domingo, 28 de abril de 2013

La Wikipedia en español va a alcanzar el millón de artículos

Dentro de unas semanas, la Wikipedia en español habrá alcanzado el millón de artículos, pocos comparados con la versión inglesa, pero muchos si sumamos los de la catalana (400.000), la eusquérica (150.000), la gallega (100.000) y las de diversos dialectos hispánicos (100.000), en total 1.750.000 artículos. Seríamos, así, la segunda wikipedia del mundo. Y eso refleja algo: por ejemplo, que el mundo hispánico es más fuertes unido que separado. Dos millones de wikipedistas son responsables de la versión española, pero solo trabajan activamente cada mes unos quince mil. Milagros de la Entretela, Entrerred o Internet.

De la eficacia de Wikipedia como instrumento educativo poco cabe dudar. Como escritor especializado soy autor de miles de artículos en ella y, como profesor, he leído algunos trabajos en los que he visto material mío más o menos "tomado" de allí. No puedo criticarlos demasiado, pues habrían podido oír lo mismo en mis clases. De esta manera, el esfuerzo educativo de miles de profesores repercute en la sociedad mucho más que si se limitara solamente a trabajar en las clases, así que pienso que todos ellos, si de verdad aman lo que enseñan, deberían hacer como yo y traducir, redactar, corregir o editar artículos sobre sus asignaturas en Wikipedia. Sus esfuerzos serán multiplicados y mejorados por otros wikipedistas que lo traducirán a mil lenguas. 

El problema es siempre el mismo: alguno puede creer que se plagia a la enciclopedia colaborativa cuando encuentra semejanzas entre el texto de un autor y la misma. Pero bien puede ser al revés: uno recurre a sus propios artículos escritos para Wikipedia como material de su confianza y que vuelve a emplear con fines distintos. A mí me ha ocurrido: ya que ese material sigue allí cedido a perpetuidad y es tan seguro y confiable como lo puedo ser yo, lo he usado, tras revisarlo, para confeccionar apuntes. Allí estaba, tal cual o incluso mejor y más actualizado; a muchos wikipedistas les habrá ocurrido lo mismo. 

Es más, para mí al menos constituye un verdadero placer quitar una errata, corregir la ortografía, añadir un dato, precisar una referencia, mejorar una frase o completar un artículo. Otras veces, para mi sorpresa, al repasar el historial de alguno de los artículos, me he topado con que el autor principal era yo mismo y lo había olvidado. Se ve que mis intereses andan ya por caminos trillados y, en efecto, ya he perdido la cuenta de todo lo que he escrito allí; ahora solo puedo reconocerlo por la clave o número de ordenador que utilizaba para firmarlo.

Por supuesto que Wikipedia tiene sus defectos, pero el hecho de que resplandezcan más sus virtudes proclama algo muy positivo sobre la especie humana en general y su colaboración altruista y muy negativo también sobre aquellos que pretenden privatizar hasta el pensamiento; proclama algo muy bello y hermoso que no pueden afirmar, por ejemplo, otras organizaciones capitalistas fundadas en el lucro y que se obstinan en privatizar el conocimiento por encima del bien común, elaborando además productos mucho peores; no tendría empacho alguno en añadir a estos sujetos a la larga lista de vándalos que los wikipedistas combatimos. Y que siempre vencemos: por cada sinvergüenza o vándalo hay seis o siete correctores que se desviven en corregir desaguisados y perseguir sin piedad a los desalmados. 

Cierto que son frecuentes los altercados sobre neutralidad de puntos de vista y otras cuestiones; pero de ellos siempre resulta beneficiada Wikipedia, corregido el reglamento y mejorada la interfaz que nos une, llamada educación; educación no solo en cuanto a reparto de conocimientos, sino también en cuanto a ética, al compartir un espacio y empresa común con ideales universales y puramente humanistas

Resulta más fácil criticar la Wikipedia que escribirla; a tal gente, que nunca hizo ni hará nada por los demás sin quitar algo para engordar su propio ego no hay que escucharla ni esperar nada de ella, pues pertenece a un mundo en extinción, mucho peor que el que está naciendo gracias a la generosidad común.

Egipto

Hay quien adora el altar de la diosa Insurrección popular, Tercera República o qué sé yo qué utopía aria, libertaria o Zeitgeist, olvidando el secular estoicismo o borreguismo manchurrón que nos caracteridiotiza (perdón por los morfemas libres). 

El estoicismo senequil lo atribuyen a un pueblo, el español, que dicen habitó la Península ibérica en los tiempos, sin duda lejanos, del faraón Pacofis I, antes de que se separaran la Alta y la Baja Castillas y los bárbaros Catalanos invadieran el delta del Ebro y los morenos nubios subieran a través de la tercera catarata del Guadalquivir y Moisés abriera los ojos del Guadiana para que pudieran pasar. Esperaban los españoles a los bárbaros cuando hete aquí que mensajeros vinieron de los más remotos confines del imperio y nos dijeron que ya no había bárbaros, sino que llevaban ochenta años gobernando. Esos hombres eran o debían ser una cierta solución, no lo que (ahora, quizá siempre) se antojó: un problema. Empero, un profeta iluminado por un Ra desde luego excesivo dictó su oráculo y los sacerdotes interpretaron que el faraón actual, Donjuán I, debía conducir la nave del estado por el largo Nilo de otra Transición desde una España putrefacta y zombi a otra regenerada en el mundo subterráneo con vendas y parches que protegieran del gusano el cuerpo descuartizado de la Constitución (o Libro de los muertos) para librarlo de Apofis, el demonio del submundo. Lo he oído en canciones y lo he visto en pinturas. Y fuera, en verdad, pensamiento raro y de notar, si no fuese porque dicen los jeroglíficos legales que vano es pedir dátiles a un peral. 

Porque pedir pedir, nos parece pedir demasiado tener de esos primates (acepción segunda del Diccionario de la Leal Cacademiaspanish shame, o quier "vergüenza ajena", esto es, abochornarse por la patarratada de otro (y vuelvo a pedir perdón por los morfemas libres), y sentir conmiseración por una gentuza a la que le gusta mandar y que solo inspira schadenfreude, que en teutón significa lo que en vallecaniota que se jodan. A lo más nos dan vergüenza a secas, porque un prócer del pepoísmo no podría reconocerse en un espejo si se mirara, ya que siempre se están desdesdiciendo y desdesmintiendo, y quitándose pieles como las víboras y arrojando tinta como los calamares y excretando decretos y complicando las cosas en vez de arreglarlas.

Si tuviéramos esa arcaica nobleza, hidalguía y pundonor que se atribuye a los castellanos viejos, gente con alma grande y no con esas almejas de Congrieso de los mariscados, donde tanto da un gallego como un pasiego providencial, Rajay que Rubalcalva o Cánovas que Sagasta, no sufriríamos padecer una españalgia tan grande como la de Unamuno, que se quejaba mucho de esa afección, aparte también, claro está, de la de ser un Unamuno.