domingo, 5 de julio de 2015

Entrevista a Thomas Piketty

Entrevista a Piketty por Andrew Hussey, "El capitalismo según Piketty", en La Vanguardia, 11-VI-2014:

Visitamos en París al autor de 'El capital en el siglo XXI' y analizamos las razones de que se haya convertido en el libro del año (y del decenio). 'El capital en el siglo XXI' pone en entredicho el mito de que el capitalismo mejora la vida de todos | "He querido dirigir el libro al lector general, con información bien clara para todo aquel que quiera leerlo"

 Una de las consignas del movimiento del 15-M fue que "el capitalismo no funciona". Ahora, en una obra excepcional e innovadora ('El capital en el siglo XXI'), el economista francés Thomas Piketty explica por qué eso es cierto, y sus tesis han suscitado un debate internacional. Nos encontramos con Piketty en su facultad parisina y analizamos a fondo el que ya puede decirse que es el libro del año 2014

La Escuela de Economía de París está situada en una parte muy poco parisina de la ciudad. Se encuentra en el bulevar Jourdan, en el extremo inferior del 14e arrondissement, junto al parque Montsouris. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de jardines franceses, ese parque exhibe una absoluta falta de rigor cartesiano; en realidad, con su lago, sus espacios abiertos y sus entrometidos y golosos patos, muy bien podría estar situado en cualquier ciudad británica. En cambio, el pequeño campus de la Escuela de Economía de París se parece inconfundible y reconfortantemente al de casi todos los campus universitarios franceses. Es decir, que es gris, monótono, destartalado y con pasillos que huelen vagamente a col. Es ahí donde he concertado una entrevista con el profesor Thomas Piketty, un tímido joven francés (tiene cuarenta y pocos años) que ha pasado la mayor parte de su carrera en archivos y recopilando datos, pero que está a punto de convertirse en el pensador más importante de su generación; un pensador independiente y un demócrata -según lo definió el profesor de Yale Jacob Hacker- que se ha convertido nada menos que en "un Alexis de Tocqueville para el siglo XXI".

Y ello a causa de su última obra, titulada El capital en el siglo XXI. Se trata de un libro voluminoso, de alrededor de un millar de páginas, lleno de notas, gráficos y fórmulas matemáticas. A primera vista, su aspecto es descaradamente académico, abrumador e incomprensible al mismo tiempo. El caso es que, a lo largo de los últimos meses, el libro ha desatado en Estados Unidos acalorados debates acerca de la dinámica del capitalismo y, en especial, acerca del auge aparentemente imparable de la minúscula élite que controla una porción cada vez mayor de la riqueza del mundo. También ha suscitado polémicas acerca del poder y el dinero en sitios web y blogs no especializados, y ha puesto en entredicho el mito que constituye el núcleo mismo de la vida estadounidense: que el capitalismo mejora la calidad de vida de todos. No es exactamente así, afirma Piketty, quien lo demuestra de un modo claro y riguroso echando por tierra todo aquello en lo cual creen los capitalistas sobre la ética de ganar dinero.

El carácter innovador del libro ha sido reconocido en un largo artículo publicado en The New Yorker, en el que se cita a Branko Milanovic -antiguo economista jefe del Banco Mundial-, quien describe el volumen de Piketty como "uno de los libros decisivos del pensamiento económico". En la misma línea, un colaborador de The Economist ha afirmado que la obra de Piketty ha reescrito doscientos años de pensamiento económico sobre la desigualdad. De modo muy resumido, las polémicas se han centrado en dos polos: el primero es la tradición iniciada por Karl Marx, quien creyó que el capitalismo acabaría autodestruyéndose en la interminable búsqueda de unos rendimientos decrecientes. En el extremo opuesto del espectro se encuentra la obra de Simon Kuznets, ganador del premio Nobel en 1971, para quien la brecha de la desigualdad se reduce forzosamente a medida que las economías evolucionan y se hacen más desarrolladas.

Según Piketty, ninguno de esos razonamientos se sostiene frente a las pruebas que él ha acumulado. Es más, logra demostrar que no hay razón para creer que el capitalismo sea capaz de resolver el problema de la desigualdad; un problema, que, según insiste, lejos de mejorar, empeora. De la crisis bancaria del 2008 al movimiento indignado del 2011, es algo que ya había sido intuido por la gente común. La singular importancia de su libro es que demuestra de modo científico que esa intuición es correcta. Por eso el libro ha traspasado los círculos especializados, porque dice lo que muchas personas ya piensan.

"He querido dirigir el libro al lector general", afirma Piketty al inicio de nuestra conversación, "y, aunque es a todas luces un libro susceptible de ser leído también por especialistas, mi objetivo era que la información esté bien clara para todo el que quiera leerlo." En realidad, hay que decir que El capital en el siglo XXI es sorprendentemente legible. Está repleto de anécdotas y referencias literarias que iluminan toda la narración. En inglés, ha sido una gran ayuda la ágil traducción de Arthur Goldhammer, un gran estilista literario que se ha enfrentado a autores de la talla de Albert Camus. No obstante, contemplando en las estanterías del despacho de Piketty títulos tan fácilmente inductores de jaqueca como Principios de microeconomía y La influencia política del keynesianismo, una persona corriente como yo necesita alguna ayuda adicional. Así que le hice la pregunta más evidente de todas: ¿cuál es la idea fundamental que recorre todo el libro?

"Empecé investigando un problema muy concreto", dice en un inglés teñido de un elegante acento francés. "Hace unos años me pregunté dónde estaban los datos brutos que sostenían todas las teorías acerca de la desigualdad, desde David Ricardo y Marx hasta los pensadores más contemporáneos. Empecé buscando en Gran Bretaña y Estados Unidos y descubrí que no había gran cosa. Y luego descubrí que los datos existentes contradecían casi todas las teorías, incluidas las de Ricardo y Marx. Cuando me puse a estudiar otros países, vi que aparecía un patrón: que el capital, y el dinero producido por él, se acumula más deprisa que el crecimiento en las sociedades capitalistas. Y que ese patrón, observado en el siglo XIX, se hizo más predominante a partir de la década de 1980, cuando se eliminaron los controles sobre el capital en muchos países ricos."

De modo que la tesis de Piketty, respaldada por una exhaustiva investigación, es que la desigualdad económica del siglo XXI está en aumento y se acelera a un ritmo peligroso. De entrada, este análisis modifica el modo en que consideramos el pasado. Ya sabíamos que el final del capitalismo predicho por Marx nunca se produjo; y que incluso en el momento de la revolución rusa de 1917 ya estaban subiendo los salarios del resto de Europa. También sabíamos que Rusia era según todos los parámetros el país menos desarrollado de Europa y que por esa razón arraigó allí el comunismo. Sin embargo, Piketty añade que fueron las diversas crisis del siglo XX (principalmente, dos guerras mundiales) las que impidieron el crecimiento continuado de la riqueza nivelando temporal y artificialmente la desigualdad. En contra de nuestra percepción del siglo XX como una época en la que disminuyó la desigualdad, lo cierto es que en términos reales no dejó de crecer.

En el siglo XXI, es así no sólo en los llamados países ricos (Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa occidental), sino también en Rusia, China y otros países en fase emergente de desarrollo. Existe un peligro real de que si no se detiene el proceso la pobreza aumente al mismo ritmo; y, según Piketty, muy bien puede resultar que el siglo XXI sea un siglo con más desigualdad y, por lo tanto, más discordia social que el siglo XIX. 

Cuando me explica sus ideas con fórmulas y teoremas, todo me suena demasiado técnico (tuve problemas con las matemáticas en la escuela primaria). Sin embargo, siguiendo atentamente sus explicaciones (es un buen maestro, muy paciente) y descomponiendo el análisis en pequeños fragmentos, todo empieza a cobrar sentido. Piketty explica a su principiante que la renta es un flujo, que se mueve y puede crecer según el rendimiento. El capital es un patrimonio, su riqueza procede de lo que se ha acumulado "a lo largo de todos los años anteriores juntos". Es un poco como la diferencia entre tener un descubierto y tener una hipoteca; y si uno no consigue ser dueño de la propia casa nunca tendrá patrimonio alguno y siempre será pobre.

En otras palabras, lo que está diciendo en términos globales es que quienes poseen capital y activos generadores de riqueza (como, por ejemplo, un príncipe saudí) siempre serán más ricos que los emprendedores que intentan conseguir capital. La tendencia del capitalismo en este modelo concentra cada vez más riqueza en manos de cada vez menos personas. ¿Acaso no lo sabíamos ya? ¿Que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres? ¿No cantaban acerca de eso mismo los Clash y otros grupos en la década de los setenta? 

"Bueno, en realidad, no lo sabíamos, aunque podíamos haberlo sospechado", dice Piketty, animándose con el tema. "En primer lugar, es la primera vez que hemos reunido datos que demuestran que eso es así. En segundo lugar, es evidente que este movimiento, que está adquiriendo velocidad, tendrá implicaciones políticas: todos seremos más pobres en el futuro y eso es una situación que genera crisis. He demostrado que en las actuales circunstancias el capitalismo no puede funcionar."

De modo interesante, Piketty afirma ser un anglófilo y, de hecho, empezó su carrera investigadora con un estudio sobre el sistema del impuesto sobre la renta inglés ("uno de los mecanismos políticos más importantes de la historia"). Sin embargo, también afirma que los ingleses tienen una fe demasiado ciega en los mercados, que no siempre comprenden. Debatimos la actual crisis de las universidades británicas que, tras haber impuesto unas tasas de matrícula, ahora descubren que carecen de liquidez porque el gobierno no calculó bien lo que tendrían que pagar los estudiantes y no es capaz de asegurarse la devolución de los préstamos concedidos para el pago las matrículas. Dicho en otras palabras, el gobierno creyó que conseguía una fuente de ingresos introduciendo tasas de matrícula y, en realidad, al no poder controlar todas las variables del mercado, lo que hizo fue apostar con dinero público y parece que va a perder de modo espectacular. Piketty dice con una sonrisa: "Es el ejemplo perfecto de cómo provocar deuda en el sector público. Algo increíble y difícil de concebir en Francia".

A pesar de su simpatía por Gran Bretaña y Estados Unidos, Piketty confiesa que sólo se siente cómodo en Francia. El capital en el siglo XXI contiene una multitud de referencias francesas (una figura clave es el historiador François Furet); y Piketty admite que el panorama político que mejor comprende es el francés. Creció en Clichy, en un barrio principalmente de clase trabajadora. Sus padres eran militantes de Lucha Obrera, un partido trotskista que aún goza de bastante predicamento en Francia. Como muchos en aquellos años, decepcionados por el fracaso de la casi revolución de Mayo del 68, se retiraron a criar cabras cerca de Carcasona (la clásica trayectoria de muchos progres de esa generación). Sin embargo, el joven Piketty estudió en París y acabó obteniendo un doctorado en la Escuela de Economía de Londres a los 22 años. Luego se fue al Instituto de Tecnología de Massachusetts, donde destacó como profesor, y acabó regresando a París y se convirtió en el primer director de la escuela en la que tiene lugar la entrevista.

Su propio itinerario político empezó, me cuenta, con la caída del muro de Berlín en 1989. Viajó a Europa oriental y quedó fascinado por las ruinas del comunismo. Fue esa fascinación inicial la que lo llevó a emprender una carrera como economista. También influyó en él la guerra del Golfo de 1991. "Vi entonces que muchas malas decisiones eran tomadas por los políticos porque no sabían de economía. Yo no soy político. No es mi trabajo. Pero me encantaría que los políticos leyeran mi obra y sacaran conclusiones de ella."

La afirmación es un tanto equívoca, puesto que Piketty sí que trabajó como consejero de Ségolène Royal en el 2007, cuando la dirigente socialista fue candidata en las elecciones presidenciales. No fue una etapa feliz para él, puesto que por esa misma época acabó entre enconadas acusaciones mutuas su romance con la política y novelista Aurélie Filippetti, otra seguidora de Royal. Se entiende que, tras aquel turbio asunto, Piketty quiera distanciarse del fragor y las trifulcas de la política diaria.

No importa, ¿Qué hemos aprendido? Que el capitalismo es malo. Muy bien. ¿Cuál es la respuesta? ¿El socialismo? Es de esperar. "No es tan sencillo", afirma, decepcionando a este antiguo adolescente marxista. "Lo que defiendo es un impuesto progresivo, un impuesto global, basado en la imposición a la propiedad privada. Es la única solución civilizada. Las otras son, en mi opinión, mucho más bárbaras; y me refiero al sistema oligárquico ruso, en el que no creo, y a la inflación, que en realidad sólo es un impuesto sobre los pobres." Explica que la oligarquía, en especial el actual modelo ruso, no es más que el gobierno de los muy ricos sobre la mayoría. Es un sistema tiránico y que no se diferencia mucho de una forma de gangsterismo. Añade que la inflación no suele afectar a los muy ricos, porque su riqueza aumenta de todas formas; los pobres, en cambio, se llevan la peor parte porque aumenta el coste de vida. Un impuesto progresivo sobre la riqueza es la única solución sensata.

Sin embargo, aunque cuanto dice tiene sentido, y no sólo sentido sino mucho sentido común, le comento que ningún partido político, de derechas o de izquierdas, se atrevería a acudir en Gran Bretaña o Estados Unidos a las urnas con unas propuestas tan idealistas. François Hollande recibe hoy un rechazo generalizado no por sus aventuras sexuales (que, en realidad, le valen una amplia admiración), sino por el severo régimen impositivo que intenta imponer.

"Es verdad", dice Piketty. "Claro que es verdad. Pero también es verdad, como mis colegas y yo hemos demostrado en este libro, que la presente situación no puede sostenerse por mucho tiempo. No se trata necesariamente de una visión apocalíptica. He hecho un diagnóstico de situaciones pasadas y presentes, y creo que hay soluciones. Pero antes de ponerlas en práctica, tenemos que comprender la situación. Cuando empecé a recopilar datos, me quedé muy sorprendido de lo que encontraba, que la desigualdad crece muy deprisa y que el capitalismo no parece estar en condiciones de eliminarla. Muchos economistas empiezan al revés, haciéndose preguntas acerca de la pobreza; pero lo que yo quería comprender era de qué forma actúa la riqueza o la superriqueza para aumentar la brecha de desigualdad. Y lo que encontré, como decía, es que la velocidad a la que crece la brecha de la desigualdad es cada vez mayor. Tiene uno que preguntarse qué significa eso para la gente corriente, para los que no son multimillonarios ni lo serán nunca. Bueno, creo que significa ante todo un deterioro del bienestar económico colectivo; en otras palabras, una degradación del sector público. Sólo hay que ver lo que quiere hacer Obama (reducir la desigualdad en la asistencia sanitaria y en otros ámbitos) y lo difícil que resulta conseguir eso para comprender lo importante que es. Existe entre los capitalistas una creencia fundamentalista según la cual el capital salvará el mundo y no es así. No por lo que dijo Marx acerca de las contradicciones del capitalismo, sino porque, como he descubierto, el capital es un fin en sí mismo y nada más."

Piketty pronuncia su charla, erudita y convincente, con pasión tranquila. Es, da la impresión, un personaje un tanto tímido y retraído, pero le encanta su tema y, en realidad, es un placer encontrarse en medio de un seminario privado sobre el dinero y cómo funciona. Es cierto que su libro es largo y complejo, pero sus exposiciones acerca del modo cómo funciona el mundo capitalista son comprensibles por todos los que viven en él (es decir, todos nosotros). Una de las más penetrantes es la que se refiere al auge de los directivos o superdirectivos, que no producen riqueza, sino que obtienen de ella un salario. En realidad, sostiene Piketty, se trata de una forma de robo, aunque ese no es el peor delito de los superdirectivos. Mucho más perjudicial es el modo en que se han embarcado en una competencia con los multimillonarios, cuya riqueza -que se acelera más allá de la economía- será siempre inalcanzable. Eso crea una carrera permanente en la que las víctimas son los perdedores, es decir, la gente corriente que no aspira a semejante posición o riqueza, pero que no obstante es despreciada por los presidentes, vicepresidentes y otros lobos de Wall Street. En ese apartado, Piketty hace trizas una de las grandes mentiras del siglo XXI: que los superdirectivos se merecen sus sueldos porque, como los futbolistas, poseen habilidades especializadas poseídas sólo por una élite casi sobrehumana.

"Una de las grandes fuerzas divisivas que existen hoy -afirma-, es lo que llamo el extremismo meritocrático. Es el conflicto entre multimillonarios, cuya renta procede de la propiedad y los activos, como en el caso de un príncipe saudí, y los superdirectivos. Ninguna de esas dos categorías hace o produce nada salvo su propia riqueza; en realidad, se trata de una superriqueza separada por completo de la realidad cotidiana del mercado, que rige la vida de la mayoría de las personas ordinarias. Peor aun, ambos grupos compiten entre sí para incrementar su riqueza; y el peor de todos los escenarios es el modo en que los superdirectivos, cuya renta se basa realmente en la codicia, siguen subiéndose los sueldos al margen de la realidad del mercado. Es lo que sucedió con los bancos en el 2008, por ejemplo".

Este es el tipo de pensamiento que hace tan atractiva y fascinante la obra de Piketty. A diferencia de muchos economistas, insiste en que el pensamiento económico no puede separarse de la historia o la política; eso proporciona al libro un carácter, definido por el premio Nobel estadounidense Paul Krugman, como "excepcional" y de "visión panorámica". La influencia de Piketty está creciendo mucho más allá de la reducida microsociedad de los economistas universitarios. En Francia es cada día más conocido por sus comentarios sobre los asuntos públicos, con artículos en Le Monde y Libération, sobre todo; y sus ideas son debatidas con frecuencia por políticos de todas las tendencias en programas de actualidad. De modo quizás más importante y menos usual, su influencia está creciendo en las corrientes dominantes de la política angloestadounidense (al parecer, su libro es uno de los favoritos entre el círculo de Ed Miliband, líder del Partido Laborista británico), un entorno tradicionalmente indiferente a los profesores de economía franceses. A medida que aumenta la pobreza en todo el planeta, todo el mundo está obligado a escuchar a Piketty con gran atención. Sin embargo, aunque su diagnóstico es preciso y convincente, resulta difícil, cuando no imposible, imaginar que la cura propuesta (impuestos y más impuestos) pueda ponerse en práctica en un mundo donde, desde Pekín hasta Washington pasando por Moscú, es el dinero y sus mayores acumuladores quienes llevan la batuta.

Un economista actual que sí merece la pena y puede orientar el futuro: Thomas Piketty

El artículo original, con muy interesantes enlaces a otros textos, está en la Wikipedia, aquí:

Thomas Piketty (Clichy, 7 de mayo de 1971)1 es un economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta. Desde el año 2000 es director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS). Actualmente es profesor asociado de la Escuela de Economía de París.

Es autor del libro publicado en 2013 en francés Le Capital au XXIe siècle (El capital en el siglo XXI publicado por el Fondo de Cultura Económica en español y en inglés Capital in the Twenty-First Century publicado en 2014) en el que expone cómo se produce la concentración de la riqueza y su distribución durante los últimos 250 años. En el libro Piketty sostiene que cuando la tasa de acumulación de capital crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad aumenta. El autor propone, para evitar lo que denomina un capitalismo patrimonial,4 los impuestos progresivos y un impuesto mundial sobre la riqueza5 con el fin de ayudar a resolver el problema actual del aumento de la desigualdad.6 7 Sus trabajos cuestionan de manera radical la hipótesis optimista del economista ruso Simon Kuznets quien establecía un vínculo directo entre el desarrollo económico y la redistribución de ingresos, resaltando la importancia de las instituciones políticas y fiscales en la instauración de impuestos e ingresos públicos y por tanto en la evolución económica histórica de la distribución de la riqueza.

La investigación de las estadísticas históricas realizada por Piketty establece que la proporción de los ingresos de capital en el ingreso nacional fue de 6 o 7 en el siglo XIX, cayó a 2 después de la Segunda Guerra Mundial y en el siglo XXI volvió a un nivel cercano al siglo XIX, con un valor 5 o 6. Por otra parte encontró que en el largo plazo, el retorno promedio sobre el capital supera la tasa de crecimiento de la economía, lo cual implica que los propietarios del capital son cada vez más ricos más rápido que el resto de la población.

Para el economista francés Etienne Wasmer las tesis de Piketty se ven confirmadas en el caso francés ya que el incremento de las tasas de retorno del capital en Francia se debe principalmente a un aumento de los precios inmobiliarios y este aumento es captado principalmente por el capital inmobiliario.

Piketty es un especialista en la economía de la desigualdad o desigualdad de ingreso, desde una aproximación estadística e histórica. En sus publicaciones analiza cómo la tasa de acumulación de capital en relación con el crecimiento económico aumentó desde el siglo XIX hasta la actualidad. Los registros sobre impuestos le han permitido reunir datos sobre las élites económicas, que tradicionalmente han sido poco estudiados, y que le permiten establecer las tasas de acumulación de la riqueza y su comparación con la situación económica del resto de la sociedad. Su libro más reciente, El capital en el siglo XXI, se nutre de datos económicos que se remonta 250 años para demostrar que se produce una concentración constante del aumento de la riqueza que no se autocorrige y que aumenta la desigualdad económica, problema que requiere para su solución una redistribución de la riqueza a través de un impuesto mundial sobre la misma.

En relación con la posibilidad de autorizar préstamos a estudiantes universitarios en España, Piketty señaló, en una entrevista a La Vanguardia, que la aplicación del modelo británico que quiere copiar el ministro de educación Wert es el ejemplo perfecto de cómo provocar deuda en el sector público y beneficiar a las universidades privadas que podrían financiarse con préstamos de muy difícil devolución hechos por el Estado a los estudiantes.

Libros

1994 - Introduction à la théorie de la redistribution des richesses, Paris: Economica, 124 p.
1997 - L'Economie des inégalités, Paris: Ed. la Découverte, 122 p. 6.ª ed. (2008)
2001 - Les Hauts revenus en France au 20e siècle: inégalités et redistribution, 1901-1998, Paris: B. Grasset, 807 p., Nueva ed. Collection Hachette Pluriel (2006)
2004 - Vive la gauche américaine ! Chroniques 1998-2004, [Paris]: Libération; La Tour d'Aigues: Éd. de l'Aube, 194 p.
2006 - con Valdenaire M.: L'impact de la taille des classes sur la réussite scolaire dans les écoles, collèges et lycées français. Estimations à partir du panel primaire 1997 et du panel secondaire 1995, Paris: Ministère de l'éducation nationale, 2006, 153 p.
2007 - con Atkinson T.: Top incomes over the twentieth century: a contrast betwe en continental european and english speaking countries, Oxford: Oxford university press, 604 p.
2008 - con Bozio A.: Pour un nouveau système de retraite: des comptes individuels de cotisations financés par répartition, Paris: Ed. ENS rue d'Ulm, collection du CEPREMAP n°14, 101 p.
2010 - con Atkinson T.: Top incomes: a global perspective, Oxford: Oxford university press, 2010, 776 p.
2011 - con Landais C. y Saez E.: Pour une révolution fiscale. Un impôt sur le revenu pour le XXIème siècle, Paris: Ed. du Seuil, 133 p.
Peut on sauver l'Europe? Chroniques 2004-2012, Paris: Ed. LLL, 2012, 271p.
2013 - Le Capital au XXIème siècle, Paris: du Seuil, 976 p.4
2014 - Capital in the Twenty-First Century (Cambridge, MA: Belknap Press)
On the Long run evolution of inheritance. France, 1820–2050
2014 - El Capital en el Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica (anunciada su publicación)

Es Premio Yrjö Jahnsson (2013) y el 1 de enero de 2015, rechazó la Legión de Honor otorgada por el gobierno francés haciendo la declaración: "Rechazo esta nominación porque pienso que no es el papel del gobierno el decidir quien es honorable." También rechazó la Medalla Rectoral, Universidad de Chile (2015)

jueves, 2 de julio de 2015

Expresiones lingüísticas vulgares del periodismo tomadas de las Escrituras

"Vía crucis judicial"
"Rasgarse sus pesadas vestiduras bolcheviques", Mt XXVI, 65.
"Las reformas económicas son un arma de doble filo", Pr, V, 3-4.
"Ignorar sus pies de barro", Dn, II, 31-35. 
"Lanzar cizaña", Mt XIII, 24 y ss.
"Más pasado que Matusalén", Gn V, 27.
"El que este libre de cuñados que tire la primera piedra", Jn VIII, 7
"Entregar su programa electoral por un plato de lentejas" Gn XXV, 29
"No solo de filósofos vive la reflexión", Lc IV, 3-4.
"Dar a Rajoy lo que es de Rajoy", Mt, XXII, 21.
"Un marido pródigo", (Lc XV, 11 y ss.
"Piedra angular", Is, XXVIII, 16
"Leer hoja por hoja y diente por diente", Lev XXIV, 19-20.
"Vio el cielo abierto", Hch, VII, 54-60.
"Solución salomónica", "poner el dedo en la llaga", "poner la otra mejilla", "ver la paja en el ojo ajeno", "otro gallo le cantara", "vacas gordas y vacas flacas", "nada nuevo bajo el sol" etc...

Lista de prohibiciones de la Ley mordaza

Javier Coria, “Ley Mordaza: Cuán largo se nos hace el franquismo", en Público, 2 de julio de 2015

El 1 de julio, mientras se nos anunciaba que los relojes atómicos añadirían un segundo al año para compensar el desaceleramiento de la Tierra, muchos tuvimos que mirar el calendario para asegurarnos que no estábamos en los años en que las leyes de “vagos y maleantes” y de “escándalo público” amparaban la ilegalidad del régimen franquista en España.

En ese día entró en vigor la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana y la Reforma del Código Penal con la que el gobierno del PP, presidido por el ínclito Mariano Rajoy, se dotan de toda una batería de medidas punitivas para ahogar la protesta, restaurar en la práctica la cadena perpetua e favorecer la impunidad ante los abusos de poder prohibiendo, por ejemplo, que se graben en vídeo y se tomen fotos de la actuación de las fuerzas antidisturbios. Aquí algunas “perlas” de la Ley que es a todas luces anticonstitucional y tuviéramos un Tribunal Constitucional independiente de los poderes políticos, cosa que dudamos.

Catálogo de conductas punibles

Son 44 las conductas que se tipifican en la nueva Ley. Las trascribimos a continuación. Como se ve, constituyen un totum revolutum que se puede utilizar como Manual de Acusaciones por parte de las fuerzas de seguridad del Estado:

Faltas muy graves, van entre 30.001 y 600.000 euros de sanción

– Manifestaciones no comunicadas o prohibidas ante infraestructuras críticas.

– Fabricar, almacenar o usar armas o explosivos incumpliendo la normativa o careciendo de la autorización necesaria o excediendo los límites autorizados.

– Celebrar espectáculos públicos quebrantando la prohibición ordenada por la autoridad correspondiente por razones de seguridad pública.

– Proyectar haces de luz sobre los pilotos o conductores de medios de transporte que puedan deslumbrarles o distraer su atención y provocar accidentes.
  
Faltas graves, entre 601 y 30.000 euros de multa

– Perturbar la seguridad ciudadana en actos públicos, espectáculos deportivos o culturales, solemnidades y oficios religiosos u otras reuniones a las que asistan numerosas personas.

– La perturbación grave de la seguridad ciudadana en manifestaciones frente al Congreso, el Senado y asambleas autonómicas aunque no estuvieran reunidas.

– Causar desórdenes en la calle u obstaculizarla con barricadas.

– Impedir a cualquier autoridad el ejercicio legítimo de sus funciones en el cumplimiento de resoluciones administrativas o judiciales. Este punto sancionaría, por ejemplo, las concentraciones para impedir la ejecución de desahucios.

– Las acciones y omisiones que impidan u obstaculicen el funcionamiento de los servicios de emergencia.

– La desobediencia o la resistencia a la autoridad, así como la negativa a identificarse a requerimiento de la autoridad o de sus agentes.

– Negarse a disolver reuniones y manifestaciones en lugares de tránsito público cuando lo ordenen las autoridades competentes cuando concurran los supuestos del artículo 5 de la Ley Reguladora del Derecho de Reunión. Entre estos supuestos están las “alteraciones del orden público con peligro para personas o bienes”, por lo que podría emplearse esta infracción para sancionar los llamados escraches.

– Perturbar el desarrollo de una manifestación lícita.

– La intrusión en infraestructuras críticas (que prestan servicios esenciales para la comunidad) incluyendo su sobrevuelo, cuando se haya producido una interferencia grave en su funcionamiento.

– Portar armas prohibidas o portar o usar armas de modo negligente y temerario o fuera de los lugares habilitados para ello.

– Solicitar y disfrutar (por parte del demandante) de servicios sexuales en zonas de tránsito público, cerca de lugares destinados a su uso por menores (colegios, parques…) o en zonas que pueda generar un riesgo para la seguridad vial.

– Fabricar, almacenar o usar armas reglamentarias o explosivos sin autorización así como la omisión o falta de eficacia de las medidas de seguridad o precauciones que resulten obligatorias.
  
– Negarse a las inspecciones en fábricas, locales, establecimientos, embarcaciones y aeronaves.

– El uso público e indebido de uniformes, insignias o condecoraciones oficiales, o réplicas de los mismos del equipamiento de los cuerpos policiales o de los servicios de emergencia que puedan generar engaño.

– No colaborar con las Fuerzas de Seguridad en la averiguación de delitos o en la prevención de acciones que puedan poner en riesgo la seguridad ciudadana.
– El consumo o la tenencia ilícitos de drogas, aunque no estuvieran destinadas al tráfico, en lugares públicos, así como el abandono de los instrumentos empleados para ello.

– El traslado de personas, con cualquier tipo de vehículo, con el objeto de – facilitar a éstas el acceso a drogas (las cundas).

– Plantar y cultivar drogas en lugares visibles al público.

– La tolerancia del consumo ilegal o el tráfico de drogas en locales o la falta de diligencia en orden a impedirlos por parte de los propietarios.

– La carencia de los registros previstos en esta ley para las actividades con trascendencia para la seguridad ciudadana o la omisión de comunicaciones obligatorias.

– Dar datos falsos para la obtención de las documentaciones previstas en esta Ley.

– Incumplir las restricciones a la navegación reglamentariamente impuestas a las embarcaciones de alta velocidad y aeronaves ligeras.

– El uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación, con respeto al derecho fundamental a la información.

Faltas leves, las que van de 100 a 600 euros

– La celebración de manifestaciones sin comunicar a las autoridades, cuya responsabilidad corresponderá a los organizadores.

– Exhibir de objetos peligrosos para la vida e integridad física de las personas con ánimo intimidatorio.

– Incumplir las restricciones de circulación peatonal o itinerario con ocasión de un acto público cuando provoquen alteraciones menores en el normal desarrollo.

– Las faltas de respeto y consideración cuyo destinatario sea un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el ejercicio de sus funciones de protección de la seguridad.

– Hacer o incitar a actos que atenten contra la libertad e indemnidad sexual, o ejecutar actos de exhibición obscena.

– La proyección de haces de luz, mediante cualquier tipo de dispositivo, sobre miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para impedir o dificultar el ejercicio de sus funciones.

– La ocupación de casas y la venta ambulante no autorizada.

– No denunciar la pérdida o el robo de un arma.

– Las irregularidades en la cumplimentación de los registros previstos en esta Ley con trascendencia para la seguridad ciudadana.

– No tener la documentación personal legalmente exigida o no denunciar su robo o pérdida.

– La negligencia en la custodia y conservación de la documentación personal legalmente exigida, considerándose como tal la tercera y posteriores pérdidas o extravíos en el plazo de un año.

– Negarse a darle la documentación a la Policía.
– Causar daños a bienes muebles o inmuebles de uso público o privados que estén en la vía pública.

– Escalar edificios o monumentos sin autorización cuando haya riesgo de que se ocasionen daños.

– La remoción de vallas, encintados u otros elementos fijos o móviles colocados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para delimitar perímetros de seguridad.

– Dejar sueltos o en condiciones de causar daños animales feroces, así como abandonar animales domésticos en condiciones en que pueda peligrar su vida.

– El consumo de alcohol en lugares públicos cuando perturbe gravemente la tranquilidad ciudadana.

En esta Ley de Seguridad Ciudadana la casi totalidad de los “supuestos delictivos” quedan al criterio de los agentes de las Fuerzas de Seguridad. En cada situación práctica tipificada se producirá una especie de juicio sumarísimo, instantáneo, por el cual el policía convertido en juez condenará y castigará según su limitado criterio, su ilimitada autoridad y las arbitrarias órdenes de su escala de mando, que es policial y no judicial. Resumiendo: Estado policial.

No hay exageración en lo que decimos, sino en la propia ley. Tanto que hasta The New York Times le dedicó un editorial: “Siniestra Ley Mordaza en España”, “Vuelta a los días oscuros de Franco. Impropia de una democracia”.

Las faltas que hasta ahora se incluían en el Código Penal y, como tales, eran sancionadas con intervención judicial pasan a ser castigadas con multas administrativas. Más directo, más rápido, más disuasorio… “De momento, pagas, y luego ya veremos”.

Se da valor probatorio absoluto a las denuncias de las Fuerzas de Seguridad: “Las denuncias, atestados o actas formulados por los agentes de la autoridad en ejercicio de sus funciones que hubiesen presenciado los hechos, previa ratificación en el caso de haber sido negados por los denunciados, constituirán base suficiente para adoptar la resolución que proceda, salvo prueba en contrario y sin perjuicio de que aquéllos deban aportar al expediente todos los elementos probatorios disponibles”.

Lo dicho, mientras los relojes atómicos adelantaban un segundo, en España retrocedíamos varias décadas si la ciudadanía movilizada y la providencia no lo impiden.

miércoles, 1 de julio de 2015

Golpe de estado económico mundial. El TISA impone a los gobiernos de Occidente las leyes captilatistas sobre las democráticas


Las leyes económicas que los Estados aprueben en el futuro vendrán impuestas por acuerdos secretos entre medio centenar de gobiernos aliados de EEUU y de la UE, sin que parlamentarios ni ciudadanos conozcan los verdaderos motivos por los que se legisla a favor de las grandes corporaciones multinacionales incluso cuando se está perjudicando los intereses públicos.

Ésa es, al menos, la intención de los 50 gobiernos que negocian en absoluto secreto el Trade in Services Agreement (TiSA o Acuerdo de Comercio de Servicios), un pacto internacional en el que participan los 28 países de la UE pero de cuyo contenido sólo se han enterado los eurodiputados del Parlamento Europeo gracias a la filtración de Wikileaks, que Público tiene en exclusiva para España y en la que colaboran medios de otros nueve países. El pasado 3 de junio, nuestro diario reveló la existencia y gran parte de los anexos de esta verdadera alianza neoliberal planetaria: un acuerdo todavía más antidemocrático y neoliberal que el transatlántico TTIP y que se pretende que siga clasificado, oculto al conocimiento público, durante otros cinco años cuando ya haya entrado en vigor y esté condicionando el 68,2% del comercio mundial de servicios.

Ahora, Público facilita a sus lectores el contenido del Core Text del TiSA, es decir el cuerpo central de ese pacto internacional secreto, en colaboración con los otros doce medios asociados con Wikileaks en esta exclusiva mundial: The Saturday Paper (Australia), Libération (Francia), Mediapart (Francia), Süddeutsche Zeitung (Alemania), Ethnos (Grecia), Kjarninn (Islandia), L'Espresso (Italia), La Jornada (México), Dagens Næringsliv (Noruega), Punto24 (Turquía), OWINFS (Estados Unidos) y Brecha (Uruguay).

El TiSA restringe la capacidad del Gobierno para moldear el mercado.

Es en el mismo Preámbulo del cuerpo central del TiSA, en el punto 3 del Artículo I-I sobre el Alcance de las Disposiciones Generales, donde se estipula: "En el cumplimiento de las obligaciones y compromisos bajo el Acuerdo, cada partícipe [país firmante del acuerdo] debe adoptar todas las medidas razonables a su disposición para asegurar su cumplimiento por los gobiernos regionales y locales y por las autoridades y organismos no gubernamentales dentro de su territorio".

Es decir, que los Estados implicados tendrán que legislar, e imponer reglas y normativas ejecutivas –puesto que es la única manera de obligar al cumplimiento de esas disposiciones a los organismos, entidades y empresas no gubernamentales– en aplicación de unas cláusulas negociadas en secreto y cuyo contenido se pretende mantener oculto a la ciudadanía y representantes electos mientras están en vigor. Una situación orwelliana que sólo tiene parangón en el secretismo normativo de la Inquisición.

Porque, como explica la catedrática de Derecho de la Universidad de Auckland, Jane Kelsey, "las reglas centrales del acceso a los mercados [establecidas por el TiSA] restringen la capacidad de los gobiernos para moldear esos mercados limitando el tamaño o el crecimiento de determinadas actividades, tales como bancos, franquicias turísticas o hipermercados, tanto a nivel nacional como local, y tanto si son de propiedad nacional como extranjera".

Los proveedores de servicios no precisarán tener conexión ninguna con las personas o comunidades que dependen de ellos, ni compromiso o responsabilidad a largo plazo con esos países
En este cuerpo central del TiSA es donde se establecen las restricciones más extremas a la acción de los gobiernos de cada país firmante, porque el acuerdo secreto trata todos los servicios como mercancías comercializables y niega todas sus funciones sociales, culturales, mediambientales, laborales o de desarrollo. La gente no es considerada como ciudadanos o miembros de sus comunidades, sino simplemente como "consumidores".

Así que los proveedores de esos servicios –públicos o privados– no precisan tener conexión alguna con las personas o las comunidades que dependen de esos servicios, puesto que pueden "suministrarse" desde otros países, por un visitante temporal o a través de compañías extranjeras que establezcan una presencia local pero cuya prioridad sea la de obtener beneficios económicos a los accionistas foráneos. Ninguno de esos proveedores tendrá ningún compromiso ni responsabilidad a largo plazo con el país que consume dichos servicios.
Así que los gobiernos que negocian el TiSA en secreto se disponen a renunciar a su derecho soberano de dar preferencia a los proveedores locales de servicios estratégicos o de necesidad pública, como la educación, la sanidad, las telecomunicaciones, la energía o los abastecimientos urbanos, igual que renunciarán al poder de limitar la inversión extranjera en sectores clave o de requerir mayorías nacionales en los consejos de administración y en los accionariados de los sectores de los que dependa la seguridad nacional.
TiSA barre de golpe con todos los derechos soberanos de los gobiernos , pues limita el empleo y alcance de todas las herramientas legales a su disposición, como leyes, regulaciones, reglamentos, procedimientos, decretos, decisiones administrativas.

El conjunto de las normativas que se están negociando secretamente en el marco del TiSA barre de golpe con todos los derechos soberanos de los gobiernos en cuanto al crucial comercio de servicios, pues limita el empleo y alcance de prácticamente todas las herramientas legales a disposición del Ejecutivo, como leyes, regulaciones, reglamentos, procedimientos, decretos, decisiones administrativas y cualesquiera otra forma de regular el mercado.

Igualmente, las cláusulas secretas del TiSA se aplicarán a cualquier tipo de medida que afecte al "comercio" de un servicio, público o privado, incluso si lo hace indirectamente, por ejemplo estableciendo normas de pago o de distribución, o si lo regula con objetivos medioambientales o incluso si lo que pretende es proteger a la población con restricciones a la venta de productos insalubres.

Cualquier monopolio público o privado, como un servicio de Correos o una coordinadora estatal de comercialización y distribución agrícola, puede ser desafiada por corporaciones extranjeras que disputen incluso su derecho a ofrecer servicios no monopolísticos, aduciendo que se sirve de su ventaja inicial. Y las cláusulas que permiten excepciones que deberían proteger de ese asalto multinacional la salud pública o el medioambiente, por ejemplo, siempre dependen de los tribunales de arbitraje que benefician a las empresas y ya se han mostrado ineficaces como salvaguardas en el marco de la Organización Mundial del Comercio: sólo han prosperado plenamente en una de las más de 40 disputas dirimidas por esos motivos.

En definitiva, el TiSA nos promete un futuro en el que todas las leyes y normas que regirán los servicios públicos y privados estarán impuestas por los pactos internacionales en beneficio de las grandes multinacionales... que estarán ocultos a la ciudadanía. La distopía del 1984 de Orwell será una realidad.

Crímenes de nuestros padres

Al contrario que los españoles, los judíos ejercitan la memoria histórica con frecuencia y procuran recoger con mimo, por mucho que les duela, hasta el más mínimo detalle del holocausto que sufrieron. Para cuando vuelvan, que volverán, los enemigos de la especie humana, se llamen como se llamen, pues su nombre habrá cambiado para hacerlos más difíciles de distinguir. 


Los españoles deberíamos aprender de su ejemplo, pues hoy mismo vemos como leyes mordaza están preparando el surgimiento de un nuevo orden que podríamos llamar fascista si no hubieran cambiado su denominación antigua por otra más apropiada para sus propósitos. Así, ahora impiden protestar por hechos como los que se dieron al comienzo del holocausto judío: leyes que los desahuciaban de sus casas e impedían que protestaran, mientras otros se quedaban con ellas. Como lo que hacen ahora los banksters en contra de una Constitución que promulga el derecho a la vivienda, pero no persigue a quienes lo quebrantan. Pero, para qué hablar, habiendo como hay partidos que directamente desobedecen la Ley de leyes y jueces que no inhabilitan a partidos antidemocráticos antipúblicos y anticonstitucionales (los que lo han hecho y se han creído el papel mojado constitucional, siempre han tenido problemas). Incluso políticos camuflados de periodistas como lobos de corderos defienden esas medidas (no directamente, qué va: miran a otra parte). Pero ahora tampoco podrían "protestar" (con mordaza y más leyes de tardanza en la justicia, menos).  Como escribió en 1826 el periodista ciudadrealeño Félix Mejía, "liberales como esos son los que quieren el Rey y el Papa".



Hoy, cuando tantos se ufanan con "banderas de nuestros padres", será oportuno hablar de los "crímenes de nuestros padres" que tiñeron de rojo esos trapos: solo así conseguiremos evitar la enfermedad del patrioterismo y del golpismo (para la que ya está caducando la vacuna: hace poco que Bono ha divulgado el ruido de sables que aquejó a este país cuando gobernaba Zapatero, con motivo del Estatuto de Cataluña) y volver a recordar (aquí se quemó incluso el  archivo de la Dirección General de Seguridad franquista, que tanto podría haber iluminado la extensión de la hipocresía de este país) lo que dejó escrito el presidente electo Azaña en su drama La velada en Benicarló: que lo peor de una guerra civil no son los hermanos luchando contra hermanos ni los dramas humanos acaecidos, sino su mera inutilidad, pues tanto sufrimiento y sacrificio no resuelve ningún problema y los empeora todos. Decenas de años tardamos en recuperar el nivel económico y social que había antes de la contienda y que podía haber conducido a un estado más lustroso de desarrollo. Pero, como no hubo paz ni reconciliación, sino algo bastante peor, victoria, la derecha triunfante se negó a hacer una meditación como la de Azaña y se limitó a aprovecharse -y cuánto- de la situación, instalando el miedo en lo más profundo de la sociedad española hasta hoy.



Y un ciudadrealeño entre muchos no calló ni se olvidó; hubo muchos con historias como la suya que nunca quedaron en escrito. El motivo era la pura supervivencia, ya que "la victoria" alentaba todo tipo de abusos (no poco alentados por la Iglesia, hasta que esta hizo el examen de conciencia que la derecha fue incapaz de hacer), de forma que la injusticia se volvió continua y sistemática después de la Guerra Civil. 



El nombre de este testigo es Bernabé Dondarza; ha fallecido hace tres días de vejez (contaba noventa años). Pero su memoria conservó el testimonio de los asesinatos cometidos contra las tapias del cementerio de Ciudad Real ya concluida la Guerra Civil. Que no concluyó: están de sobra documentadas las sacas o decimaciones con las cuales se fusilaba arbitrariamente a uno de cada diez presos republicanos por criterios tan materialistas como "hacer sitio", en realidad para infundir un miedo corporativo en toda la sociedad al más puro espíritu estalinista que tuviera "prietas las filas". Su hija me contó esos hechos en el velatorio, y yo le pedí permiso para contárselos a ustedes. En la literatura reciente hay pocas referencias a ello, pero por ejemplo trata el tema una novela histórica de Almudena Grandes, en Inés y la alegría (2010), que forma parte de una gran saga de episodios nacionales que está escribiendo sobre el siglo XX.



Bernabé tenía quince años y solía jugar en compañía de otros chavales cerca del cementerio. Allí contempló los fusilamientos de unos cuantos ciudadrealeños para los cuales la Guerra Civil aún no había acabado. No había testigos, salvo los muchachos, que se desafiaban a ir, unos con bicicleta y otros no. Pero como los asesinos (o llámenles menos basto y como les plazca) les veían, los espantaban. Es difícil de creer que para que no vieran lo que ocurría, porque no había pudor entonces para algo así. El lugar es la tapia que hay a la izquierda en la entrada del cementerio. Una reparación ha hecho desaparecer ya los agujeros de las balas de los fusiles. Pero ese lugar es silencioso; no cantan los pájaros y algo sugiere que, como tantas cunetas y fosas comunes de las que algunos se ríen, continúa siendo una infamia y una vergüenza para la humanidad en general y para los ciudadrealeños en particular. 

martes, 30 de junio de 2015

La ley mordaza, avance importante hacia el estado fascista

En su avance hacia el estado fascista, el "popular" Rajoy ha prohibido "indignarse" e impone un control casi absoluto de los medios de comunicación, al estilo del logrado por el ministro de progaganda de Hitler, Alfred Rosenberg, y convierte en imposible obtener pruebas en caso de abuso policial o político:

J. Jiménez Gálvez, "Cinco cosas que la ‘ley mordaza’ impide hacer a partir de mañana", El País, 30 de junio de 2015:

La normativa, recurrida ante el Constitucional por la oposición, entra en vigor mañana. Las sanciones a manifestantes suben en 2014 pese a disminuir las protestas.

La cuenta atrás acaba. Este miércoles entra en vigor la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, impuesta por el Gobierno pese al rechazo del resto de partidos y de un amplio grupo de organizaciones sociales. Ni las movilizaciones, ni los recursos ante el Tribunal Constitucional, ni las críticas de organismos europeos han logrado frenarla. "Las manifestaciones serán más libres porque estarán protegidas de los violentos", aseguran los populares. Frente a esas palabras, las de la oposición, que acusa al Ejecutivo de crear un "Estado policial": principalmente, porque las fuerzas de seguridad tendrán ahora capacidad para imponer sanciones administrativas que antes quedaban en manos de un juez. Toda una batería de medidas que se han rebautizado popularmente como Ley Mordaza. Estas son cinco acciones que esta normativa limitará a partir del 1 de julio:

El texto aprobado considera una infracción cualquier "perturbación grave de la seguridad ciudadana" que se produzca frente a las sedes del Congreso, el Senado y los parlamentos autonómicos, aunque los representantes públicos no estén reunidos en ese momento. "Pero qué es y qué no es perturbar la seguridad ciudadana", se pregunta Greenpeace, que denuncia cómo esa decisión quedará al "arbitrio" de la policía. Esta medida coincide con la aparición de movimientos como Rodea al Congreso.

Fotografiar a policías.

Las cámaras de vídeo se han multiplicado en las manifestaciones durante los últimos años. Y las redes sociales se han convertido en el instrumento utilizado para difundir grabaciones, que han permitido en varias ocasiones captar abusos policiales y servir como prueba para la condena de los agentes. Toda esta práctica se complica a partir del 1 de julio. La Ley Mordaza sanciona “el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales” de policías “que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación”. Una limitación que ha denunciado Amnistía Internacional: “Captar imágenes de la policía, ya lo hicieran periodistas u otras personas con cámaras o teléfonos móviles, ha ayudado en ocasiones a difundir información sobre el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía”.

Parar un desahucio.

“En nombre de la seguridad ciudadana, la nueva normativa viene a sancionar, prohibir y criminalizar prácticas tan normalizadas como parar un desahucio”, señala la PAH, uno de los colectivos más activos desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, a la que el PP llegó a acusar de “coquetear con organizaciones próximas al terrorismo” etarra. La nueva Ley de Seguridad Ciudadana dificultará la acción de sus activistas, ya que permite a la policía sancionar a aquellos que “obstruyan a cualquier autoridad, empleado público o corporación oficial en el cumplimiento o la ejecución de acuerdos o resoluciones administrativas o judiciales”.

Protestar en las alturas.

Un artículo de la Ley Mordaza lo deja bien claro. Los agentes multarán “el escalamiento de edificios o monumentos sin autorización cuando exista un riesgo cierto de que se ocasionen daños a las personas o a los bienes”. “Este artículo parece haber sido redactado específicamente para prohibir y perseguir los actos públicos que Greenpeace realiza basándose en el derecho a la libertad de expresión”, subraya la ONG en el informe que elaboró contra la normativa aprobada por el PP. “En este caso, la comisión de la infracción tiene lugar sin necesidad de que se produzca ni alteración del orden público, ni daño a la seguridad ciudadana”, remacha el colectivo. La imposición de la sanción se someterá, bajo criterio policial, únicamente a la existencia de un “riesgo”.

La resistencia pacífica y las sentadas.

La Ley Mordaza ha puesto fecha de caducidad, según recalcan las ONG, a la resistencia pacífica. La nueva normativa otorga a la policía la capacidad de multar a quienes se nieguen a disolver reuniones y manifestaciones en lugares públicos una vez lo ordene "la autoridad competente".

Sanciones de 100 a 600.000 euros.

Las infracciones leves se sancionarán con una multa de 100 a 600 euros; las graves, de 601 a 30.000 euros; y las muy graves, de 30.001 a 600.000 euros.

lunes, 29 de junio de 2015

Apólogo del Ubasute

Una hermosa leyenda japonesa, que encontré aquí.

Durante la mayor parte de su historia, Japón ha sido un país pobre, donde la mayor parte de la población vivía en los límites de la subsistencia. En algunas zonas, se extendió la costumbre (o la ley) de llevar a morir a los ancianos a los bosques y montañas cuando comenzaba el invierno, una costumbre japonesa denominada ubasute. De hecho, “Ubasuteyama” puede traducirse como “montaña (‘yama’) en la que se abandonan (‘sute’) los ancianos (‘uba’)”. 

A lo que parece, debido a la ley establecida por el señor feudal (‘daimyo’), un hijo hubo de cumplir el penoso deber de llevar a su anciana madre a Ubasute, cargándola a su espalda. Según caminaba, oía de vez en cuando el crujido de las ramas secas a su paso. Al llegar a lo profundo del bosque, se detuvo y bajó a su madre; ésta le instaba a que se fuese antes de anochecer, pero él se resistía a abandonarla. Finalmente emprendió el camino de regreso, pero la oscuridad y la niebla se echaron encima y no acertaba a encontrar el camino, hasta que encontró un rastro de ramas rotas: su madre las había ido partiendo para evitar que se perdiera.

No pudo más; volvió con su madre y a la mañana siguiente regresó con ella a casa, ocultándola para no ser denunciado. A los pocos días, el ‘daimyo’ paso por el pueblo para comprobar que su ley se había cumplido y ofreció un premio a quien pudiera resolver unas pruebas (hacer una cuerda con ceniza, acertar qué extremo de un bastón era el de la raíz y hacer un tambor que sonase sin ser golpeado). En cada prueba, el hijo volvía a su casa y su madre le ofrecía la solución.

El ‘daimyo’ quedó asombrado y antes de darle el premio, le preguntó cómo había encontrado la solución. Entonces el hijo confesó que había incumplido la ley y que había sido su madre quien se las había dado. El ‘daimyo’ no sólo le dio el premio prometido sino que reconsideró su postura y abolió la ley, reconociendo que los ancianos, incluso cuando no fueran capaces de hacer el mismo trabajo físico, sí podían ser de gran utilidad gracias a su experiencia.

Junto al árbol,
seco, llamo a mi padre,
no Ubasute

Claves de la felicidad, según Tal Ben-Shahar


Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar felicidad, un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. Incluso es materia de estudio en la prestigiosa Universidad de Harvard.

Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.

Con su superventas Being Happy y sus clases magistrales, los principios extraídos de los estudios de Tal Ben Shahar han dado la vuelta al mundo bajo el lema de “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.

Aunque por su clase de Psicología del Liderazgo (Psychology on Leadership) han pasado más de 1.400 alumnos, aún así cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Alguna vez se tiene suficiente felicidad? "Es precisamente la expectativa de ser perfectamente felices lo que nos hace serlo menos”, explica.

Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:

1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad. Ya en el año 1992, Mauger y sus colaboradores estudiaron los efectos del perdón, encontrando que los bajos niveles de este hacia uno mismo se relacionaban con la presencia de trastornos como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. "Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista".

3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer, según detalla el entrenador de easyrunning y experto corredor Luis Javier González.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.

5. Aprenda a meditar. Este sencillo hábito combate el estrés. Miriam Subirana, doctora por la Universidad de Barcelona, escritora y profesora de meditación y mindfulness, asegura que “a largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxito, sí le aportará un grato momento de paz.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o 'lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos', un término descubierto y definido por el psicólogo Julian Rotter a mediados del siglo XX y muy investigado en torno al carácter de las personas: los pacientes depresivos atribuyen los fracasos a sí mismos, y el éxito, a situaciones externas a su persona; mientras que la gente positiva tiende a colgarse las medallas, y los problemas, “casi mejor que se los quede otro”. Sin embargo, así perdemos la percepción del fracaso como 'oportunidad', que tiene mucho que ver con la resiliencia, un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, y que viene prestado originariamente de la Física y de la Ingeniería, con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. "En las personas, la resiliencia trata de expresar la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones potencialmente traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos”, afirma el médico psiquiatra Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar.

viernes, 26 de junio de 2015

Descubierta una novela inédita que completa la trilogía de Baroja sobre la Guerra Civil, Los caprichos de la suerte

Winston Manrique, "Hallado un libro inédito de Pío Baroja sobre la Guerra Civil. 'Los caprichos de la suerte' cierra la trilogía del autor sobre el conflicto", en El País, 26-VI-2015:

Con un hombre que viaja a pie de Madrid a Valencia mientras comprueba los jirones de vida que España se ha dejado en la Guerra Civil empieza la novela inédita de Pío Baroja, Los caprichos de la suerte. Con esta obra el escritor donostiarra (San Sebastián, 1872 - Madrid, 1956) cerraba la trilogía de la Guerra Civil española, Las Saturnales, iniciada con El cantor vagabundo y Miserias de la guerra, publicada en 2006. Es el último hallazgo barojiano, encontrado en una carpeta olvidada en los archivos de Itzea, la casa familiar de los Baroja en Bera (Navarra), y que confirma tres elementos del escritor: su obsesión por el conflicto español y las teorías sobre sus causas, la presencia de un amor frustrado, habitual en su narrativa, y su estilo directo y claro.

Un hallazgo que aparece unos 65 años después de haber sido escrito y que será publicado en noviembre por Espasa, según informaba ayer el diario ABC. El libro tendrá dos presentaciones: la primera es la novela como tal con un prólogo posicional y la segunda en la colección Austral, en edición no crítica pero sí filológica y con un prólogo de José-Carlos Mainer sobre Baroja y la Guerra Civil. Mainer es el encargado de esta edición y de las Obras completas del escritor en Galaxia Gutenberg.

Los caprichos de la suerte confirma y amplía, según Mainer, “la visión absolutamente negativa de la Guerra Civil. Baroja consideraba que fue una barbaridad y que la culpa la tuvo en buena medida la democratización de la política, y la politización de la sociedad española, incluso la República, donde la gran víctima fue la burguesía”.

Es parte de la mirada de Juan de Oyarzun, aquel hombre que cruza España a pie, y a través del cual se vislumbra la vida de Pío Baroja. Su gusto por las caminatas y la observación de los paisajes y sus descripciones impresionistas mezcladas de reflexiones. Y su obsesión: la Guerra Civil. A medida que la novela avanza, los tintes autobiográficos también lo hacen. De Madrid a Valencia, de Valencia a París, y luego a América, un viaje que siempre tuvo en mente Pío Baroja.

Censura del franquismo

“No hemos descubierto El árbol de la ciencia, ni es una de sus grandes obras, pero sí tiene un enorme interés para completar su trilogía de la Guerra y sus reflexiones sobre la misma”, asegura José-Carlos Mainer.

Como el mismo De Oyarzun, la trama de la nueva novela tiene tres estaciones, cuenta Mainer: nace y procede de Los caprichos del destino, una novela corta de comienzos de los años cuarenta; se desarrolla y finalmente se hace grande en el libro ahora hallado, Los caprichos de la suerte. De éste nacerán, además, dos nuevas obras barojianas: El hotel del cisne y Aquí, París.

La novela hallada, escrita entre 1948 y no más tarde de 1952, seguramente fue creada en Madrid, pero apareció en Itzea, en aquel caserón de tres plantas rodeado de árboles que Pío Baroja compró en 1912 a las afueras de Bera y cerca del arroyo de Xantelerreka, en Navarra. Allí, en las carpetas organizadas por la familia, aguardaba esta historia de la cual algo avanzaba ya Miguel Sánchez-Ostiz en 2006 en el prólogo de Miserias de la Guerra: “No hay, que yo sepa, versión final, sino tres paquetes de cuartillas mecanografiadas cosidas con liza, perfectamente publicables porque apenas tienen (o necesitan) correcciones”. Una publicación que el franquismo truncó. Hasta ahora. Cuando en otoño aparezcan Los caprichos de la suerte, se completará el proyecto literario y de pensamiento de Baroja. Si las dos primeras partes están en el marco de la Guerra Civil, la tercera se sitúa a comienzos de la posguerra y de la II Guerra Mundial.

El original de la novela inédita son unos folios manuscritos de Baroja. Tradicionalmente, el escritor los pasaba luego a alguien para que lo mecanografiara, muchas de las veces a José García Mercadal, según recuerda José-Carlos Mainer. Y no eran cuartillas comunes. A Baroja le gustaba que fueran mecanografiadas de manera apaisada, con lo cual cada línea era más larga y permitía avanzar rápidamente al girar menos el rodillo de la máquina. Son poco más de 200 hojas con muchas anotaciones, apuntes y añadidos, cuya cuidadosa transcripción ha hecho Ernesto Viamonte.

“Pío Baroja se pasó la posguerra escribiendo sobre la Guerra Civil y ahora se completa su mirada y panorama”, afirma Mainer. Para el catedrático, escritor y crítico, las tres novelas están interconectadas más allá del tema central. Lo más barojiano de Los caprichos de la suerte, cuenta Mainer, es la descripción del viaje inicial “con fuerza e intensidad que no es fácil encontrar en el último Baroja por su enorme sensibilidad del paisaje”. Es la mirada de aquel hombre que desde el centro del país camina y camina mientras ve que la España del ayer sombrío sigue ahí.

Se completa el corpus de Baroja

JAVIER GOÑI

Que existía una trilogía, unos textos inconclusos, que se conservaban en la casa de los Baroja en Bera, siempre se ha sabido. En 1972, año del centenario del nacimiento de Baroja, en una exposición en la Biblioteca Nacional, ya se mostraron algunas cuartillas, fragmentos de esa trilogía. Ya entonces Andrés Amorós quiso publicar ese mismo año un texto hallado y titulado Madrid y la revolución, a cuya publicación se opuso la familia. En la muy útil y documentada Guía de Pío Baroja. El mundo barojiano, que editó el otro sobrino de don Pío, Pío Caro Baroja, ya se hablaba, en el apartado de novelas inéditas, de algunos títulos escritos a finales de su vida —el año que viene, 2016, se cumplen 60 años de su muerte—, donde se encontrarían algunos de estos textos incompletos, confusamente ordenados, y más delicados. Se decía en 1987, año de aparición de esta Guía, que era propósito de la familia “darlas a la lux con un estudio”. Algunos de estos libros se han ido publicando en los diez últimos años en la propia editorial familiar, Caro Raggio Editor, que lleva ahora el hijo de Pío Caro Baroja. Y en 2006 apareció Miserias de la guerra (Alianza) y en noviembre llegará Los caprichos de la suerte (Espasa).
Es de esperar que la publicación de la novela inédita acabe por completar el siempre vivo y complicado corpus narrativo de un autor que frente a polémicas y leyendas sigue siendo estando vigente. Un escritor siempre vivo y lleno de interés. 

Leído en Pavese

"Entre las otras profundidades del Cristianismo, pon esta: el verdadero mal procede de quien era antes bueno, no de un espíritu que, habiendo sido siempre malo desde la eternidad, no tendría ninguna animosidad posible y un buen día se aburriría de sus maldades. Una confirmación de esto es la tradición que hace de Nerón joven un san Luisito hipócrita y melindroso" El oficio de vivir, 7 de junio de 1938. Traducción de Ángel Crespo.

La muerte de la enseñanza de la Literatura

Juan Tortosa, ·La muerte de la enseñanza de la Literatura, en Público, 24 jun 2015:

Se cargaron el latín por lo militar. Ni los curas saben ya qué significa “Introibo ad altare Dei“, ni mucho menos el “Suscipiat” o el “Orate, fratres“. El latín ayudaba a pensar, un peligro, ponía en orden la mente, peor aún, te ayudaba a entender mejor tu propio idioma, a expresarte en él con mayor corrección… Mucho riesgo para el poder, casi siempre en manos de inseguros desconfiados e indocumentados, sobre todo en el ministerio mal llamado de Educación, desde hace tantos años.

Luego devaluaron la enseñanza de la filosofía. Descartes, Kant, Feuerbach, Schopenhauer… al baúl de los recuerdos, uhúu… Se empieza por Platón y se acaba con Marx y Engels y… claro, luego te salen listillos y cualquier pimpollo es capaz de montarte un Podemos apenas te descuidas.

Más tarde le llegó el turno a la música. Despreciaron su importancia y relegaron la enseñanza de esta disciplina robándole a los alumnos su derecho a disfrutarla y a mejorar su sensibilidad. A ser cultos, en definitiva. Una de las secuencias más impactantes de la película franco-mauritana Timbuktu, dirigida en 2014 por Abderrahmane Sissako es cuando los islamistas radicales torturan a quienes osan escuchar música a hurtadillas. Pues eso.

Ahora le toca el turno a la Literatura. A partir del próximo curso, dos horas a la semana y vas que te matas. Además, no contarán para la nota de selectividad ni entrarán en las futuras reválidas que prevé la ley Wert. Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) la llaman. ¿Se puede tener más cara? ¿Se puede ser más desaprensivo?

Arrancar de cuajo las humanidades de la enseñanza es privar a las generaciones que ahora crecen en nuestro país de un instrumento imprescindible para amueblar sus mentes y reforzar su sensibilidad. Es una verdadera pena constatar cómo la capacidad de expresión de muchos jóvenes es ya inversamente proporcional a la habilidad que poseen para escribir mensajes en sus teléfonos “inteligentes” a toda velocidad. Teléfonos que incluso les corrigen vergonzosas faltas de ortografía producto de una educación directamente denunciable.


Lo único que leen son los mensajes del “guasap“. O los tutoriales de internet para aprovechar al máximo las capacidades de la aplicación de moda. ¿El Arcipreste de Hita? ¿El Cantar del Mío Cid? ¿El Lazarillo? ¿La Celestina? ¿Cervantes? Bueno, Cervantes sí, pero porque estos días han hablado mucho en la tele del hallazgo de sus presuntos restos. Todavía los veinteañeros quizás sepan que Cervantes fue el autor de “El Quijote” y hasta es posible que alguno, por equivocación o por obligación, se haya tomado la molestia de leer alguno de sus pasajes. A partir del próximo curso escolar, se acabó. Ni Galdós, ni Clarín, ni Valle Inclán, ni mucho menos García Márquez.

El acoso y derribo a la cultura y al conocimiento es tan escandaloso como el escaso nivel de protesta ciudadana ante tamaña fechoría.

Saldremos muy tocados de los desmanes de Wert y sus antecesores al frente de Educación. Es uno de los cambios fundamentales que hay que hacer apenas la gente decente recupere el poder. Será complicado evitar el daño en alguna generación, pero si algo debemos a quienes vienen detrás nuestro es dejarles un panorama mejor que el que nosotros recibimos. Y eso, que no está ocurriendo en casi ningún ámbito, en el mundo de la cultura, en el de la educación… es todavía peor sin que sepamos hasta cuándo.

Le hemos dado nuestra lengua a más de quinientos millones de personas en todo el mundo y nosotros, quienes la parimos, somos los que peor la hablamos, los que menos recursos lingüísticos demostramos, los que usamos un vocabulario más pobre y escaso, los que nos expresamos con menos riqueza de léxico y de matices… Y para redondear la faena Wert, en estos sus eternos días de una despedida que no acaba de rematar nos añade una amarga píldora más a su nociva y vomitable herencia: una enseñanza devaluada de la literatura, a la que hay que sumar las tropelías cometidas antes con la historia de la filosofía, la música o el latín.