sábado, 29 de agosto de 2026

Un artículo sobre el antifeminismo

 Cuando las mujeres "tenían el cerebro de un chimpancé o un negro", por Manuel Espín, autor de Insumisas, en El Confidencial.

El choque de posiciones será brutal en esta época, en la que el término feminismo se empieza a utilizar en la prensa a la vez que despierta encarnizadas polémicas. Falta que desde una atalaya supuestamente científica se cuestione su capacidad. Lo va a hacer en 1900 un libro que despierta polémica y en el que los tradicionales estereotipos sobre la debilidad femenina aparecen revestidos de un barniz que presuntamente se apoya en el avance científico. El médico alemán Paul Julius Moebius o Möbius (1864-1907) lanza un texto que revuelve las aguas, Sobre la imbecilidad fisiológica de la mujer, (Über den psychologischen Schwachsinn des Weibes, Halle: Marhold, 1900)) donde compara el tamaño del cerebro femenino con el del chimpancé y el de un "negro", en lo que constituye una expresión de acentuado carácter racista. En su trabajo quiere demostrar que el instinto femenino tiene más importancia que el masculino porque en ellas se asemeja a los grandes animales y genera un carácter dependiente, alegre, pero que busca la seguridad. Moebius, que no se presenta como contrario a las mujeres, describe al género femenino como una carga para el hombre, a quien corresponden las nobles iniciativas, dado que ellas carecen de capacidad para distinguir el bien del mal y subordinan todo a la costumbre y la opinión ajena. Esperar algo de una mujer es un ejercicio inútil porque no se les puede pedir otra cosa que no sea ser "sanas y tontas". De las "exaltadas locas modernas" —es decir las sufragistas y las que luchan por una educación igualitaria y poder tener un sitio en el espacio de la ciencia y la creación artística— afirma que "paren mal y son pésimas madres". Cree que la menopausia da lugar a un debilitamiento de las facultades mentales que acentúa la incapacidad de las mujeres.

Moebius se propone demostrar "cuán loco es el feminismo", destacando que "el amor conyugal y el matrimonio alcanzan una preponderancia sobre los demás instintos, que, en condiciones normales la mujer obtiene sin esfuerzo la victoria". Destacando "la paciencia en la mujer, como cuando asiste solícitamente al niño enfermo; y en casos semejantes en que se refieren a un sentimiento de amor es especialmente femenino". Cita a Lombroso y Ferrero para destacar su inferioridad mental, y destaca lo que denomina "antagonismo entre la vocación natural de la mujer y la vocación auténtica" como la de las que aspiran a ser doctoras o artistas "producto de una degeneración": "Las mujeres dotadas de talento son real y verdaderamente víctimas, sea porque merced a sus aptitudes intelectuales renuncian a los impulsos de la naturaleza, sea porque cuando son madres deben esforzarse en servir a dos señores distintos".

Moebius: "La mujer está destinada a ser madre; luego todo lo que tienda a entorpecer ese deber es falso y dañoso"

Afirma que, salvo en las actrices y las cantantes, las mujeres no son indispensables, tampoco las pintoras, escultoras o doctoras, más allá de la poesía o las escritoras de novelas. "Las mujeres —afirma— viven pendientes de sus hijos y de su marido; lo que es extraño a la familia no les interesa"; mientras carecen del sentido de lo justo. "El disimulo, o sea el embuste, es el arma natural y más indispensable para la mujer [...] a la que la Naturaleza exige amor y abnegación maternales".

Moebius replica a Ibsen y su Nora, a la que considera "degenerada e histérica" por abandonar su hogar y su familia "para satisfacer aspiraciones cerebrales". Cree que "los verdaderos enemigos de las mujeres son los feministas, los que quieren anular las diferencias entre los dos sexos": "La mujer está destinada a ser madre; luego todo lo que tienda a entorpecer ese deber es falso y dañoso".

La primera edición española de ese libro tiene una peculiaridad: está traducido y prologado por Carmen de Burgos, que representa precisamente lo que Moebius critica. Ese prólogo es discrepante pero no incisivo, lo que muestra la difícil posición en la que ella se debió encontrar. La autora pone en evidencia a varios tipos de feminismos: por una parte el de las reivindicaciones pertenecientes a las clases elevadas de la sociedad, de carácter conservador, y las mujeres del pueblo, de las que dice que no son feministas "sino esencialmente anarquistas; no piden jamás la identidad absoluta de los sexos, [sino que desean] la igualdad humana dentro de la justicia equitativa". Su opinión es relativamente poco agresiva respecto a Moebius; puntualiza Carmen de Burgos en sus opiniones sin entrar a degüello a rebatir las del conocido médico que generó polémica a principios del XX. Así explica la peculiar actitud de Carmen de Burgos su reciente biógrafa Asunción Valdés:

"Hay que ponerse en el lugar de Colombine en una época en la que las mujeres estaban tratadas como menores o inferiores en los códigos que establecían una permanente tutela sobre ellas. Ya sabemos que en la Grecia clásica venían a ser como una especie de metecos o extranjeros, bajo unos criterios que nada tienen que ver con los de nuestro tiempo. De Burgos sabía nadar y guardar la ropa porque ella era profesora y ser docente tenía una gran importancia; pero a la vez debía guardar las formas. Era erudita, culta, tenía grandes conocimientos, ejercía el periodismo y valoraba su función social; pero no podía dar argumentos a quienes la calificaban de rebelde, destructiva de la familia y la sociedad, peligrosa [...]. Los epítetos que se utilizaban habitualmente para denigrar a las mujeres con ideas propias. Porque en esa época salirse del rol que se las asignaba, siempre lejos de lo público (el arte, la política, la creación, la profesión...) era un acto de rebeldía".

'Insumisas' (Almuzara): es la historia de la lucha de quienes a lo largo de los siglos XIX y XX se rebelaron contra los roles establecidos, y por acceder a la educación, al sufragio, a la creación cultural, la ciencia, la política y el deporte.

Manuel Espín: es doctor en Sociología (UNED) y licenciado en Derecho, Ciencias de la Información y Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Ha impartido clases, cursos y asignaturas en diversos centros superiores y trabajado en importantes medios de comunicación. Entre sus últimos libros, 'Vida cotidiana en la España de la posguerra' (2022), 'La España Ye-yé' (2023) y 'Sexo en el franquismo' (2025).

A las feministas se las llamaban "locas, marimachos, atentatorias contra los valores familiares y la estabilidad del matrimonio, malas madres [...]" y no puede sorprender encontrarnos con opiniones de pensadores de la época, sin ir más lejos de Schopenhauer para quien las mujeres no eran más que "señoras de pelo largo y caderas anchas". Por eso Carmen evita denominarse feminista. Traduce el libro de Moebius y lo prologa porque necesita dinero, evita una carnicería sobre ese texto que debía aborrecer, pero dice lo que quiere aunque con buenas formas, cuando se fija en personajes como Madame Curie, las primeras mujeres científicas, y fija la atención en la terrible situación de las cárceles en general y en especial las femeninas, en las que en lugar de tener oportunidad de salir de la delincuencia sus condiciones se agravan y están todavía más expuestas, en una línea de continuidad como la que ya había expresado Concepción Arenal.

El mito de la debilidad femenina

A lo largo de la historia, especialmente en la época de la Ilustración y el XIX, en la que la especulación científica adquiere carta de naturaleza y protagonismo social, hay un argumento supuestamente científico utilizado para evitar la presencia de las mujeres en los espacios de creación y de decisión: su naturaleza débil, inestabilidad emocional, fragilidad física y psíquica... que la hace extremadamente endeble y vulnerable. Se viene a decir que por naturaleza la mujer es voluble y sometida a vaivenes emocionales, porque el territorio de los sentimientos le pertenece y es donde se hace fuerte dentro de un mundo aparte y cerrado, en lo que se viene a llamar universo o misterio femenino, que se quiere ligar a ese misterio de la vida que constituye la capacidad de engendrar.

No debe sorprender que a mediados del XIX se volviera a las categorías de Galeno del siglo II, cuando hablaba de esa enfermedad femenina que afectaba a vírgenes, monjas, viudas y algunas casadas que las hacía mostrarse especialmente sensibilizadas, incluso sexualmente desequilibradas, y que en la época victoriana se categoriza como histeria femenina, en lo que llegó a ser una especie de saco de todo revuelto. Esa constitución inestable hace imprescindible la tutela masculina y la justifica. A la vez, representa un elemento de exclusión de las mujeres en la vida pública y los espacios laborales fuera del hogar de la misma manera que la creación femenina se presenta bajo matiz sesgado; es propia de un ser inferior y desprestigiado cuya credibilidad se pone en duda al describírsela bajo el riesgo de sus patologías propias dependientes de una naturaleza inestable.

El mito adquiere presencia en un tiempo de exaltación de la ciencia cuando en la sociedad victoriana se buscan respuestas a ese mal, etapa represiva en lo relacionado con la sexualidad contemplada como tabú. Todavía más para las mujeres que ni siquiera pueden mencionar sus contenidos en una conversación para evitar ser degradadas al más bajo estrato de la calificación social. La llamada histeria femenina adquiere connotación sexual especialmente morbosa. Con tratamientos consistentes en hipnosis, curas de sueño, temporadas de reposo o lavados vaginales y masajes practicados por una comadrona. Tanto que, a finales de ese siglo y el principio del XX, se empiezan a comercializar aparatos estimuladores mecánicos que pasan a ser eléctricos.

La llamada histeria femenina adquiere connotación sexual morbosa. Se empiezan a comercializar estimuladores mecánicos que luego son eléctricos

Para Freud esa (presunta) patología es debida a cualquier huella de un trauma sufrido en la infancia que pervive en el subconsciente. El estereotipo de la histeria femenina sobrevive hasta convertirse en un lugar común que se utiliza para categorizar a su inestabilidad mental, y que le impide asumir funciones de responsabilidad, con lo que su ámbito de influencia se circunscribe al doméstico y familiar. La descripción de esa situación que en la actualidad podríamos enmarcar en lo psico-social-cultural no tuvo en cuenta hechos a considerar de evidente importancia:

- Hasta épocas todavía recientes el matrimonio en la burguesía y la aristocracia era acordado y formaba parte de una negociación casi comercial, donde la novia aparecía como el objeto predestinado a cumplir la función reproductora y a atender los requerimientos sexuales del varón.

- Había mujeres que sentían aversión al sexo con su esposo, y que eran incapaces de explicarlo. Se las negaba la capacidad de manifestar el deseo y carecían de opinión. Cualquier mujer que hubiera mencionado sus gustos y preferencias al cónyuge se exponía a ser considerada como una prostituta.

- Desde el nacimiento el plan femenino estaba orientado hacia el matrimonio, y fuera del mismo no existía factor de recambio. La dependencia respecto al marido era emocional pero fundamentalmente económica. Él provenía de recursos económicos a la familia, y cualquier decisión por parte de ella habría sido una especie de suicidio. Todavía más en sociedades como la española donde no existía el divorcio.

Cualquier mujer que hubiera mencionado sus gustos y preferencias al cónyuge se exponía a ser considerada como una prostituta

- Ese malestar femenino incapaz de ser verbalizado generaba frustración, desasosiego, nerviosidad y malestar constante. Y el pretexto de la disfunción de la mujer era utilizado por ella para evitar una práctica conyugal incapaz de producirle la menor satisfacción. Mientras debía estar al servicio del esposo cuándo, dónde y cómo él quisiera.

- La tradición asumía que las mujeres eran más frágiles que los hombres en todos los sentidos, y que había enfermedades que formaban parte de su identidad, más allá de las fisiológicas. En un proceso donde interiorizaban desde que tenían conciencia esa diferencia, en la que la naturaleza femenina era descrita bajo condicionantes distintos a los masculinos; lo que contribuía a delimitar los espacios para cada cual.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Máscaras literarias, dossier. Life of M, Plegarias atendidas y Retorno a Brideshead

 I

 Escándalo en las letras inglesas: Rachel Cusk destruye sin nombrarla a la actriz Natalie Portman en su última novela, en El País, Rafa de Miguel, Londres - 26 ago 2026:

Ninguna de ellas ha confirmado que la intérprete sea la protagonista de `Life of M’ (La Vida de M)

La ficción literaria se monta con retazos de realidad. La construcción psicológica de los personajes toma siempre algo o mucho prestado de las personas de carne y hueso. El escándalo surge cuando la copia es evidente. Evelyn Waugh imaginó en Retorno a Brideshead al arribista Rex Mottram, esposo de Lady Julia Flyte, a partir de Brendan Bracken, el ministro de Churchill cuya pomposidad y vanidad detestaba el escritor. Truman Capote fue condenado al ostracismo social y a la depresión cuando reveló los secretos de “los cisnes”, las socialités neoyorquinas cuya amistad cultivó, en Plegarias Atendidas.

La escritora Rachel Cusk ha protagonizado la “traición literaria” del verano con su novela Life of M (La Vida de M), publicada este martes en inglés, la historia mal disimulada de una actriz a la que los críticos identificaron de inmediato con Natalie Portman. M, según el libro, comenzó su carrera cinematográfica con un papel muy de “Lolita” del que su madre exigió que desaparecieran las escenas sexuales. Portman nunca estuvo a gusto con su interpretación de Mathilda y su sexualizada relación con un asesino en el filme El Profesional (Léon), de Luc Besson, cuando ella tenía aún 11 años.

M hizo de bailarina en uno de sus papeles más relevantes y exitosos. Como Portman, que con El cisne negro obtuvo una catarata de premios y reconocimientos, incluido el Oscar. M trabaja para una conocida firma de cosméticos; Portman es embajadora de Dior. M vive en una capital europea. Portman, en París.

La actriz, de nacionalidad israelí y estadounidense (Jerusalén, 45 años), que es además directora, productora, psicóloga y lectora voraz, mantuvo una relación pública con Cusk, de cuya obra se declaró admiradora. Incorporó algunas de sus novelas al club del libro que dirige y mantuvo al menos un debate público sobre su Desfile, uno de sus trabajos, en 2024.

El entorno de Portman ha transmitido su irritación y malestar por la aparición del libro, que ha llegado a las librerías del Reino Unido este 25 de agosto, pero no ha habido una reacción oficial y expresa de la actriz, que intenta pasar cuanto antes página de este episodio y no darle más publicidad de la debida.

M aparece en el libro como un personaje incapaz de construir una emoción humana, convencido de que “se puede hacer ingeniería con la realidad”, tenso, corto de miras, alienado. Lo paradójico, han señalado las críticas, es que Cusk ha vuelto a exprimir cruelmente a alguien real con el único propósito que ha perseguido siempre: escribir sobre sí misma.

El “fin” del personaje

Rachel Cusk (Saskatoon, Canadá, 59 años) se trasladó al Reino Unido a los ocho años y vivió allí hasta que se instaló en París en 2021. Tiene una legión de seguidores y gran acumulación de premios por una obra llevada cada vez más al extremo, una deconstrucción de la literatura en la que han ido desapareciendo elementos clásicos de la ficción realista como la trama o los personajes, para centrarse en la pura experiencia humana a través de distintas conversaciones de un narrador anónimo con los caracteres que van saliendo a su encuentro. “No creo que el personaje exista ya [en la literatura]”, dijo en 2018 al The New Yorker en una entrevista.

Con Un trabajo para toda la vida, su brutal y despectiva descripción de la maternidad, levantó ampollas en los círculos literarios y no literarios, y casi fue acusada de infanticida. No tardó en ir más lejos. Con Aftermath y Despojos, Cusk plantea un naufragio moral y personal al describir su divorcio del fotógrafo Adrian Clarke, que algunos críticos calificaron de “obra maestra de disección moral”, como Julie Burchill en The Guardian, y otros de inenarrable ejercicio de narcisismo por parte de la autora.

Tampoco Cusk ha querido hacer comentario alguno sobre su choque con Portman, o incluso sobre la posibilidad de que la actriz sea realmente la inspiración de M, aunque no existan dudas al respecto en todas las piezas periodísticas que se han escrito sobre el tórrido asunto en los medios británicos y estadounidenses.

Al principio de la novela, el narrador anónimo anuncia a M su intención de escribir su biografía. “¿Y qué harás? ¿Inventártela?”, responde la interpelada. Al final del libro, M se queja al autor de que ha realizado un retrato “doloroso” de ella, en el que se la muestra como alguien “incapaz de amar”. Imposible saber si el planteamiento y el desenlace obedecen a un intercambio real entre Portman y Cusk.

Amistad rota

Los medios presentan el libro como el detonante de la ruptura de una amistad, pero el entorno de la actriz ha insistido en señalar de modo anónimo que la relación entra ambas fue escasa, y nunca salió del ámbito profesional.

Se non è vero, en cualquier caso, è ben trovato. Si no es verdad, debería serlo. Porque el episodio se ajusta como anillo al dedo a los personajes que lo han protagonizado. Cusk no ha dudado nunca en explotar a todos los que, a su alrededor, han sido fuente de material literario. La editorial tuvo que retirar y destruir la primera edición de The Last Supper: A Summer in Italy (La última cena: un verano en Italia, nunca publicada en español), porque las descripciones de los personajes del libro se acercaban tan peligrosamente a las personas con las que la escritora viajó a Italia que surgió la amenaza de una denuncia por difamación ante los tribunales.

Y Portman había tenido ya un episodio turbulento anterior con otro escritor. Su intercambio de correos con el estadounidense Jonathan Safran-Foer, publicado en 2016 por The New York Times Style Magazine, acabó siendo objeto de mofa en las redes y carne de memes, por la aparente pretenciosidad y satisfacción con su propia persona de ambos, al discutir temas como el veganismo, la literatura o el judaísmo.

Aquel episodio, que pudo haber sido un gran golpe publicitario para la siguiente novela de Safran-Foer, Aquí estoy, acabó sepultado con el cotilleo romántico el trabajo literario del escritor. En el caso de Cusk, el autocontrol de ella, y de quien supone la materia prima de su último trabajo, Portman, puede derivar en un mayor interés por el libro en sí mismo, cuando el culebrón pierda fuelle.

II

Capote, ¿un canalla que no debió contar las intimidades de sus ‘cisnes’?, en El País, Mariola Cubells, 18 mar 2024:

La serie ‘Feud: Capote vs.The Swans’ cuenta con maestría y con una mirada punzante la relación entre los cisnes, como llamaba Capote a sus amigas americanas, y el escritor. Entra en detalles, la desmenuza y nos coloca en una gran disyuntiva

¿Se merecían los cisnes de Truman Capote, ese grupo de sofisticadas damas de la jet set americana de los 60, que el escritor las traicionara? ¿Fue justo que Capote publicara, a modo de relato, La Côte Basque 1965, primero en la revista Esquire y luego en la célebre novela Plegarias atendidas todas las confidencias e intimidades que aquellas mujeres de la alta sociedad le habían confiado, abriéndole el corazón? ¿O se comportó como un perfecto canalla? ¿Mereció la pena, para toda la humanidad, por la narración que nos ha quedado? ¿Le mereció la pena al escritor, por la infidelidad que le produjo el abandono de sus ‘amigas’? ¿Fueron ellas injustas o demasiado estrictas al no perdonarle nunca, al condenarlo para siempre al infierno de la soledad, al ostracismo, al apartarlo del único mundo que le importaba, al que le había dedicado tantas horas, tanto esfuerzo, tantos desvelos?

Si te interesan estas preguntas y el universo que contienen (personajes reales y reconocibles, traiciones, angustias, estragos de la creación literaria, extravagancias, bajadas a los infiernos, glamour, sarcasmo y un elenco paradigmático), tu serie se llama Feud: Capote vs.The Swans, consta de ocho capítulos y la puedes encontrar en HBO Max. Tras verla, nunca volverás a leer esa novela póstuma de la misma manera y posiblemente veas a Truman Capote, de cuya muerte se cumplen 40 años, interpretado por el actor británico Tom Hollander, con menos complacencia.

Pero la pregunta más relevante, llegado este momento, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento y 40 de su muerte (Nueva Orleans, 30 de septiembre de 1924- Los Ángeles, 25 de agosto de 1984) y su figura se estudia de nuevo, con una nueva mirada: ¿era Capote, en el fondo, un misógino de tomo y lomo, uno de esos gays que en el fondo también, en realidad odian a las mujeres?. El pasado 24 de febrero, en uno de los episodios del late show estadounidense Saturday Night Live, de la NBC, se emitió una parodia muy punzante del escritor, interpretada por el actor Bowen Yang. El presentador le agradece que acuda al programa precisamente en este momento, en el que se celebra el ‘mes histórico las mujeres’

-Estoy sorprendido de que quieras hablar en este mes, le dice el presentador

-¿Por qué?, Si yo aaamo a las mujeres, le dice el personaje de Capote, exagerando su ya de por sí irritante tono

-Bueno, estoy viendo la nueva temporada de Feud, donde se ve cómo las traicionas a todas, le responde

-No las he traicionado, solo he publicado lo que ellas me contaron en privado…

La conversación sarcástica continua, el guión insiste para que él ridiculice y vilipendie a diferentes mujeres, como Betsy Ross, la estadounidense a quien se le atribuye el diseño de la bandera de EE.UU., con trece estrellas, que representan a las famosas trece colonias británicas . De ella dice el ínclito Capote inventado:

-Hay trece estrellas, porque es hasta donde ella podía contar. La entrevista sigue con pullas a otras mujeres, por lo que el conductor le replica:

-Pero Truman, has dicho que te gustan las mujeres

-Claro, no hay nada más bonito que una mujer, excepto el culo de un hombre, responde el actor

Pero lo mejor llega al final donde el trasunto de Capote suelta lo que vendría a ser una buena definición de la misógina gay:

“Nadie ama tanto a las mujeres como un hombre gay que las odia”

Hay más lugares donde encontrar respuestas a esas preguntas en general y a la gran pregunta en particular. En la biografía novelada ‘El canto del cisne’ (Lumen), la escritora estadounidense Kelleigh Greenberg-Jephcott intenta explicar qué llevó a Capote a esa traición mayúscula, que lo hundió para siempre conduciéndolo al infierno social. Les da voz a los cisnes, (llamadas así por el larguísimo cuello que tenia una de ellas, Marella Agnelli), y hablan de los celos, del afán de venganza, de una vanidad incontrolada… Según la autora, que se pasó años investigando sobre el escritor para componer esta biografía, tras el éxito de A sangre fría la relación entre ellas y él cambió de tercio, “estaban ya al mismo nivel y ya las empezó a mirar de igual a igual. Descubrió, entre otras cosas, que lo solían llamar porque se aburrían”. Ese relato, (que aunque muy meticuloso y muy exhaustivo, no deja de ser ficción), y lo que se extrae de todas las intervenciones públicas de Capote a lo largo de sus últimos años en televisión y prensa, es junto a las conversaciones privadas de un escritor incontinente verbal, todo lo que tenemos para hallar las respuestas.

Y ahora está, como decía, la serie, que cuenta con maestría y con una mirada punzante la relación entre los cisnes y el escritor. Entra en detalles, la desmenuza y nos coloca a los que nos gusta su literatura en una disyuntiva: la de entender que el material narrativo que aquellas larguísimas y suculentas jornadas con ellas dieron de sí, no podía quedarse sin escribir, o la de pensar que fue una auténtica canallada lo que Capote hizo con los cisnes al contar sus miserias y traicionar así la confianza total de ellas.

El caso es que cuando él decidió que publicaría el relato, donde lo contaba todo sin citar sus nombres reales, no pensó que sus cisnes iban a reconocerse, es más, no pensó ni siquiera que fueran a leerlo. Pero lo hicieron, se vieron claramente en esa sátira, (ellas y todo el Nueva York que les importaba) y se encabritaron. Se ha contado a menudo esa ira, esa estupefacción de las damas, y ese castigo ejemplar sin vuelta atrás que llevaron a cabo. No invitaciones, no almuerzos en sus mesas privilegiadas, no cariño. Cuando se le recriminó su escrito se defendió: “No sé qué esperaban. Soy escritor. Ellos son mi material”. En aquel momento todo el circulo de aquel grupo selecto de Manhattan era el poderoso, y Capote su sirviente en realidad, al que de inmediato convirtieron en enemigo. Aunque el que finalmente haya pasado a la historia sea el escritor, que se definió a sí mismo con esta sentencia: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”.

Los cisnes y sus voces

Vayamos con los cisnes y la relación que tuvieron con el escritor. ¿Eran buenas chicas? No, eran viperinas, superficiales, racistas, clasistas, mentirosas y crueles llegado el caso, con buena parte de su entorno y por supuesto entre ellas. ¿Lo fueron con Capote? Bueno, Capote era su entretenimiento, su divertimento, su mayor extravagancia, el bufón intelectual y refinado que les daba el punto justo de locura en sus vidas supuestamente perfectas. No era “una de ellas”, ni estaba por arriba, ni por debajo, así que tampoco era alguien a abatir. Era algo distinto, más complejo, más grandilocuente, más estrafalario, más mundano también. Un amigo fiel e incondicional, para algunas de ellas, como Babe Paley, que llegó a sentir un amor fou por él.

Babe Paley, a quien en la serie interpreta Naomi Watts, fue un icono de estilo, una mujer ‘perfecta’ tal y como la definía Capote, editora de revistas de moda y casada con un marido recurrentemente infiel. A Capote le lloraba, le contaba secretos, dolencias del alma, y todo eso el escritor se lo devolvió a modo de fábula en el relato. Por eso para ella especialmente el articulo La Côte Basque, 1965 publicado primero en la revista Esquire, y después en Plegarias atendidas, fue un golpe al corazón, una traición. Más allá de la vergüenza que le hizo sentir, al ver escritos sus detalles íntimos y sórdidos, aunque no los citara con su nombre real.

Capote, ese niño necesitado de cariño, vio en los cisnes a aquellas damas que rechazaron a su madre (que se suicidó y cuyo espectro interpreta en la serie Jessica Lange, fiel actriz en la trayectoria de Ryan Murphy, productor ejecutivo de la serie) que siempre aspiró a formar parte de aquella élite social femenina. No lo logró, así que Capote puso todo su empeño, casi sin ser consciente, en vengarse de alguna manera de aquel desplante. Durante años fue confidente, asesor, entretenedor, paño de lágrimas, amante sin sexo, compañero de juegos y de maledicencia. “Hago que se sientan vistas y seguras”, declaró a un periodista con el que rodó un documental con todas ellas, cuando este le preguntó cómo había conseguido que comieran en su mano.

Como si de un estilete se tratara, en el quinto capítulo de la serie resume así de cruelmente lo que cree de ellas de verdad, una vez ha sido apartado para siempre de su lado: “Solo son blancas, americanas y protestantes (y racistas y clasistas). No tienen empatía ni compasión, y solo les interesa que parezca que sí la tienen. Todos mis cisnes son madres horribles. Todo lo que hacen es superficial, sus vidas sí son interesantes, pero ellas no. Y para ellas los negros están para servir y los gays para el entretenimiento”. Por si faltara algo en este relato letal, añade, “están obsesionadas con no envejecer, así que se someten a todo tipo de intervenciones, no comen, viven del aire y del agua y de diminutas porciones de carne muy rara”.

Y ahí aparecen la actriz Diane Lane como Nancy ‘Slim’ Keith, otra dama de la alta sociedad, una íntima amiga de Babe, que sin embargo no tiene repartos en acostarse con su marido. O la distinguida C.Z. Guest, que además era diseñadora, y a quien da vida la actriz Chloë Sevigny (Boys Don’t Cry, American Horror Story). Hay un cisne de lo más especial, el de Joanne Carson, (la esposa del célebre showman de la tele estadounidense, Johnny Carson) porque le da vida Molly Ringwald (La chica de rosa, El club de los cinco, Monster: La historia de Jeffrey Dahmer), en lo que supone su vuelta a la ficción. En la serie es amiga, confidente de Capote y por supuesto una más de ese grupo de damas que se reúnen en esa mesa privada de La Côte Basque, a la entrada, para mirar y ser vistas, y que solo quieren que el mundo las adore. Hay una leyenda que cuenta que un día antes de su muerte el escritor le dio a Joanne Carson, en cuya casa se instaló cuando enfermó, al final, una llave. Era, cuentan, de una caja de seguridad de California y allí estaba el manuscrito de la novela completa, Plegarias atendidas. No le especificó más, ni el banco, ni ningún otro dato. “Se encontrará cuando quiera ser encontrada”, le dijo.

Por supuesto Capote bebía con ellas, por supuesto era maledicente con ellas, por supuesto era mordaz, por supuesto era brillante, y todo el tiempo se columpió entre el amor hacia ellas y la certeza de que aquellas horas en yates, casas, fiestas, restaurantes, solo tenían una intención final: contar una historia que nunca había sido contada.

Hay un cuarto cisne, el que interpreta la actriz Calista Flockhart, (la querida Ally McBeal) y que es nada menos que Lee Radziwill, la famosa hermana menor de Jackie Kennedy. Fue lo que ahora llamaríamos una socialité, y fue la que mantuvo con Capote una relación menos áspera al final, cuando todas las demás le negaron el pan y la sal.

Junto a estas cuatro actrices aparece Demi Moore, que da vida a Anne Woodward, que había trabajado en la radio, que venía de clase baja, y a quien Capote hundió socialmente y condujo al suicido real al difundir que quizá la muerte de su marido no fue un accidente y que fue ella quien lo mató (pese a que fue juzgada y declarada inocente). Ese suceso le costó el rechazo de todos, agravado por el empecinamiento de Capote de ponerla siempre a tiro. Algo más a celebrar, por cierto, en esta serie: todas estas actrices, salvo Chloe Sevigny, que este año cumple 50, están camino de los 60, lo que no ha impedido que sean elegidas para este reparto glorioso.

En el quinto capitulo, Capote acude a una cita, que nunca tuvo lugar, con el escritor negro James Baldwin, (cuyo ensayo La próxima vez el fuego aprovecho para recomendar vivamente ), propuesta por este. Para entonces Capote ya había renunciado a la literatura y a sí mismo, era un alcohólico confeso, solitario y ruinoso. La llamada de Baldwin, cuyos textos el propio Capote había criticado con ganas, lo sacó literalmente de una monumental resaca, tirado una mañana más en la cama, ajado y sin desvestir. Se encuentran para comer en el famoso restaurante, hablan de los cisnes, Capote las retrata con sus dos incisivos, con los colmillos y con toda la acidez de su pluma, pero se lamenta con dolor del castigo recibido. La pretensión de Baldwin con esta cita es sacar de su ensimismamiento al escritor y hacerle ver lo que vale, la fuerza que tiene, su brillantez. Por eso, tiene lugar esta conversación formidable, que no tuvo lugar, pero que ojalá:

-La gente cree que quería hacerles daño, le dice Capote

-Admítelo y sigue adelante, responde Baldwin

- Me han herido toda mi vida una y otra vez. La vida con ellas, la vida sin ellas, ambas son insoportables… se lamenta Capote

Y después, en casa ya, tras besarlo con cariño y negarle el alcohol, el gran Baldwin le dice:

“Tú eres el mariquita más fuerte. Los almuerzos, excursiones, suflés, yates…Y la náusea de esos privilegios dementes, de esas patéticas criaturas se acabaron. Su mundo lo has capturado para siempre. Y todos saben que lo que has escrito es un diccionario del asco, el tesauro de la náusea estadounidense y te prometo que algún día será visto. Tu libro es tu revuelta de los esclavos, es el pelotón de fusilamiento de los Romanov, es tu consagración de la primavera que dará paso a un mundo nuevo”.

Al día siguiente Capote se levanta sin resaca por primera vez en meses y se pone a trabajar, a escribir. Varias escenas después lo encontramos cenando un cisne fileteado, llegado del lago de Central Park, que Capote le ha pedido que capture y cocine a un joven chef, a cambio de una suculenta suma de dinero.

Pasarían aún unos años más hasta la muerte del escritor (cuyas causas siempre han sido confusas) y durante todo ese tiempo, sus ex cisnes anduvieron por un lado, sin olvidar sin perdonar, y Capote por otro. ¿Fue excesivo el castigo que la alta sociedad neoyorquina le impuso al frívolo y despiadado escritor por revelar sus miserias? La serie sirve para plantearte esa y otras tantas preguntas y para llegar a algunas conclusiones: ellas no midieron del todo la capacidad del escritor para ser malvado, se sintieron por encima en todo momento y, acostumbradas como estaban a ser las reinas de todas las fiestas, no pudieron ni plantearse que la traición podría tener lugar. Y él quizá nunca manifestó por ellas un afecto sincero, sin artificios, sin imposturas, y las vendió a la mínima por un pedazo de gloria, cuando se dio cuenta de que, después de escribir A sangre fría, ningún relato podía hacerle sombra. No sabremos nunca hasta qué punto se arrepintió de aquel La Côte Basque.

III

Retorno a Brideshead, donde todo empezó, en El País, por Guillermo Altares, 2 abr 2011:

Mucho antes de la cadena HBO, incluso antes de Twin Peaks, Laura Palmer, las tartas del agente Cooper y de la extraña señora del tronco, se estrenaron dos series con las que todo empezó, dos productos televisivos extraordinarios que ya demostraron el poder y el valor que podían tener las películas por entregas. En aquellos tiempos, cuando alguien pensaba en series, venían a la cabeza títulos como La casa de la pradera o Con ocho basta, tal vez Arriba y Abajo. No es que fuesen malas... eran... bueno ... otra cosa. Sin embargo, entre finales de los años setenta y principios de los ochenta, llegaron a las pequeñas pantallas adaptaciones de clásicos recientes de la literatura británica que convirtieron las series en lo que son ahora: un producto cultural y cinematográfico de primera categoría. Se trataba de Yo, Claudio, basada en la novela de Robert Graves, Calderero, sastre, soldado y espía, La gente de Smiley, adaptaciones de la saga del Circus de John Le Carré, o Retorno a Brideshead, versión de la novela más conocida de Evelyn Waugh.

Todas estas series tienen puntos en común: el extraordinario material literario en el que se basan --no resulta nada fácil estar a la altura y lo están--, la impecable dirección y adaptación y, sobre todo, sus actores: Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness, Laurence Olivier... lo mejor de la escuela británica. Retorno a Brideshead, sobre la que incluso llegó a filmarse un documental, tal vez sea la más redonda y es, sin duda, uno de los mejores trabajos que se han realizado nunca para televisión. Eso sí, a diferencia de otras series, no puede prolongarse más allá de sus diez capítulos, es un historia que empieza y termina sin posibilidad de segundas temporadas.

La novela de Evelyn Waugh (1903-1966) en la que se basa la serie es una de las grandes obras literarias británicas del siglo XX. El relato arranca cuando Charles Ryder, oficial británico durante la II Guerra Mundial, se instala con sus tropas cerca de una maravillosa mansión que le trae todo tipo de recuerdos. "Tan familiar me era aquel nombre, tan mágico me resultaba su poder ancestral que, al conjuro de su mero sonido, los fantasmas de aquellos últimos años hechizados empezaron a desvanecerse", escribe Waugh sobre aquel encuentro. En la serie, con una voz en off muy literaria que, sin embargo, consigue pegarse a las imágenes gracias a la voz magnética de Jeremy Irons, escuchamos, con la banda sonora de fondo: "Sí, había estado allí, lo conocía todo muy bien. Había estado allí la primera vez con Sebastian en una mañana de junio en la que vine sin conocer entonces mi destino".

Así empieza el largo flashback que narra la serie: la historia de la relación de Charles Ryder, el personaje interpretado por Irons en su primer papel importante, con los Flyte, la familia que posee Brideshead, católicos en la protestante Gran Bretaña, como el propio autor del libro. Todo funciona perfectamente, desde la impecable dirección de Charles Sturridge (autor de otra gran adaptación de Waugh, Un puñado de polvo) hasta la música, la fotografía, la adaptación, la ambientación y las interpretaciones. Las breves apariciones de Laurence Olivier y de John Gielgud son impresionantes, pero todo el reparto está a la altura.

Retorno a Brideshead nos sumerge en un mundo perdido, en una historia donde se mezclan la ambición, el tiempo, el amor. Conforme avanza la narración van surgiendo nuestros propios recuerdos, nuestras propias evocaciones. He visto la serie varias veces a lo largo de mi vida (son diez capítulos, como una película larga con el metraje que suelen tener los filmes en estos tiempos), pero nunca olvidaré la impresión que me causó la primera vez que la vi. Fue uno de mis primeros viajes al corazón de la nostalgia. Un consejo: traten de verla en versión original con subtítulos: el inglés que se habla merece la pena ser escuchado. Segundo consejo: traten de leer el libro si les ha gustado la serie. Es una combinación de cine y literatura que se logra pocas veces.

Comentarios

Yo me he leido el libro y es sencillamente delicioso. Me apunto la serie para verla porque tiene muy buena pinta.

04/02/2011 09:03:52 AM

Rcuerdo que cuando pasaron "Yo, Claudio" nuestro prefesor de latín, ya estábamos en COU, nos recomendó, casi nos obligó, so pena de bajarnos la nota, a verla, la pasaban los domingos por la noche y los lunes, como antaño las monjas con el sermón de la misa de los domingos, nos preguntaba de qué había tratado el capítulo. Desde entonces me he leído todo lo que he encontrado de su autor. Con la serie que encabeza este artículo la experiencia fue muy similar, conocer la serie me dio a conocer al autor y su obra, y como bien dice el articulista y pocas veces se disfruta tanto leyendo una novela como viendo su versión en la pantalla. La cuestión ahora es, ¿dónde poder verlas de nuevo? Muchas gracias por este ejercicio de nostalgia

04/02/2011 09:41:24 AM

La serie es muy buena pero, como casi siempre, el libro es mucho mejor; es uno de los que más emociones me ha hecho sentir. Al contrario de lo habitual, es mejor leerlo despues de ver la serie en tv.

04/02/2011 09:45:21 AM

Gracias por la recomendación del libro, no lo conozco. Pero la serie me maravilló a mis quince años, aún la recurdo perfectamente.

04/02/2011 09:47:37 AM

La música de Brideshead revisited es simplemente mágica. Soy una fan total. Libro de Evelyn Vaugh y los videos de todos los capítulos en mi estantería. Más que un clásico, es el origen de las buenas series de TV, algo así com un eterno retorno. Genial.

04/02/2011 09:55:30 AM

La música de Brideshead revisited es simplemente mágica. Soy una fan total. Libro de Evelyn Vaugh y los videos de todos los capítulos en mi estantería. Más que un clásico, es el origen de las buenas series de TV, algo así com un eterno retorno. Genial.

04/02/2011 09:55:30 AM

Por supuesto tanto la novela como la serie son obras maestras, las he disfrutado en idioma original, que es soberbio. Pero, poner Arriba y Abajo (Upstairs Downstairs) al mismo nivel de La casa de la pradera es irreal. Arriba y abajo es otra serie genial.

04/02/2011 10:04:40 AM

Un YouTube este es el comienzo y siguientes "Brideshead Revisited" sin subtitulos por supuesto. Una maravilla:http://www.youtube.com/watch?v=sD0nrC-vfaY&feature=relatedGracias por los recuerdos.

04/02/2011 10:05:14 AM

Brideshead fué el aglutinante estético que me convocó, junto a mis otros dos inseparables camaradas, en aquellos ya lejanos tiempos de la adolescencia tardía. Nos tradujo a imágenes (bellísmas) una novela compartida y celebrada. Una dulcísima huella imborrable y venerada

04/02/2011 10:07:43 AM

Coincido con Fernando. Decir que "Arriba y abajo" es una serie inferior es simplemente infamante. Es una gran serie, con unas interpretaciones absolutamente deliciosas y que, al igual que en "Yo, Claudio" tienen solo los decorados necesarios. No necesitan un gran despliegue.

04/02/2011 10:18:00 AM

En el año 2008 se hizo una nueva adaptación de la novela de Evelyn Waugh al cine, dirigida por Julian Jarrold e interpretada por Michael Gambon, Emma Thompson, Greta Scacchi, etc. ¿Alguno de vosotros la ha visto?, ¿merece la pena?

04/02/2011 10:44:49 AM

Cuando estrenaron Retorno a Brideshead en TV, el doblaje fue excelente, con Ricardo Solans al frente.Luego ese doblaje se perdió por temas comerciales, y el re-doblaje para sucesivas exposiciones y venta en VHS y DVD se fue al traste. Una pena.Ya me gustaría conseguir esa versión primigenia pero me ha sido imposible.

04/02/2011 10:53:11 AM

Yo también soy un enamorado de las series inglesas. Por muchas razones. También estoy en desacuerdo con que Arriba y Abajo sea una obra menor. Tiene todos los ingredientes que podríamos denominar típicamente británicos. Y recuerdo con verdadera nostalgia aquellos años en los que vimos series tan desconocidas como inencontrables hoy en día: "El Magistrado Inglés", "La Mansión Flambards", "Sombras en la Oscuridad"...... Luego llegó el tiempo de los "culebrones" y las insulsas series americanas alargadas hasta el infinito sin motivo...

04/02/2011 10:55:45 AM

En aquel año yo entraba en la universidad. Era un apasionado del cine. Ver esta serie fue para mí una especie de 'shock'. Era increíble que todo fuera tan bueno: la música, los actores, la ambientación, la historia, los diálogos, los monólogos ... Me sentía muy impresionado al ver cada episodio, de una manera que yo creía que era personal, sólo mía. Poco a poco vi que no era el único, algunos amigos y amigas en la facultad empezamos a hablar de ello, al principio brevemente, después fueron conversaciones que duraban horas. Son algunos de mis mejores recuerdos de aquellos años.

04/02/2011 10:57:51 AM

Para Pere , en mi humilde opinión , no se te ocurra ver la película , sin más comentarios....

04/02/2011 11:00:34 AM

Arriba y Abajo es una de las mejores series que se han visto en Televisón. Decir lo contrario es no tener criterio.

04/02/2011 11:16:12 AM

"Retorno a Brideshead" ... emociona.

04/02/2011 11:23:19 AM

[ 'In Arcadia ego', 9:41:24] "La cuestión ahora es, ¿dónde poder verlas de nuevo? ". Las dos series evocadas en el post, tanto en el caso de "Retorno a Brideshead", compilada en un pack de 11 DVDs, como "Yo, Claudio", en un pack de 6 DVDs, pueden localizarse a la venta en páginas del tipo de e-bay, sin mayor problema.. No es el caso, para mi gran frustración personal de aficionado mitómano, de otra serie contemporánea (1983) a las citadas. "The winds of war", a partir del relato homónimo de Herman Wouk, todo un verdadero mosaico narrativo de la encrucijada apocalíptica que el siglo XX encaró en el período que la historia ha tipificado como "Segunda Guerra Mundial". Con unos espléndidos Robert Mitchum y Ali MacGraw al frente de un reparto coral que compone, probablemente, uno de los frescos históricos de la segunda guerra mundial más televisivamente valioso y al mismo tiempo, por una extraña paradoja comercial, más difícilmente accesible a los aficionados de habla no inglesa. Al punto de que en la versión DVD, de culto internacional, no existe siquiera la versión de subtitulado en castellano..

04/02/2011 11:23:24 AM

Inolvidable serie. Marcó época y sigue siendo bajo mi punto de vista la mejor. La he vuelto a ver hace poco en dvd y he experimentado la misma sensación de estar ante un hito en la historia de las series. TODO es inmejorable. -Por cierto, la peli no está mal- pero ni punto de comparación con el original y el libro de Waugh. ¡Maravilloso! Imprescindible verlo en V.O.

04/02/2011 11:25:00 AM

"[...] tal vez Arriba y abajo"... Arriba y abajo sigue siendo una de las mejores series de televisión jamás producidas

04/02/2011 11:28:28 AM

Comparto plenamente la opinión de Guillermo Altares. Esta serie ha dejado en mí una huella inolvidable. Después de verla leí el libro en español un par de veces. Tanto me gustó, que incluso se lo reglaba a las que por entonces éramos novias. Más tarde, mi hermana me regaló el libro en inglés y es así como empecé a descubrir al auténtico Evelyn Vaugh. También leí "A handful of dust", que me gustó mucho, aunque algo menos que Brideshead Revisited. La serie de TV la tengo en DVD y la he visto en versión origianl. Tanto Charles Ridle como la voz en off son evocadoras, te inundan de nostalgia y sosiego. Por último, la cita que más me gusta de este libro es la siguiente: "The languor of Youth -how unique and quintessential it is! How quickly, how irrecoverably, lost! The zest, the generous affections, the illusions, the despair, all the traditional attributes of youth -all save this- come and go with us through life. These things are part of life itself; but the languor -the relaxation of yet unwearied sinews, the mind sequestered and self-regarding- that belongs to youth alone and dies with it."

04/02/2011 11:32:06 AM

Es un libro y una serie maravillosos. Los he visto varias veces, pero , por favor, ¿conoce "La saga de los Forsyte"?, la realizó la BBC a finales de los 60 y la emitieron en TVE. Fue una maravilla. No consigo encontrarla. Muchas gracias.

04/02/2011 11:36:48 AM

La peli de Brideshead no es mas que un trailer muy largo e innecesaria. Mejor ver la serie.

04/02/2011 11:38:27 AM

Yo tengo esta serie en V. O. subtitulada... pero descargada de Internet (que la vamos hacer, soy un pobre mileurista)... Otra serie extraordinaria fue La joya de la corona, que se basaba en las novelas de Paul Scott sobre los ultimos años de la dominación britanica de La India... Esta también me la descargué... pero, desgraciadamente, no es en version original.

04/02/2011 11:49:01 AM

El que Guillermo Altares compare La casa de la pradera con Upstairs & downstairs hace que me pregunte si realmente ha visto bien la serie británica, porque no tienen realmente nada que ver. Es algo así como equiparar The West wing a Aida.

04/02/2011 11:59:46 AM

Retorno a Brideshead es una bazofia como esta otra:http://www.ingenioconsaboralaca.com/2011/04/guia-practica-para-conversar-con-un.html

04/02/2011 12:03:52 PM

De nuevo de acuerdo con Guillermo Altares. La serie es de una fidelidad absoluta al libro de Evelyn Waugh, al que sigue e interpreta en cada uno de sus matices. Si se añade la belleza de la imágenes en todos sus planos, la interpretación (Jeremy Irons, Anthony Andrews, fantásticos los padres de Sebastian, su hermana Cordelia, el padre de Charles, Anthony Blanche, Mr. Samgrass), y la música de Geoffrey Burgon, el resultado es una serie inolvidable; que también he visto completa 3 o 4 veces. Mejor, desde luego, en inglés. Como único reparo a la historia; tanto a la literaria como a la serie, es que decae algo al perder presencia el personaje de Sebastian.

04/02/2011 12:09:26 PM

La fidelidad al libro no lo es tal. La culpa desaparece. Creo que el centro del libro es la culpa. Por ser gay, por no serlo, por la redención. Por todo. en fin, el catolicismo.

04/02/2011 12:13:18 PM

Para el de ingenio con sabor a laca:¿Te has preguntado alguna vez por qué los de El Pais no censuran / moderan tus comentarios? Y otra cosa: ¿De verdad, de verdad, pero de verdad piensas que tienes ingenio?

04/02/2011 12:22:13 PM

[ 'In Arcadia ego', 9:41:24] "La cuestión ahora es, ¿dónde poder verlas de nuevo? ". http://www.seriesyonkis.com/serie/retorno-a-brideshead/ De nada

04/02/2011 12:48:23 PM

Estoy de acuerdo:http://juegodelmundo.wordpress.com/2011/03/15/retorno-a-brideshead/

04/02/2011 12:53:55 PM

Recuerdo que Brideshead Revisited fue una producción muy cara, tal vez sigue siendo la más cara de la BBC, y eso se nota.También recuerdo una superproducción alemana, Los Buddenbrook, de Franz Peter Wirth sobre la primera novela de Thomas Mann, de diez episodios en 1979, también era muy buena.Pero la mejor serie de todos los tiempos, difícilmente superable es, ha sido y será Heimat, de Edgar Reitz.

04/02/2011 01:18:34 PM

Marcelo, no sé qué nota de la BBC, era un producción de la ITV. Una serie muy buena y muy querida en su día. Era una o la mejor serie de mi juventud.

04/02/2011 01:47:34 PM

Retorno a Brideshead: Maravillosa serie que marcó mis primeros años, recuerdo la espera de los viernes junto a mis padres para verla. Maravillosa banda sonora,la he buscado pero es imposible encontrarla en España o en USA.  ¿Alguien podría darme una pista la respecto? Arriba y Abajo fue otra serie que marcó época en la TVE, ¡¡fantástica!!

04/02/2011 02:05:01 PM

Tiene razón Borja. Una de dos, o la gente no se ha leído el libro o no ha visto la serie. El asunto central del libro, como de la serie, es la culpa y el pecado vistos por un elitista. Y donde hay pecado surge el tiempo y su corrosión. Pero para comprender a Waugh y a su novela hay que ir a Londres, a South Kensington; allí está buena parte de la más rancia sociedad británica desplegada por calles, plazas y avenidas, y el London Oratory. Sin acudir a una misa en el London Oratory no comprenderán nunca a Waugh. Ahora que es primavera y todo es sutil y sensual por las calles de South Kensington es una buena ocasión para entrar en las penumbras del Oratorio donde Waugh encontró el material para su novela. Se puede comprender la novela sin ser británico, quizás, pero sin haber meditado sobre el pecado no, en absoluto. La serie no mejora el libro pero fue un producto estupendo. La ITV tenía que renovar su licencia televisiva y quiso mostrar que era una cadena de calidad; no escatimó nada para la producción de una obra que en principio tenía muy poco para conquistar al público. Pero lo bueno y selecto puede fascinar incluso a los cerdos. Don Silvio no tiene por qué preocuparse. Buenas tardes, y tengan cuidado con las sombras de la culpa ...

04/02/2011 02:16:04 PM

Es cierto, perdón, fue un lapsus, de todas formas tiene el record de la serie más cara.

04/02/2011 02:29:14 PM

No se preocupe. Equivocarse no es pecar. Lo de ser tan cara fue un gesto de un compañía privada, la ITV, que quería renovar su concesión televisiva y quería presentar la serie como pasaporte. Entonces el panel que examinaba a las concesionarias de televisión era de un rigor espartano y la ITV no quería perder el suculento negocio televisivo así que dio por bien empleados sus gastos en Brideshead Revisited. ¿Quién se atrevería a decir que la ITV no apostaba por la calidad después de ver la extraordinaria producción sobre una novela de Waugh acerca del pecado y la redención?

04/02/2011 02:41:16 PM

A mí me gustó mucho y sigue haciéndolo la versión televisiva de Brideshead. Sin embargo creo que sus objetivos eran distintos de la novela. Como se ha dicho, la novela insiste permanentemente en el trinomio pecado – culpa – redención. Sin embargo, la serie tenía un propósito fundamentalmente estético y evocador, dejando en segundo plano y a veces mal resuelto lo significativo. En este sentido, la relación de los dos protagonistas no aparece suficientemente explicada. La serie presenta a Charles fascinado por Sebastian, por contraposición a su aburrido ambiente aburguesado previo, mientras que presenta a Sebastian como un tarado excéntrico y alcoholizado que, a su vez, su interés por Charles se sustenta solo en su deseo de tener sumisamente disponible a alguien que le ría las gracias. La relación entre ambos a lo largo de la primera parte de la serie es una simple sucesión de anécdotas. Lo sustantivo son las conversaciones de Charles con las personas del entorno familiar de Sebastian. En la segunda parte este último ya ha desaparecido devorado por sus propias flaquezas y Charles abandona a una esposa con la que se detesta sin explicarse cómo es que pudiesen estar juntos, y se lanza a una relación amorosa con Julia presentada falsamente como la recuperación de un amor que fue imposible anteriormente. Estética y formalmente, es una serie soberbia, de tal manera que sus debilidades conceptuales quedan de alguna manera disimuladas.

04/02/2011 03:18:35 PM

Deliciosa y el libro imprescindible.

04/02/2011 03:43:28 PM

Ya muchísimo antes de esas dos, hace ahora ya 50 años, la BBC había producido una de las mejores series de la historia: "An Age of Kings", adaptación de la serie de obras de Shakespeare sobre los reyes británicos de las dinastías Lancaster y York. Por su antigüedad se considera la primera gran miniserie, que dignificó y dio prestigio al naciente mundo de la televisión. Realmente la pionera de todo lo que hoy podemos disfrutar. Que sea tan poco conocida y difícil de conseguir es muy injusto y una tremenda pena.

04/02/2011 04:16:03 PM

Mis miniseries favoritas " La plaza del diamante", "Los años dorados". Me encantaron.

04/02/2011 04:49:25 PM

Paolo acierta de pleno en su comentario: el núcleo de Brideshead es, efectivamente, el pecado y sus consecuencias sobre el alma visto por un elitista, efectivamente, pero, y creo que esto es fundamental, católico converso. Los Flyte, ante un Charles estupefacto, se muestran muy conscientes del pecado, de la culpa que conlleva y de la inevitable expiación, simbolizada por la pérdida de la intensidad de las pasiones juveniles. Por cierto, que un personaje del que hasta ahora nedie ha comentado nada, me viene a la cabeza cada vez que veo a alguno de los políticos (y no solo españoles) ayunos del más mínimo fundamento que padecemos: se trata de Rex Mottram, que, por si mismo daría para una novela satírica.

04/02/2011 05:10:20 PM

Los anglófilos de casi 40 años lo somos, en parte, por series como ésta. Es algo que hemos mamado, vamos. Igual que la música, desde los Beatles hasta Kid A pasando por el glam, el punk, los new romantics, el shoegaze y el brit pop. Pues lo mismo, pero en series.

04/02/2011 05:11:49 PM

PD. ¿¿¿Os acordáis de Dentro del Laberinto???

04/02/2011 05:12:49 PM

Alguien sabe dónde se puede descargar esta serie, pero en V. O., porque ver una serie inglesa con doblaje español es más feo que pegarle a una madre.

04/02/2011 05:18:56 PM

La serie se consigue en Amazon íntegra (por supuesto en V.O.). Yo la tengo y la veo al menos una vez cada dos años. Una obra maestra.

04/02/2011 05:26:04 PM

La serie se consigue en Amazon íntegra (por supuesto en VO). Yo la tengo y la veo al menos una vez cada dos años. Una obra maestra.

04/02/2011 05:26:05 PM

Coincido con muchos en que meter en el mismo saco a "Con 8 basta", "La casa de la pradera" y "Arriba y abajo" es un grave insulto a la última. También me he convertido en un anglófilo militante, como otra de las comentaristas, seguramente por las series inglesas que ponían en los tiempos en que la TV no estaba inundada de basura. Por último, me alegro mucho de que A3 haya apostado por poner en un buen horario una serie británica también de calidad (Downton Abbey) y lamento todos estos años en que nos han inundado de series españolas y americanas de bajísima calidad (no todas). Espero que sea un camino que sea respaldado suficientemente por el público.

04/02/2011 06:34:48 PM

Me encantaron tanto el libro como la serie. Me quedé tan sumamente intoxicada que estuve una temporada larga leyendo a Evelyn Waugh y sobre Evelyn Waugh.

04/02/2011 06:51:14 PM

Magnifico libro sobre la melancolia del declive de un estilo de vida, no he visto la serie aunque he visto una adaptación aceptable en el cine que hicieron recientemente. Para los que hayan leido el libro comentar la anecdota de que la familia a la que se hace referencia, los Flyte, estaria basada en una familia real de la epoca del autor y donde los problemas con el alcohol que se cuentan en la novela, serian en la familia veridica problemas de homosexualidad, por no poder admitirla por los prejuicios de la época y la religiosidad católica tan estricta de esta familia en concreto.

04/02/2011 07:13:55 PM

Hola: aquí el autor de estas líneas. Muchísimas gracias por vuestros comentarios, incluso por los comentarios negativos o, mejor dicho, sobre todo por los comentarios negativos, porque se aprende más de las críticas. Sólo quisiera aclarar una cosa: cuando digo que Con ocho basta o Arriba y abajo no son malas, no lo digo en un sentido irónico, lo pienso de verdad: no lo son. En mi caso, Con ocho basta ocupa un lugar importante en los recuerdos de mi infancia. Lo que quiero decir cuando asegura que "son otra cosa" es que son muy diferentes en cuanto a ambición y medios. Las cosas se hacían de una forma para el cine y de otra para la televisión y, de repente, con Retorno, se demostró que se podía hacer televisión con medios de cine. Gracias de nuevo por los comentarios

04/02/2011 07:25:30 PM

Ah, se me olvidó: la serie está disponible en España en DVD

04/02/2011 07:26:13 PM

La banda sonora la encuentras en la mula.Yo tengo el CD original, asi es que creo que alguien lo tendrátambién.bobelmalo@gmail.com

04/02/2011 09:09:03 PM

Retorno a Brideshead es LA SERIE de TV, es la perfección hecha TV. Yo también la visto muchas veces y siempre me cautiva. Y el libro es fantástico. Pero estoy de acuerdo con Arcadio: Arriba y Abajo no es comparable a esas otras series americanas que quizás te traen buenos reuerdos de la infancia pero ahora no pordías aguantar más de 10 minutos. Arriba y abajo es del estilo de Yo Claudio en el sentido de "poco dinero, muchísimo talento". La he visto también varias veces, y de hecho la estoy volviendo a ver en estos días. Si en España hubiéramos logrado algo así alguna vez nos lo tendríamos muy creído. Es realmente fantástica. El fulgor de Brideshead no nos debe cegar, pero la melancolía de la infancia tampoco. Y bienvenido seas, blog.

04/02/2011 10:25:06 PM

¿Y que os parece Downton Abbey? ¿No es ligeramente folletinesca?... ¿Intenta seguir la estela de Retorno y Arriba y abajo?.... Creo que el problema es la base literaria, la novela de Waugh es PERFECTA.

04/02/2011 10:47:34 PM

Soy enemigo radical de los pirateos, en mi videoteca - pagada - figuran en los lugares de honor dos series de TV, de ellas podría estar hablando durante horas, lo he hecho y lo seguiré haciendo, ahora solo diré que ocupan un huequecito en mi alma, su producción está separada por veinte años, sus títulos: Retorno a Brideshead y The Wire, la primera para soñar, la segunda para que la realidad te abra surcos en la piel. Para personas como yo, el arte colocado en el centro de nuestras inquietudes y emociones más sagradas.

04/02/2011 10:54:52 PM

Una barbaridad , incluir "ARRIBA Y ABAJO" en el mismo saco de "La casa de la pradera". También quiero mencionar aquí que en la segunda mitad de los 70 tuvimos la suerte de ver muchas adaptaciones de clásicos literarios de factura anglosajona. Y no olvidemos las series sobre la dinastía Tudor de aquella época -nada que ver con el horror de una producción reciente con el mismo tema.

04/02/2011 11:21:29 PM

¡Qué abismo hay entre "Yo Claudio" y las series de tema romano de la HBO! La comparación es una bofetada a la inteligencia

04/02/2011 11:23:31 PM

El fervor que se siente por esas viejas series citadas, especialmente Arriba y abajo, Yo Claudio, o Will Shakespeare (una serie también británica que me marcó), y de manera muy especial Retorno a Brideshead, se debe a descubrir que el medio televisivo podía trascendir de la mediocridad y la banalidad que dominaban el panorama. ¿Alguien recuerda los Estudio1 en blanco y negro de los setenta? Pocos medios sensacionales actores y grandiosas recreaciones de piezas teatrales.

04/02/2011 11:32:51 PM

Tenía once años cuando la vi por primera vez. Pocas cosas han influido tanto en mi percepción de lo estético como esta serie.

04/02/2011 11:45:45 PM

El comentario de Lukács (time 15.18.35) me da pie a sugerir que pertenece al tipo de análisis que esteriliza el arte. Irrepochable enfoque si estuviéramos hablando de ingeniería, física de partículas o una campaña militar e inapropiado para evaluar una creación artística, que no admite tal desmenuzamiento "operacional". Me ha recordado los comentarios de algunos profesionales, que ¡pobrecillos! confiesan su incapacidad de disfrutar de las obras de sus pares por estar obsesivamente pendientes de descubrir la tramoya técnica que sostiene lo visible.

04/03/2011 12:06:53 AM

Arriba y abajo no se puede comparar con las series americanas de la época. Fue y sigue siendo una obra maestra que se puede ver una y otra vez y descubrir cosas nuevas. Para ensalzar una serie buena no hay que menospreciar a otra obra genial.

04/03/2011 12:37:22 AM

Definitivamente Guillermo Altares no ha visto Arriba y abajo. No es buena porque le trae recuerdos de su juventud sino porque es una obra maestra. Si no la vio, o no la apreció, le invito a que la vea, sobre todo la temporada de la Primera Guerra Mundial. Para que no se canse viéndola entera, aunque yo la he visto enterita, como millones de personas, muchas veces.

04/03/2011 12:50:08 AM

¿Aguien recuerda Los mejores años de Miss Brody (The prime of Miss Brody)? Era de una profesora en un colegio de niñas. La pusieron a finales de los setenta. ¿Y La fuga de Golditz? Que casualidad, todas eran inglesas.

04/03/2011 12:53:23 AM

Waugh era un converso. Casi todos los católicos en el Oratorio lo son, para empezar el Cardenal Newman que ya es beato. Religión, Arte y vacío, de eso está llena la novela de Waugh y la serie. Religión y Arte tan presentes en la realidad; si ustedes salen de confesarse en el Oratorio lo primero que se encuentran a mano derecha el Victoria & Albert Museum.La novela tiene otras muchas cosas, es una novela. Ya que estamos en ello podríamos apuntar aquellas secuencias o episodios que más nos hayan impresionado. Yo seleccionó el final del capítulo X de la serie, Cordelia ha relatado a Charles la situación de Sebastián en Túnez y apostilla a la pregunta de Charles que sí, que Sebastián sufre, y que sin sufrimiento no hay santidad, momentos antes le había recordado que sólo ella y él habían amado a Sebastian. Waugh incrusta dos motivos eucarísticos en la acción, el amor y el sufrimiento.

04/03/2011 02:34:28 AM

Retorno a... es una gran serie. Sin embargo, también tiene algunos fallos, que aquí no se han comentado, comparada con el libro. Por ejemplo, en el libro Charles y Sebastian comienzan siendo muy jóvenes (en la serie los actores tienen aspecto de tener 30 años mínimo) y, lo más interesante, Sebastian y Julia se parecen muchísimo en el libro, lo que incluye todavía más connotaciones homosexuales en la historia. Es dfícil hacerlo en la serie, ya lo sé, pero estas son todavía más razones para leer el libro.

04/03/2011 09:37:32 AM

Yo tambien soy un apasiondo de Retorno a Brideshead. Me parece una serie de una calidad impresionante. Tambien tengo el libro en que está basada. Me gustaria volver a verla con el primer doblaje que hizo TVE, que era de un nivel muy superior al segundo.¿Habrá alguien que la tenga grabada con el primer doblaje? Pagaría lo que fuera por verla con esas maravillosas primeras voces del doblaje.

04/03/2011 12:33:37 PM

Brideshead es "revisitado" en dos ocasiones. Está el Brideshead de Sebastián en los años veinte, luego la vuelta a Brideshead con Julia al final de los treinta. Y la visita final de Charles a Brideshead para arrodillarse en la Capilla. Waugh no estaba interesado en hablar de la homosexualidad, ni a favor ni en contra, si aparece la homosexualidad es porque existe, yo creo que Waugh refleja todo aquello que existía en la sociedad. Todo está ordenado en una exploración hacia la salvación en un mundo atormentado que se tambalea. El asunto de la homosexualidad es como una difusa nube... ¿Acaso el cardenal Newman no pidió ser enterrado junto a su amigo de juventud...? Y juntos descansaron hasta hace poco.Hay dos grandes obras de literatura basadas en el espíritu del Oratorio de Londres. Una es la de Waugh y otra la de Tolkien. Yo prefiero a Waugh, un pintor del alma.

Tres factores para evitar desvivir

 Las tres grandes protecciones frente al suicidio: vínculo, propósito y sentido, en El País, Guillermo Lahera Forteza, 25 AGO 2026:

Un intento de quitarse la vida rara vez tiene una sola causa. Detrás del motivo que trae el paciente puede faltar algo más elemental: alguien que le espere, algo que hacer, alguna razón por la que merezca la pena que haya un mañana

Un día cualquiera en el hospital: no hay camas libres en Psiquiatría y cuatro personas esperan en Observación tras un intento de suicidio. Una chica de dieciséis años está tranquila y trae la explicación hecha: subió una foto suya en bañador y le llovieron burlas y comentarios crueles sobre su peso (siempre hay magníficas personas dispuestas a ello). Se limita a repetir tres palabras, “no puedo más”, y mira lacónicamente a la pared. Cuando por sorpresa le pregunto qué hace los sábados, tarda mucho más en contestar. Antes nadaba. Lo dejó en tercero de la ESO. Los domingos los pasa haciendo scroll en el móvil. No menciona un club, ni un grupo, ni una tarea, ni nadie que la esperara en ningún sitio a ninguna hora.

Vaya por delante algo: una tentativa de suicidio no tiene una sola causa. La explicación que trae el paciente —el acoso, la ruptura, el suspenso— suele ser el último eslabón de una cadena montada durante meses o años. Aquellos comentarios importaron, pero porque no había casi nada más. Y lo que faltaba no era una cosa, sino tres, que solemos meter en el mismo saco, aunque se pierdan por separado. El vínculo responde a quién me espera; el propósito, a qué tengo que hacer mañana; el sentido, a por qué merece la pena que haya un mañana.

El vínculo es el más obvio de los tres y el que puede salvar más vidas. Motto y Bostrom aleatorizaron, en San Francisco, a 843 pacientes que habían rechazado seguir en tratamiento tras un ingreso por depresión o riesgo suicida; a la mitad se le envió una carta breve, sin cita ni demanda de respuesta, al menos cuatro veces al año. Durante los dos primeros años murieron por suicidio menos personas en el grupo contactado. No hubo terapia, solo la prueba periódica de que alguien seguía ahí. Combatir la soledad y el aislamiento es una forma de prevención.

El propósito vital no hace referencia, necesariamente, a una vocación o una empresa colosal, sino a la sensación de que la propia existencia va en alguna dirección y de que hay algo, por pequeño que sea, que depende de uno. Es de las pocas cosas que se interponen entre afrontar una adversidad y llegar a la conclusión de que no hay salida. Una revisión sistemática sitúa la asociación entre sentido de la vida e ideación suicida en jóvenes en torno a —0,50 en países ricos e individualistas como el nuestro. Un metaanálisis con datos individuales de casi medio millón de personas asocia el propósito a un 30% menos de riesgo de morir, lo cual es bastante impresionante. Pero conviene no forzarlo demasiado: al reanalizar una de esas cohortes, dos investigadores encontraron que, con mejores medidas de la salud de partida y excluyendo a quienes ya estaban graves, la ventaja se encoge hasta casi desaparecer. El deterioro físico apaga el propósito tanto como el propósito protege del deterioro, o sea que la flecha va en los dos sentidos.

El eslabón que une todas estas pérdidas se llama desesperanza. Beck siguió durante años a casi dos mil pacientes ambulatorios y quienes puntuaban alto en su escala tenían once veces más riesgo de morir por suicidio. No predecía la tristeza ni la intensidad del sufrimiento, sino la opinión del paciente sobre su tiempo futuro. La desesperanza es una creencia sobre el porvenir, que sin vínculo ni propósito se queda vacío y a oscuras.

Quienes parecen sobrellevar bien las temporadas malas rara vez tienen un propósito grandioso: tienen varios pequeños y repartidos. El perro que hay que sacar aunque llueva, el entrenamiento de los martes, el nieto, el coro, la tertulia, el turno de los jueves en el banco de alimentos. Quien lo concentra todo en una sola cosa parece quedar expuesto a que desaparezca. Aquella chica lánguida lo tenía en un único sitio —encontrar su hueco en un triste grupo de pares virtuales—, y ese sitio era el que la estaba juzgando con saña. Es una cartera de razones para vivir: conviene que no cotice entera en el mismo mercado.

Hay una película tan vista que casi no la vemos: ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra. Se despacha cada diciembre como cuento navideño, pero a George Bailey no lo salva ninguna gran misión. Lo salva comprobar, casa por casa, que mucha gente contaba con él para cosas menores: un préstamo, una farmacia, un tejado que no se cae. No se trataba de un gran propósito, sino de muchos, pequeños, y había dejado de verlos.

Hay todavía un tercer piso, al que uno solo sube cuando ya no queda nada que hacer, y la literatura lo ha descrito maravillosamente. En La muerte de Iván Ilich, Tolstói deja al moribundo entre una familia que finge todo el rato y unos médicos que discuten absurdamente sobre un riñón flotante; el único que lo alivia es Guerásim, el criado que le sostiene las piernas y no le miente. Allí ya no cabe ningún propósito: no hay nada que Iván tenga que hacer mañana. Pero queda Guerásim, que no le ofrece consuelo ni explicación, solo unas piernas sostenidas y la verdad. Esa presencia, que no arregla nada, permite que morir signifique algo distinto de un absurdo (lección para los profesionales sanitarios).

Lo que protege es disponer de un marco en el que el sufrimiento no sea puro absurdo y la propia vida no se agote en uno mismo. El sentido puede ser religioso o no: una causa, un oficio entendido como servicio, una lealtad. En un ensayo con 253 pacientes con cáncer avanzado, ocho sesiones de psicoterapia grupal centrada en el sentido —una intervención que William Breitbart diseñó a partir de Viktor Frankl— redujeron la desesperanza más que la psicoterapia de apoyo. Tiene un revés, porque el sentido impuesto desde fuera es dañino: decirle a una madre que todo pasa por algún motivo es de las frases más crueles que he escuchado en un tanatorio. La trascendencia no se receta (un psiquiatra intentándolo sería un espectáculo lamentable); a lo sumo se pregunta por ella —cosa que casi nunca hacemos―.

Con aquella chica no hicimos nada brillante. Tratamos lo que había que tratar, trabajamos con la familia y la convencimos, sin épica, de volver al agua dos días por semana. Sigue sin querer hablar de lo que pasó. Pero ahora tiene que estar en un sitio a una hora, y hay gente que nota si falta.

Al final de Middlemarch, George Eliot escribe que el bien del mundo depende en parte de actos que no entran en la historia, obra de quienes vivieron “una vida oculta” y descansan en tumbas que nadie visita. Lo leí como literatura, pero lo entiendo mejor ahora: casi todo lo que mantiene a una persona en pie es casi invisible, está escrito en minúsculas y a nadie se le ocurre contarlo, hasta que falta.

Guillermo Lahera Forteza es catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá.

martes, 25 de agosto de 2026

Sobre la crueldad

 "Si solo amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?" (Lc: VI,32 y Mt: V,46). 

 Bruce Lee: " Pensar que por ser pacífista no te va a atacar nadie es como pensar que un tigre no te va a comer porque seas vegetariano".

Fedor Dostoievski, en Los hermanos Karamazov: “Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular, individualmente. Más de una vez he soñado apasionadamente con servir a la humanidad, y tal vez incluso habría subido el calvario por mis semejantes, si hubiera sido necesario; pero no puedo vivir dos días seguidos con una persona en la misma habitación: lo sé por experiencia".

"La virtud se puede enseñar, pero solo hasta cierto punto" (Platón)

Nicolás Gómez Dávila: "Varias civilizaciones fueron saqueadas porque la libertad le abrió impensadamente la puerta al enemigo."

Plauto y Thomas Hobbes: "Homo homini lupus / El hombre es un lobo para el hombre"

Séneca: "Homo hominis sacra res / El hombre es sagrado para el hombre".

Alejandro Rodríguez de la Peña, "Si quitamos las normas, castigos y tabúes contra el lado salvaje del ser humano… no va a bastar con que una parte de la población quiera permanecer fiel a los valores… si quitamos las barreras, para ese sector que va a actuar sin ellas, para esos depredadores, nosotros somos sus ovejas…”  

Alejandro Rodríguez de la Peña (2022) Imperios de crueldad. La Antigüedad Clásica y la inhumanidad.

Alejandro Rodríguez de la Peña (2023) Iniquidad: El nacimiento del Estado y la crueldad social en las primeras civilizaciones

Artistas de la tos

 [Leopoldo Alas "Clarín" y Chéjov escribieron cuentos inolvidables sobre los que tosen. Esto está tomado de unos comentarios en YouTube]

 Por favor, no se enojen si alguien tose. Me llamo Matt Davidson y soy un artista de la tos profesional desde hace 50 años. Trabajo para artistas o sus representantes tosiendo durante las actuaciones en directo para que la gente como ustedes no tenga una copia perfecta gratis. Si quieren una grabación perfecta, tienen que pagarla. Me gano la vida haciendo esto por todo el mundo y siempre voy disfrazado: discapacitado, anciano, frágil, hombre o mujer. Les costará reconocerme. Disfruten de este vídeo y recuerden que me aseguré de que nadie se quedara sin una actuación sin toser.

Los artistas de la tos son un elemento subestimado y poco valorado de cualquier claque que se precie. Un trabajo ingrato, pero que cumple diligentemente al recordar que la música se está interpretando en directo. Los artistas de la tos, o toussers como se les conocía en su país de origen, invitan al público a recordar que también forman parte de una actuación musical en directo, pues, ¿qué es una actuación sin público? Si un árbol se cae... Sin los toussers, el público podría olvidar que está presenciando una actuación única en la que desempeña un papel importante como espectador.

Recuerdo haberte escuchado por primera vez en una presentación en vivo de "4'33" de John Cage. Disfruté mucho la interpretación, ¡un verdadero maestro!

Es cierto. Trabajo pateando asientos y tirando cosas porque mi tos no es muy buena. Así que ahora vivo muy bien pateando el asiento o la silla del ticket y tirando cosas como monedas. Viajo por el mundo con los mejores músicos. Incluso me dan monedas; las costarricenses son las mejores porque son pesadas y grandes. La mejor es la moneda de 500 colones.

El artificio de la inteligencia, por Juan Gabriel Vásquez

 El artificio de la inteligencia, en El País, Juan Gabriel Vásquez, 29 mar 2026:

Todavía nos importa leer una obra con la conciencia de que la ha imaginado una persona parecida a nosotros

En medio de este mundo hecho pedazos por la codicia, la estupidez, la obcecación y la maldad de unos cuantos, en medio del sufrimiento sin cuento al que asistimos todos los días, que una editorial norteamericana tenga que retirar una novela del mercado y suspender su promoción es sin duda una noticia menor: un escándalo de andar por casa. Pero lo que ha sucedido en días pasados no es importante por lo que sucedió, sino por lo que augura, y yo tengo para mí que es la primera de muchas noticias similares que estarán en nuestras conversaciones en los años que vienen.

La historia es la siguiente. Una escritora más o menos principiante se autopublica una novela de terror; la novela autopublicada tiene éxito en el mundo de las redes y aledaños; una gran editorial se da cuenta de ese éxito, compra la novela y la publica por los canales de toda la vida. Pero entonces los lectores y los periodistas empiezan a notar algo molesto en la factura de la novela, una vaga cualidad (o defecto) de la escritura, y de repente circula en los vericuetos de internet la denuncia del escándalo: algunas partes del libro han sido escritas con inteligencia artificial. La acusación resulta cierta, la editorial retira el libro del mercado, la autora busca excusas: ella es inocente, dice, ella no usó inteligencia artificial, ella sólo contrató a un conocido para que editara su libro antes de la autopublicación y ese conocido, él sí, usó inteligencia artificial. A un periodista le dice que esta controversia le ha hecho daño, que su salud mental no está bien, que no puede hablar demasiado del asunto por imprecisas razones legales. Y en eso va la cosa.

Pero cualquiera verá que esta anécdota más o menos banal encierra cuestiones de importancia, por lo menos para esa curiosa subespecie de la humanidad que somos los lectores de literatura: los que dedicamos un tiempo sostenido al extraño oficio de imaginar a los otros, sean los otros inexistentes o reales, mediante un artificio hecho de palabras. Primera pregunta: ¿quién las escoge, esas palabras, y por qué habría de importarnos? Los modelos de lenguaje son ya capaces de imitar —me dicen— las estrategias verbales y los rasgos de estilo de un autor cualquiera, y hemos comenzado a escuchar las opiniones de los más integrados (o los más sumisos) que ya aceptan lo inevitable y se llenan de argumentos finos, falsamente desinteresados o hipócritamente altruistas: no importa si el ciego Homero existió en realidad, dicen, lo que importa es que exista la Odisea, lo que importa es que exista la Ilíada. Ustedes entenderán que me haya venido a la memoria aquella escena maravillosa de Shakespeare enamorado, la obra de teatro de Lee Hall (que hace unos años tuve el placer de traducir), donde William Shakespeare se presenta en un ensayo de Romeo y Julieta, alguien pregunta quién es y alguien más responde: “Nadie. El autor”.

Sea como sea, la acusación contra la novela de terror y su retiro del mercado pueden provocar el espejismo, justificado o no, de que la existencia de un ser humano detrás de la historia que leemos sigue importándoles a algunos, o a muchos. ¿Cambiaremos de opinión, por resignación o por derrota? ¿Cuánto tiempo tardaremos en hacerlo? Flaubert decía que el escritor debe arreglárselas para convencer a la posteridad de que no ha existido. No se puede decir que, en su caso, lo haya logrado: en mi vida de lector tiene tanta importancia Madame Bovary como las cartas que aquel falible creador le escribió a Louise Colet, su amante de muchos años. Al parecer todavía nos importa leer una obra de la imaginación literaria con la conciencia, guardada en alguna parte, de que la ha imaginado una persona parecida a nosotros, con la que tenemos rasgos en común (aunque sólo sean las comunes fragilidades de nuestra condición) y con la que además establecemos relaciones duraderas a lo largo de una vida: relaciones inexplicables y acaso incomprensibles para quien no lee ficciones. No, no es fácil explicar con precisión qué perseguimos —qué sosiegos, qué consuelos, qué ayudas o iluminaciones, qué refugios o intimidades— cuando vamos a Proust o a Chéjov, a Marguerite Yourcenar o a Alice Munro. Pero no perseguimos las mismas cosas.

Tenemos con esos libros una relación que depende de un atributo impreciso de la voz o de la inteligencia, una comunicación que sólo puedo llamar con ese adjetivo que ya comenzamos a mirar con otros ojos: humana. Yo me pregunto si la seguiremos teniendo cuando sepamos que esas palabras han sido escritas, y esas situaciones imaginadas, por la compleja operación de un modelo de lenguaje. Fatalmente anclado en mis prejuicios, yo sé por lo pronto que no conseguiría respetar a un autor que utilizara los recursos de la inteligencia artificial en sus obras de imaginación. Y no sólo por la conclusión inevitable de que ha tomado atajos para evitarse la tarea de aprender lo que no sabe, de dominar las técnicas que no domina en este oficio artesanal, sino también por ignorar o menospreciar el orgullo que le produce a todo creador genuino identificar sus limitaciones y encontrar las formas de subsanarlas. Ribeyro decía que escribir es inventar un autor a medida de nuestro gusto; yo añado que es también inventar un autor que remedie o atenúe nuestras carencias. En una entrevista le preguntaron a Hemingway si reescribía mucho; él contó que el final de Adiós a las armas, por ejemplo, lo había escrito 39 veces. ¿Cuál era el problema?, le preguntó el periodista. Hemingway contestó: “Poner bien las palabras”.

No me creo culpable de sentimentalismos anacrónicos, aunque me parece (de manera preocupante) que no me importaría serlo. No sé si la inteligencia artificial será un día capaz de escribir novelas que nos afecten o nos transformen como lo han hecho las que hemos leído hasta ahora, pero aventuro que nunca será capaz de descubrir nada nuevo, y en eso quizás esté toda la diferencia. Me explico: la inteligencia artificial aprende a pasos agigantados, cierto, pero aprende siempre sobre la base de lo que ya existe; a menos que mucho me equivoque, ignora el accidente y el azar, que son rasgos de lo humano. El Quijote es el libro enorme que es, inventor de un género y una forma de explorar lo que somos, por la suma de los dos tomos que Cervantes publicó con 10 años de intervalo; pero esa maravilla que es el segundo tomo no existiría tal y como lo conocemos si no fuera por un intruso, un tal Avellaneda, que robó el personaje ya existente en el primero para su propia versión ilegítima y obligó a Cervantes, el autor ofendido, a recuperarlo. Aunque sólo fuera para matarlo y que nadie más se lo robara.

Tres siglos después, un poeta inglés, W. H. Auden, mandó a su editor un poema que incluía este verso suficiente: The poets know the names of the seas, "Los poetas conocen los nombres de los mares". Por un error del cajista o el impresor, las pruebas del poema le llegaron después con una letra cambiada. The ports know the names of the seas, leyó Auden: “Los puertos conocen los nombres de los mares”. La versión equivocada le pareció mejor que la original, y lo dejó así. El error había descubierto un mejor verso. Llámenlo ustedes inteligencia natural. Llámenlo, si prefieren, artificio de la inteligencia.