miércoles, 4 de mayo de 2016

Un restaurante horroroso y con ínfulas

Kiko Amat, "Humillación en el restaurante con ínfulas", en El País, 4/05/2016:

Mal servicio, mala comida y sablazo final: la desastrosa visita de Kiko Amat a un antro peripuesto de la Costa Brava inaugura una sección en la que nuestros escritores favoritos hablan de restaurantes.

El otro día mi familia y yo fuimos víctimas de un atraco que se perpetró a plena luz del día ante la aterrorizada mirada de medio centenar de víctimas (en proceso de ser también victimizadas). El delito en cuestión no fue cometido por un caco toxicómano ni un psicópata en busca y captura, sino por un restaurante ampurdanés llamado La Timoteca (1). Un lugar cuyo espíritu es una combinación perfectamente espantosa de inoperancia, desinterés, clasismo e ínfulas abochornantes, casi punibles por la ley.

Éramos siete: mi mujer, mis dos hijos y una familia de tres que ahora me tiene bloqueado en el Whatsapp. Y yo, que había escogido –por razones que soy incapaz de comprender– aquel vergonzante vertedero sin virtud. Teníamos mesa reservada a las 14:30, y el propio dueño nos acomodó solo llegar. Eso, de hecho, es todo lo que va a decirse aquí a su favor: que nos proporcionó sillas y nos permitió sentarnos en ellas, en lugar de atarnos las muñecas a las rodillas y dejarnos medio morir de hambre y sed, al modo Guantánamo, en el duro suelo.

Pero me contradigo: el servicio de La Timoteca sí nos dejó morir de hambre y sed. Un chico y una chica con la expresión perpetuamente abatida de los que han sido abandonados a su suerte, y el chef, que se paseaba por entre las mesas impávido y altivo como el almirante Mountbatten en plena campaña naval, pusieron en práctica una táctica de atrición que uno solo relacionaría con los grandes cercos bélicos de la historia (El Álamo, quizás; Stalingrado, incluso): cerrar el flujo de víveres, quizás esperando que la hambruna y la ausencia de líquidos provocasen nuestro desfallecimiento (si bien breve, para poder cobrarnos igual).

Pasaron entonces muchos minutos, y los minutos empezaron a agruparse en mitades de hora, siguiendo su costumbre, antes de que nadie se dignase siquiera a echarnos un vistazo cauteloso, como el que echarías desde la puerta al interior de una leprosería. No pedíamos ni cariño, solo algo de obsequiosidad y una mísera muestra de interés, pero no hubo manera: se inventaron seis métodos nuevos de comunicación sin hilos y los científicos hallaron un nuevo combustible no-fósil, y solo entonces el servicio –un risible dúo– se rebajó a reparar en nuestra innoble presencia. Gracias a Dios. Habíamos empezado a palparnos los unos a los otros, sospechando que alguien nos había echado por encima el manto de invisibilidad de Frodo Bolsón.

Al final llegó el camarero. Nos pusimos muy contentos, un poco como los rescatados de ¡Viven!, aunque lo cierto es que aquel pájaro llegaba 30 minutos tarde. Sudando a mares, además, como si acabase de realizar alguna desaconsejable pentatlón transampurdanesa, pero, eso sí, sin emplear con nosotros la menor disculpa. Acto seguido, y luciendo su mejor rictus de repóquer, nos hizo entrega de las anheladas cartas. Seré franco: ¿todo lo que había en aquella carta, redactada de forma ampulosa y gongorina? Era una birria. Una birria de nombre aparente y regio, con múltiples ornamentos y servido haciendo malabares con platos chinos encima del cegador prepucio del chef, pero una pura birria igual.

Y: sed. Una sed atroz. Ni los reos de Tenko pasaban la sed que pasamos nosotros en La Timoteca, y ellos al menos tenían agua fecal. En La Timoteca no. Allí no te ofrecen ni la disentería. Ni, desde luego, cerveza (pues se ve que es bebida de pobres). En su lugar nos presentaron una esencia turbulenta en estado líquido llamada Inedit Damm servida en copas muy aparentes (el equivalente de servir coca-colas tibias en el Santo Grial), pero solo tras quince nuevos minutos de espera.

Mientras trasegábamos, algo abatidos, aquellos tres buches de cripto-cerveza caldosa transportada en carruaje de vizconde, desfilaron sobre nuestra mesa los primeros embustes: una cosa que llamaron, sin asomo alguno de ironía, “reducido crujiente de paella”, o lo que en países menos dados a la fantasía hiperbólica sería conocido como Do-ri-tos. Jodidos doritos, acompañados poco después de un qué-me-estás-contando explosivo, y casi etéreo en su insignificancia, de tomate con una anchoa. Pan con tomate en pildorita, para astronautas. O para gilipollas, como todo apuntaba que era nuestro caso.

Oh: y el pan. El viejo pan. El nuevo pan. El pan que nunca llegó, ni del frío ni de ninguna otra parte. Lo fabrican allí, ¿saben? En SU PROPIO HORNO. Por supuesto, eso da lo mismo, porque ustedes jamás llegarán a verlo. Para el caso podrían anunciar que está amasado al unísono por las nalgas de la Virgen María y el chirri de la pornstar Ann Davis. Su pan es de fantasía, como los Reyes magos o el advenimiento del comunismo internacional. Una deseable quimera. A lo único que podrán hincarle el diente, queridos comensales de La Timoteca, es a su propia fe; y esta va a desintegrarse en unos instantes. Se lo garantizo.

Así estábamos los siete, rezándole a un elusivo pan mágico, cuando (otra quincena de minutos más tarde) se materializó en nuestra mesa el paté, que –ya lo imaginan- tuvimos que degustar a machetazo salvaje hacia nuestras bocas, como hotentotes, pues el trigo de las santificadas obleas de SU PROPIO HORNO estaba aún siendo sembrado en SU PROPIO HUERTO (inciso: me gustaría ver a qué llaman “huerto”. Si todo funciona en base a la misma escala de demencia reductiva, su “huerto” es un triste tiesto de supermercado chino con dos hojas de menta chuchurridas y una rama osificada de romero).

Pero al menos hubo vino. Es un decir.

Aquí, debo admitírselo, perdimos la compostura y empezamos a carcajearnos de aquel vil vodevil. Pues la carta de vinos estaba en Ipad, un cachivache capaz de almacenar gigas y gigas de información vinícola, y que en La Timoteca consideran indispensable para exponer su fastuosa bodega de 8 vinos. Sí: ocho. Ja, ja es lo único que procede expresar aquí. Admitan que ustedes también se habrían reído como locos a cada pasada de dedo sobre la carta de vinos más ridícula de la historia. Aquella carta digital era como un brik de Don Simón envuelto en armiño y piedras preciosas, empuñando un cetro y dando órdenes descabelladas al vulgo. Mucho-mucho para luego, a la que le arrancas la pirotecnia, nada-de-nada.

Sigamos: tras dos eras geológicas, la extinción de doce razas de insecto y seis temporadas de una serie de HBO, aterrizaron los segundos platos. No llegué a ver qué les sirvieron a mis pobres hijos, pues desapareció como la tripulación de Alien el Octavo pasajero: de un mordisco. Les digo con absoluta sinceridad que nunca había visto a nadie comer con tal apetito primigenio, que me hizo pensar en los terribles azotes de hambruna del año mil.

En todo caso no culpo a mis niños por deglutir de ese modo, desoyendo los requisitos respiratorios mínimos e ignorando el uso de cubertería básica: eran ya las 16h de la tarde, corcho. Sobre esa hora, tiempo de merienda en toda Europa, unos instantes antes de que trajesen nuestros platos, yo empecé a aullar “¡pan con Nocilla! ¡traigan pan con Nocilla!”, medio turulato por el hambre y el maltrato.

Sigamos con los segundos platos. Se antoja complicado describir cómo eran, y la web de La Timoteca no esclarece la cuestión (no cuelgan el menú, imagino que temerosos del escarnio universal). Pero puedo decirles esto: que todo sabía medio hervido, sin enjundia ni sazón, ni (huelga decir) estaba aquello cocinado con amor de ningún tipo, y las únicas lágrimas que fuimos capaces de distinguir en el plato de “Calamarcitos con lágrimas de guisantes” que pidió mi amigo David las estaba derramando él mismo, sobre el mantel, incapaz de contenerse, ya consciente del homérico timo culinario del que había sido víctima. Cada uno de dichos platos valía unos 30 Euros. 30 del ala de inmundicia hervida, de no-entidad pasada por agua, 120 euros en segundos platos de la más espeluznante NADA que he tragado en toda mi existencia.

No pregunten por postres, copas, cafés. Como habrán empezado a sospechar, no nos quedamos para experimentarlos. Y quiero decirles ahora que no me considero un hombre poco razonable, ni de espíritu cruel. Sé lo que es un mal día. No esperaba una procesión de flagelantes del Medioevo rumbo a nuestra mesa, arrancándose la piel con sonoros restallidos de látigo a cada paso, implorando nuestra clemencia, ni tampoco que el chef se practicase un vistoso harakiri. Pero un miserable “eh, lo sentimos mucho, hoy estábamos completamente desbordados, nos sentimos fatal”, acompañado de algún tipo de descuento, hubiese sido lo elegante. Lo decente. No por regatear, ni por racanería, maldita sea, sino por puras razones de justicia fundamental y de dignidad elemental.

Pero en La Timoteca no opinan lo mismo. Ni en broma, vaya. Nos cobraron los más de 200 euros de la cuenta sin pestañear, tras dos horas y media de servicio infame y cocina lamentable. Su idea de disculpa fue servirnos (agárrense) cuatro chupitos de garnatxa (2), sí, garnatxa (carcajéense ahora, sin temor), lo que (convendrán conmigo) es más un insulto directo a la propia madre que un acto de reparación o contrición, en cualquier cultura de bípedos dotados de alma. Para entonces, el chef ya había dejado de pasearse, impertérrito, por entre las mesas, consciente de que los comensales de aquella absurda ilusión con nombre de restaurante iban a desembuchar igual.

Conclusión: si quieren ser humillados, mal servidos, mal alimentados y para colmo atracados, diríjanse a La Timoteca. Sale algo más caro que una visita a una madama de sadomaso, pero les dominará e insultará de formas mucho más imaginativas, y encima no hay palabra de seguridad ni forma de escape. La tortura está servida.

(1) Le hemos cambiado el nombre por razones legales. Aunque no lo merezcan.

(2) Vino de licor dulce, típico del Ampurdán y similar al moscatel.

Los parientes ingleses de Cervantes


El hallazgo de un acta notarial firmada por Miguel de Cervantes Saavedra con su puño y letra en Utrera el 30 de marzo de 1593 levantó la liebre. El historiador Julio Mayo encontró el documento en los Protocolos Notariales del Archivo Histórico Provincial de Sevilla. El manco de Lepanto, entonces comisario real de Felipe II y encargado de aprovisionar a los barcos de la Armada que escoltaban a los mercantes españoles en la Carrera de Indias, apoderaba en este escrito al arriero Juan de Balbuena para recoger y acarrear cebada y trigo de la zona hasta los puertos gaditanos.

El 28 de noviembre de aquel mismo año, ante el retraso de 296 de las 500 fanegas de trigo comprometidas, de nuevo un comisario real se presentó en Utrera a reclamarlas, pero no fue don Miguel, sino «un tal Juan Titón de Cervantes», según comprobó con sorpresa Mayo.

«En un principio llegamos a pensar que, dada las habilidades picarescas del escritor, podría haber mandado en su nombre a otra persona con el fin de que pudiese hacer sus veces, por la dificultad de tener que acudir a reclutar cereales a tantos pueblos» y que el cambio de nombre «hubiese sido un error del secretario del ayuntamiento», pero este archivero municipal de Los Palacios averiguó que el susodicho Juan no sólo existió sino que compartió oficio con Cervantes en las mismas fechas, así como jefe (don Cristóbal de Barros), zona de actuación... y hasta apellido. ¿Casualidad?

«Es familia seguro», afirma con contundencia Mayo al constatar tantos puntos en común. El historiador sevillano indica además que el apellido Cervantes «era bastante peculiar y singular» en Sevilla y recuerda que el cronista del siglo XVII Rodrigo «Méndez Silva ya refiere que tenía familiares aquí».

Si como sostiene Mayo ambos eran parientes, Miguel de Cervantes «tenía familia de origen inglés» ya que Juan Titón era hijo de Hugo Titón de Cervantes, «un espía católico al servicio de la corona española, asentado aquí en la península, que viajaba con frecuencia a Inglaterra en aquellos años de conflictos entre españoles e ingleses». Así lo señala A. J. Loomie en su estudio sobre el cónsul inglés de Andalucía Thomas James.

Hugo Titón formaba parte de la colonia de mercaderes de la ciudad de Bristol que se habían establecido en Sanlúcar de Barrameda por iniciativa de la Brotherhood of St. George (la hermandad de San Jorge) fundada en 1517 con autorización del duque de Medina Sidonia. Su antepasado sería John Tintam, quien capitaneó una de las expediciones ordenadas por don Enrique de Guzmán en 1482 en la costa de Guinea contra los intereses portugueses en el comercio de esclavos y piedras preciosas. «El apellido inglés Tintam acabó castellanizándose como Titón», sospecha Mayo, que ha encontrado en el Archivo General de Simancas y en el Archivo de Indias más datos sobre Juan Titón de Cervantes y más coincidencias, como que «también estuvo cautivo en Argel como Cervantes».

El propio Juan Titón declaró en una petición administrativa datada el 6 de julio de 1589 que tenía 33 años, era hijo de Hugo, que murió a los 80 años en Sanlúcar tras haber vivido 60 años en España. Juan ofrece en ese documento multitud de detalles sobre las costas inglesas y señala que como su padre, pertenece a la Inquisición (Archivo General de Simancas, E 2851).

El apellido Titón aparece relacionado con una obra cervantina, «La española inglesa», sembrada de recuerdos autobiográficos como señaló en 1900 Norberto González Aurioles. En el convento de Santa Paula de Sevilla, donde se desarrolla esta historia, fue abadesa en 1590 doña Juana de Cervantes Saavedra, familiar carnal del literato, y frente al mismo vivía el matrimonio formado por María Titón y Francisco de Cifuentes. «Difícil es averiguar qué género de relaciones pudo tener Cervantes con Francisco de Cifuentes, pero tengo por indudable que tales relaciones existieron», señaló en su día González Aurioles al comprobar que llevaba el mismo apellido que uno de los personajes de «La española inglesa». La clave, revela Mayo, está en su esposa María Titón, de quien sería pariente.

Herver de Cervantes

Una hija de este matrimonio, Ana de Santo Domingo, ingresó en este convento, al igual que la hija de Juan de Herver de Cervantes e Isabel de Salamanca en 1577. González Aurioles sospechó a finales del XIX del posible parentesco de este Juan de Herver con el célebre escritor. «Hoy sabemos que Herver, de Hervert, es un apellido de origen inglés», explica Julio Mayo.

Según cuenta el erudito José Gestoso y Pérez en su diccionario, los Herver eran plateros y habían llegado procedentes de Córdoba, la ciudad donde el licenciado Juan de Cervantes, abuelo de don Miguel, tuvo cargos oficiales durante varios años. «Todos estos datos demuestran que los Cervantes estaban emparentados con extranjeros y que el autor del Quijote tenía parientes en Sevilla», afirma el historiador.

Así se explica, a su juicio, el conocimiento de Cervantes de la corte inglesa o cómo pudo describir la capacidad portuaria de Londres. «Si no estuvo en Inglaterra, que no está probado, sí fue conocedor de multitud de detalles que podrían haberle proporcionado sus familiares» y que el propio Cervantes podría haber completado consultando las obras de literatura inglesa de la biblioteca de los jesuitas.

Sus lazos familiares también explicarían cómo Cervantes, «un hombre católico del Imperio de Felipe II, nunca rezuma animadversión hacia los ingleses».

«Hay una clara conexión familiar, un claro vínculo con Inglaterra», resalta Mayo, para quien estos aspectos hasta ahora desconocidos de su biografía «son aportaciones que repercuten en su obra completa».

«Hay que tener en cuenta este nuevo aspecto biográfico documentado de su vida», dice convencido de que «estamos más cerca de entender, a través de Sevilla, las conexiones de Cervantes con su familia de origen inglés y la Inglaterra de Shakespeare».

Julio Mayo desconoce si alguna obra de William Shakespeare llegó a manos del príncipe de los ingenios españoles, pero se muestra convencido de que el inglés «sí tuvo que leer a Cervantes» habida cuenta de las similitudes que encuentra en «Cimbelino», una de sus últimas obras de teatro, con la historia de «El curioso impertinente», o los pasajes de «Cardenio» que recuerdan al Quijote. La conexión que existía entre los puertos de Londres y Sevilla habría llevado la obra cervantina hasta Inglaterra y la acogida debió de ser notable, a juicio del historiador, porque «en 1616 ya se traduce "El Quijote"al inglés».

martes, 3 de mayo de 2016

Fahrenheit 451

Es una de las películas más inquietantes que he visto, Fahrenheit 451 de François Truffaut, sobre una novela de Ray Bradbury. Hoy tendría más sentido hacerla que antes, porque la cultura audiovisual está aplastando a la escrita. La escena en la que la mujer se quema viva entre sus libros me conmocionó.

1. Avance, o, como se suele decir, trailer.
2. El discurso del jefe de bomberos.
3. Película pirateada completa. Véase especialmente a partir de 47 minutos 12 segundos. Es una escena que me impresionó y a la que pertenece la imagen de abajo. 

En El nombre de la rosa también se quema una biblioteca. Se oponen apocalípticos e integrados:

4. La risa y el segundo libro de la Poética de Aristóteles


5. Artículo mío sobre la quema de libros en la literatura.

Análisis y comprensión artificial de textos

I

Antonio Moreno, "¿Cómo puede un ordenador entender el lenguaje natural?", en  Huffington Post, 3/05/2016:

¿Cómo entrenan los investigadores de la Inteligencia Artificial a los ordenadores para leer y extraer información de documentos escritos? ¿Cómo consiguen que un ordenador realice análisis automático de textos?

La comprensión de una lengua natural es una tarea clave para dotar de inteligencia a agentes computacionales. El lenguaje es probablemente el mecanismo de entrada de datos más importante y eficiente de los seres humanos, superando incluso a la visión. Un buen ejemplo de un sistema de comunicación hombre-máquina sería uno en el que una máquina puede leer una pregunta de un humano y procesarla para proporcionar una respuesta.

Hoy estamos inundados de Big Data, es decir, cantidades enormes de datos en diversos formatos, incluido el textual, y sería un disparate leer y procesar toda esa información de forma manual. Es por eso por lo que los sistemas de análisis automático de texto (Text Analytics) están teniendo mucho éxito en los últimos tiempos, ya que su función es entender la información no estructurada expresada en una lengua y convertirla en información estructurada como resumen de su contenido, como una relación entre sus elementos más significativos o clasificando un documento por su temática.

La tecnología se aplica ya a sectores muy diversos, desde la medicina a las finanzas o la legislación. Hay aplicaciones que leen millones de emails y los clasifican como spam, y otras que clasifican tuits como positivos o negativos. Algunos ejemplos de ello son el sistema Watson, que ha ganado a los mejores competidores humanos en el concurso Jeopardy, o la aplicación Lynguo, que analiza textos de forma automática para perfilar a los clientes y detectar opiniones o emociones.

¿Cómo es todo esto posible? Naturalmente, con décadas de investigación y desarrollo, pero sobre todo con aproximaciones híbridas e interdisciplinarias: combinando razonamiento lógico y lingüístico, análisis estadístico e innumerables bases de conocimiento.

Sin embargo, todavía estamos lejos de llegar a un funcionamiento fluido y satisfactorio similar a la capacidad analítica de un ser humano medio. Como dice John Sowa, los sistemas inteligentes necesitan integrar un ciclo cognitivo de percepción, aprendizaje, razonamiento y acción. La parte del procesamiento del lenguaje natural se centra sobre todo en la comprensión del contenido y en el aprendizaje, es decir, cómo conseguir interpretar mensajes nunca antes analizados por el ordenador.

Esto es precisamente lo que realizan los niños: con pocos estímulos e instrucción, son capaces de ir aprendiendo estructuras lingüísticas y contenido semántico y pragmático muy rápidamente. Sin embargo, los ordenadores todavía tienen una capacidad de aprendizaje de fenómenos lingüísticos nuevos muy reducida.

Si quieres saber un poco más sobre el análisis automático de texto, consulta este artículo: El análisis automático de texto con 'Big Data' e Inteligencia Artificial.

II


Este post trata de cómo los investigadores de la Inteligencia Artificial (IA) entrenan a los ordenadores a leer y extraer información de documentos escritos. Es decir, sobre cómo conseguir que un ordenador realice análisis automático de textos.

La comprensión de una lengua natural como el español o el chino (Natural Language Understanding, en la jerga de la IA) es una de las tareas claves para dotar de inteligencia a agentes computacionales. El lenguaje es probablemente el mecanismo de entrada de datos más importante y eficiente de los seres humanos, superando a la visión (aunque no suplantándola).

Leer una pregunta de un usuario y buscarla en una fuente de información (ya sea en una base de datos o en Internet) para proporcionar una respuesta es un buen ejemplo de un sistema de comunicación hombre-máquina. Con la extensión global de Internet estamos inundados de Big Data (cantidades enormes de datos en diversos formatos, incluido el textual). Nadie es capaz ni de imaginarse leyendo y procesando toda esa información.

Por ello, los sistemas de Análisis automático de texto (Text Analytics) han florecido en los últimos tiempos. Su objetivo es entender la información no estructurada expresada en una lengua y convertirla en información estructurada, bien como resumen de su contenido, como una relación entre sus elementos más significativos o clasificando un documento por tu tipología temática. La tecnología está madura y se aplica a muy diversos sectores, desde la medicina a las finanzas o la legislación. Hay aplicaciones que leen millones de emails y los clasifican como spam o analizan tuits como positivos o negativos. Incluso hay un sistema (Watson) que ha ganado en el concurso Jeopardy a los mejores competidores humanos. Otro ejemplo es la herramienta Lynguo, que analiza textos de forma automática para perfilar a los clientes, detectar opiniones, sentimientos, intenciones o emociones. 

¿Cómo se ha conseguido todo esto? Naturalmente con décadas de investigación y desarrollo, pero sobre todo de aproximaciones híbridas e interdisciplinarias: desde razonamiento lógico y lingüístico hasta análisis estadístico, e innumerables bases de conocimiento.

Cualquier niño de la escuela infantil, antes de aprender a escribir, ya habla su lengua materna con una fluidez y destreza muy superiores a las de un adulto que está aprendiendo una segunda lengua a la que le ha dedicado varios años de estudio. La aparente paradoja cognitiva entre la capacidad de aprendizaje y el nivel de experiencia e inteligencia del niño y el adulto es la pregunta que ha inspirado a numerosos psicólogos y lingüistas durante décadas.

Por supuesto, todavía estamos lejos de llegar a un funcionamiento fluido y satisfactorio similar a la capacidad analítica de un ser humano medio. Como dice John Sowa, los sistemas inteligentes necesitan integrar un ciclo cognitivo de percepción, aprendizaje, razonamiento y acción. La parte del procesamiento del lenguaje natural se centra sobre todo en la percepción (entender el contenido) y en el aprendizaje, es decir, cómo conseguir interpretar mensajes nuevos nunca antes analizados por el ordenador. Esto es precisamente lo que realizan los niños: con pocos estímulos y escasa instrucción directa son capaces de ir aprendiendo muy rápidamente estructuras lingüísticas y contenido semántico y pragmático. Sin embargo, los ordenadores tienen todavía una capacidad de aprendizaje de fenómenos lingüísticos nuevos muy reducida. De hecho, el coste de adaptar un sistema a un nuevo dominio semántico es todavía muy alto en términos de tiempo y esfuerzo.

Si te interesa adentrarte en el Análisis automático de texto, te animamos a que te descargues la publicación Text Analytics: the convergence of Big Data and Artificial Intelligence.

domingo, 1 de mayo de 2016

Una estrategia funcional para impedir el bullying

Leslie Blanchard, madre de cinco hijos, esposa, escritora: "Mi peor pesadilla: ¿y si estoy criando a una abusona?", Huffington Post 1/05/2016 

Nunca olvidaré el día en que mi hija me contó que Bethany, una niña de su clase de cuarto de primaria, la estaba molestando.

"¿Qué te hace?", pregunté, instintivamente protectora.

"¡Me sigue por el patio y se sienta a mi lado en la comida!", me respondió, como si esa frase lo explicara todo o fuera a hacer que me pusiera de su parte.

"¿Quieres decir que está intentando ser tu amiga?", pregunté, incrédula.

Me di cuenta inmediatamente de que tenía un problema delante de las narices. Estaba criando a mi peor pesadilla. En medio de mis cinco hijos, estaba mi hija: carismática, pícara, danzarina, atlética, rebosante de autoestima, rubia, de piernas largas y, aparentemente, un incordio para otra niña que no había tenido tanta suerte de ser como ella. Por desgracia para mi hija, su propia madre fue como Bethany en primaria. Mi padre era militar, tenía la cara llena de pecas y el pelo enmarañado, siempre era la nueva que pedía un amigo a gritos y que se sentía atraída por la seguridad de niñas como mi hija. Esta conversación me dejó debatiéndome entre sentirme furiosa o triste, pero había algo de lo que estaba segura: mamá iba a demostrar con hechos algo que llevaba defendiendo con palabras todos estos años.

A la mañana siguiente, mi casa se convirtió en una batalla entre dos fuerzas muy tercas. No fue agradable, pero me impuse. Mi hija iba a un colegio católico privado, en el que ella y su séquito partían el bacalao. Llamé por teléfono a la madre de Bethany esa misma tarde y mis miedos se confirmaron. Mi hija y su cuadrilla intentaban de todo para deshacerse de la molesta Bethany.

Estoy segura de que habrá padres y madres que pensarán que reaccioné exageradamente, pero yo creo que tenemos que enfrentarnos a la epidemia de bullying que nos asola de raíz; y, para ello, tenemos que redefinir el concepto. Para mí, el rechazo y la completa falta de interés que mi hija y su grupito demostraron hacia Bethany era el sutil comienzo de un tipo de bullying. Lo cierto es que (por lo que me confirmaron la madre de Bethany y los profesores) no había crueldad pública ni motes ofensivos de por medio, solo rechazo; una falta de interés total en alguien que habían asumido que no tenía nada que ofrecer. Después de mis experiencias de la infancia y de criar a cinco hijos, me he visto en todas las facetas de la dinámica social del bullying y estoy convencida de que así es como empieza. Con la evaluación trivial y el descarte rápido de alguien nuevo.

En mi opinión, a nuestros hijos podría servirles que tuviéramos con ellos una charla sobre el darwinismo social y sobre lo que motiva a los seres humanos a aceptar o a rechazar a los demás. Pasa a cualquier edad y en cualquier etapa de la vida, independientemente de la raza o la religión. Se basa en nuestro propio miedo al rechazo y nuestra falta de confianza. Todo el mundo compite para conseguir un buen puesto en la cadena alimentaria social. Me siento como si hubiera experimentado un éxito demostrable con mis hijos por haber puesto esta dinámica sobre la mesa. Es necesario que los padres llamen a las cosas por su nombre, que hablen alto y claro y que arrojen luz sobre los asuntos más feos. Tenemos que admitir ante nuestros hijos que nosotros también lo experimentamos, incluso siendo adultos. Por supuesto que es tentador lamerle el culo o hacerle la pelota a alguien que se encuentre un par de niveles por encima de ti en la pirámide social, pero todo el mundo merece nuestra atención y nuestro máximo respeto. A pesar de esto, tenemos que recordar constantemente a nuestros hijos y a nosotros mismos que todo el mundo puede aportarle un valor inesperado e imprevisto a nuestra vida. Pero, para eso, tenemos que dejarles.

No basta con enseñar a los niños a "portarse bien". Hay que ser un poco más específico. Los niños piensan que si no están siendo abiertamente crueles, se están portando bien. Nosotros sabemos más. Atemos cabos. Expliquémosles el instinto de supervivencia del darwinismo social que motiva y lidera sus impulsos. Te aseguro que podrán digerirlo. De hecho, ya lo están viendo de un modo u otro. Simplemente, necesitan que sus padres se lo expliquen y les propongan una dirección alternativa.

En el caso de mi hija, le he enseñado que tiene que invertir algo de tiempo y energía en conocer a Bethany. Le mandé que cuando llegara a casa al día siguiente me contara tres cosas guays que hubiera descubierto de Bethany y de las que antes no se hubiera dado cuenta. Mi hija no dio su brazo a torcer. No quería hacer lo que le había pedido. Y yo tampoco cedí. La mañana siguiente, me negué a llevarla en coche al colegio hasta que accedió. Parecía que, por lo menos hasta ahora, yo tenía el poder (y las llaves del coche). Como se resistió, nos dio tiempo a hablar del darwinismo social. Le expliqué mi "analogía del cajero automático". Le expliqué que ella tenía ahorros de sobra en el banco social. Así que podía sacar algo para esta chica arriesgando muy poco.

"¡Invirtamos!", la animé, entusiasmada.

Se vistió de mala gana y la llevé en coche al colegio. Tuvo un buen día (lo que quedaba de día), pero todavía estaba mohína conmigo cuando fui a buscarla y me dijo que las madres de sus amigos "no se metían en esos asuntos" y dejaban a sus hijos "elegir a sus propios amigos". (Qué mujeres tan sabias). Y después me dijo tres cosas guays de Bethany de las que no se había dado cuenta antes.

Llamé a la madre de Bethany por teléfono dos semanas después. Es lo que se llama hacer un seguimiento. (No creo que muchos padres lo hagan. Nos limitamos a "sobrevolar" las necesidades de nuestros hijos en lo que se refiere a ropa, nutrición, sueño, higiene y trabajos manuales del colegio y luego nos enorgullecemos de lavarnos las manos en lo que a temas sociales respecta. Ojalá me dieran un dólar por cada vez que me gustaría decir "¿En serio? ¿Gestionas todas las mierdecitas de tu hijo, desde la ingesta de gluten hasta los tacos de las botas de fútbol, pero en ESTO no te vas a meter?". Está claro por qué hay tan poca responsabilidad y por qué la cultura del bullying está tan extendida). La madre de Bethany me aseguró que su hija se había sentido bienvenida y que todo iba bien.

La familia de Bethany se mudó unos años más tarde. Mi hija lloró cuando sus caminos se separaron. Y todavía siguen en contacto gracias a las redes sociales. Era y sigue siendo una chica muy guay con mucho que ofrecer a los demás. Pero la que más ganó de esta experiencia fue mi hija, obviamente. Ahora va a la universidad y tiene un grupo de amigos muy diverso. Es amable, le gusta incluir a todo el mundo y está abierta a todo tipo de personas. Cuando era maleable, impresionable y yo estaba ahí para guiarla:

- Aprendió que la primera impresión no siempre es acertada.

- Aprendió que podía ser amiga de la persona más inesperada; las mejores amistades no tienen por qué ser "tu tipo". En el ámbito de la amistad, el contraste suma puntos.

- Aprendió que hay veces, en un marco social determinado, en las que estás en posición de retirar parte de tus fondos para ayudar a alguien. Que hay que ser generoso e invertir. Da sus beneficios.

Pero lo más importante es que aprendió que, aunque no me preocupo mucho por sus manualidades del colegio, por si es intolerante a la lactosa o por si lleva el pelo enredado, me preocupo de que trate bien a la gente.

Padres: vuestros hijos en algún momento desarrollarán el sentido común suficiente como para ponerse una chaqueta si hace frío y para comer verdura, invertid vuestra energía en guiar sus interacciones con la sociedad. Si insistimos en seguir sobrevolando superficialmente las vidas de nuestros hijos, por lo menos, hagámoslo en las áreas adecuadas.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

sábado, 30 de abril de 2016

Hijos que se quedan en casa


El joven no ha terminado su licenciatura, pero ahora quiere hacer un curso de cine experimental en otra ciudad.

El padre dijo al juez que estaba harto de estar manteniendo a un adulto que no se busca la vida por sí mismo.

Un juzgado de Italia obliga a un padre a seguir pagando la manutención y costeando los estudios de un hijo que ya tiene 28 años y que vive con la madre.

El joven no ha terminado su licenciatura en la Facultad, pero ha decidido inscribirse en un curso de “ cinematografía experimental” que se imparte en otra ciudad.

El padre, que tras su divorcio paga la correspondiente pensión a su exmujer, se negó a asumir el coste adicional. Argumentó que ya estaba cansado de mantener a un adulto que no trabaja y no hace nada para buscarse la vida por sí mismo. La madre, que estaba de acuerdo con los deseos del hijo, recurrió a los tribunales de la ciudad para solicitar un aumento en la pensión.

Los jueces de la sala segunda del Tribunal Civil de Módena han decidido dejar las cosas como están. Ni el padre va a dejar de pagar la pensión ni la madre obtendrá un aumento. Consideran que las cosas no han cambiado: que el padre puede seguir pagando, que el hijo sigue en paro y que tampoco se le puede impedir al joven que intente realizarse “en sus nuevas aspiraciones”.

No había hecho méritos

Según informa la Gazzetta di Modena, el padre solicitó que al menos le redujeran la cuantía de manutención, puesto que había pagado los estudios del hijo más años de los que duraba la carrera de Letras. Con 28 años, sólo había aprobado tres cursos, lo que equivale a una diplomatura.

Por este motivo, cuando el hijo requirió de su padre que asumiera los gastos de un curso que se imparte en otra ciudad, con los correspondientes gastos de hospedaje y manutención, este último se negó en redondo. Entonces escribió al juez que su hijo no merecía un mayor apoyo económico, puesto que no había hecho méritos para terminar su carrera ni para continuar con estudios adecuados a su formación previa.

En Italia hay una seria preocupación por los hijos que están demasiado tiempo en casa de sus padres.En Italia hay una seria preocupación por los hijos que están demasiado tiempo en casa de sus padres.

Sin embargo, el tribunal estima que los estudios de cinematografía sí tienen relación con la formación anterior del joven en Letras, y que el padre, cuyos ingresos no se han reducido (aunque son modestos), está en la obligación de seguir manteniendo a su hijo “hasta que sea independiente económicamente”.

La sentencia no indica a hasta qué edad un padre debe seguir sufragando los estudios que permitan a los hijo realizarse “en nuevas aspiraciones”.

Los "bamboccioni" y los "mammoni"

Así como en España existe una preocupación social con tiempo que los jóvenes permanecen en casa de sus padres por falta de trabajo o de incentivos para cambiar de residencia, en Italia ocurre otro tanto. Popularmente se conoce como “bamboccioni” (algo así como “ niño grande”) a estos jóvenes que no quieren dejar de depender de sus padres.

Hace cinco años, unos padres tuvieron que recurrir a los tribunales para desalojar de la casa a su hijo, que ya había cumplido 41 años, y que tenía un buen trabajo. Cada año se produce 8.000 juicios similares en Italia.

Muchos jóvenes italianos están en situación parecida. En los últimos años se han publicado estudios que revelan que el 48% de los ciudadanos entre 18 y 39 años aún viven en la residencia paterna. Son conocidos como “mammoni” (en singular, "mammone") o “chicos de mamá”

viernes, 29 de abril de 2016

La Ilustración Manchega (1903-1916)

La Ilustración Manchega fue una revista mensual ilustrada con vistas fotograbadas de La Mancha que se publicó en Alcázar de San Juan al menos entre 1903 y 1916. La dirigía el erudito investigador y literato Antonio Castellano y tenía por corresponsal en Madrid a Bernardino Martín Mínguez. Se ocupaba de Agricultura, Industria, Comercio, Ciencias, Literatura y Anuncios. El número 13 era de 1904 y estaba dedicado al "Comité du Monument Cervantes" de París. Se imprimía en Alcázar de San Juan, Imp. de A. Castellanos y Hermano, 1904, en Folio menor, 280 x 209 mm. Rústica. 10 h. sin numerar. 

Antonio Castellano pertenecía a varias sociedades italianas: era socio honorario del Circolo Promotore Partenopes Giambattista Vico de Nápoles; de la Propaganda di Scienza Popolaire y de la Unión Opareja Umberto I, y además colaboraba asiduamente en los periódicos manchegos. Publicó un folleto titulado Apuntes sobre la verdadera patria de Miguel de Cervantes... Alcázar de San Juan, 1896, que lleva un prólogo del Dr. Manuel Corral y Mairá.



miércoles, 27 de abril de 2016

Se empieza a estudiar la red semántica del cerebro

Miguel ángel Criado, "El cerebro tiene un atlas para las palabras" en El País 27 de abril de 2016:

Un estudio demuestra que las palabras similares activan las mismas áreas cerebrales y que el lenguaje no solo es cosa del lado izquierdo del cerebro

El cerebro usa un atlas para las palabras. Los términos con significados parecidos o relacionados activan las mismas áreas cerebrales. Según un estudio basado en imágenes de la actividad cerebral mientras se escuchan historias, esta colección de mapas de conceptos es similar entre distintas personas. La investigación también contradice la idea generalizada de que el lenguaje solo es cosa del lado izquierdo del cerebro.

El lenguaje es una de las funciones más elevadas del cerebro humano. Del procesamiento de sus distintos componentes (fonemas, morfemas, sintaxis o significados) se encarga la corteza cerebral, la estructura cerebral más compleja y reciente desde el punto de vista evolutivo. Un subconjunto de áreas cerebrales del córtex, denominado sistema semántico, está especializado en el significado de lo que se oye, lee o piensa.

Ahora, un grupo de científicos de EE UU han mapeado el sistema semántico del cerebro. Descubrieron que el procesamiento del significado de las palabras activa patrones cerebrales muy complejos en el que intervienen decenas de áreas neuronales. Pero, dentro de esa complejidad, encontraron que los términos pertenecientes a una misma categoría (personas, lugares, números, conceptos sociales, emociones...) activan las mismas áreas del sistema.

"Nuestros modelos semánticos son buenos prediciendo las respuestas al lenguaje en amplias zonas del córtex", dice el investigador de la Universidad de California Berkeley y coautor de la investigación, Alex Huth. "Pero también logramos información detallada que nos revelaba qué tipo de significados eran representados en cada área del cerebro", añade.

Para llegar hasta este diccionario cerebral, los neurocientíficos reclutaron a siete voluntarios. Estos tuvieron que meter la cabeza en un escáner cerebral mientras escuchaban dos horas de The Moth Radio Hour, un popular programa radiofónico estadounidense en el que los intervinientes cuentan historias personales. Mediante una técnica de imagen por resonancia magnética funcional, los investigadores registraron la actividad cerebral durante la sesión.

En paralelo, según explican en la revista Nature, descompusieron las historias del programa para tener el guión completo, con todas y cada una de las palabras, cuándo y cuántas veces aparecían. En total, obtuvieron 10.470 palabras. Aunque con la ayuda de potentes ordenadores pudieron relacionar casi cada palabra con determinada zona del cerebro, las agruparon en 12 grandes categorías a modo de continentes para que su atlas fuera legible.

Las palabras (en inglés) madre, esposa, hogar, compañeros, padres... aparecen, por ejemplo, relacionadas con un aumento de la actividad en la zona donde se unen el lóbulo temporal derecho y el lóbulo parietal. Los términos con diferentes significados como top (en inglés puede significar lo más alto/encima, blusa, cumbre...) provocaban un aumento de actividad en diversas zonas en función del contexto en el que se usaba la palabra.

Los investigadores comprobaron además que estos mapas de significados se reproducen en cada cerebro. Aunque siete individuos suponen una muestra muy pequeña y más siendo todos de la misma cultura occidental, los distintos participantes activaban las mismas áreas cerebrales ante los mismos fragmentos de las narraciones. "Aunque los mapas muestran una gran coherencia entre los individuos, también hay sustanciales diferencias individuales", aclara en una nota el autor sénior de la investigación Jack Gallant, también de la universidad californiana.

De hecho, ya planean profundizar en este campo para despejar muchas de las preguntas que esta investigación suscita. ¿Hay más de común que de diferente entre los mapas de cada individuo? ¿existen también atlas para los sonidos (fonética) o los aspectos sintácticos y gramaticales del lenguaje? ¿La representación cerebral de las palabras de un discurso es la misma que las de la letra de una canción? ¿El atlas de palabras del cerebro de un anglohablante es similar al de un hispanohablante?

Para el investigador del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) David Soto, este estudio, del que destaca su uso intensivo de los datos y su rigor, sienta las bases para responder a muchas de estas preguntas. "El modelo que han creado sobre esos datos es capaz de predecir cómo va a representar el cerebro una información que aún no se le ha presentado".


En efecto, tras crear su atlas de palabras, los investigadores quisieron comprobar su valor predictivo. Para ello, hicieron que los participantes oyeran una historia del mismo programa pero que nunca habían oído antes. Los patrones que registró el escáner eran muy similares a los que que el modelo había previsto.

Hay, por último, un efecto colateral de esta investigación que puede soliviantar a algún neurocientífico. Hasta ahora, se consideraba demostrado que hay un marcado efecto de lateralización del lenguaje: la mayoría de las estructuras y el trabajo neuronal implicado en el procesamiento del lenguaje se encontrarían en el hemisferio izquierdo del cerebro. Las evidencias de esta lateralización son clínicas. Tras una lesión en el lado izquierdo, muchos pierden la capacidad de hablar o procesar el lenguaje.

Sin embargo, este estudio muestra que de las más de 100 áreas activadas durante las sesiones de radio, casi la mitad se encuentran en el lado derecho del cerebro. Para los investigadores, el dogma de la lateralización viene heredado de estudios sobre la producción del lenguaje, no de la comprensión del lenguaje como han estudiado ellos.

Para Soto, no relacionado con esta investigación, en los últimos años, "la neurociencia ha venido demostrando que, aunque el cerebro cuenta con nodos claves que intervienen en cada categoría de estímulos, todo forma parte de una red neural más amplia".

Definición de la Wikipedia

"Un conventillo con cuarenta madres superioras y media docena de monjas".

Y tiempo después de haber escrito esto, en un artículo en inglés de De Deo sobre la Wikipedia encuentro escrito lo siguiente: 

"Se empieza con un sistema democrático descentralizado, pero con el tiempo se obtiene la aparición de una clase de liderazgo con un acceso privilegiado a la información y las redes sociales. Sus intereses comienzan a divergir del resto del grupo. Ya no tienen las mismas necesidades y objetivos. Así que no sólo vienen a extraer el mayor poder de dentro del sistema, sino que pueden usarlo de manera que estén en conflicto con las necesidades de todos los demás". De Deo y Heaberlin afirman que lo mismo se puede decir de Wikipedia. Las normas básicas que rigen la comunidad han sido creados por aproximadamente 100 usuarios, pero la comunidad ahora cuenta con aproximadamente 30.000.

La jácara antitaurina de "El rufián dichoso" de Cervantes

Miguel de Cervantes escribió esta jácara antitaurina en su comedia “El rufián dichoso”:

Año de mil y quinientos
y treinta y cuatro corría,
a veinte y cinco de mayo,
martes, acïago día,
sucedió un caso notable
en la ciudad de Sevilla,
digno que ciegos le canten,
y que poetas le escriban.
Del gran corral de los Olmos,
do está la jacarandina,
sale Reguilete, el jaque,
vestido a las maravillas.
No va la vuelta del Cairo,
del Catay ni de la China,
ni de Flandes, ni Alemania,
ni menos de Lombardía:
va la vuelta de la plaza
de San Francisco bendita,
que corren toros en ella
por Santa Justa y Rufina;
y, apenas entró en la plaza,
cuando se lleva la vista
tras sí de todos los ojos,
que su buen donaire miran.
Salió en esto un toro hosco,
¡válasme Santa María!,
y, arremetiendo con él,
dio con él patas arriba.
Dejóle muerto y mohíno,
bañado en su sangre misma;
y aquí da fin el romance
porque llegó el de su vida.

Es antitaurina porque termina en un “fuese y no hubo nada” del jaque o valentón. Como dice Lagartija después, “Su llaneza  /  y su buen decir alabo  /  y más que muestra agudeza  /  en llegar tan presto al cabo”.

Rosa Romero y Cervantes

Rosa Romero ha escrito un artículo bajo el título "400 años después, Cervantes sigue siendo el español más universal". Y es cierto. Ya he copiado una jácara de Cervantes contra los toros, pero ahora voy a copiar otra dedicada a cierta señorita en su comedia El rufián dichoso que tiene, creo yo, una cierta aplicación; he quitado alguna que otra cosa que es demasiado fuerte para la democracia actual y su ley mordaza (benditos aquellos tiempos de holganza y desenfreno gracias a la liberal Inquisición, que luego Larra dijo que había cambiado de nombre por “Gobierno”). También he actualizado algunos términos geográficos.

“Escucha, la que viniste
de la castellana tierra
a hacer en Madrid la guerra
en cueros, como valiente;
la que llama su pariente
al gran Miramamolín;
la que se precia de ruin,
como otras de generosas;
la que tiene cuatro cosas,
y aun cuatro mil, que son malas;
la que pasea sin alas
los aires en noche escura;
la que tiene a gran ventura
ser amiga de un lacayo;
la que tiene un papagayo
que siempre la llama [ejem];
la que en vieja y en astuta
da quinao a Celestina;
la que, como golondrina,
muda tierras y sazones;
la que a pares, y aun a nones,
ha ganado lo que tiene;
la que no se desaviene
por poco que se le dé;
la que su palabra y fe
que diese jamás guardó;
la que en apreciarse excedió
a las narcisas más francas;
la que echa por cinco blancas
las habas y el cedacillo…”

Etcétera.

martes, 26 de abril de 2016

Las dimensiones del asombro en Shakespeare

En la última exposición de la Plaza de la Provincia, consagrada a las ilusiones ópticas y la magia, aparece la reproducción de un órgano humano llamado cerebro. Me extrañó lo pequeño que era y me suscitó la reflexión de si no era en realidad una glándula más del cuerpo destinada a segregar la realidad, o la ilusión que tenemos por tal.

La exposición es interesante sobre todo porque incorpora maravillosas películas del pionero español del cine Segundo de Chomón, el discípulo más aventajado de Georges Meliès. Tras verlas, no cabe sino repetir lo que Shakespeare: "Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra vida misma termina como un sueño".

El cerebro es un gran mentiroso. Está diseñado para crear simulaciones que unas veces encajan con la ignota realidad y otras veces no; pero en ningún caso abarcan todas las perspectivas de la misma, tan enorme, profunda y misteriosa es. La mente posee tan cortísimos alcances que no ha dado ninguna respuesta a las cuestiones fundamentales que nos importan, como no las dio a Montaigne, Cervantes, Shakespeare, Calderón, Leopardi, Goethe, Tolstoy... Autores todos que arriesgan preguntas pero no ofrecen respuestas. Si Cervantes nos dice "fuese y no hubo nada", Shakespeare nos dice "ese fue un hombre... ¿cuando viene otro?" y "la vida es una historia contada por un idiota, llena de estruendo y furia, y nada significa". 

Para hacernos una idea cabal de hasta qué punto el absurdo es el ingrediente más abundante del mundo, como afirma Borges, el mejor periodo es la época manierista de la literatura. En las Rimas de Lope de Vega, publicadas más o menos cuando Shakespeare dio a conocer su Hamlet, aparece una égloga titulada "Farmaceutria" vagamente inspirada en el "Idilio" II de Teócrito... pero no me voy a meter en erudiciones menudas cuando meramente estamos celebrando los cuatricentenarios de la muerte de Shakespeare y Cervantes; quiero llamar vuestra atención sobre el paralelo que puede hacerse entre unos versos de Shakespeare y otros de Lope en esa égloga representable. En Lope, el pastor Tirsi contempla la aparición del fantasma de su fallecida enamorada, la pastora Clori, reflejada en el agua donde bebe el ganado. Y comenta su amigo Meliso:

"Extraños y profundos / son, Tirsi, de los cielos los secretos / mil leguas yerra un hombre en dos segundos" 

En Hamlet, el protagonista y Horacio, también dos amigos, pasean por las almenas del castillo de Elsinor cuando contemplan también otra visión, el fantasma del padre del príncipe. Y dice Shakespeare a través del mismo:

"Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que todas las que pueda soñar / imaginar tu filosofía"

Son expresiones semejantes, al mismo tiempo iguales pero también distintas. Veamos. El sentido de lo que dice Lope es astronómico (Lope había estudiado matemáticas y astrología: no era un novicio en el tema). Dos segundos de arco corresponden a un segmento muy corto en una tierra central en el Universo, según el Almagesto de Claudio Ptolomeo, pero, si trasladamos este segmento al Cosmos, corresponde a un larguísimo segmento de "mil leguas" en el Stellatum. Lope se admira de lo poco que es lo terrenal comparado con lo divinal o celestial, lo mucho que ignoramos frente a las inteligencias angélicas superiores: privilegia lo divino sobre lo humano. Pero Shakespeare no: reparte por igual su asombro ante la tierra y el cielo: no desdeña lo terreno ni lo desprecia, como hace Lope. 

Ambos textos se pronuncian ante la irrupción de lo inexplicable, del absurdo, en el mundo: una visión que puede ser real (del latín res, "cosa") o no. Pero existe una notable diferencia: Lope es un cura asustado, aunque aún tardará en vestir sotana, pero Shakespeare no se asusta. Ambos se maravillan, pero Shakespeare se maravilla de todo y siente curiosidad también por lo terrestre y lo material: en la actitud de Shakespeare está implícito el progreso científico, el empirismo y el estudio de la naturaleza por Newton. En la actitud de Lope, sin embargo, el atraso y la beatería española fomentada por la ignorancia católica del mundo y la represión inquisitorial.

Las meditaciones que hace Tirsi luego poseen también otras curiosas similitudes con el drama de Shakespeare, tantas (el planteamiento del posible suicidio -ser o no ser-, la muerte de Ofelia en un curso de agua...), que me hacen sospechar si Shakespeare pudo haber conocido el texto de Lope o ambos tenían una fuente común; pero creo que las semejanzas son más bien fruto del espíritu de la época. Y los personajes del manierismo dudan por igual de su propia mente, como hará poco después el ilustre René Descartes. Ambos eran hombres que vivían de la ficción, del teatro: es lógico que se planteasen estas cuestiones.

Así que la mente, diseñada para engañar y engañarnos y sobrevivir en un mundo cambiante es la de don Quijote: si para Calderón la vida es sueño, para Alonso Quijano es "magia", encantamiento, goetia. Las apariencias engañan, como en la Plaza de la Provincia. Peter Hadke afirma que "toda razón es arbitraria para la razón"... y lo cierto es que, como todo el mundo se pelea por tenerla, no existe. Así de claro: no existe. Buda lo sabía; y ya decía Descartes, irónicamente, que el entendimiento humano debía ser la cosa mejor repartida del mundo, puesto que todo hombre pretendía tener más que sus congéneres.

Por último quiero retraer un poema del poeta español Gregorio Silvestre (1520-1569) donde ya se encuentran prefigurados los pentámetros yámbicos del to be or not to be. Con ello solo quiero significar lo mucho que se ignoran los tesoros de nuestra tradición cultural, esa que tanto desprecian los políticos. Se titula "Confusión":

¡Qué niebla, qué confusión! / ¿En qué Babilonia estoy? / ¿Si he de ser, si fui, si soy? / ¿Si tengo seso o razón, / o manera? / ¿Soy acaso o soy quimera? / ¿Soy cosa fantaseada / o soy un ser que no es nada, / o fuera más que no fuera? / Yo pregunto / si soy vivo o si difunto, / porque cuando miro en ello / no soy aquesto, ni aquello, / ni estotro, ni todo junto. / Ni hay que ver / si tengo o no tengo ser, / pues no soy gloria ni pena / ni cosa mala ni buena, / de pesar ni de placer. / He pensado / que soy un concepto errado, / un desastre de ventura, / un siniestro de natura, / compuesto desvarïado / de elementos. / Rüina de pensamientos, / cisma de sentidos varios, / revolución de adversarios, / furia de contrarios vientos / y aún peor. / El mismo qu’es el dolor / de mí sale y yo soy él; / él está en mí y yo estó en él / por una regla de amor / señalada; / no es mi vida atormentada / de desdichas de fortuna, / ni tienen fuerza ninguna / si de mí no les es dada / de prestado. / Yo no siento / ni alcanza mi pensamiento / qué mal tengo, ni en qué grado, / que el andar desvarïado / confunde el entendimiento. / No es penar, / no es tormento ni es pesar, / ni morir ni enloquecer, / sino que, a mi parecer, / es más que todo a la par. / Esto he olvidado: / si el principio fue causado / (y al fin me acuerdo que sí) / de una gloria que perdí / por querer demasïado. / El cómo fue, / por la pena que pasé / y el dolor que he sostenido, / pienso que ya lo es sabido, / pero agora no lo sé. / Así estoy más que perdido, / sin saber cómo ni cuándo, / desesperado esperando / que no sea lo que ha sido. / Vengo a tanto, / que de ver cuál es y cuánto / este mi grave cuidado, / me quedo de mí espantado / cómo de mí no me espanto. / En fin, hallo / que es yerro desmenuzallo: / mejor es para mi fe / que se piense que lo sé / y que por algo lo callo. / Yo he hecho lo que he podido; / Fortuna, lo que ha querido.

Rajoy y el síndrome de Diógenes

Seguramente al impoluto Rajoy no le molesta nada vivir entre mierda, ya que la ignora. Pero el hecho es que vive rodeado de la misma y su casa da pena. Mariano no es marrano, pero lo menos es porcino por lo que acumula y trae a su pocilga y por lo que gusta hozar entre los excrementos de su partido. La mierda no le provoca ronchas, sino que se la recuerden; él está para cosas más imperiales y regias que cagar en su sitio, en el agujero de gusano del presupuesto. En su espejito mágico nunca aparece la corrupción y Rajoy es como Alicia en la España de las maravillas, que a nosotros nos parece la España de las mierdas. No hace falta agua bendita para consagrar a Rajoy: Rajoy nació en una cuna de agua bendita, en una ría, no en el arroyo, como los demás, y ni siquiera es el obispo, sino el Dios de su propia iglesia y se inventa los sacramentos y mandamientos y ritos que le convienen. No en vano en su iglesia, de la que es a su vez Papa y Dios, y de la que se podría decir que es la del Palmar de Troya, se tienen en el altar a los santos mártires de la Cruzada como San Paco el Franco y San José Antonio Primo del de Ciudadanos. Incluso se permite salir de la cruz para que no le saquen en la foto entre ladrones cuando se monta el Calvario de un debate.

Rajoy recuerda a esos astronautas que no pueden cagar porque no existe una ley que se lo exija, en este caso la ley de la gravedad. Las leyes están para cubrir de protección legal y aforamientos a la merdocracia pepoidal, una pirámide de Ponzi del egoísmo. Para Rajoy, para el PP, la corrupción, la mierda, en fin, no es grave. Por eso, a falta de gravedad, la mierda se le queda pegada en el culo o flota rodeándolo como un halo fastuoso, inmarcesible. En el espacio eso se soluciona ingiriendo comida sin residuos, pero es que paellas valencianas o callos madrileños tan copiosos como los que se pagan con impenetrable tarjeta negra dejan un derelicto negro y largo como un chorizo que no hay modo de esconder, ni siquiera en Panamá. Que, entre hampa y Panamá, la diferencia es solo de dos letras, como el PP, y toda su cohorte de lameculos, cuñados, defraudantes, enchufados, asesoides, poceros y así.

Ay, cuánto quiero a Rajoy. Es pura literatura, ya que la literatura es hipocresía: se hace con mentiras. Por eso Rajoy es tan literario, da tanta candela para escriturar. O Rodríguez. O Rosa. Cualquier pepero del repiperío, en suma; sin embargo, miras a cualquier político honrado, como Anguita, Garzón o Echenique... y la prosa se te hiela. Te quedas mudo y estólido como un pajarito sin pico. Pero Rajoy, que no puede vivir sin mierda, que necesita la mierda como respirar y que si no no podría hablar de nada sino de su gloria inmerdecida, Rajoy, con toda esa podredumbre, miseria y ruindad, tiene tantas caras y formas como una patata y se cría con igual fiemo y estiércol, de forma que con él se pueden abonar los surcos de cualquier prosa. Es como el dios Hermes, el dios de la ocultación, la trapacería, el truco y la corrupción: colecta toda la decencia que aún queda en España y la transforma en mierda como una bacteria, una garrapata, un piojo o un quinto jinete ladrón que acaba con la salud del país y estira la pobreza para que cada vez haya más gente calándose y tiritando bajo su techo agujereado. Diógenes al menos era un cínico, que viene de kíon, perro; pero Rajoy ni llega a eso: deja que sus peperos caguen en cualquier parte como los chuchos sin que nadie le ladre ni lo multe y menea la colita ante frau Merkel. A él, que le registren: por eso es registrador de su propia propiedad... y ladrón de la de todos. 

Rajoy es antipúblico y, sin embargo, lo han votado para que mangue de la cosa pública. Porque a Rajoy no le parece mal que los peperos manguen de la cosa pública, como hacen: para eso se fraguó lo público, para que los privados pudiesen privatizarlo y mangar y sostenerse de ello sin pagar impuestos y llevárselo todo a Suiza, a Panamá o a esos setenta y tres paraísos fiscales donde otros criminales como los señores de la droga juntan su dinero con el suyo. Que ya lo dijo Joan Manuel Serrat pensando en gente como él:

Cultive buenas maneras / para sus malos ejemplos / si no quiere que sus pares / le señalen con el dedo.  / Cubra sus bajos instintos / con una piel de cordero. / Que el hábito no hace al monje, / pero da el pego. / Muéstrese en público cordial, / atento, considerado, / cortés, cumplido, educado, / solícito y servicial. / Y al cagarla, haga el favor / de engalanar la boñiga: / que, admirado, el mundo diga: / "¡Qué lindo caga el señor!" / Hágame caso y tome ya / lecciones de urbanidad. / Tenga a mano una sonrisa / cuando atice el varapalo; / reparta malas noticias / envueltas para regalo. / Dígale al mundo con flores / que va a arrasar el planeta; / firme sentencias de muerte, / pero con buena letra. / Ponga por testigo a Dios / y mienta convincentemente; / haga formar a la gente, / pero sin alzar la voz. / Que a simple vista no vea / el charol de sus entrañas: / las apariencias engañan / en beneficio de usted. / Hágame caso, y tome ya / lecciones de urbanidad. / Cultive buenas maneras / donde esconder sus pecados; / vista su mona de seda / y compruebe el resultado: / que puede ser lo que sea / ¡escoria de los mortales! / un perfecto desalmado, / pero con buenos modales. / Insulte con educación, / robe delicadamente, / asesine limpiamente / y time con distinción. / Calumnie, pero sin faltar; / traicione con elegancia, / perfume su repugnancia / de exquisita urbanidad.

Desde un punto de vista meramente retórico, los peperos siempre utilizan la misma mentira, el mismo pseudoargumento. Lo vio muy bien Elorriaga en un artículo contra Rajoy: al demonizar al otro, se divinizan ellos:

Afirmar algo cuyo contrario es un absurdo es un recurso fácil habitualmente utilizado por los políticos de oficio. «Quiero mejorar el nivel de vida de los españoles» es un ejemplo simple de lo que digo. Nadie en su sano juicio, cualquiera que fuese su ideología o estrategia, podría afirmar que su proyecto busca empeorar el nivel de vida de sus compatriotas. «Debemos bajar los impuestos», por ejemplo, sí constituye un compromiso político diferenciador de los partidos de centro derecha puesto que subirlos ha formado parte consustancial de la ideología socialdemócrata europea durante las últimas décadas. Cuando quedan menos de cuatro semanas para que se celebre el XVI Congreso Nacional del Partido Popular, proclamar con solemnidad que se quiere un partido unido e integrado, capaz de ganar las próximas elecciones, forma parte del primer grupo de afirmaciones; ningún dirigente, militante o simpatizante podría asumir lo contrario. El debate, por lo tanto, se hace incomprensible cuando gira en torno a lo evidente y constituye una obligación -o al menos así me lo parece- el intentar clarificar de qué estamos discutiendo.


Así pues, afirmar algo cuyo contrario es un absurdo refuerza siempre una posición y transforma siempre nuestro lugar de mando en divino e inatacable: son argumentos propios de dioses como Hermes o ese judeocristiano al que acusan de todo en España, y, por lo tanto, Rajoy es tan indiscutible y dogmático como Dios es indiscutible y dogmático para sus caballeros mangantes  o mamandantes, para sus chamanes; porque cualquiera que los rebate queda al momento clasificado como demonio feo, malo y traidor. Y no se me diga que no tengo misericordia: trato a Rajoy tan mal como Rajoy trata al país o a sus discos duros. 

Pero la triste realidad es que a Rajoy y a sus adeptos antipúblicos sin responsabilidad ni vergüenza alguna, como sus conmilitones de un PSOE estólido, amorfo y viejuno, los ha votado un tercio del público. A un tercio del público le da igual que se robe al público. Consideran que son gente honrada y que los ladrones somos el sesenta y seis por ciento restante. No dividen entre honrados y deshonrados, sino entre peperos e impeperos. Piensan que dos de cada tres personas les corrompemos y les queremos robar, cuando son ellos son los que corrompen y roban ahora. Y jamás cambiarán de opinión, porque no tienen opinión, solo el deseo de llevarse lo que no esté atornillado en el suelo. Ni siquiera confraternizan entre ellos, sino que "se llevan". Y no se dan cuenta de que con esos aires y esas ínfulas lo único que dan (ese verbo que tanto pánico les da, porque suena a impuesto, suena a repartir, suena a repatriar, no a hacer patria, esto es, patrimonio suizopanameño) es pena. E incluso desprecio. O sea, Rajoy. 

Un documental extranjero sobre Franco

sábado, 23 de abril de 2016

La crisis del Cristianismo

Las causas de la hipotética crisis del cristianismo (que no creo sea de ahora, sino que es periódica; hoy mismo percibo un cierto resurgimiento desde que ha empezado a lavar sus trapos sucios no porque hayan querido, sino porque los han obligado: “contricción forzosa”) hay que buscarlas tal vez en que Dios es de derechas… Porque manda mucho, y para mandar mejor debía mandar menos. Y sus acólitos también son de derechas, al menos en sus tres cuartas partes; así lo indica su autoritarismo, su dogmatismo, su misoginia, su tenebrosa hipocresía y su miedo enfermizo a las cosas del cuerpo, que ya expresó como pecado propio San Francisco, ese poeta ecologista y predicador a pájaros, sin duda su mayor definidor después de San Pablo, el misógino; ese desdén del cuerpo lo han padecido en forma de anorexia muchos de sus cerriles penitentes y muchos de los cuantiosos orates que en sus filas han perdido la chaveta con algunos de sus absurdos y supersticiones.

Contribuyen también hechos como ponerse siempre contra la legitimidad histórica y a favor de todos los tipos de poder, especialmente los militares, como en el caso de la Guerra Civil española: eso no le hizo ningún favor y motivó una gran crisis de vocaciones. No menos despreciable es el desprecio que papas retrógrados y protectores de violadores como Juan Pablo II mostraron a movimientos de renovación como la teología de la liberación, algo que hay que situar junto al aprecio que sintieron por el dinero que conseguían recaudar inmorales codiciosos del estilo de los Legionarios de Cristo (de nuevo el léxico militar: qué querencia le tienen: ¿no había un demonio llamado Legión?). Jesucristo condenó la codicia violentamente en el templo, y más que él el Antiguo Testamento y el decálogo judío no en uno, sino en dos de sus diez mandamientos. Por no hablar de las inmatriculaciones, una forma de “saqueo” organizado de la sociedad civil que debía dar más vergüenza de la que da.

El mundo se está volviendo adogmático y entre las tendencias místicas más peligrosas para la fe cristiana, que respeto tanto como la critico, veo que la peor es la new age a causa de su misma inconsistencia, muy similar a la del propio cristianismo en sus inicios, pues el cristianismo no es sino lo que ha llegado a ser desde que Constantino, un hombre acomplejado porque ninguna creencia le perdonaba el pecado de haber matado a su propio hijo sino la cristiana, le adhirió ese malsano poder temporal y ese cesaropapismo que tanta sangre inútil ha hecho verter en su historia.

El amor para algunos escritores

Shakespeare escribe en el primer soneto de El peregrino apasionado, luego republicado con variantes en sus Sonetos: "La mentira es la conducta del amor". Y dice el Arcipreste de Hita en su LBA: "El amor siempre fabla mintroso"

Dos genios puestos de acuerdo en que el amor es una filfa. Pero para Lope de Vega era sencillamente un absurdo que tenía "fácil la entrada y difícil la salida"; él, que lo probó, lo sabía; Quevedo, como siempre, se movía entre dos extremos: para él el amor podía ser más allá de la muerte y de la ceniza y su llama atravesar el agua fría como el alma de Protesilao; pero también hablaba de hallarse "amancebado con su mano", un "polvo enamorado" de puro amor propio, como en el capítulo de ese nombre de La Habana para un infante difunto de Guillermo Cabrera Infante, donde se ocupa de definir el acto que ocupa la mayor parte de El lamento de Portnoy de Philip Roth. Y, con todo, el más gracioso, al menos para mí por su típica mezquindad catalana es Josep Pla cuando escribe en su Cuaderno gris:

Lo que entristece a la juventud es la sensualidad. Esto es un asunto terrible.

A veces pienso en la cantidad impresionante de horas perdidas, en estos últimos años, pensando en la fornicación con señoritas vagas, generalmente inconcretas. Pero acaso, sobre este punto, hay una reflexión a hacer: quizá aún hubieran estado más perdidas si las hubiera pasado fornicando con señoritas concretas y tangibles.

La sensualidad, en la juventud, es un asunto inhumano, insoluble, de un aspecto indescriptiblemente grotesco.

Ortega y Gasset definía el amor como "un estado de estupidez transitoria", y Henri Beyle, más conocido como Stendhal, era partidario de la teoría del flechazo, que el profundizó creando toda una teoría con ciertos términos de la química que él llamó de la "cristalización". Para el realista y desencantado J. M. Coetzee el amor era, simplemente, "un problema".

Sin pretender compararme con tan ilustres escritores, a los que doy por supuesto su parte de razón, me añadiría al punto de vista de Coetzee y lo matizaría llamándolo un mero "latazo". El amor puede volver a la gente esclava o loca, y si tengo que escoger algún tipo del mismo me quedaría con palabras menos intensas como son el "afecto" o la "amistad".

Las escasas fuerzas de la razón

Son muy escasas las fuerzas de la razón, sobre todo cuando tiene que demostrarlas; entonces el error, o el absurdo si queréis, se impone con una facilidad desconcertante. Supongamos que se encomienda a la razón la resolución de un problema. ¿Qué ocurre entonces?

Que unas veces la cosa está clara tanto en sus causas como en sus soluciones. Otras veces no está nada claro el asunto aunque se dedique tiempo a investigarlo. Y otras veces uno cree estar seguro de cuales son esos problemas y soluciones, y se equivoca.

Suele ocurrir que la persona prudente, buena e inocente tiene toda una serie de elementos en sí mismo o circunstanciales que la empujan a sacar conclusiones erróneas.

Se suele creer que la razón, al igual que la justicia, terminará imponiéndose. Pero la experiencia demuestra que es la fuerza la que termina todos los asuntos, porque la razón lo único que provoca son dolores de cabeza y una subjetividad sin fin. Ya lo dijo Peter Handke: "Toda razón es arbitraria para la razón"