lunes, 21 de abril de 2025

Agustín Gómez Arcos, el escritor gay

 “Mi nombre te sonará como el de un fantasma”: Agustín Gómez Arcos, el genio literario que triunfa 27 años después de su muerte, en El País, por Carlos Primo, 21 de abril de 2025:

El escritor exiliado publicó en francés y falleció en París en 1998. Pero hoy, nuevas generaciones de lectores, figuras como Pedro Almodóvar y un documental reivindican la obra de este autor mil veces censurado que se llegó a definir como “un fantasma en su propio país”

En la sociología del gusto suele decirse que los hijos se llevan muy mal con los padres, pero muy bien con los abuelos. Es decir, que en ocasiones hace falta un salto de una generación o dos para que ciertas ideas encuentren eco de nuevo. Algo así le ha sucedido a Agustín Gómez Arcos (Enix, Almería, 1933-París, 1998), un secreto a voces de la literatura española, un dramaturgo y novelista antifranquista, homosexual, apaleado por la censura y exiliado en París, donde publicó una decena de novelas en francés que causaron revuelo allí, pero apenas tuvieron eco aquí.

Cuando murió, en 1998, muy pocos recordaban su nombre en España y aún menos habían leído sus obras. Hoy, sin embargo, se ha convertido en el protagonista de un singular fenómeno editorial de esos que solo se producen por el entusiasmo de los lectores ante novelas descarnadas, libérrimas, violentas y sensuales que enlazan con distintas luchas, de la memoria histórica del franquismo hasta lo queer . “Con Agustín Gómez Arcos sucede algo bonito, y es que sus lectores somos como una especie de tribu”, explica la cineasta Laura Hojman. "Cuando empiezas a leerlo, lo comentas con un amigo. Y de un fan llegas a otro. Es un descubrimiento".

La historia de Gómez Arcos la cuentan sus novelas y sus obras de teatro, creaciones llenas de personajes heridos en una España casi goyesca, esperpéntica y tenebrista. Tanto unas como otras las ha rescatado la editorial Cabaret Voltaire, en traducciones de Adoración Elvira Rodríguez que han agotado varias ediciones de los títulos más conocidos. Sus libros se leen en clubes de lectura y se emplean para diagnosticar el presente. No es para menos: es irresistible teorizar sobre las monjas sádicas de María República o los torturadores que ejercían su oficio durante el franquismo (Escena de caza furtiva) en los sótanos del edificio de la Puerta del Sol donde hoy tiene su despacho la presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero faltaba contar su vida. Y eso es lo que hace Un hombre libre, el documental que Hojman ha estrenado en cines en marzo, y que narra su biografía por primera vez.

La propia cineasta forma parte de estos lectores de nueva generación. En 2020 acababa de estrenar Los días azules, un documental sobre Antonio Machado, y estaba comenzando a trabajar en otro proyecto sobre la escritora María Lejárraga . Su colaboradora, la periodista María D. Valderrama, que preparó una muestra sobre el almeriense para el Instituto Cervantes de París, le habló de él. "No lo conocía, no había leído nada. María me puso sobre la pista. Me puse a leer El cordero carnívoro. Y me explotó la cabeza"

En Un hombre libre están los textos de Gómez Arcos y las actas de censura de sus obras, leídas por Marisa Paredes. Hay testimonios de periodistas, escritores y artistas. Pero también las imágenes personales, el álbum fotográfico íntimo atesorado por amigos suyos como el actor Antonio Duque, que convivió con Gómez Arcos en los años sesenta, cuando trataba de abrirse paso en el teatro madrileño. “En aquellos años Madrid era un lugar gris, oscuro, lleno de prohibiciones”, recuerda Duque en el documental. "Las películas se censuraban, todo estaba prohibido. A un homosexual que fuese con un pantalón de color lo apedreaban. [...] Había bares homosexuales en los que había que andar con mucho cuidado, porque podía hacer una redada, y luego había un sitio llamado Bourbon Street, al que acudía todo el mundo".

En las novelas de Gómez Arcos la esperanza suele abrirse paso, tal vez porque en su vida ciertos lugares y personas también tuvieron un efecto salvador. Si en Bourbon Street, un efímero club de jazz en Diego de León, el escritor pudo experimentar con su identidad sexual, fue en otro local, el restaurante español Candelaria, en París, donde comenzó su carrera como novelista. En este café teatro donde trabajaba como camarero estrenó algunas breves piezas teatrales que un editor vio, con tanta suerte que decidió sugerirle escribir prosa en francés. El resultado fue El cordero carnívoro, una novela de incesto en las tinieblas de la posguerra que sigue generando adeptos hoy en día.

Pedro Almodóvar, que conoció a Gómez Arcos e incluso convivió con él cuando ambos eran invitados en casa de un amigo común —”Nos veíamos en casa todos los días y por las noches salíamos a cenar al Gijón”, relata—, cuenta en el documental su impacto al leerla. "Es tan deslumbrante que pensé si habría una posible adaptación cinematográfica. Pero es demasiado fuerte para llevarla al cine".

Pero algo quedó. En Dolor y gloria (2019), el trasunto de Almodóvar interpretado por Antonio Banderas hojea un ejemplar de esta novela. Para las nuevas generaciones, fue una pista: ahí había algo. Un nombre, una portada, un título misterioso. Tal vez un fantasma. Para el dramaturgo Alberto Conejero , Premio Nacional de Literatura Dramática, Gómez Arcos comenzó siendo eso: un espectro. “Llegué a él cuando estaba en la escuela de arte dramático”, recuerda el dramaturgo. "Era un nombre más de una larga lista de autores españoles. Pude leer Diálogos de la herejía y me fascinó, pero fue un flechazo que se quedó ahí, porque su obra estaba descatalogada". Conejero, que ha indagado en la memoria histórica y en sus silencios con obras como La piedra oscura (sobre García Lorca) y El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca (sobre el maestro Antoni Benaiges, fusilado por falangistas al inicio de la Guerra Civil), ve en Gómez Arcos “la pervivencia de la violencia, de algo farsesco propio de Valle-Inclán, y también la dimensión telúrica de García Lorca. Era su continuación natural”.

Conejero menciona un texto que, aunque no es una novela ni una pieza teatral, resulta igualmente imprescindible para entender su vida: la carta que Gómez Arcos escribió a Manuel Fraga en 1966, en la que explicaba que se veía obligado a irse de España por el acoso de la censura a sus obras. No era una forma de hablar ni una exageración. En dos ocasiones el jurado del Premio Lope de Vega, el más importante de la literatura teatral, tuvo que cambiar las actas del fallo para retirarle el premio que le habían concedido. Sus obras eran sobresalientes, pero la censura nunca habría permitido que se estrenaran.

“Es una carta que me conmueve mucho”, explica Conejero. "Como autor teatral padeció una carrera cortocircuitada que le impidió crecer. Un autor teatral que no estrena sus obras va muriendo poco a poco, porque los autores aprendemos en el escenario. Y la censura cercenaba constantemente sus obras", afirma. Sin embargo, en sus novelas escritas en francés, ya lejos del yugo franquista, su estilo se liberó. "Gómez Arcos dice que es un fantasma, pero esa condición fantasmática le da libertad absoluta. Escribió desde un margen que con los años se ha hecho muy elocuente".

Es precisamente ese margen lo que lo hace especialmente atractivo para los nuevos lectores. En sus novelas hay una sensualidad violenta que funciona como metáfora de la sede de venganza y represión que caracterizó a la sociedad de posguerra. No abundan los personajes homosexuales, pero sí los oprimidos, los marginados, los que se refugian en una disidencia interior irreprimible. Por ejemplo, la protagonista de Ana no, una novela de culto en Francia primero y en España después, la historia de una mujer humilde que cruza España para llevar un dulce a su hijo, que cumple condena en la otra punta de la península. Laura Hojman subraya esta dimensión. “En la obra de Gómez Arcos está el tema del silencio y los silencios que nos conforman, el tema de todas esas miradas, experiencias, personajes que han sido expulsados ​​de nuestra historia y de nuestra memoria”. Conejero coincide con ella: "Estamos necesitados de referentes de esa tercera España. Cuando Gómez Arcos dice 'España soy yo', me conmueve".

Tal vez por eso la última parte del documental, la más luminosa, cuenta cómo, décadas después de su muerte por complicaciones derivadas del sida, Gómez Arcos ha encontrado los lectores que no tuvo en vida. Hay asignaturas pendientes, especialmente en su teatro, que han sido reeditadas al completo por Cabaret Voltaire, pero que sigue sin volver a las tablas. Pero la decena de novelas que siguen reimprimiéndose van llenando poco a poco una laguna en la historia de la literatura española. En Un hombre libre están las voces de Paco Bezerra, Bob Pop o Fernando Olmeda. También hay una tertulia con autores jóvenes que, como Jesús Pascual, reivindican su dimensión queer y demuestran la resurrección literaria de un hombre que, en 1986, se describió a sí mismo con estas palabras: “Mi nombre, si por casualidad lo has visto en los periódicos, te sonará como el de un fantasma (…) Fantasma en mi propio país".

sábado, 19 de abril de 2025

Apólogo

 De Anahí Michel, en Quora


Uno de los niños de una clase de educación infantil preguntó:

-Maestra... ¿qué es el Amor?

La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado.

Como ya estaban en la hora del recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran cosas que invitaran a amar, o que despertaran en ellos ese sentimiento.

Los pequeños salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:

-Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado.

El primer alumno respondió:

-Yo traje esta flor... ¿No es bonita?

A continuación, otro alumno dijo:

- Yo traje este pichón de pajarito que encontré en un nido... ¿No es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.

Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido en silencio mientras sus compañeros hablaban.

Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.

La maestra se dirigió a ella:

-Muy bien, ¿y tú? ¿no has encontrado nada que puedas amar?

La criatura, tímidamente, respondió:

- Lo siento, maestra

Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla, pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo.

Vi también mariposas suaves, llenas de color; pero parecían tan felices que no intenté tomar ninguna.

Vi también al pichoncito en su nido, pero... al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí.

Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo enseñarles lo que he traído?

La maestra le dio las gracias a la alumna y, emocionada, le dijo que había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que al Amor lo llevamos en el corazón..."

El Amor es algo que se siente... y se manifiesta con hechos... y se transmite con acciones...

Hay que tener sensibilidad para vivirlo y demostrarlo...

La impresionante torre antigua en Torregorda (Cádiz) de Juba I, destruida en 1145

 El enigma arqueológico de la gran torre que presidía las costas de Cádiz hace 2.000 años: un estudio concluye que estaba dedicado al rey númida Juba I. En El País, por Vicente G. Olaya, Madrid -19 de abril de 2025:

Enlace para ver las ilustraciones 

La edificación fue destruida en 1145 por los almorávides al creerse que guardaba un tesoro en su interior.

Hasta 1145, en las inmediaciones de Gades (antigua Cádiz) se levantaba una gigantesca torre escalonada de unos 60 metros (aproximadamente la altura de un edificio actual de 20 pisos), que estaba coronada por la estatua dorada de una figura humana. De esta edificación no queda nada visible, por lo que siempre ha sido uno de los grandes enigmas de la arqueología española. Los especialistas más destacados han intentado recomponer su aspecto a través de la treintena de descripciones que se conservan de ella desde que se erigió a finales del siglo I a. C. hasta su destrucción por el comandante almorávide Ali Ibn Isa Ibn Maymun, que estaba convencido de que en su interior guardaba un gran tesoro. Ahora, el estudio Juba II y el 'ídolo' de Cádiz: un posible monumento funerario real númida en el confín occidental del Imperio Romano ofrece una sorprendente interpretación: se trataba de un cenotafio levantado en memoria de Juba I, rey de Numidia, por su hijo, el rey Juba II de Mauritania, promotor de grandes obras públicas en la bahía de Cádiz, explorador de las Canarias y de la isla de Mogador (Marruecos), donde abrió una industria dedicada a la púrpura. El monumento conmemoraría, dice el artículo publicado en la revista Spal y obra de Manuel Álvarez Martí-Aguilar, profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Málaga, “el éxito de la empresa exploratoria de Juba II” y serviría de “referencia visual para los navegantes que transitaron por la ruta establecida por el monarca mauritano hacia la costa atlántica africana y las Canarias”.

Hasta ahora, a pesar de que numerosas fuentes musulmanas y cristianas medievales reflejan su existencia, nunca se ha aclarado su función ni a quién estaba dedicado. Las fuentes árabes lo denominan “torre” o “faro”, mientras que a la estatua superior la calificaban de “ídolo” u “oráculo”. Esta figura estaba orientada hacia el océano, tenía una pierna adelantada en actitud de caminar y portaba en la mano un objeto: posiblemente una vara con correas, que posteriormente fue confundida con una llave. De su aspecto exterior se conservan dos representaciones idealizadas, una en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de París y otra en una miniatura de la General Estoria de Alfonso X el Sabio, cuyo manuscrito se encuentra en el Real Monasterio del Escorial (Madrid). Las descripciones árabes permiten suponer que la torre debía de ubicarse en la zona de Torregorda, a medio camino entre Cádiz y Sancti Petri.

Juba I (85-46 a. C.), hijo y sucesor de Hiempsal II (88-60 a. C.), fue el último rey legítimo de Numidia oriental. Apoyó a la facción pompeyana en el enfrentamiento con Julio César y, tras la derrota en la batalla de Tapso en 46 a. C., hizo un pacto suicida con el general romano Marco Petreyo a fin de obtener una muerte honorable en combate. Su jovencísimo hijo Juba fue llevado por César a Roma, integrándose, desde el 44 a. C., en la casa de Octavio, donde recibió una pulida formación intelectual grecorromana, además de adiestramiento militar.

Octavio protegió al joven príncipe y le otorgó la ciudadanía romana. Es posible que lo acompañe en sus campañas contra cántabros y astures en Hispania. En el 25a. C., el emperador lo nombró monarca de Mauritania, donde fundó su capital en Iol-Caesarea (Cherchell, Argelia), un reino con amplia influencia en la región gaditana. El viajero andalusí Abu Hamid al-Gharnati (1080-1170) escribió que la estatua representaba a un “individuo negro”. Por su parte, el geógrafo y biógrafo árabe de origen griego Yaqut (1179-1229) aseguró que el personaje de la torre era un “bereber”, con cabello crespo y barba.

“Todo me llevó a valorar la posibilidad”, dice Manuel Álvarez Martí-Aguilar, “de que el personaje representado que coronaba el monumento fuera de una monarca norteafricana, pero no Juba II”. Este, criado en la corte de Roma, cultivó sus retratos y efigies en las monedas con “una imagen arquetípica de monarca helenística, que no coincide con las descripciones del ídolo gaditano”. En cambio, esta representación barbada y de cabello rizado sí “coincide, y de manera singularmente fiel, con las descripciones de su padre, el rey Juba I de Numidia”, explica. En los denarios que Juba acuñó al final de su reinado aparece su efigie con diadema y portando un cetro real rematado con dos apéndices. Se le representa con bigote y barba y destacan su denso pelo rizado y su peinado, al estilo de cómo trataban sus cabellos los mauros y númidas. En una escultura ecuestre que representa a un jinete númida hallada en Chemtou (Túnez), y que se ha querido identificar con el propio Juba I, el personaje lleva un manto que deja al descubierto su hombro derecho, lo que coincide con varias de las descripciones de la figura gaditana.

Diversas fuentes, tanto árabes como cristianas, indicaban que el individuo portaba en la mano un objeto en forma de llave. Pero cuando el monumento fue destruido en 1145, se pudo examinar con atención este enigmático objeto. El geógrafo granadino al-Zuhrī, que visitó Cádiz, vio aún en pie el edificio y conoció su demolición. Aseguró que la figura sostenía un objeto con “correas de cuero, como una fusta”, descripción que encaja con la imagen del cetro real que aparece en los denarios de Juba I.

“La propuesta de identificar al personaje que coronaba el edificio como Juba I y la de que su construcción fuese ordenada por su hijo Juba II invitan a considerar la posibilidad de que se trate de un epígono de la tradición de monumentos de la arquitectura real númida del norte de África”, dice el experto. Los monumentos funerarios reales númidas fueron construidos entre mediados del siglo II y el siglo I a. C. Eran edificios turriformes, escalonados y culminados en un remate piramidal. Se erigían en lugares aislados y preeminentes, como fronteras naturales o étnico-políticas, y junto a cursos de agua. Por su ubicación se convertirían en hitos visuales del paisaje. Poseían un carácter funerario y eran levantados por los sucesores de los fallecidos.

El perfil del monumento de Cádiz, según los relatos medievales, coincide plenamente con los del norte de África: con forma de torre, escalonado, rematado en una pirámide, macizo, sin puerta de acceso y con sus piezas unidas por plomo. El historiador Al-Ḥimyarī informó de que tras su destrucción “no se pudo extraer de los escombros más que el plomo que unía las piedras unas a otras y el cobre con que estaba hecha la estatua: era cobre dorado”.

Uno de los aspectos que más directamente conecta el edificio de Cádiz con los monumentos turriformes púnico-númidas africanos es su ubicación. Se supone que debía hallarse en Torregorda, en mitad de la isla del León, en torno a la desembocadura del río Arillo, en un lugar equidistante entre Cádiz y Sancti Petri, al igual que los monumentos númidas africanos, cerca de los cursos de agua, pero en los límites de las ciudades. Entre los aspectos singulares que aporta esta nueva interpretación del monumento, el autor del estudio destaca la explícita celebración de la identidad númida por parte de Juba II a través de la figura de su padre, lo que podría entenderse como un mensaje de complicidad con las poblaciones norteafricanas establecidas de antiguo en el litoral gaditano.

viernes, 18 de abril de 2025

Definición del bestseller

 La fórmula secreta del 'best seller' en español, en Babelia, suplemento de El País, por Puerto Berna González, 19 de abril de 2025:

La capacidad de crear un imaginario colectivo que se conecta con los lectores define a los buenos superventas. El éxito de autores como María Dueñas, Julia Navarro, Ildefonso Falcones, Lorenzo Silva o Dolores Redondo demuestra que el fenómeno sigue su curso con el apoyo imparable del público y pese al desdén de la crítica. Escritores, editores, libreros y académicos diseccionan las claves

¿Escritores menores, ignorados, denostados? ¿O amados, buscados y envidiados? ¿Grandes figuras de las letras o meros artesanos de un formato repetido que poco tiene que ver con la alta creación? Los autores de best sellers, libros que consiguen grandes ventas muy rápidamente, viven en la esquizofrenia de una inercia que se ha repetido en la historia: adorados por el gran público, máquinas de fabricar lectores y combustible para la gran industria del libro, son también despreciados por la crítica o la academia por un estilo menos arriesgado que prioriza lo comercial. O por prejuicio. ¿Envidia, recelo, superioridad moral de autores más literarios que los miran por encima del hombro? ¿O justicia literaria de la mano del lector? ¿Hay alguien que tenga razón en todo esto? Sea como sea, la fórmula del best seller sigue siendo el secreto mejor guardado, como un pez que uno intentara atrapar con los dedos en el mar.

“Algunos libros se convierten en superventas y otros no, es un misterio que muchas veces he preguntado a los libreros sin que nadie me dé una respuesta”, confiesa Julia Navarro, ella misma autora superventas de libros sólidos y bien documentados como el reciente El niño que perdió la guerra (Plaza y Janés), una trama de calidad que hunde sus patas en las guerras que azotaron España y la URSS en el siglo XX, una ficción muy solvente realidad sostenida en la pura. "Pero es la magia de los libros, ese factor que hace que algunos lleguen al corazón de los lectores y otros no. Lo demás es una actitud soberbia de quienes creen que solo ellos entienden qué es bueno y qué merece la pena, como si lo que fuera alabado por la mayoría no lo mereciera".

Ese choque entre el gusto masivo y la supuesta virtud de lo minoritario atraviesa el debate, pero se rompe cuando la calidad y la cantidad van de la mano y se esfuma esa falsa incompatibilidad: ensayos como El infinito en un junco, de Irene Vallejo, historias históricas o de aventuras como El nombre de la rosa, de Umberto Eco, El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar o Yo, Claudio, de Robert Graves, otros puramente literarias como las obras de García Márquez, Vargas Llosa, Dickens, Dostoievski o de género como las de Agatha Christie y Conan Doyle han vendido ristras de millones y han hecho cima. Y han logrado algo tan codiciado como pasar al imaginario popular, piedra de toque para calibrar el verdadero valor de un best seller.

"Bajo esa etiqueta colocamos demasiadas cosas y dudo de que sea un género en sí mismo. En realidad, es una expectativa y un resultado", resume Toni Hill, él mismo autor superventas con El verano de los juguetes muertos y hoy editor en Grijalbo, uno de los sellos más comerciales de Penguin. "Como best sellers se agrupan libros muy distintos en la realidad. Entre 50 sombras de Grey y La catedral del mar o entre George Martin y María Dueñas es difícil encontrar ingredientes comunes, pero todos ellos logran que sus obras trasciendan al grupo al que van dirigidos". Y he aquí los ejemplos de ese elemento común: Stieg Larsson consiguió que todos leyéramos novela negra nórdica con la serie que comenzó Los hombres que no amaban a las mujeres; Ildefonso Falcones atrajo a muchos más lectores que los de novela histórica con La catedral del mar; y el Juego de tronos de Martin creó un universo que trascendió masivamente el público del género fantástico. Todos ellos permanecen y se traban en la memoria y la cultura colectiva, el mérito seguramente más difícil de lograr. Su distintivo.

Sergio Vila-Sanjuán ha estudiado a fondo el fenómeno y lo ha puesto negro sobre blanco en Código Best Seller (Alianza), libro de 2011 que sigue siendo un referente en la materia. El periodista de La Vanguardia propone diferenciar entre los “grandes, genuinos, que abren tendencia, y los que se apuntan al carro”. "La caballa del tío Tom, Lo que el viento se llevó, El padrino, Parque Jurásico, Los cipreses creen en Dios, La sombra del viento o Alatriste son libros que representan un universo original, no copiado, genuino. Sus autores han creado ese mundo en general a partir de su propia experiencia", asegura Vila-Sanjuán. “Mario Puzzo, italoamericano, conoció el mundo de la mafia y volcó vivencias que no eran impostadas; Stieg Larsson era periodista económico y también traspasó a sus libros experiencias vitales importantes; David McCloskey (Estación Damasco, Moscú X, en Salamandra) cuenta su universo porque ha estado en la CIA; y hoy no puedes entender el imaginario de los últimos 40 años de EEUU sin Stephen King, él ha inspirado una imagen a través de la cual la sociedad americana se entiende a sí misma. Después, cada uno tiene sus imitadores que se colocan en esa órbita y siguen”.

En España, la foto de esos creadores de universos propios capaces de enganchar a un gran público que antes carecía de ellos incluye a Dolores Redondo, que encontró en lo misterioso del Valle del Baztán el alimento de conexión; Lorenzo Silva, padre literario de una pareja de guardias civiles cuando era imposible imaginarles como héroes; María Dueñas e Ildefonso Falcones, capaces de recrear episodios históricos con una verosimilitud y personajes de gran solvencia; Arturo Pérez Reverte, versátil imaginador de muchos mundos atrayentes; Roberto Santiago, imán del lector infantil y joven de su serie Los Futbolísimos; o Elísabet Benavent, que ha atrapado a millones de lectores adictos al romanticismo.

¿Y cómo lo hacen? ¿Cuál es la fórmula, los ingredientes? He ahí el secreto mejor guardado, el enigma que podría atravesar una buena novela de misterio sin que nadie garantice que pueda atrapar al asesino en cuestión, la fórmula en sí. Define los ingredientes José Antonio Cordón, profesor de Industria Editorial de la Universidad de Salamanca: “Una lectura fluida, agradable, con un nivel de vocabulario, una complejidad léxica y una exigencia de nivel medio; una trama in crescendo; una evolución de los personajes; un conflicto, a ser posible sentimental; el cliffhanger, que cada capítulo acabe con expectativas hacia la conclusión; y una adaptación al conjunto de valores existentes en la sociedad del momento, aunque se sitúen en otro tiempo”. Pero, alto ahí, que nadie se crea que esto garantiza nada porque, como dice Toni Hill, “si existiera una fórmula, las editoriales publicarían varios al año y nunca vemos los que se propusieron como cuentos y no resultaron”.

"¿La literatura comercial está denostada? No me quita el sueño. No espero la palmadita en la espalda de la crítica", dice Elísabet Benavent

Lo explican ellos: "Yo procuro ofrecer al lector obras con mucha tensión, con pasiones, con amor, con venganza, dentro de un escenario histórico, e intento ser sencillo. Las tramas tienen que ser accesibles y que no confunden a los lectores", cuenta Ildefonso Falcones, que acaba de publicar En el amor y en la guerra (Grijalbo), la tercera entrega de La catedral del mar. "Y estoy encantado de que mis novelas gusten a un gran número de gente. Vargas Llosa ha vendido muchísimo, sus novelas son grandes best sellers y nadie puede considerar que no sea literario, pero él es excepción. En esa elección, yo prefiero ser comercial, intentar satisfacer y entretener al lector. No pretendo enseñarle nada". Quien haya seguido la saga sabe bien lo que se encontrará en la nueva entrega: luchas, conquistas, tropiezos y amores en un entorno medieval recreado a la medida de nuestro entretenimiento.

Santiago Posteguillo, premio Planeta con Yo Julia y autor de exitosas novelas sobre la Antigua Roma, considera absurda la identificación de lo que es popular con lo malo y lo que no es popular con lo bueno. "Lo importante es que la obra esté bien escrita, que emocione -de eso va la literatura- y que pueda conducir a la reflexión. Eso es lo que yo intento hacer con mis obras. Dentro del género histórico, yo trato de entretener. Si además consigue que nos emocionemos, que el lector salga de mis novelas habiendo aprendido historia y reflexionando sobre errores que ojalá no repitamos, mucho mejor. Pero lo hago desde el entretenimiento. Prodesse et delectare, enseñar y deleitar es lo que trato".

Para María Oruña, figura ascendente desde Puerto escondido (Destino) hasta su reciente El albatros negro (Plaza y Janés), “los libros son espejos del público y de lo que le interesa, reflejos del tiempo”. Ella defiende lo híbrido que se abre paso en la dicotomía entre calidad y cantidad, entre literario y comercial: "Yo creo que escribo literatura de calidad y un trabajo sólido. ¿Es comercial? Estupendo, porque me va a permitir vivir de ello y pagar las facturas. ¿La fórmula? Yo pongo mucha historia y mucha carga antropológica porque me gusta la ciencia y quiero entender qué pintamos aquí, por qué hacemos lo que hacemos". El albatros negro navega —en sentido figurado y real— rumbo a un pasado sumergido ante las costas gallegas con pluma de calidad y una mezcla de género policial, histórico y de aventuras que funciona.

María Dueñas, la gran estrella del best seller hoy en España, que cabalga sobre grandes cifras desde El tiempo entre costuras y que acaba de publicar Por si un día volvemos (Planeta), define su estilo: “Mi literatura es una narrativa clásica, una novela clásica que no tiene interés en un tratamiento absolutamente rompedor de la técnica literaria y que varía en cada título en el universo que construye”. Su nueva novela es hipnótica, capaz de recrear un lugar y un momento histórico (Orán, hace un siglo) a partir de héroes y personajes que podrían ser de hoy y de siempre. "¿La fórmula? Que cautive a los lectores porque hay un conflicto, un universo desconocido, porque los personajes te seducen, por la razón que sea, pero la clave es cautivarlos y para ello hay mil formas: desde el espionaje y los contubernios internacionales de los americanos a que te atrapa Elena Ferrante a partir de lo que pasa en un barrio del Nápoles de la posguerra italiana. La clave es que quieras volver a casa para seguir leyendo".

Seguir leyendo es la clave, tan cierto como el prejuicio que generan los best sellers en la crítica especializada, en la prensa e incluso entre los libreros más comprometidos con la calidad menos pudiente. David Viñas, profesor de Teoría de la Literatura en la Universidad de Barcelona y autor de El enigma best seller (Ariel), subraya que la propia maquinaria de promoción y las estrategias comerciales que acompañan estos libros conllevan “daños colaterales porque en la crítica oficial de los suplementos se activa de forma natural un prejuicio. Aquí la cantidad queda automáticamente asociada a la mediocridad”. A partir de ahí es difícil, asegura, “superar al prejuicio para advertir que sí hay best sellers de calidad, aunque no son la mayoría”.

"Mis libros aportan que se activa la lectura, que se mueve la industria editorial. Contribuyo a un emporio editorial en el que otros libros de menor trayectoria puedan ser publicados", dice María Dueñas

Paz Gil, dueña de la librería santanderina Gil, premio Zenda y premio de la Federación de Gremios de Editores de España a la mejor librería del año, reconoce que no les hace mucho caso porque los sellos editoriales ya lo mueven, ya hacen tanta publicidad, información y tanto ruido alrededor que no lo necesitan. "No es que lo rechace, pero no lo cuido desde la librería. Lo que intento es poner a su lado un libro un poco más literario. Me preocupa la cantidad de merchandising que mandan con cartones y más cartones, es un gasto inútil, no tienes ni espacio ni ganas de promocionarlo", lamenta.

José Antonio Cordón, profesor de Industria Editorial de la Universidad de Salamanca, distingue entre los que vienen reconocidos ya como éxitos de ventas por distintos canales de comunicación y los que surgen desde la boca oreja, los no previstos, que no obedecen a lógicas comerciales sino a otra lógica, como El infinito en un junco. “A partir de ahí se convierten en un lugar compartido para millas de personas, logran una aceptación colectiva y tienen impacto porque han roto la barrera del circuito comercial”. Cordón también subraya cómo se convierte en sustrato fundamental para generaciones enteras, como logró Harry Potter o El señor de los anillos, trascendiendo edades y colectivos y convirtiéndose en vivencia y referente cultural colectivo.

Esa aportación es importante, pero también lo es la más obvia: las ventas, decenas de millas, cientos de millas, a veces millones en todo el mundo. "Mis libros aportan que se activa la lectura, que se mueve la industria editorial, que se expanda la novela en el mundo. Contribuyo a un emporio editorial en el que otros libros de menor trayectoria puedan ser publicados. Objetivamente puedo colaborar y aportar", asegura María Dueñas. Ella es una de las más críticas con la prensa especializada que ignora la existencia de sus libros. "Hazme una crítica negativa y yo la soporto. Pero ni siquiera la hacen. Asume que, por el hecho de vender mucho, por estar publicado por Planeta y tener una aceptación masiva por parte sobre todo de mujeres está penalizada y desdeñada. Es un sesgo incomprensible", asegura la autora, acostumbrada a llenar páginas de periódicos cuando llega a Argentina, por ejemplo, mientras lamenta que Babelia no se hace eco de sus libros. “El pueblo soberano decide qué lee y por qué lee”, asegura Elísabet Benavent. "¿La literatura comercial está denostada? Sí, pero no me quita el sueño. Lo importante es que la gente adquiera el hábito y en sus gustos nadie debería meterse. Yo no espero la palmadita en la espalda de la crítica".

Ildefonso Falcones cree que hay “rencillas e incompatibilidades por parte de autores que no alcanzan esas ventas y reaccionan con esa autodefensa”. Posteguillo asegura que el error está en identificar lo popular, lo que gusta a mucha gente, como significativo de que es malo y recuerda autores que han sido muy populares en su tiempo y excelentes a la vez, como Lope de Vega o Shakespeare.

El profesor Viñas describe cómo algunos autores se molestan porque el capital económico logrado con sus libros no tiene nada que ver con el capital simbólico que no se mide con dinero o fama, sino con un prestigio que solo pueden conceder los expertos, los de la tribu. "Está claro que los agentes con poder de consagración en el mundo literario consideran que los best sellers son cuerpos extraños y habría que expulsarlos. Son los 'mercaderes en el templo de la literatura', en palabras de Germán Gullón".

Esos “mercaderes en el templo” nos traen estos días barcos hundidos en la costa gallega con sus misterios (Oruña), cortes medievales (Falcones) o emigrados del protectorado francés de Argel (Dueñas) como antes nos trajeron espadachines, romanos a diestro y siniestro y un impulso exorbitado a la imaginación. Y a la industria. A disfrutarlo. Y, como escribió Murakami, quien quiera competir, que salte al ring y lo intente.

Dos programas educativos que están bajando al mínimo el fracaso escolar en España

 Dossier sobre dos programas educativos que bajan al mínimo el fracaso escolar, al parecer

Los dos programas educativos que están bajando al mínimo el fracaso escolar en España (y al principio generaron rechazo), en El País, por Ignacio Zafra, Reinosa -18 de abril de 2025:

La FP básica y la diversificación curricular fueron mal recibidas por la izquierda y la derecha respectivamente. Ahora todas las comunidades apuestan por ellos.

En las frías calles de Reinosa están preocupadas por Donald Trump. Como en medio mundo, pero más que la media. La población del sur de Cantabria vive en gran medida de una gran factoría siderúrgica, que los vecinos siguen llamando la Naval o simplemente “la fábrica”, aunque su nombre ahora es Forgings & Castings. Sobre ella, sobre el municipio, y sobre toda la comarca sobrevuela el temor al impacto de los aranceles al acero aprobados por Estados Unidos. Del tema se habla aquí en todas partes, también en el instituto público Montesclaros, un centro de referencia en los estudios de Formación Profesional vinculados a la industria, implantados hace medio siglo. Los chavales hacen prácticas en la factoría, y muchos cuentan con trabajar en ella, como sus padres y abuelos. Son en cierta forma, afirma su director, “hijos de la fábrica”, que tiene cerca de 700 empleados, 900, si se le suma la escisión que mantiene el anterior nombre de Sidenor, lo que equivale a más del 10% de los 8.570 habitantes de Reinosa.

De los 670 estudiantes del instituto Montesclaros, 200 cursan FP en alguno de sus tres niveles. Uno de ellos, Eder, es un ejemplo del cambio que está experimentando el grado básico, el primer peldaño de la Formación Profesional. De ser la opción a la que los institutos mandaban a los chavales que iban mal para que pudieran terminar la ESO (que sigue siendo la razón principal para que lleguen a sus aulas), a ser una vía en la que los propios alumnos también pueden solicitar adscribirse porque prefieren una enseñanza más práctica. Para ello deben cumplir algunos requisitos, como tener 15 años, la edad de Eder. "Aquí hay clases teóricas, pero también vamos al taller. Es más entretenido que estar en clase todo el día", afirma. Cuando acabe los dos cursos que duran el grado, el adolescente espera hacer el grado medio y el superior de Mecanizado. Y después, entrar a trabajar “en la Naval de Reinosa”, como su padre y su hermano. A la espera de los efectos que pueda tener la guerra comercial declarada por Estados Unidos, su expectativa no es descabellada. La inserción laboral de los graduados en FP en los Montesclaros ronda el 90%, asegura el jefe de estudios Antonio Díez, y uno de los problemas con los que ha de lidiar el profesorado es que muchas veces los contratan antes de acabar el ciclo superior. La relación con el tejido industrial de la zona es tan cercana que a veces son los técnicos de las fábricas los que se acercan a los modernos talleres del instituto a reparar la maquinaria.

La FP de grado básico generó inicialmente rechazo entre la izquierda. Del mismo modo que los programas de diversificación curricular ―que van dirigidos a chavales con dificultades de aprendizaje e implican una adaptación de los contenidos― lo hicieron en las filas de la derecha. Ambas vías educativas se han convertido, sin embargo, en claves para reducir el fracaso escolar en España ―sobre todo entre los chicos, que son los que más fracasan―.

El país ha rebajado su tasa de abandono escolar temprano (jóvenes de 18 a 24 años que tienen como mucho la ESO y no están estudiando) al mínimo histórico del 13%, cuando en 2014 era del 22%, y en 2004, del 32%. Y ha elevado al 80% el porcentaje de la población entre 20 y 24 años que ha terminado, al menos, la enseñanza secundaria postobligatoria (Bachillerato o FP de grado medio) cuando en 2014 solo llegaba al 66%, y en 2004, al 61%. En ambos casos, aunque ha mejorado, el alumno extranjero presenta peores datos (en abandono educativo temprano, el 29,5%). Cantabria tiene la menor tasa de abandono (5,5%) después del País Vasco (5%). Y el mayor porcentaje de jóvenes de 20 a 24 años que han terminado al menos la secundaria superior (90%, como Euskadi).

En paralelo a la reducción del fracaso escolar, el alumno de FP básica ha aumentado un 32% desde su implantación en 2015, casi el triple de lo que ha crecido el número de estudiantes de la ESO, hasta rozar los 62.000 (aunque solo el 56% logra terminar los estudios). Y en el primer año de su reimplantación, un 8% de los chavales de tercero de la ESO estudiaban en el programa de diversificación curricular.

La FP básica generó inicialmente recelos en la izquierda por ser segregadora. En parte porque, con el primer diseño que hizo el PP, terminarla no suponía obtener el título de la ESO, recuerda Alonso Gutiérrez, responsable del gabinete de estudios de la Federación de Enseñanza de CC. OO. Cataluña, por ejemplo, rehusó implantarla, y su peso en los centros educativos catalanes ha sido testimonial hasta ahora; algo que la Generalitat, presidida por el socialista Salvador Illa, ha decidido cambiar, doblando, hasta las 2.000, el número de plazas de nuevo ingreso el curso que viene.

Los programas de diversificación curricular no agradaban al PP, que en la anterior ley educativa los reorganizaba situándolos en segundo y tercero de la ESO (en vez de en tercero y cuarto, como estaban hasta entonces). Ello hacía que los chavales se reincorporasen a la ESO ordinaria en el último curso, con lo que muchos se estrellaban y no lograban titularse. Tras la aprobación de la Lomloe y la vuelta al esquema de cursos original, el porcentaje de alumnado matriculado en dichos programas ha aumentado rápidamente hasta doblarse al que había con la normativa del PP. Y cuatro de las cinco autonomías donde más peso ha alcanzado la diversificación están gobernadas por el PP (Canarias, Extremadura, La Rioja y Andalucía; en la quinta, Castilla-La Mancha, están los socialistas).

Casi todos siguen estudiando

Moisés Sánchez, 39 años, da clase de diversificación, en el ámbito ―la agrupación de asignaturas que caracterizan al programa― lingüístico-social del instituto público Az-Zait de Jaén. "La principal diferencia con los grupos ordinarios es que aunque todo el alumno debería tener una atención personalizada, con estos estudiantes es aún más importante, y eso solo se puede conseguir con ratios pequeñas. Yo tengo nueve alumnos cuando en una clase estándar tendría 27". La dedicación que exige una enseñanza más competente, en el que todos los contenidos están ligados a la vida real, hace que el esfuerzo sea, con todo, mayor que en una clase ordinaria, asegura. Como también lo es la satisfacción, mientras que aquí el porcentaje de éxito se acerca al 100%, y la mayoría continúa estudiando un ciclo medio de FP”.

El grado básico de FP sigue recibiendo críticas por segregador, aunque cada vez menos. “Mientras haya un profesor, una familia o un estudiante que piense que la Formación Profesional de grado básico es peor estaremos siendo tan catetos como cuando pensábamos que la Formación Profesional en su conjunto era una vía de segunda con respecto al Bachillerato y la universidad”, afirma la ex secretaria general de FP Clara Sanz. "Los estudiantes de grado básico adquieren las mismas competencias de salida que en la ESO y, además, obtienen un primer título profesionalizante. Y no es para los malos estudiantes, sino para aquellos que no quieren una vía tan académica, sino que prefieren aprender haciendo".

II

España reduce al mínimo histórico el abandono educativo gracias a la FP y los programas de refuerzo, en El País, por Ignacio Zafra, Valencia -28 de enero de 2025:

El país mejora, con una tasa del 13%, el nivel alcanzado durante la pandemia, cuando las restricciones sanitarias paralizaron la hostelería, llevando a muchos jóvenes de 18 a 24 años a volver a estudiar

España ha reducido a su mínimo histórico la tasa de abandono escolar temprano, esto es, el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que ha abandonado los estudios sin haber obtenido al menos un título de Bachillerato o de FP. La tasa se situó en 2024 en el 13%, según ha informado el Ministerio de Educación con datos del Instituto Nacional de Estadística. El indicador mejora siete décimas respecto al año anterior y supera la frontera del 13,3% fijada en 2021, en plena pandemia del coronavirus , cuando las restricciones sanitarias impuestas en sectores económicos que suelen contratar a jóvenes cualificados, como la hostelería, impidieron a muchos de ellos trabajar y, en un efecto no previsto de la covid, les impulsaron a volver a estudiar.

El dato confirma, de un lado, la extraordinaria transformación que ha experimentado España, tanto a nivel formativo como económico, en las últimas dos décadas. Hace 20 años uno de cada tres jóvenes españoles de dicha franja de edad había dejado los estudios teniendo, como mucho, el título de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). La reducción del abandono tiene, además, el mérito de coincidir con un buen momento del empleo; Durante mucho tiempo, la tasa mejoraba en periodos de crisis y volvía a subir cuando la economía se reactivaba. “Desde 2018 hemos reducido la tasa en cinco puntos y, lo que es más importante, hemos dado oportunidades de formación a los jóvenes de nuestro país para mejorar sus vidas y su futuro”, ha escrito en X la ministra de Educación, Pilar Alegría.

El abandono presenta grandes diferencias por género; en las mujeres es del 10%, mientras que en hombres alcanza el 15,8%. Y también por territorios: País Vasco y Cantabria tienen tasas del 5% y el 5,5% respectivamente, mientras que al otro extremo se sitúan Murcia, con el 18,2%, y Baleares, el 20,1%. Entre ellos se encuentran Navarra (9,9%), Asturias y Madrid (10,5%), Castilla y León y Galicia (10,8%), Aragón (11,9%), Comunidad Valenciana (12,9%), Extremadura (13%), Canarias (13,1%), Cataluña (13,7%), Castilla-La Mancha (14,6%), Andalucía (15,5%), y La Rioja (17%).

Al mismo tiempo, el dato plantea cuestiones menos optimistas. Pese a su gran mejora, España sigue siendo el segundo país de la UE con más abandono solo por detrás de Rumanía. Y está lejos no solo de miembros de la Unión históricamente más desarrollados, como Países Bajos (6,2%), sino de otros más parecidos, como Portugal (8%). La evolución de la tasa de abandono española en los años recientes muestra, además, lo difícil que resulta, llegado a un punto, continuar reduciéndola con rapidez. A medida que se van realizando mejoras educativas de, digamos, alcance general, el porcentaje de los adolescentes que siguen abandonando sin tener una titulación que les permita afrontar con un mínimo de garantías el mundo del trabajo, se va concentrando en perfiles sobre los que resulta más complejo actuar por pertenecer, por ejemplo, a entornos próximos a la exclusión social o presentar otras dificultades específicas. “Los jóvenes procedentes de hogares con bajos niveles de estudio prácticamente cuadriplican la media del abandono educativo prematuro en España”, afirma el sociólogo Miguel Ángel Alegre, jefe de proyectos de la Fundació Bofill. Atender a los colectivos más desfavorecidos exige políticas de refuerzo educativo que, en muchos casos, deben ir acompañadas de otras medidas de carácter social.

La mayor dificultad para reducir el abandono a partir de cierto punto se observa también en la evolución del conjunto de la Unión Europea. En 2014, España tenía una tasa de abandono del 21,9%, y la ha reducido desde entonces en un 40%. En el mismo periodo, la UE, que partía de una situación mucho mejor (11,1%), la ha reducido un 14,4% (hasta el 9,5%, si bien el dato corresponde a 2023 porque el de 2024 todavía no se ha publicado). La disparidad entre los países europeos es, por otra parte, elevada, y ofrece algunos resultados inesperados. La menor tasa de abandono en la UE se da, por ejemplo, en Croacia (2%, seguida de Irlanda, con el 4%). Mientras que la locomotora económica europea, Alemania, presenta un nivel mucho peor, del 12,8%, que ha aumentado un 35% entre 2014 y 2023.

Miguel Recio, que ha sido director de instituto y ha ocupado diversos puestos educativos, entre ellos el de responsable del gabinete de estudios de la federación de enseñanza de CC OO, señala que el hecho de que los chavales sigan estudiando y no abandonen dependen en gran medida de una serie de condiciones educativas, como tener el título de la ESO, que haya plazas gratuitas de FP y Bachillerato, o programas para el alumno extranjero de incorporación tardía. “Y estos factores presentan en España resultados en clara mejora: menos repetidores y más graduados con ESO, más plazas públicas de FP, más programas de apoyo y refuerzo para estudiantes en desventaja... lo que ayuda a bajar esta tasa ya compensar el crecimiento del alumnado extranjero, que entre el curso 2018-2019 y el 2023-2024 fue del 52,6% en la ESO”.

Recio se refiere al hecho de que el abandono educativo de los chavales extranjeros casi triplica, con datos de 2023, el de los autóctonos ―debido, en buena medida, al solapamiento que a menudo se produce entre alumnado extranjero y estudiantes de hogares socioeconómicos y culturalmente desfavorecidos, así como de la dificultad derivada del idioma―. De los 127.813 estudiantes que la ESO ha ganado en los últimos cinco cursos (lo que representa una subida del 6,5%), 92.077 (el 72%) tenían nacionalidades distintas a la española. Recio cree que el éxito de que pese a ello haya una proporción cada vez mayor de adolescentes y jóvenes que siguen estudiando está relacionado con las políticas del Ministerio de Educación, financiadas en buena medida con fondos de la UE, que han aumentado el número de plazas de FP y han puesto en marcha programas de refuerzo como el PROA+.

Un mercado laboral más exigente

Junto a dichas mejoras educativas, entre las que Ainara Zubillaga menciona también el hecho de que los docentes gestionen cada vez mejor la diversidad de las aulas y los centros educativos aborden de forma cada vez más colectiva el desafío de su alumno en riesgo de fracaso escolar, la directora de Educación de la Fundación Cotec considera clave el cambio productivo experimentado por España en los últimos 20 años. "La realidad del mercado laboral que llevó en 2004 a tasas tan elevadas de abandono educativo temprano, como la burbuja inmobiliaria, ya no está. Ahora tenemos un mercado laboral que, teniendo muchos defectos, está mucho más orientado al conocimiento, tiene un alto componente de digitalización, y plantea una mayor exigencia formativa. Ya no es tan sencillo esto de: 'abandono el sistema educativo y encuentro algo en lo que trabajar".

España, prosigue Zubillaga, está transformando su tradicional estructura formativa en forma de reloj de arena ―con un porcentaje importante de población con educación superior y otro igualmente destacado de personas sin apenas estudio― gracias al desarrollo de la parte media, que es la vinculada a la cualificación profesional. “Creo que la diversificación que ofrece la Formación Profesional, desde la Básica ―pensada para que los chavales que van mal terminen la ESO― hasta los ciclos formativos medios y la superior, es una de las claves que están cambiando el escenario”.

III

La gran vía de rescate educativo funciona a medio gas: solo la mitad de los alumnos que empiezan una FP Básica consiguen el título, en El País, por J. A. Aunión, Madrid -18 de noviembre de 2022 

En Madrid y en Asturias son poco más de dos tercios los que aprueban los dos cursos de estos ciclos cuatro años después de empezar. Los profesores reclaman especialización y ratios más bajas.

La formación profesional de grado básico es la principal vía de rescate para aquellos alumnos de secundaria que tienen más papeletas para llegar al final de la educación obligatoria (16 años) sin título alguno. Tras años de ajustes en su diseño (con algún que otro cambio de nombre), estos ciclos han alcanzado un formato de dos cursos , combinando enseñanzas más académicas con las profesionales, que numerosos especialistas consideran ya bastante adecuado. Sin embargo, ya pesar de la mejora paulatina de las cifras, sigue arrastrando una gran losa: la mitad de los chavales que los empiezan —a los 15, 16 o, excepcionalmente, a los 14 años— no consigue acabarlos con éxito, es decir, con el título profesional y el de secundaria obligatoria que les permitiría seguir estudiando una FP de grado medio o, si lo prefiere, el Bachillerato .

Así se desprende de las últimas estadísticas del Ministerio de Educación, que señalan que de todos los alumnos que comenzaron una FP Básica en el curso 2016-2017 , únicamente el 49,3% había conseguido graduarse cuatro años después. “El resto se puede considerar, casi con toda seguridad, abandono; es casi imposible que alguien lo consiga pasados ​​cinco o seis años”, explica la catedrática de Pedagogía Aplicada y Psicología de la Educación de la Universidad de las Islas Baleares Francesca Salvá Mut. El resultado, en todo caso, es muy parecido al que pudo observar ella misma entre los alumnos de FP Básica de Mallorca que empezaron en 2015-2106; el 54,6% había abandonado después de tres años.

Investigadores como Salvá Mut y profesores de a pie de esta etapa, como Ismael Colino, explican que el objetivo de estos programas no es nada fácil, pues se trata de reenganchar en el sistema a unos adolescentes que suelen presentar grandes desfases curriculares y un fuerte rechazo hacia lo académico. Y precisamente por eso echan en falta los recursos necesarios para poder sacar adelante. Para empezar, reclaman clases pequeñas: “Es necesario bajar las ratios [el número de alumnos por profesor] ​​para que se pueda trabajar con los estudiantes de una manera más personalizada”, reclama Luis García Domínguez, director del instituto Puerta Bonita de Madrid y presidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional-FPEmpresa.

De hecho, aunque la estadística no permite establecer una relación directa entre las ratios y los resultados de los estudiantes de FP de grado Básico en todas las autonomías, lo cierto es que la comunidad que tiene más alumnos por clase en estas enseñanzas (una media de 17 entre los cursos 2016-2017 y 2019-2020) es la que también presenta la peor tasa de éxito en esta estadística elaborada por el ministerio: 37,3%. Se trata de la Comunidad de Madrid. La siguiente en la lista es Asturias, con un 38,7%, pero con una ratio, esta vez, ligeramente por debajo de la media: 11,25 estudiantes por clase.

Preguntada la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid por estos datos, un portavoz responde que, como la estadística de los resultados en FP Básica es “incompleta” —faltan los datos de Cataluña y Murcia, y los de la Comunidad Valencia no son representativos para el curso 2019-2020—, la comparación entre comunidades les parece “injusta”. Sobre la ratio de alumnos por aula en estos estudios —estadística que sí está completa, con todas las comunidades, y deja igualmente a Madrid al final de la cola— , señala que sus números cumplen con la ley.

Un portavoz de la consejería asturiana, por su parte, explica que los datos de abandono en FP Básica corresponden a los primeros pasos de estos ciclos (que sustituyeron a la versión anterior, los Programas de Cualificación Profesional Inicial que constaban de un curso obligatorio y otro voluntario) y que ahora los resultados han mejorado. Además, recalca que Asturias tiene una de las tasas de titulación en la ESO más altas de España, lo que “supone que hay poco alumnado susceptible de matricularse en los grados de FP Básica, y esta está poco desarrollada en el Principado”. Lo cierto es que por cada 100 alumnos asturianos de 3º y 4º de ESO, hay cinco en FP de grado Básico, la proporción más baja de toda España, con una media de 8 estudiantes de estos programas por cada 100 matriculados en el segundo ciclo de secundaria obligatoria.

En el siguiente gráfico se compara, en todas las comunidades con datos de resultados en la estadística ministerial, la tasa de éxito de los alumnos que comenzaron un ciclos en 2016, la media de estudiantes por unidad de ese curso y de los tres siguientes, y la proporción de jóvenes matriculados en la FP de grado básico con respecto a los que están en los dos últimos años de la ESO.

En todo caso, hay factores cruciales que pueden marcar la diferencia en estos programas, pero que se escapan a las estadísticas. Por ejemplo, la implicación de los profesores y su preparación para atender unas clases que en muchas ocasiones tienen más que ver con intentar que los alumnos recuperen la autoestima, que adquieran unos compromisos y unos hábitos básicos de trabajo y recuperen la confianza en las bondades de tener unos estudios, que con los contenidos concretos de las materias o incluso los rudimentos básicos para ejercer tal o cual oficio.

Primer objetivo: “Que sean responsables”

“Hay casos y casos, claro, pero estamos hablando de chavales que muchas veces son incapaces de ser puntuales, tienen algunos problemas de gestión de la ira, no consiguen mantener un compromiso a medio, largo plazo… Nuestro primer objetivo en FP Básica es que adquieran ese compromiso, que sean responsables”, explica Colino, profesor del ámbito profesional del área de Electrónica en el instituto público Leonardo Da Vinci de Madrid. Y añade: "Los profesores técnicos de FP tendríamos que tener un refuerzo para enseñar en estos ciclos. Venimos de una bolsa de trabajo en la que nos puede tocar grado Básico, pero también FP de grado medio o superior y no tiene nada que ver. Tenemos conocimientos avanzados en la materia, pero carencias en el lado de las competencias pedagógicas y psicológicas".

Luis García Domínguez va más allá, y reclama esa especialización también para los docentes que imparten las materias comunes. "Es necesario tener profesores con capacidad de acercamiento a la persona, que trabaje codo con codo, que desarrollen su pedagogía de manera activa, trabajando por retos o proyectos. No es idóneo cualquier profesor, sino aquel que comprenda la situación", insiste. Precisamente por eso, añade, esos docentes deberían ver reconocido su esfuerzo tanto en carga lectiva, con menos horas de clase, como económicamente. “Necesitamos profesores excelentes, pues son los estudiantes con más necesidades”, remata.

La gran criba, según la experiencia de Colino, se produce en el primero de los dos cursos que conforman los ciclos de FP de grado básico. Una percepción que coincide con las investigaciones de Salvá Mut —que dicen un 21,6% de los alumnos mallorquines había pensado abandonar a los 2 o 3 meses de iniciar el curso; que 31,9%, de hecho, lo dejó entre 1º y 2º, y otro 22,7% hizo lo mismo más tarde— y da una de idea de adónde podrían los esfuerzos de mejora. También coinciden impresiones a pie de aula e investigación en otro punto: “Los alumnos que están estudiando una especialidad que no es la que preferían, sino en la que pudieron entrar, tienen muchas más posibilidades de abandonar”, señala la catedrática. Y Colino añade: “Hay chavales que igual preferían peluquería, pero acaban viniendo a electrónica porque les pillaba más cerca de casa o porque su familia insistió en que tiene más salidas laborales... Esos chicos al final se matriculan, pero sin interés”.

Oferta de oferta

La falta de oferta de cursos de FP básica, en unas edades en las que los desplazamientos largos pueden generar rechazo o, directamente, reducir las posibilidades de elección, ha sido señalada también en distintas investigaciones entre los problemas de estas enseñanzas. De los 4.643 centros públicos que imparten secundaria, un poco más de la mitad, 2.341, ofrecían en el curso 2020-2021 estos ciclos, según los datos de Educación. Y solo lo hacen un 20% de los concertados.

Colino recuerda que muchos de los chavales que abandonan la FP de grado básico acaban, tarde o temprano, matriculados en los centros de educación de adultos; algunos, de hecho, pasan directamente. Algunos de ellos conseguirán finalmente obtener el título de ESO y una parte probablemente seguirá avanzando en sus estudios, pero muchos otros no. El 22% de los jóvenes españoles de 25 a 34 años tiene solo el título obligatorio y otro 5,5% se quedaron por el camino antes de conseguirlo.

IV

De estar condenado al fracaso escolar a estudiante universitario: “Éramos lo peor del 'insti', pero tuve la suerte de encontrar algo que me gustó”, en El País, J. A. Aunión, Santibáñez el Bajo -22 ago 2022:

El cacereño Saúl Barroso cuenta su trayecto desde el programa de enseñanza profesional alternativa a la ESO a la carrera de Magisterio

A Saúl Barroso, un joven cacereño de 24 años, le llegó “la edad del pavo un poco fuerte”. Cuenta que un día, en el instituto, él y otro compañero descolgaron la pizarra de la clase y la tiraron por la ventana. Entonces, entre sanciones y suspensos, con 13 y 14 años, ni se le pasaba por la cabeza la posibilidad de estudiar una carrera. Pero ahí está, una década después, terminando Magisterio. Ha llegado a ese punto por el camino largo, el que lleva de los cursos alternativos a la ESO, pensados ​​para los chavales en serio riesgo de fracaso escolar, a la FP de grado medio, de allí a la FP de grado superior y, finalmente, a la universidad. El caso de Saúl es poco común, pero da la razón a quienes llevan años defendiendo que los caminos educativos alternativos, para aquellos que no encajan en el esquema general , no deben cerrar ninguna puerta, sino que, muy al contrario, han de facilitar que el que quiera pueda seguir avanzando en sus estudios.

Barroso se matriculó en un PCPI (programa de cualificación profesional inicial, así se llamaban estos cursos, hoy es la FP de grado básico) de jardinería, después de repetir el segundo curso de la secundaria obligatoria, la ESO. Fue por decisión de su padre, profesor y educador social del mismo instituto en el que estudiaba, el Gabriel y Galán, en el municipio cacereño de Montehermoso.

Allí dio clases Rubén Gonzalo en estos programas alternativos (hoy lo sigue haciendo) que ofrecen los rudimentos básicos de un oficio a la vez que se avanza en las materias instrumentales de lengua, matemáticas y ciencias. “Cuando llegan, les preguntan qué saben hacer, en qué son buenos, y la mayoría responde: 'En nada”, explica Gonzalo. “Así que, lo primero que hay que conseguir es que recuperen la autoestima y, después, la emoción y las ganas de aprender”, añade.

Entre los últimos coletazos de esa violenta edad del pavo, los padres de Saúl tuvieron que pelear mucho aún para que terminara los dos cursos del programa. "Éramos lo peor del insti los que estábamos allí, la gente problemática. La verdad es que a mí me resultó fácil aprobar", cuenta Barroso.

Todo, tanto lo académico como lo profesional, está adaptado en estas enseñanzas a un alumno que llega con importantes carencias de aprendizajes previos y graves problemas de actitud. Y por ahí vienen algunas de las críticas que se vierten contra ellas desde su creación hace más de tres lustros : que, casi regalados, estos títulos se pueden convertir en puertas falsas para acceder a cada nuevo escalón educativo, devaluando el sistema en general. Por el lado contrario, el otro gran reproche es el de quienes creen que se trata de vías de segregación para quitarse de encima a los alumnos más difíciles.

Las cifras, en todo caso, apuntan más hacia posibles problemas de segregación, de los que advierte el profesor de la Universidad del País Vasco Pello Aramendi (el 16% de los alumnos de FP básica son extranjeros, mientras que son el 9,8% en la ESO), que al coladero que temen algunos. De media, se deriva a la FP básica en torno al 8% de los alumnos, según las últimas cifras del Ministerio de Educación. De ellos, lo terminan poco más de la mitad.

Jesús Alemán Falcón y María A. Calcines Piñero, especialistas del grupo de investigación de Educación Inclusiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria , defienden lo que consideran una buena herramienta que, con las adaptaciones y mejoras que se han ido introduciendo, “refuerza la equidad del sistema educativo e incrementa su capacidad inclusiva”.

El último cambio normativo establece que los que lo aprueban consiguen automáticamente el título de la ESO; hasta hace dos años, pude obtener ese diploma, pero solo si los profesores consideraban que el chaval había alcanzado un nivel equivalente al de la secundaria obligatoria; si no, el título de FP básica daba acceso al grado medio, pero no al bachillerato. Sin cifras oficiales sobre unos y otros, lo cierto es que el 61,8% de los titulados en un grado básico hace cuatro cursos se matricularon inmediatamente en el siguiente escalón de la FP (algo más de 11.000 personas) y un 1,2% en bachillerato (unas 230 en toda España).

Cuando Saúl Barroso empezó a estudiar un grado medio en Plasencia (se desplazaba cada día desde su pueblo, Santibáñez el Bajo, a 27 kilómetros), él era el único que llegaba desde un ciclo básico (el resto se había sacado la ESO por la vía ordinaria). Empezó, de nuevo, empujado sobre todo por la presión paterna. Pero en un ámbito que ya había elegido él mismo y que le apasiona desde pequeño (era un ciclo de Técnico en Actividades Físicodeportivas en el Medio Natural), pronto empezó a sentir un impulso propio, una motivación nueva. "Tuve la suerte de encontrar algo que me gustó. La verdad es que me encantó —yo siempre he sido muy deportista— y me lo saqué a la primera. Y era duro, ¿eh?, nos exigían... Pasamos 10 o 12 de toda la clase", cuenta el joven.

En este punto ya se había animado del todo, así que la decisión de saltar después a un curso de Técnico Superior en Actividades Físicodeportivas fue ya plenamente suya. Como lo fue la idea que se le metió un poco más tarde en la cabeza: llegar a la universidad.

"Solicité plaza para Ciencias del Deporte en toda España, pero no me cogieron. Eché también para Fisioterapia, pero tampoco me daba la nota. Y en la tercera opción, Magisterio, es la única que me cogieron, así que me fui a Burgos, a pasar frío", bromea. Igual que el título de FP de grado medio da acceso directo al grado superior, este lo da a la universidad, pero compitiendo, con la nota media obtenida en el ciclo, por las mismas plazas en cada carrera contra los que llegan del bachillerato y la Selectividad.

Pueden presentarse a la EBAU, a los solicitudes voluntarios, para subir nota, pero Saúl lo descartó: “Ni me lo planteé. [Llevaba] desde segundo de la ESO sin dar muchas cosas…, no tenía base”. Confiesa que, después de cuatro años estudiando Magisterio en la especialidad de Educación Especial, ya falta de un puñado de asignaturas para terminar el próximo curso, lo que más le ha costado son las matemáticas y el inglés.

El profesor Rubén Gonzalo suele contar una historia personal a sus alumnos para animarles a saltar sin miedo de la FP a la universidad, como hizo él mismo: "El primer año lo van a pasar fatal, pero si aguantan, el segundo año van a ser de los mejores, en cuanto lleguen las asignaturas aplicadas. Eso me pasó a mí en Ingeniería [Técnica Agrícola]: del montón de abajo, pasé a sacar matrículas de honor, porque yo estaba harto de estar con los mecánicos". desmontando motores y mis compañeros no sabían ni lo que era un pistón”.

En el ámbito educativo, en el que las expectativas de los estudiantes y de sus familias influyen tanto, la falta de referentes puede convertirse en un problema grave, y más en un contexto que suma despoblación, aislamiento y falta de oportunidades. Saúl, sentado en la terraza de un bar de Santibáñez (un pueblo de 748 habitantes), repasa lo que han ido estudiando sus amigos y la mayoría se decantó en su día por la formación profesional; casi nadie se planteaba los estudios universitarios y, los que al final lo han hecho, han llegado, como él, a través de la FP. “Aquí hay poco trabajo y lo que hay es sobre todo en el campo”, explica el joven

Según las últimas cifras disponibles, el 65,3% de los alumnos que terminan la FP básica se matriculan en los tres años siguientes en un grado medio. El 47,3% de los graduados en estos últimos pasan al grado superior y un 26% da el último salto hasta la universidad . Sin estadísticas al respecto, es fácil suponer que serán muy pocos los que hayan hecho el camino completo, como Saúl.

En todo caso, aunque insiste en recordarles a sus alumnos que, si quieren abierto, tienen ese recorrido, Gonzalo reivindica la FP como fin en sí mismo, su atractivo propio por unas salidas laborales que, incluso, han hecho que cada vez haya más titulados universitarios estudiando grados superiores . "Yo quería dejar de estudiar porque me aburría. Y sacaba buenas notas. Al final me metí a la FP y me alegre cada día porque me cambió la vida", dice el profesor del instituto público de Montehermoso, un pueblo de 5.600 habitantes a 21 kilómetros de Santibáñez el Bajo.

Si es necesario que el profesorado de FP básica “conozca bien a sus estudiantes y muestre cercanía hacia los mismos”, como recalcan los especialistas canarios Alemán y Calcines, a Gonzalo no hace falta que se lo digan. Sabe perfectamente que sus alumnos “aprenden haciendo” y que en general solo hay que esperar un poco para que sientan la cabeza y quieran ya formarse para poder trabajar: “En cuanto se echan novia y se quieren sacar el carné del coche”.

Cada año, Gonzalo usa una herramienta que se llama “mapeo del territorio aula”. "Empiezo a preguntarles: ¿qué música te gusta? ¿Qué aficiones tienes? ¿Qué haces cuando sales de aquí? ¿Con quién vives, con tus padres, tus abuelos? Saco información muy buena. Por ejemplo, a mí no me gusta la pesca, pero al que le guste le pregunto que cómo están los lucios...", explica.

A Saúl Barroso le ha gustado siempre el boxeo y las artes marciales. Y cuando se le pregunta por su idea de convertirse en maestro, inmediatamente le viene a la cabeza un profesor de Educación Física que, en el instituto, le solía hablar del tema, le preguntaba, le daba folletos y artículos… “Se llamaba Javi y me motivó muchísimo, muchísimo. Siempre se paraba a hablar un ratito conmigo”. También se acuerda de Ángel Luis, el profesor de Anatomía del grado medio que estudió en Plasencia ―”tenía 50 años y era un armario. Controlaba muchísimo. Realmente captaba tu atención en las clases”―, de Mamen ―“una persona magnífica”―. Se queda pensando, y remata: “He tenido muchos buenos profesores, la verdad”.

V

Al campus desde la FP: el 13,2% de los estudiantes recién llegados a la universidad son titulados en ciclos superiores, en El País, por J. A. Aunión, Madrid -27 de junio de 2022:

Más de un tercio de los alumnos que terminan una formación profesional de grado superior en las ramas de actividades deportivas y servicios socioculturales se matriculan al año siguiente en un grado.

Los caminos que llevan hasta la universidad no son infinitos, pero sí variados. Aparte del recorrido clásico que pasa por el Bachillerato y la Selectividad , y de las más alternativas de las pruebas específicas de acceso para mayores de 25 y 40 años, el título de Formación Profesional de grado superior es desde hace años una importante vía de entrada. Este curso que está a punto de terminar, el 13,2% de los alumnos recién llegados a los campus procedían de la FP, la proporción más alta desde 2012-2013 (entonces fueron el 11,4%), el primer año disponible en la estadística facilitada por el Ministerio de Universidades.

De hecho, las también estadísticas apuntan a que una parte nada desdeñable de los estudiantes se plantean los estudios de FP superior, principalmente, como un peldaño en su camino hacia el campus: uno de cada cinco titulados se matricula en algún grado universitario al año siguiente de sacarse el ciclo de grado superior. Y la cifra supera ampliamente el tercio de los titulados en algunas ramas profesionales: en la de Actividades físicas y deportivas ha oscilado entre 2016 y 2020 del 34,4% al 39,9%; y en la de Servicios Socioculturales ya la Comunidad (donde se enmarcan ciclos como Técnico en Educación infantil o en Integración Social), del 37,6% al 38%, según los datos del Ministerio de Educación sobre el seguimiento de los graduados en Formación Profesional .

La FP superior ha superado ya hace años el estigma de enseñanza de segunda que tradicionalmente ha pesado sobre estos estudios. Lo ha conseguido en gran parte gracias a las perspectivas profesionales que abre ( el 22,7% de las ofertas publicadas en 2020 estaban dirigidas a estos titulados, según un informe de Adecco ) y las posibilidades que dan para seguir formándose, ya que sus ciclos, una vez aprobados, dan acceso directo a la universidad. Hasta 2010, en cada carrera se establecía un cupo reservado a los alumnos procedentes de la FP superior, pero desde entonces compiten con su nota media por las mismas plazas que los bachilleres recién titulados que llegan por la vía de la Selectividad. Los procedentes de formación profesional también pueden presentarse a los solicitudes voluntarios de la Evau para subir nota (ejercicios siempre sobre asignaturas de Bachillerato); el año pasado lo hicieron 21.597, un 70% más que en 2015 (12.774).

En todo caso, esa cifra no es la de todos los que llegan cada año a la universidad desde FP, pues quienes aspiran a una carrera con una nota de corte baja oa un campus privado (donde el aprobado es suficiente para entrar en la inmensa mayoría de los casos), se pueden ahorrar perfectamente la Selectividad. De hecho, en este curso que está a punto de terminar, entraron desde FP 45.839 estudiantes que supusieron ese 13,2% de todos los recién llegados. Cuando se eliminó el cupo reservado para la vía de acceso de FP, entre 2010 y 2011, el porcentaje saltó de un año para otro del 9,8% al 14,5% . Sin embargo, la cifra se estabilizó entre el 11% y el 12% hasta el año pasado, 2020-2021, el primero que arrancaba en mitad de la pandemia, que subió al 12,5%, para volver a crecer al año siguiente hasta el 13,2%. El responsable de FP de la Federación de Enseñanza de CC OO, Rodrigo Plaza, señala que detrás de esas cifras está con toda seguridad el aumento del número de aprobados (las Administraciones acordaron levantar la mano a la hora de evaluar para compensar las dificultades ocasionadas por las medidas de confinamiento) y el empeoramiento de las cifras del paro por la crisis sanitaria ; Si no hay empleo, parece mejor idea seguir estudiando que quedarse en casa.

Educación física, Magisterio y carreras sanitarias.

El detalle de la estadística oficial solo permite saber, por áreas de conocimiento y para las universidades públicas presenciales, a qué tipo de carreras se dirigen los titulados en FP. En todo caso, los datos cuadran con el ámbito de procedencia de los graduados, pues más de la mitad están en carreras de Ciencias Sociales y Jurídicas, donde se encuadran las titulaciones más relacionadas con los ciclos de Servicios Socioculturales ya la Comunidad y Actividades Físicas y Deportivas. De hecho, si bajamos más al detalle de la mano de un estudio en la Complutense sobre los alumnos de que empezaron la carrera en 2017, se puede ver que las cifras más altas de estudiantes nuevos que no venían del Bachillerato estaban en las facultades de Trabajo Social (39,7% del total) y Educación (25,3%). La Complutense no ofrece la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, conocida tradicionalmente como INEF.

Pero el proceso que conduce a este grado es algo que tienen perfectamente identificado desde hace tiempo en los centros de FP. Luis García Domínguez, director del Instituto Público Puerta Bonita de Madrid, presidente de la asociación FP-Empresa y miembro del Comité Español de la Asociación Europea de Centros de FP, lo explica así: “Son chicos que han venido de Bachillerato con una nota baja, o que llegan desde una FP de grado medio [a la que se accede después de la enseñanza obligatoria], a los que va a ser muy difícil entrar directamente en el grado de INEF y, de alguna manera, por este camino evitan la Evau”. Y añade: "También hay quien hace este tipo de ciclos deportivos que no quiere ejercer en este ámbito, sino acceder a una oposición de policía o de bombero. Pero al terminar, en un momento dado, se sienten con fuerzas y deciden seguir porque consideran que una carrera universitaria les va a abrir más puertas".

Tanto este ámbito como el de Servicios Socioculturales —“También es común estudiar el ciclo de educación Infantil para seguir después con Magisterio”, dice García Domínguez— comparten igualmente que su grado de inserción laboral no es tan alto como en otras ramas, añade. Otros ciclos en los que muchos alumnos empiezan con un ojo ya puesto en la universidad, termina, son los del ámbito sanitario. Con cifras más moderadas, las estadísticas también respaldan esta percepción: entre 23,7% y el 26,9% de los titulados entre 2016 y 2020 se matricularon al curso siguiente en la universidad. Y las cifras oficiales del ministerio señalan que el 17,8% de los recién llegados este curso a las carreras de Ciencias de la Salud de las universidades públicas presenciales procedían de FP.

En las privadas, de las que no hay cifras desagregadas, las proporciones podrían ser incluso mayores en algunos ámbitos, teniendo en cuenta que la nota media de acceso no suele ser un problema y que muchos de estos campus son menos reticentes que los públicos a convalidar, como contempla la ley, una parte de lo aprendido ya durante los estudios de FP. “Mientras en las universidades públicas el promedio se sitúa entre 15 y 26 créditos reconocidos (con un máximo de 54 créditos en una titulación), las universidades privadas se mueven entre 36 y 39 créditos, llegando en una de ellas a los 90 créditos”, dice un trabajo coordinado en 2020 por el profesor emérito de la Politécnica de Madrid Francisco Michavila bajo el título La relación entre la Formación Profesional y la Universidad .

De hecho, cada vez más campus privados que ofrecen títulos de FP de grado superior a través de fundaciones señalan de antemano vías consecutivas de ciclos de FP y carreras con las correspondientes convalidaciones, apunta Rodrigo Plaza. Entre las recomendaciones del trabajo de Michavila, está la de “establecer criterios objetivos para que las universidades y centros de FP de grado superior determinen las materias y el alcance de los reconocimientos” y, en general, buscar fórmulas claras de convalidaciones tanto para los titulados de ciclos formativos que cursan una carrera como para los titulados universitarios que estudian FP superior, que también los hay .

martes, 15 de abril de 2025

Entrevista a Beatriz Montáñez, una ermitaña escritora manchega

 Beatriz Montáñez: “Necesitaba averiguar quién era”, en Zenda, 9 ene 2023 / entrevista por Miguel Ángel Santamarina 

Christopher Johnson McCandless estaba harto y decidió romper con todo. Dejó a una familia con la que no se identificaba, donó sus ahorros a una ONG y puso rumbo a Alaska para cumplir su sueño: sobrevivir solo en plena naturaleza. Jon Krakauer contó su historia en Hacia rutas salvajes (Into the Wild), un libro convertido en guía espiritual para los jóvenes que años más tarde quisieron repetir esta aventura pese a su desgraciado final. Beatriz Montañez había conseguido un importante reconocimiento profesional, como periodista y guionista de cine y televisión, pero tenía una herida que debía cicatrizar, y para lograrlo ella también debía estar sola. McCandless se escondió en un viejo autobús abandonado de la compañía Fairbanks y Beatriz encontró su refugio en medio del bosque, en una casa derruida. Montañez comenzó a escribir, y la carne abierta se fue cerrando a cada nuevo párrafo. El vacío se llenó definitivamente cuando publicó Niadela (Errata Naturae, 2021), un sincero ejercicio de nature writing, que Harper Collins acaba de convertir en novela gráfica, ilustrada por Ángel Sánchez Trigo y Jorge García García.

Hablamos con Beatriz Montañez de heridas profundas que acaban sanando, de máscaras, de Ralph Waldo Emerson y de chimeneas que revocan. De fondo, suenan los versos de “Society” —Society, you’re a crazy breed, I hope you’re not lonely without me—, la canción que Eddie Vedder (Pearl Jam) compuso para la adaptación cinematográfica que Sean Penn hizo de la novela de Krakauer.

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—Fama, popularidad, éxito profesional… De cara a la galería su vida parecía idílica, pero había algo que no funcionaba. ¿De dónde sacó el valor para dar ese volantazo?

"Me sentía encorsetada en un personaje que no era yo, que los demás habían definido cómo debía ser"

—Fama es una palabra que no me gusta. Cuando alguien aparece en la televisión y es conocido se le llama famoso. Pero esa es una definición con la que no me siento cómoda. La fama para mí era un lunar en la nariz que todo el mundo veía menos yo. Porque seguía siendo exactamente la misma y teniendo los mismos amigos que veinte años atrás. Después de salir en televisión, mi vida cambió bastante poco a nivel personal. Sí que lo hizo a nivel público. Hay personas a las que les agrada que les reconozcan por la calle, en los restaurantes, pero a mí me crea incomodidad. Porque pienso que el hecho de salir en televisión no es algo que haya que aplaudir. Partiendo de esa definición de “fama”, entre comillas, te diría que puedes tener prácticamente todo, o pensar que lo tienes prácticamente todo, y que te falte lo más importante. Yo me di cuenta de que lo más importante era yo misma, y que en ese momento yo no tomaba decisiones: me estaba dejando llevar por las circunstancias. Me sentía encorsetada en un personaje que no era yo, que los demás habían definido cómo debía ser. Utilizo la palabra “personaje”, que viene de “persona”, cuya etimología es “máscara”. Esa falta de identidad me empezó a causar estragos. Me cuestionaba cómo debía hacer las cosas para no defraudar a los demás. Eso me llevó a tomar una decisión: necesitaba averiguar quién era. Me identifico con la frase de Fritz S. Perls: “No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en este mundo para llenar las mías”. Entonces un día, por necesidad más que por valor, me dije “basta ya”. Tenía que recuperarme a mí misma.

—”Ayer soñé que regresaba a Niadela…”. Ese homenaje a la novela de Daphne du Maurier, con el que empieza tu libro, encaja muy bien con ese ambiente fantasmagórico que supone irse a vivir sola en medio de la nada. ¿Por qué ese comienzo emulando a Rebeca?

—El comienzo de Rebeca me parece magistral. Es muy onírico. Habla de un regreso. En mi caso, ese “ayer soñé que regresaba a Niadela…” habla de un regreso a quien soy. En el libro, y la película, ella habla de un regreso al lugar que la hizo. Y esa vuelta es un sueño. El subconsciente, como bien dice Jung, trata de devolverte la imagen de quién eres. El usar ese comienzo en mi obra me ayudaba a volver. Al principio de manera onírica, y luego de manera física, a la persona que yo había sido, y que de alguna forma había dejado de ser por encajar, por gustarle a los demás.

—Hay unos cuantos guiños literarios en su obra. En la versión gráfica la vemos leyendo el Walden de Henry David Thoreau. ¿Cuánto hay de nature writing en su libro? ¿Ha sido algo buscado o ha surgido al confesarte mientras escribías tu obra?

—Ha sido algo absolutamente buscado. Tenía unas premisas ciertas, radicales y concretas, de lo que quería escribir, lo que hacía que fuese extremadamente difícil lograrlo. Tenía muy claro que debía ser un auténtico ejemplo de nature writing, más cercano a Emerson —que para mí es su mejor ejemplo— que a Thoreau. Quería mostrar cómo la apreciación de la naturaleza me transformaba y llegaba a entenderla mejor. En Walden creo que no hay una transformación de Thoreau, sino más bien una afirmación de lo que él siente por la naturaleza. En los ensayos de Emerson sí que ves ese cambio, esa comprensión del mundo que le rodea. Quería que fuese —y creo que ha sido— el primer libro de nature writing puro publicado en España. Este es un género que no tiene que ver con obras sobre la naturaleza o la gente que va a vivir al campo, sino con la transformación que atraviesa el hombre en la naturaleza. En este caso la mujer.

 —En su obra hay una búsqueda de redención. Para poder salvarse debía curar una herida profunda. ¿Lo ha logrado?

"La escritura es el mejor proceso psicológico. La palabra es sanadora. Para curarte tienes que poner por escrito lo que sientes"

—Sí. Lo he conseguido. Igual que les ha ocurrido a otros escritores. Estos primeros libros, como también le pasó a Paul Auster, por ejemplo, sirven para lidiar con tus propios fantasmas. En La invención de la soledad él sacó a relucir asuntos familiares que permanecían a oscuras hasta ese momento. La escritura es el mejor proceso psicológico. La palabra es sanadora. Para curarte tienes que poner por escrito lo que sientes. Esta es también una manera de organizar tus pensamientos. Desde que tengo uso de razón, y dinero suficiente (ríe), he probado muchísimas terapias, no te puedes ni imaginar cuántas, para saber qué era lo que me ocurría: psicoanalíticas, cognitivas, Gestalt… La respuesta la encontré en la escritura. Antes de venir a Niadela, escribí La ausencia, que relata mi infancia, la muerte de mi padre y la relación con mi madre. Es una obra que de momento no tengo ninguna intención de publicar, que necesita reescritura —tiene ahora mismo 700 páginas—, y en la que vomité absolutamente todo lo que me había ocurrido y había vivido en mi adolescencia. Lo maravilloso de ese proceso de escritura es que tuve que crear el personaje de mi madre, el de mi padre y también el mío. Me puse en la situación de amigos y parientes, en su piel, y escribí diálogos con personas con las que nunca había hablado sobre ese tema… Eso fue algo difícil y mágico a la vez: comprender a través de tu personaje lo que el otro no ha dicho o no ha hecho. Muy pocas personas dicen lo que hacen o cómo son, porque se buscan máscaras a través del verbo.  Yo estudié interpretación en Los Ángeles y en la Escuela de actuación de Corazza en Madrid. Hay un ejercicio fascinante para trabajar con tu ego que se llama el “yo afectado”. Tienes que recrear una escena determinada en la que no has dicho, o hecho, lo que te gustaría. Este ejercicio me sirvió para escribir La ausencia y también Niadela. En tanto que aquello que no he dicho me define mucho más que lo que he dicho y lo que he hecho.

—Ese ejercicio sería ideal para nuestros políticos.

—Sí. (Risas). Totalmente. Deberían practicar con el “yo afectado”.

—En un pasaje de la obra dice: “Mi madre debía haberme explicado qué es la muerte, pero supongo que no estaba preparada”. ¿Por qué nos da tanto miedo hablar de ella?

"Estamos en una continua insatisfacción que nos lleva a creer que disponemos de la eternidad para conseguir la solución al problema"

—Mis dos obras hablan sobre la muerte. En Niadela hay un sueño en el cual me suicido. Entonces reconozco mi propia finitud y me siento preparada para morir. Esto es algo difícil para nosotros —aceptar la muerte—, porque pensamos que somos inmortales. Pensamos que nosotros mismos somos una obra inacabada y por eso hay una continua búsqueda no solamente de la felicidad, sino también de los deseos. Estamos en una continua insatisfacción que nos lleva a creer que disponemos de la eternidad para conseguir la solución al problema. Cuando sientes que tu vida es finita, que vas a morir, te entra la ansiedad y la angustia, porque comprendes que tienes un tiempo limitado para conseguir lo que quieres. Además, solemos cambiar de opinión una vez que hemos conseguido nuestro propósito en la vida; buscamos otro diferente. Es una búsqueda eterna de tu propuesta vital.

—Su madre trabajaba de noche y para poder dormir de día usaba unos tapones. Usted también comenzó a usarlos. ¿Qué descubrió en ese silencio? ¿Fue sanador?

—Los sigo usando. En el budismo hay un concepto sanador que se llama el Gran Silencio. En El silencio: Aproximaciones, David Le Breton crea un concepto de silencio absolutamente brutal, colocándolo en diferentes contextos, etapas vitales, situaciones sociales y circunstancias. Me parece absolutamente necesario, a nivel psicológico y espiritual, tener momentos de silencio, no solamente en nuestro día a día, sino a lo largo de toda nuestra vida. Es uno de los primeros procesos necesarios para llegar a la transformación. Con el silencio te vas a escuchar y vas a saber qué piensas, cómo lo piensas y por qué lo piensas.

—Vamos a la parte más prosaica de su vida en el bosque. ¿Cómo fue ese primer año sin luz eléctrica ni agua caliente a la luz de las velas?

"Hubo un proceso transformador y me fui aclimatando a esa incomodidad. De los momentos retadores pasé a los gratificantes"

—Hubo momentos muy gratificantes y otros… no voy a utilizar “difícil” porque esa es una palabra que tengo prohibida. Digamos “retadores”. Hubo momentos maravillosos, de llorar de felicidad, y otros que fueron un auténtico reto. Lo más complicado fue pasar de vivir en la sociedad, en una ciudad como Madrid, con amigos, con una vida social normal a estar realmente sola. Cuando vivía en Madrid podía requerir un momento de soledad, pero aquí eso era todo el rato. Al principio me costó. Los primeros meses estaba cada dos por tres conduciendo hacia el pueblo: a comprar un tornillo, cosas absurdas… Solo por el hecho de volver a refugiarme en la marabunta de la sociedad. Eso fue pasando. Hubo un proceso transformador y me fui aclimatando a esa incomodidad. De los momentos retadores pasé a los gratificantes. Me sentaba en un árbol muerto en el camino y sin darme cuenta habían transcurrido cinco horas. Empezaba a tener la sensación de pertenecer a algo más grande que yo misma. Que no hubiese luz no fue algo que me molestase. Soy una persona extremadamente curiosa. He llevado a mi familia adelante desde que era una niña porque mi madre se puso a trabajar después de la muerte de mi padre. Aprendí a cuidar de mis hermanos mayores, acepté el rol de cabeza de familia, aun siendo la más joven, y me acostumbré a solventar problemas. Eso me ayudó mucho cuando me encontré con los impedimentos del agua y de la luz; todo eso me suponían retos gratificantes a los que encontrarles una solución. Cuando me di cuenta de que no tenía luz, pensé: “Hasta que estudie un poco de electricidad y sepa de qué va esto, pues voy a sustituir las bombillas con velas“. Luego vino la mayor complicación: ninguna de las chimeneas funcionaba y pasaba un frío brutal en invierno. Revocaban todas; estaban mal construidas. Entonces viene el reto de aprender cómo funcionan las chimeneas y arreglarlas. Todo eso me incentivaba. No lo veía como una incomodidad. Me resultaba gratificante poner solución a esos problemas. Lo que sí que resultó duro fue adaptarme a la soledad y ver cómo iban desapareciendo personas de mi vida.

—En el bosque hay animales, muchos, algunos salvajes, con los que usted comienza una relación, que en algunos casos lleva a una identificación. Como ocurre con esa zorra, a la que unas ocasiones alimenta y en otras espanta a gritos.

—El proceso con la zorra fue muy particular. Creo que ese animal no dejaba de ser una representación de mí misma. Me acostumbré a alimentarla y me gustaba su compañía. Pasó de venir por las noches a estar aquí mañana, tarde y noche, porque yo la alimentaba con un trocito de carne o una carcasa de pollo. Yo le proporcionaba la facilidad de no tener que pelear por su comida. Se pasaba el rato tumbada a la entrada de la puerta. Eso es algo que yo empecé a identificar como un reflejo de mí misma, porque no me gusta nada que las personas dependan de mí. Eso me provoca una asfixia. Me ocurre también al revés. Cuando estoy empezando a depender de alguien, me alejo. Cuando me di cuenta de que la zorra se volvía dependiente de mí, quise echarla. Pensé: vamos a empezar de nuevo, te voy a dar de comer solo de vez en cuando porque no quiero que dependas de mí. Eso es lo maravilloso del nature writing y de estar en la naturaleza; te descubres a ti misma a través de ella.

—En una buena novela, el personaje principal tiene que hacer un viaje del que sale transformado. ¿Cómo ha cambiado usted después de estos en Niadela?

"Me he transformado en un 99% y hay un 1% en el que sé que tengo que seguir trabajando"

—Absoluta y enteramente. Hace poco tuve que revisar unos correos electrónicos antiguos, del año 2015, para buscar una información, y al leerlos tuve la sensación de que la persona que había escrito esos mails no era yo. Fue algo muy extraño, porque me sentía enajenada en la escritura. En esos textos era muy diligente, muy específica —esa es una característica que siempre he tenido—, con cierto aire de severidad… no me identificaba. Me preguntaba: “¿Quién es esta persona que escribe así?“. Me he transformado en un 99% y hay un 1% en el que sé que tengo que seguir trabajando. Y mejorando también ese 99%, porque sé que es susceptible de más cambios. A pesar de haber hecho el viaje del héroe de Joseph Campbell, y de haber regresado al mundo ordinario con el elixir del conocimiento, creo que, como decía Nietzsche, hay un eterno retorno. Cuando llegué a Niadela sabía que tenía que trabajar con tres grandes defectos que yo tenía, y lo llamé “la filosofía de las tres pes”: mi paciencia, mi practicidad y mi prudencia. Es algo que todavía tengo que pulir, pero creo que me puedo dar alguna palmadita en la espalda, porque he mejorado mucho (risas).

—¿Cuál es su próximo proyecto de escritura? ¿Veremos publicada La ausencia?

—Todavía no estoy preparada para enfrentarme a La ausencia, aunque sé que no soy la misma persona de antes. Debo guardar un poco de distancia para atreverme con esas setecientas páginas. Por ese motivo me he puesto a escribir algo rotundamente opuesto a Niadela, por consejo de Álvaro Colomer, que me recomendó ir al otro extremo, con un estilo y un contenido diferentes. Ahora estoy viviendo la aventura de escribir mi segundo libro, algo que disfruto, pero que también me da dolores de cabeza porque soy asquerosamente perfeccionista. Puedo estar días buscando la palabra que necesitaba.