sábado, 14 de diciembre de 2024

Selección de los cincuenta mejores libros de 2024 por parte de El País / Babelia

 La selección de 50 libros del año en El País / Babelia, reseñados los primeros veinte, y consignados el resto: Babelia, 14 dic 2024

RESUMEN ANUAL / LIBROS

Los 50 mejores libros de 2024

El complejo retrato que Leila Guerriero pinta de una mujer superviviente de la violación y la tortura durante la dictadura militar argentina arrasa entre un jurado formado por más de cien expertos. La lista de este año, más innovadora de lo habitual, apuesta por novelas caracterizadas por el riesgo artístico

La lista deseada se parece bastante a la que ha salido de las votaciones del jurado que este año han integrado 107 expertos. Aparecen clásicos contemporáneos —como Paul Auster, Lídia Jorge, Mircea Cărtărescu o Ignacio Martínez de Pisón—, pero destaca la incorporación de voces apenas escuchadas hasta ahora como son las de David Uclés, Sara Barquinero o Nicolás Sesma.

Combo libros 2024, BABELIA 14/12/24

El jurado literario de ‘Babelia’ en 2024

Aunque la lista tiene algo de inesperado, porque no aparecen libros premiados ni tampoco lanzamientos megapromocionados, no ha sido una sorpresa que La llamada fuese elegido el mejor libro del año. Desde el primer día que pudo leerse, Leila Guerriero ha fascinado con la máquina de precisión literaria que es su retrato de Silvia Labayru. El nombre de la periodista argentina abre una lista en la que el peso de las escritoras latinoamericanas —Enriquez, Ojeda, Gainza— debe ser justamente subrayado.

1) La llamada

Leila Guerriero

Anagrama

Durante la dictadura argentina la Escuela de Mecánica de la Armada —la ESMA en Buenos Aires— fue el principal centro de detención clandestino del país. Entre 1976 y 1983 allí fueron torturadas, secuestradas y asesinadas unas 5.000 personas. Sobrevivieron menos de doscientas. Una de ellas fue Silvia Labayru, hija de una familia de militares. En 2021 Leila Guerriero (1967) vio la fotografía de esa mujer en un reportaje publicado con motivo del primer juicio por crímenes de violencia sexual cometidos en ese infierno. Habían pasado décadas sin que ella hablase con periodistas. Después Guerriero habló con ella, con respeto y obsesión, días y días y días, con ella y con decenas de personas, en calma y ante el vértigo. Porque la supervivencia, moralmente, es más compleja que la muerte: lleva la humanidad al límite.

¿Qué sucedió allí? ¿Cómo logró sobrevivir? “Bajo amenaza de muerte, consentir es resistir”, puede leerse en un texto que Labayru le hizo llegar al empezar su diálogo. Cuando a finales de 1976 la detuvieron, tenía 20 años, embarazada de cinco meses, y pertenecía al revolucionario Ejército Montonero. Estaba integrada en el Servicio de Inteligencia cuyo máximo responsable en la capital era el escritor Rodolfo Walsh, autor de Operación Masacre, el hito fundacional del periodismo narrativo latinoamericano. Al leer La llamada conmociona que esta nueva obra maestra acabe por cuadrar el círculo de la mejor no ficción literaria en lengua española.

Leila Guerriero ha llevado el periodismo a una nueva frontera, sobre todo por la construcción de un riquísimo discurso formal donde fluyen las voces que matizan testimoniando y en el que la tensión entre lo ocurrido entonces y lo relatado ahora se convierte en una lección memorable sobre la vida adulta que se salva por la lucidez y contra el autoengaño. No hay juicio. Hay hechos, versiones sobre hechos y la moral, es decir, experiencia meditada sobre el dilema fatal y ambiguo entre muerte y supervivencia en un presente puro y oscuro. Hay alta literatura. Sé que la lectura de La llamada, tan adicitiva, me acompañará para siempre. Por Jordi Amat

2) La península de las casas vacías

David Uclés

Siruela

David Uclés ha cruzado un océano de 14 años hasta dar por finalizada su tercera novela. La vocación inicial fue narrar la historia de su propia estirpe, arraigada en Jándula (trasunto del pueblo de Quesada). Sin embargo, acabó contando la de todo un país durante la Guerra Civil española, el terrible hito que truncó el futuro de lo que él gusta en llamar Iberia. Su imaginación desborda los marcos mentales en los cuales se suelen constreñir las narrativas contemporáneas, porque su mirada es imprevisible. No elude mencionar ningún episodio real bajo el tamiz de lo taumatúrgico. No rehúye siquiera vengarse con diálogos inventados de figuras que le resultan deleznables. Es la suya una escritura prodigiosa y atrevida. Incluso el narrador, que es el propio autor, interviene en los acontecimientos para dialogar con sus personajes, siempre concebidos a medio camino entre lo real y lo imposible, como por ejemplo Odisto, el hombre en torno al cual gira la historia, en homenaje a su tatarabuelo.

Todo el libro es un ejercicio apabullante de eso que hemos convenido en llamar realismo mágico y que, como decía Elena Garro, una de sus máximas exponentes, no es más —ni menos— que “la plasmación de la cosmogonía de los pueblos originarios”, de los habitantes de lugares como Jándula/Quesada, quienes, a principios del siglo XX, aún pasaban la vida ajenos a la contaminación de lo urbano, a la coerción de lo convencional y a la preponderancia de lo homogéneo. Basta con advertirles que la novela empieza con el parto de un niño muerto y el rito del luto tiñéndolo todo, incluso los árboles. No se me ocurre una imagen más profética con la que empezar a contar esa guerra que la de un árbol negro. Por Esther López Barceló.

3) Theodoros

Mircea Cărtărescu

Traducción de Marian Ochoa de Eribe

Impedimenta

Babelia 14/12/24 Libros 2024

Con Theodoros, Mircea Cărtărescu prueba que toda futurología estética es pólvora del Rey: si Italo Calvino pronosticó que la literatura del siglo XXI sería ligera y breve, rápida y visible, la del rumano es barroca, caudalosa, lenta y rebosante de oscuridades. Con el mismo estilo de lirismo estupefaciente de su trilogía Cegador y una imaginación desbocada, la novela narra la epopeya de una ambición insaciable: la de un muchacho en la corte de Valaquia, dispuesto a remedar a su idolatrado Alejandro Magno a cualquier precio. Las vicisitudes de su ascenso lo llevan de su condición de sirviente en Rumanía a la de pirata en el mar Egeo y de ahí a la Etiopía cuya monarquía pretende. Mediante un injerto de un realismo mágico opulento en el molde de la novela histórica y de aventuras de raíz decimonónica, el escritor rumano desata en Theodoros una escritura torrencialmente barroca, sembrada de digresiones, desaforada, con la que reivindicaba la jurisdicción de la novela sin límites. Por Domingo Ródenas de Moya.

4) Ropa de casa

Ignacio Martínez de Pisón

Seix Barral

Pertenece a la especie de lo indescifrable el hecho de que Ignacio Martínez de Pisón no haya desarrollado la menor propensión a la vanidad ensoberbecida ni sepa qué es la envidia literaria (ni la otra), pese a figurar desde hace 40 años en la nómina fiable de la mejor literatura de la democracia. Sus libros se leyeron primero en Anagrama y después en Seix Barral, pero esta obra tan humildemente titulada Ropa de casa habla de la primera etapa, de cuando Herralde decidió publicar a un muchacho jovencísimo con un fajo de folios bajo el brazo, de cuando el joven decidió vivir en Barcelona, de cuando era imposible no ver bebido a Carlos Barral y de cuando empezó una amistad inquebrantable con Enrique Vila-Matas mientras trasegaba con un “izquierdismo algo desmayado”.

Sin aspavientos ni retóricas autocompasivas, Martínez de Pisón enhebra los pasos de una autobiografía literaria con multitud de evocaciones familiares y personales que trasladan de forma muy fiel un modo de vivir el oficio de la escritura y la publicación de libros literarios. El magisterio paternalista que ejerció con él en privado Javier Marías (“Si te sirve de algo, yo creo que tienes mucho talento y que en principio no tiene por qué estropearse si no te dejas amilanar”), está entre las mejores cosas de este libro, con algunas transcripciones de cartas un punto señoriales de Marías y la confidencia de Pisón de haber padecido injustamente la “automática expulsión de su mundo”. La franqueza sin ínfulas reveladoras y la naturalidad del relato de su apacible prosperidad en el oficio se concentran en la que probablemente sea la mejor semblanza del libro: corresponde a su amigo Félix Romeo y nada en ella devalúa la gratitud que Pisón disemina en cada una de las páginas del libro. Por Jordi Gracia.

5) Los escorpiones

Sara Barquinero

Lumen

Tendrá su parte de verdad, sí, pero es innegable que decir hoy que quienes escribimos optamos por la forma corta o fragmentaria porque “no nos da la vida” o “no tenemos tiempo para otra cosa” se ha vuelto un lugar común. En Los escorpiones, Sara Barquinero prefiere la grandilocuencia y pasarse de las 800 páginas, al estilo de los posmodernos americanos que reconstruían, siguiendo los impactos de un partido de béisbol, el espíritu de un momento de la historia. Desfilan por sus partes el suicidio, la muerte y teorías de la conspiración; mezcla y agita una anhedonia muy generacional con el origen del fascismo o los primeros foros que brotaban cuando Internet era una jungla. La primera vez que lo leí fui incapaz de parar hasta el final de la segunda parte. Sara, Thomas, Margherita o Michaela, algunos de sus protagonistas, conducen a quien lee a abismos de deseo y muerte, futuros vampirizados, castigo, consumo y fantasmas. El libro ya ha logrado lo mejor que una obra puede conseguir: es un libro de gran ambición, pero sobre todo es el libro de una gran lectora, que retuerce el diálogo con sus referentes para reavivar otra conversación con el mundo. Por Elizabeth Duval

6) Ni una, ni grande, ni libre

Nicolás Sesma

Crítica

Nicolás Sesma, 47 años, criado en Huesca, profesor en Grenoble (Francia), pertenece a una generación de historiadores que nació después de la muerte de Franco. De la misma forma que su maestro Robert Paxton cambió la mirada sobre la relación de Francia con el fascismo, su libro Ni una, ni grande, ni libre ha contribuido a deshacer de forma rotunda muchos tópicos sobre el franquismo: la dictadura sobrevivió durante 40 años porque no se trataba de una panda de tuercebotas trasnochados, sino que Franco supo rodearse de políticos competentes. “No eran mediocres”, apuntó sobre los gerifaltes del régimen en una entrevista con Marc Bassets. “¡Ojalá lo hubieran sido!”. El principal malentendido al que se enfrenta el libro es la idea de que España fue diferente. El famoso lema acuñado por Manuel Fraga no se corresponde en absoluto con la realidad de un país integrado en las grandes tendencias de unos tiempos en los que, desde América hasta Corea del Sur o Portugal, las dictaduras era muy habituales.

Como todos los grandes libros de historia, los secundarios son tan importantes como los protagonistas, la escritura es fluida y con mucha garra y las referencias tremendamente amplias y a veces insospechadas —hay hasta un apartado dedicado al rodaje de El Cid en el capítulo en el que describe la transformación tecnocrática de la dictadura—. El ensayo acaba con la saga familiar de los Díez-Alegría, que reunía todas las tendencias de un país que buscaba un cambio definitivo y “una tierra donde poder ser libres”. Esperamos la continuación. Por Guillermo Altares

7) Baumgartner

Paul Auster

Traducción de Benito Gómez Ibáñez. Seix Barral

Traducción de Ernest Riera Arbussà (catalán). Edicions 62

La última obra publicada y quizás escrita por Paul Auster es una novela de amor y de duelo llena de vida, de inteligencia y de ternura. Es una de sus mejores novelas, y eso ya es mucho decir en el caso de este escritor milagroso. Los 40 años con su esposa, Siri Hustvedt, desde que eran jovencísimos estudiantes en Nueva York, con sus altibajos y con toda su intensidad contada o adivinada, reverbera inevitablemente en la mente de los lectores asiduos de Auster. Baumgartner es su último acto de protección y de cariño hacia ella y hacia el tiempo que pasaron juntos. El más bello y conmovedor, y de nuevo inteligente, que he leído en mucho tiempo. Como también es la mejor novela o ensayo de duelo que conozco.

Conmueve de veras el mandato de felicidad, de búsqueda del amor y de la vida para quien se queda. Sin alharacas ni sensiblería, ni mentiras piadosas, con sobriedad y hasta con humor. “¿Tarde para qué?” le pregunta el profesor al hombre que viene a leerle el contador de la luz, al principio de su soledad. No es tarde para nada, escribe al final del viaje para alejarse de ella: “Recuerda este momento, chico, acuérdate de él durante el resto de tu vida, porque nunca te ocurrirá nada más importante que lo que te está pasando ahora mismo”. Por Isabel Burdiel.

8) Misericordia

Lídia Jorge

Traducción de María Jesús Fernández

La Umbría y la Solana

No sé muy bien cómo decirlo, pero hay una ética literaria en la obra de Lidia Jorge que se aprecia en todo cuanto escribe: en el punto de vista, el tono, la sensibilidad o bien la finura de espíritu con que encara los temas más difíciles. En Misericordia, la escritora portuguesa asume la memoria cotidiana de su anciana madre, ingresada en una residencia por sus problemas de movilidad (y donde fallecería de covid en 2020 sin que su hija pudiera acompañarla), y nos ayuda a comprender que otra vida es posible en la vejez. Una vida donde se mantiene a raya el dolor y la tristeza, tan habituales en esta etapa, para concentrarse en la medida de lo posible en la felicidad de las pequeñas cosas que puede ofrecer el día. Basta con buscar la armonía en la disposición de los objetos más sencillos que rodean a la protagonista para decirse a sí misma que con ello está ordenando la tierra, el mar, el mundo.

Mejorando la disposición de un plato, de unos cubiertos o de unas flores en la mesa donde Dona Alberti, trasunto del verdadero personaje que inspira a Lidia Jorge, comparte almuerzos y cenas con otras residentes, para pensar que está mejorando la geometría del mundo: “He aprendido que el alma que se eleva, eleva el mundo. Y sé cómo, porque amasé el pan. Se trata del principio de la levadura. La agria levadura, mezclada con la harina, la transforma y la hincha. De la misma manera una buena persona tiene el poder de atemperar la fealdad del mundo gracias a la belleza”. Y con este principio combate la gran oscuridad que avanza en su interior y también en su entorno con la pandemia. En resumen, honrando la muerte de su madre, Lidia Jorge ha liberado un espacio de vida iluminador que a todos nos concierne. Por Anna Caballé.

9) Biografía de X

Catherine Lacey

Traducción de Núria Molines Galarza

Alfaguara

Ni fragmentario, ni ensayo personal-político, el cuarto libro de Catherine Lacey (Tupelo, 36 años) contradice algunas de las corrientes que triunfan hoy entre autoras de su generación. Y, sin embargo, no cabe duda de que la biografía ficticia de una artista total que imagina y escribe en su novela está escrita ahora. La distopía es el telón de fondo de esta historia con un EE UU escindido entre un norte progresista que gobernó Emma Goldman, un sur en el que se estableció un régimen teocrático y totalitario, y un oeste libertario. El país está en plena reunificación cuando se escribe la biografía, pero todo es inestable e incierto. Hay giros y guiños, humor, dolor y una fina inteligencia en la reconstrucción de la vida de X que acomete su viuda, C. M. Lucca, una periodista que lleva años abducida por la historia de amor con su magnética y misteriosa esposa.

El desconcertante duelo tras su muerte la empuja a tratar de descubrir quién era X, y cómo fue que trabajó en Berlín con Bowie, en Nueva York con Connie Converse o en Italia con la feminista Carla Longhi. El artista Larry Rivers encabeza un grupo de hombres que protestan en la puerta de los museos contra las tareas administrativas que se ven forzados a realizar, puesto que el sistema favorece que solo las mujeres produzcan obras. Capa a capa, Lacey construye un fascinante juego de espejos tan bien armado que la intriga sobre qué ocurrió y qué está inventando acompaña al lector hasta la última página. Y con su cuerpo de notas finales vuelve a sacudir el tablero. Por Andrea Aguilar

10) James

Percival Everett

Traducción de Javier Calvo

De Conatus

Si Las aventuras de Huckleberry Finn es una obra maestra y un pilar de la cultura estadounidense, James, la versión de Percival Everett, “también podría serlo”, sentencia la crítica de The New York Times. No es poco halago, incluso para un autor reconocido como Everett. La reescritura del relato de Twain, situado en los Estados Unidos prebélicos y protagonizado por Jim, el esclavo fugado que acompaña a Huck, aúna ingredientes de grandes clásicos. Es un relato de aventuras trepidante, contado en episodios breves, con grandes dosis de humor y sarcasmo y, al mismo tiempo, una narración de la huida física y existencial del enemigo blanco hacia la libertad.

A través del ejercicio del lenguaje, el pensamiento y la literatura y, casi por defecto, la violencia, James —como decide llamarse Jim— deviene libre. Hablar esclavo, esto es, de manera poco refinada y apenas inteligible, es una cuestión de supervivencia, le explica a su hija al inicio de la novela. Sabe que los blancos temen más a un esclavo que sepa hablar y leer que uno violento. Unos pocos libros, unas hojas de papel y un lápiz robados constituyen sus bienes más preciados, único refugio en su huida de los blancos, siempre al acecho, sin importar las razones. Entre los libros están obras de Locke, Voltaire y Montesquieu, a quienes James interpela en diálogos imaginarios sobre su hipócrita defensa de los derechos humanos y la esclavitud. Hacia el final, en su búsqueda desesperada de su mujer y su hija, se dirige al juez Thatcher en el inglés correcto que siempre usó con sus compañeros esclavos. Ya no repara en las consecuencias de sus acciones desde el temor, sino con la impasibilidad de un hombre libre que sabe que la batalla no ha hecho más que empezar. Por Olivia Muñoz-Rojas.

11) Un lugar soleado para gente sombría

Mariana Enriquez

Anagrama

La degradación del cuerpo, y la imposibilidad de escapar del contexto y de uno mismo son temas que atraviesan el retorno de Mariana Enriquez al relato breve. Como siempre, juega con distintos códigos para hacer emerger la oscuridad a la que giramos la cara a base de eslóganes sofisticados y artículos de opinión.

12) Chamanes eléctricos en la fiesta del sol

Mónica Ojeda

Random House

No hay manera de resumir la trama de esta novela. Unos jóvenes celebran una fiesta atávica junto a un volcán en la geografía andina. Escuchan música experimental, empiezan un viaje lisérgico. Se diluye su individualidad para convertirse en coro trágico. Cuentan la historia de Noa, una niña abandonada que encontrará a su padre y lo abandonará. Mónica Ojeda uso materiales que son habituales en cierta ficción distópica actual: lo ancestral y lo corporal, lo monstruoso y lo sublime. Pero la escritora de Ecuador huye del tópico y el panfleto y logra que Noa supere sus orígenes inmediatos para conectar con la esencia del chamanismo.

13) La última frase

Camila Cañeque

La Uña Rota

La ineficacia, lo improductivo, lo inacabado. Eran los territorios que exploraba Camila Cañeque. Un mes después de su fallecimiento, se publicó La última frase: un ensayo sobre 452 frases con las que terminan 452 libros. Uno de los lectores fascinados por este experimento fue Enrique Vila-Matas, que lo describió como “un elegante, hipnótico artefacto literario, vivamente atraído por el desenlace de las cosas: una maravillosa biblioteca de frases últimas”. También Nadal Suau conectó con su propuesta: “He aquí un canto a la tragedia del desencuentro entre el tiempo infinito y nuestra condición finita, con la literatura como mediadora destinada a un fracaso tan predecible como fascinante”.

14) Presentes

Paco Cerdà

Alfaguara

En el centro del proyecto cívico y literario de Paco Cerdà están los peones: gentes anónimas que desaparecen de la historia en minúscula porque la Historia en mayúscula los fagocita. En sus libros están los protagonistas principales, los secundarios y los que no están. En Presentes —probablemente su obra formalmente más arriesgada— la tensión se produce entre el via crucis fascista que llevó los restos de José Antonio Primo de Rivera de Alicante a El Escorial y las víctimas conocidas o desconocidas del primer franquismo. Borrados que ahora están presentes.

15) Un puñado de flechas

María Gainza

Anagrama

En este nuevo libro híbrido de la argentina María Gainza confluyen los dos vectores de su creación literaria: la escritura y la crítica de arte. Los distintos capítulos tienen extensiones diversas y no hay una única etiqueta que sirva para descibrirlo: hay crónica, ensayo, relato. A través de esa pluralidad, Gainza crea el puente entre arte y escritura y la clave de Un puñado de flechas, como señaló Laura Ferrero, es la textura de su mirada: “lo milagroso es el ingenio, el socarrón descreimiento, la infinita curiosidad, ese inagotable asombro, siempre acompañado de humor o de esas contradicciones tan honestamente manifiestas”. Así nos permite mirar donde, sin ella, no veríamos.

16) Madre de corazón atómico

Agustín Fernández Mallo

Seix Barral

Podría parecer un libro sobre Pink Floyd, pero no. Podría parecer un libro sobre una madre, y no exactamente. En la portada parece que sea una vaca, pero no lo acaba de ser. Digamos que Agustín Ferández Mallo centra esta “historia verdadera” en su padre fallecido, pero tampoco cabría leerlo como la historia de aquel veterinario que hizo un viaje a los Estados Unidos para traer en avión una veintena de vacas. Esta casi todo eso, pero sobre todo la relación íntima con todos esos hilos para tramar una magnífica indagación sobre cómo constituimos nuestra identidad a través de una memoria que opera con recuerdos y también con las ficciones que necesitamos para contarnos.

17) Golpe de gracia

Dennis Lehane

Traducción de Aurora Echevarría Pérez

Salamandra

La crítica de este libro que escribió Carlos Zanón ya era una invitación a devorarlo. “A ratos parece una tableta crujiente de chocolate, a ratos una descarada muestra de la superior solvencia y talento narrativo de su autor”. La acción se desarrolla en Boston a mediados de los setenta. El contexto son los disturbios raciales tras la medida de un juez contra la segregación racial. “Sobre ese escenario Lehane explica de forma soberbia en qué consiste el racismo, el clasismo, la ira y la rabia, mediante la mejor forma posible: la ficción”. No habla del presente norteamericano, pero, ciertamente, ayuda a entender el lado oscuro de un país automitificado para que no lográsemos contemplarlo en toda su complejidad.

18) Primavera revolucionaria

Christopher Clark

Traducción de Eva Rodríguez Halffter

Galaxia Gutenberg

¿Sentirse dentro de un proceso revolucionario? Es una de las sensaciones que puede experimentarse leyendo el ambicioso Primavera revolucionaria de Christopher Clark. El autor del clásico Sonámbulos propone otro ejercicio que rompe con las historias nacionales y conecta en clave transatlántica el clima social y los estallidos cívicos que desembocaron en procesos revolucionarios. No había una planificación conjunta, sino un nervioso cuestionamiento del antiguo régimen. Un “desorden interconectado”. Hubo revoluciones y contrarrevoluciones, claro, incertidumbre y sensación de fracaso, pero después de esa “primavera de los pueblos” muchos caminos del pasado dejaron de ser transitados.

19) Triste tigre

Neige Sinno

Traducción de la autora. Disponible en catalán con traducción de Marta Marfany

Anagrama

La valentía de testimoniar el abuso es una forma de compromiso cívico: el relato de la violación es un acto de disrupción en la normalidad para tomar conciencia de la violencia sistemática contra niñas y mujeres. En Triste tigre la autora rememora diversas escenas de su pasado infantil y adolescente sufriendo las agresiones de su padrastro, pero el valor literario del libro es su capacidad moral para trascender el testimonio. Niege Sinno reflexiona sobre identidad tras el abuso, la convivencia con ese recuerdo, las estrategias de supervivencia y, a partir de ese conocimiento autobiográfico, explora cómo la violación ha sido integrada como una forma de malestar de la cultura.

20) Un corazón furtivo. Vida de Josep Pla

Xavier Pla

Traducción de Ana Ciurans Ferrándiz, Olga García Arrabal y Francesc Ribes. También disponible el original en catalán

Destino

Josep Pla —figura nuclear de la literatura catalana de todos los tiempos, prosista clave del siglo XX español— sabía que un ángulo muerto de su obra era la intimidad. La intimidad es un tema para un moralista y él lo era. Pero la mixtificaba, la omitía, la disimulaba y la silenciaba. El principal valor de esta monumental biografía es haberla desvelado. El profesor Xavier Pla, que se ha pasado la vida estudiando al Montaigne del Empordà, ha tenido acceso a toneladas de documentación inédita y así ha modificado para siempre la percepción sobre un hombre que fascinó y que siempre se refugió de su sentimentalidad desbocada escribiendo, escribiendo, escribiendo.

21) En El Pensamiento

César Aira

Random House

22) Doppelganger

Naomi Klein

Traducción de Ana Pedrero Verge e Ignacio Villaro Gumpert

Paidós

23) El niño

Fernando Aramburu

Tusquets

24) España diversa

Eduardo Manzano Moreno

Crítica

25) Tarántula

Eduardo Halfon

Libros del Asteroide

26) El celo

Sabina Urraca

Alfaguara

27) El tiempo de los lirios

Vicente Valero

Periférica

28) El estilo de los elementos

Rodrigo Fresán

Random House

29) Las niñas del naranjel

Gabriela Cabezón Cámara

Random House

30) El abrazo

Anne Michaels

Traducción de María Eva Cruz García

Alfaguara

31) Los guapos

Esther García Llovet

Anagrama

32) Autocracia S. A.

Anne Applebaum

Traducción de Rosa Pérez Pérez

Debate

33) El jardín contra el tiempo

Olivia Laing

Traducción de Lucía Barahona

Capitan Swing

34) La alquimia del tiempo

John Banville

Traducción de Miguel Temprano García

Alfaguara

35) Sé mía

Richard Ford

Traducción de Damià Alou

Anagrama

36) Antes que nada

Martín Caparrós

Random House

37) La distancia que nos separa

Maggie O’Farrell

Traducción de Concha Cardeñoso. Libros del Asteroide

Traducción de Alexandre Gombau (catalán). L’Altra Editorial

38) Perder el juicio

Ariana Harwicz

Anagrama

39) Despacio el mundo

Ramón Andrés

Acantilado

40) Clara y confusa

Cynthia Rimsky

Anagrama

41) Atusparia

Gabriela Wiener

Random House

42) Alcaravea

Irene Reyes-Noguerol

Páginas de Espuma

43) El tiempo perdido

Clara Ramas

Arpa

44) Luciérnaga

Natalia Litvinova

Lumen

45) El volumen del tiempo I

Solvej Balle

Traduccion al castellano de Victoria Alonso. Traducción al catalán de María Rosich

Anagrama

46) Mil ojos esconde la noche

Juan Manuel de Prada

Espasa

47) No hemos venido a divertirnos

Nina Lykke

Traducción de Ana Flecha Marco

Gatopardo

48) Intermezzo

Sally Rooney

Traducción de Traducción de Inga Pellisa Díaz. Random House>

Traducción de Ferran Ràfols Gesa (catalán). Periscopi

49) Los alemanes

Sergio del Molino

Alfaguara


50) Los íntimos (Memoria del pan y las rosas)

Marta Sanz

Anagrama

Rodrigo Fresán, El estilo de los elementos

 Carlos Pardo, ‘El estilo de los elementos’, de Rodrigo Fresán: una magistral autobiografía libre contra las novelas fabricadas en serie, en El País, 11 ene 2024:

El nuevo libro del escritor argentino es una gozada: está escrito a la contra y con una cierta rabia atlética, porque lo espolea aquello que coarta la libertad de su imaginación

Cuenta Scholem una anécdota sobre Walter Benjamin: cuando era estudiante se desesperaba con la mediocridad de sus profesores. Solo había una excepción. El primer día de clase, un tal Lewy se dedicó a fastidiar a cada alumno con una actuación incompetente: les preguntaba algo que él mismo no sabía responder. A la segunda clase se presentaron muy pocos alumnos. “Bien, ahora podemos comenzar”, dijo Lewy. Aquellas clases fueron un alimento espiritual para el inquieto Benjamin.

De una manera similar, ciertos novelistas practican este recurso disuasorio: expulsar a los lectores poco atentos o mecánicos. Es el método de Nabókov en Ada o el Ardor: 100 páginas de vocación decimonónica, abstrusa y tediosa, y de pronto una de las novelas más apasionantes e inventivas que uno pueda imaginar. Y este es también el método de Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) en El estilo de los elementos.

El propio título ya se presenta con la dureza de un chiste pedante. Invierte el título del clásico manual de escritura de William Strunk Jr., Los elementos del estilo (1920), una guía con recomendaciones acerca de la limpieza, la brevedad, una idea por frase, etc. Un clásico, en resumen, de los igualadores de un estilo funcional. Fresán dedica, por el contrario, las 720 páginas de su nueva novela a impugnar toda corrección y funcionalidad. Es un libro escrito contra ciertos maestros y, sobre todo, contra una época que publica novelas como quien fabrica bolsos en serie (un complemento pequeño, funcional y chic). A lo cómodo Fresán le opone lo monstruoso, y lo primero que uno encuentra en El estilo de los elementos es una profusión de citas, digresiones y metaanálisis, un emborronamiento de los perfiles de su protagonista: ¿es una autobiografía en tercera persona?

Fresán escribe contra los prestigios intelectuales y cualquier principio castrador. De ahí su ludismo y cierta soledad edípica

Quizá esta propia reseña esté copiando la táctica de Fresán, asustar al lector holgazán, pero quien haya llegado hasta aquí ya intuye que El estilo de los elementos es una verdadera gozada, un libro escrito en un estado de rara inspiración, con uno de los arranques más hermosos de toda la obra de Fresán. Escrito a la contra y con una cierta rabia atlética: lo espolea aquello que coarta la libertad de su imaginación. ¡Durante más de 700 páginas!

El estilo de los elementos también es la novela autobiográfica de alguien que aborrecería ser catalogado como escritor de autoficción. No es un Fresán factual, sino una entidad literaria. Los hechos de una vida son un elemento más de una gramática de la imaginación; y la materia ficcional es precisamente el elemento de contraste que enriquece la pobreza de los hechos.

Land, el protagonista, es hijo de editores. Sus padres quieren que sea escritor. Pero Land aborrece la idea: él quiere ser lector. En cierto sentido, toda obra literaria de cierta importancia la escribe un lector. Los lectores son “contadores de vidas ajenas”. Y Land es también un lector de sí mismo. “Yo me convertí en un ghost-writer para así no ser escritor pero sí poder ser un lector que transcribe”.

Asistimos a tres episodios de su vida: su infancia en Gran Ciudad I, su adolescencia en Gran Ciudad II, y la escritura de este antimanual en Gran Ciudad III. Dicho de otra manera, los años en que Land descubre la literatura (con la omnipresente Drácula) en un mundo coaccionado por sus padres y la intelectualidad de una probable Buenos Aires; el desarraigo adolescente en Caracas, donde Land se enamora de “Ella” (el modelo aquí es Licorice pizza); y la escritura, ya en primera persona, y en una Barcelona de tendencia, de este cacofónico y sabio manual de escritura en tanto que lectura.

Un libro escrito contra la moda, los prestigios intelectuales y cualquier principio castrador, de ahí su ludismo y cierta soledad edípica. “¡ACOMPLEJADO APUÑALÓ A PAPI Y MAMI!”, imagina, como titular, el solitario Land. Repito, porque no es un detalle insignificante: más de 700 páginas matando a los padres y a cualquiera que se entrometa en nuestro gozo lector. Y más tramas, subtramas, digresiones, citas... Y una escritura en estado de gracia.

Portada de 'El estilo de los elementos', de Rodrigo Fresán. EDITORIAL RANDOM HOUSE

El estilo de los elementos

Rodrigo Fresán

Random House, 2023

720 páginas, 25,90 euros

Un entremés cervantino posmoderno

 Copyright © 2024 Gustavo Guardiola. Todos los derechos reservados. Don Quijote y Sancho nos explican cuáles son esos gigantes que atacan todo lo que nos une y nos hace fuertes esparciendo embustes y medias verdades sobre nuestro pasado. No son molinos, Sancho, pero sí vienen a molernos. Tomado de Quora:

Un entremés cervantino posmoderno

Don Quijote: Sancho, bien sé que el mundo, en su infinita inclemencia, gusta de construir gigantes donde solo hay molinos, y he sabido de un monstruo de tinta y papel llamado la Leyenda Negra, que pretende envolver a nuestra España en un manto de infamia.

Sancho Panza: Pues, señor, si acaso las lenguas viperinas dijesen que España ha hecho más ruido que bien, ¿no sería porque, a veces, las espadas pesan más que las plumas?

¡Buenas y santas, moradores del orbe y vagabundos del espíritu! Buenas noches a la Nueva España y sus confines, buenos días a la vieja Europa, y buen mediodía a quienes, en las islas remotas del mundo, aguardan todavía al último galeón. Yo soy Gustavo Guardiola, vuestro servidor y desocupado cronista, y os doy la bienvenida a esta nueva emisión de La Radio del Fin del Mundo, transmitiendo con 50 mil arcabuces de ruido y con la misma alta infidelidad con que un poeta promete la eternidad.

Saludamos desde este rincón a los caballeros andantes de Los Ángeles, a los escuderos pacientes de la Patagonia, a los pastores de Tijuana y a los hidalgos de las Baleares. Extendemos nuestro saludo también a nuestros estimados hermanos en Guinea Ecuatorial, porque en este teatro del aire, la lengua española es el puente que no cae, ni por moda ni por desvarío.

Aquí, donde el honor y el desatino bailan como gigantes en el horizonte, os prometemos risas, razones y más de una bofetada al sinsentido de estos tiempos. Preparaos, porque las aspas ya giran, el viento sopla, y en esta travesía, el molino siempre se defiende.

Don Quijote: ¡Oh, amigo mío! ¿Cómo puedes tú, hijo del suelo hispano, prestar oído a las calumnias de los necios? España, madre de caballeros y cuna de santos, llevó luz a donde antes reinaban tinieblas. Si otros la miran con odio, no es por sus yerros, sino por sus virtudes.

Sancho Panza: ¿Virtudes, dice vuestra merced? Que no niego yo la labor de algunos frailes y doctos, pero tampoco puedo tapar el sol con un sombrero. Que a muchos indios, antes que luz, les llegó la sombra del acero.

Don Quijote: Y en eso, Sancho, se engañan los que solo ven la espada y no la cruz que la acompaña. España no se limitó a conquistar; educó, evangelizó y civilizó. ¿Qué otro pueblo en el orbe legisló tan temprano en defensa de los naturales, como nuestras Leyes de Indias?

Sancho Panza: Eso bien lo sé, señor mío, pero, ¿no será que otros pueblos no tuvieron que legislar porque, antes de llegar al papel, ya habían exterminado?

Don Quijote: ¡Por San Jorge, Sancho! Has dado en el clavo con un martillo de justicia. Mira tú a las gentes del norte, esos que ahora derriban estatuas y claman por derechos, como si hubiesen nacido sin pecado original. No hay cosa más falsa que su pretendida pureza. Allí donde el español integró, el inglés aniquiló.

Sancho Panza: Pero, señor, si a esos del norte tan poco les dolió el eliminar, ¿cómo han logrado ser ellos los buenos del cuento?

Don Quijote: Por el arte de la pluma torcida y la palabra aviesa, Sancho. Han sabido escribir la historia a su modo, convirtiendo a España en villana para mejor ocultar sus propios crímenes. Esa Leyenda Negra no es más que un espejo que refleja sus miserias y proyecta las sombras sobre nosotros.

Sancho Panza: Pero, ¿y qué haremos, señor, contra esos espejos que nos afean la imagen?

Don Quijote: Haremos lo que todo buen caballero debe hacer: alzaremos nuestra voz y nuestro pensamiento. Porque aunque los gigantes de la mentira nos superen en tamaño, la verdad tiene su propio escudero: el tiempo.

Sancho Panza: Pues que sea el tiempo quien hable, y nosotros, entretanto, comamos un buen cordero, que no hay batalla que se libre con el estómago vacío.

Don Quijote: ¡Ah, Sancho! Siempre tan práctico. Pero no olvides, buen amigo, que el alimento más noble es el de la conciencia tranquila y la honra defendida.

Sancho Panza: Pues entonces, señor, marchemos a defender la honra de nuestra España, que al menos en eso no nos faltará ejercicio, ni a vos vuestra lanza ni a mí mi pellejo.

Don Quijote: Y con ello, Sancho, honraremos no solo a nuestra patria, sino a la verdad misma. ¡Adelante, amigo mío, que aún hay molinos por vencer y mentiras por derribar!

Sancho Panza: Señor, ¡mirad cómo se han puesto las cosas en este tiempo que llaman posmoderno! Que no sé yo si son molinos o gigantes, pero de tanto derribo que hacen, no queda estatua en pie, ni de santos ni de hombres de letras. ¡Hasta la de vuesa merced, el mismísimo Cervantes, derribaron como si fuese un pirata o cosa peor!

Don Quijote: ¡Qué espantosa confusión, Sancho! Si Cervantes, a quien llaman el manco de Lepanto, entregó su brazo al servicio de la cristiandad, ¿cómo es posible que lo tilden de opresor? Es el mundo al revés, donde la razón tropieza con su propia sombra y la ignorancia se corona como reina.

Sancho Panza: Pues, señor, dicen que es cosa de un tal movimiento que llaman Black Lives Matter, que va buscando justicia, aunque parece que en el camino confunden víctimas con verdugos. ¿Cómo se les ocurre que Cervantes, quien luchó contra los turcos y escribió con tanto ingenio, pueda ser enemigo de alguna vida?

Don Quijote: ¡Ah, Sancho! En este siglo, los hechos no pesan tanto como las emociones. Es un tiempo en que cada cual se fabrica su propia verdad, tal como se cambia el ropaje o, incluso, el nombre y el género. Ya no se busca entender la historia, sino mutilarla, como si cortando las ramas se pudiera cambiar la raíz.

Sancho Panza: Ahora que lo mencionáis, señor, vi el otro día a un hombre que se proclamaba jefe mexica, exigiendo a los reyes de España que pidieran perdón por la conquista. Pero, ¡que no sé yo si su linaje es de caciques o de malhechores, porque hablaba como más de lo segundo!

Don Quijote: ¡Oh, Sancho! Qué triste parodia es esa. ¿Cómo puede un hombre de hoy, que jamás sintió el yugo ni vio el rostro de un conquistador, autonombrarse portavoz de los muertos? Los muertos, Sancho, no claman venganza, sino memoria. Y esa memoria, si es justa, no debe ignorar que la conquista fue luz y sombra, pero jamás el vacío absoluto que pintan sus detractores.

Sancho Panza: Y hablando de sombras, señor, he oído que ahora se habla de la hispanidad como si fuese una vergüenza. Que todo lo bueno que hicimos, se borra, y solo queda lo malo. ¿No os parece que esta Leyenda Negra ha crecido como mala hierba en estos tiempos?

Don Quijote: Ciertamente, Sancho, la mala hierba siempre crece en terreno fértil de ignorancia. Ahora, los enemigos de España han encontrado nuevos aliados: la culpa y la fragilidad de las propias gentes hispanas, que han olvidado su historia. Y ahí tienes a quienes se avergüenzan de hablar nuestra lengua, de honrar nuestras tradiciones, mientras enaltecen culturas que ni conocen ni comprenden.

Sancho Panza: Pues, señor, ¿qué podemos hacer contra tanta confusión? Si ya ni las estatuas nos dejan y el mundo parece no tener más norte que el de su capricho.

Don Quijote: Lo que siempre hemos hecho, buen Sancho: luchar. No con lanzas, sino con palabras. Defender la verdad como quien guarda un tesoro. Y recordar a todos que la hispanidad, con sus luces y sombras, es el alma de millones, la herencia de un pueblo que dio más de lo que tomó.

Sancho Panza: Pues, señor, si hemos de luchar, contad conmigo, que mi pellejo es resistente y mi lengua aún más.

Don Quijote: Bien dicho, amigo mío. Porque aunque los tiempos cambien y los molinos se disfracen de ideologías, nuestro deber es el mismo: preservar el honor y la verdad de nuestra patria. ¡En marcha, Sancho, que aún hay mucho por hacer y mucho por decir!

Y así, señores, damas y quien más se halle al otro lado de estas mágicas ondas que llevan mi voz por el orbe hispano, os dejo con la brisa templada y el cielo que en esta jornada nos regala claros y nubes en armoniosa disputa, cual caballeros en justa. Yo, vuestro humilde servidor Gustavo Guardiola, os agradezco la honra de vuestra compañía en esta emisión de La Radio del Fin del Mundo, llevada a vuestras mercedes con el empeño de 50,000 luces de desdicha y el ánimo siempre fiel de un hispano. Buenas noches a la Nueva España, buenos días a la Vieja Europa.

Y recordad, siempre recordad: si el mundo ha de irse al carajo, que nos halle riendo y libres.

Que la dicha os acompañe.

Dedicada a Pedro L., Irene Molina, J. M., Antonio García y Germán Benítez.

viernes, 13 de diciembre de 2024

Micaela

 Micaela estaba a punto de entrar en el único ascensor funcional de la vieja estación de metro cuando un desconocido la detuvo en seco. ¿A dónde cree que va, abuela? ¿No ve que este ascensor no es para gente como usted?, la interpeló un hombre airado, cortándole el paso.

La anciana, pese al cansancio, intentó sonreír. Voy abajo, por supuesto. ¿Ustedes no?, respondió sencillamente con una tímida sonrisa en los labios. Después, viendo que en el ascensor aún había sitio de sobra, añadió: Además, yo ocupo poquito, ni siquiera notarán que estoy aquí.

El desconocido se la devolvió. ¿Con esa suciedad y ese olor a sudor que trae después de trabajar todo el día? Ni en broma se va a subir.

Por primera vez, la mujer se fijó en que en el ascensor, además del hombre que le había hablado, había un pequeño grupo de políticos de mirada torva que miraban sus relojes con impaciencia, tres o cuatro ejecutivos que se reían sin disimulo de la situación mientras uno de ellos grababa todo con su teléfono y dos mujeres que parecían discutir ajenas a la escena que se estaba desarrollando ante sus narices.

Es verdad que la pobre Micaela, después de pasarse el día recogiendo la basura y limpiando los baños públicos a cambio de unas pocas monedas, olía mal, pero eso, según ella, no era motivo para que la tratasen así... Por favor, señor, suplicó Micaela con voz temblorosa.

Estoy cansada, mis huesos ya no son lo que eran. Solo quiero llegar a casa.

El hombre frunció el ceño, su rostro endureciéndose aún más. He dicho que no, gruñó, y sin previo aviso, empujó a Micaela con fuerza. La anciana trastabilló hacia atrás, casi perdiendo el equilibrio.

Las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse con un chirrido metálico, dejando al hombre fuera junto a Micaela. ¿Por qué?, sollozó Micaela, con lágrimas rodando por sus mejillas arrugadas. ¿Por qué es tan horrible conmigo? El hombre se giró hacia ella.

¿Horrible?, preguntó con voz suave.

Lo he hecho por ti, Micaela. Las personas como tú deben morir en su cama, rodeadas de sus seres queridos, y no en un accidente de ascensor como esos desgraciados de ahí dentro. En ese instante, desde el interior del ascensor comenzaron a escucharse gritos aterrados, cada vez más fuertes.

El sonido de metal retorciéndose y cables rompiéndose llenó la estación.

Micaela se quedó paralizada, viendo cómo los números del panel sobre las puertas del ascensor comenzaban a descender a una velocidad vertiginosa. 5... 4... 3... 2... 1...

Un estruendo ensordecedor sacudió todo el edificio. Luego, silencio. Se giró lentamente hacia el desconocido, temblando, y mientras este se alejaba, a Micaela le pareció ver que, en su mano, portaba una guadaña…

Publicado en la red. Créditos a quien corresponda.

martes, 10 de diciembre de 2024

Primeros principios

 Todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento. [...] El corazón tiene sus razones que la razón no conoce; se sabe esto en mil cosas. [...]

Conocemos la verdad no solo por la razón, sino aun por el corazón; de este segundo modo es como conocemos los primeros principios, y es en vano que el razonamiento, que ahí no tiene parte, intente combatirlos [...] Porque el conocimiento de los primeros principios, como que hay espacio, tiempo, movimiento, números es tan firme como ninguno de los que nuestros razonamientos nos dan. Sobre estos conocimientos del corazón y del instinto es menester que se apoye la razón, y que en ellos funde todo su discurso. [...] Los principios se sienten, las proposiciones se concluyen; y todo con certidumbre, aunque por diferentes caminos. Y es tan inútil y tan ridículo que la razón pida al corazón pruebas de sus primeros principios, para querer consentir en ellos, como sería ridículo que el corazón pidiese a la razón un sentimiento de todas las proposiciones que ella demuestra, para querer aceptarlas.

Pensamientos, 474-479 (Orbis, Barcelona 1984, p. 162-163).

Avances en computación cuántica

Raúl Limón, en El País, 9 dic 2024: "Google presenta Willow, un chip cuántico que resuelve en 5 minutos una tarea que un superordenador tardaría cuatrillones de años":

La multinacional asegura que el procesador y la corrección de errores alcanzada anticipan el desarrollo de un ordenador a gran escala y tolerante a fallos

La computación cuántica está en plena ebullición y los pasos previstos para finales de esta década se adelantan. Microsoft y Atom Computing proclamaron el pasado mes un récord cuántico que les lleva a anunciar para el próximo año un ordenador con esta tecnología que supera a las capacidades clásicas. Casi de forma simultánea, IBM presentaba avances en hardware (el procesador Heron) y software (Qiskit) para ejecutar algoritmos complejos 50 veces más rápidamente que con los métodos convencionales y a una escala y precisión inéditas. Este lunes, Google presenta en Nature a Willow, un chip (superconductor) cuántico que permite resolver en cinco minutos una tarea de referencia (RCS) que el superordenador más veloz “tardaría en completar 10 septillones de años [cuatrillones en el sistema europeo, que equivalen a 10 seguido de 24 ceros]”, según explica Harmut Neven, científico y fundador del Quantum Artificial Intelligence Lab de Google.

El desarrollo de Willow se completa con el avance, publicado en verano en Arxiv, en corrección de errores. Estos son los fallos que se generan en computación cuántica por las perturbaciones que alteran la superposición de partículas, la propiedad física de estar en dos estados a la vez de forma simultánea y que permiten elevar exponencialmente la capacidad de procesamiento en sistemas cuánticos.

“Los errores”, precisa Michael Newman, científico investigador en Google Quantum AI, “pueden ser causados por una variedad de cosas que van desde defectos microscópicos de materiales hasta rayos cósmicos o radiación ionizante. Por estas razones, solo podemos ejecutar cientos de operaciones antes de ver un error”. Salvarlos con avances como los anunciados hoy se considera el desafío más crítico de la computación con esta tecnología.

La agrupación de cúbits físicos (átomos, iones, fotones o sistemas superconductores) en cúbits lógicos entrelazados que actúan como uno solo permite, con corrección de errores, una mayor precisión y una vida útil más allá de los nanosegundos. Pero, hasta ahora, el uso de más unidades físicas para generar lógicas y crecer en capacidad implicaba más errores.

“Hay una línea mágica”, según detalla Newman, “que llamamos el umbral de corrección de errores cuánticos, donde estas dos fuerzas opuestas son exactamente iguales y, si el procesador es lo suficientemente bueno como para estar por debajo de esta línea, donde los cúbits y las operaciones están funcionando lo suficientemente bien, a medida que se consiguen agrupaciones más grandes [cúbit lógico], la tasa de error es más baja y disminuye exponencialmente de forma muy rápida”.

Ese “procesador suficientemente bueno” es Willow, según el científico. “Lo hemos usado por debajo de este punto de inflexión esencial y, a medida que usa más cúbits, observamos una supresión de errores exponencial”, destaca Newman.

“Esto resuelve un desafío clave en la corrección de errores cuánticos que se ha perseguido durante casi 30 años. Quiero enfatizar lo que esto significa: por primera vez, un sistema se vuelve más cuántico a medida que se hace más grande, en lugar de más clásico”, resalta Neven.

Por primera vez, un sistema se vuelve más cuántico a medida que se hace más grande, en lugar de más clásico

De esta forma, Google asegura haber conjurado la maldición y reducido exponencialmente los fallos en un factor de dos (la mitad y la mitad de la mitad sucesivamente) a medida que se agregan más cúbits. No obstante, “ese rendimiento [lógico] está limitado por eventos de error correlacionados raros que ocurren aproximadamente una vez por hora”, según advierte la investigación publicada en agosto.

Para medir le eficacia de Willow, de 105 cúbits, Google ha recurrido al muestreo aleatorio de circuitos (RCS), una prueba de selección estocástica (aleatoria) que garantiza que cada circuito tenga la misma probabilidad de ser elegido. El RCS es, según apunta Google, la prueba más difícil que puede realizarse actualmente en un ordenador cuántico para determinar si su ejecución sería imposible en un ordenador clásico. Esta misma prueba se utilizó para probar el Sycamore, el ordenador cuántico de la compañía, en 2019 y el pasado octubre. “En comparación, Willow es aproximadamente el doble de bueno”, destaca Newman

Tanto el chip como la corrección de errores son pasos cruciales para el desarrollo de un ordenador cuántico a gran escala y tolerante a fallos que permita aplicaciones revolucionarias, como el descubrimiento de medicamentos, la creación de baterías más eficientes para vehículos eléctricos o avances en energía de fusión nuclear, entre otros ejemplos. “La misión de nuestro equipo es desarrollar computación cuántica para problemas que, de otro modo, serían irresolubles, problemas para los que las computadoras clásicas son herramientas inadecuadas”, explica Neven.

La carrera de IBM

En el mismo camino se encuentra IBM, otro gigante de la computación cuántica con una hoja de ruta propia que lleva a la multinacional a anunciar la ventaja o utilidad cuántica (capacidad de realizar operaciones imposibles para un sistema clásico en un tiempo razonable) para 2029.

Su sistema se fundamenta en la combinación de chips mejorados año a año, como el Heron R2, que ya ha alcanzado los 156 cúbits, con un sistema de programación (Qiskit) capaz de duplicar la capacidad de ejecución alcanzada hace solo un año (recogida por Nature) a una velocidad 50 veces superior.

Para IBM, y de acuerdo con los resultados recopilados y publicados en arXiv, Qiskit es “el software cuántico de mayor rendimiento del mundo y permite a los desarrolladores construir más fácilmente circuitos cuánticos complejos con estabilidad, precisión y velocidad”.

“Los avances en nuestro hardware (equipos) y Qiskit están permitiendo a nuestros usuarios construir nuevos algoritmos en los que los recursos cuánticos avanzados y de supercomputación clásica se pueden unir para combinar sus respectivas fortalezas”, afirma Jay Gambetta, vicepresidente de IBM Quantum.

La compañía prueba ahora Quantum Flamingo, que combina dos chips Heron R2 con cuatro conectores La tasa de error detectada es 3,5% para una operación de 235 nanosegundos y se espera mejorarla para lanzar un sistema basado en Flamingo a finales de 2025.

La combinación de recursos clásicos y cuánticos es un denominador común, especialmente con la incorporación de la inteligencia artificial. El ordenador anunciado por Microsoft y Atom Computing, además del sistema cuántico desarrollado a partir de los átomos neutros, integrará nube de computación de alto rendimiento (HPC) y modelos avanzados de inteligencia artificial a partir de la plataforma Azure Elements.

Marco Denevi, Dulcinea del Toboso

 Dulcinea del Toboso

Marco Denevi


Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y de Francisca Nogales. Como hubiese leído novelas de caballería, porque era muy alfabeta, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen y le besaran la mano, se creía joven y hermosa pero tenía treinta años y pozos de viruelas en la cara. Se inventó un galán a quien dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de lances y aventuras, al modo de Amadís de Gaula y de Tirante el Blanco, para hacer méritos antes de casarse con ella. Se pasaba todo el día asomada a la ventana aguardando el regreso de su enamorado. Un hidalgo de los alrededores, un tal Alonso Quijano, que a pesar de las viruelas estaba prendado de Aldonza, ideó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en su rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario don Quijote. Cuando, confiando en su ardid, fue al Toboso y se presentó delante de Dulcinea, Aldonza Lorenzo había muerto.

Marco Denevi, Crueldad de Cervantes

 Crueldad de Cervantes

Marco Denevi

En el primer párrafo del Quijote dice Cervantes que el hidalgo vivía con un ama, una sobrina y un mozo de campo y plaza. A lo largo de toda la novela este mozo espera que Cervantes vuelva a hablar de él. Pero al cabo de dos partes, ciento veintiséis capítulos y más de mil páginas la novela concluye y del mozo de campo y plaza Cervantes no agrega una palabra más.

FIN

Wislawa Szymborska, Botella del mar

 Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella

Wislawa Szymborska

Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.

Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras: “¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta. Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!”

-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde. La botella pudo haber flotado mucho tiempo -dijo el pescador primero.

-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano -dijo el pescador segundo.

-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla “Aquí” está en todos lados -dijo el pescador tercero.

El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio. Las verdades generales tienen ese problema.


FIN

Julio Cortázar, Amor 77

 Amor 77, por Julio Cortázar

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son.

Jorge Luis Borges, Abel y Caín

 Abel y Caín

Jorge Luis Borges

Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen.

Abel contestó:

—¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.

—Ahora sé que en verdad me has perdonado —dijo Caín—, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.

Abel dijo despacio:

—Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.

FIN

Karel Capek, Equivocación

 Equivocación

Karel Capek

Nos embarcamos en el Mediterráneo. Es tan bellamente azul que uno no sabe cuál es el cielo y cuál el mar, por lo que en todas partes de la costa y de los barcos hay letreros que indican en dónde es arriba y en dónde abajo; de otro modo uno puede confundirse. Para no ir más lejos, el otro día, nos contó el capitán que un barco se equivocó, y en lugar de seguir por el mar puso rumbo al cielo; y como el cielo es infinito no ha regresado aún, y nadie sabe en dónde está.

FIN

Robert W. Chambers, Destino

 Destino

Robert W. Chambers


Llegué al puente que muy pocos logran cruzar.

-¡Pasa! -exclamó el guardián, pero me reí y le dije:

-Hay tiempo.

Entonces él sonrió y cerró los portones.

Al puente que muy pocos logran cruzar llegaron jóvenes y viejos. A todos ellos se les denegó la entrada. Yo estaba ahí cerca, holgazaneando, y fui contándolos, uno a uno, hasta que, cansado ya de sus ruidos y protestas, volví al puente que muy pocos logran cruzar.

La muchedumbre cerca del portón chilló:

-¡Este hombre llega tarde!

Pero me reí y les dije:

-Hay tiempo.

-¡Pasa! -exclamó el guardián mientras yo ingresaba; luego sonrió y cerró los portones.


Salvador Elizondo, El grafógrafo

 El grafógrafo, por Salvador Elizondo

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Jean Cocteau, El gesto de la muerte

 El gesto de la muerte, por Jean Cocteau

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.

Un teólogo en la muerte, Swedenborg

 Un teólogo en la muerte, por Jorge Luis Borges. Minicuento sobre Manuel Swedenborg

 Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo:

-He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe.

Esas cosas las decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo. Cuando los ángeles oyeron este discurso, lo abandonaron. A las pocas semanas, los muebles empezaron a afantasmarse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero. Además, las paredes del aposento se mancharon de cal, y el piso, de un barniz amarillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. Seguía, sin embargo, escribiendo, pero como persistía en la negación de la caridad, lo trasladaron a un taller subterráneo, donde había otros teólogos como él. Ahí estuvo unos días y empezó a dudar de su tesis y le permitieron volver. Su ropa era de cuero sin curtir, pero trató de imaginarse que lo anterior había sido una mera alucinación y prosiguió elevando la fe y denigrando la caridad. Un atardecer, sintió frío. Entonces recorrió la casa y comprobó que los demás aposentos ya no correspondían a los de su habitación en la tierra. Alguno contenía instrumentos desconocidos; otro se había achicado tanto que era imposible entrar; otro no había cambiado, pero sus ventanas y puertas daban a grandes médanos. La pieza del fondo estaba llena de personas que lo adoraban y que le repetían que ningún teólogo era tan sapiente como él. Esa adoración le agradó, pero como alguna de esas personas no tenía cara y otras parecían muertas, acabó por aborrecerlas y desconfiar. Entonces determinó escribir un elogio de la caridad, pero las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción.

Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo, y este los engañaba con simulacros de esplendor y de serenidad. Apenas las visitas se retiraban reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes.

Las últimas noticias de Melanchton dicen que el brujo y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.

sábado, 7 de diciembre de 2024

Enciclopedia del rap y del hip hop

 Enciclopedia del rap y del hip hop:

En este enlace.

Los diez pensadores más influyentes del mundo

 "Los 10 pensadores más influyentes del mundo", en El País Ideas, 7 de XII de 2024:

Sus ideas, su obra y sus intervenciones en el debate público han determinado el pulso del pensamiento contemporáneo. Nos ayudan a entender qué está pasando, qué podría pasar y qué debería pasar. Son los grandes visionarios de este arranque del siglo XXI

Vivimos tiempos de gran incertidumbre. Necesitamos, más que nunca, faros, mentes preclaras que nos guíen a la hora de entender qué ocurre en el mundo y, sobre todo, por qué. Por eso hemos decidido celebrar el número 500 de Ideas, el espacio de EL PAÍS para la reflexión, con un panorama de los pensadores más relevantes del momento presente. 56 personas (filósofos, historiadores, politólogos, tecnólogos, etcétera) nos han ayudado a configurar una lista con los intelectuales cuya visión ya está dejando huella. Son estos:

Judith Butler

Cleveland (EE UU), 1956. Filósofa que ha cuestionado las ideas tradicionales de género y que ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer en obras como El género en disputa (1990) y su libro más reciente, ¿Quién teme al género? (2024, ambos en Paidós).

Por Ana Carrasco-Conde, (Ciudad Real, 1979). Filósofa y autora de La muerte en común (2024, Paidós). Ha escrito el prólogo a la reedición de El clamor de Antígona, de Judith Butler (Machado Libros).

A 451 grados Fahrenheit arden los libros según Bradbury. En un mundo en el que tal cosa fuera posible los de Butler serían los primeros en ser arrojados al fuego. Muchos también se salvarían, escondidos como último reducto de lucha, bajo una baldosa. En 2017 la ultraderecha en Brasil recogió 370.000 firmas para evitar su visita y quemaron una imagen suya. ¿Imaginan qué mensaje tan potente, aunque distorsionado, puede llegar a movilizar tantas fobias y filias? Lo que escribe remueve, mueve o conmueve. Al primer grupo pertenecen El género en disputa (1990), Cuerpos que importan (1993) o ¿Quién teme al género? (2024); al segundo, Mecanismos psíquicos del poder (1997), y al tercero, El grito de Antígona (2000).

De formación hegeliana, con impronta del psicoanálisis e interés en la lingüística, recupera una preocupación según la cual no hay esencias prístinas, sino sujetos que dependen en su desarrollo de dinámicas en las que se inscriben. Existen normas que producimos y reproducimos y que, aunque generan la ficción de una “esencia”, performativamente nos construyen. Parte de su obra quiere entender los efectos del género como parte de una estructura de poder, no porque sea una mera construcción cultural, sino porque se asienta en algo más profundo asociado a nuestro psiquismo. Se entiende como un sistema de organización de las normas que nos constituyen en las instituciones e instancias sociales. Trabaja en otras consecuencias del poder de lo normativo: las vidas no reconocidas como tales o el rechazo a familias no normativas. Piensa la vida atravesada por el poder, donde asoma el estigma, la precariedad o la violencia.

Thomas Piketty

Nacido en Clichy (Francia) en 1971, este economista ha centrado su trabajo en la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Su libro clave es El capital en el siglo XXI (2013, Deusto).

Por Yolanda Díaz (Fene, A Coruña, 1971). Ministra de Trabajo y Economía Social, y vicepresidenta segunda del Gobierno. Es fundadora de Sumar.

La desigualdad es una construcción social e histórica, una decisión de naturaleza política que solo puede ser combatida con decisiones igualmente políticas. Este es, considero, el gran legado de Thomas Piketty, su principal aportación al pensamiento contemporáneo. El economista francés no es el primero en denunciar el carácter contingente de la desigualdad, por supuesto, pero ha sido capaz de difundir ampliamente sus planteamientos y mostrar la economía como una ciencia social imbricada en la historia y la sociología, alejada de la autorreferencialidad y matematicismo de antaño.

El capital en el siglo XXI, el mastodóntico libro que lo llevó a la fama, demostró una formidable capacidad de llevar lo heterodoxo al mainstream, de sustentar empíricamente ideas transformadoras. Años después, en Capital e ideología, Piketty logró ir más allá de su propia innovación metodológica, apuntando la centralidad de la ideología en la perpetuación de las desigualdades y señalando la responsabilidad de las élites en la erosión de nuestras democracias. En otros libros e informes, se ha volcado en demostrar la necesidad de una revolución fiscal global que aborde, desde la justicia social y climática, la emergencia ecológica, el principal desafío de nuestra época.

Hoy, en pleno shock tras el retorno del trumpismo, cobra especial relevancia su afirmación de que “uno no puede estar en contra del capitalismo o del neoliberalismo: uno debe estar también y sobre todo a favor de otra cosa”. Haríamos bien, pues, en sumergirnos en la batalla de las ideas, en comprender la relevancia y valor de intelectuales públicos como Thomas Piketty, en aplaudir y acompañar sus esfuerzos por construir una “alternativa explicada con claridad”; una nueva forma de socialismo “participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, multirracial y feminista”, como él mismo dice; un horizonte de certidumbre hacia el que avanzar, poco a poco, paso a paso, desde la permanente tensión entre la ambición de nuestros principios y el pragmatismo de la praxis.

Noam Chomsky

Filadelfia (Estados Unidos), 1928. No solo revolucionó la lingüística, sino que también es una de las figuras políticas más relevantes por su crítica al capitalismo y a la política estadounidense en artículos y libros como Los guardianes de la libertad (1988, Austral).

Por César Rendueles (Girona, 1975). Sociólogo, ensayista e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su último libro es Comuntopía (2024, Akal).

En la película Captain Fantastic (2016), la familia protagonista —una especie de tribu anarquista contracultural— no celebra la Navidad sino que conmemora el Día de Noam Chomsky. La escena es absurda y excesiva pero capta bien el papel que Chomsky ha llegado a desempeñar en nuestra esfera pública. Chomsky representa todo lo que la modernidad imaginó en un intelectual y que en la era de la posverdad nos parece propio de una época salvaje y heroica: un científico que revolucionó su campo de estudio, autor de ensayos políticos de un rigor implacable y, al mismo tiempo, un referente ético global cuya rabiosa independencia nunca se ha confundido con indiferencia o equidistancia. A menudo ha sido acusado —desde Michel Foucault hasta Slavoj Žižek— de ser culturalmente conservador. Seguramente es verdad: tan conservador como esperamos que sea un pilar de hormigón armado.

Antes de cumplir los 30 años, Noam Chomsky ya había hecho saltar por los aires la lingüística de su tiempo. No ha dejado de ser una referencia irremplazable en el campo de las ciencias cognitivas: cambió nuestra manera de entender el lenguaje porque transformó nuestra concepción del innatismo que, gracias a él, dejamos de entender como un automatismo plano y se convirtió en la base de una teoría de la mente activa y vigorosa. Entretanto, ha encontrado tiempo para denunciar infatigablemente los ataques a la democracia en todo el mundo y desarrollar una teoría de los efectos catastróficos para la libertad de expresión de la coalición de intereses empresariales y políticos que dominan los medios de comunicación: una crítica que anticipó en varias décadas la degradación informativa que hoy padecemos.

Jürgen Habermas

Düsseldorf (Alemania), 1929. Ha analizado los mecanismos de los debates públicos y de la democracia en obras como Teoría de la acción comunicativa (1981).

Por Victoria Camps (Barcelona, 1941). Es catedrática emérita de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro es Tiempo de cuidados (Arpa).

Miembro de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, Jürgen Habermas se convierte pronto en un filósofo de referencia por sus libros sobre ética y filosofía política. De la mano de Karl-Otto Apel, elabora una nueva teoría de la racionalidad práctica conocida bajo el nombre de ética discursiva, ética del diálogo o ética de la comunicación. El objetivo es sustituir la filosofía del yo, característica de la modernidad, por una filosofía de la interacción lingüística que concibe la comunicación como el escenario en el que se despliega la discusión racional. Influyen en dicha teoría el método hermenéutico, con su énfasis en la interpretación del texto, y la pragmática del lenguaje de Wittgenstein, para quien los usos del lenguaje en sus distintos contextos son los determinantes del significado.

Cómo seguir haciendo filosofía después de Auschwitz es una de las preocupaciones de los filósofos frankfurtianos. Entienden que, sin renunciar a la especulación que la caracteriza, la filosofía tiene que ser crítica y aportar mecanismos de compromiso con la historia si pretende tener alguna influencia en la práctica. No será el individuo solitario de Kant quien descubra el imperativo de la moralidad, sino la comunidad que dialoga en esa “esfera común” constituida por seres que hablan con el fin de llegar a acuerdos racionales sobre temas que concitan opiniones dispares. La construcción de la opinión pública es otro de los temas que Habermas ha abordado y que ha concitado el interés no solo de los filósofos, sino de los profesionales de la comunicación. Ahora que el objetivo de adquirir “competencias” ha invadido el sistema educativo, convendría saber que la teoría de Habermas presupone una “competencia comunicativa”, una “situación ideal de diálogo”, a la que deberían tender todos los actos de comunicación reales y, como tales, imperfectos. Las reglas de interacción lingüística son morales, y legitiman los acuerdos a los que se llega por el diálogo, una lección que deberíamos recordar si queremos corregir la comunicación distorsionada, caótica y desnortada de nuestro tiempo.

Yuval Noah Harari

Ensayista nacido en Kiryat Atta, Israel (1976), ha explorado nuestra historia, nuestra sociedad y nuestro posible futuro en obras como Sapiens (2011) y la reciente Nexus (2024, Debate).

Por Javier Sampedro (Madrid, 1960). Periodista y doctor en genética y biología molecular. Escribe sobre ciencia en EL PAÍS y es además autor de libros como El siglo de la ciencia: nuestro mundo al descubierto (2009, Península).

Con la posible excepción de sus estudiantes de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, nadie había oído hablar de Yuval Noah Harari hace 10 años. Fue entonces cuando su libro Sapiens: de animales a dioses se propagó por el mundo como fuego por la paja y le convirtió en uno de los intelectuales más influyentes del planeta. Junto a un par de secuelas y una versión para niños, Sapiens ha vendido 45 millones de copias en 65 idiomas, un prodigio para un erudito ensayo de 500 páginas. Al menos desde que Sapiens se encaramó a la lista de superventas de The New York Times durante 96 semanas seguidas y Bill Gates lo aclamó como uno de sus libros favoritos, Harari se convirtió en una especie de oráculo de Delfos de las élites mundiales. Si el jefe de Meta (Facebook), Mark Zuckerberg, organiza una reunión sobre los efectos de la tecnología en la humanidad, invita a Harari. Si la Unesco quiere informarse sobre la pandemia de covid y la ciencia internacional, invita a Harari. No hay un solo medio de referencia en el mundo que no haya entrevistado a Harari varias veces.

Y sin embargo hay científicos que dudan del rigor académico del autor israelí. El mensaje central de Sapiens es que los humanos hemos llegado a dominar el mundo porque somos capaces de creer en cosas que no existen, como el dinero, los dioses, las naciones y los derechos humanos, porque esos relatos ficticios nos permiten formar grandes coaliciones. Sin duda es una idea atractiva, casi magnética, pero no está bien fundamentada en la ciencia actual. Pese a estas críticas académicas, el tecnopesimista Harari sigue siendo un autor muy interesante, y acaba de demostrar su buena forma con Nexus, una exploración profunda de las redes de comunicación y sus efectos dramáticos en las organizaciones humanas. Hay Harari para rato.

Michael J. Sandel

Minneapolis (EE UU, 1953). Filósofo ético que ha escrito sobre cómo ha de ser nuestra democracia y que también ha criticado ideas preconcebidas sobre la meritocracia en libros como Justicia (2010, Debolsillo) y La tiranía del mérito (2020, Debate).

Por Montserrat Domínguez (Madrid, 1963). Directora de contenidos de la Cadena Ser. Antes fue subdirectora de EL PAÍS, directora de El HuffPost y directora de Hora 25, en la Ser.

Hay dos causas que Michael J. Sandel identifica como la base del descontento democrático que se extiende como un virus entre los ciudadanos: la pérdida de dignidad en el trabajo y el vaciamiento de los espacios públicos de convivencia. Es en estos dos ámbitos donde la globalización y el neoliberalismo de las últimas décadas, aceptados como verdad inapelable incluso por líderes socialdemócratas como Clinton, Blair o Schroeder, han actuado como un ácido corrosivo. Reconozcamos, dice Sandel, que el trabajo no es sólo una manera de ganarse la vida: es también una vía de reconocimiento, de aportación al bien común, de sentirse respetado. Si ves caer tu salario y tu autoestima social, los políticos hipernacionalistas sabrán explotar esa frustración legítima para buscar chivos expiatorios. Porque el malestar es real, tan real como el aumento de la desigualdad, y algunos saben redirigirlo hacia posturas racistas, xenófobas o misóginas.

Hay antídotos, sugiere Sandel: como asumir que la democracia no necesita de una igualdad perfecta, pero sí que haya lugares de encuentro y de interacción donde aprendamos a negociar y a convivir con nuestras diferencias. Los guetos de los ricos y sus cachorros, su desinterés por esos espacios públicos de intercambio de ideas y experiencias, acaban pasando factura al sentimiento de comunidad y de pertenencia, y al compromiso por el bien común que es imprescindible para que las democracias prosperen.

Los libros de Sandel, sus charlas en auditorios abarrotados y sus cursos de Harvard, online y gratuitos, suman audiencias que hacen palidecer de envidia a los youtubers. Resulta que sí nos gusta leer, escuchar y debatir sobre justicia, ética, política y filosofía. En tiempos de polarización, no es un logro menor el de este aspirante a periodista reconvertido en uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo.

Martha Nussbaum

Nacida en Nueva York (EE UU, 1947), esta filósofa ha escrito sobre valores políticos y ha defendido la importancia de las humanidades en libros como Crear capacidades (2012, Paidós).

Por Daniel Gascón (Zaragoza, 1981). Periodista y escritor. Tiene una columna semanal en EL PAÍS y dirige la edición española de la revista cultural Letras libres. Es autor de libros como La muerte del hipster (2021, Literatura Random House).

Martha Nussbaum, profesora de Derecho y Ética en la Universidad de Chicago y premio Princesa de Asturias 2012, ha escrito sobre el pensamiento de los griegos y los romanos y lo que podemos aprender de él, sobre el feminismo y sobre la importancia de las emociones en política, sobre el enfoque de las capacidades, sobre la intolerancia religiosa y sobre los derechos de los animales.

Algunas de las cosas que subraya pueden parecer anodinas de pura sensatez, pero no eran populares en su momento. En La fragilidad del bien (1986) hablaba, a partir del estudio de la tragedia griega y de algunas obras filosóficas, de la vulnerabilidad y del desastre. Algunas preocupaciones humanas nos colocan en posiciones vulnerables (el amor implica el miedo a perderlo); como las cosas valiosas son plurales, establecen relaciones variables y conflictivas; esa fragilidad no es un bien en sí mismo ni algo romántico.

Otra aportación importante de Nussbaum es el desarrollo del “enfoque de las capacidades”. Si Amartya Sen había realizado un planteamiento económico del asunto, Nussbaum elaboró la versión filosófica. Ese enfoque considera que para valorar cómo hace las cosas un país, la medida correcta no son solo los indicadores económicos como el PIB per capita, sino “lo que la gente de verdad puede hacer y ser. Las capacidades no son solo destrezas, sino oportunidades sustantivas para elegir cosas que el individuo valora”. Nussbaum, que ha estudiado la influencia de las emociones y ha analizado la tradición cosmopolita, reivindica el valor moral de la nación y defiende un liberalismo de “corte socialdemócrata” y pluralista. El liberalismo, ha dicho en alguna ocasión, también necesita amor.

Slavoj Žižek

Nacido en Liubliana (Eslovenia) en 1949, este filósofo ha analizado la sociedad y la política con referencias al psicoanálisis y a la cultura pop.

Por Marina Garcés (Barcelona, 1973). Filósofa, su último libro es El tiempo de la promesa (2023, Anagrama)

Corrían los posmodernos años noventa, cuando un extraño filósofo que no era ni francés, ni italiano, ni alemán nos enseñó a pensar que la tolerancia podía ser peligrosa, la comida light poco saludable y el matrimonio un desafío frente al individualismo disfrazado de emancipación. Hablaba de cine, de Hegel y de Lacan. Haciendo crítica de la ideología, nos dio la bienvenida al desierto de lo real.

A Žižek no le ha dado miedo convertirse en un meme. No pretende ser dialogante, ni académico, ni biempensante. Entiende la filosofía como un acto de radicalidad incómodo e inadecuado que no puede contentar a nadie. Por eso dudo que sea una influencia de las izquierdas, si entendemos por izquierdas aquellas organizaciones que establecen un marco de lo posible en el espectro de la representación política. Su filosofía no puede sostenerse en el espacio de la representación: se abre a esa noche del mundo que nos habita. Su obra principal, El espinoso sujeto (Paidós), reivindica al sujeto trascendental frente a la historicidad de las subjetividades posmodernas. No se conforma con reducirlo todo al relativismo de las diferencias y de sus encuentros; nos invita a pensar la negatividad abismal que nos constituye. Sólo ahí podemos entender la potencia de la imaginación y la radicalidad de la revolución.

Nos enseñó a ver que la tolerancia era el problema, cuando el multiculturalismo, las dietas y la flexibilidad de todas las formas de vida eran la coartada para el triunfo del neoliberalismo. Hoy, este ha abrazado un autoritarismo que no necesita ser tolerante. El poder muestra su verdad más oscura y Žižek alerta de que ya es tarde para despertar. Esto no significa quedarnos dormidos, sino adentrarnos en la noche para volver a pensar lo no dicho de la historia de Europa, que no son la razón ni la revolución, sino la guerra.

Byung-Chul Han

Filósofo y ensayista surcoreano, afincado en Alemania (Seúl, 1959). Destaca por sus libros breves que critican el capitalismo, la tecnología y la visión actual del trabajo.

Por Delia Rodríguez (Logroño, 1978). Periodista especializada en la relación entre tecnología y sociedad. Es autora de Memecracia (2012, Gestión 2000).

Byung-Chul Han no tiene ideas sino axiomas. Pertenece a esa raza de médiums que, como el matemático Ramanujan o la escritora Lispector, capturan voces sobre el papel: “Las [palabras] que están en los libros no son mías. Recibo las que me visitan y las copio”, dijo en una desconcertante entrevista en este periódico. Sabemos que nació en Corea del Sur y se fue a Berlín, tiene 65 años, es profesor, toca el piano, cuida un jardín e intenta trabajar poco. Por tanto, nos cae bien.

También nos gusta porque su obra canaliza las preocupaciones de internet, que son las nuestras, y cuando digo nuestras quiero decir mías: la opresión de la autoexplotación; la salud mental como la patología contemporánea; la importancia de los rituales y objetos analógicos; la trampa de la autooptimización; la narración y su crisis; la emocionalización, el narcisismo, y la aceleración de la sociedad digital. Al leerlo pienso que ya podría dejar de expresarse como un pitagórico del siglo VI antes de Cristo, alargar las frases y explicarse mejor; después me olvido y vuelvo a comprar sus libritos que creo escritos para mí. Le acusan de repetirse, es cierto y me da igual, porque lo dicho me resuena y deseo volver a oírlo. Así funciona el nuevo mundo, por cierto, o lanzas una y otra vez tu mensaje a internet junto a un buen titular o será ignorado.

Supongo que por su conexión con la cultura digital, su extravagancia personal o su falsa sencillez se le llama pensador de moda; algo curioso porque a pesar de los 100.000 ejemplares vendidos en España y Latinoamérica solo de La sociedad del cansancio, no es popular en EE UU. Auguro, pues, que pronto estará de moda de verdad, porque aún hay quien no reconoce sus axiomas.

Peter Singer

Melbourne (Australia), 1946. En obras como Ética práctica (1980, Akal) ha hablado de temas como el altruismo, los derechos de los animales y el medio ambiente.

Por Marta Peirano (Madrid, 1975) es periodista. En su último libro, Contra el futuro (2022, Debate), reflexiona sobre qué podemos hacer los ciudadanos ante el cambio climático.

El famoso utilitarista australiano sedujo a los tecnócratas proponiendo una fórmula basada en la lógica, los datos y la eficiencia para identificar las causas que benefician al mayor número de personas con la menor cantidad de recursos, en un entorno históricamente caracterizado por la intensidad emocional. Lo llamó altruismo efectivo, y en los últimos años ha sido utilizado como filosofía ética por figuras de Silicon Valley como Sam Bankman-Fried, fundador de FTX, y Sam Altman, CEO de OpenAI, para justificar una extracción masiva de recursos en beneficio de una humanidad que todavía no existe. Pero, si Peter Singer tuviera que votar entre la expansión a Marte y que seamos colonizados por una raza extraterrestre con talento para la felicidad, iría con los segundos. Singer se dedica a la erradicación del sufrimiento. La especie que lo consiga cuenta con su aval, independientemente de su origen.

En Liberación animal, libro que le catapultó a la fama en 1975 y le convirtió en padrino del movimiento por los derechos animales, propone el concepto de especismo, prejuicio moral idéntico al racismo o el sexismo, creado para justificar una cultura de explotación no respaldada por criterios científicos. Además de premios y condecoraciones, acumula doctorados honorarios de universidades como Harvard y Oxford. Es coeditor de la Revista de Ideas Controvertidas, fundada en 2021 para publicar textos sobre temas éticos, políticos y sociales que cumplen estándares de calidad académica pero han sido rechazados por tratar temas sensibles o desafiar las estructuras convencionales de la academia.

¿Y las mujeres? Una lista desigual (aunque no tanto)

Carmen Pérez-Lanzac 

Sí, apenas hay pensadoras en esta clasificación. Los años de ausencia y de arrinconamiento también están presentes en este ranking. En un categórico primer lugar (aventaja en más de 50 puntos al segundo), tenemos a Judith Butler, que nació mujer pero tiene reconocido en su California natal el género no binario (ni hombre ni mujer). Su gran aportación filosófica, defender la subversión de la identidad, claro, le es cercana. Y en el puesto 7º, la filósofa Martha Nussbaum, que apoya la plena realización de todos y cada uno de los individuos. Por lo demás, la lista es un desierto en clave femenina.

Pero los diez primeros son la punta del iceberg. Hasta 288 pensadores han sido seleccionados. Y entre el puesto 11 y el 20 hay 7 mujeres: la ensayista estadounidense Naomi Klein (11º), la economista italiana Mariana Mazzucato (12º), la filósofa estadounidense Donna Haraway (16º), la socióloga francoisraelí Eva Illouz (17º), la feminista francesa Hélène Cixous (18º), la investigadora cordobesa Remedios Zafra (19º) y la filósofa estadounidense Wendy Brown (20º). La cosa mejora algo.

En Ideas estuvimos pendientes del equilibrio de género. El jurado lo conformaron 32 mujeres de un total de 56 personas. Mientras, queremos contribuir al avance hacia un top 10 equilibrado entre género, raza, clase y en el que los pensadores no procedan de una forma tan rotunda (9 de 20) de un solo país occidental, Estados Unidos.

El método y el jurado

Esta encuesta se realizó pidiendo a 56 expertos de diferentes ámbitos (historia, política, tecnología, academia, ciencia, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores vivos más influyentes de la actualidad. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Jordi Amat, Irune Ariño, Olga Belmonte, María Blanco, María Blasco, Isabel Burdiel, Eurídice Cabañes, Victoria Camps, David Cano, Olga Cantó, Ana Carrasco-Conde, Ernesto Castro, Xavier Coller, Sonia Contera, Estrella de Diego, Mara Dierssen, Joaquín Estefanía, Lorena Fernández, Soledad Gallego-Díaz, Daniel Gascón, Gutmaro Gómez-Bravo, Pedro Carlos González Cuevas, Mariona Gumpert, Jordi Gracia, Óscar Horta, José María Lassalle, Lucía Lijtmaer, Paloma Llaneza, Laura Llevadot, Ramón López de Mántaras, Chantal Maillard, Carles Manera, Máriam Martínez-Bascuñán, Joan-Carles Melich, Enrique Moradiellos, Javier Moscoso, Paloma de la Nuez, Nuria Oliver, Anna Pagès, Marta Peirano, Ignacio Peyró, Alana S. Portero, Jahel Queralt, Juan Ramón Rallo, Clara Ramas, Joaquín Reyes, Sara de la Rica, Andrea Rizzi, Delia Rodríguez, Carlos Rodríguez Braun, Javier Rodríguez Marcos, Pere Rusiñol, Javier Santamarta, Marta Segarra y Natalia Velilla.