hombre en busca de sentido), Relaño destaca que, más allá del binomio del creer / no creer, el paisaje religioso está viviendo una transformación rica y compleja, en la que muchos católicos no se consideran personas espirituales, sino que viven la religión como un hecho cultural y social, “como un marcador de pertenencia”, dice.

Relaño señala también que muchos agnósticos están adquiriendo creencias espirituales heterodoxas: la meditación zen, las terapias holísticas —que buscan la conexión de cuerpo, mente y espíritu—, el transhumanismo digital —la creencia de que con ayuda de la tecnología nuestras vidas serán mucho más duraderas—, el sufismo —una rama mística del islam—, o el neopaganismo —que recuperan rituales de adoración a diversos dioses, como el culto a los dioses olímpicos que se está volviendo a practicar en Grecia—. Es un nuevo paisaje inédito donde “cada uno se monta su propia semántica sobre lo que considera sagrado y lo que no”, y en el que los jóvenes viven sus creencias con naturalidad y libertad.

Para la socióloga francesa Corinne Valasik, autora junto el teólogo Xavier Gué del libro Religions en postmodernité. Vers une postreligion? (religiones en la posmodernidad. ¿Hacia una posreligión?, sin traducir al español), estamos ante una amalgama de acciones y devociones a imagen y semejanza del mundo actual: fragmentado, multicultural, neoliberal, identitario, globalizado y localizado, definido por internet y también por la crisis ecológica. De ahí la idea del término de posreligión. “No se trata de decir que la religión ya no forma parte de la sociedad, sino que adopta formas diferentes”, argumenta por correo electrónico Valasik.

Su tesis es que el concepto moderno de religión, que surgió en la Ilustración y estableció el cristianismo como “la única y verdadera”, se ha quedado obsoleto, y que el nuevo concepto da cabida a otros modos de creer, a dimensiones que a veces se dejan de lado como la relación con los antepasados, los espíritus o las nuevas formas de reencantamiento del mundo.

Hay otro factor que influye en estos cambios: en la actualidad, las personas con movilidad geográfica, que se cuentan por millones, mantienen vínculos muy fuertes con su país de origen gracias a las nuevas tecnologías, a través de las redes, lo que está dando lugar “al desarrollo de identidades transnacionales que están remodelando profundamente las religiones”, según Valasik.

En este nuevo mapa de creencias, la tierra —en el sentido local, y también en el planetario— parece recobrar su peso perdido. Según Paolo Pecere, autor de El sentido de la naturaleza (Anagrama), la nueva espiritualidad responde a un malestar muy extendido en la sociedad actual, donde la vida al aire libre y la proximidad a otros seres vivos están muy limitadas en comparación con el pasado.

Ante ello, muchos están regresando a lo rural, al contacto con el campo, buscando el cuidado y el bienestar psicofísico. Según Pecere, “necesitamos una implicación sensorial y emocional, que puede suscitarse de diversas formas, como el contacto directo con el medio ambiente, con otros animales, la unión emocional con el paisaje, e incluso formas de religión o espiritualidad”.

Otros pensadores también apuntan a la idea de que la espiritualidad está resurgiendo, abriéndose a otras posibilidades. “El ser humano es religioso por naturaleza, es decir, no se conforma con la dimensión inmanente o terrenal, sino que necesita la trascendente o espiritual. Necesita re-ligarse [religión viene del latín religare, que significa “volver a unir”] a algo más grande que él mismo”, explica por email el escritor y sacerdote Pablo d’Ors, autor de Biografía del silencio, Los contemplativos o Devoción.

Algo parecido opina el ensayista Juan Arnau, para quien nuestra cultura magnifica el ego hasta cotas estratosféricas, otorgando además a las abstracciones físicomatemáticas categoría de realidad. “Desde la revolución científica y la Ilustración se ha estado manejando un materialismo ramplón, fisicalista y mecánico”, escribe en su libro La meditación soleada.

En este nuevo paisaje de creencias, algunos se aprovechan de las necesidades humanas de conexión y pertenencia para hacer manipular o negocio. En el libro Conspirituality (Conspiritualidad, que publicará Capitán Swing), los ensayistas Derek Beres y Julian Walker advierten contra el auge de los influencers que mezclan espiritualidad y bienestar new age con discursos paranoicos, destapando estafas y dinámicas sectarias que proliferan en Internet, engañando a los que buscan alivio en tiempos inciertos.

Las noticias explican que el número de personas que se describen como “paganas” —que creen en brujas, chamanes y druidas— se acerca a los 75.000 en el Reino Unido; hay encuentros evangélicos a favor del Armagedón en Estados Unidos, y en Argentina se organizan conferencias a precio de oro sobre la eterna juventud. A la hora de vivir en este misterioso mundo hay que ir con cuidado y no dejarse trolear. Y, si se puede, ir siempre bien acompañados. En La meditación soleada, Arnau escribe: “Lo único cierto no es la muerte. Lo único cierto es que ahora estamos vivos”. Brindemos por ello.

Entrevista a Sandra Barneda

 Sandra Barneda: “Eso de las izquierdas y las derechas es arcaico, un pensamiento que solo sirve para marcar distancias”, en El País, por Raquel Peláez, 31 DIC 2025:

La presentadora será la encargada de retransmitir las campanadas junto al humorista Xuso Jones desde Formigal en Telecinco y Cuatro.

Sandra Barneda (50 años) no formaba parte en su juventud de ese grupo social que esquía por defecto: “De la misma manera que te digo que toda mi vida he ido de camping, la verdad que no soy una snow girl, no” explicaba aún desde Madrid, ya ansiosa por irse a la estación de esquí de Formigal (en el Pirineo aragonés), desde donde esta noche retransmitirá las campanadas junto al humorista Xuso Jones. Allí intentará hacer sus primeros pinitos sobre la nieve, pero en trineo. “Como me voy a grabar a la isla en enero no me dejan arriesgarme a una lesión…”. Risueña, enérgica e infinitamente optimista, a Barneda no le gustaría que ella y a su compañero los comparasen con aquellos Pocholo y Borjamari de Martes y Trece que se iban a Baqueira Beret para presumir de estatus: “Vamos a celebrar 2026 no 1980. Por fortuna, la sociedad ha evolucionado”.

Pregunta. Usted anunció en un telediario el cambio de milenio. ¿Qué cree que ha mejorado desde entonces?

Respuesta. Yo no soy nada catastrofista, cada vez menos, debo de ir en contra del mundo… Creo que hemos ido a mejor en conciencia colectiva. Vamos hacia lo colectivo y no al individualismo que teníamos en finales del siglo XX. Todavía cuesta mirarnos como grupo, pero creo que está cambiando. Quizá, si tuviese que poner un pero, diría que tenemos que cuidar más a los niños y a los ancianos.

P. ¿Por qué ese pero?

R. Creo que la soledad es transgeneracional y aunque estamos hiperconectados hay cierto aislamiento emocional en las franjas de edad más vulnerables. A eso habría que ponerle un poco más de atención.

P. ¿Y usted cree, como dice la famosa firma de embutidos, que estamos polarizados?

R. El divide y vencerás existe desde los romanos. Yo creo más en la unión hace la fuerza y es a lo que me gusta jugar. Lo otro no me interesa.

P. ¿Pero lo dice como comunicadora televisiva?

R. Como comunicadora, como persona, como ciudadana, como amiga.

P. ¿Y en cuanto a la buena salud de “la unión hace la fuerza” también es optimista?

R. La realidad es tan poliédrica… Yo no vivo en una burbuja, también sufro los estragos y golpes de la vida, pero quiero ser optimista y tiendo a ver siempre el vaso medio lleno y no medio vacío. Eso no significa que no podamos estar enfadados o con la rabia puesta, pero creo que al final la solución es amarnos mucho a nosotros mismos y a los demás. Quien practica una política de división y del cabreo a mí no me interesa.

P. Dicho lo cual, usted dice a menudo que es muy Juana de Arco y hubo un tiempo que echaba sin miramientos a colaboradores del plató. ¿A quién echaría del plató Tierra?

R. Parece un topicazo, pero a todos aquellos que propician la guerra y no la paz. Y no vale con que señalemos solo a los líderes. ¿Nosotros qué hacemos? ¿Saltamos a la mínima en una comida familiar o intentamos sostenernos y comprender?

P. No se atreve con un nombre propio, ¿no?

R. Es que eso es divide y vencerás [risas]

P. Imagínese que mañana cuando se levante ya no es famosa. ¿Cuál sería su plan B?

R. Me reinventaría. A mí no me limita ser conocida, me reinvento cada día: siempre pensando en un negocio nuevo, en aprender algo. Por ejemplo, el año pasado dije: “Oye, voy a aprender a montar a caballo”. Estoy enganchada. Y ahora digo: Pues cuando vuelva de la isla, iré dos veces por semana. Ahora estoy terminando mi nueva novela, me andan detrás para que haga un podcast… Ya de pequeña quería ser inventora y lo he sido: de mi propia vida.

P. ¿Nunca ha tenido una depresión?

R. Como tal no. Hace un año perdí a mi sobrino, con solo veinte años, que era mi persona favorita en el mundo, y eso te rompe, claro. Es una tristeza y un dolor horribles. Todavía estamos pasando ese duelo. Pero yo creo que hay un momento que tu instinto de supervivencia te demuestra que el sufrimiento es una elección. El dolor se mantiene, pero hay que aprender a vivir con él, porque puede que no se vaya nunca. Ante una pérdida así solo siento más amor hacia los míos y lo que intento es sentirme más viva que nunca y agradecer las cosas buenas que me pasan, porque las malas llegan y hay que agarrarse. Hay que seguir y celebrar la vida.

P. ¿Cuándo fue la última vez que revisó sus creencias?

R. Yo siempre me estoy revisando, intentando no repetirme, no caer en la rutina, no ir con el perro por los mismos sitios todos los días…

P. ¿Y en el plano de los valores?

R. También siempre estoy dándole vueltas. Por ejemplo, yo antes me colocaba plenamente en la izquierda, pero ahora yo creo eso de las izquierdas y las derechas es arcaico, un pensamiento de los tiempos de los movimientos obreros que solo sirve para marcar distancias, no algo propio de las sociedades digitales del siglo XXI. Creo que los partidos no han evolucionado hacia ideologías adaptadas a nuestros tiempos y nuestras necesidades sociales y entonces me pasa como a Rosalía, me cuesta mucho enmarcarse en un ismo y ya no tengo claro del todo donde caigo. Ya te digo que estoy en la frecuencia de la unión y no hay ningún político que la practique.

P. Usted estudió interpretación. ¿Hay “método” para dar las Campanadas?

R. Mira, ya las di en una ocasión, en 2020, desde Canarias, cuando estaba entrando Filomena, con un frío de narices. Como no nos dejaban reunirnos, fue darlas y sentir un eco enorme. Me tuve que ir a una habitación sola. Cinco años después las doy rodeada de amigas y en la nieve, que eso de las Navidades blancas pues están en nuestro imaginario colectivo desde pequeños y solo eso ya me devuelve mi espíritu de niña y me pone una sonrisa. En ese momento voy a transmitir toda mi mejor energía.

Tres preguntas que hacerse antes de una decisión que nos atasca

 Tres preguntas que ayudan a tomar una decisión si estamos paralizados, en El País, por Patricia Fernández Martín, 1 ENE 2026:

La paradoja de la elección: tener más opciones no nos hace más libres sino más insatisfechos. Tener claros nuestros valores y prioridades ayuda a evitar el inmovilismo y la ansiedad ante las alternativas infinitas

En una época en la que parece que podemos elegirlo todo, nunca nos habíamos sentido tan inseguros como ahora. La promesa de libertad ilimitada se ha transformado en una fuente constante de ansiedad. Tener más opciones no siempre significa más bienestar, a veces implica tener más dudas, más culpa y más vacío. Este fenómeno se ha llamado parálisis por elección y ocurre cuando el exceso de posibilidades nos impide decidir. El cerebro se bloquea, dudamos, comparamos, postergamos… Al final, elegimos con la sensación de haber fracasado en algo. Esa indecisión cotidiana es el reflejo de un malestar contemporáneo: la dificultad de tolerar la renuncia que implica cualquier decisión.

El psicólogo Barry Schwartz ha definido este conflicto como la paradoja de la elección: más opciones no nos hacen más libres, sino más insatisfechos. En una cultura que premia la perfección, el error se vive como un fracaso personal y activa el sistema de amenaza del cerebro. Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, demostró que nuestra mente no está preparada para procesar tanta información ni para sostener tanta ambigüedad. Dudamos porque nos invade el miedo a elegir mal. Aparecen el FOMO (miedo a perder algo) y el FOBO (miedo a elegir mal). Ambos bloquean el movimiento. El resultado es un tipo de ansiedad que muchas personas describen como agotamiento mental, procrastinación o insatisfacción amplificada por las redes sociales. Nos asomamos a vidas ideales y aparentemente perfectas. Elegimos desde la comparación y no desde el deseo genuino. Así, la identidad se vuelve un proyecto en permanente revisión. Y cuanto más nos comparamos, más nos alejamos de lo que somos. El filósofo Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, señala que la sobreabundancia de estímulos destruye el deseo. Demasiadas posibilidades saturan el sistema dopaminérgico. Mientras dudamos, cabe preguntarse quién gana en este sistema. Las plataformas digitales se benefician de nuestra atención dividida: cuanto más tiempo pasamos comparando o postergando, más rentables somos. El capitalismo emocional se alimenta de nuestra inseguridad y de la promesa de una opción mejor. Una sociedad indecisa, saturada y cansada es también más manipulable.

Las investigaciones en neurociencia muestran que más del 90% de nuestras decisiones se toman de forma automática, guiadas por emociones y experiencias previas. De hecho, como señala Gerald Zaltman, profesor de Harvard, “el 95% de nuestras decisiones se toman subconscientemente”, lo que refuerza la idea de que decidimos mucho más desde la emoción que desde el análisis racional. Por lo tanto, la indecisión no siempre tiene que ver con la falta de información o con que necesitemos más opciones, sino con la dificultad de una verdadera conexión emocional. Dudar de manera prolongada, en muchos casos, también es un mecanismo de defensa. Nos protege del malestar que imaginamos tras un posible error: la culpa, la decepción o la mirada ajena. Por ejemplo, una persona que rechaza un nuevo trabajo “porque no está segura” quizá no esté dudando del empleo ni necesite más información, sino que su conflicto viene de su incapacidad para tolerar el cambio o decepcionar a su entorno.

La psicología señala varios antídotos ante el vértigo de la elección: conexión con los valores y el sentido, pausa y reconceptualizar lo que significa la libertad. La terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), por ejemplo, propone un cambio de enfoque: elegir desde los valores, que no son metas concretas como tener éxito o ser feliz, sino direcciones vitales. Por ejemplo, si uno de mis valores es cuidar, puedo expresar ese valor siendo médico o maestro: lo esencial no es el rol, sino la coherencia con uno mismo. Esto está relacionado con el propósito como brújula interior que orienta las decisiones: para qué hago las cosas. La construcción de este sentido implica revisar vínculos y prioridades. Es importante parar para escuchar emociones y detener la voz autocrítica.

Existen algunas preguntas que pueden ayudar antes de decidir:

—¿Qué haría si no tuviera miedo a equivocarme?

—¿Esta decisión me da paz o ansiedad?

—¿De quién es el deseo que me mueve?

La parálisis por elección no es un defecto personal, sino un síntoma de una sociedad saturada de estímulos. Mucha de la insatisfacción del individuo actual emerge de ello y de nuestro entorno. Aprender a elegir no consiste solo en tener más opciones o analizarlas de forma obsesiva y neurótica, sino en conectar con lo esencial. Para ello es importante aceptar la pérdida que implica cada elección, sostener la duda sin huir de ella y decidir desde la coherencia interna más que desde el miedo. Quizás elegir hoy en día consista en eso: detenerse, aprender a escucharse y avanzar con sentido. No se trata de acertar, sino de vivir en paz con lo que se elija.

Patricia Fernández Martín es psicóloga clínica