viernes, 15 de abril de 2016

Arde el mar, de Pere Gimferrer, y los venecianos o novísimos

El título del libro de poesía más famoso de Pere Gimferrer suele desconcertar al profano. Pero es una alusión culturalista de las que tanto gustan al autor. La elucidación del mismo se encuentra en uno de los Epigramas venecianos de Goethe ("Oda a Venecia ante el mar de los teatros")


"Al rayar el alba ascendía a la cima más alta, saludaba muy de mañana al mensajero del día, a ti, estrella cordial. Luego esperaba con impaciencia las miradas de la princesa del cielo, deleite del joven. Cuántas veces me hiciste salir siendo aún de noche. Ahora veo a los mensajeros del día, los ojos celestiales de mi amada, y el sol llega demasiado pronto.

Te asombras y me muestras el mar: parece arder. Cómo se mueven ardiendo las olas alrededor del barco en la noche. Yo no me asombro, el mar nos trajo al mundo a Afrodita, ¿y no nació de ella una llama, su hijo? Vi el fulgor del mar y el centellear de la marea, flamantes partieron las velas con buenos vientos, mi corazón no sintió nostalgia, la mirada anhelante se volvió hacia atrás, hacia la nieve de las montañas.

En el sur hay muchos tesoros, pero en el norte hay uno que, como un imán enorme, me atrae irresistible."

Citas selectas de William Somerset Maugham

"Acuérdate de esto: cumplir el deber no tiene más mérito que lavarse la cara. No basta cumplirlo, pues el deber se impone. La única cosa que vale es amarlo."

"Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida."

"Cada hombre tiene secretos que él mismo ignora."

"Cuando sólo se piensa en el pasado, es que no se tiene futuro."

"El amor más duradero es el amor no correspondido."

"El amor, si no es pasión, no es amor, sino otra cosa; y la pasión se alimenta menos de satisfacción que de obstáculos".

"El dinero es como un sexto sentido; sin él no podríamos usar completamente los otros cinco."

"El dolor une, a veces, pero no enseña a vivir."

"En ocasiones el exceso es estimulante. Evita que con la moderación se adquiera el mortal efecto de un hábito."

"En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas: ley, opinión publica y conciencia."

"En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo"

"La astucia a veces tiene éxito en los negocios, pero en el arte la honestidad no sólo es la mejor, sino la única política".

"La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas."

"La gente te pide críticas, pero en realidad sólo quiere halagos."

"La lectura no da al hombre sabiduría; le da conocimientos."

"Los tres deberes fundamentales de la mujer son ser bonita, ir bien vestida y no contradecir."

"Para comer bien en Inglaterra es recomendable desayunar tres veces."

"Si el amor y el deber se encuentran, empieza el estado de gracia y se llega a una felicidad que es muy difícil imaginar."

"Si la gente sólo hablara cuando tuviera algo que decir, el ser humano perdería muy pronto el uso del lenguaje."

"Si no quieres que te mientan, no preguntes."

"Sólo avanzada ya mi vida me di cuenta de cuán fácil es decir: no lo sé."

"Sólo el amor y el arte hacen tolerable la existencia."

"Tres clases hay de ignorantes: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse."

"Un filósofo es un tipo que sube a una cumbre en busca del sol; encuentra niebla, desciende y explica el magnífico espectáculo que ha visto."

"Uno, con la edad, se libra del deseo de hacer las cosas como los demás y hace tranquilamente y sin miedo lo que le parece a él."

Citas sobre las citas

"Odio las citas, dime lo que sabes" Ralph Waldo Emerson

"La mejor forma que tiene un hombre de volverse mono es citando" Robert Benchley

"La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son la opinión de alguien más, su vida una mímica, sus pasiones una cita" Óscar Wilde

"Yo nunca sé cuánto de lo que yo digo es verdad" Bette Midler

"La sabiduría de los sabios y la experiencia de los siglos pueden ser conservadas con las citas" Benjamin Disraeli

"Yo no quiero ser citado, y no cites que yo no quiero ser citado" Winston Burdett

"Cítame diciendo que fui citado incorrectamente" Groucho Marx

"El problema con las palabras es que tu nunca sabes en qué bocas han estado" Dennis Potter

"Ninguna cosa que se pueda decir es tan absurda que algún filósofo no la haya dicho anteriormente", Cicerón

"Las comillas son amadas como celosa y fiel custodia de la sabiduría y a la vez son despreciadas por ser incapaces de discriminar la estupidez" Ricardo Alberto Rivera Chévez

Una parábola reescrita por Somerset Maugham

-¿Recuerda cómo Jesús fue llevado por el desierto y allí se quedó cuarenta días en ayuno? Entonces, cuando tenía hambre, el Diablo vino a él y le dijo:

"Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan."

Pero se resistió a la tentación. El Diablo entonces le puso sobre el pináculo del templo:

"Si eres hijo de Dios, tírate abajo." De hecho, los ángeles velaban por él y habrían apoyado. Pero Jesús siguió resistiendo. El diablo le llevó a un monte alto, le mostró todos los reinos del mundo y le dijo que se los daría si se postrase ante él para adorarle. Pero Jesús dijo: "¡Fuera de aquí, Satanás!"

Y así termina la historia según el simple y bueno de Mateo. Pero hay una segunda parte.

El demonio, que era muy inteligente, volvió a Jesús y le dijo: "Si aceptas la vergüenza y la confusión, los azotes, la corona de espinas y la muerte en la cruz, vas a salvar a la raza humana, porque el amor más grande que un hombre puede probar es aquello que le hace sacrificar su vida por sus amigos ".

Jesús cayó. Y el diablo se rio hasta que le reventaron los costados: había previsto el mal que los hombres presuntamente cometerían en nombre de su Redentor .

Isabel me miró indignada.

-¿Dónde descubriste esto?"

-En ninguna parte. Lo he inventado para ti.

-Es una idiotez, una blasfemia.

-Solo quería hacerle entender que el autosacrificio es una pasión tan abrumadora que incluso el hambre y la lujuria empalidecen en comparación. Sus enredos conducen a la destrucción de sus víctimas en la más alta afirmación de su personalidad. El fin no cuenta: puede ser digno o no. No hay vino tan embriagador, no hay amor tan apasionado, no hay vicio tan atractivo. El momento del autosacrificio es un buen momento para Dios, ya que, como es tan infinito y omnipotente ¿cómo podría Dios sacrificarse? A lo sumo solo puede sacrificar a su único hijo. Asegúrate de que el Diablo refleje placenteramente a la hora de cerrar su balance las crueles guerras causadas por el cristianismo, las persecuciones, la tortura que los cristianos han infligido a los cristianos; la falta de caridad, la hipocresía y la intolerancia . Y al recordar cómo el cristianismo ha impuesto a la humanidad la carga amarga del sentido del pecado que ha eclipsado la belleza de las noches estrelladas y proyectado una sombra sobre los malignos placeres fugaces de un mundo hecho de alegría, debemos sin duda murmurar con una mueca y dar gracias al Diablo.

Isidro Sánchez, Legalidad y realidad

Isidro Sánchez Sánchez "Legalidad y realidad", en Miciudadreal, 15 abril, 2016

Durante los años 1976 y 1977, el presidente que procedía del Movimiento afirmó en variadas ocasiones que era preciso “elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”. Quería indicar Adolfo Suárez que los partidos políticos debían entrar en la legalidad pues eran una realidad imparable en España. A pesar de la oposición del búnker franquista, o sea, los grupos de extrema derecha que se oponían a cualquier intento de reforma del Régimen, con el diario El Alcázar en vanguardia.

En períodos absolutistas o dictatoriales de nuestra historia las ideas no han encajado en la legalidad, que era restrictiva, encorsetada y represora. Pero en períodos democráticos muchas veces ha sido al revés, una legalidad amplia y democrática sencillamente se bordea, incumple, desobedece u omite. La Ley está para saltársela, es el pensamiento muy extendido. Es decir, aunque no es exclusivo de España, hay tradicionalmente en nuestro país un trecho importante entre legalidad y realidad, hay entre una y otra contrastes significativos, hecho frecuente en nuestra Historia contemporánea. El último caso es el “Pa na má”, sólo para ellos, para los patriotas. Ayer mismo, en su viñeta, El Roto ponía en boca de un magnate, que puede ser del Ibex-35, esa idea: “¡España es lo importante! ¡Pero sin impuestos, claro!” (El País, 14.4.2016).

Hay diferencias entre lo que se dice y lo que se hace, entre la teoría y la práctica, entre lo que indica el mundo del Derecho y su aplicación. Formalmente es un sistema en el imperio de la ley, pero con grandes espacios dedicados a favores, arbitrariedad, clientelismo y corrupción. Ese desfase lo vemos en carreteras, calles, montes, ríos, política, educación, sistema financiero…

Es cierto que los que suelen saltarse la legalidad son fundamentalistas de la legalidad. Pero la legalidad es una cosa y la justicia otra muy diferente, como sabemos. También conocemos que la legalidad puede cambiar, perfectamente, y acogerse a ella de forma persistente suele querer decir que no hay que cambiar para seguir controlando una situación. Está claro que la ley debería ser igual para todos, aunque no es igual.

La justicia debería ser igual para todas las personas pero sabemos que, generalmente, no es así. Se pueden ver, como ejemplo, los planteamiento de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial, constituida en Madrid el 14 de mayo de 2011. Recientemente pedía, entre otras cuestiones, la garantía de separación de poderes mediante la reducción o supresión de los aforamientos e indultos gubernativos.

En política, por ejemplo, ha sido una constante que los partidos del bipartidismo han visto su imagen mejorada por los medios de comunicación amigos y que los empresarios de esos medios han recibido en correspondencia los favores de los políticos. Con sometimiento a la realidad, sin sometimiento a ella o cambiándola cuando ha sido necesario.

Esa es otra. Cuando la realidad supera a la legalidad esta se cambia y se adapta a la realidad. En Andalucía hay, según Ecologistas en Acción, unas 300.000 viviendas ilegales. Se trata de un urbanismo ilegal que ha invadido millones de metros cuadrados de suelo no urbanizable y en muchos casos protegidos. Muchas de las urbanizaciones y viviendas ilegales han tenido el apoyo de los ayuntamiento, que han hecho caminos, los han asfaltado, han realizado tendidos eléctricos, han llevado agua, etcétera. Como en tantas ocasiones, la decisión supone un premio al infractor. Mientras tanto, el que cumple la legalidad se queda con cara de tonto.

No hay problema, la legalidad se adapta a la realidad. El Gobierno socialista andaluz, con el apoyo de Ciudadanos, prepara una amnistía mediante la modificación de tres artículos de la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA) para permitir la regularización de edificaciones residenciales aisladas en suelo no urbanizable (Diagonal, 3 a 16-3-2016). Es sólo un ejemplo de cómo en España la demolición de edificaciones ilegales es cosa casi imposible. En el caso de una sentencia desfavorable se cambia la ley y todo arreglado. Faltaría más, la legalidad no puede estropear la realidad.

Lo último es el tema de las gasolineras. Isabel Rodríguez Teruel, presidenta de la Asociación Provincial de Empresarios de Estaciones de Servicio, ha recordado que las gasolineras desatendidas no están permitidas por la Ley autonómica de Castilla-La Mancha, que requiere personal las 24 horas del día, “aunque, de momento están toleradas, y lo que es más grave, con autorización municipal de la localidad donde se instalan”. Legalidad y realidad transitan por caminos separados.

Pero así es España e “hijos de gatos, gatitos”. A fines del XIX, en 1898, Rafael Salillas publicó la obra El delincuente español. Hampa (Antropología picaresca). Estudiaba la delincuencia y presentaba los rasgos de la sociedad española. Existía para él una gran dificultad para implantar el constitucionalismo y afirmaba que la Constitución no formaba parte de la envoltura orgánica del pueblo español, ni siquiera era su piel, pues era una cosa no encarnada. En realidad, escribía, se trataba de una vestimenta acomodaticia.

La nueva vestimenta constitucional entraba en contradicción con el poder y creaba un dualismo, según Salillas, una diferencia entre legalidad y realidad: “En España existe el sufragio universal = En España no existe la libertad electoral. En España existe una organización judicial aparentemente bien establecida = En España no existe la independencia del poder judicial. España es una Monarquía constitucional (y lo mismo fuera decir una República, cuando existió) = España es una federación oligárquica” ¿Es posible establecer similitudes con la situación actual, casi 120 años después? Dejo la pregunta en el aire para que el lector busque la respuesta.

La más avanzada Declaración de los Derechos del hombre... fue la de 1793

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, 24 junio 1793

El pueblo francés, convencido de que el olvido y el desprecio de los derechos naturales del hombre, son las únicas causas de las desgracias del mundo, ha resuelto exponer en una declaración solemne, estos derechos sagrados e inalienables, a fin de que todos los ciudadanos, pudiendo comparar en todo momento los actos del gobierno con la finalidad de toda institución social, no se dejen jamás oprimir ni envilecer por la tiranía; a fin de que el pueblo tenga siempre ante sus ojos las bases de su libertad y de su felicidad, el magistrado la regla de sus deberes, el legislador el objeto de su misión. – En consecuencia, proclama en presencia del Ser supremo, la siguiente declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. 

Artículo 1º. El fin de la sociedad es la felicidad común. – El gobierno ha sido instituido para garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles. 
Artículo 2. Estos derechos son la igualdad, la libertad, la seguridad, la propiedad. 
Artículo 3. Todos los hombres son iguales por naturaleza y ante la ley. 
Artículo 4. La ley es la expresión libre y solemne de la voluntad general; es la misma para todos, tanto cuando protege, como cuando castiga; sólo puede ordenar lo que es justo y útil para la sociedad; sólo puede prohibir lo que es perjudicial para la misma. 
Artículo 5. Todos los ciudadanos son igualmente admisibles para los empleos públicos. Los pueblos libres no conocen otros motivos de preferencia en sus elecciones que las virtudes y los talentos. 
Artículo 6. La libertad es el poder que pertenece al hombre de hacer todo aquello que no perjudique a los derechos de los demás; tiene por principio la naturaleza, por regla la justicia, por garantía la ley; su límite moral se expresa en esta máxima: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. 
Artículo 7. El derecho a manifestar el propio pensamiento y las propias opiniones, ya sea por medio de la prensa, ya sea de otra manera; el derecho de reunirse pacíficamente; el libre ejercicio de los cultos; no pueden ser prohibidos. – La necesidad de enunciar estos derechos supone o la presencia o el recuerdo reciente del despotismo. 
Artículo 8. La seguridad consiste en la protección concedida por la sociedad a cada uno de sus miembros para la conservación de su persona, de sus derechos y de sus propiedades. 
Artículo 9. La ley debe proteger la libertad pública e individual contra la opresión de los que gobiernan. 
Artículo 10. Nadie debe ser acusado, arrestado o detenido, salvo en los casos determinados por la ley y según las formas por ella prescritas. Todo ciudadano llamado o prendido por la autoridad de la ley debe obedecer al instante; la resistencia le convierte en culpable. 
Artículo 11. Cualquier acto ejercido contra un hombre fuera de los casos y de las formas determinados por la ley, es arbitrario y tiránico; aquel contra quien se quiera ejercer dicho acto por la violencia, tiene derecho a rechazarlo por la fuerza. 
Artículo 12. Los que soliciten, expidan, firmen, ejecuten o hagan ejecutar actos arbitrarios, serán culpables y deberán ser castigados. 
Artículo 13. Presumiéndose que todo hombre es inocente hasta que haya sido declarado culpable, si se juzgase indispensable arrestarlo, cualquier rigor que no fuera necesario para asegurar su persona deberá ser severamente reprimido por la ley. 
Artículo 14. Nadie debe ser juzgado y castigado sin haber sido oído o llamado legalmente, y sólo en virtud de una ley promulgada con anterioridad al delito. La ley que castigue delitos cometidos antes de su existencia es una ley tiránica; el efecto retroactivo dado a la ley sería un crimen. 
Artículo 15. La ley sólo puede prever las penas que sean estricta y evidentemente necesarias: las penas deben ser proporcionadas al delito y útiles para la sociedad. 
Artículo 16. El derecho de propiedad es aquel que tiene todo ciudadano de gozar y de disponer como lo desee de sus bienes, de sus rentas, del fruto de su trabajo y de su industria. 
Artículo 17. Ninguna clase de trabajo, de cultivo, de comercio, puede estar prohibida a la industria de los ciudadanos. 
Artículo 18. Todo hombre puede contratar sus servicios, su tiempo; pero no puede venderse ni ser vendido; su persona no es una propiedad enajenable. La ley no reconoce en modo alguno la servidumbre; sólo puede existir un compromiso de atenciones y gratitud entre el hombre que trabaja y el que lo emplea. 
Artículo 19. Nadie puede ser privado de la mínima porción de su propiedad sin su consentimiento, sino cuando lo exija la necesidad pública legalmente constatada, y a condición de una justa y previa indemnización. 
Artículo 20. No puede establecerse ninguna contribución si no es para la utilidad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a concurrir al establecimiento de las contribuciones, de vigilar su empleo, y de hacer que se les rindan cuentas. 
Artículo 21. Las ayudas públicas son una deuda sagrada. La sociedad debe la subsistencia a los ciudadanos desgraciados, ya sea procurándoles trabajo, ya sea proporcionando los medios de existencia a lo que no estén en condiciones de trabajar. 
Artículo 22. La instrucción es una necesidad para todos. La sociedad debe favorecer con todas sus fuerzas los progresos de la razón pública, y poner la instrucción al alcance de todos los ciudadanos. 
Artículo 23. La garantía social consiste en la acción de todos para asegurar a cada uno el goce y la conservación de sus derechos; esta garantía reposa sobre la soberanía nacional. 
Artículo 24. No puede existir si los límites de las funciones públicas no están claramente determinados por la ley, y si la responsabilidad de todos los funcionarios no está asegurada. 
Artículo 25. La soberanía reside en el pueblo; es una, indivisible, imprescriptible e inalienable. 
Artículo 26. Ninguna porción del pueblo puede ejercer el poder que corresponde a todo él; pero cada sección del soberano, reunida en asamblea, debe tener el derecho a expresar su voluntad con entera libertad. 
Artículo 27. Que todo individuo que usurpe la soberanía sea al instante ejecutado por los hombres libres. 
Artículo 28. Un pueblo tiene siempre el derecho a revisar, reformar y cambiar su constitución. Una generación no puede imponer sus leyes a las generaciones futuras. 
Artículo 29. Cada ciudadano tiene un derecho igual a concurrir a la formación de la ley y a la designación de sus mandatarios y de sus agentes. 
Artículo 30. Las funciones públicas son esencialmente temporales; no pueden ser consideradas como distinciones ni como recompensas, sino como deberes. 
Artículo 31. Los delitos de los mandatarios del pueblo y de sus agentes nunca deben quedar impunes. Nadie tiene derecho considerarse más inviolable que los demás ciudadanos. 
Artículo 32. El derecho a presentar peticiones a los depositarios de la autoridad pública no puede ser prohibido, suspendido ni limitado en ningún caso. 
Artículo 33. La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre. 
Artículo 34. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno sólo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido. 
Artículo 35. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.

El derecho natural es el derecho de la especie humana

Hay en el De re publica (III, 17) de Cicerón uno de los párrafos más hermosos que se han escrito sobre ese derecho natural cuya existencia discuten tanto los juristas (la traducción es la española de 1818, poco después de que el cardenal Ángelo Mai descifrara con la ayuda de los reactivos químicos de Niebuhr el palimpsesto que contenía gran parte del texto perdido de obra:

Existe una ley verdadera, la recta razón, conforme a la naturaleza, universal, inmutable, eterna, cuyos mandatos estimulan al deber y cuyas prohibiciones alejan del mal. Sea que ordene, sea que prohíba, sus palabras no son vanas para el bueno, ni poderosas para el malo. Esta ley no puede contradecirse con otra, ni derogarse en alguna de sus partes, ni abolirse toda entera. Ni el Senado ni el pueblo pueden libertarnos de la obediencia a esta ley. No necesita un nuevo intérprete, o un nuevo órgano: no es diferente en Roma que en Atenas, ni mañana distinta de hoy, sino que en todas las naciones y en todos los tiempos esta ley reinará siempre única, eterna, imperecible, y la guía común, el rey de todas las criaturas, Dios mismo da el origen, la sanción y la publicidad a esta ley, que el hombre no puede desconocer sin huir de sí mismo, sin desconocer su naturaleza y sin sufrir por esta sola causa la más cruel expiación, aunque haya evitado en otro tiempo lo que se llama suplicio.

Para mí hay algo de poético en que el derecho natural se encontrara perdido y se recuperara en unos años tan trascendentales como esos, en plena época de las revoluciones.

Mi idea de la globalización

He estado pensando mucho estos días sobre la globalización y el derecho natural al reformar y completar los artículos sobre esta materia de la Wikipedia. Y en particular sobre la famosa afirmación del jurista Gustav Radbruch tras constatar que en Alemania existieron leyes tan injustas como las nazis y afirmar que "la ley extremadamente injusta no es verdadera ley". Y he llegado a la siguiente conclusión que he copiado en la Wikipedia con la satisfacción de que nadie me la ha discutido:

El economista y escritor español José Luis Sampedro, en su libro El mercado y la globalización (2002), la define como

Constelación de centros con fuerte poder económico y fines lucrativos, unidos por intereses paralelos, cuyas decisiones dominan los mercados mundiales, especialmente los financieros, usando la más avanzada tecnología y aprovechando la ausencia o debilidad de medidas reguladoras y de controles públicos (José Luis Sampedro, ''El mercado y la globalización''. Barcelona: Destino, 2002, p. 65)

Esos poderes son tan fuertes que llegan a acuerdos al margen de todo control político directo de los seres humanos que afectan al empleo, la salud y la vida cotidiana de grandes sectores de la Humanidad como CETA, TTIP y TISA, acuerdos que no se han publicado ni conocido ni sancionado por los que sufren sus consecuencias, algo jurídicamente muy discutible. Contra esto (la falta de perfeccionamiento de los procedimientos democráticos de control del gobierno de los estados nacionales (que, por ejemplo, son incapaces de concordar o ponerse de acuerdo para evitar el fraude fiscal global, o de otra forma explicado, solo se ponen de acuerdo en no ponerse de acuerdo) y la venta del sistema político al capitalismo en general, ha surgido la llamada globalización del descontento, plasmada en movimientos como el 15-M, Occupy movement o los Indignados y organismos independientes de denuncia como Wikileaks. La globalización afecta a todo el mundo y por tanto exige un derecho global, lo que revitaliza el derecho natural inherente a la especie humana y debería desacreditar definitivamente en esta esfera el derecho positivo de los estados nacionales.

La percepción del yo podría ser una ilusión


El ácido lisérgico (LSD) es una droga, químicamente relacionada con la serotonina, que produce un estado parecido a la psicosis. Sus efectos los descubrió accidentalmente El químico suizo Albert Hofmann en 1943, cuando trabajaba con ella en el laboratorio. Había logrado sintetizarla en 1938, a partir del cornezuelo del centeno.

Esta droga semisintética produce sus efectos a cantidades muy bajas, como pudo comprobar Hofmann: "En la fase final de la síntesis, al purificar y cristalizar la diamida del ácido lisérgico en forma de tartrato me perturbaron en mi trabajo unas sensaciones muy extrañas. Tuve que interrumpir a media tarde mi trabajo en el laboratorio y marcharme a casa, pues me asaltó una extraña intranquilidad acompañada de una ligera sensación de mareo. En casa me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada. En un estado de semipenumbra y con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba desagradablemente chillona) me penetraban sin cesar unas imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores intenso, caleidoscópico. Unas dos horas después este estado desapareció".

El químico sospechó enseguida que aquel extraño episodio debía estar provocado por la sustancia con la que acababa de trabajar, el tartrato de la dietilamida del ácido lisérgico. "No lograba imaginarme cómo podría haber resorbido algo de esta sustancia, dado que estaba acostumbrado a trabajar con minuciosa pulcritud, pues era conocida la toxicidad de las sustancias del cornezuelo. Pero quizás un poco de la solución de LSD había tocado de todos modos la punta de mis dedos al recristalizarla, y un mínimo de sustancia había sido reabsorbida por la piel", explica Hofmann.

Movido por la curiosidad, decidió probarla de forma intencionada. Al subir la dosis, los efectos fueron más intensos: "Mi entorno se había transformado ahora de modo aterrador. Todo lo que había en la habitación estaba girando, y los objetos y muebles familiares adoptaron formas grotescas y generalmente amenazadoras. Se movían sin cesar, como animados, llenos de un desasosiego interior. Apenas reconocí a la vecina que me trajo leche [para tratar de desintoxicarse]. No era ya la señora R., sino una bruja malvada y artera con una mueca de colores. Pero aún peores que estas mudanzas del mundo exterior eran los cambios que sentía en mí mismo, en mi íntima naturaleza. Todos los esfuerzos de mi voluntad por detener el derrumbe del mundo externo y la disolución de mi yo parecían infructuosos".

Desde entonces el LSD se ha utilizado ampliamente como una herramienta de investigación, especialmente por sus profundos efectos sobre la consciencia. En especial atrajo la atención de la psicología y la práctica psiquiátrica en los años 1950 y 1960. Y posteriormente se consideró como un medicamento con beneficios potenciales en el tratamiento de las adicciones.

La "disolución del ego"

Un estudio publicado en Current Biology ha obtenido las primeras imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) del cerebro de personas bajo los efectos de esta droga psicoactiva, para explicar "la disolución de mi yo", como la describió gráficamente Hofmann, un fenómeno conocido precisamente como "disolución del ego", que puede ayudar a aclarar cómo funciona la consciencia. Este fenómeno, según el estudio, se produce cuando se produce una hiperconexión entre las regiones del cerebro implicadas en la cognición superior, conocidas como "rich-club".

Esas regiones del cerebro que muestran el aumento de la conectividad global coinciden significativamente con la localización de los receptores del neurotransmisor serotonina, al que se une el LSD. Además el aumento de la conectividad global observado en el cerebro de cada participante en el estudio daba cuenta del grado en que la persona en cuestión informó de una sensación de disolución ego, responsable de los fenómenos que describió Hofmann.

En particular de que encontraron una mayor conectividad global de la corteza frontoparietal, una región del cerebro asociada con la auto-conciencia. Se observó una mayor conexión entre esta parte del cerebro y las áreas sensoriales, que se encargan de recibir información sobre el mundo que nos rodea y de su transporte a otras áreas del cerebro para su procesamiento.

"Esto podría significar que el LSD hace que se comparta más información entre distintas regiones del cerebro, provocando un vínculo más fuerte entre nuestro sentido del sí mismo y del entorno y, potencialmente, la dilución de los límites de nuestra individualidad," explican los investigadores. También observaron cambios en el funcionamiento de una parte del cerebro anterior ligada a las experiencias "fuera del cuerpo", en las que las personas se sienten como si salieran de su cuerpo.

"Las drogas psicodélicas pueden distorsionar nuestra realidad y dan lugar a las ilusiones perceptivas. Pero la realidad que experimentamos durante la vigilia es también, en gran medida, una ilusión. Sabemos que el cerebro rellena la información visual que falta, y que estabiliza nuestra percepción visual, a pesar de los movimientos oculares constantes. Cuando tomamos drogas psicodélicas podría producirse la sustitución de una ilusión por otra. Esto puede ser difícil de entender, pero nuestro estudio muestra que el sentido del yo, o ego, también podría ser parte de esta ilusión. "

Otro estudio publicado el lunes pasado en PNAS aclara que "el cerebro consta de redes independientes que llevan a cabo funciones especializadas como la visión, el movimiento, la audición y otras más complejas como la atención. Sin embargo, bajo los efectos del LSD esas redes se unifican en el cerebro. Esto provocaría también a la disolución del ego que lleva a la percepción de una mayor conexión con los otros y con el entorno. Esta experiencia es a veces referida como espiritual", indican los investigadores. Esa hiperconexión explicaría también la sensación de sinestesia que se refiere bajo los efectos de esta droga psicodélica. "En muchos sentidos, el cerebro bajo los efectos del LSD se asemeja a cómo se encontraba cuando éramos niños: libre y sin restricciones", explican los investigadores del Imperial College de Londres.

Los neurocientíficos han esperado medio siglo para averiguar cómo el LSD altera el cerebro, y para ver por primera vez qué ocurre en una experiencia psicodélica.