miércoles, 25 de marzo de 2026

La sociedad industrial y su futuro, y el curioso hispanismo de Ted Kaczynski

Ted Kaczynski fue un niño brillante nacido en Evergreen Park, Illinois. Desde joven mostró afinidad por las matemáticas y a los 16 años ya asistía a Harvard; terminó la licenciatura en 1962 y entró en la Universidad de Michigan, donde se doctoró en solo 5 años. Tras sus estudios fue profesor asistente en la Universidad de California en Berkeley. Ted no fue una persona muy sociable; participó en un cruel experimento sobre la alienación que produce la autoridad que pudo afectar su psique, y mientras estuvo en Berkeley adquirió un gran desdén por la tecnología y las comodidades de la vida moderna; tras dejar su puesto en la universidad en 1969,  vagó de ciudad en ciudad antes de establecerse en Lincoln, Montana, en una cabaña de un bosque cerca de donde su hermano David había comprado un terreno. Permaneció en esta zona haciendo el Henry David Thoreau durante los siguientes 24 años, leyó a Miguel Unamuno y a numerosos autores clásicos españoles afines al tradicionalismo, como refleja el contenido de la librería que tenía en su cabaña, y desarrolló aún más su desprecio por la tecnología; en 1978 este odio lo llevó a iniciar una carrera terrorista enviando bombas durante años a personas que asociaba con la técnica industrial. En 1995 pidió a cambio de no enviar más bombas que publicaran un manifiesto de 35.000 palabras sobre sus ideas contra la tecnología.

Este escrito refleja que Ted siempre estuvo adelantado a su tiempo. Expuso perspectivas incomprendidas por la sociedad de su época, significativamente menos avanzada tecnológicamente que hoy; entonces pocos podían discernir esos peligros. En La sociedad industrial y su futuro, Ted sostiene:

*Que la tecnología amenaza la libertad humana.

*Que demasiada tecnología puede causar sufrimiento psicológico severo.

*Que este avance necesario no solo afecta a la vida humana, sino que también tiene gran impacto en el medio ambiente y degrada la naturaleza.

*Que las personas tienen la necesidad ingénita de perseguir metas, pero la industrialización rompe eso: perjudica su autonomía y cubre todas sus necesidades automáticamente atrofiando ese instinto natural.

Así pues, pensaba que había que proteger a la naturaleza salvaje y a nosotros mismos de la invasión del imparable desarrollo tecnológico. La sociedad industrial refleja desigualdad y caos. 

Estas ideas fueron en su momento incomprensibles e hicieron que Ted fuera condenado, pero tal vez se descartaron y consideraron extremistas por su actitud terrorista y demasiado contundente. Y 31 años después del manifiesto, hay que reevaluarlo y no pudo haber estado más acertado sobre los efectos globales de la tecnología.

La conveniencia, la facilidad de acceso a la información y la facilidad para dispersar datos han causado dependencia sin que las personas puedan obtener algo realmente valioso en la experiencia humana. En vez de trabajar con la tecnología y mantenerse realizados en los demás, los humanos han tratado de adaptarse y subordinarse a este avance para aislarse. La tecnología, como afirmó Ted, tiene ahora un poder absoluto sobre la humanidad y nada es inmune a ella, ni siquiera la naturaleza. Por ejemplo, Chat GPT utiliza 10 veces más energía que la búsqueda de Google, emite 8.44 toneladas de dióxido de carbono al año y consume 700.000 litros de agua potable en su entrenamiento en centros de datos, lo mismo que producir 320 automóviles Tesla.

De 20 a 50 preguntas a Chat GPT consumen el equivalente a 500 ml de agua embotellada, y hay miles de millones de personas usándolo. Y eso es solo una parte microscópica de la red que es la tecnología hoy en día y nos ata.  

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