sábado, 6 de diciembre de 2025

Más corruptos, por si no hubiera ya bastantes.

 González Amador, Ábalos y Koldo: breviario de podredumbre, en El País, Carlos Boyero, 29 NOV 2025:

Qué grima me dan los poderosos cuando les llega la ruina. Qué putada si pueden perder ese lugar en el sol del que han disfrutado tan mediocremente

“Hemos firmado un contrato de mutua tristeza y una implacable oscuridad nos rodea”, escribe en su alcohólico diario Piper Laurie, la coja, la muy solita, la enamorada del autodestructivo genio del billar. Ocurre en El buscavidas. Me la suda utilizar el spoiler si afirmo que esa mujer tan inteligente como desolada acaba suicidándose en un hotel de Kentucky. Qué aterrador lo de irse porque ya no puedes más, lo de la gente desgraciada que renuncia definitivamente a cualquier esperanza.

A mí se me han largado algunas y algunos. Y de alguna forma siempre te invade un sentido de culpa. Fue insólito lo de un familiar mío que se duchó, se masajeó, se perfumó, estrenó un pijama, se metió las pastillas y se largó en su cama. Muy estético, muy elegante. Terrible para aquellas personas que le querían. Pero lo que más me sobresalta y me aterra es el suicidio de los niños. Por bullying, por infelicidad, por acorralamiento. ¿Qué más da?

Disponiendo de tanto miedo y compasión hacia los que toman esa decisión irrevocable, siento náuseas cuando escucho a un fulano de voz endeble, más vistoso con barba que sin ella, declarar: “O me voy de España o me suicido”. Se apellida González Amador. Es el novio de la gran jefa, señora torrencial, destinada a odios y amores, que se apellida Ayuso. Y que parece sentirse muy feliz en el eternamente cenagoso universo de la política. Y vale, el novio ni se ha suicidado ni se ha expatriado. Que sean felices y coman perdices. Pero también veo al gran felón, a ese chulazo profesional llamado Ábalos, expresar con gesto y actitud llorosa: “Deseo acabar de cualquier modo”. Qué grima me dan los poderosos cuando les llega la ruina.

¿Y cómo acabará el eterno breviario de podredumbre? ¿Y las mentiras como eterno acto de fe? Sólo me inspira patética gracia el detestable Koldo, tan esperpéntico, tan excesivo, tan alto, tan macarra, cuando asegura: “Hay que estar siempre preparado por lo que pueda venir”. Qué alboroto sienten los múltiples lacayos en nombre de ¿Qué hay de lo mío? Qué putada si pueden perder ese lugar en el sol del que han disfrutado tan mediocremente. A Leo Ferré le condenaron porque en la portada de uno de sus discos aparecía un lema del 68 afirmando: “Vota, gilipollas”. Hay algunos de ese género que siempre lo hacemos en blanco. Pobres tarados, carentes de conciencia social.

Reseñas de las Memorias de Juan Carlos I, el Impune.

 [Según la IA, "las reseñas de Reconciliación, las memorias de Juan Carlos I, son diversas: algunas lo ven como un intento sincero de controlar su narrativa y buscar el perdón, admitiendo errores (como el de Botsuana o el dinero saudí) y expresando soledad, mientras que otras critican la falta de autocrítica profunda, los detalles vagos sobre sus "errores financieros" y su defensa implícita del franquismo, generando controversia al coincidir con aniversarios monárquicos y buscando una reconciliación con España que algunos ven improbable o perjudicial para la imagen de la monarquía actual." En fin, ya lo dijo Talleyrand: "Es natural en los reyes robar, pero los Borbones exageran". Extraigo y publico algunas:]

 I

 Los “berrinches” del rey emérito: su opinión sobre el 11-M y las críticas a las leyes de memoria y al juez del ‘caso Nóos’, en El País, por Natalia Junquera, Madrid - 6 DIC 2025:

Juan Carlos I admite en sus memorias discusiones “acaloradas” con el Gobierno, minimiza el bulo del PP tras los atentados de 2004 y asegura que pidió “disculpas por Zapatero”

Reconciliación está repleto de reproches. Las memorias de Juan Carlos I, que salieron a la venta en España esta semana, contienen múltiples críticas, no solo a su hijo, sino al Gobierno actual y a dirigentes políticos de distintas épocas, incluyendo presidentes que lo fueron bajo su reinado, lo que choca, incluso después de la abdicación, con las funciones de representación, arbitraje y moderación que la Constitución atribuye a la Corona. “Un rey no debe tener una ideología política”, admite el propio Juan Carlos de Borbón en el libro, donde ha vertido, sin embargo, numerosas opiniones estrictamente políticas e incluso sobre asuntos judiciales que le afectaban a él y a su familia. No es la única contradicción a lo largo de 507 páginas que comienzan recordando, precisamente, una recomendación desoída: “Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias”. El resultado es un largo ejercicio de autorreivindicación salpicado por algunas anécdotas que pretenden recordar el carácter campechano que alimentó durante años el llamado juancarlismo, como que en Abu Dabi tiene un loro (“que luce los colores de la bandera de España en la cresta”); que compartía con Clint Eastwood el mismo tono de llamada de móvil (la banda sonora de El bueno, el feo y el malo) o que en una ocasión tuvo que tragar “como una aspirina” los “ojos de merluza” que Hassan II le ofreció como un manjar.

Los “berrinches” con el Gobierno

“Nunca di rodeos con ningún presidente del Gobierno, e incluso a veces he sido muy directo y he mantenido con ellos intercambios acalorados. Reconozco que he tenido berrinches ante lo que consideraba errores peligrosos para nuestro país”, escribe el rey emérito. El exjefe del Estado acusa al Gobierno de “alegrarse” de los “ataques” que recibe. “En lugar de proteger al Estado, de trabajar protegiendo sus instituciones por la prosperidad y el desarrollo del país”, añade, “ellos lo debilitan”. Pese a que en la carta que hizo pública al abandonar España en 2020 afirmaba que el traslado obedecía a su deseo de no seguir dañando la imagen de la Monarquía con “la repercusión pública” de “ciertos acontecimientos” de su “vida privada”, en sus memorias aborda su residencia en Abu Dabi como una imposición del Ejecutivo con el beneplácito del actual Monarca. También atribuye a presiones de La Moncloa la decisión de su hijo de retirarle, tras los escándalos, la asignación de dinero público que recibía: “Supongo que también él se enfrentaba a presiones del Gobierno”. “En esa caza al hombre he demostrado ser una presa fácil”, se lamenta el emérito, quien llega a decir: “El Gobierno convirtió estas investigaciones judiciales [contra él] en una caza de brujas, en un juicio moral que afectaba a todo mi reinado y a mi acción política”. “¿Cambiarán las cosas con un Gobierno diferente? ¿Se me facilitaría el acceso a La Zarzuela?“, se pregunta.

También critica don Juan Carlos las normas de transparencia y los códigos éticos relacionados con los regalos a cargos e instituciones públicas. Tras presentar la donación de 100 millones de dólares (65 millones de euros) que le hizo el rey Abdalá de Arabia Saudí como “un acto de prodigalidad de una monarquía a otra” y compararlo con “el beduino que en medio del desierto recibe a un forastero y comparte su pan con el visitante”, el emérito lamenta que Patrimonio Nacional se opusiera en 2011 a que él y su hijo aceptaran los dos ferraris que les regaló el jeque Mohamed bin Zayed, de Emiratos Árabes, y decidiera ponerlos a la venta: “El príncipe heredero emiratí vivió esa operación como una afrenta”. Juan Carlos I admite: “100 millones de dólares es una suma considerable. Es un regalo que no podía rechazar. Un grave error”, pero luego añade: “Hoy en día se nos exige total transparencia y que nuestras cuentas sean auditadas. Hace 30 años, eso no importaba a nadie. Hoy tenemos que justificarlo todo. Este no es el mundo en el que yo crecí”. Con todo, el emérito deja entrever que no le agrada que el presidente del Gobierno use la residencia de La Mareta, en Lanzarote, que el rey Hussein de Jordania le regaló en 1989: “Tuve que cederla a Patrimonio Nacional. Hacienda me pedía una cantidad de dinero para conservar la propiedad de la que yo no disponía. Quienes pasan hoy allí las vacaciones son los presidentes del Gobierno, algunos de los cuales no dejan de criticarme y de debilitar a la Corona”.

Las leyes de memoria, Franco y la Guerra Civil

El libro contiene constantes loas y piropos a Franco, al que se refiere como “general”, nunca como dictador, y que es el personaje más citado de los que aparecen en el índice onomástico (87 menciones): “prudente”, “astuto”: “austero”; “lo respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político”; “el país se beneficiaba [habla de 1976] de las aportaciones importantes del franquismo”; “Tuve la suerte de que Franco, gracias a las reformas económicas emprendidas en los años sesenta, me dejara una nutrida clase media (...) Quizá incluso podríamos considerar que nuestro proceso de Transición comenzó, subrepticiamente, con la llegada de los tecnócratas al poder a partir de 1962 [en 1974 fue ejecutado con una herramienta medieval, el garrote vil, Salvador Puig Antich, y en septiembre de 1975, otros cinco condenados a muerte]”.

Don Juan Carlos plantea una postura equidistante entre los sublevados y los fieles al gobierno legítimo durante la Guerra Civil y critica las leyes de memoria aprobadas por distintos Parlamentos democráticos desde 2007 para reparar a las víctimas que, al contrario que las del bando vencedor, nunca habían sido reparadas y buscar a los que aún yacen en fosas y cunetas. “Hoy se recuerdan más las muertes de un bando que las del otro. Los vencidos exigen reparación —olvidando a veces que también hubo un encarnizamiento dentro de su propio bando—, pero los vencedores tampoco quedaron a salvo. Desde luego no podemos ignorar la dura represión a los vencidos después de la guerra. Nadie sale indemne de un combate armado. (...) Compruebo con pesar, y a mi costa, que ese pasado sigue persiguiéndonos, como lo demuestra el actual ambiente político extremadamente polarizado, los recurrentes y perniciosos ataques a la Corona y las ‘leyes de memoria’ que se suceden, reavivando viejas heridas y el espíritu de venganza”.

El 11-M

El rey emérito asegura en sus memorias que el resultado electoral de las elecciones de 2004 habría sido otro de no haber sido por los atentados del 11-M, pero no porque el Gobierno del PP decidiese mentir sobre la autoría. “Estábamos en plena campaña electoral y Mariano Rajoy se presentaba como sucesor de José María Aznar, que contaba con un excelente historial económico. (...) En un momento en que el terror embargaba a todos, Aznar consideró a ETA responsable de esas atrocidades, antes de que las reivindicara Al Qaeda [es falso, el PP mantuvo hasta el final que la hipótesis principal era el terrorismo etarra cuando ya todos los indicios señalaban al yihadismo]. La izquierda acusó a la derecha de utilizar la tragedia con fines electorales. (...) Las elecciones dieron por resultado algo impensable la semana anterior: la derrota del PP y la victoria del PSOE, con el voto a favor durante la investidura de los ecologistas, la extrema izquierda y los nacionalistas catalanes. Sin aquel atentado, el resultado habría sido muy distinto”.

“Pido disculpas por Zapatero”

Don Juan Carlos también se refiere en sus memorias a la decisión del presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero de retirar, tal y como había prometido en campaña electoral, las tropas españolas de Irak. “Las relaciones entre Washington y Madrid estaban en su peor momento, algo a lo que no ayudó que Zapatero, el año anterior, cuando era jefe de la oposición, no se levantara al paso de la bandera estadounidense durante el desfile militar del 12 de octubre. Me pareció una forma desproporcionada de mostrar públicamente su antiamericanismo (...) Aproveché un viaje a Seattle para llamar a George W. Bush y decirle que quería hablar con él en privado (...) Advertí antes a Zapatero, poniéndole ante un hecho consumado. El presidente Bush me dio la bienvenida con un ‘Espero que te guste el pavo, porque es Acción de Gracias’ (...) Para eliminar cualquier ambigüedad, me apresuré a puntualizar: ‘Pido disculpas por la actitud de Zapatero”.

`Caso Nóos’: “El juez buscaba notoriedad”

El rey se refiere como “acoso legal” a las investigaciones contra él, archivadas, en la mayor parte de los casos, por su inviolabilidad como jefe del Estado, pero también alude al caso Nóos, que terminó enviando a su entonces yerno, Iñaki Urdangarin, a prisión, y sentando a una de sus hijas, Cristina de Borbón, en el banquillo. “Yo estaba encantado de que Iñaki hubiera emprendido con éxito una nueva carrera. (...) Por ingenuidad, y seguramente por irreflexión, Iñaki confiaba en él [Diego Torres, su socio] y firmaba sin pestañear todos los papeles (...) En 2013, la infanta [Cristina] fue también imputada por el juez de Palma de Mallorca, que buscaba deliberadamente notoriedad y se empeñó en convertir el caso en ejemplarizante (...) Iñaki no recibió ningún trato especial. Incluso sospecho que, por ser yerno del Rey, tuvo que pagar por su error un precio más alto que otros”. Fue condenado a seis años de cárcel por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencia y dos delitos fiscales.

II

Juan Carlos I publica sus memorias: la compleja defensa de un legado, en Abc de Madrid, por Juan Pedro Quiñonero, 5/11/2025:

En su libro de memorias publicado en Francia, el padre de Felipe VI recuerda que «la Monarquía es frágil» y que «la democracia no cayó del cielo»

«Tras cuarenta años de dictadura, yo di a los españoles una democracia que sigue viva y es mi herencia. Es la obra de mi vida»

«Es más fácil destruir la democracia que construirla», dice Juan Carlos I en 'Reconciliación' -el volumen de sus memorias publicado en Francia-, para recordar a los españoles y a su hijo, Don Felipe, y a su nieta, Doña Leonor, sobre todo, su tarea esencial de «garantes de la Constitución y las libertades de todos los ciudadanos, de todas las tendencias, de la extrema derecha a la extrema izquierda».

Desde su «exilio voluntario» en Abu Dabi, Don Juan Carlos, protagonista excepcional de la instauración de la democracia, sigue la actualidad española con una avidez de hombre enamorado e inquieto: «¡La democracia no cayó del cielo! Vacilé ante la idea de escribir este libro. Los Reyes no escriben libros. Pero decidí escribirlo por una razón: advierto que, poco a poco, los hijos y los nietos de mis amigos no tienen la menor idea sobre Franco y la Transición democrática».

La incertidumbre política de gran calado que hoy se cierne sobre España influyó también a la hora de redactar sus memorias, con la ayuda de la francesa Laurence Debray, su biógrafa y admiradora. «Cuando el Gobierno actual desacredita mi persona, debilita nuestra Constitución, y pone en juego los logros de la Transición democrática y de nuestra reconciliación», advierte. «Para no dejarles la última palabra de su revisionismo histórico, he deseado dar mi visión de la historia, la que he vivido y forjado. Lo que hoy más me importa es devolver su brillo a España y al espíritu de la Transición que nos unió a todos para el bien del país, donde me gustaría volver a encontrar mi puesto. El de un hombre que lo dio todo por su patria, donde desea ser enterrado. España decidirá, la historia nos juzgará», añade. Así se explica el doble sentido del título del libro: la reconciliación de los españoles con España y consigo mismos; y la reconciliación de un hombre como él con su familia.

«Haré todo lo que esté en mi mano para que mi hijo resista al frente de la institución; y que la Princesa Leonor, extremadamente bien preparada, lo suceda»

Juan Carlos I

Hijo de Don Juan de Borbón, Juan Carlos I estima que la institución monárquica fue y es la matriz que permitió construir y debe asegurar, hoy y mañana, la «casa común» de todos los españoles de todas las sensibilidades, subrayando que incumbe a sus herederos tan magna misión. En este sentido, avisa que «España no es automáticamente monárquica»: «Corresponde al Rey la tarea de dar forma a la Monarquía, cada día. Nuestra Monarquía no reposa sobre siglos de tradiciones y usos que la justifiquen. Nuestra Monarquía no tiene la misma profundidad, la misma continuidad histórica, el núcleo afectivo o la solidaridad simbólica comparable a la Monarquía inglesa u otras monarquías europeas. Nuestra Monarquía es más reciente y más frágil, pero igualmente preciosa, ante los ataques frontales de ciertos partidos políticos».

Apoyo a Felipe VI

«Haré todo lo que esté en mi mano para que mi hijo, el Rey Felipe, resista al frente de la institución; y que su hija, la Princesa Leonor, extremadamente bien preparada, lo suceda, en su tiempo y hora. Lo repito: la democracia es un bien muy frágil, que debe preservarse y defenderse», insiste Don Juan Carlos. Se trata de una conclusión íntima, política y personal, fruto de su experiencia excepcional, educado, de entrada, lejos de España, para instalarse en Madrid cuando su padre y el general Franco tenían relaciones complicadas y conflictivas que terminaron «puliendo», dejando que Don Juan Carlos aprendiese por sí mismo lecciones íntimas y políticas, institucionales, de la más alta envergadura.

De Don Juan escuchó y aprendió la «lección» esencial: «Debes hablar y escuchar a todos aquellos que no están de acuerdo contigo: eso es lo esencial que mi padre me repitió». No le hizo caso, sin embargo, cuando le aconsejó que no escribiera sus memorias porque «los Reyes no se confiesan, mucho menos públicamente».

Golpe de Estado 23-F

Recuerda que la instrucción de Don Felipe «como futuro Rey comenzó ese día»: «Me parecía fundamental que viviera esos momentos de tensión a mi lado»

De Franco, desvela diálogos privados sobre su temprana ambición, la «apertura y construcción» de un régimen democrático: «Tras la comida, con frecuencia, Franco me hacía llegar hasta su despacho, donde sosteníamos auténticas discusiones. Por mi parte, me atrevía a sostener, con él, una franqueza impensable para otros. Y le hacía preguntas de este tipo: '¿Por qué no concede usted la libertad de crear partidos políticos?'. 'Yo no puedo hacerlo, pero usted lo hará', me respondió en una ocasión. Para qué mentir, si fue la persona que me hizo Rey. Y, en realidad, me hizo Rey para que yo crease un régimen más abierto».

Iniciada la gran Transición que comenzaba con la muerte del Caudillo, Don Juan Carlos recuerda con precisión clínica la primera gran amenaza armada, militar, golpista: «Dos meses antes de aquel famoso 23 de febrero, mi padre cenó con el general Milán del Bosch en casa de su fiel amigo Luis de Ussía, conde de los Gaitanes, que era su secretario particular. Un encuentro amistoso, sin nada que ocultar. Con aplomo, el general le dijo a mi padre: '¡Antes de jubilarme sacaré los tanques a la calle..!'. Cuando mi padre me contó la historia pensé que era una broma [...] Pero yo sabía que el descontento estaba creciendo en los cuarteles. Y los militares trataban de traidores a los miembros del gobierno».

El 23F recuerda a la Reina Sofía «tranquila y reconfortante, incluso en medio de la tormenta»: «Le pedí que trajera a mi hijo, Felipe. Su instrucción como futuro Rey comenzó ese día. Me parecía fundamental que viviera esos momentos de tensión a mi lado y no solo que se los contara años más tarde».

Sobre Corinna Larsen

«Fue una relación que lamento amargamente. tuvo un impacto deletéreo sobre mi reinado y mi vida familiar»

Ante esa encrucijada con final feliz, gracias a su determinación personal, imponiendo la paz en los cuarteles para «sofocar» el «triple» golpe de Estado -el golpe de Tejero, el golpe de los franquistas que quedaban, el golpe de Alfonso Armada, que había pasado diecisiete años a su lado-, ante ese abanico de amenazas, el padre de Felipe VI tiene palabras emocionadas para Adolfo Suárez, quien estuvo a su lado en los momentos críticos, acompañado del general Gutiérrez Mellado.

«Él encarnaba por sí solo la reforma sin ruptura que yo deseaba realizar. Era un puro producto del franquismo. Debía su ascensión profesional a la fuerza de su trabajo [...] Tuvo la osadía de declarar que don Juan Carlos, yo, era el futuro de una España democrática y justa. Tomó posición a favor de la legalización de los partidos políticos, cuando él dirigía el único partido autorizado. Compartíamos el mismo deseo de construir una nueva España sin romper con el pasado y sin traumatismo radical», afirma Don Juan Carlos sobre Suárez. Esa complicidad, con matices antagónicos y distinta fortuna, Don Juan Carlos deseó prolongarla con sus sucesores: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

«Felipe González y Alfonso Guerra tenían un carácter muy simpático y enérgico. González, mucha finura de espíritu. Guerra, un rigor y una cultura increíbles…», cuenta. Sobre Zapatero, recuerda que «anunció la retirada de las tropas españolas en Irak, bajo el mandato de la OTAN» y que «un año antes no se levantó durante el paso de la bandera de los EE.UU. durante el desfile militar [...]». «Me entrevisté con el presidente Bush. Le pedí disculpas pidiéndole que nuestra relación entre Estados no se viese afectada», explica.

Antes de partir

«Mi hijo, cuando supo de mi partida repentina, me llamó. Yo ya estaba en el avión: '¿Adónde vas, jefe? ¿A Londres?' 'No, a Abu Dabi'. 'Cuídate'»

Esa tarea de mediador entre españoles de diversa sensibilidad, entre gobiernos aliados o adversarios, quizá sea esencial en la obra y la herencia de Don Juan Carlos, como recuerda su «distancia» contra la «soberbia» de Valéry Giscard d'Estaing y su «insensibilidad» para los grandes problemas españoles, de terrorismo de ETA a la destrucción de camiones españoles en las carreteras francesas.

Tarea esencial, para España, cuando la vida íntima de Don Juan Carlos terminó tomando otros rumbos y fue víctima de crisis de diversa naturaleza, comenzando por aventuras amorosas --«algunos deslices», según él- con mujeres como Corinna Larsen. «Fue una relación que lamento amargamente», reconoce el padre de Felipe VI. Y añade: «Muchos hombres y mujeres se han visto cegados hasta el punto de no ver la evidencia. En mi caso, tuvo un impacto deletéreo sobre mi reinado y mi vida familiar. Rompió la armonía y la estabilidad en esos dos aspectos esenciales de mi existencia, para obligarme a tomar la difícil decisión de abandonar España».

«Ante la presión de los medios y del Gobierno, tras la revelación de la existencia de una cuenta en Suiza y de la acusación totalmente infundada de comisiones, decidí partir para no complicar el buen funcionamiento de la Corona y complicar la tarea de mi hijo en sus funciones de Soberano [...] Verme forzado a tal desarraigo y soledad no es fácil para mi vida. Estoy resignado, herido por un sentimiento de abandono», cuenta Don Juan Carlos, a propósito también del regalo de 65 millones de euros del Rey de Arabia Saudí.

No reprocha nada al Rey en sus memorias, pero sí a Don Felipe, de quien echó de menos una última conversación antes de su «exilio voluntario»: «Mi hijo, cuando supo de mi partida repentina, me llamó. Yo ya estaba en el avión: '¿Adónde vas, jefe? ¿A Londres?'. Me llaman 'jefe' o 'patrón'. No creo tener un carácter autoritario, pero es cierto que refleja la organización piramidal de la casa y de las familias reales. Como muestra de respeto, mi hijo me llama así, aunque en la intimidad sigo siendo 'papá'.

-No, a Abu Dabi.

-Cuídate.

Esa fue nuestra última conversación de viva voz antes de muchos meses de silencio y distancia».

Los reyes Juan Carlos y Sofía bromean durante la recepción ofrecida hoy por la Familia Real en el Palacio de la Zarzuela a las altas autoridades del Estado, con motivo de la celebración de la onomástica de Don Juan Carlos

Los reyes Juan Carlos y Sofía bromean durante la recepción ofrecida hoy por la Familia Real en el Palacio de la Zarzuela a las altas autoridades del Estado, con motivo de la celebración de la onomástica de Don Juan Carlos EFE

Don Juan Carlos recuerda con cariño el inicio de su historia de amor con Doña Sofía. Habla de la «complicidad excepcional» que tiene con ella. «No tiene igual en mi vida y así seguirá siendo, aunque nuestros caminos se hayan separado desde mi partida de España. Ella es la madre de mis hijos, una Reina extraordinaria y un vínculo afectivo fundamental e insustituible. Sofi es una mujer excepcional, de rectitud, bondad, rigor, entrega y bondad», dice sobre la esposa.

Sus hijas, Elena y Cristina, tienen mucho de compañeras y amigas. Con ellas Don Juan Carlos es capaz de discutir «a tumba abierta», con cariño profundo: «No he interferido nunca en la vida de mis hijas. Las he apoyado siempre, como corresponde a un padre, en sus decisiones y en sus problemas».

Doña Letizia «no ayudó»

Por el contrario, su relación con la Reina Letizia terminó convirtiéndose muy pronto en un problema familiar que él evoca con melancólica precisión: «Mi hijo estaba seguro en la elección de su esposa. Tenía 34 años y sabía lo que quería. Como mis hijas, que se casaron con los hombres que amaban. No intenté entrometerme. Hubiera sido inútil. La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares. Le repetí: 'La puerta de mi despacho está siempre abierta. Ven cuando quieras'. Pero ella no vino nunca». Explica que la «incomprensión personal» que había entre ellos «no podía reflejarse» en sus actividades institucionales. «Hice todo lo posible para pasar por alto nuestras diferencias. El éxito de la pareja principesca era, para mí, un seguro para el futuro de la Corona», añade.

Él se muestra como un hombre solo, que sufre al vivir privado de la presencia de sus seres más queridos. Dice que se siente «resignado, herido por un sentimiento de abandono» y dice que echa de menos España y que quiere «regresar a casa». «Con la serenidad de la edad, estoy inmensamente reconocido al destino por haberme dado la oportunidad de hacer muchas cosas por España y los españoles. Fue mi razón de ser, un gran honor y un gran desafío de cada día, que puedo afrontar gracias a la generosidad de una mayoría de españoles», apostilla. Y concluye: «Mi más grande orgullo es haber podido ayudar a la sociedad española a ir más allá de sus enfrentamientos históricos para iluminar su mejor rostro. Sigo siendo un Rey demócrata, moderno y unificador. España es un país extraordinario, como lo prueban su energía, su coraje, su optimismo, su hedonismo, su sentido del esfuerzo. Hemos hecho grandes cosas juntos. No lo olvidemos demasiado pronto»

III

Reconciliación', de Juan Carlos I, amargas memorias, en ABC de Madrid,  por Jordi Canal, 6/12/2025:

'Reconciliación', Juan Carlos I. Con la colaboración de Laurence Debray Traducción Elisabeth Burgos y Karin Taylhardat Editorial Planeta Año 2025 Páginas 507 Precio 24,9 euros

Aunque siempre interesantes y amenas, no encontrará el lector ni novedades ni opiniones desconocidas en el libro

Su querida prima Lilibeth, la reina Isabel II de Inglaterra, fallecida en 2022, le decía que los reyes nunca abdican. Se mueren con las botas puestas, le aseguraba también su padre, el conde de Barcelona. Juan Carlos I, Rey de España desde 1975, no les hizo caso y, en junio de 2014, abdicó el trono en su hijo Felipe VI. Su progenitor siempre le aconsejó, asimismo, no escribir unas memorias; los reyes, sostenía don Juan, no se confiesan públicamente.

Tampoco en este caso ha seguido las recomendaciones. Acaban de ver la luz unas memorias suyas, escritas en francés, su primera lengua -con la estrecha colaboración de Laurence Debray, que aparece junto a don Juan Carlos en la penúltima imagen de unos muy cuidados cuadernillos fotográficos- y traducidas al castellano. En otro gesto algo inaudito, el Rey emérito –una denominación que no le satisface en absoluto- ha grabado un mensaje publicitario antes de la salida del libro a la calle.

Tiene toda la razón Don Juan Carlos cuando deplora los injustos ataques recibidos de cierta prensa en los últimos años, la insuficiente valoración pública de su reinado y de su decisiva contribución a la democratización y modernización de España, el descarado revisionismo sobre la Transición o la irresponsable inquina hacia su persona y su legado del actual Gobierno y de sus socios políticos. Lamenta también el obligado alejamiento de la actual familia real y de una España que añora, al tiempo que insiste en su intención de no perjudicar a la Corona y a su hijo.

Reconoce algo tímidamente algunos errores en la vida privada y en sus frecuentaciones. No parece una buena idea, sin embargo, redactar unas memorias en lugar de esperar el llamado juicio de la historia –al que se apela al final del texto-, que, sin duda alguna, va a ser claramente positivo para la mayor parte de su reinado. La impaciencia, indignación y amargura de sus páginas humanizan al exmonarca, pero nos hurtan la grandeza simbólica de su figura.

El libro, construido formalmente en siete partes, un preámbulo y un corolario presenta, en puridad, una estructura tripartita, cronológicamente desordenada, pero adecuada a las motivaciones que lo fundamentan. Las partes segunda a la quinta exponen la existencia de don Juan Carlos entre el nacimiento en el exilio romano familiar, en 1938, y la primera década de la actual centuria, mientras que la sexta está dedicada a los últimos años del reinado y el preámbulo, la séptima parte y el corolario al periodo inacabado que se inicia en 2014 y prosigue con la estancia, desde 2020, en los Emiratos Árabes Unidos. Más de la mitad del libro se centra en sus recuerdos novecentistas. Aunque siempre interesantes y amenas, no encontrará el lector ni novedades ni opiniones desconocidas. Con 87 años cumplidos y esperando poder ser enterrado en su país con honores, don Juan Carlos asevera sin ambages que dio la libertad a los españoles instaurando la democracia.

Las páginas más sentidas del libro están dedicadas al último lustro, alejado de España e instalado en Abu Dabi

Sobre los hechos que abocaron a la abdicación de 2014, las memorias contienen desafortunadamente más olvidos que recuerdos, más crítica que autocrítica. El Rey padre admite deslices extra-conyugales, desmintiendo algunos romances atribuidos y arrepintiéndose del mantenido con la innominable Corinna, pero eludiendo otros bien conocidos y bárbaramente escandalosos.

Lleva a cabo un panegírico de doña Sofía, su amada Sofi. Exculpa totalmente a la infanta Cristina en el caso Nóos, califica la caza controlada de elefantes como actividad ancestral y justifica las donaciones entre casas reales. Insiste mucho en los problemas de salud y en que, a pesar de irse de vacaciones a Botsuana en plena crisis, nunca dejó de ocuparse de sus tareas como jefe de Estado. Denuncia encarnizamiento judicial y político. Las páginas más sentidas del libro están dedicadas al último lustro, alejado de España e instalado en Abu Dabi. Reitera su pasión por el mar, agradece la generosidad emiratí, añora la Zarzuela, acusa a su hijo Felipe VI de insensibilidad y a doña Letizia de haber dificultado la cohesión familiar e, igualmente, deplora la ausencia de contacto con sus nietas Leonor y Sofía.

Don Juan

De su padre, al margen de los conocidos desencuentros vinculados con la nominación como sucesor de Franco a título de rey en 1969, hace grandes elogios: «mi mejor guía, mi mejor consejero, mi mejor amigo». Don Juan no escribió unas memorias -y recomendó no hacerlo a su descendiente- a pesar de un largo exilio, los ataques del régimen dictatorial, la malquerencia de Franco, de no lograr sentarse en el trono y de acabar reemplazado, precisamente, por su propio hijo.

Su digno gesto de 1977 valió mucho más que unas memorias. Entiendo algunas de las razones personales de don Juan Carlos a la hora de ofrecernos estos recuerdos, pero quizá haya cometido otro error. Pese a ello, nunca podremos olvidar que bajo su reinado, al final del siglo XX, nuestra España vivió algunos de los más venturosos momentos de su historia.

IV

Las memorias del Rey: mucho pudor y muy poca vergüenza.  En El País, por Sergio del Molino, 10 DIC 2025:

Los pocos apoyos que le quedaban a Juan Carlos I correrán a esconderse tras un libro cuyo único valor es humorístico. Para escribir buena literatura autobiográfica no hay que tener pudor, pero sí mucha vergüenza. A Juan Carlos I le sobra el pudor y desconoce la vergüenza. Se dirá que el Rey no tiene ambiciones literarias y que el valor de Reconciliación es el testimonio, pero la relevancia de lo testimonial depende de la actitud del testimoniante. El primer dilema al que se enfrenta quien narra su vida es puramente literario: por qué, desde dónde y hasta dónde cuenta. A los escritores se nos presenta mucha gente que presume de tener una vida de novela, y Juan Carlos de Borbón tiene varias vidas de novela, pero ni siquiera la mano dócil y experta de Laurence Debray las ha salvado del desastre literario, que equivale a un desastre histórico y político.

Quien escribe unas memorias se confiesa, y la confesión exige humildad. La buena autobiografía no es vanidosa, sino un examen doloroso, algo parecido a un psicoanálisis. Requiere crueldad hacia uno mismo, pues sus mejores obras se escriben desde la vergüenza y el fracaso. Tenía Juan Carlos una oportunidad de engrandecer su figura bajo los olivos milenarios de Abu Dabi, dejándonos un relato de desencanto a lo Gatopardo. Podría haberse despedido como el príncipe de Salina en la novela de Lampedusa, comprendiendo que su reino ya no era de este mundo, pero ha preferido legarnos unos pliegos llenos de rencor, soberbia, mezquindad y autobombo en los que acusa a los españoles de no quererle, de ser implacables con sus debilidades de hombre bueno y sencillo.

¿Por qué escribe esto? Su aportación documental a la historia de España es anecdótica, y su poder persuasivo, contraproducente. Los pocos apoyos que le quedaban correrán a esconderse tras este libro cuyo único valor es humorístico. Se divierte mucho uno leyéndolo, pero a pesar del narrador, que incurre en chistes involuntarios. Al principio, intenta retratarse como exiliado y desarraigado, con unos párrafos que parecen de Amicis o de Dickens. Acto seguido escribe: “Nuestro padre nos metió a todos en su hermoso Bentley negro”. En otro pasaje derrocha más compasión por un leopardo que le regaló Haile Selassie y que murió de “una indigestión de pájaros” que por su hermano muerto, episodio resuelto en tres párrafos con asepsia de gestor de pompas fúnebres. Aunque el chiste más brutal es el que abre y cierra el libro: el rey que presume de haber otorgado la democracia a los españoles solo encuentra la paz en una dictadura árabe que lo protege con métodos totalitarios. Un buen escritor habría empezado por esa paradoja, pero Juan Carlos no la ve, y Laurence Debray prefiere no verla.

V

Reconciliación. Por qué no se pueden entender las Memorias de Juan Carlos I sin leer la biografía original. En Acalanda Magacín, por Web, 10/11/2025:

El escándalo es ensordecedor. Las memorias del Rey Juan Carlos I, tituladas “Reconciliación”, han detonado en el panorama mediático. A sus 87 años, desde su exilio en Abu Dabi, el rey emérito presenta “su versión de la historia”, sintiendo que le han “robado” su propia narrativa. Las revelaciones son explosivas y han reabierto todas las heridas:

Sobre Franco: Admite una “cierta ternura” por el dictador y declara: “Nunca dejé que nadie lo criticara delante de mí”.

Sobre Felipe VI: Recuerda a su hijo que aunque puede excluirlo “sobre el plano personal y financiero”, no puede “rechazar la herencia institucional sobre la que reposas”.

Sobre la Reina Letizia: Afirma que tiene un “desacuerdo personal” con ella y que “no contribuyó a la cohesión” familiar.

Sobre Corinna: Califica la relación como un “error” propio de la “debilidad” humana, donde se convirtió en “presa fácil”, sin siquiera mencionarla por su nombre.

Sobre su hermano Alfonso: Ofrece, por primera vez, su versión mecánica de la tragedia: “la bala rebotó”.

Reconciliación es una confesión. Es el testamento subjetivo, emocional y calculado de un hombre al final de su vida. Pero plantea una pregunta fundamental que el propio libro no responde: ¿POR QUÉ?

¿Por qué siente “ternura” por el dictador que mantuvo a su padre en el exilio? ¿Por qué la “herencia institucional” es el arma que usa contra su propio hijo? ¿Por qué sus “errores” se convirtieron en un patrón de comportamiento?

La respuesta a todas estas preguntas no se encuentra en las memorias de 2025. Se encuentra en la obra maestra de investigación que la misma autora, Laurence Debray, escribió en 2013: “Juan Carlos de España”. Si Reconciliación es la confesión, Juan Carlos de España es la piedra Rosetta para descifrarla. Es la investigación psicológica que explica cómo se forjó el carácter que ahora vemos justificarse en sus memorias. No se puede entender un libro sin el otro.

El Libro Clave (2013): “Juan Carlos de España” Para entender por qué el Rey eligió a Laurence Debray para sus memorias, primero hay que leer su biografía original.

Debray no es una cronista real. Como revela en el prólogo, es hija del célebre revolucionario marxista francés Régis Debray. Su fascinación por Juan Carlos fue un acto de rebelión; mientras su padre le colgaba un retrato de Mitterrand, ella veía en el Rey al hombre que “había rechazado los plenos poderes heredados de Franco para devolvérselos al pueblo” y que vivía con “mucha más sencillez” que los socialistas en el poder.

Su libro de 2013 es una profunda disección psicológica. Es aquí donde Debray establece la tesis central que lo explica todo: el “destino shakespeariano” de Juan Carlos. La tesis es que su éxito político —restaurar la monarquía y reconciliar a los españoles— solo fue posible a un “coste humano inconmensurable”. Los “dramas personales terribles” —ser “entregado de niño al enemigo” (Franco), ser “marioneta de Franco”, “reinar en lugar de su padre” y ser “indirectamente responsable de la muerte accidental de su hermano”— forjaron un carácter único.

Este libro es la investigación que demuestra cómo la duplicidad, el secreto y el sacrificio se convirtieron en sus herramientas de supervivencia y, finalmente, en la raíz de su “decadencia”. 

Las Memorias (2025): “Reconciliación

Este es el libro del ahora. Es la tormenta mediática. Reconciliación es la versión del rey, en primera persona, de los mismos hechos que Debray analizó objetivamente en 2013.

Aquí, Juan Carlos no es analizado; él habla. Intenta “limpiar su imagen” y justificar sus acciones, desde su relación con Franco hasta sus “errores graves”. Es una obra personal, un intento de controlar la narrativa antes de que la historia dicte su sentencia final.

Por Qué Debe Leer Ambos: La Confesión vs. La Investigación. La verdadera genialidad está en leerlos juntos. Un libro es el qué (la confesión de 2025) y el otro es el porqué (la investigación de 2013).

SOBRE FRANCO: La Confesión (2025): Admite “ternura” y respeto por Franco, diciendo: “Si pude ser rey, fue gracias a él”. La Investigación (2013): Explica por qué. El Capítulo 2, “Una juventud sacrificada” detalla cómo fue un “rehén” y un “peón” entregado a su “enemigo” a los 10 años. Franco se convirtió en la figura paterna sustituta que su padre ausente, Don Juan, no podía ser. La “ternura” es la compleja psicología del rehén, no una simple afinidad política.

SOBRE LA TRAICIÓN DINÁSTICA (PADRE E HIJO):

La Confesión (2025): Ataca a Felipe VI con la frase: “no puedes rechazar la herencia institucional sobre la que reposas”. La Investigación (2013): Demuestra que esta es la historia repitiéndose. “¡Por fin llega a sucesor!” narra la agonía de Juan Carlos en 1969 cuando él mismo traicionó a su padre, Don Juan, aceptando ser sucesor de Franco. Justificó ese acto con la misma lógica: un “sacrificio” por la “institución”. Lo que ahora exige a su hijo es lo mismo que él le hizo a su padre.

SOBRE LA MUERTE DE ALFONSO: La Confesión (2025): Da una explicación mecánica: “la bala rebotó”. La Investigación (2013): El Capítulo 2 va más allá del disparo. Explica el impacto psicológico del “silencio más absoluto”, el hecho de que su padre tiró el arma al mar sin investigación y, lo más cruel, cómo Don Juan le ordenó volver a la academia militar inmediatamente después del funeral. Fue un “exilio del duelo” que forjó su “sentido del deber” casi como una “penitencia”.

SOBRE LOS ESCÁNDALOS (CORINNA Y BOTSUANA): La Confesión (2025): Lo reduce a un “error” de “debilidad”.

La Investigación (2013): En “Honores y decadencia” ya analizaba esta fractura. El libro explica la “prisión dorada” y la humillante precariedad de su juventud (“miserable” asignación de 70.000 pesetas) donde le fiscalizaban “¡Hasta las Coca-Colas…!”. Esta biografía proporciona el contexto de una vida de carencias que desembocó en una relación compleja con el dinero y el lujo, mucho antes de Botsuana.

La Lectura Definitiva

Reconciliación es el testamento final de un rey que busca controlar su legado. Pero Juan Carlos de España es la investigación que revela al hombre que se vio forzado a construir ese legado. Para entender el escándalo más grande de la monarquía española moderna, no basta con leer la confesión. Hay que leer el manual que la descifra.

VI

Mi rey caído,  de Laurence Debray, 2022 (el título original Juan Carlos de España, 2013)

El fascinante y verdadero relato de la vida de Juan Carlos I, Rey de España.

«Con Mi rey caído, Debray pasará a la historia como la gran biógrafa del Emérito». Ana S. Juárez, La Razón

«Había una vez un príncipe, que era encantador, pero estaba maldito. Su nombre era Juan Carlos, o Juanito para los más cercanos. No era exactamente un príncipe, sino el nieto de un rey. Pero de un rey sin reino, obligado a vivir en el exilio. Su verdadero país, el que sus antepasados borbones gobernaron durante tres siglos, es España.

Tras 40 años de poder dictatorial, Franco designó, en 1969, a Juan Carlos, ese dócil playboy de treinta años y diligente militar, como su sucesor. Contra todo pronóstico, nuestro príncipe se convirtió en un animal político, transformó la imagen de España, la salvó de un golpe de Estado en 1981 y garantizó la estabilidad democrática. Mediante traiciones y complicidades, lágrimas y satisfacciones. Porque tras la hazaña política y el carisma se esconden tragedias personales. Entregado de niño al enemigo Franco, arrojado entre dos figuras paternas despiadadas, indirectamente responsables de la muerte accidental de su hermano menor, usurpador de su padre… El precio a pagar era alto, cuidadosamente oculto. Shakespeare no podría haberlo narrado mejor. El destierro final es incluso su apoteosis.»

¿Qué puede unir a una «hija de revolucionarios» y a un rey? Tras pasar su adolescencia en España, Laurence Debray se interesó, como historiadora, por la figura de Juan Carlos I. Escribió su biografía y después lo entrevistó en las vísperas de su abdicación, en 2014, para un documental de televisión.

Desde entonces, no ha dejado de hablar con él y de seguir los giros de guion de su destino. Hasta visitarlo, en 2021, en Abu Dhabi, donde se refugió, convirtiéndose en una figura rechazada por los españoles a raíz de sus aventuras extramatrimoniales y en un padre demasiado engorroso para el rey Felipe VI.

El relato de esta atópica relación que nos brinda Laurence Debray fascina por su virtuosismo, inteligencia, y lucidez cuando pasado y presente chocan. Estamos ante la verdadera novela de la vida de Juan Carlos, Rey de España.

VII

La autobiografía de Juan Carlos I: ¿Reconciliación o ruptura? En Diario Red, por Rebeca Quintáns, 6/11/25:

Juan Carlos nos da la razón a los que decíamos que la monarquía es una maquinación del franquismo para darle continuidad, que es una monarquía franquista. Juan Carlos no lo oculta: “Gracias a él fui rey”

De todos los biógrafos de Juan Carlos, el propio Juan Carlos es el menos de fiar. Conociendo su trayectoria, la honradez no es precisamente su fuerte. Y todo hace suponer que una vez más va a dar muestra de su compromiso con la mentira hasta la muerte y más allá. Es probable que muchas de esas mentiras se las crea desde siempre. Para eso fue educado y conformado. De otras es plenamente consciente, y conscientemente pretende perpetuarlas para la historia.

Como todo lo que rodea el 23F, en lo que parece que no quiere ceder ni un ápice ni reconocer nada, pese a las cintas de Bárbara Rey en las que se confiesa sin querer (la última pero no la única prueba que conocemos de su papel como cabecilla del golpe). Con estas memorias volvemos al punto de partida, a que Armada no le fue fiel hasta el final como le dijo a Bárbara, sino que le engañó y traicionó y le dolió muchísimo. Nada de admitir ni siquiera que estaba informado, que a lo peor le engañaron y lo manipularon un poquito…como propuso Javier Cercas para justificarlo de alguna forma en su Anatomía de un instante, que actualizaba dentro de la ortodoxia del Régimen, sin pasarse, los excesos de la versión oficial más inmediata a los hechos e insostenible en estos momentos por su total inverosimilitud. Juan Carlos no da ni un paso atrás.

De la autora o redactora del libro tampoco hay mucho que esperar. Laurence Debray ya se había explayado antes en otros libros para los que el rey se dejó entrevistar con mucho gusto. Y, aunque alguna vez te encuentras con perlas incluso en estas obras tan cortesanas, ya sea por error o dejándolas caer de propio intento, no es este el caso hasta ahora de las de Debray. En su Juan Carlos de España de hace unos años, por ejemplo, a pesar de sus más de 500 páginas, yo no llegué a subrayar ni una línea. No encontré absolutamente nada de interés, nada relevante.

Por eso las expectativas sobre Reconciliación, la autobiografía del rey que se publicará próximamente en España, no deberían ser altas. Ya deja claras sus intenciones en el título y la dedicatoria a su familia y a «todos los que le acompañaron en la transición democrática».

Mientras el único preso por los latrocinios del rey es Pablo Hassel, rapero condenado por cantar que “los Borbones son unos ladrones”, Juan Carlos declara en sus memorias sin pudor: "Siento que me roban mi historia"

Con “familia” se refiere, por ejemplo, a la Reina Sofía, a la que en el libro nombra cariñosamente “Sofi”, siempre con ternura, algo de una hipocresía escandalosa para todos los que tuvieron ocasión de escucharle hablar de ella en la intimidad no tan íntima de sus círculos sociales, de sus saraos.

A los que le acompañaron y fueron sus cómplices en dar continuidad a los principios y estructuras del franquismo con un disfraz democrático en la llamada Transición, es a los que se dirige fundamentalmente el libro. Pero pese al título, no va a pedirles disculpas por hacerles insostenible apoyar la monarquía con él en el trono. Abdicó “por el bien del país” pero se fue “con la conciencia tranquila”. “No tenía motivos para avergonzarme”, defiende Juan Carlos I, según los adelantos que nos van mostrando la prensa francesa y la española. Para la “reconciliación” reclama el respeto perdido con un victimismo insultante, repartiendo culpas a diestro y siniestro a los demás. Fueron malas influencias, se aprovecharon de él… Lo de la “reconciliación” más bien parece una “imposición”, siguiendo la línea de la política de palacio para rehabilitar lo que se pueda de la figura de Juan Carlos y cerrar con un buen funeral de Estado su etapa política. Si no por las buenas, por las malas. No olvidemos que al mismo tiempo está en marcha la iniciativa por la vía judicial para callarle la boca a Revilla, un compañero de viaje de la monarquía en las últimas décadas del Régimen del 78 que parece que no se quiere “reconciliar”, veremos en que acaba todo eso.

Mientras el único preso por los latrocinios del rey es Pablo Hassel, rapero condenado por cantar que “los Borbones son unos ladrones”, Juan Carlos declara en sus memorias sin pudor: "Siento que me roban mi historia". Realmente, su mayor o única virtud es la falta total de escrúpulos.

Con todo, y aun siendo un libro para lelos muy crédulos, intuyo que dará juego y mucho que hablar, y hasta los “analistas” de las tertulias de la Sexta serán capaces de sacarle punta. Creo que más a través del análisis del discurso que en lo informativo. Porque no contará una verdad, pero pese al vasallaje rendido de Debray y de las cabezas pensantes que han pulido el texto coordinados desde Zarzuela, se les escaparán cosas interesantes. Seguro.

Reconciliación es una capa más en el traje que nos están haciendo para seguir vendiéndonos el mito de la Transición. Se combina con los adornos de supuesta democratización de Felipe VI, de modernización inviable de una institución medieval

Por ejemplo, Juan Carlos se pierde en las metáforas y acaban diciendo cosas que no quería decir. “A los trece años [Felipe] me preguntó: ‘Papá, ¿qué pasa?’ – cuenta Juan Carlos al respecto del 23F-. Lancé una pelota al aire. La Corona está en el aire. ¡No sé hacia dónde caerá!”, desvela Juan Carlos que le contestó, reconociendo su protagonismo y responsabilidad insensata en aquella aventura, como si todo hubiera sido un juego. Solo que lo que lanzó al aire no fue únicamente la corona, al dar respaldo a un golpe que ponía en el disparadero -y en las calles con tanques de combate- a las hordas fascistas militares y civiles deseosas de actuar para que el Régimen fuera más fascista todavía, más explícitamente fascista. Sí, el plan era pararlos luego, con un gobierno de conciliación presidido por un militar, supuestamente defensor del orden, la democracia y la Constitución, el general Armada. Un planazo. Pero igual que había una lista de los políticos buenos que iban a colaborar, porque ya lo habían pactado, participando incluso en ese gobierno presidido por un militar, los fachas tenían ya preparados otros listados, de periodistas entre otros, que iban a ser eliminados en primer lugar. El miedo que generó en la sociedad tuvo las consecuencias de desmovilización esperadas. Pero podría haber sido peor.

Por cierto, que Felipe podía y debería ir saliendo de las sombras y expresarse, contar lo que sabe, posicionarse con respecto a la política a seguir con la monarquía, hacer algún gesto por democratizar la institución. Lo que “fuentes próximas a Zarzuela” transmiten -porque no hay declaraciones oficiales- es que a Felipe VI no le gusta, no está de acuerdo con determinadas cosas que hace o dice su padre. Y ya.

Pero no es creíble que la autobiografía y otras iniciativas recientes del emérito no tengan el apoyo de Casa Real, su consentimiento cuando menos, teniendo en cuenta cómo funciona, el poder de control y manipulación que siempre ha tenido el rey (Juan Carlos I y Felipe después) de todo lo que sucede políticamente relevante en el Estado español, en estrechísima colaboración con los servicios de inteligencia (CESID antes, ahora CNI) y las cloacas del Estado. El poder real que ha demostrado la monarquía tras su instauración como sucesora del franquismo es perfectamente capaz de frenar las tonterías de Juan Carlos sin melodramas. Otra cosa es que quiera hacerlo. A lo que apuntan los intentos del emérito por reivindicarse sin arrepentimiento alguno (y mucho menos disposición de reparación) es a una campaña larga y difícil para salvar la monarquía, su imagen institucional al menos, incluyendo el podrido legado de su reinado. Ardua tarea para los servicios de inteligencia, pero no imposible.

Reconciliación es una capa más en el traje que nos están haciendo para seguir vendiéndonos el mito de la Transición. Se combina con los adornos de supuesta democratización de Felipe VI, de modernización inviable de una institución medieval. Tan falsas una capa como la otra, parece una quimera que semejante plan de rescate pueda llegar a funcionar política e históricamente, pero el caso es que el traje nuevo de una monarquía, que creíamos definitivamente al descubierto en su desnudez, está funcionando sorprendentemente bien. Es cuestión de tiempo, si no se hace nada para ponerle freno. Ojo a la valoración de Felipe VI en las encuestas y a la acelerada normalización en los regresos esporádicos de Juan Carlos.

El apoyo explícito al franquismo que hace Juan Carlos en nombre de la institución que representa podría ser constitutivo de un delito de odio y afrenta a las víctimas de la dictadura, contra la Ley de Memoria Histórica. Hay que ilegalizar la monarquía, como la Fundación Franco

Pero sobre todas las cosas, la autobiografía de Juan Carlos tiene la relevancia de ser prácticamente una declaración institucional del que todavía es rey (emérito). Y en este sentido da un poco igual si el rey se cree lo que dice o miente descaradamente. El acto de declararse autor lo comprometen a él y a la institución con sus palabras. Ahí no importa tanto la verdad de los hechos históricos como el posicionamiento ideológico que se adopta implícita o explícitamente.

Por ejemplo, con el franquismo, quizá lo más polémico de lo que se ha publicado como adelanto en la prensa del libro por el momento, el emérito es bastante explícito. Juan Carlos afirma su admiración y respeto por Franco sin tapujos, algo que ya sabíamos pero que la clase política hasta ahora se ha negado a reconocer y afrontar. Sí, Juan Carlos nos da la razón a los que decíamos que la monarquía es una maquinación del franquismo para darle continuidad, que es una monarquía franquista. Juan Carlos no lo oculta: “Gracias a él fui rey”. Se echa de menos algo sobre esto de Felipe, al pueblo seguro que le gustaría saber qué defiende, pero nunca ha hecho ninguna declaración sobre el franquismo, se esconde de la opinión pública. Su papel ahora es ser la cara más democrática, solo de boquilla, de la institución. Y les consentimos todo, eso es lo peor.

Porque si no aceptamos los términos de la “reconciliación” que propone el emérito, sólo cabe la ruptura, por fin, con la dictadura de Franco. Algo que no se logró hace 50 años y que parece todavía lejano. Seamos contundentes esta vez: El apoyo explícito al franquismo que hace Juan Carlos en nombre de la institución que representa podría ser constitutivo de un delito de odio y afrenta a las víctimas de la dictadura, contra la Ley de Memoria Histórica. Hay que ilegalizar la monarquía, como la Fundación Franco.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Entrevista al neurocientífico Ignacio Morgado sobre la conciencia

 Ignacio Morgado, neurocientífico: “Lo difícil no es morir, es cómo mueres”, en El País, por Jaime Rubio Hancock, 5 DIC 2025:

El psicobiólogo catalán acaba de publicar un libro sobre la consciencia, un enigma que quizás no seamos capaces de resolver. No descarta que una máquina pueda llegar a ser consciente

Ignacio Morgado (San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1951) dio un pequeño rodeo para acabar estudiando el cerebro: iba para ingeniero de telecomunicaciones, pero se puso a estudiar la carrera de Psicología, para luego pasarse a Medicina y terminar preparando su doctorado en la Universidad del Ruhr, en Alemania, ya en Psicobiología. Al regresar, fundó uno de los primeros laboratorios para estudiar la mente en la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo Instituto de Neurociencia dirigió más tarde.

Hablamos en su despacho de la universidad, justo al lado del laboratorio. Ahora es catedrático emérito y puede dedicar más tiempo a su labor de divulgación: además de dar conferencias y publicar artículos en EL PAÍS, ha escrito una decena de libros sobre cómo funciona el cerebro. El último es El espejo de la imaginación (2025, Ariel), sobre la consciencia, un enigma que, en su opinión, quizás ni siquiera estamos capacitados para descifrar. Pero tiene claro que la principal preocupación de la neurociencia han de ser las enfermedades cerebrales como el alzhéimer y el párkinson: “Hace más de un siglo que Ramón y Cajal estableció las bases de cómo funciona el cerebro y todavía no somos capaces de curar ninguna enfermedad neurológica”.

Pregunta. ¿Por qué no hemos podido curar ninguna de estas enfermedades?

Respuesta. Para investigar el cerebro se necesitan equipos multidisciplinares. No basta con neurólogos: hace falta un ingeniero en inteligencia artificial, un experto en investigación animal, un estadístico, un físico… Estas enfermedades son muy complejas y dependen de muchos factores que interactúan. Y el cerebro es extraordinariamente complejo. Tenemos 86.000 millones de neuronas, interconectadas cada una de ellas 5.000 o 6.000 veces con otras neuronas.

P. ¿Qué es la consciencia?

R. Podemos decir que es el estado que perdemos cuando dormimos sin soñar o cuando nos anestesian en un quirófano. ¿Pero cuál es su naturaleza íntima? ¿En qué consiste? No lo sabemos.

P. En el libro comenta que incluso es posible que no lleguemos a saberlo nunca.

R. Propongo que la consciencia ha evolucionado, por una parte, para ajustar con precisión nuestro comportamiento a las necesidades que tenemos en nuestro entorno. Y es muy flexible, está preparada para responder a cosas nuevas, nunca imaginadas o previstas. En esta parte soy algo original, pero no del todo. La segunda parte ya es una propuesta mía: la evolución no ha querido que sepamos qué es la consciencia porque no conocer ese misterio nos ayuda a creer en algo más allá de nosotros. Permite que tengamos ideas sobrenaturales que ayudan a sobrevivir y a soportar la idea de la muerte o una vida de pobreza, dolor y enfermedad. Crea resiliencia.

P. Muchas veces pensamos que el cerebro es el centro de la razón, pero las emociones son muy importantes.

R. Funcionamos más por emociones que por razón. Todos queremos vernos a nosotros mismos como seres racionales que tomamos decisiones tras meditar mucho, pero eso es mentira. Emoción y razón funcionan acopladamente en el cerebro. Alguien podría pensar que si no fuéramos seres sentimentales, emocionales, nos iría mejor, pero no es cierto, porque si solo razonáramos nos equivocaríamos mucho más.

P. ¿Las emociones nos hacen también manipulables? Como el miedo.

R. Absolutamente, el miedo condiciona nuestras vidas. Una de las cosas a las que tenemos más miedo es a la enfermedad. Por mi edad, las bombas caen cada vez más cerca y me encuentro con muchos amigos enfermos. En los últimos meses, he vivido dos eutanasias de dos amigos. Lo malo, lo duro, lo difícil no es morir, es cómo mueres. El sufrimiento es lo peor que nos puede pasar en esta vida. Y sufrimos porque somos seres emocionales y porque tenemos consciencia. Un vegetal puede tener un daño, pero no sufre, no se entera.

P. ¿Somos nuestra mente?

R. Pues sí, fundamentalmente. Quítala y qué nos queda. Vivimos en una especie de metaverso. Una de las grandes ilusiones que crea el cerebro consiste en que miramos por la ventana y vemos colores y formas. Pero eso no existe, está en nuestra mente. Ahí fuera hay materia, energía electromagnética, moléculas, pero nuestro cerebro recibe el impacto de esa energía a través de los sentidos y crea la percepción de la luz, de los colores, de los olores, de los sabores…

P. ¿Cómo sabemos que los demás tienen una consciencia como la nuestra y perciben la misma realidad?

R. No lo sabemos. Lo intuimos. La característica genuina y primordial de la consciencia es la subjetividad. Mi consciencia es mía, solo mía; la tuya es tuya, solo tuya. Nadie puede entrar en la consciencia de otra persona. Tú asumes que yo soy un ser consciente por mi comportamiento, por cómo hablo, cómo me muevo, lo que digo, porque esperas que un ser consciente se comporte como yo me comporto.

P. Sin saber qué es la consciencia, ¿podremos programar una inteligencia artificial consciente?

R. Me da la impresión de que sí. Sobre todo si tienen razón mis colegas del California Institute of Technology, donde trabaja Christoff Koch, que es uno de los defensores más importantes de la teoría de la integración funcional. Esta teoría propone que la consciencia surge espontáneamente de los sistemas complejos. Si consiguiéramos crear un sistema tan complejo como el cerebro humano, Koch y sus colegas dicen que ese sistema sería espontáneamente consciente.

P. ¿Esa IA tendría derechos?

R. Ahí está el gran debate. Si una máquina de repente fuera consciente, primera pregunta: ¿cómo sabríamos que lo es? Segunda pregunta: ¿ese ingenio tendría un sentido del yo, sentiría que es algo o alguien como tú sientes que eres tú y yo me siento que soy yo? Tercera pregunta: ¿sentiría que es un agente causal? Es decir, ¿alguien que es capaz de tomar decisiones para cambiar cosas en su entorno? Cuarta pregunta, y ya estamos en la filosofía: ¿ese ingenio artificial llegaría a tener autoconsciencia? Es decir, ¿sería como un perro que tiene consciencia, o sería como un humano que es consciente de que es consciente?

P. En sus libros citas a menudo a filósofos. ¿Qué busca en la filosofía?

R. La filosofía es la madre de las ciencias porque proporciona las preguntas. Respuestas, pocas. Las respuestas las tiene que dar la ciencia. Es decir, son primas hermanas, se necesitan. Y, fíjate, todos los científicos que peinamos canas acabamos haciendo casi tanta filosofía como ciencia. Cuando nos hacemos mayores, ya no nos conformamos con saber cosas de las moléculas y de las neuronas. Queremos saber adónde va todo eso. Y la única forma es hacernos un poco filósofos.

P. ¿Nuestro cerebro ha evolucionado para enfrentarse al móvil y a las redes sociales?

R. Eso es terrible, porque abrimos el ordenador o el móvil y nos encontramos con 50 mensajes, muchos de ellos muy llamativos, que nos llevan de acá para allá, sin permitirnos detenernos en ninguno. Hemos dejado de profundizar. Se aprende mucho más leyendo un buen libro que leyendo 50 mensajes rápidos. Estamos cautivados por la inmediatez, sobre todo porque esos mensajes breves proporcionan refuerzo inmediato e intermitente. Es como cuando te comes un canapé en una fiesta: ese canapé abre el apetito para ir rápidamente a buscar otro, porque se activan los mecanismos cerebrales de la recompensa.

P. ¿Por qué es tan importante la lectura?

R. Porque proporciona experiencias que nunca podríamos vivir por nosotros mismos. Lo que una persona puede experimentar por sí misma es limitado, pero cuando nos sumergimos en un buen libro estamos viviendo no solo nuestra vida, sino la de otras personas: sus experiencias, sus fracasos, sus éxitos, sus motivaciones… Igual que las buenas series o los buenos podcasts.

jueves, 4 de diciembre de 2025

La inmigración en España para The New York Times

 España apuesta por la inmigración para crecer, a pesar de las críticas, en The New York Times, por Jason Horowitz, Reportando desde Valencia, Madrid y Paiporta, España, 4 de diciembre de 2025

El gobierno presenta su política migratoria como una alternativa a las medidas represivas del gobierno de Trump, acogiendo a muchas personas procedentes de antiguas colonias. Pero los activistas promigrantes afirman que esa política de brazos abiertos no se extiende a quienes llegan desde África.

En el restaurante Raíces de mi Pueblo, en la costa este de España, Luz Fanny Arce Campiño, de 53 años, removía un rico guiso y describía cómo su hogar europeo de adopción había eclipsado a Estados Unidos como el destino más deseado por amigos y familiares en su ciudad natal colombiana.

Campiño dijo que, tras llegar a Madrid en avión y convertirse en “otra migrante ilegal” por sobrepasar la duración de su visa, estableció su residencia en la pequeña ciudad de Paiporta donde consiguió trabajo en el restaurante de su hermano y fue salvada por “ángeles de la guarda” que la rescataron durante las desastrosas inundaciones del año pasado. Ahora el gobierno le ha concedido un estatus legal y una vía hacia la ciudadanía española. “Estoy contenta”, dijo.

A diferencia de Estados Unidos y de algunos vecinos europeos, definidos por sus duras posturas en políticas de inmigración, el gobierno de izquierda español ha proyectado una imagen de sí mismo como el nuevo crisol de Occidente. Ha acogido a los migrantes, especialmente a los latinoamericanos que hablan la lengua de España, comparten su religión y comprenden su cultura. Incluso los activistas que afirman que esa cálida acogida no se extiende a muchos africanos reconocen que España es un caso atípico en un continente que cierra sus puertas.

El gobierno afirma que ha estado motivado en parte por valores progresistas y por el recuerdo de la emigración española a Latinoamérica, especialmente durante la dictadura de Francisco Franco. Pero el gobierno afirma que su aceptación de los migrantes también refleja la realidad de unas tasas de natalidad cada vez más bajas y la escasez de trabajadores autóctonos para mantener las enormes prestaciones sociales.

Los más de 3 millones de trabajadores españoles nacidos en el extranjero —más de un millón de los cuales han llegado desde que el presidente Pedro Sánchez asumió el poder en 2018— han contribuido a que el país sea, según algunas mediciones, la gran economía de más rápido crecimiento de la eurozona. “O abres y creces”, dijo Sánchez en una entrevista reciente con The New York Times. “O cierras y te hundes”.

Los activistas de la migración sostienen que todavía hay mucha distancia entre la retórica altisonante de Sánchez y la realidad sobre el terreno.

Muchos latinoamericanos se quejan de una mirada colonial persistente y esnob. Y aunque el gobierno reconoce que tiene una rara habilidad, envidiada por algunos líderes de la derecha dura europea, para atraer a una población que puede asimilarse más fácilmente, los activistas afirman que el gobierno le está dando largas a una petición en el Parlamento para declarar una amnistía y conceder el estatus legal a unos 500.000 migrantes indocumentados, en su mayoría latinoamericanos.

Los críticos también acusan al gobierno de un evidente doble rasero. Muchos latinoamericanos llegan en avión con visas de turista, se quedan más tiempo del permitido y esperan encontrar un camino hacia la legalización. A menudo lo consiguen. Muchos africanos, por el contrario, llegan en barco y sin papeles, y se encuentran con controles fronterizos, puertas cerradas o un purgatorio de burocracia. Sánchez rechaza la crítica, afirmando en la entrevista con el Times que el gobierno no está incentivando a un grupo frente a otro.

Su gobierno ha señalado que un gran porcentaje de los migrantes legales del país proceden de Marruecos y dice que es el partido Vox, antinmigrante, antimusulmán y en auge, el que prefiere a los latinoamericanos en comparación con los africanos.

Elma Saiz, ministra española de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, añadió en una entrevista reciente que todo el ruido antinmigración de la derecha equivalía a una distracción desesperada de lo que era una clara historia de éxito. “España es un faro”, dijo.

Cecilia Estrada Villaseñor, investigadora sobre inmigración en España, quien es oriunda de México, está de acuerdo. “Para los latinoamericanos, España no existía. Era Europa, al otro lado del océano”. Pero a medida que Estados Unidos se vuelve menos atractivo, con las medidas represivas del gobierno de Donald Trump, “la gente empieza a ver a España como el país”. Para España, dejar entrar a migrantes tiene innumerables ventajas.

Aunque el país sigue teniendo una tasa de desempleo superior al 10 por ciento, la peor de la Unión Europea, la falta de trabajo es la mitad que hace una década, y los partidarios de la inmigración afirman que los recién llegados ocupan puestos de trabajo mal pagados o físicamente exigentes que los españoles son reacios a aceptar en restaurantes, como niñeras o como trabajadores agrícolas y de la construcción. Sin migrantes, dijo Saiz, España “se pararía”.

También existe una motivación política para tratar bien a los nuevos migrantes. Muchos constituyen una base potencial de votantes en un país profundamente polarizado, y la oposición conservadora, que incluye a Vox, ha cortejado vigorosamente a los latinoamericanos, especialmente a los procedentes de Venezuela, escépticos ante las políticas socialistas de su país.

Carlos Flores, diputado de Vox por Valencia, dijo que no tendría ningún problema en que los dirigentes dieran prioridad a determinados grupos de migrantes porque, en su opinión, un jubilado noruego, un expatriado estadounidense o un venezolano adinerado plantean “cero problemas”. Dijo que lo mismo ocurre con los “migrantes trabajadores” de América Latina, en quienes confía para que cuiden de sus ancianos padres.

Sin embargo, argumenta que la ideología progresista del gobierno lo ciega ante lo que considera la incompatibilidad cultural de los migrantes procedentes de países africanos y los riesgos para la seguridad que, según dijo, pueden acarrear.

El gobierno rebate esa postura, señalando que la delincuencia ha disminuido en comparación con hace 20 años, antes de la última oleada de inmigración. Y aunque los migrantes constituyen un porcentaje desorbitado de las personas condenadas en los tribunales españoles, los expertos afirman que la pobreza es el principal motor, y que los delitos suelen ser no violentos. El año pasado, el jefe de la policía nacional dijo que era “desinformación” que los extranjeros estuvieran aumentando la delincuencia. Sin embargo, las encuestas sugieren que el mensaje de Vox tiene cada vez más alcance.

El día de la fiesta anual de Moros y Cristianos de Valencia —que refleja los siglos de califato árabe en gran parte de España y luego los siglos de esfuerzo cristiano por reconquistar la península—, Ana Mostazo, de 40 años, lucía la camiseta de la comparsa cristiana “Guerreros del Cid”. Miraba en su teléfono un video de inteligencia artificial sobre caballeros cristianos que reconquistaban ciudades españolas durante la Edad Media y hablaba con orgullo de sus amigos migrantes de América Latina. Decía que mantenían la economía a flote, pero añadía: “Los marroquíes son un problema”.

El gobierno español califica estas declaraciones de engañosas. El Ministerio del Interior afirma que la inmigración ilegal procedente del norte de África hacia las Islas Canarias y otras zonas de la costa española descendió un 40 por ciento este año. A pesar de ello, los conservadores del país querían adoptar una mentalidad de fortaleza común en los vecinos del sur de Europa con gobiernos de derecha, dijo Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior español, en una entrevista. “Dicen que deberíamos imitar las políticas de Italia y Grecia”, dijo. “Estamos teniendo mejores resultados que ellos”.

Dijo que el gobierno está buscando un equilibrio entre la promoción de los beneficios de la inmigración legal y los esfuerzos para combatir la inmigración ilegal. Dijo que el problema de la petición de amnistía, apoyada por la Iglesia católica, era que podía actuar como “efecto llamada” para que los traficantes trajeran más migrantes.

También habló de que para España “lo importante no es cerrar fronteras, lo importante es adelantar fronteras” en naciones africanas y dijo que funcionarios españoles trabajaban ahora en Senegal, Níger y Gambia. Rechazó las preocupaciones sobre la colaboración de España con gobiernos africanos no democráticos para atrapar a migrantes indocumentados —proporcionando a algunos de ellos drones y dispositivos biométricos—, tachándolas de eurocéntricas y paternalistas.

Los defensores de los migrantes afirman que aquellos que logran entrar al país suelen vivir en condiciones miserables, lejos del sueño español.

Tras llegar ilegalmente a España desde Ghana en 2018, Ali Maiga, de 31 años, ha vivido con otros migrantes africanos en un edificio en ruinas e infestado de ratas junto a un cementerio. Hizo cursos para conducir carretillas elevadoras, pero no pudo conseguir un contrato de trabajo para obtener un permiso de residencia que le permitiera trabajar legalmente. Ha aceptado trabajos informales en un desguace para salir adelante. Dijo que ha visto cómo los amigos que tiene en su país publican sobre su éxito allí, pero “no quiero contarles mi situación aquí”.

Algunos latinoamericanos también se enfrentan a obstáculos, especialmente en la tensa atmósfera política actual.

Silvana Cabrera, cuyo abuelo se trasladó de España a Bolivia durante la Guerra Civil española, dirige una organización que intenta ayudar a los migrantes indocumentados a conseguir sus papeles.

Desde que se convirtió en una democracia, España había efectuado nueve amnistías, tanto por gobiernos de centro-izquierda como de centro-derecha. El último impulso contó en su día con el apoyo del Partido Popular, conservador y proempresarial, antes de que Vox ejerciera presión desde la derecha. Cabrera argumentó que Sánchez también sentía la presión política y se había resistido a promulgar un decreto porque “tiene miedo de perder el poder”. Pero muchos migrantes, especialmente los latinoamericanos, cuentan una historia más feliz.

Campiño, la cocinera, dijo que España no solo le ha dado una comunidad y trabajo, sino que los españoles también le han salvado literalmente la vida. Durante las mortales inundaciones del año pasado, se aferró a un árbol en medio de las aguas embravecidas hasta que un español le hizo una cuerda con ropa y tiró de ella para ponerla a salvo. Una mujer española a la que ahora llama “abuelita” le dio cobijo en un apartamento. Debido a su aterradora experiencia, se aceleró su solicitud de legalización. Afirmó que ahora no puede esperar a obtener el pasaporte español. Piensa utilizarlo para ir a Estados Unidos, pero solo para ver a su hijo y a su nieto. “Y entonces”, dijo, “volveré y viviré aquí”.

José Bautista colaboró con reportería desde Madrid y Valencia. Jason Horowitz es el jefe de la oficina de Madrid del Times, que cubre España, Portugal y la forma de vida de la gente en toda Europa.

La Mancha para el viajero inglés Joseph Towsend en 1786

  A journey through Spain in the years 1786 and 1787... and remarks in passing through a part of France, by Joseph Townsend, in two volumes.1792, vol. II:

Como era demasiado pronto para pensar en apresurarnos, avanzamos cuatro leguas más, hasta La Guardia; y, aunque no es un lugar habitual, encontramos buen alojamiento. Desde Madrid el terreno es bastante llano; la tierra es fértil; la roca es de yeso; producen principalmente maíz, con algunas vides y olivos. Aquí, en la famosa región de La Mancha, naturalmente buscamos molinos de viento que, al no tener arroyos para moler el grano, encontramos, como esperábamos, en las cercanías de cada pueblo. No tienen bueyes; y solo mulas o caballos se utilizan para la ganadería. La Guardia fue antiguamente una plaza fuerte y estuvo custodiada durante mucho tiempo por los moros, pero ahora parece estar al borde de la decadencia. Se calcula que todavía hay unas mil familias, con un total, según los informes del gobierno, de tres mil trescientas cuarenta y cuatro personas; pero en realidad tienen más de tres mil que reciben subsidio y unos ochocientos niños menores de edad.

No tienen ninguna industria, excepto el salitre, y este no es considerable: de ahí su pobreza y miseria. Sus tierras están divididas en pequeñas parcelas, pero el propietario principal es don Diego de Plata. Las rentas se pagan en grano. La iglesia es un edificio muy elegante y bien proporcionado; los altares son casi nuevos y sencillos. En una capilla hay muchos buenos cuadros de Angelo Nardi. No tienen carne de res. El cordero cuesta doce cuartos, el pan cinco cuartos la libra, o dieciséis onzas. 

Después de cenar, caminamos dos leguas para dormir en Tembleque, un pueblo de unas dos mil familias, pero que se calcula que contiene solo cuatro mil cuatrocientas dieciocho familias, con una iglesia parroquial, una capilla y un convento. Lo más destacable aquí es una fábrica de salitre en la que trabajan cuarenta hombres en invierno y sesenta en verano, lo que produce seis mil arrobas al año. El administrador me pareció más inteligente de lo habitual. Me dijo que los gastos, pese a la economía más rígida, ascendían a doscientos mil reales, es decir, a unos cuatro reales o casi un penique por libra, de los cuales, según esta reducción, la mano de obra no genera más que un penique; de ​​modo que los otros ocho peniques y medio se destinan a la fundición, los hornos, la administración, el capital y otros gastos incidentales. Si llevamos este cálculo a Madrid, ¿cuánto más de lo que ya he calculado parecerá ser el dinero que se pierde en esas extensas obras, donde la fundición es tan escasa? Me informó que recogió toda la propiedad de terrenos en los que se habían depositado productos animales y vegetales en estado de putrefacción. 

El sábado 17 de febrero pasamos por Camuñas, un pueblo humilde con unas trescientas cabañas, hasta las Ventas de Puerto Lapiche, tras haber recorrido veintidós leguas en esos tres días. El terreno es llano y la vista hacia el Norte es extensa; pero, antes de llegar a Las Ventas, tuvimos una ligera visión de las montañas nevadas que separan las dos Castillas. En condiciones favorables de aire y altitud, creo que podrían verse a más de cien millas. El desnivel es un [...] La tierra es de cuarzo y la roca es de granito. Se ara con dos asnos o dos mulas, y dondequiera que se riega con norias, produce abundante maíz. El vino es excelente y en gran abundancia. El pueblo de Lapiche es miserable y la gente parece estar medio muerta de hambre, aunque sus cosechas nunca pueden verse defraudadas por la falta de lluvia, pues en el espacio de unas sesenta hectáreas conté más de treinta norias. La venta está en el antiguo estilo español. Tiene ciento cincuenta pies de largo e, independiente de una casa que comunica, no más de diez pies de ancho. En un extremo hay una chimenea, a modo de cocina, de diez pies cuadrados, con un hogar en el medio, rodeado en tres lados por un banco en el que los arrieros se sientan durante el día y se acuestan a dormir por la noche, pero de ninguna manera separado de la larga hilera de casas que, con primitiva sencillez, bajo un mismo techo

...Ignemque laremque / et pecus et dominos communi clauderet umbra, Juvenal, satura VI,  3-4. [Fuego y Lares y sombra el mismo techo a ganados y dueños ofrecía]

Hay, junto a esto, un patio, con un pozo en el centro y en un extremo un ático para carretas y diligencias. El dormitorio está arriba y, según cuentan, durante toda la noche oímos, o podríamos haber oído, el tintineo de las campanillas en las cabezas de nuestras mulas siempre que comían. Antes de ir a la granja, hicimos un trato con el cura para la cena. Nos ofreció dieciséis reales; pero, finalmente, al cerrar el trato, aceptó ocho. Si hubiera cumplido con su exigencia, habríamos accedido; porque acordar la cena en días festivos en un país católico es indispensable, y no nos habría convenido quedarnos tirados en el camino. Desde Las Ventas descendimos hacia una extensa llanura, rodeada por altas colinas en todos sus lados, que producían aceitunas, maíz y azafrán. 

Tras ocho leguas, llegamos a Manzanares. Todos los viajeros por este camino iban bien armados; y tres monumentales cruces demostraron que sus temores no eran infundados. Era domingo, pero muchos arados trabajaban. Sus cultivos se riegan con numerosas norias. Manzanares tiene mil ochocientas. Las familias pobres, con una fortuna considerable, cuentan con mil setecientos sesenta y ocho habitantes, proporción que en sí misma es un indicador suficiente de su pobreza. Las casas están construidas con barro y los pobres están casi desnudos. En la iglesia vimos cuatro buenos cuadros. El castillo, con una finca considerable, y los diezmos, pertenecen a los caballeros de Calatrava y están en manos del infante don Antonio, lo que le reporta unos ingresos de treinta mil ducados, o 3295 libras esterlinas anuales. Examinamos las instalaciones, vimos los extensos graneros y probamos la rica variedad de vinos. El mayordomo ofrecía un vino especial para la mesa del Infante, que me pareció, sin excepción, el mejor de España. Tenía el sabor del rico Borgoña, con la fuerza y ​​el cuerpo del generoso Oporto. Después de elogiar este vino y agradecer al mayordomo sus atenciones, continuamos nuestra caminata hasta el anochecer; y, a nuestro regreso a la posada, tuvimos la suerte de encontrar más de tres galones de este vino almacenados allí y ya depositados en nuestras botas o botellas de cuero para el viaje. Desafortunadamente, los dos cocheros se encontraron con un problema que cubrió su peculiar excelencia, y,  gracias a su ayuda, terminamos en un día lo que yo mismo me había convencido que alcanzaría para tres. La posada es más cómoda y de mayor tamaño que las comunes, con treinta y dos camas, todas en la planta baja. El edificio tiene unos ciento ochenta pies de largo por treinta y dos o cuarenta de ancho, con un largo pasillo en el medio para cochera, del cual la cocina está apenas separada por una pequeña ventana. Los dormitorios a la derecha y a la izquierda tienen unos dieciséis por catorce pies, cada uno al estilo español, amueblados con cuatro camas. 

El lunes 19 de febrero, salimos de Manzanares temprano por la mañana, atravesando una zona llana hasta Valdepeñas, a cuatro leguas de distancia, para cenar. El terreno está lleno de grava, lo que produce algunas aceitunas y mucho vino, pero sobre todo maíz. Las norias están bien construidas, con la gran rueda de hierro en lugar de madera. La roca es de piedras. En el camino vimos dos monumentales criptas. Valdepeñas es famosa por su buen vino, que se destina principalmente a Madrid; pero cuando se abra la navegación hacia Sevilla, como se propone, este, junto con muchos otros vinos curiosos producto de La Mancha, llegará a Inglaterra y será muy solicitado. En esta ciudad hay 700.000 vides. Desde allí, cruzamos Santa Cruz y comenzamos a ascender entre colinas ásperas y sin cultivar, hasta que nos alojamos en La Concepción de Almuradiel. Este pequeño pueblo, de 36 familias, es el más grande que encontramos en los Nuevos asentamientos de Sierra Morena. Fue construida en 1781. La posada rodea un patio de 90 por 50 pies, con una cochera contigua de 150 por 40 pies, y cuenta con terrenos cultivables en proporción. Las habitaciones están bien equipadas, cada una con chimenea y dos alcobas para camas. Por encima de estos se encuentran los aposentos del administrador, su delegado y sus sirvientes; con amplios graneros y un corredor que forma una comunicación a su alrededor. Todo aquí está a cargo del Rey y, por supuesto, se le presta poca atención.

Lista de los 33 mayores idiotas de la historia

 Los 33 mayores idiotas de la historia... y algunos más.


Thomas Midgley jr.

Esteban VI, papa

Nicolás II, zar

Muhamad bin Glock, sultán

Honorio, emperador

Francisco Solano López, emperador de Paraguay

Eugene Shifelin

Emperador Yajing.

Jerjes

Thomas Austin

Faraón Pepi II

Heliogábalo

Ibrahim el Loco, sultán

El sha Muhamad Segundo.

Oliver Cromwell

Rey Ethelredo

Luis XV y Luis XVI

Spiridon Luis

Mitrídates VI

Emperador Pértinax

Didio Juliano

Sultán Murad

Alexander Bogdanov

Albert Brisbanne.

Rey Arturo III

Oto I de Baviera

Rey de Camboya

Rey Faruk

Algernon Sydney.

Emperador Ming Zhengde

Emperador Xiao Wudi

Carlos II

Carlos IV, el Loco, rey de Francia

Pánfilo de Narváez

General John Sedwick

Zar Alejandro II

Charles Valentine Alcán

François Sangle.