lunes, 5 de octubre de 2015
Frases tópicas de profesores
¿De qué te ríes? Dilo en voz alta y así nos reímos todos.
Profesor, ¿el examen es fácil? -Para el que ha estudiado, sí.
¿Ya habéis terminado el examen? - No. -Entonces, ¿por qué habláis?
¿Puede ir más despacio? No nos da tiempo a copiarlo... -En el instituto no te van a dictar
¿Tú en tu casa tiras los papeles al suelo? ¿Tú en tu casa pintas en la mesa?
Si no os calláis, todo lo que no dé tiempo a ver lo doy por explicado y entra en el examen
Vosotros dos que estáis de cháchara: ¿podéis repetir lo que acabo de decir?
Si seguís así, os siento por orden de lista
Os creéis que no os veo pero me doy perfecta cuenta de quien copia
En esta clase huele a humanidad
Hasta que no aparezca el culpable no sale nadie al recreo
Quien no traiga la autorización firmada no va a la excursión
A la próxima te echo de clase... ¡Pero si no he hecho nada! -¡Fuera!
¿Puedo ir a baño? In english, please
Empiezan los ruidos y “La clase se acaba cuando yo digo, no cuando suena el timpre"
Ahora te ríes, pero en junio ya vendrán los llantos.
Etiquetas:
Costumbrismo,
Educación,
Enseñanza,
Frases
domingo, 4 de octubre de 2015
Procedimientos de robo del Gobierno y las Eléctricas
Juan Tórrez López, economista, "Así roban las eléctricas y el gobierno a las familias españolas", en Nueva Tribuna, 2 de Octubre de 2015:
Es habitual que se quiera hacer creer que la escandalosa corrupción que sufrimos en España es cosa de unos cuantos políticos sinvergüenzas. La mayoría de los medios de comunicación y muchos dirigentes sociales se empeñan en decir eso para que la gente normal y corriente se aleje de la política, considerándola una actividad sucia, y se deje así vía libre a los empleados de quienes verdaderamente generan y se aprovechan de la corrupción, que no son otros que las grandes empresas y entidades financieras.
Una prueba indiscutible de esta última afirmación es lo que desde hace años viene sucediendo con las empresas eléctricas. El poder de mercado y la influencia política tan inmensa que han ido adquiriendo les permiten cometer auténticas estafas con la connivencia y colaboración del gobierno, de jueces y de antiguos presidentes del gobierno o ministros que están vergonzosamente en su nómina para ayudarles con su influencia institucional y política.
El ingeniero sevillano Antonio Moreno Alfaro viene desvelando desde hace tiempo todas esas estafas en su página web y con este artículo y otros que iré publicando en este diario quiero ayudarle a difundir sus denuncias, al mismo tiempo que pido a quien las lea que haga lo mismo. Es el mejor apoyo y homenaje a un ciudadano ejemplar que está dedicando su vida a luchar contra la injusticia y la impunidad de las grandes empresas eléctricas españolas.
El robo al que voy a referirme en esta ocasión tiene que ver con el cálculo de la “potencias trifásicas normalizadas” que es preciso establecer para facturar la luz que se consume en las instalaciones domésticas (no se asusten los lectores, podrán entender todo lo que sigue sin saber una palabra de física o ingeniería eléctrica, y quién sí sepa y desee tener todos los datos, fórmulas y argumentos completos de Antonio Moreno Alfaro puede verlos en su página web).
La cuestión, resumida de la manera más rápida y clara posible, es la siguiente:
Mensualmente, la compañía eléctrica cobra al usuario el denominado “término de potencia”, cuyo importe consta en la factura como “Facturación por potencia contratada”. Dicho importe es calculado multiplicando la potencia contratada por un factor definido periódicamente por el Ministerio de Industria.
Para calcularlo, el Ministerio de Industria publica en el Boletín Oficial del Estado la tabla de potencias normalizadas.
Antonio Moreno Alfaro ha comprobado que, en el caso de las potencias trifásicas, el cálculo de la tensión normalizada que hace el Ministerio está mal hecho, porque en lugar de considerar que la tensión entre fases es 398,17 voltios, que es el valor correcto, redondea a 400 voltios.
Este redondeo del Ministerio no afecta a cálculos de tipo eléctrico, pero sí a los de tipo económico.
Como demuestra Moreno Alfaro, el redondeo solo supone un incremento medio de 42 watios (0,042 kW) en las potencias trifásicas normalizadas, que al precio actual del kW (3,50 euros mensuales) supone un exceso de 0,15 euros mensuales para un hogar con instalación trifásica. Pero si se tiene en cuenta el número total de instalaciones trifásicas en España (actualmente, cerca de tres millones) y que el exceso está siendo cobrado desde marzo de 2006, resulta que la cantidad facturada en exceso por las empresas eléctricas en perjuicio de las familias españolas supera ya los 35 millones de euros.
Puede parecer que la cantidad media mensual cobrada en exceso por las eléctricas (0,15 euros) es despreciable, pero es preciso recordar que este tipo de compañías son capaces de cortar el suministro por esta cantidad. Eso hizo el 3 de febrero de 2009 la compañía Gesa en Mallorca: cortó el fluido de gas a una familia por el impago de una deuda de 0,15 euros y le facturó 168,265 euros por restablecérselo días más tarde.
Pero el escándalo no acaba aquí.
Cuando Moreno Alfaro se dirigió a la entonces llamada Comisión Nacional de Energía (actual Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, CNMC) señalando el “error” del redondeo, solicitando que se corrigiese y que se devolviera a los hogares lo cobrado de más, recibió una respuesta que sirve para conocer a favor de quién están las autoridades que supuestamente actúan como árbitros y defensores de los intereses nacionales.
En contestación a la demanda de Moreno, la Comisión le dice que el asunto no es de su incumbencia pero que, ya de paso, adjunta un informe (documento dos) en el que sentencia que el cálculo del Ministerio es correcto porque éste estableció las tarifas según las tablas de potencias elaboradas por ella misma, ¡¡por la propia Comisión Nacional de Energía!! Y concluye diciendo que las empresas distribuidoras han cumplido con la normativa vigente porque se han limitado a aplicar las tarifas que aparecen publicadas en el BOE. Es decir, el cálculo está bien porque lo hice yo y las compañías obran correctamente porque hacen lo que yo digo.
Así llevan robados más de 35 millones de euros a las familias en España. Y el robo continúa…
Como veremos en próximas entregas, este escándalo, siendo vergonzoso y muy significativo que pueda ocurrir, es uno menor de los muchos que han cometido y vienen cometiendo las empresas eléctricas. Otros nos han costado y nos cuestan mucho más dinero a los españoles y se vienen realizando gracias a la ayuda que le prestan a las eléctricas no solo los políticos sino también bastantes jueces, entre ellos algunos bastante conocidos.
En estos días en los que se habla tanto de patriotismo hay que recordar que, por muy alto que levante una bandera, no es patriota sino un traidor quien roba o quien permite o ayuda a que se robe a sus conciudadanos.
Krugman: en qué consiste toda política de derechas
Paul Krugman, "El vudú nunca muere. Las políticas económicas republicanas tienen como objetivo que los ricos sean más ricos", en El País, 3-X-2015:
Donald Trump ha dado a conocer por fin su programa fiscal. Resulta que se prodigará en rebajar los impuestos a los ricos sin, con ello, disparar el déficit.
Esto contrasta con el programa de Jeb Bush, que se prodigará en rebajar los impuestos a los ricos sin, con ello, disparar el déficit, y con el plan de Marco Rubio, que también se prodigará en rebajar los impuestos a los ricos sin, con ello, disparar el déficit.
Por si sirve de algo, parece que el programa de Trump produciría un agujero en el presupuesto aún mayor que el de Jeb. Jeb justifica su plan afirmando que multiplicaría por dos la tasa de crecimiento de Estados Unidos; por su parte, Trump trumpetea (ejem) que él multiplicaría por tres la tasa de crecimiento. Pero, de verdad, ¿para qué entrar en detalles? Todo es vudú. La pregunta interesante es por qué todos los candidatos republicanos sienten el impulso de tirar por este camino.
Se podría pensar que hay argumentos económicos que justifican la obsesión por rebajar impuestos a los ricos. Es decir, uno podría pensar eso si se hubiese pasado los 20 últimos años en una cueva (o en una fundación republicana). En caso contrario, uno sería consciente de que los entusiastas de las rebajas tributarias tienen una curiosa trayectoria: se han equivocado en todo, año tras año.
Algunos lectores recordarán las previsiones de catástrofe económica, allá por 1993, cuando Bill Clinton subió el tipo máximo del impuesto sobre la renta. Lo que se produjo, de hecho, fue un auge económico prolongado, que superó al de la época de Reagan en todos los aspectos.
Inasequibles al desaliento, esas mismas personas predijeron grandes acontecimientos como consecuencia de las rebajas fiscales de George W. Bush. En cambio, lo que hubo fue una lenta recuperación, seguida de una crisis económica catastrófica.
Más recientemente, los sospechosos habituales volvieron a pronosticar cosas terribles para 2013, cuando los impuestos que paga el 1% de la población con más dinero subieron drásticamente por el vencimiento de algunas de las rebajas fiscales de Bush y por los nuevos impuestos que sirven para pagar la reforma sanitaria. Lo que tuvo lugar, de hecho, fue un crecimiento del empleo a un ritmo que no se había conocido desde la década de 1990.
Luego están las pruebas procedentes de los distintos Estados. Kansas rebajó drásticamente los impuestos, en lo que su gobernador de derechas describió como un "experimento real" de política económica; el crecimiento del estado se ha ido rezagando desde entonces. California tomó el rumbo opuesto, y subió los impuestos; últimamente, ha sido la primera del país en crecimiento del empleo.
Es cierto que existen autoproclamados expertos económicos que afirman haber encontrado pruebas generalizadas de que los tipos impositivos bajos fomentan el crecimiento económico, pero dichos expertos siempre resultan estar a sueldo de los grupos de presión de derechas (y tienen la curiosa costumbre de hacer mal las cuentas). En los estudios independientes acerca de la correlación existente entre los tipos impositivos y el crecimiento económico, por ejemplo los del Servicio de Investigación del Congreso, nunca se ha hallado la más mínima relación. No hay argumentos económicos serios que justifiquen la obsesión por las rebajas tributarias.
Aun así, bajar los impuestos sigue siendo una medida política popular, ¿verdad? Pues no, al menos en lo que respecta a las rebajas de impuestos para los ricos. Según Gallup, solo el 13% de los estadounidenses cree que los individuos con rentas más altas pagan demasiados impuestos, mientras que el 61% cree que pagan demasiado poco. Incluso entre los que se consideran republicanos, el número de los que afirman que los ricos deberían pagar más supera, en una proporción de dos a uno, al de quienes dicen que deberían pagar menos.
De modo que todos los candidatos republicanos a la presidencia se adhieren a una política que, además de haberse probado que es económicamente negativa, es profundamente impopular. ¿Qué está pasando?
Bueno, piensen en la trayectoria de Marco Rubio, que ahora mismo podría ser el candidato republicano con más posibilidades. El año pasado, apoyó un plan de reducción de la presión fiscal ideado por el senador Mike Lee que supuestamente estaba pensado para los pobres y la clase media. En realidad, sus ventajas recaían considerablemente en las rentas más altas; pero, aun así, recibió duras críticas de la derecha por dar demasiado a las familias de a pie, mientras que no reducía lo bastante los impuestos que pagaban los más ricos.
De modo que Rubio volvió con un plan que eliminaba los impuestos sobre los dividendos, las plusvalías y la riqueza heredada, lo que proporcionaba unos enormes ingresos inesperados a los muy ricos. Y, de repente, se empezó a convertir en la comidilla de los donantes republicanos. El nuevo plan sumaría billones de dólares al déficit, por el que los conservadores afirman preocuparse, pero qué más da.
En otras palabras, es sencillo y bastante evidente: los republicanos apoyan las grandes rebajas fiscales para los ricos porque eso es lo que quieren los donantes ricos. No cabe duda de que la mayoría de estos donantes ha logrado convencerse a sí misma de que lo que es bueno para ellos es bueno para Estados Unidos. Pero, en el fondo, se trata de gente rica que apoya a políticos que les harán más ricos. Todo lo demás es pura racionalización.
Por supuesto, una vez que los republicanos elijan a su candidato, un ejército de mercenarios se movilizará para ocultar esta cruda realidad. Oiremos afirmaciones de que, en realidad, se trata de una rebaja fiscal dirigida a la clase media, que será muy beneficiosa para el crecimiento económico, y fíjense, ¡mensajes de correo electrónico! Y dadas las convenciones del periodismo de declaraciones, esta campaña de confusión podría funcionar.
Pero nunca olviden que, en realidad, se trata de una guerra de clases de arriba abajo. Puede parecer simplista, pero así es como funciona el mundo.
Paul Krugman es Premio Nobel de Economía de 2008.
Un hombre valiente
Pablo Ordaz, "Un prelado del Vaticano declara su homosexualidad y presenta a su novio", en El País, 4-X-2015:
El polaco Krzysztof Charamsa, de 43 años, es un teólogo de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La Santa Sede anuncia su expulsión inmediata.
Ni en sus peores pesadillas la jerarquía de la Iglesia podía imaginar un titular así: un prelado del Vaticano declara su homosexualidad y presenta a su novio en la víspera de la inauguración del Sínodo de los Obispos sobre la Familia. Se trata del polaco Krzysztof Charamsa, de 43 años, oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe –el antiguo Santo Oficio--, secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano y profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde vive desde hace 17 años.
La declaración rotunda de monseñor Charamsa enfrenta al papa Francisco en particular y a la Iglesia católica en general a una realidad que siguen empeñándose en no ver. “Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy”, asegura el prelado, “un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de la propia identidad. Estoy dispuesto a pagar las consecuencias, pero es el momento de que la Iglesia abra los ojos frente a los gais creyentes y entienda que la solución que propone para ellos, la abstinencia total de la vida de amor, es deshumana”.
Unas consecuencias que, como se temía, el prelado polaco ya ha empezado a pagar con una celeridad jamás vista en los aledaños de la plaza de San Pedro. Nada más tener conocimiento del asunto, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, anunció que monseñor Krzysztof Charamsa “no podrá seguir desempeñando las tareas precedentes en la Congregación para la Doctrina de la Fe ni en las universidades pontificias” y criticó el momento elegido por el prelado para declarar su homosexualidad: “Cabe señalar que, a pesar del respeto que merecen los hechos y circunstancias personales y las reflexiones sobre ellos, la elección de declarar algo tan clamoroso en la víspera de la apertura del Sínodo resulta muy grave y no responsable, ya que apunta a someter a la asamblea sinodal a una presión mediática injustificada”.
Lejos de amilanarse, monseñor Charamsa respondió a la expulsión anunciada por Lombardi presentando en sociedad a su novio, Eduard, de origen catalán, animando a seguir su ejemplo a “tantísimos sacerdotes homosexuales que no tienen la fuerza de salir del armario” y acusando de homofobia al Vaticano: “Pido perdón por todos los años durante los que he sufrido en silencio ante la paranoia, la homofobia, el odio y el rechazo a los homosexuales que he vivido en el seno de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es el corazón de la homofobia en la Iglesia. No podemos seguir odiando a las minorías sexuales, porque así odiamos a una parte de la humanidad”.
Querría decir al Sínodo que el amor homosexual es un amor familiar.
Krzysztof Charamsa, quien asegura que escribirá una carta al Papa contándole para explicarle su decisión, admite que –como sospechaba Lombardi— la fecha del anuncio no es casual. Haciendo pública su declaración un día antes de que 270 padres sinodales –obispos, cardenales, religiosos y expertos— se sienten a reflexionar sobre los nuevos modelos de familia, el prelado polaco quería, efectivamente, sacudir el debate: “Querría decir al Sínodo que el amor homosexual es un amor familiar, que tiene necesidad de la familia. Cada persona, también los gais, las lesbianas o los transexuales, lleva en el corazón un deseo de amor y familiaridad. Cada persona tiene derecho al amor y ese amor debe ser protegido por la sociedad, por las leyes. Pero sobre todo debe ser cuidado por la Iglesia”.
Sacerdote desde 2003, Krzysztof Charamsa asegura que siempre supo que era homosexual, pero que al principio no quería aceptarlo porque “iba en contradicción con el principio de la Iglesia de que la homosexualidad no existe y tiene que ser destruida”. El prelado dice que pasó de la negación de admitirlo a la felicidad de ser gay “gracias al estudio, la oración, el diálogo con Dios y la confrontación con la teología, la filosofía y la ciencia”. Concluye el prelado que, aunque el catecismo considera la homosexualidad como una tendencia “intrínsicamente desordenada”, él –que al menos hasta ahora ha sido profesor de teología en la más prestigiosa universidad pontificia—no ha encontrado en la Biblia ni una página que hable de homosexualidad.
Etiquetas:
Conductas ejemplares,
Ética,
Religión
sábado, 3 de octubre de 2015
Anécdota sobre Cortázar y la censura franquista
Ugné Karvelis, la segunda mujer de Julio Cortázar, contó en una entrevisa que Rayuela nunca se publicó en España durante el franquismo, pero, casi al final del régimen, Jaime Salinas, director de la editorial Alfaguara, había negociado con la censura de forma que le dijeron que podría hacerse si suprimía la frase "Dios, el pajarito mandón". Pero Julio dijo que no y Rayuela quedó sin publicar hasta después de la muerte de Franco.
viernes, 2 de octubre de 2015
El cociente intelectual es una fantasía reduccionista
Kristin Suleng, "Esta idea debe morir: el cociente intelectual. Por qué soy más listo que tú aunque se me den mal los números", en El País, 2 de octubre de 2015:
El cociente intelectual ya no sirve como única herramienta para evaluar la inteligencia. La capacidad de adaptación y la creatividad piden paso.
Si tuviera que pasar hoy un test de inteligencia, el talento musical del joven Mozart no estaría entre los números uno de la clase. O, lo que es lo mismo, no superaría los 140 puntos del Cociente Intelectual (CI). Y todo porque, en la calle y en las aulas, el prototipo del ser inteligente, enquistado en nuestra cultura desde los griegos y el Renacimiento, todavía se asocia en exclusiva a las habilidades reconocidas en esta popular puntuación para evaluar el pensamiento abstracto basándose en la lógica y las matemáticas. Sin embargo, los avances de la ciencia de las últimas décadas muestran que hay vida inteligente más allá de unos números.
Más que una buena memoria para recordar nombres y fechas y un hábil razonamiento matemático, la inteligencia es sobre todo adaptación. Las versiones revisadas del CI, que amplían la inteligencia a la experiencia con el medio, rescatan a Charles Darwin y sus teorías evolutivas, como señala Pablo Fernández-Berrocal, catedrático de Psicología de la Universidad de Málaga. “Curiosamente, los neurocientíficos del siglo XXI vuelven a la idea originaria de Darwin demostrando que ser inteligente es la capacidad de adaptarse al entorno de la forma más eficaz. Esa capacidad varía según el contexto, e implica flexibilidad en situaciones muy diferentes”, explica el catedrático.
Hay personas que son inteligentes y se adaptan con facilidad y flexibilidad a ciertos contextos, y en cambio, en otros parecían estúpidos (Pablo Fernández-Berrocal, catedrático de Psicología de la Universidad de Málaga)
Así, conceptos como el factor G o las teorías que vinculaban la superación de un determinado tipo de pruebas a una inteligencia todoterreno, ya no obedecen a la evidencia científica. “Hay personas que son inteligentes y se adaptan con facilidad y flexibilidad a ciertos contextos, y en cambio, en otros parecían estúpidos. Y si nos remontáramos 30.000 años atrás, esos considerados inteligentes podrían incluso morir devorados, porque no afrontarían la demanda de su entorno. Cuanto más simple es el mundo, es más probable que nos sirvan los recursos generales, pero en un mundo tan complejo como el nuestro, se necesitan habilidades mucho más específicas, por lo que poco a poco se incluyen otros tipos de inteligencia”, explica este psicólogo especializado en inteligencia emocional, fundador del Laboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga.
¿Por qué a un buen orador, con gran capacidad de compresión verbal, o a un genio del piano o el balón, de gran talento físico, no se les considera inteligentes en nuestra cultura occidental? El protagonismo de la inteligencia abstracta-lógica-matemática responde a la herencia del sistema productivo europeo anterior a las dos grandes guerras, cuando el talento abstracto tenía la llave del éxito laboral y social y una rutilante carrera educativa se reconocía en el mercado con un no menos lustroso puesto de trabajo.
En ese contexto nació el CI, un concepto revolucionario acuñado por los psicólogos que se enfrentaron al reto de clasificar a las personas, primero para evaluar los trastornos mentales y luego con propósito educativo, ante la nueva corriente de escolarización en Europa, con el afán de estandarizar las pruebas con criterios objetivos, a diferencia de la entrevista clínica.
“Alrededor de los años setenta, algunos estudios demostraron que no estaba garantizado que las personas que conseguían los mejores trabajos fuesen las que tenían mayor inteligencia abstracta. A partir de ahí, la complejidad del mundo laboral no se vincula tanto a tareas cognitivas, sino a las relacionadas con la gestión de las propias emociones, el estrés, la ansiedad y la capacidad de regular las interacciones sociales en relación con las personas. Lo que marca la diferencia de una persona brillante en el ámbito laboral no es su inteligencia clásica, sino este extra que se refiere a otro tipo de inteligencia”, apunta Fernández-Berrocal.
Sin embargo, la popularidad de las escalas de inteligencia de especialistas como Binet y Wechsel, los nombres de referencia en la medición del CI a nivel mundial, todavía es difícil de superar. Trabajos de psicólogos como Robert J. Sternberg, uno de los impulsores hace tres décadas de la inteligencia práctica o aplicada, o Howard Gardner, quien dinamitó la teoría de la inteligencia única con las inteligencias múltiples (lingüística, ínter e intrapersonal, musical, espacial, naturalista, corporal, además de la lógica-matemática), todavía no han llegado a aplicarse como corriente mayoritaria en las escuelas.
“Los alumnos que se adaptan bien al sistema escolar son los que tienen una inteligencia numérica y lógico-matemática alta. Al resto, que pueden tener otro tipo de inteligencia, les cuesta mucho trabajo adaptarse. La escuela sigue trabajando hoy con un modelo. Hay personas muy inteligentes que no son especialmente brillantes en los aspectos lógico-matemáticos y no acaban de adaptarse, desperdiciando su potencial artístico, lingüístico o de relaciones sociales, la escuela se convierte para ellos en un martirio”, observa este psicólogo.
¿Puede medirse la creatividad?
Superada en el campo de la investigación la existencia de una inteligencia única, cómo detectar el talento en un examen sigue siendo la pesadilla de los científicos, a pesar de innovaciones como el Test de Inteligencia Emocional Mayer-Salovey-Caruso (MSCEIT). “Si se ponen problemas matemáticos o lingüísticos, es más o menos fácil evaluar las respuestas, porque hay una solución correcta. Otra cosa son las respuestas a los problemas de la vida real. Llevamos más de un siglo intentando evaluar la creatividad como proceso, no como producto, y a pesar de las investigaciones, no se terminan de ver resultados”, explica el catedrático.
Llevamos más de un siglo intentando evaluar la creatividad como proceso, no como producto, y a pesar de las investigaciones, no se terminan de ver resultados (Fernández-Berrocal)
La evaluación, la clave de todo, también falla en el concepto de CI y los tests clásicos de papel y lápiz. Fernández-Berrocal apunta: “Ahora, el sueño, a través de investigaciones con resonancias magnéticas funcionales, es hallar el indicador del nivel de inteligencia observando, por ejemplo, el porcentaje de materia gris o blanca, teniendo en cuenta el volumen del cerebro y determinadas zonas. Pero eso no se ha conseguido y no sé si se podrá conseguir. Sería como decir que la inteligencia es solo eso, sin tener en cuenta el aprendizaje y la experiencia”.
Aunque hay programas televisivos que siguen impresionando al público con la memoria de los concursantes (una facultad superada por la consulta inmediata de los datos en los medios digitales), para Fernández-Berrocal la capacidad de anticipación debiera ser la inteligencia que hay que potenciar. “Las máquinas no pueden predecir el futuro, pero nosotros somos capaces de innovar y anticipar, y los pueblos siempre han sobrevivido a las adversidades del clima, el hambre o las guerras gracias a eso. En nuestra vida personal pasa igual: los que saben anticiparse a los problemas, en lugar de ser sujetos pasivos, tienen mayor capacidad de adaptación. Pero eso todavía no se enseña en la escuela, y sería una auténtica revolución”, concluye.
Etiquetas:
Educación,
Enseñanza,
Pedagogía,
Psicología
jueves, 1 de octubre de 2015
Una de las últimas entrevistas de José Luis Sampedro
Elena García Quevedo, José Luis Sampedro: “Sin libertad lo que vivo no es mi vida”, El País, 30 de septiembre de 2015:
Las reflexiones sobre la crisis, la situación global, la vida y la muerte del escritor y economista, en una entrevista de 2011 que ahora recoge el libro 'Voces sabias'
El presente texto es un capítulo del libro 'Voces sabias. El arte de vivir en tiempos de cambio', de Elena García Quevedo, que publica Paidós Contextos. La obra reúne retratos de personas excepcionales que analizan el mundo en el que estamos al tiempo que hablaban de sus propias claves vitales. La entrevista con José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013), economista, escritor y humanista, tuvo lugar en 2011.
A las diez de la mañana el anciano observa el ir y venir del mar sentado en el salón del apartamento de Mijas donde pasa el invierno junto a su esposa Olga. Ensimismado, rescata una idea y otra y escribe hasta enhebrar un nuevo texto. Está cansado pero entero, acaba de salir de una operación leve pero tiene presente la muerte, aunque no la teme; aún queda algo importante que hacer y dar. Quizá nunca ha sido más consciente de ello que hoy, en este preciso instante. Por eso estoy aquí, ahora lo sé. A sus 94 años le cuesta moverse, pero ya desde hace tiempo, tras un ataque al corazón en Nueva York, está convencido de que a estas alturas de su viaje por la vida, el sentido para él no es para qué vivir, sino para quién vivir. José Luis Sampedro vive para aquellos a quienes nutre; aquellos a quienes su ser ayuda a ser más ellos mismos, incluso con su propia debilidad. Quizá por ello en los últimos meses su voz se ha convertido en el faro de luz de la generación joven que está a punto de tomar las plazas de las grandes ciudades para buscar la brújula de la sociedad en crisis a la que pertenecen, a la que pertenecemos todos. Si estoy aquí es para hablar sobre ellos en la película documental ¿Generación perdida?, pero el encuentro que tengo por delante con José Luis Sampedro da para mucho más.
—El problema es que si el sistema está en crisis hay que hacer otro sistema. Pero hay que hacerlo al mismo tiempo que se deshace este.
»Esto es como la metamorfosis de los insectos. Usted coge un gusano de seda y lo ve moviendo el cuerpo con dificultad, se lía el hilo a la cabeza, se convierte en un capullo y luego en una mariposa. ¿Qué ha pasado? Pues que al mismo tiempo que desaparecía el cuerpo de gusano se estaba construyendo y manejando el sistema mariposa: los jóvenes tienen que construir el sistema mariposa. Y no lo pueden construir con las reglas de los que son gusano.
»Mire usted, con las piedras de los templos clásicos de la mitología griega se hicieron basílicas cristianas. Y luego con las piedras de las basílicas cristianas los árabes hicieron la mezquita de Córdoba y otras cosas. De modo que se puede hacer la metamorfosis, pero a base de no aceptar las verdades oficiales de ese tipo y decir que no a lo que tienen.
»Seguir como estamos es imposible porque su objetivo es lo que llaman el desarrollo sostenible, que es más de lo mismo, y eso es insostenible. Y no podemos transformar el mundo, porque somos el mundo.
La muerte no es lo contrario de la vida: la muerte es la compañera de la vida. El día que nacemos empezamos a morir y hay que saber disfrutarlo
Es viernes por la mañana, las gotas de lluvia caen sobre la tierra de la costa y el mar Mediterráneo cuando Olga Lucas, su esposa, treinta años más joven que él, abre la puerta. Al fondo de la sala José Luis Sampedro observa, frágil y embebido, el mar azul hasta que, pasados unos segundos, reacciona. Pronto Olga y Sampedro me invitan a pasar a una habitación sencilla, blanca y luminosa que parece un despacho de trabajo. Hoy es un día clave para mí, un premio, porque durante muchos años la voz de este hombre y su profunda humildad han supuesto para mí lo que está a punto de llegar a ser para miles de jóvenes: un guía en la noche.
—Hazte quien eres: hay que hacerse quien se es, y todos somos distintos. Pero lo que quiera que seas desarróllalo al máximo. Cada cual debe aspirar a ser lo máximo que pueda ser con sus condiciones. Y de esa manera devolverá a la vida de todos la vida que ha recibido él.
»Para ello debe contar con la ayuda de los que son afines y aprender lo que no debe hacer de quienes no son afines. Y además saber un poco lo que quiere y, sobre todo, lo que no quiere. En la vida es más fácil saber lo que no se quiere, porque lo que se quiere puede ser un gran abanico de cosas. Y cuando te ocurre algo que no quieres por de pronto di que no, y si puedes decírselo al que lo hace di no, y si no puedes sigue diciendo no. Se puede ser más libre dentro de un calabozo que como ministro de un tirano. Al joven hay que decirle que sea él, que se sienta él mismo, que se eduque para tener un pensamiento propio y procure mejorarlo con los demás, que no se crea absoluto pero que se prepare y no acepte lo que está pasando.
»Tengo 94 años y me considero un aprendiz de mí mismo. Todavía aprendo a ser quien soy. Y me moriré sin haber acabado, pero he hecho todo lo posible: hazte quien eres y hazlo fervorosamente. Y hazlo entregado a eso y en solidaridad con los demás, porque sin ellos no somos nadie. Sin doblegarte, sin hundirte, sin ceder, sin creer los inventos de los que quieren explotarte. ¡No te rindas! Trata de vivir en armonía con la naturaleza a la que perteneces. Se trata de vivir esta vida, esa es la cuestión.
»Esta vida es mi referente, esta vida es la que tenemos el deber de vivir, pero tenemos que buscar la libertad, porque sin libertad lo que vivo no es mi vida, sino la vida que me imponen.
»El amor es ansia de vida, ansia de vivir. Amor hacia uno mismo en el sentido de que uno mismo es la vida. El referente es la vida, que es como una semilla. Tenemos el germen de una vida y ese germen tiene que transformarse en árbol. Uno es un germen de vida y debe transformarse en árbol.
José Luis Sampedro, que es muy alto y muy delgado, tiene los ojos tan claros que parecen transparentes, y su gesto afable transmite ternura y cierta paz, al menos hasta que habla. Por algo se siente emigrante de su tiempo. Su mundo de origen desapareció a sus 17 años: Tánger, 1935, el lugar y el tiempo en el que los niños cristianos, musulmanes y judíos compraban golosinas en tres idiomas y vivían en paz. Aunque allí llegó a sentirse solo, también aprendió las claves de por qué la vida es mejor si es suma y cómo sí es posible ser quien uno es. José Luis Sampedro en Tánger conoció la semilla de sí mismo. Para él la felicidad depende de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con nuestro entorno, el afecto es imprescindible; la humildad es la clave para mantenerse en pie, y lo que le hagamos al mundo nos lo hacemos a nosotros "porque somos mundo".
José Luis Sampedro siente que la frontera le define y cree que en una polémica las dos partes tienen sus razones.
—Lo que creo que es la verdad es solo mi verdad. La verdad no es objetiva con cosas que no puedes tocar ni demostrar. Hay que pensar en la verdad de cada uno y la frontera me permite tener mi verdad, pero a la vez aprovechar y gozar de la verdad ajena.
—Nuestro sistema se basa en el consumo, que se alimenta de miedo...
—El miedo funciona en casi todo: el miedo es la inseguridad y, en cambio, la civilización o la cultura es la seguridad. La seguridad de que todo es inseguro. Porque todo depende de todo y no podemos controlarlo. Y la seguridad de que la muerte también es segura. Y de que no es lo contrario de la vida: la muerte es la compañera de la vida. El día que nacemos empezamos a morir y hay que saber disfrutarlo, saber vivirlo, porque hay mucho que hacer.
Estamos en una habitación blanca, inmaculada, dentro de un apartamento alquilado en el primer piso de una urbanización. Apenas hay adornos en las paredes, los muebles y lámparas son muy sencillos, y no debe de haber más de dos habitaciones, baño, salón y cocina. José Luis y su esposa viven parte del año aquí, pero también pasan épocas en Madrid, Canarias o Valencia, donde Olga trabajaba como traductora. Se conocieron en un balneario y ahora se mueven con la temperatura y el ánimo, como se mueven los pájaros.
José Luis Sampedro siempre se ha movido mucho: a los 16 años aprobó unas oposiciones para trabajar como funcionario de aduanas. Cambió Tánger por Soria, donde escribió sus primeros versos; vivió en Aranjuez. Y la Guerra Civil le encontró en Santander. Sampedro luchó con un bando y después con el otro; pero al terminar descubrió que ni habían ganado los suyos ni ninguno de los dos bandos era el suyo.
Ha sido catedrático de economía en la Universidad Complutense; profesor de ministros como Boyer, Solbes, Solchaga o Salgado; asesor del Ministerio de Economía en el franquismo; profesor en el Reino Unido, y, aun así, habla del mundo como si él fuera uno más entre los más humildes. Pero además de escritor y humanista es un gran economista; dicen que uno de los más grandes.
—Cuando yo estudiaba economía hace sesenta o setenta años, muchos manuales estudiaban las necesidades humanas y después las actividades económicas para satisfacerlas. Hoy, primero se produce y se inventa y luego se busca qué hacer con el invento: se inventan medicinas y la enfermedad para la que se van a vender esas medicinas. Porque de lo que se trata es de ganar dinero, no de curar nada.
—¿Y el desempleo? ¿Por qué ahora hay tanto paro?
—Cada vez que el sistema produce más máquinas está aumentando el paro.
»El paro es consecuencia del sistema; el paro es lo mismo que el hambre, ¿y por qué hay hambre? Porque no hay redistribución. Hay una explotación por parte de una minoría, que es algo fruto de ceder el poder de los políticos a los financieros.
—¿Por qué los gobiernos aceptan esto?
—Los gobiernos dependen de los financieros. Estos les dan dinero para las campañas de publicidad y les permiten hacer negocios, falsedades, cohechos y todo lo que haga falta, porque hemos sustituido los valores éticos por el interés monetario. Y a los gobiernos les interesa, monetariamente, estar a buenas con los banqueros.
La luz entra por el ventanal y desdibuja sus formas: el azul de sus ojos se vuelve translúcido y, en el rostro de José Luis, se precipita al vacío como el mar de los antiguos. Tomamos té en torno a una pequeña mesa blanca.
—Un día Sócrates fue al mercado y miró a su alrededor... —dice José Luis, y deja la palabra en el aire como el viejo profesor de económicas que es—. Sócrates miró a su alrededor, sonrió al ver tanta mercancía junta, y dijo: «¡Qué de cosas no necesito comprar!».
»El enorme error de la cultura occidental es creer al hombre superior, por encima del mundo. Yo creo que el mundo es uno, que en él vivimos y somos, somos partículas de ese mundo y vivimos como este se desarrolla. Somos una gota en un océano. Y, en estas condiciones, pensar lo que piensa el mundo occidental y lo que piensan los financieros es una locura que acabará cayendo por sí sola.
—¿Qué podemos hacer?
—Todos tenemos no el derecho a la vida, sino el deber de vivirla. Y de afrontar la vida en estas condiciones y en estas circunstancias. Y para eso tienen que liberar el pensamiento. No hay vida personal sin libertad. Y no hay libertad con fraternidad e igualdad si el pensamiento no es libre.
»La alternativa a corto plazo es capear el temporal y sobrevivir; y a largo plazo es cambiar de pensamiento, pensar de otra manera, tener un pensamiento crítico.
—Debemos educar a los niños.
—Pues, mire usted, la educación que hay ahora es para crear productores y consumidores, nada más. En cuanto el niño empieza a hablar empiezan a indoctrinarle, a enseñarle el pensamiento único, el dogma.
»Las palabras clave del mundo oficial de hoy, lo que quieren que aprendamos son: productividad, competitividad e innovación. Pero en vez de productividad, la palabra es vitalidad. Y, en vez de innovación, es conservación. Y, en vez de competitividad, es cooperación. Habría que pensar en asociarnos, vivir pacífica y apaciblemente en este mundo porque esta es la vida que tenemos que ejercer y desarrollar. Para mí, la educación sería rectificadora de la actual: una educación que conduzca a saber vivir en armonía con la naturaleza, porque somos naturaleza.
José Luis Sampedro habla con una gran fuerza, sostiene la mirada y no duda en responder. Su cuerpo está cansado, pero su mente es ágil, rápida; un joven brillante que enseña en la universidad.
—¿Cómo responder a ese indoctrinar? ¿Informándonos?
—Mire usted, por de pronto con el silencio; o por de pronto, con el rechazo. Y mientras tanto, educándonos.
»Información no significa conocimiento. Se puede estar muy informado y no saber qué hacer. El conocimiento no significa comprensión, porque se puede tener conocimiento de muchas cosas y no comprenderlas. La comprensión no significa sabiduría, que es el arte de vivir: este último empieza por borrar toda esa información sobrante.
»Uno no sabe nada hasta el final, y ni siquiera entonces. Uno se va haciendo. Está en marcha y sigue cambiando, pero a la vez sigue siendo siempre el mismo. Igual que el cosmos: involucionamos y vamos tratando de ser quienes somos.
—¿Y la tecnología ayuda?
—Como instrumento, sí, pero no el hecho de estar al servicio de ella. Piense que la vida del hombre o la mujer ciudadana está al servicio de un montón de máquinas: del automóvil, del teléfono, del telégrafo, del computador, de todo. Estamos ya al servicio de las máquinas.
»No es seguro que la vida sea más sosegada, más tranquila y más completa que antes. ¿Quién tiene tiempo para pensar? ¿Quién tiene tiempo para hablar consigo mismo? ¿Cuánta gente habla consigo misma? Me temo que muy poca.
»La técnica, a diferencia del arte, está al servicio mecánico de la inteligencia; el arte está al servicio espontáneo de la vitalidad.
—Hábleme de la importancia del arte.
—El arte es algo prodigioso. Y dentro de la creación humana la razón también es prodigiosa e importante. Pero el arte tiene una espontaneidad especial, consecuencia de un largo aprendizaje. No es que se invente fácilmente. El arte es una proximidad a la profundidad del mundo.
»Del mismo modo, la vida espiritual es una aproximación a la profundidad del mundo. Yo leo a los místicos y estos tienen razón. Pero también es un arte, no un dogma. La prueba es que muchos místicos fueron perseguidos por los teólogos.
—¿Cuál es el papel de las mujeres en el momento actual? Muchos dicen que el cambio vendrá de la mano de las mujeres.
—El papel de las mujeres es educarse femeninamente y no para sustituir al hombre, ni para imitarlo; no para ser sucedáneo ni otro tipo de servidor del hombre, sino para tener la mente libre e independiente.
»La humanidad está todavía por civilizar. Desde Grecia hemos progresado técnicamente de una manera increíble, fabulosa; pero nos seguimos asesinando y matando por ansias de poder o por pequeñas rivalidades.
—¿Cuál es su sueño?
—Yo ahora no aspiro más que a morir en paz sin dar la lata a mucha gente. Sobre todo a mi mujer y a las personas que me quieren. Hacerlo apaciblemente, como es debido y con tranquilidad.
—¿Y su sueño para la humanidad?
—Vivir pacíficamente. Pero no tengo muchas esperanzas.
—¿Es que ha perdido la esperanza cuando dice que no tiene muchas esperanzas?
—No, pero hay que hacerlo.
»Hay que decir no y no, ya está. No es una cuestión de esperanza, sino de creer en la vida, de asombrar a la vida.
»El Bhagavad Gita dice que las batallas hay que darlas independientemente de su resultado, ganaré o perderé pero yo tengo que decir esto. Es el deber frente a la conveniencia, la ética frente al interés mercantil. Todos los valores que esta civilización ha tenido y que ha ido echando por tierra son lo que hay que restaurar en otro marco distinto.
José Luis se levanta, camina por la sala y me invita a observar el mar azul frente al que trabaja.
—Este mar lo he comprado. No todo, solo el trozo que ve ahora.
Río, me toma el pelo.
—¿No me cree? Mire usted, yo haría exactamente lo mismo con este mar de aquí enfrente si fuera mío. Lo miraría, lo disfrutaría y lo dejaría abierto a todos los demás. ¿Para qué necesito comprarlo? ¿Para qué? ¡Ya es hora de despertar!
El anciano se apoya ahora en la pared, baja la voz, mira a Olga y hace un gesto con los ojos que me obliga a acercarme más para escucharle.
La luz del sol entra a borbotones y acaricia su frágil cuerpo. Su rostro se desdibuja como si fuera a desaparecer. No voy a volver a verle más, y lo sé. Cuando lo intento, su secretaria me dice que está muy débil y que no puede recibirme. "¿Para quién vivir? Para aquellos que nos necesitan porque aun en nuestro decaimiento somos sus colaboradores en su hacerse", dice en La escritura necesaria. José Luis Sampedro murió mes y medio después. Estaba en el lecho y pidió un campari. Lo tomó y luego dijo: "Me siento mejor". Después cerró los ojos. Estaba tranquilo. No molestó a nadie, como él quería. Se fue como el agua del río se funde en el mar.
—Estoy cojo, casi ciego, casi sordo.
José Luis Sampedro mira a su esposa Olga con devoción, y sigue hablándome.
—Yo ya lo he hecho todo en la vida. Podría morirme en cualquier momento si no fuera por ella, pero ella me necesita y yo la amo.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Los chistes y apólogos filosóficos de Slavoj Zizek
¿Saben aquel que Zizek...?, en El País, 1-III-2015:
Slavoj Zizek, estrella pop del pensamiento, suele echar mano de los chistes para explicar asuntos más opacos. Así en 'Mis chistes, mi filosofía', Barcelona, Anagrama, 2015:
I
La lógica de la tríada hegeliana se puede transmitir perfectamente mediante las tres versiones de la relación entre el sexo y las migrañas. Comencemos con la escena clásica: un hombre quiere tener relaciones con su mujer, y ella le contesta: “Lo siento, cariño, pero tengo una terrible migraña, ¡ahora no puedo hacerlo!”. Esta posición de arranque es negada/invertida con el apogeo de la liberación feminista: ahora es la esposa la que exige sexo, y el pobre hombre, cansado, el que contesta: “Lo siento, querida, tengo una terrible migraña...”. En el momento concluyente de la negación de la negación que de nuevo invierte toda la lógica, transformando esta vez el argumento en contra en un argumento a favor, la mujer afirma: “Cariño, tengo una terrible migraña, ¡así que vamos a hacerlo para que se me pase!”. Y uno incluso puede imaginarse un momento bastante depresivo de negatividad radical entre la segunda y la tercera versión: tanto el marido como la mujer sufren migraña, y acuerdan simplemente tomarse una taza de té.
II
Así pues, el “populismo” es por definición un fenómeno negativo, un fenómeno arraigado en un rechazo, incluso en una admisión implícita de impotencia. Todos conocemos el viejo chiste acerca de un tipo que ha perdido la llave y la busca debajo de una farola; cuando le preguntan dónde la ha perdido, admite que ha sido en un rincón sin luz. ¿Por qué la busca debajo de la farola, entonces? Porque la visibilidad es mucho mejor. En el populismo siempre hay algo parecido a este truco. Busca las causas de los problemas en los judíos, pues estos son más visibles que los procesos sociales complejos.
III
En cuanto introducimos la paradójica dialéctica de la identidad y la similitud cuyo mejor ejemplo son los chistes de los hermanos Marx (“No es extraño que se parezca a X, ¡es que es usted X!”. “Este hombre puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se engañe, ¡realmente es un idiota!”) se hace evidente lo rara que resulta la clonación. Supongamos que muere un hijo único muy querido por sus padres, y que estos deciden clonarlo para recuperarlo: ¿no está más que claro que el resultado es monstruoso? El nuevo niño posee todas las propiedades del fallecido, pero esa mismísima similitud hace que la diferencia sea más palpable. Aunque parezca exactamente el mismo, no se trata de la misma persona, por lo que es un chiste cruel, un impostor espeluznante; no es el hijo perdido, sino una copia blasfema cuya presencia no puede dejar de recordarnos ese chiste de los hermanos Marx en Una noche en la ópera: “Todo me recuerda a ti: tus ojos, tu cuello, tus labios... Todo excepto tú”.
IV
En los primeros tiempos de su gobierno, a Tony Blair le gustaba parafrasear el famoso chiste de La vida de Brian de los Monty Python (“Muy bien, pero, aparte del alcantarillado, la medicina, la educación, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras, el sistema de agua potable y la sanidad pública, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?”) a fin de desarmar a sus críticos con ironía: “Ellos han traicionado el socialismo. Cierto, han traído más seguridad social, han mejorado mucho la asistencia sanitaria y la educación... pero, a pesar de todo eso, han traicionado el socialismo”.
V
En un viejo chiste de la difunta República Democrática Alemana, un obrero alemán consigue un trabajo en Siberia; sabiendo que todo su correo será leído por los censores, les dice a sus amigos: “Acordemos un código en clave: si os llega una carta mía escrita en tinta azul normal, lo que cuenta es cierto; si está escrita en rojo, es falso”. Al cabo de un mes, a sus amigos les llega la primera carta, escrita con tinta azul: “Aquí todo es maravilloso: las tiendas están llenas, la comida es abundante, los apartamentos son grandes y con buena calefacción, en los cines pasan películas de Occidente y hay muchas chicas guapas dispuestas a tener un romance. Lo único que no se puede conseguir es tinta roja”.
¿Y no es esta nuestra situación hasta ahora? Contamos con todas las libertades que queremos; lo único que nos falta es la “tinta roja”: nos “sentimos libres” porque carecemos del lenguaje para expresar nuestra falta de libertad. Lo que esta carencia de tinta roja significa es que, hoy en día, todas las principales expresiones que utilizamos para designar el presente conflicto —“guerra contra el terror”, “democracia y libertad”, “derechos humanos”— son falsas, enturbian nuestra percepción de las cosas en lugar de permitirnos pensar en ellas. La tarea que se nos plantea hoy en día es darles a los manifestantes tinta roja.
VI
Los chistes acerca del presidente croata, Franjo Tudjman, en general muestran una estructura de cierto interés para la teoría lacaniana. Por ejemplo: ¿por qué es imposible jugar al escondite con Tudjman? Porque si se escondiera, nadie se molestaría en buscarlo... He aquí una interesante cuestión libidinal que nos indica que esconderse sólo tiene sentido si alguien pretende encontrarte. El ejemplo supremo nos lo ofrecen Tudjman y su gran familia en un avión que vuela sobre Croacia. Consciente de los rumores de que muchos croatas llevan una vida desdichada y miserable, mientras él y sus compinches amasan una gran riqueza, Tudjman dice: “¿Y si lanzara un cheque por un millón de dólares por la ventanilla? Entonces al menos un croata, el que lo cogiera, sería feliz, ¿no?”. Su aduladora esposa dice: “Pero Franjo, querido, ¿por qué no arrojas dos cheques de medio millón cada uno, y así tendrás a dos croatas felices?”. Su hija añade: “¿Y por qué no cuatro cheques de un cuarto de millón cada uno, y harás felices a cuatro croatas?”. Y así sucesivamente hasta que, al final, su nieto —el proverbial niño inocente que sin darse cuenta suelta la verdad— dice: “Pero, abuelo, ¿por qué simplemente no te tiras tú por la ventanilla, y así todos los croatas serán felices?”.
VI
En los buenos tiempos del socialismo real, a todos los escolares se les repetía una y otra vez que Lenin leía vorazmente, así como su consejo para los jóvenes: “¡Aprended, aprended, aprended!”. Un chiste clásico de la época del socialismo produce un interesante efecto subversivo utilizando este lema en un contexto inesperado. A Marx, Engels y Lenin se les pregunta qué prefieren, si una esposa o una amante. Marx, cuya actitud en cuestiones íntimas se sabe que era bastante conservadora, contesta: “Una esposa”. Engels, que era un hombre que sabía disfrutar de la vida, por supuesto contesta: “Una amante”. Pero la sorpresa llega con Lenin, que contesta: “Las dos cosas, una esposa y una amante”. ¿Acaso, sin que nadie lo supiera, era muy amante de los placeres sexuales? No, puesto que explica con rapidez: “Así le puedes decir a tu amante que estás con tu mujer, y a tu mujer que estás con tu amante”. “¿Y qué haces en realidad?”. “Me voy a un lugar solitario y aprendo, aprendo, aprendo”.
VII
En una de sus cartas, Freud se refiere al chiste del recién casado que, cuando sus amigos le preguntan qué aspecto tiene su mujer, si es guapa, contesta: “A mí personalmente no me lo parece, pero es cuestión de gustos”.
VIII
El efecto de lo real aparece en el chiste en el que un paciente se queja a su psicoanalista de que hay un enorme cocodrilo bajo su cama. El psicoanalista le explica que se trata de una alucinación paranoica, y con el tiempo lo acaba curando, con lo que el paciente deja de ver el cocodrilo. Unos meses después, el psicoanalista se encuentra por la calle con un amigo del paciente que veía el cocodrilo y le pregunta si sabe cómo le va, a lo que el amigo contesta: “¿A cuál se refiere? ¿Al que murió porque se lo comió un cocodrilo que estaba escondido debajo de su cama?”.
Etiquetas:
Apólogos ajenos,
Filosofía,
Humor
Aviso para jugadores de cartas
Matt Damon en Rounders: «Si no eres capaz de averiguar quién es el primo en la primera hora del juego, tú eres el primo».
Arturo Pérez Reverte siente vergüenza por los abusos políticos
"Indecentes", Arturo Pérez Reverte, 8 de enero de 2012:
Me gustaría transmitirle al Gobierno pasado, al actual, y al que puede venir lo siguiente:
TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos; en vez de facilitar el crédito a las familias y a las empresas, erradicarlas comisiones por los servicios bancarios y que dejen de cobrar a los españoles más humildes €30.01, cada vez que su menguada cuenta se queda sin saldo.
Cosa que ocurre cada 1º de mes cuando les cargan las facturas de colegios, comunidades, telefonía, Etc. y aun no les han abonado la nómina.
PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.
ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados.
HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.
INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se le pueden agregar.
INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.
INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados)
INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual).
INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
INDECENTE, No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que NO se lo bajen.
INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.
INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.
Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooooodos los políticos se benefician de este moderno “derecho de pernada” mientras no se cambien las leyes que lo regula. ¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.
Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con “cara y ojos” para acabar con estos privilegios, y con otros.
¡¡¡ Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos !!!
ÉSTA SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Etiquetas:
15-M,
Abusos,
Artículos ajenos,
Arturo Pérez-Reverte,
Corrupción
lunes, 28 de septiembre de 2015
La España de Pérez Reverte
Arturo Pérez Reverte, "Conmigo, o contra mí", en XLSemanal, 2-IX-2013:
Un lector me preguntó el otro día por mi escepticismo político: mi falta de fe en el futuro y mi despego de esta casta parásita que nos gobierna, sólo comparable a la desconfianza que siento hacia nosotros los gobernados: sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes. Siempre sostuve, porque así me lo dijeron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca serán libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier lobo hambriento, a cualquier manipulador malvado. También en torpes animales peligrosos para sí mismos. En lamentables suicidas sociales.
Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común.
Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y si, por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología, respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto «y no me mojaba». Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.
Qué fácil resulta entender, así, nuestra despiadada Guerra Civil. Si ahora no se dan delaciones y paseos por las cunetas, es sencillamente porque ya no se puede. Pero las ganas, el impulso, siguen ahí. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. La falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes. Pero no estoy seguro. Esa saña que lo mismo se manifiesta en una discusión política que entre cuñados y hermanos en una cena de Navidad es tan española, tan nuestra, que me pregunto quién nos metió en la sangre su cochina simiente. Desde ese punto de vista, el español es por naturaleza un perfecto hijo de puta. Por eso necesitamos tanto lo que no tenemos: gobernantes lúcidos, sabios sin complejos que hablen a los españoles mirándonos a los ojos, sin mentir sobre nuestra naturaleza y asumiendo el coste político que eso significa. Dispuestos a decir: «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, le metieron dentro».
Etiquetas:
Artículos ajenos,
Arturo Pérez-Reverte,
Nacionalismo
Saer, Deudas con el Quijote
Juan José Saer, "Nuevas deudas con el 'Quijote'", en El País, 19 ABR 2003:
Desde su aparición en 1605, la influencia del Quijote en la narrativa occidental (para limitarnos a Occidente y al género narrativo) ha sido cada vez más importante y podría decirse que, a partir sobre todo del siglo XVIII, fue ganando cada día un poco más de actualidad. Los más grandes nombres de la creación novelística posteriores a Cervantes se confiesan deudores de ese texto inagotable. Muchos personajes célebres de la ficción moderna tienen rasgos comunes con don Quijote: Madame Bovary, ciertos héroes dostoievskianos como el príncipe Mishkin o Aliocha Karamazov, los protagonistas de El proceso y El castillo, de Kafka; Lord Jim, de Conrad, pero también hay un Quijote en cada una de las novelas de Faulkner, que una vez declaró: "Leo el Quijote todos los años, como otros leen la Biblia". La psicología y el comportamiento de Philip Marlowe, el célebre detective privado creado por Raymond Chandler, serían incomprensibles sin tener en cuenta uno de los aportes fundamentales de Cervantes a la narrativa moderna: la moral del fracaso.
El mito es simplista y edificante; la novela, compleja y, al mismo tiempo, compasiva y cruel
Esa moral del fracaso constituye el golpe de gracia que el Quijote asesta a los valores de la epopeya, arrumbando definitivamente el género en el pasado. Lo que Adorno llama "la ingenuidad épica", o sea la irreflexiva inconciencia con que el héroe de la epopeya se arroja al mar de los acontecimientos para obtener la realización de un objetivo definido, pierde toda vigencia a partir del Quijote, donde no únicamente los objetivos del Caballero Andante son vagos o irrealizables, sino donde también los acontecimientos son de condición incierta, puesto que tienen para el héroe un sentido diferente del que tienen para los otros personajes, para el autor y para los lectores (por ejemplo, los molinos de viento son gigantes únicamente para don Quijote y siguen siendo vulgares molinos para todos los demás). A diferencia del héroe épico, que espera un progreso como resultado de sus aventuras, y que gana terreno, en muchos planos diferentes, a medida que esas aventuras se producen, don Quijote se encuentra al final de cada una de las suyas en el mismo lugar, defraudado e incluso malherido, física y moralmente, y sin embargo, aun habiendo anticipado vagamente su fracaso, decide continuar sus aventuras. Tal es la moral del fracaso que inaugura Don Quijote de La Mancha, y que está presente en la casi totalidad de la narrativa occidental moderna.
Sterne y Flaubert, Dostoievski y Kafka, Faulkner y John Dos Passos, Chandler y Borges, e incluso Thomas Mann, que una noche, en un barco que lo llevaba a Nueva York, soñó a don Quijote con los rasgos de Nietzsche-Zaratustra, hicieron suya esa inestimable lección de Cervantes. Pero otros aportes originales del Quijote han dejado también sus huellas en la narrativa ulterior. Por primera vez, la autonomía de la ficción aparece afirmada, con una discreta alusión, en el comienzo mismo del libro. La célebre primera frase: "En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme", puede ser interpretada en por lo menos tres sentidos diferentes: la fórmula no quiero acordarme, puede leerse también como no puedo acordarme, lo cual le resta importancia al lugar preciso donde los hechos ocurrieron, introduciendo de ese modo la tipicidad propia de los hechos de todo relato realista, de modo que cualquier lugar de que se trate vale para todos los otros lugares similares que ese lugar representa; pero si interpretamos literalmente el no quiero acordarme, es porque se trata de un lugar preciso que debe mantenerse secreto para que el lector no lo identifique, así como tampoco a los acontecimientos y a las personas de que se habla en el relato; y, por último, en paradójica contradicción con el sentido anterior, el no querer acordarse sugiere que importa poco cuál es ese lugar, puesto que la ficción debe preservar siempre su autonomía respecto de su referente, creando un mundo propio que no se limita a ser la copia del que supuestamente existe fuera del texto. Por otra parte, la elección de La Mancha como escenario para la novela, supone también cierta burla de la epopeya, porque La Mancha, en las intenciones de Cervantes, es el lugar más pobre y menos prestigioso que pudo encontrar, en oposición a los lugares legendarios de que provienen los héroes de las novelas de caballerías, que son el último avatar, ya un poco simplificado, del género épico.
Estos grandes hallazgos del Quijote, moral del fracaso y autonomía de la ficción, representan únicamente dos de los muchos aportes del libro a la narrativa. Podría señalarse también la superposición de un mundo ideal a un tratamiento realista de la materia ficticia, ya que el héroe vive en dos mundos a la vez, lo que volvemos a encontrar en el siglo XX en el Ulises de Joyce, donde cada uno de los capítulos del libro, minuciosamente realista, sigue el esquema ideal de un canto de la Odisea, construcción que, en definitiva, también constituye un desmantelamiento de la epopeya. Pero la crítica ha puesto asimismo de relieve el paralelo que puede hacerse entre el Quijote y ciertos relatos de Kafka, a partir de la misma imposibilidad en que se encuentran los personajes de progresar hacia un objetivo que es a la vez incierto e inalcanzable. Y si en Joyce encontramos rarísimas alusiones al Quijote, en los diarios y en los relatos de Kafka las referencias son abundantes.
Aunque las figuras de don Quijote
y Sancho se han vuelto no solamente universales sino también populares, a la manera de otros arquetipos literarios, como el binomio Sherlock Holmes/Watson, o el monstruo creado por el Dr. Frankestein que termina apropiándose del nombre de su creador, o el personaje doble que encarna en su persona el Bien y el Mal (Dr. Jekyll y Mr. Hyde), lo que diferencia a Don Quijote de La Mancha de esos mitos modernos, exceptuando quizá la novela de Mary Shelley, es la superioridad del texto literario a la versión estilizada del mito. La creación de un mito no es el objetivo principal de una obra literaria, sino la plenitud del goce intelectual, sensual y emocional que nos depara su lectura. También en ese sentido el texto del Quijote es ejemplar. La novela es infinitamente más rica que los arquetipos que segrega: el dúo don Quijote-Sancho es groseramente contrastado en el mito, pero sutilmente matizado en el texto; el mito, con la supuesta claridad de sus figuras, es imprudentemente afirmativo, en tanto que el texto, en su enmarañada minucia, suscita, al mismo tiempo que la imprescindible exaltación, dudas e interrogaciones; a diferencia del libro, el mito, que creemos conocer de una vez y para siempre, nos dispensa de la reflexión y de la relectura. El mito es simplista y edificante; la novela, compleja y al mismo tiempo compasiva y cruel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)