sábado, 28 de febrero de 2015

El condicionamiento inducido por la mayoría

Borja Vilaseca, "La envidia y el síndrome de Solomon", El País, 19-V-2013:

Formamos parte de una sociedad que tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. La envidia paraliza el progreso por el miedo que genera no encajar con la opinión de la mayoría. Uno de los mayores temores del ser humano es diferenciarse del resto y no ser aceptado. 

En 1951, el reconocido psicólogo estadounidense Solomon Asch fue a un instituto para realizar una prueba de visión. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 jóvenes voluntarios que participaron –sin saberlo– en un experimento sobre la conducta humana en un entorno social. El experimento era muy simple. En una clase de un colegio se juntó a un grupo de siete alumnos, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo estudiante entraba en la sala creyendo que el resto de chavales participaban en la misma prueba de visión que él.

Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que hacía de cobaya del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros.

La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría” 
(Solomon Asch)

La respuesta era tan obvia y sencilla que apenas había lugar para el error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados con Asch respondían uno a uno la misma respuesta incorrecta. Para disimular un poco, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también errónea. Este ejercicio se repitió 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro líneas verticales, puestas en distinto orden.

Cabe señalar que solo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les pre­­guntaron; el resto se dejó influir y arrastrar al menos en una ocasión por la visión de los demás. Tanto es así, que los alumnos cobayas respondieron incorrectamente más de un tercio de las veces para no ir en contra de la mayoría. Una vez finalizado el experimento, los 123 alumnos voluntarios reconocieron que “distinguían perfectamente qué línea era la correcta, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al ridículo o a ser el elemento discordante del grupo”.

A día de hoy, este estudio sigue fascinando a las nuevas generaciones de investigadores de la conducta humana. La conclusión es unánime: estamos mucho más condicionados de lo que creemos. Para muchos, la presión de la sociedad sigue siendo un obstáculo insalvable. El propio Asch se sorprendió al ver lo mucho que se equivocaba al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.

La luz de Nelson Mandela

Después de 27 años en la cárcel y ser elegido en 1994 presidente electo de Sudáfrica, Nelson Mandela compartió con el mundo entero uno de sus poemas favoritos, escrito por Marianne Williamson: “Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros”.
Más allá de este famoso experimento, en la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad.

El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.

Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.

El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.

¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende? Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar. En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.

viernes, 27 de febrero de 2015

La rosa caduca y el esperpento galaico

I

A una rosa caduca

"A la tarde serán lástima vana..." P. C. de la B.

Demasiado olorosa es esa Rosa
que se añade Romero de apellido;
cualquiera diría que ha querido
esconder el tufillo de otra cosa.

Si al quesito mordió la muy golosa,
como Rato en ratón se ha convertido,
que lo suyo es gastar más que ha tenido
para hacer más agujeros ostentosa.

A los muertos les cobra por la estancia
y se sienta en dos sillas sin ser gorda;
hasta ha sacado un disco con su facha.

No hay selfie en que quepa su arrogancia
y a la desigualdad se hace la sorda,
que así es como las gasta la muchacha.


II

A un esperpento galaico

Max Estrella: "Don Mariano Rajoy, grotesco personaje, te inmortalizaré en un poema" [...]

(Muere Max y Mariano le roba la cartera)

Valle Inclán, Luces de Bohemia bis.


Tras el rescate el PP se relaja
y dice que aquí paz y después gloria,
y tres millones cuenta con euforia
que creará de gente que trabaja.

No los creó Aznar, que hacía caja
en época mejor, haced memoria,
¿y quiere que traguemos esta escoria
como el asno por grano come paja?

Quiere privatizarnos hasta el culo
y vivir alquilándolo a alemanes...
Mas ¿no será más propio ponga el suyo?

Que el banco de la Merkel sea su chulo
pues sobran por ahí pelafustanes
que le metan por él tanto chanchullo.

Presentación de las Fábulas selectas de Iriarte y Samaniego




El jueves 19 de marzo, a las 7,

presento

en la Biblioteca Pública de Ciudad Real,

mi edición de las Fábulas selectas de Iriarte y Samaniego,

publicada por Castalia Didáctica.

Estáis invitados.


Periodismo manchego

El periodismo en papel está profundamente enfermo; falta un estatuto del periodista, estabilidad y sueldos decentes y, por ello, la independencia y los lectores; así que no puede prosperar y se ve obligado a vender gadgets para sobrevivir. Ahora solo es una rama de la propaganda y de la publicidad, al menos en Ciudad Real. Uno, que ha estudiado sus raíces manchegas en el siglo XVIII y XIX y tiene un doctorado de nota máxima en la materia, premiado fuera de la comunidad, lo ve ahora mucho peor. 

Méndez Pozo, el expresidiario que posee La Tribuna como apoyo para sus, ejem, por decirlo de alguna forma, "negocios", ha puesto a  un montón de lebreles de la prosa ladrando contra Podemos por corrupción. Así pues, veo necesario mirarle el ombligo y ver si da ejemplo, ya que nos está buscando las cosquillas y nuestro propio ombligo. Denuncia la corrupción, decía, y se entiende, claro, ya que sabe, y mucho, de ella: fue el primer constructor condenado por corrupción política en España. Algo así como si dijéramos el primer catedrático elegido para impartir la materia. Regeneradillo ahora (los paganos pensaban que la gente nunca cambia; seguramente es católico o quiere serlo, si es que es algo que no sea capital), critica la corrupción de los demás. Esto hay que explicarlo: ¿prefiere la suya propia y no quiere competir, como hacen los malos capitalistas? ¿Le parecerá (honor profesional) una corrupción muy mal hecha, muy mal disimulada, por andar con membrete y razón social?

Sabemos cuán ciegos están los pozos de España; sabemos incluso que un Méndez, que se cambió de apellido a Mendizábal por los orígenes judíos del apellido (eso de sentir vergüenza por los orígenes es muy español, pero yo no soy antisemita y además tengo algo de judaico en un cuarto apellido) puso la primera piedra de las guerras civiles del XIX y el XX con una Desamortización que eternizó la desigualdad social en España cien años antes de la Guerra Civil, en 1836, y aun ahora. Sabemos que el aroma a rosa y a romero con que se tapa el mal olor de los pozos no es aroma, sino olor nauseabundo a muertos por recortes en sanidad o por leyes viejas que potencian el negocio sobre la vida (desahucios, etc...) Y eso que hay desahucios y desahucios: no es lo mismo desahuciar a una familia que se gasta en vacaciones en La Manga un dinero que no pagó de alquiler, que desahuciar a una madre que no tiene ni para alimentar a sus hijos o a un viejo desesperado que se ahorca por no tener un techo para pasar sus últimos días; hay quien estudia para transformarse en un sinvergüenza de provecho y hay quien lo tiene aprendido en la calle como abogado de secano. El primero es más culpable, pero el segundo no deja de serlo también.

Para juzgar a La Tribuna me basta con ver el producto, arrimado a la sardina de La Razón para no perecer por falta de lectores; no tiene apenas prensa regional con que compararse, pero eso es propio de la profunda mediocridad de la burguesía española, analfabeta funcional y pura charanga y pandereta; si prosperó no fue por méritos propios, sino con los cauces que le dio la corrupción y la "victoria" del régimen franquista, un régimen en que hasta las cátedras universitarias se daban por méritos políticos y en que se depuró la enseñanza de la gente más preparada, aquella que en la Edad de Plata se formó con la Junta de Ampliación de Estudios (cuyo secretario, de Ciudad Real, era José Castillejo). Desde luego, es menos deleznable que la momia del Lanza, escrita por los caciques de la rama zurda e ilegítima de la burguesía franquista, pero solo hay que mirar la nómina de colaboradores con que disimula la prosa falangista (o "prosa del régimen", que se decía en los vericuetos críticos del tardofranquismo) para estimar su profunda utilidad para hacer envoltorios o rellenos en paquetería o limpiarse suciamente el culo por falta de alternativas. Solo se salvan los escritos de Aurora Gómez Campos y Diego Farto; de ellos se puede sacar deleite y aprovechamiento. Y apenas dos o tres más que tienen un pasar. Todo lo demás ni siquiera es una mierda consistente, sino pura diarrea, retórica de baratillo o, como digo, prosa falangista y del régimen, publicidad engañosa y caducifolia, obsolescencia programada.

Mecanismos del humor

Juan José Millás, ‘Birdman’: el montaje del director, en El País, 26-II-2015:

Ayer , en el taller de escritura, un alumno trajo a la conversación la película de Iñárritu

Ayer mismo, en el taller de escritura, un alumno trajo a la conversación Birdman, la película de Iñárritu premiada en la reciente gala de los Oscar con cuatro estatuillas. La mayoría estábamos de acuerdo en que se trataba de un relato feroz, construido en el límite de la identidad, en el de la verosimilitud, en el del desconcierto (aunque también en el del esclarecimiento). Tomo estás últimas categorías, desconcierto y esclarecimiento, del libro de Freud, El chiste y su relación con el inconsciente, donde afirma que todo chiste está compuesto de estas dos zonas. El desconcierto se produce en el arranque (¿a qué viene esto, adónde va, por qué este tipo me lo cuenta, incluso cuánto le han pagado por contármelo?), y el esclarecimiento aparece en la segunda parte, cuando la historia se cierra sobre sí misma y brota la risa, producto de esa “espera decepcionada”, según la genial definición de Bergson sobre el humor y que resulta muy pertinente también para la literatura. El chiste y la literatura nos gustan porque nos “decepcionan” en el mejor sentido de la palabra, es decir, porque no recorren caminos previsibles. Otra cuestión, enormemente misteriosa, es que la zona del esclarecimiento se encuentre siempre oculta en la del desconcierto. Pero eso no lo averiguamos hasta el final. Una espera decepcionada. Bárbaro.

Pues bien, como ya señalábamos al principio, la mayoría de la clase estaba de acuerdo en que Birdman era una anomalía narrativa. Toda obra artística debería ser anormal, tal es su primera obligación, pero dada la existencia de películas y novelas normales, nos permitimos aplicar la categoría de raro al film del cineasta mexicano. Raro, porque la maquinaria narrativa está forzada al límite como el motor de un coche de Fórmula 1; raro, porque el modo formal de acometer el proyecto (el tan comentado plano secuencia) se sale de los cauces habituales; raro, porque los problemas existenciales de los personajes, aun representando a los de la mayoría de la gente, no son habituales. Raro, sobre todo, porque los materiales de que está compuesto el artefacto se necesitan entre sí con desesperación. Eso es lo que hace perfecto a un relato: su calidad de estructura, entendiendo por tal un conjunto de elementos interdependientes en el que no puedes mover uno de esos elementos sin afectar al resto.

Pero he aquí que el día anterior habíamos hablado en la clase del punto de vista, esa instancia o espacio desde el que se cuenta una historia y que podríamos simbolizar con el emplazamiento de cámara, siempre y cuando aceptemos que ese emplazamiento físico es, o debería ser, la metáfora de un emplazamiento moral (decía Godard que el travelling era una decisión de orden moral). De eso había ido la clase anterior a esta en la que apareció Birdman, del punto de vista, que, por su complejidad, provocó intervenciones muy sugestivas. Entonces, después de haberle buscado con entusiasmo todas sus virtudes al filme de Iñárritu, una de las alumnas intervino para señalar que si bien estaba de acuerdo con el resto de la clase en que Birdman era, por decirlo rápido, una obra maestra, “la cagaba” al final, con la secuencia en que la hija del protagonista, asomada a la ventana por la que el personaje acaba de arrojarse, lo ve volar en vez de descubrirlo aplastado en el suelo de la calle.

En efecto, tuvimos que aceptar que Iñárritu, en palabras de la alumna, “la caga” porque el punto de vista sobre el que había trabajado durante toda la película implicaba que tanto la telequinesia del personaje como su capacidad para volar eran delirios que correspondían a episodios psicóticos. Al objetivar esos delirios, otorgándoles la calidad de real, destruye todo el edificio anterior, quizá para dotar al film de un falso happy end. Esta interesante discusión nos condujo a las siguientes preguntas: ¿Ese final salió de la cabeza de Iñárritu o de la del productor, que quizá por contrato se había arrogado la decisión última sobre el montaje? ¿Veremos dentro de unos años “Birdman, el montaje del director”, con un final distinto y coherente con el punto de vista de la película igual que vimos en su día un final distinto de Blade Runner, donde el personaje encarnado por Harrison Ford era, como indicaba la lógica interna del relato, un replicante? He ahí la cuestión. O las cuestiones.

jueves, 26 de febrero de 2015

Origen del radicalismo islámico

Vicenç Naqvarro, "¿Quién creó el radicalismo islámico? ¿Dónde está la defensa de la libertad de expresión?", Público, 26 feb 2015

Uno de los analistas más rigurosos y creíbles del mundo islámico ha sido el palestino Edward Said, profesor de la Columbia University de Nueva York, que falleció hace ya unos años. Tuve la oportunidad de asistir a muchas de sus conferencias y leí gran parte de sus libros, que aconsejo sistemáticamente a mis estudiantes para que aprendan sobre un tema de gran importancia y relevancia: la evolución de la cultura  musulmana. España es, por cierto, parte de esta historia. En contra de la imagen frecuentemente presentada por el nacionalcatolicismo todavía imperante en España, esta cultura musulmana benefició enormemente a España, habiendo introducido muchos elementos positivos en la cultura ibérica, desde la explotación agrícola a las áreas de medicina y del conocimiento en general.

Uno de los hechos más característicos de nuestros tiempos es el reciente radicalismo existente en grandes sectores del mundo musulmán. Y para entenderlo deberíamos conocer cómo y dónde se originó este radicalismo imbuido de un fundamentalismo religioso. Muchos de estos movimientos surgieron de países que fueron colonias de imperios radicados en su mayoría en Europa. E incluso cuando estos países no fueron colonia, estuvieron claramente dominados por países basados en sistemas imperiales europeos.

En todos ellos –fueran o no colonias- aparecieron, después de la II Guerra Mundial, fuerzas progresistas que representaron una amenaza para los intereses económicos y políticos que sostenían las estructuras de poder existentes en tales países. Fueron precisamente aquellos grupos que se beneficiaban de esas estructuras los que establecieron y apoyaron a los islamistas radicales, todos ellos fundamentalistas religiosos, que se opusieron por todos los medios a las fuerzas progresistas (la mayoría laicas) que querían transformar aquellas sociedades musulmanas. El caso de Al Qaeda es un claro ejemplo. No se conoce suficientemente que Osama bin Laden fue en sus inicios financiado por Arabia Saudí (uno de los regímenes más oprimentes existentes hoy en el mundo), y por la CIA de EEUU, para oponerse a las reformas lideradas por el Partido Comunista Afgano. Y todavía hoy Arabia Saudí y Qatar (promovido en la camiseta del Barça), así como otros países del Golfo Pérsico, son los que ayudan financieramente a la rama del islam conocida por wahabismo, una de las sectas más fundamentalistas y beligerantes del islamismo. Sin dicha ayuda y la ayuda en aquellos momentos de los gobiernos británico, francés y estadounidense, estos movimientos profundamente antisocialistas no hubieran alcanzado su actual extensión. Incluso el Estado Islámico (EI) fue financiado en sus principios por EEUU, Reino Unido y Francia, además de Arabia Saudí y Qatar, que continúan financiándolos.

El desconocido caso de Indonesia

Otro caso menos conocido es lo que ha ocurrido en el país musulmán más poblado del mundo: Indonesia. En este país surgió uno de los movimientos más progresistas en el mundo islámico, liderado por el Presidente Sukarno. Ayudó a establecer el movimiento internacional de Países No Alineados (en colaboración con el presidente Nehru de la India). Los gobiernos de Australia, Reino Unido, Francia o EEUU, entre otros, se movilizaron para pararlo y destruirlo, junto con los grupos islámicos más reaccionarios en aquel país, que fueron financiados por todas las fuerzas que se opusieron al gobierno progresista. En el año 1965 tuvo lugar un golpe militar, al que apoyaron todas aquellas fuerzas reaccionarias, imponiendo uno de los regímenes más represivos que se hayan conocido en aquel continente, dirigido por el general Suharto. Se calcula que entre 500.000 y un millón de personas fueron asesinadas. Como bien ha dicho uno de los intelectuales musulmanes mas respetados hoy, Ziauddin Sardar, “no es que el imperialismo occidental se aliara con las facciones más radicales y fundamentalistas. En realidad, las establecieron”. De todo esto el lector ha leído muy poco o nada (para mayor expansión, ver Andre Vltchek, “Who Should be Blamed for Muslim Terrorism?”, CounterPunch, January 9-11,2015).

Otro silencio: la movilización francesa a raíz de Charlie Hebdo

La impresionante movilización en Francia a raíz de la protesta frente a los asesinatos de los humoristas de la revista Charlie Hebdo se ha presentado también de una manera sesgada y parcial. La justa y necesaria protesta que ha habido en Francia ha sido en defensa de la libertad de expresión, que se confunde frecuentemente con la defensa y apoyo de la postura profundamente ofensiva hacia el mundo musulmán que ha aparecido en tal semanario. En realidad, cualquier persona demócrata debería considerarse ofendida por un tratamiento tan insultante hacia una minoría profundamente discriminada en Francia. La función histórica de las revistas satíricas ha sido ridiculizar al poder, no a los oprimidos o excluidos, como es hoy la población musulmana en Francia. La caricatura de Mahoma era antimusulmana, antimujer y anti Estado del Bienestar (ridiculizando los programas de asistencia pública a las personas excluidas y a las mujeres embarazadas musulmanas en Francia), repugnante en extremo. Decir esto no es, como la derecha maliciosamente intentará tergiversar, justificar el horrible asesinato, que merece todo tipo de condena.

Pero hay también que denunciar la enorme hipocresía del establishment mediático y político europeo, incluyendo el francés. La supuesta defensa de la libertad de expresión es limitadísima e inexistente no solo en Francia, sino también en los países que estaban representados en las manifestaciones por sus dirigentes, como es el caso de España (en la que el gobierno del Sr. Rajoy había llevado a los tribunales a un humorista español por ridiculizar al partido gobernante, el PP, hacía solo un par de semanas).

En la misma Francia parece haberse olvidado la enorme represión que tuvo lugar durante la guerra de Argelia, cuando en una manifestación de 30.000 ciudadanos franceses de ciudadanía argelina en octubre de 1961, miles de ellos (10.000) fueron detenidos en las calles de París, y cerca de 200 fueron asesinados. Y en Francia, dicha libertad de expresión es también limitada cuando las autoridades consideran que un mensaje publicitado puede crear disturbios, lo cual ha ocurrido frecuentemente en movimientos ciudadanos en protesta por los ataques del gobierno de Israel a la población palestina (como sucedió durante las masacres llevadas a cabo por las fuerzas armadas israelíes en la Franja de Gaza). Y la lista es enorme. Y no digamos aquí, en España, donde la represión ha alcanzado unos niveles nunca antes vistos durante el periodo democrático.

Dos últimas observaciones. Una es que las fuerzas que han apoyado con mayor contundencia las movilizaciones en contra de los asesinatos han sido las derechas. En España, El País, bajo la dirección del Sr. Antonio Caño, una persona profundamente conservadora, ha presentado tales manifestaciones como una victoria frente al radicalismo musulmán (ver “La interpretación neoliberal de EEUU que aparece en los medios españoles: el caso el corresponsal de El País en Washington”. El Viejo Topo, diciembre de 2011). La realidad, sin embargo, muestra lo contrario. Dichas movilizaciones, que atemorizaron a la población musulmana en Francia, fueron una gran victoria para los radicales musulmanes, que deseaban el enfrentamiento de las dos comunidades, de manera que ellos pudieran presentarse como los héroes en defensa del Islam. Y así ha ocurrido. Por todas partes en el mundo musulmán ha habido manifestaciones contra Francia y contra el mundo occidental, y a favor de los “mártires”. Y a eso le llaman victoria. En lugar de aislar a los radicales dentro del mundo musulmán, les han dado la oportunidad de presentarlos como sus defensores.

Una segunda observación. Hay pruebas más que suficientes para ver que las posturas defendidas por los establishments europeos sobre el mundo musulmán están profundamente equivocadas. Como bien ha indicado el periodista que, a mi parecer, conoce mejor el mundo musulmán, Patrick Cockburn, hoy el EI y otros movimientos radicales no tendrían la fuerza que tienen si no hubiera sido por las intervenciones occidentales, incluyendo las europeas, en Irak, en Libia y en Siria, intervenciones que crearon, además de un vacío de poder, las condiciones para que estas fuerzas crecieran y se expandieran.

Sindicalismo

El sindicalismo español se financia políticamente. Eso es antinatural y a la vista está que es actualmente todo un problema, cuando tendría que ser una solución. Habría que utilizar la estructura sindical alemana, en la que los sindicatos se financian con las aportaciones de sus miembros. Esa es la senda estrecha, la que no han tomado los sindicatos españoles. Resultados: la tasa de paro en Alemania está en el 7%; la de España en el 20 %. Evidentemente, el sindicalismo español no funciona. Al menos, con la estructura que posee. Y, ¿se ha planteado acaso modificar el sistema? Quia, ¿cómo prescindir de la mamandurria? Sería "tarea del negro", como en el mus, rehacer toda esa legislación ineficaz, compuesta no para resolver los problemas, sino para sacar "partido" (político, y económico) de ellos. Una solución posible, la de asumir el sistema alemán, que funciona. Pero eso nunca se verá propuesto en los medios de comunicación o aparecerá oscurecido, como hasta ahora. ¿Por qué? Por eso: es una senda estrecha, difícil, penosa, que requiere paciencia, inteligencia, profesionalidad... Todo aquello de que carecen los sindicatos españoles.

El desorden es más creativo que el orden, pero exige más esfuerzo

Jaime Rubio Hancock "Sí, el desorden estimula la creatividad", El País, 26-II-2015:

Pero el orden favorece la armonía, la relajación, la eficacia y el bienestar. Algo es algo

Un amigo compartió hace poco unas semanas en Facebook una famosa foto del escritorio de Albert Einstein el día de su muerte, entusiasmado por el hecho de que alguien tan inteligente como el físico fuera tan desordenado como él. “El orden está en tu mente”, escribió, a lo que yo contesté que sentía ganas de tirar todos esos papelotes y limpiar esa pobre mesa que no tenía culpa de nada.

La gente desordenada tiende a decir que en su desorden hay un sistema y que ellos saben dónde tienen cada cosa. Es más, muchos opinan que ese caos les ayuda a pensar y a trabajar. En cambio, yo pienso que son unos vagos que no quieren tomarse cinco minutos para ordenar esos libros y guardar esos papeles donde toca, así que decidí llamar al psicólogo Miguel Silveira para que me diera la razón: “En efecto -contesta, llevándome la contraria-, hay personas que saben dónde está cada cosa dentro de su desorden”. Aunque esto no es algo que pase siempre, como añade la psicóloga Amaya Terrón: "Otra cuestión es que el orden de cada uno es tan subjetivo que donde uno ve desorden es posible que haya ciertas normas en lo que aparentemente es un caos".

El vínculo entre desorden y creatividad

Además de que existe este orden interno, tener las cosas fuera de su sitio “puede estimular la creatividad porque el sistema es abierto y se presta a surfear buscando salidas, creaciones, soluciones, caminos”. Eso sí, aunque “las personas creativas sí suelen ser desordenadas, esto no significa necesariamente que todas las personas desordenadas sean creativas”. Es decir, tirar los libros por el suelo no nos va a convertir en genios. "La consecuencia del desorden no es la creatividad", concluye Terrón.

Silveira no es, ni mucho menos, el único que establece un vínculo entre desorden y creatividad: un estudio de 2013 mostró cómo un ambiente desordenado favorecía respuestas más creativas de los participantes que uno limpio y arreglado. A modo de compensación, el mismo experimento puso de manifiesto que la gente ordenada prefiere la alimentación sana, es más propensa a donar dinero y tira más por lo clásico que por lo nuevo.

En un artículo publicado en el New York Times, Katheleen D. Vohs, una de las autoras de este trabajo, también apuntaba que la tendencia a oficinas minimalistas podía suponer un freno a la creatividad. No se trata sólo de que no sea posible el desorden, sino de que cada vez tenemos menos espacio propio.

En definitiva y para mi contrariedad, hay que tener cuidado con el “orden perfecto, donde todo está previsto y perfectamente ajustado en cuanto al espacio y el tiempo, y por tanto donde la improvisación y la creatividad casi no tienen cabida”, dice Silveira, que añade que esta pulcritud excesiva “no sólo es signo de rigidez mental o esclerotización de la actitud del orden. Se asemeja a lo excesivamente normativizado y pautado y suele ir anejo a un tendencia obsesiva y algo maniática, y por tanto de déficit de normalidad comportamental”.

Terrón añade que hay grados en esta necesidad por ser ordenados: "Es cuando se radicaliza cuando podemos considerar dañino para la persona: ya no tiene manía por el orden porque le confiere felicidad, sino que lo hace para huir de la ansiedad que le provoca no hacerlo o verlo desordenado".

Las ventajas del orden

Eso sí, no todo es malo en el orden: favorece “la armonía, la relajación, la eficacia en el rendimiento y el bienestar con uno mismo”, añade Silveira. A nuestro cerebro le resulta agradable y por eso busca patrones, estructuras y normas. Tal y como muestra la teoría de los cristales rotos, la limpieza y el orden promueven los comportamientos legales y morales, mientras que un ambiente desordenado puede llevar a lo contrario.

De hecho, el caos también puede suponer un problema. Por ejemplo, en el trabajo o con la pareja: “Si uno de los dos es muy ordenado y el otro caótico, esto dará lugar a conflictos y choque de intereses, y eventualmente se puede desembocar en descarrilamiento”.

Es decir, hay límites, tanto en un sentido como en otro: “Si el desorden y la desorganización son elevados favorecerían también el caos, el estrés y la confusión”, explica Silveira. Y eso lo complica todo: “Las relaciones personales, el trabajo, el estado mental”.

Como dice Eric Abrahamson, autor de A perfect mess (Un follón perfecto), en esta entrevista publicada en The Globe and Mail, pasar 20 horas ordenando tu mesa no te va a devolver 20 horas de eficiencia. Según Abrahamson, puede ser más útil dejar que el desorden se amontone en lugar de lidiar con él constantemente, siempre que no se superen ciertos límites. Es decir, se trata de admitir que vamos a perder la batalla contra la entropía y siempre (o casi siempre) habrá algo fuera de sitio.

Coindice Terrón, que es más escéptica en lo que respecta al vínculo entre orden y desorden, pero añade que "es posible es que las personas que tengan una obsesión por el orden, dediquen tanto tiempo a éste que no les quede tiempo ni recursos para la creatividad".

La clave está en encontrar el equilibrio: “Cierta dosis de desorden es conveniente para dar un toque de improvisación, de informalidad y de frescura a la vida", explica Silveira. Y al revés: "Cierto orden externo facilita el orden y disciplina mentales, o sea, un orden interno de las ideas y sentimientos”. Entre otras cosas porque “luego no hay más remedio que aplicar un método” para llevar cualquier idea a cabo.

Rutinas o el orden en el tiempo

Es decir, por mucho que el desorden pueda ser estimulante, también necesitamos espacios de trabajo y hábitos más o menos estructurados, que suponen un orden temporal, por usar el término de Abrahamson. En Daily Rituals se recoge la cita del compositor John Adams, cuando dice que “la gente más creativa que conozco tiene hábitos de trabajo muy rutinarios y no particularmente glamurosos”. Otra cita del mismo libro, esta del poeta W. H. Auden: “La rutina, en un hombre inteligente, es un signo de ambición”.

La rutina puede ayudar a automatizar muchos procesos y liberar la mente “para hacer el trabajo que le es más propio”, añade el filósofo William James, que jamás fue capaz de llevarlo a cabo, según se cuenta también en Daily Rituals. Es más, el libro no sólo recoge experiencias de gente estructurada, sino que habla también de gente como el pintor Francis Bacon, que tenía el estudio, digamos, ligeramente desordenado.

De todas formas, no somos cien por cien ordenados o desordenados, “sino que esto puede cambiar incluso para ciertos ámbitos. Una persona puede ser muy ordenada en el trabajo y más desordenada en lo que respecta a la higiene o al sueño”, añade Silveira. Aunque quien es muy desordenado, suele serlo en todo.

Silveira me tranquiliza cuando añade que no estoy condenado al frío y cuadriculado mundo de la obsesión por el orden: “Se puede modificar o moderar este comportamiento y entrenar la creatividad con método y supervisión". El objetivo es entrenarse para encontrar soluciones a diferentes problemas “y abrir compuertas y nuevas vías y conexiones”.

Comenzaré poco a poco y dejaré el boli aquí. No, mejor aquí. Sí, ahora está bien. Creo. No sé. Yo lo veo fuera de sitio.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Mortadelo Sánchez y Filemón Rajoy

Aníbal Malvar, "Mortadelo Sánchez y Filemón Rajoy", en Público, 25 feb 2015:

Tras escuchar siete horas de debate sobre el Estado de la Nación, no sentía ningún dolor de cabeza. Me sucede cada vez. Mi cerebro permanece relajado por falta de esfuerzo, pues casi nada de lo que se dice merece permanecer ni un ratito electrificando mis sinapsis. Si no fuera por los gritos, el debate hubiera sido tan siestero como un documental sobre tortugas tetrapléjicas de La 2. Aburre la política hemicíclica, y el aburrimiento es una de las armas más efectivas de los políticos/sistema. Nos aleja del interés en ella, y así nos dejamos zarandear por decisiones de las que ni somos conscientes. Buena parte de la culpa de esto la debemos asumir también los periodistas, que durante mucho tiempo hemos permitido que su tedio adormezca nuestra vigilancia, que sus bostezos de rueda de prensa se le contagien a nuestro afán investigador, que sus plasmas dicten el ritmo de la prosa a nuestra perezosa tinta.

La bronca que escenificaron ayer un virulento Mariano Rajoy y un Pedro Sánchez espartano es un capítulo más de Epi y Blas. Parece que ambos muñecos discuten, pero en el fondo se quieren y duermen juntos. Llevan décadas pactando la color de sus sábanas y de nuestros sudarios. Los últimos y penúltimos ejemplos son demoledores. Desde la reforma del artículo 135 de la Constitución hasta esa pantomima antiyihadista que lo único que favorece es recortar las libertades que olvidó cercenar el PP con su ley mordaza.

El tonito subió hervores por momentos. “Yo me lo tomo a usted bastante más en serio que los suyos, y mi trabajo me cuesta”, le escupió el presidente al presunto jefe de la oposición. “Ustedes son la derecha de siempre. Qué gran fraude es su gestión de Gobierno”, contraatacaba un Sánchez menos dotado para la ironía, pues de todos es sabido que no es gallego. O sea, que parodiaron poco menos que una bronca marital, con la diferencia de que el texto de las broncas maritales no te lo escriben los asesores pagados con fondos públicos, sino las y los amantes respectivos.

Anunciaba ayer Ediciones B la publicación de un nuevo tebeo de Mortadelo y Filemón en el que el dibujante Ibáñez pone a sus detectives a investigar a Bárcenas. La coincidencia del anuncio con el debate no me parece casual. Mortadelo Rajoy y Filemón Sánchez saltaron ayer al Congreso de los Diputados a discutir a través de sus zapatófonos sobre cómo salvar al país de la iniquidad y la inepcia, sin confesarnos que la iniquidad y la inepcia son ellos mismos. La cosa también sería de tebeo si no se diera la circunstancia de que, mientras, moría gente a causa de ese artículo 135 cuya reforma ambos firmaron.

Entre medias cogieron a Durán Lleida, que siempre dice lo mismo y por eso solo se escucha a sí propio; a Alberto Garzón, brillante savia nueva de esa planta muerta mal llamada Izquierda Unida; y a Rosa Díez, que se dedicó a leerle mensajes de facebook al presidente, como una adolescente poco instruida y sin gracia natural que te da el coñazo con el iPhone5 contándote las chorradas que le envían por whatsapp. Que está usted en el debate sobre el Estado de la Nación, señora. Compórtese. Bien o mal, pero compórtese. La única respetable fue Celia Villalobos, que sacó del bolso el ipad y se puso a jugar al Candy Crush (que no sé qué es, pero seguro que más estimulante intelectualmente).

Mientras se desarrollaba este alegre sainete parlamentario, los mercados bajaban nuestra prima de riesgo en 100 puntos básicos, enviando a la gente el mensaje de que Epi y Blas, Mortadelo y Filemón, el whatsapp, el Candy Crush y el zapatófono marcan la buena senda de esta sentina de ideas llamada España.

–A buen entendedor… –susurraba en luterano Angela Merkel.

Mariano en Elm Street

David Torres, "Mariano en Elm Street, oiga", Público,. 25 feb 2015:

Lo más interesante de las largas y floridas intervenciones del presidente Mariano durante la plúmbea jornada de ayer, oiga, fue la corbata. Era una corbata azul claro con bandas blancas y azul marino listadas, muy bonita. Le hacía juego con la barba, quizá por un reflejo ideológico, quizá por una sobreexposición a las televisiones de plasma. Y ya está. Lo demás consistió en lo de siempre, oiga, malabarismos de cifras, birlibirloques semánticos y estadísticas de churrería. Por ejemplo, cuando se puso a hablar de las clases medias, Mariano sacó el cuchillo y desmenuzó la sandía en tres gajos principales; a la altura del segundo, el auditorio todavía estaba intentando digerir el primero, pero el presidente se había preparado a fondo los cursillos de lectura rápida y esta vez no se tropezó ni en los decimales. Eso sí, siguiendo su costumbre, no dijo una sola cosa que no fuese mentira.

El arma sorpresa de su discurso fue un sonoro y rimbombante número cómico: “No pedir el rescate fue la gran medida de política social de esta legislatura”. En junio de 2012 prácticamente no hubo un solo periódico de este país (desde La Razón hasta este digital en que nos encontramos, sin olvidar el ABC, El Mundo, El País, La Vanguardia y El Periódico de Catalunya) que no incluyera en los titulares y portadas, en negritas bien gordas, la palabra RESCATE. ¿Por qué lo llaman rescate cuando quieren decir préstamo? Probablemente Mariano estuviera citando el Marca. Luego, ya lanzado cuesta arriba, incluso prometió dos o tres millones de nuevos puestos de trabajo, oiga. Dos o tres por lo menos. La mujer que traducía semejante tropel de disparates al lenguaje de los signos recurría directamente a la peineta y al corte de mangas.

Incluso al ponerle Duran i Lleida delante de la cara miserias tan evidentes como la tragedia de los dependientes o el IVA cultural, Mariano se sacó de la manga, literalmente, unos porcentajes chiripitiflaúticos donde venía a decir, sin ningún tipo de pudor, que el gobierno había tenido que ordenar sus prioridades (bueno, él dijo “priorizar”, pero yo he preferido no pegarle esa patada al idioma). Básicamente, quería decir que entre los dependientes y la banca, mejor ayudar a la banca, y que entre la hostelería y la cultura, oiga, dos raciones de calamares. Lo de la hostelería suena a coña marinera pero yo mismo oí, y creo que no fue un efecto del plasma, cómo Mariano, en su respuesta al prócer catalán, defendía el 10% de IVA para la hostelería y el 21% para la cultura como un valor fundamental y diferencial del pueblo español. Es por lo que se nos conoce en el extranjero, oiga, los chopitos, el jamón ibérico, la morcilla y el vino de Rioja, muy por encima de Cervantes, de Velázquez, de Buñuel y de Machado. Toreros y camareros, la España mariana. En cuanto a la ciencia, ni está ni se la espera.

“Hemos salido de la pesadilla” dijo, y por unos instantes, parecía Freddy Krueger con las manos llenas de tijeretazos: hospitales desguazados, profesores despedidos, colegios arrasados, muchedumbres en paro, familias desahuciadas, jóvenes exiliados, niños hambrientos. El discurso presidencial debería haber llevado una advertencia, como tantas obras de ficción: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Cuando Garzón y Coscubiela le acusaron de estar por completo en otro mundo (los mundos para lelos), Mariano improvisó una pequeña biografía en que aseguró que él había nacido en Santiago de Compostela, no en Elm Street ni en Castroforte de Baralla, y lo aderezó con unos cuantos chistes típicamente marianos, oiga, que hicieron las delicias de su bancada. Los suyos le rieron y aplaudieron las gracias, que para eso están. Bueno, los que estaban, que a esas horas ya se habían ido casi todos a la cama. Bueno, tampoco todos, que Celia Villalobos aprovechaba para jugar al Candy Crush. La corbata, fantástica.

martes, 24 de febrero de 2015

Enseñar la lengua

PROFESOR JUAN DE MAIRENA

Fuera de las perífrasis verbales de aspecto o aspectuales (que resaltan la fase del proceso verbal que se destaca), existen las perífrasis verbales de modo, que expresan la consideración o actitud del hablante ante el proceso verbal o acción. Las hay de dos clases: las de obligación y las de posibilidad. Por ejemplo, DEBER + INF. para indicar obligación y DEBER DE + INF. para indicar posibilidad: "Deben ser las cuatro" indica necesidad, obligación, y "deben de ser las cuatro" posibilidad, cábala, conjetura... al menos, en teoría.

ALUMNO DEL PROFESOR JUAN DE MAIRENA

¿Qué quiere decir con "al menos, en teoría"?

PROFESOR

Eso tiene que ver con la política, una pseudociencia que no obra con arreglo a la razón, a la ley y ni siquiera a la gramática; pero nosotros no nos dedicamos a eso: somos gente seria que solo se aplica a estudiar y no vamos por ahí haciendo el ridículo, imaginando y cometiendo fechorías o encargándonos de cometer las que nos encargan los bancos.

ALUMNO

Pero ¿qué quería decir?

PROFESOR

¡Mira que eres pesado! Quería decir que en este país nadie lee y, si lee, no entiende; peor: no quiere entender. Los mismos legisladores no usan la gramática para leer la ley e interpretan en ella lo que les da la gana. No saben (no quieren saber) interpretar el sentido literal, que es el único que tiene la ley, fuera de epiqueyas. Por eso la constitución es falsa, porque no se la lee ni interpreta en sentido literal: los juristas serios (quiero decir, los de fuera) la clasifican entre las semánticas o destinada a preservar los intereses de quienes la proponen, en este caso, no el pueblo. La Constitución española es un texto cuyo significado está aislado de la realidad: no prescribe ni ordena nada. Y voy al ejemplo: en su cap. II, art. 36 dice: "La estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos deberán ser democráticos". DEBERÁN SER DEMOCRÁTICOS es una perífrasis verbal modal de obligación. No es lo mismo decir que los jueces "deben ser justos" a decir que "deben de ser justos"; en el primer caso se exige y se manda, en el segundo se especula o propone, esto es, se niega que el texto sea una ley. La obligación, en el derecho español, ni ata ni desata, es una bernardina o, como dijo algún alcalde en el pasado, un cachondeo. Un puro efecto perlocutivo, diría el semántico Lyons. Leed los periódicos y veréis cuánto atan las obligaciones a los jerarcas que Joaquín Costa llamaba "oligarquías" o "caciquismo", lo que otros llaman casta. Ese mismo ridículo concepto de "discrecionalidad", que es la madre del cordero de la corrupción española. En su época partían el bacalao Cánovas y Sagasta, hoy Rajoy y Sánchez. ¡Ah, sí, también había un rey descendiente del amante de la Inquisición Fernando VII y un tercer partido político, el Demócrata, al que, por medio del pucherazo, los oligarcas no dejaban gobernar! Ese partido ninguneado era la razón de ser de Cánovas, Sagasta y del rey mamandante, el partido Democrático: había que impedir a toda costa que gobernase. ¿Por qué? Porque democrático viene de democracia, la palabra a que no se hace caso en el cap. II art. 36 de la carta otorgada con el fin de que ese rey se hiciera una silla o trono en España, algo que ninguno de sus beneficiarios quiere cambiar ahora.

Pero todo esto suena ridículo; vayamos a la gramática, porque nosotros somos gente seria. Quizá, si todos aprendemos bien la gramática, algún día nos dé por hacerle caso.

ALUMNO

Yo creía que usted enseñaba retórica, sofística y gimnasia, profesor.

PROFESOR

Lo hacía; pero hay que atender a los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.

domingo, 22 de febrero de 2015

Las cámaras de la mierda

El Ayuntamiento (perdón por la obscenidad) está paranoico: ¿pues no va y pone cámaras en el Prado para averiguar quién lleva perro suelto y multarlo? Que las pongan en la Concejalía de Presupuestos, donde el buey suelto bien se lame (las prebendas); allí sí que hay cagadas denunciables que nadie recoge porque no se ven con cámara. Pero, ¡quia! se oculta la peste fea poniendo Rosa y Romero, jardinería y cocina, charanga y pandereta. Que venga un exorcista, que es lo que hace falta, para esparcir agua bendita y leerles el Ritual romano

A los filósofos cínicos les llamaban así por el griego kyon, que significa perro. El fundador de la escuela, Diógenes, que era un guarro, por cierto (de ahí el apelativo perruno que daban a los de su secta), fue invitado una vez a un banquete (hoy diríamos mariscada con tarjeta tenebrosa) de su consistorio o cabildo municipal; asistió, pero no quiso probar bocado y se retiró a un rincón sentado en el suelo. Para burlarse de él, un aseado e higiénico Alibabárcenas le tiró un hueso y dijo: "¡Toma, perro!" El digno Diógenes se levantó, se acercó a ese individuo, alzó la pata y lo meó.

Eso cuenta Diógenes Laercio. A los cínicos, que han perdido todo, incluso la solución habitacional (si no es que la estén pagando hasta el día de su muerte), es lo único que les queda. Mearlos y cagarse en ellos. Y acaso un perro y una flauta. 

Sorprenderá saber que Diógenes fue banquero y quedó arruinado, quizá porque gastaba demasiado en ética redistributiva o porque, como ahora, fue un griego de verdad en un país con demasiado griego de mentira y corrupto. Pero era feliz tomando el sol del invierno en una tina o solución habitacional y ladrando a los poderosos. Lo más probable (no lo dice la historia) es que, tras esta memorable fazaña, Diógenes acabara siendo un cínico apaleado.

Los recortes reducen a los ciudadanos al estado cínico, pero también son víctimas de recortes los árboles. Y la poda que acaban de hacerles es brutal. Cualquiera puede verlo si pasa por el Pilar. Si mi peluquero hubiera obrado así, ahora tendría las orejas en los suelos, como ocurre a los siberianos cuando cogen un mal aire, un aire demasiado frío; pero lo único que ha pasado es el PP.

Agrada que los políticos den ejemplo. Y Rosa Romero lo da: se queda con un piso del quesito cuando hay gente a la que sus amigos echan a la calle. Política popular. Política kantiana: dar ejemplo. Para disimular, ofrece "ayudas a familias numerosas". Que las dé a los chinitos del Domund, pues a eso cabe llamar con propiedad "limosna", como a las tinajas y los puentes llamamos soluciones habitacionales. Ella, en su casa, calentita, no con los aires fríos pordefuera. Goethe: "Si cada cual limpia su camino, la calle estará limpia". Rosa Romero lo ha entendido al revés: quitemos hojas y ramas a todos los árboles y la calle estará limpia... Y después suprimamos puestos de trabajo de barrenderos. Economía: palabra griega y cínica. Como la de democracia: usted vote lo que quiera, que ellos harán lo que les dé la gana. La rosa de los vientos, la rosa de las pestes. Y no la toques más, que pringa.

Habría que llamar a los hermanos Lumière para que filmaran la salida de los nenes del San José. Cuánta milfa y mamá burguesa vestida para que la vean. De vez en cuando me acerco para contemplar el espectáculo antes de que Rosa le ponga precio. Luego, observo a las mismas mamás o mamaes llevando a sus retoños sin futuro ni puesto de trabajo posible a ver las carrozas de malvestidos del Carnaval. Y lo retransmiten las cámaras de Castilla La Mansa TV. Se ve a la legua para qué van allí todos los catetos: para ver cómo no son ellos. La verdad, me divierto más en unas elecciones generales, ahí sí que nadie conoce ni a la madre que lo parió.

sábado, 21 de febrero de 2015

El verdadero padre de Francisco Umbral fue Alejandro Urrutia y Leopoldo de Luis es su hermanastro

Manuel Jabois, "Umbral y su padre, novela real", El País, 20-II-2015:

La ausencia del padre marcó la obra del autor de 'Mortal y rosa'.  Ahora, EL PAÍS le identifica como el abogado Alejandro Urrutia.

Francisco Umbral escribió 110 libros y 135.000 artículos, y casi todos en torno a él. Según su biógrafa Anna Caballé es el autorretrato más largo de la historia de la literatura española. Cuando Umbral acabó, nadie sabía sus apellidos ni su fecha de nacimiento.

El escritor fue el resultado de dos heridas: la ausencia del padre y la ausencia del hijo. Hubo una tercera, voluntaria, que consistió en su propia disolución. “Llevamos la verdad por fuera, la carne, y la máscara por dentro”. Umbral sabía, y lo que no sabía lo inventaba, pero lo que no permitía es que los demás supiesen; sobre ese vacío construyó su vida, y cuando se cansó de su vida empezó con su obra. Él mismo avisa: “He vivido el mundo intensamente, pero literariamente”.

—Todo empieza —dice Jorge Urrutia frente a un ventanal del Gijón— cuando Umbral y el poeta Leopoldo de Luis se conocieron en Madrid, a mediados de siglo, en medio del bullicio de la época. El poeta Leopoldo de Luis era mi padre.

En La noche que llegué al Café Gijón Umbral escribió: “Leopoldo de Luis —el mínimo y dulce Leopoldo de Luis, se llegó a decir en la tertulia—, era de ojos pequeños y maliciosos, nariz grande, boca inexistente, rostro un poco rojizo, fácilmente alegrado y subido de color de la risa, y venía de sus oficinas de seguros lleno de versos, de cultura, de conversación, de chistes malos y poemas buenos. Escribía una poesía en la música de Miguel Hernández, hecha de humanidad y socialismo, con gran sentido del verso, gran ductilidad lírica y una melodía grata y honda, monótona y cierta, que daba gran calidad a todo lo suyo”.

Leopoldo y Umbral mantuvieron su amistad durante décadas, y esa relación se extendió al hijo de Leopoldo, Jorge Urrutia, poeta, traductor y catedrático, directivo del Instituto Cervantes entre 2004 y 2009. Leopoldo de Luis fue el seudónimo que utilizó Leopoldo Urrutia para burlar la dictadura.

En 2004 Anna Caballé publicó El frío de una vida, la biografía de Francisco Umbral. No fue autorizada ni bien recibida por el escritor. Caballé reveló algunos datos falsos de la vida de Umbral, como su fecha de nacimiento, que fue en 1932 y no en 1935, y desveló el nombre de su madre, Ana María Pérez Martínez, una mujer soltera y tuberculosa que tuvo una aventura con un hombre casado, y decidió, en aquel Valladolid de los años 30, tener al niño.

La biografía de Caballé cayó como una bomba en casa de Leopoldo de Luis. El anciano reparó en la época, en el nombre real de la madre, y juntó tres fotografías: la de su padre, Alejandro Urrutia, la de Francisco Umbral y la de su nieto, hijo de Jorge Urrutia. Los tres eran el mismo hombre.

—Al llegar a casa lo encontré pálido. Me dijo que teníamos que hablar. Me dijo: mi padre, tu abuelo, es el padre de Umbral. Yo soy su hermano, y tú su sobrino.

Jorge Urrutia había escrito ya de Umbral y estudiado su obra. Umbral lo había distinguido como uno de sus poetas preferidos.

—Mi padre y yo supimos que Umbral conocía la historia. Que siempre supo quién era su padre, y por tanto sabía quiénes éramos nosotros.

—¿Y esa nariz de su padre?

—De mi abuelo, y de Umbral.

La vida azarosa de Leopoldo de Luis lo había depositado en Madrid como poeta de prestigio después de haber sido oficial republicano y estar perseguido por la dictadura. Tuvo que hacer lista de espera y ponerse de tornero fresador para entrar en un campo de trabajo: por las cosas del franquismo, que combinaba la crueldad con la ineptitud administrativa, no tenía plaza.

Los personajes

Alejandro Urrutia, padre de Leopoldo de Luis y Francisco Umbral, fue un intelectual y abogado cordobés, poeta modernista y empresario arruinado. Ana María Pérez Martínez era la secretaria de Alejandro Urrutia en Valladolid. De su relación nació Francisco Umbral. El poeta Leopoldo Urrutia, que firmaba como Leopoldo de Luis, fue el otro hijo de Alejandro Urrutia y, por lo tanto, hermano de Umbral. Jorge Urrutia es el hijo de Lepoldo Urrutia, y sobrino de Umbral. Alejandro Urrutia murió en los años 50 sin conocer el éxito literario de Umbral. Jorge Urrutia animó a su padre a hablar con Umbral. El poeta Leopoldo de Luis, un hombre delicado, dijo que si Umbral no había querido contarle nunca la verdad, era absurdo desenterrarla ahora.

Un año después de saber que Umbral y él eran hermanos, Leopoldo de Luis falleció en Madrid a los 87 años. Al tanatorio llegó Francisco Umbral. Con el abrigo, la melena y el fular, tan parecido a la chalina, como el padre de ambos cuando se paseaba por Campo Grande, en Valladolid. Umbral pidió a Jorge Urrutia quedarse a solas con el muerto. No le explicó por qué y Jorge no preguntó. El hijo vació la sala y dio varios pasos atrás, contemplando la escena. La del gran escritor, un hombre hecho de ficciones, a solas con la verdad. La misma que hirió su vida en 1974, cuando veló a su hijo de seis años, Pincho, mientras se le moría a chorros en la clínica de la Concepción. “He conocido la única verdad posible: la vida y la muerte —tan vivida previamente— de mi hijo, y sin embargo he optado o estoy optando por el engaño, por el autoengaño, de modo que seré inauténtico para siempre. No creáis nada de lo que diga, nada de lo que escriba. Soy un farsante”.

Francisco Umbral incrustó su vida en la obra sin la figura del padre, que fue siempre él (Mortal y Rosa) a la vez que niño, como en El hijo de Greta Garbo. Siempre estuvo en medio y siempre estuvo solo a la manera de Chillida, o sea “solo contigo”, con María España, a la que escribió Carta a mi mujer, tercera pata íntima de su vida con su hijo y su madre (“Ya quisiera yo que uno de mis cuatro hijos me recordara un día así, como el hijo de Greta Garbo”, le escribió Teresa Pàmies). Dejó sin escribir al padre, la presencia freudiana por excelencia. Ni para demolerlo, ni para explicarse a sí mismo.

Dos años después de la muerte de Leopoldo de Luis, Premio Nacional de las Letras, falleció Francisco Umbral, Premio Cervantes. En el tanatorio se presentó Jorge Urrutia. María España le abrazó y le dijo: “Tú eras al que más quería".

Alejandro Urrutia, padre de Leopoldo de Luis y Francisco Umbral, fue un intelectual y abogado cordobés, poeta modernista y empresario arruinado. Hizo grandes amistades, como la de Julio Romero de Torres y otros artistas e intelectuales de la época que le procuraron favores en un tiempo comprometido.

—Mi abuelo fue un burgués que en los años 30 se paseaba con melena, traje, abrigo, chalina y borsalino con El Socialista bajo el brazo.

Alejandro Urrutia fue el primero en escribir en España de la muerte de Antonio Machado. Extravagante y lector impenitente, en la casa familiar su esposa dormía en el mismo cuarto que su tía y él lo hacía solo, en una cama turca, hasta las cuatro de la mañana, cuando se despertaba, encendía una vela y leía libros de Biología del siglo XIX.

Como Umbral, Alejandro Urrutia estaba perdido fuera de su mundo. En Córdoba dirigió el negocio familiar de alcabalas, impuestos, que se hundió lentamente por la humanidad del jefe; comprensivo, el intelectual perdonaba a los clientes, salvaba plazos y hacía la vista gorda con los más necesitados. Se fue en 1919 a Valladolid, donde fue abogado del Banco Hispanoamericano. Después llevó unos laboratorios farmacéuticos propiedad de la familia que no tardó en arruinar. Su patrimonio se empeñaba y desempeñaba al azar de sus decisiones. Fue allí, en Valladolid, cuando tuvo una secretaria, Ana María Pérez Martínez, que convirtió en su amante. La mujer se quedó embarazada y su familia la protegió enviándola a la Maternidad de Lavapiés, en Madrid. De vuelta, la abuela materna mandó al niño a casa de una nodriza primero y de unos familiares después para silenciar escándalos. Durante años su madre fue, para Umbral, la tía May. Su padre, un desconocido.

Habló una vez de él con Carmen Rigalt y lo recordó Elena Pita en El Mundo. Dijo que le había conocido poco porque había estado preso en Madrid mientras él y su madre se refugiaban en Valladolid, y que lo dieron por muerto pero acabaron visitándolo en prisión; su padre, escribe Pita, era “un burgués azañista, inofensivo, propietario de unos laboratorios farmacéuticos, con gran vocación literaria que nunca llegó a ejercer, amigo de poetas, y que murió del corazón al poco de ser liberado, dejando en su hijo el germen del dandismo y la literatura”. Verdades a medias (Alejandro Urrutia fue depurado por el régimen, pero no encarcelado) y una sospecha, la del hombre que deja en Umbral las letras y el dandismo.

Y sin embargo, según Jorge Urrutia, Alejandro Urrutia tuvo más impacto en la vida de Francisco Umbral. Cuando enfermó el niño, la mujer de su padre llegó a tenerlo en casa a su cuidado. Leopoldo se recordaría después por el pasillo jugando con un crío, llevándolo a hombros, sin pensar que aquel chaval acabaría siendo su amigo años después, y que ese amigo sería Umbral. Fueron los contactos de Alejandro Urrutia, amigo del alcalde de Valladolid, los que posibilitaron que la madre de Umbral accediese a un empleo en el Ayuntamiento, la época en la que el escritor se atiborró de lecturas en la biblioteca municipal. Y usó sus amistades del Banco Hispanoamericano, que aún perduraban, para que Umbral se colocase de botones a los 14 años.

Alejandro Urrutia, un hombre de inteligencia y talento, murió en los años cincuenta sin conocer el éxito de su hijo Francisco Umbral, que llegó a firmar, sospecha Jorge, los primeros artículos de su vida como Francisco Urrutia. Pronto abandonó su verdadero nombre por el de Umbral. Y aún entonces, en un programa de televisión, le dijo Sánchez Dragó:

—Esto lo sabe poca gente, pero tú te llamas Francisco Pérez Martínez.

—No, tampoco me llamo así. Nadie sabe cómo me llamo. Eso es mentira también. Cómo me llamo realmente lo sabe muy poca gente.

—Pues habrá que ir al Registro Civil.

—Tendría que decirte yo a qué Registro Civil.

Lo curioso es que tenía razón, no se llamaba así. Se llamaba Francisco Alejandro Pérez Martínez.

Frases de Malcolm X

Si no luchas por algo, morirás por nada.

La educación es el pasaporte hacia el futuro.

El poder en defensa de la libertad es mayor que el poder en nombre de la tiranía y la opresión.

La única cosa que respeta el poder es el poder.

Cada derrota, cada angustia, cada pérdida contienen su propia semilla, su propia lección sobre cómo mejorar tu rendimiento la próxima vez.

No puedes tener capitalismo sin racismo.

No puedes separar la paz de la libertad: nadie puede estar en paz a no ser que tenga su libertad.

Cuando las personas están tristes no hacen nada. Cuando están enfadadas provocan el cambio.

La bisagra que rechina es la que consigue el aceite.

Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido.

Si no estás preparado para morir por ella, saca la palabra libertad de tu vocabulario.