domingo, 15 de marzo de 2015

Los orígenes manchegos de las mafias

César Cervera, "La leyenda de que la Mafia fue creada por tres misteriosos náufragos españoles", Abc, 15/03/2015 

Tres hermanos castellanos, Osso, Mastrosso y Carcagnosso, llegaron a las costas italianas huyendo de la justicia de Toledo que les acusaba de asesinato. Pertenecían a la misteriosa Hermandad de la Garduña.

La fundación del denominado como crimen organizado remonta su origen, según leyendas populares todavía vigentes en Italia, al naufragio en el siglo XV frente a las costas de la isla de Favignana de tres hermanos españoles: Osso, Mastrosso y Carcagnosso, fundadores legendarios de la Cosa Nostra, la ŽNdrangheta y la Camorra, respectivamente. Los tres caballeros, miembros de la poderosa Hermandad de la Garduña, venían huyendo de España por un feo asunto de honor cuando arribaron en una tierra supuestamente incorrupta.

En concreto, la leyenda relata que los tres caballeros, procedentes de Toledo, se habían visto obligados a huir tras vengar con sangre el honor de su hermana violada. Consiguieron escapar de Castilla y se embarcaron hacia Italia, recalando después de un naufragio en Favignana, una pequeña isla próxima a Trapani, en el extremo occidental de Sicilia. El relato cuenta que Osso, el mayor de los tres hermanos, permaneció en la isla y dio origen a la Cosa Nostra. Mastrosso atravesó el estrecho de Messina y se estableció en Calabria, donde surgió la ŽNdrangheta, mientras que Carcagnosso, el más ambicioso de los tres, consiguió llegar a Nápoles, una de las grandes plazas del poderoso Reino de Aragón, para fundar la Camorra. Los tres hermanos serían, según esta fábula, los creadores de los códigos de honor basados en valores como valentía, lealtad y fidelidad que se atribuyen las organizaciones clandestinas italianas, pese a que su actuación dicta de tener ningún ápice de nobleza.

Los grupos criminales con una organización profesional se remonta a la antigua Roma
No en vano, la teoría española sobre la fundación mítica de las grandes mafias italianas cumple la apariencia de la típica fábula nacionalista para achacar a la influencia externa un problema local. Así ocurre en el imaginario nacionalista catalán, donde la Inquisición –vigente en la Corona de Aragón dos siglos antes que en Castilla– ha quedado vinculada únicamete a los castellanos, junto a otros defectos y problemas que eran anteriores a la unión dinástica de los Reyes Católicos. En el caso de las mafias italianas, la tradición de grupos criminales con una organización profesional en la Península Itálica se remontan prácticamente a la antigua Roma, donde el sistema de clientelismo empleado por las grandes familias patricias daban sombra a todo un séquito de carroñeros y personajes fraudulentos. Si hay prosperidad no tarda en avanzar y refinarse el crimen, siempre que no existan los instrumentos para ponerle fin.

De hecho, el surgimiento de las mafias modernas está más que documentado por los historiadores italianos que emplazan su génesis a la región de Sicilia. En el siglo XIX, surgió la figura clave de los «gabellotti» (recolectores de impuestos) en esta región italiana para administrar las propiedades de los aristócratas. Ellos obtenían a cambio un porcentaje de las cosechas obtenidas, pero para acrecentar sus ganancias dividían las tierras en pequeñas áreas y las arrendaban a los campesinos, quienes también les otorgaban un porcentaje de la cosecha obtenida. Poco a poco se volvieron cada vez más poderosos e incurrieron en actos de corrupción: extorsionaban a los labriegos, se apropiaban indebidamente de pastizales para dar de comer al ganado y organizaban grupos de ladrones y cuatreros. Por esta razón se les considera a los «gabellotti» como antecedente directo de la mafia. Sus prácticas no tardaron en ser imitadas en otras regiones empobrecidas del país.

El mito de la fundación española de las mafias italianas tiene nexos con la leyenda negra que envuelve a la familia Borgia, calificada sin fundamento de primera familia criminal de la historia. Sin embargo, los crímenes de los Borgia (abusos en el poder, nepotismo, tráfico de influencias, etc) fueron idénticos a los de otros Papas, con la salvedad de que pocos pontífices han sido de nacionalidad no italiana.

¿Existió la Hermandad de la Garduña?

Es difícil encontrar indicios razonables que corroboren la existencia de la Hermandad de la Garduña –la supuestamente más longeva sociedad criminal de Europa– y menos en los términos románticos que se ha transmitido. Hasta hace pocos años, el debate se centraba en definir cuál fue su papel en la España de los Austrias, puesto que su existencia se daba por segura. Y es que para sostener la autoridad española en Nápoles, Sicilia, Cerdeña y el Ducado de Milán se requerían aliados a todos los niveles. Por esta razón, su rol quedó vinculado al de organismo subterráneo al servicio de los virreyes españoles en Italia. No obstante, la Hermandad de la Garduña ha quedado a día de hoy reducida al mundo de las leyendas y las especulaciones.

De obedecer a éstas, aún muy vivas en el sur de Italia, la Garduña fue creada en Toledo sobre el año 1412, ligada a los asaltos a las casas de musulmanes y judíos que habían sido previamente señaladas por la Inquisición. Después se habría desarrollado mucho en Sevilla, hacia donde iban a parar las perlas, gemas, esmeraldas, oro y plata de la recién conquistada América. Con el consiguiente auge de la industria de lujo, la banca y la criminalidad asociada a la riqueza. El personaje de Monipodio en la novela ejemplar de Cervantes «Rinconete y Cortadillo» podría estar, pues, inspirado en un personaje real, al cual tuvo la oportunidad de conocer cuando el escritor estuvo en la cárcel. Las referencias sobre esta secreta y todopoderosa hermandad se alargan hasta el siglo XIX, cuando vivió sus episodios finales. Como gremio de ladrones contaba con una estructura inspirada en las cofradías religiosas, en cuya apariencia se escudaría para operar con impunidad.

Muchos investigadores han sostenido su influencia sin el menor atisbo de duda. Es el caso del importante sociólogo alemán Georg Simmel o el intelectual Enzensberger, que defendieron su gran impacto en las sociedades mediterráneas. Más lejos llegó el historiador y policía Manuel de Cundías que aseguró que el Gran Maestro de la hermandad tuvo una vivienda reservada en el Palacio de la Monarquía de los Austrias, lo cual daría cuenta de su influencia dentro del Imperio español.

En contraposición a la Garduña –de ser cierto que existió– se creó en 1476 la Santa Hermandad, posiblemente el primer cuerpo policial organizado de Europa. Un grupo de gente armada, pagada por los concejos, para perseguir a los criminales que fue instituido por Isabel «la Católica», en las Cortes de Madrigal de 1476, unificando las distintas Hermandades que habían existido desde el siglo XI en los reinos cristianos. Su creación coincidió con el periodo donde la Garduña habría vivido su edad dorada.

viernes, 13 de marzo de 2015

Miedo

Miedo no a morir, sino s a morir sin haber pagado todas las hipotecas y facturas 

Miedo a que mi mujer, mis hijos, mis animales no lleguen a ser felices

Miedo a morir sin haber llegado a escribir todo lo que quiero escribir.

Miedo a haberme equivocado

Miedo a haberme equivocado incluso habiendo querido hacerlo bien

Miedo a dejarlo todo por cansancio

Miedo a tener que vivir otra vez 

Miedo a no poder morir nunca

Miedo a empezar otra vez

Miedo a vivir otra vez sin haber aprendido nada.

Miedo de que lo que he aprendido no sea suficiente

Miedo al dolor, al cansancio, al aburrimiento

Miedo a no haber vivido

Miedo a haberme mentido

Miedo a cansarme de ser humano

Miedo a la estupidez

Miedo al mal

Sátira política de la corrupción de Pedro Muñoz Seca

Pedro Muñoz Seca:

    Yo tengo un burro canelo
más sabio que un profesor,
con orejas de ministro
y ojos de gobernador.
    Rebuzna como si fuera
asesor ministerial
y se come hasta el pesebre
como cualquier concejal.
    Yo quisiera que a mi burro
lo sacaran diputado,
porque otros, siendo más burros,
a ese puesto ya han llegado.
    Pero temo que, de serlo,
vaya a quedarme sin él
porque, como allí habrá tantos,
no lo voy a conocer.

martes, 10 de marzo de 2015

Supersticiones manchegas. El peñón del callejón de Treviño

"Entonces desapareció el estrecho callejón de Treviño, en cuya entrada un gran peñón impedía el tránsito de carruajes, que viejas fanáticas me contaron cuando yo era niño que la piedra había volado muchas veces; que, debajo, habitaban brujas; que se presentaba la Encantada en la mañana de San Juan; que se cerraba el callejón varias noches, y otros miles despropósitos". (Joaquín Gómez, Historia de la ciudad de Ciudad Real... ed. facsímil, vol. I, 2010, ff. 298v - 299r

domingo, 8 de marzo de 2015

Entrevista con Petros Márkaris

Berna González Harbour," Markaris: “Mi comisario no espera nada de la Grecia de Syriza”", El País, 1-II-2015:

El escritor griego analiza, en el Hay de Cartagena de Indias, el panorama que se ha abierto en su país con el nuevo gobierno y el destino de su personaje literario.

Hay personajes que han necesitado el cine para llegar, no a la gloria literaria, donde ya campaban a sus anchas, sino al gran público. El Marlowe de Humphrey Bogart o el Ripley de Matt Damon no añadieron estrellas al firmamento de Raymond Chandler o Patricia Highsmith, que ya fulguraban con suficiente luz propia, pero sí una proyección masiva que les hizo masticables, adorables, temidos o queridos.

Hay otros personajes, sin embargo, que no necesitaron el cine. Solo una crisis.

El comisario Jaritos, el entrañable policía creado por Pétros Markaris, ha ganado ya más empatía por cómo se las arregla para llegar a fin de mes que por su forma de resolver los crímenes. El autor griego (Estambul, 1937) logró esa magia mediterránea que comparte con el Carvalho de Vázquez Montalbán o el Montalbano de Camilleri: la de saber crear un investigador cercano, humano, con la dosis suficiente de humor y de neurosis en su rutina como para convertirse en un tío adoptivo, muy lejos del tipo solitario colgado del whisky en una barra de los barrios bajos de Los Ángeles. Por eso nos puede interesar más preguntar a Jaritos que a su autor, que estos días está en el Hay Festival de Cartagena de Indias (Colombia). Para empezar.

Pregunta. ¿Qué espera Jaritos de la Grecia de Syriza?

Respuesta. Nada. Él es conservador y nunca está satisfecho con nada, siempre se está quejando de todo. Recordemos que viene de la región fronteriza con Albania, muy golpeada por la guerra y la pobreza, y la única forma que tenía de huir de allí era meterse en la academia de policía. Es lo que hizo, pero sigue siendo conservador. Él, su mujer y su hija han hecho muchos sacrificios para sobrevivir. Como los griegos. Por eso no esperan nada.

P. ¿Y Márkaris? ¿Qué espera Petros Márkaris de la Grecia de Syriza?

No soy entusiasta con el nuevo gobierno, nunca he apoyado a Syriza. No se acaba Jaritos, ni se acaba la crisis, se acaba el Jaritos de la crisis
R. No soy entusiasta con el nuevo gobierno, nunca he apoyado a Syriza. Lo primero por la confusión: es un partido confuso, cada líder te cuenta una historia y contradice a todos los demás, hay muchos grupos y tendencias distintas en él. Lo segundo, por pactar con la ultraderecha. Si eres de izquierdas no puedes pactar con la extrema derecha dejando de lado la ideología. Han demostrado que para ellos la prioridad es la política contra la troika, que une a los dos, y no todo en Grecia es economía. Cómo van a afrontar la educación con la extrema derecha, la política hacia Turquía, la inmigración. 

Eso es lo que preocupa a Márkaris, de izquierdas confeso, que fuma en pipa y bebe un café negro mientras espanta el calor húmedo de Cartagena de Indias, donde es una estrella del Hay festival. Cuando empezó la crisis, el escritor griego cambió de registro y decidió meterse en harina con una trilogía que ha estirado en una cuarta, Hasta aquí hemos llegado (Tusquets, en abril en España), y que se ha ganado el corazón del lector europeo.

P. ¿Por qué se acaba?

R. No se acaba Jaritos, ni se acaba la crisis, se acaba el Jaritos de la crisis. Nunca me había involucrado emocionalmente en mis novelas, con la excepción de Muerte en Estambul, y en esta serie lo he hecho. Ha sido difícil, estoy agotado. No hay familia que no tenga graves dificultades, la mía también. Y escuchar y escribir sobre ello no es fácil, estoy exhausto. He puesto mucho de mí. Se acabó.

P. ¿Y por qué lo alargó entonces? ¿Por qué la cuarta?

R. Me di cuenta de que había abordado la banca, la evasión fiscal y la generación de los políticos que nos metieron en esto. Me faltaba la gente. La cuarta es sobre la gente común. 

Gente común. Puro caviar en boca de un escritor que hizo bingo cuando quiso crear su personaje. ¿Dentista o policía? Ambas opciones encajaban en el protagonista terco que buscaba, pero el dentista no iba a generar simpatías, cuenta riendo. Le dio vueltas. Policía. Y no uno solitario, duro e irreal. No en el Mediterráneo, donde un poli es gente sencilla, quiere familia, hijos, odia estar solo. Y donde el lector quiere identificarse, no con un agente, sino con su familia entera. Para concebir a Jaritos, a su mujer y su hija miró hacia dentro, miró cerca, en busca del hombre común, y encontró a su propio padre. A su madre. A su hija. De ellos robó los trazos que han convertido a esa familia en la que todos pueden encontrarse al llegar a casa. La que ve recortarse el sueldo, perder empleos a su alrededor y estrecharse el margen de visibilidad en el futuro. La que sobrevive a ello con imaginación, con unidad y con cierto humor. La Grecia que hoy se ha despertado sin sueños.

P. ¿Qué ha pasado?

R. Los griegos siempre supieron sobrevivir en la pobreza, tienen una cultura de supervivencia en la pobreza y eso se había acabado. Los valores ya no estaban.

P. ¿Cuáles eran esos valores?

R. Ser decentes y saber ser felices con poco, se trataba de eso. Bastaba cantar rebetika, el folk de la gente común, y beberse un ouzo para ser los más felices del mundo. Sabíamos ser pobres y felices. Pero hicimos todo mal. Los griegos dejaron que dos familias nos gobernaran, se cometieron muchos errores, había dinero, se creó un sistema clientelar y eso es nuestra responsabilidad. Llegó el sueño del segundo piso. Todos querían una casa de dos pisos. Se endeudaron y cuando llegó la crisis hubo que recortar en comida y ropa para pagar la hipoteca. Con los valores perdidos. Hemos perdido cinco años porque la gente no estaba preparada.

P. ¿Han vuelto los valores?

R. Los jóvenes se han dado cuenta de que hay que luchar, empiezan a inventar sus posibilidades, a construir empresas, son excelentes en Internet, se ayudan, ayudarse es su nuevo valor. Y tienen algo en común: no creen en política. No quieren ni oír hablar de la política.

Armenio por parte de padre, miembro de la minoría griega de Estambul por parte de madre y educado en alemán, Márkaris lo tiene todo para afirmar que lo que hoy vive Grecia no es solo una crisis griega, sino europea. No es solo responsabilidad griega, sino europea. Y no se resuelve con división, sino entendiendo al diferente, buscando el consenso. Pero el optimismo ahora mismo en Grecia, dice parafraseando a Heiner Müller, es solo falta de información. ¿Y el pesismismo? Es ignorar la Biblia porque, ríe, “el universo se creó del caos”.

Un resucitado

Carlos Fresneda, "Y al año 13, Martin 'resucitó'", El Mundo, 8-III-2015:

Creían que estaba en coma. Pero él veía y escuchaba todo. Hasta a su madre decir: '¡Ojalá te mueras!'. Una terapeuta lo 'despertó'. Hoy está casado, diseña webs y ha escrito un libro

Fue como volver a nacer a los 16. Cuatro años después de haber sido desahuciado por una extraña infección cerebral, atrapado en un cuerpo inmóvil y sin poder hablar, Martin Pistorius recuperó poco a poco la conciencia y se convirtió en testigo mudo de lo peor y lo mejor de la condición humana.

Sin embargo, nadie se percató en principio de su lento despertar. Todos estaban habituados a verle y tratarle como un mueble incómodo, postrado todo el día con los ojos entreabiertos y en estado vegetativo. Los médicos habían sido incapaces de llegar al fondo de su enfermedad, o de explicar cómo un chaval risueño de 12 años pudo convertirse en cuestión de días en un niño fantasma.

Todo lo que sabe, por lo que luego le contaron, es que un día regresó de la escuela a su casa en Sudáfrica con un picor en la garganta. Lentamente fue perdiendo la movilidad y al final se quedó sin voz. Dio positivo en las pruebas de la meningitis criptocócica y de la turberculosis, pero nunca hubo un diagnóstico definitivo, ni la menor esperanza de recuperación. Su muerte, eso dijeron, era cuestión de meses.

Martin se había convertido en una carga insufrible para su propia familia, pero hasta el momento del despertar no fue realmente consciente de su impacto en la vida de los demás. Su madre estuvo al borde del suicidio y deseó en voz alta la muerte de su hijo. Sus cuidadoras del centro de día le sometieron a todo tipo de abusos. Y eso por no hablar de la tortura de las horas muertas ante la televisión, soportando la letanía de Barney el Dinosaurio "y cuando ya parecía que no había nada peor, llegaron los Teletubbies...".

Tuvo que venir después Virna, una aromaterapeuta que masajeaba sus brazos con aceite de mandarina, para darse cuenta de que Martin había vuelto al mundo de los vivos. Algo detectó en su mirada que le hizo intuir que el niño fantasma -convertido ya en un hombre de 25 años- se percataba de todo lo que pasaba a su alrededor y que así llevaba posiblemente una década, aunque fuera incapaz de hacerse oír. Lo llevaron a una clínica de comunicación "aumentativa y alternativa" y Martin pudo escapar de los barrotes de su propio cuerpo y hablar con la ayuda de un ordenador y un sintetizador como el de su admirado Stephen Hawking.

"Era tremendamente frustrante y angustioso tener ese deseo de gritar y hacerme visible, pero no ser capaz de hablar y apenas poderme mover", relata a Crónica. "Pude soportarlo escapando hacia mi interior. Mi refugio fue mi imaginación. Y podía imaginarme todo tipo de cosas: desde convertirme en un ser muy pequeño y escalar hasta una nave espacial o que mi silla de ruedas se transformaría en un coche a lo James Bond, con cohetes y misiles. A veces imaginaba que era un conductor de F1. O que era una estrella mundial de cricket".

Todo esto lo recuerda el propio Pistorius con incorregible humor y con escalofriante profundidad. A sus 39 años, y en su segunda vida, el niño desahuciado se mueve ahora con asombrosa ligereza en su silla de ruedas, conduce su propio coche y sonríe con una paz contagiosa. Martin trabaja como diseñador de webs y está casado con el gran amor de su vida, Joanna, a quien conoció a través de internet y por quien fue capaz de dar el salto hasta Harlow, a media hora de Londres.

'Nunca te rindas'

Cumplido el sueño de escribir un libro sobre su experiencia (Ghost Boy), Martin confía en tener pronto su propia familia y en transmitir a sus hijos lo aprendido: "Les diré que nunca se rindan. Que traten a todo el mundo con amabilidad, compasión y respeto. Les enseñaré la importancia del amor y de la fe. Y les insistiré en que nunca dejen de soñar, ni de perseguir sus sueños".

Aunque la lección más intransferible quizás sea "la comprensión de la infinidad del tiempo" que desarrolló durante más de 13 años: los que discurrieron entre el día que regresó a casa con el picor en la garganta y el momento en que fue capaz de fijar la mirada en el dibujo de una pelota, a petición de la enfermera especializada en detectar su capacidad de comunicación.

Martin superó a duras penas su examen de regreso al mundo de los vivos y tembló en el momento en que le pidieron que identificara la palabra "mamá". No era capaz de leer. Todo lo aprendido hasta los 12 años se había borrado de su memoria. La única manera de avanzar era comunicarse por símbolos, mientras volvía a familiarizarse con el abecedario. "Por desgracia, no tengo recuerdos de mi infancia. Pero gracias a las fotos y a las historias que me han contado, he sido capaz de armar las piezas, y tener una idea de cómo era de niño".

Le preguntamos a Martin si aún está buscando una respuesta definitiva a su enfermedad, si piensa en cómo habría sido su vida de haber llevado una infancia normal: "No busco respuestas. Aunque no hay un diagnóstico concluyente, los médicos creen que mi condición es fruto de una infección cerebral. Pero no le doy más vueltas: intento vivir mi vida y aprovechar al máximo cada momento. Prefiero pensar en el futuro antes que mirar hacia atrás".

Asegura Martin que tampoco se hace la inevitable pregunta -"¿por qué yo?"- y que en todo caso su sentimiento de culpa está asociado a lo que tuvo que pasar su familia: "Mi padre tuvo que renunciar a su carrera y mis hermanos no recibieron todo el cuidado que merecían. En realidad, sé que no fue por mi culpa, pero por todo lo que he oído sé que causé un gran trauma y es duro aceptarlo".

En un doloroso episodio del libro, Martin narra cómo le hincó los dientes en el estómago a su padre en un momento de rabia: "Si no hubiera sido por él, posiblemente yo no habría sobrevivido. Mi padre fue una auténtica fortaleza durante todo el proceso. El era quien más tiempo cuidaba de mí y quien más me reconfortaba".

Quien más sufrió sin embargo el impacto de su enfermedad fue su madre, que intentó quitarse la vida y llegó a decir en voz alta lo más parecido a "¡ojalá te mueras!", sin percatarse de que su hijo se enteraba de todo: "Obviamente, aquellas palabras fueron tremendamente difíciles de aceptar. Me afectó mucho, pero no le guardé rencor. Más que sus palabras, lo que me dolió fue pensar que habíamos llegado a una situación en la que todos habrían estado mejor si yo no hubiera estado vivo. Pero aquello pasó. Ahora mismo siento un gran amor y una enorme compasión por ella".

Alfa y Omega. Principio y Fin. Así se llamaba el centro de día en el que Martin consumiría gran parte de su existencia, "atrapado en un purgatorio de días tediosos". Lo peor vendría tiempo después, cuando una cuidadora destapó la caja de los abusos sexuales, físicos y mentales, hasta el punto de convertirse en "una parásita" y hacerle pensar con todas su fuerzas: "Me preguntó si algún día lograré librarme de ella".

"La he perdonado, a ella y a toda la gente que abusó de mí durante esos años. Sé que esas cosas ocurren donde hay niños o adultos demasiado débiles, silenciosos o mentalmente indefensos para poder contar sus secretos. Ahora lo llevo mejor que hace unos años, pero todavía tengo pesadillas. Aún hay cosas que me hacen revivir cómo me sentía en aquellos momentos".

La cámara indiscreta

Su condición de enfermo invisible también le convirtió en una especie de cámara indiscreta... "Observé las cosas que habitualmente la gente no ve. Vi a gente metiéndose el dedo en la nariz o tirándose pedos realmente ruidosos. Algunos cantaban o hablaban consigo mismos delante del espejo. Vi la manera en la que la gente miente y retuerce la verdad. Vi la vulnerabilidad de la gente y la máscara con la que suele presentarse ante el mundo".

Se vio también a sí mismo, tiempo después de haber recuperado la conciencia, resignado a pasar por el mundo como una sombra: "¿Han visto ustedes una de esas películas en las que uno se despierta como un fantasma y no sabe realmente que ha muerto?", escribe en Ghost Boy. Ese era yo, cuando me daba cuenta de que la gente miraba a través de mi como si no me vieran. Mi mente estaba atrapada en un cuerpo inútil, mis brazos y mis piernas escapaban a mi control y mi voz se había quedado enmudecida. No podría hacer una señal o emitir un sonido que hiciera saber a la gente que había recuperado la conciencia. Era invisible, el niño fantasma".

Hubo momentos, reconoce Martin, en que deseó morir, sobre todo una vez en que contrajo neumonía y su salud se debilitó. "Pero algo dentro de mí me hacía siempre volver y seguir luchando. A veces, el detalle más mínimo conseguía levantarme el ánimo. Por ejemplo, cuando un extraño me sonreía".

El humor y la imaginación, asegura, fueron sus dos aliados fieles. Aún recuerda el día en que Whitney Houston cantaba en la radio El mayor amor de todos... "Hay un momento en que dice en la canción: "No importa lo que la gente me quite, jamás podrán quitarme mi dignidad". En aquel instante llegué a pensar: '¿Qué te apuestas?'".

Sonríe Martin. Sonríe mientras teclea a toda velocidad y activa la tecla mágica que habla por él. Aunque no mueva los labios, te mira como si puntuara las frases. Su expresión se vuelve eternamente risueña al pensar en Virna y el aceite de mandarina. "Fue la catalizadora de todos los cambios que ocurrieron en mi vida. Si no hubiera sido por ella, tal vez estaría aún en un centro especial, o posiblemente muerto".

Martín no sólo cree en Dios; está convencido de que un "plan divino" puso primero a Virna en su camino y tiempo después a Joanna, una trabajadora social a la que conoció a través de su hermana y con quien entabló una relación muy directa a través de internet. Se declararon amor antes de conocerse físicamente, y ella no se dejó intimidar por la lista de «limitaciones físicas» que le envió él antes de hacer las maletas y dar el salto hasta Harlow.

"No llegué a leer siquiera esa lista que me mandó, ésa es la verdad", confiesa Joanna. "Yo aprecié en él sobre todo su honestidad y su capacidad para escuchar, y llegó un punto en que las barreras físicas no iban a influir en mi decisión. Lo único que estaba claro es que iba a necesitar una esposa fuerte y aquí me tiene... Yo quería compartir mi vida con este hombre especial que me ha enseñado mucho, sobre todo a vivir en el momento y a apreciar los pequeños grandes regalos que dan sentido a nuestros días".

Martin y Joanna se casaron en el 2009 en la catedral de St. Alban's, con lectura del libro de los Corintios sobre el valor de la fe, la esperanza y sobre todo el amor. Descubrir el amor, encontrar un trabajo y escribir un libro (su mujer sugiere a Matt Damon cuando hagan la película) fueron todo uno para el hombre que fue el niño fantasma y que ahora se ve a sí mismo en la flor de la vida y al frente de una familia...

"Me gustaría pensar que todo por lo que he pasado ha contribuido a hacer de mí una mejor persona, y espero que eso me sirva para ser un buen padre. Reconozco que soy alguien extremadamente paciente y alguien que saber apreciar lo valiosa que es la vida".

Procedimientos para desactivar las investigaciones contra la corrupción. I Caso Ignacio González

Así lo cuenta Casimiro García Abadillo:

Ignacio González quería evitar que el asunto del ático cayera en manos de la temida UDEF, unidad policial encargada de destapar la trama Gürtel y al frente de la cual se encontraba el comisario José Luis Olivera.

Villarejo le dijo en ese encuentro a González que el asunto se desactivaría si le mostraba los recibos del supuesto alquiler del ático. Pero el vicepresidente de la Comunidad no pareció dispuesto a colaborar, incluso dijo no recordar el nombre del arrendatario.

Cuando terminó la cita, García Castaño le comentó a Villarejo: «Está cagado».

La UDEF, como ya ha publicado este diario, entró en la investigación y remitió en el mes de junio de 2012 dos escritos a la Fiscalía a la espera de instrucciones para seguir avanzando en la indagación de los hechos.

Semanas después, Olivera fue relevado de su cargo en la UDEF (fue nombrado comisario jefe del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado) y la Fiscalía no volvió a reclamar a la Unidad de Delincuencia Económica más datos sobre el asunto, que se judicializó justamente después de haberse remitido al Ministerio Público los informes de la UDEF.

Así que, momentáneamente, González consiguió su objetivo. La UDEF sigue a la espera de instrucciones, la Fiscalía no da muestras de un especial interés en investigar el caso y las comisiones rogatorias que podrían aportar el dato definitivo sobre el propietario real de las sociedades offshore que aparecen en el sumario están atascadas.

El presidente de la Comunidad de Madrid cometió un gran error al acusar de «chantaje» a los dos comisarios. Ambos han prestado numerosos servicios no sólo a este Gobierno, sino también a los anteriores, y su arma de destrucción masiva es la información de la que disponen.

Entrar en una campaña electoral que no va a ser un camino de rosas con la amenaza de nuevas revelaciones sobre los oscuros asuntos de Nacho González no parecía lo más aconsejable... y Rajoy le dejó caer.

Derivaciones sociales deterministas de la genética

Javier Sampedro, "Un libro incómodo", El País, 5-III-2015:

Wade traza un argumento agudo y polémico que introduce la evolución en la historia. Hay que leerlo sin dogmas

Este libro está destinado a causar una bronca monumental entre científicos sociales, pensadores y lectores de todo signo —como ya ha hecho su versión inglesa en Estados Unidos—, así que lo mejor será que arranque este comentario resumiéndoles lo que sostiene su autor, el prestigioso divulgador Nicholas Wade, antiguo editor de Nature, Science y las páginas científicas de The New York Times.Tiempo habrá después para discutir sobre lo que el autor no dice, que será probablemente el tema principal de la polémica subsiguiente, como suele ocurrir en estos casos.

Wade sostiene que hay un componente genético en el comportamiento social humano, y que esos genes están tan sujetos al cambio evolutivo como los que controlan el color de la piel, el metabolismo de las grasas o la adaptación a las grandes altitudes; que esa evolución del comportamiento social ha seguido cursos diferentes en las distintas razas, y que esas diferencias, aunque leves, han tenido efectos multiplicativos en las instituciones que prevalecen en una u otra población humana. El autor reconoce que nada de esto son hechos probados, sino conjeturas, y el libro consiste en una detallada argumentación a su favor: un argumento que quiere otorgar un papel a la evolución biológica en el gran drama de la historia humana.

Esta idea, sin la menor duda, choca frontalmente con una premisa de fuerte consenso entre los científicos sociales, y entre la vasta mayoría de los naturales: que la evolución biológica se detuvo al surgir nuestra especie, y que por tanto no tiene nada que decir sobre la historia de la humanidad, que sería explicable enteramente en términos culturales. Mantener lo contrario no es más que una exhibición de racismo, según este consenso, y merece no ya una refutación académica, sino una amonestación moral. Y esto es, en efecto, lo que ha recibido Wade en el mundo anglosajón, con acusaciones de racismo y una carta a The New York Times donde 139 genetistas —incluidos los que él cita en su libro— le desautorizan de forma explícita y humillante. De la que le ha caído en los blogs mejor ni hablar.

Wade no es un racista, ni un determinista genético, ni la última encarnación del diablo. La posición ortodoxa, sin embargo, no puede exhibir unas credenciales científicas mucho mejores que la propuesta de Wade. Al igual que esta, se trata de una mera conjetura, no de un hecho probado. Una de sus premisas fundamentales —que la evolución se detuvo al surgir nuestra especie— se debe considerar ya tan refutada como la cosmogonía de Ptolomeo. Los rasgos externos como el color de la piel son adaptaciones al clima local que, obviamente, han tenido que ocurrir después de que un pequeño grupo de humanos modernos saliera de África hace 50.000 años para colonizar progresivamente el resto del mundo. Los genes del metabolismo se seleccionan durante siglos de hambrunas para almacenar toda la grasa posible con un alimento escaso, y empiezan a matar a la gente de diabetes cuando las condiciones mejoran. Los pobladores de las alturas del Tíbet y de los Andes están adaptados a la escasez de oxígeno gracias a sus genes, no a sus hábitos de lectura. La moderna genómica ha revelado las huellas delatoras de la selección natural reciente en muchos genes humanos. El dogma de que la evolución se paró al surgir la especie está muerto y enterrado.

Otra pata esencial de la posición de consenso es la tabula rasa: que el ser humano nace con un cerebro cognitivamente virgen, como un disco duro borrado por los servicios secretos, y enteramente moldeable por la experiencia, el aprendizaje y el entorno cultural. Y se debe considerar también refutada. Los productos de la experiencia son sinapsis reforzadas o debilitadas, pero el ser humano, como cualquier otro animal de este planeta, nace con todo tipo de sesgos genéticos en sus conexiones neuronales: con sinapsis que ya vienen reforzadas o debilitadas de nacimiento. Gracias a eso podemos aprender a hablar, a diferencia de los perros y los monos. La tabula rasa también ha muerto.

No nos enredemos si la evolución se paró —no se paró—, ni si en las razas existen —llámenlas poblaciones—. ¿Afectan realmente los genes al comportamiento social?. La bronca sobre el libro de Wade, entonces, no debería despistarse con todos esos pseudoproblemas, sino con cuestiones mucho más nítidas e interesantes. No nos enredemos si la evolución se paró —no se paró—, ni si en las razas existen —llámenlas poblaciones y sigamos adelante—, sino en los asuntos verdaderamente sustanciales. Por ejemplo, ¿afectan realmente los genes al comportamiento social? ¿Qué genes, y de qué forma, y en qué medida? Si hubiera variantes genéticas que afecten al carácter disciplinado o rebelde, conservador o experimental, apaciguador o pendenciero —y es muy probable que las haya—, ¿podrían presentar distintas frecuencias en distintas poblaciones? ¿Y podría explicar eso alguna diferencia sociológica o política entre ellas? No discutamos sobre si hay genes de la inteligencia —se cuentan por docenas—, sino sobre si eso tiene algo que ver con el hecho de que los judíos, que solo suponen el 0,2% de la población mundial, hayan obtenido el 30% de los premios Nobel de este siglo.

No se dejen engañar por las fatuas de los genetistas (y quien les habla es uno). Wade no es un racista, ni un determinista genético, ni la última encarnación del diablo. Tampoco es judío. Puesto que la bronca se va a armar de todos modos, no solo me voy a permitir recomendarle el libro, sino también cómo leerlo: sin escándalo, dejando en suspenso el dogma recibido, inclinando la cabeza en el ángulo adecuado para entender el argumento del otro. Así se construyen las sociedades abiertas. Lo demás son manadas en la estepa del intelecto.

Dicurso antitaurómaco del ilustrado ciudarrealeño Manuel Núñez

He aquí un discurso ilustrado antitaurino (o sea, anticospedal y antipepe) escrito por un ciudarrealeño, oculto bajo el pseudónimo de El escrupuloso, que llamó la atención de Paul Guinard y he identificado con Manuel Núñez de Arenas, párroco de Cardenete (Cuenca) y primer peticionario de la creación de una sociedad económica de amigos del país en Ciudad Real, en época de Carlos III. Este monarca, el único realmente ilustrado, era contrario a la tauromaquia. Su nieto (en realidad no lo era y ni siquiera era vástago de Godoy, sino de un valenciano llamado Ruiz, según Félix Mejía, para quien era uno de los amantes que la reina María Luisa solía elegir entre los miembros de la guardia de corps), Fernando VII, por lo contrario, restablecedor de la tortura judicial, de las penas crueles e infamantes (que aplicó, por ejemplo, arrastrando por las calles en un saco a Riego antes de su ahorcamiento y descuartizamiento, habiéndole salvado la vida Riego al menos en una ocasión) y restablecedor asimismo de las hogueras del Santo Oficio, por el contrario, era un gran amante de los toros. Hasta el punto de que protegió la publicación de la Tauromaquia de Pepe-Hillo y fue el primer rey que ordenó, en Sevilla, la creación de una Escuela de Tauromaquia (decreto de mayo de 1830).

Si comparamos a este grotesco personaje (Fernando VII) con el pobre y sabio párroco Manuel Núñez de Arenas, defensor de los pobres oprimidos y denunciador de la malversación de los fondos públicos de propios y del real pósito de la villa de Cardenete, enajenados ilegalmente por parte de las familias que regentaban la jurisdicción del pueblo (Archivo Histórico Nacional, Consejos, 12002-1, exp. 16), la verdad es que los protaurinos no salen muy bien parados. Por cierto que Jerónimo López Salazar nos ha descubierto otra hazaña de este héroe manchego, por supuesto más ignorada que las felonías y asesinatos del antepasado de Felipe VI el Urgente; copio de Jerónimo López-Salazar Pérez, “Clérigos y resistencias antiseñoriales en Castilla La Nueva”, en Máximo García Fernández y M.ª de los Ángeles Sobaler Seco (coords.) Estudios en homenaje al profesor Teófanes Egido, Valladolid: Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, 2004, I, pp.  223-244, p. 240-1 (perdón por usar citas de libros y no electrónicas de Internet al estilo Wikipedia):

No faltaron sacerdotes que intentaron limar los odios originados por la policía local. Sánchez González recoge el caso de don Antonio de Medina, párroco de Chinchón afines del XVII, elogiado por los visitadores por su dedicación a la causa de la paz entre bandos. Otros clérigos presentaron memoriales al rey o al señor, en apariencia desinteresados, contra el mal gobierno local y los excesos y violencias de los oficiales. Pueden encontrarse en cualquier época, pero parecen más jugosos los de fines del Antiguo Régimen. El párroco de Cardenete (Cuenca) acudió al Consejo en 1808 a denunciar los abusos, el yugo y el manejo de una liga, de la que en quince años no había salido la vara de la Justicia. A sus integrantes los calificó de “Ladrones con honra” y a su cabecilla de “Licurgo”. El clérigo, fecundo en calificativos, “en los bordes del sepulcro”, supo predecir el proceso de proletarización que se avecinaba, pues anunció que su villa pronto sería una población de mendigos. (AHN, Consejos, leg. 2.675, núm. 5). Cardenete por cierto, era señorío del marqués de Moya. Todavía hay por C. Real algunos que llevan el apellido Núñez de Arenas (hay un comercio de ropa que se llama así) y seguramente ignoran que tuvieron a este ilustre antecesor. Tal vez con esto se enteren.

 Y os dejo ya con la palabra de este escritor, olvidado por ser una buena persona, como tantos otros que nunca mataron a nadie. Está publicado en el Memorial Literario de Madrid, adonde envió varios artículos junto a su sobrino, el abogado Fernando Camborda, (amigo de Félix Mejía), de los que ya me he cansado de escribir en varias ocasiones.

Discurso contra la perniciosa costumbre de correr toros. Escrito por El escrupuloso en la palestra literaria del rectorial colegio cardenetense.

¿Qué importa, ignorante vulgo, menosprecies mi discurso, si siguiendo de ordinario el rumbo de tu capricho, una tradicional doctrina es la norma que te guía a aplaudir lo que puede acarrear un conocido atraso en las ciencias; las artes, la población, el comercio y la policia? Así es. Cualquiera útil proyecto suele desvanecerse por la oposición vulgar. No pueden discurrir los hombres, ni lo que es más, atender a las razones, si por el contrario los estimula una pasión vehemente aunque indiscreta. Vanos serán entonces todos los conatos. No sería capaz de persuadirlos el estilo tuliano. Hacer una verídica pintura de los perjuicios que causan a la España las fiestas de toros juzgo será suficiente para convencer a el que no quiera abusar de las luces que le suministra su entendimiento. Al asunto.
Ve el pobre labrador, no sin sentimiento consumirse una gran porción de toros en las plazas de muchas ciudades, villas y lugares de España. Precisa ilación es de este consumo indiscreto que los bueyes adquieran un subido precio. Compra mulas para cultivar sus tierras. Y, si es cierto que no labra tan bien con estas como con aquellos, según la común sentencia corroborada con la experiencia, viene con este medio a perder el Estado algunos productos más que con la labor bovina pudieran sacarse muy cómodamente. Y el infeliz labrador suele quedar en una suma indigencia, perder de un golpe lo que mucho tiempo, a costa de derramar su sudor, estuvo afanando con indecibles trabajos; si a un año en que no cogiese frutos, o por falta de agua, o por abundancia de ella, o por piedra, o por hielo, o por langosta se le sigue la desgracia de que se mueran sus mulas. He visto labradores honrados casi pedir limosna por esta causa. Evitaríase parte de estos inconvenientes si el precio de los bueyes no fuera excesivo y esto se conseguiría con suprimir del todo las fiestas de toros.
Consúmense en estas funciones muchos caballos de que usan los picadores de vara larga. ¡Se celebra mucho si un toro mata diez, veinte o treinta de estos animales! ¿No sería mucho mejor repartirlos entre los pobrecitos labradores que sostienen con su trabajo el peso de la nación, que dan de comer al caballero, al eclesiástico, al militar, al artesano, al comerciante, al pobre y al rico?
A porfía se incitan los caballeros en estas fiestas a arrojar plata y oro por las que llaman saludes o favores, porque el que juega con los toros puso diestramente una banderilla, porque clavó con tino una espada etc. Se tiene por gran descrédito no cumplir, y se expone a los silbidos de todo el concurso el que no hace aprecio o se desentiende de esta (al parecer) obligación. ¿No sería mucho mejor consignar este dinero para fondos de industria, o bien distribuirlo entre los verdaderamente necesitados e imposibilitados de trabajar?
Parece que autorizan estas fiestas (a lo menos según cree el vulgo) todo género de pullas y palabras deshonestas que no cesan en los caminos al ir y al venir. Todo se mete a bulla. ¡Que vamos a los toros, ande la gresca! De las burlas y chanzas se pasa a lo serio: se originan riñas y, a veces, muertes. Se mantienen entre los dos sexos conversaciones muy tiradas. Se arrojan las primeras chispas de amor. Se abren los ojos a las doncellitas. Ser pervierten las costumbres. Se arruinan, de un golpe, los fundamentos que a costa de mucho tiempo consiguió consolidar una buena educación. Se abre la puerta a la prostitución, a las pasiones impuras. Se... Mejor será apartar la pluma y la consideración de semejantes objetos. No exagero. A cualquiera hombre reflexivo, a primera vista se le ponen delante de su entendimiento estas consecuencias inevitables mientras subsistan las fiestas de toros, estos espectáculos más que gentílicos, indignos a la verdad de las luces de nuestro siglo.
A lo menos es una diversión (dicen los apasionados). Eso es lo que yo niego. La diversión (es claro) busca el sosiego de ánimo, busca el reposo en todos los sentidos, busca conmociones alegres (estas no perturban su reposo), aborrece las melancólicas. La diversión pide que los sentidos, que la imaginación y la fantasía, no estén en un continuo temor y sobresalto. ¿Y qué sosiego, qué natural quietud, qué descanso puede haber en el que está en semejantes funciones? Allí se ve que una fiera va llena de brutal ira corriendo tras de un hombre, tras de un individuo de la humana naturaleza, en todo semejante a nosotros. Allí se ve que falta poco para alcanzarlo. Allí se ve que suele a veces tropezar o resbalar, que persigiéndolo la bestia, al fin, se levanta con prontitud. Allí se ve que, al tiempo de ir a subir a la talanquera, suele juntarle de una testarada las vértebras con el esternón. Allí se ve que lo prende con las astas. Allí se ve que lo saca a la plaza, que jugando con él lo voltea por tres o cuatro veces en el aire. Allí se ve recurrir otros tres o cuatro hombres a libertar a su compañero. Allí se ve a el [sic] toro burlarse de todos, saciarse de carne humana. Allí se ve un hombre muerto violentamente por una fiera, todo su cuerpo lleno de heridas penetrantes, regada la plaza de sangre. Allí, finalmente, se ve a los espectadores pálidos, sobresaltados, llorosos. No se oye decir otra cosa que: “¿Lo ha muerto? Pobrecito. ¡Dios lo haya amparado!”. No se oye otra cosa que llantos, suspiros, ayes, vocería; todo es confusión, tristeza, lágrimas... ¡Ah! ¡Qué horroroso espectáculo! ¡Qué escena tan lastimosa! Vulgo impertinente: ¿es esta tu diversión, esto te complace? Si no estás despojado de los sentimientos humanos, ¿no te causa sumo dolor ver un hombre semejante a ti mismo, destituido de todo socorro, arrojar sangre por muchas heridas, ser juguete de una fiera y concluir sus días en esta lucha? ¿Es esto lo que te divierte? No puedo creerlo. Me responderás que rara vez sucede. Si, aunque te lo conceda, sabiendo tú que sucede (aunque rara vez) no podrá causarte diversión la memoria de si sucederá. Luego ¿por qué vas de veinte o treinta leguas, dejas el reposo de tu casa, faltas a tus obligaciones? ¿Por qué vas, vuelvo a decir, a ver las fiestas de toros? ¿Qué es lo que buscas? No sabrás responderme a esta pregunta.

¡Nobles españoles! Los que seáis ilustrados (con vosotros hablo), dad a vuestro augusto padre y protector, a  vuestro benéfico soberano, a el mayor de todos los monarcas, dad a el grande Carlos III todos con sinceridad las mayores gracias por haber en gran parte desterrado de España esta bárbara costumbre. ¡Ojalá que del todo se desterrase! Dije.

Los dudosos padres de Fernando VII y Alfonso XII, los tres amantes de María Luisa y los dieciséis de Isabel II (que se sepan)

No solo la reina Isabel II de Inglaterra es soberana ilegítima: la legitimidad dinástica de los Borbones acabó con Carlos IV el 20 de enero de 1819 en Roma: el último Borbón prefirió llevar cuernos en vez de corona. Por si fuera poco, incluso la dinastía ilegítima se extinguió con Isabel II el 9 de abril de 1904. Siempre fueron salaces y fecundos los Borbones, pues seleccionaban a sus parejas entre la nobleza con más hijos a fin de que hubiera siempre herederos. María Luisa de Parma mantenía una relación amorosa con Godoy desde antes de la muerte de Carlos III y ella utilizó toda su influencia para hacer de él un valido, el hombre más poderoso de la Corte. Godoy fue el último impulsor de la Ilustración, pero la época que le tocó vivir le impidió la constancia en esa ambición y muchas veces tuvo que detener las reformas que él mismo había impulsado o incluso volver marcha atrás. En sus Memorias está escrito. Y, aunque algunos historiadores han descartado la naturaleza sexual de las relaciones entre la reina María Luisa y Godoy argumentando que el continuo ascenso de este fue debido a la lealtad que demostró siempre hacia los reyes y a la escasa capacidad de acción política de la pareja real, el estudio de las fuentes me obliga a concluir que de los catorce hijos que tuvo la Reina algunos eran de Godoy, Mallo, Ruiz y algo así como la cuarta parte del regimiento de guardias de corps, una larga serie de amantes que pasó por el lecho de una reina que padecía un furor uterino comparable al de Catalina de Rusia. Además, María Luisa había comunicado a su tontísimo confesor, fray Juan de Almaraz: “Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España”. Fray Juan de Almaraz escribió el 8 de enero de 1819 la última confesión de María Luisa antes de morir, donde se dice que “ninguno, ninguno de sus hijos e hijas, ninguno era del legítimo matrimonio lo declaraba para descanso de su alma y que el Señor le perdonase”. Cuando Fernando VII conoció está declaración que ponía en cuestión su legitimidad, decidió encerrar al tonto fray Juan de Almaraz en el castillo de Peñíscola hasta su muerte. Fernando VII era hijo de un valenciano llamado Ruiz, según Félix Mejía.

Confirmar esto sería muy sencillo: basta con hacer un análisis genético a Juan Carlos o Felipe y compararlo a cualquier descendiente de los ascendientes anteriores a Carlos IV. Pero eso, según la Constitución que se hizo para entronizarlo y asegurar a los beneficiarios de la oligarquía postfranquista, es imposible: el rey es más inocente que Jesucristo, porque a Jesucristo al menos le hicieron un juicio; al rey de España no podría hacérsele ni siquiera uno.

En su última obra, Bastardos y Borbones, el historiador José María Zavala documenta la historia: Juan Balansó había citado en dos de sus libros un documento increíble de fray Juan de Almaraz, el confesor de la reina María Luisa de Parma: de los 14 hijos que tuvo la mujer de Carlos IV, ninguno había sido engendrado por su marido. Zavala ha encontrado el documento, escrito y firmado por Almaraz, así como el expediente completo del sacerdote, en el archivo del Ministerio de Justicia. Dio a luz 14 hijos de los que la mayoría murió en la infancia y tuvo 11 abortos. En total, 24 embarazos, ya que un parto fue de gemelos. 

La carrera sexual de Isabel II fue precoz; se tiró a tres preceptores: José Vicente Ventosa, Francisco Frontela y el famoso liberal moderado Salustiano Olózaga, que fue el primero en corromperla. El cantante de ópera José Mirall la entusiasmaba, pero también el compositor Emiliano Arrieta, el coronel Gándara, Manuel Lorenzo de Acuña, marqués de Bedma y especialmente el general Serrano, conocido como "General Bonito", al que acosaba por todo Madrid, y el capitán José María Arana, al que el pueblo llamaba "el pollo Arana”, verdadero padre de la infanta Isabel, conocida popularmente como la Araneja o la Chata. Alfonso XII fue hijo del ingeniero militar Enrique Puig Moltó, conocido como “el pollo real” o "puigmolteño". El general O´Donnell y Espartero también pasaron por su lecho, pero también el secretario Miguel Tenorio, el cantante Tirso Obregón; el financiero José de Murga y Reolid, marqués de Linares por concesión real y el gobernador de Madrid y posterior ministro de Ultramar Carlos Marfori y Calleja que le acompañará a París cuando se exilió por el triunfo de la Gloriosa de 1868 y el capitán de artillería José Ramón de la Puente. El marido oficial era su primo Francisco de Asís, un bisexual profundamente enamorado de un tal Antonio Ramón Meneses, con el que convivió toda su vida. Isabel tuvo los siguientes hijos:

- El 20 de mayo de 1849 da a luz un varón fallecido en el parto, hijo del marqués de Bedmar.

- El 12 de julio de 1850 dio a luz un nuevo varón que falleció a los cinco minutos de nacer, enterrado en el Panteón de príncipes de El escorial y que probablemente fuera hijo del rey consorte Francisco de Asís de Borbón.

- El 20 de diciembre de 1851, dio a luz a la infanta María Isabel Francisca de Asís, popularmente conocida como la Chata, princesa de Asturias, hasta el nacimiento de Alfonso XII, hija del capitán José Ruiz Arana.

- El 5 de enero de 1854, nace la infanta María cristina, muerta al poco de nacer y que fue enterrada en el Panteón de El escorial, de padre desconocido.

- El 24 de noviembre de 1855, tuvo un aborto avanzado, tras haberse publicado en la Gaceta de Madrid el embarazo real, de padre no conocido.

- El 20 de junio de 1856, hay un nuevo aborto de padre no conocido

- El 28 de noviembre de 1857; Alfonso, príncipe de Asturias y más tarde rey de España, era hijo del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó.

- El 26 de diciembre de 1859, da a luz a la infanta Concepción, muerta a los veintiún meses, hija del rey consorte.

- En el año 1861 tuvo a María del Pilar Berenguela fallecida a los dieciocho años.

- En el año 1862 tuvo a María de la Paz de Borbón y Borbón, que fue casada con Luis Fernando de Baviera.

- En el año 1864 tuvo a María Eulalia de Borbón y Borbón, duquesa de Galliera, fue casada con Antonio de Orleans y Borbón.

- En el año 1866 nació Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, fallecido a las pocas semanas de nacer.

Todo esto era bien sabido por el pueblo, que lo comentaba en coplillas, o por periodistas como los hermanos Bécquer, nada sospechosos de liberales, cuando elaboraron un explícito álbum pornográfico con estampas a color de los devaneos de la reina titlado Los Borbones en pelota., que hace poco ha salido de los "Infiernos" de la BNE. Cuando al papa le hablaron de la conducta "putanesca" de Isabel II, se mostró comprensivo por su beatería: "Putana, ma pia"

Almaraz acompañó a los reyes al exilio, ya que Fernando VII no les dejó regresar a España una vez derrotado Napoleón. María Luisa ordenó en su testamento a su hijo que le pagase una manda de 4.000 duros al sacerdote, pero el rey se negó a hacerlo. En el mismo documento, la ex reina instituía como heredero universal de sus bienes no a su marido, ni a sus hijos, sino a su amante. Al final, Almaraz, tan apurado como enfadado, escribió a Fernando VII reclamándole el dinero y subrayando el secreto de que era depositario. Alguna importancia debió de darle Fernando VII a la afirmación del sacerdote, cuando ordenó su secuestro en Roma y su arresto en el castillo de Peñíscola. Almaraz permaneció, por voluntad regia, en un calabozo aislado, sin hablar con nadie, durante años, como un auténtico Edmond Dantés. Sólo cuando falleció Fernando, el preso se benefició de un indulto real, fue liberado y murió a los pocos meses, en 1837. Pero si las lenguas callaron, los papeles quedaron guardados, hasta que Zavala los recuperó.


Entonces, si ninguno de los hijos de María Luisa de Parma, es decir, Fernando VII, padre de Isabel II, y los infantes Carlos María Isidro, cabeza de la rama carlista, y Francisco de Paula, padre de Francisco de Asís, marido de Isabel, eran Borbones, ¿cómo podemos apellidar hoy al rey de España? Felipe VI Puigmoltó-Ruiz.

Brújula para votantes

Según Blisterr, los logros del PP:

1.- El 31,9 % de los niños españoles está en riesgo de pobreza.
2.- El 27 % de los españoles está ya en la pobreza.
3.- Seguimos cerca de los 5 millones de parados.
4.- El 91,5 % de los nuevos contratos son contratos basura.
5.- Casi 7,5 millones de españoles ya ni siquiera son mileuristas.
6.- Cada año, desde que está el PP en el poder, aumenta un 50% el número de usuarios de los bancos de alimentos.
7.- La I+D+i ha desaparecido en España (Total, si todos vamos a ser camareros o hamaqueros).
8.- Las CCAA siguen al borde de la ruina económica y sin pagar la dependencia (de hecho el número de usuarios cae porque 1 de cada 5 se muere sin que le resuelvan el expediente).
9.- Casi 27.000 familias perdieron su casa en España por no poder pagar sus deudas en 2014. Sin embargo, el PP sigue teniendo su sede de Génova renovada en negro y unos 55 millones de euros de deuda que seguramente habrá sido condonada o se perdonará con algún mecanismo “legal”.
10. Dos millones de pequeños negocios y empresas destruidos

sábado, 7 de marzo de 2015

El Demonio y Charles Fefferman

Para Charles Fefferman enfrentarse a un problema matemático hipercomplejo es como jugar al ajedrez con el diablo, pero pudiendo dar marcha atrás en tus movimientos. “Juegas una partida y, como el diablo es mucho mejor jugador, te aplasta. Pero te preguntas cómo ha hecho para ganarte y detectas tu error. Así que vuelves a intentar otra cosa diferente. Las primeras veces que lo vuelves a intentar, te vuelve a aplastar, pero tarde o temprano no te podrá derrotar de la misma manera. Descubrirás los trucos del diablo. Será necesario intentar muchísimas cosas, pero podrás acabar ganando. Yo habré ganado al diablo unas 20 veces en toda mi vida”, resume orgulloso, como si fuera Johnny, el niño que gana al demonio en un duelo de tocar el violín en la canción The Devil Went Down to Georgia, de la Charlie Daniels Band.

“Investigar es como jugar al ajedrez contra el diablo. Yo le habré ganado unas 20 veces en toda mi vida”

Sin embargo, el diablo ha aplastado a Fefferman en muchas ocasiones. En una de ellas, la batalla duró 15 años. El problema que le obligó a claudicar era el siguiente: “Si coges un electrón y un protón, se combinarán para formar un átomo de hidrógeno. Los cálculos para demostrar esto están en cualquier libro de texto de mecánica cuántica. Pero si coges miles y miles de millones de electrones y protones y los metes en una caja y la agitas bien, no está tan claro por qué los electrones y protones se emparejan para formar átomos, porque intervienen billones de fuerzas”. Finalmente, tuvo que aceptar el jaque mate del demonio. Y el problema, que no tiene ninguna aplicación concreta, sigue a día de hoy sin solución.

“A veces me siento deprimido, pero estoy obligado a continuar, porque los problemas me agarran y no me dejan irme”, confiesa. Actualmente, Fefferman, investigador en la Universidad de Princeton desde los 24 años, trabaja en varios problemas. Uno de ellos es comprender las llamadas singularidades de tipo splash, el fenómeno que cualquier bañista puede observar en una playa al ver cómo rompen las olas, girando sobre sí mismas y tocándose. El matemático estadounidense se enfrenta al problema con los miembros del laboratorio que dirige a distancia en el ICMAT. De momento, su equipo, con el matemático español Diego Córdoba a la cabeza, ha demostrado la existencia de estas splash en mundos teóricos en los que no existe la playa, ni el fondo marino, ni el viento. Sin embargo, las olas, sólo con agua y aire, se siguen produciendo. “Podemos imaginar que Dios empieza el movimiento del agua y luego se aleja. Pero no tengo ni idea de quién es Dios aquí”, reconoce Fefferman.

Hijas matemáticas

El matemático no se preocupa en exceso por las aplicaciones de sus comecomes cerebrales. Como ocurrió en el caso del .jpg y el .mp3, sabe que llegarán. “Los fluidos están por todas partes, son muy importantes y no los comprendemos muy bien. Hemos hecho progresos, pero lo que hemos descubierto es poco comparado con lo que todavía no conocemos”, explica.

El investigador lamenta enfurecido que una muñeca Barbie repitiera la frase “Las matemáticas son difíciles”

A sus 65 años, Fefferman continúa con pasión dando clases en Princeton, una de las mejores universidades de EEUU. “Allí no todos los alumnos son buenos, pero los mejores son impresionantes. Los peores, en cambio, no son brillantes en absoluto. No me gustaría trabajar en las oficinas de admisión. Si quieres que tu hijo vaya a Princeton pagando, tendrás que desembolsar una cantidad brutal de dinero. No sé lo que pasa dentro de las oficinas de admisión de Princeton, pero veo los resultados, veo cómo llegan los estudiantes”, lamenta.

Cuando no está jugando al ajedrez con el diablo, el matemático estadounidense pasea, nada, escucha música o juega “muy mal” al ping-pong. Sus dos hijas han seguido los pasos de su padre. Una de ellas, Lainie, es profesora de matemáticas en un instituto de Nueva York, aunque también es una compositora relativamente conocida en EEUU. La otra, Nina, es una bióloga que aplica modelos matemáticos para estudiar los sistemas biológicos complejos.


Sus hijas son dos excepciones en un mundo, el de las matemáticas, dominado por los hombres. “Yo no veo diferencias particulares en los procesos mentales de hombres y mujeres. Este problema [de la falta de mujeres] es un asunto cultural. Una de mis hijas levantaba el brazo de pequeña en clase de matemáticas  y el profesor ni la miraba”, señala. “Recuerdo que había una muñeca Barbie que decía 10 frases y una de ellas era ‘Las matemáticas son difíciles’. ¿Cuántas decenas de millones de niñas habrán jugado con una Barbie que les decía ‘Las matemáticas son difíciles’?”, expone enfurecido. Pero, por suerte para el mundo, Fefferman no tuvo que sufrir la cantinela de ninguna Barbie estúpida.

El gen de la Humanidad

Javier Sampedro, "Hallado un gen clave en la evolución de la mente" El País, 26-II-2015:

El gen apareció después de nuestra separación evolutiva de los chimpancés, y su inyección artificial en un ratón causa la amplificación de su córtex.

Si la principal diferencia entre un ratón y un humano es el tamaño de su córtex cerebral, ¿por qué no se puede inyectar genes humanos a un ratón y hacer que su córtex se amplifique? Sí se puede. Científicos del Instituto Max Planck, la gran organización alemana de investigación pública, han descubierto un gen clave para la evolución del córtex cerebral humano, la sede de la mente. El gen apareció después de nuestra separación evolutiva de los chimpancés, pero antes de que divergiéramos de los neandertales. Y su inyección artificial en un ratón causa la amplificación de su córtex. De momento, los ratones siguen sin resolver ecuaciones diferenciales.

Si el gran problema biológico pendiente de resolver es cómo funciona el cerebro humano, la mayor cuestión evolutiva es cómo evolucionó esa máquina prodigiosa. Es sabido que las diferencias genéticas que nos separan de un chimpancé son muy escasas, pero también deben ser muy importantes, porque sin ellas no habría lenguaje ni poesía, ni arte ni ciencia. Ni siquiera metafísica. De ahí los grandes esfuerzos investigadores que están en marcha para encontrar esos pocos genes tan raros pero tan trascendentales.

Las nuevas y poderosas herramientas de la genómica han permitido a Wieland Huttner, Marta Florio, Svante Pääbo y sus colegas de los institutos Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética, en Dresde, y de Antropología Evolutiva, en Leipzig, organizar una apabullante operación de caza y captura de los genes responsables del crecimiento explosivo del córtex cerebral durante la evolución humana. Presentan su estrategia y sus resultados en Science.

Las diferencias genéticas que nos separan de un chimpancé son muy escasas, pero también deben ser muy importantes, porque sin ellas no habría lenguaje ni poesía, ni arte ni ciencia
Los científicos alemanes sabían dónde buscar. Desde los trabajos pioneros de Cajal y Golgi, un siglo de neurología ha esclarecido el origen –no evolutivo, sino embriológico— del desmedido córtex cerebral humano, la capa más externa del cerebro, la que le confiere su inconfundible aspecto rugoso y antiestético, y la que alberga todas las altas funciones mentales de las que nuestra especie está tan orgullosa, y a veces tan asustada.

El córtex de cualquier primate –y de otros mamíferos— proviene de un grupo de células madre y células progenitoras situadas en una región muy concreta del sistema nervioso fetal (la zona subventricular, donde se halla la llamada glía radial). Durante la evolución de los primates, y sobre todo del linaje homínido, esas células precursoras se dividen durante cada vez más tiempo, y por tanto generan un córtex cada vez más grande.

Huttner y sus colegas del Max Planck han centrado su caza del gen, por tanto, en esas células madre y precursoras de la glía radial. Han usado la genómica para comparar la actividad detodos los genes que se expresan en esas células, tanto en fetos de ratón como humanos. Han hallado 56 genes que se expresan preferentemente en esas células y que no existen en el ratón. De los 56, solo uno ha pasado las pruebas de especificidad más exigentes. Su nombre es horrísono –ARHGAP11B—, pero tal vez tengamos que acostumbrarnos a pronunciarlo. O al menos ponerlo en un relicario.

Las pruebas que apuntan a ARHGAP11B como un regulador de la proliferación de las células precursoras del córtex son múltiples, pero sin duda la más llamativa de todas ellas es lo que hace ese gen cuando se le introduce en el cerebro en desarrollo de un ratón: sus células progenitoras de la glía radial se multiplican y se autorrenuevan, causando un crecimiento del córtex allí donde el gen está activo artificialmente. Incluso aparecen allí indicios de girificación, es decir, de los plegamientos y circunvoluciones típicos del cerebro humano (y de las nueces).

Su nombre es horrísono –ARHGAP11B—, pero tal vez tengamos que acostumbrarnos a pronunciarlo
La clave del proceso está en las llamadas divisiones asimétricas. Cuando una célula precursora se divide, puede dar lugar a dos hijas que se diferencian como neuronas y no se dividen más; o puede producir una neurona y una nueva célula precursora que sigue dividiéndose para dar una neurona y una nueva célula precursora que sigue… La biología está repleta de algoritmos recursivos de este tipo. Incluso, durante cierto periodo, la célula precursora puede dar dos células precursoras, amplificando el reservorio de partida. Del balance entre estos procesos depende el tamaño final del cerebro, o del órgano en cuestión.

Durante la evolución, los nuevos genes surgen casi siempre de la duplicación (con variaciones) de un gen preexistente. ARHGAP11B no es una excepción, y surgió de la duplicación parcial de –¿lo adivina el lector?— ARHGAP11A, que sí existe en el ratón. El nuevo gen no solo existe en los humanos modernos, sino también en los neandertales y los denisovanos, las dos especies humanas extintas de las que tenemos genomas. Pero no está en el chimpancé, y por tanto surgió después de que nos separáramos de su linaje.

¿De dónde venimos? De ARHGAP11B. Lo peor de las grandes preguntas es la fealdad de sus respuestas.

Epigramas

Todas las bailarinas intentan soltarse, liberarse de la música; pero la única que siempre suena es la coreografía del viento, las nubes, las hojas, las olas, los cuerpos que se entrelazan y desunen, y lo único que nos libera realmente es la muerte.

Hölderlin: "El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona", pero Keats: "El poeta es aquel hombre que, en presencia de otro, se sentirá su igual sea este rey o el más pobre de los mendigos"

No es mi mujer, es una aplicación integral para el móvil.

Entiendo que el arte valga millones, pero no que se venda por millones.

Para dar clase en la ESO no se necesitan ya profesores, sino exorcistas. Y tampoco vendría mal un general de la OTAN para imponer un orden y disciplina que han degenerado con constancia de auténtico vicio la televisión y los padres estresados por el paro y las ¿políticas? de la banca.

No hay paradoja más perjudicial que la de que escojamos a personajes antipúblicos para la cosa pública.

Si la democracia fuera real, ya la habrían prohibido. 

Fue Edmund Burke quien acuñó la frase de que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, algo que ya repitieron el cómico Marx y el filósofo Santayana; pero ¿es posible ponerse de acuerdo sobre la versión de la historia que hay que conocer?

Lo que no se ha visto del hombre invisible es que se quedó ciego.