miércoles, 19 de junio de 2013

Brasil

Juan Arias, "¿Por qué Brasil y ahora?", En El País, 17 de junio de 2013:

Está generando perplejidad, dentro y fuera del país, la crisis creada repentinamente en Brasil por el surgir de las protestas callejeras, primero en las ricas urbes de São Paulo y Río, y ahora extendiéndose a todo el país e incluso a los brasileños en el exterior.

Por el momento son más las preguntas para entender lo que está aconteciendo que las respuestas a las mismas. Existe solo un cierto consenso en que Brasil, envidiado hasta ahora internacionalmente, vive una especie de esquizofrenia o paradoja que aún debe ser analizada y explicada.

Empecemos por algunas de las preguntas:

¿Por qué surge ahora un movimiento de protesta como los que ya están casi de vuelta en otros países del mundo, cuando durante diez años Brasil vivió como anestesiado por su éxito compartido y aplaudido mundialmente? ¿Brasil está peor hoy que hace diez años? No, está mejor. Por lo menos es más rico, tiene menos pobres y crecen los millonarios. Es más democrático y menos desigual.

¿Cómo se explica, entonces, que la presidenta Dilma Rousseff, con un consenso popular de un 75%, -un récord que llegó a superar al del popular Lula da Silva-, pueda ser abucheada repetidamente en la inauguración de la Copa de las Confederaciones, en Brasilia, por casi 80.000 aficionados de clase media que pudieron darse el lujo de pagar hasta 400 dólares por una entrada?

¿Por qué salen a la calle a protestar por la subida de precios de los transportes públicos jóvenes que normalmente no usan esos medios porque ya tienen coche, algo impensable hace diez años?

¿Por qué protestan estudiantes de familias que hasta hace poco no hubiesen soñado con ver a sus hijos pisar una universidad?

¿Por qué aplaude a los manifestantes la clase media C, llegada de la pobreza y que por vez primera en su vida han podido comprar una nevera, una lavadora, una televisión y hasta una moto o un coche de segunda mano?

¿Por qué Brasil, siempre orgulloso de su fútbol, parece estar ahora contra el Mundial, llegando a empañar la inauguración de la Copa de las Confederaciones con una manifestación que produjo heridos, detenciones y miedo en los aficionados que acudían al estadio?

¿Por qué esas protestas, incluso violentas, en un país envidiado hasta por Europa y Estados Unidos por su casi nulo desempleo?

¿Por qué se protesta en las favelas donde sus habitantes han visto duplicada su renta y recobrada la paz que les había robado el narcotráfico?

¿Por qué, de repente, se han levantado en pie de guerra los indígenas que poseen ya el 13% del territorio nacional y tienen al Supremo siempre al lado de sus reivindicaciones?

¿Es que los brasileños son desagradecidos a quiénes les han hecho mejorar?

Las respuestas a todas esas preguntas que producen en tantos, empezando por los políticos, una especie de perplejidad y asombro, podrían resumirse en pocas cuestiones.

En primer lugar se podría decir que, paradójicamente, la culpa es de quien les dio a los pobres un mínimo de dignidad: una renta no miserable, la posibilidad de tener una cuenta en el banco y acceso al crédito para poder adquirir lo que fue siempre un sueño para ellos (electrodomésticos, una moto o un coche).

Quizás la paradoja se deba a eso: al haber colocado a los hijos de los pobres en la escuela, de la que no gozaron sus padres y abuelos; al haber permitido a los jóvenes, a todos, blancos, negros, indígenas, pobres o no, ingresar en la universidad; al haber dado para todos accesos gratuito a la sanidad; al haber librado a los brasileños del complejo antaño de culpa de “perros callejeros”; al haber conseguido todo aquello que convirtió a Brasil en solo 20 años en un país casi del primer mundo.

Los pobres llegados a la nueva clase media han tomado conciencia de haber dado un salto cualitativo en la esfera del consumo y ahora quieren más. Quieren, por ejemplo, unos servicios públicos de primer mundo, que no lo son; quieren una escuela que además de acogerles les enseñe con calidad, que no existe; quieren una universidad no politizada, ideologizada o burocrática. La quieren moderna, viva, que les prepare para el trabajo futuro.

Quieren hospitales con dignidad, sin meses de espera, sin colas inhumanas, donde sean tratados como personas. Quieren que no mueren 25 recién nacidos en 15 días en un hospital de Belem, en el Estado de Pará.

Y quieren sobre todo lo que aún les falta políticamente: una democracia más madura, en la que la policía no siga actuando como en la dictadura; quieren partidos que no sean, en expresión de Lula, un “negocio” para enriquecerse; quieren una democracia donde exista una oposición capaz de vigilar al poder.

Quieren políticos con menor carga de corrupción; quieren menos despilfarro en obras que consideran inútiles cuando aún faltan viviendas para ocho millones de familias; quieren una justicia con menor impunidad; quieren una sociedad menos abismal en sus diferencias sociales. Quieren ver en la cárcel a los políticos corruptos.

¿Quieren lo imposible? No. Al revés de los movimientos del 68, que querían cambiar el mundo, los brasileños insatisfechos con lo ya alcanzado quieren que los servicios públicos sean como los del primer mundo. Quieren un Brasil mejor. Nada más.

Quieren en definitiva lo que se les ha enseñado a desear para ser más felices o menos infelices de lo que lo fueron en el pasado.

He escuchado a algunos decir: “¿Pero qué más quiere esta gente?" La pregunta me recuerda la de algunas familias en las que después de dar todo a los hijos, según ellos, estos se rebelan igualmente.

Se olvidan a veces los padres de que a ese todo le faltó algo que para el joven es esencial: atención, preocupación por lo que él desea y no por lo que a veces se le ofrece. Necesitan no solo ser ayudados y protegidos, llevados de la mano, quieren aprender a ser ellos protagonistas.

Y a los jóvenes brasileños, que han crecido y tomado conciencia no solo de lo que tienen ya, sino de lo que aún pueden alcanzar, les está faltando justamente que les dejen ser más protagonistas de su propia historia, más aún cuando demuestran ser tremendamente creativos.

Que lo hagan, eso sí, sin violencia añadida, que violencia ya le sobra a este maravilloso país que siempre prefirió la paz a la guerra. Y que no se dejen coptar por políticos que intentarán montarse sobre su caballo de protesta, para vaciarla de contenido

En una pancarta se leía ayer: “País mudo es un país que no muda”. Y también, dirigido a la policía: “No disparéis contra mis sueños”. ¿Alguien puede negar a un joven el derecho a soñar?.

lunes, 17 de junio de 2013

Vergüenza de un español en Alemania

Rosalía Sánchez, "La vergüenza de un español en Alemania. Juan Moreno se niega a pronunciar el pregón de las fiestas de su pueblo", El Mundo, 13/06/2013:

Juan Moreno es un brillante periodista español que vive en Berlín. Su crónica en 'Süddeutsche Zeitung' ha sido objeto de un libro, es comentarista de radio en WDR y escribe también reportajes para el semanario 'Der Spiegel', en el que acaba de firmar un estremecedor artículo en el que renuncia públicamente a su pasaporte español.

El detonante de este borbollón de amargas reflexiones y encontrados sentimientos ha sido la invitación por parte del Ayuntamiento de su localidad natal, ubicada en Almería, a pronunciar el pregón de las fiestas el próximo mes de octubre.

El hecho de enfrentarse a un papel en blanco en el que escribir lo que les diría a sus compatriotas ha desencadenado un torrente de amargas convicciones que, encadenadas unas con otras, parecen haberle situado ante el espejo de su propia identidad, que ya no es española.

Para empezar, se pregunta por qué en su pueblo, en lugar de llamarle a él, no le han ofrecido ese honor a su padre, que volvió a España hace ya muchos años después de haberse ganado la vida en Alemania como Gastarbeiter. "Mi padre fue solo cuatro años a la escuela, creció en una casa sin electricidad ni agua caliente, cumplió 18 años sin haber utilizado un cuarto de baño. Por eso, cuando le preguntaron en la oficina de reclutamiento alemana si sería interesante para él un trabajo en la Instalación de Aguas, respondió que la Instalación de Aguas era su pasión", escribe en su artículo titulado 'Amigos'.

"Posiblemente mi padre es el responsable de la mayor serie de reparaciones de cuartos de baño de la historia de Offenbach", prosigue, "pero no estuvo nunca en paro, ni un solo día. Y eso no es algo de lo que puedan presumir muchos andaluces".

Recuerda que en su solicitud de ingreso a la Escuela de Periodismo Alemana, cuando tenía 27 años, escribió orgulloso: "Me llamo Juan Moreno y vengo de un pequeño pueblo andaluz en el que los hombres todavía son hombres y por ese motivo las ovejas deben tener miedo".

Del dopping a la corrupción

Ahora, 14 años después, sus padres están "aterrorizados" ante la posibilidad de que, en el pregón, diga lo que realmente piensa sobre el pueblo y sobre España en general. "¿Por dónde debería empezar, amigos? ¿Por los 200 políticos españoles que deben responder por casos de corrupción?", se pregunta.

Duda entre referirse primero a los casos de dopping que acaban con escuetas penas de libertad condicional, y sospecha qué dirían los del pueblo si aludiese a la belleza de las playas españolas, sembradas con 24.000 casas que violan impunemente la ley de costas. Añade, con cierto bochorno, las declaraciones de la ministra Fátima Báñez que atribuía la marcha de España de miles y miles de jóvenes al ansia de aventuras. "Se mudan de Madrid a Delmenhorst porque quieren armar la marimorena", ironiza.

Recuerda con tristeza que "España tiene los políticos que se merece. Ni un solo político español ha dado un golpe para hacerse con el poder". "Estoy harto del gimoteo en los cafés, del despotrique sobre Merkel, sobre Europa, ya no lo soporto más. Cuando la música todavía sonaba en la gran fiesta española, nadie se interesaba por Merkel", nos reprocha a sus compatriotas.

"España es un país en el que los políticos de los pueblos ganan elecciones porque traen grupos de música populares a las fiestas o porque les ponen nombres a las calles sobre los que las comunidades no pueden ni hablar. Un país en el que hasta los conventos le pagan en negro al jardinero. Un país en el que hay pueblos, como el de mis padres, en el que la mayoría de los habitantes o trabajan en negro, o no pagan impuestos como deben o le deben su empleo a los amigos políticos", continúa con amargura, para concluir que "al honor de semejante país, prefiero no pronunciar ningún discurso".

Juan Moreno se despide: "Me quedo en casa, en Alemania".

viernes, 14 de junio de 2013

Un caso más de manipulación informativa

Por cortesía de Isidro Sánchez:

Vicenç Navarro, "¿Es España una democracia? El caso de las pensiones", en Público, 12 jun. 2013
     
A  primera vista esta pregunta parece una provocación. Dudar de que España sea una democracia parece reflejar una ignorancia acerca de lo que es una dictadura. Y los que hemos vivido y sufrido una dictadura podemos atestiguar que España hoy no es una dictadura. Ahora bien, tampoco es una democracia homologable a la de la mayoría de países de la Unión Europea de los Quince (UE-15) que tienen un desarrollo económico semejante al español. Y uno de los indicadores más significativos de lo que digo es lo limitadísimo que es el espectro ideológico en los medios de mayor difusión, sean estos públicos o privados. Veamos un ejemplo.

Hace unos días se publicó un informe de una Comisión llamada de Expertos, que fue nombrada por el gobierno del PP con el objetivo de hacer recomendaciones que, en teoría, pudieran garantizar la solvencia de las pensiones públicas en España. Esta Comisión estaba integrada en su mayoría por profesionales próximos a las Compañías de Seguros Privados y a la Banca (9 miembros de un total de 12), instituciones financieras que tienen un gran interés en privatizar las pensiones a base de reducir las pensiones públicas. En cualquier país con mayor cultura democrática, habría una protesta, expresada entre otros fórums, en los medios de mayor difusión, denunciando el claro conflicto de intereses entre dichos profesionales y el objetivo asignado a la Comisión, que era hacer un estudio objetivo de la situación, para mejorarla. Este objetivo estaba claramente en conflicto con los intereses de las Compañías de Seguros y de la Banca que aquellos miembros de la Comisión representaban. Ni que decir tiene que esta representatividad no era formal. Pero su dependencia de las instituciones que habían financiado sus trabajos les hacía vulnerables y sospechosos de una falta de neutralidad e imparcialidad. En realidad, todos ellos eran conocidos por sus posturas favorables a las tesis de las Compañías de Seguros y de la Banca, lo que explica que el informe pudiera haberlo escrito la propia asociación de Compañías de Seguros (de las cuales recibían dinero) o de la Banca (de la que también recibieron fondos). Todo era muy predecible.

En un país democrático esto hubiera sido objeto de denuncia en los medios de información. No ha sido así en nuestro país. Todos estos medios continuaron refiriéndose a la Comisión como “Comisión de Expertos”, ignorando que tales medios tienen entre sus objetivos (al menos en teoría) la vigilancia del Estado y crítica de sus comportamientos antidemocráticos. Referirse a tal Comisión como de Expertos, es darles una legitimidad que no se merecen.

El sesgo abusivo de los medios de información y persuasión

Pero la cosa es incluso peor. Si miramos los artículos de los cinco rotativos de mayor difusión del país (El País, La Vanguardia, El Periódico, el Mundo y ABC), podemos ver que todos ellos publicaron este último fin de semana (tanto en las páginas de opinión como en sus páginas económicas) artículos apoyando las tesis de que hay que recortar las pensiones, tal como promovía la mal llamada Comisión de Expertos. Un total de 23 artículos. Y ni uno (repito, ni uno) de esos artículos cuestionaba la tesis de que los recortes de las pensiones -que la “Comisión de Expertos” estaba recomendando- fueran necesarios. Es más, en todos ellos se afirmaba que había un consenso nacional e internacional entre todos los expertos en el tema de las pensiones sobre la necesidad de recortar las pensiones públicas. Un ejemplo, entre otros, es el de la profesora Concepció Patxot, de la Universidad de Barcelona, en su artículo “El Estado de Bienestar, más allá de las pensiones” (La Vanguardia, 09.06.13). Otro ejemplo era el artículo del Catedrático Josep Oliver titulado “Los inevitables recortes en pensiones” (El Periódico, 08.06.13), rotativo que también se ha distinguido por promover los recortes de pensiones públicas, escribiendo un editorial durante el fin de semana en apoyo de los recortes. Editoriales semejantes han aparecido en los otros rotativos. Ni uno ha escrito en contra de dichos recortes de las pensiones.

Además de esta campaña propagandística a favor de los recortes de las pensiones (que de seguirse la metodología de cálculo de las pensiones propuesta por la supuesta Comisión de Expertos serían los más acentuados en el país de la UE-15 que se gasta menos en pensiones), estos rotativos han invitado a dirigentes de la Banca y de las Compañías de Seguros para que expongan sus puntos de vista sobre la viabilidad de las pensiones. Así, El País, el mismo día que publicaba todos los artículos de apoyo a los recortes (07.06.13) invitó al aristócrata Henri de Castries, Conde de Castries, presidente y consejero delegado de la compañía de seguros AXA, para que opinara sobre el futuro de las pensiones públicas y, como era de esperar, auguró un futuro catastrófico para tales pensiones, aconsejando a la gente que fuera corriendo a la Banca y a las Compañías de Seguros para hacerse un plan de jubilación privado. El título de esta presentación era “¿Quiere una pensión decente? Ahorre. El Estado no se la dará”. El aristócrata indicó que no solo las pensiones, sino todos los servicios públicos, deberían privatizarse, porque la gente se ha malacostumbrado y exige más de lo que el Estado puede y debe ofrecerle. Y, por si no quedaba claro, enfatizó que el sistema sanitario público debe servir solo para emergencias (es decir, para casos muy costosos) pero no para ofrecer confort (y calidad de vida) al ciudadano. Y para acentuar todavía más su carácter reaccionario (y no hay otra manera de decirlo) indicó que los salarios estaban demasiado altos, añadiendo: “¿Dónde está escrito que los salarios solo puedan subir? (…) Los salarios deberían poder descender”. Y también, como era de esperar, repitió el mismo argumento de que la edad de jubilación obligatoria se hizo ya hace más de cincuenta años y que, por lo tanto, debería cambiarse. Es interesante notar que los que aducen estos argumentos nunca han dicho que el horario laboral diario de 8 horas se aprobó a finales del siglo XIX, hace ya más de un siglo, y en cambio no han recomendado cambiarlo.

Este artículo es la guinda que termina la avalancha ideológica. Ni que decir tiene que esta campaña carece de la más mínima sensibilidad democrática y refleja una prepotencia que caracteriza al establishment español. La arrogancia de este establishment es única en la UE-15. España tiene uno de los Estados del Bienestar más pobres de la UE-15, unos de los salarios y de las pensiones más bajos, y todavía quieren recortarlos más y más. Las clases populares deberían movilizarse y no estaría de más que se comenzaran a hacer escraches también a los medios de desinformación que existen en España. Es obvio que son parte del problema y debería denunciárseles. El enriquecimiento de la democracia exige en nuestro país un cambio profundo de sus escasamente democráticos medios de información. Éstos, en realidad, son más de persuasión que de información.

En contra de lo que se indica, la gran mayoría de expertos a nivel internacional en temas de Seguridad Social no consideran que las pensiones públicas sean inviables (véase el libro Social Security. The Phony Crisis, de Dean Baker y Mark Weisbrott, de la University of Chicago Press, y el libro Lo que debes saber para que no te roben la pensión de Vicenç Navarro y Juan Torres, de la Editorial Espasa). Todo lo contrario. Hoy España se gasta muy poco en pensiones. Y las pensiones, incluyendo las contributivas, son bajas. La evidencia de ello es abrumadora. Pero las voces que cuestionan la sabiduría convencional en España se han mantenido fuera del circuito, marginadas, pues los establishments financieros, políticos y mediáticos saben lo frágiles que son sus argumentos, muy vulnerables a desaparecer, si pudieran mostrarse los enormes fallos de su estructura ideológico-intelectual, que promueven los medios.

Carles Casajuana, Inercias sin corregir y problemas sin resolver lo vienen todo a joder

Carles Casajuana, "Inercias y reformas largamente aplazadas. Sin una mejora institucional será difícil que volvamos a la prosperidad", El País, 14-VI-2013:

Había alguna persona medianamente informada en España, hace 10 años, que no supiera que la educación en nuestro país era deficiente, que la lentitud y la politización de la justicia eran un escándalo, que los partidos políticos gastaban más de lo que ingresaban legalmente, que muchos Ayuntamientos se estaban endeudando hasta las cejas para financiar proyectos faraónicos a costa de las generaciones futuras y que la gentileza de los notarios al señalar a los compradores de viviendas la cantidad que debía figurar en la escritura y la que se podía pagar aparte, en efectivo, era poco acorde con nuestra aspiración a ser considerados un país europeo serio?

En su Weekend de verano en Nueva York en 1954, ese Josep Pla que se calza una boina para hacerse el inocente y sorprendernos con su socarronería contempla el soberbio skyline de Manhattan con las luces de los rascacielos encendidas y se pregunta: “Y todo esto, ¿quién lo paga?”. La pregunta nos hace sonreír, pero a la vez nos mete de lleno en el meollo de la cuestión. Aquí debimos hacernos la misma pregunta. Esos aeropuertos, esas autopistas, esas campañas electorales, ¿quién los pagaba?

De repente, con la crisis económica mutando en crisis política, parece como si nos cayéramos del guindo y las implicaciones políticas y económicas de tanto derroche y de tantas ineficiencias y corruptelas fueran nuevas. Pero ahí estaban los informes Pisa, señalando tozudamente un año tras otro las carencias de nuestro sistema educativo. No era difícil sacar conclusiones sobre nuestro futuro. Ahí estaban esas antipáticas listas de las 100 mejores universidades del mundo en las que —¿cómo era posible?, qué desvergüenza, tenían que estar amañadas a la fuerza— no aparecía nunca ninguna española.

Muchas recalificaciones de terrenos olían mal. Todos lo sabíamos. Saltaba a la vista que los partidos políticos gastaban mucho dinero, igual que tantos Ayuntamientos y Gobiernos autónomos. Pero todos gastábamos más de lo que teníamos, de modo que no les íbamos a reprochar que hicieran lo mismo. Nos asombraba leer que los jueces dictaban sentencias sobre asuntos acaecidos 10 o 12 años antes. Nos preguntábamos por qué en los países de nuestro entorno un político corrupto o un estafador de altos vuelos podía ser enviado a la cárcel con una sentencia firme en cuestión de meses y aquí los procesos se eternizaban. Pero nos decíamos que lo mejor que se podía hacer con nuestra justicia era evitarla y no pensábamos más en ello.

Los cambios para modernizar España se enfrentan a intereses poderosos.

Éramos conscientes de que un mercado laboral dual con contratos fijos sobreprotegidos y contratos basura sin protección de ningún tipo era, además de injusto, muy ineficiente. Sabíamos que un tsunamidemográfico amenazaba nuestro sistema de pensiones. Había que tener los ojos cerrados para no ver cómo la Administración creaba organismos, agencias, fundaciones y todo tipo de entes con el objeto de desarrollar actividades de naturaleza pública en régimen de derecho privado, para zafarse de las rigideces propias del derecho administrativo y para poder contratar a personas afines sin obstáculos legales. Sabíamos que el omnipresente ¿con IVA o sin IVA? era un cachondeo.

Pero un curioso velo nos impedía sacar las conclusiones lógicas de todo ello. Bastaba con hojear algún periódico con regularidad para comprender que la suma de todos estos factores hacía nuestra prosperidad insostenible. Ahora, cuando leemos Todo lo que era sólido, el esclarecedor ensayo de Muñoz Molina, o Qué hacer con España, con el agudo diagnóstico y las atrevidas propuestas de César Molina, o releemos los artículos de Javier Marías, que también nos lo advirtió, nos llevamos las manos a la cabeza. Pero en realidad, si lo pensamos bien, todos sabíamos lo que estaba ocurriendo.

Y, sin embargo, por una extraña razón —probablemente la misma que entonces nos impidió calibrar el alcance de lo que veíamos—, todavía nos resistimos a admitir que la mayoría de estas ineficiencias persisten y que, a menos que concentremos todas nuestras energías en corregirlas, nuestro futuro se presenta muy problemático. Parece como si todos estos cheques que nos presentan al cobro a la vez los hubiera firmado otro. Seguimos pensando que tiene que haber un error.

Si lo pensamos bien, todos sabíamos lo que estaba ocurriendo
No queremos ver que no es únicamente un problema de deuda, de falta de crédito, de una errada política europea de austeridad, y que es mucho lo que podemos hacer si no queremos estar a merced de los vaivenes de la economía mundial. Que no es una cuestión de cifras y de recortes, sino de reformas largamente aplazadas. Que sin un esfuerzo masivo para mejorar nuestro capital humano mediante un sistema educativo que favorezca la innovación y sin un fomento decidido de la investigación, nos será muy difícil competir en el actual mercado globalizado. Que la exasperante lentitud de nuestra justicia es un pesado lastre, además de una lacra decimonónica. Que las disfuncionalidades del mercado de trabajo son poco compatibles con una economía próspera y competitiva. Que, a menos que reformemos muy en serio nuestras Administraciones —la central, las autónomas y las locales—, no le faltará una parte de razón al gracioso que decía que la única diferencia entre los funcionarios y los que no lo son es que los que no lo son trabajan para la Administración sin pasar examen de ingreso. Que la grave crisis de confianza en la clase política exige medidas para incrementar la democracia y la transparencia de nuestros partidos políticos —como están reclamando varios movimientos de la sociedad civil— y, en definitiva, que sin una mejora del funcionamiento de nuestras instituciones va a ser muy difícil que regresemos a la senda del crecimiento y de la prosperidad.

Soy de los que creen que tenemos reservas para hacer frente al descubierto, que nuestro activo en términos de creatividad, de dinamismo y de capacidad de superación compensa con creces el pesado lastre de este pasivo. Se trata de no dejarnos vencer por el fatalismo, de no resignarnos a la idea de que, en realidad, siempre fuimos un país cutre —ese viejo país ineficiente del conocido poema de Jaime Gil de Biedma— y que el esplendor del largo periodo expansivo anterior a la crisis fue un espejismo. Si hoy es posible obtener un pasaporte en media hora, ¿por qué no ha de ser posible crear una empresa y comenzar a contratar gente en menos de una semana? Si tenemos algunas de las mejores escuelas privadas de negocios, del mundo, ¿por qué no podemos tener una universidad pública del mismo nivel?

Es cierto: la suma de estas inercias supone una carga muy onerosa y su superación no es fácil. Hay que enfrentarse a poderosos intereses creados, vencer resistencias muy tenaces. Las reformas necesarias son complejas y los resultados pueden tardar años. Pero cuanto antes nos pongamos, sin engañarnos ni hacernos trampas en el solitario, más fácil será salir a flote. Todas las crisis pasan. Esta también pasará. Sería bueno que saliéramos de ella un poco mejor que como entramos.

Carles Casajuana, exembajador de España en Reino Unido, es diplomático y escritor.

sábado, 8 de junio de 2013

Política porcina

Mirar al futuro es algo que deberían hacer los políticos y las gitanas, no yo. Es más fácil explicar las causas de las cosas que figurarse sus consecuencias. Por eso un político acertado vale más que un historiador acertado. Por eso el político malo resulta mucho más dañino que un historiador mendaz. El político lo tiene más difícil. Al padre preocupado, si un hijo le dice que quiere gobernarnos a todos, como el anillo de Sauron, debería enviarlo al médico. Aquí los enviamos al Congreso de los Imputados.

El político debería de disimular sus torpezas a los demás, no a sí mismo, si realmente quiere conducirnos a un futuro mejor; pero el peligro es que puede terminar creyéndose sus propias mentiras y asumir que no es responsable de ese futuro que nunca, en realidad, ha visto, y eso es lo que ocurre casi siempre. Tenemos la costumbre de llamar "sabios" a los que nos gobiernan, cuando en realidad son casi todos unos gilipollas, ya sea con primogenitura o de forma vicaria. Ejemplos los hay a montones; algo muy parecido sufren los artistas o deportistas endiosados por la gilipollez. Por demás, como la mayoría de los políticos prefiere ignorar la historia, esto es, las causas de los hechos, buenos o malos, e ignorar otro futuro que el suyo propio, son de hecho no malos, sino peores. Porque los hechos demuestran que solo hay dos tipos de políticos: los malos y los peores.

Defino como gilipollas al tonto que, encima, está orgulloso de serlo, porque es incapaz de asumir su necedad (asumirla exige humildad, voluntad, trabajo, ayuda, hombría, nobleza y modestia, palabras que no aparecen en los periódicos). Son también gilipolláceos los que asumen vicariamente la tontería de otro sin rechazarla o (que es lo que debería hacerse y jamás se hace) enmendarla. Un político malo honesto puede reconocerse porque está sucio por fuera, pero no por dentro, ya que dedica mucha parte de su tiempo a mantener la casa limpia. Si usted quiere saber si un político vale la pena, pregúntele quién saca la basura en su casa. Si no es él, no le vote, porque será un narcisista, un corrupto y un gilipollas en potencia, envuelto en una inocente placenta de traje inmaculado y corbata umbilical; es un bonito. Un político honesto está siempre rodeado de inmundicia, como Cristo de ladrones, y termina atacado de los nervios o con el corazón encogido, como Julio Anguita.

Churchill tenía un secretario de su edad pero con una salud perfecta y una estampa envidiable, y el famoso mandatario le preguntó qué hacía para estar tan bien. "Yo camino diez kilómetros al día" dijo, "no bebo, no fumo, me acuesto siempre a las once y procuro comer lo justo". Entonces Churchill le dijo: "Yo tomo seis tipos distintos de pastillas; no duermo; me acuesto cuando puedo; fumo muchísimo; no puedo perder el tiempo en caminar; trabajo sin parar; bebo demasiado, como como un animal, no sé nunca a qué hora voy a volver a casa... y, además, soy su jefe".

Muchos políticos españoles han escrito autobiografías; yo me he leído algunas. Casi todas defraudan por su falta de chicha humana: son obras de arte de la difamación, la traición y la elipsis; algunas, de hecho, son auténticas obras de ficción, como Cabos sueltos, de Tierno Galván, que se inventó a sí mismo y sabía cómo hacerlo; su prosa vale la pena. No tanto la de Herrero de Miñón en sus Memorias de estío, de las que sin embargo me quedé con aquello de "una juventud monclovita más estudiante que estudiosa"; para ser alguien que nunca tuvo idea de derecho constitucional, aunque lo enseñara y ayudara a escribir una despreciando olímpicamente la teoría pura del derecho de Kelsen, no es mala frase y creo que incluso habría podido llegar a saber algo, como indica el final de su libro, donde insinúa que una impersonalidad sin sujeto recuperable gobierna la vida política. Una de las mejores escritas es la de Leopoldo Calvo Sotelo, algo insólito, porque se trata de un ingeniero con dotes literarias; él hablaba del "complejo de la Moncloa" en sentido recto y figurado; decía que cualquier presidente que se instalara allí terminaba sufriendo una transformación que lo convertía en un fantasma insomne, malhumorado y quejica. Los pasajes más divertidos son aquellos en los que se pone a comentar el distraído arte ornamental que Pío Cabanillas esbozaba en las cuartillas de los consejos de ministros. Ese tiempo ya no es de los nuestros.

Uno suele desconfiar de los políticos bien planchados, aseados, delgados y bonitos, que siempre se mantienen flotando sobre la mierda a causa de su blanquísima aura de optimismo, y prefiere a los políticos negros, sucios, pesimistas, porcinos y gruñones, amantes de las cuentas, pero no de los cuentos. Los primeros siempre andan rodeados de espejos que les impiden ver la verdad; en realidad no quieren saber la verdad y si pasaran a su lado no la reconocerían; no es que la rechacen, es que, como Pilatos, no saben qué es; no la han visto nunca. Los segundos preferirían no haberla visto, una vez, ocasionalmente, hace años, y han hecho una costumbre de tragar sapos y arrojar fuego y veneno. Oyéndolos parece uno escuchar los lamentos en el desierto de Isaías y ya anda buscando algo para protegerse de los siete ángeles y las siete trompetas. A estos políticos los llamo porcinos porque para ellos no hay futuro, y, si lo hay, lo ven negro como el consolador de un negro marica, y perdón por el racismo involuntario; al final a todos ellos les llega su San Martín. Son políticos malos, pero los otros son peores. 

Sin embargo, los políticos que disfrutamos los españoles son muy parecidos a los de la corrompida Kansas que describió Ambrose Bierce en una de sus fábulas:

Un miembro del parlamento de Kansas se cruzó con una pastilla de jabón y pasó junto a ella sin reconocerla; pero el jabón insistió en que detuviera su marcha para estrecharle la mano. Pensando que se encontraba en el goce de su inmunidad parlamentaria, el legislador le dio un intenso y cordial apretón. Al seguir su camino, se percató de que una parte del jabón había quedado adherida a su palma. Así que corrió muy alarmado hacia un arroyo y procedió a lavarse la mano. Para hacerlo se vio obligado a frotarse ambas manos hasta el punto de que, habiendo quedado muy blancas, se metió en la cama y mandó llamar a un médico. 

Funcionario significa servidor; si algo no funciona no sirve; un funcionario resuelve problemas, no los causa; a un político cabe pedirle lo mismo, que parece demasiado. El único aceptable y deseable es el que sirve como servidor público; no complica los problemas, sino que los arregla o pone en vías de solución. De estos no ha aparecido ninguno hasta ahora en ese Congreso que dice representar a los españoles con una Constitución de hace cuarenta años.

miércoles, 5 de junio de 2013

El clima ya ha cambiado. España no tendrá veranos.

Para verlo con diagramas, aquí.

Queridos lectores,

Hace pocos días tuve la ocasión de encontrarme con varios investigadores españoles con ocasión de la lectura de una tesis en la que, ellos y yo, formábamos parte del tribunal de evaluación. Durante la cena del día anterior a la lectura tuve una curiosa conversación.

- La probabilidad de que este año sea un año sin verano es ahora mismo del 75%

Quien así hablaba no era un bocazas desinformado, sino uno de los responsables de un servicio meteorológico autonómico de España.

- MétéoFrance y MetOffice dan esta previsión; los americanos aún no lo ven claro, sus modelos están indecisos. El caso es que el Jet Stream está cambiando.

Efectivamente, parece que la Corriente de Chorro polar está cambiando. Esta corriente es responsable de mantener un clima templado y relativamente húmedo en Europa, y también tiene otros efectos en los EE.UU. Algunas de las figuras que usaré más abajo, así como una excelente explicación de qué está pasando, puede encontrarse en la web de Skeptical Science, concretamente en el artículo “A Rough Guide to the Jet Stream: what it is, how it works and how it is responding to enhanced Arctic warming“.

Normalmente esta corriente atmosférica desarrolla unos meandros ondulantes moderados. Sin embargo, los meandros que se están desarrollando son más grandes: se internan mucho más hacia el sur, y su velocidad de fase (a qué velocidad se desplazan estas ondas a lo largo de la corriente de chorro) es mucho menor. La siguiente figura muestra las dos posibles situaciones: la normal (línea roja, marcada como “zonal flow”) y la que se está desarrollando ahora (línea naranja, etiquetada como “meridional flow”).

Parece que la razón por la que pasa esto es por la disminución del gradiente meridional de temperaturas, es decir, que la diferencia de temperaturas entre el Ecuador y el Polo Norte ha disminuido, fruto del rápido calentamiento de éste último. Hasta ahora el Ecuador era mucho más caliente que el Polo Norte y la corriente de chorro era vigorosa y con meandros pequeños. En la actualidad el Ecuador se ha calentado un poco pero el Polo Norte se ha calentado mucho. Por supuesto el Polo Norte sigue siendo mucho más frío que el Ecuador, pero por menos grados centígrados que antes; como consecuencia, la corriente de chorro se hace más perezosa, con divagaciones amplias y propagándose más lentamente. En ocasiones, incluso, el progreso de las ondas se detiene, y según si estamos en un valle o en una cresta de la ondulación tenemos un influjo continuado y durante días de aire tropical o de aire polar. Eso es lo que estaría causando la situación actual.

Cuando los meteorólogos dicen que hay un 75% de probabilidades de que este año no haya verano lo que dicen es que, de acuerdo con sus modelos, el 75% de las configuraciones que prueban llevan a una situación donde el verano es fresco, con frecuentes bloqueos de aire frío alternados con otros bloqueos de aire caliente. Los modelos tienen muchas aproximaciones y tampoco conocemos todos los datos de entrada para alimentarlos, con lo cual la incertidumbre está servida y por eso se prueban diferentes configuraciones. En todo caso, lo que sí que se está observando es que la corriente de chorro va mucho más al sur ahora mismo.

¿Y cuánto más va a durar esto? Como saben, en el Ártico el deshielo avanza rápido e imparable.

Y en Groenlandia en Julio pasado la práctica totalidad de la capa superficial de hielo (unos pocos centímetros) se fundió durante 4 días:

Por tanto la cuestión ya no es si este año tendrá verano o no; la cuestión es que el riesgo de no tener verano en Europa será permanente desde ahora hasta que el hielo del Ártico se funda por completo, y quizá durante unos años más, hasta que se estabilice una nueva situación que no tiene por qué ser igual que la anterior. En definitiva, que no es el que el clima vaya a cambiar: es que ya ha cambiado, y no sabemos lo que nos espera. Y si se preguntan cuándo se acabará de fundir el hielo ártico, las estimaciones actuales apuntan a que será en algún verano de aquí a 2020… El futuro fue ayer: hemos llegado a la era de las consecuencias.

A cambio de su información sobre este nuevo problema climático yo le expliqué a mi interlocutor lo que es el Peak Oil y sus consecuencias, de las que nada sabía el pobre. En suma: que le di la cena.

- Eso es mucho peor que el cambio climático – me dijo al final- ¿para qué preocuparnos por el cambio climático si podemos acabar antes en Mad Max?

- ¿Antes? – contesté yo- Qué va: al tiempo. El gran problema que tenemos es que tendremos que hacer frente a una grave disrupción climática justo en el momento en que tendremos menos recursos. La gente cree que vamos hacia una guerra, y quizá tienen razón, pero no han identificado correctamente el objetivo. No vamos a la guerra contra otros humanos, sino contra el clima.

Por si acaso se lo preguntan, el cuadro con el que abro el post tiene bastante conexión con el tema que se discute hoy. La última vez que hubo un año sin verano fue en 1816. En aquel entonces, la causa de esa falta de verano fue la reducción de las temperaturas globales debido a la proyección de cenizas volcánicas a gran altura que apantallaron la radiación solar en todo el globo (un efecto similar a un invierno nuclearpero a menor escala). Se ve que varias erupciones volcánicas de importancia tuvieron lugar durante los años anteriores a 1816, y fueron culminadas por la erupción del monte Tambora en 1815, en una explosión devastadora. La presencia de cenizas volcánicas por toda la atmósfera terrestre causó unos atardeceres mortecinos de característico color ámbar, como los que ilustra el cuadro de Turner. Sólo que ahora el mecanismo es diferente: la luz de Sol no está siendo apantallada, sino que la circulación general de la atmósfera está cambiando. Y el cambio está entrando en una fase de aceleración.

¿Qué impacto tendrá los nuevos años sin verano? Con frío y sin Sol el trigo y demás cereales no pueden crecer; incluso, algunas cosechas se pueden arruinar por la alternancia entre semanas secas y cálidas y semanas frías y lluviosas. En 1816 el fracaso de las cosechas en Europa causó hambrunas y revueltas. En cuanto a los EE.UU., se cree que el desvío de la corriente de chorro hacia el Sur en torno a 1930 fue una de las causas de la Dust Bowl (“tazón de polvo”), la sequía extrema que arrasó las llanuras centrales. Recuerden que el verano pasado fue justamente muy árido en los EE.UU., lo que invita a pensar que está volviendo a pasar.

Estamos acostumbrados a pensar que en el opulento Occidente no nos va a faltar comida; quizá tendremos que esperar a dos o tres años sin verano en Europa y con sequía en los EE.UU. para ver qué equivocados estamos, a ver si podemos pagar con iPhones los camiones de grano que necesitaremos. Si al final las peores previsiones se cumplen las Guerras del Hambre estarán a la vuelta de la esquina. Incluso algunos de los pocos que comprenden la magnitud del problema creen que estamos destruyendo el planeta. Ilusos y soberbios: en realidad, estamos destruyendo nuestro hábitat, solamente.

martes, 4 de junio de 2013

Por qué fracasan los países

Joseba Elola, El País, 4 junio 2013: "James A. Robinson: “Tanta desigualdad es corrosiva para la sociedad” 

En medio de la confusión de la crisis surgió este profesor de Harvard con un discurso discordante: en el origen de la recesión se hallan unas élites que extraen los recursos de la población.

Cuando la crisis griega estalló en toda su crudeza, enseguida surgieron voces diciendo que la culpa era de los griegos. Ean unos vagos. No trabajaban duro. Se tomaban demasiadas vacaciones. Y de repente empezó a emerger un relato alternativo que aplicaba las teorías desarrolladas por Daron Acemo­glu, profesor de Economía en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), y por James A. Robinson, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard. Este relato aplicaba el concepto de las élites extractivas, aquellas que mantienen o promueven sistemas que extraen los recursos de la población. Fue entonces cuando James A. Robinson comprendió el alcance y el impacto de la obra que ha firmado junto a su compañero Acemoglu.

James A. Robinson, de 53 años, es un investigador sonriente. Sí, le gusta tanto su trabajo, le gusta tanto intentar explicar cómo funciona el mundo, que responde a las preguntas durante la entrevista con una sonrisa en la boca casi permanente. Nos encontramos en una sala del hotel Krasnapolsky de Ámsterdam. El prestigioso politólogo y economista de Harvard está de paso por Holanda para impartir una serie de conferencias.

PREGUNTA: ¿La crisis actual es una crisis del capitalismo?

RESPUESTA: No, no lo creo. El capitalismo tiene crisis recurrentes. Hubo una en los setenta, otra en los treinta, una a finales del XIX… Las crisis son periódicas.

Robinson es un economista precoz. Empezó a interesarse por la economía a la temprana edad de 14 años. Su padre trabajaba en los programas de descolonización en África, con lo que su infancia transcurrió en lugares como Barbados, Trinidad y varios países de África occidental. El contraste con su Inglaterra natal era notable. Estudió Economía y Ciencia Política en la prestigiosa London School of Economics, se doctoró en la Universidad de Yale (Estados Unidos), y su primer trabajo como profesor lo consiguió en la de Melbourne (Australia).

Las cosas no seguirán como hasta ahora. Habrá una reacción violenta”
Por qué fracasan los países (Deusto), el libro que firma junto a Acemoglu, es continuamente citado por economistas de todo pelaje –algunos, como George Akerlof, premio Nobel en 2011, han llegado a comparar su contribución con una de las obras cumbre de la historia del pensamiento económico, La riqueza de las naciones, de Adam Smith–.El tratado hace un exhaustivo análisis histórico para intentar explicar por qué unos países se desarrollan más que otros. Llega a la conclusión de que aquellos países que gozan de instituciones políticas inclusivas, que hacen partícipe al ciudadano de las decisiones, tienen más opciones de progresar. Cuando el poder está repartido, cuando todos los ciudadanos son tratados con justicia, cuando hay pluralismo y Estado de derecho, se generan “círculos virtuosos” que conducen a un mayor desarrollo.

P: La geografía, el clima y los aspectos culturales son factores que han sido utilizados para explicar el desarrollo de los países. Adam Smith sostenía que la di­ferencia entre riqueza y pobreza resultaba de la libertad de los mercados; Malthus atribuía la pobreza a la superpoblación. Keynes, Sachs, cada economista ha buscado una explicación. Pero su enfoque es diferente.

R: Nuestra teoría está muy en el espíritu de lo que Adam Smith intentaba decir: los países que consiguen el éxito económico son los que tienen instituciones económicas inclusivas, instituciones que crean incentivos y oportunidades para la mayoría de la gente, mientras que los países pobres tienen instituciones extractivas. Creo que la originalidad está en preguntarse por qué esos países tienen ese tipo de instituciones. Eso no fue teorizado por Smith. Todo es una cuestión política, el proceso político es el que crea la estructura económica de las sociedades. Utilizamos estas ideas para explicar la enorme desigualdad del mundo moderno. Las grandes diferencias entre países ricos y pobres tienen que ver con la historia de cómo las instituciones de distintos puntos del mundo divergieron.

P: Es usted un reputado economista, lleva años recorriendo el mundo, ¿nos podría explicar qué demonios está pasando con la economía mundial? ¿Cómo explica usted la crisis?

R: Bueno, la crisis es muy heterogénea. La de España es distinta de la de EE UU. Incluso dentro de Europa, las crisis de Grecia o Irlanda son muy distintas entre sí. En el caso europeo, bajo la crisis está la decisión de Kohl y Mitterrand de impulsar una integración monetaria sin que fuera acompañada de una integración fiscal. ¿Por qué lo hicieron así? Bueno, su proyecto era sobre todo político, más que económico, y no consiguieron todo lo que querían. Pensaron que la integración económica era una forma de forzar la integración política. Y se podría decir que eso crea una situación insostenible: si tienes unión monetaria, pero con grandes diferencias entre países, y no hay armonización fiscal, eso crea una dinámica inestable. A ello hay que sumar esa emisión de deuda sin precedentes, una acumulación de déficits en tiempos de paz y un cambio en la estructura demográfica. En la posguerra, los países europeos pusieron en marcha sistemas de pensiones, seguridad social, y no calcularon las consecuencias a largo plazo. Al envejecer la población, las bases financieras del sistema se desestabilizan. Como elevar los impuestos resulta difícil políticamente, los políticos eligen la salida fácil: emitir deuda.

La conexión con el mundo hispano

James A. Robinson es un gran conocedor de Latinoamérica. Todos los veranos imparte clases en cursos que organiza la Universidad de los Andes de Bogotá (Colombia). Su interés por la cultura iberoamericana viene de lejos. Cuando tenía nueve años quedó fascinado tras hacer un estudio sobre los aztecas y los conquistadores españoles. Pero no fue hasta 1987, año en que cursaba estudios de doctorado en la Universidad de Yale, cuando consiguió reunir unos ahorrillos para recorrer las ruinas precoloniales durante un mes (en la imagen aparece en la ciudad maya de Palenque, México).

“El colonialismo español creó sociedades muy desiguales y extractivas en Latinoamérica que han persistido y que dieron forma a lo que son hoy”, dice. “Pero no es que los ingleses fueran más altruistas en Estados Unidos. Envidiaban el modelo español, pero la explotación de los indígenas no les funcionó en Norteamérica”.

P: ¿Y cuál es su visión de la crisis en el caso de España?

R: El mayor problema en España es que tienen ustedes esa enorme burbuja especulativa en la construcción. ¿De dónde viene? Supongo que de un sector bancario que relajó las condiciones por las que presta dinero; la gente se endeuda, compra casas, los precios suben, se construye cada vez más, la gente migra de otros sectores al de la construcción para trabajar… Todo eso ge­nera una especie de burbuja inestable, de algún modo. Y cuando estalla, ¿qué pasa? Desempleo, gente que pierde su casa, enormes sufrimientos… ¿Cuál es la causa? ¿Es culpa de la Unión Europea? Sí, tal vez la UE debería haber frenado esa burbuja, o el Banco de España, no sé.

P: Ha hecho usted un análisis de los factores que han conducido a la crisis, pero ¿cuáles serían las soluciones?

R: Para mí, en términos generales, los países europeos, incluido España, tienen instituciones económicas y políticas inclusivas. Esto es una depresión, el capitalismo es inestable, incluso aquellos países que tienen instituciones inclusivas sufren recesiones. Hay algo que no se está haciendo muy bien: hay que separar el problema de la deuda, que es un problema a largo plazo, de los problemas que se plantean a corto.

P: ¿Y cómo se resuelve el problema de la deuda?

R: Bueno, llevará tiempo. Hay que reestructurar la deuda, como se está haciendo en Grecia. Tiene que ser aplazada en el tiempo. Si la UE muestra una solidaridad creíble y suficiente con España, el Gobierno podrá acceder al dinero a intereses muy bajos. Pagar la deuda puede llevar 30 años o 40, así que hay que aplazarla para utilizar la política fiscal para que la gente vuelva a trabajar y que la economía funcione.

P: Hay un economista y matemático catalán, César Molinas, que el año pasado escribió uno de los artículos más leídos en EL PAÍS. Aplicó la teoría que ustedes desarrollaron sobre las élites extractivas a la élite política española para decir que los políticos españoles ayudaron a impulsar muchas burbujas para extraer todo el dinero posible, dinero que se destina a financiar los partidos políticos o a llenar los bolsillos de algunos políticos corruptos.

R: Me gustaría leer ese artículo…

P: Molinas pide reformas en el sistema político para fortalecer la democracia. La teoría de las élites extractivas sirve para explicar la desigualdad en el mundo, pero ¿considera que se puede utilizar para explicar cómo funcionan las élites en el mundo occidental?

R: Hay escalas de grises. Las élites siempre se quieren perpetuar y mantener en el poder. Y tal vez yo no esté tan bien informado sobre la política española y lo que pasa allí para entender cómo funciona el sistema político. Se oye hablar más de las élites de Grecia que de las de España.

P: Imaginemos que usted no sabe nada acerca de España y le digo que entre las personas que están siendo investigadas por la justicia están la hija del Rey y su marido; que el tesorero del partido en el poder está siendo procesado por evadir dinero a Suiza y que, presuntamente, repartió sobres entre la cúpula del partido; que el presidente del Tribunal Supremo tuvo que renunciar debido a un uso inadecuado de los fondos; que el expresidente de la patronal está en la cárcel por presuntos delitos de ocultación de activos y lavado de dinero. ¿Qué diría?

R: Esto sugiere que la transición a la democracia en los setenta fue menos exitosa en la creación de un sistema político inclusivo de lo que mucha gente pensó. España siempre ha sido vista como una fantástica historia de éxito democrático. En el libro utilizamos el concepto de instituciones políticas inclusivas en vez del de democracia porque lo cierto es que muchos sistemas democráticos son disfuncionales. Para tener instituciones políticas inclusivas necesitas dos cosas: una amplia distribución del poder político y lo que llamamos centralización política. Parte de ello supone no tener un sentido patrimonial del Estado. La corrupción es robar dinero, pero también es un asunto político que depende de cómo está organizado el poder; es como el clientelismo. Para mí, eso es moneda corriente en Grecia o en el sur de Italia. Pero no sé lo suficiente acerca de España.

P: Su libro recibió alguna que otra crítica negativa, como la de Bill Gates, que dijo: “En última instancia, el libro es una gran decepción. Me pareció que el análisis de los autores era vago y simplista”.

R: Creo que en realidad no comprendió el libro. Argumentó que era simplista, pero no lo entendió, supongo que no lo leyó con demasiado cuidado. Dijo algo así como que el libro le presentaba como a uno de los buenos, pero es que esa no es la cuestión; no es un libro sobre la gente, sobre buenos y malos, es un libro sobre las estructuras. Bill Gates ha hecho grandes cosas, y admiro a la gente que tiene ese compromiso para ayudar a países pobres. No quiero criticarlo, y lo admiro por esas cosas, pero creo que no entiende de ciencias sociales, no sabe cómo abordar el estudio de problemas fundamentales como la pobreza: para él es como un problema de ingeniería, pero el subdesarrollo y la pobreza no son un problema de ingeniería, son un problema político.

P: Volviendo a la economía, en un artículo que escribió usted junto a su compañero Acemoglu en The Huffington Post decían que hoy día el dinero pesa mucho más en política que en los años setenta.

Alguien tiene que pagar la deuda: ¿quién sino esa gente que se hizo rica?”
R: El dinero tiene ahora más importancia y eso distorsiona la política. El hecho de que cada vez tenga más peso, unido a este enorme aumento de la desigualdad en la sociedad de Estados Unidos, puede ser una combinación letal.

P: ¿Hacia dónde cree que vamos en este sentido? ¿Pesará cada vez más el dinero o disminuirá su influencia?

R: Lo que la historia sugiere es que las cosas no continuarán como hasta ahora. Habrá una reacción violenta contra la desigualdad. Como la que hubo a finales del siglo XIX en Estados Unidos. En el libro no abordamos este tema, tal vez lo deberíamos haber hecho. La situación era mucho más grave entonces, de todos modos. En cualquier caso, las sociedades inclusivas son mucho más igualitarias que las extractivas. La desigualdad ha podido crecer mucho en los últimos 20 años en EE UU, pero hay mucha más igualdad que en Colombia o Guatemala. Existe un desequilibrio, pero creo que el sistema político volverá a colocar las cosas en su sitio con cambios en las instituciones del mercado laboral y en el sistema impositivo. Se le va a dar la vuelta a ese vigoroso recorte de los impuestos para la gente rica que los republicanos han implementado en los últimos 20 años. No sé si esto ocurrirá en cinco años, en diez o…

P: ¿Qué le conduce a pensar que eso podría ocurrir?

R: Tener tanta desigualdad es corrosivo para las instituciones y para la sociedad. Y esta es una cuestión de poder también. Hay muchos problemas en EE UU, no quiero decir que todo sea perfecto allí; pero resultará atractivo elevar los impuestos para mejorar las escuelas, las infraestructuras o la seguridad social, para pagar la deuda…

P: François Hollande intentó subir impuestos a los que más ganan, pero el Consejo Constitucional de su país se lo tumbó y gente como Gérard Depardieu abandonó el país.

R: No comprendí por qué se dijo que aquello no era legal.

P: Por eso le pregunto por qué piensa que esa desigualdad puede desaparecer. Si se suben los impuestos, los que más ganan siempre tendrán un lugar al que llevarse ese dinero para que se lo cuiden.

R: No sé si eso es así. Uno de los motivos del auge de la desigualdad en Estados Unidos es ese enorme aumento de las retribuciones a ejecutivos. ¿Y qué es lo que nos condujo a eso? Está claro que es algo que empezó en los ochenta. Las direcciones de las empresas no hacen un buen trabajo a la hora de disciplinar a los ejecutivos. Los accionistas están muy dispersos, es difícil para ellos actuar colectivamente, controlar a los directivos generales, a los ejecutivos. ¿Por qué se fueron de las manos los pa­­gos a los ejecutivos? Porque los me­­ca­­nismos de dirección corporativa no los frenaron y un cierto tipo de norma social se rompió. Está la idea de que esas retribuciones fueron efecto de la llamada Reaganomics: cuando Reagan llegó al poder con esa ideología del libre mercado y de desregulación, algunos pensaron: “¿Por qué no? Hagámoslo a ver qué pasa”. Habrá que cambiar los mecanismos de gobierno de las empresas, las instituciones del mercado de trabajo, los impuestos…

P :¿Y cómo se generará ese cambio?

R: La democracia lo hará, la inclusión política lo generará. Alguien tiene que pagar la deuda, ¿quién debería pagarla sino esa gente que se hizo enormemente rica en los últimos 20 años?

P: O sea, que es usted realmente optimista…

R: Para mí, Estados Unidos es, a pesar de todo, una sociedad inclusiva y democrática. Tiene esa cultura antiimpuestos que es contraproducente para la sociedad. Pero nosotros enfatizamos que las sociedades inclusivas generan mecanismos que hacen que la inclusividad prosiga. Sí, soy optimista.

P: Ustedes utilizan a Estados Unidos como referencia, pero es un país en el que hay mucha gente que vive por debajo del nivel de la pobreza…

R: Sí. Es un país líder en términos de innovación, pero, es cierto, hay mucha pobreza, guetos en las ciudades, discriminación… ¿Y por qué una nación tan rica no puede solventar esos problemas? Creo que se debe en parte a esa ideología de la autosuficiencia y esa cultura de que la gente tiene la culpa de los problemas que tiene, en vez de decir: “Esa gente necesita ayuda, no tuvieron suerte, son víctimas del sistema”.

sábado, 1 de junio de 2013

Dos frikis

Siendo como soy veterano lector de anticipación o ficción científica (lo que los anglófilos denominan ciencia-ficción o sci-fy), debería tratar algo sobre quienes la escriben. Podría empezar por una de las grandes figuras del género en España, el físico ciudarrealeño Carlos Saiz Cidoncha, a quien conozco en persona, pero lo dejaré para otra vez. Los creadores de historias raras suelen ser raros ellos mismos, y si no lo son, terminan siéndolo; porque la ficción se nutre de realidad (incluso, a veces, de forma literal: se la traga). Es lo que voy a probar. Podríamos empezar por poca cosa, Lester del Rey, por ejemplo; poca cosa porque era canijo y bajito: eso lo acomplejó y no paró de inventarse infundios magnificentes sobre sus antepasados, como que huyeron a América tras colgar a tres inquisidores españoles, cuando en realidad su nombre era pobrecillo y anglosajón: Leonard Knapp. Tenía mucho carácter, tanto que, más que sentirse marginado, marginaba él a la crítica literaria, a la que no dejaba entrar en su ghetto, y no dejaba de forjar boutades contra ella; consiguió equilibrarse con su cuarta mujer (se murió antes de conocer a la quinta), freak como él y hasta un poco más (o menos), porque padecía enanismo: la también editora y escritora Judy Lynn del Rey. El siguiente es un genio, Philip K. Dick, un Jim Morrison muerto de hambre y con problemas para pagar el alquiler, único ante el que se quitaban el sombrero eminencias como Stanislaw Lem o Robert Heinlein. La mente de Dick, como la de Olaf Stapledon o  la de Swedenborg, ambos escritores muy venerados por Borges, es la de un visionario o un profeta antiguo; estaba fuera de este mundo, literalmente. Para él la realidad era un desierto romano de dolor, cristianismo, apocalipsis y paranoia tecnológica; se liberaba de ese agobio escribiendo sus profecías, algunas de las cuales se cumplían, curiosamente. No es fácil imaginar lo que el ácido lisérgico podría hacer con una imaginación como la suya, pero lo hizo y el resultado es que disfrutamos hoy: así como Poe, también de mente calenturienta y adicto no al LSD sino a la fée verte, más conocida como absenta o ajenjo (una bebida alucinógena a causa de su contenido abundante en artemisia y tuyona), dio argumentos, temas, especulación y géneros a la literatura para más de cien años. Ahora mismo hay escritores y directores de cine viviendo de él, como los había a finales del siglo XIX viviendo de las contribuciones literarias de Poe. ¿Qué sería del cine de ciencia ficción sin sus metadiscursos paralelos, sus ovejas eléctricas, sus replicantes y sus identidades fracturadas o disueltas?

Un inédito de Cervantes

Hay una pieza teatral de Cervantes, recientemente descubierta, que no ha sido debidamente valorada. A mi juicio se trata de una de sus obras maestras, y sin duda entre las mejores de nuestro teatro clásico. Hablo de La conquista de Jerusalén. 

Hace tiempo que esta tragedia perdida fue encontrada al revisar los catálogos de la Biblioteca Real. No cabía esperar menos, habida cuenta del desastre de catálogo que hizo Juan Gualberto López de QuesadaConde de las Navas, a comienzos del siglo XX. Allí hay muchas otras cosas de interés. El título completo es La conquista de Jerusalén por Godofre de Buillón y su tema fundamental son las Cruzadas. Eso exaltaba a un antiguo preso y combatiente contra el Islam como Cervantes. Se le atribuye, pero para mí es indudable que es de él: tiene el estilo y métrica de su teatro, las figuras morales que tanto gustaba de haber introducido y el pensamiento liberal y universal que tanto lo caracterizaba. Un gran poeta posee siempre la virtud de la síntesis, de la concisión, que habla a los ojos en ejemplos cual estos:  

¡Oh, griegos, hombres no, sino mujeres!
¡Codiçiossos, lascivos y habladores,
inconstantes de vanos pareceres!

En sólo tres versos vemos a los griegos motejados de desunidos, heterodoxos sexualmente obrando, charlatanes, veletas, comerciantes y materialistas. ¡Eso es caracterizar! Y aparecen también hermosas hipérboles poéticas:

¡Revienta ya, corazón!
¡Pon tu dolor en la lengua, 
que tanto silencio es mengua
que acomete la pasión! (629-632).

Su pie por la senda ruin
de Mahoma va muy listo,
el tuyo por la de Cristo:
¡mira si es contrario al fin
de amar, ser los dos, Señor,
de tan diferentes greyes!
Mas lo que apartan las leyes
suele juntar el Amor. (645-652)

¿No será cosa excusada
pretender o esperar cosa? 
Sí, será; mas ¿qué haré?
¡Que en mi muerte no hay tardanza
si no fundo la esperanza
aunque sea en nosequé! (659-664)

Y enfáticos pleonasmos como este:

En un mismo momento, en un instante,
a un punto mismo todas las gargantas
de todas las personas que allí estaban
formaron una voz clara y sonora
y a una misma razón todos dijeron:
"¡Así lo quiere Dios, así lo quiere!
¡Así lo quiere Dios!". Y una voz y otra
y otros y otras muchas repitieron
esta misma razón, señal notoria
que el Espíritu Santo la infundía
en los cristianos tiernos corazones.
Y este apellido, "Dios ansí lo quiere",
mandó el Papa quedase entre nosotros
y que fuese contino apellidado
en todas nuestras obras y que fuese
puesto en nuestras banderas por empresa

Otras frases vigorosas:

No nos lleva el vacío del deseo,
los anchos reinos, ni los montes de oro... 225-226.

Conforme a la verdad, Clorinda amada,
dame en señal esa divina mano,
y en hora venturosa, afortunada
a tu cielo levanta este cristiano.

¡Ay, cuitada! ¿Qué rumor
es éste que agora siento?
¿Si es mi bien? ¿Si es mi contento?
¿Si es mi gloria? ¿Si es mi amor? (475-478)

Si llevas, Erminia, al cabo,
con la razón mi dolor,
verás que no soy señor,
sino humilde y mudo esclavo,
y que no tengo poder
para mirar lo que es mío,
porque todo mi albedrío
está en ajeno querer.
Juzga por tu corazón
el mío cuál debe estar
y vendrás a disculpar
por la tuya mi afición,
y verás cuán poco valgo
para librarte de aprieto,
y que soy nada, en efeto,
aunque parezca ser algo.

¿Cuál vas y cuál quedo yo?
¿Tú qué viste o yo qué vi?
Que yo muero por un sí
y tú acabas por un no;
tales son, Amor, tus mañas,
en este aprieto nos pones;
devoras las intenciones
y consumes las entrañas.

Soy el que sin vos no puedo
vivir, porque sois mi vida,
soy la sombra dolorida
del miserable Tancredo...

Aquí y allá aparecen por el teatro de Cervantes, tan denso de humanidad y bellezas generalmente ignoradas por el esplendor de sus otras obras, huellas de un genio que, por mucho que la ignorancia se extienda, nadie podrá apagar.