jueves, 2 de abril de 2015

Trastorno mental de nuestro tiempo: el Narcisismo maligno. Ejemplo: Andreas Lubitz

Según el psiquiatra Francisco Toledo, el copiloto que estrelló el avión alemán no era ni un depresivo ni un enfermo mental, sino un "narcisista maligno", denominación que designa un tipo de trastorno de personalidad estudiado y definido por Otto Kernberg; en eso concuerdan expertos consultados por medios de comunicación españoles e internacionales. Pero la denominación es demasiado aséptica, puesto que hay vocablos con que ya la gente normal designaba el fenómeno como "nihilismo" o "gilipollez" o, como los mismos psiquiatras afirman, "malas personas".

Por demás, me gusta su descripción de la normalidad: "No es un punto, es un segmento, un patrón de conducta que se repite y que es aceptado como razonable. Es un comportamiento o estado de salud razonable que permite un funcionamiento óptimo". Hace además otras afirmaciones inquietantes, por ejemplo: "La psicología no tiene nada que decir sobre la maldad". Transcribo íntegra la interesante entrevista que recoge "La Crónica del Pajarito":

P Sánchez, "El copiloto no tenía depresión ni era un enfermo mental, era un narcisista maligno", en La Crónica del Pajarito, 30-III-2015:

El psiquiatra Francisco Toledo recibió hace unos días el premio Doctor Francisco Guirado en Molina de Segura. Este profesor asociado de Psiquiatría de la facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y psiquiatra titular del Hospital Virgen de la Arrixaca responde a las preguntas de La Crónica del Pajarito sobre temas tan actuales y candentes como los motivos que pudieron llevar al copiloto alemán Andreas Lubitz a estrellar el avión contra los Alpes franceses, según le acusa la Fiscalía. Además, Toledo avanza el programa del VI Curso de Psiquiatría en la Vida Cotidiana, organizado por la Fundación de Estudios Médicos (FEM) de Molina y la Universidad Internacional del Mar.
¿Qué supone para usted haber recibido el premio Doctor Francisco Guirado?

Siento un profundo agradecimiento a Molina, a su Ayuntamiento y a su alcalde por haber propuesto mi candidatura al premio. Yo conocí a Francisco Guirado y a cualquiera le provoca orgullo este galardón, y más a un molinense, como me considero yo tras vivir ya más de diez años en Molina. Es también un reconocimiento a los cursos de psiquiatría en la vida cotidiana, que este año llegan a su sexta edición y que los dirijo con mucho cariño.

Estos cursos son ya una auténtica referencia a nivel regional y nacional.

Creo que sí. Lo que hacemos con ellos es luchar contra el estigma y contra los miedos que hay sobre los enfermos mentales, e intentar conseguir una mayor integración social. Todos los años traemos a psiquiatras clínicos de gran trayectoria profesional y hasta ahora presentamos un balance de más de 50 conferencias y más de 700 alumnos, algo que es un éxito para los organizadores, la Fundación de Estudios Médicos (FEM) de Molina y la Universidad Internacional del Mar.

¿Está cerrado ya el programa del VI curso de psiquiatría en la vida cotidiana?

Se va a celebrar del 7 al 10 de julio, una vez más en Molina de Segura, y este año repite Juan de Dios Molina, que hablará sobre las habilidades en la entrevista psiquiátrica. El doctor Antonio Galbis, miembro de la directiva de la Asociación Española de Psiquiatría, dará una conferencia sobre manías, supersticiones y obsesiones, y contaremos con un ‘crack’ como el doctor Celso Arango, uno de los principales investigadores europeos en salud mental y director científico del Centro de Investigaciones Biomédicas en Red en Salud Mental (CIBERSAM), que ahora está trabajando en California y que impartirá la charla ‘El futuro de la salud mental: prevención, prevención y prevención’. La conferencia estelar será la de Eduard Vieta, que está considerado el número uno en la investigación del trastorno bipolar y que nos hablará sobre lo que sabemos y lo que nos falta por saber de este trastorno. A nivel local, tendremos a Luis Valenciano, que abordará la psicoterapia del paciente impulsivo; Emilio López, que hablará sobre esquizofrenia y psicosis tóxicas; al doctor Salmerón (´Cuando el cerebro confunde la realidad’) y a Mateo Campillo (‘Enfermedad física y vulnerabilidad psíquica’). También vendrán el doctor Mesones (‘El suicidio: todo lo que quiso saber y no se atrevió a preguntar’) y el doctor Pedro Pozo, presidente de la Sociedad Murciana de Psiquiatría, que hablará sobre el estigma de la enfermedad social. Pepa González Molina dará la conferencia ‘Abordaje del adolescente con trastornos de conducta’ y yo mismo hablaré sobre mitos y tópicos de la psiquiatría.

En términos psiquiátricos, ¿qué es la normalidad?

Es una pregunta complicada de responder. Vamos a ver si me explico: para la psiquiatría la normalidad no es un punto, es un segmento, un patrón de conducta que se repite y que es aceptado como razonable. Es un comportamiento o estado de salud razonable que permite un funcionamiento óptimo.

¿Cuándo un problema de salud mental se convierte en una enfermedad?

No todos los trastornos de conducta inexplicables tienen que ser un trastorno mental. Hay personas buenas, pero también hay personas malas que no tienen ningún trastorno mental. Para que una persona estrelle un avión no tiene que ser un enfermo mental, tiene que ser una mala persona.

Me está hablando del copiloto Andreas Lubitz, acusado de estrellar el avión en los Alpes con 150 personas dentro. En muchos medios de comunicación se dice que tenía depresión y estaba en tratamiento. ¿Qué ha podido llevar a esa persona a realizar un acto tan espeluznante? 

No creo que tuviera depresión, pues esta enfermedad conlleva una idea de culpabilidad e incluso de autoagresión, pero nunca hacia fuera, nunca hacia los demás. Una persona que se suicida se quita de en medio para no sufrir y para que los demás no sufran. Lo del copiloto no tiene nada que ver con la depresión ni con enfermedades mentales. Todo indica que fue premeditado y responde a una personalidad narcisista de tipo maligno que ha actuado así ante una frustración no superada. Al parecer, él mismo dijo que iba a hacer algo por lo que su nombre sería conocido en todo el mundo y eso es propio de un narcisista maligno, de un trastorno de personalidad. Estos individuos son conscientes de lo que hacen en todo momento. Son malas personas.

Entonces, ¿me está dando a entender que no se habría podido evitar la tragedia tratándose de una persona de este tipo? 

La psiquiatría no tiene respuesta para la maldad y este copiloto era un enfermo de tipo social. Los enfermos mentales son víctimas y no culpables, y este no es el caso del copiloto del avión estrellado. Todas las cosas no se pueden prevenir. Por ejemplo, por muchas campañas que se hagan nunca se acabará totalmente con los accidentes de tráfico o con la violencia de género. Se puede reducir, pero en el caso de la maldad no hay respuesta inherente a esta condición humana.

Pero lo que está publicando es que tenía problemas mentales de los que estaba siendo tratado y que incluso intentó ocultar. Y no se para de hablar de que tenía depresión. 

Faltan elementos para sacar conclusiones definitivas, pero todo apunta a que había premeditación y cálculo para estrellar el avión. Una depresión no puede ser que lleve a alguien a hacer algo así. Si alguien se suicida por una depresión da mensajes de dolor y deja una carta de despedida o de arrepentimiento. Este copiloto tampoco es un psicótico, pues ni deliraba ni tenía alucinaciones. Yo creo que sabía aparentar que no era malo. Este tipo de personas se repiten sistemáticamente en la historia de la humanidad en todos los ámbitos, no les detiene el dolor ajeno y hacen sufrir a los demás de manera indiferente. Para comprender necesitamos poner etiquetas, como la depresión, pero este hombre no tiene esa etiqueta.

¿Eso explicaría esa frialdad del copiloto? Lo digo porque en la grabación de la caja negra se refleja que su respiración no se alteró en los ocho minutos se descenso antes del choque en los Alpes. 

Mantener la respiración normal en una situación así es propio de una persona muy fría, y tampoco tiene nada que ver con creencias políticas o con razones religiosas. Este tipo de personas muestran una gran frialdad y les importa poco el mundo de los demás.

Se ha publicado que sufrió hace años ataques de pánico y ansiedad…

Quizá tuviera algún diagnóstico de ansiedad, pero eso no explicaría nada, no existe ningún nexo con lo ocurrido. Insisto en que esta persona debía tener un trastorno de personalidad, no era un enfermo mental, sabía perfectamente lo que hacía y tenía una intolerancia brutal a la frustración, quizá por los problemas de visión que le impedían ascender profesionalmente, y seguramente no toleraba que no era el mejor.

Para las familias de las víctimas el hecho de que el copiloto estrellara deliberadamente el avión debe ser algo tremendo de aceptar.

Hay personas a las que les da igual en qué circunstancias se ha producido la muerte de un familiar, pues el caso es que ha muerto y eso les produce dolor. A otras no les ocurre lo mismo. Cada uno se defiende del dolor como mejor puede y algunos necesitan dirigir su pena hacia un objetivo, pero eso no produce alivio. Sería doloroso e injusto que tras lo que ha ocurrido con el avión algunos dirigiesen ese odio a pacientes con problemas psiquiátricos. Eso haría mucho daño, pues el enfermo mental no es peligroso, es una víctima. El 20 por ciento de la población sufre depresión al menos una vez en la vida y eso no debe ser un estigma. Estamos trabajando mucho para evitar ese estigma. Sin embargo, se puede ser inteligente y ser muy mala persona. Hay personas malas en política, en el mundo empresarial, en nuestros compañeros de trabajo…

En la prensa europea no tanto, pero en algunos países los medios de comunicación han cargado tintas contra el copiloto y le llaman de todo: kamikaze, asesino, ‘killer’… 

Que le llamen como quieran, pero que no le llamen enfermo mental, porque las personas con enfermedades mentales no se merecen esto.

Cambiando de asunto, siempre me he preguntado por qué no existe en la sanidad la figura unificada del terapeuta mental, en vez de esa separación entre psiquiatras y psicólogos. ¿Se ha experimentado en algún país? 

No se debe ni se puede. El psiquiatra y el psicólogo son absolutamente complementarios. Algunas personas no necesitan psicoterapia y otras no necesitan un enfoque biológico de pastillas.

¿Para salir de una depresión es absolutamente necesario tomar pastillas? 

Para la depresión, como enfermedad que es, se necesita un tratamiento farmacológico, igual que para la hipertensión. No es suficiente con la psicoterapia y no hay ningún psicólogo que se atreva a decir que es mejor tratar la depresión sin pastillas. Otra cosa son las conductas de tristeza adaptativas, que se abordan bien con un enfoque psicoterapéutico. La dificultad está en saber discernir qué tiene una persona. Está claro que siempre vienen bien cosas como las terapias de grupo.

Hay medicación, como los ansiolíticos, especialmente las benzodiacepinas, que al parecer son bastante adictivos. Y normalmente existe un rechazo en el paciente a estar, como se suele decir, empastillado. 

El tabaco también es adictivo. Si lo que quieres preguntar es si se abusa en la prescripción de ansiolíticos y antidepresivos, la respuesta es que quizá sea cierto, y creo que hay situaciones que se podrían solucionar sin pastillas. Sí, pienso que hay un cierto exceso de uso y abuso de medicación. Poner un tratamiento farmacológico es fácil, pero en ese momento hay que pensar también en cómo lo vamos a quitar luego. En el caso concreto de las benzodiacepinas sí hay un abuso.

¿Quizá el problema arranca de los propios médicos de familia? 

En España, los médicos de familia tienen un gran control para empezar a tratar trastornos psiquiátricos, pues tienen una gran preparación.

¿Qué opina usted de las terapias alternativas para tratar problemas de salud mental? 

Pues que siempre que hay que valorarlas partiendo de los principios científicos de verificación de resultados. Si a lo que te refieres es al chamanismo, la gente que acude a él suele tener un nivel cultural más bien bajo, con todos mis respetos. Pero bueno, hay gente a la que le ayuda, por ejemplo, rezar, y no tengo nada contra eso.

Y qué me dice de las técnicas de neurocirugía para tratar trastornos psíquicos como los obsesivo-compulsivos. Parece que funciona eso de colocar electrodos en algunas zonas del cerebro… 

Hasta ahora la única indicación de la psicocirugía es para trastornos obsesivo-cumpulsivos (TOC) severos, y para un bajo porcentaje de pacientes. En estos casos la psicocirugía tiene una respuesta terapéutica de en torno al 50 por ciento y a veces es la única opción que queda. En algunos tipos de depresiones muy graves también se colocan electrodos en el cerebro para producir una estimulación cerebral eléctrica profunda. Se está avanzando mucho en este campo y tiene futuro por delante, pero no confundamos esta neurocirugía con otras cosas como las lobotomías que se practicaron hace años.

Los psiquiatras afirman que a día de hoy enfermedades como la esquizofrenia no tienen cura. ¿Qué esperanza les queda a estos enfermos? ¿Se conseguirá una cura en el futuro? 

Ahora mismo la esquizofrenia no tiene cura como tal, pero sí puede sobrellevarse de una manera adecuada sin que ocasione molestias, siempre y cuando el paciente siga a rajatabla la medicación de por vida. La esquizofrenia ha existido siempre y afecta a un uno por ciento de la población en todo el mundo. En los últimos veinte años se ha avanzado mucho en los tratamientos. Debemos de tener en cuenta que el primer tratamiento para esta enfermedad se descubrió en 1952. En la actualidad existen varios adelantos que permiten a los pacientes llevar su medicación de una manera más controlada y mejor; estoy hablando de unas inyecciones que han sustituido a las clásicas pastillas diarias, y que se administran cada 15 ó 30 días. Y en el futuro habrá más avances.

II

En casos de asesinatos masivos, algunos responsables sufren trastornos de personalidad que los hacen extremadamente egocéntricos, explicó el doctor Raj Persaud, miembro del Colegio de Psiquiatras británico. "La gente siente que se les ha hecho algo tan terrible que este acto catastrófico está justificado como compensación", dijo. "Para ellos, parece el equilibrio correcto para igualar lo que ellos sufrieron".

"La gente se vuelve bastante hábil en enmascarar sus problemas porque es socialmente indeseable", indicó el doctor Paul Keedwell, psiquiatra especializado en desórdenes del estado de ánimo en la Universidad de Cardiff.

Algunos expertos explican que los asesinatos masivos tienen la intención de causar el mayor daño posible para atraer atención sobre el responsable. "El sujeto obtiene fama haciendo algo que el mundo recordará, aunque sea un héroe negativo", dijo el doctor Roland Coutanceau, presidente de la Liga Francesa por la Salud Mental.

"Uno de los aspectos más relevantes es su personalidad narcisista"
El psiquiatra vigués Tiburcio Angosto destaca que no hay una relación entre la depresión y provocar un accidente de avión. 

“Tenemos nombre para todas las conductas del ser humano, pero la depresión no ha sido la causa de que un hombre estrelle un avión y no debemos relacionarlo. Uno de los aspectos más relevantes es su personalidad narcisista. Parece que era una persona a la que le gustaba estar preparada y orgullosa de sí misma. La prensa francesa ha insistido mucho en este aspecto. Así que, si le han dicho que tenía una enfermedad grave (fuera esta la que fuera, como los problemas de visión) y que tenía que quedarse de baja, probablemente no lo hubiera soportado. En este sentido debía de tener una personalidad muy vulnerable ante el fracaso y esa podría ser una explicación de por qué rompió el documento de la baja”, indica este psiquiatra.

Angosto destaca que la azafata exnovia de Lubitz recuerda otra frase clave del copiloto: "Un día haré algo que cambiará todo el sistema. Todos conocerán mi nombre y me recordarán". Esa frase apunta a una tendencia narcisista que los expertos ven probable. 

Varios especialistas en Psiquiatría y Psicología consultados por El Mundo coinciden en señalar que "las características de lo sucedido no coinciden con el perfil de una persona con depresión". "Con una depresión no pasa esto. Tiene que haber algo más", apunta Adela González, presidenta de la Asociación Española de Psicología de la Aviación (AEPA).

Coincide con su opinión Mercedes Navío, psiquiatra del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y responsable del programa de prevención del suicidio de la Comunidad de Madrid.

En primer lugar, explican, hay muchos síntomas de la depresión que, por lo que se ha hecho público, no estaban presentes en el caso. Ni Lubitz tenía inhibición psicomotriz, ni enlentecimiento del discurso, ni alteraciones en sus habilidades emocionales, signos habituales en una persona con una depresión severa. Pero, además, añaden, hay muestras de ocultación de sus intenciones y preparación premeditada de un plan, lo que encajaría más con otro tipo de perfil.

Las dos especialistas están también de acuerdo en que este caso no responde a un suicidio al uso. "Cada año se suicidan alrededor de un millón de personas y la gran mayoría lo hacen solas, en silencio y con un grado muy alto de sufrimiento", expone Navío.

"El suicidio es un acto de autodestrucción, contra uno mismo", añade la especialista, que recuerda que en los pocos casos que se da lo que se conoce como 'suicidio ampliado' este no suele afectar a desconocidos, sino a personas afectivamente cercanas cuyo posible sufrimiento el suicida cree que va a aliviar.

Para Navío y González, si a algo contribuyen sucesos como este es a "aumentar el estigma y la discriminación" de las personas con enfermedades mentales. "La gran mayoría de las personas con trastornos psiquiátricos no son violentas. Es más, muchas veces ellas son las víctimas de agresiones; pero estas noticias contribuyen a que la gente piense lo contrario", apunta Navío.

Psicólogos y psiquiatras insisten en que un cuadro de depresión puede implicar conductas suicidas pero no explica el comportamiento del copiloto del avión de Germanwings. Según Jerónimo Sáiz, miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría, la padecen una de cada diez personas a lo largo de su vida. "Y las conductas violentas contra otras personas son extremadamente excepcionales", remarca.

Sáiz sostiene que "lo que ha hecho Lubitz no se explica por un cuadro de depresión". Aunque las personas que sufren esta enfermedad pueden desarrollar conductas suicidas en "casos extremos", éstas no suelen implicar a personas desconocidas. "El suicidio suele ser únicamente del propio sujeto y, como mucho, puede darse el llamado suicidio compartido, en el que el enfermo asesina a alguien que quiere mucho antes de matarse".

Paula Martínez, psicóloga cognitiva-conductual y formada en Gestalt, coincide con Sáiz y añade que cuando una persona está deprimida tiende a la hipoacción, es decir, a reducir su actividad de todo tipo (come menos, se mueve menos, se relaciona menos), de manera que una "actitud tan extremadamente pro-activa" como la que llevó a cabo a Lubitz no cuadra con las características de una depresión. De hecho, Martínez señala que las personas depresivas tienden a la "ideación suicida" más que a la "conducta suicida", es decir, piensan en matarse pero la gran mayoría no acaba haciéndolo. 

¿Qué es el trastorno narcisista maligno?

El trastorno narcisista puede considerarse una alteración del carácter que genera discapacidad para la vida personal, afectiva, interrelacional y laboral de la persona que lo padece, según el psiquiatra Augusto Zafra.

El narcisismo maligno de Otto Kernberg corresponde, según Zafra, a un tipo especial y grave de nNarcisismo caracterizado por:

-Tendencias antisociales más pronunciadas con presencia de actos de crueldad escalofriantes, violencia e incluso de asesinatos con una patología grave del superyó, lo que explica la ausencia de culpa ante las conductas destructivas que es capaz de desplegar.

-Tendencias borderline de gravedad extrema, que se manifiestan con irascibilidad, impulsividad, mitomanía, baja tolerancia a la frustración, incapacidad de aplazar la gratificación, sentimientos de vacío y pensamientos crónicos de suicidio

-Comportamiento altamente sádico y rasgos paranoides marcados con mecanismos de defensa proyectivos, desconfianza, suspicacia y sensitividad.

-Ausencia de conciencia, culpa y autocritica respecto a su conducta, siendo a veces intensamente agresivos, con tendencia a la ofensa si se les lleva la contraria, desencadenando cólera (cólera narcisista).

-Presencia de vínculos inestables sin soportar otra perspectiva de la realidad, sólo la propia, siendo ésta la que rige toda su existencia. 

El propio Otto Kernberg escribió lo siguiente:“La experiencia clínica en el Instituto de Trastornos de Personalidad en el Weill Cornell Medical College sugiere que los pacientes con organización borderline de la personalidad y con un trastorno narcisista de la personalidad tienen un pronóstico más grave que el resto de trastornos de personalidad que funcionan al nivel borderline, y que aquellos que, además, presentan una conducta antisocial significativa tienen un pronóstico aun peor (Clarkin, Yeomans y Kernberg, 1999; Stone, 1990). Esta tendencia negativa culmina en un grupo de pacientes prácticamente intratables con trastorno antisocial de personalidad, que representa los casos más graves de narcisismo patológico”.


“La agresión contra los otros o contra uno mismo es típica de la conducta antisocial de tipo agresivo, especialmente cuando estos pacientes cumplen los criterios para el síndrome de narcisismo maligno. Ese síndrome incluye, además del trastorno narcisista de personalidad, una grave conducta antisocial, importantes tendencias paranoides, y agresión egosintónica (esta última puede dirigirse contra uno mismo o contra los otros)”, añade Kernberg.

Las novelas están muertas, las series no

Bárbara Celis, “La novela está muerta. Para entender el mundo bastan Internet y el vídeo a la carta” Michael Hirst transformó en la serie Vikingos las leyendas sobre Ragnar Lodbrok, rey conquistador del siglo IX, en un apasionante culebrón de aventuras", en Babelia (1-IV-2015):

Quienes hace veinte años soñaban con ser escritores solían despreciar la televisión. Lo mismo le ocurría a los directores de cine y a los actores, demasiado concentrados en buscar la fama a través del celuloide como para prestarle atención a esa caja insignificante cargada de contenidos populares alejados del arte con mayúsculas.

Hoy, sin embargo, escritores, directores y actores se pelean por conseguir que su nombre aparezca en alguno de los títulos de crédito que han transformado la historia de la televisión desde que la ya mítica Los Soprano diera un vuelco a la narrativa catódica en 1999. Le han seguido muchas otras series de calidad extrema, desde The Wire a Breaking Bad o True Detective, y el fenómeno ha sido tal que hasta un canal como el History Channel, que jamás se había atrevido con la ficción, buscó a alguien que pudiera transformar historia en drama. ¿El elegido? Michael Hirst, quien propuso escribir la serie Vikingos transformando las leyendas sobre Ragnar Lodbrok, el rey que inició la expansión conquistadora vikinga en el siglo IX, en un apasionante culebrón de aventuras, poder y pasiones cercano a Juego de tronos, pero caracterizado por su fidelidad histórica y cuya tercera temporada estrena en España el 22 abril el canal TNT.

Hirst era el clásico aspirante a escritor cuya vida dio un vuelco tras un encontronazo con un director de cine tan interesante como poco comercial, Nicholas Roeg, y gracias al que descubrió que escribir para contar una historia en imágenes podía ser tan satisfactorio como hacerlo en un libro. “Empecé con el cine, pero las series son mejor.¿Cuántos libros vende un escritor corriente?, ¿3.000?, ¿5.000? Mi serie Vikingos se emite en 132 países, la ven millones de personas y eso es lo que queremos los artistas, ¿no? Audiencia. Además, ya nadie te paga por escribir un libro”. A sus 62 años, él es también el guionista de Los Tudor y el productor de Los Borgia, aclamadas por su capacidad de entretener sin perder la perspectiva histórica.

Con su rostro pálido y su caminar lánguido, Hirst tiene un aspecto inequívocamente inglés. Y gustos inequívocamente británicos, como el de citarnos para una entrevista en un club privado, algo que en otros países resultaría extraño, pero en Londres es bastante normal. Eso sí, no nos lleva a cualquier club, sino al único que, según los entendidos, merece la pena porque la mayoría se ha convertido en el destino de los que quieren presumir de ricos y famosos, pero el Two Bridges sigue aceptando a un público heterogéneo y cuenta entre sus miembros a muchos intelectuales. “Cuando vengo a Londres me gusta venir aquí”, dice pidiéndose un café tras llegar en tren desde Oxford, donde vive con su esposa y sus hijos. El lugar no tiene nada de especial, por dentro parece un restaurante normalito aunque con solera, pero los camareros conocen a Hirst y le saludan con familiaridad.

Él va directamente al grano. “La novela está muerta. Es un formato muerto. Pertenecía al siglo XIX y reflejaba la sociedad del siglo XIX. Entonces había escritores maravillosos y había que leer novelas para entender el planeta, y el amor, y la tragedia, y agrandar tu propia existencia, pero ahora que el mundo es más pequeño basta con Internet y el vídeo a la carta”. Así arranca la conversación con este guionista especializado en temas históricos que dice devorar ensayos, pero al que difícilmente veremos con una novela en la mano, al menos contemporánea. “La última gran novela que se ha escrito es Cien años de soledad y García Márquez ha sido el último gran novelista. Ya sé que suena radical, pero es cierto, la novela es un género en decadencia”.

Lo dice un hombre contradictorio, que hizo su tesis doctoral sobre Henry James, pero describe las series como “el mejor lugar para un escritor del siglo XXI”, aunque confiesa no ver las que hacen otros: “Para que no me influyan y me acusen de copiar”. Sus Vikingos han conseguido enganchar a millones de personas, incluidas las mujeres, debido entre otras cosas a lo progresistas que las sociedades vikingas eran en términos de género respecto a otras de su época. “He tratado de romper y atacar todos los prejuicios sobre los vikingos. No eran unos salvajes que lo destrozaban todo, al contrario. Por ejemplo su actitud hacia las mujeres en el siglo IX es mucho más avanzada que la de los sajones. Ellas podían divorciarse, volverse a casar, tener propiedad privada, participaban en las batallas. Lagertha, la primera mujer de Ragnar, tiene legiones de fans (de la serie) en todo el mundo. ¿Por qué? Es madre, esposa, pelea, opina y eso gusta”, explica.

“La gran ventaja es que las series te permiten desarrollar los personajes como podía hacer Dickens en sus libros. Y al igual que en su época se acudía a lecturas públicas, ahora la gente discute en los foros sobre sus personajes favoritos de las series. En el cine no es así, no hay tiempo. En Vikingos, por ejemplo, hemos podido explicar muy bien el paganismo, creo que era importante tomar sus creencias religiosas en serio para entenderlos mejor. Por otro lado, está el monje católico, que es un gran personaje, basado en un monje real que después escribió sus memorias. Él es nuestros ojos, está en shock, pero también está impresionado al descubrir cosas sobre su sociedad que aún nos sorprenden, como el hecho de que fueran gente tan apegada a la familia a pesar de la violencia que mostraban al invadir otros lugares” señala Hirst.

No obstante, este guionista que trabaja solo, escribiendo uno a uno los capítulos de la serie y participando en muchas de las decisiones creativas —“algo imposible en el cine”, apunta—, afirma que aunque Vikingos es una serie histórica, en el fondo engancha porque “es una saga familiar cuyos protagonistas son hombres y mujeres que tienen problemas como los de hoy, que aman y se desenamoran, que tienen que pelear por sus hijos, que luchan por su lugar en la sociedad…”. Por otro lado, considera que las series históricas, e incluye Juego de tronos, “aunque sea pura fantasía”, nos ayudan a entender que el mundo no ha cambiado tanto. “¿Podríamos poner a Putin en Juego de tronos o en Vikingos? Yo creo que sí. A David Cameron también, un manipulador viscoso como él no desentonaría en esas luchas por el poder. Creo que las sociedades cambian, algunos valores también, aprendemos a hacer las cosas mejor, construimos cohetes y puentes, pero los hombres no cambiamos, seguimos cometiendo los mismos errores. Y la historia es la prueba”.

miércoles, 1 de abril de 2015

La enseñanza margina a los capaces

Tres artículos recientes sobre educación que obligan a repensar las cosas. Los dos primeros son sobre el problema de la superdotación intelectual; el tercero es sobre el ensayo de una pedagogía proactiva para el futuro por parte de los jesuitas:

I

Natalia Junquera, “Ojalá no fuera tan inteligente”. Un niño gana un pleito a la Junta de Extremadura, que le negaba que fuera superdotado. La falta de medios de detección causa problemas psicológicos a estos alumnos", en El País, 1-IV-2015:

Raúl tenía cinco años cuando una profesora sugirió a su madre, María José Molino, que le hicieran una prueba para ver si era superdotado. “Me dijo que nunca se había encontrado un niño tan inteligente, pero yo no le di importancia, porque lo comparaba con su hermano, tres años mayor —luego se descubrió que también era superdotado—”, explica en su casa de Mérida. Dos años después, otra profesora le propuso lo mismo y Molino y su marido fueron a ver al director y a la tutora de su hijo en el colegio, que insistieron en hacerle un test de inteligencia. El matrimonio firmó la autorización. Era 2010. Acababa de empezar una batalla de casi cinco años contra la Junta de Extremadura, los dos últimos en los tribunales.

La OMS considera que un 2% de la población es superdotada, pero en España fallan los métodos de detección en la escuela. Muchos padres desconocen que su hijo lo es y, cuando, en algún centro especializado se lo han confirmado, la Administración suele poner trabas para que esos niños reciban educación especial, lo que puede causar graves problemas psicológicos, además de la pérdida de talento.

Molino muestra los resultados del primer test que le hizo el equipo de Orientación de la Junta. Es un folio con 17 líneas que afirma que Raúl tiene mucha memoria y un cociente intelectual de 124, pero que no es superdotado (a partir de 130). Con la otra mano, esta madre sostiene el informe elaborado poco después por un centro especializado de Valladolid: 100 folios que concluyen que sí es superdotado, que en algunas materias tiene la edad mental de un niño de 14 años y en otras incluso de 16, por lo que sugieren adelantarle al menos un curso. “Nosotros no sabíamos nada de esto. Fuimos a este centro porque en el propio colegio de mi hijo nos dijeron que los del equipo de orientación se habían quitado al niño de encima y que en Valladolid lo evaluarían mejor. Nos gastamos unos 1.500 euros entre la estancia y el informe, que costó 800”, recuerda Molino.

Pese al desembolso, estos padres volvieron a casa ilusionados. “Pero nos encontramos con un muro de burocracia. No aceptaban el informe de Valladolid, así que los orientadores de la Junta debían hacerle una nueva prueba de contraste. Tardaron cuatro meses en examinar al niño”. Mientras, Raúl había empezado a aburrirse mucho en clase. “La profesora le dijo que se llevara libros para leer. Y es lo que hacía”, explica su madre. Finalmente, los orientadores de la Junta les dijeron que el niño tenía un “rendimiento excepcional” en Lengua y Matemáticas y sugirieron subir de curso a Raúl en ambas asignaturas. “Pero terminó el curso y el director del colegio me dijo que le habían prohibido que esas calificaciones figuraran en su expediente académico”. La Administración extremeña obligó a Raúl, un niño superdotado, a repetir el año siguiente las dos materias del curso superior, pese a que en ambas había sacado sobresaliente.

“El niño empezó a estar muy mal. Tenía pesadillas, ataques de asma. Le salían ronchones por el cuerpo y me decía cosas como: ‘Mamá, odio mi vida y odio el colegio”, recuerda Molino. “Le llevé al pediatra, que me derivó a un psicólogo que ratificó que es superdotado y me dijo que tenía ansiedad. Le enviamos este nuevo informe a la consejería. Caso omiso. Raúl le escribió una carta a la consejera diciendo que él había cumplido con todo lo que le han pedido, que no le hicieran repetir curso. Pero insistieron en que no era superdotado. Y entonces decidimos denunciar”. Es febrero de 2013. Raúl tiene 10 años.

En junio de 2014, un juzgado de Badajoz da la razón a la familia tras encargar a una perito especializada, Carmen Sanz, que examine los informes de la Junta y que evalúe ella misma al niño de nuevo. Su dictamen es demoledor. Sanz comprueba que la Junta no ha hecho bien las pruebas: están “incompletas” y han sumado mal las puntuaciones en cuatro de ellas. Raúl, de 11 años, tiene un cociente intelectual superior a 135 y la edad mental de un niño de 14. “Es superdotado”, concluye, por lo que conviene adelantarle de curso “lo antes posible”. No haberlo hecho antes, añade la perito, “ha supuesto un retraso importante en su desarrollo educativo y ha tenido un efecto negativo en su desarrollo emocional que está afectando de forma grave a su bienestar psicológico”.

Con ese informe en la mano, el 20 de junio de 2014, el juez ordena que en septiembre Raúl empiece en un curso superior al que le correspondería por edad y que un profesor de apoyo le prepare para el cambio. Los padres creen que ha terminado el calvario, pero la Junta recurre la sentencia. El 30 de julio, el juzgado desestima su recurso y ordena ejecutarla, pero el Gobierno extremeño vuelve a recurrir, ahora ante Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJE), advirtiendo que el niño “puede no ser bien tratado por sus nuevos compañeros, mayores que él”. En su recurso, la Junta solicita que el tribunal admita, al menos, que no se dé al niño ese profesor de apoyo, un “exceso innecesario”. Finalmente, el pasado 27 de enero, el TSJE ratifica la sentencia e impone a la Administración el pago de costas. Hace casi cinco años que a Raúl le reconocieron que era superdotado en un centro de Valladolid. “Cinco años perdidos”, lamenta su madre.

Los padres de Raúl calculan que han invertido unos 30.000 euros en esta batalla. “Creo que todo ha sido porque no tienen medios, profesores de apoyo... Lo que más me ha dolido ha sido la insensibilidad de la Junta, pleiteando contra un niño solo por no reconocer que se equivocaron. ¿Con cuántos niños más se habrán equivocado? Ojalá el mío sea el último”, afirma Molino. “La Administración se aprovecha de tu ignorancia, porque lo normal es que no sepas de esto, y de tu miedo, porque tu hijo está en sus manos seis horas al día. De haber sabido la que se nos venía encima hace cinco años quizá lo hubiera dejado pasar. Lo hemos pasado muy mal. Raúl me decía: ‘Ojalá no fuera tan inteligente’. Él pensaba que lo estaban castigando por eso”.

Molino y su marido han dedicado estos cinco años a leer sobre el tema y a contactar con otros padres en la misma situación, para asesorarse. Así dieron con Isidro Padrón, presidente de la Fundación de Ayuda a los Niños Superdotados de Canarias, una institución entre el colectivo porque con tres hijos superdotados acumuló nueve sentencias contra el Gobierno canario. Padrón empezó a pleitear en 1994. Está especialmente orgulloso de la sentencia de noviembre de 2012 del Tribunal Supremo que establece que los informes privados “sí pueden servir para colaborar en la detección de los alumnos con altas capacidades y en las medidas más convenientes a adaptar”.

Raúl ahora es feliz en un curso superior al que le correspondería por edad. Han desaparecido las pesadillas y los ronchones, pero el proceso no ha sido fácil. “Una madre me dijo: ‘¿Tu hijo es superdotado? ¡Qué miedo!’. Y otra prohibió a su hijo que siguiera viendo al mío. Fue él mismo quien se lo dijo a Raúl”, lamenta Molino.

El niño entra en el salón e interrumpe la conversación sin reparar en la montaña de informes y sentencias sobre él que han quedado encima de la mesa. Está impaciente porque es el cumpleaños de uno de los amigos del curso que ha dejado atrás y quiere que sus padres le lleven cuanto antes. “Es un superdotado, pero sigue siendo un niño”, explica su madre. Un chaval de 12 años que ha ganado un largo pleito a la Administración.

II

Natalia Junquera, "Las comunidades usan distintos métodos para medir la inteligencia. Una perito cifra en 160.000 los casos ocultos. Muchas niñas fingen para ser aceptadas", El País, 1-IV-2015:

Un superdotado tiene un cociente intelectual a partir de 130 —desde 120 se considera que una persona posee “altas capacidades” y 100 es lo normal—. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que un 2% de la población es superdotada. En España, el Informe 2014 sobre el Estado del Sistema Educativo, elaborado por el Ministerio de Educación, cifraba en 12.490 los alumnos con “altas capacidades” sobre un total ocho millones de estudiantes en el curso 2012-2013. La perito Carmen Sanz, presidenta del gabinete psicológico y la fundación El Mundo del Superdotado, que evalúa y ofrece terapia a este colectivo, asegura que “hay más de 160.000 niños superdotados que no han sido detectados” y que no reciben, por tanto, la educación específica que prevé la ley. “Si hablamos de alta capacidad son aún muchos más, en torno al 10% sin detectar”, lamenta.

“El principal problema es que la ley estatal no define qué es un niño de altas capacidades y cada comunidad autónoma ha puesto su propio criterio y metodología. Un alumno puede ser superdotado en Andalucía, pero no en Madrid”. La estadística apoya su teoría: Andalucía (8,38 millones de habitantes) suma 3.957 alumnos de alta capacidad; en Cataluña (con una población de 7,4 millones) son 233, según las cifras ministeriales.

“Fallan los sistemas de detección porque suele confundirse superdotación con alto rendimiento, con sacar sobresaliente en todo. Y es ridículo, porque un niño superdotado suele estar desmotivado y aburrido. Lo más probable es que termine engrosando las estadísticas de fracaso escolar, porque, como no les identifican a tiempo, se acostumbran a no esforzarse, y cuando llegan a la ESO suspenden pues no han aprendido a estudiar”, dice Sanz.

A juicio de esta experta, que evalúa a más de 200 superdotados al año, falla también la atención una vez que han sido descubiertos. “Los equipos de orientación de las consejerías tardan en ponerse en marcha. En general, hay pocos recursos y los que hay se destinan a los otros alumnos con necesidades educativas especiales, los que están por debajo de la media. Es muy difícil que suban de curso a los superdotados, pese a que es la mejor medida. Algunas comunidades, como Madrid, tienen clases especiales los sábados. Está bien, pero es insuficiente. Otras no hacen nada”.

Madrid cuenta en estos momentos con 1.200 alumnos de entre 6 y 17 años que acuden a esas clases “de enriquecimiento educativo”. José Carlos Gibaja, de la dirección general de Infantil y Primaria de la Consejería de Educación, explica que esta comunidad realiza pruebas individuales cuando profesores o padres sospechan que un niño puede ser superdotado. No se hacen test generalizados o cribados para apreciar las altas capacidades. “Cuando hemos hecho alguna prueba piloto de este tipo en un colegio, nos ha salido casi un 3,5% de niños con altas capacidades. No cabe duda de que muchos superdotados pasan desapercibidos, no son detectados y acaban en fracaso escolar. Lo ideal es detectarlos cuanto antes y no descartamos adoptar métodos de cribado en el futuro”, apostilla.

En cualquier caso, si esas pruebas se generalizaran ahora no habría recursos para atender a todos los superdotados que se constatarían. “No hay medios para dar una respuesta inmediata a esos niños. Es un tema relativamente reciente y queda mucho por hacer, sobre todo en la formación del profesorado y en la respuesta educativa que se da a estos alumnos”, admite Gibaja.

Diego Rodríguez, presidente de la Confederación Española de Altas Capacidades Intelectuales, se queja de que “cuando un niño muestra un talento deportivo, rápidamente todo se pone en marcha: hay escuelas especiales, centros de alto rendimiento...”. Pero cuando se trata de inteligencia, “es todo lo contrario. Se camufla, porque no hay medios”.

Carmen Sanz, que también es superdotada, cree que efectuar pruebas generalizadas resultaría muy ventajoso no solo para los alumnos, sino también para que el Gobierno elevara su reputación: “Mejoraríamos en la estadística de alumnos excelentes y reduciríamos la de fracaso escolar”. Pero, sobre todo, advierte de las consecuencias de no descubrir a tiempo a esos niños. “No se adaptan porque su edad mental es superior. Muchos sufren acoso escolar, tienen baja autoestima, problemas de ansiedad, caen en depresiones. He atendido a niños medicados por hiperactividad que en realidad no eran hiperactivos, sino superdotados aburridos. E incluso a algún predelincuente, de centros de menores”.

“La inteligencia puede ser una maldición”, sostiene. Así tituló, de hecho, un libro (La maldición de la inteligencia, Editorial Plataforma Actual) en el que recoge toda esta problemática y su experiencia con niños y adultos superdotados con problemas psicológicos. La obra está dedicada a ellos. A Juan, “que está todos los días en una esquina del patio y se siente muy infeliz”; a Luis, “al que ya han expulsado de tres colegios por rebelde y cuyos padres están desesperados”; a Isabel, “que se gana la vida en un supermercado”; a Rosana, “que se hace la tonta para caer bien a los chicos...”.

Este último caso resulta muy común y también aflora en la estadística del ministerio. Según sus datos, el 66,4% de los identificados como alumnos de altas capacidades son varones, frente al 33,6% de mujeres. “Ellas tienden a disimular su inteligencia para ser aceptadas, sobre todo en la adolescencia”, enfatiza Sanz.

Lo reconoce Marina, superdotada, de 20 años. “Sí, me hacía la tonta en el colegio. Aún lo hago a veces. Te aceptan mejor, aunque llega un momento que ya no finges; te lo acabas creyendo”, mantiene. No sufrió acoso escolar, pero recuerda que sus compañeras “tenían un muñeco al que pegaban” y al que habían puesto su nombre. Marina ha estado en tratamiento por depresión, porque después de sacar siempre buenas notas empezó a suspender en la Universidad, donde estudia una ingeniería. Tampoco ella fue detectada a tiempo. “Todos los días pienso si no sería mejor ser menos inteligente. Todos”.


III

Patricia Gonsálvez, "Los jesuitas revolucionan el aula. Trabajo por proyectos, flexibilidad y aprendizaje autónomo en vez de exámenes, libros y clases magistrales. Tres colegios de la orden inician un cambio radical", en El País29-III-2015:

Una raya en el pasillo separa el viejo suelo gris del nuevo suelo amarillo en el colegio Claver de los jesuitas en Raimat (Lleida). Los niños saltan de un lado a otro. “¡Siglo XX!”, gritan cuando pisan el terrazo gris; “¡siglo XXI!”, cuando caen en el lado amarillo. A uno y otro lado de esa raya conviven desde septiembre dos modelos pedagógicos muy distintos. En el lado gris siguen con sus lecciones de toda la vida. En el lado amarillo los niños trabajan por proyectos y en grupos. A un lado hay asignaturas, exámenes y un timbre que marca las horas. Al otro, el trabajo es interdisciplinar, los horarios son flexibles, la evaluación es continua y las ciencias se aprenden haciendo un trabajo sobre reciclaje. Siglo XX, siglo XXI.

“El alumno es el centro del nuevo modelo”, explica Minerva Porcel, directora pedagógica del cambio en el Claver, paseando entre las mesas de colores. “Los niños aprenden haciendo, son más autónomos, el trabajo es colaborativo, los profesores hacen preguntas, no dan las respuestas…”.

El Claver es uno de los tres centros concertados (unos 300 euros con comedor) donde los jesuitas de Cataluña están implantando el proyecto Horizonte 2020. De momento, solo en tres cursos: primero de infantil (tres años), quinto de primaria (nueve), y primero de la ESO (12). El plan es que en 2020 funcione en los ocho colegios catalanes de la orden, que suman 13.000 alumnos.

En quinto, la mañana arranca con el “inicio del día”, 15 minutos para plantear los objetivos de la jornada y charlar. Aquí se habla sobre Charlie Hebdo o Siria. Hoy toca la Cuaresma, esto es un colegio religioso y en todas las clases hay una cruz. Pero la evangelización siglo XXI no es catequesis: los niños comparten sus buenos propósitos y los profesores leen unas notas de agradecimiento anónimo (“A Marina, porque me hace caso en el patio cuando me ve sola”). Luego se desean un buen día y cada grupo se pone a lo suyo.

Aunque se hayan visitado antes colegios alternativos, lo llamativo del Claver es que está mutando. Pasillo con pasillo, se puede ver un cole de toda la vida y uno distinto. En el lado gris hay pupitres (el del maestro, al frente), pizarras y puertas con ventanucos que permanecen cerradas. Niños en silencio que miran al frente. Las aulas de los pasillos amarillos, sin embargo, son transparentes, con enormes ventanales y las puertas siempre abiertas. Hay gradas y las mesas tienen ruedas para poder agruparse. Los niños hablan y se mueven con libertad. Bajo enormes lámparas tubulares hay zonas comunes con sofás, pufs, o un jardín vertical que están construyendo ellos mismos. En el aula de los pequeños hay un anfiteatro pistacho que en uno de sus extremos se convierte en tobogán. Visualmente, los jesuitas han hecho con estas aulas lo que Google hizo con sus oficinas.

El proyecto también ha redecorado la cabeza de 261 alumnos y 14 profesores voluntarios, porque, como en Silicon Valley, el gran cambio es la forma de trabajar. “Ahora mola más venir al cole”, sentencian Bernat, Enric y Albert, de 13 años, mientras diseccionan un corazón de vaca. “Los profesores te explican un poco, pero somos nosotros los que tenemos que observar, investigar, ir probando…”, dicen introduciendo distraídamente dedos enguantados por la vena cava.

Es lo que la pedagogía llama “aprendizaje por descubrimiento guiado”. “No es que no haya un control, sino que los niños son menos conscientes de él, y más activos, igual que no es que no haya libros, es que no solo hay libros... El mundo es el aula”, explica Minerva Porcel, que pasó tres semanas en Finlandia estudiando su sistema educativo, considerado uno de los mejores del mundo. “Este proyecto bebe de muchas fuentes”, explica. “De las inteligencias múltiples de Gardner a la educación nórdica”.

Aunque hay clases específicas —de matemáticas o alemán—, el grueso del día fluye sin una pauta marcada por lecciones y los chavales se organizan a su propio ritmo. El ambiente bulle, sí, pero hay una evidente concentración. Los niños no deambulan, se mueven con  propósito. Se les ve motivados, y a sus profesores también. Nadie parece aburrirse.

“Es más divertido y aprendes igual”, dice María Solá, de 13 años. “A lo mejor no igual de rápido, pero se te queda más”. Los proyectos duran tres semanas y se trabajan en grupos de cuatro o cinco. “Si trabajas individualmente, solo tienes una idea”, explica Sergio Arazo, de 13 años. “En grupo se te ocurren más y puedes elegir la mejor”.

“Antes tenías una asignatura que duraba una hora, y luego otra, pero en los proyectos tocas dos o tres materias a la vez”, dice Sergio. Las civilizaciones antiguas se aprenden haciendo el trabajo Be water, Nefertiti, que también cubre el ciclo del agua de Naturales; el proyecto Raperos y reporteros, cuyo objetivo final es grabar un videoclip de hip hop con denuncia social, explica los recursos retóricos de Lengua, ejercita la traducción de Inglés y ameniza el aprendizaje de Música. El colegio traduce estos contenidos en materias para que los apruebe la Generalitat, que ya ha realizado varias inspecciones este año.

Finlandia, hacia el fin de las asignaturas

En educación, todo lo que hace Finlandia, que lleva años liderando el informe de evaluación PISA, se mira con lupa. Maestros de todo el mundo peregrinan para ver cada innovación que tiene lugar en sus aulas. Por ello, cuando el periódico británico The Independent tituló la semana pasada “Finlandia elimina las asignaturas”, el Consejo de Educación finés se vio obligado a publicar una aclaración sobre la reforma educativa que acometerá en 2016. Las asignaturas no van a ser abolidas del todo el próximo curso, matizaba la institución, pero el nuevo currículo fomentará y obligará a introducir largos proyectos interdisciplinares que se llevarán a cabo en clases colaborativas en las que los niños trabajarán en grupos y habrá varios profesores de distintas materias simultáneamente en el aula. Lo cual no se parece en nada a cómo se dan las asignaturas de toda la vida.

El horario que ocupen estos proyectos respecto a las asignaturas tradicionales, es decir, la radicalidad o moderación del cambio, dependerá de cada colegio ya que el sistema está fuertemente descentralizado.

“Que no cunda el pánico: los colegios finlandeses seguirán enseñando matemáticas, historia, arte y música”, escribió tras el revuelo el profesor de Harvard finés Pasi Sahlberg en la web The Conversation. “Pero los niños [de 7 a 16 años] también aprenderán a través de temáticas más amplias, como la Unión Europea o el cambio climático, que aportarán módulos interdisciplinares de idiomas, geografía, ciencias o economía”. “La integración de materias y el enfoque holístico del aprendizaje no son nuevos en Finlandia”, continuaba el experto que recuerda que este enfoque forma parte de la cultura educativa finesa desde los ochenta. 

La reforma de 2016 también da más voz a los niños, a quienes se involucra en la planificación y evaluación de sus propios proyectos. 

“Tenemos que ayudar a los niños a comprender y analizar su propio proceso de aprendizaje y a ser cada vez más y más responsables de él”, explica en la web del Consejo de Educación, Irmeli Halinen, directora del desarrollo curricular nacional.

La reforma también pretende reforzar el aspecto lúdico en el ciclo de educación infantil. 

El otro gran cambio es que las dos clases de 30 alumnos se han fundido en una de 60 que cuenta con tres tutores multidisciplinares (científico, lingüista, humanista) que están al mismo tiempo en la misma clase. “Para nosotros el día a día ha cambiado totalmente, antes dabas clase encerrado y ahora nuestro trabajo en equipo es un ejemplo para los niños”, dice Xavier Solé, que pasó un trimestre formándose a tiempo completo para la nueva etapa. “Coger el libro, leerlo y comentarlo, lo puedo hacer ahora y dentro de 20 años... Siempre había intentado probar cosas nuevas, pero no era fácil llevarlas a cabo. Ahora me siento apoyado”. “El trabajo es mucho más creativo”, asiente Magda Ballesta, coordinadora de Infantil. “Sí, implica más esfuerzo. Es más fácil ponerles a rellenar fichas, y a veces lo hacemos, pero como maestra lo que me gusta es crear actividades propias”.

“Hay otros colegios con proyectos innovadores, pero esto son los jesuitas, la significación es distinta”, opina el catedrático de Sociología Mariano Fernández Enguita. “Hace siglos fueron ellos los que implantaron los patrones de lo que ahora consideramos el aula tradicional: no son cualquier cosa”. “Ahí reside precisamente la bomba: una orden religiosa viene a agitar las aguas estancadas del sistema educativo español y a dar sopas con honda a la escuela pública”, escribía el experto en su blog. “La escuela convencional ha de evolucionar, porque está basada en un mundo que ya no existe”, continúa por teléfono. “Ellos se están adaptando”. A Enguita le gustaría ver una evolución parecida en la pública. “Pero hace falta una dirección fuerte para llevarla a cabo, porque no todos los profesores van a estar de acuerdo”, opina.

“Yo, si fuera padre, sacaría a mi hijo”, sentencia Felipe de Vicente, presidente de Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto. “Estos inventos buscan que los niños estén entretenidos... Y a la escuela se va a aprender”. “La clase magistral no es mala, yo lo he aprendido todo así y tengo dos oposiciones”, continúa. “A Cervantes hay que explicarlo, y del Teorema de Euclides no se puede hacer un rap”. Llevar estas innovaciones a la educación pública le parece inútil e imposible: “Esto solo se puede hacer con un alumnado de clase media”.

No hay que irse tan lejos para encontrar otras voces críticas. “Habéis venido a ver a los de los coloritos, ¿no?”, preguntan con retintín los chavales de los pasillos grises a los periodistas. “Sus aulas son más chulas, pero yo prefiero el sistema de siempre”, dice uno de ellos. “¿Qué es eso de no hacer exámenes? Seguro que no aprenden nada”. “Están un poco mimados con sus sofás, sus mesas con ruedas… ¡Y se llevan a los mejores profesores!”, exclama otra. “En realidad tienen un poco de envidia porque no les ha tocado este privilegio”, responde Sergio Arazo, que, como sus compañeros del nuevo sistema, no quiere volver ni atado a lo de antes.

Los jesuitas llevan años preparando este cambio. Un proceso en el que han participado profesores, alumnos y familias, que contribuyeron con 56.000 ideas sobre la escuela que querían. “A los profesores no hizo falta convencerles porque ya era un grupo que quería un cambio, que veía alumnos desmotivados, resultados que no mejoraban… Con los padres hizo falta mucha transparencia”, explica la directora. “Al principio no lo entiendes del todo, hay que verlo”, dice Daniel Ponté, padre de una niña de quinto. ¿Trabaja menos su hija por pasarlo mejor? “Ahora tiene menos deberes, pero cuando falta un día, tiene que recuperar un montón”, responde. “Así que en clase deben de trabajar mucho”.

Atardece sobre los viñedos de Raimat que rodean el colegio y toca hacer el “final del día”. Quince minutos de reflexión compartida sobre lo aprendido. Los niños se autoevaluan del 1 al 4. Suena una música tranquila mientras piensan un minuto en silencio y luego abandonan el aula de colores sin necesidad de que suene un timbre.

La proactividad, un valor escamoteado en la educación


La idea es rompedora. Enseñar a los universitarios a crear sus propios puestos de trabajo. El defensor es Pasi Sahlberg, uno de los impulsores de la reforma del sistema educativo finlandés, en el top ten del informe PISA desde su primera edición en el año 2000. En un momento en el que los jóvenes europeos sufren tasas de desempleo del 30% o el 40% (son cerca de seis millones), este experto apuesta por que sean proactivos. Deben ser capaces de planificar y manejar su futuro.

“El sistema tradicional les hace creer que con unas determinadas habilidades encontrarán su hueco, pero el mundo está cambiando. En 2020 habrá 1.300 millones de jóvenes de entre 15 y 30 años en edad de trabajar, pero el mercado solo absorberá a 300 millones”, asegura Sahlberg tras su charla inaugural del congreso sobre idiomas e innovación LEIF 2015, organizado en Boston por la empresa educativa EF Education First.

La transformación que propone requiere un cambio de mentalidad, en el que las universidades juegan un papel esencial. “Su misión debe ser concienciar a los estudiantes de que tal vez no haya un puesto de trabajo esperándoles tras graduarse, que emplearse a sí mismos es una posibilidad viable y que todo depende de su creatividad y su capacidad inventiva”. Aunque no da las claves para acometer esa reforma, considera que el modelo actual ya no sirve y que si las cosas no cambian, los jóvenes no tendrán oportunidades.

Él éxito del modelo finlandés

¿Qué ha hecho Finlandia para ocupar el podio de los sucesivos informes PISA? En 2000 fue la número uno en comprensión lectora (España estaba la 18), en 2003 la primera en matemáticas y en 2006 en ciencias. Tres son los pilares fundamentales: la inversión en equidad (el Gobierno cubre todos los niveles educativos); el profesorado (la enseñanza es una de las profesiones más solicitadas y deseadas); y la apuesta por los idiomas (los estudiantes dominan, al menos, dos idiomas). “Por tradición, saber leer y escribir era un requisito para el matrimonio por la iglesia, tanto para la mujer como para el hombre. La docencia siempre se ha considerado una profesión noble y prestigiosa, tanto como la medicina o la economía”, asegura Pasi Sahlberg.

Finlandia ya ha dado un primer paso con la inauguración en 2010 de la Universidad de Aalto en Helsinki, que aúna las antiguas universidades de Tecnología, Economía, Arte y Diseño. “Los estudiantes disponen de programas multidisciplinares que permiten su amplitud de miras. En el contexto actual, no es recomendable encasillarse en un único conocimiento”, señala Sahlberg, que acaba de publicar la segunda edición del libro Finnish Lessons 2.0, en el que cuenta las claves del éxito del modelo educativo finlandés y que se ha traducido a 20 idiomas.

Sobre la importancia de la creatividad, el pedagogo británico y conferenciante Ken Robinson ya advirtió en 2006 que los colegios son el primer freno con el que se encuentran los niños. En la charla TED Las escuelas matan la creatividad, con más de 32 millones de visitas, alertaba sobre el desacierto de los programas educativos al primar materias como las matemáticas y arrinconar otras más artísticas como la música o el dibujo bajo el pretexto de que no son útiles a la hora de encontrar un empleo. “Ahora podemos afirmar que ese consejo es totalmente erróneo. No tenemos ni idea de lo que sucederá en 10 años y la creatividad es esencial para adaptarse con éxito a los cambios”.

Robinson describía una escena en un colegio de primaria en la que una niña de seis años perfilaba a Dios en la clase de dibujo. Su profesora le preguntaba cómo lo haría si nadie sabía cómo era. Lo sabrán en un minuto, responde ella. “Los niños no tienen miedo a equivocarse. Cuando llegan a la edad adulta el sistema ya les ha cortado las alas. Si no estás abierto a fallar, nunca se te va a ocurrir nada original”.

En los próximos 30 años, según la Unesco, se graduarán el equivalente a todos los profesionales que se han graduado en toda la historia de la humanidad. “Cuando yo era estudiante, si tenías un título encontrabas trabajo. Hoy, ya no valen nada. Hay que repensar los principios fundamentales en los que les estamos educando”, apunta Robinson, que dirigió el comité consultivo de educación creativa y cultural del Gobierno británico en 1998.

El finlandés Pasi Sahlberg, que ahora trabaja como profesor invitado en la Universidad de Harvard, no acusa a las universidades de la desconexión entre los programas educativos y las necesidades reales del siglo XXI. Considera que la crisis llegó de golpe a países como España, Grecia o Portugal y que los gobiernos no han tenido tiempo de reaccionar, pero urge a que se acometan las reformas pese a la debacle económica que sufre Europa. Pone como ejemplo a su país, Finlandia, donde la reforma educativa más importante de toda su historia se llevó a cabo a principios de los noventa durante la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. “Muchos países recurren a la privatización para solventar problemas crónicos, pero la clave es la financiación pública y la implicación del Gobierno y de toda la comunidad educativa”.

De la mediocridad de los años 80, el país nórdico pasó a ser uno de los modelos de excelencia educativa a escala mundial. Su sistema carece de inspectores y no emplea los parámetros internacionales de evaluación para medir el conocimiento de los estudiantes. Los profesores tienen autonomía para crear su propio material didáctico y programas. “La clave no está en invertir más dinero, sino en atraer a los mejores perfiles para dedicarse a la docencia”, señala.

En Finlandia solo uno de cada diez aspirantes logra entrar en el grado de magisterio. Acceder a esta carrera es más difícil que a otras como medicina o derecho. Los profesores de primaria son seleccionados en dos fases: un examen escrito y un test de personalidad, en el que miden su capacidad creativa o su habilidad para trabajar en equipo. El salario no es el motivo principal por el que esta es una de las profesiones más deseadas. Tras 15 años de experiencia puede rondar los 42.600 euros al año, una cantidad que se sitúa “ligeramente” por encima de la retribución media nacional en ese país.

El ciudarrealeño Ángel Crespo, a quien tanto odian los de Ciudad Real

Celebran un homenaje a Ángel Crespo a los veinte años de su fallecimiento... en Madrid. Una pena. O no. Ángel Crespo pudo escoger su patria. Véase por ejemplo su poema “Una patria se elige”:



Mi otra patria es Italia

-la del verbo
y el amor- y en sus calles
jamás cayó en mí
una hoja muerta.



Nunca

puse la mano en una piedra
que no se calentase
ni dije una palabra
que no me iluminase por la noche.



Una patria se elige

-y una mujer. O llegan,
inevitablemente,
cuando tu soledad las ha ganado.



La otra patria de Ángel Crespo, como declara en su autobiogafía, es la Cuesta del Jaral, un paraje natural donde aprendió a comulgar con la naturaleza y con el dios Hermes, el de las cosas imprecisas. A Ángel Crespo no se le apareció la Virgen (del Prado), como al resto de los ciudarrealeños, sino el dios Hermes, con caduceo y todo. Su nostalgia de Ciudad Real es muy relativa: en su autoexilio de San Juan de Puerto Rico escribía el melancólico Ángel Crespo en la revista La Torre: “Ya no florecerán las rosas / en el prado”. Se entiende que ese prado es la plaza de El Prado, y en concreto dos tipos de rosas: la de los vientos que aparece grabada en su suelo y las de los parterres que hay en ese lugar. Su recuerdo de aquí, sin embargo, no es nada gratificante, entre otras cosas por el amargo divorcio de su primera mujer. En sus memorias, “Mis caminos convergentes”, tan raras que las copié para una biblioteca pirata de Internet a fin de que la gente pudiera disfrutarlas (también hice lo mismo con “Espacio”, de Juan Ramón Jiménez, y por las mismas razones), dice lo siguiente de Ciudad Real, entre otras cosas que no hacen al caso:




Ciudad Real era, cuando empecé a estudiar el bachillerato, un pueblo grande, destartalado de por sí y empobrecido por la guerra, la mitad de cuyos habitantes se dedicaba a perseguir a la otra mitad. Una violencia en parte pública y en parte secreta tenía a la gente enajenada por el terror y los deseos de venganza. Yo tenía trece años y fui sometido, como todos mis compañeros de estudios, a una educación política y religiosa que era fiel trasunto del fanatismo de los vencedores. Llegaron a hacernos creer que, a pesar de las desalentadoras apariencias, estábamos viviendo una época heroica que era el alba de un nuevo Renacimiento. Se nos obligaba a rezar el rosario todos los días, se comprobaba con una cartilla nuestra asistencia a misa y, de vez en cuando, teníamos que asistir a los ejercicios espirituales de los padres de la Compañía de Jesús, cuyo plato fuerte era la descripción de las penas del Infierno, consecuencia, más que de cualesquiera otros pecados, de la lujuria y de las ideas políticas contrarias al régimen.




Como es propio de los ciudarrealeños ningunear a sus mayores glorias (ya he dicho que lo que los define es el endecasílabo "si es de aquí, no va a ninguna parte")  alguien tan viajado, políglota, traductor y comopolita  como Ángel Crespo no podía por menos que recibir el honor de su desprecio. Extenderme requeriría mucho más espacio, así que lo dejo aquí.

martes, 31 de marzo de 2015

Mecanismática de las imposturas pepoidales

Cuando uno mira la lista de inocentes famosos no puede por menos que espantarse: O. J. Simpson, Dominique Strauss-Kahn, Bill Cosby, Silvio Berlusconi, Mariano Rajoy, Dolores "oh, Grey" Cospedal, la del marido plurículo... Si esto es inocencia, los que nos consideramos más o menos blanquitos de culpa nos vamos a ir al Infierno de cabeza como ya arde en él sin ni siquiera morirse Assange o incluso monstruos degenerados como Frank Serpico, Chelsea Manning, Edward Snowden, Baltasar Garzón o un facineroso impresentable como Hervé Falciani entre otros corruptores de la inocencia y honradez de la gente con bolsillos, mentiras o privilegios, creo que precisamente aquella que quiere imponer ahora una ley mordaza para asegurarse la omertà (el silencio cómplice mafioso).

Les da igual los Derechos del hombre que pisen y hasta la misma Constitución con que se limpian el culo todos los días. Dice el primero de esos textos que "el derecho de resistencia a la opresión es la consecuencia de todos los demás derechos". ¿Habrá que recordarles que, gracias a las protestas de al menos tres revoluciones burguesas, se han conquistado los derechos de que disfruta hoy un puñado de países europeos y dos o tres americanos? ¿Que esas protestas que intentan reprimir han hecho avanzar más al hombre como especie en doscientos años que en treinta mil? Ah, ya, claro. No somos especie: aún hay clases, en concreto, la suya.

Pues nada, nada: acabemos con la clase media exprimiéndole todo el dinero que le queda, impidamos la investigación, empobrezcamos la educación, demos el gobierno efectivo a los bancos, hagamos de la industria farmacéutica un negocio y no una necesidad, pactemos un acuerdo con los americanos que nos haga más ricos, más transgénicos y menos sanos a costa de un millón de empleos (y unos cuantos sobornillos bajo cuerda, pagaderos en cuentas numeradas), reduzcamos a la clase media poco a menos que a la esclavitud reescribiendo las leyes, devolvámosla a la ignorancia encareciendo la enseñanza y dejando la investigación no al más capaz, sino al más rico, y dejémosla en la indefensión mediante una ley mordaza que impida toda forma de presión "popular". Vistámonos de guapo con ayuda de las vaciedades televisivas y hagamos que ni siquiera pueda un niño leer y mucho menos comprender un periódico. Convirtamos la vida social en pura charanga y pandereta insustancial, compremos productos de mierda y votemos a los políticos probancarios, antiigualdad y proimpunidad. Esto vamos a votar en las próximas elecciones, y no es que la izquierda ofrezca algo demasiado distinto; solo la justicia, y no ese sucedáneo legal que nos quieren vender por tal, sería algo distinto. 

No hay un hombre un voto: el único voto de un banco pesa más que el de diez millones de votos individuales, porque los bancos sientan luego a su mamandurria a la mafia política general con contratos blindados, protesta maniatada y leyes ad hoc que el pueblo no puede desestimar por referéndum a la Suiza y ni siquiera denunciar por medio de la iniciativa legislativa popular, absolutamente desactivada por otra ley ad hoc, como se suele hacer a propósito para negar y desarmar los derechos civiles que reconoce incluso esa Constitución otorgada a los posfranquistas, hoy posfraguistas. 

En retórica, a paradojas como la de la impunidad se las denomina impossibilia o mundo al revés. Quevedo, inmerso en un Barroco menos corrupto y degenerado que este, ya se burlaba del asunto en su La hora de todos, defendiendo entre risotadas expresionistas la tesis de que, si los justos llegaran al poder por una revolución, los entonces justos a la fuerza harían otra exactamente por los mismos motivos. Es este tipo de cinismo el que gasta la derecha en nuestro país, ya que para ella todo es cuestión de poder o su forma papelera, el dinero, no de justicia. La debilidad de la izquierda española deriva precisamente de esto: de no reconocer la primacía de la justicia, pues, al poner otros principios e ideologías por encima de un valor universal como este, de que carece la derecha nihilista, se divide incesantemente sin encontrar puntos de cohesión. Cuando encuentre esos valores éticos y morales que tanto rechaza por identificarlos erróneamente con el pasado, cuando encuentre la justicia como máximo valor, habrá madurado y no solo podrá concurrir a las elecciones, sino que las ganará.

Los retóricos que aconsejan a la derecha ya van haciendo mejor su trabajo; se dieron cuenta, después de que unos cuantos empezáramos a decirlo, de que la detracción continua por parte de medios de propaganda como La Razón o La Tribuna, habituales mangoneadores del dato, contra Podemos y otros perseguidores de la justicia distributiva, les iba a caer encima como el tejado de vidrio sobre el pobre dios Momo. Contra la indignación no cabe ya el arcaico procedimiento de la demonización que transforma al detractor en alguien tan indiscutible y admirable como el Dios que combate al Demonio; ni la gente es ya religiosa ni tiene tan poca memoria como un móvil sin tarjeta. Por el contrario, ahora recurren a sus armas de siempre: el silencio interesado, el ninguneo, la sobreinformación y el mirar hacia otro lado o hiato.

Todos estos procedimientos, y otros muchos, forman la retórica desinformativa. Especialmente grave es la  sobreinformación (ahora mismo La Razón y los mendepocistas del panfleto propagandístico La Tribuna cantan las glorias del PP, el maná caído sobre la tierra que alimentará al pueblo elegido gracias a Yavhé-PP, la promesa de tres millones de puestos de trabajo con que ni siquiera se atrevió a soñar Aznar, las promesas de un mundo mejor de perros atados con longaniza, sin los pagarés a lo Ruiz Mateos / Alibabarcenillas, con una sanidad idílica, una enseñanza gratuita que ni Harvard, un dinero abundante por todas partes, sin recortes macroeconómicos y con crédito bancario a chorros de oro, ya digo, el Paraíso laico, gracias al gran Padre Blanco benefactor de los pobres indios de las praderas de Montiel y Calatrava y la desposada con multículo marido.

El segundo es el hiato o "mirar hacia otro lado". Les ha venido que ni pintado que un piloto nihilista haya perdido el sentido de la vida, como el famoso controlador de vuelo de Breaking Bad o su mismo protagonista, víctima por cierto de una sanidad como la que quiere empeorar el Pepe para hacerla negocio vario de chorizos, catarriberas y peperos. Como si ya la derecha, antaño apocalíptica y hoy beatífica, no nos estuviera tirando encima el propio avión del estado castrante y ahora coercitivo con su famosa Ley mordaza, pensada poco menos que para enviar a la cárcel a todos los que tienen hambre y sed de justicia y hasta, ya que estamos en Semana Santa, a Jesús mismo por alborotador y expulsar a los peperos corruptos del Templo. ¿Os reís? Los dientes sirven para morder, lo otro es inútil ya y no alivia. Y lo han hecho inútil los políticos facinerosos y nefandos del PP y del PSOE. Votarlos, hoy, es una bofetada contra vuestros hijos y contra el futuro.

Debería otorgarse un premio simbólico a la impunidad más "conseguida", aunque hay que reconocer que, en estos menesteres, Rajoy es solo un seguidor frustrado de Franco, su gran maestro de ceremonias. En fin, que sigan con la política de negarlo todo, como hacía el Pseudo Dionisio areopagita, inventor de la teología negativa: no podemos decir que es Dios, solo decir lo que no es. Yo no podría decir qué es el PP, pero sé que en el séptimo círculo del Infierno, o en la séptima planta del cubil de Génova, qué más da, mora un abuelo Cebolleta al que le han crecido los Ciudadanos. Dixi.