miércoles, 25 de marzo de 2015

El capitalismo en los laboratorios farmacéuticos es un crimen contra la humanidad

Pedro Luis Angosto, "El negocio de los laboratorios farmacéuticos, crimen contra la humanidad", en Nueva Tribuna, 25 de Marzo de 2015:

Hasta hace unas décadas, el negocio de los laboratorios farmacéuticos consistía en patentar determinadas drogas para lanzarlas al mercado a un precio relativamente asequible para los sistemas estatales de salud, un precio que en ningún caso impedía que los dueños de los citados laboratorios se encontrasen entre las “personas” más ricas del planeta. A partir de la década de los ochenta, al calor de la globalización y de la progresiva implantación del sagrado dogma neoliberal, los grandes laboratorios tendieron a la concentración y cambiaron su modo de actuación con la intención de recoger los beneficios en un plazo mucho más corto. Por una parte eliminaron la competencia de la pequeña industria y de las universidades públicas –a quienes compran la mayoría de las patentes por cuatro cuartos-, por otra, al convertirse en empresas cuasi monopolísticas a escala global impusieron sus precios criminales a los distintos sistemas de salud. Sirva un ejemplo, la terifuonomida, principio activo que tiene efectos muy beneficiosos para los enfermos de Esclerosis Múltiple, apenas cuesta fabricarla unos cuantos euros, pero el tratamiento se vende a cuarenta y cinco mil euros anuales. No estamos pues ante un negocio que permita a la mercantil de turno sacar unos beneficios adecuados a sus gastos, riesgo y esfuerzo, sino ante un escarnio, ante un actividad comercial salvaje que busca el enriquecimiento veloz de los dueños y accionistas de laboratorios a costa del sufrimiento o la muerte de quienes padecen esa terrible enfermedad. Cuesta mucho imaginarse a los investigadores que descubrieron ese u otros tratamientos similares, trabajando en el laboratorio pensando que su hallazgo sólo servirá para aliviar los males de aquellas personas que tengan muchísimo dinero puesto que eso está contra todas las leyes éticas de la investigación y de la medicina. Sin embargo, los hechos son los que son y para que se produzca la droga curativa que todos esperamos, tal como se hace en la actualidad, es imprescindible el trabajo de los investigadores, la voracidad de los compradores de patentes, la codicia desmesurada de los comercializadores y la complicidad de los distintos gobiernos estatales y la comunidad internacional.

En los últimos años se están dando espectaculares avances para curar enfermedades mortales y crónicas. Un día y otro aparecen informaciones en revistas científicas especializadas y en medios de comunicación de masas relativas a nuevos fármacos que nos aproximan a la curación del cáncer, la hepatitis C, las enfermedades cardiacas o los distintos tipos de enfermedades desmielinizantes. Como hemos dicho antes, la mayoría de esos hallazgos científicos salen de Universidades y centros Públicos, pero terminan, gracias a la pasividad cómplice de los gobiernos, en manos de laboratorios monopolísticos que pagan cantidades millonarias por las patentes y luego imponen sus precios a esos mismos Estados atacando la base de los sistemas de salud e impidiendo que los beneficios de los nuevos fármacos puedan estar al alcance de todos sin que ello suponga la desaparición del propio sistema por bancarrota.

Hay varias formas de evitar el abuso criminal de los laboratorios, uno sería que Naciones Unidas y los países que la integran declarasen libres de patentes a todos los fármacos curativos o paliativos, otro la creación por parte de los Estados de una industria farmacéutica potente y de una agencia de drogas que anteponga los intereses generales a los intereses comerciales de fabricantes y distribuidores, empero, como estos dos supuestos no llevan camino de ser andados, quizá la vía más rápida y eficaz para evitar el dolor y la muerte de millones de personas a manos del monopolio farmacéutico sea seguir la vía hindú. La India tiene una rigurosísima Agencia de patentes que no admite fármacos nuevos por el simple hecho de que haya una modificación molecular en el principio activo del medicamento. Siguiendo sus propios criterios, hace unos meses se negó a reconocer la patente del Sovaldi, la droga que cura la hepatitis C y que en Occidente cuesta a razón de mil euros por pastilla, anunciando que en breve sacaría un tratamiento similar por un precio asequible a todos los enfermos. India defiende, y su industria lo está llevando a cabo, el libre acceso de cualquier persona a los tratamientos farmacéuticos más eficaces, pero los gobiernos occidentales, sometidos a los intereses de los laboratorios, impiden bajo mil peregrinas escusas que el Sistema Nacional de Salud de España pueda comprar en el mercado hindú, liberándose así de la terrible dictadura de la industria estadounidense, suiza o francesa: Aquí el sacrosanto libre mercado no existe, la mano invisible –como en casi todos los ámbitos- es más visible que las narices de Pinocho, existe una tiranía industrial que está costando tantos padecimientos y muertes a escala global como la más cruel de las guerras.

Pero la industria del medicamento no sólo encarece las drogas que produce de forma brutal, además se inventa enfermedades y tiene conexiones con otras industrias dedicadas a la muerte como las de armas. Caso paradigmático es el de Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa con Bush II, dios de la guerra, de las armas de destrucción masiva y de los laboratorios Gilead, sí aquellos que avisaron de las terribles consecuencias de la “gripe porcina” y del medicamento que la “curaba”: El tamiflú; también, del sovaldi. En este hombre y en sus empresas médicas y guerreras se ejemplifica como en nadie la unión de la muerte, la destrucción y el dolor como instrumentos de enriquecimiento cueste lo que cueste, por encima de cualquier principio humanitario. Pues bien, en manos de personas como Rumsfeld o como Christine Lagarde –la presidenta del FMI que advirtió de la vejez como un peligro para la humanidad- está la salud y el bienestar de quienes habitamos este planeta: O sobran ellos y lo que representan, o sobramos todos los demás.

martes, 24 de marzo de 2015

Paco Arenas publicará su primera novela, Los manuscritos de Teresa Panza

Enhorabuena a nuestro republicano escritor y amigo, Francisco Arenas, quien nos ha comunicado la publicación de su primera novela, Los manuscritos de Teresa Panza. Podéis saber más de él en su archileidísimo blog, España por la República, y en su más íntimo y personal Cosas de Pinarejo, Cuenca y Castilla. Blog castellano de La Mancha.

Presentado el libro de Angel Ramón del Valle sobre las desamortizaciones en La Mancha

Luis Mario Sobrino, "Ángel Ramón del Valle retrata el papel de las élites durante la desamortización", en Miciudadreal, 24 marzo, 2015:

Ángel Ramón del Valle presentaba ayer en el salón de actos de la Biblioteca Pública de Ciudad Real “El poder de la propiedad. Elites y desamortización en la España interior (Madrid y Castilla-La Mancha)”, una obra con la que pretende enlazar el estudio de la desamortización con la evolución económica de la Región y realizar una sociología rigurosa de los beneficiarios con especial incidencia en el papel de las elites tanto madrileñas como castellanos-manchegas.

Del Valle comentaba, minutos antes de la charla de presentación de su libro, que Castilla-La Mancha fue de los territorios donde con más intensidad se llevó a cabo la desamortización, y que la burguesía madrileña fue fundamental en la adquisición de terrenos. Entre esto, muchos banqueros, como el marqués de Salamanca, el de Múdela, financieros de la época. En definitiva, grandes burgueses.

Por otro lado, aclaraba que, aunque es más conocida la desamortización de Mendizábal, en realidad, fue más importante la de Madoz, pues afectó a tierras de Ayuntamientos y de la Iglesia.

Entonces Ciudad Real contaba con 10 conventos de los cuales en la actualidad no queda ninguno. Conocidos eran el Convento de la Merced, donde se ubica ahora la Diputación, o el antiguo Hospital de San Francisco, hoy residencia de Santo Tomas de Villanueva. Muchas obras de arte que estaban en estas instalaciones desaparecieron tras la desamortización.

El historiador Isidro Sánchez ha ejercido como presentador de Ángel Ramón del Valle. Comparaba con cierta perspectiva la desamortización del siglo XIX con lo que está ocurriendo en nuestros días con las Cajas de Ahorro. “Antes las propiedades pasaban a manos de los ricos y ahora pasan a manos de los amigos de los ricos que hacen esa desamortización”.desamortizacion-02

“En la de Mendizábal se tocó a las tierras de la Iglesia, que mal o bien, pero eran de la Iglesia pero la del 55 que fue la de Madoz se tocó las tierras de todos. Es fue la peor pues afectó a los Ayuntamientos que, tras ella, se quedaron sin dinero”, explicaba.

Isidro Sánchez fue el director de tesis de Del Valle se dirigió al público asistente hablando de las “M” del autor, con una gran secuencia de palabras encabezados con esta consonante: “Minucioso a la hora de buscar información en boletines de todo tipo, Mirada de historiador que consulta y obtiene resultados, un Método renovado utilizado para describir los hechos históricos, M de la Mancha y M de Madrid. Ambas partes de la geografía española las enlaza perfectamente sobre todo cuando narra cómo los burgueses madrileños se hicieron con terrenos manchegos. La M de Mendizábal no podía faltar ni la M de trabajo modelo para entender esta etapa histórica”.

Isidro con su sentido del humor que le caracteriza termina con la M de ¡Muchas gracias!

lunes, 23 de marzo de 2015

Nada de nada

Entre un momento y el siguiente hay un terrible punto de indistinción; un abismo que resiste al cálculo, como quiere Bécquer. A los griegos les aterrorizaba su irracionalidad. Porque del hecho se sigue que es imposible conocer todos los aspectos, todo el sentido de la existencia. El principio de indeterminación no hizo sino confirmarlo a comienzos del siglo XX: somos imprecisos e inciertos más allá de toda duda, valga la paradoja. Resulta que hay un enigma que es imposible descifrar: el enigma de por qué hay enigmas. Los hay porque está fuera de nuestra capacidad resolverlos y, con ello, resolver el enigma de nuestra propia existencia. Somos un mero deseo que no encuentra cumplimiento; el deseo todo lo aleja y hace inalcanzable: mayor que el amor es el deseo de amor, mayor que la vida es el deseo de vivir. De repente todo queda entre paréntesis, sometido a una interdicción fenomenológica y descubrimos que esa reducción deja lo esencial fuera mismo de la pregunta, que la pregunta es errónea. El terremoto de la insuficiencia humana, de su inválido papel en la existencia abre unas grietas enormes entre los números primos, certificando que el desorden es el elemento más abundante del universo y que, además, crece, inflado por el paso del tiempo y el segundo principio de la termodinámica, la entropía. La perfección en que quieren creer las religiones, las ideologías, las utopías, el amor mismo, desfallece, enflaquece y se trasforma en mera necedad; las líneas rectas se alejan, se pierden, se vuelven borrosas e indefinidas y terminan por no dibujar nada; todo es más complejo de lo que podemos pensar e incluso de lo que podemos sospechar y nuestra ignorancia se vuelve una carga tan insufrible como la vida misma. En ese vacío inicuo, infame, incluso el mejor científico se vuelve solo un ignorante prodigiosamente bien informado; cuanto más sabe, más ignora y mayores fórmulas, instrumentos y ayudantes necesita para saber. 

Y lo único que hemos llegado a saber es que nunca podremos saber sino solo una minúscula parte de lo real. Nuestra visión de la realidad es incompleta, parcial: la materia y la energía que hacen la vida visible son solo un porcentaje ínfimo del todo; hay otra materia y energía oscuras que abundan más y por tanto son más reales y existentes que nosotros mismos, quienes solo podemos percibir un exiguo porcentaje de sus efectos y a escala gigantesca, macroscópica; pues esa macrorrealidad incluso se permite el lujo de ignorarnos y apenas interactúa con nosotros, meros fantasmas de partículas tan impalpables como los neutrinos. El universo es solo el universo observable. Y para la verdadera realidad solo somos eso, fantasmas escritos sobre la superficie del mundo, un haz de informaciones que la muerte dispersará como una pompa en el océano de espuma cuántica; ya lo afirmaba el Budismo y lo han certificado la ciencia y la filosofía.

En esta desolación solo nos tenemos unos a otros y por ello hemos podido rebajar como especie el volumen de nuestra ignorancia; incluso nuestra relación permite compartir o ampliar la información formando parejas, familias, grupos, sociedades, naciones, culturas; pero, aunque creemos que podemos producir o destruir la información que nos hace, en realidad solo podemos aumentarla o reducirla en una escasísima escala. La cada vez más alta marea de datos que es el ciberespacio es engañosa; solo una parte mínima es cierta y aunque podemos enviar nuestra poco esencial información al futuro con el arte, la ciencia o el amor, ahí se acaba todo; la maraña disolverá nuestro estúpido ego hasta hacerlo irreconocible y fundirlo con la materia caótica a niveles incomprensibles.

Aunque nos hagamos una idea o simulación de la realidad grande que nos margina o contiene como la forma contiene a la materia, el destino que espera a nuestro pobre ego y a la pobre imagen que ofrecen por ejemplo estas palabras es el de tal fusión con el desorden: seremos reducidos todo lo más a un recuerdo, una sombra, un sueño incierto en mitad de la noche, la silueta recortada en una fotografía amarillenta, incolora, arrugada; a un fotograma en movimiento o a las palabras malinterpretadas y confusas que forman el personaje de un libro o un drama de marionetas que penden torpemente de los cordajes de arterias del corazón movido por el sentimiento o de los nervios que mueve el cerebro; ni siquiera podemos esperar que los elementos que nos forman reconfiguren un Heráclito en el río o un Leopardi que mire al infinito. La vanidad más insolente terminará por ser tan ridícula como todo lo demás y solo seremos nada de nada, como en la famosa canción de Cecilia, esa Cecilia que, sin embargo, todavía recordamos.

domingo, 22 de marzo de 2015

Cómo engañar con un presupuesto (modalidad norteamericana)

Paul Krugman "Un fraude billonario", El País, 22-III-2015:

Las mentiras de los republicanos con el presupuesto deberían seguir indignándonos

Ya es una tradición del Partido Republicano: una vez al año, el partido elabora un presupuesto que, según dice, sirve para reducir drásticamente el déficit, pero que resulta contener un "asterisco mágico" de un billón de dólares; una frase que promete grandes recortes del gasto o aumentos de los ingresos, pero sin explicar de dónde se supone que va a salir el dinero.

Pero los presupuestos que acaban de publicar las mayorías de la Cámara de Representantes y el Senado abren nuevos caminos. Cada uno de ellos contiene, no uno, sino dos asteriscos mágicos billonarios: uno de gastos y otro de ingresos. Y, de hecho, este cálculo se queda corto. Si cualquiera de los presupuestos se convirtiera en ley, la deuda del Gobierno federal aumentaría varios billones de dólares más de lo que afirman, y esto solo durante la primera década.

Uno podría sentirse tentado a hacer caso omiso de esto, dado que esos presupuestos no van a convertirse en ley en la práctica. O podría decir que todos los políticos hacen cosas así. Pero no es cierto. La falta de honradez fiscal del Partido Republicano es algo nuevo en la política estadounidense. Y esto nos dice algo importante sobre lo que le ha sucedido a la mitad de nuestro espectro político.

Pero volvamos a los presupuestos: ambos piden reducciones drásticas del gasto federal. Y se concretan algunas de esas reducciones del gasto: habría recortes despiadados en los cupones para alimentos, recortes más o menos igual de despiadados en Medicaid que contrarrestarían con creces su reciente ampliación y se acabaría con las subvenciones para seguros sanitarios que contempla el Obamacare. Un cálculo aproximado indica que cada plan ente duplicaría el número de estadounidenses sin seguro sanitario. Pero ambos reclaman también más de un billón de dólares en recortes adicionales del gasto obligatorio, cantidad que casi con seguridad tendría que venir de Medicaid o la Seguridad Social. ¿Qué forma adoptarían estos recortes adicionales? No nos dan ninguna pista.

Mientras tanto, ambos presupuestos piden que se revoque la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible, incluidos los impuestos que sirven para subvencionar los seguros. Esos ingresos ascienden a un billón de dólares. Pero los dos presupuestos afirman no tener ningún efecto sobre los ingresos tributarios; se supone que el Gobierno federal tiene que compensar de algún modo el dinero no ingresado por el Obamacare. ¿Cómo exactamente? Una vez más, no se nos da ninguna pista.

Y hay más: los presupuestos también piden que se reduzca considerablemente el gasto destinado a otros programas. ¿Cómo se pondrán estos en práctica? Ya saben la respuesta.

Es muy importante darse cuenta de que este no es un comportamiento político normal. El Gobierno de George W. Bush no se quedaba atrás a la hora de presentar los planes tributarios de forma engañosa, pero nunca fue tan descarado. Y el Gobierno de Obama ha sido extraordinariamente escrupuloso en sus dictámenes fiscales.

Sí, ya estoy oyendo las risas, pero es la pura verdad. ¿Recuerdan todas las mofas que hubo sobre las previsiones de gasto de la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible? El gasto real se está quedando muy por debajo de lo esperado y la Oficina Presupuestaria del Congreso ha reducido un 20% su previsión para la próxima década. ¿Se acuerdan de las burlas que hubo cuando el presidente Obama declaró que reduciría el déficit a la mitad antes de que acabara su primer mandato? Bueno, la escasa actividad económica retrasó las cosas, pero solo un año. El déficit de 2013 fue menos de la mitad que el de 2009, y ha seguido bajando.

De modo que no, la falsedad fiscal no es la norma histórica ni es propia del bipartidismo. Es un rasgo republicano moderno. Y la pregunta que debemos plantearnos es por qué.

La respuesta que a veces oímos es que, en el fondo, los republicanos piensan que el hecho de reducir la presión fiscal sobre los ricos se traduciría en una enorme expansión y en un aumento de los ingresos, pero les preocupa que la ciudadanía no considere creíble este argumento. Así que los asteriscos mágicos son en realidad un sustituto de su fe en la magia de la economía de oferta, fe que permanece intacta aunque los defensores de dicha doctrina lleven décadas equivocándose en todo.

Pero yo me inclino por una explicación más cínica. Piensen en lo que harían estos presupuestos si no prestásemos atención a los misteriosos billones de dólares en recortes del gasto y aumentos de los ingresos que no se explican. Lo que tendríamos serían unas enormes transferencias de ingresos de los pobres y la clase trabajadora, que verían tremendamente recortadas sus prestaciones, a los ricos, que disfrutarían de una gran reducción de la presión fiscal. Y la forma más sencilla de entender estos presupuestos seguramente consista en suponer que están pensados para hacer lo que, de hecho, harían en realidad: enriquecer más a los ricos y empobrecer más a las familias corrientes.

Pero, por supuesto, este no es un rumbo político que los ciudadanos respaldarían si se lo explicasen claramente. Así que hay que vender los presupuestos como si fueran un valiente esfuerzo por suprimir el déficit y pagar lo que se debe (para lo cual, deben contemplar un ahorro inexplicable de billones de dólares).

¿Significa esto que todos esos políticos que pronuncian discursos sobre lo malos que son los déficits presupuestarios, y que dicen estar decididos a acabar con la plaga de la deuda, nunca han sido sinceros? Sí, así es.

Miren, sé que es difícil mantener viva la indignación tras tantos años de fraudulencia fiscal. Pero, por favor, inténtenlo. Nos encontramos ante una estafa enorme y destructiva, y deberíamos estar muy, muy enfadados. 

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.

© The New York Times Company, 2015.

Traducción de News Clips.

sábado, 21 de marzo de 2015

Los negocios turbios de PP y PSOE con Chávez

Resumen de Blisterr con información de El Mundo:

El servicio Antiblanqueo español ha descubierto en Banco Madrid contratos sospechosos de las empresas españolas CAF, Constructora Hispánica, Cobra y Dimetronic por valor de 1.850 millones de dólares con el ex jefe de inteligencia de Hugo Chávez que pueden suponer hasta 90 millones de dólares en comisiones a cambio de su ayuda en la súper obra del Metro de Caracas. Estas empresas no son de Podemos, sino de COBRA, empresa de Florentino, el del Madrid, súperamigo de Aznar y que no quiere dejar sus campos de fútbol para que jueguen equipos vascos o catalanes. También García Pozuelo, de Constructora Hispánica, implicado en la Gürtel. CAF tampoco es chavista, que digamos

Todo ello, supuestamente, se hizo a través de la empresa Tecnotren de Venezuela, que tiene como importante accionista, -con un 40% del capital- a un cliente de Banco Madrid, Carlos Luis Aguilera Borjas. Según los especialistas, estos contratos se firmaron entre octubre de 2007 y junio de 2008. En ese momento, estaba al frente del Gobierno en España José Luis Rodríguez Zapatero, la otra cabeza del pepoísmo. Las relaciones comerciales con Venezuela eran fuertes. De hecho, el Ministerio de Defensa, a cuyo frente estuvo José Bono hasta 2006, había formado importantes contratos con el Ejecutivo venezolano para la venta de material militar. Cobra pertenecía ya en esa época a la constructora ACS y Constructora Hispánica estaba presidida por Alfonso García Pozuelo, ahora imputado por el caso Gürtel.

Así que, para chavistas, PP y PSOE, pero, a ver si aparece esto publicado...

viernes, 20 de marzo de 2015

Entrevista a José Antonio Marina, sobre educación

Entrevista de Anna Flotats a José Antonio Marina, en Público, 23-XI-2012

José Antonio Marina: "Wert vive en un país irreal"

El filósofo asegura que el ministro "no sabe exactamente qué sucede en la enseñanza" cuando defiende que los recortes no van a afectar a la calidad educativa

El filósofo José Antonio Marina (Toledo, 1939) está convencido de que la calidad de la educación en España no depende del dinero que se invierte en ella, sino de cómo se gestiona. Aun así, denuncia que los recortes están dañando la calidad educativa y echa de menos en el ministro Wert "un poco más de dramatismo" a la hora de anunciar los tijeretazos en su cartera. Presidente de la Universidad de Padres, Marina reivindica la participación de las familias en la enseñanza porque a un niño "lo educa la tribu entera". Recientemente, ha puesto en marcha el Centro de Estudios en Innovación y Dinámicas Educativas (CEIDE-Fundación SM).

¿Por qué es necesario un Centro de Estudios en Innovación y Dinámicas Educativas?

Para ponernos a trabajar en lugar de seguir quejándonos. El centro parte de la idea de que los problemas en educación tienen soluciones no demasiado complicadas y además, rápidas. De manera que podemos mejorar nuestro sistema educativo sin grandes inversiones y en un plazo de tres a cinco años. Esta mejora deben hacerla los docentes porque la renovación de la escuela tiene que venir desde dentro. Por eso, hemos intentado poner en contacto a los mejores profesores de España con los mejores profesores del mundo porque son ellos los que saben cómo hacer las cosas. Vamos a fomentar la formación de nuestros docentes teniéndoles informados de los mejor que se hace en el mundo y proponiendo planes de investigación y de ayuda para que los buenos sean los que triunfen, que es lo que nos interesa a todos. También nos dirigimos a los que se van a dedicar a la docencia y que todavía están estudiando. Queremos atraer talento a la educación porque la educación es lo que nos puede sacar adelante.

¿Cuáles son estos problemas de fácil y rápida solución?

Los problemas que tenemos son, por un lado, una tasa muy alta de abandono y fracaso escolar. Y por otro, que nos hemos instalado desde hace muchos años en un nivel mediocre en educación. No somos catastróficos, pero estamos anclados en unos puestos de medianía que no son buenos en una sociedad competitiva como la actual. No es un problema económico, aunque los recortes afectan y mucho, sino de gestión educativa. Y podemos ayudar a mejorar esa gestión educativa formando bien a los profesores y a los directores de los centros, restableciendo las relaciones entre la escuela y la familia, que en este momento, están rotas; y explicando bien a la sociedad que la educación es cosa de todos. Para educar a un niño hace falta la tribu entera. Tenemos que librarnos de este discurso trágico de la educación, centrado en la impotencia, el desánimo y la dificultad. Tenemos que demostrar a la sociedad de que no estamos muertos.

Según el borrador de la reforma educativa, las decisiones del Consejo Escolar dejarán de ser vinculantes. No parece que vayamos hacia la reestructuración de las relaciones ente familia y escuela.
El problema es que no tenemos una cultura de participación en la escuela y los consejos escolares no han funcionado con la eficacia deseable. Se debe conseguir una mayor participación de los padres porque fortalecen la escuela. Los padres tienen que colaborar con los equipos directivos porque éstos han sido demasiado débiles en le sistema educativo español público. Mejorar el equipo directivo de una escuela es el modo más rápido de mejorarla. Porque con la misma ley y con el mismo presupuesto, una escuela bien llevada es una escuela que puede tener unos resultados fantásticos.

¿Cómo tiene que ser la escuela actual?

Lo primero es que la misma escuela sea capaz de aprender. No podemos despertar en los alumnos el afán de aprender si los profesores no estamos dispuestos a aprender. Tiene que ser más flexible y ágil porque tenemos que acercarnos mucho a los alumnos, a sus distintas velocidades de aprendizaje y a sus diferencias por su procedencia y cultura. Tenemos que saber qué competencias van a necesitar nuestros niños. Unas son cognitivas, otras son afectivas y otra es la capacidad de tomar decisiones, de mantener el esfuerzo para luego estar en condiciones de vivir, ser felices y ser buenas personas.

¿Estos objetivos son compatibles con medidas, como las reválidas, que implantará el Ministerio de Educación?

Los sistemas educativos tienen que tener sistemas de evaluación a todos los niveles: a los alumnos, a los profesores y a los equipos directivos. El problema está en cómo hacer esa evaluación porque si no la hacemos bien, el curso en que hay evaluación puede convertirse en un curso con muy poco interés educativo ya que estará dirigido a que los alumnos obtengan buenos resultados en las pruebas. Hay que formar a los profesores y a los inspectores para que no conviertan la reválida en el objetivo educativo principal de ese año. Nosotros no preparamos a alumnos para que hagan bien una prueba sino para que desarrollen su potencial educativo. Y las evaluaciones tienen que formar parte del proyecto educativo, tienen que ejercerse siempre con un papel educativo, no con un papel de control. 

¿Afecta a la calidad educativa el aumento de un 20% en el número de alumnos por clase?

Sin duda alguna. Es de una ingenuidad insoportable y muy poco serio pensar que no influye para nada tener un 20% más de alumnos en cada clase. Porque hay que atender a la diversidad, porque hay que estar pendiente de los ejercicios que hacen los alumnos, porque hay que corregirlos. En la enseñanza secundaria, por ejemplo, los estudiantes tienen problemas personales en los que sólo les podemos ayudar nosotros porque muchas veces no los comparten con la familia. Tenemos que tener tiempo para eso.

¿Qué opina de los recortes de Wert?

Si el ministro hubiera dicho "lo siento muchísimo, es un desastre pero hay que recortar en educación porque no tengo más remedio", lo hubiéramos comprendido. Lo que resulta incomprensible es esta visión de "los recortes no se van a notar y todo va ir mucho mejor". Da la impresión de que Wert vive en un país irreal, no sabe exactamente lo que sucede. Me gustaría haber visto más dramatismo en lo que dice el ministro.

Una novela sobre la historia de la educación en España, El maestro, de Mariius Mollá

Anna Flotats, "Cinco síntomas de que el proyecto educativo de Wert vuelve al siglo XIX", en Público, 

Los planteamientos de la Escuela Moderna, fundada en 1901, lograron desmontar una enseñanza catolicista y desigual que el actual Ministerio de Educación está resucitando. La pedagogía libertaria de Francesc Ferrer i Guàrdia es el telón de fondo de la última novela de Màrius Mollà, 'El maestro'.

MADRID.- Hace más de un siglo, en el año 1901, nació en un piso de la calle Bailén de Barcelona un centro educativo de enseñanza mixta y anticlerical. Hasta 1909, la Escuela Moderna promovida por el pedagogo y librepensador Francesc Ferrer i Guàrdia escolarizó a más de un centenar de niños y niñas. Instauró la coeducación y cambió las enseñanzas religiosas por las científicas y humanistas. En esta revolución educativa y laica se enmarca la última novela de Màrius Mollà, El Maestro (Ediciones B), que cuenta la historia de un profesor recién instalado en una comunidad de leñadores del Montseny que pone en práctica los principios pedagógicos de la Escuela Moderna.

Los sectores políticos y católicos más conservadores, temerosos al sentir amenazados sus intereses, no pararon hasta que vieron cerradas las aulas del centro. Sin embargo, los postulados de Ferrer i Guàrdia siguieron vivos incluso después de su muerte (fue fusilado acusado sin pruebas de haber instigado la Semana Trágica de Barcelona) en escuelas de Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada, Mallorca y en centros de Portugal, Suiza y Brasil. Incluso corrientes pedadógicas como Montesori en Italia o Waldorf en Alemania bebieron de sus ideas.

Ferrer i Guàrdia quiso romper con una "vieja enseñanza", como él decía, que sentía alejada de las necesidades de la sociedad. Hoy, superados los programas educativos de entonces —enfrentados con la ciencia y centrados en dogmas y figuras supranaturales— también existe "una vieja enseñanza" que, según Mollà, "hay que replantearse". 

Público analiza cinco logros de la Escuela Moderna —referente de futuros y reputados pedadagogos— que el sistema que fomenta el ministro José Ignacio Wert está poniendo en riesgo.

1. La coeducación de ricos y pobres

Ferrer i Guàrdia abogaba por "la inocente igualdad de la infancia por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional" con el objetivo de acabar con la dominación de clase. Sin embargo, ahora se reproduce algo parecido: "El tipo de escuela está fijando el tipo de alumno y de familia, dependiendo de la ubicación geográfica y de la confesionalidad", sostiene Mollà. Además, el aumento de ayudas estatales a los centros concertados (a los que asiste el 25% de los escolares) va en detrimento del apoyo a la escuela pública. "Parece que la casta nos distingue, estamos dentro o fuera", sigue Mollà, quien sostiene que estas "trabas" demuestran que la coeducación de clases es todavía un reto. 
Ferrer i Guàrdia.

​2. La educación mixta

Los colegios que separan a niños y niñas no sólo siguen existiendo, sino que reciben financiación pública, a pesar de que el Tribunal Supremo haya emitido seis sentencias en contra de estas subvenciones. Wert apuntala su defensa de la educación segregada en la Convención de la UNESCO, que no la considera discriminadora en ningún caso. Aun así, ese documento data de 1960. "Es un sinsentido que esa idea antipatriarcal que la Escuela Moderna promulgó para romper con las desigualdades entre hombres y mujeres siga teniendo representación e incluso el beneplácito del sistema", lamenta Mollà. 

3. La religión, fuera de las aulas

La Escuela Moderna no era contraria a que la religión estuviera en la base de la enseñanza, pero consideraba que debía estar fuera de la escuela. Tras la dictadura franquista y la Transición, los crucifijos empezaron a descolgarse de las paredes de las aulas mientras entraban en ellas los libros de Educación para la Ciudadanía, una materia troncal que enseñaba valores sociales como la igualdad, la solidaridad o la defensa de los derechos humanos. La reforma de Wert eliminó esta asignatura y la convirtió en la alternativa a la resucitada clase de Religión durante la Primaria y la ESO. Su contenido, evaluable y publicado en el BOE hace unas semanas, no ha sido elaborado por el Gobierno, sino por la Iglesia. "Es un paso atrás clarísimo porque volvemos a mezclar lo que ya habíamos conseguido separar", valora Mollà. "La Iglesia ya tiene herramientas para llegar a la sociedad, no debe meterse en la educación", considera. 

4. Educación sin premios, castigos ni exámenes

"En la Escuela Moderna no hay premios, ni castigos, ni exámenes en los que hubiera alumnos ensoberbecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se conformaran con la vulgarísima nota de aprobado ni infelices que sufrieran el oprobio de verse despreciados por incapaces". Es el 11º principio básico de la Escuela Moderna, aunque Mollà puntualiza que de lo que huía la pedagogía de Ferrer i Guàrdia era de las calificaciones relacionadas con exámenes de pura memorísitica, que "estresan al alumno y le predisponen al fracaso". La Escuela Moderna, cuenta, puntuaba cuestiones distintas, como la "responsabilidad individual, la responsabilidad colectiva, la ética o el interés del alumno por aprender".

Actualmente, y con la excepción de Infantil y Primaria, los profesores viven sometidos a los currículos por la presión de evaluaciones externas como la Selectividad o PISA. Y por si estas no fueran suficientes, la ley Wert ha implantado una prueba de evaluación final que recuerda a las reválidas y que servirá para conseguir el título de cada ciclo no universitario. Lejos de estas pruebas queda el lema de la Escuela Moderna "Ayúdame a pensar" y su convencimiento de que "la educación no es saber hacer cosas, sino entenderlas".

5. Profesores formados y con un sueldo digno

Al margen de los recortes en Educación, que según los sindicatos han dejado a la escuela pública con 20.000 profesores menos, Mollà advierte con preocupación de que otro problema es que España aún no ha conseguido hacer "ambicionable" la profesión de maestro. "Somos tan incapaces de buscar profesores buenos como de castigar a los malos", opina el autor de El Maestro, que señala la necesidad de "renovar todo el patio de profesores". Mollà insiste en que si no cambia la educación, tampoco cambiará la sociedad y, aunque celebra la movilización de gran parte de la comunidad educativa contra la deriva del sistema, lamenta: "Todavía hay más gente que dice que hay que cambiar las cosas que gente que las esté cambiando".

Manual para activistas

Tica Font, "Tácticas Alinsky, manual para activistas", en Público, 16 mar 2015:

Tica Font es Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Saul Alinsky (1909-1972) fue un destacado activista social y pensador estadounidense, considerado el “padre” del community organizing, una corriente estadounidense de organización comunitaria. Fue fundador de la Industrial Areas Foundation, organización con presencia en todo EEUU, que cuenta en nuestros días con miles de socios e inspiró a muchos activistas y muchas campañas. Alinsky participó en la organización de los guetos negros de Chicago y Nueva York.

Sus métodos de acción no tenían una gran base teórica, sino que se guiaban por la premisa de que enseñar a las comunidades pobres a cómo podían organizarse, no solo les restauraba su dignidad, sino que les permitía enfrentarse eficaz y estratégicamente a los poderosos. En 1971, escribió Tratado para radicales con el fin de condensar estos saberes acerca de cómo conectar con la gente y cómo poner en marcha tácticas y campañas divertidas y siempre eficaces. Once reglas o recetas sintetizan sus enseñanzas, fruto de las batallas más exitosas llevadas a cabo, no solo en su experiencia anterior de los años 40 y 50, sino también por las llevadas a cabo por la generación rebelde la América de los años 60 (de las luchas por los derechos civiles y las protestas contra la Guerra de Vietnam).

Alinsky tenía una profunda fe en la democracia americana, pero no era un ingenuo. Las cosas no se conceden sin pelea. Sabía que los oprimidos o los explotados tenían que enfrentarse de forma inteligente a los poderosos, que corrompían los valores de esta democracia y aprovechaban sus reglas del juego para sus fines de dominación y explotación. Sus métodos de lucha eran no violentos y radicales. Radicales en sus intenciones: ir a las raíces y no a los síntomas y en sus tácticas: identificar al contrincante, al poderoso, al explotador, acosarle sin tregua y batirle sin piedad. A la vez, ganarse la confianza de la comunidad, sacarla de la apatía, implicarla en el activismo y enseñar a organizarse eficazmente frente a los enemigos.

“Si tu función es atacar la apatía y llevar a la gente a participar, es necesario atacar los patrones preexistentes de vida organizada en la comunidad. El primer paso en la organización comunitaria es la desorganización comunitaria”.

La influencia de Alisky sigue siendo relevante hoy en día. David Axelrod y David Plouffe dirigieron la campaña electoral del 2008 de Obama y se incorporaron después como asesores en la Casa Blanca. Los dos son firmes discípulos de Alinsky y están enamorados de sus tácticas, en concreto de la táctica nº11. Hillary Clinton realizó su tesis de licenciatura sobre la obra de Alinsky. Sus tácticas de movilización han sido imitadas hasta por el Tea Party.

Hay un sentir muy amplio de la población que está convencida de que vivimos un momento clave para propiciar cambios que renueven la democracia y las relaciones de poder. Para ello, no solamente tenemos que definir con claridad qué clase de cambios queremos, sino que hay que pensar y diseñar una estrategia para conseguirlo. Las tácticas de Alinsky ya han demostrado su éxito. Pensemos en ellas e intentemos utilizarlas. Como el propio Alinsky nos decía, las cosas no se conceden, no se regalan, se conquistan y para ello hay que trabajar, hay que pelear.

Regla 1: El Poder no es solo lo que tienes, sino lo que tus oponentes creen que tienes.

Regla 2: Nunca vayas más allá del campo de experiencia de vuestra gente. Cuando, de hecho, una acción es ajena a su experiencia, provocáis confusión, temor y repliegue.

Regla 3: Siempre que sea posible, ve más allá y salid del campo de experiencia de vuestro oponente. Así le causarás confusión, temor y abandono.

Regla 4: Provoca que tus oponentes no vivan a la altura de su propio libro de reglas. “Por ahí los podrás pillar, ya que no podrán seguir obedeciendo sus propias reglas, así como la iglesia cristiana no vive a la altura del cristianismo”.

Regla 5: El ridículo es la más potente arma del hombre. Es difícil contraatacar el ridículo.

Regla 6: Una buena táctica es aquella que divierte a tu propia gente. “Si tu gente no se lo está pasando muy bien, hay algo que falla o no funciona en tu táctica”.

Regla 7: Una táctica que se alarga demasiado, se convierte en una lata.

Regla 8: Mantén la presión. Usa diferentes tácticas y acciones y usa los sucesos del periodo en tu provecho. “La premisa mayor de las tácticas es el desarrollo de operaciones que mantendrán una presión constante sobre la oposición, que le llevará a reaccionar a favor tuyo”.

Regla 9: La amenaza, por lo general, asusta más que la propia acción.

Regla 10: El precio de un ataque exitoso es disponer de una alternativa constructiva. “Evita ser atrapado por un oponente o un entrevistador que dice: ‘eso está bien, pero ¿y tú qué harías?'”.

Regla 11: Escoge el objetivo, congélalo, personalízalo, polarízalo y concéntrate al máximo. No intentes atacar empresas o administraciones abstractas. Identifica a un responsable individual. Ignora los intentos de desplazar o dispersar la responsabilidad.

Según Alinsky, la principal tarea del activista u organizador es acosar a un oponente hasta que reaccione.

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Sigue aumentando la concentración de riqueza en pocas manos: más milmillonarios

Óscar Iglesias, "Desmoronamiento social: 1.826 milmillonarios" en Nueva Tribuna, 18-III-2015:

Desde hace algunos años las reflexiones sobre la democracia se están centrando o vinculando preferentemente a la cuestión de la calidad de la democracia y su regeneración. Siendo cierta esta necesidad de mayor calidad democrática no hay que olvidar que la democracia es igualdad. Y que si la igualdad se resiente o retrocede, por mucha transparencia y regeneración democrática de las instituciones, se estará vaciando de contenido la sociedad democrática para ser un mero cartel publicitario dentro de un sistema oligárquico, tiránico o despótico.

El desmoronamiento de la sociedad en la que vivimos se visualiza en muchas imágenes de muerte, guerra, miseria y desigualdad. Pero hay una imagen, en el reverso de esa realidad, que llega puntual todos los años en el mes de marzo, con los datos de los milmillonarios, que publica la revista Forbes. Se puede afirmar, sin exageraciones, que continua imparable la tendencia de acumulación de la riqueza, con 1.826 milmillonarios en el planeta en 2015. Lo que supone que, en plena crisis, ha aumentado el número de milmillonarios en 1.033 personas desde el año 2009, como se puede observar en el gráfico.Y además acumulan una riqueza de 7,05 billones de dólares, 4,65 billones de dólares más que en el año 2009.

Esta acumulación de la riqueza está agudizando la ruptura del contrato social y agrava la separación entre un mundo dividido en pocos ricos y muchos pobres. La situación está llegando a un punto de no retorno, que de no empezar a corregirse inmediatamente va a generar un estallido social, político y económico de consecuencias difícilmente previsibles para el ser humano como especie. Para toda la especie, porque a pesar de esconderse en guetos de lujo, las élites económicas y políticas también se verán afectadas.

El incremento de la desigualdad puede acabar con todo. Más de 2.200 millones de personas se encuentran en situación de pobreza multidimensional o cerca de ella. Esto significa que más del 15 por ciento de la población mundial, según Naciones Unidas, sigue siendo vulnerable a la pobreza ¿Alguien cree que morirán en silencio?

Al mismo tiempo: casi el 80 por ciento de la población mundial no cuenta con una protección social integral; 842 millones de personas, alrededor del 12 por ciento de la población mundial padece hambre crónica; y más de 1.500 millones de trabajadores, es decir, casi la mitad de los trabajadores tienen empleos informales o precarios.

Lo expresaba en otro artículo y lo vuelvo a reiterar, ¿Hasta cuándo van a aguantar los ciudadanos el sufrimiento, la miseria, la inseguridad, la pobreza y la desigualdad creciente? ¿Hasta cuándo los más pobres de los países devastados por la pobreza? ¿Hasta cuándo los ciudadanos que hasta hace poco disfrutaron de bienestar y derechos en sociedades con democracias consolidadas? ¿Hasta cuándo van a transigir los gobiernos?

El tiempo se acaba, porque cada día es más evidente el fracaso social, político y económico que supone que haya tantos miles de millones de personas en la miseria y una élite que tiene como bandera la acumulación de la riqueza pisoteando la equidad. Por ese motivo, hay que avanzar ya en democracia. Con la equidad y la dignidad de las personas como principales objetivos civilizatorios. Y en esta batalla, a los ciudadanos que quieren hacer algo hay que decirles que se movilicen, participen y voten, porque es decisivo, imprescindible y crucial. Aunque puede no ser suficiente si el número de ciudadanos que lo hace no es mayoritario.

La dignidad, la igualdad y la libertad son la meta a alcanzar, nadie te las va a regalar. Cógelas.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Entrevista a Caballero Bonald

Javier Rodríguez Marcos, en El País, 17-III-2015:

J. M. Caballero Bonald: “La Transición fue un apaño”. El escritor jerezano publica 'Desaprendizajes', su primer poemario tras ganar el Cervantes

Afirma José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) que ganar el premio Cervantes en 2012 no le ha cambiado, y es verdad: sigue diciendo lo que piensa. Rara avis entre sus colegas, es capaz de elogiar apasionadamente una obra al tiempo que critica a su autor. Sentado en el sillón de siempre de su casa de Madrid, cuenta que tiene inédito un libro de semblanzas “a la manera de Españoles de tres mundos, de Juan Ramón”. Por lo pronto, acaba de publicar Desaprendizajes (Seix Barral), un libro de poemas en prosa cuya aparición coincide con la de la edición crítica —en Cátedra y a cargo de Julio Neira— de dos títulos clave en un solo volumen: Descrédito del héroe (1977) y Manual de infractores (2005).

Pregunta. Desaprendizajes suena a cuenta atrás.

Respuesta. Desaprendizajes es un término un poco brusco, suena casi a insulto. El libro lleva una cita de Heráclito que dice que hay que desaprender lo aprendido para saber que la armonía de lo invisible es mayor que la de lo visible. Estoy satisfecho, pero me sorprende haber escrito un libro de poesía a los 88 años. ¡Tan viejo y escribiendo poesía! Es una obscenidad, aparte de un abuso.

P. Cuando hace tres años publicó Entreguerras dijo que era el último.

R. Sí, estaba convencido de eso y en cierto modo lo es. Se trataba de un libro testamentario en el que narro episodios de mi biografía. Desaprendizajes es como un apéndice, la coda, un añadido necesario del testamento.

Una vida en verso y prosa

Nacido hace 88 años en Jerez de la Frontera, J. M. Caballero Bonald odia a los andaluces profesionales y reivindica a “introvertidos” como Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda.

Firmante del manifiesto por la cultura de Izquierda Unida, considera “saludable” la aparición de Podemos.

La novela de la memoria es el título que reúne Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir, dos cumbres del género autobiográfico español.

Toda su poesía está reunida en el volumen Somos el tiempo que nos queda.

En 2012 ganó el Premio Cervantes. El de la Crítica lo ha ganado tres veces: dos como poeta y una como novelista.

P. Sus memorias llegan hasta 1975, justo cuando empieza un periodo muy debatido ahora. ¿Con la Transición somos injustos o benévolos?

R. Verá… No escribí la tercera parte de mis memorias porque precisamente del 75 al 82 fueron años muy violentos: los desmanes de la ultraderecha y la ultraizquierda... Pensaba que se iba a producir una involución. No me apetecía evocar nada de eso. Estuve bastante metido en la organización de la Junta Democrática y salí en parte desencantado. La Transición fue un apaño, una compostura de urgencia: la derecha cedió algo para no perder nada y la izquierda aceptó algo para no perderlo todo, lo que se llama una soldadura de ocasión, no había un proyecto de futuro solvente y las cosas salieron bien por casualidad.

P. ¿Qué se tendría que haber hecho?

R. La Ley de Amnistía prohibió juzgar los crímenes del franquismo y ahí empezó el ciclo de la impunidad. Tuvimos una larga cola de franquistas que amañaron sus biografías: resultó que todos eran demócratas. Siguieron en el poder más o menos los de siempre. El caso de Fraga es paradigmático: navegó por toda la democracia después de ser un cómplice del verdugo. La falta de un tribunal que juzgara esos crímenes permitió que el franquismo permaneciera latente.

P. ¿Ya es tarde?

R. Esos crímenes no prescriben. La memoria histórica exige su propia vigencia. La justicia no puede olvidarse de las víctimas del franquismo, de tanta gente enterrada por las cunetas… Aunque no entiendo ese afán de encontrar los restos de quienquiera que sea… Las víctimas, Lorca, Cervantes. ¿Para qué? Que reposen donde están y que se haga justicia a su memoria.

P. Algunas familias quieren saber dónde están los suyos.

R. Es una tradición supersticiosa que respeto.

P. ¿A usted le da igual dónde lo entierren?

R. Echarán mis cenizas al mar y me integraré en la naturaleza…

“¿Cervantes? Que repose donde está y hagan justicia a su memoria”

P. Entre sus dos últimos libros le han dado el Cervantes, ¿ha cambiado algo con el premio?

R. Nada. A los pocos días pensaba en eso casi con extrañeza. Me veía en una foto con chaqué me decía ¿ese soy yo?

P. Cuando estaba en las quinielas dijo que ya le tocaba, por edad. Es poco habitual. Los escritores lo piensan pero no lo dicen.

R. Me tocaba por edad, claro, como le toca a Emilio Lledó, a Paco Brines, a Nieva.

P. Este año era jurado. ¿Su candidato fue Juan Goytisolo?

“Para mis nietos Franco es un tipo tan lejano como los Reyes Católicos”

R. Sí, Goytisolo es un heterodoxo muy atractivo. Tiene sus complicaciones de carácter, pero me siento muy cerca de sus sondeos en la cultura. La historia social de la literatura española la ha escrito la derecha, la tradición católica nacional, y él ha promovido una revisión muy solvente.

P. En sus memorias usted lo retrata con dureza. Tampoco es habitual criticar al autor y elogiar la obra.

R. Yo separo la persona y la obra sin mayores conflictos. Conozco a Juan desde los años cincuenta. Cuando escribí esa parte de las memorias él llevaba años defendiéndose de ataques imaginarios. Me incomodaba su actitud, pero eso no impide que admita el valor que tiene como escritor. Evolucionó a partir de Señas de identidad y la suya es una literatura muy consistente.

P. De su discurso del Cervantes se destacó aquello de “los desahucios de la razón”. El acto estaba lleno de políticos, ¿alguno le dijo algo? Todos aplaudieron.

R. Que yo recuerde, ninguno me dijo nada que no fuese una frase protocolaria. Yo lo que quería era hablar de la libertad de Cervantes y de la función liberadora de la poesía precisamente ante esas autoridades…

“Gil de Biedma es un gran crítico de la cultura pero un poeta menor”
P. El premio se lo dio el Rey cuando era Príncipe. Cuando subió al trono dijo usted que había que esperar antes de entrar en el debate monarquía-república. Pasado el tiempo, ¿cómo lo ve?

R. En un futuro inmediato —aunque en mi caso el futuro es mañana o pasado mañana— debería ponerse en funcionamiento ese plebiscito popular. La república ha quedado relegada a un símbolo de libertad, de justicia, pero no hay movimientos que conecten con el pueblo y la planteen como alternativa.

P. Tal vez se piensa siempre en la Segunda República.

R. Sí, pero la gente joven ¿qué vota? ¿El recuerdo de la Segunda República?

P. ¿Desaparece también el recuerdo de Franco?

“Nuestra literatura está plagada de mediocres encumbrados”
R. Para mis nietos, que tienen 14 o 15 años, Franco es un tipo tan lejano como los Reyes Católicos.

P. ¿Se entiende con ellos?

R. ¿Con mis nietos? Los veo de tarde en tarde, o sea, que los veo pero tampoco deseo verlos todo el tiempo. No soy muy de niños.

P. ¿Se reconoce en sus 15 años?

R. No. Son de otro mundo, claro. Los nietos son monosilábicos: “sí, no, ya”. Están en el laberinto de la informática y eso supone una barrera. El riesgo de aislamiento está ahí mismo. Es como si no tuvieran interés por salir a ver la vida, a andar por ahí descubriendo el mundo, qué sé yo…

P. ¿Qué hacía usted a su edad?

R. Pues lo normal: salir a buscar la aventura, la libertad que te aguardaba fuera de casa. Era la guerra, la inmediata posguerra, y escaparte de la vigilancia doméstica era como probar la libertad. Es lo de siempre, lo que se recuerda cada vez más a medida que uno se hace viejo.

P. ¿Ha cambiado el lugar de la poesía desde que usted era joven? ¿Le interesa hoy a alguien?

R. No sé, a mí me escriben lectores y eso me hace pensar que se lee poesía más de lo que uno se imagina... Bueno, yo no tengo blog ni ¿cómo se llaman esas cosas que se tienen?

P. Facebook, Twitter...

"Si la patria es lo que se ve desde la venta de la casa donde uno vive a gusto, yo tengo varias: el Coto de Doñana, Jerez, Mallorca, Bogotá…"
R. Eso… Pero hay lectores que me mandan correos. Hoy la poesía tiene una ventaja y es que la escuela más evidente es la falta de escuelas, algo sin duda saludable. Hay poetas que andan trabajando en un nuevo simbolismo, teniéndolo presente pero con otra mecánica expresiva.

P. ¿Lee novedades?

R. Pocas, pero me alarma que se esté llevando a los altares a escritores que confunden la literatura con la crónica de sucesos. Nuestra literatura está plagada de mediocres encumbrados. Pasa como con los políticos. Hay mucho fantasmón en funciones de líder. También hay muchos equívocos a la hora de enjuiciar a escritores…

P. ¿A quién?

R. A Gil de Biedma, por ejemplo, aunque en otro sentido. Gil de Biedma es un gran crítico de la cultura pero un poeta menor, de alcance verbal muy limitado. Los grandes poetas de esa época son Valente y Barral.

P. ¿Y Claudio Rodríguez?

R. También. Sobre todo el primer Claudio Rodríguez. Y pare usted de contar.

P. ¿A qué se dedica ahora?

R. Lo que más me gusta hacer es no hacer nada. Pero releo mucho. Dedico cuatro o cinco horas al día a releer en mi butaca de viejo. A mis clásicos, a los barrocos castellanos, a los románticos anglosajones, a los simbolistas franceses, a Rimbaud y Mallarmé… Y siempre a Valle Inclán, a Juan Ramón, a Faulkner, a Onetti, a Rulfo, a Cernuda, a Lorca… De los narradores españoles recientes el que más me interesa es Menéndez Salmón.

P. ¿No viaja?

R. Reparto mi tiempo entre Madrid y Sanlúcar. Si la patria es lo que se ve desde la venta de la casa donde uno vive a gusto, yo tengo varias patrias, unas más duraderas que otras: el Coto de Doñana, Jerez, Mallorca, Bogotá… En Colombia estuve unos tres años y allí escribí mi primera novela, tuve mi primer hijo... Me acuerdo mucho de esa patria. La que no me gusta nada es la patria de los patriotas españoles. Si tuviera veinte años menos ya habría puesto tierra de por medio.

Una edad del hielo económica

Joaquín Estefanía, "El rescate del Estado de bienestar", reseña publicada en Babelia, suplemento cultural de El País, 17-III-2015:

El legado más negativo de la crisis, según López Garrido, es un modelo social europeo herido de muerte y una Administración debilitada por la pérdida de poder tributario


Se sofistican las metáforas para definir lo que nos ha ocurrido en el último septenio. Durante mucho tiempo bastó hablar de Gran Recesión, pero el concepto se fue quedando corto. Del mismo modo que Yanis Varoufakis, antes de ser famoso y ministro de Finanzas del Gobierno griego, instaló “la del Minotauro global”, López Garrido analiza “la edad de hielo”, una etapa fría y dura que no constituirá un mero paréntesis entre dos eras de normalidad y que afectará, sobre todo, al hemisferio norte. Durante la primitiva Edad de Hielo extensas zonas de la Tierra estuvieron cubiertas por el hielo, el clima se enfrió en todo el planeta y disminuyó el volumen de los mares y los ríos ya que la mayor parte se congeló. En la actual edad de hielo se congeló ante todo el dinero, el alimento de la economía de nuestra era: congeló las arterias del sistema, los bancos, y sobre todo congeló el corazón de la economía, su latido productivo y laboral, y la sumió en un periodo de somnolencia invernal, frenando en seco el crecimiento y el empleo.

Ahora que muy tímidamente comienzan a emerger síntomas de deshielo, lo principal es establecer el legado de tal glaciación económica. Esa herencia tiene tres grandes componentes: un poder financiero incontrolable, un modelo social herido de gravedad y un Estado sin poder tributario, que es el nervio del poder político. El primero de los tres semeja una paradoja: habiendo comenzado todos los problemas en el corazón financiero del mundo, Wall Street, y habiéndose contagiado el resto del sistema de los abusos, irregularidades y robos de aquél, quien primero sale a flote, con mayor poder que nunca, con las mismas formas de hacer y con el orgullo de quien se cree superior es el propio sistema financiero, y lo hace con parecidos gestores (si no los mismos) después de haber utilizado para su normalización paladas y paladas de dinero público; es decir, de todos los ciudadanos.

El modelo social no es idéntico en todo el mundo. En muchas partes, ni siquiera existe. Ni siquiera en la vieja Europa, que es la zona donde más se desarrolló, es común a los diferentes países. Pero sí había un denominador que se repetía: un elevado nivel de protección social, ayudas especiales a los sectores más vulnerables de la sociedad, una posición beligerante de los poderes públicos sobre el empleo, una presencia determinante de estos poderes en la definición de una auténtica política social que no se dejaba al arbitrio del mercado, y un papel crucial de los interlocutores sociales. Durante esta crisis, todo ello se ha debilitado a sabiendas; primero, deslegitimándolo (contribuye a la ineficacia, resta potencial al crecimiento, ha generado privilegios) y, a continuación, segando las vías de su financiación, haciéndolo más frágil.

Y aquí llegamos al último componente de la herencia de la crisis, la verdadera obsesión de López Garrido en este libro y en sus artículos de prensa, el núcleo fuerte de su pensamiento: la destrucción del sistema fiscal a través de la reducción de impuestos, la evasión fiscal, la elusión fiscal legal, la multiplicación de los paraísos fiscales, la aceptación de una mínima imposición a muchas multinacionales en una especie de sistemático dumping fiscal. Para el autor de este texto se han ido sustituyendo los impuestos (que se pagan según la capacidad adquisitiva y la propiedad de los contribuyentes, y que no se devuelven más que en forma de contraprestaciones) por deuda pública (que afecta a todos los ciudadanos y que hay que devolver a quien presta el dinero: los bancos). Ello ha activado el mecanismo por el cual esta crisis, que empezó siendo del capitalismo, ha acabado siendo una crisis de la deuda (el otro mecanismo es el de socialización de las pérdidas, de modo que la gigantesca deuda privada, el “opio de las clases medias”, ha pasado a ser deuda pública).

El otro cuchillo incisivo del autor es el papel de Europa en este periodo, sobre todo en relación a EE UU. López Garrido analiza cómo a la Unión Europea le han pillado las dificultades económicas a medio construir y no ha sido capaz de acelerar los tiempos por falta de voluntad política y porque no a todos los Estados les iba igual de mal en este aquelarre, porque unos eran acreedores (los más fuertes, con Alemania a la cabeza) y otros eran deudores (los países del sur).

La austeridad ha sido una política que expresa macroeconómicamente la lucha de clases, que, como dijo Warren Buffet, están ganando por goleada los suyos, es decir, los más poderosos. El principal papel de los intelectuales y analistas es el de buscar los responsables de lo ocurrido y desenmascararlos, porque si no, además de cornudos, apaleados: los ciudadanos, además de ser los paganos de los abusos provenientes de las instituciones financieras y de otros centros de poder, serán los culpables por “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Un doble saqueo.

La edad de hielo. Diego López Garrido. RBA. Barcelona, 2014. 447 páginas.