lunes, 25 de mayo de 2015

El proyecto BRAIN

Hace un tiempo escribí un artículo de Wikipedia sobre Yuste con información de El País, si mal no recuerdo. Ahora vuelven a hablar de él:

NÚRIA JAR BENABARRE, “Cuando entendamos el cerebro, la humanidad se entenderá a sí misma” El País, 25-V-2015:

El neurobiólogo español ideó BRAIN, la iniciativa de la Administración Obama para mapear el cerebro. Cree que existen problemas de coordinación, y reclama "valentía".

El neurobiólogo Rafael Yuste (Madrid, 1963) vive en la ciudad de Nueva York desde la década de los ochenta. Allí, como catedrático de la Universidad de Columbia (EE UU), investiga todos los secretos del cerebro; de hecho, Yuste es, según la revista Nature, uno de los científicos más influyentes del mundo. Sus ideas han seducido hasta la Administración Obama, que tiene previsto invertir unos 2.000 millones de dólares en la iniciativa BRAIN que él ideó, para mapear el cerebro humano. En 2013 el presidente de Estados Unidos comparó BRAIN con la carrera espacial en el Discurso del Estado de la Unión pero, en este tiempo, el propio Yuste ha criticado la falta de ambición y los problemas de coordinación del proyecto. Yuste ha participado en el congreso anual de microscopía ELMI 2015, organizado por el Centro de Regulación Genómica y el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, y que se ha celebrado en Sitges.

Hace poco más de un año, usted advirtió de la posible fragmentación de la iniciativa BRAIN en laboratorios individuales y desconectados, en un artículo que publicó en la revista Scientific American junto con tu colega George M. Church, de la Universidad de Harvard. ¿En qué momento se encuentra hoy el proyecto BRAIN?

Sigue habiendo descoordinación, y estamos intentando corregirlo. Nuestra idea es vertebrar el proyecto BRAIN en un observatorio cerebral, en una analogía con un observatorio astronómico, donde muchas universidades y países se ponen de acuerdo para fabricar un instrumento en el sitio perfecto, y luego compartirlo. Queremos hacer algo parecido con el cerebro y concentrar técnicas de microscopía carísimas en un sitio concreto de Estados Unidos, donde los investigadores irían a utilizar estos instrumentos. Ahora estoy detrás de esto, escribiendo el borrador de una propuesta concreta para establecer un laboratorio nacional, que sería la madre nodriza de BRAIN.

Entiendo que es un problema más complejo que la voluntad de Obama"
¿Dónde han pensado colocar este observatorio?

Una ubicación lógica sería transformar uno de los grandes laboratorios nacionales del Departamento de Energía de los Estados Unidos, que originalmente fueron aceleradores de partículas y que ahora ya están desfasados por el desinterés de la tecnología nuclear después de la Guerra Fría y la competición con el CERN en Europa, que es el mejor acelerador de partículas del mundo. Un buen sitio sería el laboratorio nacional de Argonne en Chicago, que tiene la ventaja de contar con especialistas en el tratamiento de datos. BRAIN generará un río de datos de tamaño amazónico. Si lográsemos crear un observatorio cerebral en Argonne podría ser el sitio donde todos los datos de BRAIN se acumulasen y sirviesen al mundo, igual que pasó con el Proyecto del Genoma Humano, que por cierto tuvo un empuje inicial del Departamento de Energía con la creación de centros nacionales.

BRAIN nace del proyecto BAM [Brain Activity Map], una iniciativa que surgió de las ideas de neurobiólogos y físicos en Inglaterra en septiembre de 2011. ¿No habían planteado un observatorio del cerebro desde el inicio?

Sí, desde el comienzo. Siempre pensamos que tenía que haber un equilibrio entre las instalaciones centrales de un laboratorio nacional, combinado con becas y proyectos a laboratorios individuales, como si fueran los radios de una rueda conectados al centro. A día de hoy hay 140 laboratorios individuales involucrados, cosa que está muy bien, pero falta la pieza central y fundamental.

¿La Administración Obama ha difuminado la idea original que proyectó la comunidad científica?

Admiro lo que han hecho con el proyecto BRAIN porque han sido limpios, abiertos, sin corrupción y han involucrado a los mejores científicos. Además, ahora se están abriendo a investigadores de Europa, una decisión que fue aprobada por unanimidad a propuesta mía. Pero han empezado el proyecto tímidamente. Estos dos años han dado dinero a laboratorios individuales y han pospuesto la creación de un laboratorio central. Creo que es peligroso hacerlo así. Si te tiras a la piscina, te tiras. O se hacen las cosas o no se hacen. Empezar así es la mejor receta para que no ocurra nada. No creo que Kennedy mandara así el hombre a la Luna. Hay que ser un poco más valientes.

¿Confía en Obama?

Va más allá de Obama, depende de la situación política en Washington, de los dos partidos políticos, de los distintos proyectos científicos y tecnológicos que estén barajando, y sobre todo del presupuesto nacional. Entiendo que es un problema más complejo que la voluntad de Obama. Le quedan solamente unos meses de legislatura, está medio de salida, y supongo que su equipo de política científica se desbandará después de siete años y medio con él.

Más allá de Obama, revaliden los demócratas o vuelvan a gobernar los republicanos, ¿confía en el gobierno de los Estados Unidos?

Sí, soy optimista. Tradicionalmente en Estados Unidos estos proyectos de interés nacional han sido apoyados por los dos partidos: mandar un hombre a la Luna, el genoma humano, las nuevas nanotecnologías… Incluso BRAIN ha sido apoyado por los dos partidos en el Congreso. Los republicanos están muy interesados en entender cómo funciona el cerebro porque creen que el aumento exponencial de los casos de alzhéimer puede llevar el país a la bancarrota. El republicano Newt Ginrich es el abanderado de este argumento económico.

En su laboratorio investigan las conexiones de la corteza visual del cerebro de los ratones en tres dimensiones, ¿qué han descubierto?

Nuestro laboratorio es como un proyecto BRAIN en pequeñito. En el último año hemos conseguido medir la actividad de todas las neuronas de una hydra, un animal invertebrado que tiene el sistema nervioso más primitivo de la evolución, aún más que el gusano C. Elegans. Es transparente y tiene de 200 a 2.000 neuronas. Cuando hicimos la propuesta del BAM el objetivo número uno era medir la actividad de todas las neuronas de un sistema nervioso. Muchos colegas me dijeron que era imposible y no lo podría hacer, con lo cual ahora estoy muy contento. Todavía no hemos publicado los resultados. En una década seremos capaces de hacerlo en la corteza cerebral de un ratón o un mamífero como nosotros, pero por partes. Podremos ver la actividad completa de todas las neuronas de un módulo del cerebro de un paciente epiléptico, por ejemplo.

Las aplicaciones en medicina son muchas. Pero, ¿por qué se han interesado empresas como Google, Facebook y Microsoft en estas investigaciones?

Las compañías de datos se basan en el aprendizaje automático (machine learning), una rama de la informática que usa algoritmos inspirados en circuitos neuronales. Por ejemplo, cuando subes una foto a Facebook hay un algoritmo de aprendizaje automático en una supercomputadora con sede en Suecia, donde se manda la foto en menos de un segundo. Allí estos algoritmos ven y reconocen las caras de las personas en la foto, les ponen una etiqueta y la mandan de vuelta. De hecho, este año, por primera vez en la historia, los algoritmos de detección de caras han batido a los humanos. Parece que tienen un error cada ocho millones de caras, una capacidad mucho mejor que la nuestra. Pues todo esto está basado en un conocimiento del cerebro de hace casi 40 años. Les interesa muchísimo la neurobiología porque si sabemos el algoritmo que se usa para computar de verdad, no solo en humanos también en ratones o hydras, podrán hacer algoritmos más potentes que puedan revolucionar sus propias tecnologías.

Cada dólar que se invirtió en el Proyecto del Genoma Humano ha generado unos 143 dólares de beneficio. ¿Qué beneficios económicos pronostica que dará el cerebro?

Creo que BRAIN va a provocar un cambio en la cultura y la historia de la humanidad"
Más que dinero, creo que BRAIN va a provocar un cambio en la cultura y la historia de la humanidad, no tanto por el proyecto en sí sino por entender el cerebro. Cuando entendamos el cerebro, la humanidad se entenderá a sí misma por dentro por primera vez. No me extrañaría que esto revolucione la cultura y cambie muchísimas cosas como la educación, el sistema legal o la economía. Será un nuevo humanismo. Espero que los frutos sean del tamaño del Proyecto del Genoma Humano, o incluso mayores y a más corto plazo, dado que están metidas en el ajo las compañías de datos. A nivel científico, una generación de jóvenes científicos contará con bases de datos públicas para seguir investigando.

Si no se moja con el dinero compare la magnitud de BRAIN con otros proyectos como la carrera espacial o el Proyecto Manhattan. ¿En qué posición está BRAIN?

Buf… Tengo muy cercano el proyecto Manhattan porque trabajo en el edificio adyacente donde se gestó, en el salón Pupin de la Universidad de Columbia. Cada día paso por delante de lo que ahora es un monumento nacional. Ver lo que han hecho las generaciones anteriores para abrir los campos a la ciencia a la humanidad es un estímulo diario.

domingo, 24 de mayo de 2015

La lectura degenera si se hace en pantallas y medios electrónicos

Ana Carrascosa, "¿Te acuerdas cuando leíamos de corrido?", En El País, 24-V-2015:

Los efectos de la exposición a Internet y las pantallas en la lectura profunda despierta preocupación entre los científicos.

Un martes cualquiera, a las ocho y media de la mañana, el andén del metro de Madrid es una colección de hombres y mujeres con la nuca doblada. Miran las pantallas de sus móviles y leen al ritmo que marcan las yemas de sus dedos que suben y bajan. Esta imagen se repite por las calles de España, en las salas de espera del médico, en las colas de los supermercados. Leemos mucho, a todas horas y a trompicones. El cambio en la forma de leer y procesar la información se ha convertido en una creciente fuente de observación y preocupación entre neurocientíficos y psicólogos, que temen que nuestra capacidad de concentración y de leer en profundidad esté mermando.

Los científicos trabajan con la hipótesis de que la forma de leer en Internet, rápida, superficial y saltando de una información a otra junto a la expansión de las redes sociales y de los teléfonos inteligentes, han cambiado no solo nuestra forma de leer, si no también nuestro cerebro. Dicen incluso que el actual es un momento histórico, comparable a la invención de la imprenta o incluso de la escritura, y que ha llegado el momento de retomar el control de nuestros hábitos de lectura.

Investigaciones científicas de todo el mundo apuntan en esa dirección. En Europa, más de un centenar de investigadores suman fuerzas en una plataforma con la que pretenden desentrañar los efectos de la digitalización en los distintos tipos de lecturas. “Es muy plausible que la lectura profunda sea menos compatible con la lectura en las pantallas y que sea más difícil concentrarse porque las redes sociales, los correos, los anuncios web compiten por la atención del lector. Ese es el patrón que emerge de numerosos experimentos”, indica Anne Mangen, del Centro para la Investigación y la Educación Lectora de la Universidad de Stavanger, en Noruega, y presidenta de la plataforma europea E-Read. El proyecto que preside Mangen ilustra la preocupación y el interés por el asunto. “Casi cada día tenemos investigadores que quieren sumarse al proyecto. Hemos tocado nervio”.

Hasta aquí, la sinopsis de este artículo compuesta por tres párrafos introductorios de fácil lectura en Internet, con enlaces que le permitirán saltar a otras páginas. A partir de ahora viene el resto del artículo, mucho más largo y en el que se desarrollarán las afirmaciones arriba expuestas. Es muy probable, sin embargo, que usted no llegue hasta el final, que se distraiga y corra a comprobar los mensajes de su móvil o salte a otra web. No se preocupe, no será el único.

Maryanne Wolf, neurocientífica cognitiva de la Universidad estadounidense de Tufts, es un referente en la materia. “Temo que la lectura digital esté cortocircuitando nuestro cerebro hasta el punto de dificultar la lectura profunda, crítica y analítica”, explica por teléfono Wolf, quien accede a abandonar por unos minutos su encierro californiano, donde trabaja en su próximo libro sobre la lectura. “Nuestra mente es plástica y maleable y es un reflejo de nuestros actos. Las investigaciones nos dicen que ha disminuido mucho nuestra capacidad de concentración. Los jóvenes cambian su atención unas 20 veces a la hora, de un aparato a otro. Cuando se sientan a leer, tienden a reproducir esa lectura interrumpida y en zigzag. Tenemos que ser conscientes de que estamos en medio de un cambio muy profundo”.

Wolf cree que el momento histórico que más se asemeja a la revolución actual fue la transición de los griegos de la cultura oral a una centrada en la escritura. Sócrates, gran defensor de la cultura oral, protestó contra la cultura escrita, porque pensaba que era el único proceso intelectual capaz de probar, analizar e interiorizar conocimientos y de conducir a los jóvenes a la sabiduría y la virtud, explica Wolf. Las ideas escritas, creía, cortocircuitarían este proceso.

En 2010, David Nicholas presentó con la University College de Londres un estudio que dio la vuelta al mundo y que puso el foco en lo que llamaron la generación Google y que concluyó que los nativos digitales, nacidos a partir de 1993 eran más incapaces de analizar información compleja y más propensos a leer a toda prisa y de forma más superficial. Desde entonces, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han ocupado parcelas y minutos de nuestras mentes antes liberados. El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) resalta la rápida penetración de los smartphones en España y cifra en 73,3 las conexiones por cada 100 habitantes. “Neurólogos y psicólogos confirman ahora que aquel diagnóstico no ha hecho más que empeorar. Nuestro cerebro ha perdido capacidad de concentración. La gente ya no quiere leer largo y profundo. El cambio es rapidísimo y los teléfonos inteligentes han acelerado este proceso porque hacen además que la gente lea en movimiento, lo que supone una distracción adicional. Las implicaciones para nuestra cultura y nuestra sociedad son inmensas”.

Andrew Dillon, catedrático de Psicología de la Información de la Universidad de Austin, en Texas, es otro de los grandes estudiosos del fenómeno y no alberga dudas de que “asistimos a un cambio en nuestra forma de leer. Durante siglos apenas ha habido cambios. Aprendíamos a leer y a lo largo de nuestra vida íbamos perfeccionando esa habilidad. Ahora todo eso ha cambiado. Vamos saltando de un vínculo a otro. Leemos mucho, pero de una forma muy superficial. Como sociedad, estamos perdiendo la capacidad de formular ideas profundas y complejas. Corremos el riesgo de estar atontándonos, de pensar de manera más simplista y fragmentada. Tenemos que dar a la mente la oportunidad de manejar ideas complicadas”.

Un rato para desconectar cada día

Los expertos como Maryanne Wolf, autora de Cómo aprendemos a leer, recomiendan reservar un tiempo cada día para desconectar de las pantallas y de Internet para recobrar el sosiego y la concentración necesarios para la lectura profunda. Wolf explica que no solo basta con sentarse y coger un libro. Aconseja dejar fuera de la habitación el móvil y la tableta para no sucumbir a la tentación. “Hay que hacer un esfuerzo consciente, porque cada vez nos bombardean con más información. La tecnología que hemos creado es un imán para la lectura superficial”, coincide Andrew Dillon, decano de la Facultad de la Información de la Universidad estadounidense de Austin (Texas).

Mangen, la investigadora noruega, ha realizado tres estudios empíricos en los últimos años para analizar el impacto de las pantallas en la lectura. En uno de ellos, chicos de 15 años leyeron textos de cuatro folios en papel y otros lo hicieron en formato digital. Cuando les examinaron de comprensión lectora, vieron que los que habían leído en papel habían comprendido mucho mejor el texto. En otro de sus experimentos participaron adultos canadienses a los que se les dio un relato muy triste. Los que leyeron en papel mostraron mayor empatía que los que usaron una tableta. Mangen, como otros expertos, advierte de que aún no se pueden extraer conclusiones generales, en parte porque habrá lecturas que se beneficien del uso de las pantallas, pero la profunda probablemente se resentirá.

La misma cautela transmite Ladislao Salmerón, uno de los dos representantes españoles en el proyecto de investigación europeo. Asegura sin embargo, que algunos estudios sugieren que la información digital nos proporciona la sensación de una falsa facilidad para analizar los datos y que el miedo es que esa sensación se traslade al ámbito de la lectura profunda, “uno de los actos más complejos del ser humano”. Salmerón, experto en hipervínculos de la estructura de investigación interdisciplinar de la lectura de la Universidad de Valencia, asegura que es muy difícil establecer una causalidad unívoca entre los hábitos de lectura digital y la concentración o la impaciencia. Ha estudiado el movimiento ocular durante la lectura de estudiantes de 13 y 14 años y ha concluido que los alumnos buenos en papel leen mejor también en digital, siempre que utilicen las estrategias de lectura profunda y no abusen del escaneo.

Uno de los estudios a los que Salmerón hace referencia es el de R. Ackerman y M. Goldsmith, de la Universidad de Haifa (Israel), que concluye que los alumnos que utilizan la pantalla estudian menos tiempo que los que leen los mismos textos en papel, porque la lectura en pantalla genera la sensación de falso aprendizaje y dejan la tarea antes de tiempo. Otro, de la Universidad de Northwestern (EE UU), estudió a padres que leen a sus hijos con una tableta y otros que les leen un libro en papel. Estos últimos dedican más tiempo a comentar cuestiones relacionadas con la historia y su vocabulario, mientras los primeros comentan más elementos técnicos (cómo encender el aparato, para qué sirven los botones…) durante la lectura. Otro más, de la Universidad de Connecticut, examinó los efectos de la multitarea en los estudiantes y concluyó que los estudiantes que mensajeaban mientras leían un texto demostraban una comprensión lectora mucho peor.

Naomi Baron, lingüista de la American University y autora de Words Onscreen: The Fate of Reading in a Digital World, explica ha realizado experimentos con universitarios de Estados Unidos, Alemania, Japón y Eslovaquia que indican que se concentran más y mejor cuando leen en papel. Cita estudios que hablan de una cierta resurrección de la lectura en papel. “Hace tres o cuatro años, en Estados Unidos y en Reino Unido mucha gente pensó que la lectura digital iba a acabar con la lectura en papel. Los últimos dos años demuestran que la gente sigue comprando libros”. Para Baron, la cuestión no es tanto el soporte, papel o digital, sino más bien las distracciones inherentes a la conexión a Internet y a las redes sociales. “Tengo alumnos para los que la lectura es el tiempo que transcurre hasta el siguiente bip que les anuncia que tiene un mensaje en el móvil, que un amigo ha actualizado su Facebook, o que tiene un wasap. El problema es la sensación que producen las redes sociales de que siempre tienes que estar disponible para contestar. Es muy difícil concentrarse, porque la hiperconexión hace que temas estar perdiéndote algo. Somos socialmente más inseguros y estamos más estresados”.

Insiste además, en que la multitarea, a diferencia de otras actividades no mejora con la práctica. “Si tocas el violín y practicas mucho, acabarás tocando mejor. El problema es que cuando haces varias cosas distintas a la vez –estoy escribiendo y salto a comprar un billete por Internet-, los estudios psicológicos concluyen que no lo haces tan bien como si haces una sola cosa, por mucho que ejercites la multitarea”.

Los expertos como Wolf, recomiendan un tiempo diario de desconexión. No solo basta con coger un libro. Hay que alejar el móvil y la tableta para no sucumbir a la tentación. “Es importante reservar un tiempo cada día para leer desconectados de Internet. Hay que hacer un esfuerzo consciente, porque cada vez nos bombardean con más información”, aconseja Dillon.

Lector, ¿sigue ahí?

En España, el fenómeno está menos estudiado, en parte, porque la expansión de la vida digital ha sido más tardía que en el mundo anglosajón, explica Antonio Basanta, director de la fundación Germán Sánchez Ruipérez: “En España no hay estudios fiables”. Datos de la Federación de gremio de editores sí indican que se venden menos libros: 153.830.000 ejemplares en 2013 frente a los 228.230.000 de 2010. El último barómetro del CIS indica además, que la mitad de españoles no compró ningún libro en 2014 y que el 35% no lee nunca o casi nunca.

Al contrario que sus colegas anglosajones, Basanta mira al futuro de la lectura con gran optimismo. “La tele y la radio también iban a ser una catástrofe. Nunca se ha leído tanto en el mundo ni ha habido tanta información disponible. Si se maneja bien, puede ser algo extraordinariamente positivo. No se trata de poner puertas al campo, sin no de adiestrar a las personas para que extraigan el máximo rendimiento de los distintos tipos de lecturas, de la unívoca y de la plural. Picotear o leer con profundidad no son acciones antagónicas, son complementarias. Sí, hay una oferta que nos invade, pero lo que tenemos que hacer es tomar de nuevo el timón”. Basanta cree la escuela es el lugar en el que la convivencia de las lecturas debe convertirse en un objetivo prioritario. “El sistema educativo no les enseña esas capacidades”.

Corremos el riesgo de estar atontándonos, de pensar de manera más simplista y fragmentada
Un domingo de mayo, a última hora de la tarde, una quincena de personas se reúne para diseccionar Noticias de un secuestro de Gabriel García Márquez. Forman parte del club de lectura El Ciervo Blanco y la mayoría hace décadas que dejó atrás la escuela. En general, reciben Internet, los ebooks, las tabletas con los brazos abiertos, dicen que les permiten profundizar y acceder a información de una forma inimaginable hasta ahora. No tienen miedo a que su forma de leer se vea afectada por las nuevas tecnologías. “Tengo muchas décadas de libro. No creo que vaya a cambiar mi forma de leer de un día para otro”, piensa Susana Gutiérrez, una abogada de 52 años que hoy participa en la tertulia.

En la otra punta del corrillo literario se sienta Virginia Jiménez, maestra de primaria de 33 años. Su visión difiere bastante de la de sus colegas más veteranos. “Yo lo noto mucho. Ahora me cuesta mucho más concentrarme. A veces leo y tengo que volver a leer lo mismo porque no me entero”. Cuenta que sus alumnos sufren todavía más el cambio. “No se centran y tienen poca capacidad para esperar. Van muy rápido, a lo superficial y no entienden lo que leen, tampoco los que son buenos alumnos. Les preguntas dónde sucede la historia y te responden que la semana pasada”. Este artículo termina aquí. Ya puede pasar a la siguiente tarea.

sábado, 23 de mayo de 2015

El origen de Podemos

José Ignacio Torreblanca, "El viaje de Podemos: desde la calle hacia el poder", 13 de mayo 2015:

Varios libros se acercan al fenómeno de Pablo Iglesias desde el ensayo o la ciencia política. El partido que nació para renovar la izquierda decidió saltar por encima de ella.

Podemos pudo llamarse “Adelante”, pero el nombre se descartó porque era poco sexy. La otra alternativa fue “Sí se puede”, pero había un partido en Canarias registrado con ese nombre. Finalmente se optó por Podemos. La discusión tuvo lugar en diciembre de 2013 en un coche conducido por Pablo Iglesias y con Miguel Urbán, entonces amigo de este y miembro destacado de Izquierda Anticapitalista, de copiloto. Lo cuenta el periodista Jacobo Rivero en su obra Podemos. Objetivo: asaltar los cielos (Planeta, 2015), un obra bien documentada e importante para quien tenga interés en conocer la intrahistoria del surgimiento de Podemos y su posterior evolución. Rivero, que no oculta su cercanía con los protagonistas de esta historia, ni tampoco su simpatía e identificación con sus motivaciones y aspiraciones, retrata sin embargo con equidistancia la micropolítica de la izquierda madrileña de la que surge Podemos, con sus debates, peleas, envidias y obsesiones.

El libro de Rivero conviene leerse en paralelo con Pablo Iglesias: biografía política urgente (Stella Maris, 2015), del también periodista Iván Gil, que además de aportar datos biográficos interesantes sobre Iglesias, añade el contrapunto crítico del que el trabajo de Jacobo Rivero carece cuando sobrevuela los temas más delicados de la biografía de Podemos (como las relaciones con la Venezuela bolivariana o el oscuro origen de los fondos que recibió Monedero). En su obra, Gil escarba eficazmente en las inconsistencias de Podemos y su líder, ofreciéndonos un relato algo más descarnado y distante, pero sin caer en el ataque gritón o demagógico habitual en algunos de los críticos habituales de Podemos.

Del libro de Gil se desprende un dato interesante relacionado con la biografía del abuelo de Iglesias, Manuel, habitualmente presentado por Pablo Iglesias como héroe de la República y víctima del franquismo. Como presidente del Tribunal del IX Cuerpo del Ejército Republicano, y con sólo 24 años, Manuel Iglesias dictó nueve sentencias de muerte, pero se salvó luego de ser fusilado gracias a su amistad con el ministro franquista Pedro Gamero del Castillo, la intercesión del obispado madrileño, que certificó que el teniente Manuel Iglesias era un buen cristiano, y el testimonio de un policía político falangista, amigo de la infancia, que Manuel había escondido en su domicilio durante cuatro meses, salvándole la vida. Una historia mucho más reveladora de la tragedia que fue aquella guerra y que hubiera dado para una lectura más humana y menos maniquea de la historia de España y de su biografía de la que habitualmente realiza Iglesias y que ha consagrado en su libro Disputar la democracia: política para tiempos de crisis (Akal, 2014), un relato con trazo grueso y apresurado que simplifica la historia de España como una lucha del pueblo, bueno, contra la élite, mala, y que seguramente no constará entre las mejores aportaciones de Iglesias a la ciencia política.

Dejando atrás el relato micro, si quieren tomar algo de distancia y adoptar una perspectiva algo más analítica, entonces deben cambiar de muletas. Dos de ellas, también de reciente aparición, les serán muy útiles. Una primera es Podemos: la cuadratura del círculo (Debate, 2015), del colectivo de politólogos denominado Politikon, que reúne cinco breves ensayos, muy bien escritos y muy esclarecedores, que tocan casi todos los aspectos de Podemos sobre los que la ciencia política tiene algo que decir, desde las condiciones en las que pueden aparecen nuevos partidos políticos, las estrategias de campaña, los problemas y tensiones organizativos, el perfil de sus votantes y las expectativas de futuro.

La otra muleta politológica es Los votantes de Podemos: del partido de los indignados al partido de los excluidos, de José Fernández-Albertos (Catarata, 2015), un trabajo muy riguroso de este politólogo, investigador en el CSIC. Fernández-Albertos da muy buena cuenta de algunos de los tópicos más habituales sobre quiénes son los votantes de Podemos y bucea hasta el fondo en el análisis de las encuestas realizadas desde el surgimiento de Podemos. En torno a ellas articula la tesis central de su libro, con la que coinciden los politólogos de Politikon: que Podemos, aunque hable de la crisis económica, de la desigualdad y de la fractura social, no ha sido en primer lugar el partido de los perdedores de la crisis, sobre todo los desem­pleados, sino ante todo el de aquellos capaces de solidarizarse con esos perdedores. Sólo posteriormente, demuestra el autor, ha sido Podemos capaz de comenzar a llegar a los perdedores de la crisis. Esos dos públicos marcan, cuenta Fernández-Albertos apoyado en un abrumador número de datos, el suelo y el techo posible de Podemos, y explica bien los vaivenes a los que se está viendo sometidos en las encuestas. Los votos de Podemos tienen dos orígenes distintos y por tanto dos riesgos diferenciados: perder el apoyo de las clases medias urbanas que les hicieron florecer o perder el apoyo de los perdedores de la crisis que les comenzaron a catapultar hacia los cielos.

Estas lecturas ponen de manifiesto algo que, quizá por evidente, a veces olvidamos: que Podemos nace como una operación de renovación de la izquierda de la izquierda con el objetivo de sacarla de la marginalidad electoral y situarla en posición de reemplazar al PSOE. Porque aunque el objetivo final de Podemos sea asaltar los cielos, el primer objetivo de los protagonistas de esta historia siempre fue asaltar Izquierda Unida, una organización que veían anquilosada e incapaz de ofrecer una alternativa política en un momento en el que el bipartidismo se estaba deshaciendo como consecuencia de la confluencia de la crisis económica con la institucional y social. Unos, como Alberto Garzón y Tania Sánchez, intentaron e intentan esa renovación desde dentro de Izquierda Unida, con desigual resultado, y otros, como Pablo Iglesias y los miembros de Izquierda Anticapitalista, tiraron la toalla y decidieron, en lugar de asaltar Izquierda Unida, saltar por encima de ella. Podemos nació con una contradicción esencial, y seguramente insalvable, entre el grupo de Pablo Iglesias, que desde el principio concibió el partido como una máquina pensada para ganar elecciones recurriendo a técnicas avanzadas de mercadotecnia y comunicación política y los que, desde Izquierda Anticapitalista, concibieron el partido como el instrumento político para representar en las instituciones a los movimientos sociales surgidos al calor de la crisis. Parece evidente que esa alianza puramente circunstancial y táctica entre dos filosofías políticas y estrategias organizativas completamente antagónicas, que los cuadros de Izquierda Anticapitalista informalmente denominaron Operación Coleta, sólo puede sostenerse mientras acompañen los resultados electorales. ¿Es Podemos, por su origen, más vulnerable a unos malos resultados que otros partidos políticos? La respuesta a partir del día 24.

José Ignacio Torreblanca es profesor de Ciencia Política en la UNED y autor de Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis. Debate. Barcelona, 2015. 218 páginas. 15,90 euros (9,90 digital)

Biografía política urgente. Iván Gil, Pablo Iglesias. Stella Maris. Barcelona, 2015. 224 páginas. 19 euros.

Los votantes de Podemos: del partido de los indignados al partido de los excluidos. José Fernández-Albertos. Catarata. Madrid, 2015. 112 páginas. 14 euros.

Podemos: La cuadratura del círculo. Politikon. Debate. Barcelona, 2015. (1,49 euros, electrónico).

Podemos. Objetivo: asaltar los cielos. Jacobo Rivero. Planeta. Barcelona, 2015. 320 páginas. 16 euros.

El futuro según Silicon Valley

Thomas Schulz, "Silicon Valley, la tierra del mañana", 17 mayo 2015:

En Silicon Valley está surgiendo una nueva élite de ingenieros y pensadores que no solo quiere decidir lo que consumimos, sino también cómo vivimos. Pretenden cambiar el mundo y no piensan aceptar las reglas tradicionales. ¿Debemos pararles?

A juzgar por todo lo que se oye de él, Travis Kalanick, fundador y jefe de Uber, parece un cabrón. Insulta públicamente a sus competidores y se ríe de sus clientes en Twitter. A los políticos los considera unos incompetentes. Kalanick da a entender que a él le resulta tan fácil llevarse a las mujeres a la cama como a otros llamar a un taxi. A las protestas de sus conductores por las malas retribuciones responde vaticinando que, de todos modos, en el futuro serán sustituidos por ordenadores.

A Uber le han bastado cinco años para extenderse desde San Francisco a más de 50 países, pese a las resistencias (en España su servicio está suspendido). Es un producto excelente. En la mayor parte del mundo, no solo es más barato, sino mejor que cualquier taxi. En el fondo, podría dar igual cómo fuera el jefe, pero en este caso la cosa no es tan sencilla, ya que la empresa es un reflejo de su fundador: agresiva, desaprensiva y exageradamente ambiciosa. Cuando la ciudad de Portland (EE UU) prohibió Uber porque incumplía la legislación, a Kalanick le dio igual y siguió adelante con sus planes. El jefe de la autoridad del transporte de la ciudad no daba crédito: “Se creen que pueden presentarse aquí e infringir la ley. Es increíble. Por lo visto, se creen Dios”. La oposición es similar en muchas otras ciudades en las que Uber hace caso omiso de las decisiones de los tribunales. Pero para Kalanick todo esto no son más que refriegas en una guerra de conquista mucho mayor: convertirse en un gigante de la movilidad que transporte personas y mercancías, a cualquier lugar, simplemente pulsando una tecla y a precios económicos.

Uber no es la única empresa en busca de la conquista planetaria. Así es como piensan todas: Google y Facebook, Apple y Airbnb, los demás gigantes digitales y miles de empresas pequeñas que siguen su ejemplo. Su meta es el mundo entero. Tienen la vista puesta en objetivos muy realistas. Todo esto es posible gracias a la combinación de dos elementos con un impacto sin precedentes en la historia de la economía: globalización y digitalización.

El progreso tecnológico ha sido vertiginoso. Lo que está en marcha es una transformación social de la que, al final, nadie podrá sustraerse; una revolución comparable con la industrialización del siglo XIX, solo que ahora todo sucede mucho más deprisa. El nuevo gobierno mundial tiene su cuartel general en ­Silicon Valley. Son fundadores y directivos de empresas como Serguey Brin, de Google, Tim Cook, de Apple, y Mark Zuckerberg, de Facebook, y arribistas como Travis Kalanick, de Uber, y Joe Gebbia, de Airbnb. También inversores de capital riesgo que van repartiendo millones, además de innumerables programadores, genios de la informática e ingenieros.

Entre los nuevos amos del universo y sus predecesores de Wall Street hay una diferencia fundamental: para los primeros, lo más importante no es el dinero. No les basta con el poder que da la riqueza. No quieren dictar simplemente lo que consumimos, sino también cómo vivimos. No quieren conquistar un solo sector, sino todos. No se dirigen hacia el futuro con paso vacilante, sino que son ideólogos con una agenda bien clara. La religión de los señores de Wall Street era el dinero. La fe de los nuevos dirigentes va mucho más allá. La impulsa una idea. Es la fe en una misión.

Los visionarios de Silicon Valley pretenden sanar a la humanidad. Creen en un futuro mejor gracias a la tecnología del mismo modo que un hinduista convencido cree en la reencarnación. Están convencidos de que trabajan por el bien de la humanidad. Pero no les gusta que la gente se entrometa. Aborrecen la política y consideran que la regulación no solo es un obstáculo, sino un anacronismo. Si ese nuevo mundo maravilloso se ve interceptado por valores sociales tales como la esfera privada o la protección de datos, es que hacen falta valores nuevos. Encuentran las raíces de su tarea de traer la felicidad a la humanidad en la contracultura de los años sesenta que ya influyó a Steve Jobs. Su visión del mundo se guía por ideas libertarias en la tradición de pensadores radicales como Noam Chomsky, Ayn Rand y Friedrick Hayek.

¿Debemos lanzarnos contra estos nuevos conquistadores del mundo? Hay algo más: el de Silicon Valley es un mundo masculino. La directivas como Marissa Mayer, presidenta de Yahoo, son la excepción; algunas empresas emergentes no contratan a mujeres, a las emprendedoras les cuesta mucho más conseguir inversores. ¿Pueden las visiones globales ser unilaterales?

Algo es seguro. En los próximos años se producirá un debate mundial acerca de cómo regular el universo digital. Quien desee contribuir a diseñar ese futuro debería conocer a fondo Silicon Valley y a sus líderes. Cuatro encuentros con destacados gurús abren una ventana a ese universo.

En general se admite que Ray Kurzweil es un genio. Es director de ingeniería de Google, ha recibido 10 doctorados honoris causa, inventó el escáner de cama plana y el primer sintetizador de voz, y posee otras varias docenas de patentes. Kurzweil dedica su vida a reflexionar sobre la tecnología, y hace algunos años concluyó que en 2019 los ordenadores podrán hacer lo mismo que los seres humanos, solo que mejor. Tiene 67 años, pero es tan ágil y tiene tanta energía como si tuviese 35. Cada día toma 150 pastillas entre vitaminas, minerales y enzimas, y se inyecta dudosos complementos dietéticos. Su meta es resistir hasta que la tecnología esté en condiciones de prolongar la vida humana. No le cabe duda de que ese momento no está lejos. Al fin y al cabo, Google y otra docena de empresas ya están trabajando a toda máquina para detener el envejecimiento y derrotar al cáncer.

La religión de Wall Street era el dinero. La fe  de los nuevos dirigentes va mucho más allá
La fe radical en el progreso ha sido siempre el rasgo distintivo de Silicon Valley, desde que, hace 50 años, sus ingenieros empezaran a fabricar los primeros microchips. Hace ya más de una década, Kurzweil sintetizó este optimismo tecnológico en un único concepto: singularidad. El término hace referencia al futuro en el que los seres humanos y las máquinas se parecerán tanto que la humanidad será catapultada en un instante al siguiente estadio de civilización. Será una especie de reacción en cadena provocada por la aceleración mutua de diversas tecnologías que, de golpe, harán posible lo que hasta entonces solo existía en las novelas de ciencia ficción: máquinas inteligentes, la prolongación de la vida, hologramas tridimensionales. Será una especie de nuevo big bang digital. “El cambio tecnológico será tan rápido que la vida humana se transformará irrevocablemente”, dice Kurzweil en su libro La singularidad está cerca.

Cuanto más se impone la digitalización, menos descabellada suena la idea de la singularidad. La potencia de computación y las capacidades de las máquinas están aumentando aceleradamente. La razón radica en el desarrollo humano. Los últimos 100.000 años de historia transcurrieron a nivel local y a un ritmo lineal. Ahora, el desarrollo de la civilización está siguiendo un curso global y exponencial. Hace seis años, Kurzweil, junto con un puñado de colaboradores y con una inyección de fondos de Google, fundó la Universidad de la Singularidad, cuya función es enseñar a los directivos y los emprendedores a dejar de pensar de forma lineal. El objetivo que se inculca a los participantes en los cursos, que duran varios meses, es montar un negocio que, en diez años, llegue a mil millones de personas.

En los últimos años, ninguna otra empresa ha desarrollado tantos proyectos representativos de las oportunidades y los riesgos de este nuevo mundo de ciencia ficción como Google: el coche autónomo, las gafas de realidad aumentada, unas lentes de contacto que miden el nivel de glucosa en la sangre. Todos estos inventos proceden de un único laboratorio, llamado Google X, fundado por Sebastian Thrun, un informático alemán. Thrun es el hombre de confianza de Larry Page, presidente de Google. Según sus palabras, “la singularidad ya está aquí”. No cree que las máquinas vayan a sustituir a todas las personas, pero sí a muchas. Lo bastante como para que tengamos que volver a plantearnos cómo aprendemos, cómo trabajamos e incluso cómo organizamos nuestros Gobiernos. “Una persona con el sistema correcto es tan eficaz como cien personas hasta hace poco”. Podrían desaparecer cada vez más puestos de trabajo, sustituidos por programas informáticos, un proceso que, en su opinión, ya es imparable.

Desde su juventud, a Thrun le interesan el cerebro y la inteligencia humanos. Por eso se hizo especialista en robótica. “Quien intenta conseguir que un robot sea inteligente desarrolla un gran respeto por la magnitud de la inteligencia humana”. En Silicon Valley es, a sus 47 años, una autoridad, un modelo para todos.

Ahora pasa la mayor parte del tiempo en su propia empresa, Udacity, cuyo objetivo es revolucionar la enseñanza. Ofrece los llamados cursos masivos abiertos online, programas de formación y títulos por Internet a gran escala. ¿Por qué precisamente la enseñanza? “Me gustaría cambiar la sociedad, y eso me ha hecho preguntarme cómo puedo maximizar mi influencia positiva en el mundo”, dice .

Thrun considera que la gente que trabaja en Silicon Valley es al mismo tiempo arrogante y humilde. Arrogante “porque afirmamos que podemos cambiar el mundo”. Humilde “porque admitimos que no sabemos exactamente cómo hacerlo, sino que, sencillamente, vamos probando”. “No creo en los planes ni en las predicciones precisas acerca del desarrollo de algo”, declara Thrun. “Creo en las metas ambiciosas, en las misiones”. Udacity aspira a alcanzar los 1.000 titulados diarios. “No sé cuándo lo conseguiremos, ni tampoco cómo lo haremos, pero podemos intentar trabajar cada día tan duro y a tanta velocidad como sea posible”.

En esta visión del mundo, la política es el gran enemigo, ya que es un obstáculo al desarrollo. Thrun considera probado que “las reglas se dictan para consolidar las estructuras existentes. Nosotros intentamos eludirlas”. Considera que Uber es el mejor ejemplo de cómo se ponen obstáculos a las ideas nuevas. Cuando se le pregunta si conoce a Kalanick, responde, “Naturalmente. Todos nos conocemos bien”. ¿El Estado, la Administración, también son, en último término, un sistema que hay que reinventar? “Por supuesto,”, manifiesta Thrun. En algún momento habría que sentarse y reflexionar cómo se podría gobernar de una manera más eficaz y verdaderamente democrática.

En Silicon Valley, recalca Peter Thiel, las ideas libertarias constituyen “una corriente bastante extendida”. Hasta se podría decir que dominante. Thiel es su representante más prominente. Es una de las figuras centrales del universo digital, inteligente y polémico, visionario e ideólogo jefe, un fenómeno excepcional incluso dentro de la reducida camarilla de los multimillonarios gigantes de la tecnología.

Al final de los años noventa, Thiel, junto con otros colaboradores, fundó PayPal, el servicio de pago por Internet. Esa fue la primera vez que se hizo rico. Fundó una sociedad de inversión, se jugó el dinero a contracorriente y los millones volvieron a fluir. Más tarde, fue el primero en dar dinero a Mark Zuckerberg para su recién creada empresa; 500.000 dólares a cambio del 10% de Facebook. Thiel se hizo rico por tercera vez. Ahora reparte cientos de millones de dólares entre jóvenes empresas de nueva creación, es uno de los inversores de capital riesgo más influyentes y su dinero es tan codiciado como su consejo.

Creen que trabajan por el bien de la humanidad, pero no les gusta que la gente se entrometa
La élite tecnológica ha creado una filosofía política a medida que encaja con sus objetivos. Su máxima es bienestar y satisfacción para todos mediante la máxima autonomía y el mínimo Estado posible. En 2009, Thiel publicó el ensayo La educación de un libertario. En él asegura: “Estamos en una carrera a vida o muerte entre la política y la tecnología”. El destino de la humanidad podría depender en último término de una sola persona que construya una “maquinaria de la libertad” que asegure que el mundo será del capitalismo.

Thiel es originario de Alemania. Nació en Sprendlingen, cerca de Frankfurt, pero se marchó del país cuando tenía un año. Su padre, ingeniero químico, recorrió el mundo con su familia. Pasaron por Sudáfrica y Namibia, y por fin aterrizaron en una pequeña ciudad cercana a San Francisco. En su adolescencia, Thiel era un genio del ajedrez y devoró innumerables veces El Señor de los anillos, la biblia del género fantástico. Todavía hoy da a sus fondos de inversión los nombres de lugares y personajes del libro favorito de su juventud.

El cuartel general de Thiel Capital tiene su sede en el Presidio de San Francisco, una base militar fundada por los españoles. Las oficinas están rodeadas de eucaliptos y palmeras. En el piso bajo, en la zona de la entrada, hay una estatua de Darth Vader, el personaje cinematográfico. En Silicon Valley la decoración de las oficinas siempre es moderna y juvenil, pero Thiel la prefiere elegante y distinguida. Con sus orquídeas, la biblioteca y los muebles de diseño, se parece a uno de los grandes bufetes de abogados de Nueva York.

El propio Thiel se presenta con sencillez. Lleva una camiseta gris de cuello en pico y calzado deportivo caro. Para una ocasión así jamás elegiría un traje. En su opinión, los empresarios atildados son tan solo vendedores que intentan disimular las debilidades de su producto.

Thiel no entiende que todo el mundo siga concentrado exclusivamente en Internet. Los teléfonos inteligentes y las redes sociales están muy bien, pero se han “concebido con una mentalidad demasiado limitada”. Se pregunta qué ha sido de “los sueños verdaderamente grandes” de los años cincuenta y sesenta, cuando todavía se hablaba de “ciudades subacuáticas” y del “transporte supersónico”.

Cree que deberíamos recuperar visiones mucho más básicas y esforzarnos al máximo por alcanzar un futuro “de rupturas radicales” con “fuentes de energía limpias” y “desiertos que se puedan transformar en paisajes fértiles”. Para él existe una razón evidente de por qué los ordenadores y los programas informáticos han experimentado tantos avances: ese mundo está libre en gran medida de regulaciones restrictivas. Una situación totalmente diferente de la del “mundo de los átomos”, al que pertenecen, por ejemplo, la medicina y el transporte, que está regulado estrictamente, “y por eso cuesta tanto progresar en ese terreno”.

Existen proyectos extremos de oficinas en cruceros anclados en aguas internacionales, y otros aún más extremos de fundar ya auténticas ciudades flotantes en islas artificiales que constituyan naciones tecnológicas. Thiel ha donado medio millón de dólares.

Todo esto tiene mucho que ver con una corriente de fondo infravalorada que ha dejado su huella en Silicon Valley más que cualquier otra cosa: la contracultura de los años sesenta y el profundo arraigo del movimiento hippy en San Francisco. Tiempo atrás, Steve Jobs vivió en una comuna. Steve Woniak, cofundador de Apple junto con él, lo subrayó de nuevo hace poco en una entrevista en televisión: “La contracultura significó mucho para mí. Siempre quise participar en una revolución. Los ordenadores eran solo para los ricos, y yo quería arrebatárselos”.

En los últimos 20 años, de esta extraña mezcolanza de utopías new age, ultracapitalismo e ideales estadounidenses primitivos de autodeterminación individual ha surgido una ideología propia, la “ideología californiana”. El término lo acuñaron dos teóricos de los medios de comunicación en un ensayo ya a mediados de los años noventa. Los autores se preguntaban qué había sido del espíritu libre de los hippies y del esfuerzo emprendedor de los yuppies”. La teoría se concibió como una crítica cultural, pero, en lugar de ello, Silicon Valley se ha apropiado de la idea de una ideología peculiar particular, símbolo de su posición privilegiada como movimiento para el progreso de la humanidad.

“Hace tiempo que no reflexionamos sobre las cuestiones correctas”, señala Thiel. “¿Qué tiene que suceder para que el mundo se convierta en un lugar mejor?”

Ha escrito un libro con el fin de ayudar a los nuevos emprendedores a encontrar las respuesta justas. El subtítulo es Cómo inventar el futuro. Su tesis fundamental es que los monopolios son buenos, incluso deseables. En palabras de Thiel, “los monopolios creativos hacen posible que aparezcan nuevos productos beneficiosos para todos. La competencia supone que no habrá beneficios para nadie”. Thiel sabe que los monopolios “tienen mala fama”, pero se debe únicamente a que “la competencia es una ideología”.

En consecuencia, su consejo más importante para los que están creando empresas es que busquen un mercado que puedan dominar, construyan un monopolio e intenten conservarlo tanto tiempo como sea posible.

Airbnb se ha propuesto revolucionar el turismo y poner en aprietos a todo el sector hotelero y se ha convertido en uno de los nuevos conquistadores del mundo digital, con los consabidos síntomas concomitantes: la vieja industria está conmocionada, y la política, indignada. Airbnb ofrece pernoctaciones en domicilios privados. A veces es solo una habitación, y a veces una casa entera. La demanda es tan enorme que está alterando el turismo en todo el planeta.

“Estamos en 190 países y en 34.000 ciudades. Solo esta noche tenemos 400.000 huéspedes, cada minuto se reservan 277 pernoctaciones...” Joe Gebbia se interrumpe y sonríe. Quizá ni él mismo pueda creerse del todo esas cifras. ¿Cómo ha podido pasar algo así en solo un par de años? Gebbia es uno de los tres fundadores de Airbnb. En la visión del futuro de Gebbia, Airbnb no tiene que ofrecer solo alojamientos, sino que tiene que posibilitar que los clientes “se sumerjan a fondo en el viaje”. El joven de 33 años quiere hacer de su empresa “el lugar más creativo del mundo”.

Para lograrlo hace falta un plan, una actitud mental adecuada, y para ello Gebbia echa mano de la fórmula del llamado design thinking. Se trata de una manera de pensar que se encuentra por todas partes. Cuando era adolescente, Gebbia ya soñaba con Silicon Valley, pero no quería ser informático y fue a la Escuela de Diseño de Rhode Island para aprender design thinking. “Básicamente se trata de pensar igual que la persona que va a utilizar tu idea”, aclara. Durante los primeros meses tras el arranque de la actividad de Airbnb, sus tres fundadores acostumbraban a pasar la noche con sus primeros clientes, repasando con ellos el funcionamiento de la web. “Estábamos dentro de sus cabezas”, explica Gebbia.

El objetivo de Airbnb no es ser una empresa convencional, sino un movimiento. Su función es allanar el camino hacia un modelo económico mejor para el mundo, más justo y más eficiente. Puede parecer que aplicar los principios socioeconómicos al modelo de negocio es un barniz decorativo, un señuelo. Y puede que sea así. Gebbia es consciente de que hay desconfianza. “Hemos crecido con el convencimiento de que lo mejor que se puede hacer con la propia vida es hacer la vida mejor para los demás”, dice.

Uno se puede reír de ello, juzgarlo ingenuo, desvergonzado o engañoso. Lo único seguro es que Gebbia habla en serio.

© 2015 Der Spiegel. Traducción de News Clips.

Algunos alumnos no son precisamente unos santos

I
Pilar Álvarez, Elisa silió, F. Javier Barroso,  "Una adolescente discapacitada se suicida tras sufrir acoso escolar", El País, 22-V-2015:

Una chica de 16 años se ha suicidado este viernes en Madrid. Se despidió de sus amigas por WhatsApp y se tiró al vacío desde la sexta planta de su bloque de pisos. Estudiaba en un instituto del sur de Madrid capital, en el que había padecido acoso escolar, según denunció su familia hace apenas un mes. La menor, con discapacidad intelectual y motora, contó a sus profesoras que otro alumno del centro le exigía dinero y la coaccionaba con mensajes.

“Estoy cansada de vivir”, escribió la chica en un mensaje de teléfono a sus amigas antes de arrojarse por el hueco de las escaleras. Lo hizo en la vivienda familiar que compartía con su hermano menor y sus padres en el barrio de Usera, al sur de Madrid capital. Era un poco antes de las nueve de la mañana, cuando en el instituto al que asistía estaban empezando las clases un día más. La familia relaciona directamente el hecho con un caso de acoso escolar a la chica que detectó el centro y que sus padres habían denunciado ante la policía.

"Estoy cansada de vivir", escribió a sus amigas en un mensaje.

Hace aproximadamente un mes, la familia presentó una denuncia en la comisaría del barrio después de que las tutoras de la menor avisaran a la madre de la chica de que estaba sufriendo acoso escolar por parte de un compañero del centro. Le exigía dinero y ella se puso a trabajar para conseguirlo. “Cuidaba de gente mayor y juntó los 50 euros que le pedía este sinvergüenza”, relataba conmocionado su tío a EL PAÍS en el rellano de la vivienda de la abuela, situada en otro barrio obrero de la capital, el Pozo del Tío Raimundo.

La alumna sufría una discapacidad motora y otra intelectual “de entre el 30% y el 40% que le hacía comportarse como una niña de 10 años”, según su tío. Repitió un curso y este año asistía a 2º de la ESO en el instituto en el que, según fuentes del centro, varios menores tuvieron que ser atendidos por los médicos por “ataques de ansiedad” tras conocer lo que le había pasado a la muchacha.

Fuentes de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid aseguran que no les constaba que esta menor hubiera tenido algún problema psicológico ni enfrentamientos anteriores con otros alumnos, un extremo que desmienten tanto la familia como las fuentes del centro consultadas por EL PAÍS.

Tras conocer la muerte de la estudiante, Educación envió al centro a un psicólogo y a dos inspectores que están valorando qué ha ocurrido, después de reunirse con profesores y con la única orientadora del instituto, al que acuden unos 1.200 alumnos. Sus familias han protagonizado distintas movilizaciones en los últimos años para pedir mejores dotaciones y más personal. La consejería ha anunciado que a partir del próximo lunes todos los alumnos que lo requieran serán tratados por especialistas.

Según el tío de la menor, esta le relató a sus profesoras el supuesto acoso del que era víctima y les enseñó los mensajes que recibía del chico. “No era la única a la que tenía atemorizada en el instituto, pero sí la única que lo denunció”, explica el mismo familiar.

Las tutoras avisaron a la madre de la chica, una niña “amable, superbuena y muy protectora con su hermano menor” que “reventó y contó su caso”. Ni su madre ni el resto de familiares llegaron a ver los mensajes enviados por el supuesto acosador. Cuando acudieron a presentar la denuncia a la comisaría, ella los había borrado.

Los docentes habían citado a la familia el próximo lunes en el centro para abordar el caso, según su tío, porque el pasado jueves la notaron muy nerviosa. Pero no dio tiempo: la joven ya no volverá a clase. 


II

Pilar Álvarez, "El instituto avisó a la familia del acosador de la joven que se mató. El centro madrileño donde se sucidió una menor había activado el protocolo por acoso", El País23 MAY 2015 - 23:51:

El instituto del sur de Madrid cuya alumna se suicidó el pasado viernes tras un presunto caso de acoso escolar ha abierto sus puertas a pesar de ser sábado. El director del centro convocó a los profesores a una reunión urgente ante el suceso que ha conmocionado a la comunidad educativa y por la tarde lo hicieron también los padres de los alumnos.

La menor, una estudiante con discapacidad intelectual y motora de 16 años de edad, se precipitó desde la sexta planta de su bloque de pisos el viernes tras despedirse de sus amigas por WhatsApp. “Estoy cansada de vivir”, les escribió.

La familia, que reside en el barrio de Usera, había presentado una denuncia en la comisaría hace aproximadamente un mes por un supuesto caso de acoso contra un compañero del centro, que al parecer le exigía dinero y la coaccionaba con mensajes telefónicos. Fueron los docentes del instituto, a quienes la chica contó lo que estaba pasando, los que avisaron a la familia.

Antes del suceso, de hecho, los responsables del centro se habían reunido por separado con la familia de la víctima y del supuesto acosador, según señalan fuentes del instituto y del AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos) a este periódico. Estaba prevista una nueva reunión con la madre de ella el próximo lunes porque sus profesoras la encontraron “muy nerviosa” el pasado jueves, según la familia.

El instituto había puesto hace ya dos meses en marcha el protocolo de actuación previsto en caso de acoso, según fuentes del centro y del AMPA. Los padres de alumnos habían presentado numerosas denuncias en el pasado por la falta de medios y de personal del centro, calificado como de difícil desempeño. Tiene 1.200 alumnos, 60 de ellos con necesidades especiales, y una única orientadora para atenderlos. La Unesco recomienda que haya uno por cada 250 alumnos, según señala la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), aunque la media española es de uno por cada 1.800 estudiantes, añaden.

En caso de acoso, el protocolo de la Comunidad de Madrid establece que se debe comunicar “de inmediato” a las familias de ambos implicados “y a la inspección educativa”. Fuentes del AMPA señalan que la orientadora del centro cumplió todos los pasos y lo comunicó a la inspectora. Un portavoz de la Consejería de Educación negó ayer que la inspección hubiese sido informada de este asunto antes del suicidio.

El citado protocolo prevé también que se sancione al acosador por una falta muy grave que puede suponer, entre otras medidas, la realización de actividades fuera del centro para “reparar los daños causados” o que el alumno sea expulsado hasta un mes.

La familia de la víctima —que asegura que la menor llegó a trabajar con mayores para pagar al chico— señala que éste nunca fue expulsado y que tenía problemas también con otros alumnos. Educación no se pronunciará sobre lo ocurrido, según un portavoz, hasta que no concluya la investigación abierta el viernes.

“Tenían una orientadora donde debía haber cinco”

Un caso de acoso escolar requiere vigilar muchos frentes. El principal es atender a la víctima. “Hay que escuchar al alumno y seguir adelante con la atención posterior”, explica la presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), Ana Cobos, que respalda la actuación de la orientadora del centro madrileño. “Nos consta que trabajó en este sentido”, señala.

Cobos, que mostró su pesar por el “tristísimo” suceso del instituto madrileño, sostiene que casos “excepcionales” como este representan “un fracaso de todos”. “En el acoso, y por eso es tan peligroso, hay uno o dos alumnos que actúan pero alrededor están los espectadores. Son los que conocen lo que ocurre y no hacen nada por cambiar la situación. Debemos esforzarnos por proteger al que avisa, al chivato, que no está bien visto en nuestra sociedad”.

La presidenta de los orientadores de España también considera que “no es razonable” que en un centro con 1.200 alumnos trabajara solo una orientadora. La Unesco recomienda un especialista por cada 250 estudiantes para garantizar las labores de prevención. “Este centro debería tener al menos cinco”, critica. La media española es de uno por cada 1.800 alumnos, según las estimaciones de su organización. “Hay una falta de sensibilidad de todas las administraciones agudizada por la crisis. ¿Cómo vamos a hacer un trabajo de calidad así?”, concluye

III

Pilar Álvarez, Elisa Silió, "El acosador de la niña que se suicidó: “O me das 50 euros o voy a pegarte”. La familia de la estudiante presentó dos denuncias por acoso. En la segunda habla de "cuatro o cinco" vejadores" El País26 V 2015:

El relato de lo que padeció la adolescente que supuestamente sufría acoso escolar antes de saltar al vacío el pasado viernes consta en una denuncia policial del 29 de abril. “Guarra, ¿qué dices de mí? Voy a ir a pegarte con mis primas. Me cago en tus muertos. Me vas a dar 50 euros o voy a ir con mis primas y más gente a pegarte”, le escribió su acosador. En esa denuncia, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, relata los abusos un grupo de “unos cuatro o cinco alumnos más”. En las redes circulan ahora los nombres de esos presuntos agresores. La alarma ha cundido de nuevo en el centro, que quiere parar las especulaciones.

La menor fallecida, de 16 años de edad, fue con su madre a la comisaría el 29 de abril por recomendación del instituto en el que estudiaba, el Ciudad de Jaén (Usera), que ayer amaneció de luto con flores, velas y fotos de la chica suicidada en el patio. La adolescente, tímida y discreta, según sus compañeros, había contado a sus profesores lo que estaba padeciendo. En la primera denuncia policial —que la familia ampliaría en comisaría el pasado 18 de mayo— cuenta cómo recibía mensajes de audio y texto desde el número de teléfono del supuesto acosador, de 17 años. El primero al que hace referencia es del 15 de febrero, más de tres meses antes de su muerte. Él le exigía dinero y la insultaba por el móvil y en persona. En una ocasión, quedaron en la puerta del centro para que ella le entregara 50 euros. Había tenido que dedicarse a a hacer recados para reunir el dinero en las dos semanas de plazo que le había fijado el menor, que los usó para comprarse el abono de transporte público.

Cuando el chico se enteró de que lo había contado en el instituto, la abordó en el patio: “¿Por qué lo has contado? Si sigues hablando, van a venir mis primas a por ti”, amenazó. Los profesores conocían esos mensajes, según consta en la denuncia.

La chica contó también, y así lo recoge el escrito policial, que el menor denunciado había aplicado “hechos similares a otras compañeras del instituto, teniendo conocimiento de tales hechos la dirección del citado instituto”.

Conciencia tranquila

La dirección y un grupo de docentes consultados sostienen que el protocolo fijado se activó. “Tenemos la conciencia tranquila de haber hecho todo lo posible para ayudarla”, escribió ayer en la web del instituto el director, Luis Carlos Pérez Aguado, a quien le han abierto un expediente disciplinario. Los docentes avisaron y se reunieron con ambas familias y, según señalan distintas fuentes del centro, se rellenó el protocolo de acoso —un procedimiento burocrático muy engorroso— pero la inspectora ojeó la documentación y no se la llevó. Días después, el 14 de mayo, según los profesores, la jefa de estudios coincidió con la inspectora tras declarar en comisaría —por la denuncia de la niña— y le insistió en la gravedad del asunto.

La Consejería de Educación de Madrid sostiene justo lo contrario y ayer suspendió de sus funciones al director. “Ha incumplido el protocolo de actuación para los supuestos de acoso escolar, al conocer el caso previamente y no haber elevado la denuncia a la Dirección de Área Territorial o a la Inspección Educativa”, señala la nota enviada por la consejería. En el centro aseguran que el director se enteró por los medios de su expediente.

Pero no solo el centro y supuestamente también la inspección conocían lo que estaba pasando. La policía también sabía de las amenazas. La menor, con una leve discapacidad intelectual ("tenía problemas con el lenguaje técnico", explicó un profesor), volvió con su madre el 18 de mayo a la comisaría de Usera para ampliar la denuncia y explicarle a los policías que no actuaba solo un acosador, sino un grupo.

"Eras valiente, la clase, sin ti no va a ser lo mismo”

La alumna acosada, tímida y retraída, no era muy popular en un instituto masificado, que acoge a unos 1.200 estudiantes. Pero sí muy querida entre los más cercanos que ayer, como el resto de compañeros, le rindieron homenaje en el patio del Ciudad de Jaén con un minuto de silencio a primera hora —al que se unieron muchos padres— y con un modesto “altar” de flores, velas y decenas de mensajes en post-it.“Eras una amiga que siempre se preocupaba por los demás y dabas la cara por los tuyos”, escribió una chica. “Siempre te ofrecías para salir a la pizarra. Eras muy valiente. La clase sin ti no va a ser lo mismo”, relata otro estudiante.

Muchos alumnos de este barrio madrileño remarcaban que “por fin” la adolescente sería feliz o estaría tranquila tras meses de angustia. Más de una vez se encararon con el acosador. “Déjala, vas a por la más débil”. Cuando el viernes, a última hora, les comunicaron a los adolescentes la muerte “por accidente” de su amiga, entre lloros repetían el nombre del acosador. “Ha sido por él”.

En este caso, la denuncia añade que acosador y víctima fueron amigos durante dos años. Después, ella comentó con otra alumna que “ya no se fiaba” de él. El chico se enteró y, a partir de ahí, “son constantes los insultos” que, según la denuncia, ocurrían en presencia del resto de compañeros de clase. La incluyó en un grupo de WhatsApp donde le mandaba “insultos y audios y tras esto se leía la palabra bullying, por lo que no llegó a descargarlos”, según la denuncia. Ella se salió varias veces del grupo “siendo de nuevo incluida para volver a ser insultada y vejada”. En ese grupo, prosigue, estaba el menor, otra joven de 16 años antigua alumna del centro y “cuatro o cinco alumnos más”. Le mandaron varios mensajes “con palabras tales como zorra, guarra, puta, repitiendo estas palabras una y otra vez”, según el escrito policial. También le llamaban de números ocultos. Nunca lo cogió.

En la denuncia cuenta que hubo compañeros que la defendieron recriminando los hechos al acosador. A ellos, la alumna agredida se dirigió en el grupo del WhatsApp de clase dándoles las gracias, según ha sabido este periódico. Ella era retraída y de pocos amigos, pero la clase reaccionaba en bloque a su favor.

“Descansa en paz”

Compañeros de la chica explicaron ayer en el instituto que el alumno “le tiraba agua, le daba codazos y la obligaba a hacerle trabajos escolares”. Su familia relató que se había puesto a hacer recados para personas mayores para poder abonar los 50 euros que él le exigía.


Varios profesores señalaron ayer a EL PAÍS que el acosador “también era una víctima”, un chico con malas calificaciones, y una situación familiar “muy complicada”. En vez de expulsarlo a su casa, llevaba 10 días encerrado en la jefatura de estudios durante el horario lectivo sin salir ni en los recreos y sin móvil, por lo que supuestamente hacía días que no podía ponerse en contacto con ella mientras estaba en el instituto. En el WhatsApp del chico luce un lazo negro. En el perfil de presentación hay tres caritas tristes y un “Descansa en paz…”.