domingo, 29 de noviembre de 2015

Las cien mejores novelas escritas en español en los últimos 25 años

Es una selección hecha por críticos literarios, así que no hay que hacerle demasiado caso, y fue publicada el 24 de mayo de 2007:

1. El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez
2. La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa

3. Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

4. 2666, de Roberto Bolaño

5. Noticias del imperio, de Fernando del Paso

6. Corazón tan blanco, de Javier Marías

7. Bartleby y Compañía, de Enrique Vila-Matas

8. Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez

9. Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías

10. El desbarrancadero, de Fernando Vallejo

11. La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo

12. El entenado, de Juan José Saer

13. Soldados de Salamina, de Javier Cervas

14. Estrella distante, de Roberto Bolaño

15. Paisajes después de la batalla, de Juan Goytisolo

16. La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza

17. El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina

18. El testigo, de Juan Villoro

19. Salón de belleza, de Mario Bellatin

20. Cuando ya no importe, de Juan Carlos Onetti

21. La tejedora de coronas, de Germán Espinosa

22. El paraíso en la otra esquina, de Mario Vargas Llosa

23. Cae la noche tropical, de Manuel Puig

24. Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas

25. Herrumbrosas lanzas, de Juan Benet

26. Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. 
Álvaro Mutis, Colombia, 1993 

27. El invierno en Lisboa.
Antonio Muñoz Molina, España, 1987 

28. Verdes valles, colinas rojas. 
Ramiro Pinilla, España, 2005 

29. Mal de amores. 
Ángeles Mastretta, 
México, 1996 

30. Donde las mujeres. 
Álvaro Pombo
España, 1996 

31. El pasado. 
Alan Pauls
Argentina, 2003 

32. El rastro. 
Jorge Gómez Jiménez
Venezuela, 1993 

33. Santo oficio de la memoria. 
Mempo Giardinelli
Argentina, 1991 

34. Los años con Laura Díaz. 
Carlos Fuentes
México, 1999 

35. Plenilunio. 
Antonio Muñoz Molina
España, 1997 

36. Todas las almas. 
Javier Marías
España, 1989 

37. Cartas cruzadas. 
Darío Jaramillo
Colombia, 1995 

38. La casa del padre. 
Justo Navarro
España, 1994 

39. La visita en el tiempo. 
Arturo Uslar Pietri
Venezuela, 1990 

40. La historia de Horacio. 
Tomás González
Colombia, 2000 

41. La grande. 
Juan José Saer
Argentina, 2005 

42. El arte de la fuga. 
Sergio Pitol
México, 1996 

43. La velocidad de la luz. 
Javier Cercas
España, 2005 

44. Olvidado rey Gudu. 
Ana María Matute 
España, 1997 

45. La gesta del marrano. 
Marco Aguinis 
Argentina, 1991 

46. Un viejo que leía novelas de amor. 
Luis Sepúlveda
Chile, 1989 

47. Plata quemada. 
Ricardo Piglia 
Argentina, 1997 

48. El vuelo de la reina. 
Tomás Eloy Martínez
Argentina, 2002 

49. Diablo guardián. 
Xavier Velasco
México, 2003 

50. Igur Neblí. 
Miquel de Palol
España, 1994 

51. La nieve del almirante. 
Álvaro Mutis
Colombia, 1986 

52. Vigilia del almirante. 
Augusto Roa Bastos
Paraguay, 1992 

53. Un campeón desparejo. 
Adolfo Bioy Casares
Argentina, 1993 

54. Los pichiciegos. 
Fogwill
Argentina, 1993 

55. La burla del tiempo. 
Mauricio Electorat
Chile, 2004 

56. Una novela china. 
César Aira
Argentina, 1987 

57. El inútil de la familia. 
Jorge Edwards
Chile, 2004 

58. Lumperica. 
Diamela Eltit
Chile, 1983 

59. La otra mano de Lepanto. 
Carmen Boullosa
México, 2005 

60. En estado de memoria. 
Tununa Mercado
Argentina, 1990 

61. Veinte años y un día. 
Jorge Semprún
España, 2003 

62. Ladrón de lunas. 
Isaac Montero
España, 1999 

63. La cuadratura del círculo. 
Álvaro Pombo
España, 1999 

64. No me esperen en abril. 
Alfredo Bryce Echenique
Perú, 1995 

65. Luna Caliente. 
Mempo Giardinelli
Argentina, 1983 

66. Una sombra ya pronto serás. 
Osvaldo Soriano 
Argentina, 1990 

67. El cuarto mundo. 
Diamela Eltit
Chile, 1988

68. La silla del Águila. 
Carlos Fuentes
México, 2003 

69. Temblor. 
Rosa Montero
España, 1990 

70. Historia del silencio. 
Pedro Zarraluki
España, 1995 

71. Los fantasmas. 
César Aira
Argentina, 1990 

72. Angosta. 
Héctor Abad Faciolince
Colombia, 2003 

73. La muerte como efecto secundario. 
Ana María Shua 
Argentina, 1997 

74. La orilla oscura. 
José María Merino 
España, 1985 

75. La vida exagerada de Martín Romaña. 
Alfredo Bryce Echenique
Perú, 1981 

76. Sin remedio. 
Antonio Caballero 
Colombia, 1984 

77. El tiempo de las mujeres. 
Ignacio Martínez de Pisón
España, 2003 

78. Al morir Don Quijote. 
Andrés Trapiello 
España, 2005 

79. Glosa. 
Juan José Saer
Argentina, 1986 

80. Crónica de un iniciado. 
Abelardo Castillo 
Argentina, 1991 

81. El traductor. 
Salvador Benesdra 
Argentina, 2002 

82. Cumpleaños. 
César Aira
Argentina, 2001

83. La sexta lámpara. 
Pablo de Santis
Argentina, 2005 

84. El embrujo de Shangai. 
Juan Marsé
España, 1993 

85. El maestro de esgrima. 
Arturo Pérez Reverte
España, 1988

86. Carreteras secundarias. 
Ignacio Martínez de Pisón
España, 1996 

87. Rosario Tijeras. 
Jorge Franco
Colombia, 1999 

88. La sombra del viento. 
Carlos Ruiz Safón
España, 2001 

89. Camino a la perdición. 
Luis Mateo Díez
España, 1995 

90. A sus plantas rendido un león. 
Osvaldo Soriano
Argentina, 1988 

91. Memorias de mis putas tristes. 
Gabriel García Márquez 
Colombia, 2005

92. Autómata. 
Adolfo García Ortega
España, 2006 

93. Del amor y otros demonios. 
Gabriel García Márquez
Colombia, 1994 

94. Ella cantaba boleros. 
Guillermo Cabrera Infante 
Cuba, 1996 

95. La novela luminosa. 
Mario Levrero
Uruguay, 2005 

96. La guerra de Galio. 
Héctor Aguilar Camín
Chile, 1994 

97. Arráncame la vida. 
Ángeles Mastreta
México, 1998 

98. Arturo, la estrella más brillante. 
Reinaldo Arenas
Cuba, 1984 

99. La orilla africana. 
Rodrigo Rey Rosa
Guatemala, 1999 

100. Los vigilantes. 
Diamela Eltit
Chile, 1994

Reseña de Peter Mair, "Gobernando el vacío"

Fernando Vallespín, ¿Fin de la era de los partidos? 'Gobernando el vacío' es una de esas escasas joyas que han aparecido en ciencia política estos años 25 NOV 2015.

Este libro es una de esas escasas joyas que han aparecido en ciencia política estos años, y viene de uno de los más destacados politólogos europeos. Es el feliz legado de alguien que falleció inesperadamente antes de publicarlo, que siempre se caracterizó por un trabajo bien hecho, un académico honesto que aquí nos espeta sus grandes dudas sobre el cariz que toman las democracias contemporáneas. Comienza de forma enigmática: “La era de la democracia de partidos ha pasado”; hemos entrado en una nueva fase de la democracia liberal en la que sus principales agentes dan síntomas de agotamiento. El “vacío” al que se refiere el título es la galopante crisis de representación, la creciente falta de conexión de los partidos con su electorado tradicional. Hasta aquí de acuerdo. La dificultad comienza a la hora de buscar las causas de esta situación y si hay o no equivalentes funcionales de estas organizaciones que eventualmente puedan suplir ese espacio vacante. Porque, sin partidos que funcionen, no hay democracia. Respecto a la primera cuestión sí se nos ofrecen respuestas más que verosímiles; no así en lo que atañe a la segunda.

Su diagnóstico se fija en las dos partes de la ecuación, los ciudadanos y los partidos. Aquellos ya han dejado de ser esos leales votantes dispuestos a hacer valer preferencias es­tables. Ahora se refugian en formas de vida individualizadas, privatistas, ajenas a lo público y configuradas a partir del paradigma del consumo político. Ejemplos de ello son el menor interés por lo político, la volatilidad y la menor participación electoral, algo favorecido por la contumaz pervivencia de las mismas políticas a pesar de la alternancia en el poder de partidos diferentes.

Del otro lado, estaría la correlativa retirada de las élites políticas de su soporte en las bases a favor del partido en el Parlamento o el Gobierno, y el predominio de los “partidos de cártel”, casi indistinguibles ideológicamente entre sí a pesar de la fiereza con la que pueda disputarse la competición electoral. Siempre asistimos a una “gran coalición” de facto. Esto crea, a su vez, una creciente interpenetración entre Estado y partidos y hace que aquellos devengan en férreas organizaciones marcadas por una profesionalización tecnocrática más pendiente de su supervivencia y sus beneficios que de conectarse con las necesidades de su electorado.

Al final rebrota el síndrome de Toc­queville: si las élites son inaccesibles —por lejanas— e impotentes —por incapaces de adecuarse a los deseos ciudadanos—, ¿por qué las seguimos manteniendo? Parte de la responsabilidad hay que atribuírsela a la expertocracia europea y a la reducción de la política a mera administración. El problema es que cada vez resulta más difícil compatibilizar eficacia y popularidad. El déficit de legitimidad está servido.

Gobernando el vacío. Peter Mair. Traducción de María Hernández Díaz. Alianza. Madrid, 2015. 192 páginas. 18,50 euros

Ejecutivos ladrones con jubilaciones de oro

David Fernández "Finiquitos de oro por fiascos enormes. Los máximos directivos de Abengoa, Indra, FCC o Volkswagen cobran grandes indemnizaciones a pesar de dejar sus empresas en situaciones muy delicadas. En el Ibex hay 924 directivos blindados", en El País, 29 NOV 2015:

¿Se puede recompensar por los errores? Sí, y con cifras bastante generosas. Un claro ejemplo es Abengoa. El grupo energético va camino de convertirse en el mayor concurso de acreedores de la historia empresarial española y sus acciones se han desplomado. Sin embargo, los gestores que han dirigido el grupo andaluz en los últimos años han dejado la empresa con indemnizaciones millonarias. Los ejecutivos de Abengoa no son los únicos que han cobrado finiquitos de oro tras salir de una empresa en serias dificultades. Otros casos recientes son Indra y FCC en España, o Volkswagen en Alemania. El nuevo Código de Buen Gobierno trata de poner límites a estas situaciones.

Tras 25 años en el cargo, el expresidente de Abengoa, Felipe Benjumea tuvo que dejar la compañía el pasado 24 de septiembre. El movimiento, forzado por los bancos acreedores, se saldó con una indemnización equivalente a 11,48 millones de euros por cese anticipado del contrato, pacto de no competencia y "bonificación por permanencia". Por su parte, el ex consejero delegado, Manuel Sánchez, que abandonó su puesto en mayo pasado "por motivos personales", cobró 4,48 millones y tiene pendiente el cobro de otros 3,3 millones si la empresa cumple objetivos. Además, tanto Benjumea, que ahora es "presidente de honor" del grupo, como Sánchez, han percibido un sueldo anual de 4,5 millones cada uno en los últimos cuatro ejercicios.

Otro finiquito de oro se produjo en Indra. Después de 22 años, Javier Monzón dejaba la presidencia el pasado 29 de enero. Al salir de la empresa, Monzón accedió a los 12,1 millones que tenía en su sistema de ahorro a largo plazo (un año antes el consejo eliminó el blindaje de su contrato a cambio de engordar su pensión) y además activó la cláusula de no competencia valorada en casi cuatro millones. El nuevo equipo gestor de Indra ha planteado un ERE para 1.700 trabajadores y presentó unas pérdidas de 561 millones hasta septiembre por diferentes saneamientos. El 18 de noviembre Indra destituyó a Monzón como presidente de honor por entender que no había dado toda la información sobre la situación de la empresa.

En el Ibex hay 924 directivos blindados

El número de directivos del Ibex con cláusulas indemnizatorias en sus contratos crece cada año. Entre estas empresas había 924 trabajadores (consejeros ejecutivos, directivos y trabajadores de alta cualificación) con blindajes a finales de 2014 frente a los 881 de 2013, según los informes de buen gobierno que las compañías remiten a la CNMV. La empresa con más trabajadores con finiquitos pactados es Repsol. El grupo petrolero tiene 309 empleados con blindaje. En segundo lugar, se sitúa Grifols con 94 casos y el tercer puesto le corresponde al BBVA (68). Aunque Bruselas y la CNMV recomiendan que las indemnizaciones no superen el equivalente a dos anualidades, grandes empresas como Iberdrola, ACS, Abertis o Gas Natural desoyen este límite.
Anterior en el tiempo pero también polémica fue la indemnización de Baldomero Falcones cuando dejó FCC. El ex consejero delegado de la constructora cesó a principios de 2013. El blindaje de Falcones estipulaba una indemnización de 11,5 millones, aunque finalmente el finiquito se situó en 7,5 millones. FCC perdió 1.500 millones en 2013 y 721 millones en 2014 debido a las deudas y a los saneamientos por las inversiones fallidas realizadas durante los años precedentes. Tras ampliar capital por 1.000 millones, Esther Koplowitz ha perdido el control en favor de Carlos Slim.

El tema de los paracaídas dorados, como se conoce en la jerga a estos blindajes, no es exclusivo del mercado español. Martin Winterkorn, ex consejero delegado de Volkswagen, abandonó el cargo en septiembre tras el escándalo por el trucaje de millones de coches. En el momento en el que dejó el cargo los derechos de pensiones de Winterkorn sumaban 28 millones de euros. Además, existe la posibilidad de que cobre una indemnización equivalente a dos años de sueldo (en 2014 cobró 16 millones), aunque este punto depende de cómo haya catalogado el consejo de Volkswagen su despido (procedente o no).

El Gobierno y la CNMV, a través de la última reforma del Código de Buen Gobierno de las empresas cotizadas, han tratado de imponer ciertos límites a estas políticas salariales. El grupo de expertos que ha elaborado el nuevo texto cree que las remuneraciones deben ser adecuadas "para atraer y retener a los consejeros del perfil adecuado", pero también recuerdan que los contratos tienen que incorporar los mecanismos precisos "para evitar la asunción excesiva de riesgos y la recompensa de resultados desfavorables".

En concreto, en lo que se refiere a los finiquitos, el nuevo código (entra en cumplimiento en los informes que manden las empresas a principios de 2016 correspondientes al ejercicio 2015) pide a las compañías que cumplan (y de lo contrario que explique por qué no lo hacen) la siguiente recomendación: "que los pagos por resolución del contrato no superen un importe establecido equivalente a dos años de la retribución total anual y que no se abonen hasta que la sociedad haya podido comprobar que el consejero ha cumplido con los criterios de rendimiento previamente establecidos". La pelota queda ahora en el tejado de las empresas.

Julián Assange, "A los incompetentes les encanta el secretismo"

I

Joseba Elola, Julian Assange, fundador de Wikileaks. “A los incompetentes les encanta el secretismo”. Assange carga contra las agencias de inteligencia en el quinto aniversario de la filtración de los papeles del Departamento de Estado. El País 29 NOV 2015 .

Son ya más de 41 los meses que Julian Assange lleva encerrado entre las paredes de la Embajada de Ecuador en Londres. Más de tres años y medio que dejan huella. Aquí llegó el editor australiano en 2012 huyendo de una extradición a Suecia, donde se le reclamaba para interrogarle por cuatro acusaciones de acoso sexual y violación planteadas por dos mujeres con las que tuvo contacto en agosto de 2010. El plazo para tomarle declaración ha prescrito. De las cuatro acusaciones, solo queda en pie una, la más grave, la de violación. El límite para interrogarle expira el 17 de agosto de 2020.

Assange está desmejorado. Pálido, debilitado, con ojeras. Arrastra una lesión en el hombro derecho que le obliga a estrechar la mano con la izquierda.

Han pasado cinco años desde la publicación de Los Papeles del Departamento de Estado, operación en la que cinco cabeceras –The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, EL PAÍS– coordinaron esfuerzos con la plataforma de filtraciones para otorgar salida periodística a 250.000 cables diplomáticos, y parece que por él hubieran pasado algunos más. Desde entonces, está en fuga. Lleva toda una vida en fuga.

Pregunta. WikiLeaks ha publicado, según dice usted, más de 10 millones documentos. ¿Qué diría que han conseguido después de todo?

Respuesta. Bueno, me pide usted que haga una declaración para calificarme a mí mismo…

P. Bueno, más bien, a su organización, WikiLeaks…

R. No es necesario para nosotros haber conseguido nada. WikiLeaks es un proyecto de educación masiva. Hemos construido una significativa biblioteca que muestra cómo se comportan en realidad las instituciones humanas modernas.

“La vigilancia en Internet se está convirtiendo en una amenaza potencial para la civilización” Su voz suena apagada en esta anodina sala de reuniones de la Embajada. Eso sí, su querencia por los largos monólogos permanece intacta. Aborta en varias ocasiones las preguntas para enredarse en sus dilatados circunloquios.

P. El Cablegate tuvo una amplia repercusión. Sus últimas publicaciones parecen tener menos impacto, ¿a qué lo atribuye?

R. Estoy de acuerdo, en términos generales. Se ha producido una normalización. Hemos publicado ya 2,7 millones de cables. Y este año hemos difundido más material. El documento más importante de 2015 no ha sido muy entendido fuera de Francia. Es la orden de interceptación de contratos [de empresas francesas] valorados en más de 200 millones de dólares. Una prueba del espionaje económico masivo de Estados Unidos contra Francia. Obviamente, esto no lo hace solo en Francia.

La plataforma está activa. Este año filtró, entre otros, 475.413 documentos de la productora Sony. Publicó los mails personales del director de la CIA, John Brennan. Reveló nuevos datos sobre el espionaje de EE UU a sus aliados —caso del Elíseo; escuchas a los ministros de Merkel—. Publicó actas de las negociaciones de los acuerdos de libre comercio de la Asociación Transpacífica (TPP). Difundió cables secretos del Ministerio de Exteriores saudí. Filtraciones más o menos polémicas, con mayor o menor llegada según la región del mundo en que uno se halle, que han revitalizado su presencia en los medios.

Assange, de 44 años, atribuye esta efervescencia a “la expansión de WikiLeaks, a algunas victorias legales y a un esfuerzo tecnológico”. El bloqueo bancario que impedía la llegada del 95% de sus ingresos se ha mitigado. Solo Bank of America y Western Union, dice, bloquean ya las donaciones dirigidas a las arcas de la organización que lidera.

Tras cuatro años sin buzón de recepción de filtraciones abierto —quedó desmontado al abandonar los disidentes de Assange la organización (le echaban en cara su personalismo)—, WikiLeaks cuenta con uno de última generación desde enero. Construir un método para que las fuentes puedan hacer llegar material de modo seguro no es fácil en estos días. “La vigilancia en Internet se está convirtiendo en una amenaza potencial para la civilización, como consecuencia de su amenaza global a la democracia”.

Assange sostiene que la mayoría de las interceptaciones de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) vienen de su cooperación con Google, Facebook y otras grandes firmas tecnológicas de EEUU. “La NSA simplemente clava sus colmillos en estas organizaciones de Silicon Valley y chupa toda la información”. Y lanza su andanada contra las agencias de inteligencia. “El secretismo institucional corrompe. A los incompetentes también les encanta el secretismo. Las agencias nacionales de inteligencia son burocráticas, corruptas e incompetentes. Y por eso en el intercambio de golpes para ver quién se llevaba a Edward Snowden de Hong Kong —¿nos lo llevaríamos nosotros a un sitio de asilo, o se lo llevarían la NSA, la CIA, o el Departamento de Justicia de EE UU a una prisión?— ganamos”.

Las agencias nacionales de inteligencia son burocráticas, corruptas e incompetentes. WikiLeaks se ha propuesto poner en valor la megafiltración de hace cinco años. De ahí que en agosto publicara The WikiLeaks Files: The World According to US Empire [Los expedientes de WikiLeaks: El mundo según el imperio de EE UU], un libro en el que 13 académicos y periodistas analizan las claves geopolíticas que se derivan del análisis de los cables publicados. Con él se pretende poner de manifiesto el modo en que EE UU impone su agenda en el mundo.

P. Si tuviera una filtración de servicios secretos de la que el Estado Islámico pudiera aprovecharse, ¿qué haría?

R. No estoy seguro de lo que quiere decir pero hemos publicado mucho sobre cómo se ha creado la situación actual en Siria. Desde 2006, tenemos declaraciones de la Embajada norteamericana en Siria en las que se dice que querían derribar al Gobierno atizando tensiones sectoriales entre chiíes y suníes, creando paranoia, ese es el término que usan, en el régimen de El Asad. Todo para que creyese que había un golpe de Estado inminente y hacerle “sobreactuar”, que es lo que hizo en 2011. Así que ese era el plan de Estados Unidos y, producto de ello, Francia, Inglaterra, Turquía, Arabia Saudí, Qatar e Israel han participado en esto también. El resultado de medios que no hicieron el adecuado escrutinio y de esta aventura enloquecida de Estados Unidos y sus aliados es la destrucción de Siria. Se suma a otras aventuras enloquecidas previas en Irak y Libia. Nada de eso tenía por qué ocurrir. La consecuencia es que Europa está ahora inundada de refugiados sirios; tenemos la creación del ISIS y de Al Nusra. Millones de personas han sido desplazadas y cientos de miles han muerto.

P. ¿Y todo esto no cambia nada a la hora de publicar información?

R. Solo significa que es necesario publicar más información acerca del conflicto tan pronto como sea posible.

He viajado a más de 50 países, me gusta la variedad, así que preferiría ser libre; libre de estar en muchos países distintos.

Mientras la filtración de materiales prosigue, los frentes judiciales se acumulan. En Arabia Saudí, por la publicación de cables; en Australia, por denunciar un caso de sobornos en el sudeste asiático. En el Reino Unido, dice Assange, hay una investigación terrorista

contra él y su colaboradora Sarah Harrison por ayudar a Snowden. Y, además, sostiene, hay un gran caso abierto en Estados Unidos “que ha sido declarado por el Gobierno como un secreto de Estado”.

En cuanto a la acusación por violación a la que debería hacer frente en Suecia, Assange se presenta como víctima de sistemas judiciales poco independientes. “El caso sueco es ahora el caso más infame de acusación falsa, al menos, en el mundo occidental”, alega. La fiscal sueca Marianne Ny intentó interrogarle en la Embajada el pasado mes de junio, después de años sin querer aceptar esta fórmula, pero Ecuador no facilitó la visita porque no se había notificado a tiempo, dijo la Embajada. Assange sostiene que la fiscalía sueca avisó tarde, de modo deliberado, para no tener que interrogarle: así, mantenían el caso vivo y evitaban el desprestigio. “No he tenido ni siquiera las garantías de defensa que tiene todo acusado”.

La situación no termina de desbloquearse y Assange sigue en fuga, recluido en la Embajada. Si pone un pie en la calle, dice, el Reino Unido le arresta. 

P. Si pudiera estar fuera de esta embajada, ¿a qué país iría?

R. Preferiría estar con mis hijos. He viajado a más de 50 países, me gusta la variedad, así que preferiría ser libre; libre de estar en muchos países distintos.

II

David Leigh, "La era de las filtraciones", en El País, íd.:

Más allá de las revelaciones, la asociación de WikiLeaks con cinco medios tradicionales para difundir 250.000 cables diplomáticos estadounidenses revolucionó hace cinco años nuestra comprensión de la política internacional real e inspiró un nuevo tipo de ‘soplones’, de Snowden a Falciani, con agendas propias.

Tengo ante mí, en mi mesa de Londres, una fotografía hecha en Madrid, una imagen poco frecuente: cinco directores de importantes periódicos internacionales juntos en el mismo estrado. Los cinco, antes de ese día, habían sido rivales, pero ahora eran amigos.

Los directores, de España, Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos, unieron sus fuerzas en 2010 para una colaboración extraordinaria. Acordaron publicar de manera simultánea la historia periodística más superlativa del mundo, que rápidamente acabó bautizada como Cablegate.

The Guardian había recibido una filtración masiva de 250.000 cables diplomáticos secretos procedentes de embajadas de Estados Unidos en 180 países. Los cinco directores acordaron publicar conjuntamente su explosivo contenido.

Cinco años después, ¿qué consecuencias tuvo aquella decisión?

Fijó el amanecer de un periodismo nuevo, capaz de dar a conocer datos inéditos a millones de personas. Uno de los detalles significativos de la fotografía de los directores es que ninguno sigue en su puesto.

Javier Moreno ya no dirige EL PAÍS; Sylvie Kauffman, de Le Monde, ha tenido al menos tres sucesores en su puesto de París; Georg Mascolo fue apartado en Der Spiegel; Bill Keller dejó su cargo en The New York Times (lo cual desató una desagradable pelea por la sucesión); y en el londinense The Guardian, Alan Rusbridger se retiró tras 20 años de lucha para mantener a flote un periódico en pérdidas.

Esas turbulencias muestran el trastorno que constituye Internet para los medios convencionales. Los directores del grupo inicial se unieron porque eran conscientes de que hacían falta nuevos tipos de colaboración para que el periodismo de investigación pudiera sobrevivir en tiempos difíciles. Cinco años después, la caída de los modelos de negocio tradicionales continúa e incluso se ha agravado. Una consecuencia es que esas colaboraciones entre medios internacionales se han vuelto casi normales.

Pero el Cablegate también fijó el amanecer de un modelo de periodismo completamente nuevo, capaz de dar a conocer datos inéditos a millones de personas en todo el mundo.

En la era de Internet es posible hackear y filtrar los contenidos de inmensas bases de datos, por muy seguras y secretas que parezcan. Una vez analizados esos datos, se pueden hacer públicos en todo el mundo al instante a través de medios en distintas jurisdicciones, de tal manera que ni siquiera los abogados y la policía de la mayor potencia mundial puedan detener el alud de revelaciones.

El Cablegate señaló el nacimiento de la era de las filtraciones masivas.

En los años posteriores, se sucedieron de forma inexorable las filtraciones de Snowden, aún más escandalosas, de datos relativos a las actividades secretas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, una vez más a través de un grupo de periodistas de varios países. A ellas siguió una serie de revelaciones masivas de datos sobre cuentas en paraísos fiscales —como la famosa lista Falciani— que sacaron a la luz las identidades de propietarios de empresas en todo el mundo que hacían uso de jurisdicciones opacas como las islas Vírgenes británicas.

Este año, otra gigantesca filtración de datos del banco internacional HSBC sirvió para identificar a evasores fiscales y delincuentes de todo el mundo con cuentas secretas en Suiza. Y es previsible que la próxima filtración de datos no sea de gigabytes, sino de terabytes.

Hay una avalancha de información inédita, globalizada y relativamente sin filtrar que llega al público en general sin que nada pueda detenerla. Es un hecho nuevo y trascendental.

Ahora bien, ¿la publicación en 2010 del contenido de los cables diplomáticos estadounidenses revolucionó la política mundial?

Para ser sinceros, no del todo. La expresión Cablegate evoca Watergate, el famoso escándalo de 1974 en el que el presidente de Estados Unidos Richard Nixon se vio obligado a dimitir después de un robo en las oficinas de sus adversarios en el edificio Watergate de Washington.

Pero la terminación gate en 2010 era engañosa. Con una excepción, los cables diplomáticos publicados no dieron a conocer los delitos del Gobierno estadounidense, sino los de otros.

Por ejemplo, el tráfico diplomático registrado en Madrid dejaba en mal lugar a los políticos españoles al desvelar que el periodista José Couso había muerto en 2003 por fuego amigo de Estados Unidos en Bagdad. En su momento, Javier Moreno escribió: “Los cables revelan el doble lenguaje del Gobierno y la fiscalía. Nuestras informaciones muestran que dijeron a los diplomáticos estadounidenses que tratarían de obstruir o incluso cerrar el caso mientras aseguraban a la familia del periodista fallecido que iban a hacer todo lo posible para investigarlo. Al Gobierno socialista le ha resultado difícil explicarlo”.

Asimismo, los cables de Madrid contenían las denuncias oficiales más condenatorias de la Rusia de Vladímir Putin que jamás se hubieran hecho públicas. Un fiscal español que investigaba el crimen organizado internacional describió con detalle a funcionarios norteamericanos cómo se había convertido Rusia en un “Estado mafioso”. Sus severas descripciones de la delincuencia y la corrupción nunca habrían podido salir a la luz en circunstancias normales, y son fundamentales para comprender el comportamiento de gánster que tiene Rusia en el mundo en la actualidad.

La única excepción importante a esta imagen favorable de Estados Unidos fue la revelación de las órdenes emitidas por el Departamento de Estado a sus diplomáticos para que espiaran al personal de la ONU e intentaran obtener datos como sus números de tarjetas de crédito, direcciones de correo electrónico y programas de fidelización para viajeros frecuentes. La noticia causó un escándalo en 2010, pero adquirió una dimesión verdaderamente siniestra más tarde, con las revelaciones de Snowden de que la NSA había desarrollado la tecnología necesaria para piratear el tráfico que circula por la de fibra óptica de todo el mundo. Para eso querían los números.

Este es el verdadero legado de Cablegate. Los investigadores siguen citando con frecuencia su contenido, que ha revolucionado nuestra comprensión de la realidad política.

Las consecuencias no han sido tan halagüeñas para los filtradores. Edward Snowden, que actuó inspirado por el Cablegate, languidece en Rusia después de haberse visto obligado a pedir asilo, bajo la amenaza de cárcel si regresa a Estados Unidos. Julian Assange, el pirata australiano fundador de WikiLeaks, que hizo llegar los cables filtrados a los cinco directores, sigue oculto en la Embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia, donde se enfrenta a acusaciones de agresión sexual.

Y el soldado Manning, el verdadero filtrador de los cables, un joven norteamericano lleno de problemas pero con grandes aptitudes técnicas, que logró descargar todos los archivos secretos de una terminal de comunicaciones militar a las afueras de Bagdad, cumple una condena de 35 años en una prisión militar en Kansas. Hoy, tras anunciar su decisión de cambiar de sexo, es una mujer, Chelsea Manning, y se somete a tratamiento hormonal.

Aunque las voces más enloquecidas, que pidieron en su momento que se le ejecutara por traición, han callado, está todavía muy lejos cualquier perspectiva de libertad bajo fianza. Manning dijo que, con sus filtraciones, quería provocar “discusiones, debates y reformas en todo el mundo”. Desde luego, lo consiguió. Pero cuesta pensar que hoy lo esté celebrando en su celda.

David Leigh fue responsable de la publicación de los cables en 2010, cuando era redactor jefe de investigación en The Guardian.


Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

III
Stephen Reese, "Una historia 'clasificada'", en El País, 29-XI-2015:

El precedente histórico más cercano de la revelación de los papeles del Departamento de Estado por parte de WikiLeaks es la filtración de los 'Papeles del Pentágono'.

La salida a la luz de mensajes diplomáticos clasificados efectuada por WikiLeaks fue bautizada en seguida como Cablegate, una etiqueta que lo colocaba dentro de la tradición moderna del periodismo de investigación, inspirada por el escándalo del Watergate. Pero del contexto histórico emana una clasificación más precisa.

Los reportajes sobre el abuso del poder presidencial, de la década de los setenta de Bob Woodward y Carl Bernstein publicados en The Washington Post (sus archivos están en los fondos de la la Universidad de Texas, donde imparto clase), aportaron el marco del sufijo "gate" a las diversas investigaciones posteriores que pretendían sacar a la luz algún escándalo. Sin embargo, el marco que ofrece ese sufijo ha tenido como consecuencia el convertir las fechorías personales ("¿Qué sabía el presidente?") —contadas, en esencia, como parte de una historia policial— en el modelo de los reportajes de investigación. Esto ha desviado el foco de los problemas sociales sistémicos.

Comprendemos mejor Vietnam tras  los 'Papeles del Pentágono', y el Cablegate nos ha dado una visión más franca de las relaciones internacionales.

Así que el Watergate no es el mejor precedente para entender esta nueva forma de periodismo. Un modelo más cercano son los Papeles del Pentágono publicados por The New York Times poco antes del Watergate. Aquellos papeles destaparon la historia clasificada de la Guerra de Vietnam que había sido encargada por el Departamento de Defensa de EE UU y que contenía una versión menos suave de la guerra, que la que conocían los ciudadanos hasta entonces. Esto fue un escándalo político, no un delito penal a nivel particular, y la información se obtuvo por la filtración a gran escala a un medio de comunicación.

Históricamente los periodistas siempre han preferido las ruedas de prensa y las entrevistas a la tarea, más difícil, de investigar a partir de pruebas documentales, pero los Papeles del Pentágono eran literalmente papeles, fotocopiados por la fuente que dio la voz de alarma. Hoy la tecnología reduce enormemente los escollos para este tipo de filtraciones, y aumenta el valor de documentos materiales, como se ha visto en el caso de WikiLeaks.

La tecnología reduce enormemente los escollos para las filtraciones, y aumenta el valor de documentos materiales, como se ha visto en el caso de WikiLeaks.

De hecho, el mundo de Internet ha otorgado incluso a los ciudadanos corrientes —que por lo demás no tienen un acceso especial a la información— la capacidad de participar en el proceso de investigación. Mientras que los reportajes del Watergate requirieron una investigación tenaz y mucho ir y venir (con la ayuda de fuentes internas claves), ahora las noticias pueden saltarse a toda la prensa institucional. Incluso en sociedades autoritarias como la china, donde los medios de comunicación profesionales están limitados, los activos netizens o "ciberciudadanos" hacen una puesta en común de la información, contribuyen a los denominados "incidentes masivos", verifican los relatos oficiales y sacan a la luz escándalos a una velocidad y una escala notables.

Más allá de esta investigación con base ciudadana, de los Papeles del Pentágono y del Watergate, el caso del Cablegate supone una nueva forma de colaboración híbrida entre activistas de la transparencia y medios de comunicación. Es una forma de periodismo de investigación para un ecosistema periodístico global, que se ha creado a partir de una estructura de redes interconectadas de medios institucionales, de periodistas ciudadanos, de whistleblowers o gente que da la voz de alarma ante malas prácticas, y de plataformas tecnológicas. Cierto que de este modelo más participatorio surgen menos héroes periodísticos del tipo Woodstein, pero aquello fue una heroificación del periodismo que distorsionaba su función y hacía más difícil la crítica al sistema.

Al publicar los documentos a través de grandes medios de comunicación los grupos activistas de la transparencia como WikiLeaks demostraron que reconocían el contexto y conocimiento que los profesionales pueden aportar. Pero los medios de comunicación tradicionales, aunque valoran el acceso a semejante abundancia de documentos de interés periodístico, encuentran incómoda su colaboración en estas operaciones emergentes apátridas y supranacionales, aunque tengan una misión común: publicar información difícil de encontrar. Mark Coddington, catedrático de la Universidad Washington y Lee, ha analizado el modo en que los medios de comunicación tradicionales han reaccionado ante WikiLeaks, y ha mostrado cómo se sienten empujados a defender las fronteras de su autoridad profesional y el paradigma periodístico tradicional, que se basa en la institucionalización, en una relación más formal con las fuentes de información y en la objetividad.

De este modelo más participatorio surgen menos héroes periodísticos del tipo Woodstein, pero aquello fue una heroificación del periodismo.

La diplomacia debe tener algún componente de secreto y engaño, pero los Gobiernos tienden a llegar demasiado lejos al ocultar información, y estas prácticas entran en conflicto con nuestra idea de cómo funcionan mejor el periodismo y la vida ciudadana. Comprendemos mejor la Guerra de Vietnam tras haber tenido acceso a los Papeles del Pentágono, y el Cablegate nos ha dado una visión más franca de las relaciones internacionales. Debido a la preocupación por la seguridad debe haber información clasificada, pero ahora que las posibilidades tecnológicas del “periodismo en red” sustentan la colaboración (aunque sea incómoda) entre los activistas y los guardianes profesionales de la información, la balanza se inclina cada vez más hacia la transparencia.


Stephen Reese ocupa la cátedra Jesee H. Jones de Periodismo en la Universidad de Texas y es vicedecano de la escuela de Comunicación. Es coautor de Mediating the Message in the 21st Century: A Media Sociology Perspective.

Vargas Llosa, Los conversos a... ¿qué?

Mario Vargas Llosa, "Diálogo de conversos. Desde su experiencia personal como militantes de extrema izquierda, Roberto Ampuero y Mauricio Rojas publican un jaque mate a las utopías colectivistas", El País, 29 NOV 2015:

Esta semana dos cosas espléndidas ocurrieron en América Latina. La primera es, desde luego, el triunfo de Mauricio Macri en Argentina, una severa derrota para el populismo de los esposos Kirchner que abre una promesa de modernización, prosperidad y fortalecimiento de la democracia en el continente; es, también, un duro revés para el llamado “socialismo del siglo XXI” y el Gobierno de Venezuela, a quien el nuevo mandatario elegido por el pueblo argentino ha criticado sin complejos por su violación sistemática de los derechos humanos y sus atropellos a la libertad de expresión. Ojalá que esta victoria de una alternativa genuinamente democrática y liberal a la demagogia populista inaugure en América Latina una etapa donde no vuelvan a conquistar el poder mediante elecciones caudillos tan nefastos para sus países como el ecuatoriano Correa, el boliviano Morales o el nicaragüense Ortega, quienes deben estar en estos momentos profundamente afectados por la derrota de un Gobierno aliado y cómplice de sus desafueros.

La otra excelente noticia es la aparición en Chile de un libro, Diálogo de conversos (Editorial Sudamericana), escrito por Roberto Ampuero y Mauricio Rojas, que es, también, en el plano intelectual, un jaque mate a las utopías estatistas, colectivistas y autoritarias del presidente Maduro de Venezuela y compañía y de quienes creen todavía que la justicia social puede llegar a América Latina a través del terrorismo y las guerras revolucionarias.

Roberto Ampuero y Mauricio Rojas creyeron en esta utopía en su juventud y militaron, el primero en la Juventud Comunista, y el segundo en el MIR, desde cuyas filas contribuyeron a crear el clima de crepitación social y caos económico y político que fue el Gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular. Al ocurrir el golpe militar de Pinochet e iniciarse una era de represión, torturas y terror en Chile ambos debieron huir. Se refugiaron en Europa, Roberto Ampuero en Alemania Oriental, desde donde iría luego a Cuba, y Mauricio Rojas en Suecia. En el exilio siguieron militando en la izquierda más radical contra la dictadura, pero la distancia, el contacto con otras realidades políticas e ideológicas, y, en el caso de Ampuero, conocer y padecer en carne propia el “socialismo real” (de pobreza, burocratización, censura y asfixia política), los llevó a ambos a aquella “conversión” a la democracia primero y al liberalismo después. Sobre esto dialogan largamente en este libro que, aunque es un ensayo político y de filosofía social, se lee con el interés y la curiosidad con que se leen las buenas novelas.

Ambos hablan con extraordinaria franqueza y fundamentan todo lo que dicen y creen con experiencias personales, lo que da a su diálogo una autenticidad y realismo de cosa vivida, de reflexiones y convicciones que muerden carne en la historia real y que están por lo mismo a años luz de ese ideologismo tan frecuente en los ensayos políticos, sobre todo de la izquierda aunque también de la derecha, que se mueve en un plano abstracto, de confusa y ampulosa retórica, y que parece totalmente divorciado del aquí y del ahora.

La “conversión” no significa haberse pasado con armas y bagajes al enemigo de antaño
La “conversión” de Ampuero y Rojas no significa haberse pasado con armas y bagajes al enemigo de antaño: ninguno de los dos se ha vuelto conservador ni reaccionario. Todo lo contrario. Ambos son muy conscientes del egoísmo, la incultura y lo relativo de las proclamas a favor de la democracia de una cierta derecha que en el pasado apoyó a las dictaduras militares más corruptas, confundía el liberalismo con el mercantilismo y sólo entendía la libertad como el derecho a enriquecerse valiéndose de cualquier medio. Y ambos, también, aunque son muy categóricos en su condena del estatismo y el colectivismo, que empobrecen a los pueblos y cercenan la libertad, reconocen la generosidad y los ideales de justicia que animan muchas veces a esos jóvenes equivocados que creen, como el Che Guevara o Mao, que el verdadero poder sólo se alcanza empuñando un fusil.

Sería bueno que algunos liberales recalcitrantes, que ven en el mercado libre la panacea milagrosa que resuelve todos los problemas, lean en este Diálogo de conversos los argumentos con que Mauricio Rojas, que aprovechó tan bien la experiencia sueca —donde llegó a ser por unos años diputado por el Partido Liberal—, defiende la necesidad de que una sociedad democrática garantice la igualdad de oportunidades para todos mediante la educación y la fiscalidad de modo que el conjunto de la ciudadanía tenga la oportunidad de poder realizar sus ideales y desaparezcan esos privilegios que en el subdesarrollo (y a veces en los países avanzados) establecen una desigualdad de origen que anula o dificulta extraordinariamente que alguien nacido en sectores desfavorecidos pueda competir de veras y alcanzar éxito en el campo económico y social. Para Mauricio, que defiende ideas muy sutiles para lo que llama “moralizar el mercado”, el liberalismo es más la “doctrina de los medios que de los fines”, pues, como creía Albert Camus, no son estos últimos los que justifican los medios sino al revés: los medios indignos y criminales corrompen y envilecen siempre los fines.

Sería bueno que algunos que ven en el mercado libre la panacea milagrosa lean esta obra
Roberto Ampuero cuenta, en una de las más emotivas páginas de este libro, lo que significó para él, luego de vivir en la cuarentena intelectual de Cuba y Alemania Oriental, llegar a los países libres del Occidente y darse un verdadero atracón de libros censurados y prohibidos. Mauricio Rojas lo corrobora refiriendo cómo fue, en las aulas y bibliotecas de la Universidad de Lund, donde experimentó la transformación ideológica que lo hizo pasar de Marx a Adam Smith y Karl Popper.

Ambos se refieren extensamente a la situación de Chile, a ese curioso fenómeno que ha llevado, al país que ha progresado más en América Latina haciendo retroceder a la pobreza y con el surgimiento de una nueva y robusta clase media gracias a políticas democráticas y liberales, a un cuestionamiento intenso de ese modelo económico y político. Y ambos concluyen, con razón, que el desarrollo económico y material acerca a un país a la justicia y a una vida más libre pero no a la felicidad, y que incluso puede alejarlo más de ella si el egoísmo y la codicia se convierten en el norte exclusivo y excluyente de la vida. La solución no está en retroceder a los viejos esquemas y entelequias que han empobrecido y violentado a los países latinoamericanos sino en reformar y perfeccionar sin tregua la cultura de la libertad, enriqueciendo las conquistas materiales con una intensa vida cultural y espiritual, que humanice cada vez más las relaciones entre las personas, estimule la solidaridad y la voluntad de servicio entre los jóvenes, y amplíe sin tregua esa tolerancia para la diversidad que permita cada vez más a los ciudadanos elegir su propio destino, practicar sus costumbres y creencias, sin otra limitación que la de no infligir daño a los demás.

Hace tiempo que no aparecía en nuestra lengua un ensayo político tan oportuno y estimulante. Ojalá Diálogo de conversos tenga los muchos lectores que se merece.

Obras de escritores manchegos que ya son de dominio público según la ley

Ya se pueden imprimir libremente las obras de estos grandes escritores manchegos:


Francisco Rivas Moreno, (1851-1935) y Fernando Lozano Montes (1844-1935)


Para más información, aquí, o en los wikis que he escrito sobre ellos, aunque el primero ha crecido tanto que ya no lo conoce ni el padre que lo engendró en 2007, que soy yo.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Novela de Manuel Rivas sobre una librería


"Allí es donde quemaron libros en el 36”, dice Manuel Rivas señalando al otro lado de la dársena de A Coruña. En su novela Los libros arden mal hay una foto de ese momento: un grupo de fascistas celebra brazo en alto la hoguera encendida junto al Club Náutico. Muchos coruñeses conocieron aquel episodio por esa novela. “En el escudo de Coruña, sobre la Torre de Hércules, había tradicionalmente un libro”, explica el escritor, nacido en el barrio de Monte Alto en 1957. “Lo quitaron después de la Guerra Civil. La democracia volvió, pero el libro no”. Si aquella novela de 2006 hablaba de la quema de bibliotecas, El último día de Terranova (Xerais en gallego, Alfaguara en castellano) narra ahora la amenaza de desahucio que pende sobre una librería.

PREGUNTA. ¿Quedaban libros por destruir o historias por contar?

RESPUESTA. Yo escribo en círculos concéntricos. Los libros no son cuadrículas ni propiedades separadas. En mi caso, la célula madre es la poesía. En los ochenta escribí un poema sobre la memoria ­—‘Pan negro’— y ahí está la semilla. Después vinieron La lengua de las mariposas, El lápiz del carpintero, Los libros arden mal y ahora este, que parte de la posguerra y llega hasta hoy. Siempre tengo la sensación de que cuando acabo un libro no se acaba la historia. Como en ese cuadro de Millet en el que las espigadoras recogen lo que quedaba debajo de la tierra después de la cosecha, cuando terminas una novela quedan granos que luego rebrotan. Son nuevos círculos con la misma simiente, no una prolongación. Salvo en la línea del horizonte, la recta es un atraso. Hay que romperla.

P. ¿Los círculos de la literatura pueden llenar los vacíos que deja la historia?

R. En parte sí. Hay incluso un camino paralelo entre la literatura y la arqueología. Vas encontrando signos y huellas que conectas hasta construir un relato. Hay un punto que los arqueólogos llaman línea de lo inaccesible. La historia no se detiene, pero los últimos restos suelen ser ceniza, producto de una destrucción o de un fuego. La excavación se detiene, pero la imaginación puede traspasar esa línea, ir más allá de la búsqueda histórica sin perder el principio de realidad. Ese traspasar lo inaccesible es lo propio de la literatura.

P. ¿Llegará un día en que las librerías serán historia y habrá que imaginarlas?

R. De las últimas historias que leí y que me conmocionaron porque coincidió con la muerte de Mankell, hay una en sus memorias del cáncer, Arenas movedizas, que cuenta algo muy inquietante para la especie humana. Hasta el siglo XX, los restos históricos eran monumentos más o menos ruinosos, pero lo que va a dejar nuestra generación no va a tener fin: los vertidos radiactivos. Dentro de 100.000 años, los arqueólogos pueden encontrarse con una pesadilla. Pero en el mismo libro se recoge otra historia. Un hallazgo imprevisto durante unas obras en Suecia: una osamenta que tenía al lado una figura de madera. Llegaron a la conclusión de que era un títere. Claro que el ser humano va a conservar el títere. Estoy convencido…. Bueno, “estoy convencido” [ríe] es una forma de empezar. Claro que va a haber un lugar como lo que hoy llamamos librerías. ¿Cómo serán? Eso para el próximo libro. Mira, es buena idea. Hay gente que nunca ha entrado en una librería.

Parte del viaje literario consiste en luchar contra tus convenciones, contra tu propia estupidez
P. ¿Recuerda la primera vez que entró en una?

R. Sí, se llamaba La Poesía. Luego nos acercamos por allí. Está cerrada, pero conserva algo. Cada vez que paso por ahí pienso: “¿Por qué no me hago librero?, ¿por qué no abro La Poesía?”. Tengo una especie de culpa. En casa no había libros y le compramos uno a mi madre. Siempre se le regalaba algo para la casa —una fregona, una cafetera— y mi hermana María, que era la vanguardia, dijo que le compráramos uno porque en la niñez mi madre había leído mucho. Por casualidad. Murió mi abuela y mi abuelo se quedó con 10 hijos. Era campesino, vivía al lado de la casa rectoral y una sobrina del cura medio adoptó a mi madre, que subía al desván y se pasaba el día leyendo vidas de santos, que es lo que había, pero también estaban los poemas de Rosalía. El primer libro de mi vida fue oír a mi madre recitar a Rosalía. Ella era la boca de la literatura. Total, que nos fuimos a La Poesía y vimos un libro que coincidía bien con el presupuesto. Era un tocho; mucho mejor, un regalo más grande. Se titulaba Cinco mil años de historia. Mi madre lo abrió y, bueno, asomó de una lágrima. Nunca tuve miedo de entrar en las librerías. Si vamos es porque hay gente con la que nos gusta estar, no solo por los libros, aunque los libros también son gente.

P. ¿Por qué ir a una librería si puedes comprar por Internet?

R. Si desaparece el factor humano en los intercambios —y una librería es un lugar donde alguien que te da el libro con la mano—, también va a desaparecer lo humano en el libro. Tal vez es demasiado determinista, pero hay parte de razón. La ciudad existe porque existen librerías, el taller de bicicletas, las tabernas… En Coruña abrieron un centro comercial. La gente se sentaba allí porque llueve. Pensaron: “Si se sientan, no compran”. Quitaron los bancos y la gente se sentaba en las fuentes, así que pusieron unos hierros. En los libros te puedes sentar siempre. La literatura es resistencia, una intervención contra la realidad. Una vez existió esa idea de las vanguardias de que podías cambiar el mundo pintando, cantando, bailando. Lo inútil podía influir en lo útil, cambiar la vida. Ahora se perdió eso. Hubo una renuncia. Asumimos el discurso de lo útil. “Vuestra utilidad es el entretenimiento”, nos dicen. “Dedicaos a eso”. Pero uno sabe que hay libros que le han cambiado la forma de mirar, y eso también es cambiar la realidad, ¿no? Aunque sea por un instante, en un tris. Un tris vale mucho.

P. El librero de su novela se identificaba de joven con David Bowie. ¿Algún músico le influyó tanto como Rosalía de Castro?

R. El salto de las falsas fronteras entre alta y baja cultura lo vivimos a través de la música. La poesía estaba pasada de moda, pero seguía en las letras de las canciones. Estuve muy colgado con Dylan, con la Velvet, con Joy Division, con Patti Smith. Creo que no metí a Patti Smith en el libro porque me quise quedar con ella.

P. ¿Cabe la poesía en una novela?

R. Toda escritura es poética porque el lenguaje se pone o no se pone en vilo. Hay palabras que alcanzan esta condición. La lengua se pone en otro tiempo, que no es pasado ni futuro, sino otro tiempo. Esta novela tiene una hermana transgénero que es este libro [saca de la cartera A boca da terra, un poemario publicado en verano por Xerais]. Son hermanos siameses.

P. En sus libros de cuentos incluía poemas.

R. Empecé por ahí. Recuerdo estar escribiendo lo que a mí me parecían poemas en clase de matemáticas, con un profe muy serio. Pasó a mi lado y vio que en medio de las cifras había unos bichos. Me agarró la libreta. Pensaba que me iba a echar una bronca. Cuando me la devolvió dijo: “¿Por qué siempre escriben ustedes cosas tan tristes?”. Pensé: “Así que soy de una especie de club de los tristes”. Aquello me vino bien porque se dio en mí una reacción que es la marca moderna de la literatura: la ironía. Reaccionar contra el estigma de triste me activó el lado irónico. Otro detector de la literatura es que es una creación que no quiere dominar. La diferencia con otros discursos ­—la filosofía, la historia— es que no te quiere dominar. Cuando te quiere dominar notas que pasa algo raro, que está intoxicada.

P. ¿Mantiene activa la ironía para no convertirse en escritor nacional de Galicia?

R. Total. Caes en la caricatura si te consideras el símbolo de algo. Lo más triste que le puede pasar a un escritor es que lo conviertan en un monumento, decía Cortázar. Parte del viaje literario consiste en luchar contra tus convenciones, contra tu propia estupidez. Eso no quita que la literatura tenga una dimensión de activismo, pero no puede caer en la condición de instrumental. Acabaríamos matándola. Eso sí, todo lo que escribes te va a comprometer.

P. Sus protagonistas son muchas veces víctimas de la historia. ¿No se corre el riesgo de embellecer la derrota?

R. Por supuesto, por eso es importante enseñar lo que cada uno tiene de contradictorio. De cada personaje sabes a través de otro. Me lo dijeron de El lápiz del carpintero: los buenos son muy buenos, y los malos, muy malos. No lo creo. Precisamente para evitarlo le di la voz del narrador al verdugo. Pero es un riesgo. Por eso no me gustan los cuadrados. Estamos habitados por varios seres. En esta novela, a uno que es muy estudioso su hijo lo ve como un cobarde. Somos tambaleantes, frágiles. Escribir es estar en una posición de fragilidad.

Nuestra serie negra, esa que dicen que no hemos tenido, está en los libros de la Guerra Civil. La diferencia es que aquí la mafia ocupaba el Estado.
P. Parte de la novela transcurre durante los funerales de Franco y es crítica con lo que vino después.

R. España es una democracia amputada. Ya no tiene sentido discutir quién debía haber ido a la cárcel, pero la gente debe saber que un torturador como Billy el Niño sigue campando y que nunca hubo una comisión de la verdad. Hemos visto en televisión campos de concentración nazis, pero no franquistas, que hubo. Puedes acceder a documentos de EE UU, pero a los de aquí no. A lo que no podemos renunciar es a la verdad. Nunca es tarde. Nuestra serie negra, esa que dicen que no hemos tenido, está en los libros de la Guerra Civil. La diferencia es que aquí la mafia, la organización criminal, ocupaba el Estado.

P. Cuando termina la dictadura en España empieza en Argentina, también muy presente en este libro.

R. La Operación Cóndor se preparó en el funeral de Franco. Además, para mí fue muy importante escribir la historia de la aniquilación de la familia Oesterheld [“El desaparecido HGO”, recogido en A cuerpo abierto]. Les mataron las cuatro hijas sucesivamente. Tenían 24, 23, 19 y 18 años, alguna embarazada. A Héctor Germán Oesterheld todos lo adoraban, y no solo como guionista de los cómics de El Eternauta. Lo desaparecieron. Quedan dos nietos y la abuela, Elsa, que se preguntaba por qué seguía viva. La novela está dedicada a ella.

***

La Poesía sigue cerrada en la calle San Andrés. Rivas repara en que además han borrado el rótulo de la librería: “Mala señal”.

¿Para qué? ¿Para quiénes? Y, ya puestos... ¿por qué?

"Escribir libros es historia sin fin", dice el Eclesiastés. Y dice bien, porque añade que "es infinito el número de los necios" y no hay nada más necio que creer saber algo y echarlo a vientos que llevan igual los aromas que las pestes. Que cada cual lo interprete como quiera, pero quienes padecemos esta falta de fin y esta necedad consciente somos quienes escribimos y leemos y siempre nos dejamos algo (casi todo, en realidad) en el tintero o el estante; el resto ni se lo plantea, engorda con la inercia y se sacia con basura.

Esto viene a cuenta de que me pidan que escriba sobre Ángel Crespo... cosa que haría (que haré) de mil amores, si no me hubieran pedido también que escriba un artículo sobre la Movida en la Ciudad Real de 1981, otro sobre Félix Mejía en Estados Unidos para la Universidad de Cádiz y otro para el segundo Congreso del Instituto de Estudios Manchegos. ¿Y dónde dejaré mis vanos pero queridos proyectos, algunos de quimérica ambición, pero que van saliendo poco a poco, de historiar la literatura manchega, concluir una edición completa de las obras de Félix Mejía, terminar de una vez mi edición de Sebastián de Almenara...? Y sin que nadie me dé un duro por ello (a nadie le interesa ampliar la cultura, y menos a los bancos, porque eso les quita réditos), cuando tengo que pagar las mismas hipotecas o más que los pedigüeños? ¿Para qué? ¿Alguien se ha leído siquiera mi edición del teatro de Félix Mejía? Hay gente con una cara aplastante, de verdad. Por lo menos los de Miciudadreal te invitan a una comida todos los años.

Mis alumnos tienen motivos más legítimos y mejor retribuidos: que corrija sus exámenes y trabajos. Se ve que importan más los medios que los fines. Si el fin es aumentar el conocimiento, el fin verdadero es sacar de su enseñanza un modo de vida, y por tanto el fin primario se vuelve secundario, se falsea, es un pretexto. La pena que hay que pagar por esto es un aburrimiento sin límites luchando a brazo partido con una verdadera y cada vez más cerril ignorancia, obcecada en burrificar y cada vez con más poderosos aliados en la basura social: medios políticos (políticos basura y reformas de la enseñanza basura), informativos (televisión, radio, prensa y libros basura) etcétera. Y así es como se pierde la batalla de la cultura, cada vez está más claro. La gente confunde cultura y preparación. Nadie nos va a ayudar. Algunos alumnos ya no entienden ni siquiera un vocabulario de más de quinientas palabras... lo he comprobado fehacientemente (vocablo que les es tenebroso, y ni siquiera sabrían descomponerlo morfológicamente -otro que tal-, cuanto más que se ha querido y se va a lograr expulsar a la misma "fe" del programa educativo). El nihilismo capitalista, ajeno a cualquier ética, nos está destruyendo.

Pero lo que realmente quieren todas estas basuras que nos gobiernan y ensucian la televisión deponiendo sus opiniones, todas erradas, es que nos cuestionemos el pretender instaurar la cultura, el arte y la ciencia en lo más alto de la sociedad. Interrogarse sobre ello es precisamente autorizar que todo vale e instaurar el nihilismo allá arriba. Y, eso, nunca lo conseguirán. Porque debe haber algún orden y algún valor (un valor no económico) allá arriba y lucharemos como sea y donde sea, aunque estemos panza arriba.

jueves, 26 de noviembre de 2015

La Banca ignora la ley porque la ley se lo permite y ningún "representante" del pueblo la cambia


El Banco de España respaldó 15.516 reclamaciones, pero las entidades solo rectificaron sus errores en 7.487 ocasiones. La ley les permite no hacer caso al supervisor. La banca ignora cinco de cada seis quejas apoyadas por el supervisor

El Banco de España recibió el año pasado 29.528 reclamaciones. Son un 14,8% menos que el año anterior, cuando se produjo el récord de quejas en la institución por parte de clientes en desacuerdo con su entidad bancaria. Sin embargo, aunque el supervisor dio la razón al reclamante en 9.987 ocasiones y los bancos rectificaron su error sin abrir expediente (allanamiento) 5.619 veces (un total de 15.516), las entidades solo dieron marcha atrás y admitieron que el cliente tenía razón en 7.486 informes.

Esto supone que en el 48% de los casos en los que el Banco de España dijo que el usuario tenía motivos fundados para la reclamación, las entidades se lo concedieron, según la Memoria de Reclamaciones de 2014. Pero en el 52% restante, no

La legislación actual permite no acatar las decisiones del supervisor. Tanto el Banco de España como la CNMV, organismo al que tampoco deben obediencia las empresas controladas, han pedido al Gobierno una modificación de la ley, pero no lo ha hecho. El Banco de España admite que no está cómodo con esta situación e insta a las entidades a "realizar un esfuerzo" para mejorar el número de veces que se sigue su dictámen y se dá la razón al cliente. Y añade: "La no rectificación podría ser indicativa en otros de una escasa voluntad de la entidad para asumir los criterios de buenas prácticas del Banco de España".

Si se desglosan los datos hasta analizar solo las rectificaciones (sin los allanamientos) en los datos provisionales hasta el 30 de septiembre de 2015, el porcentaje de rectificación en reclamaciones, excluidas las cláusulas suelo de las hipotecas, es del 36,5%, y en los casos de quejas por estas cláusulas, el porcentaje baja al 32%.

Estas condiciones de las hipotecas fueron la causa de 9.852 reclamaciones en 2014, de los que 6.687 fueron favorables al reclamante. De estos, solo se rectificó en 1.098 casos, es decir, en un 16,4%, aunque en 3.693 casos (el 27,3¨%) los bancos decidieron dar la razón al cliente (allanamiento) en cuanto supieron que había reclamado al Banco de España.

El supervisor eleva el tono y critica que suban tanto los allanamientos porque entiende que significa que los bancos retrasan dar "una solución efectiva a favor de su clientela, hasta que presenta la reclamación" ante el el Departamento de Conducta de Mercado y Reclamaciones (DCMR). 

Por primera vez, el supervisor especifica las entidades que menos rectifican en los temas generales: Ibercaja Banco (8,3% de las ocasiones), Catalunya Banc (6,6%, hoy BBVA) y Barclays Bank (6,3%, hoy CaixaBank). En cuanto a las cláusulas suelo, los menos obedientes, "con ratios de rectificación muy por debajo de la media", son Caixabank (9,2%) , Liberbank (7,2%), Banco CCM (7%), Unicaja Banco (5,5%) o Banco de Caja España (1,2%). "Destacan negativamente diez entidades que, tras recibir informes favorables al reclamante, no han rectificado en ninguno de los casos, como son Caja Rural de Granada, Credifimo, Caja Rural de Castilla-La Mancha, Caja Rural de Navarra, Caja Rural de Jaén, Barcelona y Madrid, Abanca, Caja de Arquitectos, Caja Rural de Extremadura, Targobank y Bancofar.

Los créditos, motivo de queja

Los principales motivos de reclamación se siguen concentrando en los créditos, que absorben un 68,9% del total de reclamaciones, manteniendo su volumen respecto al pasado ejercicio. "No obstante, se observa un ligero descenso de las reclamaciones por cláusulas suelo (52,8%)" y un aumento del peso en reclamaciones sobre otros créditos.

Aunque las reclamaciones en 2014 y los nueve primeros meses de 2015 están cayendo, el supervisor admite que "si se comparan las cifras de 2014 con las 2012, se observa que el incremento en el número de reclamaciones es del 106%, lo que parece confirmar la estabilización del número de reclamaciones en niveles equivalentes al doble de los registrados en el período 2009-2012".

El Banco de España también recuerda que, pese a la cesión de competencias al BCE, esta labor de vigilancia le sigue correspondiendo a el como supervisor de conductas.