martes, 16 de junio de 2015

Sesgos

A algunos no nos cae muy bien Microsoft y sospecho que tampoco a Microsoft le caemos muy bien, pues paga (con nuestro dinero) a gente para disimularlo, entre otras cosas, con esos graciosos y eufemísticos departamentos capitalistas que llaman de "atención al cliente" que les sirven solo para prevenirse de munición legal contra reclamaciones. Los banksters, a su vez, contratan ya incluso a personal de hierro, los cajeros automáticos, para negar crédito maquinalmente sin dejar de dar grima y no será extraño que pronto sustituyan a estos servomecanismos por robots más avanzados: "Su dinero, gracias". El sueldo no se actualiza tan rápido como su cada vez más caro Windows programado para ser obsolescente; cada programa de software propietario se nos divorcia y vende una y otra vez como si fuese un falible crecepelo o cosa parecida y no más de lo mismo con la ventana lavada, como Windows, que cuesta cada vez un poco más aunque el sueldo sea cada vez un poco menos. Creo incluso que cuando ese encogimiento alcance el punto crítico ni cobraremos siquiera y seremos directamente, sin mediación estatal ni legal (dicen hay justicia en España; no sé, ¿ustedes la han visto? Y no me hablen de esa lista de pretextos y excusas que es la ley, escrita por los que la burlan) esclavos de unos bancos que, a cambio de ciertos curres de siervos de la gleba, nos dejarán vivir en una caseta y respirar la suciedad del aire en un clima cambiado a caliente infierno gracias a los miasmas de su culo industrial. Nos "echarán" de comer un sucedáneo tan inflado de hormonas como la televisión hiperactiva y mongoloide que sufrimos, configurada para personas con déficit de atención que no quieren instruirse, sino solo pasar. Pasar con el mando de un canal a otro como pasa un lector de pantallas de un enlace a otro, sin acabar nada, con ayuda muchas veces de la publi, que nos obliga al tartamudeo narrativo y mental. Somos como perros dando vueltas en torno al lugar donde no les dejan pasar. Eso si no tenemos la suerte de ver lo mismo que vimos ayer, anteayer, otrora, antaño, una vez, y otra, y otra más, y más otra vez.

Más que mejoras, lo que le compramos a Windows con cada actualización es la publicidad, los gastos publicitarios de la nueva versión. Ese es el gran secreto del capitalismo: que pagamos por la publicidad de lo mismo que ya teníamos. La plusvalía ha pasado a ser coste publicitario. He mirado la cartelera de los multicines (¡qué sueño, tener tantas salas... para ver nada más que franquicias, segundas, terceras, enésimas partes: Jurassic World (al menos les da ya vergüenza poner el número), Insidious cap. III (a estos no), San Andreas (adaptación de un videojuego sin argumento: consiste, como la mauoría, en matar y sobrevivir con explosiones continuas, al estilo Michael Bay), Campanilla y la leyenda de la Bestia (reciclaje disneyano de personajes ya existentes en leyendas no existentes; creo yo que llegaremos a ver "el sobrino de Superman"). Y la informática, que es única para resolver problemas que no teníamos antes de la informática, nos empobrece cognitiva, humana y culturalmente. Veamos.


En primer lugar, como muchos expertos ya han afirmado, degenera la fórmula de lectura que nos hizo posible progresar sin interrupción a lo largo de tres milenios, porque dispersa nuestra atención de forma que perdemos su punto focal y abarcamos más de lo que podemos entender, desviándonos del propósito inicial de toda lectura, que es comprender íntegra, ordenada y profundamente una sola cosa. La cultura electrónica impone la multitarea y el desenfoque. Leer en pantalla conectada e incrustada con enlaces (links), banners e imágenes nos hace desechar cualquier propósito inicial y conduce nuestra mirada a otros lados, siguiendo los bandazos del interés, destroza la homogeneidad semántica del texto y desintegra, al par que nuestro discernimiento, nuestra voluntad, de forma que nunca llegamos a obtener una respuesta al propósito inicial que impulsó la lectura ni podemos saber dónde concluirá la misma. Leer pantallas desestructura y desencuadra por complejo la precisa jerarquía cognitiva de nuestro cerebro, haciéndolo pasar de una lectura profunda o pura intelección a un puro surfear entre datos e imágenes difusas que impide cerrar en un todo resumible y conceptuable cuanto se procesa.

En segundo lugar, la cultura electrónica deteriora nuestras relaciones humanas: impide el trato directo con los semejantes de nuestra inmediación (alguno hay incluso que no puede hablar con su esposa si la tiene al lado a no ser que espere turno con el móvil), impide el olvido de los errores -Internet, como Dios, jamás olvida los pecados- facilita el acoso escolar o adulto e impone todo tipo de máscaras falsarias (claves, sobrenombres o nicks), asedios publicitarios, compromisos incluso con gente que no conoces o no quieres conocer en la vida, te exige continuamente "puestas al día" y te hace víctima de todo tipo de virus, trolls y pedradas en el anonimato. Como ha multiplicado las fotos de famosillos a costa de la abstracción que reclaman las palabras, la gente está terminando por pensar en imágenes, como los animales, y se ha transformado en meros perros de Pavlov. Como esos perros, estamos entrenados para servir a los medios electrónicos que nos rodean; y la servidumbre "de la imagen" ahora ya es una esclavitud pura y dura a las modas y los estereotipos del capitalismo y su ley de consumo, que incluso ha transformado al amor en puro consumo: los seres humanos son de usar y tirar, como un condón. Las redes sociales nos atan a todo tipo de compromisos y somos incluso esclavos de juegos de gps (Ingress) que nos tienen localizados en todo momento y nos exigen movernos a determinados lugares, como también los móviles: miles de preguntas y mensajes que exigen "conexión" y respuesta aunque sea con una futesa o frivolidad, porque, si no, se acumulan como la nieve a la puerta en Nueva Inglaterra. Y, además, la Interred, Entretela o Entrerred de Internet es el paraíso del falsario y una biblioteca de Babel. Lo dijo Manuel Vicent: "El ciudadano anónimo no es consciente de que para las redes sociales no es sino un insecto a merced de una telaraña". La gente está tan conectada a la red que luego no puede desenchufarse, y de hecho ya empieza a haber clínicas para curar la adicción a móviles, redes sociales y demás. La araña electrónica nos tiene inmovilizados y nos devora. Antiguamente era la beatería: la iglesia ocupaba el centro de esa red que era el mapa de una ciudad; hoy las redes son diferentes, aunque exigen no menos rezo y comunión servil. Incluso existe el tic compulsivo de "mirar" (asomándose a Windows o no) en las redes, no siquiera en ordenador fijo, sino en móvil. Algunos ya incluso no solo se acuestan, sino que sueñan con el móvil y animaciones como las de esos juegos: hay negocios incluso que comercian con ese tipo de adicciones, como con el opio las había en China. 


No menor es el deterioro que provocan en la cultura. No mencionaré aquí la pobre narrativa de los videojuegos y su ruptura absoluta con las tradiciones, que ya ni siquiera renuevan, sino que se permiten ignorar, simplemente; evocaré tan solo los males que provoca el uso de textos electrónicos (corregidos por necios servomecanismos procesadores de texto capaces de transformar con su corrección automática a un Garcilaso en un Gracilazo, solo por creernos seseantes hispanoamericanos y no tener a los autores clásicos en su paleto diccionario). Estos procesadores y programas análogos están convirtiendo la red en una basura de malas traducciones, ya que los programas de traducción automática aún son incapaces de entender el lenguaje figurado, la menor metáfora y la diferencia entre el nombre propio y común; cualquiera que marche buscando traducciones de letras de rock anglosajón podrá confirmarlo, por no hablar de los dislates que cometen los programas de reconocimiento óptico de caracteres u OCR. Todos estos mecanismos, queriendo devaluar las humanidades, no hacen sino subrayar su necesidad y, por poner solo un ejemplo, gracias a los sistemas de corrección ortográfica automática muchos han olvidado la poca ortografía que sabían de manera tal que la media de respeto al lenguaje ortográfico actual (incluidas las taquigrafías estúpidas de los mensajes de texto) es muy inferior a la de hace un decenio y sigue bajando; es más, los procesadores cometen errores de una tipología diferente y mucho más insidiosos, casi siempre relacionada con homónimos y parónimos. Todo eso se puede probar fácilmente aquí mismo, en los comentarios a cualquier nota, apunte, apostilla, entrega, reporte o post de la prensa electrónica.

Por último, hice un experimento y, en vez del minimalista Google (que también cobra un precio por la información gratuita, pero en privacidad), usé el buscador Bing con toda la mugre, no por electrónica menos hedionda, que presenta MSN; salió en tropel para aplastarme tal cantidad de cartelones o banners que me arrepentí de inmediato. Pero no me fui: los analicé uno por uno, contraviniendo la norma no escrita de una cultura sin voluntad ni sistema como esta, donde leer es saltar de una cosa a otra distinta y no se termina ni asimila nada complejo. 

Como en la narrativa universal, en las imágenes y noticias que pegan a nuestra viajera retina todo se reduce a dos elementos bastante afines: engaños y secretos. Cualquier culebrón, periódico o política sin estos ingredientes es nada (o no es nada, si queremos ser castizos). Y serían las caras de la misma moneda del César si no hubiera que sumar un tercer componente: el sesgo interesado y económico de los accionistas, que no activistas, políticos del capitalismo, con su americanización, reduccionismo, publicidad del miedo para que la manada discurra por las sendas conocidas y se vendan las armas y productos previsibles para la mercadotecnia, así como la mala educación necesaria para hacernos tragar y pagar todo eso (si digo mierda Manuel Valero me llama basto). Esa es la factoría que fabrica la triple moneda.

Primer banner. "Cómo aprender 30 idiomas". Primera mentira; ni tiempo ni talento tenemos los más para eso; pero se ve que la cantidad importa más que la cualidad en la mentalidad de quien redacte este derelicto (significa mierda, pero en porfirogéneta); a mí, por ejemplo, solo me interesarían dos o tres (si pudiera pagar lo que cuestan, sacar tiempo y prescindir de los hijos que tengo que criar y las cargas habituales del hombre común -lean algunos: estúpido- que engendra hijos y tiene abuelos con pensión insuficiente en casa, cosas que también son cantidad, pero solidaria), y solo para entender, traducir y compartir textos interesantes inéditos, no para presumir o decir "mi sastre es rico". Este anuncio va dirigido al 0,001 de superdotados que hay en el mundo o a Napoleones con delirio de grandezas, a esos egos superinflados a los que se dirige la parte leonina del publicismo o a los que se admiran de las dimensiones del Universo porque son similares a las de su yo. Cuánta pretenciosidad y desproporción: treinta idiomas. Como si no supiésemos que solo los ricos pueden permitirse aprender idiomas porque pueden pagar guarderías multilingües, ir a colegios hispanoalemanes, tener niñera filipina que les hable en inglés, poder tener amigos de la infancia -cuando es más fácil aprender idiomas- de otros países, pagarse años enteros en otros países y, en fin, costearse aprender idiomas como sin querer. Los ricos aprenden idiomas no porque sean más listos, sino porque pueden pagárselos. Pero Internet privilegia la extensión y la dispersión frente a la profundidad, la posibilidad de elegir frente a la elección concreta. El retrato robot del consumidor publicitario es un gilipollas america o un tecnopaleto americanado enchufado a todas las provincias del mundo, un mundo sui generis completamente americano donde todos los idiomas son traducibles al inglés; se nota que en América hasta los kilómetros son más grandes y se llaman millas. Así que el periodista, que seguro ha traducido del english y no se ha molestado en mirar por otras ventanas que las de Windows, piensa que soy tan listo, rico o filoamericano como él, que tengo más fe en el dólar que en el dolor que cuesta ganarlo, o que soy un loco de atar que cree que puede aprender treinta idiomas sin dedicar el resto de mi vida a ello. Nos toman el pelo. Es como esos récords inútiles (si digo esas marcas soy impreciso) Guinness... "El hombre que ha tragado más perritos del mundo de una sentada"; la verdad, cada vez que se bate una marca así, ni siquiera deportiva o con intención de recaudar fondos para propósitos laudables, uno piensa que solo se ha superado un récord de estupidez.

Un "Batman" está luchando contra el crimen en Londres. Pues que me lo cuenten cuando luche en Vicálvaro, pues parece que solo suceden cosas en USA o UK y solo de tipo "rarito", esto es, friki / cani. ¿No puede ser noticia ver a un activista luchando contra la pobreza o a Mortadelo y Filemón persiguiendo a Bárcenas en ordenadores USA (y Mortadelo se vende en treinta países, por cierto)? De nuevo la red pensando que soy un america y que me gusta disfrazarme de lo que no soy (y no soy, por defecto, anglosajón, como quiere imponerme la red): "El sueño americano produce superhéroes Marvel o DC"... Más delirio de grandezas. Pero esta lucha está perdida. ¿Cómo librarse del etnocentrismo de ultramar sin tener por ello que prescindir de tecnologías tan útiles como la bombilla o el ordenata?

Los cuerpos más raros del mundo. Más frikadas. La manera económico-capitalista de interpretar (más bien vender) el mundo presenta a una gente que se compone no de cuerpo y alma, sino de cuerpo solo (el alma no cotiza en bolsa), un cuerpo que no mora en chozas, palafitos o hipotecas, sino en gimnasios para pijofrénicos y protopepeítas que van en bicicleta a ninguna parte. El alma, el yo verdadero, algo contra lo que combaten todas las necedades contemporáneas, es para los responsos en los cementerios, y su mente, para los museos y las bibliotecas, que también son cementerios. Solo importa lo que se ve, a lo que se ve: la gente empieza riéndose del gordo y de la chica plana y termina quemando rumanos  proletarios, feos y malvestidos en cajeros automáticos y tirando los fetos a la basura. Los rebaños van al aprisco de los estadios no a leer, sino a ver (ver se vende más caro que leer, aunque no es tan caro como escuchar algo que no sea música -que pasa hoy, como más perceptible y corpórea, por la mística carmelita que tanto se consumía y anda demodé), o ruido televisivo; que me muestren una conferencia adonde hayan ido los que llenan los estadios del Real Madrid. Es imposible vender (no digamos enseñar) un concepto como "Roma" o "latín"; preferimos un gladiador en color con tableta de chocolate y guarnición de sangre que es en reality sirope de fresa, como en las películas americas, o un espartano aún más para mojar pan marica o cuando menos metrosexuable. En esas pelis los actores (y actrices) hacen del ombligo una insignia y una bandera (al ombligo le pueden poner un piercing, pero al cerebro es más incómodo). Moda ombligo: no hay nada más natural, igualitario e inculto; con este rasgo se nace y además así se evita mostrar la ultima Thule. Eso importa; antaño me distraía contando corbatas en anuncios televisivos y ahora cuento ombligos. Por no hablar de los culos. Con un culo gordo e indistinto no se puede hacer carrera política en América, aunque sí millones (Kardasians, Jennifer López). ¿Cuál fue el último presidente gordo? En América se puede ser incluso negro, pero lo de gordo sí que discrimina, aunque uno de cada tres sea gordo allí. Es el sesgo de la figura. Es la dictadura de los cuerpos Danone o las "corporaciones" pijoestéticas, no la del cerebro, que tiene demasiadas provincias y departamentos; todos los gordos de Botero son clónicos. El cerdo da más grima en un mundo perfectamente light a un pijofrénico que al profeta Mahoma y solo hay una nación: Mongolia. ¿Qué es aburrida? ¡Si es ideal para la publicidad! Sin cultura, sin historia, sin competencias para consumir, llena de bárbaros como Conan y con una geografía estéril sin diferencias culturales que simplificando reduciremos a puro desierto de Gobi. Los chinos sabían lo que hacían cuando intentaron librarse de ese imperio con una muralla, pero fracasaron: no hay murallas para el imperio de la estupidez.

¿Qué te recomienda tu horóscopo para hoy? Los caldeos nos programan el siglo XXI: lecturas en frío, sugerencias de vida para el caos de una sociedad que prefiere encontrar guías de conducta en las runas de los periódicos u otras artes oscuras en vez de en la moral de los padres, el pensamiento o lo que nos enseña la propia experiencia, cosas que desde la cuna se obstinan en evitarnos los que no nos aman, pero nos quieren usar. No es de extrañar que la gente caiga (se reordene o reconfigure) en sectas. Y además, solo son dos renglones: con eso no nos va a doler la cabeza; al menos la Biblia o el libro sagrado pastafari Hechos de Chuck Norris son más variados. Los psicólogos cobran más y los curas son... ¿qué son los curas? ¿Todavía no han hecho un pogrom los progres y enviado a los hornos crematorios a esos benditos? 

En estas majestuosas residencias  viven los presidentes del mundo. Pues que se las muestren a ellos. ¿Qué tengo yo de presidente? ¿Me tiene que interesar una casa que no puedo tener? ¿Es una alabanza rastrera a mis deseos de niñato de ser más que nadie y campeón de la liga? ¿Por qué quieren crearme unas espectativas propias de un adolescente que cree que el mundo gira en torno suyo y puede pagar la hipoteca del universo entero e incluso la de un cagadero presidencial? ¿Tan "majestuoso" crédito creen que tengo en el banco como para alquilarme esas cabañas? ¿Y por qué quieren metérmelas por los ojos? ¿Para que las compare con la mía o por países, como comparan pililas o cromos balompateros los niños? ¿Quieren que comparta la sensación de poder o riqueza que ostentan esas imágenes asumiendo un orgullo insano y despreciable? ¿O quieren darme un curso de arquitectura sin que me entere? Para eso, que me enseñen, no que me informen y distraigan. ¿O que sienta el venenoso pecado capital de la envidia y la rebelión de clase, porque es la única manera que tienen de hablar de Marx sin que les echen del Hola? Que me enseñen la hipoteca que pagan, si la pagan siquiera, que igual hasta se la pagan los bancos de los que serán consejeros o, mira qué cosas, ciudadanos con hipoteca como yo. ¡Rencor burgués! Me quieren suscitar un pathos retórico porque es más barato que que el ethos y el logos. Hagan pensar a la gente (logos) y no les carguen tanto las pilas de la indignación (pathos) o el orgullo de los suyos (ethos), que estos dos últimos móviles retóricos son los mayores asesinos de la historia; el otro, por el contrario, no ha matado una mosca. Y sería de desear que, además, se aludiese algo a la cultura pasada: no todo han de ser noticias para gañanes, pegujaleros o incluso políticos, que ya sería el colmo. 

El secreto de los abdominales de Shakira. Uno de los "secretos" a voces de que hablábamos. Presuponen que para muchas mujeres (y no pocos hombres) el sentido de la vida es no tener culo gordo o salir en el Hola con tableta Zahor, sonrisa Porcelanosa y cuenta en Suiza. Bienvestidos y requetepeinados a lo antipepón, pero pepero. Vuelve el cuerpo. Cuánto cuerpo hay en papel de celulosa o fotones; es la dictadura de la "presentabilidad". La prensa, digital o no, ha sufrido liposucción: se ve (no se lee: eso da dolor de cabeza, si no es que la misma lectura es un dolor de cabeza... suponiendo que tengamos cabeza y no abdominales de Shakira, que se tiñe no ya el pelo, sino las palabras y el ego). Hay que quedar bien en la foto. Al texto que le den.

Cuáles son las 25 mejores ciudades para vivir. Qué importante es el número para esta gente: se ve que las cantidades han sustituido a las cualidades; capitalismo over, over, over. Con la generalización de la fotografía more móvil, la imagen, que entonces ya era algo, ya lo es todo. Internet ya solo consiste en la dictadura de quién ofrece más imágenes o enlaces alternativos para disolverse en la nada de la estupidez como un azucarillo, mientras que esconden las alternativas reales (las que no llevan sesgo). Y de nuevo una galería de postales; quien me las enseña quiere que haga (que pague o consuma) turismo antialpargata, que pase o resida con itinerancia o sea un erasmus de la vida (en la imaginación, que por algo empieza con imagen-) y me evada bien evasivo del sistema becario-bancario nacional que no educa, sino "prepara". Supongo que no me recomedarán un viaje a Djibouti, Palmira, Dakar o Calcuta, porque a esas ciudades se va a morir y a compartir lo único que nos hace humanos, el sufrimiento, no a vivir como vive el pepeísmo ataporcino, recolector y beneficiario. Qué optimista es la prensa: solo te vende lo que se puede vender... o lo que sirve para vender banners y publicidad maleducada, como esa que te salta a medio vídeo de Youtube sin haberte advertido ni pedido permiso. Es glorioso que a mitad de la Pasión según San Mateo te vendan condones con un sonido chillador de grillo que no has ajustado, y diez minutos después te vuelvan a asaltar porque te creen tan tonto que estiman que lo has olvidado (el deseo de no comprar el producto que te venden jamás en la vida, digo). Te quieren marcar como marca el martillo machacando la cabeza del pobre clavo. En el pasado, la gente pagaba canales para no tener publicidad. Consiguieron (codicia marrana) que la publicidad entrara también en esos canales (la codicia, como la mugre, es líquida y se filtra por todas partes): ahora la gente paga... por consumir publicidad, pues ese paquete circular de películas ya las hemos visto todas varias veces varios años seguidos una y otra vez: es como comer gachas durante años. Pagar varias veces por lo mismo, el supremo invento capitalista. ¿Por qué nadie investiga el asesinato de medio siglo de cine a blanco y negro o no americano? ¿Es que pregonan valores que no se venden como los actuales? ¿Solo se hace cine america o americanado? 

Sofía Vergara envía romántico mensaje a su prometido. Muchos enviamos de eso, no es noticia, así que debe ser cosa de marcas y patrones para implantar la suprema Homogeneidad con hache de Jehová. La que quiere tener la masa del pan sin cocer. ¿Tener una marca de tetas es romántico y por eso cualquier tetuda con nombre de marca que envíe mensajes los hace más románticos o más becquerianos, diríamos? ¿Sofía Vergara eres tú, valga Mocedades, aunque con algunas tallas más? Para eso prefiero la foto de ella (perdón, quise decir del cuerpo de ella: los pronombres son demasiado abstractos y presuponen identidad, ego, alma): los mensajes que se los guarden, pues Sofía Vergara no es ni un nombre ni una persona, sino una marca de cuerpo, quid de tetas. Porque Vergara, de nombre de pila tan bonito, es esas tres cosas de que hablábamos al principio: lo que representa (un engaño): la madre y esposa cariñosa de la ficción; lo que es (un secreto: una madre que congela sus ovocitos y con una vida sentimental nublada y aun de tormenta tropical) y lo que la emplea (una marca de imagen, una marca de cuerpo, quizá de tetas, o incluso de voz: una voz seseante que ni siquiera es suya, sino de una dotada actriz de doblaje; un estereotipo de hispanoamericana de consumo estadounidense: puro etnocentrismo; que lo consuman los saturnianos que lo engendran).  

Kate Middleton y el príncipe Jorge: tarde de polo. ¿Limón o naranja? ¿Camy o Avidesa? Me parece que a los que no son anglos les va mejor lamer las pelotas de un deporte que conocen mejor y consiste en dar patadas, algo muy cultural, como esas asociaciones culturales de pueblos que consisten en comer, beber e ir al fútbol o a la romería. Hay "marcas" menos anglosajonas de biemparimiento y pijofrenia porfirogéneta, como Letizia, con z registrada, o el pseudoborbónico Felipe el Preparado; es una marca política esta de Felipe VI que se vende muy bien en la España que nos compraron, esa del monopolio monoárquico donde no hubo ni cómo comparar monos. Dijo Quevedo cuando se estaba muriendo que "hay cosas que solo son un nombre y una figura"; quizá se reencarnó en Don Draper.

¿Los niños deben usar tablets desde la cuna? ¿Era chiste lo de que en diez años los niños nacerían con móvil incorporado en la cara? De momento ya duermen con él, mírenlo, mírenlo. Todo esto es tan siniestro que da grima comentarlo: que Internet se acueste con tus hijos e incluso con tu mujer antes que tú. En el futuro seremos cyborgs o borgs simplemente (es más económico, más breve, más visual, más anglo: con menos letras, con menos concepto, con más diseño, con más dibujo, con más arte, con más Jobs). Al poeta Algernon Swinburne que le den por retambufa, que amaricona y se desfigura con el lifting del hipérbaton y usa un diccionario llenito de potingues y no el del español basic, que contiene solo tres voces: "Sí", "no" y "si eso".

Siete mitos sobre la alimentación. Qué poco rurales son en los medios electrónicos: en vez del mildiu y "no llueve" les priva lo que comemos y que sea escuálido en nutrientes para que lleguemos bien viejecitos a una jubilación más escuálida aún o directamente sin caudal, porque lo desviaron los del Pepé con un transvase a los bancos; tampoco les preocupa si hay gente que no puede pagarse esas dietas que otros cobran. Nos tendrían que interesar más bien no los mitos (esas mentiras de que hablábamos al principio), sino las verdades; diré la más flagrante: el 30 % de los niños españoles no recibe una alimentación correcta (digamos que recibe una alimentación light de platos "a la Rajoy") a causa de la pobreza infantil, que es también la de los padres culpables de engendrar proletarios, no pijofrénicos que jamás hayan ido a esos menguantes comedores escolares para innecesarios necesitados.

Me preguntarán ahora si la Informática y la información de que es cauce no tenga algo bueno. Lo tiene: permite circular y compartir estas cosas. Porque este artículo no deja de ser, también, una gavilla de sesgos: los sesgos de un ludita, enemigo condicional de la tecnología incondicional. Si habéis conseguido llegar al final del mismo, pues es algo a lo que Internet no inclina.

Síndrome de Burnout

I
Ana Torres Menárquez, "El síndrome del trabajador quemado", en El País, hoy:

El desgaste profesional puede deberse a una mala organización de las tareas por parte de la empresa o a la propia autoexigencia. 

Sobrecarga de trabajo, expectativas demasiado altas o falta de directrices claras por parte de los responsables de una empresa. Hay múltiples factores que pueden conducir a un empleado a sufrir burnout, en español síndrome del trabajador quemado. “Todavía se está estudiando la definición más exacta, pero se refiere a un estado de agotamiento y un sentimiento de falta de eficiencia que derivan en negligencia con los objetivos a cumplir por parte del trabajador”, señala Jesús Montero-Marín, psicólogo clínico e investigador en el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud.

El término no es nuevo. El psiquiatra estadounidense Herbert Freudenberger lo acuñó en 1974 en el libro Burnout: The High Cost of High Achievement y lo definía como la falta de motivación o incentivos, especialmente cuando no se alcanzan los resultados deseados. Freudenberger publicó este estudio después de trabajar como voluntario en una clínica de desintoxicación neoyorkina y observar que la mayoría de sus compañeros sufría una progresiva pérdida de energía al año de empezar a trabajar, acompañada de síntomas de ansiedad y depresión. Todo ello por la falta de recompensa o satisfacción con ese tipo de empleo.

“El síndrome se origina por el padecimiento de estrés laboral crónico y la principal diferencia con una depresión es que mientras ésta conlleva agotamiento y falta de ilusión por la vida en general, el burnout se restringe al ámbito del trabajo. Si no se trata a tiempo, puede acabar afectando a todos los niveles”, señala Antonio Cano, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y la Depresión.

¿Cómo puede una persona saber si lo padece? Si se levanta habitualmente cansado y sin ganas de ir a trabajar pese a haber descansado más de siete horas, siente que está dejando de lado su vida personal para atender sus tareas laborales y lo que inicialmente le proporcionaba desafíos y gratificaciones le resulta indiferente, ahí puede saltar la alarma. Otro indicador es que la calidad de las interacciones con las personas a las que atiende sea cada vez peor, o que tenga el sentimiento permanente de ser ineficiente. “A nivel psicosomático se puede manifestar con insomnio, problemas en la piel, dolor de cabeza… A cada uno se le puede manifestar de una forma distinta, según su tolerancia al estrés y sus características personales”, indica el psicólogo Jesús Montero-Marín, miembro de un grupo de investigación sobre burnout integrado por la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud.

Tres niveles de burnout

El grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud ha identificado tres perfiles de burnout:

- Frenéticos: son aquellos trabajadores que tienen la sensación de estar sobrecargados, abandonando su vida personal y su salud para atender las tareas laborales.

- Sin desafíos: se sienten indiferentes hacia las tareas que tienen que realizar. No se sienten motivados y tienen en mente cambiar de trabajo. Suele asociarse a profesionales ligados a trabajos de tipo administrativo o burocrático.

- Desgastados: sienten que no controlan los resultados de su trabajo y que no se les reconoce el esfuerzo. Finalmente, optan por ser negligentes y por abandonar sus responsabilidades.

Los tres estadios requieren de un terapeuta que diagnostique el grado y ayude a reorganizar los pensamientos, sentimientos y conductas.

Montero sostiene que el papel de las empresas para prevenir este síndrome es esencial, ya que muchas veces se debe a la falta de organización de la propia compañía. “Estilos de mando excesivamente rígidos que no permiten al trabajador tomar decisiones, horarios poco flexibles o formas inconsistentes de premiar o castigar el esfuerzo son algunas de las dinámicas que deben analizarse y modificarse”, asegura el psicólogo. Una de sus recomendaciones es que las empresas integren en sus programas formativos talleres que enseñen a sus empleados herramientas para hacer frente al estrés. El procedimiento a seguir es que un grupo de expertos evalúe el nivel de agotamiento de la plantilla, diagnostique el estado de los trabajadores y ofrezca un tipo determinado de intervención, normalmente basado en técnicas de relajación como el Mindfulness -práctica de origen budista que sirve para tratar problemas a asociados al estrés y al dolor crónico-.

Su última experiencia fue con el grupo Inditex, donde comprobaron que tras dedicar los últimos diez minutos de la jornada laboral a realizar ejercicios de estiramientos, los indicadores de agotamiento de los empleados se redujeron de forma notable. “El capital humano es un valor muy importante de las compañías. A una persona formada que desempeña bien su trabajo, hay que cuidarla”, remarca Montero.

Aunque las personas que sufren este síndrome requieren la intervención de un terapeuta para restaurar sus pensamientos, emociones y conductas, este especialista recomienda seguir estas pautas:

Reducir los niveles de activación. “Se trata de hacer higiene a nivel de carga de trabajo”, señala Montero. Si en la oficina es complicado disminuir las tareas, hay que buscar un momento del día para dedicarse al ocio, tanto a practicar deporte como a hacer vida social para no tener la sensación de soledad y aislamiento. Este punto también implica cambiar los esquemas mentales. “Hay mucha gente que cree que si no hace las cosas perfectas no están bien hechas. Hay que enseñarles que los resultados no dependen únicamente de ellos. Otros piensan que no se valora su esfuerzo y que hagan lo que hagan cobrarán lo mismo a final de mes. Esa es una respuesta de adaptación al estrés que provoca que de manera inconsciente vayan reduciendo su nivel de implicación”, explica.
Llenar de significado el trabajo. Consiste en identificar nuevas metas y desafíos. El modo de conseguirlo es abandonar la conducta de hacer las tareas de forma rutinaria y hacerlas de manera consciente. “A través de técnicas como el Mindfulness se desarrolla la atención plena que permite ser consciente de lo que se hace en cada momento y centrarse solo en eso”.

Disfrutar con el mero hecho de hacer bien las cosas. Esperar únicamente gratificaciones económicas al final de mes es un error. “Aprender a sentirse satisfecho con un trabajo bien hecho es crucial, entender que las recompensas nunca van a ser al 100% porque no existe la perfección”, detalla Montero.

En España no existen datos del nivel de burnout entre los trabajadores. El grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud publicó en 2011 un estudio que señala que el 30% de los profesores de primaria de las escuelas públicas aragonesas podría sufrir el síndrome, un porcentaje que en el caso de los docentes de secundaria podría superar el 40% y en el de los empleados de las universidades -personal administrativo, investigadores y profesores- podría rondar el 18%. “El diagnóstico no es fácil. En España hay muy pocos psicólogos especializados en burnout. Todavía queda mucho por investigar”, apunta Jesús Montero.


II

Ana Torres Menárqguez, "Calentar la silla no es productivo" El País, 17 FEB 2015:

Pese a las políticas de conciliación, los trabajadores hacen más horas por la presión de los jefes y la cultura del presentismo en España. Los horarios flexibles aumentan hasta un 19% la productividad.

En los países nórdicos a las 17.00 horas se apagan las luces de la oficina. Si alguno de los empleados sigue ocupando su silla, debe tener un motivo de peso. La jornada laboral está programada para trabajar de forma intensiva y obtener a cambio un equilibrio entre la vida personal y la profesional. En España ya se han empezado a instaurar los horarios flexibles, que dan un margen de varias horas tanto en la entrada como en la salida, también funciona el trabajo a tiempo parcial o el remoto desde casa. Pero a diferencia de lo que sucede en países como Noruega, se sigue valorando el presentismo. Pasar largas horas frente al ordenador está bien visto.

“Muchas empresas del IBEX 35 tienen políticas de conciliación, pero no siempre se cumplen”, opina Esther Jiménez, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia de IESE Business School. Tras haber realizado un estudio en 23 países de África, Asia, Europa y América Latina con más de 30.000 personas, una de las conclusiones es que en una misma compañía unos departamentos fomentan la conciliación y otros no; depende de los jefes y no del protocolo aprobado. “Se crean entornos contaminantes en los que los trabajadores sufren mayores niveles de estrés, tienen mayor intención de dejar la empresa y baja su productividad. Todo como respuesta a las exigencias de sus superiores”, señala Jiménez. Por el contrario, según esta investigación, el rendimiento se incrementa un 19% en entornos laborales que promueven la flexibilidad.

Uno de los retos en España es conseguir que las compañías implanten “horarios racionales”, que implican flexibilidad en el acceso y la salida, un máximo de 45 minutos para comer y que la jornada no finalice más tarde de las 17 horas, defiende Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. Estas medidas aumentan la productividad entre un 11 y un 15% y reducen considerablemente los gastos de las empresas (entre ellos el energético), según las estimaciones de este organismo. “El presentismo está muy arraigado a nuestra concepción del trabajo. Es un gran error y debería ser reemplazado por prácticas que promuevan la eficiencia”, destaca.

Pero más allá de las buenas intenciones de las empresas, está la cultura laboral, y el hecho de abandonar la oficina después que el jefe es un hábito difícil de esquivar. Un ejemplo de ello es lo que le sucedió al estudio de arquitectura noruego Snohetta en 2005. La apertura de una sede en Nueva York y su intento por implantar su modelo se dio de bruces contra el modus operandi de los estadounidenses. El horario de 9 a 17 horas no casaba con su estilo de vida; estaban acostumbrados a entrar más tarde, hacer largos descansos para comer y marcharse después de las ocho de la tarde, siempre después que su responsable. Los gerentes insistían para que se ciñeran al horario noruego pero no había forma, relata la investigadora Elin Kvande, que estudió el caso de esta empresa y lo presentó en la Nordic Working Life Conference, organizada en 2012 por el centro nacional de investigaciones sociales danés.

El equilibrio entre el trabajo y la vida familiar es básico para esta compañía noruega y por ello sus empleados gozan de cinco semanas al año de vacaciones. Algo que levantó ampollas entre sus trabajadores al otro lado del Atlántico y que finalmente se calmó con un pacto: solo descansarían tres semanas y por ese motivo cobrarían más que el resto de sus compañeros de la sede escandinava.

Buenas prácticas para la conciliación:

Promover horarios inteligentes. Reducir los periodos de descanso (desayuno, almuerzo y comida) y adelantar el final de la jornada. 

Flexibilizar el horario de entrada y salida e implantar jornadas intensivas.

Formar a los directivos en liderazgo flexible. El directivo líder inspira confianza y construye vínculos fuertes y estables con la gente de la empresa. Lidera una cultura empresarial que tiene en cuenta el bienestar de las personas.

Potenciar el talento de las mujeres. "El mundo empresarial está dominado por valores masculinos y una visión rígida y cortoplacista de la empresa. Es necesario valorar la incorporación de la mujer a puestos directivos”, señala Esther Jiménez, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia de IESE Business School. “La mujer es más dada al trabajo en equipo, utiliza más el lado derecho del cerebro y por lo tanto tiene mayor capacidad de conexión con las emociones. El hombre utiliza más el izquierdo y es más sistemático”, explica en relación al libro Cerebro de mujer y cerebro de varón, de Natalia López Moratalla, catedrática de la Universidad de Navarra.

Armonizar los horarios españoles con los de los países europeos.

Conceder ayudas para guarderías.

Estos consejos han sido proporcionados por Esther Jiménez, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia de IESE Business School..

En España compañías como Iberdrola han dado un paso al frente en cuanto a la racionalización de horarios. En 2008 acordó con su plantilla, unos 9.000 trabajadores, universalizar la jornada intensiva y trabajar de 7.15 a 14.50 con 45 minutos de flexibilidad a la hora de entrar o salir. Según datos de la propia empresa, han mejorado la productividad; ganado más de medio millón de horas de trabajo al año; reducido en un 20% el absentismo y un 16% los accidentes laborales.

Otras más pequeñas, como Grupo17 (1.000 trabajores), dedicada a la prevención de riesgos laborales, también se han puesto las pilas. Hace cuatro años establecieron para algunos de sus empleados el teletrabajo, disponen de una hora para comer y de 45 minutos de margen tanto a la entrada como a la salida. A las 18 horas todos están fuera. La productividad de los empleados ha aumentado un 30%. “Los trabajadores saben que pueden contar con la empresa. Les escuchamos y si tienen motivos para llegar dos horas más tarde, no les pedimos justificantes”, explica María Jiménez, gerente del grupo.

En compañías como la consultora tecnológica Neoris, con más de 3.500 empleados en todo el mundo (750 en España), los horarios no son fijos; ya hace tiempo que se mide a los trabajadores por objetivos. “Hay muchas empresas en las que nadie ficha. Importan los resultados y se incentiva la autogestión”, asegura el vicepresidente de la compañía en Europa, Oriente Próximo y África, Pedro Irujo. Ahora están volcados en el “bienestar” de su plantilla y les pasan encuestas para medir su grado de satisfacción con los jefes, la luminosidad de sus lugares de trabajo, el ruido o el salario. Su intención es que sus empleados sientan que se preocupan por ellos. “Ya lo dijo Napoleón, un soldado motivado vale por tres”, añade Irujo.


Además, han contratado una serie de servicios para “hacerles la vida más fácil”, como uno de lavandería en la misma sede, o los conocidos tiques guardería o restaurante, con los que la empresa paga en especies y los trabajadores tributan menos IRPF. “Programamos actividades fuera de la oficina como carreras para fomentar el team building (trabajo en equipo). En el ambiente laboral se está más cohibido. Al salir, se habla de otros temas, se crea compañerismo y se confía”. No hay retorno económico. “Es una inversión en la felicidad de los trabajadores”, zanja.

La litigiosidad crece, pero los juzgados menguan: así que la injusticia y la corrupción aumentan: faltan 1000 juzgados

(Los cuadros del reportaje, en el enlace)

"La litigiosidad no para de crecer", en Nueva Tribuna 15 de Junio de 2015:

España necesita 1.000 juzgados más para atender las necesidades de los ciudadanos

Desde la llegada de Gallardón al Ministerio se han eliminado 1500 jueces sustitutos y han dejado de constituirse juzgados y tribunales.

Hasta el inicio de la crisis en 2008 la Administración de Justicia venía incrementando su tamaño regularmente. Desde entonces permanece con la misma dimensión, sin acomodarse al incremento de litigiosidad que esta grave depresión económica ha supuesto. Aunque en los primeros años de la crisis se mantuvo un modesto crecimiento que supuso la creación de sesenta juzgados al año, a partir de la llegada al Ministerio de Justicia de Alberto Ruiz Gallardón, en el año 2011, se congela la planta judicial, se eliminan 1500 jueces sustitutos y dejan de constituirse juzgados y tribunales.

Así lo explica la asociación Jueces para la Democracia que reclama la creación de mil juzgados para poner al día la Justicia.

LA LITIGIOSIDAD NO PARA DE CRECER

En un comunicado, JpD, advierte de que la litigiosidad no para de crecer. La jurisdicción social "se ha visto desbordada" por las consecuencias de la crisis y por la aplicación de la reforma laboral, que ha contribuido objetivamente al aumento de las demandas por las ventajas que para las empresas supone resistirse a las pretensiones de los trabajadores. "Además la supresión de los jueces sustitutos ha ampliado en algunos casos los tiempos de respuesta de la jurisdicción, estimulando a los trabajadores a conciliaciones perjudiciales para sus intereses".

Otro tanto acontece con el orden jurisdiccional civil –señala JpD-, también "desarbolado" en algunas localidades por la ola de litigiosidad que han supuesto las reclamaciones contra cláusulas abusivas, la oposición a ejecuciones hipotecarias, contratos bancarios, permutas financieras, preferentes y últimamente la venta de acciones de Bankia. Los Juzgados de lo Mercantil también se han visto sobrepasados por el incremento de las insolvencias empresariales y familiares, y por los litigios sobre condiciones generales de la contratación, en particular sobre cláusulas suelo, que están llevando los señalamientos a años vista. "El orden contencioso ha sufrido vaivenes y el penal se ha convertido en el recipiendario de cualquier reclamación".

TASAS JUDICIALES

Por otro lado, la asociación de jueces progresistas insiste en denunciar que las consecuencias de la crisis “han querido ser escondidas” por los responsables del Ministerio de Justicia “por medio de la implantación de unas tasas judiciales disuasorias, que han permitido disimular durante varios años, hasta su reciente derogación parcial, el indudable incremento del número de asuntos judiciales que propicia la conflictividad social”.

"Esa derogación, que sigue sin beneficiar a las pequeñas empresas que de modo ocasional acuden a los tribunales, tratadas de modo semejante que los grandes usuarios de la Administración de Justicia que son las entidades financieras, de crédito y aseguradoras, “es insuficiente y debiera ampliarse”. Pero al suprimirse en parte, se ha puesto de manifiesto que, efectivamente, cumplieron esa finalidad de impedir a los ciudadanos acceder al derecho fundamental a la tutela judicial efectiva que garantiza el art. 24 CE", afirman.

UN "PANORAMA DESOLADOR"

Por todo ello, JpD, denuncia que el “panorama es desolador”. La planta judicial no crece desde hace un lustro, y la litigiosidad no para de incrementarse. Ministerio de Justicia y Comunidades Autónomas “se han instalado en una cómoda dinámica”, pues las limitadas plazas judiciales que se crean, que no se traducen en nuevos juzgados y tribunales, se solventan con la simple colocación de una silla y un ordenador en cualquier rincón de los Palacios de Justicia.

A pesar de que se sostiene que ha habido incremento de la planta, la realidad demuestra que sólo se han reforzado órganos desbordados, sin planificación para afrontar las crecientes necesidades ciudadanas. “Una sociedad madura como la española, que habitualmente acude a los tribunales como cauce civilizado de resolución de conflictos, está siendo defraudada con esta política restrictiva, que hurta cada año los doscientos juzgados que son precisos para atender el incremento de procedimientos”, denuncian.

La situación actual –dicen- “no ha estallado de forma generalizada por el esfuerzo del personal de la Administración de Justicia y la magistratura. Sólo se comprende que pueda seguirse atendiendo el aumento de las peticiones de tutela judicial por la dedicación, cada vez superior, de los funcionarios y personal que tienen encomendado el funcionamiento de la Administración de Justicia y quienes integran el Poder Judicial”.

ÓRGANOS SOBRECARGADOS

Pese a la disminución de efectivos que ha supuesto la expulsión de los jueces y juezas sustitutos y suplentes, reducidos a un número prácticamente simbólico por la práctica desaparición de esta partida presupuestaria, se ha mantenido la respuesta judicial, pero a costa de un incremento significativo de la dilación. Cada vez son más los órganos sobrecargados, según los estudios del Consejo General del Poder Judicial, y cada vez más la demora de las fechas para celebrar vistas y juicios.

Para Jueces para la Democracia “es preciso volver al nivel de creación de Juzgados y Tribunales que había antes de que comenzara la crisis, aunque ello suponga una inversión notablemente superior a la que ahora se dedica a esta finalidad”. Asimismo reclama del Ministerio de Justicia, Consejo General del Poder Judicial y Comunidades Autónomas con transferencia en materia de justicia, “que con la mayor urgencia acomoden el tamaño de la Administración de Justicia a las actuales necesidades de la ciudadanía, procediendo a la inmediata creación de los mil juzgados que debieran haberse puesto en marcha durante el último lustro, con el fin de que la sociedad pueda seguir confiando a sus tribunales la tutela, sin las actuales dilaciones, de sus derechos fundamentales y libertades públicas”.

lunes, 15 de junio de 2015

La iglesia de los descreídos alcanza difusión mundial

Álex Vicente, "La iglesia de los descreídos", El País,  15 JUN 2015:

Las misas de Sunday Assembly, la parroquia para ateos, no sirven para rendir pleitesía a ningún dios sino para entonar canciones, entablar amistad y escuchar conferencias. Aupada por los desencantados y los agnósticos con inquietudes espirituales, ya cuenta con más de 60 delegaciones en todo el planeta como las de Londres, París y Ámsterdam.

En esta iglesia no se escuchan sermones. No hay capellanes intrigantes ni devotos arrodillados. Sus misas dominicales no sirven para expurgar pecados ni incluyen ningún rito de comunión, a no ser que lo sea cantar himnos pop a todo pulmón en un multitudinario karaoke, tomar el té con desconocidos o presenciar conferencias sobre asuntos de candente actualidad. Aquí, los cánticos religiosos han quedado sustituidos por temas de los Beatles. A su oficiante se le da mejor contar chistes que respetar el sacramento de la eucaristía y, puestos a elegir, prefiere citar a Schopenhauer y a David Foster Wallace que a los apóstoles. Es Domingo de Pascua en el barrio londinense de Holborn. Los feligreses de esta peculiar parroquia han llegado a este lugar, como hacen dos veces cada mes, intentando encontrar algo de sentido a sus respectivas existencias. Como reclamo, sus responsables no han prometido la salvación, aunque sí un leve sentimiento de redención: ese que surge cuando uno intenta convertirse en “la mejor versión de sí mismo”.

Así se expresan, casi al unísono, los dos fundadores de esta peculiar congregación, que proponen actividades alternativas a la liturgia clásica y carcajadas aseguradas. A principios de 2013, Sanderson Jones y Pippa Evans, dos humoristas con cierta reputación en el circuito londinense de la comedia en vivo, crearon la primera iglesia pensada para ateos. La llamaron Sunday Assembly. La suya fue una idea de locos que terminó por cobrar sentido. Solo dos años después, la organización ha abierto delegaciones en 64 ciudades de todo el planeta, como Bruselas, Berlín, Hamburgo, Dublín, Budapest, Sídney, Melbourne, Nueva York, Washington, Chicago… La ola ha llegado incluso a Silicon Valley. Varias antenas adicionales están a punto de ver la luz en África, Asia y Latinoamérica, hasta acercar la franquicia a un total de un centenar de asociaciones hermanas. “Hemos superado de largo nuestras expectativas. Nos dijimos que, si funcionaba en Londres, podía funcionar en cualquier lugar del mundo, pero nunca imaginamos que todo iría tan rápido”, reconoce Jones, un tipo alto, sonriente y de físico un tanto mesiánico, minutos antes del inicio de esta asamblea dominical.

   "Las iglesias han perdido peso en la sociedad occidental, pero no hay nada que haya ocupado su hueco”, Sanderson Jones, creador de Sunday Assembly

Todo empezó hace dos años en una vetusta capilla de Islington, el revalorizado barrio del noreste londinense donde residen Colin Firth, Kate Winslet y Emma Watson. Pero el lugar no tardó en quedárseles pequeño. Antes de morir de éxito, decidieron mudarse a un enclave con solera: el Conway Hall, sede de actividades de asociaciones humanistas desde 1929, así bautizado en honor de Moncure Conway, un insigne defensor de la libertad de expresión. Sobre el escenario de este edificio art déco, iluminado por la luz que entra por la claraboya del techo, aparece una cita de Hamlet: “Sé fiel a ti mismo”.

Sanderson Jones aparece en el pasillo central mientras el coro ensaya un tema de The Proclaimers que los asistentes entonarán, a sus órdenes, poco después. Su rostro resulta vagamente conocido. Hace años, este cómico de 33 años protagonizó una campaña televisiva para Ikea, tras dejar un trabajo en el departamento de publicidad del semanario The Economist. Hoy es lo más parecido a un arzobispo que pueda tener Sunday Assembly: es él quien dirige esta red de congregaciones seculares alrededor del mundo, quien visita país tras país para asesorarlas. Hijo de escoceses que vivieron por toda Europa por motivos laborales, Jones define su educación religiosa como “la clásica de un cristiano reticente”. Hoy se considera plenamente ateo. “Fui educado en colegios confesionales, donde nos obligaban a ir a misa cinco veces a la semana. Siempre me gustó cantar, escuchar los discursos y sentir que pertenecía a una comunidad. El único problema era que no creía en Dios”, ironiza. Hacia los nueve años empezó a tener serias dudas sobre su existencia, siguiendo las enseñanzas de un profesor de Ciencias Naturales que no dudó en hablarle del evolucionismo. “Un año más tarde, mi madre falleció. Eso me obligó, desde una edad muy temprana, a familiarizarme con conceptos tan intensos como la vida y la muerte. En lugar de empujarme hacia la amargura, la muerte de mi madre me hizo apreciar más el hecho de estar vivo. Desde entonces siento gratitud y deleite. Supongo que eso es lo que me ha traído hasta aquí”, relata.

Jones creó esta organización tras entender que no era el único en su situación. A su alrededor, empezó a detectar a otros jóvenes que habían renegado de su educación religiosa, descontentos con la postura ideológica de su Iglesia o sintiéndose incapaces de creer en las historias bíblicas. O bien educados en el más estricto ateísmo, pero experimentando una inquietud espiritual para la que no disponían de palabras y, todavía menos, de espacios de expresión. Para todas esas personas nació Sunday Assembly. “En la sociedad occidental, las Iglesias han perdido peso o incluso han desaparecido, pero no hay nada que haya ocupado su lugar. Alguien tenía que llenar ese hueco”, asegura Jones, subrayando el efecto positivo que la organización ejerce sobre sus feligreses. Según un sondeo reciente, realizado entre 350 personas, un 87% de los participantes se sentían “más felices” desde que empezaron a sumarse a sus actividades. La iglesia se financia a través de donaciones y campañas de crowdfunding. La primera, iniciada en 2013, pretendía recoger medio millón de libras (unos 700.000 euros). Fue un fracaso: se quedaron quince veces por debajo. Pese a no precisar las cifras con las que trabajan, sus responsables aseguran contar hoy con el suficiente presupuesto para asegurar su funcionamiento durante dos años más. Además, al final de cada reunión se realiza una colecta. También en eso se parecen a una iglesia tradicional.

Estas asambleas dominicales se inspiran en el modelo propuesto por algunas Iglesias del sur de Estados Unidos, donde no importa tanto la fe religiosa sino el vínculo invisible que une a sus integrantes. “A diferencia de lo que suele suceder en Europa, muchos estadounidenses guardan un buen recuerdo de la Iglesia en la que crecieron, incluso si han dejado de ser creyentes”, afirma Jones. “La recuerdan como el lugar donde fueron a los boy scouts o jugaron en la liga de fútbol, donde conocieron a su esposa o dejaron a cargo a su abuela cuando enfermó. El sentido de comunidad está mucho más marcado allí que aquí”, asevera. Tal vez no por casualidad, la organización se expande estos días a ritmo veloz al otro lado del Atlántico. Incluso en lugares como el Bible Belt, ese “cinturón bíblico” que va de Virginia a Texas. A día de hoy, la mitad de congregaciones de Sunday Assembly se encuentran en territorio estadounidense, donde los índices de ateísmo no han dejado de crecer en los últimos años. Según un informe que la National Science Foundation publicó en marzo, el país habría perdido 7,5 millones de creyentes desde 2012. Otro estudio, conducido por el Pew Research Center y publicado en mayo, señala que los no religiosos ya son más numerosos que los católicos (hasta ahora, primer grupo en número de fieles). Los primeros suman un 23%, siete puntos más que en 2007, frente a un 21% de católicos, tres puntos menos que entonces. En Reino Unido, las cifras también demuestran una involución de creyentes: según un sondeo de YouGov para The Times, el 33% de los británicos no creen en Dios, un punto por encima de los que sí lo hacen. Un 20% adicional dice contemplar una fuerza espiritual a la que no denomina con ese nombre.

Pese a que su alcance es todavía minoritario, Sunday Assembly aspira a erigirse en alternativa para esos cientos de miles de descreídos. Intenta convencerlos con un eslogan tan seductor como consensual: “Vive mejor. Ayuda a menudo. Asómbrate más”. En el arranque de esta misa aconfesional, entre las cuatro paredes del Conway Hall, logramos identificar algunos perfiles. Por ejemplo, a Stanley, un estudiante de 24 años peinado con rastas, a quien Jones ha encargado que reparta octavillas en la entrada. “Es mi primera vez. Un amigo me comentó el proyecto y me pareció interesante. Nunca había oído hablar de nada parecido”, explica el joven. En la sala está sentada Katie, estadounidense que trabaja en una agencia de publicidad londinense desde hace siete años. Fue educada en el luteranismo y sigue yendo a la iglesia de vez en cuando, aunque lo considera “compatible” con su pertenencia a esta congregación secular. “Vengo a escuchar las conferencias. En las otras iglesias no nos hablan de cómo controlar tu propia huella de carbono”, afirma. Unas filas más allá, Hildegarde, profesora de teatro jubilada, relata cómo descubrió que no era creyente mientras estudiaba en un colegio de monjas. “No dejaba de hacerles preguntas, porque no entendía cómo podían ser ciertas las historias que me contaban. Hasta que, una de las hermanas, harta de mis dudas sobre la existencia de Dios, se cansó y me gritó: ‘¡Es un misterio!”, recuerda. Ese día perdió la fe por siempre jamás. “Pero a veces echo de menos la liturgia, la ceremonia y la pertenencia a una comunidad. Por eso he empezado a venir aquí”, explica. En la última fila se presenta Haleema, médico de 41 años de origen paquistaní, que escucha con atención junto a sus tres hijas. “Es una buena manera de terminar la semana: ocupándose de uno mismo durante unas cuantas horas”, sostiene. “Yo fui educada en el islam, pero siempre creí que las historias que me contaban no tenían sentido y nunca me sentí cómoda con el dogma. Mejor estar aquí que en una mezquita. Por lo menos, es más divertido”.

    "A veces echo de menos la liturgia, la ceremonia, la pertenencia a una comunidad. Por eso vengo aquí” Hildegarde, profesora de teatro jubilada

Hay quien ha vinculado el movimiento al libro Religión para ateos, un ensayo del filósofo Alain de Botton, que proponía adaptar algunos principios eclesiásticos a la vida laica y secular. “Incluso si una religión no es cierta, ¿no podemos quedarnos con los mejores pedazos?”, rezaba la campaña promocional del libro cuando fue publicado en 2012. “La presente obra parte de la premisa de que se puede estar comprometido con el ateísmo y aun así creer que, esporádicamente, las religiones son útiles, interesantes y consoladoras, y sentir curiosidad suficiente por la posibilidad de importar algunas de sus prácticas e ideas a la esfera secular”, escribió el autor. De Botton planteaba organizar grandes ágapes en grupo, creando restaurantes donde sería obligatorio sentarse junto a un extraño para entablar conversación. O bien reintroducir la moral en el discurso artístico, practicar “ejercicios mentales” y hasta erigir un gran templo ateo de 46 metros de altura en el centro de Londres. ¿Fueron esas líneas las que inspiraron a Jones para crear Sunday Assembly? El fundador lo desmiente: “Ya habíamos tenido la idea antes que él. Pero es verdad que la publicación de ese libro me impulsó a actuar de una vez por todas. Me dije que, si no lo hacía yo, alguien me acabaría robando la idea”, reconoce. De Botton, por su parte, creó The School of Life, una institución educativa que oferta cursos de desarrollo personal y propone arengas laicas en el mismo lugar donde se celebran las reuniones de esta asamblea dominical.

A ratos, esta iglesia sui generis será incomprendida o ridiculizada, pero sus adeptos no dejan de multiplicarse. En septiembre pasado, una treintena de ciudades distintas se sumaron a la vez a este incipiente movimiento. Una agencia de referencia en cuanto a tendencias de consumo como JWTIntelligence ya había agregado el término godless congregations (“congregaciones sin Dios”) a su lista de 100 palabras clave para 2014. En los Países Bajos, por ejemplo, cuatro localidades crearon sus propias iglesias laicas: Ámsterdam, Róterdam, Utrecht y Apeldoorn. Uno de sus impulsores fue Jan Willem van der Straten, un joven de 25 años y frondosa barba de hipster que nos recibe sentado frente a un capuchino en un bar de De Pijp, otro barrio bohemio con pasado proletario al sur de Ámsterdam. Estudiante de Teología y Comunicación especializado en la naturaleza del secularismo, trabajó unos meses como voluntario al lado de Jones y Evans, antes de regresar a su país para supervisar la creación de estas cuatro delegaciones. “Crecí en una familia no creyente, donde la religión no tenía ningún papel. Fue a los 13 años, al descubrir a un predicador en la televisión, cuando empecé a considerar este tipo de nociones”, relata. Van der Straten será uno de los escasos dirigentes del movimiento que no se defina como ateo. Dice acudir a otras Iglesias –como Hillsong, evangélica y presente en 14 ciudades del mundo, que moderniza los cantos religiosos y los convierte en éxitos pop– y sostiene que Sunday Assembly no rechaza a nadie por sus creencias. En España no existe, de momento, ninguna sucursal de esta congregación, pese a que Van der Straten asegure que ha recibido mensajes de interesados en crear una. Tampoco las hay en Italia, Portugal o Grecia.

Actualmente se redactan tres tesis doctorales sobre el fenómeno protagonizado por Sunday Assembly. Una de ellas es obra de la teóloga Katie Scholarios, de la Universidad de Aberdeen. “Sus creadores han estado obviamente influidos por el formato de la misa y se han inspirado en Iglesias cristianas”, afirma. “Sunday Assembly demuestra que, pese a las apariencias, existe un nivel subyacente de respeto a la fe en nuestras sociedades, aunque sean cada vez más seculares. Por ejemplo, este movimiento se muestra más respetuoso que provocador. El aumento del secularismo no implica necesariamente un descrédito o un menor respeto de las Iglesias”.

Van der Straten está parcialmente de acuerdo. “Más que de iglesia atea, habría que hablar de un movimiento secular al que todo el mundo es bienvenido. Solo somos una congregación que celebra la vida”, asegura. Pero el debate sobre quién puede formar parte de esta asamblea dominical y quién no ya ha provocado el primer cisma de esta organización: una parte de la delegación neoyorquina decidió escindirse de Sunday Assembly para crear Godless Revival, un grupo más estrictamente enmarcado en el ateísmo, al considerar que la propuesta de Jones se acercaba demasiado a la liturgia católica y era excesivamente tolerante respecto a los creyentes que deseaban asistir a estas misas ficticias. No son las únicas críticas que esta iglesia artificial ha escuchado. La editorialista Sadhbh Walshe los calificó de “chiste” en The Guardian. “Tienen todo el derecho a formar congregaciones y reunirse con gente que se parece a ellos, a compartir abrazos y planear cómo hacer el bien, pero no tienen derecho a apropiarse del ateísmo para su causa”, denunció. En el otro lado del espectro, el diputado norirlandés William McCrea, reverendo de la Iglesia presbiteriana, se dijo “preocupado” por la iniciativa cuando Sunday Assembly abrió una delegación en Belfast. “Puede que esta gente rechace a Dios, pero un día descubrirán que también proceden del Creador”, afirmó. En Estados Unidos, el abogado Doug Berger, conocido por su defensa del secularismo, los llamó “insípidos”, mientras que el bloguero Michael Luciano tildó a la iglesia de “ingenua” y “fatua”. En las redes sociales, algunas voces se han levantado contra su obsesión por las donaciones.

Para Niki Bosemberg, colombiana de 26 años, no deben existir límites. “Siempre y cuando no se hable de religión en la sala”, puntualiza. Llegó a París hace año y medio para trabajar como au pair, y se prepara para cursar un máster de traducción e interpretación. Es una de las fundadoras de esta asamblea dominical en la capital francesa, donde las primeras reuniones empezaron el pasado otoño. “Me educaron en el ateísmo, pero de mayor me volví espiritual”, explica. “Comparto valores con la Iglesia católica, como el amor al prójimo, pero nunca podría participar en ella. Me disgusta su dogma y su corrupción”. La delegación parisiense se ­reúne una vez al mes en la Casa de Japón, una pagoda ubicada en la Ciudad Universitaria. Sus reuniones están menos concurridas que en Londres, aunque no existan grandes diferencias en cuanto al programa. “La única es que a los franceses les cuesta más levantarse a bailar”, sonríe Bosemberg. Una de sus últimas invitadas fue Florence Servan-Schreiber, papisa de la autoayuda en Francia. Ante un público formado por maridos arrastrados por sus esposas y estudiantes resacosos de las residencias universitarias que circundan el lugar, la conferenciante se presentó como una “profesora de la felicidad” y dio consejos para “tonificar el nervio del amor”, a través de “estímulos positivos” y “espirales virtuosas”. En un momento dado, pareció que el canto de los pájaros se escuchara desde el jardín. Aunque resonaba con tanta perfección en el interior de esta pagoda parisiense que no quedó del todo claro si, en realidad, era solo un sonido enlatado.

El sindicalista minero de UGT corrupto

José Antonio Hernández, "El exlíder minero Villa hizo su fortuna con obras infladas, según las pesquisas", en El País, 15 JUN 2015:

La investigación sobre la fortuna (1,4 millones de euros) amasada por el exlíder minero José Ángel Fernández Villa ha arrojado numerosos indicios que desmienten que el dinero proceda de una herencia, como sostuvo ante Hacienda el exdirigente del sindicato minero Soma-UGT. Una hermana de Fernández Villa negó tal herencia. La investigación apunta, en cambio, a que ese dinero procede en gran parte de supuestas comisiones derivadas de las obras de construcción de una residencia para mineros jubilados que sufragó íntegramente (unos 30 millones de euros) el anterior Gobierno socialista.

El exlíder sindical Fernández Villa se acogió en octubre de 2012 a la amnistía fiscal promovida por el Gobierno y regularizó 1,4 millones de euros, como adelantó EL PAÍS el pasado octubre. Hacienda desconfió de la procedencia del dinero y remitió el expediente a la Fiscalía Anticorrupción para que investigase si tenía un origen lícito. Fernández Villa señaló a Hacienda que los 1,4 millones (pagó un 10% al fisco por regularizarlo) eran parte de una herencia recibida de sus padres. Los investigadores lo han descartado: una hermana de Fernández Villa (71 años) ha declarado que sus padres eran humildes y que no hubo tal herencia.

Las pesquisas sobre el origen de esos 1,4 millones están centradas en las contratas que permitieron levantar la lujosa residencia geriátrica de Felechosa, en el municipio asturiano de Aller, destinada a mineros de la tercera edad y perteneciente al Montepío de la Minería Asturiana. En este montepío, representado por los principales sindicatos mineros, el que fuera durante 30 años líder del Soma-UGT ha tenido siempre un papel destacado. Desde el montepío se controla la citada residencia, cuyas obras se iniciaron en 2009 y concluyeron en 2012 con un aforo de 300 personas y 18.000 metros cuadrados construidos.

En la presidencia de este organismo privado, Fernández Villa colocó ocho años antes a su íntimo amigo y veterano dirigente minero José Antonio Postigo. Este, a su vez, situó de gerente de la residencia a Rolando Fernández, uno de los hijos de Fernández Villa, con un sueldo de 50.000 euros anuales y un blindaje económico en caso de despido de una anualidad. También entró a trabajar en la residencia una hija de Postigo, con idéntico blindaje. Fuentes de la investigación creen que hubo connivencia entre Fernández Villa y Postigo y han hallado indicios de sobrevaloración de las obras del geriátrico. En unas jornadas mineras en Rodiezmo (León), Fernández Villa logró arrancar del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero la promesa de subvencionar la construcción de la residencia para mineros.

Hijos de empleados con sueldos blindados

Una hija de José Antonio Postigo (íntimo de Fernández Villa y presidente del Montepío de la Minería hasta junio de 2014) regularizó 360.000 euros en la misma fecha en que el exlíder del Soma-UGT. Postigo asegura que los 360.000 euros provienen del sueldo que cobraba su hija en la librería en la que trabajó antes de entrar en la residencia. “Lo iba guardando en casa y un día, del que me arrepiento, le sugerí que lo regularizase”, asegura Postigo, quien dice desconocer la regularización que hizo Fernández Villa.

El nuevo presidente del Montepío de la Minería, Juan José Pulgar, prescindió del hijo de Fernández Villa, Rolando Fernández, como gerente del geriátrico. Allí le había colocado Postigo. Hizo lo mismo con la hija de Postigo, que pleitea con el montepío por su despido.

La obra salió a concurso en 2009 por 27,73 millones de euros (concurrieron cinco empresas) y la adjudicación recayó finalmente en la firma Alcedos de los Caballeros, propiedad de Juan Antonio Fernández, un constructor del círculo de amistades de Postigo. No era la primera vez que Alcedo de los Caballeros resultaba adjudicataria de contratas del montepío minero asturiano. Aunque la licitación de la residencia salió por 27,73 millones, la contrata fue modificada al alza justo cuando la obra estaba acabando (la residencia fue inaugurada en 2012) y su coste se incrementó hasta 29,9 millones.

Fuentes de la investigación están convencidas de que gran parte de los 1,4 millones ocultos del exlíder del Soma-UGT salieron de ahí. A través del abogado José Miguel Marcos, el constructor niega sobreprecio en la obra. “No ha habido ninguna sobrevaloración de costes. Se cobró lo que se hizo en función de la excelencia y calidad de los materiales empleados; es una obra de lujo, tal como se nos pidió”, explica el letrado.

El dueño de la constructora es una de las 69 personas que fueron llamadas a declarar por la comisión de investigación que abrió la Junta General del Principado de Asturias tras revelar EL PAÍS la fortuna de Fernández Villa, lo que supuso su inmediata expulsión de la Federación Socialista Asturiana y de UGT. Postigo también niega sobrecostes. Señala que se han hecho cuatro auditorías que no revelan ninguna irregularidad. “De ahí no ha podido salir el dinero de Villa”, indica Postigo, quien sigue considerándose “su amigo”.

El exlíder del Soma-UGT fue otro de los citados para comparecer en la comisión, pero su familia justificó su ausencia alegando que sufría problemas de salud. EL PAÍS ha intentado preguntar a Fernández Villa, pero su esposa indicó que se halla enfermo y no está en condiciones de hablar. El letrado del dueño de la constructora señala que su cliente conoció a Fernández Villa cuando este acudió a la inauguración de la residencia. Admitió que su cliente sí conocía con anterioridad a Postigo debido a su intervención en otras obras que el montepío tiene en Murcia (apartamentos para vacaciones) y Salamanca (un balneario).

Según el citado abogado, la modificación al alza de los costes fue porque, casi al final de la obra, Postigo decidió comprar más terreno en la zona y aumentar la calidad de los materiales: “Dijo que lo quería todo a lo grande”, recuerda el abogado.

Juan Carlos Monedero, El humor negro de los tamayazos indirectos

Juan Carlos Monedero, "El humor negro de los tamayazos indirectos", Público, 15 junio, 2015:

Hay una tradición de humor negro en España, nacido de un país con heridas mal cerradas, que sigue acompañándonos en el siglo XXI con desigual fortuna. Arranca con las exigencias de un Estado abocado a la evangelización de Europa -que exigía mucho y daba muy poco- y que explota con grandeza en la literatura picaresca, La Celestina, El Quijote o en Quevedo. El siglo XIX lo alimenta con sus convulsiones y da cuenta de ello Baroja y Goya, para llegar al siglo XX con Valle-Inclán, Solana o Eduardo Mendoza. Ese humor negro, brillante en esos casos, tiene una vertiente chusca propia de un país con complejos que es incapaz de hacer La vida de Brian o El sentido de la vida (de los Monthy Pyton), que a veces acierta con Amanece que no es poco pero que por lo común hace “landismo” o reediciones del humor de culo, caca, pedo y pis que ha representado con éxito la saga de Torrente. Los judíos hacen chistes de judíos y los negros se ríen de los negros. Los italianos hicieron Novecento y nosotros La vaquilla.

El PP fundado por Manuel Fraga exige la dimisión de Guillermo Zapata. El mismo PP del mismo Fraga que firmó sentencias de muerte en gobiernos de Franco -el mismo que ayudó a Hitler en el Holocausto- y que redactó la Constitución porque estar orgullosos del holocausto franquista no es un problema. Cosas a todas dudas menos graves que meter en un debate sobre los límites de la libertad de expresión los chistes de ese humor negro de mierda tan de nosotros los españoles. Zapata, repitiendo esos chistes infames, estaba autoinculpándose del aquelarre que le hicieron a Nacho Vigalondo por hacerse la misma pregunta. Lo terminarían echando de El país los mismos que publican fotos falsas en portada o noticias prevaricadoras. Que Guillermo Zapata repitiera entre comillas esos chistes no significa que comparta esas ideas. De la misma manera que no es lo mismo hacer un chiste sobre homosexuales que ser homófobo. Lo preocupante es que el portavoz del PP, Hernando, sí cree que el lugar de los republicanos asesinados por Franco, el referente del fundador de su partido, es las cunetas de España. ¿Pero cuándo le ha importado al PP la verdad? Valle Inclán sería víctima de una cacería por parte de la que pensaba que Sara Mago era una pintora.

El PP rastreó más de 30.000 tuits de Guillermo Zapata -y supongo que también de los demás concejales del cambio- buscando cadáveres en el armario. No pueden buscar cuentas en Suiza ni pagos en B para remodelar sedes ni acuerdos con constructoras. Tuits. Peligrosa esta gente de Podemos. Luego, esperó a que se configurara el consistorio para sacarlos y montar un escándalo. Como esos malos guardias de tráfico que se ponen detrás de una curva -y no delante- con la intención no de evitar un accidente sino de multarte. Así abrimos el lunes no hablando de los nuevos ayuntamientos democráticos, sino de unos tuits. Alta política. Tampoco hablamos de que el Presidente del Gobierno, Rajoy, ha llamado a millones de españoles excéntricos y sectarios por votar gobiernos de cambio. Vamos mejorando porque antes directamente daban un golpe de estado.

El PP va a buscar fuera de las urnas lo que perdió en las elecciones del domingo 24 de mayo. Y ha empezado con el caso de Guillermo Zapata. Ya que una reedición tal cual del Tamayazo convertiría nuestras ciudades en reediciones de Baltimore, van a trabajar en Tamayazos indirectos. Todo el aparato del PP  ya ha empezado a obrar en esa dirección. No es de extrañar que una parte del PSOE le apoye en ese viaje -no olvidemos que Felipe González, el referente moral de los “socialistas”- acompañó a la puerta de la cárcel a Barrionuevo y Vera, responsables de haber montado un grupo terrorista con dinero de todos los ciudadanos. Se equivocarán, porque ellos serán los siguientes. Lo que nos jugamos ahora, después de haber echado a tanto corrupto y corrupta de los ayuntamientos, es seguir limpiando. Y en esa tarea sería bueno contar con los socialistas honestos.

Guillermo Zapata no es racista ni xenófobo ni antisemita. Algo que sí son muchos miembros del PP. Los que nunca han consentido en cambiar el nombre de las calles que consagran nuestro genocidio. Los que han impedido que el pleno del Congreso condene el golpe de julio de 1936. Los de la Gürtel. Los que tienen a sus números dos -como Esperanza Aguirre- en la cárcel por ladrones. Los que tienen al 100% de sus últimos tesoreros imputados por corrupción. Los que han financiado campañas electorales con dinero de los constructores a los que luego les han dado obras públicas. Los que, si nosotros fuéramos culpables de la décima parte que ellos, nos desollarían. A los que permitimos que nos den lecciones. Y eso es algo que también se tiene que acabar. Por higiene democrática.

Cómo gestionar el aburrimiento y sacarle partido

Jaime Rubio Hancock, "Por qué aburrirte es una de las mejores cosas que puedes hacer. El tedio puede ser una actividad placentera y beneficiosa" 15/06/2015:

El psicólogo Rafael Santandreu comienza a recibir por estas fechas a pacientes que tienen pánico a las vacaciones. Pasar un mes sin hacer nada es aterrador: muchos incluso han de tomar ansiolíticos. No es tan raro como parece. Peter Toohey recoge en Boredom: A Lively History (Aburrimiento: una historia animada), una postal que recibió un mes de agosto: “He pasado unas vacaciones maravillosas. Llovió todo el tiempo. No tuve que llevar a los niños a la playa ni una sola vez. Pude acabar un montón de trabajo”.

“En nuestra sociedad hay fobia al aburrimiento”, explica a Verne Santandreu, autor de Las gafas de la felicidad. No exagera: el tiempo vacío asusta tanto que el 25% de las mujeres y el 66% de los hombres encerrados en una habitación durante 15 minutos prefiere darse una leve descarga eléctrica antes de no hacer nada, según recoge Scientific American. Cualquier cosa vale con tal de matar el tiempo.

Como recoge Toohey en su libro, de entrada hay motivos para temer al aburrimiento. El tedio crónico está asociado con un mayor riesgo de “desarrollar ansiedad, depresión, adicción al alcohol o a las drogas, ataques de ira, comportamiento agresivo y carencia de habilidades interpersonales, además de unos resultados pobres en el trabajo y en la escuela”.

Encontramos un ejemplo de casi todo a la vez en Jack Torrance, el protagonista de El resplandor. Encerrado en un hotel todo el invierno con su familia, es incapaz de superar su alcoholismo y escribir su novela, y cae víctima de un aburrimiento que le lleva a las alucinaciones, a la ira y a abrir puertas con un hacha. 

“No existe el exceso de aburrimiento -afirma Santandreu-. Existe una mala vivencia del aburrimiento”. El psicólogo lo compara a una superstición: si tienes miedo a que se te cruce un gato negro, lo pasarás mal cuando ocurra tal cosa, pero eso no significa que un gato negro de verdad provoque mala suerte. 

El aburrimiento, igual que el pobre gato, no tiene nada de malo, según Santandreu: “Es muy importante recuperar el gozo de no hacer nada”. El tedio forma parte de “nuestra naturaleza, nos pone en un estado mental de calma y de felicidad y es un gran activador de grandes tareas”. Santandreu recuerda una cita de Blaise Pascal que les hubiera venido bien a Torrance y a los participantes en el estudio de las descargas eléctricas: “Todos los males de los hombres vienen de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilos en una habitación”.

Tenemos que aprender a disfrutar de estos ratos en los que no hacemos nada o no hay nada que podamos hacer. Desde la infancia: “Los niños están sobreestimulados -explica Santandreu-. No saben aburrirse y esto puede provocar un aumento o un empeoramiento del trastorno por déficit de atención”. Santandreu incluso sugiere que en las escuelas los niños deberían dedicar tiempo a “no hacer nada, a mirar la pared durante una hora” para perder este miedo al hastío. De hecho, el propio psicólogo explica que el cuarto de hora que tiene libre entre paciente y paciente lo dedica “a mirar por la ventana”.

No hacer nada sirve de mucho. Toohey cita una encuesta en la que se afirma que el aburrimiento “puede contener un potencial de reflexión importante y puede ser un estímulo a la creatividad”. El aburrimiento nos permite soñar despiertos e imaginar soluciones y alternativas. Es “una oportunidad para el pensamiento y la reflexión o la relajación”. Lars Svendsen añade en Filosofía del tedio que el aburrimiento "presupone un momento de reflexión sobre uno mismo, de contemplación de la propia situación en el mundo”.

Santandreu va más allá: todo esto suena muy bien, pero si nos aburrimos sin obtener ninguna ventaja positiva a cambio, “¿cuál sería el problema? El objetivo de la vida no es producir constantemente mercancías tangibles o intangibles”. El psicólogo recomienda “recortar y ralentizar”. Es decir, “prescindir de tareas, de medios” y “hacer las cosas más despacio y prestando más atención”.

Santandreu relaciona la mala prensa que tiene el aburrimiento con la sociedad de consumo y del ocio, que quiere que siempre estemos “ocupados o haciendo cosas emocionantes”. En este sentido, Toohey recuerda que “el tiempo libre, para Adorno, está conducido por la misma comercialización que el tiempo de trabajo: el trabajo genera beneficios y el tiempo libre debe hacer lo mismo”.

Según Santandreu, internet es uno de los principales responsables de la ociofobia, por usar el término acuñado por el propio psicólogo: “Es un suministrador de información arrollador”. En muchos casos se trata de contenidos pensados para “durar poco tiempo, de un uso muy limitado”.

Internet no está solo: "La obsesión de nuestra cultura con fuentes externas de entretenimiento -la televisión, internet, los videojuegos- podría jugar un papel en el incremento del aburrimiento", escribía Anna Gosline en Scienfic American. Eso sí, internet tiene la ventaja de la ubicuidad. Sacamos el móvil nada más llegar a la parada de autobús o buscamos algo que hacer con nuestra tablet mientras pasan las horas del domingo. Lo hacemos tan a menudo que Google incluso completa la búsqueda con referencias al aburrimiento cuando empezamos a preguntarle por cosas que podemos hacer.

Y eso a pesar de que internet no siempre nos divierte. A veces es como una descarga eléctrica en una habitación vacía: sólo es un medio con el que intentamos matar el tiempo. Según datos de Google y Microsoft citados por Nicholas Carr en What Should We Be Worried About, empezamos a abandonar una página si tarda en cargarse más de 250 milisegundos y dejamos de ver un vídeo si tarda dos segundos en comenzar. Tenemos tanto pánico a aburrirnos que huimos en cuanto vemos una pantalla negra.

“A medida que una red se hace más rápida, nos volvemos más impacientes”, escribe Carr. “El fenómeno se amplifica por el zumbido constante de Facebook, Twitter, los mensajes de texto y las redes sociales en general”. Cada vez es menos probable que “experimentemos cualquier cosa que requiera una espera, que no nos proporcione una gratificación instantánea”.

No sabemos esperar porque queremos vivir en un presente constante, como sugiere Douglas Rushkoff en Present Shock: When Everything Happens Now: nuestro objetivo ilusorio es estar al día con todas las actualizaciones de redes sociales y correos electrónicos “para estar finalmente en el ahora”. No nos permitimos un instante vacío: si no estamos mirando el móvil, es el propio teléfono el que requiere nuestra atención con vibraciones y timbrazos.

Como escribe Svendsen, nos negamos a abandonar el mundo mágico de la infancia, "lleno de cosas nuevas y emocionantes. Quedamos suspendidos en un estadio intermedio entre la niñez y la madurez, en una pubertad sin fin”, olvidando que “la pubertad está llena de tedio”.

El poeta ruso-americano Joseph Brodsky escribió una alabanza del aburrimiento que quizás sea el texto más citado sobre el tema. Su solución al miedo que nos produce el tedio es rendirnos: “Cuando os golpee el aburrimiento, id por él. Dejad que os inunde; sumergíos, tocad fondo. En una situación desagradable, la regla es tocar fondo cuanto antes para volver con más rapidez a la superficie”. El aburrimiento “representa al tiempo en toda su pureza, en todo su repetitivo, superfluo y monótono esplendor”. "Pone tu existencia en perspectiva y el resultado neto es precisamente el conocimiento y la humildad”.

Un error de Leonardo Padura

Acaban de otorgar (muy merecidamente, sin duda) el premio Princesa de Asturias de este año a Leonardo Padura, el gran escritor cubano. Pero llama la atención que nadie haya hecho notar el profundo error en que se incurre en su obra más célebre, si bien no lo cometió él directamente, sino el autor de una de las fuentes en que inspira su Novela de mi vida (2002), cuyo complejo argumento se centra en la biografía del primer gran poeta romántico cubano, José María Heredia (1803-1839). En esta obra Padura imagina que la primera novela histórica escrita en español en América, el Jicoténcal (Filadelfia, 1826), publicada anónima, fue compuesta en realidad por el citado Heredia (antepasado, por cierto, del famoso poeta simbolista francés homónimo). Esta otra novela desarrolla principalmente la resistencia del general indígena tlascalteca Jicoténcal a la alianza de su pueblo con Hernán Cortés para conquistar el imperio azteca, su fracaso y su ejecución por parte del conquistador español, y utiliza varios textos de los cronistas de indias Las Casas y Solís.

Padura se inspiró en las teorías del cubano exiliado en México Alejandro González Acosta (Habana, 1953-), investigador al que he tratado personalmente solo por correo electrónico (ha intentado convencerme en vano de su parecer). Es doctor en Letras Iberoamericanas por la UNAM, investigador titular del prestigioso Instituto de Investigaciones Bibliográficas (Biblioteca y Hemeroteca Nacionales) y profesor y catedrático de la División de Estudios de Postgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de esa misma universidad mexicana o mejicana. Es, además, correspondiente de la RAE (1983) y miembro de la Academia Cubana de la Lengua en el exilio (está en México desde 1987). Ha colaborado en Gramma, Bohemia, Cine Cubano, Revolución y Cultura, El Caimán Barbudo, La Nueva Gaceta, Juventud Rebelde, Paz y Soberanía, Mujeres, Cartelera, Uno más uno, Excélsior, Cuadernos Americanos y Plural (México), Revista de Historia de América (Argentina), Anthropos (España) y Revista Iberoamericana (EE. UU.) y... no les voy a aburrir con su dilatado currículum.

El caso es que se equivoca de medio a medio al suponer, muy sibilinamente y poco a poco, por cierto, que José M.ª Heredia es el autor del Jicotencal (Filadelfia: Stavely & Bringhurst, 1826, 2 vols.). Esta entelequia se fue levantando en dos libros sucesivos suyos:  El enigma de Jicotencal (México: UNAM, 1997), donde no se atreve sino a insinuarlo, acumulando falacia tras falacia, y en su posterior edición de la novela, que ya osa atribuir al gran poeta cubano y publica junto con la réplica española nacionalista de Salvador García Ba(h)amonde Jicotencal / José María Heredia, Xicoténcal, príncipe americano / (México: UNAM, 2002). Su edición es buena en los detalles técnicos; Acosta es un filólogo solvente, pero la tesis de atribución es, por completo, tan errónea en su planteamiento como en sus conclusiones. Para ser justos, hay que admitir también, pese a todo, que se trata de uno de los problemas ecdóticos más complejos que existen por arreglar en el hispanoamericanismo. Pero hoy que conocemos mejor el contexto de esa época, algunos contornos empiezan a vislumbrarse con claridad y en ellos no se percibe lo que adivina González Acosta.

Cuando se imprimía en Filadelfia el Jicotencal el ciudarrealeño Félix Mejía llevaba allí emigrado varios años a la fuerza, protegido por una serie de liberales y masones norteamericanos después de evadirse con otros periodistas (entre ellos el futuro amigo de Larra y responsable de sus fracasados devaneos políticos, Ramón Ceruti) de la prisión en que los tenían en la isla de El Hierro (Canarias), la más alejada de la Península, poco antes de que llegara desde Madrid la orden de ejecutarlos que había sido promulgada por los secuaces absolutistas de Fernando VII. La prensa estadounidense declara que todos marcharon a México o Méjico, salvo el ciudarrealeño o ciudadrealeño, que se quedó en Estados Unidos para escribir la historia de la revolución española... una revolución fracasada que había tirado todos los palos del sombrajo al deprimido manchego. Lo hizo, a fe mía, a conciencia, primero con las duras notas a la Carta de su fusilado amigo y coeditor de El Zurriago (1821-1823) Benigno Morales, y después (de forma anónima, para evitar los problemas diplomáticos que podrían sobrevenir tras el advenimiento del Congreso Anfictiónico de Panamá y la subsecuente doctrina Monroe) en su aspérrima Vida de Fernando VII y los Retratos políticos de la Revolución en España, publicados también anónimos en 1826 y que quienes no los han leído atribuyen a su editor (o, según  la legislación estadounidense, proprietor de la obra, no autor de la misma), Charles Le Brun, un intérprete francés naturalizado estadounidense que era la cara visible de los diversos grupos americanos interesados (no solo política, sino económicamente) en desprestigiar a Fernando VII (y más en general, a los Borbones). Félix Mejía, por su parte, sí firmaba con su nombre otras publicaciones que no podían conducir a su expatriación de los Estados Unidos por motivos políticos ante las presiones de España, ya que carecía de pasaporte y se proclamaba apátrida o refugiado político sin status legal; solo a fines de 1827 marchó del país con un pasaporte guatemalteco para defender las libertades democráticas en América Central.

Reemprender todas estas investigaciones me ha supuesto cierto esfuerzo; había dejado los cinco tomos y las tres mil setecientas páginas de mi tesis hace once años, trabajo largo, caro (fotocopias, viajes, libros) difícil y detectivesco, y le cogí bastante antipatía a un personaje cuya trayectoria tantos problemas me había ofrecido despejar; pero la insistencia del señor González Acosta en afirmar cosas que no son ciertas me ha hecho retomar estos trabajos, volver a la carga y centrarme, en el escaso tiempo de que dispongo, en escribir artículos donde divulgo y amplío las informaciones de mi tesis, no informatizada aún ni divulgada en la red, pero premiada por individuos como Diego Carcedo o Román Gubern y cuyas conclusiones conocen bien los especialistas. Jicoténcal fue escrita por Félix Mejía, un manchego. Y por razones mucho más sólidas que las que imputan esta novela a Félix Varela o a su discípulo Heredia. Y son estas:

1. Los usos ortográficos de la novela son los de un europeo, y más en concreto Félix Mejía. Por ejemplo, un mexicano o un cubano habrían titulado su novela Xicoténcatl. Es más, hay rasgos dialectales manchegos que identifican la lengua de la obra como de Félix Mejía (esto se verá en el artículo que preparo)

2. Hay muchos textos en las obras de Félix Mejía que se parafrasean en el Jicoténcal, y después de la novela el mismo autor usa un párrafo de ella con otro propósito. Pero González Acosta no aduce sino fuentes comunes que ambos escritores conocían de sobra, y alega semejanzas de palabras, no de textos; apurando ese tipo de argumentos podría decirse que todas las obras del mundo han sido escritas por el mismo autor porque usan las mismas palabras. 

3. El Jicotencal se publicó en la misma imprenta en la que Félix Mejía publicó sus otras obras, en las que, además, hay textos, puntos de vista, ideologías, pensamientos e intenciones semejantes a los que aparecen en el Jicotencal.

4. Heredia proyectó escribir una tragedia sobre Xicoténcatl y nos han quedado los restos de ese plan: ninguno de los personajes, aparte de Xicoténcatl, que aparecen en esos apuntes, pertenece a la novela publicada en 1826. Y eso es imposible si realmente Heredia hubiese escrito la novela: basta recordar las adaptaciones de Galdós de sus propias novelas, en las que los mismos personajes reaparecen y se sigue el mismo argumento. 

5. La novela histórica posee una interpretación histórica concreta que obedece a los intereses revolucionarios del carbonarismo, al cual pertenecía Félix Mejía, como he demostrado en mi tesis; Mejía estaba relacionado con el carbonario Orazio Atellis y vendía sus obras sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá: se temía una intervención de la Santa Alianza en México y la novela identifica a Cortés como símbolo de la misma; en otras obras contemporáneas Mejía refleja esta preocupación.

Ideológicamente, Mejía, declarado lector en América de Thomas Paine y conocedor de su polémica con Edmund Burke, asume la defensa de una concepción del derecho iusnaturalista según la cual todos los hombres son iguales y el derecho antiguo debe adaptarse a los nuevos tiempos para poder estar vivo: los pueblos pueden derogar las leyes y forjarse ellos mismos otras nuevas, frente a una concepción del derecho positivista y consuetudinarista, según la cual los hombres son esclavos de las leyes antiguas y no las pueden derogar, adaptar o renovar. Exactamente el gran problema político del paso de una sociedad estamental reaccionaria a una sociedad burguesa liberal y revolucionaria. En la novela de Mejía, el personaje de Jicoténcal, un indígena que se expresa, poco verosímilmente, como uno de los griegos de Plutarco, al igual que en la crónica de Antonio de Solís que sigue principalmente, representa esa primera actitud en dos esferas distintas: una, moral y ética; la otra, política; Hernán Cortés, su oponente finalmente victorioso, representa la segunda: pura hipocresía en el primer caso y pura razón de estado en la segunda. El personaje del héroe tlascalteca Jicoténcal parafrasea en la novela de Mejía el De officiis ciceroniano; Cortés, por el contrario, El príncipe de Maquiavelo. Y eso es muy frecuente en otras obras contra los tiranos de Félix Mejía, incluso en varias casi coetáneas.