domingo, 10 de junio de 2012

Himno a la celulitis por Enrique Serna


Oda a la celulitis (Enrique Serna)

Deja la carne dura
para el recio colmillo de las fieras
y cata la blandura
de las asentaderas
que tiemblan como líquidas esferas.

Ignora las mudanzas
del gusto popular y rastacuero;
sigue las enseñanzas
de Rubens y Botero
en materia de busto y de trasero.

Si el vulgar desatino
del firme glúteo idolatrar te abruma,
recuerda que previno
la hija de la espuma
"a batallas de amor, nalgas de pluma".

¡Oh encanto de la gorda
pierna con robustez elefantina
que en grasa se desborda!
¡Oh majestad divina
del muslo rebozado en gelatina!

¡Oh esponjas del deseo,
colchón para los huesos de la amada,
de los ojos recreo,
de los dedos almohada,
cremosa invitación a la nalgada!

¡Mueran las saltarinas
esclavas del aeróbic y las dietas,
Jane Fonda y sus cretinas,
desnalgadas atletas,
sin gracia, sin sabor, sin sal, sin tetas!

¡Vivan las perezosas
sacerdotisas del esfuerzo nulo,
que dejan las odiosas
fatigas para el mulo
y son felices, sin mover el culo!

Miserias educativas y de las otras

En estos días se dirime el futuro del euro y casi el de Europa; han puesto un parche al butrón, que no agujero, bancario. No me gusta hablar de Política, ese pretexto del que, según Manuel del Palacio, "se valen muchos para hablar de lo que no saben y conseguir lo que no merecen"; los políticos se mantienen sobre el pueblo por la misma razón que el corcho sobre el agua: son menos densos, ni siquiera una mierda consistente: pura diarrea. Soy persona seria y las lloreras, mordiscos y gorrinadas políticas de guardería (ojalá fueran de juzgado de guardia) me ponen nervioso, cuando pienso las perpetran quienes estuvieron y siguen gobernando y seguirán, los de siempre, aunque sólo lograrán degenerarlo y empeorarlo todo esos alérgicos a la verdad. Sólo una cosa es cierta: son demasiados... y demasiado inútiles. Cumple echar lo menos a dos tercios, o mandarlos a tomar por el lado oscuro, si queremos no se hunda la horaciana nave del Estado, siempre salvada por sus nefastos remeros, los diablos cojuelos goebbelsianos. Pero en sus berreos, gamberradas, cogorzas y latrocinios eso no asoma; a la Esperanza, de Aguírrete y no te menees, le peta alumbrar algo de eso y mal no estaría si empezara por ella misma, dejándonos desesperanzados y alegres; aun mejor si cundiera -que no-, tan ejemplar autosacrificio. Haría falta no rehacer, que si lo proponen harán, sino tirar la Constitución vieja y empezar una cantonalista que disuelva en confederación de ciudades-estado todo este amasijo de ineficaz autonacioregioaldeanalismo y haga imposible, con medios como la iniciativa legislativa popular, todo descontrol administrativo cacofaccioso. Pero lo único que llegan a expeler esos poco ocurrentes socorridos es que hay que formar comisión para investigar a los responsables o comisarios, o mejor, co-metedores de la crisis, con lo que pincha. ¡Una comisión para autoinvestigarse! ¡Piensan luego existen! ¿Se van a concadenar a sí mismos? ¿Se van a autodimitir y a autoflagelar? ¿Van a pagarse por investigar el robo del dinero que ellos mismos han mangorroneabado (perdón por los morfemas libres, pero es que hay que recurrir a neologismos para reproflejar con matemática de espejo cóncavo la realidad esperpentil de España)? Y, lo peor, ¿van a arreglar algo con eso? Lo dicho: político es aquel que mira en un espejo y no se reconoce. Al contrario que bonobos, delfines, loros y otras especies evolucionadas que no sufren crisis de subsistencia. Pondré un ejemplo de lo que podrían empezar: a retratarse en fotografía, en vez de al óleo y por Antonio López, que cobrará 190.000 euritos por retratar a un tal Álvarez Cascos. Si pagase él, creo yo se lo pensaría, sobre todo teniendo tantas esposas divorciadas e hijos que mantener, que creo que es la única razón por la que sigue en política: pagar deudas. Todo el mundo quiere especular y nadie quiere invertir: hay que hacerse rico de la noche a la mañana, sin esfuerzo, sin pensar demasiado y de la manera más sucia. Mentalidad de rentista, no de creador. Robar las ideas a otros y desarrollarlas peor, al contrario que los japoneses; mucha titulitis y poca innovación, porque se aprende más a odiar el trabajo que a amarlo (sólo hay que ver cómo están acabando los profesores, con los profesores). Ahora se nos reconoce a los profes manchegos como autoridad. Un profe inteligente comenta: "Siento deseos de invadir Polonia". A buenas horas mangas verdes: para lidiar con la marea de alumnos por clase y por hora que nos destinan hace falta hacer un cursillo de generalato en la OTAN. Los veteranos, con sus cicatrices en el culo, a las que hacen más caso que a las medallas, y con su burning-out bélico, enviarán impíamente a los novatos por delante, para que perezcan o se curtan en las calderas del fregao, que ellos ya han tenido demasiado. Y les dará igual que acaben despanzurrados: la despersonalización es uno de los síntomas del burning-out.

No basta


Moisés Naím:

"Nada de esto será suficiente para sanar al enfermo. Para devolverle la estabilidad a largo plazo y ponerlo en una senda de prosperidad hay que hacer cambios todavía más profundos. Tal como lo ha señalado Uri Dadush, un economista del Carnegie Endowment, las raíces de la crisis europea no son de naturaleza fiscal o financiera. Resultan de la pérdida de competitividad que tuvieron países como España e Italia, especialmente en relación a Alemania. Dadush ha calculado que entre 1997 y 2007 la tasa de cambio real se revaluó en España en un 11%, y un 9% en Italia (eso quiere decir que sus exportaciones se encarecieron respectivamente en esas mismas proporciones). Mientras tanto, en Alemania, en ese mismo periodo, la tasa equivalente se devaluó en un 14% (es decir, que sus exportaciones se abarataron en esa proporción). Inevitablemente, esto hizo que las exportaciones de España e Italia declinaran y las de Alemania crecieran. En la década que precedió a la crisis, el total de las exportaciones de España (expresadas como proporción del total de la economía) cayeron en un 3,4% y las de Italia, en un 1%, en tanto que las de Alemania aumentaron un extraordinario 20%. A pesar de esto, la economía española creció a una tasa que duplicó la de Italia; una expansión económica que, como sabemos, se basó en el sector de la construcción. En España esta industria pasó de ser el 4% de la economía en 1995 al 12% en 2007. En Italia pasó del 4% al 6%. Esto explica, en parte, por qué los bancos españoles están más débiles que los italianos.

España e Italia tienen que buscar nuevas fuentes de crecimiento económico. Y estas no pueden sino venir de un sector privado más capaz de competir en los mercados mundiales. Esto, y no la austeridad fiscal o las acrobacias financieras, será lo que impida que el paciente deba regresar periódicamente a la sala de cuidados intensivos."

sábado, 9 de junio de 2012

Literatura de corcho

La literatura de corcho es aquella que suele adornar los tablones de las oficinas de funcionarios del estado; un tipo de literatura popular anónima, con frecuencia satírica, que nadie se ha encargado de recoger, por desgracia. Una buena recopilación, de la que están tomados los dos post anteriores, y que incluye también textos folclóricos y de la poesía satírica clásica española está aquí, en este blog

Teatro popular manchego


La confesión de un gitano es un romance dialogado de teatro popular andaluz-manchego muy divulgado por los Montes de Toledo; hay muchas variantes y no he intentado reconstruir el original; entre las manchegas conozco versiones de Puebla de don Fadrique y Montalvos, Albacete; entre las andaluzas, de Cortes de Baza, Sierra de Segura, Benímar (Almería) etcétera. La versión que ofrezco es popular y fue representada escénicamente en Montalvos, Albacete, a fines de los años cuarenta. Fue reconstruido de memoria por Emilio Lara. Es una obra un poco políticamente incorrecta, pero muy cómica. Está tomada de aquí.

La acción se desarrolla en el patio de la casa del cura, que forma parte de una iglesia rural manchega. Mientras el cura permanece sentado con un libro en las manos a la sombra de una higuera, aparece ante él un gitano alto y mal encarado que porta una larga vara de fresno.

GITANO.- Padre, vengo a confesarme.

CURA.-¿A confesarte!

GITANO.-Sí, a eso vengo,
a ver si quiere escucharme
y de gratis perdonarme,
los pecaíllos que tengo.

CURA.-Eso es cierto?

GITANO.-Se lo juro.

CURA.-Al confesionario iremos.

GITANO.-No, que allí está muy oscuro.
Este sitio es más seguro.
Aquí que las caras nos vemos.

CURA.-Algún ángel te ha inspirado
a que busques confesión.
Ven, acércate a mi lado.
Cuéntame lo que has pecado,
que Dios te dará el perdón.

(Para sí)

GITANO.-Vaya tío y que buen cachorro está.

CURA.-Vamos, cuéntame, hijo mío.

GITANO.-Padre, si es que no me fío,
de decirle la verdá.

CURA.-¿Temes que yo te delate?
El confesor no hace eso.

GITANO.-Si hace usté tal disparate,
le echo mano al gaznate,
y lo dejo patitieso.

CURA.-hijo, no seas así.
No te impacientes, ten calma,
que yo rezaré por tí
para conseguir así
la salvación de tu alma.
Empieza ya, ves diciendo:

GITANO.-Verá, yo fui una mañana,
cuando estaba el día rompiendo,
y me encontré a mi gitana,
que se estaba divirtiendo
con un gachó que vestía
lo mismico que viste usté.
¡Y cómo se divertían!
Al verme entrar ¡Madre mía!
Se jiñó encima, chipén.
Ella comenzó a gritar,
y yo pa que no gritara,
le largué una bofetá,
que algo más de la mitá
se le perdió de la cara.
A los gritos infernales
que lanzaba el amor mío,
acudieron los curiales
a recoger los quijares,
que entavía no han paecío.
Se echaron encima e mí
lo mismico que chusqueles,
pero yo no me encogí.
Le di aire a los pinreles,
y como un rayo salí.
Tomé viento y me largué.
Ya en la calle, al primer paso,
con un guardia me topé,
y de un solo puñetazo,
sin narices lo dejé.
Aquello fue más sonao
que en Toleo la campana,
y yo lo he recomendao
pa bailar las sevillanas
con un guiri en un tablao.
Desde aquel maldito día,
no me dejaron parar;
como me se perseguía,
pa ganarme la comía,
fuí y me dediqué a afanar.
Mangué un pollino en Lucena.
Una jaquilla en Carmona.
Una muleta en Purchena.
Dos mulas en Estepona
y un caballo en Trebujena.
Usando las mañas mías,
y sin pecar de ignorancia,
me hice en muy pocos días,
hombre de gran importancia,
tratante en caballerías.
Entré a una iglesia a rezar,
y en un rincón me escondí.
Cuando me quise marchar,
se vino detrás de mí,
to lo que había en el altar.
A la Virgen le pedí
los pendientes y el anillo.
Ella me dijo que sí.
Y los cuartos del cepillo,
que también los recogí.
A un fraile muy gordinflón,
de esos que cantan en coro,
al darme la bendición,
le trinqué una cruz de oro,
diez duros y un medallón.
Me recogió un ermitaño,
una noche de aguacero,
y sin querer hacer daño,
me llevé tres candeleros
y una bandeja de estaño.
Me encontré a un cura en un prao
que se empeñó en confesarme.
Después de oírme, asustao,
no se atrevió a perdonarme
y lo enterré en un sembrao.
¿Qué, qué tal la confesión?

CURA.-Flaquezas del ser humano.

GITANO.-¿Me dará la absolución?

CURA.-Sí, hijo y Dios soberano
te concederá el perdón.

GITANO.-Entonces voy a seguir.

CURA.-¿Te queda más todavía?

GITANO.-Claro está padre, que sí.

CURA.-Déjalo para otro día.

GITANO.-Ca, yo ya no vuelvo a venir.
Como soy un buen cristiano,
tengo miedo a condenarme,
y además que soy gitano,
quiero deltó confesarme,
a ver si la gloria gano.

CURA.-Sigue pues, pero abreviando.

GITANO.-Está bien, abreviaré.
Ya sabe usté que afanando,
la manduca me gané,
cuando no pude engañando,
por andequiera que fui,
de lo que vi me apropié.
Que nunca miedo he tenío,
siéndome todito listo,
y que ande yo me he metío,
lo que mis ojos han visto,
mis manos han recogío.

CURA.-¿Queda más?

GITANO.-Una aventura,
de una vez que fui a emparnarme
a un pueblo de Extremadura,
y al no tener qué llevarme,
ne llevé al ama del cura.

CURA.-Hijo, no tienes salvación.
Poder salvarte no espero.

GITANO.-Sí le ha entrao a usté quemazón,
pero en fin me se figura,
que a usté ya se le olvidó,
que fue también otro cura
el que amí me la quitó.
Bueno, yo ya he terminao.
Puede perdonarme o no.
Porque si queo condenao,
con usté voy a hacer yo,
lo que con aquel del prao.

CURA.-Sí, sí, sí te absolveré,
aunque eso es muy grave.

GITANO.-Padre, ya está hecho ¿Qué quié usté?
Por la gloria de mi madre,
que otra vez no lo haré.

CURA.-Yo te perdono hijo mío,
de Dios en su santo nombre,
y, procurarás, confío,
desde hoy ser un buen hombre.

GITANO.-Eso yo siempre lo he sío.

CURA.-Ya estás listo, márchate.

GITANO.-Padre, ¿Y la penitencia?

CURA.-Yo por tí la cumpliré.

GITANO.-¡Qué buenecico es usté.
Ya me ha limpiao la concencia.
Padre, ahora que me acuerdo,
yo no sé si volveré.
Y por si acaso me pierdo,
y no lo vuelvo a usté a ver,
quiero que me dé un recuerdo.

CURA.-¡Un recuerdo?

GITANO.-Claro está.
Yo tengo muchos apuros.
Ni ayer ni hoy, gané na.
Deme usté veinte durillos,
pa que me pueda najar.

CURA.-Tómalos y vete ya.

GITANO (para sí).
Válgame y qué tonto he sío.
He hecho una barbaridá.
Si más le llego a pedir,
lo mismico me lo da.
-Adiós padre, buena suerte.
Que se conserve usté bueno.
Si otra vez vuelvo a pecar,
cuando tenga el saco lleno,
volveré aquí a confesar.

CURA.-Adiós hijo, buena suerte.
Que te conserves muy bien.
Que Dios quiera protegerte.
Y que yo no vuelva a verte,
por nunca, jamás, amén.

Tres serranillas modernas.


Tres serranillas de Jorge Llopis. Tomado de Las Mil Peores Poesías de la Lengua Castellana. Con Nociones de Gramática Histórica, Rudimentos de Retórica y Poética y un Falso Florilegio de Poetas Laureados:




Serranilla Navideña


Por Navacerrada,
serrana yo vide
gorda e colorada.
Montaba un borrico,
vestía un refaxo
que exhalaba un rico
regustillo de axo;
corpiño e faldeta
teñida de azul,
con su camiseta
e su canesul.
Por Navaccerrada
mirela, mirela
con la mirada.
E yo colegía,
viendo tal primor,
que non la vestía
don Christián Dior .
Vila que partía,
e como un pelele,
por saber do iría
yo "le" preguntele :
Si marchas quiçás,
¿do irás, girasol?
¿Do vienes? ¿Do vas?
¿Do, re, mi, fa, sol?
Non "me" contestome
mas la su mirada
desencuadernome.
Hoy es Nochebuena
-dixe- serranilla,
e tengo una cena
con pavo e morcilla.
Darete el asado
que te he susodicho,
e un cerdo cebado
(con perdón sea dicho)
Darete unas sopas
que dan calorías,
e después tres copas
de González Byass .
Creo, en poridat,
que te ofrezco, niña,
buena Navidat.
"Otros la disfruten"
-dixo-, "caballero;
la cena es dabuten,
mas cenar non quiero.
Non por etiqueta
rechazo el yantar;
es que estoy a dieta
por non engordar.
"¿Non vendrás, chiquilla?
"Señor, non iré."
"Adiós, serranilla."
"Adiós, don José."
Por Navacerrada,
serrana yo vide
que non comía nada.


La Porqueriça de Matarredona (Serranilla catalana)




Cerca de Cardona
vi la Porquericça
de Matarredona.
Por senda boscossa
de cardos e ortigas,
la boca pastossa
y el cuerpo hecho migas,
hacia Badalona
por tierra caliça,
vi a la Porqueriça
de Matarredona.


Era colorada;
cruçaba sus manos,
mirando arrobada
a los sus marranos .
El campo, corona
puso de hortaliça
a la Porqueriça
de Matarredona.


Vestía un conjunto
-falda e pantalón-
y encima, de punto,
un minifaldón,
¡Y estaba tan bona,
que díxele: "Atiça!
¿Sois la Porqueriça
de Matarredona?"


Díxele: "Nenita,
saldremos de farra,
comeremos truita,
pan e butifarra.
Por Santa Madrona
que estáis muy rolliça,
linda Porqueriça
de Matarredona.


Después llevarete
hasta el Llobregat,
y a beber darete
en la Font del Gat.
¡Oh maca e bufona
ponte tu pelliça,
y ven, Porqueriça
de Matarredona!"


Dixo la su boca:
" ¡Basta el devaneo,
que no exerço, loca
esse pluriempleo!
E non es buscona,
nin çorra, nin iça
esta porqueriça
de Matarredona."


Mas entonces, biçco
al verla enfadada,
le aticé un pelliçco
en plena muslada.
Pero la bribona
con porra maciça
diome una paliça
en Matarredona.


Serranilla Estival


Muy cerca de Osorno
passaba yo un día
de mucho bochorno.
Mi boca quemada,
ansiossa de fresco,
seca suspiraba
por un buen refresco.
Dentro de una zanja
que hallé de ocasión,
pedía naranja, pedía limón.
De forma ridícula,
passaba yo un día
de mucha canícula.
Como flor loçana
de aquel mediodía,
vide una serrana
que hacia mí venía.
No era nada zafia;
su cuerpo era sano,
e un bolso de rafia
llevaba en la mano.
Con mucho calor,
serrana yo vide
que iba en bañador,
De lastex extraño
era la su estofa,
y el gorro de baño
como una alcachofa.
La noté tan fría
de cabeça a pies,
que me parescía
doña érsula Andréss
El pecho cual horno,
fablé a la serrana
muy cerca de Osorno
Ofrecí llevarla
en mi bicicleta,
para ansí mostrarla
toda la Meseta.
Le dixe: "Muñeca,
sube al sillín, y hala".
Díxome: "Soy sueca
e nascí en Upsala."
Con pena e bochorno,
perdí a mi serrana
muy cerca de Osorno.

viernes, 8 de junio de 2012

La mediocre universidad española


Antonio Ruiz de Elvira, "Mediocridad en la Universidad española", en El Mundo, hoy:

Este es el relato de un profesor de física que lleva 62 años dentro de la universidad, pues ya nació en una familia universitaria (de letras) y está rodeado de universitarios por todos los costados. No es una descripción con miles de datos. En la física sabemos, desde Tycho Brahe, que los datos a priori justifican elegir una hipótesis y su contraria. Hay datos, pero los datos deben analizarse para que adquieran utilidad.

Las sociedades se dividen en inclusivas, en las cuales toda la sociedad participa de la riqueza, e importa a las clases poderosas que todos dispongan de dinero; y extractivas, en las cuales las clases que tienen el poder prefieren que la sociedad sea pobre, mientras ellas extraen de esa sociedad hasta el tuétano, dejando disponible exclusivamente lo necesario para la supervivencia de los pecheros. Las sociedades extractivas rechazan de plano el conocimiento, mientras que son las inclusivas las que lo promocionan. En las sociedades extractivas interesa que la universidad sea lo más mediocre posible.

Una universidad de la cual salgan farmaceúticos que desarrollen nuevos medicamentos es una universidad de verdad. Una universidad de la cual salgan farmaceúticos cuyo unico interés es un título para ocupar la farmacia de un familiar que se jubile, es una universidad mediocre, y esto vale para farmacia, medicina, derecho, economicas y todas las ciencias positivas, e ingenierias. Podemos desarrollar nuevos productos, o podemos mover la maquina. Si tenemos una máquina que produce 10, y formamos universitarios para que la maquina siga produciedo 10, poco a poco iremos bajando de 10 a 9, a 8, ..., a 0.  La universidad lo que debe es formar universitarios capaces de hacer maquinas que porduzcan 20, 30, 40, ...... Eso es una universidad de verdad.

La sociedad precisa de conocimientos de muchos tipos, pero si queremos avanzar, por ejemplo, de letrinas comunales a baños individuales, de curas de sanadores a medicina nuclear, necesitamos buscar los recovecos de la naturaleza.  Para esta búsqueda es para lo que se establecieron las universidades.

De la historia del conocimiento se aprende que el descubrimiento de nuevas soluciones no depende del número de estudiantes que las buscan. Casi al revés: Cuando el número es alto, se suelen encontrar desarrollos de soluciones antiguas,  y se suele aplastar cualquier iniciativa innovadora. Cuando el empleo depende del número de artículos publicados, es aconsejable elegir como tema de investigación algo ya casi hecho, mejor que embarcarse en la aventura sin garantías de buscar lo ignoto. Rinde buscar la mediocridad para garantizar una posicion en la segunda división, en vez de buscar ganar la copa de Europa.

Si se mide el resultado perseguido no por los descubrimientos nuevos que realicen los estudiantes universitarios, sino por el diploma de unos conocimientos estándar y unos avances incrementales y no radicales en lo que sabemos de la naturaleza (y una parte de ella, la sociedad), entonces es quizás útil  medir el rendimiento de la inversión por el cociente número de diplomas/dinero invertido o número de diplomas/profesores: La ratio.

En este sentido podemos considerar otras universidades en el mundo, para comparar con las españolas. En Europa, dos universidades, o escuelas de muy alta cualificación tienen una ratio de alrededor de 4: La École Polytechnique y la École Normale de Paris. En los EEUU, las universidades que marcan la pauta tienen rationes de 4 a 8: Caltech, Stanford, MIT, Yale, con tamaños de alrededor de 6000 alumnos.  Otras universidades elegidas por muchos estudiantes, de tamaños medios, tienen rationes de alrededor de 12. Las universidades americanas más grandes, de tamaños de entre 20.000 y 30.000 alumnos tienen rationes de alrededor de 18.

Las 70 universidades españolas tienen rationes en el entorno de 11.  Pero hay una diferencia: En las universidades americanas de ratio 4, el porcentaje de admisión es de un 15%. En las de ratio 12, el porcentaje de admisiones es del 40% y sube al 60% en las de ratio 18. En España el porcentaje de admisiones es del 80%. Allí entran a estudiar los 'mejores', aquí el esfuerzo del profesor se diluye sin remedio.

En la época de Cisneros, cuando las universidades preparaban a los gestores de los estados para su profesión, el lenguaje común era el latín.  Hoy día el lenguaje común es el inglés. En España los alumnos de entre 10 y 18 años han dado, cuando acceden a la universidad, 8 años de idioma inglés. Pues bien: En las ofertas de impartición de clases en inglés, en los años pasados, de 100 alumnos, 4 solicitaban esas clases. 

Entre los profesores, y sin la menor pretensión de exhaustividad, ni de representatividad (mi caso puede ser una fluctuación excepcional en un conjunto completamente distinto) podemos decir que la proporción de aquellos que pueden impartir un curso completo en inglés puede ser de un 10%. De hecho hay muchos de nuestros políticos que, siendo catedráticos de universidad, no pueden interaccionar con sus colegas europeos o norteamericanos, o asiáticos, por sus problemas con la lengua común.

Hasta tal punto es esto así que desde los negociados de planes de estudio se sugiere que no se califiquen asignaturas como 'impartidas exclusivamente en inglés' si se quiere conseguir una matrícula razonable (para la administración universitaria).

Se habla de 'endogamia' en las universidades españolas, queriendo decir que los alumnos que han empezado en una de ellas acceden a un puesto fijo en la misma, y esto se considera mal, sin dar razones de la cualificación moral. Se dice que los tribunales de acceso a plazas fijas en las universidades los nombra la propia universidad para garantizar que la plaza se ocupe por el candidato de aquella.

Siendo ésto así, y siendo éste el sistema internacional, ¿cual es la razón de que ocurra y la razón por la cual se ve mal?

Crear un equipo de investigación es una labor penosa. Exige muchísimo tiempo, y la creación de confianza de unos con otros. Esto no es un problema si el equipo se disgrega pero puede seguir trabajando en universidades distintas. Ahora bien: En España los proyectos de investigación se conceden, en cierta medida, a las universidades, representadas por profesores, de manera que si los equipos se disgregan, es difícil conseguir  que los proyectos sigan funcionando.

Adicionalmente existe el siguiente problema, que me ocurrió a mi personalmente: En un cierto momento se me ofreció, por el ministerio, montar un instituto de investigación lejos de Madrid. Dije que estaba dispuesto, pero que me  tenía que llevar a mi equipo, pues lo que no podía era deshacer un trabajo de años. Ahí murió la propuesta. De manera que endogamia y la vida entera en Alcalá. El asunto es que el trabajo de unos años no se puede romper en unos días.

Los laboratorios en distintas universidades no son compatibles,  y pocas universidades ofrecen incentivos para atraer profesores de fuera. Incentivos, laboratorios, equipos: Todo ésto exige dinero, una inversión rentable, pero que las universidades no saben, quieren o pueden cuantificar.  Si los que pagan, que son los alumnos, no prefieren unas universidades u otras por la clase y calidad de la investigación, sino por la proximidad a su domicilio, y las agencias de financiación de la investigación no financian a equipos independientes de las universidades, el palo y la zanahoria fuerzan a que los profesores se queden en sus lugares de origen.

A ésto se añade la estructura social española. En nuestro país es muy difícil vender una casa, y los salarios son adecuados si trabajan los dos miembros de una pareja. Mudarse de universidad significa mudar a dos personas. Si mudar una es difícil, mudar a dos es imposible. La universidad se adapta a los esquemas sociales en donde esta integrada.

jueves, 7 de junio de 2012

Ha muerto Ray Bradbury

He leído bastante a Ray Bradbury de joven, cuando tenía el carnet 508 de la biblioteca de C. Real, y aprendí no poco de él; comulgaba con sus textos porque adivinaba en ellos alguien tan cercano a la pasión literaria como yo. También él fue un lector compulsivo de biblioteca pública. Constituye, junto con William Saroyan, una de los autores primeros que me orientaron en el mundo de la escritura. Ambos poseían mucho en común, pero lo que yo realmente apreciaba y aprecio en ellos es cómo lograban concretar en palabras la difícil abstracción llamada "humanidad"; en ese sentido, Saroyan era más cervantino, porque Ray Bradbury era más lírico: sabía encontrar los elementos bellos e impresionantes de las cosas más humildes. Un ejemplo: cuando te describía -en el recuerdo, esa es la clave- el indescriptible "sonido plateado" de un timbre de bicicleta, o reconstruía el asfixiante ambiente local de un pueblo mexicano desde el punto de vista de una turista anglosajona asustada, en uno de los cuentos que leí de él. Sus novelas me defraudaban más: estaba hecho para las distancias cortas, como Carver. Y es que se puede narrar de dos maneras: una ascética y humilde, y otra lírica y pomposa. Combinar bien ambas es privativo de muy pocos escritores, que saben pasar de una a la otra cuando conviene, o gotearlas de forma que el conjunto gane con ello. Por ejemplo, F. S. Fitzgerald sabía hacerlo. Pero Bradbury contaba también con otra preciosa virtud: la de descarnar a sus personajes de cualquier artificialidad, de cualquier elemento moderno o temporal; no era, como decía Asimov de él, un siesnoes envidioso, un escritor de social-ficción. Cada nombre de personaje, en  su caso, podía sustituirse por un arquetipo: padre, madre, hijo, hermano, adolescente, viejo... Modelos de las formas invariables que toma la humanidad en que todos podemos reconocer a un cercano, o a nosotros mismos en algún momento de la evolución vital. Por demás, se nota que redactaba en una máquina de escribir de alquiler: eso le dio la peculiar intensidad, la pureza y ascetismo de sus mejores pasajes. Está de más colgarle el sambenito de ser un carcamal retrógrado: la gente más lúcida y moral siempre lo es, porque ha tomado la suficiente distancia de su siglo como para entenderlo y conoce las medidas humildes de lo imperecedero; véase si no al soldadesco Kipling o al gordo Chesterton, unos carcas que se pasaron toda la vida huyendo (en el caso de Chesterton, fatigosamente) de sus fantasmas. De ahí, por ejemplo, el valor de la distopía Fahrenheit 451, que tan bien supo reflejar François Truffaut en imágenes inquietantes (recuerdo especialmente a la bibliotecaria en su pira a lo Juana de Arco y las perturbadoras imágenes que siguen al estallido de la cerilla y su inmolación). En ese momento el cine se volvió Arte con mayúsculas. Como muchos poetas -es un sello natural de fábrica que viene con ellos- nunca quiso sacarse el carnet de conducir. Escribió un cuento, "El peatón", que va precisamente de eso, y fue el germen de Fahrenheit 451. En Estados Unidos, ser poeta, viandante o peatón y no consumir es algo intrínsecamente reaccionario, anticuado y hasta subversivo. Los poetas van despacio por la vida, no se apresuran, porque allá hacia donde van es a sí mismos. O como el pájaro de los leñadores canadienses de que habla Borges, que vuela siempre al revés, porque no le importa adónde va, sino de dónde viene.

Origen de la justicia que se im(parte/pone) en España



Juan Manuel Olarieta, "La creación del sistema judicial franquista":

Una opinión muy extendida considera que los jueces son independientes. No se sabe muy bien de qué o de quién, pero cuando se habla de jueces, siempre aparece la palabra independencia. Sin embargo, los jueces no sólo no son ni pueden ser nunca independientes del Estado burgués sino que son parte integrante de ese mismo Estado burgués. Cualquiera que sea la naturaleza de ese Estado, son siempre leales servidores suyos.

Por más que se oculte y disimule, el aparato judicial tiene una importancia política máxima y su servilismo burocrático se cuida con la mayor atención. De esa manera se logra que sea independiente pero de la clase obrera, e incluso extraño y ajeno a ella, mientras se concentra en la defensa de los intereses económicos y políticos de los monopolistas y de la reacción. En España después de la Iglesia católica y algunos otros aparatos, como los medios de comunicación, el sistema judicial ha sido y es un baluarte ideológico de la reacción (pero no sólo ideológico), uno de los más importantes y uno de los menos conocidos.

Una manera de comprobarlo es analizar el servilismo de los jueces hacia el franquismo. Los estudios históricos relativos a las instituciones del franquismo adolecen de una preocupación primordial por el gobierno y la organización administrativa en general, lo que si bien no deja de tener su lógica, puede dar la equivocada impresión de que las demás instituciones permanecieron al margen, “limpias” de las connotaciones criminales del régimen.

Especialmente se observa esto en lo que a los jueces y tribunales franquistas hace referencia: los problemas para los órganos judiciales -parece desprenderse- derivaron de fuera de ellos mismos, de la falta de independencia.

Sin embargo, no se puede hacer del sistema judicial algo de naturaleza distinta -y por tanto separada- del Estado franquista. La jurisdicción ordinaria no se sustrajo a la creación del “nuevo Estado” nacido del 18 de julio y de la guerra.

Las cortinas de humo

Pese a ello algunos autores afirman que la falta de unidad jurisdiccional, la proliferación de tribunales especializados, habría permitido una continuidad de los jueces ordinarios; quizá cabría hablar de una justicia politizada en los tribunales especiales, pero nunca en los ordinarios; los primeros serían dependientes, pero los demás eran independientes. Entonces, de manera falsa, el problema queda fijado así: lo característico del franquismo fue la falta de unidad jurisdiccional; se crearon numerosos tribunales especializados en represión política en los que concentraron a los jueces adictos y domesticados políticamente; los jueces oridinarios estaban fuera de ese esquema político: eran neutrales e independientes.

Esta errónea teoría fue expuesta inicialmente por la asociación judicial progresista “Justicia Democrática” en su informe de 1973: “La política judicial del régimen se ha basado en la separación de la judicatura del conocimiento de los delitos políticos. Por un lado la ampliación de la jurisdicción militar para reprimir la oposición violenta y la crítica de las instituciones armadas, por otro, la selección de un grupo reducidísimo de magistrados para conocer de las demás conductas de oposición. De este modo se ha conseguido que jueces, magistrados y fiscales queden en su mayoría sin contacto con los ciudadanos detenidos e interrogados por las brigadas especializadas en la represión política” (1).

Luego expresó idéntico criterio el sociólogo Toharia: “Lo propio de un régimen autoritario en cuanto a estructura jurisdiccional -escribe- parece ser el mantenimiento de una jurisdicción ordinaria severamente fragmentada. El control así, sobre los jueces ordinarios, se ejerce no directamente sobre las acciones y decisiones de los mismos, sino indirectamente por medio de la reducción del área posible de su competencia” (2).

De esta misma concepción se hizo eco también el magistrado Fernández Entralgo: “La desconfianza de un Ejecutivo omnipotente hacia unos Jueces y Magistrados que, aún tildados de conservadores, rehusaban abrazar posiciones abiertamente partidistas, condujo, a raíz de la Guerra Civil, a la proliferación de Tribunales especiales y aún excepcionales, en todas aquellas materias cuyo enjuiciamiento interesaba se hiciese con un talante represivo más intenso, o con mayor permeabilidad... A la vez, se pudo dar a los Jueces ordinarios una sensación de falsa independencia, en cuanto conservaban una competencia residual, circunscrita a parcelas escasamente conflictivas que no precisaban, por lo mismo, la inmisión directa del Ejecutivo” (3).

Finalmente José Ruiz sostuvo idénticas conclusiones: “El régimen -puntualiza- había estado especialmente preocupado en separar a la mayoría de la carrera judicial de toda implicación en los juicios políticos. De hecho, se había mantenido en gran parte la legislación civil y penal del siglo pasado, con un origen claramente liberal. El juez ’profesional’ podía aplicar la legislación en asuntos privados o delitos comunes sin grandes presiones del poder. El régimen no lo necesitaba” (4).

Pues bien, estos puntos de vista disimulan la realidad histórica. Nunca existió tal separación: no existió un “poder ejecutivo” franquista y dictatorial, un “poder judicial” a su vez escindido entre los jueces colaboracionistas, que en los tribunales “especiales” se dedicaban a la represión política, y otros meramente conservadores, dedicados a las tareas asépticas y tradicionales de la función jurisdiccional.

En este caso, la verdad se puede reconstruir muy fácilmente porque está escrita en el Boletín Oficial del Estado, en leyes, decretos y circulares, y no da lugar a equívocos. Recordemos algunas de estas normas, que son elocuentes por sí mismas, aunque se quieran dejar en el anonimato.

El juramento de lealtad a Franco

En plena guerra, el Decreto de 12 de marzo de 1937 reservaba la mitad de las plazas de funcionarios -y entre ellas, las de jueces y magistrados- a los ex-combatientes del bando franquista. A todos los integrantes de la nueva administración -también a los jueces y magistrados- se les exigió juramento de fidelidad al Caudillo y al Movimiento Nacional (5), requisito exigido por el artículo 4 del Reglamento de oposiciones de la carrera judicial de 5 de mayo de 1941 y reiterado por el artículo 36 de la Ley de Funcionarios de 1964. El Presidente de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, Eduardo Divar, arengando a la promoción judicial de 1944 decía que “el juramento que se presta al ingresar en ella [en la carrera judicial, N. del A.] no es meramente ritual, sino un juramento de adhesión incondicional al Caudillo y de ser fieles custodios del depósito sagrado de la Justicia” (6).

Esto quebraba de raíz cualquier asomo, por mínimo que fuese, de independencia de los jueces: “Se ha dicho -afirmaba Eduardo Aunós, ministro del ramo- que la Justicia no es política, y ello es verdad, en cuanto repudia toda sumisión al banal partidismo de los grupos que en el Estado liberal se disputaban permanentemente el Poder. Pero tiene deberes políticos indudables si entendemos por tal la unánime expresión de soberanía, fuera de la cual se asfixiaría. Cuando el ambiente nacional está impregnado de sentido unitario, como ocurre en el actual Estado español, no podría la Justicia desarrollarse con plenitud de eficacia si se situase fuera de una órbita política que es tan esencial para la nación como para los astros la de su curso sideral [...] Tengo fe en el porvenir de la Judicatura española porque la tengo también en el Caudillo que nos dirige y en su Estado fundamentalmente jurídico y esencialmente legítimo. Y si en la antigua Roma el pretor ostentaba la máxima dignidad entre las jerarquías del Estado, también en la España de Franco será el Juez guardador de la Ley e intérprete de sus designios reparadores, el que ocupará el pináculo de las jerarquías sociales y públicas. En la España que renace el futuro pertenecerá a los hombres de Derecho. Por eso a vosotros, aparte de convertiros en sus principales soportes, debeis prometer fidelidad efectiva a España y al Caudillo y total adhesión a los postulados de unidad, grandeza y libertad, que son los ideales cupulares de nuestra Patria” (7).

Entre los jueces, el juramento de adhesión a la dictadura fue de la máxima trascendencia, resultando reiterativas hasta la saciedad las exigencias de fidelidad ideológica (8), e imprescindibles para ascender en la carrera y para ocupar determinados destinos, dentro o fuera de ella. Como ha expuesto Cano Bueso: “La premisa mayor previa al nombramiento era la absoluta lealtad al Caudillo y a cuanto representase el Régimen del 18 de julio” (9).

Una depuración completa de los jueces republicanos

Vayamos ahora a corregir otro entuerto histórico: en contra de lo manifestado por Toharia, según el cual sólo 60 jueces republicanos fueron depurados por el nuevo régimen (10), lo cierto es que del escalafón franquista de 1947 se deduce que más de la mitad de los jueces republicanos habían sido depurados y sustituidos por otros adictos de la dictadura.

En menos de diez años toda -e insisto en lo de toda- la cúpula judicial de la República había sido sustituída por personas que, en algunos casos incluso, ni siquiera eran jueces con anterioridad al 18 de julio (11).

Jueces y burócratas del régimen

Una faceta de la cuestión no suficientemente valorada a la hora de examinar la naturaleza fascista del aparato judicial es el continuo trasiego de jueces hacia la burocracia fascista, y su regreso de nuevo a la carrera judicial. Era bastante frecuente que miembros de la carrera judicial pertenecieran, al mismo tiempo, a otro cuerpo de funcionarios del Estado (14). Especialmente importante fue la presencia de la carrera judicial entre los altos cargos del Ministerio de Justicia, que fue creciendo paulatinamente con los años, por lo que carece de sentido criticar el “intervencionismo” del poder ejecutivo franquista en el poder judicial “independiente” a través de este departamento: en el último gobierno de Franco, la mitad de las Direcciones Generales del Ministerio de Justicia estaban ocupadas por jueces y fiscales.

Pero eso no sólo ocurría en el Ministerio de Justicia sino que llegaba incluso a la Administración local, en donde también se detecta la presencia de los jueces entre alcaldes, concejales y otros cargos políticos elegidos a dedo (13). Por lo tanto, no se puede decir en absoluto que los jueces fascistas fueran algo separado del resto del aparato burocrático del régimen. No sólo no era algo separado sino que tampoco eran algo distinto a él.

Entre los burócratas fascistas de más alto rango, es decir, los más comprometidos con la dictadura, los jueces llegaron a tener una representación cercana al 10 por ciento, sólo superada por los abogados del Estado y los catedráticos de Universidad” (12).

Esto quiere decir que, buena parte de los políticos fascistas eran jueces, es decir, funcionarios sin ningún sentido de lo que es la justicia. Esto llena de significado la naturaleza misma del franquismo como régimen político por dos motivos. Por un lado, el nombramiento de jueces para desempeñar cargos políticos era una manera de trepar en la carrera. Por el otro, demostraba el servilismo hacia el régimen de unos lacayos bien amaestrados. Los jueces eran “independientes” con la toga y obedientes sin ella; imparciales como jueces y franquistas como funcionarios.

El papel de los jueces en la represión de la posguerra

Otro aspecto a tener en cuenta: la terrible represión desencadenada inmediatamente después de la guerra no fue un acto de venganza espontánea y desorganizada, sino una labor cuidadosamente planificada y ejecutada en la que los jueces desempeñaron un papel decisivo. Y no solo un personal judicial reducido fue el que llevó a cabo la tarea de represión política: todos los órganos judiciales se vieron implicados y asumieron las más delicadas misiones políticas en defensa del régimen franquista.

Así, por ejemplo, los artículos 37 y 38 de la Ley de Orden Público de 1959 otorgaban competencia a la “autoridad judicial ordinaria” para declarar el estado de guerra. Es imposible pensar que esta atribución de funciones pudiera encomendarse a los jueces sin el aseguramiento previo de la lealtad ideológica y política hacia el régimen.

Otro ejemplo fue el de las Audiencias Provinciales que durante los estados de excepción se transformaban en “tribunales de urgencia” asumiendo por dicha vía la tarea de perseguir, torturar y encarcelar a los antifascistas que luchaban contra el régimen. Tampoco puede descuidarse el transvase de competencias del Tribunal de Responsabilidades Políticas en favor de los tribunales ordinarios, una vez desaparecido aquel, etc.

De modo que no sólo los magistrados de los tribunales especiales estaban sometidos a una estricta disciplina política: “No parece sostenible, tras lo dicho -afirma Cano Bueso- que la voluntad del franquismo consistiera en trasladar a Tribunales especiales ’políticos’ la represión política, para mantener inmaculada la posición ’apolítica’ y técnico-jurídica de los jueces ’de carrera’. El franquismo, que se sublevó levantando la bandera de ’la ley’ y ’el orden’ ni siquiera fue respetuoso con el orden judicial, institución de continuidad por antonomasia y administradora de valores de legalidad, que hubiera dotado de cierta juridicidad al Régimen” (15).

El caso más claro fue el del Tribunal Supremo, celoso defensor de los más rancios valores y principios franquistas. En España consultar la jurisprudencia del más alto tribunal da verdadera vergüenza ajena, no sólo en lo juridico sino desde cualquier aspecto que se quiera analizar. Las decisiones del Tribunal Supremo son un insulto tanto al más elemental sentido de la justicia como a la propia inteligencia de los seres humanos, como expuso hace unos años un estudio universitario (16). Aquí y ahora la jurispridencia no es más que el franquismo más rancio consagrado en letras de molde, en forma de sentencias judiciales.

La enorme ideologización de los jueces bajo el franquismo no es ajena al hecho de que al frente del Ministerio del ramo se colocara sistemáticamente a una de las dos ramas del Movimiento Nacional, es decir, tanto, a los falangistas (Fernández-Cuesta y Ruiz-Baquero) como, sobre todo, a los carlistas (Rodezno, Iturmendi, Oriol, e incluso Aunós puede considerarse ligado a este sector). La explicación radica, por una parte, en la competencia de este Ministerio en asuntos eclesiásticos (17) y, por la otra, en la disciplina ideológica de los jueces. En dicha cartera no se conocieron fases “tecnocráticas” más o menos asépticas como las conocidas en otros departamentos ministeriales. En el Ministerio de Asuntos Exteriores se puede ser neutral; en el de Justicia hay que ser militante. Ese Ministerio fue siempre el más fascista de todos los ministerios.

Lo peor de todo es que a pesar del tiempo transcurrido seguimos igual. El artículo 2 de la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 disolvió las organizaciones del Frente Popular y aún no se ha derogado. Está vigente (y si no que se lo preguntan a las organizaciones antifascistas que siempre han estado prohibidas).

Notas:

(1) Los jueces contra el franquismo. Justicia y política en el franquismo, Túcar, Madrid, 1978, pg.246.

(2) El juez español. Un análisis sociológico, Tecnos, Madrid, 1975, pg.205.

(3) “Defensa del ciudadano contra los actos del poder judicial”, Primeras Jornadas de Derecho Judicial, Tribunal Supremo, Madrid, 1983, pg.443.

(4) La justicia en España, Ediciones Libertarias, Madrid, 1985, pg.259.

(5) Perfecto Andrés Ibáñez: Justicia/conflicto, Tecnos, Madrid, 1988, pg.61.

(6) Iustitia. Boletín Oficial del Ministerio de Justicia, núm. 7, junio-julio de 1944, pg.50.

(7) Idem. Ver también Andrés Ibáñez, ob.cit., pgs.64-65.

(8) Andrés Ibáñez, cit., pg.61.

(9) La política judicial del régimen de Franco, Ministerio de Justicia, Madrid, 1985, pg. 129.

(10) El juez español, cit., pg.197.

(11) Este fue el de José Casado, ascendido al cargo de Presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo en 1945 sustituyendo a Diego Crehuet.

(12) J. Álvarez Álvarez: Burocracia y poder político en el régimen franquista, Instituto Nacional de Administración Pública, Madrid, 1984, págs. 31-32.

(13) R. Bañón Martínez: Poder de la burocracia y Cortes franquistas (1943-1971), Instituto Nacional de Administración Pública, Madrid, 1978, pg.223.

(14) Bañón Martínez, Poder de la burocracia, cit., pgs.223-224.

(15) La política judicial, cit., pg.85.

(16) Francisco J. Bastida: Jueces y franquismo. El pensamiento político del Tribunal Supremo en la dictadura, Ariel, Barcelona, 1986.

(17) También después de la muerte de Franco el Ministerio siguió en manos de los católicos: Garrigues, Lavilla, Ledesma y Tomás de la Quadra ya en la etapa de gobierno socialista.

miércoles, 6 de junio de 2012

Timocracia (en sentido griego)


Ignacio Sotelo, "Reivindicación de la parresia", El País, 4 de junio de 2012 


 A los atenienses nuestra democracia les parecería más bien una oligarquía, ya que el principio de representación cuestiona la igualdad de todos los ciudadanos (isopoliteía), sometidos a las mismas leyes (isonomía), que incluye en las instituciones la igualdad en el uso de la palabra (isegoría). A su vez la democracia ateniense nos parece a nosotros poco democrática, ya que, además de excluir a los menores y a los metecos (los extranjeros con domicilio permanente), dejaba fuera a las mujeres y los esclavos, es decir, a la fuerza de trabajo, que suman la mayor parte de la población.


Con todo, la cualidad de la democracia griega que hoy más echo de menos es la parresia, que consiste en atreverse a decir todo lo que uno piensa, arriesgando desde el ridículo, al ninguneo de la opinión dominante, incluido el desprecio, cuando no el odio, de los poderosos. Bailar fuera del tiesto se paga siempre a un alto precio.


Justamente, la falta de parresia explica que a la mayoría de los economistas, y con ellos a sus fieles seguidores los políticos, les haya pasado inadvertido durante casi cinco años algo tan obvio como las consecuencias financieras de la burbuja inmobiliaria. ¿Cómo se explica, por lo demás, que la inmensa mayoría de los economistas no hayan previsto la crisis?


Atreverse a manifestar algo que se salga del marco de los intereses dominantes lleva consigo de inmediato una descualificación que nos condena a la invisibilidad, con un alto coste en prestigio y otras gabelas que pagaríamos de buen agrado, si ello no implicase perder la plataforma pública desde la que poder alzar la voz.


Un ejemplo contundente. Se han escrito montañas de papel sobre la durísima crisis que nos aflige, sin que apenas haya saltado a la palestra el nombre de Marx, el primero que describe las crisis económicas, vinculándolas al modo de producción capitalista. En teoría no podrían existir, ya que la ciencia económica daba por descontado que el mercado acopla la producción a la demanda, pero si se presentan, como en efecto ocurre, se deberían a catástrofes naturales, malas cosechas, disturbios sociales, inflación y subida incontrolada de los salarios, explicaciones que Marx rechaza como la causa de crisis que se repiten periódicamente, todo lo más concede que podrían ser síntomas.


La superproducción, piensa Marx, es la causa última de las crisis, a la que suele preceder un periodo de especulación desmedida que en las ramas más diversas aporta una prosperidad generalizada que impulsa a producir más de lo que puede asumir el mercado. Las crisis estallan en la economía financiera especulativa, para luego extenderse a la economía productiva, pero su causa última es siempre la superproducción, a la que precede un periodo de expansión.


Marx subraya la gran paradoja de que, cuando la mayoría carece de lo más elemental, se acumule una gran cantidad de mercancías invendibles. Habla del “milagro de la superproducción y supermiseria, en la que puede haber superabundancia de productos, aunque a la vez la mayoría sufra bajo la aguda necesidad de los medios de vida más elementales”. La conjunción de salarios bajos y de una enorme producción de mercancías que los altos beneficios impulsan, lleva a que las mercancías tengan que venderse por debajo del coste de producción, que es lo que Marx llama superproducción, que se corresponde con un consumo muy por debajo de la capacidad productiva, infraconsumo.


De las crisis solo se sale llevando a cabo una completa renovación del aparato productivo, destruir para volver a construir, lo que permite al capital volver a obtener beneficios. La crisis finaliza con la recuperación de la tasa normal de beneficio, reestableciendo el equilibrio del sistema. Marx las compara con el vómito de los romanos, hacer sitio para continuar comiendo, así el capitalismo necesita autodestruirse periódicamente para volver a originar beneficios.


No cabe con la brevedad necesaria señalar aciertos y fallos de la primera teoría que se dio de la crisis, el principal error suponer que al final “las contradicciones internas” desembocarán en el fin del capitalismo, ni mucho menos completarla con la teoría de Keynes, que se centró en el domeñar las crisis para salvar el capitalismo. Lo único que ahora me importa subrayar es hasta qué punto la economía dogmática dominante, temerosa de la parresia, se niega a reconocer los hechos más obvios.

domingo, 3 de junio de 2012

"Edúcalos o sopórtalos", Marco Aurelio dixit.

Era uno de los pocos hombres sensatos que ha dado la historia. Sólo hay que leer sus Meditaciones, libro del que merece la pena agotar todo su múltiple sentido y aplicaciones; lástima que naciera en el estúpido y cruel mundo antiguo, que poco pudo mejorar. Lo dice en el libro VIII, 59: "Los hombres han nacido los unos para los otros. Por tanto, enséñalos o sopórtalos". Tengo mis dudas sobre la traducción del verbo original por "enseñar", que en mi edición, la de Alianza Editorial,  se traduce pésimamente del griego helenístico con un horroroso loísmo; en otras ediciones leo instrúyelos, que creo más correcto, si bien más artificioso, esto es, menos natural; busco el texto en griego, algo más conciso: Οἱ ἄνθρωποι γεγόνασιν ἀλλήλων ἕνεκεν˙ ἢ δίδασκε οὖν ἢ φέρε La traducción más ajustada, creo, sería la siguiente: "Los hombres han nacido unos para otros, así que o edúcalos o sopórtalos". Es una frase que todo profesor debiera conocer, sobre todo cuando le empiezan a flaquear las piernas ante lo que le han preparado las nuevas rerreformas educativas y los propios nenes, que le sueltan al profesor toda la mísera urbanidad y toda la pobreza cultural y moral de que se han empapado en casa, en la tele, en la calle, en esta deconstruida sociedad que es la nuestra. Sería maravilloso que alguien se ocupase en sanear la pobreza moral y económica y cultural de las casas, las teles, las calles, pero... como no conseguimos educarlos, ahora los tenemos que soportar. Y nos tiemblan las piernas.

Por lo menos el contacto con la ignorancia es menos lesivo que el brutal contacto con la estupidez, porque la ignorancia puede curarse, pero la estupidez es casi definitiva. Pues la ignorancia, si se deja cuajar, termina por convertirse en el duro cemento de la estupidez. Aunque puede haber estúpidos bastante inteligentes. Me explico: la inteligencia es a menudo echada a perder por el orgullo, causando el fenómeno típicamente español del gilipollas (está en el diccionario, pero mal definido), personaje este que podría definirse como aquel que tiene infinitamente más orgullo que inteligencia: nuestros políticos, por ejemplo. Se les reconoce enseguida porque son incapaces de soportarse entre ellos. Ya es demasiado tarde para educarlos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

martes, 29 de mayo de 2012

El idioma sin recursividad


Íñigo García, "No tienen números, colores ni tiempos verbales. El increíble lenguaje de la tribu de los pirahãs", El Mundo,  08/05/2007 10:42

BRASILIA.- El idioma más simple y extraño jamás escuchado de entre los cerca de 6.000 que se hablan en el mundo vive en el Amazonas. Tan rara es la lengua de los pirahas, una tribu de apenas 200 individuos que habitan en la ribera del río Maici, que, de confirmarse las observaciones de Daniel Everett, profesor de fonética y fonología en la Universidad de Manchester, supondrá el final del reinado de la teoría de la gramática universal de Noam Chomsky, bajo la cual se han criado los lingüistas de medio mundo.

Sin números, sin pronombres, sin colores, sin tiempos verbales, sin oraciones subordinadas y con sólo ocho consonantes —siete en el caso de las mujeres— y tres vocales, los Pirahãs consiguen comunicarse. "Hablo bien su idioma y puedo decir cualquier cosa que necesito, sujeto únicamente a las limitaciones expuestas", asegura en sus escritos Daniel Everett, que ha vivido durante más de 25 años entre estos indígenas.

Las investigaciones comenzaron en 1977 cuando Everett navegaba el río Maici y contactó con unos individuos que se comunicaban "cantando, silbando, tarareando".

Lo que oía era tan diferente a cualquier otra cosa, que este lingüista en misión evangélica decidió quedarse a vivir entre los indígenas, con su mujer y sus tres hijos. Sus descubrimientos a lo largo de estos años son fascinantes. Los Pirahã no sólo carecen de números en su idioma, sino de cualquier término que implique contar, es decir, no hay palabras para ‘todo’, ‘cada’, ‘mayoría’ o ‘algunos’. Es más, a petición de los propios indios, los Everett trataron durante más de un año enseñarles a contar hasta diez en portugués, para facilitar sus relaciones con los comerciantes del río.

Tras ocho meses, de lecciones, los propios Pirahã abandonaron. Ninguno fue capaz de contar más de tres, ni responder correctamente a sumas de uno más uno o tres más uno. "Tenemos la cabeza diferente", dijeron entonces los indios. Tan diferente, que se llaman a sí mismos "cabezas rectas", mientras los extranjeros son para ellos "cabezas torcidas".

En la cabeza recta de los Pirahãs no caben los colores, ni los tiempos verbales, ni la ficción, ni cualquier otro idioma. Son monolingües a pesar de tener contacto con colonizadores y tribus de origen Tupí-Guaraní desde hace más de 200 años. La ausencia de tiempos verbales, de pretéritos o futuros, influye probablemente en la ausencia de cualquier conciencia histórica, en la inexistencia de cualquier dios o mito de creación, y hasta en la formación del sistema de parentesco más simple jamás documentado. "No hay entre los Pirahãs memoria individual o colectiva más allá de dos generaciones y ninguno es capaz de recordar los nombres de sus cuatro abuelos", escribe Everett.

Respecto a Dios, tampoco les entra en su cabeza. "¿Quién creó las cosas?", les preguntó Everett. "Todo es lo mismo", respondieron los indios, queriendo decir, siempre según el estudioso, que nada cambia y por lo tanto nada fue creado.

Por último, y quizá más importante para los lingüistas, los Pirahã parecen incapaces de crear oraciones subordinadas, carecen de lo que Chomsky llama ‘recursividad’. Sin esa capacidad recursiva, que básicamente consiste en poder intoducir oraciones en otras oraciones sin límite, la lengua Pirahã es incapaz de crear, abstraer, generar otras ideas más allá de la experiencia. La recursividad había sido hasta ahora identificada en todos los idiomas y Chomsky la consideró un elemento clave del cerebro humano, lo que le llevó a afirmar que existe una ‘gramática universal’, una misma manera en que todo los humanos utilizamos el lenguaje.

"Restringen la comunicación a la experiencia inmediata", explica Everett. Dicho de otro modo, los Pirahã serían unos empiristas radicales, apologetas del ‘carpe diem’, incapaces de abstraerse y crear ficciones. De hecho, carecen también de arte, pintura o escultura.

Ante tantas "limitaciones" del lenguaje de los ‘cabezas rectas’, es inevitable preguntarse si no es una discapacidad lo que define a estos indios. "Nadie debería extraer la conclusión de que el lenguaje Pirahã es primitivo —escribe Everett—. Tiene la morfología verbal más compleja de la que yo sea consciente y un perturbadoramente complicado sistema prosódico. Los Pirahã son la gente más brillante, agradable y divertida que conozco. La ausencia de ficción formal, mitos, etcétera, no significa que no jueguen, mientan o no puedan hacerlo. De hecho, disfrutan mucho haciéndolo, particularmente a mis expensas, siempre con buena intención. Cuestionar las implicaciones de la lengua Pirahã para el diseño del lenguaje humano no equivale a cuestionar su inteligencia o la riqueza de su conocimiento y experiencia cultural".

Quienes han comenzado a cuestionar el trabajo de Everett, en especial tras la publicación de un artículo en la revista 'New Yorker', son otros lingüistas, sobre todo los discípulos de Chomsky del Massachussets Institute of Technology, que le acusan de elaborar no una teoría sino una hipótesis que definen como "científicamente frágil", además de publicar datos y conclusiones que discrepan con las de otros investigadores.

Una propuesta al Fondo Monetario Internacional.


Una propuesta a fondo perdido al FMI: que la lengua oficial para el comercio y las transacciones económicas en todo el mundo sea el Idioma pirahã.

Psicopatía infantil



¿Puede un niño de 9 años ser un psicópata?, El País, 21 may 2012

Cuenta su familia que a los 3 años, Michael ya mostraba comportamientos anómalos. Poco tiempo después de nacer su hermano menor, comenzó a tener rabietas durísimas, en las que podía gritar durante horas. Hoy es un niño de 9 años al que han visto multitud de especialistas y todo apunta a que padece un tipo de psicopatía infantil.


Anne y Miguel son los padres de Michael y aunque están cansados de esta situación, siguen luchando para intentar ayudar a su hijo. Al parecer,  desde que nació empezó a desarrollar un comportamiento violento fuera de lo normal. No se trataba de la clásica rabieta ya que era capaz de mantener una pataleta incansablemente, según han explicado al New York Times. Era capaz de desplegar una enorme rabia por cualquier tontería y manifestarla dando golpes con la pared, el asiento del inodoro o ponerse a recortar metódicamente unos pantalones con unas tijeras, si nadie lo estaba vigilando.

A partir de los 5 años, sin embargo, sus padres recuerdan la habilidad de su hijo para pasar de la ira más monstruosa al encanto más calculador. Y fue por entonces cuando empezaron a sentirse totalmente desarmados. Cuando fueron a consultar especialistas, las opiniones apuntaban al 'síndrome del primer hijo' o del príncipe destronado: los celos clásicos desarrollados por el niño que se ha acostumbrado a ser el único. Pero eso no satisfacía ni explicaba que, al pasar los años, la rabia del mayor fuese a peor.

Con los libros de psicología infantil les fue igual: tan pronto parecía que una técnica estaba funcionando, Michael volvía a las andadas. Vieron a sucesivos médicos, ocho distintos hasta hoy, y nada les ha podido ayudar demasiado tiempo.En este sentido,  ha sido diagnosticado como niño con síndrome de hiperactividad y déficit de atención. Así que Michael continúa con sus comportamientos distantes, maquinales o violentos, a veces furiosos, a veces fríos y calculadores.
[Relacionado: A estos padres es mejor no hacerles caso]
Alguien, les encomendó visitar a otro especialista. Dan Waschbusch realizó sobre Michael todo tipo de tests y estudios diseñados para los adultos, y de su análisis llegó a la conclusión de que el niño podía ser un psicópata. Este investigador de Florida estudia a los llamados 'niños insensibles-sin emociones' (callous-unemotional o CU en inglés). Aquellos que muestran una falta acusada de afecto, de remordimiento o empatía y se consideran psicópatas en potencia. Son niños que parece que actúen impulsivamente, pero en realidad son bastante manipuladores y no parecen preocuparse por los efectos o consecuencias de sus actos sobre los demás.

Michael se ha integrado recientemente a un campamento organizado por este especialista, junto con otros niños, en el que se intenta estudiar patrones de conducta y establecer algún modo de terapia. Se trata, en todo caso, de una búsqueda experimental pues, hasta hace diez años, nadie hablaba de psicopatía infantil. Nadie quiere etiquetar a un niño de 5 años como psicópata ya que, dicen, eso tiene un coste social inmenso tanto para el niño como para su familia. Al mismo tiempo, parece que este tipo de desórdenes tiene un origen genético y probablemente fisiológico, tal como sucede con los psicópatas adultos. Algunos de ellos creen que, cuanto antes se detecte el mal, más posibilidades hay de mejorar en su comportamiento y capacidad de empatía con los demás.

La familia de Michael, mientras tanto, ve a su hijo crecer y se hacen muchas preguntas. Su padre recuerda haber sido un niño huraño y mentiroso y transformarse al 'hacerse adulto' en una persona razonable. Por eso confían en los médicos y los investigadores pero les gustaría ver un cambio en su hijo. Michael sigue mostrándose frío, violento e imprevisible. Además,  puede perseguir a uno de sus hermanos y amenazarlo con golpearlo con una silla, aunque nunca la ha dejado caer. ¿Crees que es posible convivir con un hijo de estas características violentas y controladoras? ¿Se deben llamar 'psicópatas'?

Flame, el supergusano informático.


La empresa de seguridad en Internet Karspersky, con sede en Moscú, ha detectado el virus Flame, diseñado para recopilar y robar información estratégica. Se trata del software de espionaje más complejo que se ha descubierto, y ha estado funcionando al menos durante cinco años, según la compañía. La mayoría de los ordenadores afectados, Kaspersky ha detectado unos 600, se encuentra en Irán, Israel, Palestina y Siria, seguidos de otros países de fuera de esa región, como Sudán.


Los primeros análisis sobre Flame, realizados por Kaspersky a instancias de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, indican que está principalmente diseñado para espiar a los usuarios de los ordenadores que infecta. Les puede robar documentos, realizar capturas de pantalla de los programas que usa, grabar las conversaciones que mantienen a través de sistemas de vozIP o de servicios de mensajería instantánea....


Como también está diseñado para infectar al protocolo de comunicación inalámbrica Bluetooth, puede buscar aparatos móviles en su radio y robarles la información que contiene, como la agenda de contactos. Flame incluso puede escanear el tráfico de la red local a la que está conectado el equipo infectado y recopilar todos los nombres de usuario y contraseñas que se trasmiten por esa red. Los datos recabados son enviados después al centro de control en manos de los atacantes.


El patógeno informático, mezcla de troyano, gusano y con capacidad para tomar el control del equipo en el que se instala, aglutina todas estas funcionalidades en sus 20 MB de archivo. "Como es  extensible, se le pueden añadir módulos y modificar sobre la marcha su configuración para que realice nuevas actividades de espionaje. Por esto consideramos que es una herramienta maliciosa muy compleja", explica por teléfono el experto de Kaspersky  Dmitry Bestuzhev.


A pesar de que "técnicamente Flame es diferente a Stuxnet y Duqu", añade Bestuzhev, "comparte el mismo objetivo: robar información concreta de organismos gubernamentales". Por su complejidad, ámbito de acción geográfica, naturaleza de infecciones y comportamiento, la empresa de seguridad informática considera que Flame es obra de un Estado y no cibercriminales comunes.