miércoles, 11 de marzo de 2026

La escritura manual mejora memoria y aprendizaje. Dossier

  I

 La escritura manual potencia la retención de conocimientos, en El País, por Ana Camarero, 8 mar 2026:

Frente al uso del teclado, la práctica manuscrita confiere una mayor fijación de la información, pues consolida la memoria semántica

Su mano se desliza de manera pausada e insegura entre las dos líneas que delimitan el espacio en el que tiene que encajar la palabra que, con sus pequeños dedos, esboza una y otra vez. Una práctica que se realiza durante la infancia en el aprendizaje de la escritura y que requiere sostener un lápiz con los dedos, presionar sobre una superficie y mover la mano para trazar letras y palabras; una acción que parece sencilla pero que supone una labor cognitivo-motora compleja en la que debemos poner toda nuestra atención. “Durante los primeros años de vida, la escritura a mano constituye mucho más que una habilidad gráfica: es un proceso de integración neurocognitiva que contribuye al desarrollo motor, lingüístico y ejecutivo”, declara Joaquim Valls, profesor-investigador en Euncet Business School de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).

Desde el punto de vista motor, la escritura manual exige coordinación óculo-manual, control fino distal y regulación de la presión y del ritmo. “A medida que el gesto se automatiza, se libera carga cognitiva, permitiendo que el niño centre su atención en el contenido lingüístico y no únicamente en la ejecución gráfica”, sostiene Valls.

En el plano cognitivo, la práctica manuscrita facilita una codificación más profunda de la información y mejora la memoria y el aprendizaje conceptual, según recoge el artículo "The influence of writing practice on letter recognition in preschool children: A comparison between handwriting and typing", publicado en Acta Psychologica. “El esfuerzo que requiere formar cada letra contribuye a una representación mental más estable del sistema de escritura, fortaleciendo las bases del procesamiento lector”, añade el especialista de la UPC. Por tanto, en los primeros años, la escritura a mano no solo enseña a trazar letras, sino que contribuye a estructurar redes cerebrales implicadas en la alfabetización, la autorregulación motora y la consolidación de la memoria, desempeñando un papel relevante en el desarrollo cognitivo temprano.

Cuando escribimos a mano, dice Emilia Redolar, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), “se adquiere mejor la información durante el estudio y se alcanza una mayor retención; es decir, se facilita la consolidación, por ejemplo, de la memoria semántica, que depende de la formación hipocampal”. En la escritura a mano, nuestro cerebro necesita la planificación motora, a través del área motora suplementaria o la corteza parietal posterior, para integrar las diferentes modalidades sensoriales. Además, continúa Redolar, “se reclutan áreas involucradas en el procesamiento visual que son muy importantes en la lectura, que es el área visual de las formas de las palabras, y la corteza motora primaria”. La coordinación de estas regiones, que requiere un esfuerzo cognitivo importante, posee efectos positivos al promover conexiones consistentes entre las áreas cerebrales que están implicadas en las funciones visuales, motoras y cognitivas. “Esto tiene una repercusión positiva en el aprendizaje, la memoria y el lenguaje”, añade.

Ejercitar la escritura a mano favorece ciertos procesos de aprendizaje, según Joana Acha, profesora agregada de la Universidad del País Vasco (EHU), “precisamente aquellos relacionados con la interiorización de lo que se escribe, tanto el contenido, las ideas principales, el modo en que están organizadas o estructuradas esas ideas, como el continente, la estructura ortográfica de las palabras o el modo en que estas se organizan y estructuran en la frase”.

Tres factores decisivos

Recientemente, junto a su equipo de la EHU, Acha ha profundizado en cómo los diferentes métodos de escritura —manual frente al uso de un teclado— afectan a la capacidad de los niños para aprender letras y estructuras de palabras desconocidas desde cero. Una investigación que se ha publicado en la revista Journal of Experimental Child Psychology. La conclusión principal es que cuando se escribe a mano se produce una mayor retención de la información durante el aprendizaje. “En primer lugar, la acción grafomotora hace que las secuencias de las letras y palabras escritas a mano se retengan mejor, porque el acto motor pasa a formar parte también de la representación. De alguna manera, los movimientos organizan nuestra percepción y ofrecen una contribución única para configurar nuestras representaciones espaciales. Además, al escribir manualmente producimos las letras con una forma ligeramente distinta, y esta variabilidad puede contribuir a crear una representación más abstracta que incluye todas las instancias producidas. Finalmente, se activan recursos atencionales que favorecen la concentración”. Tres factores clave que no tienen lugar cuando escribimos con teclado. Este fenómeno se enmarca en lo que se denomina “cognición corpórea”, teoría que explica la adquisición de múltiples aprendizajes y conceptos a través de la experiencia perceptiva y la acción corporal.

Origen evolutivo

Los tres aspectos indicados anteriormente tienen un origen evolutivo. “Se ha observado que cuando se entrenan nuevos símbolos mediante la escritura a mano, se activan las mismas zonas implicadas en el reconocimiento de las letras como resultado de la adaptación neuronal, lo que revela que la activación de las representaciones mentales de letras depende, en alguna medida, de poseer un conocimiento de cómo se escriben”, señala Acha. Por ello, si evolutivamente escritura y lenguaje formaron parte de la misma red neuronal, “es lógico que la acción de escribir a mano letras y palabras esté de alguna manera asociada neurológicamente a leerlas o identificarlas”, razona.

Como cualquier otro aprendizaje, las habilidades de escritura generalmente comportan un progreso más significativo en los primeros años, mientras que en etapas posteriores puede estabilizarse o requerir enfoques más específicos para continuar el desarrollo. Incrementar la escritura manual “hace que nos podamos sentir más hábiles y disfrutemos con el arte de escribir y se mejore el proceso”, dice Anna Fores, directora de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st. Por eso, los especialistas aconsejan seguir tomando notas a mano. “Los teclados dan sensación de rapidez, pero pueden limitar la conexión cognitiva profunda que se produce con la escritura manual, afectando la retención y la comprensión del contenido”, opina Fores.

Caligrafía, una seña de identidad

La escritura manuscrita es una habilidad motora aprendida que se automatiza con la práctica. Aunque partimos de un modelo escolar común, cada persona consolida patrones propios de ritmo, presión, tamaño e inclinación según su control motor fino y coordinación visomotora. “Los modelos neuropsicológicos explican que, una vez estabilizados, estos programas motores generan una variabilidad individual consistente: esa es la base científica de la llamada letra personal”, manifiesta Monica Gallerani, reeducadora y consultora didáctica para el Aprendizaje de la Escritura y la Prevención de las Dificultades Grafo.

Cuando la escritura no alcanza suficiente legibilidad y automatización, el niño destina más recursos al gesto motor que a la planificación y revisión del contenido. “La evidencia indica que esta falta de fluidez puede asociarse a menor rendimiento escrito en etapas iniciales. En la vida adulta el impacto es menor en contextos digitalizados, aunque la claridad sigue siendo relevante en ámbitos profesionales”, dice Gallerani.

La caligrafía evoluciona con el transcurso del tiempo y puede producirse de forma involuntaria o deliberada. En este sentido, la escritura puede modificarse, aunque no de forma inmediata ni completamente libre de restricciones biológicas, “dado que, como toda conducta motora compleja, puede reorganizarse mediante práctica deliberada y repetida”, apunta Joaquim Valls, profesor-investigador de la UPC.

Desde el punto de vista neurobiológico, el cerebro mantiene capacidad de plasticidad a lo largo de la vida. Mediante entrenamiento se puede mejorar la fluidez, la legibilidad, el ritmo o la presión, aspectos vinculados al control motor y atencional. “Sin embargo, cuanto más automatizada está una pauta motora, mayor esfuerzo consciente y mayor tiempo requiere su modificación”, concluye Valls.

II

Cuando escribimos a mano memorizamos mejor. No abandonemos la caligrafía, en El País, por Julia Roiz, 28 dic 2023:

La generalizada digitalización de la enseñanza empieza a verse cuestionada por estudios y voces que se centran en las ventajas de la escritura frente al teclado

Dejar de escribir a mano afecta a la capacidad de memorizar. Esa es la conclusión a la que han llegado varios expertos a través de sus investigaciones. Sin embargo, en las últimas décadas la digitalización de los sistemas educativos ha llevado a abandonar progresivamente la caligrafía tradicional. En los países nórdicos, que son un punto de referencia para el resto del mundo, la hiperdigitalización comenzó a principio de la década de 2000 con la inclusión de ordenadores y sistemas electrónicos en las aulas. Poco a poco, estos elementos han reemplazado a la escritura tradicional, hasta el punto de que a finales de 2022 Suecia anunció un plan de digitalización total en sus aulas.

No obstante, dio marcha atrás a principios del pasado verano, con la llegada de la coalición de centroderecha al Gobierno. El detonante fueron los bajos resultados de los alumnos en las Pruebas PIRLS 2021 (Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora) —que se hicieron públicos la primavera pasada— en el área de comprensión lectora.

En contraposición, este mismo curso, Finlandia, otro de los países de referencia en la educación europea, ha completado el abandono de la caligrafía cursiva o inclinada, la propia de los textos dictados en cuadernos, quedándose sólo con la de palo, similar a la mecanografiada.

Las distintas posturas de ambos países revelan una tensión de fondo, en la que numerosos expertos cuestionan la exclusión total de la escritura manual de las aulas y la vida diaria. El escritor y lingüista José Antonio Millán publicó a finales de noviembre Los trazos que hablan (Ariel), un ensayo donde repasa la historia de la escritura desde su nacimiento hace 5.000 años, y donde trata de responder a una pregunta: ¿Es necesario enseñar la caligrafía manuscrita? En conversación con EL PAÍS, Millán responde con rotundidad: “Sí. No tenemos que dejarlo porque la escritura manual está vinculada a nuestro cerebro, a nuestra capacidad de memorizar, a nuestro sistema psicomotor”.

No se trata sólo del ámbito psicológico. Los dos tipos de escritura, la manual y la mecanografiada, tienen diferencias, que analiza el profesor de Psicología del Pensamiento y del Lenguaje de la Universidad de Murcia Javier Marín en ‘Lo que el teclado se llevó: ¿qué hemos perdido al dejar de escribir a mano?’, el artículo que publicó a mediados de septiembre en The Conversation junto a otros dos investigadores. El artículo recuerda una anécdota que se remonta a 1882, cuando el filósofo Friedrich Nietzsche recibe la esfera de escribir Mallin-Hansen, una máquina con teclas. El pensador había comenzado a tener problemas de visión, hasta tal punto que la caligrafía tradicional se había convertido en una odisea para él. Su amigo el compositor Heinrich Köselitz fue uno de los primeros en analizar los efectos del nuevo artefacto en su escritura: los textos de Nietzsche se habían vuelto telegráficos, más escuetos. Su estilo había cambiado.

Más allá de la anécdota, Marín se centra su artículo, coescrito con otros dos profesores, en un aspecto principal: la capacidad de memorizar los contenidos. En su artículo, los investigadores hacen referencia a un estudio de 2021 publicado en Reading and Writing, una revista interdisciplinar, en el que se comparaba la retención a corto y a medio plazo de las palabras que se habían aprendido tecleándolas o escribiéndolas de forma manual. “El recuerdo era mejor cuando se aprendía con el lápiz y papel que con el teclado”, concluyen.

En otro experimento anterior, publicado en Human Movement Science en 2006, un grupo de adultos trataron de aprender un lenguaje asiático. Al acabar, no se notaron apenas diferencias entre aquellos que lo hicieron a mano de los que teclearon, pero pasados unos meses estos últimos habían olvidado gran parte de la información. “Al teclear es más difícil memorizar las palabras”, señala Marín, apuntando a que los mayores recursos mentales que exige el tecleo faltan luego a la hora de recordar.

La memoria no es la única ventaja. “Escribir a mano tiene efectos positivos en el aprendizaje de las letras, en la lectura y en la propia escritura”, recalcaba Karin James, profesora de Ciencias de la Psicología y del Cerebro de la Universidad de Indiana, que ha dedicado toda su carrera al estudio de los efectos de la escritura tradicional en el cerebro, en un artículo publicado en 2019 en la revista científica LDA Bulletin.

Además de la capacidad de memorización, la decena de expertos consultados para este reportaje relacionan la escritura manual con su influencia en el sistema psicomotor. El catedrático de Psicobiología por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Manuel Martín-Loeches, explica: “A la hora de escribir a mano se hace un movimiento más complejo, una secuencia que es la que después hará que se activen zonas del cerebro que nos ayuden a entender secuencias de ideas, de pensamientos”.

Los expertos señalan más beneficios de la escritura a mano. El catedrático de Neurología Marcelo Berthier, que ha estudiado la relación entre el aprendizaje y la caligrafía tradicional, habla del aprendizaje del no uso, que es un fenómeno que consiste en que cuando uno deja de hacer una tarea, la actividad de la red neuronal que se encarga de ella se regula a la baja. “Teclear elimina el componente motor de la escritura”, relata por teléfono.

Otro de los beneficios de la escritura a mano es que favorece la esquematización: aquellos que recurren a la escritura manual tienen mayor capacidad para sintetizar los contenidos que los que lo hacen tecleando. Berthier explica este proceso: “Al teclear, el alumno trata de recoger toda la información que escucha, mientras que al hacerlo a mano no es tan rápido”. Esto provoca, según los investigadores que han ahondado en el tema, que sea más sencillo filtrar lo que se oye al escribir a mano.

No obstante, los teclados tienen otros beneficios que superan a la caligrafía tradicional. Por ejemplo, la mecanografía aporta mayor rapidez a la hora de escribir. Esto se ve reflejado en varios estudios universitarios —de las Universidades de Princeton y la de California, entre otras—que destacan que los usuarios de un ordenador portátil en sus clases escriben 33 palabras por minuto frente a las 22 de los que recurren a la escritura manual.

La escritura manual lleva milenios con nosotros. Los teclados han aportado rapidez, inmediatez y se han convertido en imprescindibles para el día a día de la sociedad. Frente a las tensiones de la digitalización, los investigadores plantean una solución en el sistema educativo: una educación híbrida en la que se empleen los dos tipos de escritura para beneficiarse de ambas. Para los adultos y sus rutinas, recomiendan aquella hecha a mano para tareas diarias que pueden ayudar a memorizar lo que se ha hecho, lo que se va a hacer, y lo que queda por hacer.

III

El abandono de la escritura a mano perjudica el aprendizaje en los niños, y el lápiz digital puede ser un aliado, en El País, por Ana Camarero, 7 jun 2022:

Al escribir se realiza un procesamiento profundo de la información, se mejora la capacidad lectora y de la memoria y se estimula el desarrollo de conexiones neuronales

Hace años, los estudiantes, además de libros, llevaban en sus mochilas un elemento entonces imprescindible para afrontar la jornada en el colegio: el estuche. Un accesorio de distintos tamaños, formas y colores, que contenía en su interior lápices, bolígrafos, pinturas, rotuladores, borrador, sacapuntas e, incluso, reglas, escuadras y cartabones. Con el paso del tiempo este complemento ha ido disminuyendo en importancia.

La causa es la reducción de la escritura manual en las aulas en favor de las nuevas tecnologías que han dado protagonismo al teclado. Una circunstancia que, en opinión de algunos expertos, supone un perjuicio para el aprendizaje y la memorización de las nuevas generaciones, y que ha hecho que empiece a valorarse, como no podía ser de otra manera y acorde a los tiempos que corren, el uso del lápiz digital para que niños y jóvenes no se desvinculen de la escritura.

La escritura resulta beneficiosa para el cerebro en cualquier etapa de la vida y máxime durante el desarrollo. La doctora Pilar González, neuropediatra del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, apunta que “escribir resulta una tarea compleja en la que se realiza un procesamiento profundo de la información, beneficia la capacidad lectora y de memoria y estimula el desarrollo de conexiones neuronales”. El hemisferio cerebral izquierdo es el responsable de la comprensión y producción del lenguaje oral y escrito.

Por ello, continúa esta experta, “la escritura estimula áreas motoras, visuales y cognitivas”. “Primero se estimulan áreas de percepción y comprensión, después áreas de codificación y, al final, la corteza motora primaria para producir el movimiento”, enumera, explicando las muchos ventajas de la escritura manual: “También se activan otras áreas: memoria, visión global de la palabra y regiones implicadas en funciones ejecutivas (planificación, atención y flexibilidad cognitiva). Ayuda en el entrenamiento de las funciones ejecutivas, estimula la atención y también la capacidad de sintetizar la información. Otros beneficios: reducción de la ansiedad y fomento de la creatividad”.

Si se abandonase de manera efectiva la escritura se perdería uno de los canales de procesamiento para el cerebro. Esto se debe, en opinión de José Ramón García Guinarte, profesor, especialista en Neurociencia y director del Instituto de Neurociencia y Alto Rendimiento, a que “la escritura funciona a través de una inteligencia corporal”. “Es decir”, ilustra García Guinarte, “memorizamos lo que estamos realizando a través del movimiento, además de un componente visual. Si dejásemos de utilizarla estaríamos generando un menor número de sinapsis neuronales. Estaríamos descuidando una de nuestras inteligencias”.

En 2020, un equipo del laboratorio de Neurociencia del Desarrollo del departamento de Psicología de la universidad de Noruega de Ciencia y Tecnología, en Trondheim, publicó en la revista Frontiers in Psychology un estudio que valoraba qué práctica era más eficiente para un aprendizaje óptimo en el aula: escribir a mano, en teclado o dibujar. Para llevar a cabo esta investigación ejecutaron un electroencefalograma de alta densidad provisto de 256 sensores a 12 jóvenes adultos con una media de edad de 24 años y a 12 niños, de 12 años, para estudiar la actividad eléctrica de sus cerebros mientras escribían a mano, a máquina o dibujaban.

En el caso de los jóvenes que escribieron a mano con un bolígrafo digital en una pantalla táctil, ciertas áreas del cerebro en la región parietal y central mostraron actividad sincronizada relacionada con eventos en el llamado rango theta. Estas áreas son importantes para la memoria y para la codificación de nueva información, lo que proporciona al cerebro las condiciones óptimas para el aprendizaje. Al dibujar, se encontraron patrones de activación similares en las áreas parietales, además de desincronización relacionada con eventos en el rango alfa/beta, lo que sugiere similitudes, pero también ligeras diferencias en los patrones de activación al dibujar y escribir a mano. Sin embargo, en aquellos que escribieron en un teclado se observó una actividad desincronizada relacionada con eventos en el rango theta y, en menor medida, en el rango alfa en las regiones parietal y central del cerebro.

En los niños de 12 años se encontraron los mismos patrones de activación, pero en menor medida. El estudio concluye que los niños y niñas, desde temprana edad, “deben ser expuestos a actividades de escritura y dibujo en la escuela para establecer los patrones de oscilación neuronal que son beneficiosos para el aprendizaje”.

La escritura está directamente relacionada con la capacidad lectora. La doctora Pilar González explica que “al escribir el alfabeto, el niño entrena su capacidad de reconocerlo y es muy importante para su capacidad lectora”. “La coordinación visomotriz que requiere la escritura se ha asociado a los logros académicos. El desarrollo de aptitudes de motricidad fina en la infancia puede predecir no solo el éxito que se tendrá en la escritura, sino un mejor desempeño en lectura y matemáticas en la escuela primaria”, afirma.

La utilización del lápiz digital sobre pantallas táctiles ofrece beneficios frente al lápiz tradicional, como puede ser trabajar con distintos colores, tipos de subrayados o distintas técnicas para resaltar la información. Sin embargo, en opinión de la doctora Rosa María Funes Moñux, pediatra neonatóloga del Hospital Universitario Príncipe de Asturias y profesora Asociada de la Universidad Alcalá de Henares, “el esfuerzo en la escritura manual con la realización de resúmenes o esquemas elaborados por uno mismo fomenta la atención, la retención de conceptos y el rendimiento en el aprendizaje”. “En la escritura manual se entrenan también habilidades como la distribución del espacio, la limpieza y el orden”, asegura. “El uso del lápiz digital o del teclado con el corta y pega posee resultados menos favorables en el aprendizaje en diversos estudios”.

Además, prosigue esta pediatra, neonatóloga y autora del libro Crecer con wifi, “con las nuevas tecnologías se aprecia un lenguaje más informal en los alumnos en trabajos escritos formales, recurren más al plagio y muestran una clara tendencia a la escritura abreviada, simbólica o con faltas de ortografía normalizadas. La ortografía también se ve mermada en su aprendizaje debido a los autocorrectores”. Y concluye que “aunque se usen los lápices digitales, no debería desaparecer la escritura a mano por los beneficios que aporta. Deben convivir y complementarse”.

De hecho, el lápiz digital podría ser especialmente útil para aprender a estructurar la información; es decir, a extraer ideas que son la base de lo que el estudiante está leyendo y de la que se desprenden otros anillos de información. Para optimizar al máximo el aprendizaje de los estudiantes, es importante que sepan cómo estructurar la información. El director del Instituto de Neurociencia y Alto Rendimiento sostiene que “el alumno, tras una primera lectura entera, debe destruir la información, quedarse con los elementos clave y extraer aquellos que la complementan. La segunda vez ya no leerá la página entera”. Y en esta labor, García Guinarte cree que “el lápiz digital es una herramienta muy interesante”: “La tecnología aporta más posibilidades porque tienes más funcionalidades. En este contexto, podría ser más eficaz que un lápiz tradicional”.

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