domingo, 27 de septiembre de 2015

Argumentos insostenibles para sostener la tauromaquia

Jesús Mosterín, "Mitos de la tauromaquia", en El País, 27 de septiembre de 2015:

Mitos de la tauromaquia. Los aficionados a los toros intentan esconder la crueldad de las corridas con argumentos insostenibles.

La corrida de toros es el espectáculo público de la tortura sangrienta, cruel y prolongada de un mamífero superior capaz de sentir dolor. El toro, al salir al ruedo y siguiendo su tendencia natural, se quedaría quieto o se volvería de cara a la puerta cerrada. A fin de evitarlo, se le clava la divisa, un doble arpón hendido en sus carnes para provocar una agresividad de la que carece. En la suerte de varas el picador martiriza al toro hundiendo la garrocha en su carne, rompiéndole los músculos del cuello y produciéndole enormes heridas por las que la sangre brota a borbotones. El resto de la corrida se lleva a cabo con el toro chorreando sangre. La corrida continúa con el tercio de banderillas, en que al bovino se le van clavando palos con lacerantes arpones de acero. Finalmente el aquelarre termina con la matanza del ya destrozado animal por el matador, un carnicero patoso que no siempre acierta la estocada.

La crueldad de la tauromaquia no logra ser escondida por los mitos que la rodean. El primer mito es el de la presunta agresividad del toro. El toro español no sería un bovino de verdad, sino una especie de fiera agresiva, un “toro bravo”. Como rumiante que es, el toro es un especialista en la huida, un herbívoro pacífico que solo desea escapar de la plaza y volver a pastar y rumiar en paz.

El segundo mito es la ficción de un combate que no existe. Dos no se pelean si uno no quiere, y el toro nunca quiere pelear. Como la corrida es un simulacro de combate y los toros no quieren combatir, el espectáculo taurino resultaría imposible, a no ser por toda la panoplia de torturas a las que se somete al pacífico animal, a fin de irritarlo y volverlo loco de dolor, a ver si de una vez se decide a pelear.

El tercer mito es que el torero corre un gran riesgo toreando a un animal mayor que él. De hecho, el riesgo del torero es mínimo. Aunque a veces se producen heridas lamentables, no hay que exagerar el presunto peligro mortal. El último torero muerto toreando fue José Cubero, el Yiyo, en 1985, en Colmenar Viejo. En los últimos 30 años ningún torero ha muerto en la plaza, mientras más de un millón de toros han sido matados en las corridas. El riesgo objetivo del torero es mínimo, un millón de veces menor que el del toro.

El cuarto mito es que todo lo tradicional, por cruel y abominable que parezca, estaría justificado por ser cultural. Pero el adjetivo “cultural” no es laudatorio, sino meramente descriptivo, y no implica juicio de valor alguno. Tan poderosa es la cultura que, sobreponiéndose al natural instinto de conservación, puede convertir a un hombre adoctrinado en un mártir suicida que se autoinmola para provocar una matanza. También puede sobreponerse al natural sentimiento de compasión, provocando el voyerismo taurino de la crueldad y la sangre.

Jesús Mosterín es filósofo.

De nuevo La tierra baldía de Eliot


Javier Rodríguez Marcos, "La queja contra la vida de T. S. Eliot. Una nueva traducción reivindica ‘La tierra baldía’ como el libro más influyente de la poesía moderna", El País, 26 ENE 2015:

La literatura es una bomba de efecto retardado y en 1922, cuatro años después del fin de la Primera Guerra Mundial, estalló un puñado de libros que hizo saltar en pedazos la novela, la filosofía y la poesía occidentales. Si se piensa que ese año vieron la luz el Ulises, de Joyce; el Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, y La tierra baldía, de T. S. Eliot —cabría añadir Trilce, de César Vallejo, y las Elegías de Duino, de Rilke, escritas ese año y publicadas el siguiente— se entiende la magnitud del estallido.

Desde que vieron la luz en el número inaugural de la revista The Criterion, fundada y dirigida por el propio Eliot, los 434 versos de La tierra baldía no han dejado de generar versiones e interpretaciones. La última corre a cargo del crítico y editor Andreu Jaume, que acaba de publicar en Lumen una edición bilingüe del poema más influyente del siglo XX. Como pórtico, ha colocado Prufrock y otras observaciones, un poemario de 1917 que, indica el traductor, le sirve de “cantera”.

El mismo año que Eliot se estrenó como poeta con Prufrock se estrenó también como empleado del Lloyd’s Bank de Londres, la ciudad a la que había llegado tres años antes. Atrás habían quedado Saint Louis (Missouri), donde nació en 1888, y Harvard, donde se había doctorado en filosofía.

El hombre que trabajaba de 9.30 a 16.30 y almorzaba en el Baker’s Chops House lidiaba a tiempo completo con la mala salud mental de su esposa, Vivienne Haigh-Wood, y con su propia fragilidad nerviosa. En 1920, comenzó a componer un largo poema titulado provisionalmente He Do the Police in Different Voices (“Hace de policía con distintas voces”). Pronto cambiaría los ecos dickensianos por los del mito celta de la hambruna y la devastación y pasaría a ser La tierra baldía.

Culminada en Suiza durante una cura de reposo y reelaborada después de que Ezra Pound —mentor con 37 años de un Eliot de 34— la podase drásticamente de elementos confesionales y pirotecnia vanguardista, la obra se convirtió en el gran fresco de una época acelerada en que la naturaleza dio paso definitivamente a la “basura pétrea” de la ciudad moderna. “Toda la gran poesía urbana del siglo XX tiene una raíz inevitablemente eliotiana”, apunta Andreu Jaume, que recuerda un comentario del poeta: “Varios críticos me han hecho el honor de interpretar el poema en términos de una crítica al mundo contemporáneo; de hecho lo han considerado como una importante muestra de crítica social. Para mí supuso solo el alivio de una personal y totalmente insignificante queja contra la vida; no es más que un trozo de rítmico lamento”.

Réquiem por un mundo destripado en el campo de batalla y a la vez testimonio de un matrimonio tormentoso, La tierra baldía se edita tradicionalmente acompañada de las notas con las que el propio autor aclara las muchas referencias eruditas que contiene: del Grial a Baudelaire, de Dante al tarot. Lo que empezó siendo una sugerencia del primer editor estadounidense del libro para engordar su volumen terminó convirtiéndose en un lastre. Andreu Jaume habla incluso de “pistas falsas”: “El mismo Eliot se arrepintió de haber orientado así la lectura. Cuando acepta incluir esas notas está aceptando que el poema no puede entenderse sin ellas. Eso es una revolución brutal. porque nunca antes se había admitido que un poema no pudiera leerse de forma autónoma. Y es falso. La tierra baldía puede disfrutarse por su propia intensidad estética. Ha sido interpretado como un poema mistérico, pero lo puede entender cualquier lector moderno porque habla de un ser que ha perdido su relación con la divinidad”.

A esa lectura autónoma ha querido contribuir Jaume con su traducción, más pendiente, dice, del “control de los acentos” que del “contoneo de las sílabas, que no produce, en sí mismo, ningún efecto”. De ahí que frente al popular arranque “Abril es el mes más cruel”, Andreu Jaume haya optado por: “Abril es el más cruel de los meses, pues engendra / lilas en el campo muerto, confunde / memoria y deseo, revive / yertas raíces con lluvia de primavera”.

Otro asunto es el título. La solución empleada por Joan Ferraté en catalán —La tierra gastada— le parece quizá la más acertada porque acerca “el original waste a su fuente etimológica del francés antiguo, donde the waste land es le gaste pays de Chrétien”. Pero “gastada”, se resigna, ha perdido en castellano la “pristinidad” que conserva el “waste” inglés.

Antes de convertirla en libro en 1977, Ferraté desgranó su Lectura de ‘La terra gastada’ en un seminario al que asistió Antoni Marí. “La tesis de Ferraté es que ese poema retrata una cultura decadente, gastada, cuyo sedimento ha quedado envenenado por los gases de la Gran Guerra”, recuerda el poeta y filósofo ibicenco, quien hace tres años rastreó en el volumen Matemática tiniebla (Galaxia Gutenberg) la genealogía de la poesía moderna que surge con Poe y culmina en Eliot tras pasar por Baudelaire, Mallarmé y Valéry. “Eliot sintetiza la tradición romántica y la simbolista —de la mano de Laforgue— para abrirla a lo imposible de pensar en poesía”, explica Marí. “Ningún otro poeta ha tenido tanta influencia”.

Félix de Azúa, también filósofo, aunque “expoeta”, abunda en la importancia de La tierra baldía: “Lo sigo teniendo como uno de los más grandes poemas del siglo XX y solo cercano a algunas de las Elegías de Rilke. Debemos leerlo cada año para averiguar si ha cambiado el Tiempo porque nos proporciona una herramienta cósmica de juicio”. Jaime Gil de Biedma, devoto de Eliot, dividía a los escritores entre aquellos que preferían La tierra baldía y los que optaban por los Cuatro cuartetos, otra obra cumbre, publicada en 1943, en medio de una nueva guerra y con el poeta convertido ya en ciudadano británico. Se nacionalizó a la vez que ingresaba en la Iglesia anglicana.

Suele decirse que la generación del 50 —la de Gil de Biedma— prefería los Cuartetos y la de los novísimos, La tierra baldía. Azúa, incluido por Castellet en su famosa antología, explica que en su caso es cierto: “Sin duda. Los Cuartetos son un gran conjunto de momentos deslumbrantes, pero no forman unidad. Son desiguales y extremadamente intelectuales. Son poemas filosóficos, como los de la baja latinidad. La tierra, en cambio, es un poema tan sólido, coherente y articulado como las Coplas de Manrique y además de una emoción inmediata; es un poema carnal. A mí me gusta particularmente su atmósfera de fresco medieval. Como si Giotto pintara calles con autobuses y señores tomando aperitivos”. Por eso celebra la versión de Andreu Jaume: “Por fin tenemos la traducción al español exacta, elegante y profunda que exige este poema”.

Vertido al castellano por ilustres como León Felipe, Vicente Gaos, José María Valverde, el mismo Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, José Emilio Pacheco, Juan Malpartida o Jordi Doce, T. S. Eliot atraviesa la literatura occidental como poeta, pero también como crítico y editor. Andreu Jaume, que también se ocupó de sus ensayos en el volumen La aventura sin fin (Lumen, 2011), subraya su importancia al frente de la colección de poesía de Faber & Faber, la editorial en la que recaló tras abandonar el Lloyd’s Bank: “El primer poeta que descubre es, en 1927, nada menos que Auden; el último, en 1957, Ted Hughes, cuyas Cartas de cumpleaños [dirigidas a su esposa, Sylvia Plath] fueron en 1998 el último best seller poético de Europa”.

Consagrado por el Nobel en 1948, Eliot llegó a recitar en EE UU ante 15.000 personas. Ni su muerte en enero de 1965, hace ahora medio siglo, apagó su influencia. Faber & Faber, donde trabajó hasta el final, se salvó en 1980 de la quiebra cuando su segunda esposa accedió a una petición del compositor Andrew Lloyd Webber: convertir en opereta los poemas infantiles de su marido. Fue así como El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum, escrito para los hijos del dueño de la editorial, terminó convertido en un musical llamado Cats.


La tierra baldía (sus traducciones)


April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain. (T. S. Eliot, 1922).

Abril es el mes más cruel: engendra / lilas de la tierra muerta, mezcla / recuerdos y anhelos, despierta / inertes raíces con lluvias primaverales. (Agustín Bartra, 1977).

Abril es el mes más cruel, hace brotar / lilas en tierra muerta, mezcla / memoria y deseo, remueve / lentas raíces con lluvia primaveral. (Juan Malpartida, 2001).

Abril es el más cruel de los meses, pues engendra / lilas en el campo muerto, confunde / memoria y deseo, revive / yertas raíces con lluvia de primavera. (Andreu Jaume, 2015).


Varios artículos recientes y consecutivos de Savater sobre nacionalismo

I

Fernando Savater, "Rauxa", en El País, 12 de septiembre de 2015:

Los nacionalistas catalanes no detestan a España por los agravios sufridos, sino que la exigen agraviadora para justificar que la detesten.

Contaba Juan Benet que en la mili tuvo un sargento vociferante que les daba lecciones de patriotismo. Haciéndose el lerdo, Benet le dijo que no entendía bien qué era eso. “¡Muy fácil! —rugió el sargento—. Imagina que te encuentras con un francés. ¿No te da rabia? Pues eso es patriotismo”. Tengo la sospecha de que éste es el tipo de patriotismo que manejan los nacionalistas en Cataluña, el de la rauxa ante ese tentetieso llamado “españolista” o “Madrit”, arrebato para el que luego buscan justificación en expolios inverosímiles y humillaciones prefabricadas. Dijo Montherlant que no deseamos a alguien por su belleza, sino que exigimos belleza para justificar nuestro deseo. Del mismo modo, los nacionalistas catalanes no detestan a España por los agravios sufridos, sino que la exigen agraviadora para justificar que la detesten.

Contra ese rechinar de dientes inducido, del que algunos esperan obtener dividendos políticos, poco pueden las dulzonas exhortaciones a que demostremos más cariño a los catalanes para compensar sus penas, como si fuesen esas desteñidas madonas que van a Sálvame para contar que buscaron amor y hallaron traición… cobrando por la confidencia. Desde Podemos, más libidinosos porque son modernos oficiales, predican que sólo la “seducción” será capaz de unir dentro del Estado a quienes quieren hacer rancho aparte. Rajoy debe apoyarse en el quicio de la mancebía y probar la caída de ojos, confiando en el atractivo hipster de su barba…

En semejante derroche sentimental de enfurruñamientos azuzados por domadores mediáticos y mimos por encargo de oportunistas azorados viene a quedar reducida la ciudadanía de un Estado de derecho en el siglo XXI. ¡Qué funesto camino! Como diría el sargento de Benet, cuando ves tanta majadería desfilar en carroza, ¿no te da rabia?

II

Fernando Savater, "Gran Vía", en El País, 19 de septiembre de 2015:

El sortilegio sería una corrección federal de la Constitución que sellase los hechos diferenciales y las singularidades (de todas las regiones, es de suponer) pero sin privilegios para ninguna.

Cuando en el consejo editorial o en una reunión de amigos se discutía largamente sobre una cuestión política compleja, Javier Pradera exigía que nadie escapara pidiendo “una solución imaginativa”. La sobada fórmula es el asilo de toda ignorancia, como para Spinoza lo era la voluntad de Dios. Me temo que la tercera vía tras la que los socialistas ocultan su desconcierto y contradicciones sirve ahora de solución imaginativa en el lío catalán. Cuando insisten en proponerla y veo la reacción con que es acogida por los nacionalistas a los que tratan de apaciguar, me acuerdo de la definición lacaniana del amor: empeñarse en dar lo que uno no tiene a alguien que no lo quiere.


El sortilegio sería una corrección federal de la Constitución que sellase los hechos diferenciales y las singularidades (de todas las regiones, es de suponer) pero sin privilegios para ninguna. En vez de ser una ley única la que permitiese que cada ciudadano fuese tan distinto a los otros como quisiera, serían los territorios los distintos y los ciudadanos los homogéneos. Cosa rara, pardiez, porque me cuesta recordar un hecho diferencial o una singularidad cultural que esté prohibida en España, ni siquiera el Toro de la Vega. Lo único no permitido por el momento es que una autonomía, o sea una dependencia del Estado de derecho, invente una nacionalidad distinta para sí, excluya a los compatriotas del derecho a decidir sobre lo común y los convierta en extranjeros desposeídos educativamente de su lengua y de otros derechos fundamentales. Lo cual, precisamente, es lo que pretende el nacionalismo catalán. A no concederles tal exigencia, a negarse a discutirla siquiera, suelen llamarlo ciertos partidarios de la gran vía “inmovilismo gubernamental”. ¡Qué imaginación!

III

Fernando Savater, "Identidad", El País, 26 de septiembre de 2015:

El núcleo de todo fervor identitario es religioso, aunque su orientación y vocabulario sean laicos.

Milan Kundera dijo que los rusos empiezan por llamar “eslavo” a todo lo que quieren convertir en ruso. De igual modo, Germá Gordó llama “países catalanes” a lo que quiere anexionar a su ilusoria república catalana. Son ejemplos de identidades culturales pervertidas para justificar maniobras políticas. Pero ese mismo fenómeno ocurre también con identidades piadosas, étnicas, eróticas, ideológicas… Son variantes que nos explica y contra las que nos advierte Jean-Claude Kaufmann en su excelente librito Identidades. Una bomba de relojería (editorial Ariel). La democracia contemporánea ha ampliado la autonomía de cada ciudadano, que puede y debe elegir los rasgos que le caracterizan con una libertad que desampara a los menos dispuestos o peor preparados para tal aventura. Las identidades colectivas, fuertes y obligatorias, les dispensan de esa búsqueda personal, acogiéndoles bajo lo que Nietzsche llamó “un calor de establo” homogéneo y tranquilizador.


El núcleo de todo fervor identitario es religioso, aunque su orientación y vocabulario sean laicos. Se basan en dogmas tan sugestivos como indemostrables, prometen alguna forma de bienaventuranza y movilizan a los creyentes contra la caterva de infieles que se interpone entre ellos y el paraíso. En el fondo, aunque cree que aspira a un premio mayor, el fanatismo de la identidad es ya una recompensa en sí mismo. Nadie tiene que torturar su mente buscando razones para elegir bien, basta con saberse parte del pueblo elegido. No opongas resistencia, relájate y disfruta. O padece, que ser víctima también es un gozo cuando la recompensa es una buena conciencia libre de dudas. Lo importante es tener claro quienes son los enemigos, porque ellos delimitan la identidad. Háganse el favor de leer a Kaufmann: reforzará sus identidades menos obtusas y más inclusivas, les hará temer las otras.

IV

Fernando Savater, "Lo nuestro", en El País 27 SEP 2015:

Despreciar a España es un esnobismo exhibicionista bastante indecoroso.

¿El patriotismo? Los medievales hablaron del “ordo amoris”, la gradación de nuestros afectos: primero nuestro círculo familiar, luego mis vecinos, mis conciudadanos, mis compatriotas, finalmente todos los seres humanos. Nadie puede culparme por salvar en el incendio a mi hijo antes que a los demás, pero sería culpable si sólo salvo a mi hijo pudiendo ayudar a otros. Montesquieu dijo (le cito de memoria): “Si supiera algo beneficioso para mí pero dañino para mis amigos, lo callaría; si supiera algo beneficioso para mis amigos, pero dañino para mi país, lo callaría; si supiera algo beneficioso para mi país pero dañino para la humanidad, lo callaría…Porque soy humano por naturaleza y francés sólo por azar”. La patria, una de esas palabras “que cantan más que hablan” como diría Valéry, es voz a menudo intimidatoria, la forma de acabar con trompetería un debate, silenciando ominosamente al adversario. Pero también en nombre de la humanidad se han cometido crímenes y atropellos…

¿Me “siento” español? Si es cuestión de sentimientos, las patrias que prefiero son “lugares del corazón”, más pequeños y más dispersos que la extensión de todo un país: la infancia señalada por Rilke, dos o tres hipódromos en Inglaterra y Francia, algunas tabernas, la playa de la Concha… Cuando cerraron la librería La Hune, de París, sentí que me robaban un trozo de patria. Y mi verdadera patria durante muchos años ha sido una mirada y una sonrisa de alguien que he perdido para siempre. Otras pequeñas patrias son a la contra: siento un especial cariño por Cáceres y por Extremadura entera porque en mi adolescencia los peores vascos que me rodeaban (y no todos nacionalistas) llamaban “cacereños” a las personas de otras partes de España que desempeñaban trabajos modestos en Euskadi. Es perfectamente lícito no “sentirse” español pero no hace falta proclamarlo de modo altisonante, porque entonces parece que uno se siente superior a quienes se sienten españoles. Y eso está muy feo. Por lo demás, haber vivido la inflada retórica patriotera del franquismo y luego el separatismo criminal etarra justifica el nombre de uno de mis libros, hace ya muchos años: Contra las patrias.

Es lícito no “sentirse” español pero no hace falta proclamarlo de modo altisonante, porque entonces parece que uno se siente superior

Yo no me siento sino que me “sé” español. España es el nombre de lo que respalda mi ciudadanía, mis derechos y obligaciones, mi libertad de perfilar las identidades que prefiero. Eso no es poco, porque vivimos en un mundo donde millones de personas se juegan la vida huyendo de guerras, tiranías, persecuciones religiosas, atraso endémico y buscan en nuestras democracias precisamente esos derechos y garantías que la ciudadanía ofrece. De modo que en tal sentido despreciar a “España” es un esnobismo exhibicionista bastante indecoroso. Sobre todo porque este país ha luchado mucho para conseguir esas libertades para todos y vuelve ahora a tener que enfrentarse con enemigos corruptos o disgregadores. Cuando veo una bandera española es como cuando veo una bandera de la cruz roja: señala un sitio en que seré atendido. Mi modelo de patriota es el protagonista de la película Alamo Bay del gran Louis Malle: un vietnamita recién nacionalizado americano que lucha contra las mafias y la xenofobia por defender los derechos de su nueva condición.

En sus Charlas de café escribe Ramón y Cajal: “Hay un patriotismo infecundo y vano: el orientado hacia el pasado; otro fuerte y activo: el orientado al porvenir. Entre preparar un germen y dorar un esqueleto, ¿quién dudará?”. Decir patria es decir “nosotros”. Contra ello previno Cioran, para quien el que dice “nosotros” casi siempre miente. Pero hay un “nosotros” defendible y asumible, yo diría que hasta necesario: el “nosotros” que no supone “no-a-otros”. Esa es la palabra más difícil de pronunciar.

Escondiéndose en Montaigne

Antonio Muñoz Molina, "Escondiéndose en Montaigne", en Babelia, suplemento cultural de El País, 26 IX-2015:

Uno se esconde como puede en la vida privada y se retira a un silencio que está hecho en gran parte de las palabras luminosas y acogedoras de unos cuantos libros

Cuando arrecia la bronca pública y la temperatura del delirio, entre nosotros siempre tan alta, va llegando al punto de ebullición, mi instinto es el de esconderme y el de retirarme. Uno se esconde como puede en la vida privada y se retira a un silencio que está hecho en gran parte de las palabras luminosas y acogedoras de unos cuantos libros, o más bien de las voces de quienes los escribieron, preservadas en ellos desde hace siglos. “El mundo está demasiado encima de nosotros”, decía Saul Bellow. El chantaje de la actualidad y el descrédito de todo lo que no sea nuevo o inmediato lo acosan a uno más insidiosamente que nunca. Por eso, y por supervivencia, por salud mental, cuando el estrépito es ya como un martillo neumático taladrando la acera bajo la ventana, yo busco para esconderme, de manera instintiva, las voces que más me acompañan y me serenan, como hacía Josep Pla cuando pasaba un día entero de invierno en la cama leyendo a Montaigne, que tenía sobre él un efecto a la vez tónico y sedante.

Vivió muy cerca de los horrores de su propia época y los interpretó a la luz de sus lecturas de los clásicos griegos y latinos.

A Pla, Montaigne lo abrigaba contra el frío crudo y el tedio funeral de la posguerra franquista. A mí me alivia del espectáculo usual de la palabrería intoxicadora y del encono estéril, y de la extraña propensión española y antiespañola a echar leña al fuego y preferir lo peor a costa de lo razonable. Un dicho americano me viene a la memoria: to cut off your nose to spite your face: literalmente, cortarse uno la nariz para injuriarse la cara, o, en términos de la política española, hacer todo lo posible por perjudicar al otro, sabiendo o no queriendo saber que ese otro está tan entreverado a uno mismo que no es posible hacerle daño o prevalecer sobre él sin precipitar la propia ruina. Montaigne vivió muy de cerca los horrores de su propia época, desatados por la mezcla letal de la ambición política y el fanatismo religioso, y los interpretó a la luz de sus lecturas de los clásicos griegos y latinos, del estoicismo de Séneca, el epicureísmo de Lucrecio, la perspicacia histórica y psicológica de Plutarco. Ahora, el risueño cretinismo de los propagadores de la ignorancia ha puesto de moda la llamada “caducidad de los saberes”: en la Francia trastornada de mediados del siglo XVI, Montaigne reconoció en las obras de escritores romanos de más de mil quinientos años atrás el diagnóstico de las debilidades y las estupideces humanas que había presenciado él mismo: la facilidad del error, el éxito del engaño, lo incierto y variable de las inclinaciones y las capacidades humanas, la utilidad de la ironía, la necesidad de modelar la propia vida autónoma y el ejercicio soberano y escéptico de la razón. Viviendo en tiempos oscuros, Montaigne no concedía ningún crédito intelectual a la pesadumbre, y consideraba que uno de los indicios más seguros de la sabiduría era un disfrute constante de los placeres de la vida, más valiosos todavía por ser pasajeros e inseguros. Los profesionales de la ortodoxia, con independencia de las fantasías políticas o religiosas que los animaban a matarse entre sí, y de paso a cualquiera que se les cruzara por delante, tenían en común la convicción de que sólo existe una manera legítima de pensar y vivir, y que fuera de ella no cabe más que la condenación al fuego eterno, anticipado en ocasiones por el fuego terrenal de un auto de fe: Montaigne se complace en enumerar la variedad inaudita de las creencias y las costumbres en las sociedades no europeas, y hasta hace el elogio de la buena salud, el coraje, la dulzura de trato de los caníbales del Nuevo Mundo, que, al fin y al cabo, dice, mutilan y se comen a sus víctimas cuando ya están muertas, en vez de atormentarlas vivas, como prefieren los matarifes militares y los inquisidores europeos.

A Pla, Montaigne lo abrigaba contra el frío crudo y el tedio funeral de la posguerra franquista. A mí me alivia del espectáculo usual de la palabrería intoxicadora.

Cuando vuelvo a Motaigne es raro que no vuelva también a Cervantes. Hay un aire común, una música semejante de naturalidad en el estilo, una observación cercana, meticulosa, escéptica, cordial. Cuando leo, en el Quijote de 1615, los capítulos que suceden en la casa del Caballero del Verde Gabán, me parece que estoy visitando una versión manchega y por lo tanto más modesta del castillo del señor de Montaigne, coronado por esa torre en la que él se retiraba a leer y a escribir, y en la que también habría ese silencio laborioso del que habla con admiración y probablemente con íntima envidia Cervantes, que casi nunca disfrutaría de comodidades semejantes: “El maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un convento de cartujos”. Don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, lleva una vida que habría aprobado Montaigne: apartada en el sosiego de su casa y en la lectura —tiene “hasta seis docenas de libros”—, pero también activa, de una manera equilibrada, porque se ocupa de administrar su hacienda y se distrae con la caza menor, y disfruta de recibir invitados y de ofrecerles una comida “limpia, abundante y sabrosa”. Montaigne dice que la conversación es “el ejercicio más fructífero y natural de nuestro espíritu”, “más dulce que ninguna otra acción de nuestra vida”. Don Diego de Miranda, igual que sin duda lo era Cervantes, es un excelente conversador, y hasta Don Quijote, cuando se encuentra en su casa, habla con más conocimiento y lucidez que nunca, y hay momentos en los que sus reflexiones sobre la invención literaria, y sobre el uso noble y natural en ella de la propia lengua en lugar del latín, nos hacen pensar en la prosa de Montaigne.

Que en la política española predomine el monólogo mitinero y que todo diálogo sea un diálogo de sordos y un guirigay de insultos quizás tenga que ver con la falta de la tradición reflexiva y conversadora de Montaigne y Cervantes. En el siglo XVII hubo tentativas de traducción al español de los Ensayos, pero se quedaron en nada por la presión del integrismo religioso y político. Montaigne sólo llegó a nuestro idioma a finales del XIX, cuando ya llevaba varios siglos ejerciendo una influencia vivificadora en la cultura francesa y también en la inglesa, irradiando su espíritu de indagación y de irreverencia, su ejemplo de claridad expresiva. Una gran parte del pensamiento racional y democrático y la escritura crítica vienen de Montaigne, de manera semejante a como la tradición de la novela viene de Cervantes. En los Ensayos, como en Don Quijote, se examina la vida tal y como es, con plena conciencia de la dificultad del conocimiento, y de las fantasías que inventa la imaginación, y de la capacidad humana para ponerlas por encima de la realidad, y para cometer estupideces y atrocidades en su nombre, y para obstinarse en no ver lo que está delante de los ojos.

De la trastienda de uno mismo o la “arrière-boutique” en la que, según Montaigne, hay que saber esconderse a solas aprendió Virginia Woolf la idea de la habitación propia que una mujer necesita para escribir. Entre Montaigne y Cervantes, yo busco el camino para retirarme sin hosquedad ni misantropía y para estar presente con dignidad y con los ojos abiertos, y a ser posible sin angustia.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Conceptos sobre el mal

Winston Manrique Sabogal, "Las fronteras movedizas del mal", en Babelia, suplemento de El País, 26 de septiembre de 2015:

Los avances de la ciencia, Hitler y la globalización han replanteado los límites de la maldad. Varios libros analizan el cambio en uno de los grandes elementos de la literatura

¿Cuándo entró el mal en Adi, como llamaba su madre a Hitler de niño? Aunque el mal no es un ente, ni un ser abstracto que se encarna en nadie, hay quienes se hacen esta pregunta cuando piensan en alguien considerado muy malo. La filosofía busca una explicación al origen de la maldad. La sociología y la ciencia también tratan de armar el rompecabezas que ha podido causarla. Pero donde la razón no alcanza entra la imaginación.

La verdad es que “el descrédito de la maldad es hoy absoluto. Ha llegado el momento de restaurar y restablecer el mal, teniendo siempre en cuenta los avances de la racionalidad y la ciencia”, reclama Salvador Giner, que publica Sociología del mal (Los Libros de La Catarata). Durante muchos siglos el hombre se debatió entre la bondad y la maldad en un mundo moralmente bipolar, recuerda el sociólogo. “No obstante”, agrega,“la llegada de la ciencia moderna fue socavando la noción de responsabilidad, y con ello la de la mala conducta y el daño intencional. Resultaba así que hasta el malvado era víctima de pasiones incontrolables, genes equivocados o ADN heredado. Se hizo imposible así una biología, una psicología y hasta una sociología del mal. La culpa se desvaneció: la ‘culpa’ de los males la tenía ahora el capitalismo, el instinto territorial innato, la psicopatología, y así sucesivamente”. A Giner esta deriva no le parece correcta y aboga por que “la filosofía moral y la teoría sociológica vuelvan a incorporar el mal a sus pesquisas, y a considerarlo con rigor. En un mundo presa del terrorismo, de los daños evitables y los horrores innecesarios, esa es hoy la tarea de la razón”.

Y no un rosario de especulaciones. Tras el paso de Adolfo Hitler por el mundo nada volvería a ser lo mismo. Todo lo concerniente al mal empezó una sigilosa relativización, se empequeñecieron las maldades pasadas y futuras; las fronteras del mal se hicieron más flexibles y móviles; la información de y sobre malos y maldades en un mundo hiperconectado parece impermeabilizar a la gente. Una huella que no deja de rastrear la literatura con personajes reales y ficticios. Un asomo a ese enigma se celebrará este fin de semana en las Conversaciones Literarias de Formentor: La novela más mala del mundo. Maldad, perfidia y espanto en la literatura.

La solución poética de la imaginación y de la literatura es una ventana ante la incapacidad de la razón para explicar el mal y la maldad en ciertas personas. Una aporía. Norman Mailer lo hizo con Hitler, en 2007. Fue la salida que encontró: novelar la infancia del führer y subir por el río de aquella vida en busca de desentrañar un misterio al que llamó El castillo en el bosque, a la sazón su último y póstumo libro. De sus páginas salieron más preguntas.

Esos interrogantes cobran vida en un momento en que las fronteras del mal y sus diferentes formas, explica la filósofa Amelia Valcárcel, “se han hecho más móviles en lo social. Más innovadoras en términos morales. Cosas que antes eran consideradas como malas ya no lo son, o empiezan a dejar de serlo. Un ejemplo es la homosexualidad, que hoy en varios países no es condenada y los Estados velan por la igualdad de derechos de las personas”. Valcárcel asegura que “no existe ninguna sociedad o cultura a lo largo de la historia que considere que el mal sea la norma. Los especialistas en él son las formas religiosas morales”.

¿Un invento o una banalidad?

“El mal no existe. La libertad tampoco. Dios tampoco. Las tres cosas están interre­lacionadas”, argumenta José Ovejero, novelista y autor del ensayo La ética de la crueldad. “Spinoza”, añade Ovejero, “escribió que los humanos se creen libres porque conocen sus actos, pero no las causas de estos. Y la neurociencia nos dice que nuestras decisiones están tomadas antes de que seamos conscientes de ellas. Nuestras decisiones no son tales: son resultado de la herencia genética y de la experiencia”. Así es que para Ovejero, “el mal es solo un invento tranquilizador: justifica nuestro odio y nuestro miedo”.

Pero es un tema que ha desvelado a los pensadores a lo largo de la historia. Cuando Immanuel Kant dijo que “el hombre es malo por naturaleza”, no se refería a que eso era lo que primaba en él, sino a que el mal es algo que se puede dar en el ser humano, no es sobrenatural. Recalca que el individuo se mueve entre su principal inclinación, hacer el bien y lo social para poder avanzar, y alguna pulsión opuesta. Es cuestión del libre albedrío. El mal no obra sobre sí mismo. Surge cuando en el acto normal de alguien al mirar alrededor y compararse con otros se antepone su amor propio al bien común.

“La ciencia moderna socavó la noción de responsabilidad. La culpa se desvaneció”, dice el sociólogo Salvador Giner

Hannah Arendt abordó la cuestión desde otra esquina. Lo recordó el Nobel sudafricano J. M. Coetzee en su ensayo de la novela de Norman Mailer sobre Hitler: “La lección de Adolf Eichmann, nos enseña Arendt en la conclusión de Eichmann en Jerusalén, es la de ‘la temible, más allá de toda palabra y pensamiento, banalidad del mal”. Para Mailer, explica Coetzee, si la filósofa “tiene razón y el mal es banal, eso es infinitamente peor que la posibilidad opuesta de que el mal sea satánico”. Cuando Arendt escribió el libro, añade el Nobel, “se propuso mantener viva la paradoja de que si bien las acciones de Hitler y sus secuaces pueden superar nuestra capacidad de entendimiento, no hay en su concepción profundidad de pensamiento, ni grandeza de intenciones. Eichmann nunca fue consciente, en el pleno sentido filosófico, de lo que estaba haciendo”.

… Y llega la fascinación…

Lo que sí ha cambiado, insiste Amelia Valcárcel, es la metamorfosis que ha vivido el mal al haberse hecho más atractivo a algunos ojos: “Hay una tendencia hacia la fascinación por él. Esa cercanía aumenta desde el Romanticismo”. La literatura amplió su espectro y le dio otra carta de naturaleza. Todo eso, según Valcárcel, se afianza y diversifica en tiempos digitales que muestran un catálogo de maldades a un solo clic.

Crueldad, crimen, vileza, perfidia, daño, perversidad, injusticia, insidia o infamia son algunas formas de maldad cuyos conceptos y coordenadas se han alterado o suavizado.

Son los ecos nacidos en 1667 con El paraíso perdido, de John Milton. Los de “mal, se tú mi bien”. Ese libro es un punto de inflexión, analiza Rafael Argullol. El escritor y pensador recuerda que “el mal siempre ha estado presente en la literatura, desde Gilgamesh, pero hay un momento en que los escritores lo empezaron a hacer más visible”. La influencia de aquel paraíso se extendería por la Ilustración, y “con la llegada del Romanticismo aumentaría”. El ser humano miró dentro de sí, reconoció luz y descubrió oscuridad. Fue el hallazgo de los grises. Semillas del cambio del canon estético, ético y moral al que contribuyeron autores como el Marqués de Sade y Lord Byron. “Los malos no solo eran seres encarnados de malignidad. Tenían motivos y causas. Surgieron personajes magnéticos”. El autor de La atracción del abismo cita como ejemplo El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Allí, Kurtz es la representación de una persona que se pasa a las tinieblas, y Marlow, que va en su busca, sin darse cuenta, siente fascinación por él.

La imaginación como salida

Si la moral y la ética de los dioses griegos son más flexibles según sus intereses, el catolicismo predica el blanco y negro. Así, Caín es el primer malo sobre la faz de la Tierra, según la Biblia. ¿O fue Eva, tentada por la serpiente? El mal se esparce por la Tierra. Siglos después, san Juan narra en el Apocalipsis la llegada de un monstruo de siete cabezas que se encarnará en un niño como el anticristo. Es la venganza por la batalla librada en el origen de los tiempos cuando el ángel Luzbel se rebeló contra Dios, y, tras pelear con el arcángel, Miguel cayó a los infiernos, desde entonces siembra el mal.

Hasta allá va Norman Mailer en la historia de Hitler. Un ángel caído cuenta la historia de su libro, y de paso refleja las raíces de otros malos terrenales… Nerón, Atila, Torquemada, María I la Sanguinaria, Rasputín, Josef Stalin, Pol Pot, Idi Amin…

Clara Usón indagó en La hija del Este en un malo contemporáneo: Ratko Mladic, acusado de crímenes de guerra y genocidio por el asedio a Sarajevo, en la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1996. Tras esa investigación y haberlo llevado a la literatura, Usón se pregunta: “¿Existe el Mal, así, con mayúsculas, o solo hay actos malos o buenos, y su maldad o bondad vendrá determinada por la moral, la religión y la cultura predominantes? Es la vieja disputa entre Platón y Aristóteles, entre nominalistas y universalistas, para los cuales el mal, el bien, la libertad, la patria, la fe no son palabras abstractas, sino realidades. Quien está dispuesto a morir por la patria o la fe está dispuesto también a matar por ellas: Mladic es un ejemplo. Y también era un hombre honrado, un buen marido y un buen padre, un hombre muy religioso. Da que pensar”.

La literatura también se ha ocupado de malos “corrientes”. Truman Capote lo hizo en A sangre fría. Indagó en el atroz asesinato de la familia Clutter por parte de Perry Smith y Dick Hickock. Leila Guerriero ha rastreado la vida de varios criminales latinoamericanos al coordinar el libro de perfiles Los malos (Ediciones UDP), hecho bajo la pregunta ¿de qué está hecho un malo? La periodista y escritora no piensa que “el mal duerma agazapado en cada persona y sea una circunstancia determinada la que lo despierte. Creer eso sería quitarle al malo toda responsabilidad sobre sus actos”. No duda en afirmar que hay una elección personal, “y en esa elección pesan diversas cosas: una convicción, una manera de ver el mundo, una circunstancia. Los malos nos interpelan como sociedad: ¿cómo es posible que en nuestras sociedades hayan prosperado tipos de esa naturaleza? Por otra parte, aunque el mal es diverso, preferimos pensar en el mal como arquetipo. Esa idea nos resulta tranquilizadora: si existiera una fórmula —si, por ejemplo, tuviéramos la certeza de que alguien que ha sufrido maltrato en la infancia resultará, sin dudas, un individuo malo— podríamos detectarlo. Mi sensación es que el mal está, muchas veces, en manos de gente perfectamente común”.

Maldades cotidianas

El interés por conocer los entresijos del mal y sus formas y manifestaciones es tal, que la novela negra o policiaca vive un momento de esplendor. Acerca ese territorio a predios que recuerdan maldades más comunes. La infamia es una de ellas. La conoce el poeta y narrador Francisco Ferrer Lerín. La noveló en Familias como la mía: “La actividad principal del protagonista es considerada jurídicamente infamante, es la de esparcidor o expositor de cadáveres en el monte, como suministro complementario de comida a las grandes aves necrófagas y a otras especies amenazadas de extinción. Y así, la descripción en un libro de una actividad beneficiosa para el medio ambiente es catalogada como infamia de hecho”.

En un espacio más corriente y del que todos han sido por lo menos testigos circula la calumnia. “Según Dante, en un profundo foso del infierno gime el calumniador”, recuerda Basilio Baltasar, autor de Pastoral iraquí y director de la Fundación Santillana, organizadora de las Conversaciones de Formentor. Explica que “el asesino posee frialdad o cólera; el ladrón, una cierta intrepidez; los glotones, avaros y adúlteros calman su apetito con relativa modestia; pero el difamador necesita una gran imaginación narrativa. Como encarnación del mal, el calumniador no supera a los grandes criminales, pero la corrosión que produce es más perfecta: incesante, despiadada, impune. En el teatro del mundo, las dotes escénicas del difamador son muy influyentes”.

Como Yago, en Otelo, de William Shakespeare: “Señor, veo que sois juguete de la pasión, y ya me va pesando mi franqueza. ¿Queréis pruebas?”. Y su destino será como las preguntas del mal que van al mar de las respuestas perdidas.

En la lista negra

La Biblia es un vergel de malos. El mundo se abre con el asesinato de Abel a manos de Caín y se cierra con el anticristo liderando el Apocalipsis.

Shakespeare creó grandes malos, desde el Yago que susurra su veneno calumniador a Otelo hasta Lady Macbeth, que desliza el suyo para ayudar a que su marido sea rey.

En el mundo fantástico reina Sauron, que desata sus fuerzas oscuras en la Tierra Media de El señor de los anillos, de Tolkien. Magia negra es la que despliega Lord Voldemor en el colegio Hogwarts de Harry Potter, de Rowling.

Entre los malos incansables figuran el inspector Javert, que persigue a Jean Valjean, en Los miserables, de Victor Hugo, y un contemporáneo como Anton Chigurh, el psicópata asesino de No es país para viejos, de McCarthy.

Relaciones especiales con el mal son las de Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Conrad, y la del músico Faustus y su pacto con el demonio en Doktor Faustus, de Thomas Mann.

Entre los malos más populares están el profesor Moriarty de la serie de Sherlok Holmes, de Conan Doyle; el tirano cerdo Napoleón de Rebelión en la granja, de George Orwell, y Mister Hyde, la personalidad criminal del Doctor Jekyll, de Stevenson.

Entre las bandas de violentos malvados porque sí figuran los cuatro amigos, encabezados por Alex, de La naranja mecánica, de Anthony Burgess.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Entrevista con Reyes Estévez, consejera de Educación de Castilla-La Mancha, y dos artículos más sobre reducción de fondos para educación pública

I

Pilar Álvarez, entrevista a Reyes Estévez, Consejera de Educación de Castilla-La Mancha, “La deuda nos impide bajar las tasas universitarias”, en El País, 25 de septiembre de 2015:

La nueva consejera llega a la política directa del aula. Estévez ve "reversibles" los recortes que aplicó Cospedal en la región, que ha perdido 5.000 docentes y un 30% del presupuesto.

Acabó el curso dando clases en un instituto y empezó el verano en el equipo de Gobierno del socialista Emiliano García-Page. La consejera de Educación de Castilla-La Mancha, Reyes Estévez, es profesora en un instituto de Guadalajara, doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Vigo y licenciada en Filología Germánica por la de Santiago de Compostela. Entre 2009 y 2011 fue delegada provincial de Educación en Guadalajara. Ahora vuelve a la política con un equipo formado íntegramente por docentes. Gestionan la política educativa en una de las regiones en las que se han aplicado más recortes bajo el mandato de la expresidenta María Dolores de Cospedal (PP). Castilla-La Mancha ha perdido 5.000 docentes durante la crisis y un 30% del presupuesto, hasta 1.497 millones. Todo pasa por Hacienda, admite Estévez.

Pregunta. ¿Mejor el aula o la política?

Respuesta. He disfrutado mucho de los alumnos y de las clases. Los profesores no envejecemos porque los chicos nos demandan que estemos actualizados. Esta nueva faceta la disfruto cuando las cosas van bien y la padezco cuando van mal. Ambas me gustan, es bueno alternar.

P. Ha mantenido los currículos de secundaria y bachillerato que aprobó el Gobierno anterior tras perder las elecciones.

R. Los decretos que desarrollan la LOMCE [Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa] se aprobaron dos días antes de la toma de posesión, con el curso terminado y sin dar margen a los docentes ni para elegir los libros. Pero si lo hubiéramos modificado, habríamos contribuido más al descontrol.

P. ¿Cómo prevé paliar la LOMCE como prometieron las comunidades del PSOE?

"Invirtieron en ordenadores sin ver si había cobertura en las aulas"

R. La reforma educativa no nos conviene como región. Esta es una comunidad de una gran dispersión y esta ley no da la atención necesaria a la escuela rural ni tiene medidas de atención a la diversidad. Facilita la cesión de suelo público a entidades privadas, que no compartimos. La financiación se ha destinado a programas como la mochila digital. Se compraron ordenadores y no se valoró que había lugares a los que no llegaba la cobertura. No lo digo yo, lo confirmaban los informes de los inspectores. Pasó igual con los programas lingüísticos. Se decidió por decreto que 84 centros debían ser bilingües, sin contar con el claustro. Los idiomas y las tecnologías deben de estar en las aulas, pero con criterio.

P. ¿Son reversibles los recortes?

R. Se avanzará en función de lo que diga Hacienda y de los fondos de los que dispongamos. Para que se haga una idea, decidimos adelantar la contratación de profesores interinos el 1 de septiembre en lugar del día 9. Son solo ocho días, pero cuesta un millón de euros. De momento ha habido fondos para reabrir escuelas rurales, recuperar ayudas para libros de texto y para comedores.

P. ¿Incluirán dinero en los próximos presupuestos para recuperar docentes?

R. En 2015, con unos presupuestos que no son nuestros, ya hemos recuperado 404. Pero no soy capaz de cuantificar cuántos más habrá ni en qué medida. Se verá en función de disponibilidad presupuestaria. Estoy convencida de que las medidas que estamos poniendo en marcha requerirán más profesores, pero en nóminas invertimos 1.100 millones. Incrementar esa partida puede conllevar disminuir en otra. Hay que hacer un planteamiento equilibrado.

P. ¿Considera entonces que se pueden revertir los efectos de los recortes?

"La reforma educativa no nos conviene como región"

R. Poco vengo a hacer aquí si no los considerara reversibles. Tiene que ser así.

P. ¿En su región hay universitarios que abandonan por problemas económicos?

R. Pregunté lo mismo a los rectores. Me dijeron que no, gracias a las líneas de ayudas que han abierto. Me gustaría intentar incrementarlas por si acaso e ir a una reducción de las tasas universitarias.

P. ¿Cuándo reducirán las tasas y cuánto?

R. No creo que sea este curso. Los presupuestos se aprueban por año natural. En la consejería se debían 77 millones. Ojalá pudiera ir más allá, pero tenemos un déficit superior al 0,8% y hay que ver cómo acaba el año. En estos momentos no puedo reducir las tasas por la deuda.

P. ¿Sus hijos estudian en centros públicos o privados?

R. Tengo un hijo biológico y una hija adoptada china. Mi hijo sufre una discapacidad severa. Siempre estudió en la pública hasta hace tres años, cuando accedió a secundaria y no había recursos para atenderle. Mi hija empezó en la pública como su hermano. Es una alumna de altas capacidades. Ahora ambos están en la concertada por temas de horarios, que no cubre la pública. Mi planteamiento en Castilla-La Mancha es que la pública debe dar iguales recursos que el resto de modelos. Tiene que ser la mejor.

P. ¿Volverá al instituto el día que deje la política?

R. Claro. Imagino que cuando vuelvan mis compañeros me dirán: 'esto funcionó o esto no funcionó'. Tengo ya una edad, pero aún me quedan muchos años por cotizar, así que volveré a mis clases de inglés en el instituto. 

II


Educación dio 23.000 becas menos el curso pasado, según datos del ministerio. Se pierden más de 200.000 ayudas para material escolar.

Menos beneficiarios de becas y ayudas, menos gasto para la educación en relación con el PIB y menos dinero por alumno. El último informe Datos y Cifras 2015-2016, que edita anualmente en Ministerio de Educación, deja al descubierto cifras como la referida al gasto por alumno en los centros públicos españoles, que ha caído cerca de 500 euros de media, un 7% menos.

El número total de becarios en España durante el curso 2014-2015 fue de 757.027 beneficiarios, 23.000 estudiantes menos que el anterior. Representa la cifra más baja de toda una legislatura marcada por la crisis. En el curso pasado se concedieron además 200.000 ayudas menos para material escolar y libros, las que financian tanto el ministerio como las comunidades autónomas. Hubo 122.508 beneficiarios de ayudas, según los datos todavía provisionales del Ministerio que, si se confirman, supondrían la cifra más baja al menos de los últimos 10 cursos. Para el curso que acaba de empezar y el que viene, Educación ha recuperado parte del fondo para becas de libros. Transferirá 25 millones a las comunidades autónomas para materiales y la misma cantidad para el curso que viene. Esta partida pasó de 100 millones en 2012 a 20 en 2013 y a 1,4 en 2014 (solo para Ceuta y Melilla, que son competencia directa del Ministerio de Educación), informa Europa Press.

El gasto educativo por alumno en las instituciones educativas públicas ha descendido 500 euros de media hasta los 6.940 euros por estudiante (un 7% menos), según la estadística oficial. En este caso son datos de 2012, los últimos disponibles en este informe que, este curso, a diferencia de años anteriores, no ha sido presentado por el actual ministro del ramo, Íñigo Méndez de Vigo. España está por detrás de Alemana, Francia, Reino Unido o Finlandia, entre otros.

El gasto público en Educación ascendió a 46.469 millones de euros en 2015. Es la suma del dinero que aportan todas las Administraciones, aunque más del 80% proviene de las comunidades autónomas.La mayoría de ese dinero, el 65%, se destina a gastos de personal, es decir, a pagar a profesores. En este año, la cantidad ha subido sensiblemente con 1.563 millones más. Pero el porcentaje de riqueza española destinada a la educación ha descendido. Equivale a un 4,23% del Producto Interior Bruto (PIB), el más bajo de la última década, según los datos recogidos por el Ministerio de Educación en su informe de inicio de curso.

El Gobierno se comprometió con la Unión Europea en reducir el porcentaje por debajo del 4% del PIB. La media de la Unión Europea supera el 5%. El porcentaje del PIB destinado al gasto público educativo comenzó a caer en 2009, a mitad de la última legislatura del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se situaba en el 4,99%.

El responsable de educación del sindicato Comisiones Obreras, Francisco García, considera qeu los datos "son la radiografía de la demolición del sistema educativo, de la desinversión que hemos denunciado en los últimos años y suponen el mayor ataque a la igualdad de oportunidades".

III

Pilar Álvarez, "El gasto público en educación en España cae a niveles de 2006", en El País, 27-VI-2015:

En cuatro años se han perdido más de 7.760 millones de euros para profesores, aulas, becas o refuerzos.

El gasto público en educación lleva cuatro años de descenso continuado en España. Los últimos datos del Ministerio de Educación, correspondientes a 2013, indican que las distintas Administraciones destinaron 45.245,2 millones de euros, un 4,31% del Producto Interior Bruto (PIB) que lo sitúa a niveles de 2006, con el mismo porcentaje de riqueza y 42.480 millones de inversión.

España comenzó a recortar en educación en 2010 por primera vez en 30 años. En los últimos cuatro años analizados se han perdido 7.764 millones para profesores, aulas, apoyos o becas. Entre 2012 y 2013, el descenso es de 1.231 millones menos (-2,6%), según los datos que refleja la Estadística del Gasto público en educación, que el ministerio acaba de publicar y cuyas cifras son aún provisionales.

El porcentaje de la riqueza española destinado a la educación, ese 4,31% del PIB, desciende y se aleja unas décimas más tanto de la media europea —un 5,25% según datos de Eurostat correspondientes a 2011— como de la de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), con un 5,6% también correspondiente a 2011.

Diferencias regionales.

la educación infantil y primaria le corresponde más de un tercio del gasto total (34,9%), seguidas de la Secundaria y FP (28,9%) y de la etapa universitaria (20,7%). La partida de becas representa el 3,6% del total. Todas ellas han caído en el último año analizado. Sobre todo la formación ocupacional, con un 30,4% menos y la correspondiente a las ayudas de estudio, que se reduce un 9,9%.

El ministerio señala en el avance de los datos que los programas estatales de becas que supedita al “cumplimiento de requisitos socioeconómicos y/o académicos” para estudiantes universitarios y no universitarios han subido respecto a 2012 un 2,6% al pasar de 1.171 a 1.202 millones, con lo que el recorte debe provenir de las partidas regionales.

El 84% del gasto total en educación corresponde a las comunidades autónomas. Siete redujeron su inversión en 2013: Castilla - La Manchja, con un 6,2% menos; País Vasco (4,2%); Cataluña (-3,2%); Castilla y León (2,8%); Andalucía (2,2); Cantabria (0,6%) y Galicia (0,5). En Extremadura subió un 3,7% y en La Rioja el 1,6% mientras se mantuvo en Aragón, Madrid 

Se estrena en el festival de S. Sebastán un documental sobre el movimiento 15-M


Pere Joan Ventura mira, suspira y dice: “Mira, yo empiezo a ser mayor. Recuerdo las luchas antifranquistas, y ya entonces las grabábamos para dar testimonio. Queríamos mostrar en aquel momento el mogollón y aunque hubiera poca gente filmábamos las manifestaciones con gran angular para que parecieran masas. Hoy, con tanta y tanta gente en la calle, cansada y harta, con diversas generaciones unidas en las protestas –como ya ocurrió hace años con el ‘No a la guerra’, hemos dado un paso más y elegido algunos casos para mostrar ese poderío. Es una fuerza incontenible, es estupendo”.

Hoy se estrena en el Festival de San Sebastián su documental No estamos solos, coimpulsado por José Miguel Monzón, más conocido como El Gran Wyoming. Ventura (Castellar del Vallés, 1946), Goya con El efecto Iguazú, veterano de TVE y uno de los impulsores de ¡Hay motivo!, ahonda en lo que muestra en pantalla: “Quería mostrar lo que está pasando, pero no de forma puntual, sino abarcando una dimensión más amplia, enseñar la cantidad de gente que está saliendo a la calle, protestando e intentando cambiar las cosas”. Para ello ha retratado a diversos activistas, “gente común, normal, como diría Rajoy”, y por eso va desde Las Comadres asturianas, urdidoras tras décadas de lucha del famoso Tren de la libertad que llegó a Madrid el 1 de febrero de 2014, hasta Ada Colau, cuando luchaba contra los desahucios en la PAH antes de ser alcaldesa de Barcelona, David Alegre, director de la orquesta la Solfónica, algunos de los integrantes de los Yayoflautas, de la Marea Verde, de la Marea Blanca o Martín Sagrera, profesor de Ciencias Políticas y doctor en Sociología por la Universidad de París, “que harto de que sus libros no llegaran lejos dedica ahora su tiempo a hacer altruistamente las pancartas de las manifestaciones”. Parte de estos colectivos estarán esta noche en el estreno, en la Sección Oficial como Proyección Especial, del documental dedicado a reflejar cómo parte de la sociedad “ha tomado la iniciativa para cambiar las cosas, ya que desde arriba, desde los poderes del Estado, solo llegan motivos para indignarse”.

El documentalista reconoce a las claras la ideología de No estamos solos. “Sí, se puede entender como una llamada al alistamiento. La gente no es consciente del poder que tiene, si no, lo usaría”. Con todo, no es una película completamente complaciente. En una imagen poderosa, grabada en una asamblea a la puerta del Museo Reina Sofía, una chica clama ante la oportunidad perdida el día anterior de haber acampado en el Paseo del Prado. “Es un momento muy bonito, y dudamos si ponerlo o no, pero se mantuvo porque llevaba razón. Hemos rodado muchos más colectivos, tenemos 200 horas de metraje, así que mucho se ha quedado fuera. Otras protestas no nos han cabido porque ha habido días de cinco y seis actos convocados a la vez, no dábamos abasto”. Y en estos años de grabación ha encontrado motivos para alegrarse: “Hay gente que curra en ello todos los días. Por ejemplo la Solfónica ensaya todas las semanas. Me hace sentirme esperanzado. Ese el futuro”.

Dicho todo lo anterior, el cineasta no se siente optimista. “Es complicado, pero sí me definiría como esperanzado. Estamos dentro de una sociedad muy complicada, que nos ha engañado diciendo que los políticos nos representaban y que con votar cada cuatro años bastaba. Como dice Josep Fonta [catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra], hay un esfuerzo a hacer, hay que currarse las cosas”. Ventura no entra en política ni en independentismos. “Son tiempos complejos y mi película habla de activismos”.

Junto a él, en San Sebastián, El Gran Wyoming: “Nos conocimos hace ya un par de décadas, fuimos compañeros de empujar los carritos de nuestros hijos, y hemos participado en diversas aventuras audiovisuales. Es cuestión de amistad”. Ventura recurrió a él a la hora de buscar financiación. “Creo que pensó que yo era el único amigo rico que tenía”, asegura entre risas Wyoming (Madrid, 1955). “Insistía e insistía con que había que hace este libro, yo avisé que era a fondo perdido, y por eso ideamos una serie de triquiñuelas”. Entre ellas, el libro No estamos solos (Editorial Planeta), con cuyas ventas han financiado en parte la producción.

Al Gran Wyoming le preocupa cómo hay gente “expulsada de la sociedad”. “¿Por qué razón hemos asumido con tanta facilidad que el 50% de los jóvenes no tengan acceso al mundo laboral, que uno de cada dos esté en el paro? Eso es una barbaridad. A una generación completa se le ha quitado un plan de vida. Más aún, es la primera vez que las nuevas generaciones no van a mejorar sus condiciones económicas y sociales. Hasta ahora vivíamos una evolución y estamos en una involución. Y además no hay ninguna razón para ello: la atmósfera no ha cambiado, hay más bienes de consumo que nunca…”. Wyoming apuesta por movilizaciones contra la regresión: “Que los de la Troika planteen a día de hoy que un salario de 600 euros es un freno a la economía cuando el ayer dimitido presidente de la Volkswagen tenía un sueldo de 17 millones de euros anuales, más un plan de pensiones de 28 millones de euros, nos da una idea del índice de crueldad al que nos quieren llegar”.

A sus sesenta años, El Gran Wyoming remata: “Nunca he visto unos mandatarios con tanto desprecio con la ciudadanía. Claro, quienes hemos conocido otras realidades nos duele aún más. Los yayoflautas no pelean por sus pensiones, sino por el trabajo de los jóvenes; las Comadres de Gijón lideraron la lucha contra la reforma de la Ley del Aborto y la mayor parte de ellas ya no están en edad de quedarse embarazadas. A mí esta generosidad me emociona mucho”. Y así, junto a Pere Portabella, coproductor del filme, y Ventura, el showman madrileño acaba definiéndose como “otro pesimista esperanzado".

jueves, 24 de septiembre de 2015

Una anécdota desconocida de Borges

María Kodama, esposa de Borges, ha contado en un documental que un día estaba el escritor sentado en el vestíbulo del hotel Palace de Madrid esperando a que lo vinieran a recoger para la cena. Un joven se acercó, se arrodilló delante de él, le tomó las manos y le dijo: "Maestro, yo lo admiro. He leído toda su obra." Y Borges, ciego, le preguntó: ¿Y usted quién es, señor? El joven contestó: Mick Jagger. Era el líder de los Rolling Stones

Cuando hay tantos analfabetos admiran a Mick Jagger es curioso comprobar a qué tipo de personas admira Mick Jagger.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Manual de defensa contra las artes bancarias

Pau A. Monserrat, "¿Cuáles son las comisiones bancarias que más nos fastidian?", en El País, 23 de septiembre de 2015:

Más del 15% de las reclamaciones dirigidas al supervisor tiene que ver con comisiones
¿Es posible librarse de las comisiones al no tener nómina?

Las comisiones bancarias son una fuente continua de conflicto entre clientes y bancos. Según la última Memoria anual del Departamento de Conducta de Mercado y Reclamaciones, publicada por el Banco de España en 2013, del total de reclamaciones registradas por el supervisor (16.258), las correspondientes a comisiones fueron 3.219. Para ser más precisos: 582 solicitudes relacionadas con comisiones por tarjetas, 125 relativas a transferencias y 2.512 vinculadas con discrepancias en las liquidaciones de operaciones de pasivo. Esta cifra implica que las reclamaciones relacionadas con comisiones supusieron el 15,45% del total.

La memoria destaca el incremento en las reclamaciones por operaciones de pasivo —5,4 puntos porcentuales respecto al ejercicio 2012—, que se centró en las discrepancias con las liquidaciones de cuentas corrientes, especialmente consecuencia del adeudo de comisiones. 

¿Qué normativa limita las comisiones? ¿Qué hacer si el banco me cobra indebidamente una comisión por descubierto?

La comisión por descubierto es especialmente molesta y puede alterar el presupuesto mensual de muchas familias. Pero, ¿qué hacer si somos víctimas de un cobro indebido?

“En primer lugar, hay que enviar una reclamación al Servicio de Atención al Cliente (SAC) de la entidad bancaria, poniendo de manifiesto la indebida aplicación de dichas comisiones y su devolución”, explica Cristina Borrallo, abogada y experta independiente de iAhorro.com. “Y si en el plazo legalmente establecido no contestaran o contestaran de forma desfavorable, se podría acudir ante el servicio de reclamaciones del Banco de España o interponer directamente una demanda judicial”. La letrada explica que, si la cantidad a reclamar es inferior a los 2.000 euros, el cliente puede acudir sin necesidad de ir acompañado de abogado ni procurador.

Sin embargo, Borrallo advierte que “el fundamento puede ser distinto en función de si en el préstamo hipotecario o cuenta corriente se refleja el cobro de tales comisiones”. Detalla que, si en el contrato no consta, la petición debe evidenciar que el adeudo por ese concepto no procede. En el caso que esa comisión sí esté contemplada, hay que señalar que “la aplicación de la misma no obedece a un servicio efectivamente prestado”.

En cuanto a la carga de la prueba, la abogada explica que “se produce una inversión de esta, teniendo el banco la facilidad probatoria, que es a quien debe exigirse la mínima diligencia”. No es suficiente que la entidad aporte la información en su página web, porque debe demostrarse que el cliente ha tenido acceso real a las mismas.

“Hay jueces que van más allá y entienden que en caso que los intereses sean muy elevados es indiferente de que incluso el servicio esté efectivamente prestado, pues ya ha habido suficiente remuneración”, concluye.

Según la normativa actual —que supuestamente busca la libertad de mercado y vela por la libre competencia—, las entidades no están obligadas a registrar previamente en el Banco de España las comisiones que van a aplicar, ni su importe máximo. Solo subsiste la necesidad de mantener una información pública sobre las habitualmente percibidas por operaciones y servicios más frecuentes. ¿Qué implica todo esto? Que el desequilibrio entre cliente y banco puede producir tensiones y prácticas inadecuadas, al no existir obligación de registrar folleto alguno ante el supervisor y ser el control a posteriori.

Básicamente, los bancos puede cobrar en base a la libertad de pacto que recoge la normativa, aunque tengan que cumplir con ciertos requisitos. En primer lugar, solo podrán percibirse comisiones o repercutirse gastos por servicios solicitados en firme o aceptados expresamente por un cliente, y siempre que respondan a servicios efectivamente prestados o gastos habidos y que puedan acreditarse. Por otro lado, el cliente tiene que saber cuáles son las comisiones más habituales y conocer su coste, a través de información pública en oficinas, páginas web y en el Banco de España. También hay casos específicos, como las comisiones por usar la tarjeta en un cajero automático, que implican obligaciones informativas determinadas, como mostrar un mensaje claro y gratuito del coste que supondrá usar el cajero.

También existen obligaciones específicas relativas a determinados contratos, como la concesión de créditos y préstamos al consumo, hipotecarios o la prestación de servicios de pago (OSP). Para mantener el control sobre las comisiones que se pagan cada año, a partir de 2014 se obliga a las entidades financieras a remitir a sus clientes, en el mes de enero, la información anual sobre los intereses cobrados y pagados, y las comisiones y gastos devengados por cada servicio bancario prestado.

Si queremos reclamar por una comisión relativa a fondos de inversión o productos relacionados con el mercado de valores, hay que dirigirse a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Si la discrepancia tiene que ver con seguros o fondos de pensiones, el organismo competente es la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSyFP).

¿Qué dice el Banco de España?

Una de las comisiones con peor fama es la comisión por descubierto en cuenta, muy relacionada con la penalización aplicada por no pagar puntualmente un préstamo —comisión por reclamación de posición deudora—. Este cobro, además de suponer el pago de unos intereses de demora, puede implicar una comisión que multiplica por 1.000 el coste TAE final. El Banco de España considera que no se pueden cobrar varias comisiones por el mismo descubierto, ni por un descubierto por valoración —por ejemplo, si ingresamos dinero después de las 12.00 horas y el descubierto se produce por considerar el banco que lo hemos ingresado el día después—.

Cuando un consumidor contrata un crédito o préstamo personal, le ampara la ley de contratos de crédito al consumo, que prohíbe que el tipo de interés en materia de descubierto implique la aplicación de una TAE superior a 2,5 veces el interés legal del dinero.

Por otro lado, al abrir una cuenta o un depósito a plazo, el banco está obligado a informarnos de forma clara, oportuna y suficiente, objetiva y no engañosa sobre el contrato que vamos a firmar, para que conozcamos qué comisiones se adeudarán por cada concepto y todos los gastos que se repercutirán. 

En cuanto a las cuentas corrientes, la comisión más común y que más fastidia es la de mantenimiento. La primera pregunta que el cliente se hace es: ¿qué cubre? El Banco de España explica que sirve para compensar a la entidad financiera por varias razones, como custodiar el dinero, contabilizar los movimientos de la cuenta, ordenar cargos y abonos, como las domiciliaciones de recibos o nómina, cubrir el servicio de caja básico o emitir documentos, como los extractos. Para que los bancos la puedan cobrar basta que esté estipulada en el contrato que firmamos o en las comunicaciones posteriores, si cumplen con los requisitos legales establecidos. Más incómoda si cabe es la comisión de administración, que se carga por apunte en cuenta realizado y se considera compatible con la anterior.

El Banco de España consideraba que no procedía pagar comisiones para las cuentas abiertas solo para abonar las cuotas de una hipoteca o recibir los intereses de un depósito; sin embargo, tras la aprobación de diferentes normas, las cosas han cambiado, y se considera acorde con las buenas prácticas bancarias que se cobren solo en determinados casos. Estos son: si se ha informado previamente al cliente —inclusive sobre el coste total que corresponde al mantenimiento de la cuenta— y si el cobro se recoge expresamente en el contrato. Además, dicho coste no puede ser modificado unilateralmente por la entidad a lo largo de la vida del préstamo, crédito o depósito.

Pese a esto, la protección al cliente bancario en relación a las comisiones se ha atenuado, con un sistema de control a posteriori que parece que no acaba de funcionar. Un ejemplo claro es la nueva comisión por sacar dinero de cajeros de otros bancos.

En este artículo hay información en enlaces sobre estas materias:

Cinco trucos para pagar menos comisiones
Mediolanum asumirá el coste de la comisión extra por retirar efectivo
¿Sabes enfrentarte a la letra pequeña de los contratos bancarios actuales?
Las mejores tarjetas para sacar dinero de los cajeros sin coste
Cuáles son las comisiones bancarias más abusivas y cómo evitarlas
Cómo contratar una hipoteca sin caer en los errores del pasado
¿Cuáles son las diez mejores hipotecas del momento?

martes, 22 de septiembre de 2015

Julio Llamazares, "España me roba"

Julio Llamazares, "España me roba", en El País, 21 de septiembre de 2015:

He echado cuentas (a ojo de buen cubero, es verdad) y, con mi declaración de la renta en la mano, he llegado a la conclusión de que España me roba. Quiero decir: que, sumado el dinero que yo aporto obligado por Hacienda a las cuentas del Estado y restado el que recibo de éste en servicios, tengo un balance fiscal negativo, al revés que otros españoles, que aportan menos de lo que reciben. Traducido al lenguaje independentista: España me roba.

Como quiera que, por otro lado, yo no me siento español (me siento alegre o triste, pletórico o cansado, melancólico o feliz según los días, pero nunca español; tampoco francés ni belga, que conste) ni me identifico con ninguna nacionalidad histórica (Madrid, que es donde resido, no llega a la categoría de región y de donde procedo, que sí lo era, ni siquiera consiguió una autonomía propia), he decidido independizarme y quedarme con el dinero de mis impuestos para administrarlo como yo desee, como quieren hacer los catalanes. Si ellos pueden hacerlo, ¿por qué yo no?

Cierto que yo no hablo un idioma distinto como ellos (el mío es muy vulgar: lo hablan 500 millones de personas en el mundo) ni tengo una cultura diferente (veo la misma televisión que todos los españoles y leo la misma prensa), pero eso no creo que me incapacite para la independencia, que, como la libertad, es un derecho y un sueño de todas las personas. ¿Quién no quiere ser libre e independiente, ya sea en su matrimonio, en su vida laboral, en sus relaciones con las demás personas? La independencia es el estado ideal de todo hombre, ya sea gallego o luxemburgués, y dudo de que haya alguno que no se quiera independizar de alguien.

El problema que yo le veo a la independencia (sin que esto suponga ningún alegato contra ella, ojo) es que, una vez conseguida, ya no tienes a quien culpar de tus problemas ni exigir que nadie te los solucione. Es aquello que decía una amiga mía, soltera y sin compromiso por propia voluntad, de que lo único que le pesaba de vivir sola era no tener a nadie para decirle cuando algo salía mal: “¿Lo ves?… ¡Te lo dije!”. Algo tan socorrido entre las parejas como las acusaciones de lo mal que lo ha hecho el Gobierno anterior (la famosa herencia recibida) entre los políticos o como ese “España nos roba” que esgrimen como argumento muchos catalanes para apoyar la causa de su independencia y que yo compartiría si no pensara que Cataluña también me roba, puesto que allí hay también mucha gente que recibe del Estado más de lo que cotiza, al revés que yo