viernes, 18 de abril de 2025

Dos programas educativos que están bajando al mínimo el fracaso escolar en España

 Dossier sobre dos programas educativos que bajan al mínimo el fracaso escolar, al parecer

Los dos programas educativos que están bajando al mínimo el fracaso escolar en España (y al principio generaron rechazo), en El País, por Ignacio Zafra, Reinosa -18 de abril de 2025:

La FP básica y la diversificación curricular fueron mal recibidas por la izquierda y la derecha respectivamente. Ahora todas las comunidades apuestan por ellos.

En las frías calles de Reinosa están preocupadas por Donald Trump. Como en medio mundo, pero más que la media. La población del sur de Cantabria vive en gran medida de una gran factoría siderúrgica, que los vecinos siguen llamando la Naval o simplemente “la fábrica”, aunque su nombre ahora es Forgings & Castings. Sobre ella, sobre el municipio, y sobre toda la comarca sobrevuela el temor al impacto de los aranceles al acero aprobados por Estados Unidos. Del tema se habla aquí en todas partes, también en el instituto público Montesclaros, un centro de referencia en los estudios de Formación Profesional vinculados a la industria, implantados hace medio siglo. Los chavales hacen prácticas en la factoría, y muchos cuentan con trabajar en ella, como sus padres y abuelos. Son en cierta forma, afirma su director, “hijos de la fábrica”, que tiene cerca de 700 empleados, 900, si se le suma la escisión que mantiene el anterior nombre de Sidenor, lo que equivale a más del 10% de los 8.570 habitantes de Reinosa.

De los 670 estudiantes del instituto Montesclaros, 200 cursan FP en alguno de sus tres niveles. Uno de ellos, Eder, es un ejemplo del cambio que está experimentando el grado básico, el primer peldaño de la Formación Profesional. De ser la opción a la que los institutos mandaban a los chavales que iban mal para que pudieran terminar la ESO (que sigue siendo la razón principal para que lleguen a sus aulas), a ser una vía en la que los propios alumnos también pueden solicitar adscribirse porque prefieren una enseñanza más práctica. Para ello deben cumplir algunos requisitos, como tener 15 años, la edad de Eder. "Aquí hay clases teóricas, pero también vamos al taller. Es más entretenido que estar en clase todo el día", afirma. Cuando acabe los dos cursos que duran el grado, el adolescente espera hacer el grado medio y el superior de Mecanizado. Y después, entrar a trabajar “en la Naval de Reinosa”, como su padre y su hermano. A la espera de los efectos que pueda tener la guerra comercial declarada por Estados Unidos, su expectativa no es descabellada. La inserción laboral de los graduados en FP en los Montesclaros ronda el 90%, asegura el jefe de estudios Antonio Díez, y uno de los problemas con los que ha de lidiar el profesorado es que muchas veces los contratan antes de acabar el ciclo superior. La relación con el tejido industrial de la zona es tan cercana que a veces son los técnicos de las fábricas los que se acercan a los modernos talleres del instituto a reparar la maquinaria.

La FP de grado básico generó inicialmente rechazo entre la izquierda. Del mismo modo que los programas de diversificación curricular ―que van dirigidos a chavales con dificultades de aprendizaje e implican una adaptación de los contenidos― lo hicieron en las filas de la derecha. Ambas vías educativas se han convertido, sin embargo, en claves para reducir el fracaso escolar en España ―sobre todo entre los chicos, que son los que más fracasan―.

El país ha rebajado su tasa de abandono escolar temprano (jóvenes de 18 a 24 años que tienen como mucho la ESO y no están estudiando) al mínimo histórico del 13%, cuando en 2014 era del 22%, y en 2004, del 32%. Y ha elevado al 80% el porcentaje de la población entre 20 y 24 años que ha terminado, al menos, la enseñanza secundaria postobligatoria (Bachillerato o FP de grado medio) cuando en 2014 solo llegaba al 66%, y en 2004, al 61%. En ambos casos, aunque ha mejorado, el alumno extranjero presenta peores datos (en abandono educativo temprano, el 29,5%). Cantabria tiene la menor tasa de abandono (5,5%) después del País Vasco (5%). Y el mayor porcentaje de jóvenes de 20 a 24 años que han terminado al menos la secundaria superior (90%, como Euskadi).

En paralelo a la reducción del fracaso escolar, el alumno de FP básica ha aumentado un 32% desde su implantación en 2015, casi el triple de lo que ha crecido el número de estudiantes de la ESO, hasta rozar los 62.000 (aunque solo el 56% logra terminar los estudios). Y en el primer año de su reimplantación, un 8% de los chavales de tercero de la ESO estudiaban en el programa de diversificación curricular.

La FP básica generó inicialmente recelos en la izquierda por ser segregadora. En parte porque, con el primer diseño que hizo el PP, terminarla no suponía obtener el título de la ESO, recuerda Alonso Gutiérrez, responsable del gabinete de estudios de la Federación de Enseñanza de CC. OO. Cataluña, por ejemplo, rehusó implantarla, y su peso en los centros educativos catalanes ha sido testimonial hasta ahora; algo que la Generalitat, presidida por el socialista Salvador Illa, ha decidido cambiar, doblando, hasta las 2.000, el número de plazas de nuevo ingreso el curso que viene.

Los programas de diversificación curricular no agradaban al PP, que en la anterior ley educativa los reorganizaba situándolos en segundo y tercero de la ESO (en vez de en tercero y cuarto, como estaban hasta entonces). Ello hacía que los chavales se reincorporasen a la ESO ordinaria en el último curso, con lo que muchos se estrellaban y no lograban titularse. Tras la aprobación de la Lomloe y la vuelta al esquema de cursos original, el porcentaje de alumnado matriculado en dichos programas ha aumentado rápidamente hasta doblarse al que había con la normativa del PP. Y cuatro de las cinco autonomías donde más peso ha alcanzado la diversificación están gobernadas por el PP (Canarias, Extremadura, La Rioja y Andalucía; en la quinta, Castilla-La Mancha, están los socialistas).

Casi todos siguen estudiando

Moisés Sánchez, 39 años, da clase de diversificación, en el ámbito ―la agrupación de asignaturas que caracterizan al programa― lingüístico-social del instituto público Az-Zait de Jaén. "La principal diferencia con los grupos ordinarios es que aunque todo el alumno debería tener una atención personalizada, con estos estudiantes es aún más importante, y eso solo se puede conseguir con ratios pequeñas. Yo tengo nueve alumnos cuando en una clase estándar tendría 27". La dedicación que exige una enseñanza más competente, en el que todos los contenidos están ligados a la vida real, hace que el esfuerzo sea, con todo, mayor que en una clase ordinaria, asegura. Como también lo es la satisfacción, mientras que aquí el porcentaje de éxito se acerca al 100%, y la mayoría continúa estudiando un ciclo medio de FP”.

El grado básico de FP sigue recibiendo críticas por segregador, aunque cada vez menos. “Mientras haya un profesor, una familia o un estudiante que piense que la Formación Profesional de grado básico es peor estaremos siendo tan catetos como cuando pensábamos que la Formación Profesional en su conjunto era una vía de segunda con respecto al Bachillerato y la universidad”, afirma la ex secretaria general de FP Clara Sanz. "Los estudiantes de grado básico adquieren las mismas competencias de salida que en la ESO y, además, obtienen un primer título profesionalizante. Y no es para los malos estudiantes, sino para aquellos que no quieren una vía tan académica, sino que prefieren aprender haciendo".

II

España reduce al mínimo histórico el abandono educativo gracias a la FP y los programas de refuerzo, en El País, por Ignacio Zafra, Valencia -28 de enero de 2025:

El país mejora, con una tasa del 13%, el nivel alcanzado durante la pandemia, cuando las restricciones sanitarias paralizaron la hostelería, llevando a muchos jóvenes de 18 a 24 años a volver a estudiar

España ha reducido a su mínimo histórico la tasa de abandono escolar temprano, esto es, el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que ha abandonado los estudios sin haber obtenido al menos un título de Bachillerato o de FP. La tasa se situó en 2024 en el 13%, según ha informado el Ministerio de Educación con datos del Instituto Nacional de Estadística. El indicador mejora siete décimas respecto al año anterior y supera la frontera del 13,3% fijada en 2021, en plena pandemia del coronavirus , cuando las restricciones sanitarias impuestas en sectores económicos que suelen contratar a jóvenes cualificados, como la hostelería, impidieron a muchos de ellos trabajar y, en un efecto no previsto de la covid, les impulsaron a volver a estudiar.

El dato confirma, de un lado, la extraordinaria transformación que ha experimentado España, tanto a nivel formativo como económico, en las últimas dos décadas. Hace 20 años uno de cada tres jóvenes españoles de dicha franja de edad había dejado los estudios teniendo, como mucho, el título de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). La reducción del abandono tiene, además, el mérito de coincidir con un buen momento del empleo; Durante mucho tiempo, la tasa mejoraba en periodos de crisis y volvía a subir cuando la economía se reactivaba. “Desde 2018 hemos reducido la tasa en cinco puntos y, lo que es más importante, hemos dado oportunidades de formación a los jóvenes de nuestro país para mejorar sus vidas y su futuro”, ha escrito en X la ministra de Educación, Pilar Alegría.

El abandono presenta grandes diferencias por género; en las mujeres es del 10%, mientras que en hombres alcanza el 15,8%. Y también por territorios: País Vasco y Cantabria tienen tasas del 5% y el 5,5% respectivamente, mientras que al otro extremo se sitúan Murcia, con el 18,2%, y Baleares, el 20,1%. Entre ellos se encuentran Navarra (9,9%), Asturias y Madrid (10,5%), Castilla y León y Galicia (10,8%), Aragón (11,9%), Comunidad Valenciana (12,9%), Extremadura (13%), Canarias (13,1%), Cataluña (13,7%), Castilla-La Mancha (14,6%), Andalucía (15,5%), y La Rioja (17%).

Al mismo tiempo, el dato plantea cuestiones menos optimistas. Pese a su gran mejora, España sigue siendo el segundo país de la UE con más abandono solo por detrás de Rumanía. Y está lejos no solo de miembros de la Unión históricamente más desarrollados, como Países Bajos (6,2%), sino de otros más parecidos, como Portugal (8%). La evolución de la tasa de abandono española en los años recientes muestra, además, lo difícil que resulta, llegado a un punto, continuar reduciéndola con rapidez. A medida que se van realizando mejoras educativas de, digamos, alcance general, el porcentaje de los adolescentes que siguen abandonando sin tener una titulación que les permita afrontar con un mínimo de garantías el mundo del trabajo, se va concentrando en perfiles sobre los que resulta más complejo actuar por pertenecer, por ejemplo, a entornos próximos a la exclusión social o presentar otras dificultades específicas. “Los jóvenes procedentes de hogares con bajos niveles de estudio prácticamente cuadriplican la media del abandono educativo prematuro en España”, afirma el sociólogo Miguel Ángel Alegre, jefe de proyectos de la Fundació Bofill. Atender a los colectivos más desfavorecidos exige políticas de refuerzo educativo que, en muchos casos, deben ir acompañadas de otras medidas de carácter social.

La mayor dificultad para reducir el abandono a partir de cierto punto se observa también en la evolución del conjunto de la Unión Europea. En 2014, España tenía una tasa de abandono del 21,9%, y la ha reducido desde entonces en un 40%. En el mismo periodo, la UE, que partía de una situación mucho mejor (11,1%), la ha reducido un 14,4% (hasta el 9,5%, si bien el dato corresponde a 2023 porque el de 2024 todavía no se ha publicado). La disparidad entre los países europeos es, por otra parte, elevada, y ofrece algunos resultados inesperados. La menor tasa de abandono en la UE se da, por ejemplo, en Croacia (2%, seguida de Irlanda, con el 4%). Mientras que la locomotora económica europea, Alemania, presenta un nivel mucho peor, del 12,8%, que ha aumentado un 35% entre 2014 y 2023.

Miguel Recio, que ha sido director de instituto y ha ocupado diversos puestos educativos, entre ellos el de responsable del gabinete de estudios de la federación de enseñanza de CC OO, señala que el hecho de que los chavales sigan estudiando y no abandonen dependen en gran medida de una serie de condiciones educativas, como tener el título de la ESO, que haya plazas gratuitas de FP y Bachillerato, o programas para el alumno extranjero de incorporación tardía. “Y estos factores presentan en España resultados en clara mejora: menos repetidores y más graduados con ESO, más plazas públicas de FP, más programas de apoyo y refuerzo para estudiantes en desventaja... lo que ayuda a bajar esta tasa ya compensar el crecimiento del alumnado extranjero, que entre el curso 2018-2019 y el 2023-2024 fue del 52,6% en la ESO”.

Recio se refiere al hecho de que el abandono educativo de los chavales extranjeros casi triplica, con datos de 2023, el de los autóctonos ―debido, en buena medida, al solapamiento que a menudo se produce entre alumnado extranjero y estudiantes de hogares socioeconómicos y culturalmente desfavorecidos, así como de la dificultad derivada del idioma―. De los 127.813 estudiantes que la ESO ha ganado en los últimos cinco cursos (lo que representa una subida del 6,5%), 92.077 (el 72%) tenían nacionalidades distintas a la española. Recio cree que el éxito de que pese a ello haya una proporción cada vez mayor de adolescentes y jóvenes que siguen estudiando está relacionado con las políticas del Ministerio de Educación, financiadas en buena medida con fondos de la UE, que han aumentado el número de plazas de FP y han puesto en marcha programas de refuerzo como el PROA+.

Un mercado laboral más exigente

Junto a dichas mejoras educativas, entre las que Ainara Zubillaga menciona también el hecho de que los docentes gestionen cada vez mejor la diversidad de las aulas y los centros educativos aborden de forma cada vez más colectiva el desafío de su alumno en riesgo de fracaso escolar, la directora de Educación de la Fundación Cotec considera clave el cambio productivo experimentado por España en los últimos 20 años. "La realidad del mercado laboral que llevó en 2004 a tasas tan elevadas de abandono educativo temprano, como la burbuja inmobiliaria, ya no está. Ahora tenemos un mercado laboral que, teniendo muchos defectos, está mucho más orientado al conocimiento, tiene un alto componente de digitalización, y plantea una mayor exigencia formativa. Ya no es tan sencillo esto de: 'abandono el sistema educativo y encuentro algo en lo que trabajar".

España, prosigue Zubillaga, está transformando su tradicional estructura formativa en forma de reloj de arena ―con un porcentaje importante de población con educación superior y otro igualmente destacado de personas sin apenas estudio― gracias al desarrollo de la parte media, que es la vinculada a la cualificación profesional. “Creo que la diversificación que ofrece la Formación Profesional, desde la Básica ―pensada para que los chavales que van mal terminen la ESO― hasta los ciclos formativos medios y la superior, es una de las claves que están cambiando el escenario”.

III

La gran vía de rescate educativo funciona a medio gas: solo la mitad de los alumnos que empiezan una FP Básica consiguen el título, en El País, por J. A. Aunión, Madrid -18 de noviembre de 2022 

En Madrid y en Asturias son poco más de dos tercios los que aprueban los dos cursos de estos ciclos cuatro años después de empezar. Los profesores reclaman especialización y ratios más bajas.

La formación profesional de grado básico es la principal vía de rescate para aquellos alumnos de secundaria que tienen más papeletas para llegar al final de la educación obligatoria (16 años) sin título alguno. Tras años de ajustes en su diseño (con algún que otro cambio de nombre), estos ciclos han alcanzado un formato de dos cursos , combinando enseñanzas más académicas con las profesionales, que numerosos especialistas consideran ya bastante adecuado. Sin embargo, ya pesar de la mejora paulatina de las cifras, sigue arrastrando una gran losa: la mitad de los chavales que los empiezan —a los 15, 16 o, excepcionalmente, a los 14 años— no consigue acabarlos con éxito, es decir, con el título profesional y el de secundaria obligatoria que les permitiría seguir estudiando una FP de grado medio o, si lo prefiere, el Bachillerato .

Así se desprende de las últimas estadísticas del Ministerio de Educación, que señalan que de todos los alumnos que comenzaron una FP Básica en el curso 2016-2017 , únicamente el 49,3% había conseguido graduarse cuatro años después. “El resto se puede considerar, casi con toda seguridad, abandono; es casi imposible que alguien lo consiga pasados ​​cinco o seis años”, explica la catedrática de Pedagogía Aplicada y Psicología de la Educación de la Universidad de las Islas Baleares Francesca Salvá Mut. El resultado, en todo caso, es muy parecido al que pudo observar ella misma entre los alumnos de FP Básica de Mallorca que empezaron en 2015-2106; el 54,6% había abandonado después de tres años.

Investigadores como Salvá Mut y profesores de a pie de esta etapa, como Ismael Colino, explican que el objetivo de estos programas no es nada fácil, pues se trata de reenganchar en el sistema a unos adolescentes que suelen presentar grandes desfases curriculares y un fuerte rechazo hacia lo académico. Y precisamente por eso echan en falta los recursos necesarios para poder sacar adelante. Para empezar, reclaman clases pequeñas: “Es necesario bajar las ratios [el número de alumnos por profesor] ​​para que se pueda trabajar con los estudiantes de una manera más personalizada”, reclama Luis García Domínguez, director del instituto Puerta Bonita de Madrid y presidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional-FPEmpresa.

De hecho, aunque la estadística no permite establecer una relación directa entre las ratios y los resultados de los estudiantes de FP de grado Básico en todas las autonomías, lo cierto es que la comunidad que tiene más alumnos por clase en estas enseñanzas (una media de 17 entre los cursos 2016-2017 y 2019-2020) es la que también presenta la peor tasa de éxito en esta estadística elaborada por el ministerio: 37,3%. Se trata de la Comunidad de Madrid. La siguiente en la lista es Asturias, con un 38,7%, pero con una ratio, esta vez, ligeramente por debajo de la media: 11,25 estudiantes por clase.

Preguntada la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid por estos datos, un portavoz responde que, como la estadística de los resultados en FP Básica es “incompleta” —faltan los datos de Cataluña y Murcia, y los de la Comunidad Valencia no son representativos para el curso 2019-2020—, la comparación entre comunidades les parece “injusta”. Sobre la ratio de alumnos por aula en estos estudios —estadística que sí está completa, con todas las comunidades, y deja igualmente a Madrid al final de la cola— , señala que sus números cumplen con la ley.

Un portavoz de la consejería asturiana, por su parte, explica que los datos de abandono en FP Básica corresponden a los primeros pasos de estos ciclos (que sustituyeron a la versión anterior, los Programas de Cualificación Profesional Inicial que constaban de un curso obligatorio y otro voluntario) y que ahora los resultados han mejorado. Además, recalca que Asturias tiene una de las tasas de titulación en la ESO más altas de España, lo que “supone que hay poco alumnado susceptible de matricularse en los grados de FP Básica, y esta está poco desarrollada en el Principado”. Lo cierto es que por cada 100 alumnos asturianos de 3º y 4º de ESO, hay cinco en FP de grado Básico, la proporción más baja de toda España, con una media de 8 estudiantes de estos programas por cada 100 matriculados en el segundo ciclo de secundaria obligatoria.

En el siguiente gráfico se compara, en todas las comunidades con datos de resultados en la estadística ministerial, la tasa de éxito de los alumnos que comenzaron un ciclos en 2016, la media de estudiantes por unidad de ese curso y de los tres siguientes, y la proporción de jóvenes matriculados en la FP de grado básico con respecto a los que están en los dos últimos años de la ESO.

En todo caso, hay factores cruciales que pueden marcar la diferencia en estos programas, pero que se escapan a las estadísticas. Por ejemplo, la implicación de los profesores y su preparación para atender unas clases que en muchas ocasiones tienen más que ver con intentar que los alumnos recuperen la autoestima, que adquieran unos compromisos y unos hábitos básicos de trabajo y recuperen la confianza en las bondades de tener unos estudios, que con los contenidos concretos de las materias o incluso los rudimentos básicos para ejercer tal o cual oficio.

Primer objetivo: “Que sean responsables”

“Hay casos y casos, claro, pero estamos hablando de chavales que muchas veces son incapaces de ser puntuales, tienen algunos problemas de gestión de la ira, no consiguen mantener un compromiso a medio, largo plazo… Nuestro primer objetivo en FP Básica es que adquieran ese compromiso, que sean responsables”, explica Colino, profesor del ámbito profesional del área de Electrónica en el instituto público Leonardo Da Vinci de Madrid. Y añade: "Los profesores técnicos de FP tendríamos que tener un refuerzo para enseñar en estos ciclos. Venimos de una bolsa de trabajo en la que nos puede tocar grado Básico, pero también FP de grado medio o superior y no tiene nada que ver. Tenemos conocimientos avanzados en la materia, pero carencias en el lado de las competencias pedagógicas y psicológicas".

Luis García Domínguez va más allá, y reclama esa especialización también para los docentes que imparten las materias comunes. "Es necesario tener profesores con capacidad de acercamiento a la persona, que trabaje codo con codo, que desarrollen su pedagogía de manera activa, trabajando por retos o proyectos. No es idóneo cualquier profesor, sino aquel que comprenda la situación", insiste. Precisamente por eso, añade, esos docentes deberían ver reconocido su esfuerzo tanto en carga lectiva, con menos horas de clase, como económicamente. “Necesitamos profesores excelentes, pues son los estudiantes con más necesidades”, remata.

La gran criba, según la experiencia de Colino, se produce en el primero de los dos cursos que conforman los ciclos de FP de grado básico. Una percepción que coincide con las investigaciones de Salvá Mut —que dicen un 21,6% de los alumnos mallorquines había pensado abandonar a los 2 o 3 meses de iniciar el curso; que 31,9%, de hecho, lo dejó entre 1º y 2º, y otro 22,7% hizo lo mismo más tarde— y da una de idea de adónde podrían los esfuerzos de mejora. También coinciden impresiones a pie de aula e investigación en otro punto: “Los alumnos que están estudiando una especialidad que no es la que preferían, sino en la que pudieron entrar, tienen muchas más posibilidades de abandonar”, señala la catedrática. Y Colino añade: “Hay chavales que igual preferían peluquería, pero acaban viniendo a electrónica porque les pillaba más cerca de casa o porque su familia insistió en que tiene más salidas laborales... Esos chicos al final se matriculan, pero sin interés”.

Oferta de oferta

La falta de oferta de cursos de FP básica, en unas edades en las que los desplazamientos largos pueden generar rechazo o, directamente, reducir las posibilidades de elección, ha sido señalada también en distintas investigaciones entre los problemas de estas enseñanzas. De los 4.643 centros públicos que imparten secundaria, un poco más de la mitad, 2.341, ofrecían en el curso 2020-2021 estos ciclos, según los datos de Educación. Y solo lo hacen un 20% de los concertados.

Colino recuerda que muchos de los chavales que abandonan la FP de grado básico acaban, tarde o temprano, matriculados en los centros de educación de adultos; algunos, de hecho, pasan directamente. Algunos de ellos conseguirán finalmente obtener el título de ESO y una parte probablemente seguirá avanzando en sus estudios, pero muchos otros no. El 22% de los jóvenes españoles de 25 a 34 años tiene solo el título obligatorio y otro 5,5% se quedaron por el camino antes de conseguirlo.

IV

De estar condenado al fracaso escolar a estudiante universitario: “Éramos lo peor del 'insti', pero tuve la suerte de encontrar algo que me gustó”, en El País, J. A. Aunión, Santibáñez el Bajo -22 ago 2022:

El cacereño Saúl Barroso cuenta su trayecto desde el programa de enseñanza profesional alternativa a la ESO a la carrera de Magisterio

A Saúl Barroso, un joven cacereño de 24 años, le llegó “la edad del pavo un poco fuerte”. Cuenta que un día, en el instituto, él y otro compañero descolgaron la pizarra de la clase y la tiraron por la ventana. Entonces, entre sanciones y suspensos, con 13 y 14 años, ni se le pasaba por la cabeza la posibilidad de estudiar una carrera. Pero ahí está, una década después, terminando Magisterio. Ha llegado a ese punto por el camino largo, el que lleva de los cursos alternativos a la ESO, pensados ​​para los chavales en serio riesgo de fracaso escolar, a la FP de grado medio, de allí a la FP de grado superior y, finalmente, a la universidad. El caso de Saúl es poco común, pero da la razón a quienes llevan años defendiendo que los caminos educativos alternativos, para aquellos que no encajan en el esquema general , no deben cerrar ninguna puerta, sino que, muy al contrario, han de facilitar que el que quiera pueda seguir avanzando en sus estudios.

Barroso se matriculó en un PCPI (programa de cualificación profesional inicial, así se llamaban estos cursos, hoy es la FP de grado básico) de jardinería, después de repetir el segundo curso de la secundaria obligatoria, la ESO. Fue por decisión de su padre, profesor y educador social del mismo instituto en el que estudiaba, el Gabriel y Galán, en el municipio cacereño de Montehermoso.

Allí dio clases Rubén Gonzalo en estos programas alternativos (hoy lo sigue haciendo) que ofrecen los rudimentos básicos de un oficio a la vez que se avanza en las materias instrumentales de lengua, matemáticas y ciencias. “Cuando llegan, les preguntan qué saben hacer, en qué son buenos, y la mayoría responde: 'En nada”, explica Gonzalo. “Así que, lo primero que hay que conseguir es que recuperen la autoestima y, después, la emoción y las ganas de aprender”, añade.

Entre los últimos coletazos de esa violenta edad del pavo, los padres de Saúl tuvieron que pelear mucho aún para que terminara los dos cursos del programa. "Éramos lo peor del insti los que estábamos allí, la gente problemática. La verdad es que a mí me resultó fácil aprobar", cuenta Barroso.

Todo, tanto lo académico como lo profesional, está adaptado en estas enseñanzas a un alumno que llega con importantes carencias de aprendizajes previos y graves problemas de actitud. Y por ahí vienen algunas de las críticas que se vierten contra ellas desde su creación hace más de tres lustros : que, casi regalados, estos títulos se pueden convertir en puertas falsas para acceder a cada nuevo escalón educativo, devaluando el sistema en general. Por el lado contrario, el otro gran reproche es el de quienes creen que se trata de vías de segregación para quitarse de encima a los alumnos más difíciles.

Las cifras, en todo caso, apuntan más hacia posibles problemas de segregación, de los que advierte el profesor de la Universidad del País Vasco Pello Aramendi (el 16% de los alumnos de FP básica son extranjeros, mientras que son el 9,8% en la ESO), que al coladero que temen algunos. De media, se deriva a la FP básica en torno al 8% de los alumnos, según las últimas cifras del Ministerio de Educación. De ellos, lo terminan poco más de la mitad.

Jesús Alemán Falcón y María A. Calcines Piñero, especialistas del grupo de investigación de Educación Inclusiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria , defienden lo que consideran una buena herramienta que, con las adaptaciones y mejoras que se han ido introduciendo, “refuerza la equidad del sistema educativo e incrementa su capacidad inclusiva”.

El último cambio normativo establece que los que lo aprueban consiguen automáticamente el título de la ESO; hasta hace dos años, pude obtener ese diploma, pero solo si los profesores consideraban que el chaval había alcanzado un nivel equivalente al de la secundaria obligatoria; si no, el título de FP básica daba acceso al grado medio, pero no al bachillerato. Sin cifras oficiales sobre unos y otros, lo cierto es que el 61,8% de los titulados en un grado básico hace cuatro cursos se matricularon inmediatamente en el siguiente escalón de la FP (algo más de 11.000 personas) y un 1,2% en bachillerato (unas 230 en toda España).

Cuando Saúl Barroso empezó a estudiar un grado medio en Plasencia (se desplazaba cada día desde su pueblo, Santibáñez el Bajo, a 27 kilómetros), él era el único que llegaba desde un ciclo básico (el resto se había sacado la ESO por la vía ordinaria). Empezó, de nuevo, empujado sobre todo por la presión paterna. Pero en un ámbito que ya había elegido él mismo y que le apasiona desde pequeño (era un ciclo de Técnico en Actividades Físicodeportivas en el Medio Natural), pronto empezó a sentir un impulso propio, una motivación nueva. "Tuve la suerte de encontrar algo que me gustó. La verdad es que me encantó —yo siempre he sido muy deportista— y me lo saqué a la primera. Y era duro, ¿eh?, nos exigían... Pasamos 10 o 12 de toda la clase", cuenta el joven.

En este punto ya se había animado del todo, así que la decisión de saltar después a un curso de Técnico Superior en Actividades Físicodeportivas fue ya plenamente suya. Como lo fue la idea que se le metió un poco más tarde en la cabeza: llegar a la universidad.

"Solicité plaza para Ciencias del Deporte en toda España, pero no me cogieron. Eché también para Fisioterapia, pero tampoco me daba la nota. Y en la tercera opción, Magisterio, es la única que me cogieron, así que me fui a Burgos, a pasar frío", bromea. Igual que el título de FP de grado medio da acceso directo al grado superior, este lo da a la universidad, pero compitiendo, con la nota media obtenida en el ciclo, por las mismas plazas en cada carrera contra los que llegan del bachillerato y la Selectividad.

Pueden presentarse a la EBAU, a los solicitudes voluntarios, para subir nota, pero Saúl lo descartó: “Ni me lo planteé. [Llevaba] desde segundo de la ESO sin dar muchas cosas…, no tenía base”. Confiesa que, después de cuatro años estudiando Magisterio en la especialidad de Educación Especial, ya falta de un puñado de asignaturas para terminar el próximo curso, lo que más le ha costado son las matemáticas y el inglés.

El profesor Rubén Gonzalo suele contar una historia personal a sus alumnos para animarles a saltar sin miedo de la FP a la universidad, como hizo él mismo: "El primer año lo van a pasar fatal, pero si aguantan, el segundo año van a ser de los mejores, en cuanto lleguen las asignaturas aplicadas. Eso me pasó a mí en Ingeniería [Técnica Agrícola]: del montón de abajo, pasé a sacar matrículas de honor, porque yo estaba harto de estar con los mecánicos". desmontando motores y mis compañeros no sabían ni lo que era un pistón”.

En el ámbito educativo, en el que las expectativas de los estudiantes y de sus familias influyen tanto, la falta de referentes puede convertirse en un problema grave, y más en un contexto que suma despoblación, aislamiento y falta de oportunidades. Saúl, sentado en la terraza de un bar de Santibáñez (un pueblo de 748 habitantes), repasa lo que han ido estudiando sus amigos y la mayoría se decantó en su día por la formación profesional; casi nadie se planteaba los estudios universitarios y, los que al final lo han hecho, han llegado, como él, a través de la FP. “Aquí hay poco trabajo y lo que hay es sobre todo en el campo”, explica el joven

Según las últimas cifras disponibles, el 65,3% de los alumnos que terminan la FP básica se matriculan en los tres años siguientes en un grado medio. El 47,3% de los graduados en estos últimos pasan al grado superior y un 26% da el último salto hasta la universidad . Sin estadísticas al respecto, es fácil suponer que serán muy pocos los que hayan hecho el camino completo, como Saúl.

En todo caso, aunque insiste en recordarles a sus alumnos que, si quieren abierto, tienen ese recorrido, Gonzalo reivindica la FP como fin en sí mismo, su atractivo propio por unas salidas laborales que, incluso, han hecho que cada vez haya más titulados universitarios estudiando grados superiores . "Yo quería dejar de estudiar porque me aburría. Y sacaba buenas notas. Al final me metí a la FP y me alegre cada día porque me cambió la vida", dice el profesor del instituto público de Montehermoso, un pueblo de 5.600 habitantes a 21 kilómetros de Santibáñez el Bajo.

Si es necesario que el profesorado de FP básica “conozca bien a sus estudiantes y muestre cercanía hacia los mismos”, como recalcan los especialistas canarios Alemán y Calcines, a Gonzalo no hace falta que se lo digan. Sabe perfectamente que sus alumnos “aprenden haciendo” y que en general solo hay que esperar un poco para que sientan la cabeza y quieran ya formarse para poder trabajar: “En cuanto se echan novia y se quieren sacar el carné del coche”.

Cada año, Gonzalo usa una herramienta que se llama “mapeo del territorio aula”. "Empiezo a preguntarles: ¿qué música te gusta? ¿Qué aficiones tienes? ¿Qué haces cuando sales de aquí? ¿Con quién vives, con tus padres, tus abuelos? Saco información muy buena. Por ejemplo, a mí no me gusta la pesca, pero al que le guste le pregunto que cómo están los lucios...", explica.

A Saúl Barroso le ha gustado siempre el boxeo y las artes marciales. Y cuando se le pregunta por su idea de convertirse en maestro, inmediatamente le viene a la cabeza un profesor de Educación Física que, en el instituto, le solía hablar del tema, le preguntaba, le daba folletos y artículos… “Se llamaba Javi y me motivó muchísimo, muchísimo. Siempre se paraba a hablar un ratito conmigo”. También se acuerda de Ángel Luis, el profesor de Anatomía del grado medio que estudió en Plasencia ―”tenía 50 años y era un armario. Controlaba muchísimo. Realmente captaba tu atención en las clases”―, de Mamen ―“una persona magnífica”―. Se queda pensando, y remata: “He tenido muchos buenos profesores, la verdad”.

V

Al campus desde la FP: el 13,2% de los estudiantes recién llegados a la universidad son titulados en ciclos superiores, en El País, por J. A. Aunión, Madrid -27 de junio de 2022:

Más de un tercio de los alumnos que terminan una formación profesional de grado superior en las ramas de actividades deportivas y servicios socioculturales se matriculan al año siguiente en un grado.

Los caminos que llevan hasta la universidad no son infinitos, pero sí variados. Aparte del recorrido clásico que pasa por el Bachillerato y la Selectividad , y de las más alternativas de las pruebas específicas de acceso para mayores de 25 y 40 años, el título de Formación Profesional de grado superior es desde hace años una importante vía de entrada. Este curso que está a punto de terminar, el 13,2% de los alumnos recién llegados a los campus procedían de la FP, la proporción más alta desde 2012-2013 (entonces fueron el 11,4%), el primer año disponible en la estadística facilitada por el Ministerio de Universidades.

De hecho, las también estadísticas apuntan a que una parte nada desdeñable de los estudiantes se plantean los estudios de FP superior, principalmente, como un peldaño en su camino hacia el campus: uno de cada cinco titulados se matricula en algún grado universitario al año siguiente de sacarse el ciclo de grado superior. Y la cifra supera ampliamente el tercio de los titulados en algunas ramas profesionales: en la de Actividades físicas y deportivas ha oscilado entre 2016 y 2020 del 34,4% al 39,9%; y en la de Servicios Socioculturales ya la Comunidad (donde se enmarcan ciclos como Técnico en Educación infantil o en Integración Social), del 37,6% al 38%, según los datos del Ministerio de Educación sobre el seguimiento de los graduados en Formación Profesional .

La FP superior ha superado ya hace años el estigma de enseñanza de segunda que tradicionalmente ha pesado sobre estos estudios. Lo ha conseguido en gran parte gracias a las perspectivas profesionales que abre ( el 22,7% de las ofertas publicadas en 2020 estaban dirigidas a estos titulados, según un informe de Adecco ) y las posibilidades que dan para seguir formándose, ya que sus ciclos, una vez aprobados, dan acceso directo a la universidad. Hasta 2010, en cada carrera se establecía un cupo reservado a los alumnos procedentes de la FP superior, pero desde entonces compiten con su nota media por las mismas plazas que los bachilleres recién titulados que llegan por la vía de la Selectividad. Los procedentes de formación profesional también pueden presentarse a los solicitudes voluntarios de la Evau para subir nota (ejercicios siempre sobre asignaturas de Bachillerato); el año pasado lo hicieron 21.597, un 70% más que en 2015 (12.774).

En todo caso, esa cifra no es la de todos los que llegan cada año a la universidad desde FP, pues quienes aspiran a una carrera con una nota de corte baja oa un campus privado (donde el aprobado es suficiente para entrar en la inmensa mayoría de los casos), se pueden ahorrar perfectamente la Selectividad. De hecho, en este curso que está a punto de terminar, entraron desde FP 45.839 estudiantes que supusieron ese 13,2% de todos los recién llegados. Cuando se eliminó el cupo reservado para la vía de acceso de FP, entre 2010 y 2011, el porcentaje saltó de un año para otro del 9,8% al 14,5% . Sin embargo, la cifra se estabilizó entre el 11% y el 12% hasta el año pasado, 2020-2021, el primero que arrancaba en mitad de la pandemia, que subió al 12,5%, para volver a crecer al año siguiente hasta el 13,2%. El responsable de FP de la Federación de Enseñanza de CC OO, Rodrigo Plaza, señala que detrás de esas cifras está con toda seguridad el aumento del número de aprobados (las Administraciones acordaron levantar la mano a la hora de evaluar para compensar las dificultades ocasionadas por las medidas de confinamiento) y el empeoramiento de las cifras del paro por la crisis sanitaria ; Si no hay empleo, parece mejor idea seguir estudiando que quedarse en casa.

Educación física, Magisterio y carreras sanitarias.

El detalle de la estadística oficial solo permite saber, por áreas de conocimiento y para las universidades públicas presenciales, a qué tipo de carreras se dirigen los titulados en FP. En todo caso, los datos cuadran con el ámbito de procedencia de los graduados, pues más de la mitad están en carreras de Ciencias Sociales y Jurídicas, donde se encuadran las titulaciones más relacionadas con los ciclos de Servicios Socioculturales ya la Comunidad y Actividades Físicas y Deportivas. De hecho, si bajamos más al detalle de la mano de un estudio en la Complutense sobre los alumnos de que empezaron la carrera en 2017, se puede ver que las cifras más altas de estudiantes nuevos que no venían del Bachillerato estaban en las facultades de Trabajo Social (39,7% del total) y Educación (25,3%). La Complutense no ofrece la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, conocida tradicionalmente como INEF.

Pero el proceso que conduce a este grado es algo que tienen perfectamente identificado desde hace tiempo en los centros de FP. Luis García Domínguez, director del Instituto Público Puerta Bonita de Madrid, presidente de la asociación FP-Empresa y miembro del Comité Español de la Asociación Europea de Centros de FP, lo explica así: “Son chicos que han venido de Bachillerato con una nota baja, o que llegan desde una FP de grado medio [a la que se accede después de la enseñanza obligatoria], a los que va a ser muy difícil entrar directamente en el grado de INEF y, de alguna manera, por este camino evitan la Evau”. Y añade: "También hay quien hace este tipo de ciclos deportivos que no quiere ejercer en este ámbito, sino acceder a una oposición de policía o de bombero. Pero al terminar, en un momento dado, se sienten con fuerzas y deciden seguir porque consideran que una carrera universitaria les va a abrir más puertas".

Tanto este ámbito como el de Servicios Socioculturales —“También es común estudiar el ciclo de educación Infantil para seguir después con Magisterio”, dice García Domínguez— comparten igualmente que su grado de inserción laboral no es tan alto como en otras ramas, añade. Otros ciclos en los que muchos alumnos empiezan con un ojo ya puesto en la universidad, termina, son los del ámbito sanitario. Con cifras más moderadas, las estadísticas también respaldan esta percepción: entre 23,7% y el 26,9% de los titulados entre 2016 y 2020 se matricularon al curso siguiente en la universidad. Y las cifras oficiales del ministerio señalan que el 17,8% de los recién llegados este curso a las carreras de Ciencias de la Salud de las universidades públicas presenciales procedían de FP.

En las privadas, de las que no hay cifras desagregadas, las proporciones podrían ser incluso mayores en algunos ámbitos, teniendo en cuenta que la nota media de acceso no suele ser un problema y que muchos de estos campus son menos reticentes que los públicos a convalidar, como contempla la ley, una parte de lo aprendido ya durante los estudios de FP. “Mientras en las universidades públicas el promedio se sitúa entre 15 y 26 créditos reconocidos (con un máximo de 54 créditos en una titulación), las universidades privadas se mueven entre 36 y 39 créditos, llegando en una de ellas a los 90 créditos”, dice un trabajo coordinado en 2020 por el profesor emérito de la Politécnica de Madrid Francisco Michavila bajo el título La relación entre la Formación Profesional y la Universidad .

De hecho, cada vez más campus privados que ofrecen títulos de FP de grado superior a través de fundaciones señalan de antemano vías consecutivas de ciclos de FP y carreras con las correspondientes convalidaciones, apunta Rodrigo Plaza. Entre las recomendaciones del trabajo de Michavila, está la de “establecer criterios objetivos para que las universidades y centros de FP de grado superior determinen las materias y el alcance de los reconocimientos” y, en general, buscar fórmulas claras de convalidaciones tanto para los titulados de ciclos formativos que cursan una carrera como para los titulados universitarios que estudian FP superior, que también los hay .

martes, 15 de abril de 2025

Entrevista a Beatriz Montáñez, una ermitaña escritora manchega

 Beatriz Montáñez: “Necesitaba averiguar quién era”, en Zenda, 9 ene 2023 / entrevista por Miguel Ángel Santamarina 

Christopher Johnson McCandless estaba harto y decidió romper con todo. Dejó a una familia con la que no se identificaba, donó sus ahorros a una ONG y puso rumbo a Alaska para cumplir su sueño: sobrevivir solo en plena naturaleza. Jon Krakauer contó su historia en Hacia rutas salvajes (Into the Wild), un libro convertido en guía espiritual para los jóvenes que años más tarde quisieron repetir esta aventura pese a su desgraciado final. Beatriz Montañez había conseguido un importante reconocimiento profesional, como periodista y guionista de cine y televisión, pero tenía una herida que debía cicatrizar, y para lograrlo ella también debía estar sola. McCandless se escondió en un viejo autobús abandonado de la compañía Fairbanks y Beatriz encontró su refugio en medio del bosque, en una casa derruida. Montañez comenzó a escribir, y la carne abierta se fue cerrando a cada nuevo párrafo. El vacío se llenó definitivamente cuando publicó Niadela (Errata Naturae, 2021), un sincero ejercicio de nature writing, que Harper Collins acaba de convertir en novela gráfica, ilustrada por Ángel Sánchez Trigo y Jorge García García.

Hablamos con Beatriz Montañez de heridas profundas que acaban sanando, de máscaras, de Ralph Waldo Emerson y de chimeneas que revocan. De fondo, suenan los versos de “Society” —Society, you’re a crazy breed, I hope you’re not lonely without me—, la canción que Eddie Vedder (Pearl Jam) compuso para la adaptación cinematográfica que Sean Penn hizo de la novela de Krakauer.

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—Fama, popularidad, éxito profesional… De cara a la galería su vida parecía idílica, pero había algo que no funcionaba. ¿De dónde sacó el valor para dar ese volantazo?

"Me sentía encorsetada en un personaje que no era yo, que los demás habían definido cómo debía ser"

—Fama es una palabra que no me gusta. Cuando alguien aparece en la televisión y es conocido se le llama famoso. Pero esa es una definición con la que no me siento cómoda. La fama para mí era un lunar en la nariz que todo el mundo veía menos yo. Porque seguía siendo exactamente la misma y teniendo los mismos amigos que veinte años atrás. Después de salir en televisión, mi vida cambió bastante poco a nivel personal. Sí que lo hizo a nivel público. Hay personas a las que les agrada que les reconozcan por la calle, en los restaurantes, pero a mí me crea incomodidad. Porque pienso que el hecho de salir en televisión no es algo que haya que aplaudir. Partiendo de esa definición de “fama”, entre comillas, te diría que puedes tener prácticamente todo, o pensar que lo tienes prácticamente todo, y que te falte lo más importante. Yo me di cuenta de que lo más importante era yo misma, y que en ese momento yo no tomaba decisiones: me estaba dejando llevar por las circunstancias. Me sentía encorsetada en un personaje que no era yo, que los demás habían definido cómo debía ser. Utilizo la palabra “personaje”, que viene de “persona”, cuya etimología es “máscara”. Esa falta de identidad me empezó a causar estragos. Me cuestionaba cómo debía hacer las cosas para no defraudar a los demás. Eso me llevó a tomar una decisión: necesitaba averiguar quién era. Me identifico con la frase de Fritz S. Perls: “No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en este mundo para llenar las mías”. Entonces un día, por necesidad más que por valor, me dije “basta ya”. Tenía que recuperarme a mí misma.

—”Ayer soñé que regresaba a Niadela…”. Ese homenaje a la novela de Daphne du Maurier, con el que empieza tu libro, encaja muy bien con ese ambiente fantasmagórico que supone irse a vivir sola en medio de la nada. ¿Por qué ese comienzo emulando a Rebeca?

—El comienzo de Rebeca me parece magistral. Es muy onírico. Habla de un regreso. En mi caso, ese “ayer soñé que regresaba a Niadela…” habla de un regreso a quien soy. En el libro, y la película, ella habla de un regreso al lugar que la hizo. Y esa vuelta es un sueño. El subconsciente, como bien dice Jung, trata de devolverte la imagen de quién eres. El usar ese comienzo en mi obra me ayudaba a volver. Al principio de manera onírica, y luego de manera física, a la persona que yo había sido, y que de alguna forma había dejado de ser por encajar, por gustarle a los demás.

—Hay unos cuantos guiños literarios en su obra. En la versión gráfica la vemos leyendo el Walden de Henry David Thoreau. ¿Cuánto hay de nature writing en su libro? ¿Ha sido algo buscado o ha surgido al confesarte mientras escribías tu obra?

—Ha sido algo absolutamente buscado. Tenía unas premisas ciertas, radicales y concretas, de lo que quería escribir, lo que hacía que fuese extremadamente difícil lograrlo. Tenía muy claro que debía ser un auténtico ejemplo de nature writing, más cercano a Emerson —que para mí es su mejor ejemplo— que a Thoreau. Quería mostrar cómo la apreciación de la naturaleza me transformaba y llegaba a entenderla mejor. En Walden creo que no hay una transformación de Thoreau, sino más bien una afirmación de lo que él siente por la naturaleza. En los ensayos de Emerson sí que ves ese cambio, esa comprensión del mundo que le rodea. Quería que fuese —y creo que ha sido— el primer libro de nature writing puro publicado en España. Este es un género que no tiene que ver con obras sobre la naturaleza o la gente que va a vivir al campo, sino con la transformación que atraviesa el hombre en la naturaleza. En este caso la mujer.

 —En su obra hay una búsqueda de redención. Para poder salvarse debía curar una herida profunda. ¿Lo ha logrado?

"La escritura es el mejor proceso psicológico. La palabra es sanadora. Para curarte tienes que poner por escrito lo que sientes"

—Sí. Lo he conseguido. Igual que les ha ocurrido a otros escritores. Estos primeros libros, como también le pasó a Paul Auster, por ejemplo, sirven para lidiar con tus propios fantasmas. En La invención de la soledad él sacó a relucir asuntos familiares que permanecían a oscuras hasta ese momento. La escritura es el mejor proceso psicológico. La palabra es sanadora. Para curarte tienes que poner por escrito lo que sientes. Esta es también una manera de organizar tus pensamientos. Desde que tengo uso de razón, y dinero suficiente (ríe), he probado muchísimas terapias, no te puedes ni imaginar cuántas, para saber qué era lo que me ocurría: psicoanalíticas, cognitivas, Gestalt… La respuesta la encontré en la escritura. Antes de venir a Niadela, escribí La ausencia, que relata mi infancia, la muerte de mi padre y la relación con mi madre. Es una obra que de momento no tengo ninguna intención de publicar, que necesita reescritura —tiene ahora mismo 700 páginas—, y en la que vomité absolutamente todo lo que me había ocurrido y había vivido en mi adolescencia. Lo maravilloso de ese proceso de escritura es que tuve que crear el personaje de mi madre, el de mi padre y también el mío. Me puse en la situación de amigos y parientes, en su piel, y escribí diálogos con personas con las que nunca había hablado sobre ese tema… Eso fue algo difícil y mágico a la vez: comprender a través de tu personaje lo que el otro no ha dicho o no ha hecho. Muy pocas personas dicen lo que hacen o cómo son, porque se buscan máscaras a través del verbo.  Yo estudié interpretación en Los Ángeles y en la Escuela de actuación de Corazza en Madrid. Hay un ejercicio fascinante para trabajar con tu ego que se llama el “yo afectado”. Tienes que recrear una escena determinada en la que no has dicho, o hecho, lo que te gustaría. Este ejercicio me sirvió para escribir La ausencia y también Niadela. En tanto que aquello que no he dicho me define mucho más que lo que he dicho y lo que he hecho.

—Ese ejercicio sería ideal para nuestros políticos.

—Sí. (Risas). Totalmente. Deberían practicar con el “yo afectado”.

—En un pasaje de la obra dice: “Mi madre debía haberme explicado qué es la muerte, pero supongo que no estaba preparada”. ¿Por qué nos da tanto miedo hablar de ella?

"Estamos en una continua insatisfacción que nos lleva a creer que disponemos de la eternidad para conseguir la solución al problema"

—Mis dos obras hablan sobre la muerte. En Niadela hay un sueño en el cual me suicido. Entonces reconozco mi propia finitud y me siento preparada para morir. Esto es algo difícil para nosotros —aceptar la muerte—, porque pensamos que somos inmortales. Pensamos que nosotros mismos somos una obra inacabada y por eso hay una continua búsqueda no solamente de la felicidad, sino también de los deseos. Estamos en una continua insatisfacción que nos lleva a creer que disponemos de la eternidad para conseguir la solución al problema. Cuando sientes que tu vida es finita, que vas a morir, te entra la ansiedad y la angustia, porque comprendes que tienes un tiempo limitado para conseguir lo que quieres. Además, solemos cambiar de opinión una vez que hemos conseguido nuestro propósito en la vida; buscamos otro diferente. Es una búsqueda eterna de tu propuesta vital.

—Su madre trabajaba de noche y para poder dormir de día usaba unos tapones. Usted también comenzó a usarlos. ¿Qué descubrió en ese silencio? ¿Fue sanador?

—Los sigo usando. En el budismo hay un concepto sanador que se llama el Gran Silencio. En El silencio: Aproximaciones, David Le Breton crea un concepto de silencio absolutamente brutal, colocándolo en diferentes contextos, etapas vitales, situaciones sociales y circunstancias. Me parece absolutamente necesario, a nivel psicológico y espiritual, tener momentos de silencio, no solamente en nuestro día a día, sino a lo largo de toda nuestra vida. Es uno de los primeros procesos necesarios para llegar a la transformación. Con el silencio te vas a escuchar y vas a saber qué piensas, cómo lo piensas y por qué lo piensas.

—Vamos a la parte más prosaica de su vida en el bosque. ¿Cómo fue ese primer año sin luz eléctrica ni agua caliente a la luz de las velas?

"Hubo un proceso transformador y me fui aclimatando a esa incomodidad. De los momentos retadores pasé a los gratificantes"

—Hubo momentos muy gratificantes y otros… no voy a utilizar “difícil” porque esa es una palabra que tengo prohibida. Digamos “retadores”. Hubo momentos maravillosos, de llorar de felicidad, y otros que fueron un auténtico reto. Lo más complicado fue pasar de vivir en la sociedad, en una ciudad como Madrid, con amigos, con una vida social normal a estar realmente sola. Cuando vivía en Madrid podía requerir un momento de soledad, pero aquí eso era todo el rato. Al principio me costó. Los primeros meses estaba cada dos por tres conduciendo hacia el pueblo: a comprar un tornillo, cosas absurdas… Solo por el hecho de volver a refugiarme en la marabunta de la sociedad. Eso fue pasando. Hubo un proceso transformador y me fui aclimatando a esa incomodidad. De los momentos retadores pasé a los gratificantes. Me sentaba en un árbol muerto en el camino y sin darme cuenta habían transcurrido cinco horas. Empezaba a tener la sensación de pertenecer a algo más grande que yo misma. Que no hubiese luz no fue algo que me molestase. Soy una persona extremadamente curiosa. He llevado a mi familia adelante desde que era una niña porque mi madre se puso a trabajar después de la muerte de mi padre. Aprendí a cuidar de mis hermanos mayores, acepté el rol de cabeza de familia, aun siendo la más joven, y me acostumbré a solventar problemas. Eso me ayudó mucho cuando me encontré con los impedimentos del agua y de la luz; todo eso me suponían retos gratificantes a los que encontrarles una solución. Cuando me di cuenta de que no tenía luz, pensé: “Hasta que estudie un poco de electricidad y sepa de qué va esto, pues voy a sustituir las bombillas con velas“. Luego vino la mayor complicación: ninguna de las chimeneas funcionaba y pasaba un frío brutal en invierno. Revocaban todas; estaban mal construidas. Entonces viene el reto de aprender cómo funcionan las chimeneas y arreglarlas. Todo eso me incentivaba. No lo veía como una incomodidad. Me resultaba gratificante poner solución a esos problemas. Lo que sí que resultó duro fue adaptarme a la soledad y ver cómo iban desapareciendo personas de mi vida.

—En el bosque hay animales, muchos, algunos salvajes, con los que usted comienza una relación, que en algunos casos lleva a una identificación. Como ocurre con esa zorra, a la que unas ocasiones alimenta y en otras espanta a gritos.

—El proceso con la zorra fue muy particular. Creo que ese animal no dejaba de ser una representación de mí misma. Me acostumbré a alimentarla y me gustaba su compañía. Pasó de venir por las noches a estar aquí mañana, tarde y noche, porque yo la alimentaba con un trocito de carne o una carcasa de pollo. Yo le proporcionaba la facilidad de no tener que pelear por su comida. Se pasaba el rato tumbada a la entrada de la puerta. Eso es algo que yo empecé a identificar como un reflejo de mí misma, porque no me gusta nada que las personas dependan de mí. Eso me provoca una asfixia. Me ocurre también al revés. Cuando estoy empezando a depender de alguien, me alejo. Cuando me di cuenta de que la zorra se volvía dependiente de mí, quise echarla. Pensé: vamos a empezar de nuevo, te voy a dar de comer solo de vez en cuando porque no quiero que dependas de mí. Eso es lo maravilloso del nature writing y de estar en la naturaleza; te descubres a ti misma a través de ella.

—En una buena novela, el personaje principal tiene que hacer un viaje del que sale transformado. ¿Cómo ha cambiado usted después de estos en Niadela?

"Me he transformado en un 99% y hay un 1% en el que sé que tengo que seguir trabajando"

—Absoluta y enteramente. Hace poco tuve que revisar unos correos electrónicos antiguos, del año 2015, para buscar una información, y al leerlos tuve la sensación de que la persona que había escrito esos mails no era yo. Fue algo muy extraño, porque me sentía enajenada en la escritura. En esos textos era muy diligente, muy específica —esa es una característica que siempre he tenido—, con cierto aire de severidad… no me identificaba. Me preguntaba: “¿Quién es esta persona que escribe así?“. Me he transformado en un 99% y hay un 1% en el que sé que tengo que seguir trabajando. Y mejorando también ese 99%, porque sé que es susceptible de más cambios. A pesar de haber hecho el viaje del héroe de Joseph Campbell, y de haber regresado al mundo ordinario con el elixir del conocimiento, creo que, como decía Nietzsche, hay un eterno retorno. Cuando llegué a Niadela sabía que tenía que trabajar con tres grandes defectos que yo tenía, y lo llamé “la filosofía de las tres pes”: mi paciencia, mi practicidad y mi prudencia. Es algo que todavía tengo que pulir, pero creo que me puedo dar alguna palmadita en la espalda, porque he mejorado mucho (risas).

—¿Cuál es su próximo proyecto de escritura? ¿Veremos publicada La ausencia?

—Todavía no estoy preparada para enfrentarme a La ausencia, aunque sé que no soy la misma persona de antes. Debo guardar un poco de distancia para atreverme con esas setecientas páginas. Por ese motivo me he puesto a escribir algo rotundamente opuesto a Niadela, por consejo de Álvaro Colomer, que me recomendó ir al otro extremo, con un estilo y un contenido diferentes. Ahora estoy viviendo la aventura de escribir mi segundo libro, algo que disfruto, pero que también me da dolores de cabeza porque soy asquerosamente perfeccionista. Puedo estar días buscando la palabra que necesitaba.

domingo, 13 de abril de 2025

Prensa turca e israelí en ladino o judeoespañol

 El bustan judeoespañol, en JotDown, por Berta Ares Yáñez

Aterricé en el aeropuerto de Ben Gurion una madrugada de julio de 1996. Había recibido una Beca MAEC para estudiar en la Universidad de Tel Aviv y desarrollar un proyecto de investigación. Este consistía en bucear en diferentes archivos del país para establecer una relación de la prensa en judeoespañol, y luego analizar la función que una parte determinada de esta prensa había desempeñado durante la creación del Estado. En aquel entonces, este país todavía no tenía medio siglo de existencia.

Lo que más me llamó la atención nada más llegar fue el afán absoluto de expresión que se vivía en sus calles, donde todo se discutía y matizaba. Cualquier tema de actualidad era causa de debate en el que cada cual marcaba su línea ideológica. Prueba de ello eran las innumerables pancartas expuestas en los comercios y en los balcones de las casas, o las pegatinas que se exhibían en todo tipo de vehículos, en los cascos de moto o en las carpetas de los universitarios. Antes de Twitter, pancartas y pegatinas eran los soportes ideales para el eslogan. 

Cuando llegué, el país estaba de luto. Isaac Rabin había sido asesinado hacía apenas unos meses por un ultranacionalista opuesto al proceso de paz y a los Acuerdos de Oslo. A su entierro había acudido Bill Clinton, quien en su discurso de despedida acabó con un «Shalom, jaber» (Adiós y paz, amigo). Esta frase se convirtió en el eslogan mayoritario de los pacifistas y de los que querían mantener vivo el proceso de paz. A esta consigna le siguieron «Jaber, ata jaser» (Amigo, haces falta) y «Jaber, ani zojer (Amigo, yo recuerdo). Algunos recortaban las frases y hacían collage con las pegatinas: «Shalom, ata jaser» (Paz, haces falta). 

Tras estos eslóganes iniciales hubo muchos más, que cada uno argüía desde su posición ideológica. Los tres más claros eran el izquierdista «Un pueblo fuerte hace la paz», el conservador «Paz, con prudencia», y el ortodoxo «Una generación de arrepentimiento traerá la paz». Al final, todo derivaba en dos modelos de redención: el laico «Una generación entera pide la paz», y el ortodoxo «Generaciones enteras solicitan al Mesías». Se temía entonces la existencia de una guerra civil, y las instituciones colgaban carteles en los que se leía «Opiniones diferentes sí, guerra de hermanos no».

También los problemas caseros se aireaban en pegatinas y pancartas. La compañía nacional de autobuses Eged —creada en su día por fuerzas sindicales y a cuyo volante estaban, al menos así me dijeron, curtidos soldados— expresaba sus desacuerdos con el entonces presidente Benjamin Netanyahu, a quien todos llaman «Bibi»: «Bibi no respeta pactos», «Eged en tu camino, Bibi en el camino que no».

Pegatinas de izquierda a derecha: Shalom, jaber (paz, amigo), Shalom, ata jaser (paz, haces falta), Dor shalem doresh shalom (una generación entera pide la paz).

Como ahora sucede con las redes sociales, entonces las consignas avivaban debates que parecían inaplazables, pero que tarde o temprano se desvanecían sin pena ni gloria. Veinticinco años después, el proyecto de paz está completamente abandonado, dejado a la lógica del capitalismo.

La diversidad de opciones e ideologías existentes antes de la fundación de Israel como Estado moderno en 1948 también es mucho mayor de lo que cabe suponerse en la actualidad. Es algo evidente cuando se lee la prensa de la época, en la que también se observa la continua metamorfosis que experimenta el país —y las variaciones de voto en las urnas— a medida que llegan diferentes oleadas de inmigrantes judíos, especialmente desde la creación del Estado y hasta finales de los noventa, tras la caída del muro de Berlín. 

Llegan de Alemania, Polonia, Rusia, Ucrania, Rumanía, Grecia, Bulgaria, Yemen, Etiopía, Argentina, México, Irak, Marruecos, Francia, Estados Unidos, y un largo etcétera de países. A modo de ejemplo diré que durante mi estancia allí, la televisión pública subtitulaba simultáneamente en los dos idiomas oficiales, el hebreo y el árabe, pero también en ruso, cuya población era entonces mayoritaria.

He escrito inmigrante y es un error llamarlo así. El término adecuado es olé (en masculino; olá, en femenino; olím, masculino plural; olot, femenino plural), pues no es un movimiento migratorio al uso, sino una aspiración sionista. Significa «el que sube a Israel». 

Si sumamos a la necesidad de expresión y comunicación, la diversidad ideológica existente, podemos comprender la abundantísima cantidad de publicaciones periódicas surgidas durante los años de fundación del Estado.  

Sin embargo, cuando empecé mi trabajo no existía una bibliografía que las reuniera, más allá del extraordinario trabajo que entonces desarrollaba el centro asociado a la Universidad de Tel Aviv, el Institute for the Study of Jewish Press; pero no tenían casi referencias de la prensa sefardí. 

Seguí buscando, pues sabía que miembros de la comunidad judía expulsada de Sefarad habían sido los encargados de introducir la imprenta en tierras del Imperio otomano. Contaba al menos con la referencia del primer periódico en ladino del que entonces había constancia: el Shaare Mizrah, fundado en 1845 por Raphael Uziel.

El Big-Bang de mi investigación, por así llamarlo —meses después de búsqueda de diarios en la Biblioteca Nacional y otros centros culturales, sin apenas éxito—, tuvo lugar cuando me lancé de lleno a investigar los archivos del Ben-Zvi Institute. Allí había un montón de información dispersa sobre publicaciones periódicas en judeoespañol y también ejemplares físicos procedentes de diversos lugares de la diáspora sefardí: especialmente de Bulgaria, de Nueva York, de la antigua Yugoslavia y de los territorios que formaban o estuvieron sometidos al Imperio otomano, como Salónica (Grecia), Estambul e Izmir (Turquía), y también de territorios de la llamada Erez Israel, especialmente en Jerusalén. 

Los periódicos impresos en Estambul a veces llevaban el nombre de la ciudad en españolico «Istambul», pero tampoco era raro encontrarlos con el topónimo «Costa», que es como los sefardíes de origen griego se referían a la antigua Constantinopla.  

Una vez hallado y ordenado el material, delimité la investigación a las publicaciones distribuidas en Israel y a un país de diáspora, el elegido fue Turquía. En total, analicé una veintena. Explicaré brevemente lo que hallé. Dividiré mi exposición en dos partes: una primera parte dedicada a la descripción de la prensa en judeoespañol distribuida en Turquía, y una segunda parte dedicada a la descripción de la prensa en judeoespañol distribuida en Israel. 

Esta segunda parte tiene como colofón un aliciente especial: está traducida al judeoespañol por el académico de la RAE en Israel Moshe Shaul, una de las personas vivas que mejor conocen y más ha cuidado este tesoro lingüístico.

La gran pegatina reza: «No tenemos en quien apoyarnos, sólo en nuestro Padre que está en los cielos».

Los medios en Turquía: del drama de la guerra mundial a la asimilación

Una publicación será clave en la historia de la comunidad sefardí que decide no emigrar y prefiere quedarse en Turquía durante el delicadísimo periodo que comprende la Segunda Guerra Mundial y la posguerra: La Boz de Türkiye. 

Bajo la dirección de Albert Cohen, esta publicación periódica de frecuencia quincenal comienza a publicarse el 1 de agosto de 1939, y de forma ininterrumpida hasta su cierre en 1949. Con sede en Estambul, mantuvo diversas corresponsalías y tuvo acceso a información internacional de calidad procedente de fuentes sobre el terreno, a través de la Agencia Telegráfica Judía —de la que el director de esta publicación era representante en Turquía— y de la Overseas News Agency, ambas dirigidas por Jacob Landau. 

Esta publicación hace un repaso del estado de los judíos en diferentes lugares en los que el nazismo se ensaña. El que expongo a continuación es un fragmento del suplemento especial titulado «Israel en el Galouth» (Israel en la diáspora), publicado el 15 de febrero de 1944:

La aniada 1943 fue un anio de destruccion y de ruinas, de muerte y de exterminacion. Miles y milarias de nuestros hermanos fueron hundidos en mares de miserias, angustias y matansas, cienes de comunidades judias fueron enteramente destruidas; cienes de miles de seres humanos fueron integrados en manos de persecutores sin que sus hermanos en los paises liberos puedan hacer nada por salvarlos. El Judaismo en Europa ocupada fue enteramente destruido. Esta destruccion fue el mas grande golpe dado a nuestra nacion en el mundo entero. La entera elita de sus hijos y de sus aglomeraciones, las mas mejores intelligencias, las mas grandes fuerzas creaderas del Judaismo Occidental, fueron atemados. En algunos paises los Judios fueron literalmente atemados fisicamente; en otros paises, ellos fueron deportados, exilados y matados. La mas grande parte de los exilados murieron en los wagones, otros no yegaron mismo a la frontera, siendo ellos fueron torturados y asasinados. Los jovenes fueron tomados a los travajos forsados, en fabricas o en fraguas, de fortificaciones en la Francia o en el fronte oriental. Los que no pueden travajar fueron matados sin otra forma de proceso

La Boz de Türkiye desempeñó una función esencial para la seguridad de las comunidades judías en la todavía joven república turca, inmersa en un intenso proceso nacionalista y cuya posición durante la guerra fue inicialmente de neutralidad, luego de relaciones diplomáticas con la Alemania nazi y finalmente su posición se decantó por los aliados. 

Esta publicación desempeñará un papel de mediador y portavoz entre el Estado, la sociedad turca y las comunidades judías dispersas por el país. Con un estilo sencillo y claro, el contenido se distribuye entre noticias y reportajes sobre las comunidades judías asentadas a lo largo y ancho del planeta. Al igual que se hace eco de las principales noticias sociales y políticas de carácter mundial, tampoco descuidan el contenido dedicado a la tradición. 

Sin embargo, el movimiento nacionalista de la joven república no ve con buenos ojos estas actividades cosmopolitas y de singularidad cultural. De hecho, durante estos años se prohíbe a la ciudadanía mantener cualquier actividad independiente o asociación afiliada al extranjero. 

Algunos miembros de la comunidad judía tienen que enfrentarse a acusaciones de otros ciudadanos. Comienza a extenderse el rumor de que los judíos «mantienen una postura de indiferencia ante los hechos del país». Se les critica que empleen el judeoespañol en detrimento del turco. En este difícil contexto, el equipo editorial decide poner en marcha una campaña de difusión con un doble mensaje: 

El primero es: «Somos turcos, hablemos el turco». Tratan de mentalizar a sus lectores de que en la calle solo deben hablar turco, incluso entre ellos. Les avisan que no deben auto marginarse ni diferenciarse hablando otras lenguas. 

El segundo mensaje es: «Formamos parte del pueblo judío». A través del contenido se fomenta el sentido de pertenencia a esta comunidad milenaria y se sugiere que se hable judeoespañol en casa.

Entre los colaboradores de La Boz de Türkiye destacan Abraham Galante —un reputado escritor y periodista admirado por Atatürk—, quien defendió la lealtad de las autoridades judías como elemento indispensable en la construcción del Estado turco; y Abraham Elmaleh, quien años después será dirigente de la comunidad sefardí en Jerusalén.

Como señalé, esta publicación da cuenta de lo que acontece en el mundo. Tiene a sus lectores bien informados. El tono no es sensacionalista, sino que procura el análisis reposado. La situación de los judíos en Europa se agrava de día en día, por tanto, la situación es muy delicada. 

Se hacen eco de las noticias trágicas relativas a la guerra en Europa, pero también de las procedentes de Palestina, muchas de las cuales dan cuenta del desarrollo social y comercial del yishuv (asentamiento en Eretz Israel). 

El periódico hace una amplia cobertura de la guerra y de la dramática situación de sus correligionarios. Parecen llegar a casi todos los rincones. Veamos, por ejemplo, lo que escriben sobre los judíos en Finlandia, en una noticia de mayo de 1944: 

La situacion de los Judios resfuidos en Finlandia se amejoro considerablemente desde el trocamiento del governo en Marso ultimo segun un raporto de stokcholm. Algunos resfuidos que se topaban en un campo de concentracion en una isla del golfo de Finlandia, mientras la perioda del gobernamiento precedente, fueron transferados en ariendas agricoles en Tavastland. El campo fue serrado a precipio del autonio y los Judios fueron autorisados a establecerse en dos communas de la region onde ellos se topavan en mesura de ganar su vida, independientemente de los reglamientos del servicio del Travajo. Los resfuidos judios en cuenta de 117, fueron autorisados desde el mez de Deciembre a vivir en no importa cuala partida del pais onde los extranjeros tienen la permision de morar sin restricciones

Peores noticias, noticias fatales, llegan de la vecina Salónica. Al leer el fragmento que destacaré a continuación, no puedo sino preguntarme si Hannah Arendt estaba informada del proceso que había tenido lugar en Grecia, quince años antes de que ella misma atendiera el juicio de Eichmann para escribir su artículo en The New Yorker en 1963, y que tantas pesadumbres le acarreó. Quizá ella no, pero sí los lectores de La Boz de Türkiye, quienes debieron de leer con una enorme tristeza la crónica del corresponsal Baruch Schiby con fecha 1 de octubre de 1946. Se titula, «El judaísmo exterminado en Grecia. Un proceso histórico». Algunos fragmentos:

Los evenementos de Palestina no permitieron a la prensa Judia mundiala de prestar toda la atencion querida a un proceso unico en la historia del pueblo judio que se desarrollo en el empesijo de este mez en Salonique. Se trata del proceso de los Judios que se avian metido al servicio de los Allemanes mientras la ocupacion nazi. Vital Hasson, Leon Simon (Tipouz), Jacques Alabala, Edgar Cugue, etc y que servieron el enemigo mortal de nuestro pueblo con mas ardor que los mas feroces S.S. […] La prensa greiga locala entendio toda la importansa historica del proceso. Es por cualo antes y despues de este, los journales de Salonico le consacraron colonas entereras. La “Makedonia”, el mas grande journal de la Maccedonia, le consacro mismo medias paginas enteras. […] Fue establecido en el tribunal que si los acusados no se uvieren metido al servicio de los nazis de la manera que ellos lo hicieron, la mitad o al menos 20.000 judios de Salonica pudieren ser salvados. Los acusados provocaron dunque la muerte gracias a sus sola actividad de estos 20.000 Judios

A diferencia de la prensa escrita en hebreo que entonces se publica en Palestina, La Boz de Türkiye no participa activamente de la teoría de que el yishub o asentamiento en Eretz Israel —«Tierra de Israel» en relación al territorio israelita bíblico— podría ejercer una presión moral sobre las naciones del mundo para salvar a la judería europea durante la guerra. También hay una especie de silencio administrativo en torno a temas candentes como los actos de violencia cometidos por algunos correligionarios bajo el mandato británico o las medidas políticas tomadas por los mandatarios contra la inmigración que llegaba a Palestina. 

No hicieron suyo el eslogan entonces extendido «Inmigración, defensa y asentamiento»; pero tampoco descuidaban la necesidad de consejo que podrían necesitar los conciudadanos que tenían el deseo de «subir» a Eretz Israel.

Escribían con mucha diplomacia y cuidado para mantener las relaciones con su país anfitrión, Turquía; para «cimentar la unión y predicar la harmonía», como ellos mismos señalan entre sus objetivos. Y podemos decir que lo lograron. Hacia finales de la década de los cuarenta, y gracias a las buenas relaciones que la comunidad ha ido forjando con las autoridades turcas, puede observarse una mayor apertura en materia de libertad de expresión que a su vez provocará una verdadera explosión de publicaciones en ladino. Precisamente, esta nueva oleada de publicaciones acabará arrinconando a La Boz de Türkiye, que deja de publicarse en 1949.

La primera publicación en aparecer fue Atikva (1947), cuyo nombre de cabecera en hebreo significa «Esperanza», como el himno nacional de Israel, y es el primer periódico judeoespañol distribuido en Turquía esencialmente sionista. Su director, Sabetay Leon, emigrará a Israel en 1949, donde se incorpora al partido presidido por Ben Gurión (Mapai). Le sigue Salom (1948), fundado por Abraham Leon, que todavía se publicaba cincuenta años más tarde. Otras cabeceras son Sabat (1947) reconvertido tres años más tarde en La Vara (1950), ambos bajo la dirección de Mose Benbassat, de carácter laico y modernizador. 

Otro semanal político e independiente es La Luz (1950), creado bajo la dirección de Eliezer Menda y Robert Balli. Luego, ambos se separan y el primero funda La Vera Luz (1953), y el segundo La luz de Turkiya (1953). Ambos se describen como continuadores de La Luz para adjudicarse a sus lectores. 

La Vera Luz es un periódico conservador, dirigido por el talmudista Eliezer Menda. El gran Rabinato, la comunidad, las noticias que llegan de la creación del Estado de Israel y la política internacional son los temas que definen el carácter del periódico, cuyo interés principal es el de contener al máximo el deseo de asimilación de los correligionarios que quedaban en Turquía. Por otro lado, La luz de Turkiya se apoya más en sostenes comerciales y sus noticias son más variadas, con especial atención a las informaciones que llegan de Israel. Su línea editorial se apoya prácticamente en su totalidad en la cuestión del antisemitismo. 

Finalmente, otros dos periódicos son: La Boz (1952), que tuvo una breve duración y reducida plantilla; lo dirigía M. Levi-Belman, un periodista mordaz que utilizaba este medio para criticar las decisiones tomadas por los dirigentes de la comunidad. Y El Tiempo (1957) del ortodoxo Levi Belman: conservador, antisionista, crítico con la gestión de la comunidad y observante estricto de la ley, denuncia toda reforma o ápice de liberalismo ante una comunidad que a sus ojos se torna abiertamente laica y asimilada.

«Opiniones diferentes sí, guerra de hermanos no»

(la pegatina del gato que alguien puso encima dice así: (¡Hay un gato nuevo en la ciudad! Y la verdad, tanto Tel Aviv como Jerusalén eran ciudades muy gatunas).

Los medios en Israel. La forja de un Estado

Buena parte de los periódicos en judeoespañol que se publican en Israel durante la Creación del Estado son dirigidos por y para sefardíes recién llegados de Turquía. Tres ejemplos de periódicos, independientes pero efímeros, son La Boz de Israel, La Boz de Jerusalaim y La Unión. Otros recibieron ayudas de grupos políticos con los que simpatizaban, así sucede con Libertad, afín al partido Herut; y El Avenir, Deretcho al Buto y Faktos afines al Mapai, los dos últimos explícitamente propagandísticos. Dos periódicos de mayor duración fueron apoyados parcialmente por partidos políticos: La Verdad, por el centrista General Zionists, y El Tiempo, por Mapai. 

El denominador común de estas publicaciones es el de facilitar a la vez que influir en el proceso de absorción de los inmigrantes (olím) sefardíes en Israel, al proporcionar la máxima información sobre su nueva patria, incluidas las explicaciones de problemas tan complejos que enfrenta el nuevo país como la internacionalización de Jerusalén, la educación secular en clara confrontación con la religiosa, las diferencias no superadas entre askenazis y sefardíes, y el contexto político en el Oriente Medio.

El periódico que gozó de un mayor protagonismo en la orientación de esta comunidad inmigrante fue El Avenir, subvencionado por Mapai o Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel, que lideraba Ben Gurion. Este periódico se publica, además de en ladino, en otros cinco idiomas simultáneamente: yidis, francés, húngaro, búlgaro y rumano.

Su oponente fue La Verdad, un periódico crítico con la administración laborista, especialmente con el sistema de favoritismo, amiguismo y clientelismo que, señalan, campaba en la política. El término empleado, de origen ruso, y que se ha incorporado al hebreo para describir esta práctica es «proteksia».  

Este extendido uso de la «proteksia» —el libro Israel: Pluralism and Conflict del sociólogo Sammy Smooha trata esta cuestión—, desmoralizó a un buen número de inmigrantes hasta el punto de que hubo quien regresó a su país de origen, o cambió la dirección de su migración hacia Estados Unidos. El hecho de que judíos decidan «bajar» de Israel, es decir, irse del país y abandonar la idea del yishuv es una preocupación constante del nuevo Estado, desde entonces y todavía hoy.

Como en toda la prensa mundial, pero quizá con mayor importancia en un contexto de continuo conflicto bélico como el que viven los israelíes al arrancar su Estado, las columnas de humor y las novelas por entregas o folletín, fuente la primera de catarsis y la segunda de evasión, son decisivas. 

Solo el periódico Libertad —afín al partido Herut, procedente del movimiento paramilitar Irgun—prescinde del humor: mecanografiado y con grapas, austero, sin fotografías, este semanal dirigido expresamente a los inmigrantes recién llegados a Israel busca minar el trabajo del partido en el gobierno y suele incidir en el aumento de discriminación sobre los sefardíes en todos los ámbitos de la vida política, profesional y cotidiana.

El partido en el poder subvenciona otras publicaciones menores, también en judeoespañol y también dirigidas al olé procedente de Turquía: Deretcho al buto, que significa «directo al grano», aparece en 1959, y Faktos en 1961. Ambas tienen muy buena calidad de impresión y son gratuitas. Con ellas pretenden hacer sordina para las voces críticas.  

Pero lo mejor es reproducir el texto resumen de mi investigación y que el erudito Moshe Shaul tradujo al judeoespañol para su publicación en 1998 en Aki Yerushalayim, la más importante revista cultural en ladino, que se editó en papel desde 1979 a 2016. Valga a modo de resumen y conclusión. Espero que disfruten del color y musicalidad de este precioso lenguaje.

La prensa en djudeo-espanyol. La kreasion del estado de israel 

Kuando el eskritor espanyol Miguel de Unamuno oyo avlar por primera vez de la existensia del djudeo-espanyol, el se maraviyo al deskuvrir ke esta lengua pudo mantenerse biva, malgrado la falta de kontakto fiziko de los djudios sefaradis kon Espanya. El yego a la konkluzion ke una lengua ke proviene del rekuerdo i de la nostaljia devia poseder una ermozura espesiala i romantika. Otra konkluzion suya, aun ke yerrada, fue ke el djudeo-espanyol meresia ser alavado por no ser uzado para la redaksion de periodikos. 

El se yerro siendo ke ya avia desdel siglo XIX una muchidumbre de periodikos en djudeo-espanyol, publikados en Saloniko, Estambol, Izmir, Sofia i Viena i mas tadre en New York i Tel Aviv, por dar algunos eshemplos solo. No en vano fueron los ekspulsados de Espanya i Portugal los ke yevaron la imprimeria al Imperio Otomano. Eyos fueron tambien los primeros en este imperio a imprimir livros, aun ke al prinsipio sovresalieron los djeneros rabinikos i relijiozos i es solo en el siglo 19 ke se empeso a publikar romanes i livros de otros djeneros literarios ansi ke periodikos tambien en djudeo-espanyol. Desde su prinsipio la prensa djudeo-espanyola okupo un lugar importante en la vida kulturala de los sefaradis, sigun lo prova el echo ke en Saloniko onde los sefaradis resivian edukasion i kultura en fransez, italiano i alman, la lektura del djudeo-espanyol era embezada solamente para poder meldar los jurnales i algunas orasiones en ladino. 

Es posible ke kon la prensa eskrita, el djudeo-espanyol se alesho del kamino romantiko imajinado por Unamuno a kaminos mas pragmatikos, ma esta fue una eleksion de los ke no kijeron enmudeser frente a la istoria. Ansi fue despues del establesimiento del Estado de Israel onde de 1948 i asta los anyos 60, uvo a lo menos una diezena de periodikos redaktados enteramente en djudeo-espanyol, kon karakteres latinos, organizados i redaktados en sus mayoria por jurnalistas i colaboradores de orijin turko. 

Algunas de estas publikasiones partieron de inisiativas privadas i se mantuvieron independientes, del punto de vista politiko i ekonomiko, de kualker partido. Ansi fue kon «La Boz de Israel» (1949) i «La Boz de Yerushalayim» (1953-1954). Otras publikasiones fueron finansadas por partidos politikos i redaktadas i dirijidas por sus miembros. De este modo nasio el jurnal «Libertad» (1950) del partido Herut enkavesado por Menahem Bejín, i los ke eran finansados por el MAPAI, enkavesado por David Ben Gurion: «El Avenir» (1949- 1950), «Deretcho al Buto» (1959) i «Faktos» (1961). Djuntos kon esto los dos periodikos kon mas grande tiraje i durasion eskojeron el kamino de en medio: no fueron prensa de partido aun ke eran partidistas; no estuvieron finansados yenamente por sus partidos ma resivieron de eyos ayudo ekonomiko. Estos son: «La Verdad» (1950-kontinua en 1965) ke apoyava la politika de lo Sionistas Jenerales i «El Tiempo» (1950-1967) ke fue todo el tiempo portavoz de la politika del Mapai, el partido socialista al poder. 

Al marjen de los argumentos kontra i en favor de una prensa en djudeoespanyol o en otra lengua afuera del ebreo –tema sovre el kual uvo una fuerte polemika en los primeros anyos despues de la kreasion del Estado- se puede afirmar kon yena seguridad ke la prensa dirijida a los sefaradis, i mas konkretamente a los orijinarios de Turkia, a la fin de los anyos 40 i durante toda la dekada de los 50, kumplio una importante funksion, esensiala para la buena marcha del paiz: ayudar al ole (imigrante) a integrarse en su mueva vida en Israel. Komo? Ofresiendo kursos de ebreo, dando a konoser al ole el programa sionista, manteniendolo informado sovre todo tema de interes a la vida en Israel, i aziendolo partisipar en los diversos debates politikos ansi ke en los prinsipales akontesimientos ke tenian lugar adientro i afuera de las frontieras de Israel. 

Komo prensa dedikada a la formasion i integrasion del ole, eya no kijo i no pudo tener una influensa direkta en la politika nasionala. Ma los jurnales djudeo-espanyoles reflektaron en sus pajinas los prinsipales debates ke tuvieron lugar al seno del publiko israeli, ofresiendo a sus lektores diferentes pozisiones i opsiones politikas. Eyos denunsiaron tambien a traves de sus pajinas las difikultades ke enfrentavan a los olim, para ke el governo i los lideres politikos tengan yena konosensia de la situasion a traves de la prensa. De este modo, fueron munchas las linyas dedikadas a la internasionalizasion o no de Yerushalayim, a la edukasion laika o relijioza en las eskolas, a las diferensias entre eshkenazis y sefaradis, a la politika internasionala, sovre todo en el Oriente Medio, i fundamentalmente a los problemas atados al yishuv i al aresentamiento de los imigrantes en el nuevo estado. 

Es interesante sinyalar las diferentes pozisiones de los dos prinsipales periodikos: «El Tiempo», dirijido por Yitshak Ben Rubi, i «La Verdad», dirijido por Yitshak Yaesh. Los dos se preokuparon enormemente de elevar el moral de los olim i fasilitarles sus integrasion sosial: ma mientres ke «El Tiempo» apoyo siempre la politika del governo dirijido por Ben Gurion, «La Verdad» adopto kontinualmente una pozision de kritika enverso esta politika. Uvo entonses en la prensa opiniones diferentes i mizmo kontrarias i no solo un uniko punto de vista, lo ke kreo una situasion de rikeza komunikativa i ekspresiva. 

El premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez, apuntava ultimamente ke la fleksibilidad de la lengua espanyola desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Ke diria el gran eskritor kolombiano frente a la rikeza i fleksibilidad del djudeo-espanyol en su larga trajektoria? Ke diria del karakter umano ke esta lengua estuvo dezvelopando? El djudeo-espanyol no enmudesio en Israel sino ke al kontrario: si en un primer momento esta prensa kumplio una importante funksion sosiala, formando i ayudando a los olim, sin pedrer el karakter periodistiko propio, al pasar los anyos esta prensa se esta konvertiendo ademas, en un dokumento istoriko de imenso valor. No solo porke en eyos se arekojeron para siempre los artikolos i las opiniones de tantos jurnalistas i kolaboradores, ke las muevas jenerasiones podran meldar, sino tambien porke en eyos se reflektan los akontesimientos de kada dia en la konstruksion del Estado de Israel.

Notas

(1) En farsi, la lengua de los persas, «bustan» hace referencia al huerto doméstico, compuesto por árboles frutales y hierbas aromáticas. Una importante obra de teatro en judeoespañol representada en las últimas décadas en el Teatro Nacional de Israel con gran éxito se titula Bustan sefaradí, del escritor y político Yitzjak Nabon, y recrea los años treinta del pasado siglo en uno de los barrios sefardíes de Jerusalén.

(2) Publicado originalmente en «AKI YERUSHALAYIM» Revista Kulturala DjudeoEspanyola, Anyo 19, 1998, nº57, pp.27-29.

La poesía de las locuciones idiomáticas

 La poesía de las locuciones idiomáticas, en JotDown, por Juan Bonilla:

He escrito en Google, convenientemente encerrada entre comillas, la frase «la poesía de las locuciones idiomáticas» y no hay ninguna entrada, así que esa es la primera razón para titular este texto así, aun teniendo en cuenta el inconveniente de que no sabe uno qué cosa sea la poesía —desde luego ninguna de las definiciones del Diccionario dice nada que nos sirva sobre ella— y, si tuviera que jugar a definirla, terminaría recurriendo a la socorrida ocurrencia de san Agustín cuando quiso hablar de qué cosa era el tiempo: «Si me preguntan por ella, no sé lo que es; si no me preguntan, sí lo sé». 

En efecto, por dejarse llevar por la vaguedad, tiene uno aprendido que poesía es una presencia —o una sustancia, o incluso, si se quiere rebajar su misterio y dotarla de materialidad, un ingrediente, como el humor, que a veces beatifica ciertos momentos y a veces no viene a cuento— que se reconoce cuando la tiene uno ante sí (y ese tenerla ante sí puede acontecer en una película o también en un espectáculo callejero, claro, aunque, raramente, en un libro de poemas), pero que, una vez difuminada, no hay modo de encogerla para que quepa en una definición satisfactoria. No aceptará uno en ningún caso que la poesía sea solo un género literario ni, colmo de los horrores, «idealidad, lirismo, cualidad que suscita un hondo sentimiento de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje». Todas las acepciones que juntan nuestros académicos en el Diccionario de la lengua española apenas ofrecen una cartografía muy elemental de la polisemia que extiende el concepto.

La parte final de la definición mentada deja claro que la poesía no es solo un arte verbal, ni los poemas, los únicos vehículos para trasladarla desde un emisor hasta un receptor. Se da a entender que tanta poesía puede encontrarse en un campo de fútbol como en el último premio Loewe: como la belleza, como la fotogenia, como el miedo, la poesía puede estar en cualquier parte, sin que para alzarla y producirla como sensación sea necesario el lenguaje. Pero, para no complicarnos mucho la vida, quedémonos en aquella zona de la poesía —o de lo poético— que solo se produce como caso del lenguaje. Aquella que a Juan de Mairena le hizo pedirle a un alumno que pusiera en lenguaje poético la frase burocrática y pedante: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa», y que el alumno, para procurarse su sobresaliente, tradujo como «lo que pasa en la calle». Importa decir que Antonio Machado nos previene contra la tentación de considerar el lenguaje poético como un lenguaje especializado —como pueda serlo el lenguaje científico, o sea, un lenguaje que solo a los entendidos es capaz de decirles algo, incluso de conmoverlos, pues seguro que conmueve E = √[(mc²)²+(pc)²] a quien comprenda lo que se está expresando, lo que desvela esa sucesión de signos que a la inmensa mayoría será incapaz de tocarle una fibra—. Machado trataba de salvar a la poesía de los especialistas, librarla del gueto y del pedestal. La poesía se hace con las palabras habituales, no necesita subirse al trono del lenguaje especializado —no es un lenguaje especializado por mucho que la propia Academia hable de un lenguaje poético y lo utilice para definir algunas palabras como níveo, de la que se nos entera que «en lenguaje poético, relativo a la nieve», sin que se sepa si ahí lenguaje poético puede sustituirse simplemente por bonito—. 

Lo que caracteriza a un lenguaje especializado, gremial, es que pretende dejar fuera a quien no pertenezca al gremio, y haber sido tomada como un lenguaje especializado le ha hecho más daño a la poesía que la infinidad de malos poemas que se han escrito. Unas veces se la tomaba como una simple modalidad del acertijo, que consistía en que el poeta, mediante metáfora, expresaba una cosa supliéndola por otra: «Su luna de pergamino / Preciosa tocando viene…», donde luna de pergamino es pandereta, y sanseacabó el misterio. Otras veces se jugaba a la falsa hondura: es decir, para expresar lo inexpresable no cabía más remedio que producir artefactos incomprensibles.

Las únicas metáforas eficaces son aquellas que no se pueden intercambiar por un objeto cualquiera, es decir, las que se emplean porque no queda más remedio, porque no hay otra forma de decir lo que se quiere decir, porque aquello que se expresa es abstracto y no produciría la menor emoción si se pronunciara con una abstracción que necesita de la figuración para al menos susurrar algo, pintar una estampa. «La noche es interminable cuando se apoya en los enfermos / y hay barcos que solo buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos». (Pongo este ejemplo porque me suspendieron un examen una vez por decir que no tenía ni idea de qué querían significar esos versos, pero me figuraba que daban cuenta de una angustia muy grande que aquejaba al poeta y en cualquier caso lo había expresado tan bien que no los iba a olvidar en mi vida. Me pusieron un cero, yo creo que muy injustamente. En mi instituto no se valoraba la sinceridad). En ninguna parte ha demostrado nadie que, en su momento oportuno, colocado en su sitio y después de una serie de recursos retóricos empleados para causar un efecto determinado, «me cago en tu puta madre» no sea muchísimo más poético que «las ondas del azur que conducen a la aurora». 

Todo esto venía a cuento de las locuciones idiomáticas, que son expresiones fijas formadas por palabras que pierden el significado que tienen fuera de esas locuciones. Así, en la locución «Cogerlo con las manos en la masa», ninguna de las palabras que la componen tiene un significado literal (a no ser que se presente uno en una tahona a las cinco de la mañana buscando al panadero, claro) y la locución ha servido para señalar el momento en que se descubre a alguien cometiendo lo que sea —mayormente un delito, pero también puede ser un adulterio, en cuyo caso creo que coger, manos y masa estarían cerca de su significado literal—. Irse por las ramas, bailar con la más fea, subirse por las paredes, con la soga al cuello…, el español abunda en estas locuciones, algunas de las cuales tienen claramente fijada su partida de nacimiento. «Estar a la cuarta pregunta» es de raíz jurídica, pues para fichar a los detenidos se les preguntaba nombre, edad, profesión y rentas, y evitaban la última de las preguntas para no ser embargados; «tirar la toalla» procede del boxeo, pues un entrenador arroja una toalla al ring para indicar que su púgil se rinde; «entrar a saco», evidentemente, se relaciona con la costumbre militar de saquear los poblados conquistados, para lo cual los jefes permitían a sus soldados que metieran en un saco todo lo que se les antojara llevarse.

Otras muchas esperan a que su etimólogo nos saque de dudas. No hay un diccionario de locuciones idiomáticas que indague en el nacimiento de cada una, y los que hay —o los que yo he llegado a ver, como el meritorio pero insuficiente Diccionario de locuciones idiomáticas del español actual, de Inmaculada Penadés— tienen el indiscutible valor de apilar locuciones y explicarlas, pero no van más allá. Está el Diccionario fraseológico documentado del español actual, de Manuel Seco, Olga Andrés y Gabino Ramos, que espiga locuciones y modismos del Diccionario de la lengua española. Otros muchos se dedican más bien a traducir a otros idiomas las locuciones que se listan, buscando las equivalencias oportunas. Creo que es un trabajo que está por hacer. En cualquier caso, hoy mismo vemos nacer locuciones que quizá consigan nadar el tiempo y colarse en la lengua futura —por ejemplo, «pasar pantalla», que al parecer es de las pocas cosas valiosas que ha producido el procés independentista—, aunque con la lengua nunca se sabe qué expresiones perdurarán y cuáles necesitarán de filólogo que en nota a pie de página nos aclare su sentido y deduzca su procedencia.

La mayoría de las locuciones, por expresivas que resulten y hasta graciosas —en Perú, para quien está un poco trastornado se dice «le falta un jugador»—, no son más que formulaciones idóneas que aprovechan lo que sea —las broncas tabernarias donde se desenvainaban armas para dar con «entre la espada y la pared», o el derecho de pernada que permitía al señor feudal pasar la primera noche con la recién casada, y, para expresarlo, colocaba una cornamenta de ciervo en la puerta del nuevo matrimonio, de donde viene «poner los cuernos», aunque esta locución también puede tener su origen en la mitología griega, cuando Pasifae, entregada al rey Minos, mantuvo amores con un toro blanco para parir al Minotauro—. A veces, su rotundidad no esconde su misteriosa genialidad: «quedarse con alguien», con el significado de engañarlo. «Me dijo que me daban el premio seguro y se quedó conmigo». ¡Se quedó conmigo, no como en el «Me quedo contigo» de Los Chunguitos!

No es de extrañar que algunos estudiantes extranjeros quieran tirarse por la ventana cuando tratan de entender algunas de las expresiones de nuestro idioma (se ha viralizado un vídeo en el que un norteamericano «se hace la picha un lío» a causa del modo que tenemos en español de referirnos a la temperatura; le resulta incomprensible que utilicemos el verbo tener para el frío o el calor, pero también el verbo ser, el verbo estar y el verbo hacer). Aunque de vez en cuando, como por otra parte es condición de la poesía —como es condición de toda cumbre ser excepcional, pues, si todo fuera cumbre, la cumbre entera sería llano—, se produce, no se sabe ni cuándo ni cómo ni por qué, algún hallazgo eminentemente poético. Álvarez de Miranda llama a la locución «voy a irme yendo», que tan a menudo se utiliza para avisar de que uno se queda donde está, pero se acerca la hora de marcharse, «pequeño prodigio», cosa que sin duda es: utiliza tres veces seguidas el verbo ir para en el fondo sugerir que, de momento, nos quedamos. Parece una definición de «estar vivos», como si quienquiera que fuese el primero que la empleó hubiese sabido condensar así lo que hacemos todos de continuo: un ir irse yendo. «La muerte me desgasta, incesante», decía Borges. Si yo pusiera ese verso en un examen y me encontrara con un alumno que me dijese «aquí el poeta nos dice que va a irse yendo», le pondría un diez irremediable. De ahí que tenga uno por casos de auténtica poesía popular —de hecho, las muestras más breves y compactas de poesía popular de las que se tiene noticia— algunas locuciones idiomáticas a las que no les echamos cuenta por haberse camuflado en el lenguaje ordinario. 

Cumpliendo la elocuente regla de la poesía popular, esas locuciones, además, no tienen autor ni propietario: al revés que el dinero público, que, según aseguraba aquella mandataria, no era de nadie, la poesía popular es de todos, tan de todos es que ha ido variando conforme pasaban las generaciones y admite todo tipo de intervenciones. No hay premio mayor para un poeta que conseguir colar unos versos en ese caudal. La última vez que escuché la maravillosa copla de Manuel Machado: «Tu calle ya no es tu calle, / que es una calle cualquiera, / camino de cualquier parte», quien la decía la variaba: «Mi calle ya no es mi calle. / Es una calle cualquiera, / camino de cualquier parte», transformando el poema de desamor en un poema sobre la identidad. En otra ocasión oí a alguien citar malamente el verso del Eclesiastés: «No hay nada nuevo bajo el sol» como «No hay nada viejo bajo el sol», mejorándolo claramente, pues, si el primero nos dice que ya todo ha pasado y, en consecuencia, estamos constantemente condenados a la repetición, el segundo celebra que nunca ha pasado nada, que el mundo está constantemente naciendo y, por tanto, todo es nuevo siempre. (Tanto lo mejoraba que, sin saberlo, estaba citando un verso de Borges: «No hay nada antiguo bajo el sol», que a su vez versionaba el verso de alguien que he olvidado).

Alguien tuvo que ser el primero en decir cada una de las locuciones idiomáticas que enriquecen nuestra lengua —y enloquecen a los extranjeros que tratan de aprenderla—, otros debieron ser los primeros en repetirlas, nos han llegado vueltas ya lenguaje sedimentado, pero basta detener un momento la atención en ellas para apreciar el resplandor de la poesía que guardan. «Quitar las tapaderas del sentido», por ejemplo, se utiliza en Andalucía occidental para decir de algo que es espectacular o inolvidable: «Este arroz quita las tapaderas del sentido» o bien «Milena Sidorova quita las tapaderas del sentido» (es curioso que en esta zona del mundo se utilice tan a menudo la negación para agigantar la afirmación, el «por supuesto que sí» se dice «no ni ná», pero de algo que «quita las tapaderas del sentido» se dice también que «no se puede aguantar», o sea, lo que la expresión niega es en realidad una afirmación categórica, se expresa justo lo contrario de lo que se dice: no solo se puede aguantar sino que da mucho gusto aguantarlo). La imagen es portentosa, pues el sentido acumula en su singular todos los sentidos —el arroz, no solo el gusto; la danza de Sidorova, no solo la vista— y queda encerrado en algún utensilio cuya tapadera impide que se nos derrame con frecuencia y solo lo excepcional logre obrar el milagro, de donde se diría que sentido está cerca ahí de conceptos más altos, quizá alma. Lo que parece evidente es que quien fuera el primero en utilizarla o los primeros en repetirla para colarla en el caudal del habla común estaban, aun sin ser conscientes de ello, realizando una operación puramente poética, como también quien, con una capacidad de síntesis que ignoran todos los filósofos, fue capaz de dar con la fórmula «haciendo tiempo» para expresar la espera. Basta fijarse un poco en ella para quedar cegados por su resplandor poético. ¡Hacer tiempo!, como si eso fuese posible, como si vivir no consistiera precisamente en que el tiempo nos vaya deshaciendo. Está además la maravilla de utilizar una expresión que ya tiene un significado propio —«Hace tiempo que no voy al fútbol»— para agigantarla con otro completamente distinto.

No voy a multiplicar ejemplos. Bastaría con citar alguno más: «estar sembrado», «ganarse la vida» o «buscarse la vida» —que hasta se sustantivó en buscavidas, que, aunque parezca el nombre de una profesión dedicada a salvar gente en peligro, como socorrista o bombero, no lo es—. Lo importante, al fin y al cabo, es aquello de Nietzsche: «Prestad atención». Ahí está todo el secreto. Basta prestar atención, detenerse ante algunas locuciones idiomáticas de nuestra lengua que utilizamos corrientemente, observar cómo están compuestas, preguntarse cómo nacieron, cómo sería la criatura a la que se le ocurrió y en qué circunstancias, cómo se fue extendiendo, enlazando unas generaciones con otras, para ver que, de vez en cuando, de manera excepcional por supuesto, como le corresponde por ley a la poesía, en algunas de ellas, las menos sin duda, crece la esencia de lo que no sabemos definir pero sí sabemos que es radiantemente poético si lleva razón Francisco Rico —y lleva razón en su imponente Tratado general de literatura, que consta de la friolera de cuatro páginas— y «todo poema es un objeto verbal forjado para extenderse en la memoria».

El extenso léxico meteorológico del español

 El léxico meteorológico del español, en JotDown, por Francisco J. Tapiador:

El español que hablamos en Castilla es tan amplio que cuenta con un vocabulario meteorológico propio; uno que pocas personas manejan ya, sobre todo en las ciudades. Aparte del conocido localismo de «nublo» por «nublado» (que usó Tirso de Molina), hay un centenar largo de palabras que convendría recordar, no solo porque son parte de nuestro patrimonio cultural, sino porque son bellísimas. Algunas son deformaciones vulgares (como atronar por tronar), pero hay también términos precisos, nacidos de que los hablantes han matizado un fenómeno tras su observación habitual en la naturaleza. 

Hay elecciones que traslucen mucha finura. Es el caso de cencío, que es como se llama al viento húmedo que proviene no de cualquier lugar, sino de una masa de agua, como un río o una laguna. No aparece así en el diccionario de la RAE, pero su uso está documentado en la literatura y figura en el Diccionario del Castellano Tradicional, que adelanto que recoge casi todas las palabras que voy a tratar en esta pieza. El cencío es parecido al relente, pero relente se usa más para cuando es de noche. 

Aneblarse (o anieblarse) es —se puede deducir— cubrirse de niebla. Sucede como con atronar, que es una variante surgida del nivel socioeconómico de los hablantes (marcas «diastráticas» en lingüística). Si la niebla se congela, cencella y cae una cencellada, que es algo muy bonito de ver, sobre todo en las noches de luna llena, porque parece que cae despacio un fino polvo de diamante. Barbazar es llover cuando la humedad relativa es muy alta y hay condensación. A la lluvia o a la niebla meona (o resmeona, que también se dice), se le dice también barciona. La raíz de ambas palabra es barba, porque en esos días en que hay tanta humedad que se supone que se condensa en los pelos de la cara. A la niebla meona en Burgos y Palencia se le llama carama, o caramada si es un poco más intensa y se pega a las plantas. No confundir con la escarcha, que es sólida. En Zamora, a lo mismo, a la barciona, se le llama cenceño. Estas son formas «diatópicas», es decir, variantes por el origen geográfico de los hablantes. 

El cielo aborregado es el que tiene esos cúmulos de buen tiempo. Luego, cuando hay nubes tipo estrato, de poco espesor, se habla de celaje, que es una palabra preciosa, al introducir en el ámbito celeste la palabra encaje. El término evoca un encaje de nubes en el cielo. 

Hay más de una decena de palabras para referirse a los cielos nublados, amaneceres o atardeceres, algunas de las cuales son más conocidas, como arrebol, esas nubes rojas que aparecen en el horizonte debidas a la dispersión de Rayleigh. Luego está un cielo amarañado, cuando hay nubes generadas por ondas de montaña (esas nubes que son como rodillos, largas y paralelas, alternando con claros). A los rodillos, individualmente, se las llama maraños. Si el sol se pone entre nubes a eso en castellano se le llama contrapantojo, aunque esa palabra no estén el diccionario de la RAE. Hay otra palabra para lo mismo: entrebarda (o entrebardo), pero desconozco (no he encontrado) la diferencia de matiz entre ambas.

Cuando el sol se oculta tras las nubes, el nombre depende de si se le ve con posibilidades de volver a aparecer, o no. En el último caso se dice que se arruga. Si no que tenemos un candilazo (cuando logra salir). Un anublajo es un grupo pequeño y compacto de nubes. Un cielo nocturno cubierto por nubes blancas se dice que está amartinado. El aguasol es cuando está cayendo un chubasco pero hay sol. Llover con sol, vaya. 

A veces se lee que hay lenguas, como la japonesa o la inuit («esquimal» para la generación X), que disponen un montón de palabras para la nieve, mientras que nosotros solo tenemos unas pocas. En realidad, hay una cantidad notable, solo que no las usamos. Hay una palabra para copo de nieve que casi nadie usa: falampo. También están falepa, falispa, farrapera, faliscosa o farrapo para referirse a diferentes formas de nevar. Cada palabra tiene sus matices: la falispa es nieve muy fina en ráfagas, mientras que la farrapera es nieve que es casi agua, y faliscosa la nieve que no se pega. Naturalmente esas efes en su origen fueron haches que se aspiraron, y como a mí halispa me suena mil veces mejor y es más evocadora y étima que falispa, la uso en el ámbito en el que puedo inventar palabras: la literatura. Otra palabra en el ámbito de los copos de nieve es povisa, que se refiere a una nieve tan fina como la ceniza. 

Hay más. Dependiendo de cómo caiga la nieve, se le llama de una u otra manera. Así, cuando cae poca nieve pero con viento fuerte, se dice que cellisca, o que cirria. Si la nieve es poca, de copos pequeños, cisquea o zurrusquea. Si cae con agua, es aguanieve. Si el aguanieve va con viento, entonces es también cellisca. Nevar con copos gruesos y lentos es trapear. Al montoncito de nieve que se acumula frente a una puerta o ventana se le llama vero. A la nieve caída que es plana y resbala se le llama nidio. Cuando la nieve se derrite, decimos que blandea, o que se amorosa, que es una arrebatadora expresión pronominal. A la humedad generada por el rocío se le llama de forma parecida, amorío, también quizá porque el agua es un recurso escaso en Castilla y recibirla al amanecer del cielo, una bendición. Y cuando, al fundirse la nieve, se ve la tierra debajo, se dije que terrece o terreña

Hay un caso especial y muy interesante. Se trata de la palabra aguachona, la nieve blanda o con mucha agua. Resulta que hay un término inglés, muy usado por los que nos dedicamos al estudio de la atmósfera, que es «graupel». Se suele decir que no tiene traducción al español, sin saber que aguachona es la palabra perfecta (y así la he usado en mis libros de física). A lo contrario, la nieve seca, muy fina, en polvo, se le llama espelde. Si es superfina, meros cristales de hielo, se le llama aspesura o asperura

Los carámbanos de hielo, por su parte, también exhiben un despliegue léxico notable. Son localismos, pero nada impide usarlos: asador, churro, pinganillo, cirrión, chupitel, cirio, chuzo, candelita (o candelito), caramelo, cerrión, calamoco, o chupito. Hay muchas palabras donde elegir para evitar sonsonetes o buscar efectos rítmicos o musicales en la prosa. E incluso pueden servir para introducir ambiguedades si así lo desea el escritor, puesto que calambrón puede ser un carámbano o la escarcha

Llover tiene varios sinónimos, como abrocar, brocar, brucar o embrocar. Cada uno de ellos se refiere a un tipo concreto de forma de llover en un sitio. La razada es la lluvia fina que cae lentamente. Chuciar es llover poco, pero con gotas frías. Lo de las gotas frías o cálidas es una realidad física, y depende de si la lluvia es convectiva o estratiforme (también hay, por cierto, lágrimas cálidas y frías, como se lee en La Ilíada). Burrifero es lluvia leve y breve, mezclada con viento. Aguamarina es llovizna. Otra variante del chirimiri, sirimiri, orbayo o calabobos es, en Castilla, bernizo. Barciar es llover de esa manera, con poca intensidad, al igual que aguarrada o aguarradilla. Barbaza o barbuza es cuando llueve así, poco, y además está nublado y el ambiente húmedo (también vienen de barba). Orbayo, por cierto, se usa en Castilla no solo para lluvia ligera sino también para el rocío. 

Atizar es llover con fuerza. Barrumbada un chaparrón fuerte (uno débil y corto, un borrasco). Zamarra es una lluvia torrencial, de llover a cántaros (e.g. Zamarramala, pueblo de Segovia), lo que también se conoce como andaluviar (deformación probable de «diluviar»). Zaraza, muy parecido a zamarra, es una granizada intensa. Si no es fuerte, es zarazo, en masculino. Al granizo también se le llama cantaleo (o predisco / pedrisco, que es una palabra más habitual). Apedrear es granizar, pero esta es evidente. A los relámpagos (las descargas eléctricas entre nubes; los rayos son entre las nubes y el suelo) se les ha llamado en toda la vida en Castilla culebrillas o culebrinas.

Tenemos también palabras para cuando el agua de lluvia salpica: chaspingar o enchaguazar. Si forma burbujas al caer, hace foroles o forolas. Si la burbuja es pequeña, se les llama gargulito o gorgorito (más común). Cuando el agua escurre de los tejados tras la nieve, se dice que esculla. Si un río o un regato se congela, se engaza.

Al aire frío se le llama ris (la expresión «hace un ris…» es de uso corriente para indicar que hace mucho frío). El viento (aire en movimiento) frío tiene variantes sobre la misma idea: baruje, baruji, beruje, biruje o biruji. Las dos últimas palabras se aplican al frío aunque no haga viento (son por tanto sinónimas de ris). El viento que ruge, bufa. Algarazo es lluvia con viento. Cuando te refugias de una tormenta, te agarimas. Cuando deja de llover, albancia. El sol que calienta el cuerpo, caldea

A la helada con mucha escarcha (o engrama) se le llama helada blanca. Si no genera escarcha, helada negra (que es más destructiva para las plantas). Una helada fuerte es una garama, sardinera, carama, garduña, jabarda, carpanta, pelona o peluca. Si una helada sigue a otra anterior se dice que es una empalmada. Si la escarcha tiene forma de ramas, se dice encaramada o ligada. La notable cantidad de palabras para la escarcha es natural en un clima continenal como el castellano, en cuyos inviernos es habitual. Hay incluso una palabra para la escarcha en las ramas de los árboles: cerceñada. Hay palabras para escarcha o rocío, sin distinguir entre ambos, como pruina o rosada.

Arbayada ha quedado como sinónimo de rocío, al menos en Zamora, en la frontera con Portugal (es, de hecho, un lusismo). Los sinónimos son estupendos para no tener que repetirse al escribir, pero es que esta palabra, quizá de raíz árabe, es bonita, aunque bayada sea «blanco» en aquel idioma (el término sería más apropiado, quizá, para la escarcha). 

Estas palabras ya no se escuchan en el habla corriente, al menos en las ciudades, pero forman parte de la cultura española y son un patrimonio que enriquece a la prosa y a la poesía. Son bonitas y muchas de ellas también eúfonicas; suenan bien. La posibilidad de encapsular en una sola palabra un concepto o una ristra de palabras, como sucede con cencío, aporta precisión y economía al lenguaje. Dos valores amenazados, pero a proteger. Este léxico es patrimonio inmaterial de la humanidad. 

La etimología tiene mucho que decir al respecto de estas palabras. Así por ejemplo, la raíz nebh- (nube; la bh es un fonema labial, de efe griega, la ϕ) del indoeuropeo nos ha dejado «niebla» y «nimbo» (un tipo de nube). En sánscrito la idea de nube, de nebuloso, de niebla, derivó en nábhas; a nabah en avéstico, nem en irlandés antiguo, nef en córnico, nebul en alto alemán antiguo, nifol en anglosajón, nebo en eslavo antiguo eclesiástico, y nebis en hetita. En latín nebula, naturalmente, y de ahí a nuestras nube y niebla. Al estudio de las nubes se le llama nefología y no nebulología, por algo.

Seguro que el lector conocen muchas otras palabras usadas para referirse a los fenómenos meteorológicos y los meteoros, algunas de las cuales serán locales, o incluso propias de familias concretas. Miguel Delibes empleó unas cuentas en sus obras. Son riqueza, y que sigan vivas depende de que los escritores las empleemos en periódicos, revistas culturales, novelas, ensayos y poemas, pero también de que las usemos más en la vida corriente. No olvidemos la cantidad de palabras castellanas y manchegas que han llegado a nosotros gracias a que Cervantes las recogió (o acuñó) en su Quijote

Usar estas palabras no es, en absoluto, viejuno. Todo lo contrario. Nada más vanguardista y necesario que los escritores erosionando poco a poco la gramática, siguiendo el feliz símil de Ortega. Mediante ese proceso, el viento se irá llevando los estratos blandos que el tiempo ha ido dejando sobre el lenguaje, dejándonos la roca viva sobre la que asienta, que no es otra que la estructura de la comunicación humana en un medio concreto.

Adenda

En el primer borrador de este artículo escribí «No sé cuántas palabras habrá en japonés para la familia léxica de la nieve, pero en español también tenemos una cuantas». Luego me di cuenta de que vivo en el 2025, y que no tengo por qué regodearme en mi ignorancia ni siquiera por motivos retóricos, así que me puse a buscar. Me ahorraré los ideogramas que, aunque preciosos, no podrían ocultar que, por más que sean de origen chino (el sistema de escritura kanji, que junto con el hiranaga y el katakana permiten crear palabras en japonés), yo no sé japonés y mi chino es básico. 

Por lo que parece, la palabra nieve en japonés se traslitera como yuki. El ideograma es el mismo que en chino, 雪 (xuě). El graupel es koriyuki. Se puede fantasear con que es otra palabra y que por eso la cultura japonesa es más fina que la nuestra en la apreciación estética de los cielos, pero koriyuki es un compuesto de kori, hielo, y yuki, nieve. Nosotros tenemos «aguanieve», y podríamos tener hielonieve, pero la lengua fue por otro sitio y en vez de un término que suena al vocabulario C de la neolengua orweliana, acabamos con aguachona, mucho más bonito. Otros ideogramas que parecen conceptos nuevos, pero que son compuestos de yuki, son: yukidaruma, yukigassen, yukiguni, yuki-no-kessho, yukiusagi, yuki-onna, yukidoke-mizu. Respectivamente, muñeco de nieve, pelea de bolas de nieve, país de nevadas (una región concreta de Japón), cristales de nieve, montón de nieve, mujer de la nieve (personaje tan folclórico como la niña de la curva), y amorosarse (el agua de deshielo). Luego está konayuki, que es nieve en polvo. Es decir, la halispa que decía arriba. La nieve fresca se dice shinsetsu, pero el kanji, de dos caracteres, incluye al de nieve y significa, literalmente, nueva-nieve. No nos constaría nada inventar neonieve, pero ya tenemos espelde. Otra palabra japonesa, más en la línea del castellano de crear palabras diferentes en vez de compuestos, es mizore, que es la llovizna helada y que tiene la connotación poética de atmósfera melancólica. Es nuestra cencella, en realidad. Otras palabras con el kanji que remiten a la nieve son nadare (avalancha), sekkei (paisaje nevado), y yumifumi (caminar por la nieve).

Para concluir, no es que no tengamos palabras en español para los matices y cosas de la nieve y en general del tiempo. Tenemos muchas, pero no las usamos. Delibes buscaba encontrar la palabra exacta para describir cada cosa del mundo. Ese es el espíritu. De hecho, vero es un término más preciso que yukiusagi, montón de nieve (literalmente, nieve-conejo, por la forma). Nuestro vero se refiere específicamente al montoncito delante de puertas y ventanas, aunque nada impide que lo podamos aplicar, por extensión, a cualquier otro