martes, 15 de septiembre de 2015

Parker reescribe su biografía de Felipe II

I

Jesús García Calero, Geoffrey Parker: «Felipe II merece el título de imprudente», Abc, 3-VII-2015:

Acaba de publicar «Felipe II, el Rey Imprudente», biografía que incluye la novedosa documentación recién hallada en la Hispanic Society of America.

En octubre de 2010 Geoffrey Parker (Nottingham, 1943) publicaba un libro que resumía su vida de investigación sobre Felipe II, con el arriesgado título de «La biografía definitiva». Justo después descubría en la Hispanic Society of America una colección de tres mil documentos que hacían añicos ese título. La pesadilla de cualquier historiador. Dice bromeando que se sintió ante un «juicio filipino». Después de estudiarlos, con más sabiduría y el mismo buen humor inglés de siempre, Parker publica «Felipe II, el Rey Imprudente» (Planeta), una biografía que se conforma con ser esencial en la que los documentos iluminan el relato y toman voz :

—Curioso que se diera cuenta tan tarde, porque «El éxito nunca es definitivo» era el título de un libro suyo sobre Felipe II, precisamente.

—Ojalá lo hubiera pensado mejor. Terminé en 2010 aquella biografía, que se presentó en El Escorial. Creía que ya podría divorciarme de Felipe II. Pero inmediatamente después topé con unas cartas entre el duque de Medina Sidonia y Felipe II, de 1588. En una de ellas el noble, uno de los hombres más ricos de España, le hace un chantaje al rey (risas).

—¿Un chantaje?

—Felipe II le acababa de pedir que mandase la Gran Armada contra Inglaterra y Medina Sidonia le responde que sí, después de intentar librarse: Majestad, yo voy a mandar su armada, pero tengo cuatro hijos que pasan hambre…

—¿Que les ocurría?

—¡Nada! El hombre más rico de España le decía al rey que sus hijos pasaban hambre y necesidad para pedirle, antes de partir, dos encomiendas. Después de leer aquellas cartas, le pedí a John O’Neill, conservador de manuscritos y libros raros de la Hispanic Society of America, que era quien me las había enseñado, que me dijera si había algo más entre sus fondos. ¡Y vaya si tenía! Me dijo: 32 cajas.

—¿Cómo siguió la investigación?

—Organizamos el asunto gracias a una beca de la Mellon Foundation. Eran tres mil documentos. Mil de ellos con muy poco interés, casi todos del duque de Sesa (nieto del Gran Capitán), que aportan datos sobre las cuentas en sus estados. También documentos en árabe de San Francisco de Borja, con las cuentas de sus propiedades, que estaban en Valencia. Estos no tenían interés político.

—¿Y los otros dos mil?

—Mil de ellos eran billetes pequeños, que tienen indudable interés pero no aportan novedades: en ellos el rey comenta cosas, a veces personales, como «estoy cansado», «tengo hemorroides», cosas que hemos visto en otros muchos documentos de Felipe II. Pero los últimos mil… esos sí tenían gran interés.

—¿De qué nos hablan?

—Hay unos quinientos del Consejo de Aragón interesantísimos. La mayor parte con apostillas del rey. Y está el intercambio de cartas de Felipe II y Medina Sidonia. Quiero destacar que sin el apoyo de O’Neill no hubiera sido posible todo esto. En solo dos meses organizamos todos estos papeles, con ayuda de Bethany Aram y Rachael Ball, y fue entonces cuando me di cuenta de hasta qué punto mi biografía de Felipe II no era la definitiva. Fue como si me hicieran un juicio «filipino».

—¿Por qué Imprudente?

—Tras la muerte del rey, su historiador, Antonio de Herrera y Tordesillas, preparó una «Historia del mundo en tiempo de Felipe II». Sugiere que, como todos los reyes castellanos de la historia, Felipe merece un epíteto. El sabio, el católico, el bueno… fueron los de reyes del pasado. Para su rey propone una docena de títulos, y uno de ellos era el prudente. Hay una marca en el documento, una flecha que indica que ese fue el epíteto elegido, el que le pareció mejor.

—¿Y porque otro historiador, Parker, le enmienda la plana?

—Pienso que merece también el Imprudente de mi libro porque algunas de sus decisiones condenaron a España a malgastar sus recursos. Especialmente contra Inglaterra, empezando en 1571, cuando por primera vez gastó muchísimo dinero en destronar a Isabel Tudor. La Armada no fue el único empeño caro. Y también con los moriscos, porque la guerra de las Alpujarras era totalmente innecesaria, una especie de Irak.

—¿Algo más?

—Por la inflexibilidad en su política contra los protestantes, judíos y musulmanes. En 1559 estaba en negociaciones con Francia y también a punto de lograr una tregua con el turco. Ganada la paz con Francia, dice: suprimimos las negociaciones con el turco. ¡Qué tontería! Veinte años de guerra en el Mediterráneo: ¡Imprudente!

—Pero si esa la ganamos en Lepanto.

—Claro que Lepanto es muy importante. La flota otomana estaba en Grecia, en una gran incursión al oeste. Fue muy importante esa victoria, pero fue táctica, en mi opinión. No estratégica. No se fue a Constantinopla. La guerra continúa. Y eso se habría evitado tal vez con paz en 1559. La tregua llegó en 1577. Fueron 18 años de guerra sin necesidad.

—Difícil estar en su pellejo, pero en el libro dice también que era el monarca más dotado del momento.

—De acuerdo. Gobernar un imperio global es algo que no podemos imaginar. Un consejero suyo decía «la cabeza de su Majestad debe ser más grande que la de cualquier otro». Y no era un cumplido. Su memoria era increíble. Recordaba con exactitud detalles de un documento que había visto por la mañana y corregía ese detalle al terminar el día después de haber trabajado en cientos de documentos.

—Hable de otros documentos que han cambiado su impresión sobre el rey...

—Hay una consulta de Antonio Pérez, después de la caída del duque de Alba que lo compara con Álvaro de Luna.

—Las intrigas se agravan con los problemas en Flandes. ¿Hay alguna novedad en el triángulo de traiciones entre Escobedo, Pérez y Juan de Austria?

—Los tres y el rey se traicionaron. Me encantaría conocer la colección de Margarita de Parma, que estaba en Nápoles, en el archivo que quemaron los alemanes en 1943. Había doscientas cartas de don Juan de Austria, ya que su hermanastra era su confidente.

—¿Qué peso se puede otorgar a su carácter inflexible, intransigente, en el retrato real?

—En 1571 trata de matar o prender a la reina Isabel. Los consejeros hablan de que está inflamado, como si no hubiera tenido en cuenta lo que le escribió el duque de Alba, que Isabel conocía sus planes. El rey perdió el sentido de la realidad. Con la Armada se repite. Todos los cambios de estrategia y la decisión final de requerir la reunión de la flota y el ejército es una tontería. Santa Cruz se lo hace ver y Felipe responde que es arriesgado «pero Dios, cúya es la causa va a proveer buen tiempo». Eso es la fe.

—No la perdió cuando fracasa la Armada.

—Hay dos documentos en archivos diferentes sobre la desesperación que vivió ante la falta de noticias. En el primero dice «muy presto nos habremos de ver en cosa que no querríamos ser nacidos» y está en el archivo Zabálburu. Y en Simancas está el documento del día siguiente sobre la propuesta a su consejo, en el que les anima a intentar un nuevo ataque.

—¿Qué le gusta menos del rey?

—Cómo malgastó tiempo en cosas como la invasión de Inglaterra en lugar de mejorar las infraestructuras. Fue una oportunidad perdida para hacer de España una nación más grande. La Gran Armada costó más que El Escorial. Lo más admirable es su red de información en un imperio tan grande y su capacidad para estar al tanto de todo. Su visión para lo grande y lo pequeño de su tarea es admirable.

—¿Qué le preguntaría a Felipe II si pudiera hablar con él por Skype?

—¿Mataste a Escobedo? Querría saber. Sé que conocía los planes, porque preparó las cédulas de tres de los asesinos y lo admitió implícitamente en el proceso a Antonio Pérez. ¿Y por qué?

El «chantaje» de Medina Sidonia a Felipe II para mandar la Armada.

Era sabida la inicial resistencia del duque de Medina Sidonia a cumplir la orden de mandar la Grande y Felicísima Armada contra Inglaterra en 1588. Pero las cartas halladas en la Hispanic Society iluminan este episodio con detalles sabrosos. El duque había dicho al rey que carecía de experiencia en batallas navales y se mareaba embarcado. Ahora sabemos que le chantajeó. En una hipérbole curiosa, el hombre más rico de España le dice a Felipe II que aceptará el mando pero que tiene «quatro hijos con mucha hambre y necesydad» y «estoy muy pobre y esta jornada me dexará destruydo». Por ello le exige dos encomiendas para ellos y se las pide antes de partir hacia Inglaterra. El rey encarga a su secretario la respuesta, «muy sabrosa», diplomática pero inflexible: recuerda que no otorga recompensas sino tras el servicio, así que después de embellecer la empresa diciéndole que él mismo embarcaría si pudiera, seguro de la victoria, «pienso dar dos encomiendas a dos hijos, pero no a su buelta, y también si él faltase».

En esta página se pueden ver, en la parte superior la carta del duque, más grande y con las frases resaltadas, y a su izquierda la respuesta del rey, con su caligrafía enmarañada.

Además de esas cartas, en la Hispanic Society hay un billete hológrafo del duque de Alba, de septiembre de 1577, año en que don Juan de Austria estaba en Flandes y Felipe II sospechaba de su lealtad. «La única fuente que tenemos son los libros de Antonio Pérez, su secretario, que cambiaba muchas cosas. Yo nunca había visto un documento independiente que confirmase las sospechas. Y este billete lo hace. El duque de Alba le dice al secretario Zayas que el rey no le escucha pero que deben llamar la atención del monarca porque don Juan “va a pasar a esta Corte para hacerse señor”. ¡Cuando tenía que estar en Flandes defendiendo los intereses del rey!», relata Parker a ABC. «Para venirse sin sperar licencia de Su Magestad y que aquí es donde le conviene estar, governando los negocios de su Magestad».


El año anterior ya había llegado a Madrid sin permiso del rey. Es interesante que ese billete esté entre los papeles del rey.

II

Geoffrey Parker, "El Duque de Alba da pistas sobre el asesinato de Escobedo en un billete", en Abc, 15/09/2015:

«Pocas veces ocurre que el descubrimiento de un solo documento transforme el modo en el que los historiadores comprenden los hechos del pasado». Ha ocurrido con este billete.

A las 9 de la noche del 31 de marzo de 1578, Juan de Escobedo, emisario confidencial de don Juan de Austria a su hermano Felipe II, cabalgaba por lo que hoy es la calle de la Almudena de Madrid cuando un grupo de seis asaltantes surgió de la oscuridad, y uno de ellos «le mató de una sola estocada» con «una espada ligera, de la marca de Castilla». Escobedo cayó de su caballo y se desangró antes de tener siquiera tiempo para confesarse. Los presentes trataron de apresar a los atacantes, pero todos ellos escaparon disolviéndose en las sombras.

Escobedo ya había sido el objetivo de otros intentos de asesinato, con veneno, empezando (de acuerdo con uno de los asesinos) «por la Navidad del año de 77», y después del último una esclava morisca de su servicio doméstico fue juzgada y ejecutada. Su hado hizo aún más sorprendente el hecho de que nadie fuera acusado, ni castigado, por haberlo asesinado en plena calle, y un embajador en Madrid anotó con asombro que dos semanas de pesquisas habían «fracasado en el intento de desvelar» la última pista de los malhechores, a pesar de que «sería casi imposible para un criminal ocultarse, especialmente cuando tanta gente estuvo implicada».

El embajador tenía razón: era «imposible», y de hecho cuando escribió esa frase los seis asesinos habían escapado de Madrid, gracias a la ayuda del secretario de Estado Antonio Pérez, quien remuneró a dos de los asesinos a razón de 100 escudos cada uno, y a otros tres con «una cédula y carta firmada de Su Majestad, de 20 escudos de entretenimiento, con título de alférez» en los Tercios españoles en Italia. De modo que Felipe había aprobado tanto la huida como la tentativa de matar a Escobedo.

¿Por qué debía morir Escobedo? Felipe insistió tiempo después en que Pérez «sabe muy bien la noticia que yo tengo de haber él hecho matar a Escobedo, y las causas que me dijo que había para ello», y por eso instruyó a sus jueces que «a mi satisfaçión y a la de mi conçiençia, conviene saber si estas causas fueron bastantes o no». Tras ocho vueltas del cordel, Pérez declaró que en 1577 Escobedo le había confiado que él y don Juan de Austria «vendrían a ganar a España y a echar a Su Majestad de ella». Pérez también presentó una carta que (insistía) le había enviado Escobedo, en la que anunciaba que don Juan planeaba dejar Flandes, y «aunque aquí y en cualquier parte servirá [don Juan] mucho, en ninguna tanto como cerca de Su Magestad para desde allí gobernarlo todo».

Solo una versión de esta extraordinaria carta ha sobrevivido: una copia que Pérez transcribió como parte del volumen de su correspondencia con Felipe, don Juan y Escobedo, que preparó en prisión mientras era juzgado a vida o muerte. Ocurre que los originales de algunas otras cartas del volumen preparado por Pérez sí han sobrevivido y revelan que falsificó sus versiones (presumiblemente para exculparse). ¿Quizás hizo lo mismo que esta que tratamos? Tantas incertidumbres llevaron a Fernand Braudel, el más grande hispanista del siglo XX, a concluir que «en este misterioso asunto nadie tendrá nunca la última palabra».

Pocas veces ocurre que el descubrimiento de un solo documento transforme el modo en el que los historiadores comprenden los hechos del pasado, pero un billete hológrafo, previamente desconocido, escrito por el III duque de Alba en 1577 y hallado en 2012 entre los manuscritos de la Hispanic Society of América en Nueva York ha provocado exactamente eso.

El duque, evidentemente, escribió su pequeñito billete sin datar a primeros de septiembre de 1577, cuando el Consejo de Estado debatía la petición de don Juan para que su sobrino Alexander Farnese, príncipe de Parma, se uniera a él en Flandes. Alba estaba cojo por un ataque de gota en esos momentos y por eso el mensaje que escribió a un ministro de Felipe es en extremo lacónico. Sin embargo, lo que el duque expresa es claro como el agua:

«Yo no tengo mano para poder scribir, pero con gran trabajo diré lo que me parece sobre la ida del príncipe de Parma. El Señor don Juan le quiere para en viendo el agujero -y aun quiera dios no sea antes- dexarle allí en su lugar y venirse. Y es consejo que de acá le an dado para venirse sin sperar licencia de Su Magestad, y que aquí es donde le conviene estar, governando los negocios de Su Magestad. Y vuestra merced me la hará [una merced] de dezir a Su Magestad que yo le digo lo que ay. Que Su [Magestad] hará lo que le conviene. Pero sepa que lo que le digo es verdad. No puedo más. Que si pudiera, bien obiera que dezir en la materia».

Alba, por tanto, sabía que don Juan había recibido «consejo de acá» (es decir, de Madrid) para regresar a España «sin sperar licencia de Su Magestad» a gobernar «los negocios de Su Magestad» -exactamente la situación que Pérez más tarde afirmaría que Escobedo le había comunicado.

El breve billete de Alba confirma, en consecuencia, que don Juan y Escobedo «vendrían a ganar a España y a echar a Su Magestad de ella», y Antonio Pérez, sin duda, debió de explotar el lado oscuro de su señor con el fin de asegurarse la aprobación real para el asesinato de Escobedo, primero con veneno tras «la Navidad del año de 77» y después por «una espada ligera de la marca de Castilla», en la calle de la Almudena, en Madrid, el 31 de marzo de 1578. A no ser que otro nuevo documento se descubra, el duque de Alba ha proveído «la última palabra» en «este misterioso asunto».

lunes, 14 de septiembre de 2015

Figuras históricas españolas atractivas para rodar una serie de televisión

(Verdaderamente hay muchos personajes atractivos para rodar una serie de televisión: Recaredo y otros muchos reyes godos, San Isidoro, Pedro I el Cruel, los hermanos Valdés, Luis Vives, el doctor Constantino Ponce de la Fuente, el almirante Pedro Menéndez de de Avilés, Juan de Austria, el capitán Alonso de Contreras, Garcilaso, Francisco de Aldana, Baldomero Espartero, Julián Sanz del Río... pero los que ha escogido este artículo tampoco están nada mal): 

¿Qué personaje histórico español merecería una serie de televisión? en Jot Down Magazine, 14 -IX-2015:

Esta semana, como recordarán, se estrenó Carlos, rey emperador, la serie de TVE heredera de Isabel, centrada en otra gran figura nuestro país, Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Un primer episodio que tuvo una aceptación desigual. Quizá las expectativas eran muy altas o quizá sea demasiado pronto para juzgarla y mejore en sucesivos capítulos, pero en cualquier caso se agradece el intento. A menudo se ha dicho que es la falta de una industria audiovisual lejanamente comparable a la del ámbito anglosajón el único obstáculo para estas recreaciones, pues de acontecimientos históricos dignos de ser narrados y de personalidades con vidas desde luego nada aburridas estamos bien servidos. En estas últimas nos centraremos a continuación, ya que no hay dos sin tres y así a ver si algún productor o la misma televisión pública se anima a continuar en esta senda. De manera que voten o añadan algún otro ejemplo si lo desean.

Blas de Lezo

«Todo buen español debería mear siempre mirando a Inglaterra». ¿Cómo olvidar a alguien que deja semejante frase para la posteridad? Este azote de corsarios nacido a finales del siglo XVII en la localidad vasca de Pasajes fue ascendiendo en la jerarquía militar a base de demostrar audacia en el campo de batalla, aunque pagando a cambio un alto precio, pues le faltaban más partes que al Señor Patata de mi sobrino: perdió una pierna en la batalla de Málaga, un ojo en la defensa de Tolón y un brazo en el asedio de Barcelona. Lo que le quedó fue, sin embargo, suficiente para frenar al ladino Imperio británico en Cartagena de Indias, pese a luchar en una proporción de diez a uno. Su historia sin duda nos dejaría pegados a la pantalla, pero plantea una incertidumbre: si es una producción española las imprescindibles escenas de acción causarán cierto bochorno y solo incluirán primeros planos, pero si es estadounidense Blas de Lezo pasará a ser un apasionado amante latino y arderán santos en las fallas de Sevilla. A ver entonces una coproducción en la que cada uno aporte lo suyo.

Hernán Cortés

En realidad no deberíamos mencionarlo porque de hecho ya hay anunciadas no una sino tres adaptaciones al cine y la televisión (y en la mencionada sobre Carlos I también aparece como personaje secundario), pero como no nos perdonarían su ausencia y ciertamente aún no han sido emitidas, pues ahí va. Su vida ya sería trasladable a la pantalla cuando aún no había partido hacia las Américas, pues se lesionó un tobillo saltando de la ventana de una amante ante la llegada del marido. Con eso un guionista español ya tiene para un episodio de una hora. Lo que vino después —una vez partió con la idea muy clara en mente, no de labrar tierras, sino de conseguir oro— es una sucesión tan asombrosa de aventuras y peligros que desembocaron en la conquista de Tenochtitlan que pondrían a prueba la suspensión de la incredulidad de más de un espectador. Su habilidad negociadora y táctica, el vértigo de explorar un mundo desconocido, la relación que mantuvo con la indígena Malinche, su valor en combate y su proverbial buena suerte conformarían una narración inolvidable, aunque pusieran de protagonista al mismísimo Antonio Resines.

Inés de Suárez

Como en el caso anterior, incluimos a esta figura histórica por los pelos, pues una televisión chilena tiene previsto realizar una serie sobre ella, concretamente adaptando la novela histórica Inés del alma mía de Isabel Allende. Nació en la localidad extremeña de Plasencia en 1507, aprendió el oficio de costurera y al desembarcar en América para reunirse con su marido descubre que este ya había muerto. Como viuda se le concedieron unos terrenos y dado que no eran tiempos blandengues como los actuales y la gente se sobreponía mejor a las adversidades, poco después se convirtió en la amante de su vecino, Pedro de Valdivia. Junto a este partió a la exploración y conquista de lo que hoy es Chile y fundaron Santiago de Chile, durante cuya defensa tuvo la feliz idea de decapitar a siete caciques indígenas capturados y lanzar sus cabezas contra los atacantes, haciéndolos huir espantados. Más adelante se casó con otro hombre y llevó una vida piadosa hasta su vejez.

Juan Sebastián Elcano

Hollywood adora los biopics, da igual qué logro caracterice tu vida que tarde o temprano algún guionista comprimirá tu historia insuflándole algo de épica y un actor más guapo que tú intentará ponerse en tu pellejo. Así, por ejemplo, Gengis Kan tuvo como intérprete a John Wayne, todo un acierto de casting. Pero no hace falta ser siquiera un líder que arrastre a las masas ni un artista con un rico mundo interior; el creador de Facebook tuvo el suyo antes de cumplir veintiséis años y Steve Jobs contará dentro de apenas un mes con su tercera película biográfica. En vista de todo esto… ¿El marinero que dio la primera vuelta al mundo, en un viaje que es toda una epopeya como tal vez nunca haya visto la humanidad, no merecería, pues, algo de atención? Una expedición que duró más de tres años, repleta de contratiempos a los que solo sobrevivieron dieciocho de los más de doscientos hombres iniciales, quizá merezca más una serie que una película, pero hasta el momento no hay nada en ninguno de los dos formatos.

Bernardo de Gálvez

Nacido en la provincia de Málaga en 1746, este macharatungo —hay gentilicios que parecen insultos— combatió en Europa, África y América y resultó gravemente herido en varias ocasiones hasta que fue designado gobernador de Luisiana, donde ejercería una labor crucial en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Un papel que no obtuvo desde entonces demasiado reconocimiento… al menos hasta ahora, pues el próximo domingo Obama entregará a Felipe VI el título de ciudadano honorario estadounidense para Bernardo de Gálvez.

Hermenegildo

Sí, lo sabemos, algún lector señalará que es una ligereza esto de llamar español a un visigodo, pero permítannos dicha licencia en este caso y en los dos que vienen a continuación por economía expresiva y con los sobreentendidos que se deseen. Respecto a este príncipe visigodo del siglo VI convertido en mártir, la narrativa lleva mal el enfrentamiento entre corrientes religiosas o ideológicas en abstracto y requiere que se personalicen, dotar de nombre y rostro a cada una y a ser posible de parentesco entre ambas, así que su caso no puede resultar más oportuno. Hermenegildo, tras casarse con Ingunda, hija de Sigeberto y Brunegilda (por qué la gente ya no se llamará así), se convirtió al catolicismo y eso le llevó al enfrentamiento con su padre, partidario del arrianismo. La disputa familiar acabó en guerra y con el hijo finalmente apresado y muerto por orden de su propio padre. Un dramón que exige su sitio en la parrilla televisiva.

Urraca I de León

Dueña de otro bonito nombre que ha caído en desuso, nació en León en 1081 y fue también miembro de una familia disfuncional que terminó resolviendo sus disputas personales con su marido, su hijo y su hermana a base de batallas y asedios a castillos.

Wifredo el Velloso

En esta figura histórica del siglo IX se han entremezclado los hechos con la leyenda, como la creación con su propia sangre sobre su escudo de la Señal Real de Aragón, que forma parte de las banderas de Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares. Una hipotética serie en torno a él debería dirigirla qué menos que alguien catalán y con una amplia experiencia en televisión, se nos ocurre por ejemplo Albert Boadella.

El gran duque de Osuna

Pedro Téllez-Girón y Velasco murió en una mazmorra en 1624, donde fue enviado por orden del conde-duque de Olivares. Pero en su medio siglo de vida le dio tiempo a protagonizar múltiples aventuras amorosas, disputas y gestas militares, algunas contadas por su amigo Quevedo.

Isabel de Farnesio

Nació en Parma en 1692 y gozó de una esmerada educación en todos los ámbitos del saber, desde la política a las artes, que le hizo dominar siete idiomas. Cuando Felipe V quedó viudo encontró en ella la sustituta idónea, hasta tal punto que, según el embajador francés, «el monarca se está destruyendo visiblemente a causa de la utilización excesiva de la reina. Está completamente agotado». Pero semejante devoción por su esposa —que la HBO nos mostraría con detalle— resultó fructífera, pues tuvieron nada menos que siete hijos y con ellos Isabel dio rienda suelta a su carácter intrigante y manipulador para colocarlos en las cortes europeas. Según dijo de ella Federico II: «Habría querido gobernar el mundo entero; no podría vivir más que en el trono (…) el carácter de esta mujer singular estaba formado por la soberbia de un espartano, la tozudez de un inglés, la sutileza italiana y la vivacidad francesa. Andaba audazmente hacia la realización de sus propósitos; nada la sorprendía, nada podía detenerla».

Ramón María Narváez

El siglo XIX español sencillamente no se entendería sin él. Su biografía sería una excelente manera de asomarnos a un periodo histórico tan convulso en el que no hubo un solo follón en el que no estuviera él en medio y, a pesar de todo, sobrevivió, prosperó y llegó a ser presidente del Consejo de Ministros en siete ocasiones.

Pablo Iglesias, "¿Por qué todos hablan del Pablo Iglesias británico?"

Pablo Iglesias, "¿Por qué todos hablan del Pablo Iglesias británico?", en El País, 14 de septiembre de 2015:

Resulta sorprendente, paradójico, incluso irónico, que muchos medios comparen a un veterano laborista como Jeremy Corbyn con nosotros. Y, sin embargo, tienen toda la razón en hacerlo. ¿Qué puede tener en común el nuevo jefe del viejo partido fundado por los sindicatos británicos con una formación nacida hace año y medio en España? Básicamente una cosa: el fracaso del social-liberalismo de la Tercera Vía.

Se dice de Podemos que somos el partido de los indignados. No es incorrecto del todo, pero esa explicación se queda a medias. El 15-M y el movimiento de los indignados en España fueron la expresión social del fracaso de eso que se llamó neoliberalismo. Aquel modo de organización política que arrasó con las instituciones de protección social, que destruyó la industria y los sindicatos, que produjo burbujas especulativas y que basó el consumo en el crédito, y se reveló incapaz de presentar soluciones aceptables cuando la crisis financiera aceleró la destrucción de los servicios públicos y los derechos sociales empobreciendo a los sectores medios y a la clase trabajadora. En el momento en el que la crisis llegó a España, el PSOE, tradicionalmente identificado con el Estado del bienestar, estaba en el Gobierno y no supo dar ninguna alternativa. No es que no se atreviera ya a ser socialista, es que ni tan siquiera se atrevió a rechazar las políticas de recortes y la austeridad planteando un mínimo programa neokeynesiano de rescate ciudadano. José Luis Rodríguez Zapatero sencillamente se rindió ante la crisis tomando las mismas medidas que hubiera tomado un Gobierno conservador. Él mismo reconoció en un libro de memorias que sabía que las medidas que iba a tomar le iban a costar las elecciones a su partido.

Aquello contribuyó a la identificación de los dos grandes partidos españoles como casi lo mismo, como élites políticas que encarnaban privilegios de casta, al tiempo que decidían recortes sociales que empobrecían a la población. La mayor expresión social de esa desafección fue el 15-M, un movimiento cuyo principal mensaje fue su rechazo a las élites políticas y económicas. Podemos ha sido quizá la expresión político-electoral de ese movimiento que, sin embargo, no se explica sin el hecho de que nuestro Partido Socialista se había convertido ya para muchos ciudadanos en algo muy parecido al Partido Popular.

La historia en Reino Unido no es tan distinta. Allí el éxito del neoliberalismo significó la derrota del laborismo y de la clase trabajadora británica, que tuvo muchas expresiones simbólicas. La que más me conmueve es la derrota que Thatcher infligió a los mineros, que protagonizaron una resistencia heroica. La que más me ofende es la puesta en marcha de la Tercera Vía de Tony Blair (convertido en el mejor heredero de Thatcher), que hacía de la socialdemocracia una suerte de nuevo social-liberalismo y habría de convertirse es una referencia para todos los partidos socialistas europeos, en particular para el español.

Si Podemos ha sido la mejor expresión de la crisis de identidad del PSOE (no por casualidad llevan un año tratando de disfrazarse de nosotros), en Reino Unido, Corbyn es la mejor expresión de la crisis de identidad del Labour Party. Podría haber ocurrido desde fuera (como en Escocia, donde los votantes tradicionales del LP han entendido que el SNP defiende mejor los derechos sociales), pero ha ocurrido desde dentro.

Por fin vamos a contar con un aliado en Reino Unido con el que compartimos diagnóstico y un proyecto de defensa de los derechos sociales mediante políticas que combatan la desigualdad. Nuestro papel no es otro que el de ser las fuerzas que representan a la mayoría social, a las clases populares golpeadas por un modelo de gobernanza financiero diseñado para favorecer a las élites financieras y a su clientela.

Cada vez son más los socialistas que vienen con nosotros para defender la democracia, luchar contra la austeridad y la desigualdad. Solo podemos decirles: bienvenidos compañeros, caminemos juntos.

La campaña contra Corbyn ha empezado ya. Oímos los mismos insultos que ha recibido el Gobierno griego y que hemos recibido nosotros, o la misma condescendencia de quien dice que su papel será solo el de ser una llamada de atención pero que nunca podrá gobernar. Y, sin embargo, cada vez somos más y más fuertes en Europa. Bienvenido, Jeremy.

Este artículo fue escrito por el secretario general de Podemos para The Guardian.

El microrrelato más breve de la literatura española

No recuerdo el autor, pero lo que escribió es, desde luego, bastante fácil de recordar:

LUIS XIV

Yo.

La Psicología no es científica en la mitad de los casos

I

Daniel Mediavilla, "Más de la mitad de los estudios en psicología no se pueden repetir", El País, 27 de agosto de 2015:

Un equipo internacional de científicos intenta replicar 100 artículos relevantes y solo logra hacerlo en un 39% de los casos y con resultados menos significativos que los originales. Hasta el 95% de la investigación en psicología pueden ser falacias sin rebatir.

A principios de 2011, el psicólogo social holandés Diederik Stapel publicó en la prestigiosa revista Science un artículo con resultados llamativos: los entornos desordenados favorecen los estereotipos y la discriminación. Pocos meses después, una investigación encabezada por Pim Levelt, antiguo presidente de la Academia Holandesa de Ciencias, concluyó que Stapel se había inventado los resultados de su trabajo, desde la recopilación de datos hasta las encuestas que apoyaban sus conclusiones. No era la primera vez que lo hacía y, poco a poco, decenas de artículos del mismo autor fueron retirados por las revistas que los habían publicado. Estudios que aseguraban que a veces el fracaso hace sentir mejor, que los anuncios de belleza hacen sentir feas a las mujeres o que el poder hace más probable la infidelidad, eran fruto de la mente de un trilero y no de un trabajo científico honesto. En una entrevista con The New York Times, el investigador holandés trató de explicar sus motivos. Él amaba la psicología social, pero siempre se había sentido frustrado por el caos de los datos obtenidos en los experimentos, con los que era raro llegar a conclusiones claras. Su obsesión por la elegancia y el orden le había llevado a inventar resultados atractivos que gustaban en las revistas científicas. Este tipo de escándalos, que también se han producido en otros campos, pero preocupan especialmente en la ciencia psicológica, iniciaron un debate sobre la validez de los controles en este campo de la ciencia.

Aunque casos como el de Stapel son extremos, la selección de datos para mostrar resultados más atractivos y más fáciles de colocar en las revistas científicas es frecuente. En un artículo que se publicó en 2009 en la revista PLoS One, Daniele Fanelli, de la Universidad de Edimburgo, revisó una serie de estudios en los que se preguntaba a los investigadores si ellos o sus colegas había manipulado sus propias investigaciones para adaptarlos a sus intereses. Los resultados mostraban que un 1,97% de los científicos explicaba que había inventado, falsificado o modificado datos o resultados al menos en una ocasión, y el 33,7% reconocía otras prácticas reprobables aunque menos graves. Cuando se les preguntaba por el comportamiento de los compañeros, hasta un 14,1% afirmaba conocer casos de falsificación de datos y un 72% decía haber sido testigo de otros actos cuestionables.

Este tipo de actitudes, alimentadas por la presión por publicar sus investigaciones, han sembrado dudas sobre la posibilidad de replicar estudios en psicología, algo fundamental para que se la considere una ciencia seria. Los propios investigadores no tienen incentivos para ser fieles del todo a los datos ni para tratar de repetir los resultados de sus colegas, lo que provoca un círculo vicioso. Las revistas científicas prefieren resultados distintos y sorprendentes frente a trabajos que repliquen otros ya conocidos, y todos estos factores facilitan que la mala conducta o las pequeñas triquiñuelas pasen desapercibidos.

Afrontar el problema

Esta semana, en la revista Science, la misma que publicó el estudio fraudulento de Stapel, se publica el mayor trabajo conjunto para replicar estudios científicos en psicología. Un grupo de 270 investigadores de todo el mundo intentó repetir los resultados de 100 artículos relevantes en la materia. Pese a contar con la colaboración de los propios autores para conocer su metodología y las condiciones en las que obtuvieron sus resultados, solo fue posible obtenerlos de nuevo en un 39% de los casos. En algunos casos, los resultados obtenidos fueron los contrarios a los de la investigación de referencia. Según comentan los autores del trabajo, liderados por Brian Nosek, investigador de la Universidad de Virginia (EE UU), que no fuese posible replicar los resultados de un estudio no significa necesariamente que sean erróneos, pero son una señal de que se han de realizar cambios para facilitar que se pueda hacer.

En un artículo que también aparece en Science, el biólogo y periodista John Bohannon, especializado en cuestionar los controles de calidad a los que se someten los artículos científicos, afirma que “estos resultados apoyan la idea de que los científicos y los editores de las revistas científicas están sesgados -conscientemente o no- en lo que publican”. Además, señala que, incluso en los artículos que pudieron ser replicados, los efectos observados eran mucho menos claros que en los experimentos originales.

“Los científicos quieren producir conocimiento fiable, pero también necesitan producir resultados que les ayuden a mantener su trabajo como investigadores”, ha afirmado Nosek, que forma parte de una iniciativa para mejorar el problema que muestran en su artículo. “Para tener éxito en la ciencia, los investigadores necesitan publicar, y algunos resultados son más fáciles de publicar que otros, en particular aquellos que son novedosos y apuntan en direcciones nuevas y emocionantes”, continúa. Por este motivo, muchos científicos prefieren perseguir líneas de investigación novedosas sin tener tanto en cuenta que sus resultados sean reproducibles. En casos extremos, la falta de incentivos para ser fiel a los datos caóticos que suelen surgir del trabajo científico produce fenómenos como el de Stapel


II

Javier Sampedro, "Un descubrimiento irrepetible. Más de la mitad de los estudios en psicología no se pueden repetir", en El País, 27 de agosto de 2015:

Es probable que el lector haya oído hablar de los premios IgNobel (juego de palabras entre los premios Nobel y la palabra inglesa ignoble (innoble), una iniciativa mordaz de los chicos de Harvard donde las investigaciones más grotescas del año pugnan por recibir su merecido. Pero la decana de las revistas satíricas de este género es The Journal of Irreproducible Results (la comicidad se pierde al traducirlo al español, y por otra parte no hace falta), fundada en 1955 y fuente desde entonces de risión e inspiración para científicos y gente normal. En ciencia solo hay una cosa peor que un resultado falso, y es un resultado irreproducible. Del primero sabes que es mentira. Del segundo, ni eso.

En ciencia solo hay una cosa peor que un resultado falso, y es un resultado irreproducible
La necesidad irrenunciable de que los resultados científicos sean reproducibles es una de las grandes causas de que los papers (los artículos técnicos) suelan ser unos ladrillos ilegibles. “Escríbelo para que lo entienda mi abuela” es una cosa. “Escríbelo para que lo reproduzca mi abuela” es justo la contraria. Ahí tiene que estar todo: cómo elegiste tu muestra de población y por qué, qué sesgos puede incorporar sin que te hayas dado cuenta, qué operadores estadísticos has elegido, a quién le has comprado los reactivos y con qué farmacéuticas tienes algún interés compartido. Todo lo necesario para que los demás científicos puedan reproducir tus resultados tiene que estar ahí, allanando tu futuro pero arruinando tu prosa. Un resultado irreproducible no es ciencia, sino rumor.

Pero eso es solo la teoría. En la práctica, los científicos que dedican su tiempo a reproducir los resultados de los demás son muy raros, en el sentido de infrecuentes. Por supuesto, si inventas una técnica rompedora que aumentará en órdenes de magnitud la eficacia de una técnica que utiliza todo el mundo, todo el mundo se tirará encima de tu protocolo un minuto después de que lo publiques. Pero el resto de la producción científica –el 100%, redondeando un poco— pasará inescrutada por el filtro tupido de la confianza general. Nadie intentará reproducirlo, y por tanto nadie comprobará si es ciencia o rumor.

Es obvio que algo va mal. Tan mal como que la mitad de la psicología publicada no es ciencia
O así era hasta ahora. Un esfuerzo inédito y loable, llamado Proyecto Reproducibilidad, se ha tomado en serio el asunto y ha empezado a plantear, e identificar, una serie de –graves— problemas del sistema. En la entrega actual, 270 científicos han intentado reproducir 100 experimentos publicados en los mejores journals de psicología experimental, y solo han conseguido reproducir la mitad. Nadie dice que eso sean exactamente “fraudes científicos” –yo tampoco—, pero es obvio que algo va mal. Tan mal como que la mitad de la psicología publicada no es ciencia. ¿No creen que esto es un problema?

domingo, 13 de septiembre de 2015

El programa económico del Podemos inglés

Pablo Guimón, "¿Qué propone Corbyn, el favorito a liderar el laborismo británico?", El País, 11 de septiembre de 2015:

Jeremy Corbyn es el favorito a hacerse este sábado con el liderazgo del Partido Laborista británico. De los cuatro candidatos -Yvette Cooper, Andy Burnham, Liz Kendall y el propio Corbyn-, es el que se sitúa más a la izquierda. Sus críticos consideran que el laborismo nunca podrá llegar al poder con un líder tan radical como Corbyn; sus partidarios, que las políticas realmente radicales son las que han puesto en práctica los tories en estos años. Durante el verano, su equipo de campaña ha ido publicando una serie de documentos que recogen sus propuestas en diferentes campos. Documentos que, según el propio candidato, son solo un punto de partida y están abiertos al debate político y ciudadano. Estas son algunas de sus propuestas, agrupadas en 10 áreas:

1. ECONOMÍA: Imprimir dinero para invertir en infraestructuras

El programa económico de Corbyn, bautizado por la prensa como Corbynomics, ha dado mucho que hablar este verano. Hasta el punto de que provocó dos cartas, firmadas cada una por una lista de prestigiosos economistas, una a favor y una en contra. Básicamente, supone terminar con la austeridad, más impuestos para los ricos y protección a las personas que dependen de las ayudas públicas para subsistir.

Se compromete a reducir el déficit presupuestario (actualmente, un 5% del PIB), pero a un ritmo menor, y no a través de recortes en el gasto, sino aumentando la inversión y subiendo los impuestos. Ahí entra su propuesta estrella: el quantitative easing (QE) popular. Consiste en que el Banco de Inglaterra imprime dinero, pero en vez de utilizarse para comprar bonos del Estado, que es lo que sucede en el QE normal, se destina a comprar bonos del Banco Nacional de Inversiones, una institución de nueva creación, que se dedicaría a invertir en proyectos de vivienda, transporte, energías verdes o tecnología. Esto crearía puestos de trabajo peor también, según sus críticos, inflación y tipos de interés más altos, que acabarían penalizando a los hogares con ingresos más bajos.

Otras propuestas consisten en la renacionalización de los ferrocarriles –algo que comparte, según las encuestas, la mayoría de los británicos- y del Royal Bank of Scotland, rescatado en 2008. Propone también subir el salario mínimo e imponer un salario máximo.

2. UNIÓN EUROPEA: Sí, pero "mejor"

Corbyn no es partidario de que Reino Unido abandone la Unión Europea. Pero promete unir fuerzas con otros miembros para crear “una Europa mejor”. “No podemos estar satisfechos con el estado actual de la UE”, declaró en The Guardian, “pero eso no significa abandonarla, sino permanecer en ella y luchar juntos por una Europa mejor”. Se le propuso -y rechazó- liderar una campaña por abandonar la UE desde la izquierda, y por eso sus rivales en la contienda por el liderazgo laborista criticaron lo que consideraron una tibieza en su postura. Pero, de cara al próximo referéndum sobre la permanencia o no del país en la UE, ha dejado claro que hará campaña por permanecer.

Con la misma claridad se opone al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la UE (TTIP).

3. DEFENSA: Adiós a los submarinos nucleares

Convencido activista antinuclear, ha declarado que votará en contra de la renovación de la flota de submarinos nucleares del sistema Trident -el único arsenal de estas características con que cuenta Reino Unido- sobre la que debe decidir este Parlamento el próximo año.

No comparte el compromiso, expresado por el Gobierno de David Cameron, de salvaguardar de los recortes el gasto de Defensa, manteniéndolo por encima del 2% el PIB, como recomienda la OTAN.

4. POLÍTICA EXTERIOR: No a bombardear al Estado Islámico

Defiende una “política internacional radicalmente diferente”, basada en “soluciones políticas y no militares”. No es partidario de desplegar tropas británicas en el extranjero sin la autorización de la ONU. Estudiaría la conveniencia de abandonar la OTAN y se opone a los bombardeos contra el Estado Islámico en Irak y Siria.

5. EDUCACIÓN Y SANIDAD: Rescatar hospitales, eliminar tasas

Propone el rescate de los hospitales construidos con capital privado, pagando con dinero público su deuda con las empresas. Promete más inversión para combatir “la crisis de la salud mental que atraviesa el país en la actualidad”.

En Educación, plantea la creación de un Servicio Nacional de Educación, siguiendo el modelo del NHS. Eliminaría las tasas de matrícula, lo cual tendría un coste, calcula, de 10.000 millones de libras, que financiaría con subidas de impuestos a los más ricos y a las empresas o retrasando el plazo de reducción del déficit.

6. POLÍTICAS DE GÉNERO: Vagones de tren para mujeres

El candidato publicó un documento con una serie de propuestas para combatir el acoso sexista a las mujeres en el espacio público. Las propuestas incluyen una línea telefónica abierta 24 horas para denunciar agresiones, crear una secretaría de Estado para la seguridad de las mujeres, realizar campañas de concienciación… Pero todos los titulares -y las críticas- se los llevó una de las propuestas: vagones segregados solo para mujeres en los trenes nocturnos.

Corbyn también se ha comprometido a formar un Gobierno, si llega a hacerlo, donde la mitad de los miembros sean mujeres.

7. VIVIENDA: Construir y controlar los alquileres

Promete “viviendas decentes para todos en los sectores público y privado” para 2025, si llega a ser primer ministro, a través de “un gran programa de construcción de casas y un control de los alquileres”. Corbyn extendería a los alquileres privados el llamado derecho a comprar, que permite a los residentes en viviendas sociales adquirirlas con un descuento. Se financiaría “retirando los 14.000 millones de libras en ayudas fiscales que reciben los propietarios que compran viviendas para alquilarlas”.

8. ENERGÍA: Renacionalizar

Propone la renacionalización de las compañías energéticas. Plantearía una moratoria en el fracking, práctica que ha definido como “peligrosa para el medio ambiente”.

9. MEDIO AMBIENTE: Reestructuración radical

Ha publicado un docuento con 10 puntos, sin demasiada concreción, para “una reestructuración radical del envejecido, ineficiente y contaminante mercado energético británico”.

10. INMIGRACIÓN: No a más control en las fronteras

Muchas voces en el partido piden abrir el debate de si el laborismo debería defender el aumento de los controles fronterizos para reducir la inmigración, pues consideran que su postura tradicional de apertura ha provocado un distanciamiento con los electores preocupados por el aumento de inmigrantes en la última década. Esa no es la postura de Corbyn. Él considera que el cambio demográfico en las comunidades locales ha sido beneficioso para los jóvenes porque favorece “una mejor comprensión del resto del mundo”. Insiste en destacar la “enorme contribución” de los inmigrantes al país desde la Segunda Guerra Mundial.

Ofrenda musical de algunos maravillosos conciertos dados en este año

1. Las dos hermanas Buniatshvili, Katia y Gvantsa, han hecho una obra maestra con el Concierto para dos pianos de Bach  BWV 1062 en la sala Pleyel de París que no me canso de escuchar; las descubrí en el canal Mezzo. Será tonto de capirote aquel que no vea el vídeo: el quid divinum se da muy pocas veces, y esta es una.

2. El segundo tiempo de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak

3. La Pasión según San Juan de Bach toca algo de lo más hondo del corazón humano, trasciende, es una cumbre del arte irrepetible, como la según San Mateo. Son magníficas las versiones de Herreveghe y el Bach Collegium de Suzuki, pero la del gran biógrafo del genio Eliot Gardiner no desmerece. 

4. y 5. El Concierto para piano número 2 de Sergio Rachmaninoff con Anna Fedorova al piano impresiona tan profundamente como los coros celestes de sus Vísperas, op. 37.

6. La sonata 84.ª del padre Antonio Soler es la pura perfección matemática: la arquitectura más luminosa del Siglo de las Luces.

7. El retablo de maese Pedro, adaptación por Manuel de Falla del episodio cervantino en un solo acto, en la mejor versión que he podido encontrar en Internet.

8. El Arabesco I de Debussy.

Mitos, mentiras y verdades a medias del nacionalismo catalán

I

Xavier Vidal-Folch, "El pequeño gran libro del que no quiere hablar la televisión de Mas", en Babelia, suplemento cultural de El País, 11-IX-2015:

'Las cuentas y los cuentos de la independencia' de Borrell y Llorac no parte de las premisas del unionismo inmovilista, sino del integracionismo de aroma federal.

Todos los países federales calculan oficialmente sus balanzas fiscales internas: no es así. España extrae de Cataluña un exceso de aportación de 16.000 millones de euros, lo que representa el mayor “expolio” mundial: la cifra es incorrecta, completamente exagerada. Si Cataluña fuese independiente podría disponer automáticamente de esos 16.000 millones para mejorar su bienestar, evitar recortes y amortizar su deuda: no es cierto. La independencia es la única solución a los problemas de los catalanes: es un espejismo. No supondría la salida de la Unión Europea: es una falacia.

Estos son solo algunos de los mitos fabricados por el nacionalismo catalán en los últimos años, que son cuidadosamente decompuestos, desarticulados y esterilizados en un texto de impecable factura debido a Josep Borrell y Joan Llorach, y que le ha valido al primero la fulminante censura de la televisión pública de Artur Mas.

Se trata de un oportunísimo pequeño gran libro que sorprenderá a quienes consideran al ex presidente del Parlamento Europeo como un ogro centralista. El texto no parte de las premisas del unionismo inmovilista, sino del integracionismo de aroma federal. Reconoce que los impuestos los pagan los ciudadanos individuales, pero también que se agrupan en entidades territoriales. No niega como tantos la viabilidad de un Estado independiente catalán, sino su conveniencia. No considera que únicamente Caluña tiene un problema en su relación con el conjunto de España, sino que también esta lo tiene en relación con los catalanes. Y en vez de denostar hasta el insulto los planteamientos de los líderes secesionistas, como suele la caverna, los pone ante su propio espejo, investiga de dónde nacen y si tienen alguna base numérica o jurídica sólida. Y lo hace desde el respeto a los ciudadanos independentistas por “sentimiento”, pero desde la crítica feroz a las falsedades creadas para añadir a estos un aluvión de secesionistas “racionales” atentos a argumentos y cálculos… que resultan inventados.

El resultado de este contraste es espectacular. Borrell y Llorach recuperan de entrada las añejas declaraciones unionistas de Mas: “El pacto fiscal es el camino, ¿o qué vamos a hacer ahora, un planteamiento a corto plazo que además de todos los problemas que tenemos dentro de Catalunya, nos parta, nos divida al país en dos?” (exactamente lo que está sucediendo). Rescatan la carta de Oriol Junqueras a todos los eurodiputados propalando la tesis de que el déficit fiscal catalán superior a un 8% es un disparate si se compara con el presunto tope del 4,5% entre los länder alemanes: y documentan con testimonios oficiales que ese límite alemán es falso, por inexistente. Critican el cálculo de ese déficit en una cuantía prácticamente inmutable y eterna por el método menos adecuado de los que se usan para estimar las balanzas fiscales (lo que una comunidad aporta y lo que recibe). Demuestran que el principal fallo del secesionismo en la operación matemático-ideológica radica en ignorar primero y minusvalorar después los costes de los servicios (fuerzas armadas, diplomacia…) que un Estado independiente debería financiar y ahora son comunes. Y estiman el déficit fiscal real, esto es, el exceso (a corregir) de la contribución catalana, en una horquilla entre un 1% y un 1’82% del PIB, entre la cuarta y la octava parte del mantra nacionalista.

En vez de denostar hasta el insulto los planteamientos de los líderes secesionistas, como suele la caverna, los pone ante su propio espejo
Si la deconstrucción de este último resulta difícilmente refutable, algunos aspectos de la construcción alternativa de Borrell y Llorach necesitarían un complemento: a la hora de calcular la financiación autonómica conveniente según el criterio más equitativo de pagar por riqueza y recibir por población, podrían haber tenido en cuenta los estudios –más completos en cuanto a número de ejercicios analizados—de la profesora Maite Vilalta, que arrojan un superior déficit a corregir. Y cuando estiman las (siempre escasas) inversiones estatales regionalizadas, son algo ambiguos en el manejo de los plazos: hacen poco hincapié en la persistencia a largo plazo de unas carencias que lastran la economía de vanguardia en España en perjuicio de todos. Pero esas escasas insuficiencias para nada lastran el extraordinario valor de un libro cuidado, preciso, respetuoso, desmitificador y valiente. Y por tanto, justo merecedor de la censura inquisitorial.


Las cuentas y los cuentos de la independencia. Josep Borrell y Joan Llorach. La Catarata. Madrid, 2015. 159 páginas. 15 euros

II

César Cervera Moreno, "Quince descabellados mitos del nacionalismo catalán", en ABC, 13 de sept. de 2015:

Es cierto que España, Inglaterra, Francia y compañía tienen en su pasado una infinidad de mitos y de personajes casi mitológicos, como puede ser en el caso español El Cid Campeador, pero el peligro está en el uso político que se da a esos mitos y a si están abiertos o no al análisis histórico. Los catalanes no lo están. El nacionalismo catalán es un fenómeno contemporáneo, surgido del descontento de ciertos sectores dirigentes a finales del siglo XIX con el proyecto de estado-nación español, que se vio obligado a crear una larga lista de mitos cimentados en tres hitos –el periplo medieval de los Condados Catalanes, la unión dinástica entre Castilla y Aragón y la Guerra de Sucesión– para apoyar sus reivindicaciones políticas. Hoy, muchas de esas leyendas siguen vigentes y, pese a la fragilidad de sus argumentos, resultan inaccesibles a los historiadores, que, cuando logran desmontarlas, son acusados de servir a los intereses de España. Ese desdén hacia los investigadores –retratado en la broma de Jordi Pujol: «Yo soy historiador»– hace que los mitos catalanes sean muy infantiles y fáciles de desclasificar.

1º La rendición no se produjo el 11 de septiembre.

El Parlamento de Cataluña declaró la Diada como fiesta autonómica catalana en 1980 para conmemorar la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión. Sin embargo, Jordi Pujol y su partido cometieron un fallo histórico puesto que la rendición de la ciudad no tuvo lugar el 11 de septiembre, sino poco después del mediodía del día 12. Y, según el historiador Salvador Sanpere y Miquel, «la muerte de la libertades», tal y como la interpretan los independentistas, aconteció dos días después de la entrada de las tropas con la rendición de las banderas a la Armada Real.

2º La mitificación de Rafael Casanova.

Los actos de la Diada comienzan con una ofrenda floral a Rafael Casanova, conseller en cap durante el asedio de 1714. Un personaje mitificado por los nacionalistas al que algunos historiadores responsabilizan de llevar el asedio a una resistencia «suicida» que causó miles de muertes innecesarias. Su actuación en la batalla tampoco fue muy heroica. Cuando comenzó el asalto final, Casanova estaba durmiendo y, tras acudir a las murallas, fue herido de poca gravedad en el muslo. A la caída de la ciudad, el político catalán quemó sus archivos, se hizo pasar por un muerto y delegó la rendición en otro consejero. Tras conseguir la amnistía en 1719, Casanova volvió a España a ejercer como abogado hasta su muerte. Sus familiares reivindican hoy su figura como simplemente un español que apoyó al Rey equivocado.

3º Pérdida de las libertades catalanas.

Felipe V retiró los fueros cuando tomó la ciudad de Barcelona, que había defendido la causa del archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión. La propaganda nacionalista señala esta decisión como «la muerte de las libertades de Cataluña». No en vano, el hispanista Henry Kamen explica que el concepto moderno de libertad nada tiene que ver con los privilegios administrativos, en el sentido medieval, de los que gozaba esta región de España. Además, el historiador Joaquim Coll recuerda que «no hay prueba de que los Austrias garantizaran un modelo pluriestatal».

4º Países Catalanes, la tierra prometida.

«A pesar de la tendencia de los historiadores nacionalistas catalanes a retorcer la naturaleza “catalana-aragonesa” de la Corona de Aragón, nunca ha existido nada, en la historia medieval, y mucho menos en los tiempos modernos, que pudiera considerarse ni de lejos un embrión del Estado catalán, excepto en las imaginaciones más románticas y soñadoras», explica en uno de sus trabajos el historiador Enric Ucelay-Da Cal. Frente a la incapacidad para encontrar un germen de nación en la historia de este región española, la mitología romántica acuñó a finales del siglo XIX el término Países Catalanes (o Gran Cataluña). No en vano, lo que comenzó como una simple denominación de carácter lingüístico se convirtió en boca de los nacionalistas en una especie de tierra prometida. Un ente que sirve para justificar, con supuestas raíces en la Edad Media, las actuales reivindicaciones políticas.

5º El catalán nunca fue la única lengua de Cataluña.

La lengua catalana tuvo su origen en el noroeste peninsular a partir del latín vulgar que introdujeron los romanos. Sugieren algunos filólogos que el sermo rusticus catalán, la primera gran ruptura con el latín, se remonta a entre los siglos VII y VIII. No obstante, pese a su largo recorrido histórico, lo cierto es que el catalán nunca ha sido la única lengua en un territorio, quizás a causa de su lugar geográfico, entregado al bilingüismo. La pluralidad ha sido la regla incluso en los siglos medievales. Entre el  XVI y XVIII, el catalán compartió espacio con el castellano, el latín y el italiano. La unión de las coronas de Castilla y Aragón supuso la adopción del castellano por parte de la mayoría de la aristocracia catalana, sobre todo en las zonas urbanas, aunque entre la población siguió siendo mayoritario el uso del catalán.

6º La quimera de la nación catalana.

En una entrevista con ABC.es, el historiador Jordi Canal, autor de «Historia Mínima de Cataluña» (Turner, 2015), responde directamente a esta cuestión: ¿Fue Cataluña alguna vez una nación? «Nunca, dado que las naciones son algo muy contemporáneo. Esa es una de las grandes confusiones de la historia de Cataluña: hablar de nación con tanta facilidad. Hay un abuso permanente a la hora de usar conceptos contemporáneos aplicados al pasado. Cuando en las épocas medieval y moderna encontramos el término nación, éste no significa lo que hoy entendemos. Por ejemplo, cuando el cronista Ramón Muntaner se refiere en la Edad Media a nación catalana, debe entenderse como un grupo de personas que hablan la misma lengua. En Cataluña realmente solo podemos hablar de una nación en construcción, o en curso, cuando aparecen los grupos nacionalistas en la última década del siglo XIX. A partir de los años ochenta del siglo XX, se han acometido procesos de renacionalización a los que hoy se aferran las reclamaciones secesionistas».

La historia del noble Wifredo «El Velloso» ha sido desdibujada por los nacionalistas catalanes para otorgarle un papel protagonista en la mitológica fundación de «la nación catalana». Sin embargo, el último conde de Barcelona designado por un Rey franco simplemente se aprovechó de la crisis del imperio para concentrar el máximo número de títulos, pero desde luego no albergaba ningún sentimiento nacionalista y ni siquiera buscó desvincularse del Imperio carolingio. De hecho, el título de conde de Barcelona cayó en sus manos precisamente por tomar partido a favor de Carlos «El Calvo» en contra de la nobleza local. Lo cual no significa que se pueda hablar desde ese momento de una entidad propia y unitaria en la región catalana. En 897, a la muerte de «El Velloso», Wifredo II Borrell se hizo cargo, conjuntamente con sus hermanos Sunifredo y Miró de los condados paternos, reservándose para él el gobierno de los condados principales, Barcelona, Gerona y Osona. No en vano, llegado el momento, Wifredo Borrell viajó a Francia para rendir tributo al nuevo rey, Carlos «El Simple», donde fue investido oficialmente como conde en 899.

8º La fantasía del Reino de Cataluña o la Corona catalano-aragonesa.

Es demasiado frecuente encontrar en la historiografía catalana el uso, abuso más bien, de términos modernos para definir entidades políticas del pasado que hubieran resultado completamente desconocidos para las personas de la época. En la Edad Media no existen referencias a lo que hoy se llama confederación catalano-aragonesa, ni a reyes de Cataluña-Aragón, ni por supuesto al Reino de Cataluña. Simple y llanamente se usaba Corona de Aragón para definir lo que nació como la unión dinástica entre los titulares de los Condados catalanes y los soberanos del Reino de Aragón.

9º El controvertido y mitológico origen de la señera.

Como Jordi Canal narra en el mencionado  libro «Historia mínima de Cataluña» (Turner, 2015), en el origen de la señera, posiblemente en el siglo XII, «lo histórico y lo legendario se han fundido con harta frecuencia a la hora de explicar cómo y en qué momento preciso hizo su aparición este emblema». Según la versión más extendida, el Emperador Carlos «El Calvo» (en otras versiones sustituido por Luis «El Piadoso») concedió a su vasallo Wifredo «El Velloso» –titular de los Condados catalanes– un escudo con cuatro barras rojas por su servicio en la guerra contra los normandos. El Emperador mojó los dedos en la herida de guerra de Wilfredo y dibujó cuatro palos en el que hasta entonces había sido su blasón raso dorado. No obstante, ya el primer problema de la leyenda es que tiene lugar a finales del siglo IX, cuando en realidad los emblemas heráldicos sobre escudo aparecen en Europa a partir del siglo XII. El medievalista Martín de Riquer Morera apunta así a que es posible que el sacerdote valenciano que escribió esta historia en el siglo XVI, Pedro Antón Beuter, se inspirara en el uso de la sangre para crear escudos de armas en las aventuras de Galaad (caballero de la Mesa Redonda del Rey Arturo) y a que, en todo caso, algunas frases las copió literalmente de un fragmento de «Nobiliario vero» (1492), una obra que detalla el origen de las armas heráldicas del linaje de la familia de los Córdoba. Un copia y pega que sigue sin explicar el verdadero origen de la bandera.

10º Reyes Católicos, el origen de los males de Cataluña.

El reinado de los Reyes Católicos, con la consiguiente unión de las coronas de Aragón y Castilla, es señalado por el nacionalismo catalán como el origen de todos los males de Cataluña. Lo cual sumado a la actuación de la Inquisición, cuya versión moderna recuperaron los Reyes Católicos, sirve de hilo argumental para sostener una versión distorsionada del relato histórico. La propaganda nacionalista argumenta que la castellanización de Cataluña destrozó la economía de la región y atacó su cultura. Es, en suma, el origen y causa del declive de Cataluña según el discurso nacionalista. Pero la realidad es que antes de la unión dinástica se dio un periodo de claro declive económico en la ciudad de Barcelona –enclave comercial de la Corona de Aragón y sus territorios en el Mediterráneo–. Entre 1462 y 1472, la ciudad de Valencia alcanzó un mayor desarrollo y superó comercialmente a Barcelona, pero eso no fue responsabilidad de los Reyes Católicos, sino motivada por razones demográficas y por epidemias. Al contrario, Cataluña fue recuperando su pujanza a partir de la segunda mitad del siglo XVI.

11º Los comerciantes catalanes tenían prohibido el acceso a América.

Hasta 1520, muchos puertos españoles tenían libertad de comercio con el Caribe, incluidos los aragoneses, pero posteriormente se creó un monopolio estatal controlado desde Sevilla. El monopolio no fue un privilegio de Castilla frente a la Corona de Aragón, sino de un puerto de la península, Sevilla, elegido por sus condiciones geográficas y sustituido más adelante por el de Cádiz por los mismos motivos. Cientos de catalanes se desplazaron hacia estas ciudades, donde pudieron comerciar libremente desde 1524. Cabe mencionar que el monopolio nunca fue excesivamente restrictivo ni siquiera para los comerciantes ingleses, holandeses y franceses. Los comerciantes catalanes, no en vano, estaban poco interesados en América a principios del siglo XVI –lo que explica su escasa presencia–, ya que estaban ocupados tratando de recuperar su posición en los mercados tradicionales, es decir en el Mediterráneo y en Europa del norte. Las cesiones en los mercados africanos, cuya conquista y defensa corría a cargo de las arcas castellanas, contribuyeron a que Barcelona recuperase poco a poco el pulso económico tras la crisis sufrida en el siglo XV.

12º Los catalanes no participaron en ninguna de las gestas militares del Imperio.

En lo que respecta a batallas fuera de sus fronteras durante los siglos XVI y XVII, la participación militar de los catalanes fue muy reducida. Esto es así porque los fueros catalanes prohibían oficialmente servir en el ejército fuera del Principado. Algo que no impidió que hubiera soldados catalanes, como del resto de España, presentes en ciertas campañas como en la de Granada de 1492 y en la guerra de Flandes. Por su parte, en la batalla de Lepanto, aunque no hubo una proporción muy alta de soldados catalanes embarcados en las galeras, sí tuvieron gran relevancia en la contienda dos almirantes procedentes de esta región española. Por un lado, Luis de Requesens –amigo de la infancia de Felipe II y nacido en Barcelona– fue el brazo derecho de don Juan de Austria y el responsable de muchos de los movimientos tácticos de la batalla. A su vez, el noble catalán Juan de Cardona dirigió la flota de vanguardia que inició el coche con los turcos.

En el origen de la historia común entre Castilla y Cataluña, los habitantes de ambas regiones aparcaron las intermitentes disputas que azotaron los reinos hispánicos durante la Edad Media e inauguraron un tiempo de cooperación mutua en el siglo XVI. Como recuerda el hispanista Henry Kamen, en 1479 la ciudad de Barcelona comunicó a Sevilla, poco después de la unión de coronas: «Ahora somos todos hermanos». Y si bien es cierto que Castilla adquirió un papel preeminente en esta asociación, los datos refrendaban su posición: la población castellana suponía el 80% de España y ocupaba tres cuartas partes del territorio peninsular en el momento de la unión dinástica. Las relaciones de cooperación, como los posibles incidentes, han sido siempre las habituales entre unos territorios  centrales y unos periféricos.

14º La sublevación de Cataluña en 1640.

Los acontecimientos de 1640 son retorcidos por el nacionalismo para presentarlos como una lucha entre Castilla y Cataluña. Nada más lejos de la realidad. A causa de la exigencia de mayor compromiso económico hacia la Monarquía Hispánica y, sobre todo, de su enemistad personal con el virrey, parte de la burguesía y la nobleza catalana auspició en 1640 una revuelta popular contra el ejército real que había acudido a esta región española a combatir a Francia. «Los nobles y verdaderos catalanes, a quien tocaba por derecho de fidelidad y de sangre la defensa de la justicia, de la patria y de la honra del Rey, estaban cubiertos de miedo en sus casas sin atreverse a salir», escribió un catalán de la época sobre una revuelta que adquirió un carácter antiseñorial. Asustados por la brutalidad de la revuelta, la oligarquía recurrió a una calamitosa alianza con la Francia del Cardenal Richelieu, que causó graves perjuicios económicos a los campesinos. Luis XIII inundó la administración de franceses y los mercados de productos de su país durante doce años. El final de la Guerra de los Treinta años permitió a Felipe IV recuperar Cataluña, cuya población aplaudió el regreso a España. La experiencia secesionista fue terrible.

15º El segadors, la invención de la tradición.

Los Segadores (en catalán «Els Segadors») es el himno oficial de la comunidad autónoma de Cataluña, cuya letra se basa en un romance popular del siglo XVII sobre la sublevación de 1640, pero que en realidad fue rescata del olvido, como la propia señera, a finales de siglo XIX por el filólogo Manuel Milà i Fontanals en su «Romancerillo catalán» (1882). No en vano, la actual letra fue cambiada en 1899 por Emili Guanyavents, y la música, de Francesc Alió, pudo entonces haberse inspirado en un famoso himno hebreo. En la senda de la invención de tradiciones modernas –tema ampliamente estudiado por Eric Hobsbawm–, un caso curioso en Cataluña también es el baile de la sardana. Mientras que a finales del siglo XIX era desconocido para la mayoría de catalanes, a excepción de en Gerona, con el inicio del siglo XX el emergente nacionalismo se encargó de proclamar que se trataba de un baile histórico con profundas raíces en toda la región.

La desigualdad impulsa el auge de las izquierdas en Europa

Vicenç Navarro, "La reactivación de las izquierdas a nivel mundial", Nueva Tribuna, 11 de Septiembre de 2015:

La enorme crisis del sistema capitalista occidental, desconocida por su intensidad desde principios del siglo XX, cuando ocurrió la Gran Depresión, explica las revueltas y movilizaciones contra las políticas públicas (de clara sensibilidad neoliberal) que se han ido imponiendo en la mayoría de los países a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y la Unión Europea), por parte de partidos gobernantes de tradiciones conservadoras, liberales y también socialdemócratas. Lo que ha ido ocurriendo en España, con el abandono de las políticas redistributivas y la adopción de tales políticas por parte del PSOE, como reformas laborales encaminadas a reducir los salarios, así como privatizaciones de los servicios públicos y desregulaciones de los sectores económicos y financieros, es idéntico a lo que ha ido ocurriendo en el resto de Europa, donde los partidos conservadores y liberales han impuesto políticas muy similares. La única diferencia ha sido la intensidad en la aplicación de tales políticas en respuesta a la crisis financiera y económica, pero por lo general, han sido prácticamente idénticas.

Estas políticas se han ido implantando bajo el supuesto de que eran las únicas posibles, aunque era obvio que ello no era cierto. El Sr. Zapatero, en lugar de congelar las pensiones para conseguir 1.500 millones de euros (con los cuales disminuir el déficit público), podía haber conseguido incluso más dinero revirtiendo la bajada del impuesto de patrimonio (consiguiendo 2.100 millones de euros). Un tanto igual con el Sr. Rajoy, que en lugar de recortar 6.000 millones de euros a la sanidad pública podría haber revertido la bajada del impuesto de sociedades a las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año –que representan solo el 0,12% de todas las empresas-, consiguiendo prácticamente la misma cantidad de dinero.

La misma falsedad aparecía con el argumento de que la globalización económica imposibilitaba la existencia de salarios elevados o el mantenimiento de sistemas de protección social extensos (que supuestamente hacían la economía menos competitiva), cuando se veía que algunos de los países más globalizados en el mundo (como consecuencia de su pequeño tamaño), como Suecia, Noruega o Dinamarca, tenían Estados del Bienestar muy desarrollados, y los salarios altos.

El enfado, no solo de la población, sino de las bases y militancias de los partidos gobernantes socialdemócratas

La aplicación de tales políticas ha generado el surgimiento de grandes protestas y movilizaciones, y muy en particular entre las clases populares, que han sido las más afectadas negativamente por las crisis económicas y financieras generadas por las políticas públicas impuestas por tales partidos. Es lógico que los más afectados por estas protestas hayan sido los partidos que tradicionalmente se consideraban los instrumentos políticos de tales clases, como han sido históricamente los partidos socialdemócratas en Europa o el Partido Demócrata en EEUU. En Europa, el apoyo electoral a dichos partidos socialdemócratas ha descendido espectacularmente, como también ha descendido su militancia y capacidad de convocatoria ciudadana. En prácticamente todos los países que han estado gobernados por partidos socialdemócratas, su apoyo electoral y su número de militantes ha descendido de una manera muy marcada. En EEUU un fenómeno semejante también ha ocurrido, tanto en la pérdida de apoyo electoral como en el número de personas que se identifican como miembros del Partido Demócrata. En aquel país, EEUU, no existe la militancia tal como se entiende en Europa entre las personas registradas como demócratas, pues la conexión de los dos partidos mayoritarios con la ciudadanía es escasa, limitándose única y casi exclusivamente al ejercicio del voto en las primarias dentro de cada partido.

La expresión política de este enfado

La respuesta varía desde la aparición de nuevos movimientos, como Podemos o las Mareas (entre otros) en España, o la rebeldía de las bases de tales partidos, como está ocurriendo en los partidos anglosajones, tales como en el Partido Laborista británico, el partido socialdemócrata canadiense (Nuevo Partido Democrático - NDP) y el Partido Demócrata en EEUU.

En España es más conocido el caso británico, con el crecimiento tan veloz e inesperado de las posibilidades de victoria del Sr. Jeremy Corbyn (inesperado por el aparato del partido y por el establishment político mediático del país, pero predecible para aquellos que hemos estado analizando la evolución de la Tercera Vía iniciada por Blair y –en contra de lo que se escribe- su fracaso electoral), que ha hecho entrar en pánico a la dirección blairista del Partido Laborista, y sobre el cual he escrito recientemente (“Qué está pasando en el Partido Laborista del Reino Unido”, Público, 25.08.15). Valga aquí indicar que sus propuestas económicas (ridiculizadas por los medios del establishment) tienen mucho de sentido común. Sus propuestas, por ejemplo, de que el Banco de Inglaterra ayude al Estado a favorecer las inversiones públicas en vivienda social, energía, transporte y proyectos digitales, han sido vistas con buenos ojos por muchos expertos internacionales, e incluso por el senior editor del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (Ellen Brown, “Quantitative Easing for People: Jeremy Corbyn’s Radical Proposal”, CounterPunch, Sept. 3, 2015).

El caso menos conocido en España es el del partido socialdemócrata canadiense, el NDP, donde ha habido una rebelión masiva en contra de la dirección blairista de tal partido, que estaba llevándole de derrota en derrota. Un elemento clave de esta rebelión fueron los sindicatos, que dijeron Basta ya y que se aliaron con las fuerzas rebeldes dentro de aquel partido. El nuevo dirigente, Thomas Mulcair, no se ha amedrentado frente a la hostilidad del establishment. El NDP ganó las elecciones en Alberta, una de las provincias más importantes en Canadá y, según las encuestas, es el que tiene mayor apoyo electoral de cara a las elecciones al gobierno federal de aquel país, el próximo 19 de octubre.

En EEUU, el caso Sanders, el senador explícitamente socialista, ha sido otra sorpresa y choque para el establishment político y mediático en aquel país. Ya he escrito sobre él en un artículo anterior (“El sesgo conservador y neoliberal de los medios de comunicación”, Público, 27.08.15). Pero, además de subrayar que continúa creciendo su apoyo popular (con actos que llegan a movilizar a miles de personas –en Wisconsin, en el último mitin electoral, llegó a convocar a 10.000 personas-), es también importante subrayar que el candidato Sanders es plenamente consciente (y así lo dice repetidamente) de que su elección como Presidente –en el caso de que ocurriera- cambiaría poco EEUU a no ser que hubiera un movimiento político social con clara vocación transformadora, dispuesta a realizar un cambio radical, observación que han hecho los otros dos dirigentes. Sanders lo ha dicho muy claro: “independientemente de quien salga elegido como Presidente de EEUU, la realidad es que esta persona podrá hacer muy poca cosa. Y os preguntareis, ¿por qué? Y la respuesta es fácil der ver. El poder de la Corporate America (la clase empresarial dueña y/o gestora de las grandes corporaciones, o lo que ahora se llama el 1%), el poder de Wall Street, el poder de los grandes donantes de dinero a las campañas es tal, que ningún Presidente puede enfrentarse a ellos. La elección que estamos viviendo, por lo tanto, no es para elegirme a mí o a quien sea Presidente. Lo más importante es crear un movimiento ciudadano que salga de las bases de los grupos y asociaciones hartos de la falta de democracia en este país (lo que en inglés se llama los grassroots) que se movilice para transformar radicalmente este país. Y ahí está el reto que tenemos”.

Ni que decir tiene que Sanders, Corbyn y Mulcair llevan toda la razón. El caso Obama es un claro ejemplo de ello. Fue Obama el que, con su eslogan “Yes, we can” -“sí, nosotros podemos”–, que originalmente fue el grito movilizador de los sindicatos hispánicos (chicanos en California y México) que querían transmitir el mensaje de que cuando los trabajadores se movilizan pueden mover montañas –como elegir un negro como Presidente de EEUU-, consiguió ser elegido. Pero el movimiento que puso a un negro de Presidente de EEUU no continuó. En realidad, la adaptación del candidato Obama (y lo que pasó a ser el Presidente Obama) a la Corporate America, a Wall Street y a los grandes donantes de dinero al Partido Demócrata fue casi absoluta, y el movimiento desapareció.

La relevancia para España (incluyendo Catalunya)

La relevancia de lo dicho para España es clara y transparente. No hay duda de que existe hoy un enfado general de la población de los distintos pueblos y naciones de España hacia el estado de cosas  en el país, iniciado por el excelente movimiento 15-M (al cual dedico mi último libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Editorial Anagrama). Este movimiento de rechazo se presenta de miles de maneras. Y la aparición de nuevos movimientos políticos, así como la renovación de otros partidos políticos, han dado lugar a un tsunami que se manifestó en las últimas elecciones municipales y autonómicas. Sería muy de desear (y a este fin deberían dedicarse la mayoría de los esfuerzos) que las próximas elecciones generales sirvieran no solo para elegir el Presidente que España necesita, sino también, y sobre todo, para ayudar a establecer un movimiento con vocación transformadora, movimiento que por definición fuera muy variado y se expresara de distintas maneras, que pueda no solo ganar electoralmente, sino también transformar el país. Yo soy optimista, porque creo que está ocurriendo