[Dossier]
I
Fernando Muñoz, Viaje por la biblioteca hispánica del Unabomber, 2 de noviembre de 2023.
[Fernando Muñoz, doctor en Filosofía y Sociología, reseña Unabomber en la España eterna. Viaje por la biblioteca hispánica de Theodore Kaczynski, por Jorge Casesmeiro Roger, Unión Editorial, 2023]
Theodore John Kaczynski nacido en Chicago, Illinois en 1942, ha fallecido el pasado 10 de junio de 2023 en el hospital presidio de Butner, Carolina del Norte, tras pasar 25 años en la prisión de máxima seguridad de Florence, Colorado. Kaczynski cometió una larga serie de atentados con paquete bomba entre 1978 y 1995 con el resultado de tres muertos y más de veinte heridos graves.
Fue conocido como Unabomber (University and Airline Bomber) a raíz del acrónimo – UNABOMB – puesto a su caso por el FBI. Su identificación y captura, todavía hoy, es el caso más largo y costoso de la historia del FBI.
Sobre esta figura han corrido ríos de tinta, se han hecho series y películas, de manera que el libro que aquí se señala podría pasar desapercibido como uno más en una amplia multitud de referencias y comentarios. Se nos ocultaría un libro singular por varias razones: en primer lugar, porque este libro explora y documenta por primera vez la densa y extensa conexión del Unabomber con la cultura hispánica. Kaczynski leía y escribía en español perfectamente, una lengua que admiraba y de la que disfrutaba, al menos desde los años 80.
Entre los 257 libros de la biblioteca de su cabaña de Montana había 40 títulos hispánicos (españoles e hispanoamericanos) de primera importancia: lengua, historia, literatura, filosofía, ciencia. Jorge Casesmeiro hace inventario de esta colección hispánica y revela la complejidad del vínculo de Unabomber con el pensamiento en lengua española a través de los diarios, correspondencia y ensayos publicados por Kaczynski. El vínculo complejo con la cultura hispánica siguió acompañando al Unabomber más allá de su cabaña de Montana, a través de las lecturas, cartas y escritos que pergeñó desde la cárcel de Colorado.
Estamos ante un libro asombroso, cuyas posibilidades podrían tomar nuestra atención toda una vida. Su fertilidad inagotable procede, por una parte, del valor que supone tomar de frente el tema de nuestro tiempo: la condición del ser humano en el sistema industrial, en la megamáquina de esta sociedad tecnológica y hacerlo no sólo de mano de una figura trágica, sino de sus profundos vínculos con nuestra lengua, tradición y cultura. Jorge Casesmeiro confiesa en su libro que, a la hora de escribir, se retira al zulo y en esa huida se manifiesta el nervio de escritor clandestino que recorre su prosa. Sorprende que desde esa intimidad haya levantado una escritura tan luminosa y vital.
La reducción del hombre a la forma que el orden tecnoeconómico impone – la lucha de la libertad con el progreso – es un tema constante, un fondo obsesivo y recurrente en el pensamiento contemporáneo, con raíces que calan la historia de Occidente al menos hasta su sedimento nominalista. Casesmeiro ha sabido poner ante nuestros ojos la condición trágica de nuestro tiempo, señalando el efecto profundo de la era del progreso tecnoeconómico sobre la vida cotidiana, pero también la capacidad de resistencia que las cosas pequeñas oponen al demoledor avance de la megamáquina. Tras las cosas pequeñas se quiere resistir al inexorable progreso, poniendo en cuestión su automatismo ciego, su pretendida autonomía, el carácter dicen que incontenible de su avance.
Hay en el estilo de Jorge Casesmeiro un ritmo y un matiz popular que nos aproxima personalmente al autor y declara indirectamente la singular perspectiva que él ha roturado por vez primera. Sucede con su texto algo que Kaczynski supo percibir oscuramente, tal como refiere en una carta dirigida a su hermano en 1985:
Me he dado cuenta de un fenómeno interesante. Cuando leo literatura inglesa y americana, encuentro que a menudo no me gusta la personalidad del autor (en la medida en que la personalidad se manifiesta en la escritura), incluso aunque pueda apreciar su trabajo. Por el contrario, encuentro que en general me gustan las personalidades de los autores hispanoamericanos…
Esta mínima observación intuye un contraste significativo: el contraste entre la modernidad del progreso tecno-económico y otra posible modernidad, parsimoniosa y humilde, de signo clásico y tradicional. Otra forma del recurrente contraste entre la razón y la cordura, entre el carácter que produce el globalismo triunfante y la actitud generosa de una personalidad que todavía traslucía en la literatura hispanoamericana del siglo pasado y que se conserva viva entre las páginas de este libro.
II
Unabomber, literato; con Jorge Casesmeiro. Bienvenidos a la Terra Ignota. Emitido por YouTube el 2 de febrero de 2025: https://youtube.com/live/2Bq73xI8Ex4
Hoy conversamos con Jorge Casesmeiro (Madrid, 1974), escritor y periodista, sobre su libro Unabomber en la España eterna (2023). El libro se puede adquirir en
https://www.unioneditorial.net/libro/unabomber-viaje-por-la-biblioteca-hispanica-de-ted-kaczynski/
Exploramos la peculiar conexión entre Theodore Kaczynski, activista, literato, pensador, matemático y terrorista que vivió aislado en una cabaña de Montana. Profundizaremos en su insólita afición por los clásicos de la literatura española. ¿Cómo encajan Cervantes, Unamuno o Ortega y Gasset en la visión del mundo de Unabomber? ¿Qué nos dice su lectura de estos autores sobre su pensamiento y su radical rechazo a la sociedad industrial?
Jorge Casesmeiro es escritor y periodista, autor de varios ensayos y novelas en los que explora temas de historia, literatura y filosofía. También ha publicado El túnel de Hitler (2021), Razón en vena (2020) y Jugando entre cultura (2014), abordando desde la memoria histórica hasta la relación entre pensamiento y creatividad. Ha participado en la edición de los Cuadernos Literarios de la Facultad de Filosofía y Letras (2021), en la antología Los valores humanos en la España poscovid (2021).
Kaczynski transitó una vía que no escapa del vacío de partida. Unabomber lleva de la nada a la nada. El asesinato selectivo, la ira y el odio que esconde el acto terrorista, son absolutamente estériles. De una inteligencia soberbia, el interés de su análisis de la sociedad industrial ha quedado oscurecido por su existencia esquinada que, si ha logrado atraer una atención efímera por su figura de hombre desolado y atroz, también ha limitado el estudio sereno de su trabajo.
Acaso nada podamos oponer al curso – que se quiere irrefrenable – de las ciencias y tecnologías que mueven la megamáquina industrial, unas tecnologías que han caído sobre la vida humana como una plaga sombría. Esos “arcángeles del progreso” tienen las alas negras, pero al análisis de Kaczynski le falta caridad y sus actos son índice de una razón inmisericorde.
Es la misma razón analítica y estéril que está a años luz de la cordura. No quiero decir que Kaczynski haya estado loco en el sentido habitual, pero estuvo loco de remate si es verdad que el loco no ha perdido la razón, sino que ha perdido todo salvo la razón. Me parece que Kaczynski lo intuyó en español, desde la oscuridad de su celda negra y tras su hábito oscuro.
Jorge Casesmeiro Roger, Unabomber en la España eterna. Viaje por la biblioteca hispánica de Ted Kaczynski, Madrid: Unión Editorial (2023). ISBN: 9788472099128
Resumen
Theodore J. Kaczynski (1942–2023), alias «Unabomber», fue un genio que en 1969 abandonó su carrera de matemático para sobrevivir como trampero en Montana. Entre 1978 y 1996 perpetró una campaña terrorista que convirtió su caza en la operación más larga del FBI. Autor del manifiesto más divulgado del último siglo, La sociedad industrial y su futuro (1995), su vida y escritos anti tecnológicos han dado pie a numerosos libros, películas, series y estudios. Pero ninguno de ellos aborda lo que aquí se narra: la densa conexión de Kaczynski con la cultura española. Su pasión por la lengua castellana y su lectura de grandes autores hispanos. Este ensayo documenta la crónica personal de una serie de hallazgos que su autor ha ido haciendo a partir de fotos, cartas, libros y archivos digitales. Es un viaje por las mejores páginas de España a través del Unabomber. Y también a las obsesiones del Unabomber a través de sus lecturas hispánicas: Cervantes, Valera, Sarmiento, Galdós, Quiroga, Menéndez Pidal, Bolívar, Ortega y tantos otros. Un viaje a los demonios de la libertad.
III
Gonzalo Pernas, Unabomber, las bombas y los libros (16 jun 2023):
Ochentón ya, parece que por su propia mano, Ted Kaczynski ha muerto en su última celda. Los investigadores policiales le pusieron el alias abreviando University and Airport Bomber, en alusión a los lugares donde empezaron a explotar sus artefactos postales, poniendo en marcha una larguísima campaña de terrorismo doméstico que llegó a convertirse en un problema existencial de casi dos décadas para el FBI, como en alguna reseña periodística se puede leer. Precisamente, las implementaciones tecnocientíficas contra las que se rebeló en su manifiesto no habrían hecho posible su cruzada hoy, y el agente que le dijo que tenía que hablar con él no habría tardado tantísimo en adentrarse, bien acompañado, en el wilderness de Montana. El amplio y mediático dispositivo no habría necesitado tantísimo tiempo para localizar su cabaña; sin duda, la versión oscura de la de Thoreau, como si uno y otro representaran las caras de una misma moneda. Cediendo insólitamente a las demandas del Unabomber, el Washington Post y el New York Times publicaron La sociedad industrial y su futuro en 1995, por lo que Kaczynski conseguía su objetivo, aunque precipitando su detención: su hermano Ted reconoció algunas expresiones familiares en el texto y acabó por delatarle. Un mito oscuro nacía.
"La sociedad industrial, que suele conceptuarse como un texto neoludita, antecede el despliegue de las tesis revolucionarias de Kaczynski con un ataque furibundo al izquierdismo posmoderno"
Dado que la cronología y pormenores de su carrera criminal son fácilmente consultables, nos centraremos en los aspectos menos conocidos y más literarios de su vida y legado. La génesis del terrorista se podría esbozar aludiendo a sus shutdowns infantiles, de los que su propia madre, Wanda, dio cuenta en su momento. También cabe mencionar su célebre 167 de coeficiente intelectual, pero sobre todo su participación en los tétricos experimentos de Henry Murray en Harvard: un sádico que debió de freír su cerebro superdotado, si se permite expresarlo informalmente. Sin embargo, nada de esto empaña la brillantez de La sociedad industrial, que un servidor compró en un piso-librería con aires de clandestinidad en alguna calle de Entrevías. Básicamente se trataba de un libreto encuadernado a mano, con cubiertas de cartulina verde, “editado” por Último Reducto en México, en 2002. Si rápidamente se veía que aquello tenía chicha, hoy tiene un interés exponencialmente incrementado, teniendo en cuenta que la tecnociencia ya nos ha puesto en el umbral de toda una crisis de civilización.
La sociedad industrial, que suele conceptuarse como un texto neoludita, antecede el despliegue de las tesis revolucionarias de Kaczynski con un ataque furibundo al izquierdismo posmoderno, que —dando bastante en el clavo— considera inútil y sobresocializado. En resumen, al convicto más famoso de ADX Florence, Colorado, nunca le gustó lo que en Estados Unidos se conoce como Leftism: ese colectivismo posthippie no tenía nada que ver con sus planteamientos. A él le preocupaba la pérdida de autonomía del individuo y las familias, así como toda una serie de cuestiones que consideró más urgentes y universales que los derechos de las minorías, los animales y cosas por el estilo. Despeja toda duda cuando afirma que “no tenemos ilusiones acerca de crear una nueva forma de sociedad ideal”, añadiendo que su “finalidad es solo destruir la forma preexistente”. No es un utopista, y mucho menos un romántico, como se ha llegado a insinuar en algún sitio, sino el artífice de 16 atentados con sus tres muertos y unos cuantos heridos, algunos graves, así como el lúcido analista de una sociedad que, en su hibris técnica, en su fausticismo, pronto empezará a devorar a sus hijos, como en el cuadro de Goya.
"De un modo más general, Piglia resumió la cuestión del Unabomber con un lacónico: percibe muy bien la situación"
El Unabomber, que firmaba sus bombas con el acrónimo FC, de Freedom Club, ha inspirado en alguna medida al Benjamin Sachs del Leviatán de Paul Auster. También es el Thomas Munk de El camino de Ida, que es la novela en la que Ricardo Piglia volcó su semblanza ficticia del recién fallecido. Si el Sachs de Auster no encaja demasiado con nuestro protagonista, sí que introduce a cierto Dimaggio que avisa de cómo los servicios de inteligencia adulteran los acontecimientos hasta niveles que muy pocas personas formadas estarían dispuestas a admitir. De ahí la nebulosa que siempre envolverá al matemático sangriento, aunque no tanto a una obra que siempre se puede interpretar y discutir. Le pese a quien le pese, ofrece valiosos materiales para el debate crítico sobre el rumbo y la propia naturaleza del progreso. De todas formas, el libro de libros a mencionar es El agente secreto de Conrad: se sabe que Ted leyó esta novela decenas de veces, identificándose con el protagonista y su fatalismo de manera excepcional, y pudiéndose comprobar el grado de similitud en cuanto uno remonta sus páginas y acaba por conocer a “el profesor”.
Lo cierto es que el manifiesto —La sociedad industrial y su futuro— ha quedado algo eclipsado por el emblema pop en el que el terrorista se ha convertido. Y también otros aspectos interesantes de su propuesta intelectual, como una crítica del anarcoprimitivismo en la que discute a Marshall Shalins y Bob Black, entre otros, o su correspondencia con John Zerzan: quizá el representante más conocido de la militancia antitecnológica de corte, digamos, izquierdista. De un modo más general, Piglia resumió la cuestión del Unabomber con un lacónico “percibe muy bien la situación”: el modo en que las sociedades avanzadas diluyen los impulsos autónomos y disidentes en esa sobresocialización nunca inocua, la consecuente frustración de un individuo que cada vez controla menos su devenir y —en síntesis— el modo en el que el desenfreno tecnocientífico está acabando globalmente con la vida y sus cadencias humanas. Es mucho más lo que se podría decir a la luz de las recientes revoluciones tecnológicas y sus renovados impactos, aunque para ello habrá que acudir a las exégesis.
IV
Theodore Kaczynski, Desde un bosque lejano. Tecnología, colapso y revolución. Errata Naturae, 2025, EAN: 9791387597207, ISBN: 979-13-87597-20-7
Resumen
Theodore Kaczynski fue un brillante filósofo y matemático que, tras licenciarse con honores en Harvard, obtuvo su plaza como profesor de la Universidad de Berkeley con apenas veinticinco años. Sin embargo, tan sólo impartió un par de cursos antes de recluirse en una cabaña sin agua ni electricidad en los bosques de Montana. Desde allí, y a lo largo de casi dos décadas, tuvo en jaque al FBI y a la CIA con los envíos de diversos paquetes-bomba que causaron la muerte de tres personas e hirieron a una veintena. Con sus ataques pretendía encender la chispa de una revolución global contra el complejo tecno-industrial (y su último exponente: la inteligencia artificial), causante del cambio climático y la alienación última y catastrófica de la humanidad.
Kaczynski fue por tanto un terrorista, pero también, por incómodo que nos resulte, uno de los pensadores más lúcidos de nuestro tiempo, como demuestran los ensayos recogidos en este volumen. Tal como explicamos de forma detallada en su prólogo, como editores creemos que es posible (y necesario) valorar sus escritos sin avalar sus acciones, al igual que admiramos el catálogo de la editorial Feltrinelli, aunque su editor y fundador muriera colocando, él también, una bomba; o como leemos con pasión al escritor William S. Burroughs aunque asesinara a su esposa; o seguimos aprendiendo de Platón sin defender, como él, la esclavitud.
En este sentido, el análisis teórico que propone Kaczynski clava su dardo en el problema fundamental de nuestra época: la progresiva extinción de la libertad individual y la creciente catástrofe ecológica causadas por nuestra absoluta dependencia de la tecnología contemporánea, que se ha convertido en un sistema autónomo que no sirve al ser humano, sino que lo utiliza. Y su razonamiento, impecable desde un punto de vista teórico y difícilmente rebatible, le llevó a concluir, por un lado, que el problema último no es el capitalismo, sino el sistema tecnológico que lo gobierna; y por otro, que dicho sistema no es susceptible de reforma, y que, por tanto, debe destruirse para evitar la devastación final del planeta y de la inmensa mayoría de sus habitantes.
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