martes, 1 de noviembre de 2016

¿Son insultos o descripciones lo que se intercambia en el Congreso de los Diputados?

Mal estamos si a las verdades las llaman insultos. Jesús Parra Montero, "Los “rufianes”" en Nueva Tribuna, 31 de Octubre de 2016:      

El 29 de octubre de 2016 pasará a la Historia para millones de ciudadanos como uno de esos días tristes en los que se hacen necesarias la indignación, la reflexión y cierto silencio.

Ortega, elegido diputado en la IIª República, aseguraba que, con el fin de evitar las divagaciones o tratar los problemas con frivolidad, en el Parlamento hay tres cosas que no se pueden hacer: el payaso, el tenor o el jabalí. Para “los payasos”, el circo y “los tenores”, a la ópera; se conocía por “jabalíes”, a los diputados alborotadores, y a los ultra-conservadores, por cavernícolas. Si, como Mendeleiev que, en su tabla periódica de los elementos químicos, clasificó los 109 conocidos formando 18 grupos, clasificásemos a los actuales 350 diputados y sus 15 formaciones políticas, utilizando los adjetivos que ellos mismos se han ido dedicando, desde la tribuna parlamentaria o desde los escaños, encontraríamos algunos grupos más que los descritos por Ortega: vagos, chulos, vasallos, sinvergüenzas, iscariotes, prepotentes, oportunistas, gilipollas, débiles, incoherentes, traidores, caciques, demagogos, populistas, hasta delincuentes. Después de la sesión de investidura del pasado día 29, habría que añadir alguno más: miserables, impostores y “rufianes”.

Según la biblia, los nombres significaban lo que el hombre era; poseía un valor ontológico; Gabriel, por ejemplo, en hebreo significaba el hombre en el que “Dios se ha mostrado fuerte”. Evidentemente para quien no es creyente, tal significante carecería de significado, pudiendo modificarse así: el hombre en el que “la descalificación le ha mostrado indecente”.

Sin embargo, según la RAE, toda acepción o significante tiene su propio significado; por ejemplo, “rufián”, en el significado que le asigna la RAE, es un “hombre vil y despreciable, que vive del engaño y de la estafa”; la Real Academia admite incluso significados más peyorativos. “Los rufianes” serían, pues, “hombres viles y despreciables, que viven del engaño y de la estafa”. Se podría concluir, entonces, apoyándose en el significado ontológico bíblico y en la razonable lógica del silogismo aristotélico que todo “rufián” es un “hombre vil y despreciable, que vive del engaño y de la estafa”.

Los militantes y cuantos votamos de acuerdo a nuestra ideas políticas, sin pertenecer a partido alguno, hemos escuchado los provocadores insultos y las soflamas antisocialistas lanzadas por los parlamentarios de ERC y Bildu, y a la par, hemos visto el sábado 29 cómo los parlamentarios del grupo de Podemos los ovacionaba y su líder los felicitaba personalmente con palmadita a la espalda, solidarizándose con sus discursos; hasta el más tonto entendería, -ignoro si ellos lo entienden así- que tal actitud y despliegue de ovaciones equivale a un apoyo y toma de posición política, dejando de manera manifiesta con quién o contra quién están.

Hay que recordar a los diputados de ERC y Bildu que si por ellos fuera, el Parlamento que el pasado sábado les permitió hablar, simplemente no existiría. La palabra, como la poesía para Celaya, es un arma cargada de futuro, de ahí que proporcionar ese arma a los chacales, rufianes y miserables es siempre un peligro para la convivencia y la democracia parlamentaria, aunque algunos, incluidos periodistas, hayan aplaudido esas intervenciones hasta con las orejas.

Una de las mayores vilezas del ser humano -aunque son muchas las que se pueden enumerar y más en política-, es la de humillar al contrario, ya sea con el insulto, la mentira, el gesto o la sutil amenaza. ¡Qué grandeza tiene la dialéctica parlamentaria basada en razones, pero qué vil es, en cambio, cuando se humilla a los vencidos, y más, si la mayoría de ellos han librado la peor de las batallas: la de luchar contra su propia conciencia! De ahí que no exista peor lenguaje, como el insulto, la mentira y la humillación de los políticos en el Parlamento, para ahuyentar y alejar a los ciudadanos de la política. La moviola de la sesión parlamentaria del sábado 30, es un ejemplo claro de la vileza y degradación al que puede llegar nuestra política.

Una cadena de televisión, desde las elecciones del 20D, he venido jugando reiteradas veces, como si fuera “la pitonisa Lola”, con un artilugio: “el pactómetro”; su finalidad era hacer las combinaciones posibles para un futuro gobierno. Hoy el “pactómetro” se ha convertido en “ministrómetro”: consiste en adivinar a qué nombres de políticos populares se le va asignando cada uno de los ministerios… Empeño inútil al depender de Rajoy.

Apropiándome de dicho “juego”, y en lugar de ministerios, podríamos jugar utilizando esos gruesos adjetivos que los propios parlamentarios han utilizado en la sesión del día 29, escoger con cuál de ellos (vagos, chulos, vasallos, sinvergüenzas, iscariotes, débiles, incoherentes, prepotentes, gilipollas, traidores, caciques demagogos, populistas, delincuentes, miserables, impostores o “rufianes”) se podría calificar a cada uno de los parlamentarios. A algunos les convendría unos cuantos.

Impostor y mentiroso, a Rajoy: el Mariano de los mil incumplimientos y del partido de la corrupción, dialogante el pasado miércoles -aún no tenía asegurada la investidura-, y transformado el sábado, ya seguro de apoyos y abstenciones, en el Rajoy prepotente y autoritario de siempre; no solo no se molestó en agradecer su dolorosa abstención a los socialistas sino que, consciente de que tiene la sartén por el mango, dejó claro no estar dispuesto a derribar lo construido y no aceptar su demolición: “No se puede pretender que gobierne yo y traicione mi propio proyecto político que además fue el más apoyado por los españoles. No me pidan ni pretendan imponerme lo que yo no puedo aceptar”.

Débiles e incoherentes, a un Antonio Hernando, portavoz accidental del PSOE y a unos parlamentarios socialistas, lamiéndose sus heridas, sin recibir agradecimiento alguno del “triunfante y empavonado Rajoy”, teniendo, además, que escuchar insultos, calumnias y reproches de aquellos (Podemos, Bildu, ERC) que aún tienen que demostrar que han hecho algo positivo por construir un país en democracia y solidario. Ante esta humillante situación, ni uno solo de los que pensaban abstenerse, cambió su voto por un No por conciencia ante un mentiroso Rajoy en estado puro.

Prepotentes, oportunistas y demagogos, a Iglesias y sus “Podemos”. Un Iglesias y sus palmeros, despreciativos, insultantes, arrogantes y bisoños a la vez, con un parlamentarismo cabreado, radical y extremista, que confunden las sesiones parlamentarias con los mítines en las plazas; “las Cortes” no son “la puerta del Sol”; y que utilizan la palabra y la política, no para criticar con argumentos y propuestas constructivas, sino para zaherir y humillar a los contrarios.

Vasallos, a un Albert Rivera, sonriente y en permanente movimiento de manos y gestos, y sus “ciudadanos” que, ante el cinismo de ese Rajoy en estado puro, con una “pedorreta en toda regla pasándose por el forro esas 150 reformas firmadas por ellos y el PP, pestañeando con ese guiño del ojo izquierdo característico de quien va a soltar mentiras, bien les recordó: “No se puede pretender que gobierne yo y traicione mi propio proyecto político que además fue el más apoyado por los españoles”. ¡Tomad del frasco, veleteros!

Miserables y rufianes, más casi todos los adjetivos a Bildu y al parlamentario de ERC, especialmente. Aunque muchos de sus parroquianos les aplaudan y reciban como valientes héroes, representan la vileza de la miserable política. Incluso hay periodistas que han alaban tal grado de valentía y sinceridad. ¡Allá ellos! La valentía, señores Rufián y Matute, es otra cosa. Valiente, pongo como ejemplo, aunque no sea el socialista al que yo apoyaría es el señor Madina, insultado e injuriado por estos rufianes y miserables, víctima de esa ETA de la que el señor Matute es heredero, protagonista de esa lucha por traer tiempos de democracia, necesariamente mejorable, y que les ha servido a ellos, desde la impunidad parlamentaria, para poder insultar en el Parlamento sin consecuencia alguna.

Débil, también, a la señora presidenta de la Cámara, Ana Pastor, al mandar callar al diputado Madina, cuando le tenía que haber aplaudido; no se puede mandar callar cuando a uno le hieren y pisotean la dignidad. Le recuerdo, señora Pastor, algunas frases del largo monologo del personaje Shylok en El Mercader de Venecia de Shakespeare: “Soy un judío. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene… sentidos, afectos, pasiones?... Si nos pincháis, ¿no sangramos?... Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío insulta a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la lección que me habéis dado”.

Es momento de aconsejar a los parlamentarios, más aún, de exigirles, lo que decía Unamuno: “Ni venceréis con la fuerza bruta del insulto y la palabra, ni convenceréis con la amenaza y la provocación. El país se cambia sobre todo con la acción política y la persuasión”. Aunque sean otros tiempos, en nuestro Parlamento se necesitan “Castelares, Sagastas, Cánovas y Azañas” y nos sobran, Rafaeles Hernando, Iglesias, Rufianes y Matutes.

Finalizo: Rajoy acaba de jurar su cargo de presidente con la mano derecha sobre un ejemplar de la Constitución y la izquierda sobre otro de la Biblia, ante un crucifijo, con la fórmula: “Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Presidente del Gobierno con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución”. Es hora ya de abandonar biblias y crucifijos y prometer no lealtad al Rey, que no es quien legitima su autoridad, sino ante los ciudadanos españoles que son el fundamento de su poder y legalidad.  

lunes, 31 de octubre de 2016

Entrar en conversación

Comentar el buffet o decir "increíble el partido de ayer" o "¡qué tiempo!" o simplemente presentarse: "Hola, mi nombre es Patricia" o su afortunada variante: "A menudo le encuentro y sin embargo, no sé su nombre. El mío es Patricia, encantada", o usar una contribución positiva: "Sorprendente la conferencia, yo no sabía cómo se rigen los sistemas de información de grupo en Noruega" o preguntar "¿qué le ha parecido la conferencia?" o simplemente "ah, sí... de hecho..."

domingo, 30 de octubre de 2016

25 posibles mejores libros en español de los últimos 25 años.

De Babelia, "Los mejores libros en español de los últimos 25 años. 50 críticos, escritores y libreros de ambos lados del Atlántico eligen los hitos del último cuarto de siglo":

1. 2666 (2004) 
Roberto Bolaño escribió esta novela cuando se sabía sentenciado a muerte y se publicó un año después de su fallecimiento. Salvo quizá su enigmático titulo —el numeral de un año tan distante—, nada revela aquella brega; todo en este relato es la expresión jubilosa de una imaginación en estado de gracia: múltiple, rápida, nítida, juega con ecos de la literatura universal y otros de la propia vida. Es una cumbre de las letras posmodernas —aunque el adjetivo huela ya a puchero de enfermo—, pero lo cierto es que Bolaño es también un post del llamado boom latinoamericano. Su americanidad es quizá menos intensa pero más extensa, más universal: buena parte de su obra es un irónico diálogo con sus grandes antecesores. Las novelas buscan poner orden, pero el Orden es, en el fondo, un reconocimiento y hasta un tributo a la superioridad estética y epistemológica del Desorden y del Caos. '2666' se divide en cinco “partes” que se complementan y que convergen. Un apunte manuscrito (que se reproduce en la más reciente edición) enumera lo que llama las “líneas, puntos de fuga, folletones” que la vertebran. Como 'Los detectives salvajes', '2666' comienza como una 'quest' colectiva en la que vivir y leer se entrelazan; cuatro jóvenes y desorientados filólogos quieren saber más de un misterioso escritor alemán, Benno von Archimboldi, del que nadie sabe nada. Pero, a vueltas de sus erráticos pasos por el campus global, acaban por llegar (como al final de Los detectives…) al Estado mexicano de Sonora: a una ciudad que, bajo el nombre de Santa Teresa, oculta a Ciudad Juárez. En las dos “partes” siguientes rinden viaje en el mismo paraje un exiliado chileno, Óscar Amalfitano, profesor de filosofía al borde de la locura, y un periodista afroamericano, Oscar Fate, cuyo relato es el perfecto remedo de una novela negra clásica. El “folletón” final del libro cuenta la vida de aquel que todos buscan, el escritor Archimboldi, que es un animado cuento de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Que también desemboca en Santa Teresa porque su sobrino es quizá uno de los asesinos. Y en medio, ‘La parte de los crímenes’, narración escueta y sobrecogedora de los feminicidios que desde 1993 hicieron tristemente célebre el nombre de Ciudad Juárez. Ese volcán de horrores es el centro de convergencia de líneas, fugas y folletones. Y estas 400 páginas (de las que ningún lector sale indemne) dan sentido a las otras 800. Un personaje de '2666' dice que prefiere las obras breves a las desmesuradas (cita a Billy Budd frente a Moby Dick, hablando de Melville); Bolaño lo escribe porque, en su caso, pensaba lo contrario. No cabe duda de que es el relato más admirable del último cuarto de siglo. Quizá también lo sea del inmediatamente anterior y es muy posible que lo haya de ser del siguiente. / JOSÉ-CARLOS MAINER

2. La fiesta del chivo (2000) 
Los años han dado un lugar distinguido a 'La Fiesta del Chivo' en la obra de Mario Vargas Llosa. Junto a sus primeras novelas, clásicos de lectura obligada en la literatura del 'boom' latinoamericano de los años sesenta y setenta, esta novela, que inaugura su obra en el nuevo siglo, es una de las más vendidas hasta hoy, por encima de las posteriores. Y se ha ganado ese favor gracias a una estructura perfectamente engarzada, donde el desarrollo de las tres líneas argumentales se refuerza sostenidamente a un ritmo apasionante de 'thrille'r político e intriga dramática. El eje de esta ficción histórica gira en torno al cruel y endiosado “dueño” de un país sometido a sus antojos durante tres décadas. El general Rafael Leónidas Trujillo gobernó y esquilmó República Dominicana, donde se estima su responsabilidad en cerca de 50.000 muertes. 'La Fiesta del Chivo' se desarrolla a lo largo del último día de la vida del tirano –el 30 de mayo de 1961- y en paralelo relata en detalle las interioridades del complot definitivo para asesinarlo, combinado con la historia de Urania Cabral, víctima de abusos sexuales por parte del dictador. Pero es el conjunto, como patético retrato de un personaje despiadado en la tradición de novelas sobre dictadores latinoamericanos y el universo de rastreras fidelidades, ciega complicidad y codicia de los que se rodeó para ejercer el poder, lo que da ese perdurable interés a esta documentada obra sobre la llamada Era de Trujillo. / FIETTA JARQUE

3. Los detectives salvajes (1998) 
Puede decirse que 'Los detectives salvajes' es la más importante novela latinoamericana “total” que se ha escrito después del Boom, y posiblemente la última, su canto de cisne, pero es justo añadir también que para lograr eso hay que romper el rótulo “latinoamericano” y cambiarlo por universal. El tema de la novela (y de ahí el guiño policial del título) es tan universal y trascendente como la búsqueda. Arturo Belano y Ulises Lima son tan “detectives” como podrían serlo Edipo o Hamlet. Buscan una verdad. Solo que la verdad de estos detectives literarios no es una vuelta al orden, sino una verdad “salvaje”. Quieren encontrar el principio de todas las rupturas y todas las vanguardias, es decir el principio mismo de la pulsión poética, encarnada en una poeta casi analfabeta llamada Cesárea Tinajero. En esa poeta desconocida anida el fuego inextinguible de la poesía, que es la ruptura. Por tanto, para encontrarla no se necesita romper solo el lenguaje y aplicarse en la vanguardia (el tema central de la primera parte de la novela, el diario de García Madero) sino también sacrificar la vida misma, como lo hizo Rimbaud, pues no hay hallazgo sin extravío. Así, la segunda parte de la novela busca reconstruir, de manera coral y cual sofisticado rompecabezas, los años perdidos de Belano y Lima. Para eso reconstruye los diferentes dialectos latinoamericanos de decenas de personajes secundarios, un carrusel de lenguaje y destreza narrativa que sin duda es lo mejor que se ha escrito en castellano en las últimas décadas. / IVÁN THAYS

4. Tu rostro mañana (2002) 
Releída ahora, aún asombra más (si cabe) la torrencial fuerza narrativa de 'Tu rostro mañana': desde el deslumbrante arranque que perfila el conflicto del narrador y protagonista, a los sucesivos círculos en que se despliega la novela y que incluyen episodios históricos poco transitados. Jacobo Deza se incorpora a un grupo ya residual que en su día formó parte del servicio de espionaje británico MI6 y tiene como tarea mirar para informar y contar, averiguar lo que aún no es y darle un sentido, buscar reflejos, huellas lejanas, de lo que la gente "entrevistada" llegará a ser: "conocer hoy sus rostros", saber de qué serán capaces. Deza será un intérprete de personas, un traductor de vidas, un anticipador de historias. Esta tarea obliga a una reflexión moral y propicia una indagación en torno al hecho de contar, aparejada a una meditación sobre el tiempo y sus contenidos. Y todo ello, sumado a la admirable y libérrima orquestación compositiva, y a una narración poliédrica, que quiebra de continuo la línea argumental a base de rodeos y desvíos, digresiones, pausas reflexivas, incisos y encadenamientos, reminiscencias o anticipaciones, muy bien resueltas literariamente, convierten Tu rostro mañana en lo que es: una ficción que perdura. / ANA RODRÍGUEZ FISCHER

6. La novela luminosa (2005) 
Levrero escribe sobre la escritura como frustración, cotidianidad, peldaño hacia la luz, práctica religiosa, conjuro frente a la muerte, dolencia, grafomanía… Libro dentro del libro, La novela luminosa es el resultado del 'Diario de la beca': la primera es un breve ángel de Chagall con varices y el segundo el entrenamiento de un deportista. Levrero habla del auténtico escritor disolviendo el límite entre autobiografía y ficciones con misticismo, símbolos de pájaro y humor. La autocontemplación hipocondriaca de Levrero aborda con reverencia e irreverencia simultáneas el discurso literario. Se solidifica la escritura de un devoto que cuestiona a Dios, y sabe que el letraherido se parece al enfermo. Que los enfermos disfrutamos de la fiebre. / MARTA SANZ

7. Soldados de Salamina (2001) 
Recuerdo a Carlos Castilla del Pino comentar, a los pocos días de publicarse la novela: “Este libro será un best seller”. Y, efectivamente, lo fue: un millón de ejemplares vendidos da mucho que pensar. ¿Por qué? Porque Javier Cercas inauguraba una nueva forma de novelar la guerra civil española no solo ahondando en la humanidad sufriente de los soldados, de uno y otro bando, que no tuvieron a nadie que los recordara después de muertos, sino construyendo su relato como una búsqueda de la verdad, prescindiendo de los apriorismos ideológicos. Un soldado republicano pudo matar a un militar fascista, pero no lo hizo. Cercas, a ese soldado que tiene un gesto de piedad lo erige en héroe. Y los lectores hicieron lo mismo. / ANNA CABALLÉ

8. Borges (2006) 
"Come en casa Borges", la entrada más repetida de sus 1663 páginas, se convirtió en talismán para devotos y detractores de este libro único. Crónica de una de las amistades literarias más prolíficas del siglo XX (la que unió a los Premios Cervantes Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares entre 1931 y 1987), 'Borges' es, a la vez, una biografía atípica surgida de sobremesas casi taquigrafiadas y la edición posterior de los diarios que Bioy llevó por más de medio siglo, el fresco de una época y un texto de oralidad inolvidable, que aquilata ocurrencias de uno de los autores más geniales que dio el castellano. Sus diálogos destilan agudeza, malicia y cotilleos, erudición y sobre todo, pasión por la escritura. Vale releerlo al azar, como quien consulta el I Ching. / RAQUEL GARZÓN

9. Corazón tan blanco (1992) 
'Corazón tan blanco' es una novela sobre el secreto, o, dicho con palabras menos elusivas, sobre la necesidad del engaño y la mentira en las relaciones sentimentales. Y es una novela, como todas las de Marías, sobre el modo en el que el azar o la fatalidad –“no he querido saber, pero he sabido”, dice en el prodigioso arranque del libro– construyen nuestra vida. En Corazón tan blanco toma forma ya definitiva esa escritura imantada, de ritmo esférico, con la que Javier Marías le corta la huida al lector y le presenta sin descanso conflictos morales o existenciales siempre irresolubles. Una obra maestra que creó escuela. / LUISGÉ MARTÍN

10. Rabos de lagartija (2000) 
La gran novela del último Marsé. De nuevo en el territorio de la inmediata posguerra, de nuevo bajo la mirada adolescente, de nuevo pintando con una sensibilidad y exigencia extremas que muestran los tristes y sucios colores de la pobreza, del miedo, de la represión y las gentes sometidas y maltratadas, Marsé acude a la luz de la imaginación y de la fantasía para iluminar el dolor de unas vidas truncadas con una intensidad, una compasión y una lucidez implacables. Utilizando una mezcla de tiempos atrás y adelante que van montando las escenas en la imaginación del lector y con una arriesgada apuesta por las voces narradoras resuelta con pulso maestro, el autor acude una vez más a su cita con la realidad de la esperanza violentamente arrebatada a los sentimientos y las ilusiones de unos personajes criados en la imperdonable charca del nacionalcatolicismo. / JOSÉ MARÍA GUELBENZU

11. La grande (2005) 
Esta novela inconclusa muestra que Saer concebía su tarea como asedio del arte. Inesperada obra autobiográfica, la escribió mientras enfermaba y moría. Leída hoy, casi se asiste al despliegue de la escritura como mecanismo de recuperación de la infancia. Un personaje retorna y emergen el padre sirio, el campo de los inmigrantes, la juventud de los otros, los cadáveres vivientes de amigos y amores. / NORA CATELLI

12. Anatomía de un instante (2009) 
Primero se ganó el favor de los lectores, después se alzó con el Premio Nacional de Narrativa 2010. 'Anatomía de un instante', la novedosa aproximación de Javier Cercas al golpe de Estado del 23-F, es un juego magistral entre realidad y ficción que mantiene a los lectores en vilo hasta el final con un hecho histórico de desenlace archiconocido. Una conquista solo al alcance de la mejor literatura. / M. M.

13. El desierto y su semilla (1998) 
En 'El desierto y su semilla', Baron Biza ha logrado extraer belleza de algo ante lo que cualquier otro solo podría sentir espanto: la reconstrucción del rostro de la madre del narrador, desfigurado por un chorro de ácido lanzado por su marido. Se instala una nueva lógica y hay que aprender su idioma: este es el principal mensaje que se nos transmite en la novela, con un tono desprovisto de sentimentalismo y a la vez dotado de una sensibilidad extrema. / MERCEDES CEBRIÁN

14. Crematorio (2007) 
Si las últimas novelas de Rafael Chirbes son una síntesis entre literatura social y literatura experimental, 'Crematorio' es el retrato perfecto de la España del pelotazo inmobiliario. Un año después de su publicación llegó la crisis. / J. RODRÍGUEZ MARCOS

15 Tinísima (1992) 
México es el principio y el fin de la literatura de Elena Poniatowska. Todo cabe bajo su cielo. Mujeres rotas y enteras. La muerte, el arte y la revolución. Eso son los puntos cardinales de la autora mexicana y todos ellos están en Tinísima, la desbordante reconstrucción de la vida de la fotógrafa y revolucionaria Tina Modotti (1896-1942). / JAN MARTÍNEZ AHRENS

16. La noche de los tiempos (2009) 
'La noche de los tiempos' figura entre las grandes obras de Antonio Muñoz Molina y entre las fundamentales para entender la Guerra Civil. Apareció en mitad de los calores de debate sobre la memoria histórica. El autor realiza un muy honesto y cabal examen de conciencia republicano. En ese sentido, la obra es valiente y moralmente tan lúcida como irreprochable. No andaban los ánimos calmados entonces como para entenderla en toda su profundidad. Pero pasan los años y se consolida como uno de los referentes más sólidos de la literatura española contemporánea. / JESÚS RUIZ MANTILLA

17. El desbarrancadero (2001) 
Fernando Vallejo confiesa que no es novelista de tercera persona. “No sé qué piensan mis personajes”, dice. Por eso, cuando contó en esta novela la agonía de su hermano, enfermo de sida, y el desprecio hacia una madre a la que llama La Loca, los colombianos encontraron en estos personajes un epitafio para su país. / ANA MARCOS

18. La pesquisa (1994) 
Juan José Saer maduró largamente escribir una novela policial que no fuera de 'género'. Durante un viaje al litoral fluvial argentino, Pichón Garay, que vive en París, cuenta a sus amigos el caso del inspector Morvan. Una novela dentro de otra, una obra maestra. / EDGARDO DOBRY

19. Son memorias (2008) 
En Argentina, donde existe verdadera pasión por la historia del país, Tulio Halperin fue el historiador más admirado. En 'Son memorias' evocó sus años de infancia y juventud entre 1920 y 1955 mezclándolos con los acontecimientos más relevantes en ese periodo. / FRANCISCO PEREGIL

20. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (1993) 
Los pecios de Ferlosio contienen lo que queda de un largo trasiego ­entre las palabras y las cosas. ­Iluminaciones, guiños, hachazos… abren un surco para que penetre el veneno del conocimiento. / JOSÉ ANDRÉS ROJO

21. Fragmentos de un libro futuro (2000) 
Viaje al interior de las sombras para encontrar la luz, 'Fragmentos de un libro de futuro' se cerró con la muerte de su autor y quedó como testamento literario de Valente. Un libro atravesado por la muerte y los colores del otoño que recoge la cima de su canto. / JORGE MORLA

22 . Jamás el fuego nunca (2007) 
'Jamás el fuego nunca' es el 'Pedro Páramo' de este siglo. Rulfo escribió el responso del orden patriarcal. Eltit escribe la elegía de la última pareja rebelde y fantasmática, cuya fe en el cambio se apaga entre el mercado y sus policías. / JULIO ORTEGA

23. Nubosidad variable (1992) 
Carmen Martín Gaite trata en '­Nubosidad variable' de uno de sus temas favoritos: la supervivencia a través de la escritura. Con esta ­novela, como con 'Usos amorosos de la posguerra española', conectó con el gran público. Su castellano es ­espléndido. / R. M.

24. Santa Evita (1995) 
'Santa Evita' inventó la ficción mezclada con la realidad con tal potencia que ya no se sabe si la genial creación de Eloy Martínez es menos verdad que la realidad protagonizada por Eva Perón. Leerla es una lección para quienes buscan la raíz de las literaturas. / JUAN CRUZ

25. El día del Watusi (2002-2003) de Francisco Casavella
Tobogán entre el esperpento y la piedad, la fábula y el retrato social de la Barcelona de 1975 a 1995, tiempo para patear los barrios populares, los sueños juveniles cercenados por la droga, las falsas esperanzas de la turbia Transición o los cambalaches preolímpicos. Puro desencanto entre personajes de carácter de un narrador que desapareció prematuro. / CARLES GELI

El resto de los seleccionados:

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince (2006)

Diario de la hepatitis, César Aira (1993)

Mater Dolorosa, José Álvarez Junco (2001)

Los peces de la amargura, Fernando Aramburu (2006)

Las contemplaciones, María Victoria Atencia (1997)

Diccionario de las artes, Félix de Azúa (1995)

Salón de belleza, Mario Bellatin (1994)

Las poetas visitan a Andrea del Sarto, Juana Bignozzi (2014)

Lo que no tiene nombre, Piedad Bonnett (2013)

El hambre, Martín Caparrós (2014)

Espejo de gran niebla, Guillermo Carnero (2002)

Potlatch, Arturo Carrera (2004)

El asco, Horacio Castellanos Moya (1997)

Rito de iniciación, Rosario Castellanos (2012)

Pretérito imperfecto, Carlos Castilla del Pino (2004)

Febrero, Julia Castillo (2008)

El metal y la escoria, Gonzalo Celorio (2015)

La larga marcha, Rafael Chirbes (1996)

Desiertos de la luz, Antonio Colinas (2008)

La ruina del cielo, Luis Mateo Díez (1999)

Las cosas que perdimos en el fuego, Mariana Enríquez (2016)

Karnaval, Juan Francisco Ferré (2012)

El naranjo, Carlos Fuentes (1993)

El síndrome de Ulises, Santiago Gamboa (2005)

Libro del frío, Antonio Gamoneda (1992)

Vivir para contarla, Gabriel García Márquez (2002)

Habitaciones separadas, Luis García Montero (1994)

Lo solo del animal, Olvido García Valdés (2012)

Devastación del hotel San Luis, Lorenzo García Vega (2007)

Santo oficio de la memoria, Mempo Giardinelli (1991)

Tiempo de vida, Marcos Giralt Torrente (2010)

La conquista del aire, Belén Gopegui (1998)

La balada del abuelo, Palancas, Félix Grande (2003)

La fantasía de la individualidad, Almudena Hernando (2012)

El bucle melancólico, Jon Juaristi (1997)

Hoy, Júpiter, Luis Landero (2007)

Romanticismo, Manuel Longares (2001)

Bella en las tinieblas, Manuel de Lope (1997)

El homóvil, Jesús López Pacheco (2002)

La mujer de pie, Chantal Maillard (2015)

El embrujo de Shanghai, Juan Marsé (1993)

Los girasoles ciegos, Alberto Méndez (2004)

Riña de gatos, Madrid 1936, Eduardo Mendoza (2010)

Yo nunca te prometí la eternidad, Tununa Mercado (2005)

Sangre en el ojo, Lina Meruane (2012)

El jinete polaco, Antonio Muñoz Molina (1991)

Como la lluvia, José Emilio Pacheco (2009)

El hombre que amaba a los perros, Leonardo Padura (2009)

Vislumbres de la India, Octavio Paz (1995)

Hombres buenos, Arturo Pérez-Reverte (2015)

Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia (2015)

Plata quemada, Ricardo Piglia (1997)

El arte de la fuga, Sergio Pitol (1996)

Gente que vino a mi boda, Soledad Puértolas (1998)

Lo que soñó Sebastián, Rodrigo Rey Rosa (1994)

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro (2002)

Catch and release, Reina María Rodríguez (2006)

Definiciones mayas, Mercedes Roffé (1999)

Quedeshim quedeshoth, Gonzalo Rojas (2009)

El vano ayer, Isaac Rosa (2004)

Los ejércitos, Evelio Rosero (2007)

Cámara Gesell, Guillermo Saccomanno (2012)

Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, Daniel Sada (1999)

Lección de anatomía, Marta Sanz (2008)

La ciudad vista, Beatriz Sarlo (2009)

Diccionario filosófico, Fernando Savater (1995)

Estuario, Tomás Segovia (2010)

La manía. Salón de pasos perdidos, Andrés Trapiello (2007)

Habíamos ganado la guerra, Esther Tusquets (2007)

Guiando la hiedra, Hebe Uhart (1997)

Concierto animal, Blanca Varela (1999)

Los informantes, Juan Gabriel Vásquez (2004)

En busca de Klingsor, Jorge Volpi (1999)

Cosas del cuerpo, José Watanabe (1999)

Capital de la gloria, Juan Eduardo Zúñiga (2003)


Zurita, Raúl Zurita (2011)

Brujas manchegas

M. Cebrián, "Brujas, haberlas haylas en Castilla-La Mancha. Con la cercanía de Halloween y el Día de los Difuntos, la historiadora guadalajareña María Lara habla con ABC de su nuevo libro, «Pasaporte de bruja»", en Abc de Toledo, 30/10/2016:

Brujas, haberlas haylas. Y no hace falta irse a Galicia o al valle navarro de Baztán para encontrar su rastro. De hecho, en el territorio que hoy ocupa Castilla-La Mancha se han registrado numerosos casos de brujería. Esto es lo que asegura María Lara Martínez, joven y prestigiosa historiadora y escritora guadalajareña, en su nuevo libro, «Pasaporte de bruja. Volando en escoba, de España a América, en el tiempo de Cervantes» (Editorial Alderabán).

Lo que el lector se va encontrar en este libro, explica la autora, «es una aventura en el tiempo, un viaje al Siglo de Oro para conocer su faceta más mágica y también para desvelar enigmas desconocidos por muchos. Unos enigmas que ayudan a contradecir ingredientes de la leyenda negra que las potencias europeas contrincantes vertieron contra España en los siglos XVI y XVII».

En este sentido, María Lara aclara que la caza de brujas venía desde tiempo atrás. Si atendemos a las cifras, en Europa central perecieron en la hoguera unas 25.000 personas acusadas de brujería; en Castilla, con un censo de 8 millones de habitantes, hubo unas 300 hogueras y en el territorio que hoy ocupa Castilla-La Mancha encendieron unas 50 hogueras, en las que ardieron brujas, magos y hechiceros.

Más allá de las cifras, «Pasaporte de bruja» pretende acercar a los lectores un relato protagonizado por brujas, hechiceras y magos que existieron de verdad en España y Latinoamérica desde la Baja Edad Media, a los que la investigadora les he seguido la pista mediante una ardua documentación y manuscritos, gran parte de ellos encontrados en los archivos de la Inquisición. El reparto está integrado además por los seres de ficción del Siglo de Oro que aparecen en las obras literarias, como la celestina, el vidente, la curandera, el pícaro, el aficionado a las novelas de caballería, el embaucador y el astrólogo.

Muchas de estas personas fueron temidas y perseguidas, e incluso hay localidades que presumen de ser el pueblo de las brujas, como es el caso de Daimiel, en Ciudad Real, donde sobresale el caso de Juana Ruiz. El 10 de junio de 1541, el Tribunal de la Santa Inquisición la absolvió de las acusaciones que pesaban sobre ella. Durante su proceso, los testigos contaban que salía de noche por la chimenea de su casa y que robaba huesos de los cadáveres del cementerio. En su defensa alegó que los quería para practicar un conjuro con el que salvar a su hija enferma.

Su caso fue uno de los seis sobre los que existe constancia escrita en los archivos del Tribunal de Toledo entre los siglos XV y XVI. Los de Apolonia «La Forastera», Isabel de la Higuera o Ana Díaz fueron otros: «Fabricaban pociones y ungüentos con los que decían curar enfermedades mientras pronunciaban oraciones en las que invocaban al demonio o convocaban aquelarres a la luz de la luna».

Pero esta no es la única localidad castellano-manchega que tiene esta fama. En la provincia de Guadalajara también destaca Pareja, donde se dieron casos de brujas perversas, conocidas como Las Morillas. Allí, cuenta la escritora, los vecinos fueron conscientes del problema que suponía la actuación de estas mujeres que cometían delitos y llamaron al inquisidor del Obispado de Cuenca, ya que el pueblo era la residencia de verano del obispo conquense.

También, entre las provincias de Guadalajara y Cuenca, en la zona limítrofe de los pantanos de Entrepeñas y Buendía, localidades como Sacedón, Alcocer, Buendía o Tinajas eran puntos donde existieron algunos casos en el siglo XVI y XVII, según ha podido comprobar María Lara en documentos de la época. Así, por ejemplo, en Tinajas, uno de los delatores afirmaba haber visto vestidas de bruja a las hermanas Juliana, Ana y Catalina de León, que iban con el cabello suelto, la cara y los brazos untados con señales negras, y bailaban con un panderillo y con una luz en la mano.

Relación con Cervantes

En la provincia de Cuenca, existieron también episodios de brujería en todas las comarcas (Mancha, Manchuela, Alcarria y Serranía). También es digno de reseñar cómo Miguel de Cervantes –a quien está dedicada la tercera parte del libro, «Los encantadores del viejo hidalgo»- habla en una de sus novelas ejemplares, «El coloquio de los perros», de tres brujas: la Camacha, la Montiela y la Cañizares.

Estas tres mujeres eran rivales entre sí y, tal y como asegura María Lara, la última de ellas toma su nombre de la localidad conquense de Cañizares, donde el yerno de Cervantes, Luis de Molina, tenía arrendada una finca en las inmediaciones, en la Herrería de Santa Cristina. Allí existió una bruja de verdad llamada María Bodoca, una de las brujas más malévolas de la provincia, que vivió a finales del siglo XVI y principios del XVII.

En La Manchuela está constatada la existencia de otra bruja, Juana García, natural de Sisante. La Inquisición abrió un proceso contra ella en 1625 por brujería, acusándola de intentar envenenar a su yerno, Fernán López, quien había intentado obtener la herencia al poco de casarse viviendo aún su suegra.

La investigadora también cuenta que en la Alcarria conquense, concretamente en Villar del Águila, vivía una de las brujas místicas más aclamadas en Cuenca, Isabel María Herráiz. Tanto era así que sus vecinos la llevaban en hombros a la iglesia y le encendían velas, al creer que tenía una unión mística con Cristo. Algo que ella afirmaba y que le valió la pena capital.

Además de brujas, María Lara habla de la existencia de magos como Eugenio Torralba, el más famoso del Renacimiento español, nacido en el barrio conquense de San Martín. A Torralba lo utilizaron el Gran Capitán y el arzobispo de Bari como astrólogo para que adivinara el desenlace de las batallas. Además, presagió el saqueo de Roma de 1527 por las tropas de Carlos V, hizo un vuelo astral de Valladolid a Roma y lo cita Cervantes en El Quijote.

Y, como no podía ser de otro modo, también destaca Toledo –famosa otrora por su escuela de nigromancia y por la mezcla de culturas y saberes-. María Lara relata que en 1524 el Tribunal de la Inquisición dictó la pena de garrote y hoguera para la Manjirona, una hechicera de La Puebla de Montalbán que causaba el mal mediante fetiches y filtros amorosos.

Sin embargo, la Manjirona se libró, debido a su vejez, de ser ejecutada en la plaza de Zocodover, escenario donde se celebraban los autos de fe y donde hubo episodios de derramamiento de sangre como, por ejemplo, el de Catalina Tapia, una alcahueta a la que se definía como «experta en amansar maridos» y que fue ajusticiada en 1534.

De este modo, más allá de la imagen de la anciana haciendo pócimas o subida a una escoba, lo que queda claro es que a lo largo de la historia ha habido mujeres y hombres conocedores de los saberes de la naturaleza y de la buenaventura. Pero, aparte de estos, también están los farsantes y embaucadores, al igual que la magia negra o el vudú, que siguen existiendo, así que ándense con ojo y más en estos días.

Tradiciones en torno a la muerte en la región

Otro de los asuntos que trata María Lara en su libro, ahora que se acerca el Día de Todos los Santos o Halloween, son los distintos acercamientos a la muerte de cada territorio y de cada localidad. En esta festividad, aparte de la tradición solemne de las velas y las flores, existían algunas costumbres más profanas como los bailes, la gastronomía o las colectas, como los pozos de nieve, una especie de neveras para donaciones que custodiaban algunas cofradías de ánimas de algún pueblo.

Entre las localidades castellano-manchegas donde hay rastro de brujería y de estas costumbres, destaca Campillo de Altobuey (Cuenca), donde la Cofradía de Ánimas del Purgatorio controlaba el pozo de nieve empleado con fines terapéuticos o conservar víveres y también un alambique para destilar licores. Esta hermandad también recaudaba dinero en torno al 31 de octubre y 1 de noviembre para pagar el entierro de pobres o misas que pedían por las almas del purgatorio a través de la celebración de festejos taurinos, bailes o juegos de pelota y mediante sorteo de dulces, buñuelos y bizcochos.

En la Alcarria conquense también sobresale la tradición gastronómica de los puches en las noches que van del 31 de octubre al 2 de noviembre, en las que los mozos esparcen esta especie de gachas en las cerraduras de las puertas de las casas de las mujeres jóvenes casaderas. Entre las localidades de esta comarca que sigue vigente esta costumbre, están Villaconejos de Trabaque y Albalate de las Nogueras.

sábado, 29 de octubre de 2016

Cómo se crea periodísticamente a un monstruo como Trump

Elvira Lindo, "Hemos creado un monstruo", en El País, 28 oct. de 2016:

El poder del dinero convirtió a Trump en un hortera entrañable, en un cerdo con los labios pintados

Un monstruo no se crea de la noche a la mañana. Si en el ámbito familiar intervienen padres, titos y abuelas en la creación de un ser consentido y ególatra, cuando se trata de un monstruo nacional como Trump, han de ser muchos los ciudadanos que se apliquen durante años para que un egomaníaco de escasas luces esté a un paso de la presidencia. Se está dando la cómica situación de que algunas de las personas que participaron activamente en la creación de Frankenstein estén saliendo del armario en estos días para confesar: “Sí, yo también tengo algo de culpa”. Uno de ellos ha sido Tony Schwartz, un tipo que en 1987 ya se había hecho un nombrecillo como periodista, pero que se dejó seducir por la insólita propuesta de Trump para que escribiera su autobiografía. ¿Hay alguien que quiera publicar su autobiografía a los 38 años? Donald Trump. Aunque hoy en día, con la excusa de la autoficción, los escritores empiezan a contar su vida desde preescolar.

Por supuesto, Trump no podía escribir ese libro, porque no sabía cómo eran los libros por dentro, no había abierto ninguno, así que contrató a Schwartz como negro, y accedió a pagarle la mitad del adelanto y de los royalties. El negro, viendo que como periodista siempre sería un pelagatos, dijo que sí. La autobiografía se llamó, The Art Of the Deal (“El arte de negociar”), se vendió como churros y Schwartz se hizo millonario. El periodista, como es lógico, perdió credibilidad entre sus pares y montó una empresa de coaching que le ha hecho más millonario. Pero cuando Schwartz escuchó este verano que Trump se presentaba como candidato y declaraba que Estados Unidos se merecía un líder como el que escribió The Art of de Deal, empalideció y escribió un furioso tuit: “Gracias, Donald, por sugerir que compita para presidente, dado que yo escribí The Art of the Deal”. Al autobiógrafo de Trump no sólo le alarma que el magnate se crea autor de la escritura, sino que asuma sin rubor todas las falsas cosas buenas que sobre él aparecían en el libro, porque lo que hizo Schwartz fue mentir y embellecer la historia de Trump para que este apareciera como un genio de los negocios: “Pinté los labios a un cerdo”. Y es que lo que verdaderamente presenció el negro fue a un hombre incapaz de concentrarse en una conversación, irritable, obsesionado con la fama, un mentiroso que se cree sus propias mentiras, y un empresario que ha pinchado en muchas inversiones, porque aunque se venda como un hombre hecho a sí mismo, la pasta le venía de papá, del que suele hablar poco por no contar cómo el padre le salvó de muchos disparates inmobiliarios. Schwartz piensa ahora, arrepentido, en dedicar las ganancias que siga generando el libro a causas nobles, aunque asume que él creó parte del monstruo.

Por otro lado, está Michael D’Antonio, un premio Pulitzer que le hizo la última entrevista al candidato antes de la campaña. D’Antonio ha cedido las cinco horas de grabación que tiene con Trump a The New York Times para que este medio vaya soltando perlas en los últimos días. En ellas, Trump da cuenta de su matonismo juvenil, que obligó a sus padres a apartarlo del barrio y mandarlo a una academia militar para reformarlo. Error. El joven Donald se sintió en su salsa en un ambiente en que podía dar rienda suelta a su hombría. Porque a él le gusta pelearse como a los machotes, llegar a las manos. Detesta, más que nada, sentirse humillado: viendo en una ocasión que Ivana sabía manejar los esquís mejor que él, montó en cólera y destrozó a golpazos su equipo. Las grabaciones dan cuenta también de su nula aceptación del fracaso, de su desprecio por los perdedores, y de una obsesión patológica por salir en los medios.

La historia del tercer libro, el de Harry Hurt III, es más triste. Hurt escribió una biografía no autorizada en 1993, El magnate perdido: las vidas de Donald Trump. Este libro nació herido de muerte porque el autor decidió incluir una declaración jurada de su exesposa en la que contaba que Trump, animado por ella, se sometió a un implante de pelo, y como la operación fue dolorosa, volvió a casa, le arrancó a ella un mechón de pelo, la violó y la dejó encerrada un día en el baño. Los abogados de Trump obligaron entonces a la editorial a incluir una página aclaratoria de Ivana: “Se me malentendió, dije que me había sentido violentada, no violada”. Esa rectificación tiene que ver con un acuerdo de divorcio de 14 millones de dólares (12,8 millones de euros).

El biógrafo Hurt, viendo cómo las mujeres de las que abusó el magnate han hablado, quería reeditar el libro, pero nadie se atreve. Temen la ferocidad de los abogados de Trump. Y es que, en el fondo, el monstruo da miedo. Ese monstruo creado colectivamente. Nunca se han escrito tantos libros sobre una persona con tan poco interés. Pero el poder del dinero convirtió a Trump en un hortera entrañable, en un cerdo con los labios pintados.

Jerónimo Anaya presentará sus Romances tradicionales recogidos en la provincia el 8 de noviembre

Martes 8 de noviembre de 2016
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
Romances tradicionales recogidos en la provincia de Ciudad Real
Autor: Jerónimo Anaya Flores, catedrático de Literatura y Vicepresidente del IEM
Edita: Instituto de Estudios Manchegos
Lugar: Salón Antiguo Casino de Ciudad Real
C/ Caballeros, n.º 3
19,30 horas

Superpoorman, héroe de nuestro tiempo

No existe un cine social que sea visible tan asiduamente como el comercial, aunque se dirijan ambos a la mayor parte de la gente. Ni Superman ni Batman, supernenes que vuelan por la pantalla, son héroes de la clase trabajadora, siempre pegada a la tierra de la que es paria. Mientras, las películas de los Dardenne, de Costa-Gavras, de Tony Kaye o de Ken Loach, quien estrena su Yo, Daniel Blake (por cierto que no en Las Vías) pasan discretamente y, a pesar de los premios que tengan, que les den, más o menos por el bajo y revuelto lugar estomacal por donde La Tribuna sitúa a los columnistas no afectos al régimen (de los gordos) libres de impuestos. Las películas sociales no se reestrenan en televisión, no se repiten nunca, mientras que las de fantastiquismo se vuelven a ver una y otra vez, como si fueran noticias de la Brunete mediática; la fantasía y los artículos de derechas son así de parecidos: pura mentira goebbelsiana. ¡Qué miedo da la realidad, josús! Gramsci lo llamaba hegemonía cultural: un poderoso inmovilizador de la capacidad de evolución de los pueblos, ahora que un monstruo como Rajoy viene a vernos con más cuentos y recortes.

Si uno lee La Tribuna (que ha mejorado su contenido cultural, gracias a Dios: ahora incluso resumen contenidos y ya no es sopa de sobre) lo hace solamente por algunos nombres que sí merecen la pena: Aurora Gómez Campos o Rafael Robles, por ejemplo; incluso leo La Razón, porque es lo único que encuentro en el bar donde mi primo tiene su sede social. Me ilustro con los artículos de los epénticos Francisco Nieva o Luis Antonio de Villena al lado de deleznables como el defraudador de Hacienda César Vidal o los exconvictos Losantos y Pío Moa; incluso del ancien régime Alfonso Ussía, un defensor de los toros y la caza mayor que se indigna de que le cazaran también a su abuelo en la Guerra Incivil. Ussía es un imitador pésimo de Wodehouse; ni siquiera llega a mediano jugador de mus, pero se salva por querer acercarse al inimitable, que ya es algo y no poco. Heredó el sentido del humor de su abuelo materno, Pedro Muñoz Seca (aunque la mayor parte de lo que escribió es obra de su negro Pedro Pérez Fernández y ya en su época ya se decía que "poco va de Pedro a Pedro"), y ahora lo quiere pasar de venerable a beato de la Iglesia Católica; ¡mecachis en la mar! ¡Un humorista, beato de la Iglesia Católica! ¡Cuánto han bajado los cánones! La culpa es del papa polaco-polanquista.

La Tribuna es propiedad del primer empresario condenado por corrupción en España, Antonio Miguel Méndez Pozo, pero este, al parecer, no ha cambiado de deplorables costumbres, sino que las ha refinado y sigue metido en los oscuros manejos de la trama Púnica, como se ha visto últimamente. Pero, claro, estas cosillas son muy poco visibles, sobre todo en Ciudad Real y en un lugar tan alto, destacado y abierto a las miradas como una Tribuna donde se tienden las cuerdas de títeres de la banca y de empresarios turbios como Méndez Pozo, ansiosos de enterrar en la mierda que crean a los partidos que piden un poco de justicia distributiva. Nunca veremos en esas cuerdas la ropa tendida de los poderosos, sino los harapos de los pobres.

viernes, 28 de octubre de 2016

Léxico exclusivo del nuestro y de otros idiomas y anglicismos gibraltareño-lineanos

Jaime Rubio Hancock, "Las ganas de pellizcarle los mofletes a un niño y otras 28 palabras extranjeras que deberíamos importar", El País,  8 OCT 2014

Más de una tarde de ulepils hemos levantado el vaso, dejando un culaccino en la mesa, y entre trago y trago hemos contado un jayus para distraer a nuestros amigos.  

Efectivamente, necesitamos incorporar aún más palabras al español. Como las de la lista de abajo. Nuestro idioma es rico y variado, pero nunca sobran términos claros, sencillos y llenos de matices, que nos ayuden a expresarnos con aún mayor precisión y economía del lenguaje.

1. Aware. Así describen los japoneses la agridulce sensación de percibir un momento de belleza que sabemos que será breve o, al menos, perecedero.

2. Cafuné. Peinar a alguien suavemente con los dedos, en portugués brasileño.

3. Cornicione. Así llaman en Italia al borde de la pizza. (Literalmente, significa cornisa).

4. Culaccino. Palabra también italiana que hace referencia a la marca que deja un vaso frío en una mesa.

5. Fargin. Alegrarse sinceramente del éxito ajeno. Es yiddish. Y es algo muy poco común. Tiene un equivalente en el concepto budista "mudita", del pali y el sánscrito.

6. Fernweh. Así describen los alemanes tanto el deseo de viajar como la nostalgia que se puede llegar a sentir por sitios que jamás hemos visitado.

7. Forelsket. Término noruego que describe lo que sentimos mientras nos estamos enamorando. Similar al "crush" inglés. En sueco también existe (förälskad). En español se puede traducir por “pánico”.

8. Gattara. Mujer que recoge y acoge gatos callejeros. Es un término italiano.

9. Gigil. Con esta palabra se describen en tagalo las ganas de pellizcarle los mofletes a un niño o a un gato muy mono.

10. Googlegänger. Término que tiene su origen en la palabra alemana Doppelgänger (“doble”), pero inventado por estadounidenses para referirse a gente que se llama como tú y a la que encuentras cuando te buscas a ti mismo en Google. La palabra más creativa de 2007, según la American Dialect Society.

11. Goya. El proceso de suspender la incredulidad y sumergirse en una historia como si fuera real. Es urdu.

12. Hanyauku. Caminar de puntillas sobre arena caliente. Término de la lengua bantú RuKwangali, uno de los idiomas oficiales de Namibia.

13. Kummerspeck. Los alemanes tienen términos para todo (gracias sobre todo a la afición del idioma por las palabras compuestas). Incluso hay una para el peso ganado debido a los atracones emocionales. Es una palabra compuesta por Kummer (pena) y Speck (tocino).

14. Iktsuarpok. En inuit, asomarse a ver si llega alguien a quien estés esperando. Lo dicen en una sola palabra porque ahí se pasa mucho frío y así pueden volver a entrar más rápido. Y también porque las lenguas inuit son aglutinantes.

15. Ilunga. Además de un nombre de pila común en la República Democrática del Congo, es una palabra tshiluba que se refiere a una persona que está dispuesta a perdonar cualquier insulto una vez, a tolerarlo una segunda, pero a no dejar pasar una tercera. Según una encuesta entre un millar de lingüistas, es la palabra más difícil de traducir.

16. Jayus. Un chiste tan malo y tan mal contado que no puedes evitar reírte, según los indonesios.

17. Mamihlapinatapai. Palabra de los indígenas yámanas de Tierra del Fuego, que describe una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean, pero que ninguno se anima a iniciar. Frecuente entre oficinistas a las cinco de la tarde, que buscan a alguien que se atreva a decir: “Bueno, pues habrá que ir tirando para casa, ¿no?”.

18. Mångata. En sueco, el reflejo en forma de camino que crea la luna sobre el agua. En turco es gumusservi.

19 . Mencolek. Golpeas el hombro izquierdo y saludas por la derecha. Eso es hacer un mencolek. En indonesio.

20. Nedovtipa. Checo. Se usa para referirse a alguien que no pilla las indirectas.

21. Razbliuto. Término también ruso para describir lo que sentimos por alguien a quien solíamos amar, pero ya no. Ay.

22. Schadenfreude. Un clásico alemán: el disfrute de las desgracias ajenas. Lisa Simpson lo explica muy bien.

23. Seigneur-terrasse. En francés, clientes que pasan mucho rato en una cafetería, pero gastan poco.

24. Shedmomedjamo. Estás lleno, pero da igual, sigues comiendo hasta acabarte el plato porque está rico. Es una palabra georgiana.

25. Tartle. Término escocés que hace referencia a ese momento de duda cuando vas a presentar a alguien y has olvidado su nombre.

26. Tingo. Del pascuense, de la Isla de Pascua. Se refiere al hecho de ir tomando prestado objetos deseados de la casa de un amigo y no devolverlos. Esta palabra da título al libro de Adam Jacot de Boinod, The Meaning of Tingo, en el que recoge palabras como estas, difíciles de traducir a otros idiomas.

27. Torschlusspanik. El miedo a ir perdiendo oportunidades a medida que envejecemos. Lo que vendría a ser la crisis de los 40. Literalmente significa “miedo al cierre de puertas” y vendría de la Edad Media: los residentes de las ciudades preferían volver al interior de las murallas antes que se cerraran las puertas, para protegerse así de ladrones y animales salvajes.

28. Tsundoku. Japonés: comprar un libro y luego dejarlo en la pila de libros pendientes para no leerlo jamás.

29. Utepils. En noruego, tomarse una cerveza al aire libre.

II

Spanglish gibraltareño-lineano:

Jesús A. Cañas, 'Andalunglish': 14 palabras del inglés gibraltareño que han adoptado (a su manera) sus vecinos españoles, en Verne, en El País, 28 OCT 2016:

En La Línea, en Cádiz, se come ‘carne conbí’, en lugar de carne en lata. Los niños juegan con las ‘meblis’, en vez de canicas y mascan ‘chinga’, no chicle. Para hacer un ‘panquequi’ se usa ‘bequinpauda’, en lugar de cocinar un pastel con levadura. Son palabras exportadas de Gibraltar que forman parte del habla de la localidad gaditana y que, hasta ahora, habían quedado en el ámbito de la cultura popular y de la tradición oral. Hasta que, en su trabajo de fin de grado, la linense María Ortega se propuso averiguar la vigencia y perdurabilidad de estos vocablos en el futuro.

Como explica la joven de 22 años, ya graduada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, hasta ahora se ha hablado mucho del llanito (el habla de Gibraltar influenciada por el español), pero poco de la influencia del inglés en el linense. “Esta ‘lengua’ nace de la unión de dos comunidades”, dice Ortega a Verne.

“Empecé el trabajo con la premisa de que uso de algunas palabras estaba desgastado por el cierre de la verja (la frontera con Gibraltar estuvo cerrada entre 1969 y 1982) y los efectos de la globalización”, señala.

Para averiguar el alcance de este desgaste, la posible pérdida de algunas y la conservación de otras, Ortega seleccionó 15 vocablos y expresiones adoptadas del inglés llanito. Fue el caso de ‘infleita’ (por inflador o bombín para bicicletas), ‘rolipó’ (en vez de ‘Chupachups’) o darse un ‘washi’ (por un darse un baño en la playa). “Son solo algunas, por que hay más, como es el caso de ambó -del inglés ‘handball’, tocar con la mano una pelota en fútbol-, o kaite -del inglés ‘kaite’, cometa”. Sin ir más lejos, en La Línea muchos conocen la frontera con Gibraltar como la ‘focona’ (procedente de ‘four corners’).

Ortega estableció como metodología la encuesta de forma espontánea (los sujetos no sabían de qué trataba el trabajo) a 20 personas estratificadas según edad en jóvenes, adultos y ancianos. Ortega llevaba consigo objetos como un regaliz (en linense ‘liquirbá’) o agujas de hacer punto (denominado como ‘nitin’). Además se acompañó de fotografías de otros objetos como una lata de carne de buey que se vende en Gibraltar, la ‘carne conbí’.

Con los resultados de las preguntas, trazó una serie de conclusiones. En ellas, tuvo en cuenta el contexto social e histórico del cierre de la frontera y de la realidad presente. Pese al trasiego de trabajadores españoles en Gibraltar, Ortega determinó que, en el día a día, las palabras linenses exportadas del inglés están desapareciendo en las nuevas generaciones. A juicio de la estudiante, esto se debe a que el contacto cultural con Gibraltar hoy es menos intenso que antaño. También se suma el efecto de la globalización sobre los anglicismos linenses, como es el uso de ‘bacon’, en lugar de ‘bequi’, para hablar de la panceta.

Por su trabajo, la joven consiguió matrícula de honor y la Caja Rural de Granada le concedió un premio a la excelencia en el aprovechamiento académico. Ahora, tras pasar un año como auxiliar de conversación en Estados Unidos, acaba de iniciar un máster en Madrid con la idea especializarse en enseñar español a extranjeros. Si se ha hablado de spanglish, en estas zonas de Andalucía podrían reivindicar el andalunglish.

Estos son los términos incluidos en el trabajo:

- Infleita (del ing. inflator). Bomba de aire, inflador.

- Meblis (del ing. marble). Canicas.

- Chinga (del ing. chewing gum). Chicle.

- Bequinpauda o pauar (del ing. baking powder). Levadura.

- Rolipó (del ing. lollipop). ‘Chupachups’.

- Quequi o panquequi (del ing. cake y plum-cake). ‘Bizcocho’, ‘tarta’, ‘pastel’.

- Bequi (del ing. bacon). ‘Bacon’, 'panceta'.

- Liquirbá (del ing. liquorice bar). ‘Regaliz’, ‘barra de regaliz’.

- Carne conbí (del ing. Corned Beef). ‘Carne de buey enlatada que se vende en Gibraltar’.

- Yersi (del ing. jersey). ‘Jersey’, ‘rebeca’.

- (darse un) Washi (del ing. to wash). ‘Darse un baño en la playa’.

- (estar) Aliquindoi (del ing. *all looking to it). ‘Estar atento’, ‘alerta’.

- Chuar (del ing. to choose). ‘Echar a suertes, elegir antes de un juego (equipo, portería, campo...)’.

- (hacer) Nitin (del ing. to knit). ‘Hacer punto’.

III

Palabras españolas sin equivalente directo o que parafrasea el idioma inglés:

Trasnochar, madrugar, desvelarse, sobremesa, antier, anteayer o antesdeayer, pasado mañana, estrenar, vergüenza ajena, merienda, entrecejo o ceño, puente (como día no laboral), estadounidense o useño, friolero o friolento, caluroso, tutear, apetecer, tener ganas de, empalagoso y empalagar, tuerto, tocayo, morbo, querencia, enamoradizo, paella, guerrillamanco, cojo, bizco, consuegros, duende (encanto), espantar, agobiarque aproveche.

jueves, 27 de octubre de 2016

Jesús Mosterín, la filosofía y los toros

Cristina S. Barbarroja, Jesús Mosterín: “La clase política y judicial española es de un analfabetismo despampanante” en Público, 27-X-2016:

El catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia tilda de “chorrada” la sentencia del Constitucional contra la prohibición de las corridas de toros en Cataluña: “La tauromaquia es cultural. Pero también lo es la ablación del clítoris o la Inquisición”.

“Uno puede ser partidario de la libertad económica, cultural y personal, y yo lo soy, pero frente a las manifestaciones de la crueldad hay que ser intolerantes y hay que romper con las tradiciones que haga falta hasta acabar con ellas” (Jesús Mosterín)

Se expresa lentamente, con la paciencia del profesor que tiene a un zoquete enfrente. Y no anda mal encaminado el filósofo cuando diserta sobre pensamiento y ciencia. Porque Jesús Mosterín (Bilbao, 1941) no entiende lo uno sin lo otro: “Siempre me ha interesado el conocimiento riguroso, fiable, serio. La vida es muy corta y es mejor pasarla con los ojos abiertos y con la imagen más verídica y precisa del mundo en que vivimos”, recomienda el Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia. 

Así que cuando de jovencito tuvo que elegir entre las ciencias y las letras del bachillerato, escogió las dos. Y las hizo de golpe el cerebrito, que “no entendía por qué tenía que elegir”. Universitario en Madrid y Barcelona, hizo estudios postdoctorales en Alemania, Francia y Estados Unidos, investigó la lógica matemática en Munich, hasta que en 1982 obtuvo la cátedra en la Universidad de Barcelona.

“Estudié muchas cosas, porque me interesaban muchas cosas. Y al final elegí ser filósofo por comodidad. Si hubiera sido catedrático de Derecho Administrativo, no podría haberme salido de ahí. Pero como nadie sabe bien qué es la filosofía, te permite hablar de lo que te dé la gana sin que nadie te lo eche en cara”. Con esa “patente de corso”, Mosterín ha hablado –y sobre todo escrito- sobre todo: desde la cosmología hasta las matemáticas, pasando por la biología, el lenguaje, y los animales. Sobre todo los animales.

Con poco más de veinte años, la editorial Salvat le hizo responsable de ‘Fauna’, la versión enciclopédica de la serie televisiva de Félix Rodríguez de la Fuente con quien pasó alguna que otra temporada en África. Autor de ensayos como ‘A favor de los toros’ o ‘El triunfo de la compasión’, en 2010 fue uno de los ponentes en el debate del Parlament que desembocó en la prohibición de las corridas de toros, anulada ahora por el Tribunal Constitucional. 

Es comprensible el cabreo del profesor, que dulcifica con un hablar pausado la dureza de sus expresiones contra el TC. “Es un sinsentido, una chorrada”, dice del argumento de los magistrados sobre la invasión de competencias del Estado en materia de cultura. “La clase política y judicial española en este tema es de una especie de analfabetismo despampanante”. Y empieza el filósofo, introductor en España de la llamada filosofía analítica, por la vertiente lingüística de la sentencia… y de la ignorancia. 

“El Congreso aprobó que la tauromaquia era parte del patrimonio cultural español. Y es cierto. Pero es que toda la información que no se transmite genéticamente, sino por enseñanza o imitación, es cultural. O sea: que la tauromaquia es cultural, naturalmente. Pero también lo es el maltrato a las mujeres, la ablación del clítoris o la Inquisición”, dice Mosterín que continua su crítica con la filosofía de la decisión. 

“No sé si la filosofía sirve para algo, pero la mala filosofía es desastrosa. Y los miembros del Constitucional han ejercido, no de juristas, sino de filósofos. Se han posicionado en una metafísica obsoleta, que ningún filósofo sostendría hoy, al afirmar que existen naciones y que las naciones tienen una esencia metafísica que incluye las tradiciones más cutres de cada sitio. Las naciones no existen”, concluye y se adentra en otra de las innumerables cuestiones que han preocupado y preocupan al pensador.

En 2008 escribió ‘La cultura de la libertad’, en defensa de la libertad individual frente a la “arrogancia” de los políticos y frente a “entidades estadísticas hipostasiadas como la nación, la iglesia o el partido”. Mosterín, viajado profesor invitado a las universidades de medio mundo, reconoce que no siente respeto por ningún tipo de nacionalismo y, sobre el de su tierra de adopción, afirma: “Los catalanistas creen que la nación catalana es una diosa a la que sirven y que las decisiones e intereses de los individuos son menos importantes que los de la nación. Pero también hay un nacionalismo español que se le parece mucho”. 

Frente a esas ataduras propone el filósofo un mundo “sin estados nacionales, sin fronteras, sin poder que frene la libre circulación de personas, ideas y mercancías”. Y pone internet como modelo mucho más atractivo que los “obsoletos” estados nacionales. “Es más libre que las sociedades políticas a las que estamos acostumbrados. En Internet las naciones no tienen ningún papel, nadie te pregunta de dónde eres, y en internet tienes la capacidad de formar comunidades virtuales que no necesitan de ejércitos ni de tribunales”, explica. 

No hay cuestión que se le resista al Profesor de Investigación en el CSIC y miembro del Center for Philosophy of Science de Pittsburgh. “Por eso soy filósofo”, recuerda. Defensor de la eutanasia, ha tratado de explicar qué es la vida; ha estudiado ‘La naturaleza humana’ en un proyecto que abarcaba desde la genética hasta la lingüística, pasando por la arqueología; o el conjunto de los números naturales como base de datos universal, según su ‘The natural numbers as a universal library’. “Pero esto no es algo que se pueda explicar por teléfono”, se ríe. 

Estos días Mosterín disfruta del olor a libro recién impreso: la cuarta edición de sus ‘Conceptos y teorías de la ciencia’. “Una rareza, porque normalmente estos libros de filosofía tienen una edición, o media, porque se retiran enseguida de la circulación”, reconoce. Sigue escribiendo, impartiendo clases en la Universidad de Barcelona y escapándose a la naturaleza… ¡cuando puede! Y es el catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia el que pone las exclamaciones al gran problema de su vida, la ausencia de otro concepto tan filosófico como científico: el tiempo. 

“La vida es formidable y maravillosa en la medida en que tenga componentes formidables y maravillosos. Cuando ya no los tiene, la vida puede convertirse en una farsa". Jesús Mosterín

miércoles, 26 de octubre de 2016

He comprado algunos libros de Emilio Morote Esquivel

He tenido suerte y en la librería de viejo a la que suelo acudir regularmente había una buena remesa nueva formada por algunos de los libros de mi amigo el novelista Emilio Morote Esquivel. Me dijo que los regalaría a la misma y he visto que ya los ha traído. En los 29 que he adquirido reconozco su humor y sus intereses en los subrayados, así como su letra en los comentarios que traen algunos. Incluso se olvidó un antiguo carnet de lector de la Biblioteca Municipal de Ciudad Real dentro de una traducción del Fausto de Goethe; es la cara del jovencito hiperdespierto que era en 1993, con el número 104.465 (yo tenía el 508 hasta que cambiaron la numeración). Otras veces usa como marcapáginas calendarios del año en curso, tarjetas de visita, citas con el estomatólogo o el mismo papel de lo que ha costado; además hay algunos textos extraviados, como una carta que debía enviarse a un concurso de cuentos en que pedía que devolvieran el suyo, incluida en la Cronología universal de Espasa. La selección de algunos textos técnicos indica que es un escritor profesional, consagrado a su oficio. Le molestan que no veas los errores ortográficos y las impropiedades. Sus comentarios más sabrosos los escribe en las páginas iniciales, en las que anota los números de página con las citas de lo que más lo ha sugestionado, cabreado o divertido. Son especialmente interesantes los que dedica a Vidas escritas de Javier Marías o a Escritores ante el espejo. Otras veces se explica por qué se deshizo del libro: de los Cuentos reunidos de Saúl Bellow escribe que "no valen ni para tomar por culo", y hay que darle un crédito cierto, porque Emilio Morote es un gran narrador, que domina la historia corta; también posee una paciencia morrocotuda; cuando se atreve con Volverás a Región de Juan Benet, anota con esmero sus galimatías, inconsecuencias y meteduras de pata y desiste en la página 184 con un "hasta aquí hemos llegado" y "¡menudo leño!" Curioso es observar también su curiosidad por las matemáticas (hay algunos rarísimos de la editorial Mir de Moscú, que editaba en castellano) y su amor por la obra completa de Emil Cioran, anotadísima.