La libertad es la más grande responsabilidad. Por eso la desobediencia civil, la rebeldía, es la expresión más dura del espíritu.
El hombre rebelde no es el hombre que habla meramente, es el hombre que dice sí a las cosas sustanciales y no a las accidentales y, sobre todo, a las personas, a todo ese universo que dice: "Es por tu propio bien, aunque tú no lo entiendas", a todos los que han decidido, por ejemplo, que es mejor mandar u obedecer que convencer o entender.
Me parece que la humanidad está yendo tan, tan bien, que no nos lo podíamos ni imaginar. Todavía tenemos tres hipocondriacos que nos hablan de que en África y en América, incluso en San Sebastián ahora mismo, hay personas que lo están pasando fatal. El premio Nobel del año pasado ha dedicado toda su vida a estudiar las relaciones entre demografía y salud, o sea, es un demógrafo y es un médico, y también es un economista.
Le han dado el premio Nobel porque el año pasado publicó un trabajo fantástico donde en definitiva dice: "Vamos, tenemos ocho veces más habitantes que hace 70 años. La tasa de pobreza absoluta actualmente está entre el 10 y el 9%. ¿Qué pasaba hace 90 años? ¿Cuál era la esperanza de vida? 30 años. ¿Cuál es la esperanza actual? Por encima: tenemos gentes que viven el triple del tiempo y que son siete u ocho veces más numerosas y rodeadas de confort como el que ahora tenemos aquí, con estas luces, el micrófono y lo que cada cual tiene en su bolsillo.
¿Cómo es posible? ¡Con los brutos que somos los seres humanos, lo fanáticos que somos, lo egoístas, lo necios, lo poco dispuestos a estudiar generalmente! ¿Cómo es posible? [carraspeo] ¿Qué, qué nos ha salvado hasta ahora de nuestra idiocia? Quizá la libertad, quizá eso que ni se come, ni se toca, ni se ve, que es pura responsabilidad, autorrespeto.
Pues eso es como un fluido invisible que se ha derramado en forma de confianza, ha llenado de liquidez los mercados, ha hecho que las personas, en vez de tener el dinero en el cajón, digo, en el debajo del colchón, metido en el bolsillo, lo saquen, lo empleen, empiece a circular, haya oportunidades y, bueno, muchas veces las empresas no salen bien a la primera; ni siquiera a la quinta, pero emprender, emprender es lo que hace el mundo, y por eso somos la inmensa cantidad de los que somos. ¿Cuál es nuestro problema? Después del siglo y medio de salvajismo y masacres en nombre de la lucha de clases, o de la de los pobres contra los ricos, o de los colectivistas contra los individualistas.
Bueno, el problema de la humanidad entera es que nos están comiendo las basuras. O sea, que estamos convirtiéndonos en una viruta en el concierto cósmico, precisamente porque somos tan libres, porque somos tan prósperos, porque somos tan numerosos que algo hay que hacer para no perecer. En este asombroso empeño donde inconsciente y personalmente hemos pasado a ser muchísimo, vamos, hemos pasado a ser la gran especie que nunca fuimos y que era como una esperanza.
Ahora no solo somos los dueños de la Tierra, sino que comenzamos a soñar; tenemos que estar más unidos que nunca. La verdadera crisis, la crisis ecológica, requiere un grado de solidaridad, de compromiso personal extraordinario.
Entonces hay que cerrar el libro de los Mesías, cerrar el libro de los que mandan, simplemente porque esa es nuestra vocación ¿verdad? Y, si no mandan, no se cumplen. Son domadores de personas, gente a mi juicio indeseable; pero ahí está. Lo que podemos hacer frente a esa gente es no obedecerles y decirles: "¡Oye, tú, miserable, te he visto! Estamos como nunca, pero como siete veces mejor que nunca. Y los que dicen otra cosa, por favor, que nos lean y se enteren de una vez.
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