sábado, 31 de octubre de 2015

Nuevos documentos sobre Cervantes y otros autores manchegos.

El lujosísimo catálogo de 224 páginas e ilustraciones a todo color que me ha enviado el librero José Porrúa Turanzas contiene cosas bastante interesantes, pero demasiado caras para un bibliófilo menesteroso con sueldo de profesor como yo. Da, eso sí, algunas noticias interesantes: ha localizado el original manuscrito del informe que el boticario y vecino de Almodóvar del Campo Juan Antonio Fernández Granados mandó al médico Pedro Bedoya sobre la ciudad donde vivía, Almodóvar. Porrúa lo vende por 2500 euros, pero esos folios no merecen la pena por lo que dicen y además hay copia en la BN.

Acaso más importancia tiene en sí mismo un documento relacionado con la mujer de Cervantes, Carta de privilegio real otorgada por Felipe III a Ana Quijada de Salazar, de Esquivias, sobre juro de alquilar en su favor. El cuadernillo, de doce folios en pergamino, está fechado en Madrid a 2 de noviembre de 1610 y lo vende por 12.000 euros. Don José Porrúa debe pensar que soy Creso o alguien parecido, pero es tan avispado que ha atado cabos y descubierto la relación que existe entre el documento y los últimos y más que sugerentes descubrimientos biográficos sobre la mujer de Cervantes en los archivos de Esquivias.

Ana Quijada de Salazar (1577-1614) de Esquivias, era nieta de Juan Quijada de Salazar, citado en el Quijote y presunto modelo del inmortal personaje cervantino, casado en Illescas con Leonor de Salcedo. Su abuela fue ana Suárez Medina, hija de Gonzalo Medina Godoy, alcalde d elos hijosdalgo que fue procesado por la Inquisición pero liberaldo por ser nieto de Diego Muñiz de Godoy, caballero de Santiago y por tanto cristiano viejo. Su bisabuela sería María de Salazar, fallecida en 1537, hermana de Diego de Salazar, el que sería a su vez bisabuelo de la esposa de Miguel de Cervantes. Ambas poseen un tío abuelo común, fray Alonso Quijada, de la orden de San Agustín, modelo tal vez del Quijote también. En la casa de este Alonso Quijada es donde se hospeda Cervantes durante sus estancias en Esquivas.

El primer hecho que demuestra la presencia de Cervantes en Esquivias se produce en septiembre de 1584, cuando Cervantes viaja a Esquivias para entrevistarse con la viuda de su amigo el poeta Pedro Laýnez, e intentar publicar su obra póstuma, el Cancionero. Cervantes recibió un poder de manos de Juana Gaitán a través de un documento firmado el 22 de spetiembre de 1584 ante el escribano de Esquivias, Agustín del Castillo. Su cometido es entregar dicho poder a Ortega Rosa, procurador de causas en los Reales Consejos. En ese viaje Cervantes conoció a su esposa, Catalina de Palacios,  y el corto noviazgo se resolvió con la boda el 12 de diciembre de 1584 en la Iglesia Parroquial de Esquivias. Bendijo la unión el cura Juan Palacios, tío materno de Catalina, que tenía diecinueve años, mientras que Cervantes tenía ya 37.

Vivieron juntos en Valladolid y madrid, y volvieron a Esquivias varias veces para visitar a la familia, asistir a bautizos en los que eran padrinos e inaugurar la ermita de San Roque en 1602. En 1610 pasaron una temprada en la villa y el último viaje que realizó Cervantes fue precisamente a Esquivias. meses antes de morir, según relata en el prólogo del Persiles: " Viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias...". 

Algunos libros de los de su Catálogo (ya se sabe, los de estampas iluminadas a mano) los vende nada menos que a precios entre 120000 y 200000 euros. Estas cotizaciones son demenciales y para fetichistas, sobre todo en una época en la que casi todos los libros que valen la pena para un investigador se encuentran digitalizados. Eso sí, nada vale tanto como darle la mano a un amigo como es un libro.

martes, 27 de octubre de 2015

Mario Bunge: falso cientifismo y política

Mario Bunge, "La relación entre pseudociencia y política" El País 24-X-2015:

Adelanto del libro 'Materia y mente', del filósofo de la ciencia Mario Bunge, en el que se discuten algunas teorías supuestamente científicas usadas por políticos conservadores.

La pseudociencia es siempre peligrosa porque contamina la cultura, y cuando lo que está en juego es la salud, la economía o la organización política, la ciencia espuria pone la vida, la libertad y la paz en riesgo. Pero, desde luego, la pseudociencia se torna extremadamente peligrosa cuando goza del apoyo de los gobiernos, las religiones organizadas o las grandes empresas. Un puñado de ejemplos bastará para aclarar esto.

A partir de la Ilustración, la mayoría de los progresistas ha sostenido que el genoma no determina nuestro destino: que no sólo podemos aprender a pensar, sino también a sentir y actuar, tanto de forma directa, a través de la imitación y el aprendizaje, como de modo indirecto mediante la reforma social. En cambio, los conservadores y reaccionarios de todas layas han abrazado el innatismo o nativismo, la opinión de que nacemos con todas las características que emergen en el trascurso de nuestras vidas. Así pues, las escrituras sagradas hindúes consagraron el sistema de castas, la Biblia sostiene que los judíos fueron escogidos por Yahvé; Aristóteles, que los “bárbaros” eran inferiores a los helenos; los colonialistas europeos, que los pueblos conquistados eran salvajes, buenos sólo para ser esclavizados o exterminados, y un largo etcétera. La posición innatista-conservadora se debilitó considerablemente con la Ilustración y la subsiguiente difusión de las ideologías de izquierdas, pero resurge de cuando en cuando. Lo hizo con especial virulencia en forma de darwinismo social y más recientemente bajo el ala de la psicología evolucionista. Recordemos la última resurrección del innatismo “científico”.

La lista de logros de la “nueva ciencia de la naturaleza humana” de Pinker parece el preámbulo de un Manifiesto de la Nueva Derecha, más que un resumen de descubrimientos científicos".

Steven Pinker, un profesor de Harvard y el psicólogo más popular de nuestra época, dedica un capítulo íntegro de uno de sus influyentes libros a las cuestiones políticas que rodean el dilema ambientalismo/innatismo. Pinker afirma que “las nuevas ciencias de la naturaleza humana”, desde la genética hasta la psicología evolucionista, justifican lo que él llama una visión trágica. Se trata, ni más ni menos, que del individualismo y el pesimismo de la economía ortodoxa y la filosofía política conservadora, desde Hobbes, Burke, Schopenhauer y Hayek hasta Thatcher y Reagan. Pinker cita, en particular, los siguientes “descubrimientos” de esas “ciencias nuevas”: “la primacía de los lazos familiares”, a pesar del hecho de que en la mayoría de los casos los miembros de las empresas, los grupos políticos, los laboratorios, los regimientos y los equipos deportivos no están relacionados genéticamente; “el limitado alcance del reparto comunal en los grupos humanos”, aunque todas las sociedades humanas y muchas empresas modernas son cooperativas; “la universalidad del predominio y la violencia en todas las sociedades humanas”, a pesar de que la tasa de homicidios ha disminuido en todas las sociedades civilizadas durante el pasado siglo y ni siquiera las sociedades más divididas son básicamente tiránicas o violentas; y “la universalidad del etnocentrismo y otras formas de hostilidad entre grupos en todas las sociedades”, como si la innegable lucha no estuviese equilibrada por la cooperación, el cumplimiento de las leyes y los intereses materiales.

Pero eso no es todo: para convencernos de que, básicamente, todos somos unas bestias egoístas y ruines, Pinker completa la lista anterior con lo siguiente: “la heredabilidad parcial de la inteligencia, la meticulosidad y las tendencias antisociales”, aunque todas esas capacidades pueden fomentarse o reprimirse mediante la educación y el control social informal; “la prevalencia de mecanismos de defensa, la parcialidad interesada y la reducción de las disonancias cognitivas”, las cuales, aunque reales, son, sin duda, menos acentuadas en las sociedades del estado de bienestar que en la “liberales”; “los sesgos del sentido moral humano”, incluidos el nepotismo y el conformismo, lo cual es cierto, pero no implica pasar por alto el hecho de que junto al egoísmo se dan el altruismo y el inconformismo, y que con frecuencia el progreso político incluye el progreso moral. Todo esto constituye un claro ejemplo de reduccionismo radical fallido; en este caso ha fracasado la reducción de las ciencias sociales a la genética y la psicología. Además, la lista de logros de la “nueva ciencia de la naturaleza humana” de Pinker parece el preámbulo de un Manifiesto de la Nueva Derecha, más que un resumen de descubrimientos científicos. El compromiso con una ideología política reaccionaria es un indicador fiable de la naturaleza pseudocientífica de una disciplina.

Los autoproclamados psicólogos evolucionistas afirman confiadamente que la desigualdad social está en los genes y que, por consiguiente, las revoluciones sociales están condenadas al fracaso"
Gran parte de lo anterior vale también para los autoproclamados psicólogos evolucionistas a los que Pinker admira: ellos también afirman confiadamente que la desigualdad social está en los genes y que, por consiguiente, las revoluciones sociales están condenadas al fracaso. Barkow, por ejemplo, uno de los fundadores, escribe: “La estratificación social es un reflejo del hecho evolutivo de que las personas desean más ventajas para sus hijos de las que desean para los hijos de los demás”. Sin embargo, seguramente las barreras de clase, por definición, ralentizan o impiden del todo la movilidad social. De lo que se sigue que sólo una sociedad sin clases o, al menos, una sociedad en la que las barreras sociales sean permeables, permite el desarrollo personal. Adviértase que este es un argumento puramente lógico. Lo que sí exige pruebas empíricas es el supuesto de que la ambición de tener más descendencia es innata y, por tanto, universal. Pero la genética humana no ha confirmado esta afirmación de la genética pop.

En lugar de tener raíces biológicas, la estratificación social tiene un fuerte impacto en la calidad y la duración de la vida: la gente situada en lo alto vive mejor y más tiempo que sus subordinados. He aquí a grandes rasgos el mecanismo psiconeuroendocrinoinmunitario: subordinación → estrés → liberación de cortisol → elevación de la presión sanguínea y la glucemia → mayor morbilidad. Por eso la vida es mejor y más larga en Japón y en los países nórdicos que en las sociedades menos igualitarias, como Estados Unidos y el Reino Unido.

Los legisladores estadounidenses recurrieron a la eugenesia, fomentada en una época por muchos científicos e intelectuales públicos de buena fe, para proponer y aprobar proyectos de ley que restringían la inmigración de personas de “razas inferiores”
Además, los arqueólogos sociales han descubierto que la estratificación social no surgió hasta hace unos 5000 años, junto con la civilización. Tal como dice Trigger en su monumental tratado, “los antropólogos utilizan la expresión ‘antiguas civilizaciones’ para las formas más antiguas y simples de sociedad, en las cuales el principio rector básico de las relaciones sociales no era el parentesco, sino una jerarquía de divisiones sociales que atravesaba trasversalmente la sociedad, cuyos estamentos poseían desigual poder, riqueza y prestigio social”. Sin embargo, pasemos a otros especímenes de pseudociencia.

Los legisladores estadounidenses recurrieron a la eugenesia, fomentada en una época por muchos científicos e intelectuales públicos de buena fe, para proponer y aprobar proyectos de ley que restringían la inmigración de personas de “razas inferiores” y condujeron al internamiento de miles de niños considerados débiles mentales. Esa misma “ciencia” justificaba las políticas raciales de las potencias coloniales y los nazis, y llevó a la esclavización o asesinato de millones de amerindios, indios, negros, eslavos, judíos y gitanos.

Hay consenso de que las culpables de esta crisis son las políticas de 'laissez faire' aplicadas por los gobiernos estadounidense y británico desde los tiempos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher"
La crisis mundial que comenzó en 2008 es un ejemplo más actual de las catastróficas consecuencias sociales que resultaron de las políticas sociales inspiradas en filosofías económicas y políticas equivocadas. En efecto, hay consenso de que las culpables de esta crisis son las políticas de laissez faire aplicadas por los gobiernos estadounidense y británico desde los tiempos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Ahora bien, laissez faire no es un lema ideológico aislado: se trata de la consecuencia lógica de dos dogmas que se mantienen de forma acrítica, pese a los cambios en la realidad económica desde que Adam Smith (1776) publicó su gran obra. Estos dogmas son los principios de que a) el único objetivo de la actividad económica es el beneficio privado; y b) el mercado libre (no regulado) se autorregula, es decir, está siempre en equilibrio o cerca del mismo, por lo que, sin duda, toda intervención tendrá en él un efecto perjudicial.

A su vez, la hipótesis anterior se apoya en tres doctrinas filosóficas aceptadas sin examen: una ontología individualista, una gnoseología acientífica y una ética individualista. El individualismo es la tesis de que sólo los individuos existen: que las entidades colectivas, como las empresas y las naciones, son producto de la imaginación. Esta tesis es errónea: lo que es ficticio es el individuo aislado. Tal como hemos sostenido en otra parte, todo lo que existe en el mundo real es un sistema o un componente de un sistema. En este caso particular, las acciones de individuo sólo pueden comprenderse en su contexto social. Se puede comenzar el análisis en el nivel micro o en el macro, pero ningún análisis será satisfactorio si desatiende uno de los dos extremos. La lección metodológica es que toda explicación satisfactoria de un hecho social incluirá lo que he llamado diagramas de Boudon-Coleman (Bunge, 1996). He aquí un ejemplo reciente:


Los diagramas de Boudon-Coleman van a contracorriente de la metodología individualista radical, la cual exhorta a permanecer siempre en el micronivel. Este punto de vista metodológico no puede mantenerse neutral en la controversia gnoseológica entre realismo (u objetivismo) y subjetivismo: si es coherente, ha de comenzar en la experiencia cognitiva individual y no en el conocimiento, el cual se aprende en sociedad y se pone a prueba en las comunidades científicas (el “escepticismo organizado” de Merton). Por consiguiente, el individualista metodológico debe ser o bien un subjetivista radical (como Berkeley, Kant, Fichte o Husserl), o bien un empirista radical (como Hume, Comte, Mill o Carnap). La combinación de Popper de individualismo metodológico radical y realismo gnoseológico no funciona.

No hay duda de que toda política económica hará progresar unos intereses al tiempo que perjudicará otros. En resumen, toda política pública está moralmente comprometida"
Así como el holismo se acompaña de una ética del deber, como ocurre con las de Confucio y de Kant, el individualismo está unido a la consigna egoísta “cada uno para sí”. El sistemismo, en cambio, propone una ética humanística en la cual los derechos y los deberes son igualmente importantes. En esta filosofía moral, todo derecho supone un deber y viceversa. Por ejemplo, mi derecho a ganarme la vida supone el deber de ayudar a otros a sobrevivir, y mi deber de pagar impuestos supone mi derecho de participar en la decisión de cómo se gastará ese dinero. Sostengo que las personas corrientes se rigen por una filosofía moral como esta, en tanto que los economistas ortodoxos y los políticos conservadores predican la deontología a las masas mientras aconsejan el egoísmo a sus clientes.

Todas las economías desarrolladas se rigen por políticas de alguna clase. A su vez, esas políticas se diseñan sobre la base de teorías económicas y principios morales, y son propuestas o puestas en práctica por partidos políticos y gobiernos:


El economista ortodoxo objetará la inclusión de la política y la moral entre los determinantes de las políticas económicas: dirá que se trata de reglas puramente técnicas pertenecientes al manual de operación de la maquinaria macroeconómica. Esta afirmación, sin embargo, es incorrecta en el mejor de los casos y no sincera en el peor de ellos, puesto que no hay duda de que toda política económica hará progresar unos intereses al tiempo que perjudicará otros. Por ejemplo, el comercio libre favorece a los fuertes mientras que frena el desarrollo de los débiles; y el estado de bienestar mejora la suerte de los pobres mediante impuestos a los ricos. En resumen, toda política pública está moralmente comprometida. Así lo entendió el gran socioeconomista Gunnar Myrdal cuando, hace ya tiempo, nos exhortaba: ¡Declarad vuestros valores! Si no lo hacemos, tal vez estemos contribuyendo a justificar la pseudociencia o la ciencia mercenaria, sobre la cual diremos algo a continuación.

Este texto es un extracto del libro de Mario Bunge Materia y mente. Una investigación filosófica, publicado por Editorial Laetoli, Pamplona, 2015. Es el séptimo volumen de la Biblioteca Bunge (www.laetoli.es). Traducción del inglés de Rafael González del Solar.

domingo, 25 de octubre de 2015

Luis García Montero en Ciudad Real

De El Crisol:

El IES Atenea ha dado inicio esta tarde a las actividades organizadas con motivo del 25 aniversario de su fundación. Y lo ha hecho a través de la palabra del poeta, profesor y político Luis García-Montero, que ha profundizado en la importancia de la educación para la sociedad y de las humanidades para la educación.

garcia-montero ateneaIIEl acto celebrado en el pabellón ferial, ha contado con la presencia del presidente de la Diputación, José Manuel Caballero, el director general de Planificación Educativa, Antonio Serrano, en representación de la Junta, y varios concejales del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Ciudad Real.

“Queremos dar relevancia al 25 Aniversario y aprovecharlo para que los alumnos reciban formación en diferentes ámbitos“, explicaba la directora del centro, Ana Trillo, que ha sido la encargada de abrir el acto haciendo un breve recorrido por la historia y los valores que han caracterizado al Atenea.

El poeta granadino, que antes de la conferencia ha impartido un taller de poesía a un grupo de alumnos del centro, destacaba la relevancia de una formación que tenga como base las artes y las humanidades para que “la gente utilice con conciencia humana la técnica y la ciencia”. “Me parecen muy tontos los humanistas que desprecian la ciencia, pero también me parece una torpeza despreciar las humanidades”, añadía.

garcia-montero ateneaLa educación como pilar básico de la sociedad democrática ha sido otra de las ideas que ha defendido García-Montero durante su intervención. “Desde que se inventó el contrato social como base de la sociedad democrática ha sido indispensable acompañarlo con el contrato pedagógico. Si no formamos a los ciudadanos para que se responsabilicen de su sociedad no puede haber sociedad democrática”.

Una relevancia que choca con la situación que se vive en nuestro país donde sigue sin existir un consenso básico sobre el modelo educativo. “Creo que un pacto por la educación es imprescindible“, comentaba el poeta granadino, recordando no obstante que “el máximo responsable de esto es el PP”.

“Cuando todos los otros partidos, los sindicatos, las asociaciones y los representantes de estudiantes se han puesto de acuerdo para aprobar una ley, el PP ha roto la unidad. Y cuando ha estado en el Gobierno se ha empeñado en aprobar su ley particular sin el respaldo de los demás sectores de la educación”, ha dicho García-Montero, señalando que será uno de los principales retos para la próxima legislatura conseguir un pacto por la educación que incluya a todos.

Al concluir la conferencia, los asistentes han podido visitar las nuevas instalaciones de la biblioteca del centro, cuya ampliación ha sido inaugurada por el propio Luis García-Montero.

Las actividades para celebrar este 25 Aniversario del IES Atenea continuarán durante el resto del año, manteniendo como en esta ocasión algún tipo de conexión con el distintos ámbitos educativos.

martes, 20 de octubre de 2015

Entrevista a Rüdiger Safranski

Safranski: “Hoy solo un futbolista alcanzaría la fama de Goethe”, en El País, 19-X-2015:

Filósofo y escritor, último vestigio de intelectual sin fronteras enamorado de Europa, Rüdiger Safranski ha escrito monografías sobre Schiller, Heidegger, Nietzsche o Goethe. En esta entrevista, celebrada en su casa de la Selva Negra, disecciona la Alemania actual y a Merkel, a la que define como una mujer sin ideología

Si algo queda del maltrecho espíritu europeo, tal vez se esconda en Badenweiler, ciudad termal de la Selva Negra donde lo último que hizo Chéjov antes de morir de tuberculosis fue tomar las aguas. El escritor alemán Rüdiger Safranski compró en 2008 una preciosa casa neoclásica de dos pisos con jardín construida en 1860 frente a las principales atracciones del refinado pueblecito: los baños (“que fueron tan célebres como los de Baden-Baden”, advierte con orgullo el ensayista) y el Grand Hotel Römerbad; su vestíbulo coronado por una cúpula de dos alturas, ideal para la interpretación de música de cámara, es el lugar escogido por Safranski para celebrar la semana próxima la cuarta edición del festival literario temático del que es fundador y director, y que este año está dedicado al “Gran desorden amoroso”.

Aquí, encrucijada de tres países, vive y trabaja entre libros, camafeos de hombres ilustres y cofres integrales de Bach, uno de los faros intelectuales de un país donde la filosofía aparentemente da para pagar las facturas. Tanto su faceta de biógrafo de grandes pensadores que ayudaron a forjar el espíritu nacional (Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger, Schiller…) como sus obras de carácter analítico (sobre el mal, la verdad o la globalización) resultan en libros que compran decenas de miles de lectores y se encaraman en la lista de los más vendidos. En España, donde cuenta con una parroquia fiel, acaba de publicarse Goethe. La vida como obra de arte, mientras que las mesas de novedades alemanas exhiben su nuevo ensayo sobre el tiempo. A la entrevista asistió en calidad de traductor del alemán su editor en Tusquets, José María Ventosa.

Es en cierto modo una vuelta a sus orígenes. Usted nació cerca de aquí. Así es, vine al mundo en Rottweil, en el sur de Alemania. Mis padres eran prusianos del Este. Esto ya se aprecia en el propio apellido: Safranski tiene raíces polacas. En la II Guerra Mundial, mis padres fueron expulsados de Königsberg [actual Kaliningrado]. Hui de los rusos en el vientre de mi madre. Y nací en Rottweil, con tanta tensión, una semana antes de lo previsto… En Alemania, a los que somos del 45 se nos conoce como los expulsados del hogar. Pienso inevitablemente en ello ahora, con estos flujos de inmigración que estamos viendo. Entonces, 12 millones de alemanes tuvieron que desplazarse a consecuencia de una guerra que los propios alemanes provocaron. La integración no resultó sencilla. El oeste acogió a mucha mano de obra procedente de un país destruido, y esto contribuyó al milagro económico de los años cincuenta. Al final fue una historia de éxito. Nosotros [él y su mujer, Gisela Maria, a quien está dedicado el libro con la frase “¿a quién si no?”] hemos vivido en Múnich y Berlín, pero ahora pasamos la mayor parte del tiempo aquí. Cuando queremos volver a sentir la neurosis ciudadana, como diría Woody Allen, vamos a Berlín.

¿Cómo fueron aquellos años de posguerra a los ojos de un niño? Rápidamente me di cuenta de que existían dos sociedades. En la escuela hablaba el dialecto suabo, y en casa, el alto alemán. No los mezclaba. En la universidad, primero en Fráncfort y luego en Berlín, solo hablaba alto alemán. Al menos, me sirvió de algo. Escribí una biografía e hice un documental sobre Heidegger [nacido en la región, más al este], y puedo decir que un pensador como él puede entenderse mejor si se conoce la mentalidad suaba. Los suabos son más lentos, prudentes, ahorradores. Hay pueblos en los que uno de cada dos habitantes tiene un Mercedes.

¿Qué sentido tiene hoy una biografía de Goethe, uno de los hombres más estudiados de la cultura occidental? Escribí un libro sobre Schiller, otro sobre el Romanticismo y un tercero dedicado a la amistad entre Schiller y Goethe, y para mí estaba claro desde el principio que la conclusión de este ciclo tenía que ser un libro sobre Goethe. Tenía el proyecto de describir el renacimiento de la cultura alemana. La época de Goethe fue la más productiva de nuestra historia y tuvo además una gran irradiación europea. Mi intención era describir en su conjunto este extraordinario momento, aclararlo en alguna medida. Es cierto que Goethe es el mayor objeto de estudio de los filólogos y humanistas desde hace 200 años. Es increíble. Mientras que sobre Shakespeare apenas sabemos nada, Goethe está en el otro extremo. El problema no era, pues, la falta de información. Así que lo que pretendí en 2010, cuando empecé a trabajar en esta biografía, fue propiciar mi encuentro, el de Rüdiger Safranski, con Goethe; sobre todo, con su obra. He leído con especial intensidad sus cartas: solo su correspondencia ocupa 54 volúmenes, y cada uno tiene unas 450 páginas. Es imposible leerlo todo, pero si se dispone de la información adecuada, uno sabe a qué fuentes acudir. Un Goethe sin intermediarios, esa era mi idea. Manejé una cantidad enorme de textos. También disponemos de las extraordinarias páginas de las conversaciones. Goethe fue para sus contemporáneos una personalidad tan fascinante que todo aquel que hablaba con él corría a transcribir su charla.

 ¿Qué grado de fama diría que alcanzó en términos contemporáneos? Hoy solo un futbolista alcanzaría una fama semejante. Goethe fue ya en su tiempo alguien muy, muy célebre, una figura carismática; además de un ser de hermosa apariencia, elegante. Cuando publicó Las penas del joven Werther, sin casi medios para darse publicidad, conquistó una gran fama. La gente peregrinaba a Fráncfort, donde vivía entonces, para ver de cerca a aquel monstruo extraordinario, para que les concediera audiencia. Y el propio Goethe, como explico en el libro, se decía: “¿Soy un profeta o un poeta?”. Él no quería ser profeta, pero le tomaron por uno. El problema es que como poeta le resultaba todo demasiado sencillo. Terminó Werther en cuatro semanas, el manuscrito se ha conservado y no luce ninguna corrección. Lo escribió de un tirón. Esto acabó convirtiéndose en un problema para él. En sus años de juventud en Fráncfort siente que se ha hecho famoso, ha escrito una novela, poesía, pero parece que todo esto le ha venido como por descontado. Le atenazaba el sentimiento de no haber hecho nada aún, de no saber apenas lo que es la vida. Entonces atiende a la llamada del duque [Carlos Augusto] y se va a Weimar; necesita hacer cosas, encargarse de la construcción de caminos, de las minas, hacer algo concreto, trabajar en la Administración. Es asombrosa su disposición para aprender. Ese es el tema para Goethe, la conciliación entre vida y obra. Había construido una obra, pero ¿dónde quedaba la vida?

¿Qué debe tener un personaje para atraer su atención de biógrafo? Debo sentir cierta empatía emocional. Un ejemplo: de Schopenhauer me fascinó que desarrolló una filosofía pesimista, pero llevó una vida serena. Quizá no feliz, pero sí equilibrada, sin caer en absoluto en la desesperación. Cómo se produce el equilibrio entre pensamiento y vida es lo que une a los personajes de mis biografías. Goethe fue un maestro a la hora de equilibrar ambos aspectos. De ahí el subtítulo de la obra, “La vida como obra de arte”. Si nos vamos al otro extremo, con Nietzsche se comprueba la forma tan catastrófica en que pueden llegar a oponerse vida y obra, hasta el punto de acabar en la locura. Por eso Nietzsche estaba tan maravillado con Goethe; para él era el ideal de equilibrio entre vida y obra.

Si aquella Alemania de Goethe y Schiller fue un faro cultural…, ¿qué es hoy? ¿Es su país un referente más allá de lo político y lo económico? Goethe estaba convencido de que Alemania no necesitaba ser un Estado nacional, le bastaba ser una potencia cultural. Creía en aquella amalgama de pequeños Estados, no veía la necesidad de construir un gran Estado central. Por eso le gustaba la figura de Napoleón. Significaba el fin de los nacionalismos, como el líder de un nuevo Imperio Romano que pudo ser. Hoy, este es un país poderoso económicamente que usa su fuerza a veces correctamente y otras no tanto. En la crisis de los refugiados está dando un buen ejemplo. Pero culturalmente ya no es nada especial. Es una potencia mediana, no diría que mala, solamente mediana. No hay autores de la categoría de Goethe. No obstante, lo que sigue siendo modélico es el mercado del libro; tenemos una enorme cantidad de espléndidas librerías gracias a la política del precio único y a una defensa frente a las políticas neoliberales, algo que es muy, muy importante. Contamos con una gran red de bibliotecas públicas que funciona, así como una considerable proporción de teatros en relación con la población. Y eso tiene que ver con nuestra historia de pequeños Estados nacionales alemanes. En Francia está París y solo París; en España, Madrid y Barcelona. Pero en Alemania, en cada ciudad había un teatro o una ópera. De la tradición de aquellos pequeños Estados ha surgido este paisaje cultural.

La de Goethe es también la época del nacimiento de la fascinación alemana por la cultura helena. ¿Cómo casa esa fascinación con la actitud de Merkel en la crisis griega? Alemania ha promovido una política de austeridad rigurosa. Pero esta no fue solo un invento de Alemania, sino que también lo fue de Maastricht, un concepto europeo. Se ha comprendido tarde, y esto sí es culpa de Alemania, que esta forma de política de austeridad podía conducir a una nueva catástrofe. Algo sin duda lamentable. Ahora comienza una lenta reorientación, se comienza a entender, pero no lo suficientemente deprisa, que una política así no es sana para un país. Alemania se aplicó especialmente en ser europea, porque a los alemanes no se les permitía liberarse de una historia nacional nefasta. Esta política es nuestra huida hacia Europa, nuestro afán por dejar atrás viejos fantasmas. Se ha planteado como una venganza por parte de Alemania, cuando en realidad se trataba de poner en práctica lo que los europeos habían acordado. Otra cosa es que ahora sepamos que no era en absoluto una política racional y que debe ser modificada. El gran error fue la introducción del euro. No se entendió que el sur es diferente del norte. Además, por culpa de esta economía basada en el euro, la conciencia europea se ha visto envenenada. Se contempla todo a través de las gafas de la economía…

Que no es precisamente la ciencia más empática… Antes de la crisis, Grecia representaba desde el punto de vista alemán el Sur, una forma de vida despreocupada, la gente en los cafés, las mujeres…, todo eso parecía bastante hermoso; ahora todo se ve a través del filtro de la economía, los griegos son, ah, esa gente que no trabaja, que se pasa todo el día en la calle… La tolerancia ante diferentes formas de vida está envenenada. Todos miran a los demás como meros economistas. El propio Goethe nos enseñó que la vida es mucho más rica que lo que las categorías económicas y políticas dictan. Cuando el canciller Konrad Adenauer viajó a Grecia en los años cincuenta, su servicio de seguridad lo formaban siete personas. Cuando Merkel viajó a Grecia, la acompañaron 7.000 agentes de seguridad. Esta es la historia del euro ahora, y por esto Merkel no puede dejarse ver en Grecia.

Lo positivo de Merkel es que, a diferencia de lo que les ocurre a muchos hombres, carece de la vanidad del poder.

¿En qué lugar cree que colocará la historia a la canciller? Lo positivo de Merkel es que, a diferencia de lo que les ocurre a muchos hombres, carece de la vanidad del poder. Es muy pragmática y a su manera tiene capacidad para aprender y carece de vínculos ideológicos. No me sorprendería que a la larga, muy poco a poco, muy lentamente, pueda llegar a hacer cambios. Está muy pendiente del sentir de la mayoría de la población y no cree en exigir mucho a la gente. Es una política capaz de aprender, y eso me parece muy positivo. Es una persona que carece absolutamente de ideología. Si se quiere ver negativamente, podría decirse que es una oportunista.

¿Siguen presentes los fantasmas del nazismo en la sociedad alemana? La derecha radical nos condujo a los alemanes al abismo. Por supuesto que hay todavía radicales de derecha, que atacan a los refugiados y queman los centros de acogida. Pero en Alemania, la cuestión del pasado nacionalsocialista se abordó con mucho, muchísimo detenimiento, y quizá también con un poco de ejemplaridad. En este aspecto, ahora tenemos otros peligros, pero no el de que vuelvan esos fantasmas, sino otros nuevos.

¿Cuáles? Que la solidaridad social y la cohesión vayan por separado, que el número de los que lleguen sea demasiado alto y que la sociedad pierda su ensamblaje interno. ¿Qué observamos en Inglaterra o en Francia? Los peligros derivados de esta nueva emigración, que por una parte es un asunto humanitario que atañe a Europa, pero que también supone una amenaza para la cohesión social. El otro gran peligro es el nihilismo espiritual. Estamos en una época aventurera. Vivimos el crepúsculo progresivo del cristianismo, que durante 2.000 años había señalado, por así decir, dónde estaba el cielo sobre la sociedad, la fe, la trascendencia. Todo eso se ha disuelto. En lugar de ello, nos hemos instalado en una dimensión horizontal: la verticalidad se ha perdido. Ahí tenemos Internet; no sabría decir cómo se ha desarrollado esto, pero hay una pérdida de sustancia en la realidad espiritual. A la larga, las sociedades sin cohesión espiritual no pueden sobrevivir. El economicismo solo trae nihilismo.

¿Diría que la revolución de Internet es la más importante a la que ha asistido en su vida? Desde un punto de visto amplio, la revolución digital ha cambiado las bases de la vida entera. En los años sesenta, en cambio, lo que hubo fue un cambio de mentalidad. El trasfondo más importante para la revolución cultural del 68 fue la invención de la píldora. Este es el acontecimiento revolucionario más importante de los últimos 60 o 70 años, la separación de la sexualidad y la reproducción. Sin la píldora no habríamos tenido a los Rolling Stones; sin los Rolling Stones no se habría dado el movimiento del 68; sin la píldora no habría habido comunas, ni liberación sexual, ni feminismo, etcétera. Por tanto, en el 68 hubo un profundo y revolucionario cambio cultural, cuyo siguiente acto es ahora la revolución digital, de la que aún no podemos ver todas sus consecuencias. El mundo es realmente complejo, por una parte tenemos la revolución digital, la comunicación horizontal de todos con todos, y también el movimiento de los refugiados, la descomposición de los Estados de Oriente Próximo. Tenemos tanta emigración como al final del Imperio Romano. En Alemania existe una hermosa expresión: la simultaneidad de lo que no es simultáneo. Aquí coexisten la modernidad más absoluta y también casi el retorno de la Edad Media. La realidad es esta: llegan los refugiados en botes a través del Mediterráneo. Y aquí estamos nosotros, comunicándonos con el mundo entero. Ambas cosas conforman el conjunto de la situación.Otro ejemplo es el del Estado Islámico, que representa las mayores crueldades medievales, que destruye monumentos, pero que está equipado con los más modernos medios de comunicación. Con los medios de comunicación más modernos puedes anclarte absolutamente en la Edad Media. Esta es la realidad. Y un tercer ejemplo: tenemos una increíble densidad de comunicación, que es Internet, pero se ha puesto de manifiesto que la mayoría de los contenidos que se intercambian son pornográficos.

Como alguien que ha estudiado el mal a fondo, ¿cree que lo que representa el Estado Islámico traspasa una frontera inédita en la historia de la humanidad? El mal existía antes del Estado Islámico: el nacionalsocialismo, el asesinato industrializado de los judíos, todas las atrocidades de las guerras mundiales…, pero el Estado Islámico ha inaugurado un nuevo capítulo. Bajo el paraguas de dogmas religiosos, religiosos entre comillas, se ha dado a los jóvenes la oportunidad de cometer las mayores bestialidades. Eso es nuevo. Esta capacidad para el mal y la crueldad está potencialmente en cada uno de nosotros. Depende de las situaciones en que nos veamos el que esa capacidad pueda ser liberada, y no solo liberada, sino también premiada. Basta designar a un enemigo y esa potencialidad se desencadena. Esto demuestra lo preciosa que es la civilización; con sus reglas y sus leyes, es una forma de domesticación. Cuando escribí el libro sobre el mal [El mal o el drama de la libertad, 1997] no pensaba que la situación pudiera empeorar tanto. En teoría, puedes elucubrar con lo que sucedería si se abriera la botella, esto estaba para mí muy claro, pero lo que no pensaba es que la botella fuera a abrirse realmente.

Rüdiger Safranski

Rottweil, 1945. Estudió en los sesenta, en Fráncfort, Filosofía, Germanística, Historia e Historia del Arte con, entre otros, el legendario pensador Theodor W. Adorno. “En sus clases se sentaban miles de alumnos. Dos tercios de los que le escuchaban no entendían una palabra, pero sabían que era importante”, recuerda. Tras unos años en el mundo académico, se estableció como escritor. Su especialidad son las biografías de grandes hombres de la época más gloriosa del pensamiento alemán. Vive en la Selva Negra junto a su mujer, Gisela Maria, a quien dedica su último ensayo sobre Goethe. Habitual de la televisión y los diarios alemanes, también ejerce un activo papel como intelectual interesado por los asuntos de la actualidad.

¿Cuál es su secreto para acercar a miles de lectores ideas tan complejas sobre el mal o la verdad? Escribo solo acerca de lo que yo mismo veo con claridad [risas].

La pregunta se debe también a su experiencia televisiva, aquel ‘Cuarteto filosófico’ que presentó con Peter Sloterdijk en horario nocturno en la cadena pública ZDF durante una década… Algo impensable en España. Fue una hermosa experiencia, me divertí mucho con mi amigo Sloterdijk. Trabajamos muy bien juntos. No nos resultaba complicado: solo teníamos que llamarnos por teléfono para ver a quién invitábamos al programa. En la televisión nunca nos prohibieron nada, nos dieron total libertad. Pero tras 10 años, en la televisión tienen que surgir cosas nuevas, y las emisiones llegaron a su final. Me parece una lástima que no haya ningún programa semejante. Aquel era un buen modelo. Aunque he reducido mis apariciones, intervengo todavía en un programa de la televisión suiza, un club literario que también se emite en Alemania; siempre me muevo entre la literatura y la filosofía. En definitiva, resulta divertido si uno sabe ponerle límites y si se puede compaginar con otras cosas. En la actualidad, con los temas candentes de los refugiados, de la crisis griega, pienso que es una lástima que ya no exista nuestro Cuarteto, era una oportunidad para reflexionar sobre todas estas cuestiones desde un punto de vista filosófico, con un poco de serenidad y sin necesidad de pelearse. Algo así falta ahora lamentablemente.

Su libro más reciente trata sobre el tiempo… ¿Qué diablos hemos hecho con el tiempo? El tiempo es naturalmente un tema mayor, sobre el que, entre otros, han escrito los físicos. Yo quería escribir un libro sobre las diferentes formas en que experimentamos el tiempo, es decir, filosóficamente, desde un punto de vista fenomenológico, no sobre cómo medimos el tiempo, sino sobre cómo lo experimentamos en la realidad. Arranca con el tema del aburrimiento; cuando nos aburrimos, cuando no sucede ningún acontecimiento en el interior del tiempo, es cuando mejor podemos experimentar lo que es el tiempo. A partir de ahí trato la experiencia del comienzo, los mecanismos para socializar el tiempo, para convertirlo en el tiempo rendible de los economistas; el tiempo del mundo de las finanzas, etcétera. Con la muerte nos enfrentamos al tema de la eternidad y la inmortalidad. Desde el aburrimiento hasta la eternidad, he pretendido presentar un panorama de nuestras formas de experimentar el tiempo.

¿Cree a quienes prometen que la tecnología nos acercará a la inmortalidad? Mejor que no [risas]. No, no, es muy importante que tengamos un límite. En una ocasión, tras una conferencia, le preguntaron al gran teólogo Karl Barth si creía realmente en la inmortalidad y que al morir iríamos al cielo, y si allí encontraríamos a todos nuestros seres queridos y a la gente que apreciábamos. Y Karl Barth, fumando de su pipa, respondió: “Sí, a todos los seres queridos, pero también a todos los demás” [risas]. Por otra parte, Woody Allen también dijo que por supuesto que creía en el paraíso. La pregunta es si queda muy lejos del centro y qué horario de apertura tiene.

Nuevo libro sobre la Ilustración

Fernando Savater, "La agonía de la Ilustración. El historiador británico Anthony Pagden ofrece una visión actual de los objetivos ilustrados", en El País, 19 OCT 2015:

Quizá algunos de los lectores más veteranos recuerden la entonces famosa boutade sesentayochista, atribuida a diversos profesores franceses (yo la leí en una pared de Nanterre, pero algo después): “Platón ha muerto, Hegel ha muerto, Nietzsche ha muerto… y yo no me encuentro nada bien”. Quizá hoy podríamos parafrasearla diciendo: “Montesquieu ha muerto, Voltaire ha muerto, Kant ha muerto… y quienes quisimos ser ilustrados no nos encontramos nada bien”. Pero ¿en qué consiste la Ilustración si no queremos dejarla reducida a otra etiqueta pegada a uno de esos casilleros en los que metemos con calzador un periodo histórico bastante caprichosamente delimitado, cortando al modo en que lo hacía el bárbaro Procusto lo que falta o lo que sobra para que todo confirme la teoría previamente adoptada?

La Ilustración, en todas las épocas en que podemos sin exageración o manipulación detectarla (sea la Grecia clásica, la Roma que inventó y justificó el Derecho, la Edad Media de Abelardo y Guillermo de Occam, Erasmo, el Renacimiento, la era barroca en que aparece la ciencia moderna…), es el esfuerzo por establecer el alcance y límite de lo humano a partir del rasgo humano por excelencia, la razón que deduce, experimenta y concluye, en lugar de aceptar lo que sobre ella establecen las leyendas y costumbres tradicionales. En cualquiera de sus avatares, el ilustrado se alza pidiendo argumentos y debates —la razón nunca es revelación única, sino relación entre varios que no ponen ninguna autoridad divina o humana por encima de ella— y proclama firmemente que así podemos alcanzar las verdades vitales que nos interesan, o al menos aproximarnos con tanteos y dudas a su paulatina elucidación. En una palabra, frente a los creyentes que aceptan, tiemblan y confían, los ilustrados son pensantes que ponen en cuestión, discuten, concluyen… y también confían. Alcanzar una frágil balsa de confianza para flotar sobre tormentas y tormentos, en ese objetivo definitoriamente humano coinciden por caminos opuestos la fe de los sencillos y la razón de los ilustrados.

A partir de La dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer, una obra llena de sugestiones a veces geniales y otras genialoides, pero que en modo alguno zanjaba la cuestión, se puso de moda culpar a la Ilustración de los atroces males totalitarios del siglo XX. Los campos de concentración, tanto Treblinka como el Gulag, provenían de la aplicación del método industrial al exterminio humano. Y claro, ese método industrial como toda forma de razón tecnológica provienen del orgullo ilustrado (¡no hace falta más que hojear la Enciclopedia de Diderot, llena de láminas que diseccionan maquinarias y herramientas!). ¡Y seréis como dioses! El olvido de la piedad y la tradición, la suposición de que todo puede argumentarse y ponerse en cuestión inició la pendiente que llevó a convertir en engranajes a los humanos y en material desechable a quienes no razonaban de acuerdo con la norma establecida por el Estado, ese “monstruo frío” al decir de Nietzsche.

Pero la Ilustración no fue solamente una apología del racionalismo sin cortapisas religiosas o consuetudinarias. Después de todo, la razón ha sido utilizada por todas las culturas humanas en todas las épocas, y las concesiones a la superstición ni antes ni ahora fueron suprimidas. La razón ilustrada estaba al servicio de ideales valorativos, destacadamente la semejanza esencial de todos los seres humanos y su autonomía para planear la vida en común. Como señala Anthony Pagden, “se suele ver en ella el origen intelectual de esa convicción que aún emerge tímidamente entre nosotros de que todos los seres humanos comparten los mismos derechos básicos, de que las mujeres piensan y sienten igual que los hombres o de que los africanos lo hacen igual que los asiáticos”. Las leyes, en la concepción ilustrada, no son herencia indiscutible de la divinidad o los ancestros, sino acuerdos establecidos entre seres más pensantes que meramente creyentes para asegurar el bienestar de la mayoría en este mundo, no para ganar a fuerza de sacrificios y renuncias un lugar bienaventurado en el otro. Por supuesto, ninguno de los grandes autores ilustrados creyó en el dogma irracional de la “omnipotencia de la razón”, ni desdeñó como cosa superflua los sentimientos de benevolencia y compasión: sus mentores jurídicos, como el admirable Cesare Beccaria y otros, se opusieron a la tortura, a la pena de muerte y a convertir los pecados en delitos, por lo que no es difícil suponer lo que hubieran pensado de Hitler, Stalin, Pol Pot o el Estado Islámico.

No cabe duda de que los objetivos ilustrados aún no se han alcanzado del todo, ni de que a veces ideas regeneradoras tuvieron contrapartidas imprevistas y dañinas
No cabe duda de que los objetivos ilustrados aún no se han alcanzado del todo, ni de que a veces ideas regeneradoras tuvieron contrapartidas imprevistas y dañinas. Esa es la agonía actual en que se debate la Ilustración, entendiendo “agonía” en el sentido unamuniano del término, no como los estertores que llevan inexorablemente a la muerte, sino como la lucha por no dejarse abrumar por el pesimismo trascendentalista y no sacrificar la visión universalista a indescifrables y postizos particularismos tribales. Anthony Pagden realiza en su libro un repaso suficiente de lo que la corriente mayoritaria de la revolución ilustrada propuso, de lo que en parte logró y de cuáles fueron algunas de sus patentes deficiencias. También de lo que le objetaron sus principales adversarios en una reacción contra ella que no pretendió en muchos casos mejorarla, sino abandonarla o contrarrestarla. Quizá el mejor resumen de la Ilustración, irónico y desfanatizado como le corresponde, lo hizo Voltaire: “Cuando la naturaleza creó nuestra especie, la dotó de ciertos instintos: el amor propio para nuestra conservación, la benevolencia para la conservación de los otros, el amor que es común a todas las especies y el inexplicable don de combinar más ideas que los restantes animales. Después de asignarnos nuestra cuota, dijo: ‘Ahora, haced lo que podáis”.

La Ilustración. Anthony Pagden. Traducción de Pepa Linares. Alianza. Madrid, 2015. 542 páginas. 32 euros

Trucos estadísticos para sabotear exámenes tipo test que deben conocer los profesores

Vanessa Gómez, "Nueve trucos para aprobar un examen sin haber estudiado", en Abc 19/10/2015:

La estadística puede ser una poderosa aliada a la hora de aprobar examenes.

¿En cuántas ocasiones has llegado a clase sin haber estudiado ni media hora del examen más importante del trimestre? Si la respuesta a esta pregunta sobrepasa las dos cifras, quizá sea necesario que te replantees comprarte una agenda para ordenar tu vida y estudiar un poco más. Sin embargo, si te ha sucedido únicamente un par de veces, es posible que te sea beneficioso conocer algunos trucos para tratar de aprobar teniendo únicamente una ligera idea del temario.

Así lo afirma, al menos, William Poundstone, un físico que ha estudiado también la conducta humana. En base a sus investigaciones, este experto ha logrado determinar una serie de pautas a la hora de responder a los exámenes. Eso sí, únicamente funcionan en los ejercicios tipo test. Con todo, no viene mal saberlos pues, según afirma el experto en declaraciones recogidas por la «BBC», es posible predecir el comportamiento de los profesores que crean el examen y averiguar cuál es la respuesta acertada.

Concretamente, Poundstone ha establecido sus conclusiones en base al estudio de casi 2.500 preguntas de exámenes y tests tanto de universitarios, como de revistas de moda. «Busqué estrategias que puedan ayudar a quien está adivinando y computé cuán útiles pueden ser. ¿Por qué es posible hacerlo? Porque aunque las instrucciones que le dan a los educadores es que varíen la ubicación de la respuesta correcta de una manera aleatoria, es más fácil decir eso que hacerlo», determina el experto en la BBC».

Claves para aprobar los exámenes de «verdadero y falso»

1-Las respuestas verdaderas son más comunes que las falsas en una relación de 56% y 44%. La razón es sencilla: es más fácil escribir algo que es cierto que inventarse una mentira creíble.

2-Haz siempre las preguntas que te sabes al principio. No porque te suban la moral (que también) sino porque está demostrado que, en un 63% de los casos, la respuesta de la pregunta siguiente será la contraria a su predecesora. Así pues, si acabas de determinar que una es verdadera, la siguiente será probablemente falsa.

3-Si respondes dos preguntas seguidas (que te sabes) y ambas tienen la misma respuesta, no lo dudes, la siguiente será la contraria.

4-Si has respondido a dos preguntas seguidas que sabes y ambas son falsas, la siguiente será verdadera (pues en muy pocas ocasiones los profesores se inventan tres falsedades seguidas).

Exámenes de varias respuestas

1-En los exámenes de tres opciones, en un 75% de los casos la respuesta de la pregunta siguiente es diferente a la de su predecesora.

2-Cuando hay cuatro respuestas, la segunda de ellas es, estadísticamente, la que más posibilidades tiene de ser cierta (en un 28% de las ocasiones lo es).

3-Con cinco opciones, la última es la correcta en un 23% de los casos. Si dudas, apuesta por ella.

4-Estadísticamente, si alguna de las respuestas es «ninguna de las anteriores es válida» o «todas las anteriores son ciertas», es probable que sean las correctas.

5-La opción más larga suele ser la correcta. La razón es sencilla: los profesores tienen que asegurarse de que lo que han escrito es cierto. Eso implica que deben asegurarse poniendo muchos datos de la veracidad.

Sentirse español: Blanco White

Jesús Torrecilla, catedrático de literatura de la UCLA, "Sentirse español", en Huffington Post, 19-X-2015:

Pocos españoles se han esforzado por dejar de serlo con la constancia de José María Blanco White. Nacido en 1775 en Sevilla, se refugió en Londres al producirse la invasión napoleónica y, fascinado por el ambiente de libertad que allí se respiraba, hizo el firme propósito de convertirse en inglés. Cambió de lengua, de religión, de costumbres, de hábitos mentales, incluso de nombre. Intentó transformarse en otra persona, pensar y comportarse como un británico, diseñar su identidad de acuerdo al molde anglosajón. Y hasta cierto punto puede decirse que lo consiguió. Pero al final de su vida, abrumado por las enfermedades y por los desengaños, comprobó que eliminar esa parte esencial de su identidad no era tarea fácil. Sus pensamientos empezaron a poblarse de recuerdos de su infancia, irrumpieron en sus sueños emotivos fragmentos en su lengua materna, sintió renacer con fuerza la nostalgia de su patria querida. Y es en esos momentos cuando decidió escribir la novela Luisa de Bustamante, como una especie de testamento espiritual para ayudar a los futuros españoles a construir una sociedad en la que tuviera cabida gente como él.

La actitud de Blanco puede parecernos extrema, pero no injustificada. La época de Fernando VII representa uno de los puntos más bajos de nuestra historia. En esos años comienza la tradición de una España desorientada, sin clase dirigente, dividida en dos grupos hostiles que intentan con todas sus fuerzas destruirse, pero sin que ninguno de ellos disponga de los medios para lograrlo. A principios del XIX comienza también la tradición, que Blanco-White encarna en su vertiente más radical, de una clase progresista hostil hacia las señas de identidad colectivas de la nación. En una sociedad dominada por las fuerzas más oscuras del fanatismo y de la intolerancia, en la que los liberales eran perseguidos por sus ideas y se veían obligados a sufrir cárceles y exilios (y todo con el apoyo, o al menos la indiferencia, de la mayoría del pueblo), los progresistas se sintieron inclinados a pensar que el problema de España no tenía remedio. Muchos de ellos afirmaron que no se trataba de una mera cuestión coyuntural, sino de esencia. El país que se había configurado con un criterio religioso a lo largo de la Edad Media, en un largo enfrentamiento contra los musulmanes, tenía el fanatismo incrustado en su misma médula. La intolerancia formaba parte de su carácter. Las guerras civiles de los dos siglos siguientes no hicieron sino reforzar ese convencimiento.

¿Y la realidad actual? Hace ya casi cuarenta años que nos embarcamos en un ambicioso proyecto destinado a crear un país basado en la democracia, la libertad y el respeto a la diferencia. Un país en el que todos, independientemente de sus ideas, tuvieran cabida. ¿Lo hemos conseguido? Hay buenos motivos para pensar que sí. La España actual tiene graves problemas, sin duda, pero, a diferencia de los siglos pasados, nos ofrece también los medios para solucionarlos. Y es ahí donde radica la clave. Como bien pudo comprobar Blanco White, todas las sociedades, vistas de cerca, terminan por decepcionarnos, pero hay una diferencia radical entre aquellas en que los individuos pueden desarrollarse libremente e involucrarse en la solución de los conflictos, y aquellas que no permiten hacerlo.

Sin embargo, en un país que, al margen de sus carencias, entronca con el que durante siglos querían construir nuestros antepasados progresistas, no deja de ser paradójico que sus herederos actuales muestren una gran apatía por el proyecto. El caso de Fernando Trueba, que declaró hace poco no haberse sentido español ni cinco minutos de su vida, es muy revelador. Sobre todo porque no constituye en modo alguno una excepción.

Manifestar que preferiríamos que no haya fronteras es una de esas afirmaciones mostrencas que, analizadas en profundidad, no significan nada.

Los españoles de izquierdas se dividen entre los que se inscriben en las filas más radicales de los nacionalismos periféricos y los que, yéndose al otro extremo, buscan refugio en un universalismo evasivo. La reacción del vicepresidente de la FAPAE a las palabras de Trueba refleja bien esta actitud. Según Joxe Portela, no tiene nada de extraño que alguien como Trueba quiera que las fronteras desaparezcan, ya que las divisiones en estados y naciones sólo sirven para limitar la creatividad. Lo cual implica salirse por la tangente. Manifestar que preferiríamos que no haya fronteras es una de esas afirmaciones mostrencas que, analizadas en profundidad, no significan nada. Como decir que queremos que no haya guerras, que la gente sea buena y que el mundo sea feliz. ¿Quién va a oponerse a generalidades de ese tipo? El problema es que los seres humanos no somos buenos y que la realidad que nos rodea se caracteriza por la existencia de fronteras, guerras y conflictos. En un mundo que responde a esas características, si no queremos que sean otros los que decidan por nosotros, es necesario tomar partido.

Decir que no me siento español implica afirmar que no me une con los miembros de esa colectividad ningún lazo afectivo y que, por tanto, no me considero involucrado en la construcción con ellos de un proyecto común. En este sentido, yo debo reconocer que, aunque llevo más de treinta años viviendo fuera de España, ni cinco minutos de mi vida he dejado de sentirme español. Una afirmación de este tipo no implica que me sienta orgulloso de la España actual. Obviamente no puedo estar orgulloso de un país dominado por la corrupción y la picaresca, la superficialidad de la cultura, la deshonestidad intelectual, la desorientación de las izquierdas y la incapacidad de las clases dirigentes. Lo que significa es que estoy decidido a contribuir en la medida de mis posibilidades a crear un país del que pueda sentirme orgulloso. Implica, en definitiva, aceptar una responsabilidad y asumir un compromiso. Porque doscientos años de espera son muchos años para afirmar ahora que el proyecto no merecía la pena. Sobre todo cuando no se aportan razones convincentes para justificarlo.

En la España actual hay dos alternativas de futuro que prueban ser excluyentes, y es necesario, por tanto, decidir cuál de ellas preferimos. Una pretende involucrar a todos los pueblos que la componen en el desarrollo de un proyecto común democrático, tolerante y respetuoso con la pluralidad. La otra se propone fragmentar el país en pequeñas unidades, que, por todos los indicios, se procuraría que fueran homogéneas. Puestos a comparar, no encuentro ninguna razón de peso para preferir la segunda. Más bien todo lo contrario. Crear sociedades a ser posible uniformes, para evitar las tensiones que origina la heterogeneidad racial, lingüística o religiosa, es lo que vienen intentando hacer todos los pueblos del mundo desde hace cientos de años. La diversidad religiosa, así como la racial, han terminado generalmente por aceptarse en nuestros países sin mayores traumas. Pero no así la lingüística. Construir una nación que integre grupos con culturas, lenguas y tradiciones diferentes, me parece un experimento ambicioso y noble, por el que merece la pena luchar. Superar con éxito el reto serviría para demostrar que la diversidad no implica meramente incrementar los problemas, sino también las posibilidades. Porque las tensiones que genera, si se saben manejar bien, contribuyen a crear una sociedad más dinámica y, en definitiva, más fuerte.

La democracia española es lógico que confronte enemigos. Pero si los que se supone que deberían defenderla se inhiben de hacerlo, me temo que tenga sus días contados. Porque el entusiasmo no se puede neutralizar con la apatía. Los nacionalismos pueden gustarnos o no, pero no es inteligente ignorarlos, sobre todo cuando, debido en gran parte a la torpeza de nuestra clase dirigente (políticos, periodistas, historiadores, artistas, intelectuales), la crispación que producen está empezando a condicionar de manera decisiva nuestra convivencia. ¿Qué salida se ofrece? En mi opinión, el entusiasmo sólo puede neutralizarse con el entusiasmo. Afirmaciones como las de Trueba lanzan a los independentistas el mensaje equivocado, ya que contribuyen a hacerles creer que su proyecto es capaz de generar pasiones y arrastrar voluntades, mientras que el nuestro sólo produce indiferencia.

El filósofo americano Thomas Paine aseguraba que únicamente somos capaces de valorar aquello que nos ha costado un gran esfuerzo o por lo que hemos tenido que pagar un precio muy alto. Tal vez la relativa facilidad con que se resolvió la transición a la democracia hace cuarenta años nos ha llevado a minusvalorar el modelo de sociedad en que vivimos. Olvidamos que se trata de un proyecto que lleva más de dos siglos intentado materializarse y por el que han estado dispuestos a luchar generaciones enteras de españoles, dejando en el proceso una estela de sangre y de sufrimiento. Con nuestra apatía no sólo desestimamos el enorme esfuerzo que se ha visto obligado a realizar el pueblo español en las últimas décadas, sino también el legado de todos aquellos que nos precedieron en el intento de construir una sociedad abierta y tolerante. Si el experimento en el que estamos inmersos no consiguiera cuajar, su fracaso legitimaría la actitud de los que, como Donald Trump (por mencionar el ejemplo más conocido), proponen que la diversidad es nociva y debe procurar eliminarse. En un país como el nuestro, tan proclive a los fanatismos y a las exclusiones, por primera vez en la historia nos encontramos en el lado correcto del tablero. La oportunidad que tenemos es única. Sería triste que, por frivolidad o por desidia, permitiéramos que se frustre.

lunes, 19 de octubre de 2015

La manchega Alicia Giménez Bartlett gana el Planeta.

(Entre los especialistas en literatura tiene muy poco crédito el premio Planeta, ya que, al tratarse de una mera inversión industrial, no puede permitirse premiar a un desconocido y que no se vendan tantas obras como si fuera a alguien con un previo trabajo de mercadotecnia, por lo cual, aunque se presentan cientos de obras, en realidad el premio solo se elige entre las siete u ocho novelas que el editor ha encargado previamente a escritores de renombre, con los cuales ha cenado antes. Así lo dicen muchos de los que han sido jurados de este premio; no se crean, pues, todo lo que se presupone)

Carles Geli, "Giménez Bartlett: El mundo está bastante encanallado”, en El País, 17 de octubre de 2015:

La escritora asegura que su 'Hombres desnudos', ganadora del Planeta y que aborda la prostitución masculina, es una "exploracion social de la crisis"

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951) es de las pocas personas quizá que aún se le erizan los pelos cuando alguien le devuelve el saludo por la mañana o un camarero deja algún rastro de cordialidad. “Aún existe esa amabilidad hacia el otro y del otro, y en buena parte se genera en ti”, defiende con voz bajita, castigada tras la maratón de entrevistas, peaje de haber ganado ayer el 64 premio Planeta de novela por Hombres desnudos, libro que quizá no hubiera podido escribir si la reconocida madre literaria de la inspectora Petra Delicado no fuera una observadora sagaz.

“Ocurrió que a una fiesta se presentó una amiga nuestra con un hombre moreno de no más de 30 años y metro ochenta, guapísimo, bien educado; sólo hablaba de tenis, pero todas nos quedamos babeando”. Era un gigoló. “Se dio un gustazo pero nadie lo criticó por el entorno económico en el que estábamos”, constata la escritora.

El personaje, la amiga, la actitud del entorno acomodado… todo lo de aquel episodio está subyacente en la trama de la obra con la que Giménez Bartlett se embolsó los 601.000 euros del galardón mejor dotado de las letras hispanas. En ella, Javier, profesor de literatura en paro, se cruza con una adinerada empresaria recién abandonada por su marido, obligados ambos a cambios radicales en sus respectivas vidas cuya intersección estará en la prostitución masculina. “Sí, he investigado sobre ese tema que, como mínimo en España, funciona más por el boca-oreja que por agencias de servicios masculinos” apunta Giménez Bartlett.

Vivimos en una sociedad decadente, tipo final del Imperio romano. En ese contexto, reivindico la existencia y el uso del chico de alterne.

El episodio no deja de ser la punta del iceberg del trasunto que quería abordar. “Buscaba analizar los cambios psicológicos y de actitudes que está comportando la crisis económica: ¿está primero la lucha de sexos o la igualdad? ¿Rebelarse lo hace alguien? Y si lo hace, ¿sirve de algo? ¿Qué precio paga quien, a pesar de estar muy preparado, no puede encontrar empleo de casi nada? Aquí hay una lucha social que sigue latente, aunque no se hable de ella”. Y, de algún modo, la gran paradoja que es que una situación así no tiene una traslación violenta: “Lo hemos visto en Grecia o en Portugal: esto no puede estallar porque el grado de civilización que supuestamente hemos alcanzado es también tan supuestamente perfecto que hacer cualquier cosa fuera de lo pautado parece ya una locura de bárbaros”, dice quien recogió el galardón ante todas las autoridades con un jersey en el que podía leerse la inscripción “Merde”: “Ya que no podemos hacer la revolución… fue una pequeña broma”.

Esa “exploración social”, como Giménez Bartlett clasifica su nuevo libro, ¿no cabía en la serie de su inspectora Delicado? “Son temas más duros y serios que los que suelen caber en esa serie, donde Petra gasta más un registro humorístico”. En realidad, así lo ha hecho siempre la escritora, que ya ha abordado esas temáticas sobre la mujer y la sexualidad o sobre las tensiones sociales en ensayos como La deuda de Eva o El misterio de los sexos o incluso en novelas como Una habitación ajena... Es más de la mitad de su bibliografía y una casi misma proporción de sus premios, pero sigue siendo reconocida como la dama de la novela negra española. Lo lamenta relativamente: “Con la escritura hace años que he hecho lo que me ha dado la gana y he vivido bastante bien de mis libros, el resto es la necesidad de nuestra sociedad de etiquetar y parcelar”.

Quizá Hombres desnudos, por la prostitución masculina, caiga en otro aspecto de las etiquetas sociales, al poder incomodar potencialmente a sectores feministas: ¿que las mujeres puedan hacer uso de los gigolós como los hombres lo hacen de señoras de compañía es un signo de igualdad o no deja de ser otra vertiente de un retroceso? “Supongo que todos somos conscientes de que vivimos en una sociedad decadente, tipo final del Imperio romano… En ese contexto, reivindico la existencia y el uso del chico de alterne… Mire: en este mundo todo está igual de encanallado y no vamos a pretender que las mujeres sean las únicas monjas; puestos a estar como estamos, mejor igualemos en alguno defectos”.

domingo, 18 de octubre de 2015

Frases de Óscar Wilde

"La educación es una cosa admirable, pero es menester recordar de vez en cuando, que ninguna cosa valiosa para el conocimiento se puede enseñar."

"La diferencia entre literatura y periodismo es que el periodismo es ilegible y la literatura no es leída."

-«A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante»

-«Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo».

-Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.

"El arte es la forma más intensa del individualismo que el mundo ha conocido."

"El arte es la única cosa seria en este mundo. Y el artista es la única persona que jamás está seria."

"El deber es lo que esperamos que hagan los demás."

"El dinero es como el estiércol: si se amontona, huele."

"El periodismo moderno justifica su existencia por el gran principio darwiniano de la supervivencia del más vulgar."

"El patriotismo es la virtud de los depravados."

"El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer."

"En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados, ni los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles. Eso es todo."

"En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado."

"En los exámenes, los tontos siempre preguntan cosas que los sabios no pueden responder."

"En la antigüedad los libros eran escritos por hombres de letras y leídos por el público. Hoy en día los libros son escritos por el público y leídos por nadie."

"Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad."

"La amistad es mucho más trágica que el amor. Dura más"

"La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación."

"La compasión nunca puede sustituir al amor."

"Hable a toda mujer como si estuviera enamorado de ella y a todo hombre como si le estuviera fastidiando a usted. Y pronto tendrá fama de poseer el más exquisito tacto social."

"Formar parte de la sociedad es un fastidio, pero estar excluido de ella es una tragedia."

"Hay gente que se preocupa más por el dinero que los ricos: son los pobres".

"La gente habla a menudo como si hubiera una oposición entre lo bello y lo útil. A lo bello sólo se opone lo feo; las cosas son o hermosas o feas, y la utilidad estará siempre del lado de las cosas bellas, porque una decoración bella es siempre una expresión de la utilidad que encontréis en alguna cosa y del valor que le dais."

"Hay dos tipos de mujeres: las feas y las que se pintan."

-«Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame»

-«Sé tú mismo, el resto de los papeles ya están cogidos».

-«Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas»

-«Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche»

-«No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea»

-«Como no fue genial, no tuvo enemigos».

-«No soy tan joven para saberlo todo».

-«No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo»

-«Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho».

-«La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse»

-«Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado»

-«Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones».

-«Las preguntas nunca son indiscretas. Las respuestas, sí».

-«Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti»

-«Perdona a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más»

-"Lo único que no puedo resistir es la tentación. La única manera de librarse de ella es caer en ella"

-«Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor»

-«No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo»

-«Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida»

"La mentira, es decir, el relato de las bellas cosas falsas, constituye el fin mismo del arte."

"La opinión pública sólo existe donde no hay ideas."

"La puntualidad es una pérdida de tiempo."

"La naturaleza del romanticismo es la incertidumbre."

"La puntualidad es una pérdida de tiempo."

"La realidad no debe ser más que un telón de fondo."

"Las religiones mueren cuando se prueba que son ciertas. La ciencia es el registro de las religiones muertas".

"El mundo entero es un teatro, pero tiene un reparto deplorable."

"La única manera de vivir en el recuerdo de las clases comerciales es nunca pagando las deudas."

"La verdad rara vez es pura, y nunca simple."

"Lo único que el artista no puede ver es lo obvio. Lo único que el público puede ver es lo obvio. El resultado es la crítica de los periodistas."

"Lo único que puede consolar a un pobre es la extravagancia. Lo único puede consolar a un rico es el ahorro."

"Los buenos artistas lo entregan todo a su arte, y, por consiguiente, no tienen ellos mismos nada de interesante."

"Los hombres interesantes son los que tienen un futuro. Las mujeres interesantes, las que tienen un pasado."

"Los hombres se casan por cansancio. Las mujeres por curiosidad. Los dos se llevan una desilusión."

"Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados."

"Los músicos son terriblemente irracionales. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo."

"Los viejos todo lo creen, los adultos todo lo sospechan, pero los jóvenes todo lo saben."

"Lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada"

"Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo."

"Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo."

"Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista."

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo."

"No tengo por qué recordarte que la expresión es en sí misma el supremo y único modo de vida para un artista."

"Para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos."

"Para ser realmente medieval no se debería tener cuerpo. Para ser realmente moderno no se debería tener alma. Para ser realmente griego no se debería tener ropa."

"Pesimista es aquel que cuando puede escoger entre dos males, elige ambos."

Sarcasmo: la forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio."

"Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable."

"Ser natural es la más difícil de las poses."

"Una Máscara nos dice más que una cara"

"Uno debería: o ser una obra de arte o llevar una consigo."