jueves, 26 de abril de 2012

Nueva máquina de arrodillar mujeres, por María Elena Arenas


Una colaboración de la profesora María Elena Arenas:

LA NUEVA MÁQUINA DE ARRODILLAR MUJERES

         No creo que se haya reparado suficientemente en las terribles consecuencias que tendrá para las mujeres el conjunto de leyes que el Partido Popular está aprobando a marchas forzadas: la nueva reforma laboral y las leyes afines, la modificación de la ley del aborto, así como la radical disminución del gasto en sanidad, educación y en todo lo relacionado con los cuidados (ley de dependencia, guarderías y residencias de mayores, centros de ayuda y formación de drogodependientes y discapacitados, casas de acogida para mujeres maltratadas), todo son piezas del engranaje de una nueva máquina cuya principal tarea será hacer que las mujeres volvamos a los lugares de los que, al parecer, nunca debimos salir: las inmigrantes volverán a sus países de origen y nosotras, las hasta ahora privilegiadas europeas (¿o solo las españolas?), retornaremos a “nuestras labores”, disminuidos drásticamente los derechos de todas.
Pero vayamos por partes. La reflexión que voy a desarrollar surgió al comentar la nueva obligación que, por ley, tenemos de dar de alta en la Seguridad Social a las mujeres que vienen a nuestra casa a limpiar o a cuidar a nuestros padres ancianos o a nuestros bebés. He de decir que, en un primer momento, lo que más me molestó de tal medida era la exigencia de que, de la noche a la mañana, se me convirtiera en "empresaria”, sujeta a las mismas responsabilidades y obligaciones que tiene cualquier empresario, pongamos el dueño de Zara o de Mercadona. La persona a la que le entrego las llaves de mi casa, con la que a menudo comparto problemas familiares cotidianos, y en quien deposito la confianza suficiente como para irme al trabajo y dejar en sus manos a mis hijos o a mis padres, esa persona, de pronto quedaba por ley transformada en “mi empleada”. Para mí esto no resulta fácilmente aceptable, y creo que tampoco lo es para otra muchas mujeres; de  hecho, estoy segura de que son cientos los casos que podrían citarse para demostrar que la relación que mantenemos con esa mujer que viene a ayudarnos a nuestra casa va más allá de la mera transacción comercial o dineraria. En la mayoría de las ocasiones, lo que predomina es la confianza y la lealtad: nos interesamos por su vida personal (cómo van sus hijos, si su marido tiene trabajo, si está enferma...) y no tenemos inconveniente en que ella conozca parte de la nuestra, a menudo transigimos con sus manías o aceptamos que nos reprenda por nuestro desorden o despiste... La clave está en que nos necesitamos mutuamente y el convenio va más allá del pago de un dinero: queremos que quiera a nuestro padre enfermo y que no se le pierdan nuestros hijos. Y lo mejor es que, en la mayoría de los casos, ella se encariña del viejo y tampoco quiere perder a los niños.
En fin, aunque no me gustaba mucho la idea, estaba dispuesta a cumplir la ley, qué remedio. Antes, sin embargo, decidí comentarlo con familiares y amigas y ver qué iba a hacer cada una. Fue entonces cuando, oh sorpresa, descubro que la mayor parte de estas futuras empresarias, muchas de las cuales solo tienen a una persona que les ayuda en casa tres horas a la semana, han decidido prescindir de sus servicios. Las razones son múltiples, pero algunas de ellas merecen ser analizadas cuidadosamente, en tanto que de ellas se derivan consecuencias especialmente graves para todos, pero especialmente para las mujeres.
         En primer lugar, están los motivos económicos. Estamos hablando de hogares en los que entra un sueldo lo suficientemente holgado como para permitirse este gasto (a una media de 9 euros la hora, tres horas a la semana son 108 euros al mes), pero no tan alto como para poder tener a esa persona dos o más días a la semana. Se trata, por tanto, de hogares en los que es probable que se piensen mucho si pueden hacer frente al suplemento económico que hay que pagar al Instituto de la Seguridad Social. Si miramos la tabla publicada por el Ministerio de Trabajo, por una persona que viene a casa tres horas, la cuota asciende a 20 euros al mes. Si a este importe le añadimos el salario que pagamos, el gasto ascendería a 128 euros al mes.
También existe, claro está, la opción de solicitar los servicios de una empresa dedicada a proporcionar empleadas del hogar, que es lo que el gobierno del PP está promocionando. En este caso, y si vivimos en Madrid, la hora sale al módico precio de 28 euros; en esta cantidad estaría incluido el sueldo de la empleada, la cuota a la Seguridad Social y el beneficio de la empresa gestora. Hablaríamos de 336 euros al mes, ¡por una persona que viene a casa 3 horas a la semana![1]
No sé, quizás los 128 euros al mes de la primera posibilidad no parecen una cantidad muy elevada, pero hemos de tener en cuenta las condiciones actuales de los salarios medios que estamos percibiendo: además de que están  congelados desde hace dos años (cuando no directamente disminuidos), las mujeres con contratos en la empresa privada reciben, hoy por hoy, un 22 % menos de salario que sus compañeros, aun realizando el mismo trabajo (19.502 euros menos, frente a los 25.001 euros de ellos).
         En segundo lugar, aunque parece un dato menor, hay que tener en cuenta las dificultades que para algunas personas encierran los trámites burocráticos y administrativos exigidos: desplazarse hasta las oficinas correspondientes del Instituto de la Seguridad Social más cercano, rellenar los formularios, hacer las fotocopias de los documentos pertinentes, dar los datos bancarios... La tramitación es larga y pesada, y hay que hacerla por la mañana, en horario laboral, pero ¿qué jefe va a dejarnos una mañana libre para resolver esto? Por otro lado, a menudo, tal gestión a menudo deben realizarla personas muy mayores, esos matrimonios jubilados o esas mujeres mayores y viudas a cuya casa va una mujer una vez a la semana a limpiar y a planchar. No es de extrañar que en estos casos de imposibilidad física o restricción horaria, y siempre que no se considere una verdadera necesidad, la decisión final pueda ser prescindir de los servicios de la empleada del hogar.
         En tercer lugar, y he aquí uno de los escollos administrativos más graves, muchas de las mujeres que nos ayudan en las tareas de limpieza o cuidan a nuestros padres son inmigrantes, de manera que, o tienen regularizada su situación legal en nuestro país o no podremos contar con ellas, pues no podremos darlas de alta en la Seguridad Social. Y resulta que esta es la situación más frecuente ¿Qué pasa entonces? Sencillamente, que hasta que el procedimiento de regularización se solucione, si es que se soluciona, hoy, ahora mismo, acaban de perder su trabajo, acaban de perder los pocos ingresos que tenían de las varias casas a las que iban a limpiar o cuidar ancianos. Quizás se olvida que, en la mayoría de estos hogares, es la mujer la única que trabaja, pues sus compañeros o hijos mayores están en paro como consecuencia del colapso del negocio de la construcción.
Vaya, vaya, ya empiezan a perfilarse los objetivos ocultos de las últimas leyes laborales promovidas por el Partido Popular, en cuyo punto de mira están claramente sentenciados dos colectivos concretos: las mujeres en general, y las mujeres inmigrantes, con sus familias, en particular.
          Si las trabajadoras inmigrantes pierden sus empleos, antes o después ellas y sus familias se marcharán del país por su propia voluntad. Ya está conseguido el segundo de los objetivos. Menos inmigrantes, menos personas en las listas del paro, menos niños diferentes en los colegios compartiendo recursos con los nuestros...
El primer objetivo es mucho más sutil pero no por ello menos grave: es un ataque frontal y en toda regla contra la libertad, la igualdad y los derechos de las mujeres. Pongamos una detrás de otra las nuevas condiciones vitales a que nos veremos enfrentadas las mujeres que todavía tenemos un trabajo remunerado fuera de casa y que hasta ahora pagábamos a otra mujer por realizar parte del otro trabajo que tenemos, el del hogar (dado que, a pesar de los avances en la implicación de nuestras parejas, todavía somos nosotras las que dedicamos más tiempo al cuidado de la casa y de los hijos):
Aumento de la jornada laboral: Como sabemos, la nueva legislación laboral permite que el empresario determine el número de horas de trabajo que debe realizar cada empleado, así como el lugar de desempeño. Esto significa que el trabajador debe aceptar las condiciones de flexibilidad que el empresario establezca en función de las necesidades de la empresa. Como bien podemos imaginar, esta prerrogativa se traducirá en un claro aumento de la jornada laboral[2]. En este sentido, hay un punto concreto que afecta especialmente a la jornada de las mujeres: la nueva ley permite que los empresarios puedan pedir a los trabajadores con contratos a tiempo parcial que realicen horas extras, pero es que resulta que el 97’3 de los mismos están ocupados por mujeres con hijos a su cargo menores de 14 años. Vaya, vaya, el contrato que servía para facilitar la famosa conciliación familiar tiene truco... Por lo demás, y como sabemos, en el caso de las trabajadoras de la función pública, la jornada laboral ya se ha aumentado dos horas y media, de manera que actualmente asciende a 37 horas y media cinco días a la semana.
Bien, pues si a esta jornada laboral ampliada dos horas y media, por ejemplo, añadimos el tiempo que ahora debemos invertir en realizar los trabajos caseros que antes hacía esa mujer a la que pagábamos (pongamos 3 horas para limpiar y a veces planchar, principalmente), y que ya no viene a casa por las razones arriba expuestas, el resultado es un aumento de nuestra jornada laboral semanal en, al menos, cinco horas y media más. Pues sí: es como si, a partir de ahora, sin quererlo ni beberlo, trabajáramos un día más, como si el sábado también fuéramos a trabajar, puesto que lo dedicaremos seguramente a ordenar y limpiar nuestra casa.
Aumento del trabajo no remunerado: Pero claro, ese trabajo que vamos a empezar a hacer en nuestras casas (o en casa de nuestros padres o suegros, no se olvide) no nos lo pagamos a nosotras mismas: sencillamente lo hacemos gratis. En este sentido, conviene recordar que las mujeres ya dedicamos, al día, una media de 4 horas y 29 minutos al cuidado del hogar y de la familia (mientras que los hombres dedican, de media, 2 horas y 32 minutos), horario al que ahora debemos añadir esas tres horas que nos aliviaba esa otra mujer a la que pagábamos.
Pero la maquinaria de arrodillar mujeres no se queda aquí: día a día el Estado está recortando, y mucho, los presupuestos dedicados a esa hermosa parcela de las relaciones humanas que podemos llamar de los cuidados. Si en España estos gastos ya eran muy reducidos (frente a países como Suecia, Noruega, Finlandia[3]), la actual merma de recursos públicos aumenta peligrosamente las carencias acumuladas: menos guarderías, y las que se crean, privadas (la iniciativa que iba a convertir en obligatoria la educación de 0 a 3 años se ha aparcado y con ella, se ha olvidado la responsabilidad del Estado para garantizar ese derecho); menos residencias para los mayores, y las que se crean, privadas; menos ayudas para las personas con discapacidades o de movilidad limitada, menos ayudas para la rehabilitación en drogodependencias, etc., etc. Así que, ¿sobre quién se espera que recaiga la tarea de cuidar a los bebés, a los niños en edad no escolar, a los ancianos (cada vez más numerosos), a los hijos de cualquier edad con problemas? No hace falta que recuerde que han sido las mujeres las que tradicionalmente han dedicado todo su tiempo a estos menesteres, por amor, claro, por responsabilidad, también, pero fundamentalmente porque nadie ha asumido esa tarea o les ha echado nunca una mano para aliviársela. Y, no lo olvidemos, es una tarea por la que no se paga. Es gratis.
Expulsión del mundo del trabajo remunerado. Es el tercer pilar de la máquina de arrodillar mujeres: la reforma laboral ya ha expulsado del mercado de trabajo a las mujeres jóvenes en edad de procrear. Si no tenían empleo, ya no lo van a conseguir (la tasa de paro juvenil ronda el 45%); en el caso de que tengan la suerte de encontrar uno, se les pagará miserablemente (ya lo dije más arriba, un 22 % menos que a sus novios, maridos, hermanos o amigos que trabajen en la empresa privada); pero, además, si durante el desempeño de tal trabajo se quedan embarazadas, serán despedidas al dar a luz, puesto que la nueva reforma laboral ha eliminado el incentivo (en dinero o exenciones fiscales) que tenían los empresarios que volvieran a contratar a sus empleadas después del permiso maternal. No puedo sino recordar las palabras de  Santiago Alba Rico que subrayaba que “solo en el capitalismo la maternidad ha empezado a ser perseguida como un obstáculo y reprimida como una vergüenza en el marco de una economía idealmente soltera, de puros intercambios individuales” (Leer con niños, 2007, p. 110). Y más adelante señalaba: “la mayor parte de los europeos declara querer tener un hijo más, pero acepta con resignación la intervención contraceptiva de las empresas y los bancos: el paro, los contratos basura y el precio de la vivienda” (ibidem, p. 190). He aquí los tres grandes anticonceptivos que garantizan que renunciaremos a tener hijos y, por tanto, a la posibilidad de ser felices con ellos. 



María Elena Arenas Cruz
Marzo de 2012 




[1] ¿A nadie se le ha ocurrido que, más allá o por encima de las siempre alabadas iniciativas empresariales que buscan maximizar los beneficios, está esa otra forma de organización de trabajo y recursos que se llama cooperativismo? Otro gallo les cantara a las empleadas del hogar si se asociaran en cooperativas.
[2] Por más que en la Carta social europea, revisada en 1996, se establezca el “Derecho a unas condiciones de trabajo equitativas”, para cuyo “ejercicio efectivo”, “las Partes se comprometen”,“a  fijar una razonable  duración diaria y semanal de  las  horas  de  trabajo,  reduciendo progresivamente  la  semana  laboral  en  la medida  en  que  lo  permitan  el  aumento  de  la productividad y otros factores pertinentes”. De manera que, según establece y exige la Carta Social Europea (revisada), los representantes políticos de los países firmantes no deberían tomar medidas (puesto que se lo han vetado a sí mismos) encaminadas a vincular los sueldos a la productividad. Sin embargo, esta es, como se sabe, la propuesta sugerida por la canciller alemana Ángela Merkel, que, aplaudida por los grandes empresarios y banqueros europeos y españoles, parece la única ruta a seguir para, dicen, generar empleo.

[3] El profesor Vicenç Navarro suele recordar a menudo que mientras que en Suecia se emplea el 25% del PIB en contratos laborales relacionados con el estado del bienestar (enseñanza, sanidad, discapacidades, cuidados en general), en España se ha dedicado, en loa años de mayor bonanza, solo el 9% del PIB. 

domingo, 22 de abril de 2012

Recital el jueves de poetas profes del Instituto



Vamos a concelebrar un recital, velada o sarao en homenaje a Machado, don Antonio, los poetiprofes del instituto. Será el día del medio, el jueves, en el antiguo casino, creo que a las ocho. Estáis invitados los descaminados, enfermos y peregrinos y los que permanezcan en la higuera; leeremos poemas del sevillano y de los propios.

De la nada a la nada

Empiezo este post sin ningún propósito preconcebido, como las más de las veces: no sé qué me va a salir, qué nube me va a llover ni qué viento la va a empujar, ni siquiera qué agua voy a sacar del pozo de mi conciencia. Esa incapacidad para escucharme a mí mismo es la responsable de que escriba tanto y de que preste una atención tan esponjosa a la realidad. Eco dice que escribir narrativa equivale a ordenar la experiencia; pues si es así, ya tengo causa para andar todo el día atado al ordenador y con el renglón he liado un nudo gordiano de los de verdad. Lo que veo al mirarme a mí no es precisamente quién soy, sino un reflejo del mundo en mi opacidad de espejo trampantojo, apenas deformado por los relieves de lo oculto que soy yo mismo. Y esos bultos me dan miedo. En una ocasión puse que "escribo para ver si es verdad". Me aliena lo que escribo porque me desconozco y me desentiendo con mucha pasión. Y la ignorancia es uno de los instrumentos fundamentales para saber algo. Y desconocerse maravilla que no veas: capta toda la sorpresa y toda la maravilla del mundo, de la gente, de lo otro donde muchos no la ven, con la mirada inocente y limpia, aunque uno vaya deshilando de sí mismo, a través del renglón o el encaje de bolillos del verso, con sus puntadas de rima, que no es nada o apenas un sufrimiento. Por eso me gusta tanto escribir de los demás y me desespera tanto encontrarme siempre tanto a mí mismo en ese destello lángido, en esa sombra, en esa línea sinuosa o quebrada.

viernes, 20 de abril de 2012

Munición para negarse

No; nanay; nones; naranjas de la China; nunca; nada; jamás; quiá; ca; y un carajo; de ningún modo, manera y forma; en absoluto; excúseme; en otro momento; tal vez otro día o mañana; más tarde veremos; ya se verá; no hay que generalizar; no siempre hay que hacerlo así; sí pero no; por supuesto que no; nada de eso; imposible; no puede ser; tampoco; jamás en la vida; menos aún; es menos; por Dios que no; vive Dios que no; voto a Dios que no, juro que no; no ha lugar; desestímese; su solicitud queda archivada; lo siento; lo lamento; que pena, no puedo; cierto que no; ni siquiera; en la vida; en mi vida; ni la menor idea; ni puta idea; ya me gustaría; en forma alguna; se me da un ardite, perra gorda, minucia, futesa, nimiedad, nonada, fruslería, insignificancia, nadería, menudencia o bagatela, pequeñez, tontería, niñería, trivialidad, ápice, pito, comino, higo, bledo, piniento, ardite, bobada, pico;  y un pepino; y un jamón; ni una miga, ni migaja, ni pizca, ni pico, partícula, fragmento, brizna, chispa, pellizco, punto, gota, bledo, mota, esquirla, resto, residuo, remanente; ni las sobras, ni rastro, es impropio, desafortunadamente no, qué va, para nada, no me interesa, no hay qué dar, Dios le provea, cierto que no tengo, yo me holgara,  no hay un cuarto, qué más quisiera, ya me gustaría a mí, para qué, no voy a decir que sí; no, no y no; que no; requeteno; requeteque no; me niego; me niego rotundamente; me niego en redondo; me niego en redondo y en cuadrado; me niego en redondo, en cuadrado y además rotundamente; no niego que digo que no, es más, lo afirmo; no (me) jodas; no (me) jorobes; no me digas; no sé; no sé qué decir; me es imposible, no me es factible, no puedo hacerlo, no tengo los medios, no he podido, puedo ni podría; jamás en la vida; da igual lo que digas: no; qué más da; renuncio; rehúso; lo dejo; abandono, me piro, me niego, lo ignoro, ya veré, "veremos" dijo un ciego, ya se verá, quién sabe, reniego, ya responderé, lo analizaré y estudiaré y ya veremos, debo darte largas, es inevitable, lo prohíbo, por cierto que no, no, por cierto, ya se contestará oportunamente, negativo, va ser que no, pides demasiado, es demasiado pedir, no hay modo, manera ni forma, no lo afirmo, no lo afirmo ni lo niego, claro que no,  Gracias por el detalle, pero me veo comprometido a decir que no: y le daré mis razones. Sin duda empezaría con agradecerle el halago de haberme tomado en cuenta para ser parte de una relación que desafortunadamente no llegaría a prosperar por contar sólo con el interés de una de las partes, aunque consideraría oportuno invitarle a cenar para aclarar este extremo y dejar bien claro mi verdadero interés hacia usted como una amistad dejando sentado que mi negación es caballerosa y fiel a una dama tan linda como usted, de forma que mi sinceridad se mantenga a salvo de cualquier mala interpretación. No dudo... pero, Es cierto... sin embargo; Le he escuchado con mucho interés, porque me han dicho que usted es una persona seria... pero debo contestar que no, y le daré mis razones. No me voy a dejar llevar. No me parece serio, es arbitrario, no no veo claro, no podría comprometerme a fondo, no tengo tiempo, me falta tiempo. necesito tiempo, creo que será mejor que busques a otra persona, tengo un compromiso anterior, otro lo podrá hacer mejor, por ahí hay muchos que sin duda lo harán mejor que yo, no quiero saber nada, lo siento, pero he aprendido con el tiempo y por las malas que no debo..., no quiero perder el interés de una persona tan maja como tú, que me ha dispensando un aprecio que no merezco, pero... yo te quiero mucho, pero como amigo, y... no quiero ser grosera, cruel ni fría, no herir tus sentimientos, ni pisotear tu corazón... no te rebotes, es que no puedo, no sé hacer las cosas sin querer, no sé si seré sensato, sólo sé que me cuesta un rato hacer las cosas sin querer, no tengo ganas, tengo otras prioridades, ahora tengo que marcharme, me han llamado hace un momento; ay, que pena, precisamente ese día tengo...; no quiero seguir por obligación lo que ya no puedo seguir por amor; necesito tiempo para no hacer nada; pienso en ti como en mi hermano, hay una ligera diferencia de edades, no me atraes de esa manera, mi vida ya es demasiado complicada, tengo novio, no salgo con gente del trabajo, no es culpa tuya, es mía, quiero concentrarme en mis estudios, carrera o lo que sea, tengo que cuidar de mi padre enfermo, soy célibe, me veo impotente, seamos amigos, lo siento, en serio, pero no puedo, voy a pensarlo, prefiero estar solo, no me evado, no lo dejo para otro día, no finjo ni disimulo, no me explico ni doy razones: es que no quiero, y santas Pascuas; vas muy deprisa; eso hay que considerarlo más despacio; ¿por qué crees que debería decir que sí?, no tengo motivos, tengo clase de budismo, tengo clase de kárate, he quedado con fulano, mengano y zutano; si te digo que sí perengano se va a enfadar; no quiero estar a malas con fulano; ya me las tuve tiesas con ese, no puedo; tengo que recoger a mi mujer, tengo el estómago revuelto, a esa hora tengo médico, hacienda me reclama, debo rezar el rosario en la Adoración Nocturna, no te quiero dar falsas esperanzas, estoy cansado, me muero de cansancio, no estoy motivado, me duele la cabeza, estoy molido, ayer no dormí y hoy no tengo cuerpo, qué se le va a hacer: no puedo, ahora divirtámonos y luego lo vemos más despacio ¿vale?, no está la señora, ha salido, no tengo cambio, no tengo suelto, búscame mañana, vuelva usted mañana, ¿y si me equivoco?, nunca me toca la lotería, eso es un engañabobos, no es práctico, voy corto este mes, hacienda me ha sacudido con la porra, tú no tienes una hipoteca como la mía, si sigo así voy a tener que pedir a Cáritas, estoy limpio como una patena, ni en sueños, no me vaciles, te aseguro que no, no lo resistiría, eso no hay cuerpo que lo aguante, qué va.


Sin duda, tantas letras tiene un sí como un no.

Hola, Don Pepito

Don Pepito Bonito, el empresario que sudaba un montón la camisa y ha recorrido todos los caminos, veredas y vericuetos de la región manchega hasta perderse en algún ignoto y transilvano paraje de los Montes de Toledo, el gran repartidor de migas para amigotes, ha hecho saber, en Vanity Fair, que cobrará algo más de ochocientos mil euros por sus memorias, cuya primera entrega se publicará a partir de octubre.


Uno, muy lector de autobiografías, seguirá el evento acuciado por lo que le toca de manchego; quizá no haya mentiras, o tantas que no merezca leerse, o mentiras tan parecidas a la verdad que, para el caso, dé lo mismo, que es lo que los sutiles suelen hacer (Bono lo es). Dejará, espero, cabos sueltos para encontrar lo que uno busca entre las pardas sementeras de los renglones, incluso un aeropuerto abandonado, o no valdría la pena comprar el tocho, que, por lo que pregona, tendrá un precio muy poco social y quizá ni siquiera socialista. 

El coste de la vida y el de los medicamentos

Me importa un pepino que suba el importe de las medicinas siempre que lo puedan pagar hasta los más menesterosos. Pero no deberían subir el coste de los antidepresivos: los vamos a consumir a porrillo. ¿O no?

jueves, 19 de abril de 2012

Libertad, fraternidad, rentabilidad


La 'egalité' suspende en la escuela. Miguel Mora, El País, París 17 ABR 2012


Padres y profesores han vivido el mandato de Sarkozy entre la ira y la depresión por los ataques a la educación pública para alejarla de la "herencia del 68"

La noticia es del lunes: “El ministerio de Educación Nacional muestra su inquietud por el nivel de ortografía de los alumnos franceses”. Para entenderla bien, es preciso remontarse seis años atrás. En un mitin, el entonces candidato Nicolas Sarkozy trata de hacer un chiste y califica de “sádico o idiota” al tipo que decidió incluir en las oposiciones públicas preguntas sobre La Princesa de Cléves, novela mítica de madame de Lafayette publicada en 1678. La broma, considerada por unos como una metáfora de la vocación de ruptura del líder conservador, y por otros como la prueba de su desprecio por la culture, fue un asunto de Estado durante semanas. Unos meses después, más de la mitad de los franceses eligieron como presidente al “hombre que asesinó a la princesa”.


Cinco años más tarde, hoy, casi todos los especialistas e indicadores señalan que la Educación Nacional, vieja joya republicana planeada por el Consejo Nacional de la Resistencia como garante de la egalité, y factoría de citoyens cultos y comprometidos, está en una situación precaria y alarmante. Las reformas, retoques y recortes han sido constantes durante un quinquenio que se anunció agitado desde que, en septiembre de 2006, Sarkozy declaró en una universidad de verano de Marsella que había llegado la “hora de terminar con la herencia de Mayo del 68 en la escuela pública”, ya que, según explicó, “esa generación ha instalado en la política, la educación y la sociedad una inversión de los valores y un pensamiento único del que los jóvenes son hoy las víctimas”.


Para acabar con esa “ideología que dice a los jóvenes que tienen todos los derechos y todo se les debe”, Sarkozy ha utilizado diversas recetas, unas viejas y otras más modernas. Según Maurice Cukierman, profesor de Historia en el Liceo Descartes de Antony, al sur de París, que es además representante de la federación sindical del departamento del Alto Sena, “Sarkozy empezó haciendo una política continuista, pero poco a poco ha ido imponiendo reformas que llevábamos décadas logrando frenar. Por ejemplo, ha adoptado nuevos criterios de evaluación para los profesores, incorporado nuevas herramientas y programas con contenidos más livianos, extendido un uso masivo de la tecnología que no conduce a controlarla realmente, y limitado la libertad pedagógica y la formación del profesorado. Todas han sido nefastas para la calidad de la enseñanza”.


Los padres de alumnos acaban de convocar una huelga de deberes


Además de eso, Sarkozy ha metido sin miedo la tijera. Aplicando la regla, muy recomendada por la OCDE y la UE, de sustituir a solo uno de cada dos funcionarios jubilados, ha cercenado unos 80.000 puestos de profesores netos. Según la web del ministerio, en el curso 2010-2011 había todavía 859.254 educadores en activo. “Una barbaridad”, según Sarkozy. Pero, según la OCDE, Francia figura hoy en la cola de los países ricos en el índice de profesores por alumno, con 6,1 profesores por cada 100 discípulos; y la cosa es peor si se mira solo a la primaria y las universidades (objeto de una gran reforma financiera): cinco por cada 100.


Algunos acusan a Sarkozy de haber intentado asesinar a la enseñanza pública como hizo con la princesa para castigar a un profesorado demasiado de izquierdas y favorecer de paso el floreciente negocio de la educación privada. Otros celebran su valor al tratar de meter en vereda a un colectivo muy sindicalizado, y su acierto al descentralizar grandes partidas de gasto educativo hacia las regiones y ayuntamientos. Las consecuencias de esta cesión es el núcleo de un reciente informe del Tribunal de Cuentas, adelantado por Le Monde. Afirma que la educación nacional ha dejado de ser nacional porque el ministerio —que, según los magistrados, se niega a facilitar los datos—, invierte mucho más en las escuelas de París que en las de provincias y los suburbios, es decir donde más se necesita.


Hollande promete crear 60.000 nuevos empleos en las escuelas públicas


En 2010, el Estado gastó un 47% más en formar a un alumno del centro de París que a uno de las banlieues. Y un 51% más en enseñar a un parisiense que a uno de Niza. La conclusión es que el clasismo es la nueva solución estatal a la supuesta falta de fondos, y que “la egalité ha dejado de ser el principio que rige la escuela republicana”. La situación se parece a las que se viven en España, Italia o Chile, aunque el elemento católico pese menos en Francia.


La corriente global de atacar desde arriba a la escuela pública, una de las bases del ideario neoliberal, tiene aquí sello propio, explica el presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos, Jean Jacques Hazan: “Somos la segunda potencia de la zona euro y la quinta del mundo y hemos reducido el gasto educativo en 15 años en un punto del PIB. Mientras en los países ricos la inversión aumentaba un 30%, nosotros la subimos un 5%, así que hemos perdido poder adquisitivo. Además de perder más del 10% del profesorado, se han reducido 150.000 plazas de parvularios y se ha favorecido todo lo posible al sistema privado”.


En todo caso, sigue habiendo diferencias: el gasto en educación de Francia alcanzó en 2010 el 5,5% del PIB, frente al 4,6% que le costó a España, según Eurostat. Eso no impide que el ambiente en los colegios sea tenso o peor que eso. Los padres de alumnos acaban de convocar una huelga de deberes para los alumnos de primaria, y su balance del mandato de Sarkozy es inmisericorde: “Ha sido catastrófico para la educación, seguramente el peor de la historia. Ha aplicado a la enseñanza su lema “trabajar más para ganar más”, una filosofía antipedagógica. Hoy basta un título de Física para dar clase de Física sin tener la más mínima noción de pedagogía o psicología. Tenemos profesores con master incapaces de trasmitir conocimientos”.


A lomos de la depresión y la ira, la enseñanza se ha convertido en un tema candente de la campaña. Especialmente porque el sector es uno de los viveros de votos más seguros para el socialista François Hollande, que ha prometido acabar con los recortes, consensuar las reformas y habilitar 60.000 nuevos puestos de trabajo en las escuelas. Quizá Sarkozy ha ganado su batalla en un terreno. Los profesores parecen hartos de ser profesores. A Maurice Cukierman, que da clase de Historia cerca de París, le toca jubilarse en julio, y está feliz: “Amo este trabajo, pero la degradación es tan grande que ha dejado de gustarme; ya no servimos para crear ciudadanos libres y responsables. La ola reaccionaria ha llegado y solo creamos gente sumisa que será mano de obra barata en el futuro”.

domingo, 15 de abril de 2012

Los hippies que querían cambiar el mundo

Californianos y parisinos de los setenta no querían cambiar la sociedad, sino el mundo; deseaban un mundo nuevo, con nuevos valores. Recapitulando en los ochenta concluyeron tristemente que no lo consiguieron, aunque sí parar una guerra, hacer más difíciles las demás y lograr más derechos civiles. 


Yo creo que sí crearon un nuevo mundo, aunque no lo reconocemos al verlo. Ese nuevo mundo es Internet. Esa es una de las consecuencias que se pueden sacar de la Biografía de Steve Jobs por Walter Isaacson. No es poco para una generación, sobre todo si la comparamos con la de aquí, una generación tapón/pelotazo que quería una España no europea, sino parecida a Europa, como escribió F. G. de Cortázar. Muchos quieren seguir prolongando todo ese interesado parecer, que salvaguarda una ética del miedo apropiada para una dictadura, pero no para una democracia. Por fortuna todavía estamos a tiempo para impedir la quinta guerra carlista.

Axioma de R. a la primera Ley de Murphy



Si algo puede ir mal, irá mal... y, con software de Bill Gates, peor.

La puerta negra, 2001, y lo que da miedo.

The black door, si se ve ingenuamente -he visto ya tantas que no me asusta ninguna- es una de las películas de terror realmente buenas del decenio, junto con Hostel. Es del incipiente Kit Wong, y sintetiza con eficacia los últimos hallazgos técnico-narrativos del género; no por nada fue premio del festival de Sitges en 2003. Algunas secuencias son antológicas, pero desluce verla en pantallita; este tipo de productos es mejor consumirlos en pantalla grande, de noche, solo y con mentalidad de niño de siete años, algo que, por desgracia, uno ha descubierto ya que no puede volver a tener. Hay que prestar atención a los guionistas, Julien Carbon y Laurent Courtiaud, que están dando bastante que hablar también como directores con Red nights. Lo único que me consigue asustar ya son cosas tan ultrafriki y conceptuales como The Booth at the end, una serie canadiense de Christopher Kubasik cuyo terror es puramente filosófico, alérgica a la violencia y donde no suena una palabra más alta que otra ni hay gota alguna de sangre, en todo caso migajas de tostada y algo de café. Para desentrañar la tinta que hay oculta en los renglones en blanco de su abstruso e hipercondensado guion de veinte minutos por capítulo lo menos hace falta un grado en Teología. Voy a tener que estudiarla.

El cazador de elefantes

El monarca Borbón de España, que sigue siendo un reino, como en los cuentos, desde que nos leyeron el de la Constitución y el de la Cenicienta con calzado de tacón alto, se ha fracturado la cadera, no la cara, que esa siempre la han tenido dura los Borbones; gracias a Dios los elefantes están bien, no piensen que no nos preocupamos. Es uno entre los muchos vicios que soporta Don Juan Carlos, a quien le tengo la debida y obligada simpatía que exige la ley (ley que no tiene por qué ser justa, ya que ley y justicia son cosas distintas). Esos vicios los adquirió en su adoctrinamiento al lado del genocida Paco (en el sentido africano del término; llamaban "pacos" a los francotiradores marroquíes por el ruido que hacían sus disparos), que estaba en las monedas de una peseta y sigue estando en la ética hipócrita y falsaria heredada de los cuarenta. Pero, entre las mierdas que se le pegaron en tan infame compaña, decía, figura la afición, que parece infición, a la caza mayor, y la de darle demasiado a la botella, que también es algo propio de militares sin nada que destruir. Otros españoles van al África por motivos diferentes: por ejemplo, un médico que precisamente ahora está secuestrado en Senegal, pero eso importa poco al rey león; el caso es que lleva cuatro días cazando elefantes pagado por un magnate sirio de los que cazan a sirios, y seguramente sin haber visto Cazador blanco, cazador negro de Eastwood. En esta selva pelada, por el contrario, tenemos los lamentos de su nietecillo con la metralla de piedrecillas en los pies, pero él, quia, quítame allá esas pajas. Es militar, ama las armas y se va, con setenta y cuatro añitos, que más que rifles necesita muletas, de caza mayor, cuando el mayor es él, y sin despeinarse, porque es calvo, ni jubilarse, aun en preciosas condiciones, después de haber sufrido una brutal rebaja en su sueldo del dos por ciento, y mucho después de haber cobrado su primera pieza por arma de fuego en su propio hermano, que queda muy guerracivilista y hasta de Montiel, qué hombre; ni quito ni pongo, que parece ministro japonés, pero hace falta ser muy duro y aun seis pesetas, que es más que duro, para poder sobrevivir medianamente honesto y equilibrado a una educación así y unos compañeros asá, y pasarse la vida sonriendo a su amargo pueblo, tirándose a una larga ristra de amantes (un diario italiano afirma que este que llama tombeur de femmes, secondo un suo amico intimo, «ha avuto 1.500 amanti, nessuna gli resisteva e tutte si offrivano», la última la divorciada princesa Sayn-Wittgensteiny pasando pensión a sus cuatro o cinco bastardos. Alguno podría llamarlo peste borbónica, pero aunque es majizo y no mal rey y podía haber sido peor y es simcopático y heroideo y está mal pagado y todo lo que ustedes quieran, yo, la verdad, prefiero ninguno.


Y luego viene la particular grandeza de Juan Carlos: pedir perdón. Juan Carlos podrá no ser rey, pero nadie puede negar, ni yo siquiera, que es noble, aunque no precisamente por sus antecesores (los nobles, digo).

Libros y más libros

El deleite que me produce ir de vez en cuando a los anticuarios y hurgar en alguna remesa de nuevos libros viejos es inversamente proporcional a mis ganas de levantarme por las mañanas después de haber sobrepasado un insomnio entrecortado y mi correspondiente capítulo de fragmentos de pesadillas recurrentes más o menos recicladas. En Bethel he visto una segunda edición del tumefacto Tiempo de silencio perpetrado por L. M. Santos, difunto director del sanatorio de anormalizados de La Atalaya; no la he comprado al simbólico precio de un euro, pues me basta y me sobra con mi edición moderna. Sí adquiero por el contrario una versión en francés del Franz Kafka, souvenirs et documents de Max Brod, publicada por Gallimard en 1963 de la traducción desde el alemán de 1945, derechos de edición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (hay cosas muy raras en los baratillos manchegos, muchos de ellos bien provistos por desechos y expurgos de bibliotecas de abogados, médicos y pasajeros profesores extranjeros de universidad). Deliciosa la narración de los inicios de su amistad, compartiendo el deseo de no perder el griego realizando la traducción del Protágoras de Platón y sus sofisterías, y cómo le obsequia Kafka con su conocimiento de Flaubert. Compro asimismo unos raros ejemplares del Índice cultural de Albacete porque contienen artículos sobre folk-lore manchego y poco más (un interesante compendio en francés de trabajos sobre desarrollo de redacciones escolares). Por correo me viene la Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara de Juan Catalina García, 1899, que he visto a buen precio, aunque está en la entretela o entrerred mal pasado a incómoda y desgranada versión digital. De la Cuesta de Moyano me traje hará unos días el Diccionario Oxford de Literatura Española e Hispanoamericana, que hace juego con los otros que tengo, pero especialmente con el de Bleiberg y Marías para Revista de Occidente, expurgado de marxistas y raros. Del correo extraigo también las memorias de Anselmo Lorenzo, demasiado documentales para mi gusto, pues lo valoro más cuanto más personaliza; un ejemplo, las siestas desordenadas de que era gozosa víctima el anarquista Tomás González Morago. Me viene de la Biblioteca de autores manchegos un refrito muy mal hecho y peor escrito sobre arquitectura de Almadén y un interesante trabajo y edición sobre un auto de navidad teatral en verso rescatado de la tradición oral de Pozuelo. El texto tiene pinta de dieciochesco, aunque tal vez refunda una tradición castellana más antigua desde el Officium pastorum medieval, como hubieran querido desear los beneméritos autores.

viernes, 13 de abril de 2012

Charla

El Paseante se acerca temeroso y cohibido al recinto donde trabaja agachado y pensativo el Jardinero. Cercano el crepúsculo, está ya equilibrado el pulso entre luz y oscuridad y nada proyecta sombra.


P: Buenas tardes (en voz baja)

J: (...)

P Buenas tardes (en voz algo más alta)

J Ya buenas noches (enderezándose). Lo había oído la primera vez, pero es que necesito tiempo para evitar el latigazo en la espalda... Un problema técnico del diseño evolutivo; ¿qué se le ofrece, joven?

P Venía a charlar con usted...

J ¿De jardinería?

P: Tengo entendido que mucha gente habla con usted, pero sobre cualquier tema, y usted nunca se niega.

J: No me niego, pero hay algunos que se niegan a hablar conmigo o simplemente lo evitan.

P: ¿Como en Booth at the End?

J. Algo parecido. Aunque ese señor no me puede ni ver. Creo que siente una vergüenza absoluta o, más bien, que no tiene ninguna. ¿Qué podría esperarse de quien siempre anda en el bar...? Bah.

P: Muchos dicen que usted tampoco contesta...

J. ¿No le estoy contestando ahora a usted, hombre? Lo que pasa es que no quieren saber dónde encontrarme, o me tienen mucho miedo.

P. La verdad es que usted impone... pero yo lo he encontrado enseguida.

J. ¿Ve? Siempre estoy aquí. Solo se trata de querer hacer las cosas bien, empezando por saber dónde mirar. 

P. Lo encuentro algo cansado.

J. Hace ya mucho de la única vez que pude tomarme algo de asueto. Todo estaba recién plantado, solo cabía esperar y podía hacerlo. Ahora está muy crecido y salido de madre. No tratan bien mi plantío y lo poco que queda de él está lleno de pulgones y basura. Hasta las abejas se han muerto de asco y las flores no pueden volverse fruto. Ni mi hijo, muy hábil con las manos, ha podido levantar con unos clavos y unos maderos toda esa pérgola que ve ahí tirada, con las nuezas por los suelos. Se ha ensangrentado las manos y los pies, y nada. Dice que espere, que ya veré cómo termina el trabajo y lo bien que va a quedar, pero antes, por lo menos, había una hermosa colmena. 

P. Parece le gusta su oficio.

J. Me gusta, pero también me desilusiona; necesito que me echen una mano, como en la escena esa de la Capilla Sixtina.

P. Es difícil saber qué quiere.

J. ¿Pues no se lo estoy diciendo, carajo? ¡Que me echen una mano! Es muy fácil ser muy feliz, pero no es tan fácil hacer felices a todos. Verá: el truco es sentirse parte de algo más general y servirlo sin esperar retribución sino al más largo de los plazos. Para que el jardín mejore todo el mundo tiene que estar de acuerdo en la forma de servir para mejorarlo, y para eso todo el mundo tiene que mejorar también: se necesita mucho tiempo para que la gente se autosacrifique y se haya reencarnado lo suficiente como para aprender que es parte de un todo y te eche una mano; solo cuando se llegue a ese extremo el jardín será perfecto y ni siquiera se necesitará a un jardinero como yo. Porque todos seremos ese jardinero y ese jardín.

P. (Atemorizado) Nunca lo había contemplado así. Y parece muy difícil.

J. Como todo lo que es fácil al final. Siempre es difícil al principio. Es que el Manual del jardinero que yo escribí necesita una tercera edición, breve y light, con los ajustes precisos para evitar malentendidos.

P. Y vaya malentendidos. ¡Menudo lío con las dos ediciones precedentes...!

J. No fue culpa mía; siempre me han entendido peor de lo que merezco.

P. Los árabes editaron un refrito-plagio de las dos ediciones anteriores...

J. Qué van a saber de jardinería los beduinos en el desierto... Hasta su escritura se parece al desierto. El desierto que han hecho con parte de mi jardín. Pero sobre eso no me pronuncio. Lo tiene que tratar la Sociedad General de Autores del Multiverso... cuando hayan terminado de limpiar sus cuentas. Debería darles vergüenza. De la vergüenza se aprende mucho. Adán lo aprendió. Aprended vosotros de él. 


(Continuará, quizá)

Georg Trakl

Hijo de un ferretero y una anticuaria, empezó a faltar a la escuela para drogarse y a frecuentar los prostíbulos, en los que soltaba sermones a las trabajadoras viejas. La acabó, sin embargo, con notas brillantes, pero ya era un adicto que, además de sermones, escribía poesía. Hombre muy consciente y consecuente, estudió Farmacia y se hizo enfermero. Tuvo relaciones poco claras con su hermana que lo marcaron con el sello atormentado de Byron. En calidad de médico que no puede curarse a sí mismo fue a las trincheras de la I Guerra Mundial, en la que se trataba a los hombres como almohadones despanzurrables por ametralladora o bayoneta, siembra de huevos ruidosos o martillazos de artillería, y llegó a verse en el brete de tener que atender a ochenta heridos sin medicinas en pleno fregado. Pese a que recibió la generosa ayuda del filósofo Ludwig Wittgenstein, éste llegó en esta ocasión tarde: le habían enterrado ya víctima de una sobredosis de cocaína, tras culminar con éxito un nuevo intento de analgesia.

martes, 10 de abril de 2012

Principio de Hanlon

Otro vídeo luminoso: la segunda parte de Españistán, de Aleix Saló: Simiocracia. Para entender qué es el Principio de Hanlon, que explica casi todo lo que ocurre en la política española y europea como corolario del Principio de Peter.


"No atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez" 


Yo aclararía un poco más: estupidez ajena y propia.

Acoso escolar


El famoso vídeo de Jonah Mowry sobre su bullying o acoso escolar

No es un juego

Los americanos quieren exportar un paquete integrado de casinos, droga, mafia y corrupción, han mirado por la vieja Europa y han resuelto que los mejores nichos de podredumbre para la siembra pueden ser Barcelona o Madrid. ¿Por qué será, será? El caso es que, lejos de sentir shame, los correveidiles del cotarrillo político han empezado a frotarse las manos pensando en lo bien que se las van a untar de mermelada verde euro. Nadie piensa en otros paquetes de juegos inocentes, como los Geyper: el juego retribuido es de ética reprobable, incluso en manifestaciones tan engañosas como el bingo, la lotería o las quinielas. Dizque creará puestos de trabajo... ¿Y los que va a quitar a los ludópatas, a los arruinados, a los padres que, en vez de comprar libros o ropa a sus hijos, sean pasto de las tragaperras? A mí el juego me parece más tóxico y malsano que una central nuclear.

domingo, 8 de abril de 2012

¡Arrea; P. J. Ramírez me nombra!


En el balcón de ‘Tigrekán’

Pedro J. Ramírez en El Mundo

OPINIÓN: CARTA DEL DIRECTOR
Cuando Jiménez Losantos tuvo el acierto durante el tardofelipismo de endosar a González el apodo de Tigrekán II de Mongolia muchos lectores creyeron que trataba de asimilarlo al televisivo Sandokán de protuberantes facciones y comportamiento pirata. Sólo una minoría atendió a su explicación de que así era como le llamaban a Fernando VII «los liberales» durante el Trienio Constitucional.
El paralelismo estaba muy bien traído pues no era difícil descubrir en aquel gobernante que alardeaba santurronamente de haber «perdido su libertad» para ganar la nuestra mientras perpetraba fechorías sin cuento en uso y abuso del poder, ciertos rasgos de la doblez, oportunismo e hipocresía que caracterizaron al más denostado de nuestros reyes. Pero como Jiménez Losantos nunca concretó, que yo recuerde, ni la pila bautismal ni las circunstancias en que se utilizó originalmente aquel alias, tampoco pudimos sacarle toda la carga interpretativa que llevaba dentro.
Han tenido que concurrir los estudios promovidos en el contexto del bicentenario de la Constitución de Cádiz y un comportamiento tan chocante como el de la izquierda política y sindical de los últimos días como para que salte inmediatamente la chispa de la evocación y surja la oportunidad de completar algo tan lamentablemente español como esta radiografía de la mala leche.
Fueron los periodistas exaltados Félix Mejías y Benigno Morales, dignos por su brillantez y patriotismo de una causa más viable que la que abrazaron, quienes acuñaron en su sin par publicación El Zurriago una serie de motes con los que pretendían representar a Fernando VII como el sátrapa oriental que siempre hubiera querido ser. Así fueron desfilando por sus páginas Yanki, emperador de la China, Majamut, Bondo-Kina, Tinke-Pak o Tigrekán. Nunca se había hecho mofa y escarnio de un rey en esos términos: el riesgo para sus artífices sólo era equiparable al vértigo transgresor de sus lectores.
Con el solvente y cautivador estudio del profesor Ángel Romera El Zurriago, un periódico revolucionario, editado por el Ayuntamiento de Cádiz, como brújula, y una rara colección de sus 93 números, extraída de entre los tesoros de su cripta por uno de mis amigos del gremio de libreros, como gratificante territorio a la vez de jolgorio y aventura, no me ha sido difícil descubrir el momento exacto de la exaltación de Tigrekán a las cimas de su villanía en esa ignota catedral de la sátira política española.
Sucede en agosto de 1822 cuando El Zurriago incluye en un número doble -el 57 y 58- la «comi-tragedia» titulada Los Cañonazos o la Proclamación Cachifollada. Véase la originalidad e innovación idiomática. Está dedicada al autogolpe de Estado que Fernando VII intentó en vano el mes anterior mediante la sublevación de la Guardia Real. A lo largo de sus escenas contemplamos cómo Tigrekán, ayudado por sus hermanos Alfeñike y Pakorrillo -los infantes don Carlos y don Francisco de Paula-, inventa primero el problema, se las cree luego muy felices sintiéndose vencedor y finalmente, cuando en efecto todo se «cachifolla», no sólo deja en la estacada a sus más fieles sino que se ensaña con ellos para ocultar sus propias culpas.
Asegura Estanislao de Kotska Bayo, a quien se atribuye la documentada Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España, en la que han bebido todos los biógrafos de aquel Borbón, que en el momento en que los golpistas derrotados -incluidos muchos de sus más fieles servidores- emprendían la desbandada hacia el Campo del Moro, el rey, haciéndose la víctima de su propia felonía, se asomó a uno de los balcones de Palacio y comenzó a gritar «¡A ellos! ¡A ellos!» para que los sitiadores pudieran exterminarlos con más facilidad.
«¡Rasgo de cobardía y de bajeza, indigno de un pecho honrado y que infama al que, caudillo primero de la insurrección, la entrega ahora a sus enemigos y aún los estimula contra ella!», apunta presuntamente Bayo. «Séanos permitido comparar esta conducta innoble con el heroico sufrimiento del pueblo español, que vencedor de las tramas reales y viendo al Príncipe sólo e indefenso, ni un insulto le prodigó, ni traspasó el lindar de su alcázar patente a todos».
Comprendo que haya a quienes todo esto les recuerde escenas más superficialmente análogas pero, yendo al fondo de las cosas, no se me negará que llevamos 10 días en los que tenemos que soportar la supina desvergüenza con que los gerifaltes sindicales, los líderes del PSOE y los dirigentes de Izquierda Unida -cada uno con su estilo, ora vociferante, ora taimado- se asoman al balcón de la opinión apelando a los peores instintos nacionales y azuzando los recelos exteriores sobre la caterva de males que arrostramos como consecuencia de su propia conducta irresponsable y demagógica.
Si España tiene que pagar este año 29.000 millones de intereses por su deuda es porque un gobierno de izquierdas abrió en poco más de dos años una brecha fiscal de 12 puntos, sin precedentes en la historia de nuestra Hacienda pública, aprovechando la coartada de las políticas de estímulo para tirar literalmente la casa por la ventana de un gasto disparatado, descontrolado e ideologizado.
Si España tiene cinco millones de parados es porque la coacción de unos sindicatos herederos de los poderes fácticos del franquismo impidió flexibilizar a tiempo el mercado de trabajo de forma que el ajuste pudiera hacerse, como en tantos países de nuestro entorno, por la vía de los salarios y las condiciones de trabajo y no por la del empleo.
Si España tiene sobre sus encorvadas espaldas la carga de un Estado elefantiásico, fruto de la superposición de hasta cuatro administraciones diferentes, incluida la insaciable planta carnívora autonómica, es porque desde que la caída del Muro de Berlín y el triunfo de la globalización dejaron a la izquierda huérfana de referencias ideológicas, tanto el PSOE como Izquierda Unida no han cesado de buscar pactos antinaturales con los nacionalismos de cualquier ralea, sobre la base de cambiar la primogenitura de la cohesión nacional por los platos de lentejas de las cuotas de poder y pagar siempre el peaje de crear nuevas estructuras clientelares.
Es cierto que tampoco el PP está completamente libre de ninguno de estos pecados, pues desde sus filas se ha hecho populismo barato con el disfraz del gasto social, se ha pactado y se sigue pactando con los sindicatos dentro de su propia lógica para poder tener la fiesta en paz y se han engendrado ridículas paridas como la «cláusula Camps» o la «realidad nacional andaluza». Pero mientras en su caso se trata de desviaciones tan graves como puntuales de una política en líneas generales coherente con los planteamientos liberales que a la larga traen estabilidad y prosperidad a las democracias, en el del PSOE y sus adláteres casi cabría decir que lo virtuoso ha sido la excepción dentro de una regla acumulativa de equivocaciones y desastres.
Tiene razón Sarkozy al pedirles a los franceses que escarmienten preventivamente en la española cabeza ajena. El Plan E, el cheque- bebé, los 400 euros, el nuevo PER de la dependencia, la vicepresidencia virtual de Cándido Mendez, los millones de horas de estéril diálogo social, los 60.000 o 70.000 liberados y funcionarios sindicales, el «Estatuto que venga de Cataluña», la «Nación discutida y discutible», los tres millones y medio de funcionarios, la subasta de la financiación autonómica, los engaños a Europa a base de reformas de cartón piedra y los 25.000 millones de déficit oculto en 2011 son los hitos que nos han traído hasta aquí. Y el programa de Hollande está impregnado del mismo tufillo buenista que para nosotros ha sido letal.
Al menos Zapatero, principal responsable de toda esta acumulación de errores, está teniendo la prudencia de mantener un discreto silencio, eludiendo la tentación de aprovechar las dificultades de Rajoy en los mercados e instituciones europeas para lanzar el fácil mensaje de que a todos los gobiernos se les pone la prima de riesgo a 400 y de que por tanto la culpa no está en tal o cual política sino en las estrellas de la coyuntura.
Pero su talante tiene menos émulos que sus supersticiones. A todos sus herederos políticos y compañeros de viaje ideológicos les ha faltado tiempo para precipitarse a la balaustrada de la plaza pública y comenzar a señalar con grandes aspavientos a la vez la cola del desempleo, la reforma laboral y los recortes presupuestarios como si fueran invenciones exógenas de Rajoy para fastidiar a los españoles y no las consecuencias inexorables de sus años de frivolidades y falacias.
Convocarle una huelga general a un gobierno que lleva 100 días en el poder y ha recibido esta herencia terrorífica -hay que subrayarlo por mucho que fracasara con estrépito- es una ignominia del calibre de la propia indigencia intelectual de los Méndez, Toxo, López y Martínez. Y el numerito de las 50 ruedas de prensa socialistas contra un Presupuesto condicionado por la obligación de pagar los platos rotos por el PSOE el año pasado está también a la altura política del trust de los perdedores que lidera la oposición: Soraya Rodríguez vapuleada en Valladolid, Óscar Amnesia López vapuleado en toda Castilla y León y Rubalcaba vapuleado en España entera.
Sólo hay que ver los términos en los que se está planteando el acuerdo PSOE-IU en Andalucía -no pasar por el aro de la disciplina presupuestaria, no reducir el déficit, no restringir el gasto público, el funcionariado y los subsidios sino ampliarlos- para darse cuenta de que la pulsión profunda de la izquierda española es sustancialmente antagónica con las reglas vigentes en la Unión Europea e incompatible con la permanencia de España en el euro. ¿O acaso disponen los líderes sindicales, Griñán, Cayo Lara o el propio Rubalcaba de algún mecanismo oculto para obligar a los inversores internacionales a seguir prestándonos aunque demos a entender que no les pagaremos o a los socios europeos a hacerse cargo de nuestras deudas?
Ninguno de estos Poncios se atreve, claro está, a proponer que nos arrojemos al abismo de una autarquía decimonónica en pleno siglo XXI como si fuéramos las ovejas de Panurge. Por eso sus llamamientos a la movilización, a la huelga o a la confrontación con el Gobierno del PP siempre tienen un aura de esterilidad. No al ajuste neoliberal, no a la dictadura de los mercados, no a las reformas de Rajoy… pero ¿para sustituirlas por qué?
La letra pequeña de los Presupuestos tiene alternativa porque siempre se puede recortar un poco más al cine y un poco menos a la ciencia, siempre se puede apretar un poco más a los fumadores y un poco menos a las empresas, siempre se puede dejar la lamentable amnistía fiscal, fruto de la impotencia internacional ante la evasión de capitales, para este año o para el que viene; pero lo que no tiene alternativa es su filosofía. Si los operadores financieros y las instancias internacionales los han acogido con reticencia es exactamente por lo contrario por lo que la izquierda española los descalifica. Es decir, porque no garantizan suficientemente el ajuste, sobre todo en lo que atañe a las autonomías.
Tal vez algunos piensen que va a ser precisamente ahora y en este lado de la península Ibérica cuando el mundo va a cambiar de base. Pero quienes ya sabemos cómo termina siempre esa «lucha final», quienes aspiramos a recuperar la prosperidad que no ha mucho tuvimos dentro de la Europa de las libertades a la que pertenecemos, debemos ser conscientes de que la única salida a nuestra crisis es gastar menos de lo que ingresemos hasta pagar lo que debemos. Y eso sólo tiene una bifurcación como se está demostrando en Grecia: o nos ajustamos por las buenas o nos ajustarán por las malas.
Insisto en recomendarle a Rajoy la «audacia» de Danton. Pero para hacer lo contrario que le piden los demagogos que se asoman con desparpajo al balcón de Tigrekán. Es decir, para acelerar las reformas, podar con más contundencia las ramas de lo superfluo y entrar a fondo en las tripas de un Estado inviable. No es lo mismo tener la prima de riesgo en 400 con un mandato democrático claro que cayendo en picado en los sondeos y jugando al escondite con tu partido y tu programa, como le pasaba a Zapatero.
La mayoría de los españoles hemos aceptado con ese estoicismo rayano en el «sufrimiento heroico» al que se refería el biógrafo de Fernando VII, el bocado exponencial del IRPF, la mengua de derechos laborales o la electrizante subida de la luz. Sólo pedimos que el bisturí no tiemble cuando se acerque a las partes blandas de las canonjías políticas y el cuentacuentos autonómico. Y que mientras el cirujano opera no tengan la desfachatez de gritar: «¡Al ladrón, al ladrón!», quienes previamente nos han robado la cartera.

miércoles, 4 de abril de 2012

Protesta por el recibo de la luz

Para empezar a poner las peras al cuarto a los sátrapas que nos cobran la luz, leeros 


ESTO


Como dice Clint Eastwood en Million dollar baby:  "Lo primero es defenderse"

domingo, 1 de abril de 2012

El terrible Podadera

Para nadie es un secreto que investigar se me da bien: sé olfatear un rastro y, lo más difícil, tener la paciencia y la tenacidad de seguir los hilos hasta donde lleven para que de alguno surja alguna pieza que junte el rompecabezas. Así he logrado reconstruir la vida del inefable Luis Miranda Podadera, el gramático y ortógrafo que a tantos niños y opositores ha atormentado sin piedad. Lo he obsequiado a la Wikipedia, aquí.

Penitentes

Desde mi balcón tengo una vista inmejorable a la plazuela de la Merced, donde se levanta la estatua que representa a un penitente, con su capucha de capirote y todo. Yo sé quién se esconde debajo, y lo voy a decir: un hermano del escultor, porque tiene polidactilia, seis dedos en cada mano, como la propia estatua. Pero lo que suelo observar a menudo es a turistas anglosajones o nórdicos bastante perplejos preguntándose qué coño representa la estatua, porque no han oído hablar nunca de Semana Santa; las especulaciones llegan a mis oídos: "¿Un monumento a Harry Potter? ¿A Merlín? ¿A la secta Wicca? ¿A los Caraconos?"


Pero la semana santa en mi caso es terrible, porque todas las procesiones tienen a gala rodear mi casa y no terminan nunca de tocar la corneta, el tambor, cantar saetas y hacer ruido. No necesito ver procesiones, todas vienen a verme a mí. Hasta los fotógrafos se pelean por tener un puesto en mis ventanas.


Mañana marcho a Madrid a ver libros y a buscar inspiraciones para mi novela sobre El Danés. Si alguien quiere verme, estaré por allí, probablemente por la Costanilla de los desamparados.

Hostel, de Eli Roth



Hostel, de Eli Roth, con guion de Tarantino, es quizá la película comercial de terror más moderna y asqueabunda de la época reciente. Representa para los tiempos que corren lo mismo que La matanza de Texas para los pasados. Texas es ahora Eslovaquia, por donde se pasean despistados dos americanos y un islandés a punto de ser tragados por el sueño de la razón. Y en eso se echa de ver que cualquiera tiempo futuro será peor: hará películas de miedo no con tradiciones, mitologías o fetiches repugnantes, sino con la degradación económica, social, física y espiritual del ser humano. Sin que haya consuelo que valga. Desolador. 

sábado, 31 de marzo de 2012

El ataque del demonio Meridiano

Los que no padecemos la habitual cenodoxia del bien pagado (de sí mismo o de otro, qué más da) solemos estar enfermos de acidia, el decaecimiento de la voluntad que sobre todo ataca entre los cuarenta y los cincuenta; los psicólogos lo llaman crisis de la mediana edad; los monjes, tan diestros ellos en describir carcomas espirituales, lo llamaban la tentación del demonio Meridiano, que sorprende a los que llegan a la mitad del camino y ven debilitada su voluntad de acción, en la hora más dura, por la desgana y la duda, que tiene casi tantos nombres como el diablo: spleen, desidia, pasotismo, pereza, acedia, aburrimiento, anhedonia, ennui, melancolía, mal del siglo, mal metafísico. El acidioso sabe que la vida tiene sentido, pero no encuentra modo de asumirlo o disfrutarlo: le resulta imposible llegar a él. Sufre y hace sufrir a pesar suyo por desear la alegría, pero no la vía que conduce a ella, y desea y yerra a la vez el camino hacia ese propio deseo, procrastinando o dando innumerables vueltas en torno a él, atormentado por su superyo titánico, pesadísimo. La acidia no se opone al deseo, no lo ignora, sino que se opone a la satisfacción del deseo, al encuentro del sujeto con el objeto de su deseo. Kafka: "Existe un punto de llegada, pero no hay camino alguno". Podríamos recordar a Van Gogh pintando el Retrato del Doctor Gachet, un típico acidioso apoyando su cara en la mano derecha, mientras deja caer toda la desolación del mundo de su mirada, y escribiendo luego miedosamente a su hermano Theo: "No voy a ver al doctor Gachet, está más triste que yo". Y Claudio Magris, hablando de los otros triestinos: Ítalo Svevo: "Ninguno como él comprendió la transformación que le espera al hombre, la caída en el abismo nihilista. Zeno se percata de que el peligro no está en ser infeliz, sino en no desear la felicidad. Y Umberto Saba en su poema "Después de la tristeza"; esto  es, la capacidad para decir todo más allá del bien y del mal: aquello que Nietzsche quería ser. En él no hay moral, como tampoco la hay en el niño y en la vida, cuando quienes mandan son la felicidad o la infelicidad." 

Sal. XC, 5-6: "Scuto circumdabit et veritas eius non timebis a temore nocturno, a sagitta volante in die, a negotio perambulante in tenebris, ab incursu, et daemonio Meridiano"

viernes, 30 de marzo de 2012

Miedo a caerse al suelo

Creo que se hizo una huelga o parecido, no me fijo demasiado, aunque algo he oído y hasta me parece que la he guardado, como si fuera un mandamiento de la ley de Jehová, que es algo así como el Carlos Marx de los judíos, pero en abstracto... Aunque Marx era judío... Bueno, vamos a dejarlo, porque estas cosas marean y dan suelta a la risa tonta, pues no en vano se ha dicho que el marxismo es la marihuana de los intelectualoides. Cada vez entiendo menos las cosas; quién sabe, quizá me estoy demenciando, y mi mente se está llenando de agujeros como una esponja hasta que llegue a ser una caja vacía, como la mayoría de los pronombres. 


Los destinatarios de los recortes económicos se dan siempre por presupuestos. Y suelo decir que debería repartirse más la pobreza que la riqueza, ya que por las cosas que no se tienen se discute menos; a cada cual le debería tocar la escasez que generara y retener lo que apreciase más. Pero el problema volvería a los números: nadie quiere usar los negativos, ni fijar un límite a la (in)dignidad. Igualmente me quejo de que no se haga caso a la gente que resta: los muertos, los enfermos, los niños, los viejos, las mujeres, los pobres, los locos, los científicos, los mudos, los maestros, los médicos, los poetas, los curas y las hermanitas de la caridad. Más que a los sindicatos. Uno cree más en la gente que en los organismos, patógenos o no, y está ya demasiado cegato, mayor y cansado como para tener fe en los papeles, en las fatigosas escaleras y en otras peligrosas y elevadas estructuras.

jueves, 29 de marzo de 2012

Toledo

Fuimos a copresentar el libro; yo andaba medio feo durmiente por el cambio de hora, los fármacos que trasiego y las deambulaciones fruto de mi insomnio; mi mujer lo disimuló metiéndome en el saco de un traje de sastre, una corbata a juego y una camisa formal; iban además mis hijas y una amiga de mi mujer. 


Toledo estaba frío, ventoso y altibajo: tan decaído como levantado: subimos  y bajamos por esta montaña rusa de ciudad, llena de balcones mustios y paredes cubiertas de lamentos. El plano general había sufrido una evidente arterioesclerosis y uno se sentía como un Bécquer enano atravesando callejuelas encogidas y destartaladas. Poca vida había, salvo las rubias, blancas y culonas turistas guiris: las calles se habían vaciado por el partido del Barça, retransmitido por la TV local. Sí vi a una larga cola de militantes de la UGT frente a su sede y a un grupo descolgado que iba con banderolas diversas para preparar la manifestación sindical, previa a la religiosa de Semana Santa, con el entusiasmo de una grey dominguera que va a la playa. A última hora se llenaron los autobuses del casco viejo.


Subimos a la planta octava. No conocía a casi ninguno de los coautores, salvo a Calero y a Isidro; tuve la oportunidad de ver así a Villena y a los otros; también noté a un arquitecto asiduo escribidor de periódicos, al parecer amigo del papelero M. Igual hasta le pagan.


Los presentadores estuvieron correctos; Isidro, además, interesante; se quejó de que le cortaran el 70% del presupuesto al CECM y atribuyó la crisis cultural española a razones tan relevantes como que la Inquisición siguiera funcionando hasta 1834 y sólo se alcanzara la libertad de reunión en 1887. Me reprochó, con motivo, mi enclaustramiento casero. Desconoce lo tímido que soy; hemos quedado un día de estos, y será agradable volverlo a ver. Calero me ha dicho que los recortes han dejado secuestrada y casi desorejada mi reedición de la biografía de Juan Calderón; esperaremos vientos mejores. Del libro colectivo han sacado quinientos ejemplares, de los cuales circularán a la venta muy pocos; ya he dicho que hemos pagado a medias la edición, que ha salido de la imprenta casi perfecta, salvo las molestas erratas de rigor, que, en lo que me toca, se deben a mi descuido y mala vista y no a la impecable supervisión de Calero, que ha asistido al parto como una experta matrona; además ha sabido recortar bien mi ensayo, quitando los pasajes en latín y el largo excursus sobre la I Guerra Carlista, con lo que lo ha dejado en proporciones justas y no fuera de madre, como andaba. Entre mis lagunas advierto que no he incluido la biografía de Mendizábal en dos tomos escrita por Alfonso García Tejero. En fin, si tuviera que refundir este trabajo hoy lo haría mejor y más amplio y me tendrían que someter a régimen más estricto. Paloma hizo algunas fotos del hecho y del lecho del río, con sus puentes y sus luces de fundición crepuscular entre los cigarrales. Estábamos cerca de una piscina cubierta, incógnita para que no rompiera el paisaje a los mismos pies del tremendo y mazacotado Alcázar. Yo eché de menos al rey Rocas, enamorado del dragón en alguna oscura cueva de la peña carpetana, y conté la antigua leyenda alfonsina a mis mujeres, mientras nos helábamos entre cipreses. Hay mucha muerte en Toledo, me pareció sentir.


Cenamos una fideuá delante de los torpes enredos de Messi, quien no anduvo nada acertado ante el tremendo catenaccio del Ínter. Estábamos de cara al imponente Alcázar. Yo compré una pajarita de metal para mi colección de reproducciones de pájaros que quepan en la mano ("más vale pájaro...") y volvimos obscuri sola sub nocte per umbram hasta Ciudad Real, muy fatigados.

martes, 27 de marzo de 2012

El pronunciamiento carlista de Talavera en 1833.


Antonio Pirala, Historia de la Guerra Civil y de los partidos liberal y Carlista. Escrita con presencia de memorias y documentos inéditos. Madrid: Tipografía de Mellado, 1856, t. I, pp. 403-404:

PRONUNCIAMIENTO EN TALAVERA. VI.

Tan organizada estaba, mucho hacía, la insurrección carlista, que no se esperaba más que la muerte del rey para empuñar las armas.
El primero que las tomó fue don Manuel María González, en Talavera de la Reina. Esta circunstancia excita el interés hacia una persona que legó su nombre a la historia.
 Nació en la villa que inmortalizó Cervantes (el Toboso), y ayudó a sus padres a labrar la tierra.
No tenía aún cuatro lustros, cuando casó con doña Felipa Barbaza, que mejoró su situación. Liberal en 1820, fue alcaide constitucional, miliciano de caballería y afiliado en la sociedad masónica. Encausado y perseguido por sus opiniones, tuvo que acogerse al amparo de su hermano don Rufino, superintendente general de policía del reino, quien consiguió no sólo que se sobreseyese en la causa y cesase su persecución, sino que se le confiriera la administración de correos de Talavera de la Reina, adonde marchó a fines de 1823 con su mujer y cuatro hijos.
Su buena presencia, sus facciones, su genio alegre, sociable y franco (no ocultaba sus ideas, a pesar del sistema que a la sazón regía), le conquistaron las simpatías de todos y hasta llegó a verse nombrado por les realistas comandante del batallón número 15 y comandante de armas del partido, en el que se comprendía a Guadalupe.
De nobles sentimientos, nadie acudió a él en vano y sólo olvidaba su bondad, se desviaba de tan laudable propósito, cuando mediaban resentimientos de rivalidades amorosas, a cuyas aventuras era aficionado.
Así corrió dulcemente su existencia, hasta que en 1832 pasó por Talavera desterrado a Cádiz, donde murió a poco, su hermano don Rufino, consejero ya de Hacienda. Tales consejos le dio, y le hizo tales prevenciones el desterrado, que varió de carácter. Volviose triste, taciturno, y se aisló hasta de sus mejores amigos. No acostumbrados estos a verle de esta manera, empezaron a desconfiar de él y a tratarle con prevención, lo cual aumentó su disgusto, y más que todo el ver que los liberales evitaban las conversaciones políticas en su presencia reputándole afiliado al bando contrario. No se equivocaban.
Dejole su hermano don Rufino recomendado a sus amigos políticos, quienes, desde luego, contaron con él y le iniciaron en los planes de la Junta de Madrid a la cual pertenecía Maroto, que mandaba militarmente en la provincia de Toledo. Ya hemos manifestado el resultado que tuvieron y la prisión de los individuos de aquella junta. Frustrada esta tentativa, volvió González con asiduo afán a sus tareas de la administración hasta que llegó a Talavera un comisionado del gobierno que le formó causa y le condujo preso a Madrid.
El 30 de setiembre, día siguiente al de la muerte del rey, apareció como por encanto en Talavera de la Reina. Oculto, preparó la rebelión, aunque no tan secretamente que no se apercibiese la autoridad, y, al anochecer del 3 de octubre (no del 2, como dice el parte oficial), reunió González las dos compañías de realistas, única fuerza que había en la población, y la distribuyó en varios pelotones, mandados respectivamente por sus hijos don Francisco y don Manuel, bachilleres ambos en leyes, hallándose de alférez en el provincial de Toro el hijo mayor don Juan José (se pasó a las tropas carlistas: sirvió con Cabrera y en 1846 estaba en Marsella y era brigadier).
Depuso a las autoridades, hizo algunas prisiones y se apoderó de los recursos necesarios (de los 500.000 reales que había en la Administración de rentas, sólo dispuso de 60.000), y de algunos caballos y carros.
A la mañana del siguiente día, alumbró el nuevo sol el pendón de Carlos V, proclamado en la plaza por el pregonero público con alarde militar.
A las siete de la mañana marchó a Calera a reunirse con los realistas de este pueblo y con los del batallón de Monbeltrán, ya avisados; mas no acudieron estos. Desordenáronse temerosos los de Talavera, y, puesto al frente de los de Calera y con los jefes que le acompañaban, se dirigió al Puente del Arzobispo. Adversa le fue la suerte; hostilizado por la misma población con que contaba, perdió entre los prisioneros a un hijo. Conducidos a Talavera estos desgraciados, fueron condenados por una comisión militar, expresamente formada, a la última pena, y pasados por las armas, el joven don Manuel González, don Celestino Pabal, Diéguez, el cadete López Salas y el alférez don León Nieto, enrojeciendo el suelo español la sangre de hermanos inmolados en aras de la feroz discordia en la flor de su vida.
Los que siguieron a don Manuel González fueron tenazmente perseguidos por las fuerzas de Guadalupe y otros pueblos, siendo alcanzados en las inmediaciones de Villanueva de la Serena y presos por un destacamento de caballería. Conducidos también a Talavera, otro consejo les condenó a la pena que habían sufrido sus compañeros.
González no llora su suerte: se indigna contra sus amigos políticos que le han abandonado y los desprecia, pensando sólo en su hijo, por quien tanto padece y a quien trata de inspirar valor en el postrer instante. Estrechados cuando ya sus compañeros estaban de rodillas, ahoga su voz el llanto y, sin el consorcio de morir abrazados, riégase de nuevo aquel sitio con su sangre y la de otros cinco compañeros.

Presentamos un libro en Toledo

El 28 de marzo de este año, miércoles, el día antes de la huelga general, a las siete de la tarde, en la Biblioteca de Castilla-La Mancha en Toledo, presentaremos un libro colectivo sobre la cultura en Castilla-La Mancha en el siglo XIX. A causa de la crisis, lo hemos pagado entre todos. Cada sección está escrita por un autor distinto y entre ellos vendrán:


Isidro Sánchez Sánchez
Santiago Arroyo Serrano
Ángel Romera Valero,
Lucía Crespo Jiménez,
José Rivero Serrano,
Antonio Casado Poyales,
Miriam Ballesteros Egea,
María García Sánchez,
Angelina Serrano de la Cruz Peinado,
Jesús Villar Garrido,
Ángel Villar Garrido,
Concha Vázquez Sánchez
y Alfonso González-Calero (Coordinador).

A mí me corresponden diez ejemplares del tocho. Mi materia ha sido la literatura del siglo XIX. Hoy tendría que actualizar más el ensayo y corregir unas cosillas, pero creo que ha quedado bien.

Si queréis venir, estáis invitados a un cafetito. Saludos

sábado, 24 de marzo de 2012

El mejor documental sobre la Guerra Civil

El mejor documental sobre la Guerra Civil, como era lógico pensar, no lo hizo un español, sino un francés, Frédéric Rossif, el año en que yo nacía: 1962. Su título: Mourir à Madrid. Es también uno de los mejores cien filmes franceses de todos los tiempos. Sus imágenes tienen una gran fuerza y nunca han sido vistas, que yo sepa, en España. Pero el filme está en Youtube, subtitulado, aquí. Y no era nada fácil de conseguir. Aviso de que sus imágenes, y bastantes de sus palabras, pueden herir, todavía, las sensibilidades: no se ahorran fusilamientos, cadáveres, sangre y miserias estrictamente contemporáneas. Ni siquiera la ponzoñosa retórica de las dos Españas que intentaron cargarse a la única que merecía la pena, la que no tenía otra bandera que la blanca, o ninguna. La que siempre pierde, gane quien gane.


Rossif nació en Montenegro. Su familia pereció en la Segunda Guerra Mundial; él estudió en Roma y se unió a la Legión Extranjera Francesa combatiendo en Libia, Bir Hakeim y Monte Casino; tras la guerra tomó la ciudadanía francesa en 1947 y vivió en París donde trabó amistad con Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Ernest Hemingway, Malcolm Lowry y Boris VianDesde 1948 organizó, colaborando con la Cinémathèque française, el festival de Antibes, en 1952 trabajó con Jean CocteauA fines de los cincuenta comenzó a escribir y dirigir sus propios filmes, sobre todo documentales, elaborados con materiales de archivo; entre ellos destaca el laureado Mourir à Madrid, ganador del Premio Jean Vigo y nominado para el Oscar al mejor documental, con música de Maurice Jarré. En 1970 realizó su único largometraje no-documental Aussi loin que l'amour, con Salvador DalíColaboró con Vangelis en los documentales L'Apocalypse des animaux, L'opéra sauvage y La fête sauvageSus últimos trabajos fueron De Nuremberg à Nuremberg (1989) y Pasteur le SiècleMurió a los 68 años en París de un ataque al corazón.

De nada.